{"id":1548,"date":"2016-02-04T22:52:01","date_gmt":"2016-02-05T03:52:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/conciencia\/"},"modified":"2016-02-04T22:52:01","modified_gmt":"2016-02-05T03:52:01","slug":"conciencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/conciencia\/","title":{"rendered":"CONCIENCIA"},"content":{"rendered":"<p>v. Alma, Coraz\u00f3n, Mente<br \/>\nPsa 16:7 aun en las noches me ense\u00f1a mi c<br \/>\nJoh 8:9 acusados por su c, sal\u00edan uno a uno<br \/>\nAct 23:1 con toda buena c he vivido delante de<br \/>\nAct 24:16 por esto procuro tener .. c sin ofensa<br \/>\nRom 2:15 la ley escrita .. dando testimonio su c<br \/>\nRom 9:1 mi c me da testimonio en el Esp\u00edritu Santo<br \/>\nRom 13:5 castigo, sino tambi\u00e9n por causa de la c<br \/>\n1Co 4:4 aunque de nada tengo mala c, no por<br \/>\n1Co 8:7 y su c, siendo d\u00e9bil, se contamina<br \/>\n1Co 8:12 hiriendo su d\u00e9bil c, contra Cristo pec\u00e1is<br \/>\n1Co 10:25 sin preguntar nada por motivos de c<br \/>\n1Co 10:29 ha de juzgar mi libertad por la c de otro?<br \/>\n2Co 5:11 espero .. tambi\u00e9n lo sea a vuestras c<br \/>\n1Ti 1:5 es el amor nacido de .. buena c, y de fe no<br \/>\n1Ti 1:19 manteniendo la fe y buena c, desechando<br \/>\n1Ti 4:2 mentirosos que, teniendo cauterizada la c<br \/>\nTit 1:15 hasta su mente y su c est\u00e1n corrompidas<br \/>\nHeb 9:9 hacer perfecto, en cuanto a la c, al que<br \/>\nHeb 9:14 limpiar\u00e1 vuestras c de obras muertas<br \/>\nHeb 13:18 pues confiamos en que tenemos buena c<br \/>\n1Pe 2:19 si alguno a causa de la c delante de Dios<br \/>\n1Pe 3:16 teniendo buena c, para que en lo que<br \/>\n1Pe 3:21 la aspiraci\u00f3n de una buena c hacia Dios<\/p>\n<hr>\n<p>Conciencia    (gr. sun\u00e9id&#8217;sis, \u00abconciencia moral\u00bb, \u00abconciencia\u00bb).  Facultad interior de la mente que juzga la rectitud moral de los pensamientos, las palabras y las acciones, independientemente de los deseos o las inclinaciones de la persona.  La palabra \u00abconciencia\u00bb aparece s\u00f3lo una vez en el AT (Psa 16:7, donde se emplea el heb. kily\u00e2h, \u00abri\u00f1ones\u00bb), aunque sus funciones y operaciones est\u00e1n impl\u00ed\u00adcitos en \u00e9l (Gen 3:8; 1Sa 24:5; Psa 51:3; etc.). Todos los hombres tienen una conciencia, pero no todas las conciencias est\u00e1n igualmente iluminadas (Rom 2:14-20).  La Biblia describe diferentes clases de conciencia.  Pablo menciona una \u00abbuena conciencia\u00bb (gr. agathe; 1 Tit 1:5).  Ense\u00f1\u00f3 que una buena conciencia se puede mantener s\u00f3lo mientras se mantengan la fe y la integridad (vs 19,20).  El mismo siempre fue cuidadoso de mantener una conciencia \u00absin ofensa\u00bb delante de Dios (gr. apr\u00f3skopos; Act 24:16).  Iluminada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, la conciencia de Pablo pod\u00ed\u00ada testificar de su veracidad cuando expresaba su preocupaci\u00f3n por sus conciudadanos jud\u00ed\u00ados (Rom 9:1).  Ten\u00ed\u00ada tanta confianza de su conducta intachable que pod\u00ed\u00ada apelar a la conciencia de los dem\u00e1s como testigos de ello (2Co 4:2; cf 2 Tit 1:3; Heb 13:18, \u00abbuena\u00bb [gr. kale]).  Ense\u00f1\u00f3 que los di\u00e1conos deben tener una \u00ablimpia\u00bb conciencia en la fe (gr. kathar\u00e1; 1 Tit 3:9).  Al comentar a los corintios las implicaciones morales de comer carne ofrecida a los \u00ed\u00addolos, sugiri\u00f3 que en s\u00ed\u00ad misma esta pr\u00e1ctica pod\u00ed\u00ada no ser pecado; sin embargo, si la conciencia de uno era perturbada por eso, o si realizarla era una piedra de tropiezo para un hermano de conciencia d\u00e9bil, se deb\u00ed\u00ada evitar su uso (1Co_8; cf 10:19-33; CBA 6:715-718, 741-746).  El ap\u00f3stol escribi\u00f3 tambi\u00e9n acerca de una conciencia cauterizada (1 Tit 4:2), y de una conciencia 244 corrompida (gr. mi\u00e1inei; Tit. 1:15), refiri\u00e9ndose tal vez a una que ha llegado a ser insensible al sentido de culpabilidad por causa de permanecer mucho tiempo en el pecado (cf Isa 5:20; Mic 3:2).  El autor de Hebreos se\u00f1ala que los diversos sacrificios de la dispensaci\u00f3n mosaica no pod\u00ed\u00adan hacer \u00abperfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto\u00bb; s\u00f3lo lo puede lograr la aceptaci\u00f3n del sacrificio de Cristo (Heb 9:9-14).  Pedro amonest\u00f3 a los creyentes del Asia Menor (1Pe 1:1) para que mantuvieran buena conciencia mediante una vida recta, de modo que los imp\u00ed\u00ados no pudieran encontrar nada de qu\u00e9 acusarlos (3:16).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>lat\u00ed\u00adn conscientia. Conocimiento o noci\u00f3n que tiene el hombre del bien y del mal. Sentimiento interior por el cual el hombre aprecia o juzga moralmente sus acciones. En el A. T., no existe una palabra exacta que corresponda a este concepto. Para los semitas los ri\u00f1ones eran la sede de los pensamientos y de los afectos secretos, lo que en algunos sitios se traduce como c., por eso se encuentra el t\u00e9rmino entra\u00f1as, Sal 7, 10; 16 (15), 7; Pr 23, 16. En el N. T., ya existe el t\u00e9rmino c., y es San Pablo quien introduce este concepto en la literatura sagrada. San Pablo dice que la ley natural est\u00e1 inscrita en el coraz\u00f3n de todo hombre, lo que le permite actuar seg\u00fan su c.,  Rm 2, 13-15; es decir, que la conducta del ser humano depende \u00fanicamente de su propia c., Hch 23, 1; 24, 16; 1 Co 10, 27-30; 2 Co 1, 12; pero, en  \u00faltimas, lo que dicta la c. est\u00e1 sometido al juicio de Dios, 1 Co 4, 4; 2 Co 4,    2. La c. se puede enturbiar, el coraz\u00f3n entenebrecerse, Rm 1, 19-21. La sangre de Cristo purifica la c., el Esp\u00ed\u00adritu Santo la ilumina, Rm 9, 1; Hb 9, 14.<\/p>\n<p>La c. limpia y buena  1 Tm 1, 5; 3, 9; la c. recta libera al hombre de las ataduras de la Ley antigua, hace libre a la persona, 1 Co 8,7-13; 10, 23-30.<\/p>\n<p> Concilio, lat\u00ed\u00adn concilium. Asamblea convocada para deliberar y decidir sobre la doctrina y sobre los asuntos que afectan a los intereses de la Iglesia cristiana. La primera asamblea cristiana que puede recibir el nombre de c., es la que reuni\u00f3 a los ap\u00f3stoles y presb\u00ed\u00adteros, que consta en Hch 15,1-31, y que se conoce com\u00fanmente como Concilio de Jerusal\u00e9n,  reunido ca. a\u00f1o 50. En este c. se definieron las controversias suscitadas,  en la Iglesia de Antioqu\u00ed\u00ada, a ra\u00ed\u00adz de la cantidad de conversos al cristianismo de entre la gentilidad, que eran incircuncisos, y acerca de las relaciones con ellos, pues para los jud\u00ed\u00ados, seg\u00fan la Ley Mosaica, el trato con los gentiles acarreaba una impureza. La asamblea reunida en Jerusal\u00e9n defini\u00f3, entonces, no imponer m\u00e1s cargas a los gentiles conversos, que las concernientes a \u2020\u0153abstenerse de lo sacrificado a los \u00ed\u00addolos, de la sangre, de los animales estrangulados, y de la impureza\u2020\u009d; porque, como lo dijo Pedro en la reuni\u00f3n, todos \u2020\u0153nos salvamos por la gracia del Se\u00f1or Jes\u00fas, del mismo modo que ellos\u2020\u009d. Una carta con esta conclusi\u00f3n les fue enviada por el concilio a los fieles de la Iglesia de Antioqu\u00ed\u00ada, por intermedio de Pablo y Bernab\u00e9. En Ga 2, se trata el mismo tema del c. de Jerusal\u00e9n pero no se alude a la reuni\u00f3n, por lo que esta ep\u00ed\u00adstola fue escrita antes de la asamblea.<\/p>\n<p>Este asamblea es el antecedente de los concilios que la Iglesia cat\u00f3lica  convoca de tiempo en tiempo. El m\u00e1s reciente fue el C. Vaticano II,  reunido en Roma, en 1962, por el papa Juan XXIII, y que termin\u00f3 en el pontificado del papa Pablo VI.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>El AT no tiene una pala-bra particular para conciencia, pero ni carece de la idea ni de los medios para expresarla. Resulta claro de Gen 3:8 que el primer resultado de la ca\u00ed\u00adda fue una conciencia culpable, que movi\u00f3 a Ad\u00e1n y a Eva a esconderse de Dios. El coraz\u00f3n de David le golpeaba (1Sa 24:5), expresi\u00f3n que se refiere a la conciencia. En el gr. de uso cotidiano, la palabra syneidesis se refer\u00ed\u00ada a la pena o culpa que sent\u00ed\u00adan las personas que cre\u00ed\u00adan haber hecho alg\u00fan mal. Pablo, quien us\u00f3 la palabra m\u00e1s que los otros escritores del NT, la perfeccion\u00f3 y desarroll\u00f3 este significado.<br \/>\n( 1 )  Describi\u00f3 la existencia universal de la conciencia (Rom 2:14-16) como el testimonio moral interno que se encuentra en todos los seres humanos.<br \/>\n( 2 )  Crey\u00f3 que los creyentes deb\u00ed\u00adan tener conciencias limpias y buenas (2Co 1:12; 1Ti 1:5, 1Ti 1:19; 1Ti 3:9).<br \/>\n( 3 )  Algunos creyentes tienen una conciencia d\u00e9bil o parcialmente formada (1Co 8:1-13 y 10:23\u201411:1); en ciertos casos los creyentes maduros deben restringir su libertad de acci\u00f3n para no ofenderlos.<br \/>\n( 4 )  Las malas conciencias son corrompidas por la ense\u00f1anza falsa (1Ti 4:2; Tit 1:15). Una persona que rechaza el evangelio y resueltamente se opone a Dios, tiene una mala conciencia.<br \/>\n( 5 )  Como un resultado de aceptar el evangelio, las personas reciben una conciencia purificada o perfeccionada (Heb 9:14; Heb 10:22), a trav\u00e9s del perd\u00f3n y el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Si bien el uso que Pablo hace de la palabra conciencia es el del testimonio interno de la mente y el coraz\u00f3n que juzgan las acciones pasadas a la luz de la ense\u00f1anza cristiana, tambi\u00e9n parece sugerir que la conciencia guiar\u00e1 las acciones presentes y futuras (p. ej., Rom 13:3; 1Co 10:25).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n aparece el concepto de conciencia en el heb., kilyah, ri\u00f1\u00f3n; gr., nephros, ri\u00f1\u00f3n). Son partes internas. Los ri\u00f1ones eran considerados por los israelitas como la sede de las emociones (Job 19:27; Psa 7:9; Psa 26:2; Jer 17:10). Muchas versiones la traducen conciencia o coraz\u00f3n.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>Conocimiento interior del bien que debemos hacer, y del mal que debemos evitar: (Hec 23:1, 1Ti 1:5, Hab 13:18). Rom 2:14-15, 1 Cor.8:  Si lo que dice tu conciencia est\u00e1 en contra de lo que dice la Iglesia, es que no est\u00e1s inspirado por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, sino por el Esp\u00ed\u00adritu de Satan\u00e1s; si desprecias a la Iglesia, est\u00e1s despreciando a Cristo: (Luc 10:16).<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>El concepto de c. como voz interna, una facultad que permite al ser humano tener cierto discernimiento entre lo bueno y lo malo, no es de los hebreos, para quienes lo importante era que el hombre rindiera cuentas a Dios, no a s\u00ed\u00ad mismo. La idea de c. surgi\u00f3 m\u00e1s bien entre los griegos, quiz\u00e1 entre los estoicos. Pero ya en el libro ap\u00f3crifo de la Sabidur\u00ed\u00ada (17:10) la encontramos introducida en el mundo jud\u00ed\u00ado, cuando se lee que \u2020\u0153la maldad &#8230; a s\u00ed\u00ad misma se condena; acosada por la c. imagina siempre lo peor\u2020\u009d. El uso de c. en el Sal 16:7, \u2020\u0153aun en las noches me ense\u00f1a mi c.\u2020\u009d, puede traducirse mejor como \u2020\u0153mente\u2020\u009d.<\/p>\n<p>Pero ya en los tiempos del NT el concepto de c. se hab\u00ed\u00ada afirmado en Israel. Se hace uso de \u00e9l en el caso de la mujer ad\u00faltera, cuando todos se fueron \u2020\u0153acusados por su c.\u2020\u009d (Jua 8:9). Pablo, en su af\u00e1n por presentar el evangelio a los gentiles, utiliza ampliamente el t\u00e9rmino en sus ep\u00ed\u00adstolas. As\u00ed\u00ad, Pablo ense\u00f1\u00f3 que \u2020\u0153los gentiles que no tienen ley &#8230; son ley para s\u00ed\u00ad mismos &#8230; dando testimonio su c., y acus\u00e1ndoles o defendi\u00e9ndoles sus razonamientos\u2020\u009d (Rom 2:14-15). La c. \u2020\u0153da testimonio en el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u2020\u009d (Rom 9:1); merece ser atendida (Rom 13:5); pero no es un juez definitivo, sino el Se\u00f1or (1Co 4:4); hay personas con c. d\u00e9bil (1Co 8:7); no se debe molestar la c. innecesariamente (1Co 10:25, 1Co 10:27-29); el amor debe ser \u2020\u0153nacido &#8230; de buena c.\u2020\u009d (1Ti 1:5); y as\u00ed\u00ad debe mantenerse \u2020\u0153el misterio de la fe\u2020\u009d (1Ti 3:9); hay personas que \u2020\u0153naufragaron en cuanto a la fe\u2020\u009d por haber desechado la \u2020\u0153buena c.\u2020\u009d (1Ti 1:19); otras tienen cauterizada la c. (1Ti 4:2).<br \/>\ndice de los \u2020\u0153corrompidos e incr\u00e9dulos\u2020\u009d que \u2020\u0153&#8230;hasta su mente y su c. est\u00e1n corrompidas\u2020\u009d (Tit 1:15). S\u00f3lo \u2020\u0153la sangre de Cristo &#8230; limpiar\u00e1 vuestras c. de obras muertas para que sirv\u00e1is al Dios vivo\u2020\u009d (Heb 9:14). Entonces podemos acercarnos al Se\u00f1or \u2020\u0153con coraz\u00f3n sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala c.\u2020\u009d (Heb 10:22).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>vet, En la Biblia se usa generalmente en el sentido de la conciencia moral, el sentimiento del bien y del mal, el conocimiento \u00ed\u00adntimo de nuestra condici\u00f3n espiritual (Ro. 2:13-15). El Esp\u00ed\u00adritu Santo la ilumina; Cristo la purifica (Ro. 9:1; He. 9:15; 1 P. 3:21). Es deber servir a Dios con una conciencia pura (2 Co. 1:12; 2 Ti. 1:3). La Biblia se\u00f1ala tres estados principales de conciencia: (a) El de corrupci\u00f3n (Sal. 10:4; Jn. 3:19; Tit. 1:15; He. 6:4-6). (b) El de alucinaci\u00f3n (Jb. 27:5; Is. 5:20; Jn. 5:45; 1 Co. 8:7-12). (c) El normal (Hch. 24:16; Ro. 9:1; 1 Ti. 1:15,19; He. 13:18; 1 P. 3:6).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[303]<\/p>\n<p>    La exigencia m\u00e1s fundamental de la moral cristiana es escuchar a la conciencia, ilustrada por los principios y las consignas del Evangelio. Nada hay m\u00e1s importante para el hombre que la conciencia. Ella es el reflejo de Dios en su mundo interior y en sus relaciones con el mundo exterior.<\/p>\n<p>    Por eso es decisiva su formaci\u00f3n correcta en el orden natural y en el orden sobrenatural.<\/p>\n<p>     1. Concepto de conciencia<\/p>\n<p>     La conciencia es la capacidad que Dios dio al hombre para actuar, sabiendo si lo que hace es bueno o es malo, seg\u00fan se acomode o se aleje del plan de Dios. La conciencia es la aptitud de razonar y de sentir, de comparar y elegir en plenitud.  Dios cre\u00f3 al hombre a su imagen y semejanza. \u00abDijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que mande en los paces del mar y en las aves del cielo; y tambi\u00e9n que mande en los animales de la tierra. Cre\u00f3 el Se\u00f1or Dios al hombre a su imagen y semejanza\u00bb.  (Gen. 1. 26-28)<\/p>\n<p>     Esa semejanza a Dios significa que es capaz de pensar y de amar, que es libre y tambi\u00e9n creador, que recibi\u00f3 la tierra como su casa y que Dios le encarg\u00f3 de cuidar el Para\u00ed\u00adso, teniendo que responder ante \u00e9l de la encomienda.<\/p>\n<p>    Si le hizo capaz de amar y pensar, de ser libre y de actuar, le hizo responsable de sus actos. Le dio el poder de elegir entre el bien y el mal.<\/p>\n<p>     El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica define as\u00ed\u00ad la conciencia: \u00abLa conciencia moral es el juicio de la raz\u00f3n, por el que la persona humana reconoce la calidad moral de un acto concreto que piensa hacer, est\u00e1 haciendo o ha hecho. En todo lo que dice y hace el hombre est\u00e1 obligado a seguir fielmente lo que su conciencia le dice que es justo y recto\u00bb.<\/p>\n<p>      (Catecismo  N 1778)<\/p>\n<p>    2. Rasgos de la conciencia<br \/>\n    La conciencia es la misma inteligencia humana en cuanto juzga sobre la bondad y malicia de los propios actos. No debe ser entendida como algo diferente de la misma persona. Con todo no siempre ha sido id\u00e9ntica la forma de entender esa tarea de enjuiciamiento.<\/p>\n<p>     Tiene una doble dimensi\u00f3n, la te\u00f3rica y la pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>   &#8211; La te\u00f3rica consiste en el conjunto de principios rectos y s\u00f3lidos con los que se ilumina la acci\u00f3n. Es la sind\u00e9resis.<\/p>\n<p>   &#8211;  La pr\u00e1ctica conlleva la aplicaci\u00f3n de esos principios a cada hecho o a cada situaci\u00f3n concreta y particular.<\/p>\n<p>    2.1. Diversas opiniones<br \/>\n    El realismo tomista ha resaltado sobre todo la capacidad l\u00f3gica del hombre, a la luz de la naturaleza, que espont\u00e1neamente hace ver lo que es bueno o malo ylo que es mejor o peor.<\/p>\n<p>    A esa capacidad natural se debe a\u00f1adir la revelaci\u00f3n divina que ha completado la naturaleza y ha resaltado algunos aspectos o dimensiones de la vida. Ha sido la actitud m\u00e1s tradicional en la moral cristiana.<\/p>\n<p>    Con todo, en algunas otras actitudes, como la de S. Agust\u00ed\u00adn, se interpreta como una luz regalada por Dios para ver las cosas de la tierra desde la perspectiva del cielo. Es la luz divina la que hace ver al hombre el mal y el bien y sentir su propia responsabilidad en las elecciones que realice.<\/p>\n<p>   2.2. Labores de la conciencia<br \/>\n    La experiencia nos dice que nuestra conciencia act\u00faa de dos formas. Siempre que obramos bien, nos produce alegr\u00ed\u00ada y satisfacci\u00f3n y es como si algo en nuestro interior nos alabara. Siempre que obramos mal, nos deja desagrado y remordimiento y es como si nos condenara o rechazara nuestros actos.<\/p>\n<p>    La conciencia no es algo diferente a nosotros mismos. Es nuestra inteligencia y nuestra sensibilidad las que nos se\u00f1alan el camino de la voluntad de Dios en cada momento.<\/p>\n<p>    El Concilio Vaticano II dec\u00ed\u00ada estas hermosas palabras: \u00abEn lo m\u00e1s profundo de su interior el hombre descubre una ley que \u00e9l no se da a s\u00ed\u00ad mismo, sino que debe obedecer porque le viene de Dios. Su voz resuena, cuando es necesario, en los o\u00ed\u00addos de su coraz\u00f3n. Le llama siemPre a amar, a hacer el bien y evitar el mal. Esa voz, que es la conciencia, constituye el centro m\u00e1s secreto de su interior. Es el sagrario del hombre en el que est\u00e1 a solas con Dios, cuya voz resuena en lo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo de su ser\u00bb.<\/p>\n<p>   (Gaudium et Spes. 16)<\/p>\n<p>    2.3. Los tipos de conciencia   Son muchos seg\u00fan la madurez y la formaci\u00f3n que posea: Desde el punto de vista de seguridad y serenidad de los juicios:<br \/>\n   &#8211;  es conciencia cierta y segura la que juzga serena y tranquilamente los hechos;<br \/>\n   &#8211; es insegura, perpleja, escrupulosa, dudosa, atormentada la que no juzga as\u00ed\u00ad, sino que lo hace con zozobra, escr\u00fapulos, dudas o sufrimiento Desde el punto de vista de la objetividad o correcci\u00f3n de los juicios:<br \/>\n   &#8211; es recta la que se acomoda a la realidad moral del bien y del mal, en la medida en que esta realidad se puede dar, siempre con referencia a la ley (divina o humana), a la comunidad (sentido moral general de personas rectas)<br \/>\n   &#8211; es err\u00f3nea o equivocada, por laxa o amplia o por estricta o rigurosa e, incluso por escrupulosa o perturbada, si los juicios no coinciden con el bien o mal objetivamente y se desv\u00ed\u00ada de los criterio s\u00f3lidos y apoyados en la ley, en la naturaleza o en el sentido mayoritario de las personas rectas.<\/p>\n<p>      Evidentemente el mejor tipo de conciencia es la que refleja certeza y rectitud, serenidad y equilibrio, honestidad y tranquilidad. Pero a ella s\u00f3lo se llega cuando hay buena formaci\u00f3n y claridad de mente.<\/p>\n<p>    3. Formaci\u00f3n de la conciencia:<\/p>\n<p>     El hombre y, por supuesto, el cristiano tiene el deber siempre de formar su conciencia cada vez mejor.<\/p>\n<p>    3.1. Necesidad.<\/p>\n<p>    Para realizarse como persona, la educaci\u00f3n de la conciencia es imprescindible. Si no logra una formaci\u00f3n sincera y valiosa, cometer\u00e1 errores y sufrir\u00e1 desviaciones.<\/p>\n<p>    El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica dice: \u00abEl cristiano tiene el deber de formar la conciencia y esclarecer el juicio moral. Una conciencia bien formada es recta y veraz. Formula sus juicios seg\u00fan la raz\u00f3n, conforme al bien verdadero querido por la sabidur\u00ed\u00ada del Creador&#8230; La educaci\u00f3n de la conciencia es una tarea de toda la vida.<\/p>\n<p>    La educaci\u00f3n prudente ense\u00f1a la virtud; preserva o sana del miedo, del ego\u00ed\u00adsmo y del orgullo, de los insanos sentimientos de culpabilidad y de los movimientos de complacencia equivocados; garantiza la libertad y engendra paz en el coraz\u00f3n.\u00bb  (N. 1783-1784)<\/p>\n<p>    3.1. Fuentes de la formaci\u00f3n<br \/>\n    Las fuentes para conseguir esa formaci\u00f3n son diversas y cada uno debe procurar las que le sean m\u00e1s asequibles. Entre ellas podemos citar algunas: &#8211; La reflexi\u00f3n noble y leal a la luz de la Palabra divina que asegura luces y criterios firmes y claros.<\/p>\n<p> &#8211; Las lecturas convenientes y bien orientadas que ofrecen juicios elevados e ideales asequibles.<\/p>\n<p>   &#8211; El trato con personas, amigos, animadores y educadores de sanos principios y recta conducta.<\/p>\n<p>   &#8211; El cultivo de las virtudes, de manera especial las que responden a un proyecto personal acomodado a las propias necesidades morales.<\/p>\n<p> &#8211;  La imitaci\u00f3n de los modelos que se presentan como ejemplos de vida.<\/p>\n<p>     4. Evoluci\u00f3n de la conciencia<\/p>\n<p>     La conciencia aparece en cada hombre cuando empieza a pensar por su cuenta. Se apoya siempre en la conciencIa psicol\u00f3gica o captaci\u00f3n de la propia identidad.<\/p>\n<p>    Se dice que tiene entonces uso de raz\u00f3n o sensibilidad moral. Tiene que ser formada y educada y constantemente clarificada, pues sus juicios dependen de las ideas y de los sentimientos que se van infundiendo en la persona.<\/p>\n<p>     4.1  Estadios \u00e9ticos seg\u00fan Piaget<br \/>\n    Diversos autores han formulado an\u00e1lisis minuciosos sobre el modo como la conciencia humana se va formando.  