{"id":15504,"date":"2016-02-05T10:06:13","date_gmt":"2016-02-05T15:06:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/apocaliptica\/"},"modified":"2016-02-05T10:06:13","modified_gmt":"2016-02-05T15:06:13","slug":"apocaliptica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/apocaliptica\/","title":{"rendered":"APOCALIPTICA"},"content":{"rendered":"<p>->Literatura apocal\u00ed\u00adptica<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>1.Origen, historia<\/p>\n<p>(Henoc, Daniel, antropolog\u00ed\u00ada, Apocalipsis, redacci\u00f3n). Literatura de car\u00e1cter simb\u00f3lico, que trata del surgimiento del pecado y de la perversi\u00f3n  de la historia (ca\u00ed\u00adda ang\u00e9lica), con el conflicto entre aquellos poderes que intentan destruir o salvar a los hombres (\u00e1ngeles* y demonios). Gran parte del mensaje final de la Biblia se sit\u00faa en un nivel apocal\u00ed\u00adptico, como muestran dos hechos principales: la redacci\u00f3n final de los textos prof\u00e9ticos del Antiguo Testamento, tal como ahora los conservamos, se ha realizado desde una perspectiva apocal\u00ed\u00adptica; por su parte, el Nuevo Testamento ha surgido y crecido en un contexto apocal\u00ed\u00adptico, de revelaci\u00f3n de las cosas escondidas. Ciertamente, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento contienen estratos no apocal\u00ed\u00adpticos, de tipo legal y sapiencial, prof\u00e9tico y sacerdotal. Pero la apocal\u00ed\u00adptica ha influido de alg\u00fan modo en la redacci\u00f3n final del conjunto de la Biblia. La apocal\u00ed\u00adptica se relaciona con la ley sacerdotal y con la experiencia sapiencial (como saben bien los esenios de Qumr\u00e1n*); pero en sentido m\u00e1s profundo, ella va unida con la profec\u00ed\u00ada y con el mesianismo: ella est\u00e1 vinculada a la revelaci\u00f3n de la palabra de Dios y al compromiso \u00e9tico de transformaci\u00f3n humana que los profetas han proclamado en Israel.<\/p>\n<p>(1) Profetas, apocal\u00ed\u00adpticos y sabios. Como ha destacado la tradici\u00f3n kerigm\u00e1tica protestante, que tiende a destacar el valor de la profec\u00ed\u00ada y a condenar el aspecto visionario y fatal (vengador) de la apocal\u00ed\u00adptica, pueden y deben precisarse las diferencias entre profetas y apocal\u00ed\u00adpticos. Los profetas critican la infidelidad y riesgo de la historia (sobre todo israelita), porque quieren transformarla; los apocal\u00ed\u00adpticos suponen que ella ha perdido su sentido, de manera que Dios debe destruir este mundo, creando un mundo nuevo para justos o creyentes. Los profetas apelan a la libertad y responsabilidad humana; as\u00ed\u00ad abren un camino de transformaci\u00f3n \u00e9tica, de cambio de la historia humana, pues, seg\u00fan ellos, Dios habla en la historia. Los apocal\u00ed\u00adpticos, en cambio, anuncian la presencia de agentes sobrenaturales (demonios y \u00e1ngeles) que decidir\u00e1n el futuro de la humanidad. Los profetas preparan la obra hist\u00f3rica de Dios y buscan la respuesta fiel de los creyentes; los apocal\u00ed\u00adpticos piensan que la hora final se encuentra decidida de antemano, de manera que los creyentes s\u00f3lo pueden aguardar el tiempo definido para el juicio y fin del mundo. A pesar de esas diferencias (m\u00e1s o menos marcadas seg\u00fan los casos), podemos y debemos afirmar que la apocal\u00ed\u00adptica es hija leg\u00ed\u00adtima (aunque no \u00fanica) de la profec\u00ed\u00ada, siendo hermana de la sabidur\u00ed\u00ada, de manera que las im\u00e1genes y temas de la una perduran en la otra. Los motivos principales de la profec\u00ed\u00ada, encuadrados en las nuevas circunstancias pol\u00ed\u00adticas y culturales de Israel en los siglos IV-III a.C., reinterpretados en un contexto sapiencial, desembocan en la apocal\u00ed\u00adptica, que, a pesar de su mayor distancia frente al mundo, sigue empe\u00f1ada en entender o enriquecer la historia, para que los fieles (justos, elegidos) se mantengan firmes en la prueba. Ella ha sido y sigue siendo literatura de sabidur\u00ed\u00ada (conocimiento de la realidad oculta) y de resistencia. Por eso, los apocal\u00ed\u00adpticos se presentan a s\u00ed\u00ad mismos como sabios (cf. Dn 12,3). As\u00ed\u00ad lo muestra Juan, autor del Apocalipsis, que se siente mensajero de Jes\u00fas, de manera que presenta su libro como Apocalipsis (o revelaci\u00f3n) prof\u00e9tica de Jesucristo.<\/p>\n<p>(2) Origen. Teor\u00ed\u00adas b\u00e1sicas. En el surgimiento y despliegue de la apocal\u00ed\u00adptica han influido diversos factores de tipo pol\u00ed\u00adtico y religioso, que se desencadenaron de un modo especial tras la llegada del helenismo*, aunque estaban latentes desde tiempos anteriores. La racionalidad pol\u00ed\u00adtica anterior, muy vinculada a la visi\u00f3n de los profetas, hab\u00ed\u00ada fracasado. La ruptura del orden persa y los estallidos militares vinculados a las guerras helenistas (con los di\u00e1docos o sucesores de Alejandro Magno) implicaron, a finales del siglo IV a.C., el despliegue de una forma de vida que no pod\u00ed\u00ada entenderse ya con las categor\u00ed\u00adas anteriores. Parec\u00ed\u00ada que una inmensa maldici\u00f3n hab\u00ed\u00ada descendido sobre el mundo, de tal forma que los matices prof\u00e9ticos anteriores se fueron perdiendo y muchos israelitas empezaron a entender la historia y a entenderse a s\u00ed\u00ad mismos desde unas perspectivas de dualismo y lucha, que estaban ya presentes en la religi\u00f3n de los persas. En ese contexto, para explicar el origen de la apocal\u00ed\u00adptica se han trazado diversas hip\u00f3tesis: (a) \u00bfMito mesopotamio? Algunos piensan que en el fondo de la apocal\u00ed\u00adptica hay un viejo mito mesopotamio, que hablaba de unos reyes-dioses, sabios antiguos, que conoc\u00ed\u00adan la realidad oculta de las co  sas y salvaron a la humanidad de su desastre. Para interpretar su propia situaci\u00f3n de riesgo, los nuevos pensadores jud\u00ed\u00ados habr\u00ed\u00adan reformulado la sabidur\u00ed\u00ada suprahist\u00f3rica y polite\u00ed\u00adsta de los mesopotamios de forma hist\u00f3rica y monote\u00ed\u00adsta. Seg\u00fan eso, los apocal\u00ed\u00adpticos jud\u00ed\u00ados ser\u00ed\u00adan ante todo unos sabios empe\u00f1ados en resolver el problema del mal y el sentido de la historia, (b) \u00bfTeolog\u00ed\u00ada del templo de Jerusal\u00e9n? Otros autores suponen que la apocal\u00ed\u00adptica ser\u00ed\u00ada una continuaci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada del templo de Jerusal\u00e9n, que (en contra de la teolog\u00ed\u00ada del Norte: reino de Israel) destacaba la intervenci\u00f3n judicial de Dios m\u00e1s que el pacto. Tras la ca\u00ed\u00adda del reino de Israel (721 a.C.) y, sobre todo, despu\u00e9s del exilio, muchos jud\u00ed\u00ados de Jerusal\u00e9n habr\u00ed\u00adan asumido la visi\u00f3n israelita del pacto, fundada en el di\u00e1logo personal con Dios y en la responsabilidad del hombre, redactando en esa l\u00ed\u00adnea su Escritura (que se inicia con Gn 1-11). Pero otros jud\u00ed\u00ados, m\u00e1s fieles a su propia tradici\u00f3n de Jerusal\u00e9n, siguieron poniendo en el centro de su teolog\u00ed\u00ada la intervenci\u00f3n positiva de Dios, que ahora se realiza a trav\u00e9s de intermediarios (\u00e1ngeles y diablos). En esa l\u00ed\u00adnea surgi\u00f3 la apocal\u00ed\u00adptica, con su visi\u00f3n dram\u00e1tica de la historia, (c) \u00bfReinterpretaci\u00f3n jud\u00ed\u00ada del pensamiento helenista? En ese contexto se puede afirmar tambi\u00e9n que las figuras celestes de la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada cumplen una funci\u00f3n semejante a la que tienen las \u00abideas\u00bb griegas (especialmente significativas en el platonismo). Los griegos intentan superar la caducidad del mundo proyectando sobre el cielo las realidades eternas, entendidas como dioses; nosotros pasamos, ellas quedan, son nuestra esencia. En contra de eso, los videntes jud\u00ed\u00ados han proyectado sobre el cielo sagrado las figuras intermedias de los \u00e1ngeles y diablos, entendidos como verdadera esencia de lo humano, principio antropol\u00f3gico. Es posible que los tres elementos se vinculen. Los apocal\u00ed\u00adpticos son, ante todo, unos videntes sabios que conocen el secreto del origen y meta de la vida humana, son hombres que buscan lo esencial y permanente, m\u00e1s all\u00e1 de los cambios de la historia. En ese \u00faltimo plano, los apocal\u00ed\u00adpticos acent\u00faan el desnivel entre lo que existe (la situaci\u00f3n actual) y aquello que se espera (la liberaci\u00f3n escatol\u00f3gica). Por eso entienden este mundo como diab\u00f3lico y proyectan hacia el futuro un orden distinto, que no est\u00e1 en su mano, sino en la de Dios. Ellos han sido los creadores de una visi\u00f3n antropol\u00f3gica que tendr\u00e1 un gran influjo en toda la experiencia y pensamiento posterior de Occidente.<\/p>\n<p>(3) Los momentos b\u00e1sicos. Desde la base anterior podemos distinguir tres momentos principales de su historia. (a) La primera apocal\u00ed\u00adptica (1 Hen 6-36) naci\u00f3 en el tiempo de las guerras helenistas (al final del siglo IV a.C.), tras la muerte de Alejandro Magno, cuando los jud\u00ed\u00ados percibieron que se desmoronaban todas sus certezas anteriores. En este contexto se sit\u00faan las primeras tradiciones de la literatura de Henoc. (b) La segunda apocal\u00ed\u00adptica (reflejada sobre todo por Daniel) se desarroll\u00f3 cuando los sel\u00e9ucidas de Siria (del 175 al 164 a.C.), con la ayuda de un partido prohelenista de Jerusal\u00e9n, quisieron imponer su unidad social y religiosa sobre su imperio, amenazando la identidad y autonom\u00ed\u00ada del pueblo israelita; en ese contexto se sit\u00faan los movimientos y \u00absectas\u00bb (fariseos, esenios, celotas&#8230;) entre los que deben contarse varios grupos apocal\u00ed\u00adpticos, (c) La tercera apocal\u00ed\u00adptica est\u00e1 vinculada a la crisis social y cultural del comienzo de nuestra era, que est\u00e1 unida al surgimiento del cristianismo. En sentido hist\u00f3rico, esa crisis se puede centrar en torno a la guerra jud\u00ed\u00ada del 67 al 70 d.C., con el surgimiento de un judaismo posterior que ya no ser\u00e1 apocal\u00ed\u00adptico y con el despliegue de un cristianismo que abandonar\u00e1 tambi\u00e9n su matriz apocal\u00ed\u00adptica.<\/p>\n<p>(4) Problem\u00e1tica de fondo. En el surgimiento de la apocal\u00ed\u00adptica influyeron no s\u00f3lo los problemas planteados por Gn 2-3 (divisi\u00f3n del bien-mal), sino tambi\u00e9n los de Gn 11 (la torre de Babel): los grandes imperios, que quer\u00ed\u00adan construir con violencia su ciudad-torre, son violadores perversos que act\u00faan en nombre de Azazel-Sat\u00e1n* (Semyaza). El pueblo de Israel, portador de una fuerte identidad religiosa de tipo nacional, vivi\u00f3 traumatizado por el intento de \u00abunificaci\u00f3n mundial\u00bb de asirios, babilonios y persas (del 539 al 333 a.C.), intento que culmina y recibe su expresi\u00f3n definitiva con la expansi\u00f3n de los reinos helenistas, que, tras las conquistas de Alejandro Magno (a partir del 332 a.C.), quisieron favorecer un  sincretismo donde los antiguos cultos y costumbres nacionales vinieran a integrarse en un modelo universal de vida humana, de manera que el judaismo perdiera su propia identidad. En esa l\u00ed\u00adnea, podemos afirmar que la apocal\u00ed\u00adptica surgi\u00f3 como respuesta jud\u00ed\u00ada, a partir de los retos y amenazas de la primera globalizaci\u00f3n social y religiosa del oriente mediterr\u00e1neo, que se inici\u00f3 con la conquista de Alejando Magno y que culmin\u00f3 para el judaismo con la crisis de los macabeos* (en torno al 175-164 a.C.), cuando surgieron y se plantearon de una manera m\u00e1s intensa los grandes problemas de la identidad de Israel (macabeos*, Daniel*, Ester*). Unos tendieron a dejar a un lado los aspectos m\u00e1s espec\u00ed\u00adficos de la identidad jud\u00ed\u00ada, pactando con la cultura del entorno; ser\u00e1n los partidarios del proselitismo helenista, que fracasar\u00e1 tras el 70 d.C. Otros procuraron mantener la tradici\u00f3n del pacto, en clave de fidelidad nacional, pero reconociendo de alguna forma el valor de los poderes sociales no jud\u00ed\u00ados; en esa l\u00ed\u00adnea surgir\u00e1 el judaismo rab\u00ed\u00adnico posterior, que tendi\u00f3 a superar las tensiones apocal\u00ed\u00adpticas. Otros, m\u00e1s influidos por los cambios sociales y por la amenaza de unas guerras que parecen anunciar el fin del mundo, fijar\u00e1n su experiencia en claves de ruptura total, en l\u00ed\u00adnea apocal\u00ed\u00adptica.<\/p>\n<p>(5) Contexto helenista. La segunda apocal\u00ed\u00adptica (apocal\u00ed\u00adptica* 2) est\u00e1 vinculada al rechazo del riesgo de asimilaci\u00f3n helenista* del tiempo de los macabeos*. Los jud\u00ed\u00ados que se sintieron amenazados respondieron de diversas maneras, marcando lo que ser\u00e1 en lo esencial la historia del judaismo y del cristianismo posterior, (a) Asimilaci\u00f3n. Algunos jud\u00ed\u00ados identificaron al Yahv\u00e9 del pacto antiguo con el Zeus Ol\u00ed\u00admpico de Grecia, entendido de un modo universal, de modo que Israel deb\u00ed\u00ada integrarse, ofreciendo su propia aportaci\u00f3n, dentro del orden de la cultura mundial, aceptando el sincretismo dominante. Esa fue la opci\u00f3n del partido helenista, poderoso en el momento de la crisis helenista, cuando los reyes de Siria y muchos sacerdotes jud\u00ed\u00ados de la clase alta quisieron convertir a Jerusal\u00e9n en una polis aut\u00f3noma al estilo griego (cf. 2 Mac 4-5). (b) Rebeli\u00f3n pol\u00ed\u00adtica. Los macabeos, miembros de una familia sacerdotal menos elevada y otros muchos jud\u00ed\u00ados, interpretaron ese pacto con la cultura helenista como apostas\u00ed\u00ada religiosa y nacional, y respondieron con las armas para defender las tradiciones nacionales, es decir, la autonom\u00ed\u00ada social, religiosa y cultural del pueblo; a su juicio, Israel no pod\u00ed\u00ada integrarse en la cultura global dominante, sino que ten\u00ed\u00ada que conservar su independencia, en un plano m\u00e1s pol\u00ed\u00adtico-militar (1 Mac) o m\u00e1s religiososapiencial (2 Mac), (c) Protesta apocal\u00ed\u00adptica. Algunos entendieron la asimilaci\u00f3n helenista como signo de perversidad completa, como expresi\u00f3n de un tipo de invasi\u00f3n ang\u00e9lica: los verdaderos enemigos de Israel no eran hombres concretos, como los helenistas, sino poderes sat\u00e1nicos, en los que se expresaba un pecado sobrehumano, propio de Azazel y de los grandes esp\u00ed\u00adritus perversos. Era imposible la asimilaci\u00f3n al helenismo y carec\u00ed\u00ada de sentido la lucha militar (al menos en su forma externa). S\u00f3lo una revelaci\u00f3n nueva de Dios y un cambio radical en las condiciones de la misma vida humana pod\u00ed\u00ada resolver la crisis. Por eso, los representantes de la apocal\u00ed\u00adptica no eran partidarios de una guerra nacional, sino que quer\u00ed\u00adan ser soldados de una guerra de Dios, dirigida por ej\u00e9rcitos celestes, como se dice en los grandes textos que van de 1 Henoc y Daniel al Cuarto Esdras o al Apocalipsis. (d) Fidelidad moral. Es una actitud que de alg\u00fan modo puede hallarse en los momentos anteriores, pero que se expresa de un modo especial en grupos que, sin dejarse asimilar por el helenismo ni buscar la ruptura apocal\u00ed\u00adptica, quieren recrear los principios de la vida israelita desde una perspectiva social y personal, reinterpretando en esa l\u00ed\u00adnea los principios b\u00e1sicos de la Ley antigua. En ese contexto podemos hablar de los fariseos*, que est\u00e1n en la base del judaismo rab\u00ed\u00adnico posterior, que se ha extendido y triunfado desde el siglo II d.C., al lado del cristianismo mesi\u00e1nico y apocal\u00ed\u00adptico. Tambi\u00e9n los cristianos, aunque en su origen han tenido elementos apocal\u00ed\u00adpticos, pueden situarse en esta l\u00ed\u00adnea por la importancia que han dado a los valores de la fidelidad moral, retomando los mejores elementos de la tradici\u00f3n prof\u00e9tica.<\/p>\n<p>Cf. G. Aranda, F. Garc\u00ed\u00ada y F. P\u00e9rez, Literatura jud\u00ed\u00ada intertestamentaria, Verbo Divino, Estella 1996; H. S. Kvanvig, Roots of Apo-  calyptic, WMANT 61, Neukirchen 1988; B. MCGINN, H. J. COLLINS y S. STEIN (eds.), The Encyclopaedia of Apocalypticism I-III, Nueva York 1998s; G. W. E. \u00ed\u2018ICKELSBURG, Jewish Literature between the Bible and the Mishnah, SCM, Londres 1981; D. S. RUSSEL, The Method and Message of Jewish Apocalyptic, SCM, Londres 1971; El per\u00ed\u00adodo inter\u00ed\u00adestamentar\u00ed\u00ado, Casa Bautista, El Paso TX 1973.<\/p>\n<p>APOCAL\u00ed\u008dPTICA<br \/>\n2. Personajes y temas<\/p>\n<p>Hab\u00ed\u00ada en Israel, en los siglos que precedieron al nacimiento de Jes\u00fas, diversos tipos de apocal\u00ed\u00adptica. Por otra parte, la apocal\u00ed\u00adptica cristiana es una reformulaci\u00f3n pascual (fundada en Jes\u00fas) de algunos temas b\u00e1sicos de la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada. Por esas y otras razones, resulta dif\u00ed\u00adcil resumir en un esquema los elementos b\u00e1sicos de la apocal\u00ed\u00adptica. De todas formas, podemos evocar algunos de ellos:<\/p>\n<p>(1) -> Angeles y demonios. En s\u00ed\u00ad mismos, \u00e1ngeles y demonios pertenecen al sustrato general del judaismo de ese tiempo, pero s\u00f3lo han recibido un desarrollo sistem\u00e1tico y una funci\u00f3n esencial (destructora y salv\u00ed\u00adfica) en la visi\u00f3n apocal\u00ed\u00adptica de la realidad. De ella seguimos dependiendo todav\u00ed\u00ada. Resultar\u00ed\u00ada fascinante penetrar en la selva ordenada de \u00e1ngeles y demonios, interpretando su sentido, catalogando sus nombres y funciones, en camino cultural y religioso que nos llevar\u00ed\u00ada, desde la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada, a trav\u00e9s de las sistematizaciones patr\u00ed\u00adsticas cristianas, de tipo helenistas (Pseudo-Dionisio: \u00abDe Coeleste Hierarchia\u00bb) y de las aportaciones del islam, hasta las grandes obras literarias de los maestros del medievo o de la modernidad (Dante, Milton, Dostoievski).<\/p>\n<p>(2) La supremac\u00ed\u00ada del pecado. Partiendo del pecado ang\u00e9lico, vinculado a la violaci\u00f3n sexual y a la violencia militar, los apocal\u00ed\u00adpticos han podido ofrecer un fuerte cat\u00e1logo de pecados de tipo legal y ritual. Algunos textos apocal\u00ed\u00adpticos han condenado la riqueza, entendida como fuerza destructora del ser humano, y han combatido tambi\u00e9n el desorden sexual, vinculado a la misma ca\u00ed\u00adda ang\u00e9lica (cf. especialmente 1 Hen 37-71; Test XII Pat). En general, la \u00e9tica apocal\u00ed\u00adptica tiende a ser antimundana, condenando como pecado los goces y conquistas de la historia, pues se encuentran vinculados a los triunfadores del siste ma pol\u00ed\u00adtico o social injusto que domina sobre el mundo.<\/p>\n<p>(3) Interpretaci\u00f3n de la Ley. \u00bfNuevas leyes? El descubrimiento de los pesher (comentarios b\u00ed\u00adblicos) de Qumr\u00e1n nos ha ayudado a comprender el gran esfuerzo hermen\u00e9utico de los apocal\u00ed\u00adpticos que han querido reinterpretar, aplic\u00e1ndolas a su tiempo, las tradiciones protohist\u00f3ricas o patriarcales (diluvio) y las promesas prof\u00e9ticas (por ejemplo las de Habacuc). En general, los apocal\u00ed\u00adpticos han querido ser fieles a la historia antigua, pero la han reescrito desde su propia perspectiva (1 Hen 83-90; Jub, etc.). Tambi\u00e9n han sido fieles a la Ley del Pentateuco, pero han tenido la libertad de reinterpretarla (cf. Rollo del Templo, de Qumr\u00e1n). Para los maestros de la Misn\u00e1 (siglo II y III d.C.), la Ley es ya un libro cerrado, que se puede interpretar, partiendo de las tradiciones, pero no cambiar. Los apocal\u00ed\u00adpticos, en cambio, se sintieron a\u00fan capaces de recrearla, d\u00e1ndole sentidos nuevos.<\/p>\n<p>(4) Vida de los justos y elegidos. Plano ritual y cultual. Dentro de los apocal\u00ed\u00adpticos han podido existir y han existido formas distintas de entender y de cumplir la Ley. Parece que, en general, ellos han sido m\u00e1s estrictos que los otros grupos jud\u00ed\u00ados en el cumplimiento de las normas rituales de pureza. Eso les ha llevado en algunos momentos a rupturas interiores y exteriores: algunos, como los de Qumr\u00e1n, se han separado del resto del judaismo, abandonando el mismo culto oficial del templo, por considerarlo impuro y no ajustado a los ritmos astrales de las celebraciones impuestas por Dios. Quiz\u00e1 pudi\u00e9ramos decir que los apocal\u00ed\u00adpticos vinculan una fuerte experiencia visionaria (conocen los secretos de Dios), que les hace aut\u00f3nomos, en sentido interior, con un intenso nomismo, de tal manera que han corrido el riesgo de acabar cayendo en una fuerte obsesi\u00f3n legal.