Piaget, en su libro \u00abEl criterio moral en el ni\u00f1o\u00bb, diferencia tres etapas en la evoluci\u00f3n de la conciencia:<\/p>\n<p>    4.1.1. Etapa heter\u00f3noma<br \/>\n    De 2 a 6 a\u00f1os, el ni\u00f1o carece de concepto de bien y mal y s\u00f3lo reproduce lo que los adultos le comunican: es bueno lo que le dicen ser tal y es malo lo que los mayores rechazan.<\/p>\n<p>    Se desarrolla una fuerte conexi\u00f3n entre lo \u00e9tico y lo est\u00e9tico y se asocia el bien con lo hermoso y el mal con lo feo. Es una moral de la obediencia y la concepci\u00f3n \u00e9tica es totalmente exterior. Es etapa del realismo en las normas.<\/p>\n<p>    4.1.2. Moral de solidaridad.<\/p>\n<p>    Entre los 7 y los 11 a\u00f1os. Surge el sentimiento de la honestidad y de la justicia en relaci\u00f3n al trato con los dem\u00e1s. Entran en juego los otros ni\u00f1os, amigos y compa\u00f1eros, que inciden en los propios sentimientos y primeros juicios sobre el bien y el mal.<\/p>\n<p>    Se abandona el realismo en las normas y se reemplaza por la solidaridad. Coincide con el momento de las operaciones concretas.<\/p>\n<p>     4.1.3. Moral aut\u00f3noma<\/p>\n<p>     La propia conciencia, libre y personal se desarrolla entre los 12 y los 14-15 a\u00f1os. El ni\u00f1o asume sus propias obligaciones y siente el deber como algo interno. Se refuerza con los sentimientos religiosos.<\/p>\n<p>    La propia reflexi\u00f3n le hace diferenciar lo que es bueno y lo que es malo. El adolescente es capaz de asumir principios morales generales y aplicarlos a cada acto que realiza o que juzga en los dem\u00e1s. Es el per\u00ed\u00adodo de las operaciones formales o abstractas. A los 14 \u00f3 15 a\u00f1os la conciencia est\u00e1 formada.<\/p>\n<p>     4.2. Otros modelos \u00e9ticos evolutivos<br \/>\n    El norteamericano Lorenzo Kohlberg, con sus investigaciones morales en diversos medios (Taiwan, M\u00e9xico y EE. UU) sintetizaba el proceso moral en tres niveles y seis etapas. Los ni\u00f1os no pasan de las primeras y muchos adultos no llegan a las \u00faltimas.<\/p>\n<p>    4.2.1. Nivel 1: Preconvencional.<\/p>\n<p>    Es propiamente premoral. Se identifica lo moral con lo ambiental y social. Se entiende por bueno lo que el entorno aprueba y por malo lo que rechaza. Se asocia el bien y el mal al premio o al castigo y se obra en consecuencia.<\/p>\n<p>   &#8211; En el estadio 1 se obedece para evitar el castigo, es decir por temor.<\/p>\n<p>   &#8211; En el estadio 2 se prefiere hacer las cosas por la satisfacci\u00f3n del premio, es decir por inter\u00e9s.<\/p>\n<p>    4.2.2. Nivel 2: Es el convencional.<\/p>\n<p>   En \u00e9l, la fuerza de la acci\u00f3n est\u00e1 en la vinculaci\u00f3n con el grupo. Predomina la solidaridad y se rechaza ante s\u00ed\u00ad y ante los dem\u00e1s la insolidaridad. Se rige el comportamiento en funci\u00f3n de la conveniencia del orden establecido.<\/p>\n<p>   &#8211; El estadio 3 se orienta a la concordancia con la colectividad. Se considera bueno lo que gusta a los dem\u00e1s porque es lo que esperan de uno.<\/p>\n<p>   &#8211; En el estadio 4 se intensifica el sentido de la ley y del deber en cuanto orden asociado a la existencia de la autoridad.<\/p>\n<p>    El deber depende del orden y de la autoridad y se siente el deseo de satisfacer a ambos: el uno por dentro y la otra desde fuera.<\/p>\n<p>    4.2.3. Nivel 3: Es postconvencional.<\/p>\n<p>    Es aut\u00f3nomo, sin referencia a los dem\u00e1s y se apoya en principios s\u00f3lidos que se intuyen en el interior de la conciencia. Se tiende a elaborar principios de validez universal y relacionar \u00e9ticamente la conducta con ellos<br \/>\n   &#8211; El estadio 5 es legalista y de consenso social. Se ajusta la conducta a las leyes establecidas por consenso o por tradici\u00f3n. Hay cierta relatividad en las normas y se pueden ir cambiando en sus formas m\u00e1s que en su esencia.<\/p>\n<p>   &#8211; El estadio 6 se funda en los grandes principios \u00e9ticos que dilucidan lo recto y lo justo por la opci\u00f3n plena y libre de la conciencia. El alma del comportamiento debe ser la dignidad del hombre.<\/p>\n<p>    Al margen de la opini\u00f3n de los diversos pensadores, bueno es recordar que el concepto y el respeto a la conciencia depende de cada sistema filos\u00f3fico.<\/p>\n<p>    En cierto sentido, lo que se piensa y se siente del bien y del mal se halla en estrecha dependencia de los que se piensa de Dios, del hombre y del mundo<br \/>\n    5. La conciencia cristiana<br \/>\n    El cristiano asume los principios naturales que rigen al hombre inteligente para diferenciar el bien del mal. Y trata de armonizar lo natural con lo revelado cuando se trata de entender lo que significa en su vida la conciencia.<\/p>\n<p>    5.1. La raz\u00f3n \u00e9tica<br \/>\n    El nivel m\u00e1s natural es el de la raz\u00f3n. Al habernos hecho el Creador inteligentes, podemos formular multitud de juicios morales sobre el bien y el mal. Algo en nuestro interior nos dice constantemente  c\u00f3mo son los actos y las actitudes, cu\u00e1ndo las relaciones son buenas y cu\u00e1ndo malas, si se puede o se debe hacer o evitar una acci\u00f3n determinada.<\/p>\n<p>    La naturaleza racional del hombre, que supera la mera fuerza biol\u00f3gica o instintiva, va marcando el camino y, en consecuencia, el deber.<\/p>\n<p>    5.2. Criterios superiores<br \/>\n    Pero los cristianos poseemos tambi\u00e9n determinados criterios que superan la simple raz\u00f3n o la mera naturaleza. Dios ha hablado a los hombres y ha manifestado su voluntad. Un conjunto de deberes se fundamentan en la Palabra divina y llegan a comprometer tambi\u00e9n la conciencia de quien se siente iluminado por la fe en la Revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>     Entonces tiene que acudir a preguntar tambi\u00e9n \u00aba los dem\u00e1s\u00bb lo que creen ser la voluntad divina para ordenar la conducta seg\u00fan un querer superior.<\/p>\n<p>    Son muchos los aspectos que podemos aludir como ejemplos.<\/p>\n<p> &#8211; Amar al pr\u00f3jimo es algo grabado en el coraz\u00f3n humano; pero sentir el deber de perdonar al que nos ha hecho mal es algo sobrenatural.<\/p>\n<p>   &#8211; Orar al Ser Supremo parece impreso en nuestra mente por naturaleza; pero sentirse hijo de Dios y tributarle amor de Padre supera los reclamos de la naturaleza.<\/p>\n<p>    5.3. Libertad de conciencia<\/p>\n<p>      La Ley de Jes\u00fas, aunque parece dura, es el camino que nos lleva a la libertad. Nos libera de los odios y de los ego\u00ed\u00adsmos, de las venganzas y de las ambiciones, de la soberbia y de la envidia.<\/p>\n<p>      Nos libera de todo g\u00e9nero de esclavitud y nos dejar\u00e1 disponibles para llegar a la salvaci\u00f3n. Y el gozo de la libertad es el que har\u00e1 exclamar a S. Pablo: \u00abGracias a Dios, vosotros, que erais esclavos en otro tiempo del pecado, hab\u00e9is acogido con todo vuestro coraz\u00f3n la ense\u00f1anza que hab\u00e9is recibido. Libres del pecado, est\u00e1is ahora al servicio del bien&#8230;Ya no est\u00e1is bajo el yugo de la ley antigua, sino bajo el imperio de la gracia\u00bb.<\/p>\n<p>    (Rom. 6. 13-19)<\/p>\n<p>      La conciencia de los seguidores de Jes\u00fas se apoya en todas estas fuentes de la moral cristiana para ordenar sus sentimientos, sus intenciones, sus criterios y sus comportamientos. De esta manera camina con seguridad hacia Dios y se abre con esperanza a la vida eterna.<\/p>\n<p>    5.4. Conciencia solidaria<\/p>\n<p>     Recordamos lo que es la conciencia y la definimos como \u00abjuicio pr\u00e1ctico sobre la moralidad de nuestro actos\u00bb.<\/p>\n<p>     Tenemos la firme convicci\u00f3n de que la conciencia nos indica el valor moral de lo que hacemos o deseamos. Nos dice antes de nuestras actuaciones si ellas van a ser buenas o malas.<\/p>\n<p>     Nos acompa\u00f1a con su aprobaci\u00f3n o repulsa durante nuestra actuaci\u00f3n. Despu\u00e9s de obrar nos indica, con la satisfacci\u00f3n o el remordimiento, si lo hecho se ajustaba al bien o al mal que nuestro interior tiene grabado.<\/p>\n<p>     La conciencia ha sido siempre considerada como la voz divina que resuena en nuestro interior y nos marca el camino que debe ser seguido.<\/p>\n<p>    San Agust\u00ed\u00adn ya nos dec\u00ed\u00ada en sus comentarios a la Ep\u00ed\u00adstola de Juan: \u00abSi quieres obrar bien .entra dentro de tu conciencia e interr\u00f3gala. No prestes atenci\u00f3n a lo que florece fuera, sino a la ra\u00ed\u00adz de ella que est\u00e1 dentro de ti\u00bb.<\/p>\n<p>     Y hasta los fil\u00f3sofos m\u00e1s naturalistas, como Rousseau, la daban un valor decisivo para la vida. Por eso escrib\u00ed\u00ada: \u00abConciencia, conciencia!&#8230; Instinto divino, voz celeste e inmortal, gu\u00ed\u00ada segura del ser ignorante y limitado, pero libre e inteligente. Eres juez infalible del bien y del mal, pues haces al hombre semejante a Dios. Eres la que elevas la excelencia de la naturaleza y o denuncias la inmoralidad de sus acciones cuando se desv\u00ed\u00adan del bien. Sin ti nada hay en m\u00ed\u00ad que me eleve por encima de las bestias\u00bb<br \/>\n   5.5. Conciencia compartida.<\/p>\n<p>    Hay que compartir la conciencia con los dem\u00e1s hombres, pues la reflexi\u00f3n solidaria nos permite seguir mejor por el sendero de la verdad.<\/p>\n<p>    Hay que buscar la verdad y la virtud no s\u00f3lo como a uno le parece o le agrada, sino en funci\u00f3n de criterios objetivos que los dem\u00e1s ayudan a encontrar.<\/p>\n<p>   Con la reflexi\u00f3n compartida con otros podemos llegar al ideal de conciencia que es la objetividad, la certeza, la claridad, la solidez y la sinceridad en los juicios que la conciencia formule.<\/p>\n<p>    La conciencia es m\u00e1s o menos perfecta si es cierta y objetiva. La certeza le proporciona seguridad en lo que hace. La objetividad conduce sus juicios a descubrir lo que realmente es la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>    La conciencia es libre y puede equivocarse y desviarse. La experiencia nos dice que muchos obran mal, porque su conciencia no les indica claramente el camino. Y nosotros mismos podemos equivocarnos por no seguir lo que nuestra conciencia nos dice.<br \/>\n  6. Tareas del catequista<br \/>\n    La formaci\u00f3n de la conciencia es una de las primeras tareas del catequista, tanto como lo es la formaci\u00f3n en doctrina recta. De ella depende la vida cristiana de cada persona.<\/p>\n<p>    Con todo, el catequista, por tratar con personas con frecuencia inmaduras y en evoluci\u00f3n, corre el riesgo de oprimir o sustituir la conciencia del catequizando.<\/p>\n<p>    Debe vigilar para realizar estas cinco labores propias de todo buen educador de la fe.<\/p>\n<p>      1. Respetar la conciencia del catequizando y ense\u00f1arle a tomar sus propias decisiones sin nadie que le diga coactivamente lo que debe hacer.<\/p>\n<p> 2. Para ello debe adaptarse a cada nivel y a cada situaci\u00f3n personal, de forma que se deje libertad de acci\u00f3n sin cargar con pesos innecesarios, sobre todo si no se cuenta con capacidad de reacci\u00f3n o de autonom\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p> 3. Con todo su deseo debe ser formar de modo recto y paciente la conciencia de sus catequizando con criterios s\u00f3lidos y con principios objetivamente valiosos. Esto s\u00f3lo se consigue si uno mismo tiene su propia conciencia bien formada.<\/p>\n<p> 4. Tambi\u00e9n debe hacer esfuerzos por no quedarse s\u00f3lo en razonamientos humanos y recordar que existe la iluminaci\u00f3n de la fe en los actos del cristiano. Por lo tanto debe iluminar con la fe lo que ense\u00f1a y lo que dice como cauce y pista para el catequizando   5. Y debe fortalecer con el ejemplo propio de una vida honesta y cristiana, ya que en lo referente al comportamiento el modelo de la propia conducta es la principal fuente de inspiraci\u00f3n de la conducta del catequizando.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Autodeterminarse buscando la verdad y el bien<\/p>\n<p>\tEl ser humano experimenta el proceso de su interioridad, especialmente respecto a sus criterios, escala de valores, actitudes, relaciones y deberes. Se toma \u00abconciencia\u00bb de lo que uno es (su identidad), de su estado de vida y vocaci\u00f3n, de su trabajo y quehacer cotidiano, etc. El ser humano es capaz de conocerse a s\u00ed\u00ad mismo y autodeterminarse. Aunque la conciencia es personal, se habla tambi\u00e9n de conciencia colectiva, como cuando decimos que un pueblo es consciente de sus responsabilidades o que la Iglesia toma conciencia de su vocaci\u00f3n misionera.<\/p>\n<p>\tHablamos de \u00abconciencia moral\u00bb cuando el hombre no s\u00f3lo es \u00abconsciente\u00bb de su actuar, sino que lo califica seg\u00fan criterios y valores. Los criterios sobre la verdad y la bondad en general, que de alg\u00fan modo est\u00e1n en todo coraz\u00f3n humano, se aplican en una determinada situaci\u00f3n y actuaci\u00f3n concreta con un juicio de valor sobre la rectitud de la conducta, en vistas a practicar el bien y evitar el mal. La conciencia indica la existencia de un principio interior que discierne la moralidad de los propios actos. En este sentido es la \u00abnorma \u00faltima\u00bb de la moralidad, que supone inspirarse en la misma ley divina objetiva y reflejada en el coraz\u00f3n. Por esto puede darse la \u00abobjeci\u00f3n de conciencia\u00bb (cfr. CEC 2311).<\/p>\n<p>\tLa dignidad de la conciencia humana y exigencia de formaci\u00f3n<\/p>\n<p>\tHay siempre ciertos influjos psicol\u00f3gicos, culturales y sociol\u00f3gicos, pero la dignidad del hombre consiste en ser capaz de seguir libremente su conciencia sin condicionamientos determinantes. Una conciencia bien formada es capaz de aplicar los principios fundamentales sobre la verdad y el bien a las circunstancias concretas de la vida. En este caso se habla de \u00absind\u00e9resis\u00bb. La formaci\u00f3n tiende a que la conciencia se abra totalmente a la verdad. El ideal de la conciencia es que sea subjetivamente cierta y objetivamente verdadera o inspirada en la ley de Dios.<\/p>\n<p>\tLos influjos negativos del exterior y las tendencias desordenadas del propio coraz\u00f3n, pueden obnubilar los dictados de la conciencia. Por esto, se necesita una formaci\u00f3n continuada que sepa profundizar en los principios permanentes y apreciar las situaciones concretas en todo su contexto. La raz\u00f3n, que ya por s\u00ed\u00ad misma puede encontrar la verdad y el bien, necesita ser reforzada por la Palabra de Dios y por la vivencia de la comunidad humana y eclesial.<\/p>\n<p>\tConciencia y ley moral<\/p>\n<p>\tLos principios fundamentales sobre la verdad y el bien son inherentes a todo coraz\u00f3n humano. En este sentido la conciencia es \u00abel santuario del hombre, en el que est\u00e1 solo con Dios, cuya voz resuena en lo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo de ella\u00bb (GS 16). La conciencia ayuda al hombre a colocarse ante la ley moral, pero especialmente indica la rectitud o la maldad de los actos. Ella es para el hombre \u00abun testigo de su fidelidad o infidelidad a la ley, o sea, de su esencial rectitud o maldad moral&#8230; A su vez, s\u00f3lo la persona conoce la propia respuesta a la voz de la conciencia\u00bb (VS 57; cfr. Rom 2,14-15)<\/p>\n<p>\tEl juicio de la conciencia se inspira en la ley moral inscrita en el coraz\u00f3n, pero especialmente indica lo que hay que hacer o evitar. La conciencia ayuda a asumir con responsabilidad los propios actos. Cuando se obra seg\u00fan ella, surge la paz en el coraz\u00f3n. Pero cuando se ha actuado en contra de la conciencia, ella indica una responsabilidad por medio del remordimiento. No obstante, \u00abel veredicto de la conciencia queda en el hombre incluso como un signo de esperanza y de misericordia\u00bb (VS 61), porque le recuerda que es posible el perd\u00f3n.<\/p>\n<p>\tMisi\u00f3n eclesial educar las conciencias a la luz de Cristo<\/p>\n<p>\tLa conciencia humana se refuerza con la ley evang\u00e9lica del amor. La misi\u00f3n evangelizadora de la Iglesia tiene como objetivo la educaci\u00f3n de la conciencia seg\u00fan el mensaje evang\u00e9lico \u00abLa Iglesia educa las conciencias revelando a los pueblos al Dios que buscan, pero que no conocen; la grandeza del hombre creado a imagen de Dios y amado por \u00e9l; la igualdad de todos los hombres como hijos de Dios; el dominio de la naturaleza creada y puesta al servicio del hombre; el deber de trabajar para el desarrollo del hombre entero y de todos los hombres\u00bb (RMi 58). Por esto la Iglesia es promotora de la libertad de conciencia, instando, al mismo tiempo, a una recta formaci\u00f3n de la misma seg\u00fan los planes salv\u00ed\u00adficos de Dios Amor en Cristo.<\/p>\n<p>Referencias Coraz\u00f3n, educaci\u00f3n, hombre, identidad, ley, libertad, moral, verdad.<\/p>\n<p>Lectura de documentos GS 16, 41; DH 2-3, 14; VS 32, 54-64; CEC 1776-1802, 2311.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., La conscienza (Lib. Edit. Vaticana 1996); J. ARIAS, La \u00faltima dimensi\u00f3n. Libertad, conciencia, creatividad (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1974); F. B\u00d6CKLE, Hacia una conciencia cristiana (Estella, Verbo Divino, 1981); A. ROLDAN, La conciencia moral (Madrid, Raz\u00f3n y Fe, 1966); J. STELZENBERGER, Conciencia, en Conceptos fundamentales de Teolog\u00ed\u00ada (Madrid, Cristiandad, 1979) 191-200.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>La conciencia importa un acto reflexivo y pr\u00e1ctico, que permite juzgar sobre la bondad o la maldad de las acciones. El imperio, la voz de la conciencia, es, debe ser, norma de moralidad. Pero en los tiempos de Jesucristo no exist\u00ed\u00ada doctrina alguna sobre la conciencia. La moralidad de los actos se regulaba siempre por las normas externas de la Ley y del formalismo farisaico. No se valoraban las motivaciones de tipo interno. Y esta falta de reflexi\u00f3n interna sobre la conducta humana se acusa tambi\u00e9n en los evangelios. A pesar de que en ellos encontramos la valoraci\u00f3n de las intenciones, como se\u00f1al decisiva en la moralidad del hombre y el reforzamiento, tambi\u00e9n de car\u00e1cter definitivo, de la interioridad de la religi\u00f3n verdadera (cf. Mt 5-8; Lc 11,34-36; Jn 3,11-21). San Pablo dice que la Ley, rectora del comportamiento humano, est\u00e1 inscrita en el coraz\u00f3n del hombre, incluso de los paganos (Rom 2,14). Aunque la conciencia debe ser la norma suprema de la conducta, no debe desenvolverse en autonom\u00ed\u00ada plena, pues por encima de ella hay otra norma m\u00e1s suprema todav\u00ed\u00ada, que es Dios (1 Cor 4,4; 2 Cor 4,2). > Conciencia mesi\u00e1nica.<\/p>\n<p>E. M. N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>La peque\u00f1a y misteriosa palabra \u00abconciencia\u00bb ha ido surgiendo poco a poco en la historia de la humanidad. Es sorprendente, por ejemplo, que el Antiguo Testamento no tenga un t\u00e9rmino concreto para indicar lo que nosotros llamamos \u00abconciencia\u00bb; sin embargo, indica esta realidad, conocida desde siempre, con una palabra que nos llama m\u00e1s la atenci\u00f3n, la palabra \u00abcoraz\u00f3n\u00bb. De hecho, tambi\u00e9n nosotros, cuando decimos \u00abmi conciencia\u00bb, nos ponemos instintivamente la mano sobre e! coraz\u00f3n. Es evidente que con esto pretendemos expresar algo que est\u00e1 dentro de nosotros, que es inalienable, precioso, algo a lo que no renunciar\u00ed\u00adamos por nada del mundo.  La conciencia no es una cosa que nos es dada una vez, como una especie de piedra preciosa que tenemos en el coraz\u00f3n y de la que nos basta con recoger los reflejos.  La conciencia tiene un desarrollo hist\u00f3rico en los individuos y en la humanidad. Empieza a formarse en nosotros desde la m\u00e1s tierna infancia, cuando estamos todav\u00ed\u00ada en los brazos de nuestros padres; se va formando en la escuela, en la catequesis; son los padres y educadores los que forman la conciencia.  No podemos fiarnos de la conciencia como de algo ca\u00ed\u00addo del cielo, porque tiene una historia que est\u00e1 hecha de responsabilidades educativas. Es nuestro raciocinio, nuestro conocimiento del bien y del mal, el que se va educando a lo largo de las experiencias buenas y positivas, y que se deseduca cada vez que lo pisoteamos o cada vez que llevarnos a cabo voluntariamente experiencias negativas y alienantes.      La conciencia crece y se vuelve cristalina, hasta llegar a lo que dice Jes\u00fas: \u00abBienaventurados los limpios de coraz\u00f3n, porque ver\u00e1n a Dios\u00bb. Pero tambi\u00e9n podemos cegarla o sofocarla, hasta merecer aquella advertencia de Jes\u00fas: \u00ab\u00c2\u00a1Ay de vosotros, ciegos y gu\u00ed\u00adas de ciegos!\u00bb.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>El t\u00e9rmino \u00abconciencia\u00bb se usa en teolog\u00ed\u00ada moral para designar la sede \u00faltima de la naturaleza \u00e9tica de los actos humanos, Tuvo un amplio desarrollo en la cultura grecorromana, pero aparece tambi\u00e9n con frecuencia en las cartas de Pablo, donde apela a la exigencia de un principio interior como criterio de discernimiento del obrar. Esta exigencia, por lo dem\u00e1s, est\u00e1 ampliamente presente en el Antiguo Testamento y Cristo insiste profundamente en ella en su predicaci\u00f3n. Los profetas recuerdan a menudo la importancia de la actitud interior de donde brota la acci\u00f3n, mientras que Jes\u00fas insiste en el hecho de que lo que contamina al hombre no es lo que entra en \u00e9l, sino lo que sale de \u00e9l. Los t\u00e9rminos \u00abcoraz\u00f3n\u00bb y \u00abesp\u00ed\u00adritu\u00bb, con los que se indica la capa m\u00e1s profunda de la personalidad del hombre, encuentran su m\u00e1s perfecta correspondencia, en la edad moderna, en la realidad de la conciencia.<\/p>\n<p>  1. Naturaleza y estructura de la conciencia.- As\u00ed\u00ad pues, la conciencia es el yo captado en sus \u00faltimas dimensiones: es el lugar donde el hombre se autoconoce y decide de s\u00ed\u00ad mismo. Es, por tanto, una realidad unitaria; m\u00e1s a\u00fan, es el centro de unificaci\u00f3n de la persona. Pero esta unidad no es un dato inmediato, sino el resultado de un proceso fatigoso de unificaci\u00f3n. Efectivamente, la conciencia es una realidad compleja, constituida por la presencia simult\u00e1nea de diversos factores, que no son f\u00e1cilmente homologables. En ella confluyen los mecanismos instintivos y los dinamismas psicol\u00f3gicos del inconsciente: con ella se relacionan los elementos de racionalidad y voluntariedad propios del ser humano; sobre  ella ejerce su influencia la gracia como fruto de la \u00abvida nueva\u00bb, que es don del Esp\u00ed\u00adritu. Esto da raz\u00f3n de la necesidad de una continua formaci\u00f3n (y autoformaci\u00f3n) de la conciencia, si no se quiere acabar en manos de unas fuerzas de disgregaci\u00f3n, que determinan la ruptura de la persona. La acogida del Esp\u00ed\u00adritu como principio orientador de las opciones del hombre presupone la moderaci\u00f3n de los impulsos pasionales y la apertura de la raz\u00f3n y de la voluntad a la fuerza fecundante de una intervenci\u00f3n de lo alto. No se trata de reprimir lo que pertenece a las capas inferiores de la personalidad humana, sino de asumir una forma de ascesis que recoja las diversas energ\u00ed\u00adas del yo y las canalice hacia la plena realizaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo. La unidad original de la conciencia recibe su m\u00e1s profunda verdad del esfuerzo del hombre por poner sus potencialidades humanas al servicio de un proyecto que lo trasciende y &#8211; hacia el que se siente llamado.<\/p>\n<p> 2. La primac\u00ed\u00ada de la conciencia en la  vida moral.- Como centro profundo de la persona, la conciencia tiene (y no puede menos de tener) la primac\u00ed\u00ada en la vida moral. En la tradici\u00f3n cristiana siempre se ha reivindicado esta primac\u00ed\u00ada (al menos en el plano te\u00f3rico). Los manuales del pasado han reconocido constantemente en la conciencia la \u00abnorma \u00faltima\u00bb de la moralidad y sobre todo han defendido con coraje los derechos inderogables de la conciencia invenciblemente err\u00f3nea.<\/p>\n<p>Sin embargo, el modelo \u00e9tico que se  ha impuesto en la \u00e9poca moderna ha acentuado cada vez m\u00e1s, en su planteamiento, la atenci\u00f3n al aspecto objetivo-material del obrar humano, disminuyendo de hecho la importancia de la conciencia.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la recuperaci\u00f3n de la primac\u00ed\u00ada de la conciencia va estrechamente unida a la producci\u00f3n de un modelo que vuelve a poner en el centro a la persona y su b\u00fasqueda de autorrealizaci\u00f3n. En este sentido tienen una gran importancia las aportaciones de las ciencias humanas, que han contribuido de manera decisiva a iluminar los dinamismos subjetivos del obrar Pero es evidente la necesidad de referirse a una visi\u00f3n antropol\u00f3gica m\u00e1s amplia &#8211; tanto filos\u00f3fica como teol\u00f3gica- que permita resaltar correctamente las estructuras de sentido que est\u00e1n en la ra\u00ed\u00adz de la actividad del hombre. La decisi\u00f3n moral, a pesar de estar condicionada por elementos de car\u00e1cter bio-ps\u00ed\u00adquico y socio-cultural~ es en \u00faltimo an\u00e1lisis expresi\u00f3n de la realidad m\u00e1s profunda del hombre:<br \/>\nrealidad que se pone de relieve sola mente a trav\u00e9s de una penetraci\u00f3n en el \u00abmisterio\u00bb de la persona, es decir, en los elementos fundamentales que la caracterizan.<\/p>\n<p>La conciencia es el lugar donde se  verifica este acontecimiento. En consecuencia, el acceso a la misma permite captar el obrar del hombre en su espesor m\u00e1s profundamente humano, como fruto de un proyecto que se va desplegando en el tiempo y en el espacio ~ que se encarna en los hechos concretos de la vida cotidiana.<\/p>\n<p> 3. La necesidad de la norma.- Afirmar que la conciencia es el criterio \u00faltimo (y decisivo) para juzgar del obrar moral del hombre no significa negar la necesidad de recurrir a los valores y . a las normas que lo codifican. La conciencia no puede concebirse en t\u00e9rminos r\u00ed\u00adgidamente individuales. Al ser realidad de la persona, hace esencialmente relaci\u00f3n a los dem\u00e1s, al mundo, a Dios. La antropolog\u00ed\u00ada personalista es, por definici\u00f3n, una antropolog\u00ed\u00ada relacional. La persona se realiza solamente en una red de relaciones, que definen concretamente, y en cierta medida circunscriben, el \u00e1mbito de sus posibilidades expresivas. El mundo de los valores engendra esta posibilidad: es decir, ofrece al hombre los par\u00e1metros por los que debe orientarse su comportamiento, si desea concurrir al desarrollo armonioso de s\u00ed\u00ad mismo y de sus relaciones con los dem\u00e1s hombres y con Dios.<\/p>\n<p> La conciencia adquiere la plenitud  de sus derechos cuando es al mismo tiempo subjetivamente cierta y objetivamente verdadera. El respeto a la primac\u00ed\u00ada de la conciencia debe caminar entonces a la par con el compromiso de favorecer su total apertura a la verdad.<\/p>\n<p>Es tarea de la educaci\u00f3n moral buscar  este objetivo mediante un proceso de asimilaci\u00f3n cada vez m\u00e1s honda de los valores, unido al aprendizaje de las normas concretas, que permiten al hombre enfrentarse con las diversas exigencias de las situaciones en que vive.<\/p>\n<p> G. Piana<\/p>\n<p> Bibl.: AA, vv , Conciencia, en NDTM, 233 255; J Arias. La \u00faltima dimensi\u00f3n, Libertad conciencia creatividad, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1974. F BOckle, Hacia una conciencia cristiana, Verbo Divino, Estella 1981; L, Monden, Conciencia, libre albedr\u00ed\u00ado, pecado, Herder, Barcelona 1968; A, Rold\u00e1n, La conciencia moral. Raz\u00f3n y Fe, Madrid 1966.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nIntroducci\u00f3n.<br \/>\nI. Algunas l\u00ed\u00adneas de teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica:<br \/>\n1. El t\u00e9rmino \u00abconciencia\u00bb en la Biblia;<br \/>\n2. En el Antiguo Testamento;<br \/>\n3. En los evangelios;<br \/>\n4. En los escritos paulinos;<br \/>\n5. La conciencia como testigo y juez;<br \/>\n6. El respeto de la conciencia ajena.<br \/>\nII. Desarrollo de la reflexi\u00f3n a lo largo de la historia cristiana:<br \/>\n1. La reflexi\u00f3n m\u00e1s antigua: la conciencia como acontecimiento central de la subjetividad cristiana;<br \/>\n2. Una controversia intermedia: la pol\u00e9mica entre san Bernardo y Abelardo sobre el problema de la conciencia err\u00f3nea;<br \/>\n3. La discusi\u00f3n m\u00e1s reciente: la conciencia tom\u00f3 funci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica del discernimiento y juicio moral.<br \/>\nIII. Elementos para una reflexi\u00f3n te\u00f3rica:<br \/>\n1: De la conciencia fundamental a la conciencia actual;<br \/>\n2. Conciencia individual y conciencia comunitaria;<br \/>\n3. El devenir de la c\u00f3ncienciacomunitaria.<\/p>\n<p>IV. Integraci\u00f3n:<br \/>\n1. La polisemia del t\u00e9rmino \u00abconciencia\u00bb;<br \/>\n2. La sem\u00e1ntica psicol\u00f3gica;<br \/>\n3. La sem\u00e1ntica intelectiva;<br \/>\n4. La sem\u00e1ntica volitiva;<br \/>\n5. La sem\u00e1ntica paren\u00e9tica.<\/p>\n<p>Introducci\u00f3n<br \/>\nEl problema de la conciencia se ha convertido en una cuesti\u00f3n b\u00e1sica de nuestro tiempo; incluso en la reflexi\u00f3n moral cristiana est\u00e1 siendo nuevamente objeto de gran atenci\u00f3n. A la larga, tenia que ser \u00e9ste el foral de un proceso de \u00abconcienciaci\u00f3n\u00bb que se advierte tambi\u00e9n en el \u00e1mbito de nuestra cultura occidental. Se ha pasado de una exaltaci\u00f3n unilateral de la ley objetiva (la ley de la polis o el jus del Estado romano, y tambi\u00e9n el logos universal de la filosof\u00ed\u00ada estoica, del que la conciencia deber\u00ed\u00ada ser simplemente un eco y un reflejo cuando no una \u00abesclava&#8217;) a otras fases de responsabilizaci\u00f3n de la persona de forma m\u00e1s clara y de valoraci\u00f3n del car\u00e1cter originario de la conciencia. Se reconoce com\u00fanmente la importancia de estas dos fases: sobre todo, la que representa la antropolog\u00ed\u00ada cristiana de santo Tom\u00e1s, en la que el hombre, a imagen de Dios, cuya libre creatividad imita; se construye activamente a trav\u00e9s de su poder de autodecisi\u00f3n; y as\u00ed\u00ad \u00abla conciencia no se limita a ser una simple aplicaci\u00f3n mec\u00e1nica de principios a las contingencias de la vida, sino que es un inventar cada vez el modo con que el hombre responde a su cualidad de imagen de Dios, realiz\u00e1ndose a s\u00ed\u00ad mismo en la verdad\u00bb&#8216;. En segundo lugar (y en este caso la influencia no es directamente cristiana), la afirmaci\u00f3n cada vez m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita, desde el siglo xviii de los principios de tolerancia y de libertad de conciencia especialmente en el caso de la libertad religiosa.<\/p>\n<p>M\u00e1s recientemente, otros factores han hecho que los debates sobre la conciencia se intensificaran y avivaran. Por ejemplo, la difusi\u00f3n del pluralismo ideol\u00f3gico y la mayor sensibilidad a los m\u00e9todos democr\u00e1ticos. M\u00e1s a\u00fan: el relativismo de las normas objetivas y absolutas en beneficio del contexto cultural en el que el hombre vive (fruto de la reflexi\u00f3n funcionalista y estructuralista) y de la historia din\u00e1mica de este contexto (aportaci\u00f3n, entre las m\u00e1s destacadas, de la reflexi\u00f3n marxista). Una devaluaci\u00f3n an\u00e1loga de la objetividad moral la ha provocado el estudio (promovido especialmente por el psicoan\u00e1lisis) de los procesos y dinamismos psicol\u00f3gicos que apoyan y explican la formaci\u00f3n de nuestra mentalidad moral en la historia de cada persona y de las relaciones afectivas m\u00e1s profundas y b\u00e1sicas en las que se ha desenvuelto. Por no hablar de la velocidad de las transformaciones que caracteriza la vida de nuestro siglo, que de forma fatal va dejando anticuados los dictados jur\u00ed\u00addicos y can\u00f3nicos, incapaces de adaptarse con la misma facilidad a los cambios; por este motivo el mismo magisterio de la Iglesia ha comenzado a encomendar expl\u00ed\u00adcitamente a la conciencia de los fieles la decisi\u00f3n de qu\u00e9 comportamiento tomar ante problemas no peque\u00f1os, como los relativos al compromiso pol\u00ed\u00adticosocial o a ciertos aspectos de la vida familiar.<\/p>\n<p>La actualidad e inter\u00e9s de este proceso exige al moralista cristiano un continuo esfuerzo de an\u00e1lisis y de construcci\u00f3n teol\u00f3gica en torno al tema de la conciencia; pero a la vez muestra su dificultad y explica el car\u00e1cter provisional de los resultados a los que pueda llegar. Tambi\u00e9n en este intento de s\u00ed\u00adntesis somos conscientes de esto.<\/p>\n<p>I. Algunas l\u00ed\u00adneas de teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica<br \/>\nEl tema de la conciencia constituye un punto crucial de la experiencia humana, como se resalta en la palabra b\u00ed\u00adblica; de ah\u00ed\u00ad que siga teniendo una gran actualidad 2.<\/p>\n<p>1. EL TERMINO \u00abCONCIENCIA\u00bb EN LA BIBLIA. Se ha constatado que el t\u00e9rmino \u00abconciencia\u00bb aparece muy rara vez en el AT (Qo 10,20; Sab 17:10), y ni una sola en los evangelios 3. En cambio aparece 31 veces en los escritos apost\u00f3licos; m\u00e1s en concreto, 21 veces en san Pablo, y las otras 10 veces en boca de san Pablo (como en Heb 23:1; Heb 24:16) o bien en escritos muy afines, desde el punto de vista doctrinal o de l\u00e9xico, a las cartas paulinas (como en Heb y en 1 Pe). Por eso se siente uno tentado a pensar que la doctrina de la conciencia es una novedad del ap\u00f3stol de las gentes: una entre otras muchas originalidades de su pensamiento moral. En muchos aspectos es verdad. Fue san Pablo quien elabor\u00f3 perfectamente la noci\u00f3n de conciencia como regla de vida: sirvi\u00e9ndose sin duda de algunos conceptos de la filosof\u00ed\u00ada helen\u00ed\u00adstica de su tiempo (la de car\u00e1cter \u00abpopular\u00bb y moralizante sobre todo, donde conflu\u00ed\u00ada de hecho la ense\u00f1anza de las distintas escuelas), y enriqueci\u00e9ndolos con numerosas aportaciones provenientes de su formaci\u00f3n jud\u00ed\u00ada (especialmente la gran tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica de \u00abcoraz\u00f3n\u00bb) y de su teolog\u00ed\u00ada cristiana; en ella, en efecto, la doctrina de la conciencia entraba en contacto con la del primado de la caridad, de la inhabitaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo y de la espera escatol\u00f3gica. Y, sin embargo, la afirmaci\u00f3n de originalidad referida a san Pablo ser\u00ed\u00ada falsa si se exagerara, particularmente en lo que se refiere a la ense\u00f1anza evang\u00e9lica: precisamente porque el mensaje de Cristo aparece, contra el conformismo tradicional, como una decidida apelaci\u00f3n a la conciencia. Ya esta sola indicaci\u00f3n nos advierte de c\u00f3mo, sin encontrar el t\u00e9rmino \u00abconciencia\u00bb en la Biblia antes de san Pablo, encontramos, sin embargo, su significado. Algo parecido ocurre con el pensamiento helen\u00ed\u00adstico, donde el t\u00e9rmino es muy raro y, sin embargo, en \u00e9l se encuentra, expresada de otros modos, una abundante referencia tem\u00e1tica a la conciencia 4.<\/p>\n<p>2. EN EL ANTIGUO TESTAMENTO. \u00abLa ausencia del concepto de conciencia en sentido preciso no es una laguna en un contexto tan existencial y concreto, donde al hombre se le ve siempre en la totalidad de su relaci\u00f3n con Dios\u00bb 5. Llamado a la alianza con Dios y hasta constituido existencialmente por ella, el hombre del AT est\u00e1 siempre en actitud de escucha de la palabra divina: palabra que se le dirige, lo penetra y lo envuelve, lo hace consciente del significado de todas sus acciones; escucha de la que el hombre obtiene su sabidur\u00ed\u00ada y su capacidad de distinguir entre el bien y el mal: \u00abGuardo en el coraz\u00f3n tu palabra para no pecar contra ti\u00bb (Sal 119:11). La exigencia moral surge esencialmente de este encuentro entre palabra de Dios y actitud de escucha obediente por parte del hombre, y todo juicio \u00e9tico aparece como fruto de esa vital percepci\u00f3n de valores que este encuentro pone en marcha.<\/p>\n<p>El \u00abcoraz\u00f3n\u00bb es precisamente esta interioridad constitutiva del hombre, donde la palabra de Dios se presenta como un juicio (G\u00e9n 3:8ss; Jos 14:7; 1Sa 24:6; 2Sa 24:10; Qo 7,22; Job 27:6): coraz\u00f3n contrito, coraz\u00f3n \u00abnuevo\u00bb, coraz\u00f3n convertido, si acoge esta palabra haciendo de ella la fuente \u00ed\u00adntima de toda decisi\u00f3n religiosa y de toda valoraci\u00f3n moral (cf Deu 4:39; Deu 30:6-8; 1Re 3:9; 1Re 8:38; Isa 51:7; Isa 57:15ss; Jer 23:9; Jer 31:33; Eze 5:9; Eze 6:9; Eze 11:18ss; Eze 36:25-28); coraz\u00f3n endurecido, sordo tenebroso, si la palabra no resuena en \u00e9l y ya no se reconocen, por tanto, los valores morales (Eze 2:3-4; Zac 7:12; Sal 95:8-10). Toda la conducta, pues, depende de la decisi\u00f3n del coraz\u00f3n: a Dios se le ama con el coraz\u00f3n (Deu 6:5) y se le traiciona con el coraz\u00f3n (Eze 6:9): y \u00abel coraz\u00f3n atento a la voz de Dios o convertido por su perd\u00f3n es testigo del valor moral de la conducta del hombre en la presencia de Dios\u00bb 6. Es exacta, por lo tanto, la conclusi\u00f3n de que, aunque no se encuentre en el AT un t\u00e9rmino espec\u00ed\u00adfico que indique la conciencia, se pueden encontrar fen\u00f3menos importantes que describen este hecho originario. Hay que recordar, adem\u00e1s, un dato de mucha importancia, aunque est\u00e9 impl\u00ed\u00adcito, sobre todo en los textos en los que el \u00abcoraz\u00f3n nuevo\u00bb es un don que se le hace a todo el pueblo de Israel. El individuo no aparece en primer lugar, sino que en primer lugar aparecen la comunidad y los acontecimientos salvificos que forman su historia. Y por esto, lo que el coraz\u00f3n le sugiere al piadoso israelita no es un m\u00ed\u00adstico mandato divino para que le resuene; es, en cambio, una palabra escuchada en el \u00e1mbito de la tradici\u00f3n comunitaria a la que este hombre pertenece: no como un simple eco de un precepto dado una vez por todas (\u00e9sa ser\u00e1 la interpretaci\u00f3n literal y simplificadora de los fariseos), sino como propuesta recogida en la vida de la historia salv\u00ed\u00adfica de la que \u00e9l forma parte.<\/p>\n<p>3. EN LOS EVANGELIOS. Lo mismo cabe decir de los evangelios. Baste pensar ante todo en el profundo proceso de interiorizaci\u00f3n a que es sometida la vida moral en la ense\u00f1anza de Jes\u00fas y al papel que en ella asume el coraz\u00f3n como testigo del valor \u00e9tico y lugar donde se hace intr\u00ed\u00adnseca la voluntad de Dios. El mismo discurso de la monta\u00f1a requiere como fundamento del obrar moral una decisi\u00f3n interior que va mucho m\u00e1s all\u00e1 de la simple fidelidad a determinados preceptos: pobreza de esp\u00ed\u00adritu, pureza de coraz\u00f3n, ya que de \u00e9l nace el pecado y todo apego a las cosas terrenas; ojo limpio y luminoso que ilumine \u00ed\u00adntimamente toda la conducta (Mat 5:3.8.28; Mat 6:19-23). Por otra parte, esta insistencia por poner en el coraz\u00f3n el centro de la vida moral es algo caracter\u00ed\u00adstico en las palabras del maestro, \u00e9l tambi\u00e9n Mulce y humilde de coraz\u00f3n\u00bb (Mat 11:2830). No son las acciones las que deben estar en orden, como era la preocupaci\u00f3n de los fariseos, sino la sede m\u00e1s profunda de la nueva justicia, el coraz\u00f3n: en \u00e9l se siembra y se espera que fructifique la palabra de Dios (Mat 13:19), y s\u00f3lo de un coraz\u00f3n puro pueden salir las buenas acciones, las buenas palabras, el perd\u00f3n misericordioso y lo que es m\u00e1s importante para la ley: la justicia, la misericordia, la fidelidad (Mat 12:34; Mat 18:35; Mat 23:2326); mientras que de nada servir\u00ed\u00ada observar la ley con la m\u00e1s minuciosa precisi\u00f3n si luego el coraz\u00f3n se ciega y es malo: ya que de una fuente im= pura como \u00e9sa brota todo mal pensamiento y toda acci\u00f3n inmunda que mancha al hombre y, aunque pueda parecer buena, es abominable para Dios (Mat 9:4; Mat 5:18-20; Mar 7:18-23; Luc 16:15) 7.<\/p>\n<p>De este mensaje aparece claro que el juicio sobre la bondad o no de nuestra conducta es interior, se elabora en la profundidad personal de donde procede, el coraz\u00f3n: es un juicio del que no es posible escapar. Pero es tambi\u00e9n claro que esta fuente interior puede contaminarse, este \u00ed\u00adntimo foro de juicio puede dejarse corromper, est\u00e9 ojo escrutador puede quedarse ciego (Mat 6:23ss; Luc 11:33 : \u00abCuida, pues, que la luz que hay en ti no se apague: \u00c2\u00a1Qu\u00e9 grande se har\u00ed\u00ada tu oscuridad!). Tr\u00e1gica ambivalencia la del coraz\u00f3n: da valor \u00e9tico a la acci\u00f3n y, a la vez, puede hacerse c\u00f3mplice de la iniquidad. Aqu\u00ed\u00ad es donde comienza a delinearse claramente la exigencia de una continua 1 conversi\u00f3n del coraz\u00f3n: la de una educaci\u00f3n de la conciencia (utilizamos este t\u00e9rmino desconocido para los evangelios) que se realice bajo la mirada de Dios, y por lo tanto en la verdad.<\/p>\n<p>Tampoco para Jes\u00fas el criterio de la pureza del coraz\u00f3n consiste en remitirse de un modo abstracto y casi individual a la originaria palabra de Dios: tambi\u00e9n los fariseos pod\u00ed\u00adan remitirse a esta palabra y observarla con escrupulosa sinceridad, como sin duda hac\u00ed\u00adan con la ley del s\u00e1bado. Es m\u00e1s bien la fidelidad a la revelaci\u00f3n de Dios en la historia viva de la comunidad que \u00e9l llama a la salvaci\u00f3n. Se honra a Dios no simplemente por el cumplimiento, de modo repetido, de un precepto; sino en el sentido que asume en la continua novedad de la historia (la novedad, ahora, es Cristo, se\u00f1or tambi\u00e9n del s\u00e1bado: Mat 12:18 y par.). El \u00abjuicio sobre lo que es justo\u00bb no se realiza cotejando la ley extr\u00ed\u00adnsecamente, sino \u00abdesde s\u00ed\u00ad mismo\u00bb y tratando de discernir la \u00abhora actual\u00bb (Luc 12:54-57) a trav\u00e9s de sus \u00absignos\u00bb (Mat 16:1-3). La conciencia, precisamente porque se modela sobre un acontecimiento antes que sobre un precepto, no es un simple recuerdo, es memoria y creatividad. Es \u00e9ste un aspecto que ya aparece en parte en el AT y que se har\u00e1 m\u00e1s preciso en la ense\u00f1anza de san Pablo.<\/p>\n<p>4. EN LOS ESCRITOS PAULINOS. Con san Pablo, el t\u00e9rmino mismo de conciencia entra en el vocabulario cristiano: una novedad cuya importancia veremos. Pero no es distinta la antropolog\u00ed\u00ada sobrenatural, en cuyo amplio contexto recibe toda su originalidad y riqueza la doctrina sobre la syneidesis. El hombre \u00abnuevo\u00bb, del que continuamente habla el ap\u00f3stol, es el hombre \u00aben Cristo\u00bb (f\u00f3rmula que a san Pablo le gustaba mucho): en un sentido mucho m\u00e1s alto que el puramente psicol\u00f3gico, seg\u00fan una condici\u00f3n que califica a la nueva criatura de un modo semejante al que hace que cada cosa no tenga existencia sino en dependencia de su creador $ (l Ley nueva). Pero, obviamente, esta situaci\u00f3n existencial implica tambi\u00e9n una percepci\u00f3n fundamental de s\u00ed\u00ad, que es tambi\u00e9n intuici\u00f3n de una nueva realidad moral, a saber: de la vital referencia de todas nuestras acciones, precisamente por ser nuevas, a Cristo como principio ontol\u00f3gico y fin moral, a su propio \u00abpensamiento\u00bb, a su m\u00e1s \u00ed\u00adntimo \u00abesp\u00ed\u00adritu\u00bb, a su \u00absentimiento de caridad\u00bb. T\u00e9rminos todos ellos que, con peque\u00f1os matices propios, son concretamente coincidentes e intercambiables: vivir \u00aben Cristo\u00bb, \u00abseg\u00fan su Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, empapados de su pensamiento, llamados a su caridad, son f\u00f3rmulas an\u00e1logas para expresar el acontecimiento fundamental (la propia \u00abcreaci\u00f3n\u00bb en Cristo) en cuanto comporta una instancia moral radicalmente nueva.