<\/p>\n<p>(5) Vida de los justos y elegidos. Plano \u00e9tico. El ritualismo legalista (codificado en textos normativos muy precisos) no es m\u00e1s que un elemento de la \u00e9tica apocal\u00ed\u00adptica. Los apocal\u00ed\u00adpticos, elegidos de Dios, se sienten llamados a practicar el bien, conforme a los principios de la \u00e9tica jud\u00ed\u00ada. Es normal que evoquen y preparen un tiempo nuevo de reconciliaci\u00f3n interhumana, vinculada a la curaci\u00f3n de los enfermos y a  la libertad de los presos (temas de la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada del jubileo). Pero, al mismo tiempo, la urgencia ante el tiempo final les ha llevado a vivir en actitud de fuerte desprendimiento y de intensa apertura hacia los justos. Se ha dicho que en el fondo de su opci\u00f3n \u00e9tica sigue habiendo un fuerte dualismo, que llevar\u00ed\u00ada a amar a los buenos y odiar a los malos, con las consecuencias personales, sociales e incluso b\u00e9licas que eso supone y que han suscitado el rechazo de Jes\u00fas (cf. Mt 5,43-48); pero \u00e9se no es un tema exclusivo de la apocal\u00ed\u00adptica, sino que, en formas diversas, ha influido en todos los estratos del judaismo de aquel tiempo. Otro elemento al menos parcialmente negativo de la \u00e9tica de los apocal\u00ed\u00adpticos ser\u00ed\u00ada la misoginia: ellos han elaborado una \u00e9tica para varones \u00abque no se han manchado con mujeres\u00bb, como de forma extrema ha formulado Ap 14,4.<\/p>\n<p>(6) La oraci\u00f3n apocal\u00ed\u00adptica. Los apocal\u00ed\u00adpticos se sienten capaces de elevarse hasta un Dios lejano, en fuerte paradoja antropol\u00f3gica. Se ha dicho que son pesimistas y pueden serlo. Se ha dicho que pueden sentirse abandonados de Dios, y quiz\u00e1 es cierto. Pero, al lado de todo eso, la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada nos ha legado algunos de los testimonios m\u00e1s hermosos de plegaria de la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada, tanto en los a\u00f1adidos griegos de Dn como, y sobre todo, en los Salmos de Qumr\u00e1n (1QH). Dentro de este contexto han de situarse tambi\u00e9n los himnos y cantos del Ap, que pueden interpretarse como libreto lit\u00fargico de una comunidad de perseguidos que cantan a Dios desde el horno ardiente donde han sido arrojados por los perseguidores (como en Dn 3).<\/p>\n<p>(7) Predestinaci\u00f3n. Es un tema que se encuentra unido a la visi\u00f3n astron\u00f3mica y a la teor\u00ed\u00ada de los dos esp\u00ed\u00adritus. La suerte de los hombres y mujeres (de los pueblos y de la humanidad en su conjunto) se halla escrita en unos Libros celestiales, vinculados al orden de los astros. Por otra parte, los dos esp\u00ed\u00adritus dominan y dirigen la vida de los seres humanos, que corren el riesgo de aparecer como aut\u00f3matas, dirigidos desde arriba, sin libertad ni autonom\u00ed\u00ada. Pues bien, en otro nivel, ellos, los apocal\u00ed\u00adpticos, se sienten aut\u00f3nomos: est\u00e1n iluminados por la sabidur\u00ed\u00ada de Dios (son sabios, maestros&#8230;), son voluntarios, al servicio de la causa del bien. Por un lado, todo est\u00e1 ya escrito y decidido, fijado y sellado, para que se cumpla en su tiempo oportuno. Pero, al mismo tiempo, Dios pide a los hombres una respuesta de libertad, para que acojan su palabra y respondan a su petici\u00f3n. Pero este tema (dificultad para relacionar predestinaci\u00f3n y libertad) no es exclusivo de los apocal\u00ed\u00adpticos jud\u00ed\u00ados. Tambi\u00e9n podemos hallarlo y lo hallamos en un (apocal\u00ed\u00adptico) cristiano como Pablo (cf. Rom 9-11) y de un modo especial en el Cor\u00e1n de los musulmanes.<\/p>\n<p>(8) Los c\u00f3mputos de la historia. Todo nos permite suponer que los apocal\u00ed\u00adpticos han contado y fijado la historia, buscando apasionadamente los tiempos de cumplimiento de la promesa de Dios. S\u00f3lo desde ese trasfondo se entiende el libro de las Visiones\/Sue\u00f1os de 1 Hen 83-90, lo mismo que la fijaci\u00f3n de las semanas de Jub o los c\u00f3mputos de Dn 9. Tambi\u00e9n podemos suponer que los elegidos de Qumr\u00e1n, inspirados por las revelaciones del Maestro de justicia, han mantenido diversas concepciones sobre el fin cercano (inminente) de los tiempos; la esperanza de ese fin cercano les ha llevado al desierto, donde se mantienen en actitud de combate interior, como indica el Rollo de la Guerra. En una perspectiva semejante se sit\u00faa Jes\u00fas y\/o la primitiva comunidad cristiana que ha formulado dichos como Mc 9,1 (\u00abalgunos de los aqu\u00ed\u00ad presentes no morir\u00e1n hasta que vean venir al Hijo del Humano&#8230;\u00bb), lo mismo que Pablo y el autor del Apocalipsis cristiano (Ap). Parece que la esperanza del fin inminente es un elemento importante de la experiencia apocal\u00ed\u00adptica.<\/p>\n<p>(9) Mesianismo. Es dif\u00ed\u00adcil catalogar todas las figuras mesi\u00e1nicas de la apocal\u00ed\u00adptica, empezando por un Hijo de David, rey hist\u00f3rico (que aparece en los Salmos de Salom\u00f3n y en varios textos de Qumr\u00e1n y de los Test XII Pat), hasta culminar en la visi\u00f3n de Dios mismo como Mes\u00ed\u00adas verdadero (Or\u00e1culos Sibilinos). Ser\u00ed\u00ada importante distinguir y vincular los \u00e1ngeles supremos (Miguel) con los h\u00e9roes mesi\u00e1nicos, que revelan la verdad final y simbolizan y\/o realizan la salvaci\u00f3n (Hijo del Humano, Henoc, Melquisedec, No\u00e9) y con los escribas y visionarios que reciben las revelaciones divinas (Esdras, Baruc, etc.). Habr\u00ed\u00ada que precisar la re\u00ed\u00adaci\u00f3n de esas figuras con un determinado grupo social: \u00bfse puede hablar de un grupo de Henoc, de unos fieles de Melquisedec&#8230;? Este es un campo que, a mi juicio, sigue abierto y que tiene gran importancia para fijar el sentido del grupo de Jes\u00fas, es decir, de los cristianos que interpretan a su Maestro como Mes\u00ed\u00adas apocal\u00ed\u00adptico definitivo.<\/p>\n<p>(10) S\u00ed\u00admbolos fundantes. La apocal\u00ed\u00adptica es una literatura de im\u00e1genes. M\u00e1s que con argumentos, opera con s\u00ed\u00admbolos. Ser\u00ed\u00ada bueno que pudi\u00e9ramos trazar un mapa apocal\u00ed\u00adptico de im\u00e1genes, clasific\u00e1ndolas por grupos semi\u00f3ticos, pero ello requerir\u00ed\u00ada un trabajo mucho m\u00e1s extenso. Entre las m\u00e1s utilizadas est\u00e1n algunas que se han hecho muy comunes en la tradici\u00f3n de Occidente: \u00e1ngeles y demonios (con sus nombres y funciones), personajes m\u00ed\u00adticos y mesi\u00e1nicos, figuras reveladoras, s\u00ed\u00admbolos animales (toro, caballo, \u00e1guila, oveja&#8230;), signos bestiales (fieras, escorpiones), s\u00ed\u00admbolos humanos (Mujer, Novia, Madre, Anciana; Var\u00f3n, Joven, Guerrero&#8230;). Muchos de estos s\u00ed\u00admbolos pertenecen a la historia prof\u00e9tica (Ciudad, Arbol de la Vida, Para\u00ed\u00adso, etc.). Sin un conocimiento b\u00e1sico de sus c\u00f3digos simb\u00f3licos, resulta imposible conocer el mensaje de la apocal\u00ed\u00adptica.<\/p>\n<p>(11) Guerra final. Un elemento importante de la simbolog\u00ed\u00ada e historia apocal\u00ed\u00adptica ha sido el despliegue de la guerra final, que aparece ya en Ez 38-39 (Gog y Magog) y que ha sido codificado en el Rollo de la Guerra (1QM). Las formas de esa lucha pueden variar en los diversos textos: en unos casos se acent\u00faa la guerra interang\u00e9lica (\u00e1ngeles y demonios), en otros la humanosat\u00e1nica (hombres contra demonios). Ser\u00ed\u00ada bueno relacionar esta guerra final con las guerras hist\u00f3ricas y los levantamientos mesi\u00e1nicos de aquel tiempo (desde la guerra de los macabeos, pasando por la del 67-70 d.C., hasta la de Bar Kokba, en el 132-135 d.C.). El tema ha sido estudiado desde una perspectiva hist\u00f3rico-pol\u00ed\u00adtica. Ese aspecto debe completarse con un estudio m\u00e1s preciso de sus presupuestos e implicaciones apocal\u00ed\u00adpticas: nos hallamos, sin duda, ante la guerra del fin del mundo.<\/p>\n<p>(12) Inmortalidad y resurrecci\u00f3n de los muertos. Se ha solido decir que la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada defiende la resurrec ci\u00f3n de los muertos, frente a la visi\u00f3n helenista, partidaria de la inmortalidad. Los hechos resultan m\u00e1s complejos. Parece indudable que la apocal\u00ed\u00adptica en general est\u00e1 vinculada a la esperanza de la resurrecci\u00f3n; pero son tambi\u00e9n numerosos los textos que hablan de una inmortalidad de las almas (vinculada a veces a la misma resurrecci\u00f3n). Este es un tema central, que los cristianos han reinterpretado a partir de la experiencia pascual de Jes\u00fas, diciendo que Dios le ha resucitado de entre los muertos, como luego indicaremos. Se ha dicho, con cierta frecuencia, que la fe en la resurrecci\u00f3n constituye la aportaci\u00f3n m\u00e1xima de la cultura y religi\u00f3n apocal\u00ed\u00adptica al cristianismo y a la historia humana; en ese sentido, los cristianos ser\u00ed\u00adamos ante todo unos apocal\u00ed\u00adpticos mesi\u00e1nicos, que vinculamos la esperanza de la resurrecci\u00f3n (el fin y salvaci\u00f3n de la historia) con la experiencia mesi\u00e1nica de Jes\u00fas. Sin entrar ahora en discusiones eruditas, podemos y debemos afirmar que la resurrecci\u00f3n constituye un elemento clave de la experiencia apocal\u00ed\u00adptica, en su relaci\u00f3n con jud\u00ed\u00ados y cristianos. Adem\u00e1s de las obras citadas en la entrada anterior, cf. N. COHN, El cosmos, el caos y el mundo venidero. Las antiguas ra\u00ed\u00adces de \u00ed\u00ada fe apocal\u00ed\u00adptica, Cr\u00ed\u00adtica, Barcelona 1995; M. DELCOR, Mito y tradici\u00f3n en la literatura apocal\u00ed\u00adptica, Cristiandad, Madrid 1977; A. GONZ\u00ed\u0081LEZ LAMADRID (ed.), Historia, Narrativa, Apocal\u00ed\u00adptica, Verbo Divino, Estella 2000; S. MOWINCKEL, El que ha de Venir: Mes\u00ed\u00adas y Mesianismo, Fax, Madrid 1975; P. SACCHI, LApocalittica Giudaica e la sua Storia, Paideia, Brescia 1990; W. SCHMITHALS, La apocal\u00ed\u00adptica: introducci\u00f3n e interpretaci\u00f3n, Ega, Bilbao 1995.<\/p>\n<p>APOCAL\u00ed\u008dPTICA<br \/>\n3.  Apocalipsis sin\u00f3ptico<\/p>\n<p>(-> Marcos, Hijo del Hombre). Constituye, con el Apocalipsis de Juan, el testimonio b\u00e1sico de la apocal\u00ed\u00adptica del Nuevo Testamento. Nadie ha logrado explicar el enigma del origen y sentido total de ese pasaje. Es posible que transmita recuerdos de Jes\u00fas y experiencias fuertes de la Iglesia primitiva, en el tiempo de la crisis de Cal\u00ed\u00adgula, que quiso poner su estatua en el templo de Jerusal\u00e9n (en torno al 40\/41 d.C.). Ciertamente, refleja una experiencia apocal\u00ed\u00adptica de origen jud\u00ed\u00ado, recreada desde la confesi\u00f3n pascual cristiana.  Mc ha querido introducirla en su evangelio, como palabra final de Jes\u00fas, vinculada al anuncio de la ruina del templo de Jerusal\u00e9n y del final del tiempo.<\/p>\n<p>(1)  Jes\u00fas, revelador apocal\u00ed\u00adptico. El revelador apocal\u00ed\u00adptico es aqu\u00ed\u00ad el mismo Jes\u00fas, no ya Henoc o Melquisedec, patriarcas heroicos que hab\u00ed\u00adan logrado subir a la altura de los cielos, descubriendo all\u00ed\u00ad el misterio divino. Es evidente que, al situarse en di\u00e1logo y disputa con otros grupos jud\u00ed\u00ados, los cristianos han tenido que interpretar a Jes\u00fas como el mensajero apocal\u00ed\u00adptico, present\u00e1ndole como aquel que conoce y anuncia el final de los tiempos, con los signos definitivos de la ruina y salvaci\u00f3n del mundo. M\u00e1s a\u00fan, Mc 13 ha situado este discurso apocal\u00ed\u00adptico de Jes\u00fas en el contexto m\u00e1s solemne del judaismo legal y sacral: sobre el monte de los Olivos, frente al templo de Jerusal\u00e9n. Por disputas sobre ese templo y sus ritos se hab\u00ed\u00adan separado los elegidos y\/o voluntarios de Qumr\u00e1n. En torno al templo vendr\u00ed\u00ada a realizarse conforme al judaismo el gran drama de los \u00faltimos tiempos (como sabe incluso Ap 11,19). L\u00f3gicamente, el Jes\u00fas de Mc ofrece su discurso ante el templo, evocando y recreando los motivos fundamentales de la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada de su tiempo. Es muy posible que algunos de los elementos de este discurso provengan del mensaje evang\u00e9lico; pero los signos fundamentales derivan del contexto apocal\u00ed\u00adptico jud\u00ed\u00ado. En su forma actual, este pasaje ha sido creado por la Iglesia cristiana, es decir, por judeocristianos que centran en Jes\u00fas la esperanza y experiencia final de la consumaci\u00f3n del siglo. Situado frente al templo jud\u00ed\u00ado (sacralidad de Dios, signo del pasado), cercano ya a su muerte, con una aureola pascual, Jes\u00fas puede abrir y abre el libro secreto de los acontecimientos del final (como har\u00e1 el Cordero en Ap 5). Tiene delante a sus cuatro disc\u00ed\u00adpulos preferidos, que son signo escatol\u00f3gico de la plenitud humana (no son los Doce del mensaje y promesa jud\u00ed\u00ada). Habla como aquel que va a morir o ha muerto por los otros. Precisamente, su entrega de la vida (su fidelidad mesi\u00e1nica) le capacita para descubrir y proclamar los signos del final.<\/p>\n<p>(2)  Comienzo de la Tribulaci\u00f3n: \u00abQue nadie os enga\u00f1e: vendr\u00e1n muchos en mi nombre diciendo \u00abYo soy\u2020\u009d y enga\u00f1ar\u00e1n a muchos. Cuando oig\u00e1is hablar de guerras y rumor de guerras, no os alarm\u00e9is. Eso tiene que suceder, pero no es todav\u00ed\u00ada el fin. Pues se levantar\u00e1 pueblo contra pueblo y reino contra reino. Habr\u00e1 terremotos en diversos lugares. Habr\u00e1 hambre. Ese ser\u00e1 el comienzo de la tribulaci\u00f3n\u00bb (Mc 13,5-8). Jes\u00fas, revelador escatol\u00f3gico, ofrece a su comunidad los signos del fin de los tiempos. Unos est\u00e1n vinculados a la misma fragilidad del cosmos (terremotos), pero los m\u00e1s significativos derivan de la violencia y mentira humana: la guerra de todos contra todos y el enga\u00f1o mesi\u00e1nico de los que hablan en nombre de Jes\u00fas (de Dios) diciendo \u00abYo soy\u00bb.<\/p>\n<p>(3) Batalla \u00faltima, persecuci\u00f3n. \u00abTened mucho cuidado. Os entregar\u00e1n a los sanedrines, ser\u00e9is azotados en las sinagogas y comparecer\u00e9is ante gobernadores y reyes por mi causa para testimonio de ellos; pero primero se anunciar\u00e1 el Evangelio a todos los pueblos. Y cuando os lleven para entregaros, no os preocup\u00e9is de lo que vais a decir. Decid lo que Dios os sugiera en aquel momento, pues no ser\u00e9is vosotros los que habl\u00e9is, sino el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Entonces el hermano entregar\u00e1 a su hermano y el padre a su hijo. Se levantar\u00e1n hijos contra padres para matarlos. Todos os odiar\u00e1n por mi causa; pero el que persevere hasta el fin, ser\u00e1 salvado\u00bb (Mc 13,9-13). La apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada corr\u00ed\u00ada el riesgo de interpretar la batalla final en claves de enfrentamiento sobrehumano entre Sat\u00e1n y el Hijo del Humano (o los \u00e1ngeles de Dios). En contra de eso, Marcos entiende esa batalla en clave de lucha interhumana (de todos contra todos) y de persecuci\u00f3n del conjunto de la humanidad contra los seguidores del Evangelio. Pasamos as\u00ed\u00ad de la batalla universal a la persecuci\u00f3n: se abren los frentes; por un lado queda la violencia del mundo; por otro la debilidad de los cristianos, que, en su propia peque\u00f1ez, son signo supremo de Dios sobre la tierra, portadores de un Evangelio universal que se extiende a todos los pueblos.<\/p>\n<p>(4) Abominaci\u00f3n de la desolaci\u00f3n: \u00abCuando ve\u00e1is la abominaci\u00f3n de la desolaci\u00f3n estando all\u00ed\u00ad donde no debe (quien lea entienda), entonces los que est\u00e9n en Judea que huyan a los montes; el que est\u00e9 en la azotea, que no ba  je ni entre a tomar nada de su casa; el que est\u00e9 en el campo, que no regrese en busca de su manto. \u00c2\u00a1Ay de las que est\u00e9n encinta o criando en aquellos d\u00ed\u00adas! Orad para que no ocurra en invierno. Porque aquellos d\u00ed\u00adas ser\u00e1n de tribulaci\u00f3n como no la ha habido igual hasta ahora desde el principio de la creaci\u00f3n, que Dios cre\u00f3, ni la volver\u00e1 a haber. Si el Se\u00f1or no acortase aquellos d\u00ed\u00adas, nadie se salvar\u00ed\u00ada. Pero, en atenci\u00f3n a los elegidos que \u00e9l escogi\u00f3, ha acortado los d\u00ed\u00adas\u00bb (Mc 13,14-20). Este pasaje, que asume elementos jud\u00ed\u00ados, cercanos a los de 2 Tes 2,4 (el anti-Dios o anti-Cristo se sienta en el templo, queriendo ser adorado), puede haber surgido en un momento en que los cristianos est\u00e1n vinculados a la comunidad israelita: la abominaci\u00f3n de la desolaci\u00f3n es la estatua idol\u00e1trica que se quieren poner sobre (o en) el altar del templo (en los a\u00f1os de Cal\u00ed\u00adgula), la huida de Judea puede referirse a la guerra jud\u00ed\u00ada del 67-70. Sea como fuere, Mc ha unlversalizado esa experiencia, situando el fin del tiempo en un contexto de amenazas pol\u00ed\u00adtico-religiosas (el emperador quiere divinizarse a s\u00ed\u00ad mismo) y sociales: hay lucha universal dirigida en contra de los fieles.<\/p>\n<p>(5) Falsos profetas y cristos: \u00abSi alguno os dice entonces: \u00c2\u00a1Mira aqu\u00ed\u00ad al cristo! \u00c2\u00a1Mira all\u00ed\u00ad!, no le cre\u00e1is. Porque surgir\u00e1n falsos cristos y falsos profetas, realizando signos y prodigios capaces de enga\u00f1ar, si fuera posible, a los mismos elegidos. \u00c2\u00a1Tened cuidado! Os lo he advertido de antemano\u00bb (Mc 13,21-23). De la persecuci\u00f3n exterior pasamos al enga\u00f1o interno. En ese contexto se entiende el surgimiento de falsos mes\u00ed\u00adas, que pueden aliarse a la violencia del entorno y\/o enga\u00f1ar a los creyentes&#8230; En este contexto puede evocarse el tema de la lucha entre el verdadero y falso Cristo (que aparece en 2 Tes 2,1-12 y en el conjunto del Apocalipsis).<\/p>\n<p>(6) Ver\u00e1n al Hijo del Hombre: \u00abPasada la tribulaci\u00f3n de aquellos d\u00ed\u00adas, el sol se oscurecer\u00e1 y la luna no dar\u00e1 resplandor; las estrellas caer\u00e1n del cielo y las fuerzas celestes se tambalear\u00e1n; y entonces ver\u00e1n venir al Hijo del Humano entre nubes con gran poder y gloria. Y entonces enviar\u00e1 a los \u00e1ngeles y reunir\u00e1 de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra al extremo del cielo\u00bb (Ap 13,24-27). Se ofrece aqu\u00ed\u00ad la visi\u00f3n final de la salva ci\u00f3n, que se logra sin guerra ni batalla externa. La tem\u00e1tica es muy sobria: recoge elementos de la ruina o cambio c\u00f3smico (cf. Is 13,10; J1 2,10.31; 3,15) con la venida del Hijo del Hombre (cf. Dn 7,13-14); pero no incluye signos guerreros, ni alude a la lucha del enviado de Dios contra el poder de lo sat\u00e1nico. Sobre la violencia y el enga\u00f1o de una humanidad que lucha y persigue a los creyentes se eleva la Se\u00f1al de Jes\u00fas, Hijo de Hombre que viene.<\/p>\n<p>Cf. J. MATEOS, Marcos 13. El grupo cristiano en la historia, Cristiandad, Madrid 1986; G. THEISSEN, Colorido local y contexto hist\u00f3rico en los evangelios. Una contribuci\u00f3n a la historia de la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1997; La redacci\u00f3n de los evangelios v la pol\u00ed\u00adtica eclesial, Verbo Divino, Estella &#8216;2003.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Visi\u00f3n de Dios y de su justicia en la apocal\u00ed\u00adptica.-II. Apocalipsis de Juan y visi\u00f3n trinitaria: 1. Dios Padre; 2. Cristo; 3. Esp\u00ed\u00adritu.-III. Apocalipsis y fin del mundo<\/p>\n<p>I. Visi\u00f3n de Dios y de su justicia en la apocal\u00ed\u00adptica<br \/>\nEn la literatura apocal\u00ed\u00adptica no existe una concepci\u00f3n teol\u00f3gica uniforme, sino pluralidad de teolog\u00ed\u00adas, tan diversas como numerosas son las obras que la componen. La presente s\u00ed\u00adntesis obvia los matices del detalle farragoso y ofrece lo nuclear.<\/p>\n<p>Dios seg\u00fan los libros apocal\u00ed\u00adpticos aparece ante todo como el transcedente, situado en el \u00e1mbito del cielo; como el constitutivamente santo, que impone terror sagrado a los hombres; se subraya lo numinoso de Dios, el totalmente \u00abotro\u00bb, alejado de la tierra de los hombres. Por eso, se sienta en un trono de majestad, s\u00f3lo a \u00e9l reservado, rodeado de voraces llamas de fuego. Nadie puede acercarse, ni siquiera los \u00e1ngeles (1 Henoc 14,8-23). Es el \u00abAlt\u00ed\u00adsimo\u00bb, \u00abEl Glorioso y Magn\u00ed\u00adfico\u00bb, \u00abEl Padre invisible\u00bb, a quien nadie puede ver (cf. parecida visi\u00f3n en Is 6, 1-8; 1 Tim 6,16). El tetragramma divino (Yahweh) no puede pronunciarse; a fin de no incurrir en irreverancia, se acude a la traducci\u00f3n hebrea (Adonai) y griega (Kyrios) del vocablo (Carta de Aristeas 155).<\/p>\n<p>A pesar de esta lejan\u00ed\u00ada, debida a su infinita santidad, el Dios de la literatura apocal\u00ed\u00adptica no est\u00e1 al margen de la historia. La apocal\u00ed\u00adptica que se concentra en la interpretaci\u00f3n de los acontecimientos ve a Dios como el creador del universo y art\u00ed\u00adfice de la historia, quien le da un sentido oculto y una coherencia \u00ed\u00adnterna que s\u00f3lo \u00e9l conoce. Dios se manifiesta en sus gestas salv\u00ed\u00adficas; conduce el devenir de la historia: los hechos \u00abtienen que suceder\u00bb seg\u00fan el desarrollo predeterminado por Dios. Este concede un trato de privilegio a su pueblo de Israel. En su relaci\u00f3n se muestra providente, santo y salvador. Mediante \u00e9l contin\u00faa la historia, que padece momentos de altibajo, pero que acabar\u00e1 en victoria para su pueblo. \u00abEl Dios de los ap\u00f3crifos, m\u00e1s transcendente y lejano que el del AT, es sentido a la vez m\u00e1s cercano, m\u00e1s salv\u00ed\u00adficamente cercano.<\/p>\n<p>Como punto oscuro que desfigura esta vision, se destaca el exceso de particularismo. Con su pueblo Dios se desborda en cuidados: Israel se convierte en el \u00fanico destinatario de su predilecci\u00f3n, su primog\u00e9nito (4 Esdras 6,58); las dem\u00e1s naciones fueron creadas para Israel (ApBar [sir] 14, 18; 15, 17) y son como un esputo (4 Esd 6,56). Se acent\u00faa esta perspectiva deformada respecto a los gentiles, considerados como ya condenados en vida, porque no conocen ni practican la Tor\u00e1 (Jubileos 15,26). Pero se abre poco a poco una corriente positiva y altru\u00ed\u00adsta. El Hijo del hombre ser\u00e1 luz de los gentiles (1 Henoc 48,4); Israel ayudar\u00e1 a salvarse a todos los mortales (Or\u00e1culos Sibilinos 3,194-195).<\/p>\n<p>Conjugando la dimensi\u00f3n transcendente de Dios, resaltada en su santidad, y su compromiso por la historia humana, aunque dirigido prevalentemente a Israel, se descubre que a la base de la conducta divina, se encuentra el amor misericordioso. Este rasgo esencial de Dios se destaca sobremanera en las p\u00e1ginas del AT y de la literatura apocal\u00ed\u00adptica. Los libros comentan con hermosas par\u00e1frasis el nombre de Dios de Ex 34,6: \u00abYahveh, Yahveh, Dios de misericordia y clemente, tardo a la c\u00f3lera y rico en amor y fidelidad, que mantiene su amor por millares, que perdona la iniquidad, la rebeld\u00ed\u00ada y el pecado\u00bb. As\u00ed\u00ad es desglosada la c\u00e9lebre definici\u00f3n de Dios: \u00ab&#8230; el Alt\u00ed\u00adsimo es llamado compasivo&#8230;. es clemente, paciente, pues tiene paciencia con los pecadores como criaturas suyas que son&#8230;. es misericordioso, si no multiplicase su misericordia, el mundo con sus habitantes no conseguir\u00ed\u00ada alcanzar la vida&#8230;\u00bb (4 Esd 7,132-140, Ar 192). Dios es visto como \u00abSe\u00f1or Todopodero, rico en misericordia\u00bb (VidAd[lat] 27). Especialmente como padre (Test-XII Lev 18,6), el padre que ama a Israel (Jub 1,24.25), el padre de todos los hombres (VidAd[gr]).<\/p>\n<p>Se subraya tambi\u00e9n la condici\u00f3n de su justicia. El Dios justo de la apocal\u00ed\u00adptica se muestra en conexi\u00f3n con la imagen divina en el AT. La justicia de Dios es fidelidad a la alianza, compromiso salv\u00ed\u00adfico con la comunidad de Israel. Aparece como un don divino, no algo amenazante; est\u00e1 lejos de la justicia retributiva, forense, herencia de la cultura griega y romana. En el Dios b\u00ed\u00adblico no se concibe la ira motivada por una voluntad desp\u00f3tica. La idea de una justicia punitiva no se encuentra en ning\u00fan texto b\u00ed\u00adblico; ser\u00ed\u00ada una contradictio in adiecto. La justicia de Dios, por encima de todas las connotaciones morales, consiste en la fidelidad a una relaci\u00f3n de comuni\u00f3n; es un concepto fundamentalmente religoso, que est\u00e1 ligado con la soberan\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica de Dios, y es \u00abuna de las manifestaciones de la fidelidad amorosa de Dios a su alianza\u00bb.<\/p>\n<p>La justicia de Dios en los libros apocal\u00ed\u00adpticos califica el comportamiento de Dios, fiel a la alianza establecida con su pueblo, impregnada de misericordia y de perd\u00f3n. La literatura apocal\u00ed\u00adptica es fundamentalmente af\u00ed\u00adn al concepto del Dios justo, propio del AT. Entre los libros importantes cabe destacar Jubileos. Dios se mantiene justo, a saber, se muestra cumplidor de su designio de salvaci\u00f3n, aunque el hombre sea indigno (Jub 1,16.25; 21,4; 31,25). No obstante coexiste el juicio de Dios para castigar los pecados, cuando el hombre no se comporta seg\u00fan lo escrito en las tablas celestes (Jub 4,6.32; 39,6). Dios es llamado el \u00abSe\u00f1or de la justicia\u00bb (1 Hen 22,14). Esta justicia se cumplir\u00e1: \u00abAl final de los tiempos se les manifestar\u00e1 el espect\u00e1culo del juicio, que ser\u00e1 con justicia, en presencia de los justos, para la eternidad\u00bb (1 Hen 27,3). No todos los autores concuerdan con la peculiaridad de la justicia divina en los libros apocal\u00ed\u00adpticos. 1 Henoc habla de justicia de salvaci\u00f3n (91,1-11; 94-104); Dios busca la salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica (61,4); su justicia es misericordia (71,3). Igualmente en el Testamento de los Doce Patriarcas, Dios es descrito como justo o salvador mediante el insistente simbolismo luminoso: es luz de justicia (TestXIl Zab 9,8), sol de justicia (Test-XII Jud 24,1). La justicia divina como sin\u00f3nimo de salvaci\u00f3n se declara abiertamente: \u00abDe esa ra\u00ed\u00adz florecer\u00e1 un v\u00e1stago de justicia para las gentes, para juzgar y salvar a todos los que invocan al Se\u00f1or (TestXll Jud 24,6). Igualmente en 4 Esd 8,36: \u00abEn esto se manifestar\u00e1 tu justicia y bondad, Se\u00f1or; en que tengas misericordia de los que no tienen haber de buenas obras\u00bb. Hay que a\u00f1adir que, involucrada a esta justicia salv\u00ed\u00adfica, se contempla la recreaci\u00f3n del mundo para rescatarlo y llevarlo a su consumaci\u00f3n juntamente con la humanidad fiel. Se sigue, pues, en la idea fundamental del Dios justo del AT, el Dios fiel a su alianza de salvaci\u00f3n, perdonador de los pecados de los hombres. \u00abEn definitiva el Dios justo no est\u00e1 lejos del Dios misericordioso\u00bb.<\/p>\n<p>II. Apocalipsis de Juan y visi\u00f3n trinitaria<br \/>\nAl comienzo del libro del Ap la asamblea cristiana, que se re\u00fane en el \u00e1mbito de la liturgia, es bendecida con el saludo de Dios Trinidad; recibe la gracia y la paz de parte de Dios, calificado como \u00abel que es, el que era y el que ha de venir\u00bb, a saber, el due\u00f1o de las tres dimensiones de la historia, y cuya presencia providente permanece siempre con la Iglesia. Esta expresi\u00f3n es par\u00e1frasis targ\u00famica (TJ) y adaptaci\u00f3n cristiana de Ex 3,14, donde Dios revelaba su nombre: \u00abYo soy el que soy\u00bb. El Esp\u00ed\u00adritu es designado con la original formulaci\u00f3n de los siete esp\u00ed\u00adritus, subray\u00e1ndose que \u00e9l constituye la plenitud de la salvaci\u00f3n ofrecida. Cristo es nombrado en su cualidad de testigo digno de cr\u00e9dito de la Palabra de Dios mediante su vida, muerte y glorificaci\u00f3n; el primer resucitado de los muertos y jefe de los reyes de la tierra, quien conduce el rumbo de la historia haciaun desenlace escatol\u00f3gico plenamente feliz. El Ap quiere insistir tanto en esta bendici\u00f3n trinitaria, en la paridad esencial de las personas divinas, que utiliza el lenguaje para servidumbre de la teolog\u00ed\u00ada. Esta bendici\u00f3n est\u00e1 hoy lamentablemente olvidada, pero debiera ser recuperada para la liturgia y vida de la Iglesia, como una significativa expresi\u00f3n de saludo de Dios Trinidad, eficazmente activo en la historia de la salvaci\u00f3n: \u00abQue la gracia y la paz sea con vosotros, de parte del que es, del que era y ha de venir; de parte de los siete esp\u00ed\u00adritus que hay frente a su trono; y de parte de Jesucristo, el testigo fiel, el primog\u00e9nito de entre los muertos y jefe de los reyes de la tierra\u00bb (Ap 1,4).<\/p>\n<p>Este saludo, justo al inicio de su lectura, indica como una r\u00fabrica que el Ap va a ser un libro esencialmente trinitario, donde intervienen act\u00ed\u00advamente el Padre, Cristo y el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s este libro subraya, tal vez como pocos escritos del NT, la gran unidad existente entre el Padre, Cristo y el Esp\u00ed\u00adritu. La obra de la Stma. Trinidad aparece en el Ap como acci\u00f3n \u00ed\u00adntima, solidaria y volcada a procurar el bien de la Iglesia y de la humanidad.<\/p>\n<p>Pero el Ap no es un libro ingenuo, constata con asombro la presencia del mal en la historia y descubre el origen demon\u00ed\u00adaco de tantas ramificaciones negativas. Aparece delineada en el libro -como singularidad s\u00f3lo por \u00e9l registrada- una trinidad demon\u00ed\u00adaca, que se opone a la Trinidad divina y combate contra la Iglesia. Frente a Dios-Padre, a Cristo y al Esp\u00ed\u00adritu, se levanta respectivamente el gran Drag\u00f3n, instigador del mal en el mundo (12,3-4.7-9,13-17), la primera Bestia, s\u00ed\u00admbolo siniestro del estado que usurpa el nombre de Dios y se hace adorar (13,1-10), la segunda Bestia o falso profeta, representaci\u00f3n de toda ideolog\u00ed\u00ada id\u00f3latra (13,11-17). No obstante ser\u00e1n finalmente aniquilados, arrojados al lago de fuego y azufre (20,10). S\u00f3lo permanece la Trinidad santa.<\/p>\n<p>1. DIOS PADRE. La imagen de Dios que presenta el Ap no es la caricatura divulgada de una majestad divina, inaccesible en su trono y airada. Del trono de Dios parte amorosamente el designio de la salvaci\u00f3n para toda la humanidad. El Apocalipsis, con el lenguaje visionario de los simbolismos, recupera la visi\u00f3n de Dios genuinamente cristiano&#8217;.<\/p>\n<p>Es Dios creador. El principio absoluto de la creaci\u00f3n. Por su voluntad lo que no exist\u00ed\u00ada ha sido creado (4,11). Mantiene viva la creaci\u00f3n (15,3; 19,6). Sigue creando y haciendo nuevas todas las cosas en un presente ininterrumpido (21,5). Consumar\u00e1 su creaci\u00f3n en un g\u00e9nesis renovado (22,11-2). Es el inicio y el final de la creaci\u00f3n (1,8).<\/p>\n<p>Dios salv\u00ed\u00adficamente poderoso. S\u00f3lo \u00e9l se sienta en el trono (4,2.9; 5,1,7,13; 7,10.15; 19,4; 20,11; 21,5), en actitud de dominio absoluto, pero no se repliega solitariamente sobre s\u00ed\u00ad mismo. Se muestra sol\u00ed\u00adcito y atento; frente a su trono arden siete l\u00e1mparas de fuego, que son los siete esp\u00ed\u00adritus (4,5); de su trono salen rel\u00e1mpagos, voces y truenos, se\u00f1ales teof\u00e1nicas de su pronta intervenci\u00f3n salvifica (4,5). Del trono emerge una mano con un libro, que es el decreto de la salvaci\u00f3n, en son de comuni\u00f3n con los hombres (5,1). Es el Dios creador del bien y de la vida; enmedio del trono y en torno al trono est\u00e1n presentes los vivientes (4,6-7). Es el Viviente por los siglos (10,6). Es asimismo el destructor del mal. Ante su trono la turbulencia del mar (s\u00ed\u00admbolo de la hostilidad) reposa ya domesticada como un lebrel y transparente como el cristal (4,5-6). Arroja lejos de su trono al gran Drag\u00f3n, instigador de todos los males y origen de la primera y segunda Bestias (20,10).<\/p>\n<p>Dios de belleza incomparable. Su trono resplandece con las gemas m\u00e1s preciosas del mundo (4,3). Dios lleno de paz y que irradia paz: el arco iris rodea su trono, como signo perpetuamente luminoso de su benevolencia (cf. G\u00e9n 9,13-15). Nimbado por el color verdeante de la esmeralda (4,3). Se viste de luz tan deslumbrante que hace palidecer el sol y la luna (21,23). \u00abDios de Dios\u00bb, \u00abLuz de Luz\u00bb. Esta belleza se muestra en el resplandor de su providencia, pues ha establecido un designio de salvaci\u00f3n en favor de los hombres y as\u00ed\u00ad lo reconoce ya una parte de la humanidad rescatada (4,11; 5,13; 7, 10.12; 11,17-19;12,10; 15,3-4; 16, 5-7; 19,5-7). Dios de santidad. De esa manera es celebrado por los vivientes (4,8) y en frecuentes doxolog\u00ed\u00adas por la asamblea eclesial (12,10): es el solo santo (15,4), sus juicios son verdaderos y justos (15,3; 16,7;19,2).<\/p>\n<p>Es el Dios y Padre del Se\u00f1or Jes\u00fas. Jes\u00fas, que es el \u00fanico hermeneuta de Dios, as\u00ed\u00ad lo ha revelado (1,6; 3,5) y lo ha nombrado se\u00f1aladamente (3, 12. 21). Con esta designaci\u00f3n, la imagen de Dios se sit\u00faa en la verdadera perspectiva teol\u00f3gica del NT, en lo que constituye su Yevelaci\u00f3n central (cf. Mc 15,34; Jn 20,17; Rom 15,6). El rostro nuevo de Dios es ser Padre. La aspiraci\u00f3n de la humanidad consiste en ver el rostro de Dios, pues su nombre ha sido escrito en sus frentes (22,4).<\/p>\n<p>2. CRISTO. Cristo ocupa una posici\u00f3n central en el Ap. Su visi\u00f3n se encuentra en continuidad con la cristolog\u00ed\u00ada del NT. Estos son los rasgos cristol\u00f3gicos m\u00e1s sobresalientes: Misterio pascual de muerte, resurrecci\u00f3n y glorificaci\u00f3n. Divinidad. Sumo sacerdote. Testigo. Hijo de hombre. Cordero. Vencedor. Se\u00f1or de la Iglesia.<\/p>\n<p>El Ap declara con todo realismo la muerte redentora de Jes\u00fas, indica que fue muerto (1,18). Contempla el Cordero degollado (5,6.9.12). Confiesa que Jes\u00fas ha derramado su sangre para liberar de los pecados y hacer de los hombres un reino sacerdotal (1,5; 5,9; 7,14). Al mismo tiempo celebra su resurrecci\u00f3n, lo proclama el primer nacido de los muertos (1,5). Sobre todo lo designa como el Viviente (1,18). El Cordero est\u00e1 permanentemente de pie, a saber, resucitado (5,6, cf. 3,20; 14,1; 15,2-3). Cristo es glorificado (cf. Mc 16,19; Lc 1,32; Ef 1,20; Heb 1,3; 8,1). ElApocalipsis expresa esta glorificaci\u00f3n de Jes\u00fas \u00absentado a la derecha de Dios\u00bb con la din\u00e1mica expresi\u00f3n de la entronizaci\u00f3n del Cordero. Este aparece en medio del trono (5,5), en direcci\u00f3n del trono (7,17) y compartiendo el trono de Dios (22,2.3). Tambi\u00e9n efunde el Esp\u00ed\u00adritu a la humanidad (5,6).<\/p>\n<p>Se acent\u00faa la divinidad de Cristo. El Apocalipsis est\u00e1 escrito con exigencias radicales: o se adora a Cristo, como verdadero Dios o se es esclavo del Drag\u00f3n y de las Bestias. La comunidad perseguida del Ap confiesa a Cristo como su\u00fanico Dios. El libro aplica a Cristo id\u00e9nticos atributos que el AT reservaba a Yahv\u00e9. Realiza una transferencia teol\u00f3gica. Consigue con ello para Jes\u00fas glorificado la misma autoridad y divinidad, propia de Yahv\u00e9. Esta transferencia teol\u00f3gica se efectu\u00e1 entre el Ap y el AT, y tambi\u00e9n dentro del mismo libro del Ap, cuyos elementos rese\u00f1amos: semejante descripci\u00f3n del Hijo de hombre y del \u00abanciano de largos d\u00ed\u00adas\u00bb (Ap 1,14; Dn 7,9); id\u00e9ntica expresi\u00f3n para calificar su voz (Ap 1,15; Ez 1,24; 43,2; Dn 10,6); exacta atribuci\u00f3n de juez y de recompensa (Ap 2,23; Sal 7,9; Jr 17,10); igual declaraci\u00f3n de amor (Ap 3,9; Is 43,4.9); la misma promesa de vida (Ap 21,6; Is 55,1). Cristo es confesado \u00abAlfa y Omega\u00bb (22,13) al igual que Dios (Ap 1,8; 21,6). \u00abSanto\u00bb, se dice de Cristo (Ap 3,7) y de Dios (Ap 4,8; 6,10). La asamblea lit\u00fargica del Ap lo confiesa como Dios en una aclamaci\u00f3n teol\u00f3gica compartida con el Padre. Recibe los mismos elementos doxol\u00f3gicos que el \u00absentado en el Trono\u00bb (4,11= 5,9; 5,12=7,12). Desde el principio hasta el final del libro, la Iglesia del Ap reconoce ante el mundo el \u00fanico se\u00f1or\u00ed\u00ado de Cristo y confiesa su divinidad.<\/p>\n<p>Sumo Sacerdote. A trav\u00e9s de im\u00e1genes luminosas, de candelabros de oro y de las diversas referencias sacerdotales que conlleva (1,12-13; 2,1), el Ap declara a Cristo como el Sumo Sacerdote, que preside toda funci\u00f3n lit\u00fargica dentro de la Iglesia.<\/p>\n<p>Testigo. Cristo es el \u00fanico testigo. Ya fue testigo de la Palabra de Dios en su vida terreste, pero sobre todo es ahora \u00abtestigo fiel\u00bb y digno de cr\u00e9dito, como Cristo glorioso (1,5; 3,4; 19,11.13). Su palabra tiene la garant\u00ed\u00ada divina; mediante la palabra de Cristo, Dios sigue comunicando a la Iglesia su definitivo designio de salvaci\u00f3n (2, 1.8.12.18; 3, 1.7.14). El mismo recomienda a su Iglesia la lectura del Ap (22,16.18.20). A fin de mantener vivo su testimonio en el mundo y promulgar su palabra de salvaci\u00f3n (14,7), suscita a los cristianos, que son los \u00abtestigos de Jes\u00fas\u00bb (2,13; 17,6).<\/p>\n<p>Hijo de hombre. Es designado con esta figura apocal\u00ed\u00adptica y se muestra como juez definitivo (1,7.13), viene para realizar la vendimia de la tierra (14,14) y su cosecha final (14,18-20). Dos notas distintivas subraya el Ap. la: la actuaci\u00f3n del Hijo de hombre se realiza en el \u00e1mbito de la Iglesia, \u00e9l la juzga y la purifica con su palabra poderosa (interpelaci\u00f3n continua en forma de siete cartas dirigidas a las siete Iglesias). 2a: su venida no se reserva para el final, sino que acontece en el presente (2,5.16; 3,11.20; 16,15).<\/p>\n<p>Cristo Cordero. Este constituye el s\u00ed\u00admbolo m\u00e1s caracter\u00ed\u00adstico de la cristolog\u00ed\u00ada por su frecuencia (5,6.8.12.13; 6,1.16; 7,9.10.14.17; 12,11; 13,8; 14, 1.4 (bis).10; 15,3; 17,14 8bis); 19,7.9; 21,9.14.22.23.27; 22,1.3) y su triple significaci\u00f3n. Menciona a Cristo como antitipo del siervo de Yahv\u00e9 que inmola su vida en ofrenda por la humanidad (Cf. Is 53,6-7; Jr 11,19. Se refiere a Cristo, que como cordero pascual derrama su sangre para liberar del pecado y hacer un pueblo consagrado a Dios (cf. Ex 12,12-13.27; 24,8; Jn 1,29; 19,36; 1 Cor 5,7; 1 Pe 1,18-19). Designa a Jesucristo, rey poderoso y due\u00f1o de la historia, que conduce victoriosamente a su Iglesia (cf. 1 Hen 89,42.46;90,9.37, TestXll Jos 19,8; TestXIl Ben 3,8: J Ex 1,15). Este \u00faltimo aspecto est\u00e1 muy subrayado en el Ap. Cristo es el vencedor, de hecho ya ha vencido, merced a su muerte redentora (5,5.9). Monta un caballo blanco para vencer en la historia (6,2). Combate contra la violencia (6,3-4), la injusticia social (6,5-6), la muerte y su infame cortejo (6,7-8). Resulta vencedor de las fuerzas del mal (19,11-14.20).<\/p>\n<p>Se\u00f1or de la Iglesia. Aun m\u00e1s, la Iglesia aparece en el Ap como un misterio trinitario. Dios Padre asume la iniciativa de su realizaci\u00f3n hist\u00f3rica (10,7). Cristo la crea mediante su misterio de redenci\u00f3n (1,6), adquiere hombres de toda raza, pueblo y naci\u00f3n (5,9), los hace reino y sacerdocio (1,6; 5,10). Con su palabra poderosa la renueva en su amor primero (2,4); es objeto de predilecci\u00f3n amorosa para el Se\u00f1or (1,5; 3,9); le promete la victoria (2,7.11, 27-28; 3,5.12); le concede el Esp\u00ed\u00adritu para que interprete su palabra sabiamente (2,7.11.17.29; 3,6.13.22), sea capaz de dar valiente testimonio (19,10) y aspire por su Se\u00f1or (22,17). Cristo conduce como pastor a la Iglesia por el desierto de la historia rumbo a su meta escatol\u00f3gica (7,17); cuenta con el testimonio de los suyos, los cristianos leales (17,14; 19,7.9), hasta arribar a las metas de la consumaci\u00f3n final.<\/p>\n<p>3. EL ESP\u00ed\u008dRITU SANTO. El Esp\u00ed\u00adritu ha sido estudiado s\u00f3lo en fechas relativamente recientes\u00bb. Veinte veces aparece la palabra \u00abEsp\u00ed\u00adritu\u00bb pneuma, y en cuatro ocasiones la extra\u00f1a expresi\u00f3n \u00abLos siete esp\u00ed\u00adritus\u00bb, siempre en frases lac\u00f3nicas y en contextos simb\u00f3licos casi impenetrables. El libro del Ap aporta para la teolog\u00ed\u00ada el protagonismo prof\u00e9tico del Esp\u00ed\u00adritu en la vida de la Iglesia. Este le ayuda a interpretar sabiamente la Palabra de Dios, pronunciada por Jes\u00fas; la asiste con su protecci\u00f3n a fin de que la Iglesia la proclame con valent\u00ed\u00ada ante el mundo. La presencia del Esp\u00ed\u00adritu impregna todo el libro. Vamos a seguir el mismo orden de su aparici\u00f3n en el libro.<\/p>\n<p>Es el Esp\u00ed\u00adritu quien promueve y legitima la experiencia prof\u00e9tica de Juan, el vidente del Ap. En cuatro momentos se\u00f1alados, Juan testimonia que la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu le transforma para acceder a realidades transcendentes que, dejado a la sola merced de sus recursos naturales, le estar\u00ed\u00adan completamente vedadas. En 1,10, durante el d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or, Juan \u00abentra en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, y asiste a la gran visi\u00f3n de Jesucristo, Hijo de hombre, sumo Sacerdote, el Viviente, adornado de atributos divinos, que le encomienda la tarea de escribir el Apocalipsis (1,10-20). En 4,2 \u00abde nuevo\u00bb, transformado por el Esp\u00ed\u00adritu, contempla el gran templo celeste, donde est\u00e1 el trono de Dios, rodeado de los vivientes y los ancianos (c.4), el Cordero, Cristo en su misterio pascual, y toda la creaci\u00f3n en actitud de alabanza a Dios y al Cordero (c.5). En 17,3, le es permitido con la energ\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu ver el espect\u00e1culo grotesco de la gran prostituta, la gran Babilonia (simbolos de mujer y de ciudad, que personifican el mal de este mundo) y contemplar su ruina. En 21,10, como contrapunto a la anterior visi\u00f3n, el Esp\u00ed\u00adritu le capacita para asistir al triunfo definitivo del bien, la aparici\u00f3n de la esposa del Cordero y de la nueva ciudad de Jerusal\u00e9n. Todas estas visiones de enorme transcendencia paraentender el Ap, son posibles merced a la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu; poseen la garant\u00ed\u00ada reveladora no de un hombre, sino del Esp\u00ed\u00adritu que capacita a Juan como profeta verdadero.