<\/p>\n<p>Es la fe la que revela ese acontecimiento, esa instancia: o, lo que es lo mismo, es la \u00abconciencia\u00bb: una \u00abbuena conciencia\u00bb (2Cor 1 12; 1Ti 1:5.19; 1Pe 3:16; Heb 2Cr 13:18), una conciencia \u00abpura\u00bb (1Ti 3:9; 2Ti 1:3), una conciencia \u00abpurificada con la sangre de Cristo\u00bb (Heb 9:12). La fe se identifica con esta conciencia: hasta el punto de que el rechazo de la buena conciencia es un naufragio en la fe (1Ti 1:5), En este sentido, la conciencia adquiere para Pablo (que es el primero en utilizar este t\u00e9rmino) el papel que la reflexi\u00f3n b\u00ed\u00adblica anterior -aunque no tan claramenteasigriaba al coraz\u00f3n: es la expresi\u00f3n, \u00ed\u00adntima y subjetiva, en el n\u00facleo del propio yo, de la transformaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica que se ha realizado en nosotros; es la profunda y sint\u00e9tica \u00abtoma de conciencia\u00bb, posible en la fe, del propio existir en Cristo y de la instancia moral constitutivamente nueva que de ah\u00ed\u00ad brota. Es un concepto global de conciencia que (como tendremos ocasi\u00f3n de recordar) la posterior reflexi\u00f3n cristiana ha olvidado con frecuencia, como tambi\u00e9n ha olvidado con frecuencia la noci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de coraz\u00f3n: \u00e9ste debe colocarse antes de la noci\u00f3n com\u00fan de la conciencia como funci\u00f3n de las valoraciones individuales \u00e9ticas y como conjunto de juicios morales consiguientes.<\/p>\n<p>5. LA CONCIENCIA COMO TESTIGO Y JUEZ. La noci\u00f3n \u00abpopular\u00bb de conciencia como testigo y juez de las propias acciones personales tambi\u00e9n la recoge san Pablo, sobre todo en tres pasajes. En Rom 2:15 escribe que los paganos \u00abmuestran que llevan escrito dentro el contenido de la ley cuando la conciencia aporta su testimonio y dialogan sus pensamientos condenando o aprobando\u00bb: la imagen de un debate en el \u00ed\u00adntimo tribunal de la conciencia es muy elocuente. El testimonio interior de la conciencia se cumple, seg\u00fan Rom 9:1, \u00aben el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb: nuevo componente del juicio de conciencia, que expresa a nivel concreto y operativo la originalidad propia de la conciencia cristiana como fundamental percepci\u00f3n y recepci\u00f3n de la salvaci\u00f3n que Cristo realiza en cada uno de nosotros. Es el mismo \u00abtestimonio de nuestra conciencia\u00bb -\u00e9ste es el tercer texto- el que san Pablo opone a los corintios (2Co 1:12) para defenderse de su acusaci\u00f3n de inconstancia: como opondr\u00e1 su conciencia \u00abperfecta\u00bb y \u00abno temerosa\u00bb a las imputaciones procesales de Jerusal\u00e9n y Cesarea (He 23 1; 2Co 24:16).<\/p>\n<p>Las calificaciones dadas a la conciencia en estas \u00faltimas citas remiten a las otras ya conocidas de las cartas pastorales de conciencia \u00abbuena\u00bb y \u00abpura\u00bb. Y, adem\u00e1s del significado fundamental ya indicado, es incontestable que se\u00f1alan tambi\u00e9n aquella caracter\u00ed\u00adstica de rectitud y verdad que la conciencia, como funci\u00f3n de discernimiento moral, debe poseer. Por esto lo que una \u00abmala conciencia\u00bb (Heb 10:22), una \u00abconciencia manchada\u00bb y \u00abmarcada con el sello (de Satan\u00e1s)\u00bb -\u00e9stas son expresiones que aparecen tambi\u00e9n en las cartas pastorales Tit 1:15; 2Tim 1,3-, una conciencia en connivencia con el mal no podr\u00ed\u00ada hacer de juez y testigo verdadero: ser\u00ed\u00ada simplemente (l\u00e9anse los dos \u00faltimos textos en sus contextos) el signo y el resultado de la incredulidad o de la apostas\u00ed\u00ada de la fe. Nada de nuevo, sustancialmente, en todo esto para quien recuerde los textos veterotestamentarios y evang\u00e9licos que condenan el coraz\u00f3n sorda y ciegamente maligno. Como igualmente clara, y m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita todav\u00ed\u00ada por las aplicaciones que recibe, es la intuici\u00f3n del ap\u00f3stol de que la buena conciencia se construye en la fidelidad a la comunidad y a la historia de la salvaci\u00f3n, la cual ha entrado ya con la resurrecci\u00f3n de Cristo en su momento decisivo; recu\u00e9rdese de qu\u00e9 modo y con qu\u00e9 razones el ap\u00f3stol pide a la comunidad de Corinto que sea alejado de ella el incestuoso (1Cor 5).<\/p>\n<p>6. EL RESPETO DE LA CONCIENCIA AJENA. Mas \u00bfqu\u00e9 decir de la conciencia que est\u00e1 fuera de la verdad por debilidad o por error? Es una hip\u00f3tesis para nosotros muy clara, pero que en el pensamiento b\u00ed\u00adblico aparece s\u00f3lo con san Pablo: y precisamente aqu\u00ed\u00ad, en la afirmaci\u00f3n del derecho -como nosotros lo llamamos- de la conciencia err\u00f3nea, ha dejado el ap\u00f3stol la impronta de su gran personalidad 10. Como se sabe, la primera ocasi\u00f3n que tuvo san Pablo de afrontar el problema fue en la llamada cuesti\u00f3n de \u00ablas carnes inmoladas a los \u00ed\u00addolos\u00bb (1Cor 8). El culto pagano comportaba muchos sacrificios de animales: su carne era quemada en honor de los dioses s\u00f3lo en una peque\u00f1a parte; la mayor parte (una vez separada la que correspond\u00ed\u00ada a los sacerdotes) era devuelta a quienes la ofrec\u00ed\u00adan, que la consum\u00ed\u00adan en su casa o la ced\u00ed\u00adan a los mercados p\u00fablicos, en donde era vendida a un precio m\u00f3dico. \u00bfPod\u00ed\u00adan comer carne sacrificada a los \u00ed\u00addolos o eso supon\u00ed\u00ada participar en un culto idol\u00e1trico? Porque tambi\u00e9n los cristianos pod\u00ed\u00adan ser invitados a algunos banquetes por parientes, amigos, se\u00f1ores, autoridades; tambi\u00e9n ellos ten\u00ed\u00adan la posibilidad de comprar carne en los mercados. La respuesta de san Pablo es firme: pueden comer esa carne porque los \u00ed\u00addolos no son nada. Sin embargo, se deben tener en cuenta dos cosas: si alguien cree que comer esa carne es un acto idol\u00e1trico, no debe hacerlo; e incluso los \u00abfuertes\u00bb deben abstenerse de hacerlo si su ejemplo puede ser un obst\u00e1culo para los hermanos m\u00e1s \u00abd\u00e9biles\u00bb al seguir su personal convicci\u00f3n de conciencia. Conviene, pues, respetar la conciencia ajena incluso cuando no est\u00e9 en la verdad: la libertad que nace de una conciencia convencida no es una libertad total que no admita injerencias. En todo caso -y es el elemento que el ap\u00f3stol a\u00f1ade para resolver la segunda cuesti\u00f3n: la de los alimentos impuros (Rom 14)- hay que esforzarse por tener una \u00abconvicci\u00f3n segura\u00bb. Por la \u00abciencia\u00bb sabemos que no hay cosas impuras; y, sin embargo -explica el ap\u00f3stol-, hay fieles titubeantes e inseguros, a los que la cosa m\u00e1s honesta les puede parecer comprometedora: est\u00e1n en la verdad, ciertamente, pero sin convicci\u00f3n interior y madura, con la duda, en cambio, de hacer algo deshonesto: pues bien, \u00absi el que duda come, est\u00e1 condenado por no actuar con convicci\u00f3n; todo lo que no se hace con seguridad de conciencia es pecado\u00bb. Es, pues, determinante la convicci\u00f3n \u00ed\u00adntima que se tiene ante Dios: es un derecho inviolable que concede a la conciencia convencida una primac\u00ed\u00ada absoluta. Al menos si se considera por encima de todo a la persona. Aunque hay una instancia superior y universal, a la que debe subordinarse y ponerse en coordinaci\u00f3n: la caridad fraterna. En t\u00e9rminos que nos resultan m\u00e1s familiares, \u00abla afirmaci\u00f3n puede ser entendida as\u00ed\u00ad: la instancia personal se hace absoluta en el momento en que ha asumido la instancia interpersonal\u00bb; la libertad que la conciencia posee en grado sumo, conforme a su \u00abciencia\u00bb, no puede ejecutarse \u00absino en el respeto de la conciencia ajena, aunque sea d\u00e9bil, y en la edificaci\u00f3n por medio de la caridad\u00bb 11. De todas maneras, se mantiene la afirmaci\u00f3n de Pablo seg\u00fan la cual la conciencia es vinculante, aunque objetivamente sea err\u00f3nea; afirmaci\u00f3n que tiene adem\u00e1s el m\u00e9rito de quitar al tema de la conciencia todo car\u00e1cter m\u00ed\u00adtico. \u00abSi es verdad que manifiesta la voz de Dios, tambi\u00e9n es verdad que puede objetivamente equivocarse: la voz de Dios no se da a conocer a la conciencia de forma milagrosa; se da a conocer en la autenticidad del hombre, en la normalidad, aceptando sus limitaciones\u00bb 12.<\/p>\n<p>II. Desarrollo de la reflexi\u00f3n a lo largo de la historia cristiana<br \/>\nEl cuadro b\u00ed\u00adblico que hemos trazado, aunque limitado, es muy rico y variado en elementos. Pero nos parece que su dato m\u00e1s importante, si se compara con la forma de tratarlo nuestros manuales, es la consideraci\u00f3n de la conciencia a un doble nivel de profundidad. La pone como el acontecimiento central de la interioridad cristiana, a trav\u00e9s del cual toda la persona se entiende en una nueva relaci\u00f3n ontol\u00f3gica (con Dios en Jesucristo), y como consecuencia intuye y decide el nuevo orden de valores \u00e9ticos que ah\u00ed\u00ad se derivan. Es el momento global y fundamental de la conciencia como \u00abestructura moral originaria\u00bb: coraz\u00f3n palpitante, de donde sale todo ejercicio particular de valoraci\u00f3n \u00e9tica interior. Este otro nivel, menos profundo, de la conciencia es el que tiene presente precisamente los textos b\u00ed\u00adblicos en los que se describe como funci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica del discernimiento y juicio moral sobre la propia conducta y se indican los rasgos por los que es aut\u00e9nticamente normativa (sinceridad y firme convencimiento). Ahora bien, esta doble consideraci\u00f3n de la conciencia tambi\u00e9n aparece en la historia del pensamiento cristiano. Pero es nuestra impresi\u00f3n general que este segundo aspecto ha terminado por prevalecer, hasta llegar a ser el \u00fanico en la teolog\u00ed\u00ada postridentina y en las reflexiones que han llevado a la organizaci\u00f3n del actual tratado \u00abde consciencia&#8217;: Distinguir, en la exposici\u00f3n hist\u00f3rica, los dos aspectos de la doctrina sobre la conciencia equivale, a grandes rasgos, a dividir esta historia en dos partes: una m\u00e1s antigua y otra m\u00e1s reciente 13.<\/p>\n<p>1. LA REFLEXI\u00ed\u201cN MAS ANTIGUA: LA CONCIENCIA COMO ACONTECIMIENTO CENTRAL DE LA SUBJETIVIDAD CRISTIANA. El per\u00ed\u00adodo que aqu\u00ed\u00ad nos interesa no es solamente el patr\u00ed\u00adstico. Esta consideraci\u00f3n de la conciencia est\u00e1 presente tambi\u00e9n m\u00e1s adelante, aunque en un marco doctrinal cambiante, al menos hasta la reflexi\u00f3n de santo Tom\u00e1s. Nos contentaremos con algunas alusiones solamente, puesto que se trata de un tema suficientemente conocido a trav\u00e9s de los citados estudios de J. Stelzenberger.<\/p>\n<p>a) La reflexi\u00f3n m\u00e1s seria y primera, en este per\u00ed\u00adodo, sobre la importancia central de la conciencia es la de Or\u00ed\u00adgenes, en \u00e9l la conciencia aparece como la interioridad de la cual florece toda la actividad religiosa y moral: \u00abSede de la conciencia funcional, base de los afectos del alma, \u00ed\u00adntimo testimonio de los fen\u00f3menos religiosos, centro de la vida moral y, por consiguiente, tambi\u00e9n de los pecados, c\u00e1mara secreta de las m\u00e1s ocultas emociones\u00bb 14. Se resalta as\u00ed\u00ad el car\u00e1cter esencialmente pneum\u00e1tico de la conciencia: la syneidesis se identifica nada menos que con el pneuma, con la realidad m\u00e1s aut\u00e9ntica de la que est\u00e1 constituido el hombre salvado, en la que \u00e9l se descubre como \u00abser que vive en el esp\u00ed\u00adritu\u00bb, y donde se efect\u00faa esa interiorizaci\u00f3n del comprender y del obrar que constituye la peculiar novedad de la existencia cristiana. Es una visi\u00f3n que se corresponde claramente con la s\u00ed\u00adntesis antropol\u00f3gica y la concepci\u00f3n exeg\u00e9tica de Or\u00ed\u00adgenes &#8216;S, y en la cual, a su vez, se sit\u00faa la presentaci\u00f3n que tambi\u00e9n Or\u00ed\u00adgenes hace de la conciencia como facultad de discernimiento \u00e9tico.<\/p>\n<p>Este pensamiento se puede encontrar m\u00e1s adelante. Por ejemplo, en Jer\u00f3nimo, de quien ser\u00e1 suficiente recordar su c\u00e9lebre comentario a Eze 1:1, donde la \u00absynteresis\u00bb (t\u00e9rmino del qu\u00e9 se derivar\u00e1 el de sind\u00e9resis) o \u00abscintilla conscientiae\u00bb es presentada como la parte m\u00e1s importante del hombre, \u00abesp\u00ed\u00adritu\u00bb que corrige y gu\u00ed\u00ada la raz\u00f3n y el apetito, interioridad espec\u00ed\u00adfica que, consiguientemente, es fuente de inolvidables juicios sobre el bien y sobre el mal. Y sobre todo en Agust\u00ed\u00adn: \u00abSi la esencia del hombre es la interioridad -as\u00ed\u00ad nos resume su pensamiento Molinaro 16-, la conciencia como interioridad del hombre lo define en su cualidad central: el hombre es su conciencia, se encuentra a s\u00ed\u00ad mismo en su conciencia, que contiene y la dicta la norma del valor moral\u00bb.<\/p>\n<p>Sobre la ense\u00f1anza de Agust\u00ed\u00adn es donde podemos a\u00f1adir algo como complemento al an\u00e1lisis que hace Stelzenberger. Nos parece que el texto fundamental es el de la Enarratio in Ps. CXLV (PL 37,1887): en \u00e9l la conciencia es la parte m\u00e1s segura y espiritual del alma, la que se identifica con el hombre interior; la \u00abmens superior\u00bb ya desde ahora \u00abinhaerens Domino suspirans in illum\u00bb abierta, por consiguiente, para ver lo que se debe temer, desear, buscar, alabar y amar. Por eso, si muchas veces se identifican coraz\u00f3n y conciencia, otras veces la conciencia aparece como el centro del coraz\u00f3n, \u00abvientre del hombre interior\u00bb (In Johan. 7,37-59: PL 35,1643). Abismo en el que habita Dios, \u00fanico testigo de la misma (\u00abforte tu non invenis aliquid in conscientia tua, et invenit ille qui melius videt, cuius acies divina penetrat altiora\u00bb, Sermo 93: PL 38, 578), en ella est\u00e1 la \u00fanica \u00absedes Dei\u00bb: \u00abqui nullo capitur loco, cui sedes est conscientia piorum\u00bb (Enarr. in Ps. XLV: PL 36,520); y Dios irrumpe en ella como \u00abtestis, judex, approbator, adiutor, coronator\u00bb (Enarr. in Ps. CXXXIV: PL 37,1476). En conclusi\u00f3n, una concepci\u00f3n global y unitaria de la conciencia que no se detiene en el fragmentarismo de las distinciones que tanto abundar\u00e1n en los tratados de los \u00faltimos siglos (sobre los distintos tipos de conciencia y las varias \u00abdotes\u00bb que la distinguen); que identifica la conciencia con el yo m\u00e1s delicado y m\u00e1s unificador, m\u00e1s consciente y m\u00e1s esencial del hombre nuevo.<\/p>\n<p>b) En esta visi\u00f3n global se sit\u00faa la concepci\u00f3n que deriva de la concepci\u00f3n de la conciencia como funci\u00f3n de valoraci\u00f3n \u00e9tica, educada para decidir y distinguir el bien y el mal. Ser\u00ed\u00ada in\u00fatil buscar definiciones precisas como las nuestras en el per\u00ed\u00adodo patr\u00ed\u00adstico; pero s\u00ed\u00ad que hay en \u00e9l una clara doctrina sobre la educaci\u00f3n de la conciencia. Para san Agust\u00ed\u00adn, por ejemplo, no puede guiarnos una conciencia cualquiera, sino s\u00f3lo una iluminada por la Sagrada Escritura, por la fe, por Dios \u00abqui conscientiae solus inspector est\u00bb (De serm. Domini in monte: PL 34,1270); s\u00f3lo la \u00abbona conscientia\u00bb, de la que proviene la \u00abtranquillitas cordis\u00bb (Sermo 270: PL 31,1242), y que es \u00abmagnum gaudium piorum\u00bb (Enarr. in Ps. XXXV: PL 36,344). Por el contrario, la oscuridad amada hace gradualmente m\u00e1s l\u00e1nguido el ojo del alma; as\u00ed\u00ad, debilitado el hombre, se encuentra no s\u00f3lo encerrado, sino sepultado en la conciencia, a la que ha negado su cometido de gu\u00ed\u00ada: \u00abquaere fovea paganorum in confossa conscientia, ibi est enim fovea quo cadit impius in conscientiamala\u00bb (Enarr. in Ps. LVI: PL 36,670). Hay aqu\u00ed\u00ad anotaciones e invitaciones que tendr\u00e1n su peso cuando se llegue a analizar y describir las \u00fanicas condiciones necesarias para la funci\u00f3n de gu\u00ed\u00ada \u00e9tica de las acciones que es la conciencia 17.<\/p>\n<p>Pero es san Ambrosio, nos parece, el autor que con mayor amplitud ha tratado los aspectos derivados de la conciencia: al menos en su obra moral m\u00e1s importante, en De officiis ministrorum. En ella la responsabilidad de la conciencia es discernir el m\u00e9rito del justo y del pecador (I, 44); es un acto interno de cada persona, hasta el punto de poder decir de ella que es su juicio (I, 45; II, 2), su testimonio (I, 18) captado por los sentidos internos (I I, 2), por quien el hombre es consciente de los actos realizados (I, 18.21), s\u00f3lo a ella est\u00e1 reservado el juicio sobre el valor moral de las acciones realizadas; de forma que el hombre, independientemente del juicio ajeno, es culpable o inocente ante s\u00ed\u00ad mismo (I, 18.21.45-46.233.236). La tranquilidad de la conciencia es un alimento que sacia de verdad (I, 163); es el mejor bien (I, 236), en cuya comparaci\u00f3n el placer del cuerpo y lo que el siglo considera bueno desaparece del mismo modo que la luz de la luna y de las estrellas cuando nace el sol (II, 1); es una tranquilidad interior que supera cualquier sufrimiento (II, 10.12.19). Para el pecador, en cambio, la herida de la conciencia es un tormento (III, 24); es como un sepulcro de donde salen malos olores (I, 45-46). Al realizar su tarea de juez, ala conciencia no se la puede enga\u00f1ar ni corromper (I, 44.233); en estas condiciones, es una aut\u00e9ntica ley y norma para el justo, que as\u00ed\u00ad ya no necesita la promulgaci\u00f3n de una ley ni la conminaci\u00f3n de un castigo (III, 31).<\/p>\n<p>c) La reflexi\u00f3n de la escol\u00e1stica, y en especial la de la escuela de los dominicos, tratar\u00e1 de unir las dos concepciones (originaria y derivada) de conciencia en su doctrina, a partir de esto ya cl\u00e1sica, que distingue entre sind\u00e9resis y conciencia: la sind\u00e9resis, revel\u00e1ndose como conciencia originaria, como percepci\u00f3n innata y sint\u00e9tica de los valores morales de la existencia cristiana; y la \u00abconscientia\u00bb, que aparece como un acto que aplica esa intuici\u00f3n din\u00e1mica y unitaria a los casos y acciones concretos. Pero ya desde esta teolog\u00ed\u00ada, como despu\u00e9s en la reflexi\u00f3n posterior, se resalta con m\u00e1s detalle la \u00abconscientia\u00bb, es decir, la conciencia como funci\u00f3n y como acci\u00f3n de aplicar a los comportamientos individuales el dinamismo vital que se conoce como radical \u00abtoma de conciencia\u00bb del sentido y de la orientaci\u00f3n del mismo existir cristiano. Lo que provoc\u00f3 este desplazamiento de acento fue, en nuestra opini\u00f3n, la controversia entre Bernardo y Abelardo: defensor, el primero, de la concepci\u00f3n m\u00e1s antigua (global y pneum\u00e1tica) de la conciencia; art\u00ed\u00adfice, el segundo,<br \/>\nde una consideraci\u00f3n innovadora de ella, que hac\u00ed\u00ada ver sobre todo su valor espec\u00ed\u00adfico como funci\u00f3n \u00e9tica mediadora.<\/p>\n<p>2. UNA CONTROVERSIAINTERMEDIA: LA POLEMICA ENTRE SAN BERNARDO Y ABELARDO SOBRE EL PROBLEMA DE LA CONCIENCIA ERR\u00ed\u201cNEA. Los puntos de partida de estos dos ilustres adversarios son muy distantes, como, adem\u00e1s, es enormemente distinto el ambiente cultural y espiritual al que pertenecen.<\/p>\n<p>a) San Bernardo es monje: la figura m\u00e1s t\u00ed\u00adpica, sin duda, del monje medieval. Tambi\u00e9n su pensamiento est\u00e1 dentro del espacio m\u00e1s propio de la teolog\u00ed\u00ada mon\u00e1stica, cuyas caracter\u00ed\u00adsticas y valor han descubierto estudios recientes. Profundamente alimentada por la Escritura, en estrecha dependencia de la literatura patr\u00ed\u00adstica, desconf\u00ed\u00ada de la utilizaci\u00f3n excesiva de la dial\u00e9ctica, a la vez que pide una actitud de humildad y sencillez para profundizar en el mensaje revelado, junto con un respeto religioso por el misterio: y con este m\u00e9todo es con el que se, acerca, entre otros muchos te\u00f3logos, a la inagotable problem\u00e1tica de la uni\u00f3n del alma con Dios. Pues bien, es precisamente la conciencia -la conciencia humilde y purificada, la conciencia devota y sometida- el lugar donde se desarrolla este \u00ed\u00adntimo di\u00e1logo del hombre con Dios, esta presencia de Dios y el elevarse del hombre a la uni\u00f3n con \u00e9l. De esta manera el tema de la conciencia se hace uno de los m\u00e1s apasionantes para estos hombres, siempre atentos a los hechos interiores; es sintom\u00e1tico que existan dos tratados pseudobernardinos sobre la conciencia, y un De conscientia de Pedro di Celle: son, si no estamos en error, las primeras obras de la literatura cristiana con este t\u00ed\u00adtulo. Una conciencia que sea el espejo brillante de la luz de Dios, el eco fiel de<br \/>\nsu voz, el testigo ver\u00ed\u00addico de su presencia: \u00e9sa es la conciencia cristiana. Una conciencia \u00abverdadera\u00bb (dir\u00ed\u00adamos nosotros) que sea la perfecta correspondencia subjetiva de la objetiva voluntad de Dios. Y estos hombres multiplican las im\u00e1genes: san Bruno, Pedro di Celle, Guiberto, Tom\u00e1s el cisterciense, Ruperto de Deutz, no se detienen siquiera ante im\u00e1genes atrevidas o peregrinas para \u00abpintar\u00bb este recinto secreto y puro de la conciencia, donde se consuma la uni\u00f3n con Dios. Hay un campo, en particular, del que toman sus alegor\u00ed\u00adas transfigurando (o sublimando) en t\u00e9rminos espirituales lo que la vocaci\u00f3n les hab\u00ed\u00ada obligado a dejar: la vida nupcial. Y tambi\u00e9n esto es sintom\u00e1tico para quien conozca la profundidad y frecuencia con que el amor nupcial ha sido para los m\u00ed\u00adsticos la imagen, m\u00e1s sencilla y a la vez m\u00e1s sublime, de nuestra uni\u00f3n con Dios. Esta \u00abbuena conciencia\u00bb es, pues, la m\u00e1s bella de las mujeres, la reina preparada para recibir al rey; es segura e irreprensible como una esposa fuerte y fiel: \u00abbona coniux in cubil\u00c2\u00a1\u00bb; es la inseparable esposa que te acoge en su abrazo lleno de paz (mientras \u00abmala uxor\u00bb es la mala conciencia; mujer insoportable e inicua); es la mujer gloriosa con cuyo beso se regocija el esposo. La buena conciencia es la c\u00e1mara nupcial; es tambi\u00e9n el t\u00e1lamo nupcial (realmente, en la fantas\u00ed\u00ada de estos monjes austeros incluso en el sue\u00f1o, un camastro malo y pobre); el \u00abtalamus Dei\u00bb, el \u00ablectus coelestis sponsi\u00bb, que tiene por colch\u00f3n la pureza, por almohada la tranquilidad y por cubierta la seguridad. La conciencia recta es como la muchacha todav\u00ed\u00ada inmadura (\u00abquia ubera nondum habet perfectionis\u00bb) y, sin embargo, amada ya y en espera de llegar, en el cielo, \u00abad contubernium Dei\u00bb.