<\/p>\n<p>En todas las cartas resuena siempre: \u00abEl que tiene o\u00ed\u00addo, oiga lo que el Esp\u00ed\u00adritu dice a las Iglesias\u00bb (2,7.11.17.29; 3,6.13.22). Se trata de un dicho sapiencial, indica la funci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu que ilumina y hace entender las palabras de Jes\u00fas. Y aparece referido en plural \u00abIglesias\u00bb: a toda la Iglesia universal habla el Esp\u00ed\u00adritu, interpretando las palabras de Jes\u00fas, a fin de que se convierta. La Iglesia \u00abad intra\u00bb, ya purificada (cc.2-3), proclamar\u00e1 el mensaje de salvaci\u00f3n (4-22).<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu protege a esta Iglesia que da testimonio de Jes\u00fas y sufre por su causa, vista idealmente en la imagen de los dos testigos-profetas, que, siguiendo el ejemplo de \u00abnuestro Se\u00f1or\u00bb, predican, hacen prodigidos, sufren toda clase de hostilidades, son ejecutados e irreverentemente profanados (11,8). A pesar de tanta impiedad, el Esp\u00ed\u00adritu les asiste en la suerte suprema, asegura la victoria final, y hace que su testimonio consiga la conversi\u00f3n de la humanidad (11,11). El Esp\u00ed\u00adritu prosigue alentando a los cristianos a que permanezcan fieles, aunque soporten las durezas de la persecuci\u00f3n. Frente a la ruina eterna de los que adoran a la Bestia (14,9-11), los cristianos que han guardado los mandamiento de Dios y la fe de Jes\u00fas, y que han muerto en el Se\u00f1or -una muerte que corona una vida de lealtad mantenidad- son bienaventurados, ya desde el momento de su muerte. Descansan de todas sus fatigas, y viven en un descanso de plenitud, pues sus obras les acompa\u00f1an (14,13). El Esp\u00ed\u00adritu es garante de este macarismo eterno.<\/p>\n<p>\u00abEl testimonio de Jes\u00fas es el Esp\u00ed\u00adritu de la profec\u00ed\u00ada\u00bb (19,10). Texto clave para entender la funcion del Esp\u00ed\u00adritu. Pero es preciso hacer hincapi\u00e9 en la dimensi\u00f3n trinitaria, que manifiesta el Ap. Con frecuencia aparece la expresi\u00f3n bimembre, \u00abLa Palabra de Dios y el testimonio de Jes\u00fas\u00bb (1,2.9; 6,9; 20,4), formando una hend\u00ed\u00adadis literaria, a saber, la Palabra que tiene su origen fontal en Dios Padre, ha sido testimoniada hist\u00f3ricamente por Jes\u00fas en su vida terrestre y de resucitado (el Ap es el \u00fanico libro que concede a Cristo glorioso el t\u00ed\u00adtulo de testigo). El Esp\u00ed\u00adritu desempe\u00f1a una doble actuaci\u00f3n, de s\u00ed\u00adstole y di\u00e1stole. El testimonio de Jes\u00fas es ahora hecho conocer a la Iglesia por el Esp\u00ed\u00adritu que inspira a los profetas (labor sapiencial), y tambi\u00e9n significa que el Esp\u00ed\u00adritu convierte a la Iglesia en una asamblea de testigos (tarea misionera), que proclaman el testimonio \u00fanico de Jesucristo (cf. Mt 10,18-20; Mc 13,11; Lc 12,11-21). El Ap subraya la gran unidad de la Trinidad. Lo que Jes\u00fas glorioso hace es testimoniar la Palabra de Dios. Lo que realiza el Esp\u00ed\u00adritu es interiorizar para la Iglesia y proclamar ante el mundo el testimonio de Jesucristo.<\/p>\n<p>Finalmente el Esp\u00ed\u00adritu llena a la Iglesia prof\u00e9ticamente, y \u00e9sta ya purificada como esposa radiante del Cordero (197-9), al un\u00ed\u00adsono con \u00e9l, llama a Cristo, \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu y la esposa dicen: \u00c2\u00a1Ven, Se\u00f1or! (22,17).<\/p>\n<p>A nivel de la transcendencia el Esp\u00ed\u00adritu es nombrado con una original formulaci\u00f3n, propia del Ap, \u00ablos siete esp\u00ed\u00adritus\u00bb. Designan la plenitud (simb\u00f3lico n\u00famero siete) del Esp\u00ed\u00adritu, a saber, el completo poder de comunicaci\u00f3n y de vivificaci\u00f3n de Dios a los hombres. Est\u00e1n frente al trono de Dios (1,4), ,perpetuamente ardiendo como siete l\u00e1mparas de fuego (4,5). Cristo tiene esta exuberancia del Esp\u00ed\u00adritu (3,1), y porque lo posee personalmente lo efunde sobre toda la tierra (5,6). Pero hay que insistir de nuevo en el valor trinitario de esta formulaci\u00f3n. El Ap con un sutil empleo de im\u00e1genes simb\u00f3licas y correspondencia de palabras -modificando sus fuentes inspirativas del AT- quiere deliberadamente subrayar la unidad divina, dentro de la distinci\u00f3n de funciones de la Trinidad Santa. Los siete esp\u00ed\u00adritus est\u00e1n frente al trono de Dios (1,4); se indica que pertenecen al \u00e1mbito de Dios Padre. Y son siete l\u00e1mparas de fuego ardiendo frente a su trono (4,5). S\u00f3lo Cristo tiene los ojos de fuego (1,14; 2,18); pertenecen, pues, tambi\u00e9n a Cristo. El Ap subraya tanto que son de Cristo, que se convierten en sus mismos ojos: \u00abEl Cordero ten\u00ed\u00ada siete cuernos y siete ojos que son los siete esp\u00ed\u00adritus de Dios enviados a toda la tierra\u00bb (5,6). A trav\u00e9s de la menci\u00f3n del trono de Dios, del fuego y de los ojos; mediante la equivalencia de una iconograf\u00ed\u00ada cultual (las siete l\u00e1mparas, el fuego) y antropom\u00f3rfica (los ojos), el Ap describe visionariamante la sinton\u00ed\u00ada de la Trinidad y su actividad salv\u00ed\u00adfica. En pocos escritos del NT aparece con tanto realismo esta comuni\u00f3n trinitaria, perfecta en su unidad y personal en su econom\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>III. Apocalipsis y fin del mundo<br \/>\nEl fin del mundo aparece en el Ap (21-22), como la perfecci\u00f3n de la historia humana que en el Dios trinitario se consuma; es preciso correr el velo de su lenguaje para entender la teolog\u00ed\u00ada que ofrece. Mediante los s\u00ed\u00admbolos de la ciudad, del templo, de la luz y del para\u00ed\u00adso recreado, Dios Trinidad se comunica a la humanidad, de manera total; le concede una ciudad y un templo para vivir juntos, una luz donde contemplarse directamente, sin sombras, y un para\u00ed\u00adso donde vivir en una eternidad dichosa. Los dos \u00faltimos cap\u00ed\u00adtulos de Ap realizan las m\u00e1s profundas aspiraciones de la humanidad por un futuro venturoso: la humanidad, tras el largo devenir del tiempo, desemboca, por fin, en Dios Trinidad. Y con ella tambi\u00e9n el mundo y sus logros son recreados. Ahora se cumple el fin de la historia, la apoteosis de la nueva creaci\u00f3n (cf. Is 65,17). Tal plenitud de lo humano en lo divino se explica de la \u00fanica manera posible, mediante esta geminaci\u00f3n de s\u00ed\u00admbolos:<br \/>\nAparece la ciudad santa, la nueva Jerusal\u00e9n, como el don escatol\u00f3gico de Dios a la humanidad, a fin de habitarla juntos en una comuni\u00f3n personal y perdurable (21,2-26). Esta ciudad, procede del cielo, no es obra humana, viene de parte de Dios (21,2), como una bendici\u00f3n divina (igual preposici\u00f3n apo que en la bendici\u00f3n trinitaria de Ap 1,4). Significa la realizaci\u00f3n perfecta del designio de Dios y la feliz consumaci\u00f3n del mundo, tras los intentos fallidos de la humanidad. Es la anti-Babilonia, la ciudad secular, autosuficiente, hecha para almacenar la injusticia (Ap 18). Es la anti-Babel, la ciudad levantada por el orgullo de los hombres, que deb\u00ed\u00ada tocar el cielo (G\u00e9n 11,4) y el s\u00ed\u00admbolo del no entendimiento humano (5-9). En la nueva Jerusal\u00e9n Dios pone su morada definitiva (Ap 21,3), y morar\u00e1 siempre con los hombres: ellos ser\u00e1n su pueblo y \u00e9l ser\u00e1 su Dios. Se cumple, por fin, la promesa de la alianza, tantas veces promulgada. Dios acaba con todas las penalidades, el dolor y la muerte (21,4; 1 Cor 15,27: \u00abEl \u00faltimo enemigo en ser destruido ser\u00e1 la muerte&#8230;cuando hayan sido sometidas a \u00e9l todas las cosas, entonces tambi\u00e9n el Hijo se someter\u00e1 a Aquel que ha sometido a \u00e9l todas las cosas, para que Dios sea todo en todo\u00bb). Dios recrea el mundo y su plan de salvaci\u00f3n llega a su rotundo desenlace.<\/p>\n<p>El templo de la divinidad. En esta ciudad de Jerusal\u00e9n no existe templo, porque el Se\u00f1or Dios Todopoderoso y el Cordero es su templo (Ap 21,22). Se esperaba un templo renovado (Ez 44-45; 48,15-16.30-35). Ni siquiera en Jerusal\u00e9n, la ciudad del templo, hay templo (i). Dios y Cristo son el templo verdadero. La divinidad ya no aparece s\u00f3lo como objeto de culto, sino como lugar de culto. El templo es la ciudad, donde los hombres habitan. Quiere decirse que ya existe una relaci\u00f3n ininterrumpida entre Dios y la humanidad; que \u00e9sta vive de ahora en adelante en Dios, como en un templo. Incluso las medidas simb\u00f3licas de esta ciudad (21,16) est\u00e1n calcadas en las proporciones del santo de los santos (cf. 1 Re 6,19s). La ciudad aparece como la parte m\u00e1s sagrada del templo, donde la relaci\u00f3n de los hombres con Dios ser\u00e1 para siempre, sin exclusividad de fechasy personas, con una reciprocidad \u00ed\u00adntima y permanente.<\/p>\n<p>Ciudad de la luz de Dios. Una ciudad completamente inundada por la luz divina; es la vida de Dios que se comunica (\u00abLa vida es la luz de los hombres\u00bb Un 1,4]). Ya no hay necesidad del sol ni de la luna que la alumbren, porque la gloria de Dios la ilumina y el Cordero es su l\u00e1mpara (21,23). Esta ciudad resplandece como el lugar de la luz escatol\u00f3gica. La luz, s\u00ed\u00admbolo de la vida, aqu\u00ed\u00ad potenciada al infinito, aparece como la vida divina (de Dios Padre y del Cordero) irradi\u00e1ndose por toda la ciudad. Con su simbolismo apocal\u00ed\u00adptico el mensaje teol\u00f3gico se deja entender. Tanta es la fuerza de la luz divina, que hasta la obra primordial de la creaci\u00f3n, la luz natural del sol y de la luna (Gn 1,3.14) se apaga. La presencia de Dios se hace tan penetrante que llega a todos los rincones y transforma los recintos de la ciudad. Dios se comunica, por contagio, como la luz. Toda la ciudad, habitada por la humanidad, queda constituida en una refracci\u00f3n de luz, se adentra en los oscuros cimientos y los cambia en perlas (21,19-21, traspasa los muros y los hace joyas (21,18), tambi\u00e9n las puertas son perlas (21,21-22), la ciudad brilla en un puro resplandor (21,11), y su plaza es de oro puro (21,18); la ciudad de la nueva Jerusal\u00e9n queda enriquecida por la gloria divina (21,23). Tiene tanta luz que se convierte en faro a donde van todas las naciones (21,24). Noche no habr\u00e1 en ella (21,25). Este simbolismo luminoso, tan insistente que casi deslumbra, que nimba y penetra la ciudad, parte de la gloria de Dios y del Cordero (21,21.23); pretende hacer ver c\u00f3mo la vida de Dios es un don concedido a los hombres, que se comunica totalmente, les hace vivir de la misma vida, y \u00e9stos no pueden ya sino existir transfigurados en su presencia.<\/p>\n<p>El para\u00ed\u00adso recreado. En la ciudad, del trono de Dios y del Cordero brota un r\u00ed\u00ado de agua de vida, brillante como el cristal, y crece el \u00e1rbol de la vida. Se encuentran aqu\u00ed\u00ad los motivos esenciales del G\u00e9nesis (2,10), ampliados por los profetas (Ez 47,1-12). Mas no se trata de volver a los or\u00ed\u00adgenes. El para\u00ed\u00adso prometido es el cumplimiento de toda la historia de la salvaci\u00f3n. La \u00faltima imagen que ofrece el Ap es la de Dios Trinidad. Aparecen juntos, incluso rompiendo la coherencia l\u00f3gica de la visi\u00f3n, ocupando el mismo trono de la divinidad, el Padre y Cristo, siendo el origen del torrente de agua cristalina. Y esta agua de vida que alimenta la humanidad es la fecundidad del Esp\u00ed\u00adritu Santo. \u00abEn la cumbre de Jerusal\u00e9n vemos la Trinidad toda entera: el Padre penetra toda la ciudad con su gloria, el Cordero la ilumina con su doctrina, el Esp\u00ed\u00adritu la riega y hace nacer por todas partes la vida \u00ab\u00c2\u00a2. As\u00ed\u00ad la imagen de la Trinidad queda perfectamente resaltada. La humanidad s\u00f3lo puede existir ya en Dios Trinidad. Empieza el libro con una bendici\u00f3n trinitaria (1,4-5) y acaba, como una inclusi\u00f3n sem\u00ed\u00adtica, con otra imagen asimismo trinitaria, calificando el Apocalipsis como el libro de la Santa Trinidad. Al final de la historia la Trinidad constituye la \u00fanica fuente de vida para la humanidad. Se cumple para \u00e9sta la aspiraci\u00f3n del salmo 36,9-10: \u00abLos humanos se acogen a la sombra de tus alai, se nutren de lo sabroso de tu casa, les das a beber del torrente de tus delicias; porque en ti est\u00e1 la fuente viva y tu luz nos hace ver la luz\u00bb. Se realiza el anhelo profundo del hombre: \u00abHacia la luz mis ansias se consumen\u00bb, ha escrito un poeta, F. Garc\u00ed\u00ada Lorca. El Ap ha recreado esta aspiraci\u00f3n con los s\u00ed\u00admbolos de una ciudad de luz, un templo de gloria y un para\u00ed\u00adso, donde brota impetuoso un torrente de agua de vida luminosa y crece el \u00e1rbol de la vida inmortal. El Ap a\u00f1ade que estas condiciones de plenitud de vida son inmejorables; no existir\u00e1 aquella maldici\u00f3n genes\u00ed\u00adaca, pues el Diablo y la muerte ya han desaparecido (G\u00e9n 3,16-22; Ap 22,3); los hombres ver\u00e1n el rostro de Dios (22,4), es decir, Dios, como el futuro de la humanidad, lo que siempre su coraz\u00f3n ha ansiado (Ex 33,20; Sal 17,15; 42,3; 1 Cor 13,12; 1 Jn 3,2: \u00abA\u00fan no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a \u00e9l, porque le veremos tal cual es\u00bb.<\/p>\n<p>[ -> Amor; Cielo; Comuni\u00f3n; Creaci\u00f3n; Doxolog\u00ed\u00ada; Escatolog\u00ed\u00ada; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Hijo del Hombre; Historia; Iglesia; Jesucristo; Padre; Pascua; Sacerdocio; Salvaci\u00f3n; Se\u00f1or; Transcendencia; Trinidad.]<br \/>\nFrancisco Contreras Molina<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n<p>La literatura apocal\u00ed\u00adptica es un conjunto de escritos de revelaci\u00f3n (en griego: apok\u00e1lypsis) sobre realidades trascendentes o, por lo menos, fuera del alcance del hombre. Lo que se refiere a Dios, el origen del cosmos, de la historia, del hombre, es sometido en la apocal\u00ed\u00adptica a una interpretaci\u00f3n global.<\/p>\n<p>La apocal\u00ed\u00adptica nace quiz\u00e1s como una herencia cronol\u00f3gica del profetismo b\u00ed\u00adblico para ofrecer una visi\u00f3n escatol\u00f3gica de la historia terrena. As\u00ed\u00ad hay que leer algunos textos prof\u00e9ticos (ya apocal\u00ed\u00adpticos) del Antiguo Testamento: Ez 38-39; 40-48; 1s 24-27. 34-35; Zac 1-14; y el libro de Daniel. Aqu\u00ed\u00ad el profeta\/s~bio, en posesi\u00f3n de una ciencia alternativa, trascendente, interpreta las visiones diurnas u on\u00ed\u00adricas Y los enigmas del pasado, del presente y del futuro. Estos caracteres han inducido a algunos a pensar en una derivaci\u00f3n de la apocal\u00ed\u00adptica a partir de la literatura sapiencial, aunque conservando fuertes connotaciones prof\u00e9ticas. Pero son m\u00e1s numerosos los textos de la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada extrab\u00ed\u00adblica. A pesar de los influjos indudables de las literaturas mesopot\u00e1micas y de la di\u00e1spora jud\u00ed\u00ada en la aparici\u00f3n de la apocal\u00ed\u00adptica, \u00e9sta se hizo aut\u00f3noma de todo intento de sincretismo, desarroll\u00e1ndose bastante m\u00e1s tarde de los tiempos del destierro, en la \u00e9poca macabea (1 70-64 a.C.), durante el intento pol\u00ed\u00adtico de hacer que degenerara la religiosidad jud\u00ed\u00ada (bajo el reinado tir\u00e1nico del pagano Ant\u00ed\u00adoco 1V Ep\u00ed\u00adfanes). La apocal\u00ed\u00adptica es una reacci\u00f3n pol\u00e9mica que interpreta la situaci\u00f3n hist\u00f3rica privada de la existencia prof\u00e9tica, utilizando ciertos m\u00f3dulos consolidados del Antiguo Testamento y evocando el sue\u00f1o mesi\u00e1nico de un nuevo reino de 1srael. El vidente se convierte en sujeto de una intepretaci\u00f3n de la historia en sentido alternativo y teol\u00f3gico, compar\u00e1ndola con el modelo divino. Todo queda reelaborado en sentido metahist\u00f3rico y de oposici\u00f3n radical a la literatura pagana de revelaci\u00f3n (P. Grelot). Los escritos m\u00e1s importantes de la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada son: el libro de Henoc, los Jubileos, los Escritos Sibilinos, los Testamentos de los doce patriarcas, los Salmos de Salom\u00f3n, l\u00e9t Asunci\u00f3n de Mois\u00e9s, varios escritos de Oumr\u00e1n, la Ascensi\u00f3n de Isa\u00ed\u00adas, el 1V libro de Esdras, el Apocalipsis de Baruc y otros muchos. Es caracter\u00ed\u00adstico de la apocal\u00ed\u00adptica un notable pesimismo, tanto hist\u00f3rico como antropol\u00f3gico. Leyendo la historia presente, la apocal\u00ed\u00adptica capta en ella la voluntad de Dios y &#8211; esto le permite dar un salto evolutivo: proyectar esa misma historia negativa en una perspectiva escatol\u00f3gica. Es caracter\u00ed\u00adstico de la apocal\u00ed\u00adptica el uso de g\u00e9neros literarios asombrosos, que los lectores antiguos eran capaces de descifrar mejor que los modernos: un rico simbolismo (que recurre a la mitolog\u00ed\u00ada de toda la cultura sem\u00ed\u00adtica), visiones, sue\u00f1os, met\u00e1foras fant\u00e1sticas, enigmas y cifras simb\u00f3licas que comprenden objetos, animales, plantas, realidades astrales, etc., f\u00f3rmulas cabal\u00ed\u00adsticas, un fuerte dualismo entre el cielo y la tierra, la lucha escatol\u00f3gica entre el mundo divino y las fuerzas del mal, \u00e1ngeles y demonios (en connivencia con los hombres pecadores y paganos), etc. Esta lucha, en la que se van alternando victorias y derrotas parciales, culminar\u00e1 en una intervenci\u00f3n masiva de Dios con el triunfo final de las fuerzas fieles y la perdici\u00f3n de los enemigos; un juicio escatol\u00f3gico sancionar\u00e1 la condenaci\u00f3n de los imp\u00ed\u00ados al fuego eterno, la resurrecci\u00f3n de los justos Y la renovaci\u00f3n del cosmos. El Mes\u00ed\u00adas \u00e9s el sujeto celestial que vendr\u00e1 a realizar esta obra pol\u00e9mica, una verdadera batalla c\u00f3smica, e inaugurar un se\u00f1or\u00ed\u00ado divino perenne sobre el universo. Semejante perspectiva est\u00e1 tambi\u00e9n parcialmente presente en el Nuevo Testamento. Es com\u00fan a casi toda la apocal\u00ed\u00adptica el uso, llamado pseudonimia, de atribuir la paternidad del escrito a un autor ilustre del pasado (Henoc, Mois\u00e9s, El\u00ed\u00adas, Isa\u00ed\u00adas, Banlc, Esdras, etc.), reconocido un\u00e1nirnemente como una autoridad prof\u00e9tica o sapiencial. Lo mismo ocurrir\u00e1 para el Nuevo Testamento, cuyos ap\u00f3crifos ser\u00e1n atribuidos a diversos ap\u00f3stoles. Hoy la ciencia b\u00ed\u00adblica no deja va en el olvido, como en otros tiempos, el estudio de la apocal\u00ed\u00adptica, sino que la considera una ayuda importante para el conocimiento del Nuevo Testamento.<br \/>\nT Stacati<\/p>\n<p>Bibl.: M. Delcor. Mito y tradici\u00f3n en la literatura apocal\u00ed\u00adptica, cristiandad, Madrid 1977; A, Paul, intertestamento, Verbo Divino, Estella 81994; F Contreras, Apocal\u00ed\u00adptica y milenarismo, en Rese\u00f1a B\u00ed\u00adblica 7, Verbo Divino, Estella 1995.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO<br \/>\nI. Los escritos apocal\u00ed\u00adpticos.<\/p>\n<p>II. G\u00e9nesis de la apocal\u00ed\u00adptica.<br \/>\nIII. La forma literaria.<br \/>\nIV. La teolog\u00ed\u00ada:<br \/>\n1. La dial\u00e9ctica de la historia;<br \/>\n2. \u00ed\u0081ngeles y demonios<br \/>\n3. Escatolog\u00ed\u00ada;<br \/>\n4. El mes\u00ed\u00adas y el hijo del hombre;<br \/>\n5. Lo espec\u00ed\u00adfico cristiano.<\/p>\n<p>I. LOS ESCRITOS APOCAL\u00ed\u008dPTICOS.<br \/>\nEl primer paso que se impone para una comprensi\u00f3n de la apocal\u00ed\u00adptica es una verificaci\u00f3n de los escritos que la expresan. Aun cuando la atribuci\u00f3n de la mayor parte de los textos al g\u00e9nero literario apocal\u00ed\u00adptico no presenta ninguna dificultad, sobre algunos de ellos los autores no est\u00e1n de acuerdo.<\/p>\n<p>En realidad, no todos los escritos apocal\u00ed\u00adpticos lo son en el mismo grado. Pero algunas caracter\u00ed\u00adsticas literarias t\u00ed\u00adpicas permiten trazar un cuadro bastante completo. El primer apocal\u00ed\u00adptico en orden cronol\u00f3gico que se se\u00f1ala como tal es el libro de Ezequiel, que, especialmente en los cap\u00ed\u00adtulos 38-39, parece expresar, junto con la conciencia aguda de la misi\u00f3n prof\u00e9tica y la exuberancia de la forma literaria, un primer s\u00ed\u00adntoma del paso de la profec\u00ed\u00ada a la apocal\u00ed\u00adptica. Tambi\u00e9n el libro de Isa\u00ed\u00adas contiene algunas partes reconocidas como apocal\u00ed\u00adpticas: el gran apocalipsis de Isa\u00ed\u00adas, que comprende los cap\u00ed\u00adtulos 24-27, y que puede fecharse en el siglo v o m\u00e1s tarde, as\u00ed\u00ad como el peque\u00f1o apocalipsis de Isa\u00ed\u00adas, que comprende los cap\u00ed\u00adtulos 34-35, de fecha m\u00e1s reciente. Encontramos luego, siguiendo siempre un probable orden cronol\u00f3gico, al Segundo Zacar\u00ed\u00adas (Zac 9-14), que hay que situar despu\u00e9s del destierro, y el libro de Daniel, que m\u00e1s que cualquier otro escrito del AT presenta las caracter\u00ed\u00adsticas literarias de la apocal\u00ed\u00adptica. Se compuso probablemente entre el 167 y el 163 a.C.<\/p>\n<p>En torno a Daniel encontramos todo un florecimiento de literatura apocal\u00ed\u00adptica: el representante m\u00e1s completo es el Libro de Henoc. Escrito en arameo, s\u00f3lo nos ha llegado entero en la versi\u00f3n eti\u00f3pica (por eso se le llama tambi\u00e9n el Libro eti\u00f3pico de Henoc), que a su vez es traducci\u00f3n de una versi\u00f3n griega. El material es muy amplio: los 104 cap\u00ed\u00adtulos se dividen en secciones: libro de los Vigilantes (cc. 1-36), libro de las Par\u00e1bolas (cc. 37-71), libro de la Astronom\u00ed\u00ada (cc. 72-82), libro de los Sue\u00f1os (cc. 83-90), ep\u00ed\u00adstola de Henoc (cc. 91-104). La fecha var\u00ed\u00ada seg\u00fan las diversas partes; a excepci\u00f3n de algunos a\u00f1adidos m\u00e1s tard\u00ed\u00ados, se piensa que el libro se form\u00f3 entre el 170 y el 64 a. C. El Libro de los Jubileos (llamado tambi\u00e9n Apocalipsis de Mois\u00e9s o Peque\u00f1o G\u00e9nesis) se interesa especialmente por la historia: presenta su desarrollo en per\u00ed\u00adodos \u00abjubilares\u00bb de cuarenta y nueve a\u00f1os; cada per\u00ed\u00adodo se divide a su vez en siete semanas de a\u00f1os. Escrito en arameo, fue traducido al griego y del griego. al eti\u00f3pico; es \u00e9sta la traducci\u00f3n que tenemos. La fecha es discutida, pero ordinariamente se piensa que fue escrito en el siglo n a.C.<\/p>\n<p>De menor importancia, pero tambi\u00e9n significativo, es el libro III de los Or\u00e1culos sibilinos. Pertenece a una serie de libros llamados precisamente Or\u00e1culos sibilinos (15 en total, pero de los que se han perdido el IX, el X y el XV), que, copiando el estilo herm\u00e9tico de las sibilas, se esforzaban en presentar el mensaje jud\u00ed\u00ado o cristiano en los ambientes paganos. De naturaleza muy bien cuidada, el libro III fue escrito en parte a mediados del siglo n y en parte en el siglo i a. C.; algunos cap\u00ed\u00adtulos pueden fecharse en el siglo i d. C. Se refiere eminentemente a la ley de Mois\u00e9s (la Sibila que habla es la nuera de Mois\u00e9s), que, una vez puesta en pr\u00e1ctica, acabar\u00e1 trayendo la paz escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>El Testamento de los doce patriarcas, escrito en hebreo, nos ha llegado entero s\u00f3lo en la traducci\u00f3n griega. El libro se presenta como expresi\u00f3n de las \u00faltimas voluntades de los 12 hijos de Jacob y tiene un car\u00e1cter predominantemente paren\u00e9tico. La parte m\u00e1s propiamente apocal\u00ed\u00adptica est\u00e1 contenida en el \u00abTestamento de Lev\u00ed\u00ad\u00bb.<\/p>\n<p>Los Salmos de Salom\u00f3n constituyen una colecci\u00f3n de 18 salmos, escritos en hebreo, pero que se han conservado en griego y en una traducci\u00f3n sir\u00ed\u00adaca dependiente del griego, completada hacia la segunda mitad del siglo i a.C. Los salmos de car\u00e1cter apocal\u00ed\u00adptico son sobre todo el 17 y el 18.<\/p>\n<p>La Asunci\u00f3n de Mois\u00e9s, escrita probablemente en arameo, nos ha llegado en una versi\u00f3n latina. M\u00e1s que de una asunci\u00f3n propia y verdadera (descrita en una parte que se ha perdido), se trata de una predicci\u00f3n interpretativa de la historia desde la entrada en Cana\u00e1n hasta los d\u00ed\u00adas del autor (6 a.C.-30 d.C.); la perspectiva final se abre a la conclusi\u00f3n escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en la literatura de Qumr\u00e1n encontramos varios escritos reconocidos como apocal\u00ed\u00adpticos, por ejemplo, el libro de las Doctrinas misteriosas (1Q Myst), la descripci\u00f3n de la Nueva Jerusal\u00e9n (5Q JN), la Oraci\u00f3n de Nab\u00f3nides (4Q Pr N), el Pseudo-Daniel (4Q Ps Dan) y el Rollo de Melquisedec (11Q Melch).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en el \u00e1mbito del NT encontramos algunos escritos apocal\u00ed\u00adpticos. Antes del Apocalipsis de Juan se encuentran ya elementos claramente apocal\u00ed\u00adpticos, pero que no pueden separarse del cuadro de conjunto en que est\u00e1n insertos. El m\u00e1s conocido es el Apocalipsis sin\u00f3ptico, el discurso escatol\u00f3gico de Jes\u00fas (Mar 13:131; Mat 24:1-44; Luc 21:5-36): la narraci\u00f3n de Marcos es reelaborada por Mateo y Lucas, pero siempre dentro de un estilo t\u00ed\u00adpicamente apocal\u00ed\u00adptico, que se aparta claramente del que es usual en los evangelios. Tambi\u00e9n algunos trozos de Pablo presentan las caract\u00e9r\u00ed\u00adsticas del estilo literario apocal\u00ed\u00adptico, como 1Ts 4:16-17; 2Ts 2:1-12; 1Co 15:20-28. Esta misma observaci\u00f3n vale para 2Pe 3:1-13 y, aunque en proporci\u00f3n menor, para la carta de Judas.<\/p>\n<p>La apocal\u00ed\u00adptica, presente sin duda en el NT, no se detiene en \u00e9l, sino que contin\u00faa desarroll\u00e1ndose posteriormente durante algunos siglos en dos filones distintos, aunque con influencias mutuas: el jud\u00ed\u00ado y el cristiano.<\/p>\n<p>En el fil\u00f3n jud\u00ed\u00ado encontramos la Ascensi\u00f3n de Isa\u00ed\u00adas (su primera parte se llama tambi\u00e9n Martirio de Isa\u00ed\u00adas). El libro nos ha llegado en eti\u00f3pico y, parcialmente, en lat\u00ed\u00adn. Con algunos elementos de clara tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada (como el martirio de Isa\u00ed\u00adas partido en dos) se mezclan otros de origen cristiano, hasta tal punto que es imposible establecer una distinci\u00f3n clara.<\/p>\n<p>Todav\u00ed\u00ada en la l\u00ed\u00adnea jud\u00ed\u00ada encontramos la Vida de Ad\u00e1n y Eva, escrita en arameo, reconstruida seg\u00fan las varias versiones, especialmente latinas y griegas (estas \u00faltimas llevan impropiamente el t\u00ed\u00adtulo de Apocalipsis de Mois\u00e9s). Escrito probablemente en la primera mitad del siglo r d.C. (antes del a\u00f1o 70), el libro es un comentario midr\u00e1sico a los datos b\u00ed\u00adblicos relativos a Ad\u00e1n y Eva. Mayor importancia tiene el Apocalipsis de Abrah\u00e1n: poseemos el texto eslavo, traducido del griego. El grifo parece haber sido escrito a finales del siglo t d.C. La parte propiamente apocal\u00ed\u00adptica (cc. 9-32) nos presenta una visi\u00f3n de Abrah\u00e1n que, en contacto directo con Dios, ve el devenir de la historia en su sentido religioso: el hombrees responsable de ello y ser\u00e1 castigado o premiado en el jucio que se avecina: las fuerzas paganas ser\u00e1n destruidas por el fuego, y Dios, al sonido de la trompeta, reunir\u00e1 a sus elegidos. El Testamento de Abrah\u00e1n constituye igualmente un apocalipsis jud\u00ed\u00ado cuyo texto griego actual es la traducci\u00f3n de un original semita escrito en el siglo t d.C.Presenta una acentuaci\u00f3n marcadamente escatol\u00f3gica e individual; se aparecen en visi\u00f3n a Abrah\u00e1nlos tres tipos de juicio que se llevar\u00e1n a cabo y en los que se decidir\u00e1 el destino de cada alma.<\/p>\n<p>El libro de los secretos de Henoc (llamado tambi\u00e9n II Henoc o Menoc eslavo) fue escrito en griego en los siglos i y it d.C.;pero s\u00f3lo nos queda una versi\u00f3n eslava. Las interpolaciones cristianas, particularmente numerosas y evidentes, le dan al libro un aspecto arreglado y sincretista, haciendo dudar incluso de su origen jud\u00ed\u00ado. Henoc describe los siete cielos que va atravesando; despu\u00e9s su atenci\u00f3n se centra en la tierra: se le revela la historia hasta el diluvio, y luego una panor\u00e1mica de la era presente, que despu\u00e9s de siete per\u00ed\u00adodos de mil a\u00f1os llegar\u00e1 a su conclusi\u00f3n final.<\/p>\n<p>El libro IV de los Or\u00e1culos sibilinos, por su alusi\u00f3n a la erupci\u00f3n del Vesubio del 79 d.C., parece ser que se escribi\u00f3 a finales del siglo i. Presenta las caracter\u00ed\u00adsticas propias del grupo de libros sibilinos anteriormente recordados.<\/p>\n<p>Tiene un relieve especial el IV libro de Esdras (llamado tambi\u00e9n Apocalipsis de Esdras). La versi\u00f3n latina (Vulgata) a\u00f1adi\u00f3 a lo que era presumiblemente el original arameo algunos cap\u00ed\u00adtulos (1-2; 15-16) que no se encuentran en las otras traducciones que conocemos (sir\u00ed\u00adaca, eti\u00f3pica, \u00e1rabe, aramea) y que representan otras tantas interpolaciones cristianas. Parece haber sido escrito a finales del siglo t d.C. El libro, sustancialmente unitario a pesar de su car\u00e1cter un tanto farragoso, se divide en siete visiones sucesivas que, con diversas im\u00e1genes, expresan una renovaci\u00f3n radical de la situaci\u00f3n presente de pecaminosidad: intervendr\u00e1 Dios y, despu\u00e9s de un reinado mesi\u00e1nico de cuatrocientos a\u00f1os, juzgar\u00e1 a los individuos, destruir\u00e1 con el fuego a sus enemigos y sustituir\u00e1 la Jerusal\u00e9n actual por una Jerusal\u00e9n nueva y definitiva.<\/p>\n<p>El II Libro de Baruc, llamado tambi\u00e9n Apocalipsis de Baruc, fue compuesto a finales del siglo I o comienzos del II d.C. Se escribi\u00f3 en arameo, pero s\u00f3lo tenemos su versi\u00f3n griega. Baruc se preocupa de la historia presente y futura: los justos ser\u00e1n oprimidos, pero resucitar\u00e1n y tendr\u00e1n cuerpos celestiales; las fuerzas hostiles, como las del imperio romano, ser\u00e1n derrotadas. A1 final vendr\u00e1 el mes\u00ed\u00adas y establecer\u00e1 su reino.<\/p>\n<p>El III Libro de Baruc, llamado tambi\u00e9n Apocalipsis griego de Baruc, fue escrito en griego, en el siglo n d.C.; queda de \u00e9l un resumen en griego y una traducci\u00f3n sint\u00e9tica en eslavo. El libro tiene la forma literaria de un viaje a trav\u00e9s de cinco de los siete cielos; el autor constata, entre otras cosas, la mediaci\u00f3n de los \u00e1ngeles y la funci\u00f3n decisiva de las oraciones.<\/p>\n<p>Con el libro IV de los Or\u00e1culos sibilinos cesa pr\u00e1cticamente la gran apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada, al menos de las obras que han llegado hasta nosotros.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en un fil\u00f3n espec\u00ed\u00adficamente cristiano se desarrolla la apocal\u00ed\u00adptica, a partir del Apocalipsis de Juan. Contempor\u00e1neo o algo posterior al Apocalipsis de Juan es el cap\u00ed\u00adtulo 16 de la Didaj\u00e9 (100-150), que recoge las ideas y las im\u00e1genes del apocalipsis sin\u00f3ptico y de 2Tes 2.<\/p>\n<p>La Asunci\u00f3n de Isa\u00ed\u00adas, unida a la Ascensi\u00f3n de Isa\u00ed\u00adas jud\u00ed\u00ada, se escribi\u00f3 en griego entre los a\u00f1os 100 a 150 d.C. El libro se divide en dos partes: el martirio de Isa\u00ed\u00adas y su asunci\u00f3n al cielo, en donde se revelan las luchas que la Iglesia y los individuos tendr\u00e1n que sostener antes de la conclusi\u00f3n positiva final<br \/>\nDel Apocalipsis de Pedro, escrito en griego por el 135, nos quedan un largo fragmento (llamado \u00abfragmento de Akmin\u00bb, publicado en el 1887) y una traducci\u00f3n eti\u00f3pica (publicada en el 1910). En el gran marco de la conclusi\u00f3n positiva de la lucha entre el bien y el mal, presentada con mentalidad sincretista, se dedica una atenci\u00f3n especial al premio escatol\u00f3gico de los buenos y al castigo de los malvados.<\/p>\n<p>El Pastor fue escrito por Hermas por el 150. Su plena pertenencia a la literatura apocal\u00ed\u00adptica es discutida por los autores. Su punto de contacto con la apocal\u00ed\u00adptica es la forma literaria de visiones.<\/p>\n<p>El IV Libro de Esdras (cf supra) recoge, en las antiguas Biblias en lat\u00ed\u00adn, dos cap\u00ed\u00adtulos iniciales (1-2) y dos finales (15-16) que faltan en las versiones orientales y que constituyen una obra apocal\u00ed\u00adptica cristiana. Los dos primeros cap\u00ed\u00adtulos se suelen llamar V Esdras y los dos \u00faltimos VI Esdras. El texto original estaba en griego.<\/p>\n<p>El V Esdras se compone de dos partes: 1,4-2,9: mensaje de maldici\u00f3n contra Israel por su infidelidad; 2,1048: mensaje de exhortaci\u00f3n y promesas (la nueva Jerusal\u00e9n) al pueblo cristiano. Se escribi\u00f3 por el a\u00f1o 200.<\/p>\n<p>El VI Esdras contiene varios \u00ab\u00c2\u00a1ay!\u00bb contra las potencias enemigas de Dios, expresadas en s\u00ed\u00admbolos (Babilonia, Asia, Egipto). A los cristianos, perseguidos y oprimidos, se les hace vislumbrar la victoria final. La fecha de composici\u00f3n oscila entre el 250 y el 300.<\/p>\n<p>En la colecci\u00f3n de los Or\u00e1culos sibilinos (cf supra) figuran tambi\u00e9n partes cristianas, que se encuentran insertas en los or\u00e1culos sibilinos jud\u00ed\u00ados o bien tienen un desarrollo aut\u00f3nomo. La fecha m\u00e1s probable de las partes cristianas es la mitad del siglo 11. Las partes que se pueden identificar con mayor probabilidad como cristianas son las siguientes: libro 1, vers\u00ed\u00adculos 323-400; libro II, vers\u00ed\u00adculos 34-56 y 150-347; libro VI, vers\u00ed\u00adculos 1-25; libro VII, entero; libro VIII entero (excepto alg\u00fan que otro-verso).<\/p>\n<p>El Apocalipsis de-Pablo se compuso en griego en la primera mitad del siglo III. De naturaleza ecl\u00e9ctica, la obra presenta dos visiones de Pablo, que ha subido hasta el tercer cielo. Pablo ve toda una serie de cuadros, que le va explicando un \u00e1ngel: los justos son premiados, los malvados son castigados seg\u00fan diversas categor\u00ed\u00adas, con interrupciones moment\u00e1neas (los domingos) de sus penas.<\/p>\n<p>El juicio de san Agust\u00ed\u00adn (\u00bb &#8230; personas fr\u00ed\u00advolas, con una presunci\u00f3n loca han inventado el Apocalipsis de Pablo&#8230;, lleno de no s\u00e9 cu\u00e1ntas f\u00e1bulas\u00bb, recogido por M. Erbetta es quiz\u00e1 demasiado severo. Pero estamos ya en el ocaso de la verdadera apocal\u00ed\u00adptica -que apreciaba san Agust\u00ed\u00adn- y se va cayendo en una pura y simple descripci\u00f3n imaginativa del m\u00e1s all\u00e1, del juicio, de las penas, de los premios. El estilo se va haciendo cada vez m\u00e1s artificioso.<\/p>\n<p>Volvemos a encontrar estas caracter\u00ed\u00adsticas decadentes en la serie de \u00abApocalipsis\u00bb tard\u00ed\u00ados, que a veces se conservan tan s\u00f3lo en fragmentos, como el Apocalipsis de Tom\u00e1s (\u00bfantes del siglo v?), el Apocalipsis de Sofon\u00ed\u00adas (el texto copto fue escrito por el 400), el Apocalipsis de El\u00ed\u00adas (\u00bffinales del siglo iv?), el Apocalipsis de Zacar\u00ed\u00adas, tres Apocalipsis de Juan (ss. v, vi-vii, xi), dos Apocalipsis de Mar\u00ed\u00ada (ss. vii, ix), el Apocalipsis de Esteban (s. v, del que s\u00f3lo hay noticias indirectas).<\/p>\n<p>II. GENESIS DE LA APOCAL\u00ed\u008dPTICA.<br \/>\nEn el origen de la apocal\u00ed\u00adptica se impone un hecho: sucede cronol\u00f3gicamente a la gran profec\u00ed\u00ada, aun cuando la presencia mutua de elementos caracter\u00ed\u00adsticos de una corriente en la otra impide pensar en una separaci\u00f3n hist\u00f3rica violenta.<\/p>\n<p>Partiendo de este dato de hecho, algunos autores consideran que la apocal\u00ed\u00adptica es, bajo otras formas, una continuaci\u00f3n de la profec\u00ed\u00ada: representar\u00ed\u00ada la ant\u00ed\u00adtesis de tipo prof\u00e9tico a la tendencia legalista, que encuentra en el movimiento farisaico su expresi\u00f3n m\u00e1s patente (Charles, Rowley, Frost, Russel, Eissfeldt).<\/p>\n<p>Pero esta soluci\u00f3n no convence del todo. La gran apocaliptica, especialmente en el libro de Daniel, presenta rasgos indudablemente sapienciales. El primero y m\u00e1s destacado es la existencia de una interpretaci\u00f3n, de un desciframiento de enigmas, expresados en sue\u00f1os, visiones o im\u00e1genes de otro tipo. Y a Daniel se le designa expresamente como un sabio (cf Dan 2:48). \u00bfPor qu\u00e9, entonces, no ver la apocal\u00ed\u00adptica como un desarrollo de la literatura sapiencia\u00c2\u00a1? (G. von Rad). Sobre todo si se tiene en cuenta que el estilo prof\u00e9tico en su sentido m\u00e1s pleno parece haber sido empleado, a partir del siglo v, s\u00f3lo por Juan Bautista y por Jes\u00fas (J. Wellhausen, G. Duhm), mientras que la apocal\u00ed\u00adptica se ocupa del plan general de Dios sobre la historia (O. Pl\u00f3ger, D. R\u00f6ssler).<\/p>\n<p>\u00bfOrigen prof\u00e9tico u origen sapiencial? Una mirada a la situaci\u00f3n hist\u00f3rica jud\u00ed\u00ada sugiere una tercera soluci\u00f3n. Las causas que llevan a un agotamiento de la gran profec\u00ed\u00ada son m\u00faltiples. Una de las m\u00e1s evidentes hay que buscarla en el hecho de que, tras la vuelta del destierro, hab\u00ed\u00ada desaparecido el elemento pol\u00ed\u00adtico oficial. Cesaba as\u00ed\u00ad aquella ant\u00ed\u00adtesis dial\u00e9ctica entre el rey y el profeta que encontramos en tantas grandes figuras prof\u00e9ticas, desde El\u00ed\u00adas hasta Jerem\u00ed\u00adas. Esta ant\u00ed\u00adtesis acaba con la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n y con Ezequiel, que es un profeta t\u00ed\u00adpico del drama religioso de la destrucci\u00f3n y, a la vez, es tambi\u00e9n el primer apocal\u00ed\u00adptico. Una vez reconstruido el templo y reorganizado el culto, nace una religiosidad nueva, que se desarrolla casi durante dos siglos.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n socialmente as\u00e9ptica y tranquila supone, por una parte, la posibilidad de una profundizaci\u00f3n y de un desarrollo sin perturbaciones; por otra, eliminando los diversos tipos de ant\u00ed\u00adtesis (religi\u00f3n-pol\u00ed\u00adtica, religiosidad-culto, disparidades sociales-religi\u00f3n, etc.), le quita a la profec\u00ed\u00ada tradicional su espacio de supervivencia.<\/p>\n<p>En el pueblo jud\u00ed\u00ado no existe ya libertad pol\u00ed\u00adtica. Se da, sin embargo, una notable libertad para la vida religiosa, que se desarrolla y se profundiza unidireccionalmente, casi por su propia cuenta, sin la confrontaci\u00f3n obligada con la situaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica y social. Una nueva prueba de esta profundizaci\u00f3n silenciosa que se ha llevado a cabo se tiene cuando los dominadores pol\u00ed\u00adticos intentan entrar en el terreno religioso (Ant\u00ed\u00adoco IV Ep\u00ed\u00adfanes); entonces la reacci\u00f3n es tan fuerte que se convierte en sublevaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>En este punto nace la verdadera y aut\u00e9ntica apocal\u00ed\u00adptica. Es fruto, por una parte, de la profundizaci\u00f3n religiosa que fue madurando en el AT; y por otra, de la urgencia imprevista de interpretar religiosamente unos hechos nuevos y desconcertantes, como las persecuciones de Ant\u00ed\u00adoco IV Ep\u00ed\u00adfanes. La apocal\u00ed\u00adptica intenta aplicar a la historia concreta la visi\u00f3n religiosa del AT. Para hacer posible el paso de las categor\u00ed\u00adas religiosas abstractas a una interpretaci\u00f3n v\u00e1lida de los hechos, interviene una forma nueva de discernimiento sapiencial. El sabio es aquel que, por un lado, sabe comprender el plan de Dios sobre la historia en sus dimensiones fundamentales y lo sabe explicar; por otro lado, sabe identificar y se\u00f1alar las implicaciones concretas que ata\u00f1en al comportamiento de los personajes contempor\u00e1neos. Los hechos hist\u00f3ricos desconcertantes provocan una exigencia de lectura prof\u00e9tica, que se realiza de una forma en la que ocupa un papel predominante el int\u00e9rprete sabio. Vuelven a nacer la sabidur\u00ed\u00ada y la profec\u00ed\u00ada, pero constituyen ahora una nueva s\u00ed\u00adntesis original: \u00abLa apocal\u00ed\u00adptica es una hija leg\u00ed\u00adtima de la profec\u00ed\u00ada, aunque tard\u00ed\u00ada y particular, la cual, aunque no sin haber sido instruida en sus a\u00f1os juveniles, se fue abriendo a la sabidur\u00ed\u00ada con el correr de los a\u00f1os\u00bb (P. von der Osten-Sacken, Die Apokalyptik in ihrem Verh\u00fcltnis zu Prophetie und Weisheit, M\u00fcnchen 1969, 63). Un desarrollo an\u00e1logo se encuentra en la apocal\u00ed\u00adptica cristiana. Las expresiones m\u00e1s antiguas que tenemos -Pablo, apocalipsis sin\u00f3ptico- muestran una clara dependencia de la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada en su contenido teol\u00f3gico y en su forma literaria. Pero en el I Apocalipsis de Juan la apocal\u00ed\u00adptica cristiana encuentra su propia expresi\u00f3n original y aut\u00f3noma, que la distingue tambi\u00e9n de la jud\u00ed\u00ada. El vac\u00ed\u00ado en el tiempo que hab\u00ed\u00ada habido en el \u00e1rea jud\u00ed\u00ada entre la profec\u00ed\u00ada y la apocal\u00ed\u00adptica aqu\u00ed\u00ad simplemente no existe. El Apocalipsis de Juan se presenta expresamente como \u00abprofec\u00ed\u00ada\u00bb (Apo 1:3); la funci\u00f3n del sabio la ejerce aqu\u00ed\u00ad la comunidad que escucha (cf Apo 1:3), la cual tiene que utilizar \u00abla mente que tiene sabidur\u00ed\u00ada\u00bb (cf Apo 13:18) tanto en la interpretaci\u00f3n del mensaje del Esp\u00ed\u00adritu como en el desciframiento y en la aplicaci\u00f3n del s\u00ed\u00admbolo a la realidad hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>Nacido en tiempo de \u00abtribulaci\u00f3n\u00bb (Apo 1:9), como e\u00ed\u00ad libro de Daniel, el Apocalipsis de Juan, lo mismo y m\u00e1s a\u00fan que el de Daniel, presenta ciertas categor\u00ed\u00adas teol\u00f3gicas que habr\u00e1 que aplicar en todos los tiempos. La Iglesia podr\u00e1 siempre, descifrando el mensaje y aplic\u00e1ndolo a su simultaneidad hist\u00f3rica, interpretas su propia hora, con la misma validez y eficacia incisiva de la gran profec\u00ed\u00ada del AT.