<\/p>\n<p>En esta concepci\u00f3n de la conciencia se ve lo necesario que resulta que sea completamente limpia y fiel a Dios, es decir, que goce de una verdad completa. \u00bfC\u00f3mo podr\u00ed\u00ada llegar a celebrarse la boda con Dios si fuera defectuosa y s\u00f3rdida? Pero \u00bfno podr\u00ed\u00ada suceder -dice san Bernardo- que la conciencia se enga\u00f1ara sin culpa por su parte?, \u00bfque considerase como bien lo que en realidad no lo es? En tal caso, \u00bfser\u00ed\u00ada recta igualmente, y aqu\u00e9l igualmente un bien? La cuesti\u00f3n se la hab\u00ed\u00adan planteado a san Bernardo algunos monjes de Chartres: puesto que -hab\u00ed\u00adan escrito ellos- cuando se cree hacer mal, aun obrando bien se nos dice que nuestra acci\u00f3n es mala, de la misma manera habr\u00e1 que decir que una acci\u00f3n es buena cuando se realiza de buena fe, aunque fuese en s\u00ed\u00ad misma mala. No es as\u00ed\u00ad -responde san Bernardo-, no basta la buena fe; es necesaria la verdad. \u00bfC\u00f3mo podr\u00ed\u00ada pasar por verdadera a los ojos del Dios de la verdad una conciencia falsa, aunque sea de buena fe? Por eso es igualmente pecado, aunque no tan grave, el mal realizado con buena fe. Toda la tradici\u00f3n mon\u00e1stica, con la susodicha concepci\u00f3n m\u00ed\u00adstica de la conciencia, estaba ah\u00ed\u00ad para sugerir esta respuesta, que para nosotros ya no es comprensible; si est\u00e1 viciada por alg\u00fan mal, lo sepa o no lo sepa, la conciencia ya no puede ser la mediadora de la uni\u00f3n con Dios. Y podemos entenderlo. Pero no podremos entender nunca el objetivismo de san Bernardo cuando se plantea el problema en los t\u00e9rminos m\u00e1s estrictamente morales.<\/p>\n<p>b) Tampoco Abelardo lo comprendi\u00f3. Este te\u00f3logo sin prejuicios, que acabar\u00e1 sus ajetreados d\u00ed\u00adas en Cluny, apaciguado por la inefable bondad de Pedro el Venerable, hab\u00ed\u00ada vivido espiritualmente fuera siempre del ambiente mon\u00e1stico, en contacto, en cambio, con las nuevas tendencias de pensamiento que se abr\u00ed\u00adan paso en las escuelas urbanas. Y hab\u00ed\u00ada sido esencialmente un \u00abmoralista\u00bb, en el sentido m\u00e1s moderno de la palabra: ajeno a las doctrinas (lo mismo que a las experiencias) m\u00ed\u00adsticas; atento, en cambio, a los problemas \u00e9ticos en su acepci\u00f3n m\u00e1s precisa. Uno de \u00e9stos, muy antiguo, se refer\u00ed\u00ada precisamente al pecado de ignorancia; es decir, si la ignorancia es un pecado o, m\u00e1s bien, si la ignorancia excusa del pecado. Ya Gregorio Magno hab\u00ed\u00ada hablado, varios siglos antes, de un pecado \u00abquod ignorantia perpetratur\u00bb,junto a los que se cometen \u00abaut infirmitate aut studio\u00bb, pecado menos grave que los otros, pero pecado al fin, y que por lo tanto necesitaba el perd\u00f3n de Dios; y citaba a san Pablo (1Ti 1:13): \u00abAntes blasfemo, perseguidor violento, pero he obtenido misericordia de Dios por haberlo hecho por ignorancia, cuando todav\u00ed\u00ada no era creyente\u00bb. La cuesti\u00f3n se hab\u00ed\u00ada complicado posteriormente en los escritos siguientes, extendi\u00e9ndose a otros tres casos a los que alud\u00ed\u00ada la Biblia:, el pecado de Eva \u00abseducida por la serpiente\u00bb (G\u00e9n 3:13 : \u00bfhab\u00ed\u00ada sido entonces igualmente responsable?); el pecado de los que crucificaron a Cristo, que, seg\u00fan las palabras de Jes\u00fas en la cruz, no sab\u00ed\u00adan lo que hac\u00ed\u00adan; y el pecado de los perseguidores de los cristianos, convencidos, como hab\u00ed\u00ada indicado el maestro, \u00abde hacer con ello algo agradable a Dios\u00bb (Jua 16:2). \u00bfQu\u00e9 pensar de \u00e9stos, y en general de todos los pecados cometidos ignorando su malicia? Un esp\u00ed\u00adritu cr\u00ed\u00adtico como Abelardo no pod\u00ed\u00ada dejar de reaccionar ante una concepci\u00f3n puramente material del pecado: lo que se comete por ignorancia no es pecado, siendo esencial para que haya pecado la intenci\u00f3n de pecar; y por eso no son responsables los que mataron a Cristo y los lapidadores de Esteban y cualquier otro perseguidor de los cristianos que obre de buena fe. Fueron estas afirmaciones, sin matizar y sin delicadeza (pero la souplesse no entraba en el estilo de Abelardo), las que provocaron la acusaci\u00f3n de san Bernardo, el reconocido guardi\u00e1n de la ortodoxia de la \u00e9poca. Pero, aparte de las exageraciones pol\u00e9micas, Abelardo pensaba justamente; y un siglo m\u00e1s tarde santo Tom\u00e1s de Aquino le dar\u00e1 sustancialmente la raz\u00f3n, aunque introduciendo en la cuesti\u00f3n todas las distinciones necesarias entre buena fe y buena fe m\u00e1s o menos culpable, y por eso m\u00e1s o menos excusante de pecado. Mientras tanto, casi toda la doctrina mon\u00e1stica sobre la conciencia se hab\u00ed\u00ada perdido: y esto no fue totalmente positivo.<\/p>\n<p>3. LA DISCUSI\u00ed\u201cN M\u00ed\u0081S RECIENTE: LA CONCIENCIA COMO FUNCI\u00ed\u201cN ESPECfFICA DEL DISCERNIMIENTO Y JUICIO MORAL. La controversia entre san Bernardo y Abelardo es, sin duda, uno de los hechos culturales m\u00e1s importantes, que provocaron el paso de una consideraci\u00f3n fundamental de la conciencia a otra m\u00e1s articulada y espec\u00ed\u00adfica. Y es esta \u00faltima la que nos encontramos no s\u00f3lo en la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica de manera cada vez m\u00e1s significativa (como ya hemos aludido), sino tambi\u00e9n en las reflexiones posteriores, y sobre todo en la teolog\u00ed\u00ada postridentina. Es m\u00e1s, en \u00e9sta la conciencia \u00abse convierte en un simple \u00f3rgano de resonancia de una ley moral entendida m\u00e1s como un dato que como un deber\u00bb, \u00f3rgano destinado a servir de juez en la controversia entre libertad y ley; a pronunciarse sobre el hecho de si una acci\u00f3n cae o no bajo la ley moral 18. De esta forma adquieren importancia las normas de procedimiento que la conciencia debe seguir para pronunciar una sentencia justa, y en particular una sentencia cierta. Es \u00e9ste un debate que conviene sintetizar; no s\u00f3lo por la importancia que adquiri\u00f3 en su tiempo, sumiendo en una grave crisis, durante todo el siglo xvii y la primera mitad del xviii, a la teolog\u00ed\u00ada moral, y que no dej\u00f3 de hacerse notar hasta m\u00e1s adelante, sino sobre todo porque tal debate centr\u00f3 largo tiempo la atenci\u00f3n de los moralistas \u00fanicamente sobre el sentido derivado de la conciencia como conjunto de juicios \u00e9ticos individuales y distintos.<\/p>\n<p>El punto de partida, como se sabe, lo hab\u00ed\u00ada marcado el dominico Bartolom\u00e9 de Medina, que en 1577, exponiendo la Prima secundae, estableci\u00f3 el principio de que \u00absi est opinio probabilis (quam scl. asserunt viri sapientes et confirmant optima argumenta), licitum est eam sequi, licet opposita probabilior sit\u00bb. El principio, que ser\u00e1 llamado del probabilismo, tuvo \u00e9xito (adem\u00e1s, ya se hab\u00ed\u00ada utilizado muchas veces, aunque no se hab\u00ed\u00ada formulado con tanta claridad); fue aceptado por otros grandes te\u00f3logos (como B\u00e1\u00f1ez, V\u00e1zquez, Su\u00e1rez), que lo perfeccionaron, precisaron y aplicaron a muchos casos discutidos. Por otra parte, era de mucha utilidad. Se trataba de ofrecer una regla que permitiera salir de dudas y obrar en todos aquellos casos en los que las soluciones que exist\u00ed\u00adan eran muy diversas unas de otras; en tales casos, se dec\u00ed\u00ada, era l\u00ed\u00adcito seguir la opini\u00f3n que pareciese verdaderamente probable, aunque la contraria fuese igual de probable o, incluso, m\u00e1s probable. En el fondo, se trataba de aplicar un principio m\u00e1s general y no discutido: \u00ablex dubia non obligat\u00bb.<\/p>\n<p>a) Hasta aqu\u00ed\u00ad no hab\u00ed\u00ada motivo para alarmarse, y nadie se atrevi\u00f3 a contradecir el probabilismo, si no por otras razones, por el gran prestigio de que gozaban los te\u00f3logos que lo hab\u00ed\u00adan sostenido. Pero, con el tiempo, ese principio, manejado con un menor cuidado por alguno de los conocidos autores de Institutiones de la primera mitad del siglo xvii, se fue extendiendo poco a poco y acab\u00f3 por degenerar en un nuevo principio, llamado m\u00e1s tarde laxismo, seg\u00fan el cual, en las cuestiones discutidas, como norma general pod\u00ed\u00ada seguirse cualquier opini\u00f3n, con tal que tuviese una m\u00ed\u00adnima probabilidad de ser verdadera y aunque esta probabilidad fuese extr\u00ed\u00adnseca, basada incluso en el pensamiento de un solo autor. Responsables principales de esta relajaci\u00f3n tan grave fueron algunos de los casuistas que, desde la primera mitad del siglo xvll, hicieron numerosos manuales de resolutiones, en los que se enumeraban innumerables listas de \u00abcasos\u00bb (ingeniosos, a veces, y hasta extravagantes), indicando para cada uno de ellos -sin mucho discernimiento- las sentencias propuestas por los autores, incluidas las m\u00e1s atrevidas: jesuitas como Bauny, Escobar y Mendoza, Tamburini, teatinos como Diana, cistercienses como el c\u00e9lebre Caramuel, se encontraron unidos en semejante empresa. No es de creer que fuera una relajaci\u00f3n moral la que llev\u00f3 a estos hombres a sus posiciones (personalmente, adem\u00e1s, fueron todos ellos muy austeros y piadosos), sino m\u00e1s bien, adem\u00e1s del gusto por la casu\u00ed\u00adstica, que encontraba un f\u00e1cil aliciente en la comparaci\u00f3n de las diversas probabilidades incluso con pocas razones, la preocupaci\u00f3n indulgente por suavizar que sirviera al fin para la salvaci\u00f3n de las almas: \u00abdamnarentur plurimi -escrib\u00ed\u00ada en nombre de todos Caramuel-, quos sententiae probabilitas salvat\u00bb.<\/p>\n<p>Ya se sabe c\u00f3mo la reacci\u00f3n vino en gran parte del ambiente jansenista. Y fue una reacci\u00f3n providencial en muchos aspectos; pero tambi\u00e9n poco honesta, porque so pretexto de combatir el laxismo intent\u00f3 atacar a la Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas; y de todas formas excesiva, de modo que termin\u00f3 por sustituir el legalismo de la opini\u00f3n por el legalismo de la ley. El m\u00e1s importante autor de esta triste reacci\u00f3n fue Antonio Arnauld: durante cincuenta a\u00f1os, desde su Theologie des j\u00e9suites, no hubo un solo profesor jesuita, por desconocido y olvidado que fuera, que dejase escapar una opini\u00f3n criticable sin que el doctor jansenista fuera informado de ella y lanzase una de sus virulentas \u00abdenuncias\u00bb, implicando a toda la congregaci\u00f3n. Demoledora fue tambi\u00e9n la intervenci\u00f3n de Pascal con sus Provinciales: si hay que reconocer que desenmascar\u00f3 con su hiriente s\u00e1tira el legalismo casuista, donde el esp\u00ed\u00adritu era asfixiado por la letra (quienes lo pagaron fueron, naturalmente, los jesuitas), tambi\u00e9n es cierto que dio origen a una moral excesivamente r\u00ed\u00adgida -cuya norma inmutable es que lo m\u00e1s seguro (tutior) es siempre lo obligatorio-, y por lo tanto al final igualmente externa y legalista. Es dif\u00ed\u00adcil decir qui\u00e9n provoc\u00f3 mayores da\u00f1os en la elaboraci\u00f3n posterior de esta disciplina teol\u00f3gica, si el esp\u00ed\u00adritu casuista o el tuciorista.<\/p>\n<p>b) Comenzaron las condenas: cada uno puede leer, en las colecciones oficiales, el muestrario elocuente, y a veces poco digno, de las afirmaciones proscritas de una y otra parte. Pero la condena de los errores no era suficiente. Era necesario sustituir los principios del laxismo y del rigorismo por un sistema que permitiese resolver las dudas en los muchos casos en discusi\u00f3n. El problema era vivido de forma urgente, pues se estaba muy lejos de la recuperaci\u00f3n de la doctrina tomista sobre la virtud de la l prudencia; y, adem\u00e1s, la b\u00fasqueda de un buen \u00absistema\u00bb pod\u00ed\u00ada resultar una operaci\u00f3n de prudencia. No fue as\u00ed\u00ad. Todav\u00ed\u00ada no se hab\u00ed\u00ada calmado la pol\u00e9mica entre taxistas y rigoristas, cuando estall\u00f3 de nuevo con m\u00e1s violencia (lleg\u00f3 incluso a la injuria), en la primera mitad del siglo xvili, entre dominicos probabilioristas, acusados de rigorismo, y jesuitas probabilistas, acusados de laxismo. Quien haya consultado las obras de Concina y Patuzzi por los primeros, y de Santivale, Ghezzi y Zacaria, entre otros, por los segundos, se habr\u00e1 dado cuenta de la acritud de la controversia. Son todos nombres italianos, puesto que fue en Italia donde el debate se hizo m\u00e1s agudo. La teolog\u00ed\u00ada moral no pod\u00ed\u00ada ganar absolutamente nada, ni en el esp\u00ed\u00adritu ni en el m\u00e9todo, con semejantes pol\u00e9micas; al contrario, alentaban, y precisamente en Italia, el doble peligro de la decadencia moral, ya favorecida por el clima de la sociedad, y del rigorismo jansenista, que amenazaba con implantarse (y de hecho se implant\u00f3) en el pa\u00ed\u00ads.<\/p>\n<p>Pero fue tambi\u00e9n de Italia de donde lleg\u00f3 la soluci\u00f3n del problema por medio de san Alfonso. Y aqu\u00ed\u00ad conviene detenerse con atenci\u00f3n, porque finalmente el problema de la certeza de la conciencia fue planteado en sus justos t\u00e9rminos por el santo redentorista: la prudencia interior del juicio. No fue la elaboraci\u00f3n de un nuevo \u00absistema\u00bb, el equiprobabilismo, por mucha verdad te\u00f3rica (u oportunismo astuto) que encerrase, el que efectivamente calm\u00f3 los \u00e1nimos; baste pensar en la reacci\u00f3n violenta que suscit\u00f3 entre los \u00abrigoristas\u00bb, sobre todo en Patuzzi. Fue la reflexi\u00f3n moral de una inteligencia cristiana atenta al conjunto de los valores en juego, como la de san Alfonso, la que decidi\u00f3 la crisis. En efecto, los casos de conciencia resueltos por \u00e9l recurriendo a los principios indirectos de la probabilidad fueron disminuyendo paulatinamente en las distintas ediciones de su Theologia Moralis y al final quedaron muy pocos; para la mayor parte de ellos adelant\u00f3 una soluci\u00f3n personal basada en una b\u00fasqueda interior y persuasiva de la verdad utilizando su excepcional agudeza, erudici\u00f3n y prudencia, m\u00e1s que aplicando el \u00absistema\u00bb que \u00e9l pens\u00f3.<\/p>\n<p>III. Elementos para una reflexion te\u00f3rica<br \/>\nA la luz del pensamiento b\u00ed\u00adblico, el desarrollo hist\u00f3rico que hemos presentado nos puede servir de introducci\u00f3n a algunas consideraciones sistem\u00e1ticas sobre los problemas, o al menos algunos de ellos, que el tema de la conciencia cristiana plantea a la reflexi\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>1. DE LA CONCIENCIA FUNDAMENTAL A LA CONCIENCIA ACTUAL. Nos parece conveniente hacer un par de observaciones reflexionando sobre los datos que hemos recogido. La primera es m\u00e1s sencilla, y tendremos ocasi\u00f3n m\u00e1s adelante de volver sobre ella. Tanto partiendo de la controversia sobre la verdad de la conciencia como analizando la de su certeza, se llega a comprender la enorme importancia que adquieren en la elaboraci\u00f3n de un juicio correcto de conciencia los caminos de la interioridad y de la prudencia. Planteado el problema desde su sentido genuinamente moral, donde la subjetividad del juicio adquiere un valor determinante (y es la aportaci\u00f3n m\u00e1s importante de Abelardo), no queda m\u00e1s remedio que resolverlo a trav\u00e9s de una prudente comparaci\u00f3n de los valores del caso, que ninguna aplicaci\u00f3n -indirecta de \u00absistemas\u00bb puede sustituir. Es la conclusi\u00f3n que aparece muy clara tambi\u00e9n cuando se considera la ense\u00f1anza b\u00ed\u00adblica sobre la conciencia como funci\u00f3n del discernimiento \u00e9tico. M\u00e1s dif\u00ed\u00adcil, en cambio, es la segunda observacion. Y es que un tal concepto de conciencia, como conciencia actual, esto es, como funci\u00f3n t\u00ed\u00adpica de juicios morales interiores, aun recuperado su sentido genuino y rico que el \u00abextrinsecismo\u00bb de los sistemas ha comprometido, no traduce totalmente la complejidad de la ense\u00f1anza b\u00ed\u00adblica y de gran parte de la reflexi\u00f3n patr\u00ed\u00adstica; aqu\u00ed\u00ad, en efecto, por encima de la conciencia actual de ah\u00ed\u00ad derivada, toma m\u00e1s importancia una conciencia \u00abfundamental\u00bb, que se presenta como momento que sintetiza y decide la expresi\u00f3n de la historia de la salvaci\u00f3n, para cada uno, en experiencia subjetiva. Es una visi\u00f3n global, como repetidamente se ha dicho, lo que se ha de recuperar; y no es suficiente tampoco para expresarla \u00ed\u00adntegramente la doctrina, con todo importante (y tambi\u00e9n casi olvidada), de la sind\u00e9resis, que elabor\u00f3 la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica; tal vez se encontrar\u00ed\u00ada un complemento uniendo este tema al de la opci\u00f3n fundamental. La conciencia fundamental aparece entonces como la radical toma de conciencia, sencilla y rica a la vez, de la orientaci\u00f3n y del 1 contenido de la opci\u00f3n fundamental. En este sentido se puede decir que ella es el lugar esencial donde se hace consciente, como juicio y como valor, la historia salv\u00ed\u00adfica en la que debemos dar prueba de nosotros mismos: como juicio que es la base de cualquier otra valoraci\u00f3n \u00e9tica, y como valor que se afirma como fuente de cualquier otra espec\u00ed\u00adfica obligaci\u00f3n. Tiene raz\u00f3n, pues, quien escribe que \u00abse debe situar en el fondo del alma, en el centro del hombre, all\u00ed\u00ad donde el hombre encuentra su naturaleza aut\u00e9ntica: ella lo abarca por entero, tendencia y realizaci\u00f3n consciente del bien que en \u00faltimo an\u00e1lisis es el bien absoluto\u00bb 19. Por otro lado, se puede decir que el juicio \u00abfundamental\u00bb de conciencia se realiza con vistas a la opci\u00f3n fundamental: \u00abel ideal intuido se convierte en proyecto a realizar\u00bb. En todo caso, la conciencia fundamental \u00abes la luz en la que elaboramos los juicios particulares de conciencia, o sea, las decisiones destinadas a dirigir cada uno de los actos concretos de modo que respondan y se correspondan a las exigencias de lo que hemos juzgado que es el sentido y el fin total de nuestra vida\u00bb, as\u00ed\u00ad como la opci\u00f3n fundamental \u00abes el criterio de valor que determina la apreciaci\u00f3n de los motivos que prevalecen en la elecci\u00f3n de los actos particulares\u00bb 20.<\/p>\n<p>2. CONCIENCIA INDIVIDUAL Y CONCIENCIA COMUNITARIA. Sobre este fondo se plantean los problemas m\u00e1s concretos de la conciencia \u00abactual\u00bb: el primero de todos el problema de las relaciones entre la conciencia individual y la \u00abconciencia de la comunidad\u00bb, que ayuda a reconocer e iluminar los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>a) Ya se da una referencia a la comunidad en la exigencia de responsabilidad personal que existe en la reflexi\u00f3n cristiana sobre la conciencia en su conjunto: es una contribuci\u00f3n del individuo a la comunidad; pero es tambi\u00e9n una liberaci\u00f3n y una maduraci\u00f3n del individuo, en caso de que la comunidad (que ya no ser\u00ed\u00ada tal) tratase de encerrarlo en comportamientos estereotipados y convencionales. La toma de conciencia y el testimonio de conciencia son momentos sucesivos de esta madurez. El cristiano se da cuenta de que se halla bajo la influencia de m\u00faltiples propuestas que le vienen de la comunidad, cada una de las cuales, aunque en grado distinto, es portadora de valores. \u00abPalabras\u00bb transmitidas, gestos sacramentales, sugerencias que proceden de la amistad, intervenciones de la autoridad, convencionalismos sociales, relaciones de trabajo, leyes y orientaciones, etc.; la espesa red de signos, instituciones, palabras, por medio de las cuales el cristiano experimenta la necesidad de decidir entre su ego\u00ed\u00adsmo (la \u00abcarne\u00bb en lenguaje paulino) y los impulsos del Esp\u00ed\u00adritu (la \u00abley del esp\u00ed\u00adritu de vida en Cristo Jes\u00fas\u00bb, Rom 8:2). Y a \u00e9l le toca comparar, investigar, interiorizar, decidir. M\u00e1s de una vez se ve obligado a seleccionar entre propuestas complementarias y tambi\u00e9n divergentes: no por ello su juicio de conciencia es reprensible, con tal que no eluda la tensi\u00f3n en que lo colocan estas sugerencias distintas. Esta \u00abcapacidad de dar respuesta\u00bb (responsabilidad) alas m\u00faltiples formas de la llamada moral no se improvisa; y, adem\u00e1s, puede y debe constituirse en una estructura de disponibilidad permanente (es entonces cuando se puede hablar, seg\u00fan la terminolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica, de prudencia), a condici\u00f3n de que el cristiano no renuncie jam\u00e1s a interpelarse de nuevo en los momentos en que nuevas y m\u00e1s acuciantes propuestas morales se le planteen a su conciencia.