<\/p>\n<p>Efectivamente, el Apocalipsis de Juan, m\u00e1s que de la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada precedente, depende en gran parte del AT; la experiencia profunda, quiz\u00e1 lit\u00fargica, del mensaje del NT le lleva a una reelaboraci\u00f3n original del AT, al que nunca se cita expresamente. Se tiene as\u00ed\u00ad una s\u00ed\u00adntesis nueva del contenido religioso tanto del AT como del NT, que habr\u00e1 de aplicarse en la interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>Los apocalipsis cristianos sucesivos ofrecer\u00e1n muchos elementos \u00fatiles de clarificaci\u00f3n, pero raras veces a\u00f1adir\u00e1n otros nuevos. El nivel, aunque notablemente rebajado en comparaci\u00f3n con el del Apocalipsis de Juan, se mantendr\u00e1 durante alg\u00fan tiempo, para degenerar luego, con el correr del tiempo, en simples fantas\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>III. LA FORMA LITERARIA.<br \/>\nNacida a impulsos del af\u00e1n de contactar con la revelaci\u00f3n divina anterior, que fue madurando y que se profundiz\u00f3 en el trato con el campo fluido de la historia, la apocal\u00ed\u00adptica ten\u00ed\u00ada que recurrir al s\u00ed\u00admbolo. Una exposici\u00f3n sin s\u00ed\u00admbolos se habr\u00ed\u00ada resuelto f\u00e1cilmente o en una repetici\u00f3n del mensaje teol\u00f3gico anteriormente madurado, pero sin ninguna vinculaci\u00f3n con. las realidades hist\u00f3ricas concretas, o bien en una exposici\u00f3n de los hechos con una interpretaci\u00f3n religiosa inevitablemente circunscrita.<\/p>\n<p>Para la apocal\u00ed\u00adptica el simbolismo es una exigencia end\u00f3gena [I S\u00ed\u00admbolo].<\/p>\n<p>El punto de partida del simbolismo apocal\u00ed\u00adptico es el sue\u00f1o; el sue\u00f1o constitu\u00ed\u00ada en la mentalidad antigua, incluso en la b\u00ed\u00adblica, un modo de entrar en contacto con Dios, una forma de revelaci\u00f3n de Dios al hombre (cf G\u00e9n 37:5.10; Sab 18:17; Job 4:1221; Dan 7:1; Joe 3:1; etc.), pero que luego tiene necesidad en concreto de la interpretaci\u00f3n de un sabio iluminado y ayudado por Dios (cf G\u00e9n 41:8.38; Dan 4,Ss.15; Dan 5:11.14).<\/p>\n<p>Al evolucionar, el sue\u00f1o se convierte en visi\u00f3n: un cuadro simb\u00f3lico, a veces l\u00ed\u00admpido y preciso, pero de, ordinario sobrecargado de im\u00e1genes. Tal es la forma habitual de expresarse de la apocal\u00ed\u00adptica: la funci\u00f3n del sabio que interpreta la desarrolla en parte un \u00e1ngel, llamado precisamente \u00e1ngel int\u00e9rprete, que es una figura constante en la apocal\u00ed\u00adptica, y en parte el mismo que lee o que escucha el mensaje: la comunidad, los disc\u00ed\u00adpulos, los \u00abhijos\u00bb del apocal\u00ed\u00adptico que han sido invitados a escuchar, a convertirse, pero sobre todo a comprender.<\/p>\n<p>El contenido de las visiones se expresa a trav\u00e9s de diversas cifras simb\u00f3licas que, por repetirse con una cierta constancia, constituyen una de las caracter\u00ed\u00adsticas literarias m\u00e1s t\u00ed\u00adpicas de la apocal\u00ed\u00adptica. El s\u00ed\u00admbolo m\u00e1s llamativo suelen ser las convulsiones c\u00f3smicas: el sol, la luna, las estrellas cambian de naturaleza; la tierra tiembla y sobre ella se ciernen fen\u00f3menos particulares, totalmente fuera del curso ordinario de las cosas. De este modo se se\u00f1ala una presencia muy especial de Dios en el desarrollo de la historia que, presente en la evoluci\u00f3n de los hechos, los orienta hacia una consumaci\u00f3n positiva que supere el mal o potencie infinitamente el bien. Bajo el impulso de Dios, el mundo actual tendr\u00e1 que cambiar.<\/p>\n<p>Es t\u00ed\u00adpico de la apocal\u00ed\u00adptica el simbolismo teriom\u00f3rfico. Intervienen a menudo seres fuera de lo normal e incluso monstruosos, que desempe\u00f1an a veces el papel de protagonistas. De este modo se refieren a una esfera de realidad y de acciones que est\u00e1 por encima del simple nivel humano, pero por debajo del nivel propio de Dios.<\/p>\n<p>El simbolismo aritm\u00e9tico, quiz\u00e1 de origen persa, atribuye generalmente a los n\u00fameros un valor cualitativo, m\u00e1s all\u00e1 del valor cuantitativa que tiene en el lenguaje normal. Este valor a veces sigue siendo gen\u00e9rico, pero a veces se determina y se hace espec\u00ed\u00adfico; as\u00ed\u00ad, por ejemplo, el n\u00famero 7 y sus m\u00faltiplos indican la totalidad; la mitad de 7 y las fracciones indican la parcialidad; 1000 es el n\u00famero de Dios, etc.<\/p>\n<p>En dependencia del AT, la apocal\u00ed\u00adptica recoge y reelabora muchos de sus elementos simb\u00f3licos: el cielo es la zona propia de Dios, y se\u00f1ala la trascendencia; la tierra es la zona propia de los hombres, en donde se desarrollan los hechos de su historia; el abismo (el mar) es el dep\u00f3sito del mal, etc.<\/p>\n<p>Una forma literaria t\u00ed\u00adpica de la apocal\u00ed\u00adptica, que aparece tambi\u00e9n en los escritos sapienciales, es la pseudonimia. El autor se expresa en primera persona, pero sin decir su verdadero nombre; se presenta como un personaje conocido del pasado remoto o reciente, con el que siente cierta afinidad y al que considera particularmente adecuado para pronunciar su mensaje. De este modo vamos escuchando a Henoc, a Mois\u00e9s, a El\u00ed\u00adas, a Isa\u00ed\u00adas, a Baruc, a Esdras, a Juan, a Pedro, a Pablo, etc. Esta evocaci\u00f3n de los personajes del pasado nace de la exigencia de la apocal\u00ed\u00adptica de unir el pasado con el presente. No se trata de una falsedad literaria -eso ser\u00ed\u00ada incre\u00ed\u00adble-,sino de un recurso literario de eficacia particular.<\/p>\n<p>IV. LA TEOLOG\u00ed\u008dA.<br \/>\nLa apocal\u00ed\u00adptica se propone una meta atrevida, que no siempre logra alcanzar plenamente: la lectura de la historia concreta a la luz de un mensaje religioso anterior.<\/p>\n<p>Es posible trazar un cuadro a grandes rasgos de los elementos que est\u00e1n implicados en esta funci\u00f3n.<\/p>\n<p>La apocal\u00ed\u00adptica tiene como materia espec\u00ed\u00adfica los hechos de la historia. Pero los hechos no se ven ni se prev\u00e9n en los detalles de su cr\u00f3nica. Tienen una l\u00f3gica superior, un hilo que los liga por encima de cada episodio; existe un plan que los encierra y los engloba a todos ellos; es el plan de Dios, creador y art\u00ed\u00adfice trascendente de la historia. Los hechos \u00abtienen que acaecer\u00bb; est\u00e1n unidos entre s\u00ed\u00ad en un proyecto de Dios, proyecto que no se le revela al hombre en su totalidad, sino s\u00f3lo en aquellos puntos de referencia orientativos que le permiten captar el sentido religioso de su situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. LA DIALECTICA DE LA HISTORIA. Dado que la apocal\u00ed\u00adptica se ocupa de la aplicaci\u00f3n interpretativa de un mensaje religioso a los hechos que \u00abhan de acaecer\u00bb, adquiere un relieve especial en el cuadro de su teolog\u00ed\u00ada la concepci\u00f3n dualista de la historia.<\/p>\n<p>La historia se desarrolla linealmente hacia una conclusi\u00f3n, pero su desarrollo es de tipo dial\u00e9ctico: se realiza a trav\u00e9s de un choque entre el bien y el mal, concretamente entre los justos y los malvados, identificados estos \u00faltimos normalmente con los paganos. Este choque se desplaza del plano individual al colectivo, y afecta a grupos sociales de diversa extensi\u00f3n: categor\u00ed\u00adas, centros de poder, estados, etc. No es un dualismo de tipo maniqueo. Por encima de las vicisitudes humanas y, en. cierto modo, envuelto en ellas, est\u00e1 Dios, due\u00f1o absoluto de la historia y de su desarrollo.<\/p>\n<p>2. \u00ed\u0081NGELES Y DEMONIOS. Es t\u00ed\u00adpica de toda la apocal\u00ed\u00adptica una presencia acentuada de los \/\u00e1ngeles y de los demonios. Siempre se les ve a los unos y a los otros por debajo de Dios y por encima del puro nivel humano. Normalmente no se hace ninguna lucubraci\u00f3n sobre su identidad, pero se acent\u00faa su funci\u00f3n dial\u00e9ctica: participan en el choque entre el bien y el mal que se desarrolla en la historia, hasta llegar a convertirse en sus protagonistas especiales. Pero el choque no suele ser directo; tanto los unos como los otros tienden a insinuarse en el mundo de los hombres y a obrar con los hombres y por medio de ellos.<\/p>\n<p>3. ESCATOLOG\u00ed\u008dA. El contraste se desarrolla en una serie de episodios dram\u00e1ticos. Cabe la posibilidad de una victoria de las fuerzas hostiles a Dios; esto significar\u00e1, por otra parte, persecuciones, sufrimientos, tribulaciones, muerte&#8230; Habr\u00e1 tambi\u00e9n per\u00ed\u00adodos de victoria de las fuerzas positivas; pero esto no tiene que enga\u00f1arnos, ya que las potencias del mal siguen estando activas. A1 final llegar\u00e1 la conclusi\u00f3n: las fuerzas positivas vencer\u00e1n definitivamente, y las negativas no s\u00f3lo quedar\u00e1n derrotadas, sino que desaparecer\u00e1n por completo, aniquiladas por una intervenci\u00f3n de Dios que se indica con im\u00e1genes m\u00faltiples y diversas (juicio, derrota campal, fuego que baja del cielo, etc\u00e9tera).<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n definitiva que se constituye de este modo traer\u00e1 consigo la resurrecci\u00f3n, una renovaci\u00f3n radical del ambiente en el que se desarrollar\u00e1 la vida, que ya no se ver\u00e1 acechada por las dificultades y limitaciones de ahora (muerte, enfermedad, cansancio).<\/p>\n<p>En este marco se le atribuye una importancia destacada a la situaci\u00f3n de los justos que desaparecieron de la escena de este mundo. Aguardan la conclusi\u00f3n final, est\u00e1n seguros; los malos ya no pueden hacer da\u00f1o ni librarse del juicio de Dios; los buenos est\u00e1n ya parcialmente recompensados y colaboran con sus oraciones al desarrollo positivo de la historia.<\/p>\n<p>4. EL MES\u00ed\u008dAS Y EL HIJO DEL HOMBRE. El gran protagonista que impulsa hacia su conclusi\u00f3n positiva el choque entre las fuerzas positivas y las negativas es el \u00abmes\u00ed\u00adas\u00bb. Se recogen y condensan los datos que se encuentran sobre \u00e9l en el AT; en la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada surge ya con claridad la figura del mes\u00ed\u00adas elegido por Dios: hijo de Dios, resume en s\u00ed\u00ad toda la fuerza que Dios manifiesta en la \u00abguerra santa\u00bb del AT. Sabr\u00e1 derrotar a todos los enemigos del pueblo de Dios, realizando de este modo el reino definitivo, que coincide con la situaci\u00f3n escatol\u00f3gica final. El reino de Dios realizado por el mes\u00ed\u00adas no ser\u00e1 una situaci\u00f3n so\u00f1ada, sino que tendr\u00e1 su concreci\u00f3n. Esta llega a veces hasta el punto de que se afirma la existencia de un reino del mes\u00ed\u00adas, previo al reinado final, de duraci\u00f3n limitada. La concepci\u00f3n de un reino mesi\u00e1nico preescatol\u00f3gico ronda por toda la apocal\u00ed\u00adptica, asumiendo duraciones, tonos y contenidos diversos: situaci\u00f3n de premio, participaci\u00f3n funcional en el reino definitivo en devenir, expresi\u00f3n puramente simb\u00f3lica de la presencia activa del mes\u00ed\u00adas en la historia. Relacionada m\u00e1s o menos estrechamente con el mes\u00ed\u00adas, identificada a veces con ella, est\u00e1 la figura enigm\u00e1tica del \u00abhijo del hombre\u00bb. Expresi\u00f3n inicial probablemente de una personalidad corporativa y casi identificado con el pueblo, el hijo del hombre adquiere poco a poco un relieve m\u00e1s marcadamente personal. En uni\u00f3n con el mes\u00ed\u00adas, subraya su vinculaci\u00f3n con la historia propia de los hombres [l Jesucristo III; I Mesianismo].<\/p>\n<p>5. LO ESPEC\u00ed\u008dFICO CRISTIANO. Las persecuciones de Ant\u00ed\u00adoco IV Ep\u00ed\u00adfanes hab\u00ed\u00adan hecho tomar bruscamente conciencia de que en el AT el material religioso que hab\u00ed\u00ada madurado estaba dispuesto para ser aplicado a la historia. Un fen\u00f3meno an\u00e1logo se verifica para la apocal\u00ed\u00adptica del NT. El cristianismo hab\u00ed\u00ada tenido contactos interesantes, pero espor\u00e1dicos, con la sociedad civil no cristiana. Con las persecuciones llega una sacudida que obliga a mirar cara a cara una realidad social compleja y ordinariamente hostil; resulta irremediable una confrontaci\u00f3n teol\u00f3gica global. Obligada a enfrentarse con los hechos, la apocal\u00ed\u00adptica cristiana consigue expresar su mejor mensaje, que encontramos especialmente en el Apocalipsis de Juan. Los temas teol\u00f3gicos que hab\u00ed\u00adan aparecido en la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada encuentran as\u00ed\u00ad una profundizaci\u00f3n caracter\u00ed\u00adstica. Dios, se\u00f1or de la historia, es trascendente y nunca se le describe en sus rasgos, pero est\u00e1 presente y envuelto en la historia, que es a la vez salvaci\u00f3n y creaci\u00f3n. Y sobre todo, incluso teniendo en cuenta la historia tal como se desarrolla, Dios es Padre de Jesucristo (cf Apo 1:6; Apo 3:21).<\/p>\n<p>La figura central del mes\u00ed\u00adas y la otra m\u00e1s fluida del hijo del hombre de la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada confluyen en Cristo y encuentran en \u00e9l una expresi\u00f3n nueva, inconcebible a nivel del AT: en Cristo mes\u00ed\u00adas (cf Ap 12 10) e hijo del hombre (cf Apo 1:13; Apo 14:14), aparecen los atributos operativos de Dios mismo. Se da una cierta intercambiabilidad entre ellos: son Padre e Hijo, y esto lleva su acci\u00f3n en la historia a un nivel vertiginoso de paridad rec\u00ed\u00adproca: Dios \u00abvendr\u00e1\u00bb en Cristo y Cristo ser\u00e1 llamado alfa y omega, no menos que Dios (cf Apo 1:4 y 1,7; 1;8 y 22,13). Se da un desplazamiento de perspectiva tambi\u00e9n en lo que se refiere a las fuerzas intermedias, entre el cielo y la tierra, que colaboran en el desarrollo de la historia de los hombres. Lo demon\u00ed\u00adaco se hace m\u00e1s hist\u00f3rico la conexi\u00f3n entre las fuerzas del abismo y la historia humana se hace m\u00e1s estrecha y m\u00e1s completa: afecta al Estado, a los centros de poder negativos, a \u00abBabilonia\u00bb, a la concreci\u00f3n consumista de la ciudad secular (cf Apo 17:1-18).<\/p>\n<p>Las fuerzas positivas reciben mayor claridad e importancia: los \u00e1ngeles colaboran con el hijo del hombre (Apo 14:14-20); el hijo del hombre asocia a su acci\u00f3n activa al pueblo que le sigue (cf Apo 1:5 y 19,14). Y el mes\u00ed\u00adas hijo del hombre es presentado audazmente como una fuerza positiva inmersa en la historia al lado y en contraste con las fuerzas hostiles (cf 6,1-2).<\/p>\n<p>En s\u00ed\u00adntesis: aunque no podamos compartir la afirmaci\u00f3n de E. Kasemann, seg\u00fan el cual la apocal\u00ed\u00adptica es la madre de toda la teolog\u00ed\u00ada cristiana, no podemos desconocer el papel que ha representado la apocal\u00ed\u00adptica en el paso de los hechos brutos de la historia de la salvaci\u00f3n a su comprensi\u00f3n teol\u00f3gica. Precisamente porque su especificidad est\u00e1 en la interpretaci\u00f3n sapiencial de la realidad dial\u00e9ctica y fluida de los hechos, la apocal\u00ed\u00adptica estimula la formulaci\u00f3n de todos aquellos elementos del mensaje religioso que necesita en su interpretaci\u00f3n. A1 mismo tiempo, la constante apelaci\u00f3n a la realidad en que se vive ahora y al futuro que se prepara impide a la teolog\u00ed\u00ada propiamente apocal\u00ed\u00adptica degenerar en fantas\u00ed\u00ada o girar ociosamente en torno a s\u00ed\u00ad misma.<\/p>\n<p>U. Vanni<\/p>\n<p>P Rossano &#8211; G. Ravasi &#8211; A, Girlanda, Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, San Pablo, Madrid 1990<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>Sumario; 1. Los escritos apocal\u00ed\u00adpticos. \u2020\u02dc. G\u00e9nesis de la apocal\u00ed\u00adptica. III. La forma literaria.<br \/>\nIV\u2020\u2122. La teolog\u00ed\u00ada: 1. La dial\u00e9ctica de la historia; 2. Angeles y demonios; 3. Escatolog\u00ed\u00ada; 4. El me-s\u00ed\u00adas y el hijo del hombre; 5. Lo espec\u00ed\u00adfico cristiano.<br \/>\n244<br \/>\n1. LOS ESCRITOS APOCALIPTICOS.<br \/>\nEl primer paso que se impone para una comprensi\u00f3n de la apocal\u00ed\u00adptica es una verificaci\u00f3n de los escritos que la expresan. Aun cuando la atribuci\u00f3n de la mayor parte de los textos al g\u00e9nero literario apocal\u00ed\u00adptico no presenta ninguna dificultad, sobre algunos de ellos los autores no est\u00e1n de acuerdo.<br \/>\nEn realidad, no todos los escritos apocal\u00ed\u00adpticos lo son en el mismo grado. Pero algunas caracter\u00ed\u00adsticas literarias t\u00ed\u00adpicas permiten trazar un cuadro bastante completo. El primer apocal\u00ed\u00adptico en orden cronol\u00f3gico que se se\u00f1ala como tal es el libro de Eze-quiel, que, especialmente en los cap\u00ed\u00adtulos 38-39, parece expresar, junto con la conciencia aguda de la misi\u00f3n prof\u00e9tica y la exuberancia de la forma literaria, un primer s\u00ed\u00adntoma del paso de la profec\u00ed\u00ada a la apocal\u00ed\u00adptica. Tambi\u00e9n el libro de Isa\u00ed\u00adas contiene algunas partes reconocidas como apocal\u00ed\u00adpticas: el gran apocalipsis de Isa\u00ed\u00adas, que comprende los cap\u00ed\u00adtulos 24-27, y que puede fecharse en el siglo?? m\u00e1s tarde, as\u00ed\u00ad como el peque\u00f1o apocalipsis de Isa\u00ed\u00adas, que comprende los cap\u00ed\u00adtulos 34-35, de fecha m\u00e1s reciente. Encontramos luego, siguiendo siempre un probable orden cronol\u00f3gico, al Segundo Zacar\u00ed\u00adas (Za 9-14), que hay que situar despu\u00e9s del destierro, yel libro de Daniel, que m\u00e1s que cualquier otro escrito del AT presenta las caracter\u00ed\u00adsticas literarias de la apocal\u00ed\u00adptica.<br \/>\n 245 6<br \/>\nSe compuso probablemente entre el 167 y el 163 a.C.<br \/>\nEn torno a Daniel encontramos todo un florecimiento de literatura apocal\u00ed\u00adptica: el representante m\u00e1s completo es el Libro de Henoc. Escrito en arameo, s\u00f3lo nos ha llegado entero en la versi\u00f3n eti\u00f3pica (por eso se le llama tambi\u00e9n el Libro eti\u00f3pico de Henoc), que a su vez es traducci\u00f3n de una versi\u00f3n griega. El material es muy amplio: los 104 cap\u00ed\u00adtulos se dividen en secciones: libro de los Vigilantes (cc. 1-36), libro de las par\u00e1bolas (cc. 37-71), libro de la Astronom\u00ed\u00ada (cc. 72-82), libro de los Sue\u00f1os (cc. 83-90), ep\u00ed\u00adstola de Henoc (cc. 91-1 04). La fecha var\u00ed\u00ada seg\u00fan las diversas partes; a excepci\u00f3n de algunos a\u00f1adidos m\u00e1s tard\u00ed\u00ados, se piensa que el libro se form\u00f3 entre el 170 y el 64 a.C. El Libro de los Jubileos (llamado tambi\u00e9n Apocalipsis de Mois\u00e9s o Peque\u00f1o G\u00e9nesis) se interesa especialmente por la historia: presenta su desarrollo en per\u00ed\u00adodos \u2020\u02dcjubilares de cuarenta y nueve a\u00f1os; cada per\u00ed\u00adodo se divide a su vez en siete semanas de a\u00f1os. Escrito en arameo, fue traducido al griego y del griego al eti\u00f3pico; es \u00e9sta la traducci\u00f3n que tenemos. La fecha es discutida, pero ordinariamente se piensa que fue escrito en el siglo II a.C.<br \/>\nDe menor importancia, pero tambi\u00e9n significativo, es el libro III de los Or\u00e1culos sibilinos. Pertenece a una serie de libros llamados precisamente Or\u00e1culos sibilinos (15 en total, pero de los que se han perdido el IX, el X y el XV), que, copiando el estilo herm\u00e9tico de las sibilas, se esforzaban en presentar el mensaje jud\u00ed\u00ado o cristiano en los ambientes paganos. De naturaleza muy bien cuidada, el libro III fue escrito en parte a mediados del siglo II y en parte en el siglo 1 a.C; algunos cap\u00ed\u00adtulos pueden fecharse en el siglo 2 d.C. Se refiere eminentemente a la ley de Mois\u00e9s (la Sibila que habla es la nuera de Mois\u00e9s), que, una vez puesta en pr\u00e1ctica, acabar\u00e1 trayendo la paz escatol\u00f3gica.