<\/p>\n<p>b) La reflexi\u00f3n personales, pues, constantemente necesaria para la formaci\u00f3n de juicios prudentes de conciencia. Esta reflexi\u00f3n incluye tambi\u00e9n el deber de prestar atenci\u00f3n a la autoridad (seg\u00fan la medida y cualidad de su intervenci\u00f3n), e incluye la posibilidad de referirse a la \u00abopini\u00f3n probable, para alcanzar una seguridad provisional pero suficiente, cuando el problema que se le plantea no haya adquirido una soluci\u00f3n definitiva en la doctrina. De un modo m\u00e1s general la conciencia personal debe referirse constantemente a la comunidad: adquiere su pleno valor de norma cuando su juicio es acogido, ratificado, defendido y promovido por la comunidad jer\u00e1rquicamente estructurada. Y pueden darse casos tan especiales o situaciones de conciencia tan dram\u00e1ticas que no encuentren una soluci\u00f3n si no es en la inmediata iluminaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo (que nunca defrauda): de ah\u00ed\u00ad la necesidad de que cada uno se acostumbre a escuchar y acoger, tal como le garantiza la comunidad, la voz del Esp\u00ed\u00adritu Santo, para saber comprender, incluso en esos momentos especiales y dram\u00e1ticos, lo que el Se\u00f1or le sugiere. Sabemos, por ejemplo, c\u00f3mo el pensamiento tradicional no tuvo miedo en lanzar la hip\u00f3tesis de la \u00abinspiraci\u00f3n prof\u00e9tica\u00bb para explicar algunos comportamientos que de otro modo ser\u00ed\u00adan condenables. San Agust\u00ed\u00adn explic\u00f3 de esta manera, sin recurrir a astucias de tipo racional, el gesto de Sans\u00f3n, que se dio muerte `junto con los filisteos\u00bb \u00abporque se lo mand\u00f3 el Esp\u00ed\u00adritu Santo -escribe-, que adem\u00e1s lo hizo capaz de realizar un prodigio\u00bb 21. Y por sugerencia de Agust\u00ed\u00adn, tambi\u00e9n santo Tom\u00e1s apela a una misteriosa intervenci\u00f3n divina de este tipo para justificar el gesto de aquellas v\u00ed\u00adrgenes cristianas que se mataron por el deseo de adelantar el encuentro con el Se\u00f1or: \u00abEn realidad -comenta santo Tom\u00e1s-, nadie puede matarse si no es por inspiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb 22. Nadie puede ignorar los peligros que hay en este planteamiento: sin duda el moralista cristiano no puede erigirse en juez del Esp\u00ed\u00adritu (\u00abnadie puede juzgar a quien lo gu\u00ed\u00ada el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, 1Cor 2, i S); pero tiene la obligaci\u00f3n de preguntarse c\u00f3mo puede y debe distinguirlo. De todas formas, es verdad que el Esp\u00ed\u00adritu es superior a cualquier letra; que no se puede rechazar sistem\u00e1ticamente el \u00abprofetismo\u00bb en la vida moral; que debe darse entrada a la \u00abconciencia inspirada\u00bb. Es un tema delicado, evidentemente; y, sin embargo, todo cristiano sabe que en la vida moral puede \u00abestar en juego una acci\u00f3n ins\u00f3lita de la conciencia que de modo imperioso exige obediencia a una llamada divina\u00bb; es lo que escribe Walter Nigg, en una p\u00e1gina brillante sobre la decisi\u00f3n que llev\u00f3 a san Nicol\u00e1s de Fl\u00fce \u00aba abandonar a la mujer y sus diez hijos (el \u00faltimo era esperado todav\u00ed\u00ada), el 16 de octubre de 1467, para hacerse vagabundo y peregrino\u00bb 23. Distinguir en estos casos si se trata de \u00abconciencia err\u00f3nea\u00bb o \u00abconciencia inspirada\u00bb no nos es posible en estos momentos. San Agust\u00ed\u00adn, por ejemplo, a prop\u00f3sito de las v\u00ed\u00adrgenes que se dieron muerte, parte de la hip\u00f3tesis de que incurrieron en un estado de fascinaci\u00f3n, comprensible y excusable por otra parte; pero enseguida se pregunta si no habr\u00ed\u00ada una \u00abinspiraci\u00f3n divina\u00bb: \u00ab\u00bfQui\u00e9n puede decir si realizaron ese gesto por error humano -se pregunta- o por mandamiento divino; no por haberse enga\u00f1ado, sino por haber obedecido?\u00bb 24 La pregunta no tiene respuesta; y es lo mejor que podemos hacer para otros casos en los que la hip\u00f3tesis de una inspiraci\u00f3n prof\u00e9tica es leg\u00ed\u00adtima, sin duda, pero su verificaci\u00f3n queda en el silencio de Dios.<\/p>\n<p>c) Tambi\u00e9n entre conciencia y comunidad se aprecia la necesidad de establecer comparaciones e interrelaciones a nivel de acci\u00f3n y de derecho. La urgencia, por ejemplo, de encontrarse a nivel operativo y a nivel de la caridad, a pesar de la divergencia de las ideolog\u00ed\u00adas en las que nos inspiramos, pone de manifiesto la no menos grave de una madura fidelidad a la propia conciencia, sin la cual no se evitar\u00ed\u00adan los riesgos del encuentro. Todav\u00ed\u00ada m\u00e1s complicada es la cuesti\u00f3n de c\u00f3mo conciliar los \u00abderechos de la conciencia err\u00f3nea\u00bb con el respeto de las exigencias del bien com\u00fan; algunas instituciones tienen, efectivamente, una importancia social muy grande como para poder ser confiadas a las valoraciones subjetivas de la conciencia (y es una limitaci\u00f3n dolorosa para toda ley la de tener que limitar la libertad de la persona por un inter\u00e9s com\u00fan m\u00e1s alto). Pero no est\u00e1 claro que pueda darse una respuesta absoluta a priori en favor de uno u otro de los dos t\u00e9rminos en conflicto (conciencia y bien com\u00fan): en realidad, los dos se complementan mutuamente y, a la vez, est\u00e1n en continua tensi\u00f3n. En cada caso habr\u00e1 que buscar la soluci\u00f3n que mejor asegure el respeto a la conciencia y la consecuci\u00f3n del bien com\u00fan: y no tiene por qu\u00e9 causar asombro el hecho de que las soluciones puedan ser parcialmente distintas seg\u00fan sean distintos los problemas planteados y los momentos hist\u00f3ricos y los ambientes culturales en los que se den.<\/p>\n<p>3. EL DEVENIR DE LA CONCIENCIA COMUNITARIA. La atenci\u00f3n de la persona individual a la conciencia comunitaria no puede prescindir del hecho de que \u00e9sta se halle sometida a un dinamismo hist\u00f3rico que va configurando poco a poco el ideal moral (y hablamos del ideal cristiano) en un sentido m\u00e1s expl\u00ed\u00adcito y completo cada vez. Es obvio que la moral cristiana tiene algunas normas eternas, algunos principios inmutables y siempre iguales, v\u00e1lidos para cualquier caso y para cualquier orden sobrenatural de providencia; reglas intemporales y, en cierto modo, al margen de la actual econom\u00ed\u00ada de salvaci\u00f3n. Pero al mismo tiempo, la moral cristiana tiene tambi\u00e9n, en sus mismas normas, una dimensi\u00f3n profundamente temporal: ella, en efecto, \u00abdice referencia a una historia que ya ha ocurrido, que sigue ocurriendo todav\u00ed\u00ada hoy y que seguir\u00e1 ocurriendo en el futuro: la de las relaciones entre Dios y el hombre, y a la participaci\u00f3n activa del hombre en esta historia\u00bb25. No hablamos s\u00f3lo del dinamismo que va unido a los cambios de las situaciones contingentes, o a la ampliaci\u00f3n y profundizaci\u00f3n de nuestros conocimientos sobre el hombre (se podr\u00ed\u00ada a\u00f1adir que la naturaleza misma del hombre, en alguna medida, es din\u00e1mica y, por lo tanto, en desarrollo). Pi\u00e9nsese c\u00f3mo han ido apareciendo en la funci\u00f3n sexual humana aquellas dimensiones personales que resaltan su significado unitivo por encima del destino biol\u00f3gico de la fecundidad, dimensiones que seguramente nunca han parecido tan esenciales como en la cultura actual y que postulan un reconocimiento paralelo al de la dimensi\u00f3n procreadora. Hablamos, en cambio, de un dinamismo m\u00e1s radical y propio del ideal cristiano, en cuanto subordinado a una particular econom\u00ed\u00ada religiosa que, precisamente por ser hist\u00f3rica, siempre est\u00e1 desarroll\u00e1ndose. De esta manera tambi\u00e9n algunas normas de la vida cristiana conocen una evoluci\u00f3n, por su relaci\u00f3n con el desarrollo hist\u00f3rico de la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n. Este desarrollo, que con Cristo ha entrado en el tiempo decisivo, est\u00e1 orientado ahora hacia el retorno de Cristo, de quien recibir\u00e1 su culminaci\u00f3n definitiva. Si existen, pues, l\u00ed\u00adneas de evoluci\u00f3n en la formulaci\u00f3n comunitaria de las normas morales cristianas, es obvio que deben ir en el sentido de una disposici\u00f3n cada vez m\u00e1s perfecta de la humanidad al advenimiento definitivo del reino inaugurado por Jes\u00fas, que tendr\u00e1 lugar en los \u00faltimos d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>Resulta oportuna en estos momentos la menci\u00f3n de algunas investigaciones hechas sobre la moral evang\u00e9lica. Bas\u00e1ndose en sutiles an\u00e1lisis de los diversos g\u00e9neros literarios han llegado a separar dos niveles de ense\u00f1anzas morales en la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas: el primero afecta a las normas intemporales, que no est\u00e1n esencialmente unidas a la presente econom\u00ed\u00ada y conservar\u00ed\u00adan su significado fundamental incluso fuera de ella: son las exhortaciones a imitar la santidad de Dios, a obedecer su voluntad, a practicar las buenas obras y algunas m\u00e1s. El segundo, en cambio, se refiere a las normas estrictamente unidas con el momento presente, y est\u00e1n totalmente imbuidas de la convicci\u00f3n de que este mundo \u00abha envejecido\u00bb y el fin \u00faltimo es inminente; as\u00ed\u00ad, por ejemplo, la exhortaci\u00f3n a la renuncia (cuya forma es diversa, pero siempre radical: a los bienes terrenos, a la familia, a los propios derechos) y otras m\u00e1s. Ahora bien, las normas de esta segunda categor\u00ed\u00ada, al predominar en ellas -en unas m\u00e1s que en otras, pero en todas profundamente- la perspectiva escatol\u00f3gica, tienen menos validez para una moral concreta y espec\u00ed\u00adfica propia de la fase terrena del reino de Dios; representan m\u00e1s bien el ideal moral de una humanidad que ya parece pr\u00f3xima a los \u00faltimos acontecimientos. Se dir\u00ed\u00ada que Jes\u00fas, al dar estas normas, como consecuencia de una presentaci\u00f3n semejante a la de cualquier profec\u00ed\u00ada, hubiera dejado provisionalmente en la sombra el per\u00ed\u00adodo intermedio entre la inauguraci\u00f3n del reino y su consumaci\u00f3n, para subrayar con fuerza la urgencia y la inminencia de la vuelta definitiva de Cristo como juez.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n por este camino se llega a comprender la evoluci\u00f3n de las normas morales cristianas, tal y como hemos se\u00f1alado m\u00e1s arriba. El ideal moral que Jes\u00fas propone, si en muchos aspectos es del todo necesario e inmutable, en otros est\u00e1 profundamente ligado al desarrollo de la historia hacia su conclusi\u00f3n escatol\u00f3gica, y su destino es hacerse valer en correspondencia con la progresiva aproximaci\u00f3n a esta conclusi\u00f3n; a medida que el tiempo pasa y el cuerpo de Cristo va creciendo hacia su estatura perfecta, las normas evang\u00e9licas -las \u00abtemporales\u00bb y marcadas por la espera de los \u00faltimos d\u00ed\u00adas- se van haciendo actuales en mayor medida y adquieren una fuerza m\u00e1s apremiante de obligaci\u00f3n. En la conciencia de la Iglesia, bajo la gu\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu Santo, va apareciendo con mayor evidencia y urgencia el ideal moral que le encomend\u00f3 Jes\u00fas para que lo proponga a los hombres: como un maravilloso paisaje submarino que, una vez que sus \u00e1ngulos emergen del agua, va brotando en todas sus partes distintas pero relacionadas. Pi\u00e9nsese en las exhortaciones evang\u00e9licas a la no violencia, a la participaci\u00f3n en los bienes econ\u00f3micos, a la identificaci\u00f3n de la autoridad con el servicio m\u00e1s humilde.<\/p>\n<p>En un dinamismo tal de la conciencia comunitaria se comprende el car\u00e1cter puramente hipot\u00e9tico y contingente de algunas teolog\u00ed\u00adas, como la de la violencia, de la guerra, de la revoluci\u00f3n. Y sobre todo se comprende el delicado equilibrio con que ha de verse la relaci\u00f3n entre la conciencia individual y la comunitaria: por una parte, el cristiano debe tener confianza en la conciencia del ideal cristiano tal como ha venido madurando en el tiempo y lugar donde es llamado a dar prueba de s\u00ed\u00ad mismo (siendo al mismo tiempo consciente de que esta formulaci\u00f3n no tiene por qu\u00e9 ser la definitiva); y por otra, separ\u00e1ndose de la comunidad casi, debe estar abierto a las sugerencias del Esp\u00ed\u00adritu, que siempre puede estimular en algunos, como profetas de tiempos futuros, actitudes avanzadas de ideales previstos, a los que m\u00e1s tarde todos ser\u00e1n llamados.<\/p>\n<p>[\/Etica normativa; \/Historia de la teolog\u00ed\u00ada moral II-III; \/Ley natural; \/Ley nueva; \/Libertad y responsabilidad; \/Norma moral; \/Opci\u00f3n fundamental; \/Sistemas morales].<\/p>\n<p>NOTAS: 1.D. LwNFxnrrcorn, Spunti per un ripensamento delta coscienza morale, en \u00abTeolog\u00ed\u00ada del Presente\u00bb 1(1971) 3.4. Todo el estudio es interesante y abunda en aspectos sint\u00e9ticos. Recordamos inmediatamente que el \u00abproceso de concienciaci\u00f3n\u00bb que indicamos en nuestra cultura es considerado como t\u00ed\u00adpico de toda la humanidad en algunas reflexiones de nuestro tiempo: ef D. MEaMOD, La morale chez Teilhard, Par\u00ed\u00ads 1967, 45-70<br \/>\n-2 Citamos, al respecto, algunos de los estudios m\u00e1s importantes: C. SPICQ, La consciente dans le Nouveau Testament, en \u00abRevue Biblique\u00bb 42 (1933), 187-210 (as\u00ed\u00ad como del mismo autor, Teologie morale du N7; Par\u00ed\u00ads 1965, 592-612); J. DUPONT, Syneidesis. Aux origines de la notion chr\u00e9tienne de consciente morale, en \u00abStudia Hellenistica\u00bb 5 (1948) 119-153: Th. MAERTENS, L \u00e9ducation du sens morale dan 1:47; en \u00abLumi\u00e9re et Vie\u00bb (1953) 1-14; Ph. DeU RAYE, Les bases bibliques du trait\u00e9 de la consciente en \u00abStudia Montis Reg\u00ed\u00ads\u00bb 4 (1961) 229252 (y d\u00e9l mismo autor, La consciente morale du chr\u00e9tien, Tournai 1964, 179); J. STELZENBERcee, Syneidesis im N7; en Paderborn 1961; M. COUNE, Le probl\u00e9me des Idolothytes et 1 \u00e9ducation de la Syneidesis, en \u00abRecherches des Sciences Religieuses\u00bb 51 (1963) 497-543; B. MAGGIONI, La coscienza nella Bibbia, en La coscienza cristiana, Bolonia 1971, 13-38. Particularmente significativos son los estudios de Dupont para las relaciones del pensamiento paulino con el helen\u00ed\u00adstico, y de Coune para las relaciones con lateolog\u00ed\u00adajudeo-cristiana.<\/p>\n<p>-3 Ph. DELHAYE, a.c., recuerda que el t\u00e9rmino \u00absyneidesis\u00bb es rar\u00ed\u00adsimo en la literatura helen\u00ed\u00adstica antes del cristianismo; solamente se encuentra cuatro veces (dos veces en Dem\u00f3crito y Crisipo, sin significado moral; y otras dos veces en Dionisio de Halicarnaso y Diodoro de Sicilia, con tal significado)<br \/>\n-4 Citaremos, al menos, de PLAT\u00ed\u201cN, Fed\u00f3n, 1,330d-331a. M\u00e1s extensamente puede consultarse J. SrELZeNSERCEe, Das Gewisen, Paderborn 1961, ISss, que pone en particular evidencia la ense\u00f1anza a este prop\u00f3sito de Fil\u00f3n de Alejandr\u00ed\u00ada y Lucio Anneo S\u00e9neca.<\/p>\n<p>&#8211; 5 As\u00ed\u00ad A. MoLINARO, La coscienza, Bolonia 1971, 12. Todo el cap\u00ed\u00adtulo \u00abLa conciencia en la Biblia\u00bb 11-27, es una feliz s\u00ed\u00adntesis de los estudios actuales.<\/p>\n<p>&#8211; 6 Ib, 13<br \/>\n&#8211; 7 Sobre el coraz\u00f3n \u00abobcecado\u00bb cf Mc 3 5; 6,52; 8,17; cf Mat 23:16-28; Jua 9:39-41; Jua 15:24-25; comp\u00e1rese todo esto con el texto de Esd 4:20-22 (fines del s. i d.C.). Por el contrario, no existe parentesco alguno con la doctrina de Qumr\u00e1n. \u00abLos devotos de Qumr\u00e1n son m\u00e1s r\u00ed\u00adgidos todav\u00ed\u00ada que los fariseos\u00bb (E. GALBIATI, Qumr\u00e1n e il N7; en Introduzione al N7; Brescia 1961, 781)<br \/>\n&#8211; 8 Para la documentaci\u00f3n textual, cf A. VnL SECCHI, Gesu Cristo nostra legge, en \u00abLa Scuola Cattolica\u00bb 88 (1960) 87ss, as\u00ed\u00ad como la voz ley nueva, en Diccionario enciclop\u00e9dico de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid 1980,4.<\/p>\n<p>&#8211; 9 Anteriormente tal vez s\u00f3lo se pueda hacer alusi\u00f3n a G\u00e9n 20:5. All\u00ed\u00ad, el autor, al relatar el pecado de Abimelec respecto de Sara (G\u00e9n 20:1-18), parece darse cuenta de la distinci\u00f3n, para nosotros muy com\u00fan, entre pecado objetivo y responsabilidad subjetiva. Tal elemento es, empero, muy secundario en el contexto literario y doctrinal de la per\u00ed\u00adcopa, hasta el punto que no se encuentra en otros dos relatos an\u00e1logos del G\u00e9nesis (G\u00e9n 12:10-20; G\u00e9n 26:6-10<br \/>\n&#8211; 10 Tal doctrina, aunque no sea \u00abun descubrimiento original de san Pablo\u00bb (como, en cambio, escrib\u00ed\u00ada C. SrtcQ, a.c., 63), es tal, a pesar de todo, que \u00abno lo habr\u00ed\u00adan hecho sin duda todos los moralistas de su \u00e9poca\u00bb (J. DUPONT, a.c., 1952); en particular, es original la motivaci\u00f3n aducida por el ap\u00f3stol en favor del deber de respetar la conciencia ajena, es decir, la ley de la caridad como suprema norma de conducta (ib, 153)<br \/>\n&#8211; 11 A. MOLINARO, a.c., 25-26. \u00abEl juicio de conciencia se extiende a todo, gu\u00ed\u00ada toda la vida: no hay elecciones que escapan a su responsabilidad. Pero la buena conciencia no es la uniforme, igualmente puntillosa sobre todo, sino la que nace de un centro, de un criterio de fondo (los biblistas dir\u00ed\u00adan el canon del canon), al que siente la necesidad de remitirse continuamente en sus valoraciones: la caridad\u00bb (B. MAGGIONI, ib, 15-16)<br \/>\n&#8211; 12 B. MAGGIONI, ib, 15<br \/>\n&#8211; 13 A\u00fan est\u00e1 por escribir una historia de la ense\u00f1anza tradicional cristiana sobre la conciencia. Existen, sin embargo, numerosos estudios monogr\u00e1ficos que iluminan uno u otro momento de esa historia: indicamos aqu\u00ed\u00ad, de una vez por todas, los que consideramos m\u00e1s importantes, aun cuando se refieren a autores o momentos que no tomaremos en consideraci\u00f3n. Obviamente, el hilo seguido por nuestra s\u00ed\u00adntesis sigue tambi\u00e9n algunas investigaciones personales directas. 0 Estudios m\u00e1s generales: Ph. DELHAYE, Za conscience morase chez S. Bernard etudi\u00e9 dans ses oeuvres el dans ses sources, Lovaina-Lille-Namur, 1957: la segunda parte de la obra traza una \u00abhistoria del problema de la conciencia\u00bb en el per\u00ed\u00adodo patr\u00ed\u00adstico; el autor recoge y ampl\u00ed\u00ada los datos de aqu\u00e9lla en su volumen ya citado: La conscience morale du chr\u00e9tien, Tournai 1964, 51-80. Una s\u00ed\u00adntesis del pensamiento patr\u00ed\u00adstico nos la brinda tambi\u00e9n el ya citado A. MOLINARG, La conciencia moral del cristiano, Herder, Barcelona 1966, 85-119. O Estudios m\u00e1s particulares para el per\u00ed\u00adodo patr\u00ed\u00adstico se deben a J. STELZENBERGER, y son los siguientes: Conscientia bel Tertulianus, en Vitae el Veritati. Festgabe f\u00fcr Karl Adam, D\u00fcsseldorf 1956, 28-43; \u00dcber Syneidesis bel Klemens von Alexandrien, en Festgabef. K.A., Munich 1953, 27-33; Syneidesis bel Origenes, Paderborn 1963; Conscientia bel Augustinus, Paderbom 1959. O Estudios m\u00e1s particulares para los per\u00ed\u00adodos sucesivos (los citamos aqu\u00ed\u00ad seg\u00fan el orden de los per\u00ed\u00adodos hist\u00f3ricos a los que se refieren): O. LOTTIN, Synder\u00e9se el conscience aux XII el XIII si\u00e9cles, en Psicologie el morase aux XII el XIII si\u00e9cles, 2, Lovaina-Gembloux 1948, 103-417; E. BARTOLA, II problema della coscienza nella teologia morale del XII secolo, Padua 1970; M. B. CROWE, The term Synderesis attd the Scholastics, en \u00abIrish Theological Quarterly\u00bb 23 (1956) 151164; 228-245; G. SALA, Il valore obligatorio della sinderesi nei primi Scolastici, en \u00abStudi Francescani\u00bb (1957) 174-198; ID, II concetto di Sinderesi in S. Bonaventura, en \u00abStudi Francescani\u00bb (1957) 3-11; X.C. COLAVECCHIo, Erroneous Conscience and Obbligations. A study of the teaching from the Summa Halesiana, Saint Bonaventure, Saint Albert the Great and Saint ThomasAquinas, Washington 1961; H. CONCETTI, De christianae conscientiae notione et formatione secundum Bernardinum Senensem, Roma 1959; C. CAFFARRA, II concetto di conscienza nella morase postridentina, en La coscfenza morase, Bolonia 1971, 75-104; L. VEREECKE, Conscience morale el lo\u00c2\u00a1 humaine selon Gabriel V\u00e1zquez, Par\u00ed\u00ads 1957; Th. DEMAN, Probabilisme, en \u00abDictionaire de Theologia Catholique\u00bb 13 (1936) 417-619; G. LECLERQ, La conscience du chr\u00e9tien. Fssai de theologie morale, Par\u00ed\u00ads 1947 (las pp. 73103 son una s\u00ed\u00adntesis genial y equilibrada de la controversia de los ss. XVII-XVIII)<br \/>\n&#8211; 14 J. STELZENBERGER, Syneidesis bel Origenes, 45<br \/>\n&#8211; 15 De ellas hemos hablado en Lettera e spirito nella legge nuova: linee di teologia patristica, en \u00abLa Scuola Cattolica\u00bb 92 (1964) 486ss-<br \/>\n16 A. MOLINARO, La coscienza, 35<br \/>\n&#8211; 17 El pensamiento de Agust\u00ed\u00adn constituye un precedente tambi\u00e9n sobre el problema de la conciencia err\u00f3nea: que ella no excuse (sino en parte) del pecado es una afirmaci\u00f3n que encontraremos en san Bernardo en el \u00e1mbito de su controversia con Abelardo, pero que ya est\u00e1 presente en san Agust\u00ed\u00adn: cf Epist. XLVII ad Publiculam: PL 33,186; De Trin., 1.14, c. 15, n. 21<br \/>\n&#8211; 18 C. CAFFARRA, II concetto di conscienza pella morale post-tridentina, cit., 97-98<br \/>\n-19 A. MOLINARO, La coscienza, 51<br \/>\n&#8211; 20 lb, 54-55<br \/>\n&#8211; 21 SANTO ToMAs Duo praecepta, etc.: de quinto praecepto, ed. Marietti (Opuscula Titeologica II), n. 1261; S.Th. 2,2ae, q. 64, a. 5, ad 4<br \/>\n&#8211; 23 \u00abEste gran arranque de Nicol\u00e1s suministr\u00f3 en todos los tiempos tema para muchos comentarios, y hasta nuestros d\u00ed\u00adas sigue pendiente la discusi\u00f3n al respecto&#8230; Desde el punto de vista de la vida burguesa, donde la familia representa el bien sumo, la partida de Nicol\u00e1s de la patria hacia lo desconocido conservar\u00e1 siempre un algo de escandaloso: su proceder, en efecto, no podr\u00e1 ser recomendado jam\u00e1s como ejemplo a imitar. La irritaci\u00f3n que aquel proceder despierta en los defensores de los derechos familiares es m\u00e1s que leg\u00ed\u00adtima. El paso de la existencia segura de las paredes dom\u00e9sticas a la vida errante, sin techo ni casa, puede entenderse solamente en una visi\u00f3n que est\u00e9 radicalmente por encima de la vida burguesa. En aquel tormentoso desapego de la mujer y de la patria estaba en juego un obrar ins\u00f3lito de la conciencia, la cual en tono imperioso exig\u00ed\u00ada obediencia al llamamiento divino. Solamente esta llamada divina da al hombre el derecho superior de salir de los ra\u00ed\u00adles de la existencia tradicional para recorrer la heroica vida de lo desconocido\u00bb (W. NIGG, Grandi Santi, Roma 1955, 133)<br \/>\n&#8211; 24 SAN AGUSTIN, De civitate  Deu 1:1, Deu 1:26<br \/>\n&#8211; 25 K. BARTH, Christiche Ethik, Munich 1946, 7<br \/>\n&#8211; 26 A. DESCAMPS, Les justes el le justice dans les Evangiles el le christianisme primitif, Par\u00ed\u00ads 1950.