<br \/>\nEl Testamento de los doce patriarcas, escrito en hebreo, nos ha llegado entero s\u00f3lo en la traducci\u00f3n griega. El libro se presenta como expresi\u00f3n de las \u00faltimas voluntades de los 12 hijos de Jacob y tiene un car\u00e1cter predominantemente paren\u00e9tico. La parte m\u00e1s propiamente apocal\u00ed\u00adptica est\u00e1 contenida en el \u2020\u0153Testamento de Lev\u00ed\u00ad\u2020\u009d.<br \/>\n245<br \/>\nLos Salmos de Salom\u00f3n constituyen una colecci\u00f3n de 18 salmos, escritos en hebreo, pero que se han conservado en griego y en una traducci\u00f3n sir\u00ed\u00adaca dependiente del griego, completada hacia la segunda mitad del siglo 1 a.C. Los salmos de car\u00e1cter apocal\u00ed\u00adptico son sobre todo el 17 y el 18.<br \/>\nLa Asunci\u00f3n de Mois\u00e9s, escrita probablemente en arameo, nos ha llegado en una versi\u00f3n latina. M\u00e1s que de una asunci\u00f3n propia y verdadera (descrita en una parte que se ha perdido), se trata de una predicci\u00f3n interpretativa de la historia desde la entrada en Cana\u00e1n hasta los d\u00ed\u00adas del autor (6 a.C.-30 d.C); la perspectiva final se abre a la conclusi\u00f3n escatol\u00f3gica.<br \/>\nTambi\u00e9n en la literatura de Qum-r\u00e1n encontramos varios escritos reconocidos como apocal\u00ed\u00adpticos, por ejemplo, el libro de las Doctrinas misteriosas (1Q Myst), la descripci\u00f3n de la Nueva Jerusal\u00e9n (5Q JN), la Oraci\u00f3n de Nab\u00f3nides (4Q Pr N), el Pseudo-Daniel (4Q Ps Dan) y el Rollo de Melquisedec (11 Q Melch).<br \/>\nTambi\u00e9n en el \u00e1mbito del NT encontramos algunos escritos apocal\u00ed\u00adpticos. Antes del Apocalipsis de Juan se encuentran ya elementos claramente apocal\u00ed\u00adpticos, pero que no pueden separarse del cuadro de conjunto en que est\u00e1n insertos. El m\u00e1s conocido es el Apocalipsis sin\u00f3ptico, el discurso escatol\u00f3gico de Jes\u00fas (Mc 13,1-31; Mt 24,1-44; Lc 21,5-36): la narraci\u00f3n de Marcos es reelaborada por Mateo y Lucas, pero siempre dentro de un estilo t\u00ed\u00adpicamente apocal\u00ed\u00adptico, que se aparta claramente del que es usual en los evangelios. Tambi\u00e9n algunos trozos de Pablo presentan las caracter\u00ed\u00adsticas del estilo literario apocal\u00ed\u00adptico, como lTh 4,16-17; 2Th 2,1-12; iCo 15,20-28. Esta misma observaci\u00f3n vale para 2P 3,1-13 y, aunque en proporci\u00f3n menor, para la carta de Judas.<br \/>\nLa apocal\u00ed\u00adptica, presente sin duda en el NT, no se detiene en \u00e9l, sino que contin\u00faa desarroll\u00e1ndose posteriormente durante algunos siglos en dos filones distintos, aunque con influencias mutuas: el jud\u00ed\u00ado y el cristiano.<br \/>\nEn el fil\u00f3n jud\u00ed\u00ado encontramos la Ascensi\u00f3n de Isa\u00ed\u00adas (su primera parte se llama tambi\u00e9n Martirio de Isa\u00ed\u00adas) El libro nos ha llegado en eti\u00f3pico y, parcialmente, en lat\u00ed\u00adn. Con algunos elementos de clara tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada (como el martirio de Isa\u00ed\u00adas partido en dos) se mezclan otros de origen cristiano, hasta tal punto que es imposible establecer una distinci\u00f3n clara.<br \/>\nTodav\u00ed\u00ada en la l\u00ed\u00adnea jud\u00ed\u00ada encontramos la Vida de Ad\u00e1n y Eva, escrita en arameo, reconstruida seg\u00fan las varias versiones, especialmente latinas y griegas (estas \u00faltimas llevan impropiamente el t\u00ed\u00adtulo de Apocalipsis de Mois\u00e9s). Escrito probablemente en la primera mitad del siglo 1 d.C. (antes del a\u00f1o 70), el libro es un comentario midr\u00e1sico a los datos b\u00ed\u00adblicos relativos a Ad\u00e1n y Eva. Mayor importancia tiene el Apocalipsis de Abrah\u00e1n: poseemos el texto eslavo, traducido del griego. El griego parece haber sido escrito a finales del siglo i d.C. La parte propiamente apocal\u00ed\u00adptica (cc. 9-32) nos presenta una visi\u00f3n de Abrah\u00e1n que, en contacto directo con Dios, ve el devenir de la historia en su sentido religioso: el hombre<br \/>\n 246 7<br \/>\nes responsable de ello y ser\u00e1 castigado o premiado en el jucio que se avecina:. las fuerzas paganas ser\u00e1n destruidas por el fuego, y Dios, al sonido de la trompeta, reunir\u00e1 a sus elegidos. El Testamento de Abrah\u00e1n constituye igualmente un apocalipsis jud\u00ed\u00ado cuyo texto griego actual es la traducci\u00f3n de un original semita escrito en el siglo i d.C. Presenta una acentuaci\u00f3n marcadamente escatol\u00f3gica e individual; se aparecen en visi\u00f3n a Abrah\u00e1n los tres tipos de juicio que se llevar\u00e1n a cabo y en los que se decidir\u00e1 el destino de cada alma.<br \/>\nEl libro de los secretos de Henoc (llamado tambi\u00e9n II Henoc o Henoc eslavo) fue escrito en griego en los siglos i y II d.C; pero s\u00f3lo nos queda una versi\u00f3n eslava. Las interpolaciones cristianas, particularmente numerosas y evidentes, le dan al libro un aspecto arreglado y sincretista, haciendo dudar incluso de su origen jud\u00ed\u00ado. Henoc describe los siete cielos que va atravesando; despu\u00e9s su atenci\u00f3n se centra en la tierra: se le revela la historia hasta el diluvio, y luego una panor\u00e1mica de la era presente, que despu\u00e9s de siete per\u00ed\u00adodos de mil a\u00f1os llegar\u00e1 a su conclusi\u00f3n final.<br \/>\nEl libro IV de los Or\u00e1culos sibilinos, por su alusi\u00f3n a la erupci\u00f3n del Vesubio del 79 d.C, parece ser que se escribi\u00f3 a finales del siglo i. Presenta las caracter\u00ed\u00adsticas propias del grupo de libros sibilinos anteriormente recordados.<br \/>\n246<br \/>\nTiene un relieve especial el lVlibro de Esdras (llamado tambi\u00e9n Apocalipsis de Esdras). La versi\u00f3n latina (Vulgata) a\u00f1adi\u00f3 a lo que era presumiblemente el original arameo algunos cap\u00ed\u00adtulos (1-2; 15-16) que no se encuentran en las otras traducciones que conocemos (sir\u00ed\u00adaca, eti\u00f3pica, \u00e1rabe, aramea) y que representan otras tantas interpolaciones cristianas. Parece haber sido escrito a finales del siglo 1 d.C. El libro, sustanciaimente unitario a pesar de su car\u00e1cter un tanto farragoso, se divide en siete visiones sucesivas que, con diversas im\u00e1genes, expresan una renovaci\u00f3n radical de la situaci\u00f3n presente de pecaminosidad:<br \/>\nintervendr\u00e1 Dios y, despu\u00e9s de un reinado mesi\u00e1-nico de cuatrocientos a\u00f1os, juzgar\u00e1 a los individuos, destruir\u00e1 con el fuego a sus enemigos y sustituir\u00e1 la Jerusa-l\u00e9n actual por una Jerusal\u00e9n nueva y definitiva.<br \/>\nEl II Libro de Baruc, llamado tambi\u00e9n Apocalipsis de Baruc, fue compuesto a finales del siglo 1 o comienzos del II d.C. Se escribi\u00f3 en arameo, pero s\u00f3lo tenemos su versi\u00f3n griega. Baruc se preocupa de la historia presente y futura: los justos ser\u00e1n oprimidos, pero resucitar\u00e1n y tendr\u00e1n cuerpos celestiales; las fuerzas hostiles, como las del imperio romano, ser\u00e1n derrotadas. Al final vendr\u00e1 el mes\u00ed\u00adas y establecer\u00e1 su reino.<br \/>\nEl III Libro de Baruc, llamado tambi\u00e9n Apocalipsis griego de Baruc, fue escrito en griego, en el siglo II d.C; queda de \u00e9l un resumen en griego y una traducci\u00f3n sint\u00e9tica en eslavo. El libro tiene la forma literaria de un viaje a trav\u00e9s de cinco de los siete cielos; el autor constata, entre otras cosas, la mediaci\u00f3n de los \u00e1ngeles y la funci\u00f3n decisiva de las oraciones.<br \/>\nCon el libro IV de los Or\u00e1culos sibilinos cesa pr\u00e1cticamente la gran apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada, al menos de las obras que han llegado hasta nosotros.<br \/>\nTambi\u00e9n en un fil\u00f3n espec\u00ed\u00adficamente cristiano se desarrolla la apocal\u00ed\u00adptica, a partir del Apocalipsis de Juan. Contempor\u00e1neo o algo posterior al Apocalipsis de Juan es el cap\u00ed\u00adtulo 16 de la Didaj\u00e9 (100-1 50), que recoge las ideas y las im\u00e1genes del apocalipsis sin\u00f3ptico y de 2Th 2.<br \/>\nLa Asunci\u00f3n de Isa\u00ed\u00adas, unida a la Ascensi\u00f3n de Isa\u00ed\u00adas jud\u00ed\u00ada, se escribi\u00f3 en griego entre los a\u00f1os 100 a 150 d.C. El libro se divide en dos partes: el martirio de Isa\u00ed\u00adas y su asunci\u00f3n al cielo, en donde se revelan las luchas que la Iglesia y los individuos tendr\u00e1n que sostener antes de la conclusi\u00f3n positiva final,<br \/>\nDel Apocalipsis de Pedro, escrito en griego por el 135, nos quedan un largo fragmento (llamado \u2020\u0153fragmento de Akmin\u2020\u009d, publicado en el 1887) y una traducci\u00f3n eti\u00f3pica (publicada en el 1910). En el gran marco de la conclusi\u00f3n positiva de la lucha entre el bien y el mal, presentada con mentalidad sincretista, se dedica una atenci\u00f3n especial al premio escatol\u00f3-gico de Jos buenos y al castigo de los malvados.<br \/>\nEl Pastor fue escrito por Hermas por el 150. Su plena pertenencia a la literatura apocal\u00ed\u00adptica es discutida por los autores. Su punto de contacto con la apocal\u00ed\u00adptica es la forma literaria de visiones.<br \/>\nEl IV Libro de Esdras (cf supra) recoge, en las antiguas Biblias en lat\u00ed\u00adn, dos cap\u00ed\u00adtulos iniciales (1-2) y dos finales (15-16) que faltan en las versiones orientales y que constituyen una obra apocal\u00ed\u00adptica cristiana. Los dos primeros cap\u00ed\u00adtulos se suelen llamar V Esdras y los dos \u00faltimos VI Esdras. El texto original estaba en griego.<br \/>\nEl V Esdras se compone de dos partes: 1,4-2,9: mensaje de maldici\u00f3n contra Israel por su infidelidad; 2,10-48: mensaje de exhortaci\u00f3n y promesas (la nueva Jerusal\u00e9n) al pueblo cristiano. Se escribi\u00f3 por el a\u00f1o 200.<br \/>\n 247 8<br \/>\nEl VlEsdras contiene varios ay! contra las potencias enemigas de Dios, expresadas en s\u00ed\u00admbolos<br \/>\n(Babilonia, Asia, Egipto). A los cristianos, perseguidos y oprimidos, se les hace vislumbrar la victoria final.<br \/>\nLa fecha de composici\u00f3n oscila entre el 250 y el 300.<br \/>\nEn la colecci\u00f3n de los Or\u00e1culos sibilinos (cf supra) figuran tambi\u00e9n partes cristianas, que se encuentran insertas en los or\u00e1culos sibilinos jud\u00ed\u00ados o bien tienen un desarrollo aut\u00f3nomo. La fecha m\u00e1s probable de las partes cristianas es la mitad del siglo II. Las partes que se pueden identificar con mayor probabilidad como cristianas son las siguientes: libro 1, vers\u00ed\u00adculos 323-400; libro II, vers\u00ed\u00adculos 34-56 y 150-347; libro VI, vers\u00ed\u00adculos 1-25; libro VII, entero; libro VIII entero (excepto alg\u00fan que otro verso).<br \/>\n247<br \/>\nEl Apocalips\u00ed\u00ads de Pablo se compuso en griego en la primera mitad del siglo III. De naturaleza ecl\u00e9ctica, la obra presenta dos visiones de Pablo, que ha subido hasta el tercer cielo. Pablo ve toda una serie de cuadros, que le va explicando un \u00e1ngel: los justos son premiados, los malvados son castigados seg\u00fan diversas categor\u00ed\u00adas, con interrupciones moment\u00e1neas (los domingos) de sus penas.<br \/>\nEl juicio de san Agust\u00ed\u00adn (\u2020\u02dc&#8230; personas frivDIAS, con una presunci\u00f3n loca, han inventado el Apocalipsis de Pablo&#8230;, lleno de no s\u00e9 cu\u00e1ntas f\u00e1bulas\u2020\u2122), recogido por M. Erbetta (cf Bibliograf\u00ed\u00ada) es quiz\u00e1 demasiado severo. Pero estamos ya en el ocaso de la verdadera apocal\u00ed\u00adptica -que apreciaba san Agust\u00ed\u00adn- y se va cayendo en una pura y simple descripci\u00f3n imaginativa del m\u00e1s all\u00e1, del juicio, de las penas, de los premios. El estilo se va haciendo cada vez m\u00e1s artificioso.<br \/>\nVolvemos a encontrar estas caracter\u00ed\u00adsticas decadentes en la serie de Apocalipsis\u2020\u2122 tard\u00ed\u00ados, que a veces se conservan tan s\u00f3lo en fragmentos, como el Apocalipsis de Tom\u00e1s (,antes del siglo y?), el Apocalipsis de Sofon\u00ed\u00adas (el texto copto fue escrito por el 400), el Apocalipsis de Elias (,finales del siglo iv?), el Apocalipsis de Zacar\u00ed\u00adas, tres Apocalipsis de Juan (Ss. y, vi-vn, xi), dos Apocalipsis de Mar\u00ed\u00ada (Ss. vil, ix), el Apocalipsis de Esteban (5. y, del que s\u00f3lo hay noticias indirectas).<br \/>\n248<br \/>\nII. GENESIS DE LA APOCALIPTICA.<br \/>\nEn el origen de la apocal\u00ed\u00adptica se impone un hecho: sucede cronol\u00f3gicamente a la gran profec\u00ed\u00ada, aun cuando la presencia mutua de elementos caracter\u00ed\u00adsticos de una corriente en la otra impide pensar en una separaci\u00f3n hist\u00f3rica violenta.<br \/>\nPartiendo de este dato de hecho, algunos autores consideran que la apocal\u00ed\u00adptica es, bajo otras formas, una continuaci\u00f3n de la profec\u00ed\u00ada: representar\u00ed\u00ada la ant\u00ed\u00adtesis de tipo prof\u00e9-tico a la tendencia legalista, que encuentra en el movimiento farisaico su expresi\u00f3n m\u00e1s patente (Charles, Rowley, Frost, Russel, Eissfeldt). Pero esta soluci\u00f3n no convence del todo. La gran apocal\u00ed\u00adptica, especialmente en el libro de Daniel, presenta rasgos indudablemente sapienciales. El primero y m\u00e1s destacado es la existencia de una interpretaci\u00f3n, de un .desciframiento de enigmas, expresados en sue\u00f1os, visiones o im\u00e1genes de otro tipo. Y a Daniel se le designa expresamente como un sabio (Dn 2,48). \u00bfPor qu\u00e9, entonces, no ver la apocal\u00ed\u00adptica como un desarrollo de la literatura sapiencial? (G. von Rad). Sobre todo si se tiene en cuenta que el estilo prof\u00e9tico en su sentido m\u00e1s pleno parece haber sido empleado, a partir del siglo y, s\u00f3lo por Juan Bautista y por Jes\u00fas (J. Wellhausen, G. Duhm), mientras que la apocal\u00ed\u00adptica se ocupa del plan general de Dios sobre la historia (O. Pl\u00f3ger, D. R\u00f3ssler).<br \/>\n\u00bfOrigen prof\u00e9tico u origen sapiencial? Una mirada a la situaci\u00f3n hist\u00f3rica jud\u00ed\u00ada sugiere una tercera soluci\u00f3n. Las causas que llevan a un agotamiento de la gran profec\u00ed\u00ada son m\u00faltiples. Una de las m\u00e1s evidentes hay que buscarla en el hecho de que, tras la vuelta del destierro, hab\u00ed\u00ada desaparecido el elemento pol\u00ed\u00adtico oficial. Cesaba as\u00ed\u00ad aquella ant\u00ed\u00adtesis dial\u00e9ctica entre el rey y el profeta que encontramos en tantas grandes figuras prof\u00e9-ticas, desde Elias hasta Jerem\u00ed\u00adas. Esta ant\u00ed\u00adtesis acaba con la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n y con Ezequiel, que es un profeta t\u00ed\u00adpico del drama religioso de la destrucci\u00f3n y, a la vez, es tambi\u00e9n el primer apocal\u00ed\u00adptico. Una vez reconstruido el templo y reorganizado el culto, nace una religiosidad nueva, que se desarrolla casi durante dos siglos.<br \/>\nLa situaci\u00f3n socialmente as\u00e9ptica y tranquila supone, por una parte, la posibilidad de una profundizaci\u00f3n y de un desarrollo sin perturbaciones; por otra, eliminando los diversos tipos de ant\u00ed\u00adtesis (religi\u00f3n-pol\u00ed\u00adtica, religiosidad-culto, disparidades sociales-religi\u00f3n, etc.), le quita a la profec\u00ed\u00ada tradicional su espacio de supervivencia.<br \/>\nEn el pueblo jud\u00ed\u00ado no existe ya libertad pol\u00ed\u00adtica. Se da, sin embargo, una notable libertad para la vida religiosa, que se desarrolla y se profundiza unidireccionalmente, casi por su propia cuenta, sin la confrontaci\u00f3n obligada con la situaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica y social. Una nueva prueba de esta profundizaci\u00f3n silenciosa que se ha lievado a cabo se tiene cuando los dominadores pol\u00ed\u00adticos intentan entrar en el terreno religioso (Ant\u00ed\u00adoco IV Ep\u00ed\u00adfanes); entonces la reacci\u00f3n es tan fuerte que se convierte en sublevaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica.<br \/>\n249<br \/>\nEn este punto nace la verdadera y aut\u00e9ntica apocal\u00ed\u00adptica. Es fruto, por una parte, de la profundizaci\u00f3n religiosa que fue madurando en el AT; y por otra, de la urgencia imprevista de interpretar religiosamente unos hechos nuevos y desconcertantes, como las persecuciones de Ant\u00ed\u00adoco IV Ep\u00ed\u00adfanes. La apocal\u00ed\u00adptica intenta aplicar a la historia concreta la visi\u00f3n religiosa del AT. Para hacer posible el paso de las categor\u00ed\u00adas religiosas abstractas a una interpretaci\u00f3n v\u00e1lida de los hechos, interviene una forma nueva de discernimiento sapiencial. El sabio es aquel que, por un lado, sabe comprender el plan de Dios sobre la historia en sus dimensiones fundamentales y lo sabe explicar; por otro lado, sabe identificar y se\u00f1alar las implicaciones concretas que ata\u00f1en al comportamiento de los personajes contempor\u00e1neos. Los hechos hist\u00f3ricos desconcertantes provocan una exigencia de lectura prof\u00e9tica, que se realiza de una forma en la que ocupa un papel predominante el int\u00e9rprete sabio. Vuelven a nacer la sabidur\u00ed\u00ada y la profec\u00ed\u00ada, pero constituyen ahora una nueva s\u00ed\u00adntesis original: \u2020\u0153La apocal\u00ed\u00adptica es una hija leg\u00ed\u00adtima de la profec\u00ed\u00ada, aunque tard\u00ed\u00ada y particular, la cual, aunque no sin haber sido instruida en sus a\u00f1os juveniles, se fue abriendo a la sabidur\u00ed\u00ada con el correr de los a\u00f1os\u2020\u009d (P. von der Osten-Sa-cken, Dic Apokalyptik in ihrem Ver-haltnis zu Prophetie und Weisheit, M\u00fcnchen 1969, 63). Un desarrollo an\u00e1logo se encuentra en la apocal\u00ed\u00adptica cristiana. Las expresiones m\u00e1s antiguas que tenemos -Pablo, apocalipsis sin\u00f3ptico- muestran una clara dependencia de la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada en su contenido teol\u00f3gico y en su forma literaria. Pero en el \/ Apocalipsis de Juan la apocal\u00ed\u00adptica cristiana encuentra su propia expresi\u00f3n original y aut\u00f3noma, que la distingue tambi\u00e9n de la jud\u00ed\u00ada. El vac\u00ed\u00ado en el tiempo que hab\u00ed\u00ada habido en el \u00e1rea jud\u00ed\u00ada entre la profec\u00ed\u00ada y la apocal\u00ed\u00adptica aqu\u00ed\u00ad simplemente no existe. El Apocalipsis de Juan se presenta expresamente como \u2020\u0153profec\u00ed\u00ada\u2020\u009d (Ap 1,3); la funci\u00f3n del sabio la ejerce aqu\u00ed\u00ad la comunidad que escucha (Ap 1,3), la cual tiene que utilizar \u2020\u0153la mente que tiene sabidur\u00ed\u00ada\u2020\u009d (Ap 13,18) tanto en la interpretaci\u00f3n del mensaje del Esp\u00ed\u00adritu como en el desciframiento y en la aplicaci\u00f3n del s\u00ed\u00admbolo a la realidad hist\u00f3rica.<br \/>\n250<br \/>\nNacido en tiempo de \u2020\u0153tribulaci\u00f3n\u2020\u2122 (Ap 1,9), como el libro de Daniel, el Apocalipsis de Juan, lo mismo y m\u00e1s a\u00fan que el de Daniel, presenta ciertas categor\u00ed\u00adas teol\u00f3gicas que habr\u00e1 que aplicar en todos los tiempos. La Iglesia podr\u00e1 siempre, descifrando el mensaje y aplic\u00e1ndolo a su simultaneidad hist\u00f3rica, interpretar su propia hora, con la misma validez y eficacia incisiva de la gran profec\u00ed\u00ada del AT.<br \/>\nEfectivamente, el Apocalipsis de Juan, m\u00e1s que de la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada precedente, depende en gran parte del AT; la experiencia profunda, quiz\u00e1 lit\u00fargica, del mensaje del NT le lleva a una reelaboraci\u00f3n original del AT, al que nunca se cita expresamente. Se tiene as\u00ed\u00ad una s\u00ed\u00adntesis nueva del contenido religioso tanto del AT como del NT, que habr\u00e1 de aplicarse en la interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica.<br \/>\nLos apocalipsis cristianos sucesivos ofrecer\u00e1n muchos elementos \u00fatiles de clarificaci\u00f3n, pero raras veces a\u00f1adir\u00e1n otros nuevos. El nivel, aunque notablemente rebajado en comparaci\u00f3n con el del Apocalipsis de Juan, se mantendr\u00e1 durante alg\u00fan tiempo, para degenerar luego, con el correr del tiempo, en simples fantas\u00ed\u00adas.<br \/>\n251<br \/>\nIII. LA FORMA LITERARIA.<br \/>\nNacida a impulsos del af\u00e1n de contactar con la revelaci\u00f3n divina anterior, que fue madurando y que se profundiz\u00f3 en el trato con el campo fluido de la historia, la apocal\u00ed\u00adptica ten\u00ed\u00ada que recurrir al s\u00ed\u00admbolo. Una exposici\u00f3n sin s\u00ed\u00admbolos se habr\u00ed\u00ada resuelto f\u00e1cilmente o en una repetici\u00f3n del mensaje teol\u00f3gico anteriormente madurado, pero sin ninguna vinculaci\u00f3n con las realidades hist\u00f3ricas concretas, o bien en una exposici\u00f3n de los hechos con una interpretaci\u00f3n religiosa inevitablemente circunscrita.