<\/p>\n<p>A. Valsecchi<br \/>\nIV. Integraci\u00f3n<br \/>\nLa clara exposici\u00f3n que A. Valsecchi hace del pensamiento b\u00ed\u00adblico-teol\u00f3gico sobre la conciencia no pod\u00ed\u00ada evitar, como no puede evitarlo ning\u00fan trabajo sobre el tema, la referencia a las diversas concepciones que el t\u00e9rmino \u00abconciencia\u00bb ha tenido a lo largo de la historia de la teolog\u00ed\u00ada moral y la presentaci\u00f3n de las problem\u00e1ticas que, sin estar ligadas al t\u00e9rmino, est\u00e1n relacionadas con su polivalencia sem\u00e1ntica.<\/p>\n<p>Al acercarnos el pensamiento de la tradici\u00f3n m\u00e1s antigua, por ejemplo, el A., no pod\u00ed\u00ada dejar pasar por alto el tema de la \u00abconciencia como acontecimiento central de la subjetividad cristiana\u00bb, porque los padres se mueven tras la estela de la perspectiva b\u00ed\u00adblica unida a otros t\u00e9rminos; lo mismo que, al presentar el pensamiento de la escol\u00e1stica, no pod\u00ed\u00ada tampoco dejar de mostrar el sentido diverso con que el t\u00e9rmino era usado, sobre todo en la escuela de los dominicos.<\/p>\n<p>El A., adem\u00e1s, no pod\u00ed\u00ada por menos que presentar la reflexi\u00f3n b\u00ed\u00adblica sobre el \u00abcoraz\u00f3n\u00bb y, con justicia, plantea tambi\u00e9n la pol\u00e9mica entre san Bernardo y Abelardo, que gira fundamentalmente en torno al tema del pecado (\/arriba, I y II).<\/p>\n<p>Las referencias a problem\u00e1ticas distintas en un trabajo sobre la conciencia son inevitables, precisamente porque con el t\u00e9rmino nos referimos a veces a res distintas, que suelen y pueden ser tratadas aunque no utilicemos el t\u00e9rmino.<\/p>\n<p>1. LA POLISEMIA DEL TERMINO \u00abCONCIENCIA\u00bb. El t\u00e9rmino \u00abconciencia\u00bb tiene acepciones y significados distintos, que se suelen pasar por alto con facilidad cuando se escribe o se lee. Stelzenberger (Das Gewfsen, 70) es \u00abcomo un museo en el que docenas de cuadros se expusieron con la \u00fanica indicaci\u00f3n de `pintura&#8217;, sin poner al lado de ninguno el nombre del autor. Lo mismo que s\u00f3lo los habituados saben distinguir los \u00e1rboles del bosque, as\u00ed\u00ad ocurre con la conciencia. Hasta ese punto es polivalente&#8230;\u00bb<br \/>\nPero \u00bfcu\u00e1les son los significados m\u00e1s importantes que se le atribuyen al t\u00e9rmino? \u00bfEs posible seleccionar alguno? No faltan estudios sobre esta cuesti\u00f3n. Est\u00e1 el hecho que en algunos autores el t\u00e9rmino es usado como sin\u00f3nimo, o casi, de persona.<\/p>\n<p>Se puede afirmar que cuando se quiere resaltar la dimensi\u00f3n moral de la persona, el hecho de ser sujeto moral, se sustituye el t\u00e9rmino persona por el de conciencia, al que, obviamente, se le atribuyen las cualidades que distinguen a la persona en su dimensi\u00f3n moral. As\u00ed\u00ad, el proceso de inclusi\u00f3n, que parte de coraz\u00f3n, mente, alma, como sin\u00f3nimos b\u00ed\u00adblicos o patr\u00ed\u00adsticos de persona y conciencia, se cierra hist\u00f3ricamente con conciencia como sin\u00f3nimo de persona, y por lo tanto de alma, mente, coraz\u00f3n. No es casualidad que al hablar de conciencia en su referencia b\u00ed\u00adblica se tenga especial cuidado en hacer notar que en la mentalidad hebrea el equivalente de conciencia corresponde a coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Hasta el punto es sustituible el t\u00e9rmino que se hace real la posibilidad de escribir una Etica a Nic\u00f3maco sin usar el t\u00e9rmino, como la polivalencia misma del t\u00e9rmino puede hacer posible el escribir otra Etica a Nic\u00f3maco en torno al t\u00e9rmino conciencia. La particular importancia que se otorga hoy a la tem\u00e1tica sobre la conciencia la relaciona W. Hesse \u00abcon las tendencias modernas a hacer aut\u00f3nomas todas las esferas de la existencia\u00bb (Coscienza, en Dizionario di etica cristiana, As\u00ed\u00ads 1978, 113), como si el planteamiento aut\u00f3nomo de la \u00e9tica s\u00f3lo fuese posible poniendo en el centro el tema de la conciencia. \u00bfNo es precisamente Kant, en cuyo pensamiento el t\u00e9rmino juega un papel secundario, el que inicia y funda la l autonom\u00ed\u00ada de la \u00e9tica? \u00bfY c\u00f3mo es que san Alfonso, que tambi\u00e9n vio lo fundamental que era el tema de la conciencia hasta el punto de integrarlo en su Teolog\u00ed\u00ada Moral, no vio, sin embargo, la importancia de este mismo tema para la autonom\u00ed\u00ada de la teolog\u00ed\u00ada moral?<br \/>\nLos ejemplos demuestran que no es el t\u00e9rmino el que provoca la problem\u00e1tica, sino que es \u00e9sta la que va orientando de forma diversa la sem\u00e1ntica; demuestran que no es el uso del t\u00e9rmino el que imprime significados particulares al planteamiento de la reflexi\u00f3n \u00e9tica, sino que es el planteamiento de esta reflexi\u00f3n el que determina un uso sem\u00e1ntico diverso del t\u00e9rmino conciencia.<\/p>\n<p>Fundamentalmente, las sem\u00e1nticas del t\u00e9rmino conciencia pueden agruparse en torno a algunos puntos que podemos examinar a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. LA SEM\u00ed\u0081NTICA PSICOL\u00ed\u201cGICA se ve en las afirmaciones de F. Nietzsche: \u00abEl contenido de nuestra conciencia est\u00e1 todo en lo que en los a\u00f1os de infancia nos exigieron sin motivo personas que admir\u00e1bamos o tem\u00ed\u00adamos. Desde la conciencia se suscita el sentimiento de necesidad (\u00abesto debo hacerlo, esto no\u00bb), que no pregunta: \u00bfpor qu\u00e9 debo? -En todos los casos en que una cosa se hace \u00abpuesto que\u00bb y \u00abporque\u00bb, el hombre act\u00faa sin conciencia; pero no por eso contra ella. -La creencia en la autoridad es la fuente de la conciencia: \u00ab\u00e9sta no es la voz de Dios en el pecho del hombre, sino la voz de algunos hombres en el hombre\u00bb (Humano, demasiado humano 11, 52).<\/p>\n<p>La sem\u00e1ntica psicol\u00f3gica se ve tambi\u00e9n en la afirmaci\u00f3n de L. Prandello, conceptualmente semejante a la de F. Nietzsche: \u00abTu conciencia significa precisamente los otros dentro de ti\u00bb (Cada uno a su manera). En otro lugar Pirandello usa, en cambio, la imagen de la plaza, mientras que la conciencia deber\u00ed\u00ada ser castillo (El fue Mat\u00ed\u00adas Pascal). La plaza es, en efecto, el lugar de todos, donde nadie puede huir de la mirada indagatoria de los dem\u00e1s y donde cada uno est\u00e1 sometido, qui\u00e9ralo o no, al juicio ajeno. Los dem\u00e1s tratan de invadir el terreno de la conciencia; \u00e9sta, indefensa, se encuentra a merced del primer asalto en una lastimosa condici\u00f3n de inmadurez psicol\u00f3gica o de sufrimiento interior.<\/p>\n<p>Pensada en t\u00e9rminos psicol\u00f3gicos, la conciencia es el supery\u00f3. Y tal replanteamiento no crea ning\u00fan problema cuando es considerado como relectura de una de aquellas res a que el t\u00e9rmino remite, como ocurre, por ejemplo en los manuales preconcillares. No crea problemas reconocer este uso sem\u00e1ntico del t\u00e9rmino, pero crea problema la concepci\u00f3n reduccionista que ahora se extiende en algunas afirmaciones, como la que hace F. B\u00f3ckle al comienzo de su Moral fundamental (Ed. Cristiandad): \u00abEl lector notar\u00e1 la ausencia de un cap\u00ed\u00adtulo especial dedicado a la conciencia moral. Es mi obligaci\u00f3n dejar la psicolog\u00ed\u00ada de la conciencia a personas m\u00e1s competentes; pero toda esta obra en todas sus partes est\u00e1 al servicio de una fundamentaci\u00f3n del juicio moral\u00bb. Desde un punto de vista, en efecto, la afirmaci\u00f3n parece conectar con cuanto se ha dicho; pero desde otro punto de vista parece que el problema de la conciencia fuera de naturaleza puramente psicol\u00f3gica y que el problema de la fundamentaci\u00f3n del juicio moral u otros problemas de la teolog\u00ed\u00ada moral no tuvieran nada en com\u00fan con los otros significados sem\u00e1nticos del t\u00e9rmino conciencia.<\/p>\n<p>3. LA SEM\u00ed\u0081NTICA INTELECTIVA ve la conciencia como la facultad a la que compete el juicio sobre lo moralmente bueno y recto en s\u00ed\u00ad, sobre la bondad moral de la propia \/actitud y sobre la rectitud moral del comportamiento. La definici\u00f3n kantiana de la conciencia como tribunal interno se refiere precisamente a \u00e9ste, y m\u00e1s concretamente al segundo y tercero de los tres significados distintos. Distinguiendo estos tres significados se hacen m\u00e1s comprensibles las m\u00faltiples distinciones de la escol\u00e1stica y de la neoescol\u00e1stica, como, por ejemplo, el triple modo de referirse el juicio a la acci\u00f3n, que es distinguido, como en Kant, en t\u00e9rminos de conciencia antecedente, concomitante y consecuente.<\/p>\n<p>4. PARA LA SEM\u00ed\u0081NTICA VOLITIVA, el t\u00e9rmino conciencia es sin\u00f3nimo de coraz\u00f3n en el lenguaje b\u00ed\u00adblico, de voluntad en el kantiano, de \/ opci\u00f3n fundamental en el de K. Rahner y J. Fuchs, de sentimiento de los valores en el lenguaje fenomenol\u00f3gico, de Real Apprehension en el del cardenal Newman, de actitud en el de B. Sch\u00fcller y R. Ginters. Se debe tener en cuenta que entre una y otra de estas identificaciones terminol\u00f3gicas existen algunas diferencias de matiz, pero que las distinguen; y por eso a veces se acent\u00faan, como, por ejemplo, la explicitaci\u00f3n de las modalidades estructurales de la relaci\u00f3n valores-conciencia en la terminolog\u00ed\u00ada fenomenol\u00f3gica, y tambi\u00e9n las del proceso cognoscitivo, que se transforma en adhesi\u00f3n volitiva en la terminolog\u00ed\u00ada de Newman.<\/p>\n<p>5. EN LA SEM\u00ed\u0081NTICA PARENETICA la conciencia es vista en su funci\u00f3n de exhortar e invitar y estimular en relaci\u00f3n con la voluntad y las actitudes. Tal funci\u00f3n es formulada en t\u00e9rminos de voz de Dios, de remordimiento, y puede entenderse tambi\u00e9n como la consecuencia de la atracci\u00f3n del sentimiento de los valores.<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., La formaci\u00f3n moral, en \u00abCon\u00bb 130 (1977); AA.VV., La coscienza moral, oggi, Academia Alfonsiana, Roma 1947; ARBOUSSE-BASTIDE P., Du \u00abDogme de la libert\u00e9 illimit\u00e9e de conscience\u00bb \u00e1 \u00abLa philosophie de la libert\u00e9! en \u00abEtudes Pllilosophiques\u00bb 29 (1974) 391-394; ARIAS J., La \u00faltima dimensi\u00f3n. Libertad, conciencia, creatividad, Salamanca 1974; ATI, Coscienza e missione della Chiesa, As\u00ed\u00ads 1977 AUER A. Was is eigentlich das gewissen?~ en \u00abKatholische Bl\u00e1ter\u00bb 104 (1979) 595-603; BAERENz R., Das gewissen. 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(Ro 9:1.)<br \/>\nLa conciencia es inherente al ser humano; Dios la hizo parte de la persona. Es un sentido interno de lo correcto y lo incorrecto, sentido que excusa o acusa al individuo. Siendo as\u00ed\u00ad, la conciencia dicta juicio. Los pensamientos y las acciones, las creencias y las reglas que el estudio y la experiencia implantan en la mente humana tambi\u00e9n pueden educarla. La conciencia compara este conocimiento con la acci\u00f3n que se emprende o que se piensa emprender, y da una advertencia cuando las normas de la persona entran en conflicto con la acci\u00f3n que piensa llevar a cabo, a menos que violaciones continuas de sus advertencias la hayan \u2020\u0153cauterizado\u2020\u009d o insensibilizado. La conciencia puede ser un mecanismo moral de seguridad, ya que da satisfacci\u00f3n o le hace sentir dolor por el comportamiento bueno o malo de la persona.<br \/>\nEl hombre ha tenido una conciencia desde el mismo principio. Ad\u00e1n y Eva as\u00ed\u00ad lo mostraron, pues se escondieron tan pronto como quebrantaron la ley de Dios. (G\u00e9 3:7.) En Romanos 2:14, 15 leemos: \u2020\u0153Porque siempre que los de las naciones que no tienen ley hacen por naturaleza las cosas de la ley, estos, aunque no tienen ley, son una ley para s\u00ed\u00ad mismos. Son los mism\u00ed\u00adsimos que demuestran que la sustancia de la ley est\u00e1 escrita en sus corazones, mientras su conciencia da testimonio con ellos y, entre sus propios pensamientos, est\u00e1n siendo acusados o hasta excusados\u2020\u009d. Por lo tanto, se puede ver que la facultad de la conciencia no se hab\u00ed\u00ada perdido, ni siquiera entre los no creyentes. Esta facultad pas\u00f3 de Ad\u00e1n y Eva a toda la humanidad. Muchas leyes de las naciones est\u00e1n en armon\u00ed\u00ada con la conciencia cristiana, aunque es posible que el cristianismo no haya influido en manera alguna en tales naciones y legisladores. Las leyes se promulgaron seg\u00fan los dictados de sus propias conciencias. Todas las personas tienen la facultad de la conciencia, y es a esta a la que los cristianos apelan por su predicaci\u00f3n y su modo de vivir. (2Co 4:2.)<br \/>\nLa conciencia puede convertirse en una gu\u00ed\u00ada insegura, y como tal, puede enga\u00f1arnos, a menos que se la eduque seg\u00fan normas justas, de acuerdo con la verdad. El ambiente, las costumbres, la adoraci\u00f3n y los h\u00e1bitos pueden educar err\u00f3neamente la conciencia. Al amparo de estas normas o valores err\u00f3neos, la conciencia podr\u00ed\u00ada equivocarse al juzgar lo correcto o incorrecto de un asunto. Un ejemplo que lo ilustra aparece en Juan 16:2, donde Jes\u00fas predijo que los hombres matar\u00ed\u00adan incluso a los siervos de Dios pensando que le estaban rindiendo un servicio. Saulo (m\u00e1s tarde el ap\u00f3stol Pablo) parti\u00f3 con prop\u00f3sitos criminales contra los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo, convencido de que estaba sirviendo a Dios con celo. (Hch 9:1; G\u00e1l 1:13-16.) Los jud\u00ed\u00ados, notablemente extraviados, lucharon contra Dios debido a su falta de aprecio por Su Palabra. (Ro 10:2, 3; Os 4:1-3; Hch 5:39, 40.) Tan solo una conciencia educada de manera adecuada por la Palabra de Dios puede evaluar y rectificar con correcci\u00f3n los asuntos de la vida. (2Ti 3:16; Heb 4:12.) Para este fin hemos de tener normas rectas y estables: las normas de Dios.<\/p>\n<p>Buena conciencia. La persona debe acercarse a Jehov\u00e1 con una conciencia limpia. (Heb 10:22.) El cristiano ha de esforzarse constantemente por mantener una conciencia honrada en todas las cosas. (Heb 13:18.) Cuando Pablo declar\u00f3: \u2020\u0153Me ejercito continuamente para tener conciencia de no haber cometido ofensa contra Dios ni contra los hombres\u2020\u009d (Hch 24:16), quiso decir que continuamente dirig\u00ed\u00ada y correg\u00ed\u00ada su derrotero en la vida de acuerdo con la Palabra de Dios y las ense\u00f1anzas de Cristo, porque a la postre el juez definitivo es Dios, no su propia conciencia. (1Co 4:4.) No obstante, el proceder seg\u00fan una conciencia educada b\u00ed\u00adblicamente puede resultar en persecuci\u00f3n, pero Pedro aconseja de manera confortadora: \u2020\u0153Porque si alguno, por motivo de conciencia para con Dios, sobrelleva cosas penosas y sufre injustamente, esto es algo que agrada\u2020\u009d. (1Pe 2:19.) El cristiano debe \u2020\u0153[tener] una buena conciencia\u2020\u009d frente a la oposici\u00f3n. (1Pe 3:16.)<br \/>\nLa Ley y sus sacrificios de animales no pod\u00ed\u00adan perfeccionar a una persona de tal modo que su conciencia la considerase libre de culpa. No obstante, aquellos que ponen fe en la aplicaci\u00f3n del sacrificio de Cristo pueden llegar a tener una conciencia limpia. (Heb 9:9, 14.) Pedro indica que para conseguir la salvaci\u00f3n hay que tener una conciencia buena, limpia y recta. (1Pe 3:21.)<\/p>\n<p>Consideraci\u00f3n por la conciencia de los dem\u00e1s. En vista de que la conciencia debe ser educada de manera completa y exacta por la Palabra de Dios para que pueda hacer evaluaciones correctas, una conciencia no educada puede ser d\u00e9bil, es decir, puede ser suprimida f\u00e1cil e imprudentemente, o a la persona pueden ofenderla las acciones o palabras de otros, incluso en ocasiones en las que no existe ninguna acci\u00f3n incorrecta. Pablo dio ejemplos relativos al comer y al beber, as\u00ed\u00ad como al modo de juzgar ciertos d\u00ed\u00adas. (Ro 14:1-23; 1Co 8:1-13.) Al cristiano que tiene conocimiento y una conciencia bien educada se le manda que sea considerado y tolerante con el que tiene una conciencia d\u00e9bil, y que no use toda su libertad ni insista en todos sus \u2020\u0153derechos\u2020\u009d personales para siempre obrar como le plazca. (Ro 15:1.) Aquel que hiere la conciencia d\u00e9bil de un compa\u00f1ero cristiano est\u00e1 \u2020\u0153pecando contra Cristo\u2020\u009d. (1Co 8:12.) Pablo da a entender que as\u00ed\u00ad como \u00e9l no deseaba hacer algo por lo que un hermano d\u00e9bil se ofendiera y le juzgara, el d\u00e9bil, por su parte, ha de tener consideraci\u00f3n por su hermano y esforzarse por alcanzar madurez obteniendo m\u00e1s conocimiento e instrucci\u00f3n, de manera que su conciencia no se ofenda con facilidad y vea de modo equivocado a los dem\u00e1s. (1Co 10:29, 30; Ro 14:10.)<\/p>\n<p>Mala conciencia. Cuando se desatienden repetidas veces los dictados de la conciencia, se llega al extremo de contaminarla e insensibilizarla, de modo que ya no provee advertencias ni gu\u00ed\u00ada segura. (Tit 1:15.) En tal caso, es el temor a ser descubierto y al castigo lo que llega a controlar la conducta, m\u00e1s bien que una buena conciencia. (Ro 13:5.) Cuando Pablo habla de una conciencia que est\u00e1 marcada como por hierro de marcar, da a entender que ser\u00ed\u00ada como la carne cauterizada de una cicatriz, que carece de terminaciones nerviosas y por lo tanto es insensible. (1Ti 4:2.) Las personas con una conciencia as\u00ed\u00ad no pueden distinguir lo bueno de lo malo. No aprecian la libertad que Dios les ofrece y se rebelan, de modo que acaban siendo esclavos de una mala conciencia. Es f\u00e1cil contaminar la propia conciencia. El deseo de todo cristiano tiene que ser el que se manifiesta en Hechos 23:1: \u2020\u0153Varones, hermanos, yo me he portado delante de Dios con conciencia perfectamente limpia hasta este d\u00ed\u00ada\u2020\u009d.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>1. Conciencia, etimol\u00f3gicamente un \u00abconsaber\u00bb, un saber concomitante, es la manera como el esp\u00ed\u00adritu tiene presente no s\u00f3lo el contenido objetivo de su experiencia \u00ed\u00adntima o vivencia, sino tambi\u00e9n esa misma experiencia y, en ella, a s\u00ed\u00ad mismo. Esta c. se da en el momento de la experiencia y, a base de ella, en el recuerdo de la experiencia pasada (memoria) y en la proyecci\u00f3n anticipada al futuro. Tr\u00e1tese originariamente no de dos o m\u00e1s actos distintos (respecto de los cuales tendr\u00ed\u00ada luego que plantearse la cuesti\u00f3n epistemol\u00f3gica sobre la manera y el criterio de su concordancia, lo que llevar\u00ed\u00ada a un insoluble procesus in infinitum), sino de la identidad del \u00abestar en s\u00ed\u00ad\u00bb del esp\u00ed\u00adritu con su \u00abestar en otro\u00bb. Es decir, se trata de la identidad en sentido propio, la cual, plenamente entendida, no s\u00f3lo significa ser una misma cosa material, sino, adem\u00e1s, una igualdad consigo mismo \u00abrealizada\u00bb, \u00abreduplicativa\u00bb. En esta primigenia unidad de la intencionalidad de la c. (de su referencia esencial a s\u00ed\u00ad misma, al &#8211;> mundo y al &#8211;> ser) radican el presupuesto y la posibilidad de toda ulterior -a reflexi\u00f3n expresa.<\/p>\n<p>Esta puede luego distinguir y clasificar distintos momentos o factores de la realidad \u00fanica de la c.: la percepci\u00f3n de los objetos (de las cosas y sus circunstancias) de la experiencia; el conocimiento del acto (o actos) de esta percepci\u00f3n, y del poder y capacidad para esos actos; el conocimiento, finalmente, de la raz\u00f3n de esta capacidad y poder, que es el yo o la mismidad. A este saber de las condiciones \u00absubjetivas\u00bb del -> conocimiento se a\u00f1ade el de los factores \u00abobjetivos\u00bb: el de los objetos y de sus \u00f3rdenes y relaciones, sin los cuales las cosas no tendr\u00ed\u00adan forma y realidad. Como unidad original y originante de factores subjetivos y objetivos, la c. incluye la abertura ontol\u00f3gica para los primeros principios del ser, de lo verdadero y de lo bueno.<\/p>\n<p>Por raz\u00f3n de esta reflexi\u00f3n, le es posible al esp\u00ed\u00adritu juzgar sus propios actos. Distanci\u00e1ndose de s\u00ed\u00ad mismo, puede situarlos bajo su mirada y definir su estructura, examinando su coincidencia o no coincidencia \u00abobjetiva\u00bb con el objeto a que tienden, as\u00ed\u00ad como su adecuaci\u00f3n con la intenci\u00f3n y naturaleza del yo mismo, y, finalmente, su legitimidad a la luz de los primeros principios, que son a la vez y en una sola realidad te\u00f3ricos y \u00abpr\u00e1cticos\u00bb, o sea, exigen tanto lo verdadero como lo bueno. Como saber acerca de estos primeros principios del pensar y del obrar (que coinciden con los del ser como su fundamento), la c. se llama en la tradici\u00f3n intellectus principiorum (por su relaci\u00f3n a los principios te\u00f3ricos, p. ej., al de contradicci\u00f3n) y \u00absind\u00e9resis\u00bb (por su relaci\u00f3n a los preceptos de la moralidad): -> conciencia moral. A la luz de esa vinculaci\u00f3n consciente a las leyes fundamentales del -> ser, el hombre est\u00e1 distanciado de s\u00ed\u00ad mismo y de la realidad que le sale al paso, y por eso es libre.<\/p>\n<p>A este respecto, en virtud de la intencionalidad de la c., su libertad es de tal \u00ed\u00adndole que, propiamente, el esp\u00ed\u00adritu est\u00e1 tanto m\u00e1s en s\u00ed\u00ad cuanto m\u00e1s est\u00e1 en otro, cuanto m\u00e1s lo otro est\u00e1 presente con su verdadera realidad en el esp\u00ed\u00adritu, cuanto m\u00e1s \u00e9ste, siendo \u00e9l mismo, es lo otro (identidad en medio de la diferencia). Sin embargo, como finito o corp\u00f3reo (-> cuerpo), y, usando t\u00e9rminos teol\u00f3gicos, en cuanto ser postadamita (&#8211;> pecado original, &#8211;> concupiscencia), el hombre no puede estar, por s\u00ed\u00ad mismo, a la altura de esta unidad en medio de la tensi\u00f3n. En lugar de incrementar dicha unidad y tensi\u00f3n, la aparici\u00f3n avasalladora del objeto (en su atracci\u00f3n o amenaza) encubre entonces la presencia del yo, del acto y del fundamento ontol\u00f3gico. En la medida de ese avasallamiento por el objeto, la conciencia se esfuma en el dominio de la vivencia inconsciente. (Que se quiera o no reconocer al animal una c., es por de pronto una cuesti\u00f3n terminol\u00f3gica. Objetivamente, nos hallamos ante la dif\u00ed\u00adcil tarea de concebir una c. [por encima de la mera vida vegetativa], que no ser\u00ed\u00ada, sin embargo, c. de s\u00ed\u00ad mismo; raz\u00f3n porque el animal es para el hombre, a par, lo m\u00e1s cercano y lo m\u00e1s extra\u00f1o.)<br \/>\nDe hecho, aun en la plena c., nunca est\u00e1 todo presente con la misma claridad; la \u00abestrechez de la c.\u00bb s\u00f3lo permite asir o aprehender un poco en el \u00abcentro\u00bb con plena atenci\u00f3n, mientras el resto queda \u00abal margen de la conciencia\u00bb, de modo que solamente es \u00abcon-sabido\u00bb como objeto u \u00abhorizonte\u00bb, que quiz\u00e1 se actualizar\u00e1 en una reflexi\u00f3n ulterior. M\u00e1s misterioso es a\u00fan el dominio de lo inconsciente, que fue ya objeto de la indagaci\u00f3n de Agust\u00ed\u00adn en el fen\u00f3meno del olvido, del querer recordar y del recuerdo.<\/p>\n<p>Al hombre no le es posible una reflexi\u00f3n total y absoluta sobre su c., pues todo acto de reflexi\u00f3n es de nuevo acci\u00f3n de un sujeto estructurado en la forma dicha, el cual recibe adem\u00e1s decisiones que le vienen dadas y que \u00e9l no puede disociar de lo verdaderamente propio, y sobre todo acontece en s\u00ed\u00ad mismo como acci\u00f3n de libre -> decisi\u00f3n, que, por su esencia, es origen, y por tanto, no puede objetivarse. Con esto no se niega en modo alguno la luz inmediata de la c. como norma y legitimaci\u00f3n de la verdad y del bien (evidencia). S\u00f3lo que esta luz dispone plenamente da la norma en el momento de irradiar, pero no est\u00e1 en nuestras manos para un examen posterior. As\u00ed\u00ad, pues, si es cierto que desde ella se puede y se debe pensar y vivir, no lo es menos que no da una certeza reflectiblemente absoluta, que fuera independiente de la entrega de la persona, exigida de nuevo en cada caso (te\u00f3rica y pr\u00e1cticamente puede el hombre \u00aboprimir\u00bb la verdad, y nunca sabe absolutamente si en el fondo lo hace [Dz 802 ] ).<\/p>\n<p>2. C. y certeza son las palabras program\u00e1ticas que pueden ponerse sobre el pensamiento moderno desde Descartes (-> cartesianismo), en su b\u00fasqueda cada vez m\u00e1s honda del fundamentum inconcussum de la vida espiritual. Ah\u00ed\u00ad est\u00e1 en juego lo que, frente al pensamiento \u00abobjetivo\u00bb de Grecia, trajo la experiencia cristiana a la tradici\u00f3n hist\u00f3rica del esp\u00ed\u00adritu en occidente, , al ense\u00f1ar que el centro del hombre (cor, mens, anima) est\u00e1 personal e hist\u00f3ricamente tocado por Dios y llamado a una decisi\u00f3n absoluta y eterna (-> antropolog\u00ed\u00ada). Con ello la c. o el hombre se arranca en forma singular del mundo de lo creado y queda situado ante el absoluto antropocentrismo). Si el fundamento y misterio creador deja de aparecer como la base que sostiene y ata la c. y la libertad, (tal como la ha experimentado en la manera m\u00e1s profunda la &#8211;> m\u00ed\u00adstica cristiana &#8211; Maestro Eckhart -), falla la garant\u00ed\u00ada de su sentido y no hay otro remedio que buscar el fundamento de la c. en la c. misma. El \u00abm\u00e9todo esc\u00e9ptico\u00bb de esta b\u00fasqueda conduce al dilema de la ->ilustraci\u00f3n entre -> racionalismo y -> empirismo, y desemboca en el dilema de Kant que, de un lado, define la c. como \u00abconciencia en general\u00bb, como condici\u00f3n transcendental de la posibilidad de todo conocimiento, y, de otro, afirma que el car\u00e1cter incondicional y la infinitud de la c. son puramente formales, de modo que \u00e9sta se halla referida al material \u00abfinito, pero sin fin\u00bb de la experiencia sensitiva; apor\u00ed\u00ada de la que s\u00f3lo puede salir mediante un postulado de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica (-> kantismo).<\/p>\n<p>Frente a esto, el idealismo alem\u00e1n intenta apropiarse tambi\u00e9n la materialidad de la c. misma, para elevarla as\u00ed\u00ad a lo verdaderamente infinito, a la c. absoluta. Fichte y Schelling en su filosof\u00ed\u00ada posterior abandonan este idealismo; Hegel, en cambio, trata de llevarlo radicalmente a cabo, con la consecuencia, a sabiendas aceptada, de concebir hist\u00f3ricamente la c. en su dimensi\u00f3n material (y la historia -del mundo y de Dios mismocomo el proceso de evoluci\u00f3n de la c. hasta el pleno conocimiento liberador de la propia esencia necesaria). As\u00ed\u00ad prepara ya el posterior salto al -> historicismo y -> relativismo en \u00abla conciencia hist\u00f3rica\u00bb del s. xix. Esta situaci\u00f3n conduce (en la filosof\u00ed\u00ada y en la psicolog\u00ed\u00ada) a un pensamiento centrado en la pura c. (hasta los intentos de fundamentaci6n del neokantismo y de la actual log\u00ed\u00adstica), por un lado, y a una conjuraci\u00f3n de la vida, del impulso instintivo y del poder contra la c., por otro lado (-> vitalismo).<\/p>\n<p>En la actualidad, la ontolog\u00ed\u00ada se apoya otra vez en el pensamiento tradiconal y afirma la primac\u00ed\u00ada del ser (de la verdad y del bien) sobre la c. (de la certeza, del querer o de los valores), pero ya no en el sentido de un pensamiento esencialista y ajeno a la historia, sino partiendo de la experiencia de una llamada hist\u00f3rica (&#8211;>historia, historicidad). Y del mismo modo que (en parte bajo el influjo de la ontolog\u00ed\u00ada) la moderna -> psicolog\u00ed\u00ada y -> psicoterapia (-> psicolog\u00ed\u00ada profunda) intenta comprender la realidad del hombre desde un origen m\u00e1s profundo, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n la ontolog\u00ed\u00ada en correspondencia ve de nuevo al hombre como un ser que es alcanzado por el Absoluto, ni solamente en la c., ni solamente en un inconsciente fondo vital, sino en aquel centro personal cuya experiencia -clara en s\u00ed\u00ad, pero no refleja, indudable, pero no demostrable -, emite la c. y la libertad con su propia consistencia y con su referencia al fundamento absoluto.<\/p>\n<p>J\u00f6rg Splett<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p>suneidesis (suneivdhsi\u00bb, 4893), lit., uno conociendo con (sun, con; oida, conocer), esto es, un co-conocimiento (con uno mismo), el testimonio dado de la propia conducta por la conciencia, aquella facultad mediante la cual llegamos a saber la voluntad de Dios, como aquello que est\u00e1 dispuesto para gobernar nuestras vidas; de ah\u00ed\u00ad: (a) el sentido de culpa delante de Dios (Heb 10:2); (b) aquel proceso de pensamiento que distingue lo que considera moralmente bueno o malo, alabando lo bueno, condenando lo malo, y as\u00ed\u00ad impulsando a hacer lo primero, y a evitar lo \u00faltimo; Rom 2:15, dando testimonio de la ley de Dios; 9.1; 2Co 1:12; actuando de una cierta manera debido a que la conciencia lo demanda (Rom 13:5); y para no provocar escr\u00fapulos de conciencia a otros (1Co 10:28, 29); no poniendo nada innecesariamente en tela de juicio, como si la conciencia lo demandara (1Co 10:25,27); \u00abrecomend\u00e1ndose uno mismo a la conciencia de cada hombre\u00bb (2Co 4:2; cf. 5.11). Puede que una conciencia no sea lo suficientemente fuerte como para distinguir claramente entre lo leg\u00ed\u00adtimo y lo ileg\u00ed\u00adtimo (1Co 8:7,10,12; hay quienes consideran que aqu\u00ed\u00ad lo que significa es estar consciente). La frase \u00abconciencia delante de Dios\u00bb en 1Pe 2:19 significa una conciencia (o quiz\u00e1s estar consciente) controlada de tal manera por el reconocimiento de la persona de Dios, que la persona se da cuenta de que los dolores deben ser soportados de acuerdo con su voluntad. Heb 9:9 ense\u00f1a que los sacrificios bajo la Ley no pod\u00ed\u00adan perfeccionar a una persona de tal manera que pudiera llegar a considerarse como libre de culpa. Para varias descripciones de conciencia v\u00e9anse Act 23:1; 24.16; 1Co 8:7; 1Ti 1:5, 19; 3.9; 4.2;2Ti 1:3; Tit 1:15; Heb 9:14; 10.22; 13.18; 1Pe 3:16, 21.\u00c2\u00b6<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>(syndd\u00e9sis)<\/p>\n<p>   Este t\u00e9rmino es utilizado sobre todo por Pablo (20 empleos, entre los 30 del Nuevo Testamento), que define su contenido. M\u00e1s que \u00abla personalidad moral\u00bb, como designa entre los griegos, en Pablo describe una capacidad de discernimiento. Aunque sigue siendo una realidad cercana al nous,  la inteligencia (Rom 2,14-15; 1 Cor 8,7-13; 10,25-29), la conciencia puede definirse como el conocimiento de lo que es conforme con la voluntad de Dios, como un imperativo ligado al conocimiento de lo que se ha revelado (Rom 2,15).<\/p>\n<p>   Aunque parece ser m\u00e1s bien un juicio de valor (1 Cor 8,10), es tambi\u00e9n un juicio que implica una actitud y un comportamiento. Est\u00e1 marcada por su car\u00e1cter gradual: conciencia sucia (Tit 11,15), conciencia d\u00e9bil seg\u00fan el mundo (1 Cor 8,7), conciencia pura seg\u00fan Dios (1 Tim 3,9; 2 Tim 1,3), conciencia marcada y orientada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo (Rom 9,1).<\/p>\n<p>C. R.<\/p>\n<p>AA. VV., Vocabulario de las ep\u00ed\u00adstolas paulinas, Verbo Divino, Navarra, 1996<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span ><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. Fondo<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El AT carece de una palabra que signifique \u201cconciencia\u201d, y el t\u00e9rmino gr. <\/span><span style=''>syneid&#275;sis<\/span><span lang=ES style=''> est\u00e1 virtualmente ausente de la <etiqueta id=\"#_ftn750\" name=\"_ftnref750\" title=\"\"><span style='text-transform:uppercase'>LXX<\/span><\/etiqueta>. Si el concepto que denota no ha de considerarse como una innovaci\u00f3n por parte de los escritores del NT, entonces debe buscarse su origen en el mundo de las ideas gr. m\u00e1s que las heb. En rigor de verdad, muchos eruditos optan por el origen estoico del t\u00e9rmino, entre ellos C. H. Dodd (<i>Romans<\/i> en <etiqueta id=\"#_ftn751\" name=\"_ftnref751\" title=\"\"><i>MNTC<\/i><\/etiqueta>, pp. 35\u201337), C. K. Barrett (<i>Romans<\/i> en <etiqueta id=\"#_ftn752\" name=\"_ftnref752\" title=\"\"><i>BNTC<\/i><\/etiqueta>, pp. 53) y 7. <etiqueta id=\"#_ftn753\" name=\"_ftnref753\" title=\"\">Moffatt (sobre 1 Co. 8.7ss en <\/etiqueta><i>MNTC<\/i>). Pero C. A. Pierce (<i>Conscience in the New Testament<\/i>, 1955, pp. 13ss) sugiere, en cambio, que el trasfondo de la palabra en el NT ha de encontrarse en el pensamiento gr. no filos\u00f3fico y popular (v\u00e9ase tamb. J. Dupont, <\/span><span style=''>Gnosis<\/span><span lang=ES style=''>, 1949, pp. 267). Pierce cree, adem\u00e1s, que el t\u00e9rmino fue incorporado al NT como consecuencia de los problemas suscitados en Corinto, que motivaron una serie de apelaciones a la \u201cconciencia\u201d con el fin de justificar ciertas acciones discutibles, especialmente en cuanto a comer alimentos ofrecidos a los \u00eddolos (Pierce, pp. 60ss; cf. 1 Co. 8.7\u201313). Esto explicar\u00eda la ausencia del t\u00e9rmino en el AT y en los evangelios, y su prevalencia en Pablo, especialmente en las ep\u00edstolas a los Corintios.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. Significado<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La palabra fundamental del grupo a que pertenece <\/span><span style=''>syneid&#275;sis<\/span><span lang=ES style=''> es <\/span><span style=''>synoida<\/span><span lang=ES style=''>, que aparece rara vez en el NT y significa \u201cyo s\u00e9 juntamente con\u201d (Hch. 5.2; cf. la etimolog\u00eda estricta de <\/span><span style=''>conscientia<\/span><span lang=ES style=''>, el equivalente lat. de <\/span><span style=''>syneid&#275;sis<\/span><span lang=ES style=''>), o\u2014como se usa en la construcci\u00f3n <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>haut&#333; syneidenai<\/span><span lang=ES style=' '>\u2014algo similar a la facultad del \u201cconocimiento de uno mismo\u201d (1 Co. 4.4, \u201cde nada tengo mala conciencia\u201d). El significado principal del vocablo <\/span><span style=' '>syneid&#275;sis<\/span><span lang=ES style=''> en el NT es una aplicaci\u00f3n de la idea que antecede, y significa m\u00e1s que un simple \u201ctener conciencia de\u201d, ya que incluye juicio moral sobre la cualidad (buena o mala) de un acto consciente. Hasta cierto punto el camino para llegar a este significado ya lo hab\u00eda preparado el judaismo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En el AT, como en la filosof\u00eda gr., normalmente el juzgamiento de las acciones se somet\u00eda al estado o a la ley. Pero en 1 S. 24.5 el \u201ccoraz\u00f3n\u201d (heb. <\/span><span style=''>l&#275;&#7687;<\/span><span lang=ES style=''>), en la frase \u201cse turb\u00f3 el coraz\u00f3n de David\u201d, hace el papel de la conciencia, y se ajusta al significado corriente de \u201cconciencia\u201d en el gr. popular como el dolor que sufre el hombre como tal cuando por sus acciones comenzadas o completadas \u201ctransgrede los l\u00edmites morales de su naturaleza\u201d (Pierce, pp. 54; se ilustra el efecto de la \u201cmala conciencia\u201d en este sentido por la acci\u00f3n de Ad\u00e1n y Eva en Gn. 3.8, aunque no se utiliza el t\u00e9rmino). El \u00fanico caso en que aparece el vocablo <\/span><span style=''>syneid&#275;sis<\/span><span lang=ES style=''> como tal en la <span style='text-transform:uppercase'>LXX<\/span> (fuera de los ap\u00f3crifos) es en Ec. 10.20, donde <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=''> traduce en <\/span><span style=''>syneid&#275;sis sou<\/span><span lang=ES style=''> como \u201c(ni aun) en tu <i>pensamiento<\/i> (<etiqueta id=\"#_ftn754\" name=\"_ftnref754\" title=\"\">lit. el heb. es \u201cconocimiento\u201d) digas mal del rey\u201d. Sin embargo, esto evidentemente no sigue el modelo que se acaba de mencionar; y es solamente en Sabidur\u00eda 17.<\/etiqueta>11, la \u00fanica aparici\u00f3n cierta del t\u00e9rmino en los ap\u00f3crifos (<\/span><etiqueta id=\"#_ftn755\" name=\"_ftnref755\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0nbe<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=''>., \u201cla maldad de por s\u00ed es cobarde y se condena a s\u00ed misma [por un testimonio interior, <\/span><etiqueta id=\"#_ftn756\" name=\"_ftnref756\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>neb<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=' '> ]; apurada por la conciencia, se imagina siempre lo peor\u201d), donde encontramos un claro anticipo del uso y el significado de <\/span><span style=''>syneid&#275;sis<\/span><span lang=ES style=''> en el NT. (Pero cf. Job 27.6; tamb. Ecl. 14.2, y la lectura alternativa en 42.18.)<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>III. Uso en el Nuevo Testamento<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>El uso del vocablo \u201cconciencia\u201d en el NT debe considerarse contra el fondo de \u201cla idea de Dios, santo y justo, creador y juez, adem\u00e1s de redentor y vivificador\u201d (Pierce, pp. 106). La verdad de esta observaci\u00f3n se evidencia en el hecho de que los escritores del NT ven la conciencia del hombre negativamente como el instrumento de juicio, y positivamente como un medio de orientaci\u00f3n o gu\u00eda.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El t\u00e9rmino <\/span><span style=' '>syneid&#275;sis<\/span><span lang=ES style=''> se repite a menudo en las cartas paulinas, como tambi\u00e9n en He., 1 P. y dos discursos (paulinos) en Hch. (23.1; 24.16). En el marco de su uso por Pablo la palabra describe, en primer t\u00e9rmino, el dolor que embarga al hombre cuando ha obrado mal (v\u00e9ase Ro. 13.5, donde Pablo recomienda \u201csujeci\u00f3n\u201d por amor a la <\/span><span style=' '>syneid&#275;sis<\/span><span lang=ES style=''> a la vez que a la <\/span><span style=''>org&#275;<\/span><span lang=ES style=''>: las manifestaciones personales y sociales del juicio de Dios). De esto el hombre se salva al morir al pecado por su incorporaci\u00f3n a Cristo (cf. Ro. 7.15; 8.2). Sin embargo, es posible que la conciencia del hombre (aquella facultad por la cual percibe las demandas morales de Dios, y por la que siente dolor cuando no logra cumplirlas) no est\u00e9 adecuadamente disciplinada (1 Co. 8.7), llegue a debilitarse (v. 12), y aun a corromperse (v. 7; cf. Tit. 1.15), a cauterizarse, y finalmente a insensibilizarse (cf. 1 Ti. 4.2). Por lo tanto, es indispensable que la conciencia sea debidamente ense\u00f1ada, m\u00e1s aun, <i>informada<\/i>, por el Esp\u00edritu Santo. Es por esta raz\u00f3n que la \u201cconciencia\u2019 y la \u201cfe\u201d no pueden ser separadas. Mediante el arrepentimiento y la fe el hombre se libera de la conciencia como \u201cdolor\u201d; pero la fe es tambi\u00e9n el medio por el cual su conciencia es vivificada e instruida. Andar en \u201cvida nueva\u201d (Ro. 6.4) equivale a poseer una fe viva y creciente, mediante la cual el cristiano se mantiene abierto a la influencia del Esp\u00edritu (Ro. 8.14); y esto a su vez es la garant\u00eda de una \u201cbuena\u201d o \u201climpia\u201d conciencia (1 P. 3.16; cf. Hch. 23.1).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Un uso importante y perfeccionado de <\/span><span style=''>syneid&#275;sis<\/span><span lang=ES style=''> en Pablo se encuentra en Ro. 2.14s. Lo que significa este pasaje es que la revelaci\u00f3n general que Dios hace de s\u00ed mismo como un ser bueno, que exige lo mismo a sus criaturas, pone a todos los hombres ante una responsabilidad moral. Para los jud\u00edos las exigencias divinas las hizo expl\u00edcitas el c\u00f3digo sina\u00edtico, mientras que los gentiles cumplen por \u201cnaturaleza\u201d aquello que la ley exige. Pero el reconocimiento de las obligaciones santas, sea por los jud\u00edos o por los gentiles, es algo que percibe cada cual individualmente (la ley est\u00e1 \u201cescrita en sus corazones\u201d, vv. 15) y, seg\u00fan la respuesta personal, se juzga moralmente (porque tambi\u00e9n \u201c[da] testimonio su conciencia\u201d mediante el razonamiento de su coraz\u00f3n, <etiqueta id=\"#_ftn757\" name=\"_ftnref757\" title=\"\">ibid.). De ah\u00ed que la \u201cconciencia\u201d pertenece a todos los hombres, y mediante ella se reconocen activamente el car\u00e1cter y la voluntad de Dios. Al mismo tiempo puede consider\u00e1rsela como un poder \u201c<\/etiqueta>aparte\u201d del hombre mismo (cf. Ro. 9.1; y el eco de la doctrina paulina sobre la \u201cconciencia\u201d en Ro. que encontramos en Jn. 8.9, en la frase \u201cacusados por su conciencia\u201d, aunque esta frase es rechazada como glosa por <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;; color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vm<\/span><span lang=ES style=''>, <\/span><etiqueta id=\"#_ftn758\" name=\"_ftnref758\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vp<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=''>, y otras, y toda la secci\u00f3n sobre la ad\u00faltera se omite en los mejores mss.).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Igual que Pablo, el escritor de He. usa el t\u00e9rmino <\/span><span style=''>syneid&#275;sis<\/span><span lang=ES style=''> con referencia tanto negativa como positiva. Seg\u00fan los t\u00e9rminos del viejo pacto, la conciencia culpable del hombre frente a Dios no pod\u00eda hacerse perfecta (He. 9.9); pero la liberaci\u00f3n se ha hecho posible por la obra de Cristo al amparo de los t\u00e9rminos del nuevo pacto (9.14), y por la apropiaci\u00f3n de los beneficios de la muerte de Jes\u00fas por parte del cristiano (10.22; cf. 1 P. 3.21). Desde el punto de vista, pues, del crecimiento espiritual, la conciencia del que adora puede describirse como \u201cbuena\u201d (He. 13.18).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Para resumir, la significaci\u00f3n de la palabra \u201cconciencia\u201d en el NT es doble: es el medio por el cual se lleva a cabo el juicio moral, doloroso y absoluto porque el juicio es divino, sobre las acciones del individuo, completadas o comenzadas; y tambi\u00e9n act\u00faa como testigo y gu\u00eda en todos los aspectos de la santificaci\u00f3n del creyente.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> M. Flick y Z. Alszeghy, <i>Antropolog\u00eda teol\u00f3gica<\/i>, 1977; A. Molinaro, \u201cConciencia\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn759\" name=\"_ftnref759\" title=\"\"><i>\u00b0DTI<\/i><\/etiqueta>, t.I, pp. 93\u2013106; H.-C. Hahn, \u201cConciencia\u201d, <i>\u00b0DTNT<\/i>, pp. 286\u2013291; A. M. Rehwinkel, \u201cConciencia\u201d, \u00b0DT, pp. 112\u2013113; J. Splett, \u201cConciencia\u201d, <i>Sacramentum mundi<\/i>, 1972, t(t). I, cols. 850\u2013854; H. W. Wolff, <i>Antropolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1975; G. Pidoux, <i>El hombre en el Antiguo Testamento<\/i>, 1969; C. Spicq, <i>Dios y el hombre en el Nuevo Testamento<\/i>, 1979.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>J. Dupont, <i>Gnosis<\/i>, 1949; y <i>Studia Hellenistica<\/i>, pp. 119\u2013153; O. Hallesby, <i>Conscience<\/i>, 1950; C. A. Pierce, <i>Conscience in the New Testament<\/i>, 1955; W. D. Stacey, <i>The Pauline View of Man<\/i>, 1956, pp. 206\u2013210; J. N. Sevenster, <i>Paul and Seneca<\/i>, 1961, <etiqueta id=\"#_ftn760\" name=\"_ftnref760\" title=\"\">esp. pp. 84\u2013102; R. Schnackenburg, <\/etiqueta><i>The Moral Teaching of the New Testament<\/i>, 1965, pp. 287\u2013296; M. E. Thrall, <etiqueta id=\"#_ftn761\" name=\"_ftnref761\" title=\"\"><i>NTS<\/i><\/etiqueta> 14, 1967\u20138, pp. 118\u2013125 (contra Pierce); C. Brown en <i>NIDNTT<\/i> 1, pp. 348\u2013353.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn762\" name=\"_ftnref762\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>S.S.S.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. 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