<br \/>\nPara la apocal\u00ed\u00adptica el simbolismo es una exigencia end\u00f3gena [1 S\u00ed\u00admbolo].<br \/>\nEl punto de partida del simbolismo apocal\u00ed\u00adptico es el sue\u00f1o; el sue\u00f1o constitu\u00ed\u00ada en la mentalidad antigua, incluso en la b\u00ed\u00adblica, un modo de entrar en contacto con Dios, una forma de revelaci\u00f3n de Dios al hombre Gn 37,5; Gn 37,10; Sb 18,17; Jb 4,12-21; Dn 7,1; JI 3,1 etc. ), pero que luego tiene necesidad en concreto de la interpretaci\u00f3n de un sabio iluminado y ayudado por Dios (Gn 41,8; Gn 41,38 Dan 4,5s.15; Dn 5,11; Dn 5,14).<\/p>\n<p>Al evolucionar, el sue\u00f1o se convierte en visi\u00f3n: un cuadro simb\u00f3lico, a veces l\u00ed\u00admpido y preciso, pero de ordinario sobrecargado de im\u00e1genes. Tal es la forma habitual de expresarse de la apocal\u00ed\u00adptica: la funci\u00f3n del sabio\u2020\u2122 que interpreta la desarrolla en parte un \u00e1ngel, llamado precisamente \u00e1ngel int\u00e9rprete, que es una figura constante en la apocal\u00ed\u00adptica, y en parte el mismo que lee o que escucha el mensaje: la comunidad, los disc\u00ed\u00adpulos, los \u2020\u0153hijos\u2020\u009d del apocal\u00ed\u00adptico que han sido invitados a escuchar, a convertirse, pero sobre todo a comprender.<br \/>\nEl contenido de las visiones se expresa a trav\u00e9s de diversas cifras simb\u00f3licas que, por repetirse con una cierta constancia, constituyen una de las caracter\u00ed\u00adsticas literarias m\u00e1s t\u00ed\u00adpicas de la apocal\u00ed\u00adptica. El s\u00ed\u00admbolo m\u00e1s llamativo suelen ser las convulsiones c\u00f3smicas: el sol, la luna, las estrellas cambian de naturaleza; la tierra tiembla y sobre ella se ciernen fen\u00f3menos particulares, totalmente fuera del curso ordinario de las cosas. De este modo se se\u00f1ala una presencia muy especial de Dios en el desarrollo de la historia que, presente en la evoluci\u00f3n de los hechos, los orienta hacia una consumaci\u00f3n positiva que supere el mal o potencie infinitamente el bien. Bajo el impulso de Dios, el mundo actual tendr\u00e1 que cambiar.<br \/>\n252<br \/>\nEs t\u00ed\u00adpico de la apocal\u00ed\u00adptica el simbolismo teriom\u00f3rfico. Intervienen a menudo seres fuera de lo normal e incluso monstruosos, que desempe\u00f1an a veces el papel de protagonistas. De este modo se refieren a una esfera de realidad y de acciones que est\u00e1 por encima del simple nivel humano, pero por debajo del nivel propio de Dios.<br \/>\nEl simbolismo aritm\u00e9tico, quiz\u00e1 de origen persa, atribuye generalmente a los n\u00fameros un valor cualitativo, m\u00e1s all\u00e1 del valor cuantitativo que tiene en el lenguaje normal. Este valor a veces sigue siendo gen\u00e9rico, pero a veces se determina y se hace espec\u00ed\u00adfico; as\u00ed\u00ad, por ejemplo, el n\u00famero 7 y sus m\u00faltiplos indican la totalidad; la mitad de 7 y las fracciones indican la parcialidad; 1000 es el n\u00famero de Dios, etc.<br \/>\nEn dependencia del AT, la apocal\u00ed\u00adptica recoge y reelabora muchos de sus elementos simb\u00f3licos: el cielo es la zona propia de Dios, y se\u00f1ala la trascendencia; la tierra es la zona propia de los hombres, en donde se desarrollan los hechos de su historia; el abismo (el mar) es el dep\u00f3sito del mal, etc.<br \/>\nUna forma literaria t\u00ed\u00adpica de la apocal\u00ed\u00adptica, que aparece tambi\u00e9n en los escritos sapienciales, es la pseudoni-mia. El autor se expresa en primera persona, pero sin decir su verdadero nombre; se presenta como un personaje conocido del pasado remoto o reciente, con el que siente cierta afinidad y al que considera particularmente adecuado para pronunciar su mensaje. De este modo vamos escuchando a Henoc, a Mois\u00e9s, a Elias, a Isa\u00ed\u00adas, a Baruc, a Esdras, a Juan, a Pedro, a Pablo, etc. Esta evocaci\u00f3n de los personajes del pasado nace de la exigencia de la apocal\u00ed\u00adptica de unir el pasado con el presente. No se trata de una falsedad literaria -eso ser\u00ed\u00ada incre\u00ed\u00adble-, sino de un recurso literario de eficacia particular.<br \/>\n253<br \/>\nIV. LA TEOLOGIA.<br \/>\nLa apocal\u00ed\u00adptica se propone una meta atrevida, que no siempre logra alcanzar plenamente: la lectura de la historia concreta a la luz de un mensaje religioso anterior.<br \/>\nEs posible trazar un cuadro a grandes rasgos de los elementos que est\u00e1n implicados en esta funci\u00f3n.<br \/>\nLa apocal\u00ed\u00adptica tiene como materia espec\u00ed\u00adfica los hechos de la historia. Pero los hechos no se ven ni se prev\u00e9n en los detalles de su cr\u00f3nica. Tienen una l\u00f3gica superior, un hilo que los liga por encima de cada episodio; existe un plan que los encierra y los engloba a todos ellos; es el plan de Dios, creador y art\u00ed\u00adfice trascendente de la historia. Los hechos \u2020\u0153tienen que acaecer\u2020\u009d; est\u00e1n unidos entre s\u00ed\u00ad en un proyecto de Dios, proyecto que no se le revela al hombre en su totalidad, sino s\u00f3lo en aquellos puntos de referencia orientativos que le permiten captar el sentido religioso de su situaci\u00f3n.<br \/>\n254<br \/>\n1. La dial\u00e9ctica de la historia.<br \/>\nDado que la apocal\u00ed\u00adptica se ocupa de la aplicaci\u00f3n interpretativa de un mensaje religioso a los hechos que \u2020\u0153han de acaecer\u2020\u009d, adquiere un relieve especial en el cuadro de su teolog\u00ed\u00ada la concepci\u00f3n dualista de la historia.<br \/>\nLa historia se desarrolla lineal-mente hacia una conclusi\u00f3n, pero su desarrollo es de tipo dial\u00e9ctico: se realiza a trav\u00e9s de un choque entre el bien y el mal, concretamente entre los justos y los malvados, identificados estos \u00faltimos normalmente con los paganos. Este choque se desplaza del plano individual al colectivo, y afecta a grupos sociales de diversa extensi\u00f3n: categor\u00ed\u00adas, centros de poder, estados, etc. No es un dualismo de tipo maniqueo. Por encima de las vicisitudes humanas y, en cierto modo, envuelto en ellas, est\u00e1 Dios, due\u00f1o absoluto de la historia y de su desarrollo.<br \/>\n 255 1<br \/>\n255.<br \/>\n2. ANGELES Y DEMONIOS.<br \/>\nEs t\u00ed\u00adpica de toda la apocal\u00ed\u00adptica una presencia acentuada de los \/ \u00e1ngeles y de los demonios. Siempre se les ve a los unos y a los otros por debajo de Dios y por encima del puro nivel humano. Normalmente no se hace ninguna lucubraci\u00f3n sobre su identidad, pero se acent\u00faa su funci\u00f3n dial\u00e9ctica: participan en el choque entre el bien y el mal que se desarrolla en la historia, hasta llegar a convertirse en sus protagonistas especiales. Pero el choque no suele ser directo; tanto los unos como los otros tienden a insinuarse en el mundo de los hombres y a obrar con los hombres y por medio de ellos.<br \/>\n256<br \/>\n3. Escatolog\u00ed\u00ada.<br \/>\nEl contraste se desarrolla en una serie de episodios dram\u00e1ticos. Cabe la posibilidad de una victoria de las fuerzas hostiles a Dios; esto significar\u00e1, por otra parte, persecuciones, sufrimientos, tribulaciones, muerte&#8230; Habr\u00e1 tambi\u00e9n per\u00ed\u00adodos de victoria de las fuerzas positivas; pero esto no tiene que enga\u00f1arnos, ya que las potencias del mal siguen estando activas. Al final llegar\u00e1 la conclusi\u00f3n: las fuerzas positivas vencer\u00e1n definitivamente, y las negativas no s\u00f3lo quedar\u00e1n derrotadas, sino que desaparecer\u00e1n por completo, aniquiladas por una intervenci\u00f3n de Dios que se indica con im\u00e1genes m\u00faltiples y diversas (juicio, derrota campal, fuego que baja del cielo, etc\u00e9tera).<br \/>\nLa situaci\u00f3n definitiva que se constituye de este modo traer\u00e1 consigo la resurrecci\u00f3n, una renovaci\u00f3n radical del ambiente en el que se desarrollar\u00e1 la vida, que ya no se ver\u00e1 acechada por las dificultades y limitaciones de ahora (muerte, enfermedad, cansancio).<br \/>\nEn este marco se le atribuye una importancia destacada a la situaci\u00f3n de los justos que desaparecieron de la escena de este mundo. Aguardan la conclusi\u00f3n final, est\u00e1n seguros; los malos ya no pueden hacer da\u00f1o ni librarse del juicio de Dios; los buenos est\u00e1n ya parcialmente recompensados y colaboran con sus oraciones al desarrollo positivo de la historia.<br \/>\n257<br \/>\n4. EL MESIAS Y EL HIJO DEL HOMBRE.<br \/>\nEl gran protagonista que impulsa hacia su conclusi\u00f3n positiva el choque entre las fuerzas positivas y las negativas es el \u2020\u0153mes\u00ed\u00adas\u2020\u009d. Se recogen y condensan los datos que se encuentran sobre \u00e9l en el AT; en la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada surge ya con claridad la figura del mes\u00ed\u00adas elegido por Dios: hijo de Dios, resume en s\u00ed\u00ad toda la fuerza que Dios manifiesta en la \u2020\u0153guerra santa\u2020\u009d del AT. Sabr\u00e1 derrotar a todos los enemigos del pueblo de Dios, realizando de este modo el reino definitivo, que coincide con la situaci\u00f3n escatol\u00f3gica final. El reino de Dios realizado por el mes\u00ed\u00adas no ser\u00e1 una situaci\u00f3n so\u00f1ada, sino que tendr\u00e1 su concreci\u00f3n. Esta llega a veces hasta el punto de que se afirma la existencia de un reino del mes\u00ed\u00adas, previo al reinado final, de duraci\u00f3n limitada. La concepci\u00f3n de un reino mesi\u00e1nico preescatol\u00f3gico ronda por toda la apocal\u00ed\u00adptica, asumiendo duraciones, tonos y contenidos diversos: situaci\u00f3n de premio, participaci\u00f3n funcional en el reino definitivo en devenir, expresi\u00f3n puramente simb\u00f3lica de la presencia activa del mes\u00ed\u00adas en la historia. Relacionada m\u00e1s o menos estrechamente con el mes\u00ed\u00adas, identificada a veces con ella, est\u00e1 la figura enigm\u00e1tica del \u2020\u0153hijo del hombre\u2020\u009d. Expresi\u00f3n inicial probablemente de una personalidad corporativa y casi identificado con el pueblo, el hijo del hombre adquiere poco a poco un relieve m\u00e1s marcadamente personal. En uni\u00f3n con el mes\u00ed\u00adas, subraya su vinculaci\u00f3n con la historia propia de los hombres [1 Jesucristo III; \/ Mesianismo].<br \/>\n258<br \/>\n5. Lo espec\u00ed\u00adfico cristiano.<br \/>\nLas persecuciones de Ant\u00ed\u00adoco IV Ep\u00ed\u00adfanes hab\u00ed\u00adan hecho tomar bruscamente conciencia de que en el AT el material religioso que hab\u00ed\u00ada madurado estaba dispuesto para ser aplicado a la historia. Un fen\u00f3meno an\u00e1logo se verifica para la apocal\u00ed\u00adptica del NT. El cristianismo hab\u00ed\u00ada tenido contactos interesantes, pero espor\u00e1dicos, con la sociedad civil no cristiana. Con las persecuciones llega una sacudida que obliga a mirar cara a cara una realidad social compleja y ordinariamente hostil; resulta irremediable una confrontaci\u00f3n teol\u00f3gica global. Obligada a enfrentarse con los hechos, la apocal\u00ed\u00adptica cristiana consigue expresar su mejor mensaje, que encontramos especialmente en el Apocalipsis de Juan. Los temas<br \/>\n 259 2<br \/>\nteol\u00f3gicos que hab\u00ed\u00adan aparecido en la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada encuentran as\u00ed\u00ad una profun-dizaci\u00f3n caracter\u00ed\u00adstica. Dios, se\u00f1or de la historia, es trascendente y nunca se le describe en sus rasgos, pero est\u00e1 presente y envuelto en la historia, que es a la vez salvaci\u00f3n y creaci\u00f3n. Y sobre todo, incluso teniendo en cuenta la historia tal como se desarrolla, Dios es Padre de Jesucristo (Ap 1,6; Ap 3,21).<br \/>\nLa figura central del mes\u00ed\u00adas y la otra m\u00e1s fluida del hijo del hombre de la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada confluyen en Cristo y encuentran en \u00e9l una expresi\u00f3n nueva, inconcebible a nivel del AT: en Cristo, mes\u00ed\u00adas (Ap 12,10) e hijo del hombre (Ap 1,13; Ap 14,14), aparecen los atributos operativos de Dios mismo. Se da una cierta inter-c\u00e1mbiabilidad entre ellos: son Padre e Hijo, y esto lleva su acci\u00f3n en la historia a un nivel vertiginoso de paridad rec\u00ed\u00adproca: Dios \u2020\u0153vendr\u00e1\u2020\u009d en Cristo y Cristo ser\u00e1 llamado alfa y omega, no menos que Dios Ap 1,4 y 1,7; 1,8 y 22,13). Se da un desplazamiento de perspectiva tambi\u00e9n en lo que se refiere a las fuerzas intermedias, entre el cielo y la tierra, que colaboran en el desarrollo de la historia de los hombres. Lo demon\u00ed\u00adaco se hace m\u00e1s hist\u00f3rico; la conexi\u00f3n entre las fuerzas del abismo y la historia humana se hace m\u00e1s estrecha y m\u00e1s completa: afecta al Estado, a los centros de poder negativos, a \u2020\u0153Babilonia\u2020\u009d, a la concreci\u00f3n consumistade la ciudad secular (Ap 17,1-18).<br \/>\nLas fuerzas positivas reciben mayor claridad e importancia: los \u00e1ngeles colaboran con el hijo del hombre (14,14-20); el hijo del hombre asocia a su acci\u00f3n activa al pueblo que le sigue (Ap 1,5 y 19,14). Y el mes\u00ed\u00adas hijo del hombre es presentado audazmente como una fuerza positiva inmersa en la historia al lado y en contraste con las fuerzas hostiles (cf 6,1-2).<br \/>\nEn s\u00ed\u00adntesis: aunque no podamos compartir la afirmaci\u00f3n de E. K\u00e1semann, seg\u00fan el cual la apocal\u00ed\u00adptica es la madre de toda la teolog\u00ed\u00ada cristiana, no podemos desconocer el papel que ha representado la apocal\u00ed\u00adptica en el paso de los hechos brutos de la historia de la salvaci\u00f3n a su comprensi\u00f3n teol\u00f3gica. Precisamente porque su especificidad est\u00e1 en la interpretaci\u00f3n sapiencial de la realidad dial\u00e9ctica y fluida de los hechos, la apocal\u00ed\u00adptica estimula la formulaci\u00f3n de todos aquellos elementos del mensaje religioso que necesita en su interpretaci\u00f3n. Al mismo tiempo, la constante apelaci\u00f3n a la realidad en que se vive ahora y al futuro que se prepara impide a la teolog\u00ed\u00ada propiamente apocal\u00ed\u00adptica degeneraren fantas\u00ed\u00ada o girar ociosamente en torno a s\u00ed\u00ad misma.<br \/>\n259<br \/>\nBIBL.: Charles R.H., The Apocrypha and Pseudepigrapha of the O\u00ed\u00add Testament, en En-glish.<br \/>\nPseudepigrapha II, Oxford 1969; Delcor ?., Mito y tradici\u00f3n en la literatura apocal\u00ed\u00adptica, Cristiandad, Madrid<br \/>\n1977; Erbetta M., GHApocrifidelNuovo Testamento III. Lettere e Apocalissi, Tur\u00ed\u00adn 1969; Hennecke E.,<br \/>\nNeutesta-mentliche Apokryphen in deutscher Ube rset-zung II. Apostolisches Apokalipses und Ver-wandtes,<br \/>\nTubinga 1964 (3.a ed., publicada por W. Kaiser-O. PlOger); Paul ?., Intertestamen-to, Verbo Divino,<br \/>\nEstella 1979; Ravasi G., Apo-caliltica, en Nuovo Dizionario di Teolog\u00ed\u00ada, Ed. Paoline, Roma 1985\u2020\u009d, 1945-<br \/>\n1956; Rowley H.H., The Revelance of Apocalyptic. A Study of Je-wish and Christian Apocalypses from<br \/>\nDaniel lo Revelation, Londres-Nueva York 1964; Russel D.S.S., The Method and Message of Jewish<br \/>\nApocalyptic, Londres-Filadelfia 1964; Schmi-thals W., L\u2020\u2122apocalittica, Queriniana, Brescia 1976; Schreiner<br \/>\nJ., Alttestamentlich-j\u00fcdische Apokalyptik. EinerEinf\u00fchrung, M\u00fcnster 1969; Id, J\u00fcdische Schriften aus<br \/>\nhellenis\u00fcscherZeit V. Apokalypsen, G\u00fctersloh 1974.<br \/>\nU. Vanni<br \/>\n260<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>Sumario; 1. Los escritos apocal\u00ed\u00adpticos. . G\u00e9nesis de la apocal\u00ed\u00adptica. III. La forma literaria.<br \/>\nIV\u2020\u2122. La teolog\u00ed\u00ada: 1. La dial\u00e9ctica de la historia; 2. Angeles y demonios; 3. Escatolog\u00ed\u00ada; 4. El me-s\u00ed\u00adas y el hijo del hombre; 5. Lo espec\u00ed\u00adfico cristiano.<br \/>\n244<br \/>\n1. LOS ESCRITOS APOCALIPTICOS.<br \/>\nEl primer paso que se impone para una comprensi\u00f3n de la apocal\u00ed\u00adptica es una verificaci\u00f3n de los escritos que la expresan. Aun cuando la atribuci\u00f3n de la mayor parte de los textos al g\u00e9nero literario apocal\u00ed\u00adptico no presenta ninguna dificultad, sobre algunos de ellos los autores no est\u00e1n de acuerdo.<br \/>\nEn realidad, no todos los escritos apocal\u00ed\u00adpticos lo son en el mismo grado. Pero algunas caracter\u00ed\u00adsticas literarias t\u00ed\u00adpicas permiten trazar un cuadro bastante completo. El primer apocal\u00ed\u00adptico en orden cronol\u00f3gico que se se\u00f1ala como tal es el libro de Eze-quiel, que, especialmente en los cap\u00ed\u00adtulos 38-39, parece expresar, junto con la conciencia aguda de la misi\u00f3n prof\u00e9tica y la exuberancia de la forma literaria, un primer s\u00ed\u00adntoma del paso de la profec\u00ed\u00ada a la apocal\u00ed\u00adptica. Tambi\u00e9n el libro de Isa\u00ed\u00adas contiene algunas partes reconocidas como apocal\u00ed\u00adpticas: el gran apocalipsis de Isa\u00ed\u00adas, que comprende los cap\u00ed\u00adtulos 24-27, y que puede fecharse en el siglo?? m\u00e1s tarde, as\u00ed\u00ad como el peque\u00f1o apocalipsis de Isa\u00ed\u00adas, que comprende los cap\u00ed\u00adtulos 34-35, de fecha m\u00e1s reciente. Encontramos luego, siguiendo siempre un probable orden cronol\u00f3gico, al Segundo Zacar\u00ed\u00adas (Za 9-14), que hay que situar despu\u00e9s del destierro, yel libro de Daniel, que m\u00e1s que cualquier otro escrito del AT presenta las caracter\u00ed\u00adsticas literarias de la apocal\u00ed\u00adptica. Se compuso probablemente entre el 167 y el 163 a.C.<br \/>\nEn torno a Daniel encontramos todo un florecimiento de literatura apocal\u00ed\u00adptica: el representante m\u00e1s completo es el Libro de Henoc. Escrito en arameo, s\u00f3lo nos ha llegado entero en la versi\u00f3n eti\u00f3pica (por eso se le llama tambi\u00e9n el Libro eti\u00f3pico de Henoc), que a su vez es traducci\u00f3n de una versi\u00f3n griega. El material es muy amplio: los 104 cap\u00ed\u00adtulos se dividen en secciones: libro de los Vigilantes (cc. 1-36), libro de las par\u00e1bolas (cc. 37-71), libro de la Astronom\u00ed\u00ada (cc. 72-82), libro de los Sue\u00f1os (cc. 83-90), ep\u00ed\u00adstola de Henoc (cc. 91-1 04). La fecha var\u00ed\u00ada seg\u00fan las diversas partes; a excepci\u00f3n de algunos a\u00f1adidos m\u00e1s tard\u00ed\u00ados, se piensa que el libro se form\u00f3 entre el 170 y el 64 a.C. El Libro de los Jubileos (llamado tambi\u00e9n Apocalipsis de Mois\u00e9s o Peque\u00f1o G\u00e9nesis) se interesa especialmente por la historia: presenta su desarrollo en per\u00ed\u00adodos \u2020\u0153jubilares\u2020\u009d de cuarenta y nueve a\u00f1os; cada per\u00ed\u00adodo se divide a su vez en siete semanas de a\u00f1os. Escrito en arameo, fue traducido al griego y del griego al eti\u00f3pico; es \u00e9sta la traducci\u00f3n que tenemos. La fecha es discutida, pero ordinariamente se piensa que fue escrito en el siglo II a.C.<br \/>\nDe menor importancia, pero tambi\u00e9n significativo, es el libro III de los Or\u00e1culos sibilinos. Pertenece a una serie de libros llamados precisamente Or\u00e1culos sibilinos (15 en total, pero de los que se han perdido el IX, el X y el XV), que, copiando el estilo herm\u00e9tico de las sibilas, se esforzaban en presentar el mensaje jud\u00ed\u00ado o cristiano en los ambientes paganos. De naturaleza muy bien cuidada, el libro III fue escrito en parte a<br \/>\n 245 9<br \/>\nmediados del siglo II y en parte en el siglo 1 a.C; algunos cap\u00ed\u00adtulos pueden fecharse en el siglo 2 d.C. Se refiere eminentemente a la ley de Mois\u00e9s (la Sibila que habla es la nuera de Mois\u00e9s), que, una vez puesta en pr\u00e1ctica, acabar\u00e1 trayendo la paz escatol\u00f3gica.<br \/>\nEl Testamento de los doce patriarcas, escrito en hebreo, nos ha llegado entero s\u00f3lo en la traducci\u00f3n griega. El libro se presenta como expresi\u00f3n de las \u00faltimas voluntades de los 12 hijos de Jacob y tiene un car\u00e1cter predominantemente paren\u00e9tico. La parte m\u00e1s propiamente apocal\u00ed\u00adptica est\u00e1 contenida en el \u2020\u0153Testamento de Lev\u00ed\u00ad\u2020\u2122.<br \/>\n245<br \/>\nLos Salmos de Salom\u00f3n constituyen una colecci\u00f3n de 18 salmos, escritos en hebreo, pero que se han conservado en griego y en una traducci\u00f3n sir\u00ed\u00adaca dependiente del griego, completada hacia la segunda mitad del siglo 1 a.C. Los salmos de car\u00e1cter apocal\u00ed\u00adptico son sobre todo el 17 y el 18.<br \/>\nLa Asunci\u00f3n de Mois\u00e9s, escrita probablemente en arameo, nos ha llegado en una versi\u00f3n latina. M\u00e1s que de una asunci\u00f3n propia y verdadera (descrita en una parte que se ha perdido), se trata de una predicci\u00f3n interpretativa de la historia desde la entrada en Cana\u00e1n hasta los d\u00ed\u00adas del autor (6 a.C.-30 d.C); la perspectiva final se abre a la conclusi\u00f3n escatol\u00f3gica.<br \/>\nTambi\u00e9n en la literatura de Qum-r\u00e1n encontramos varios escritos reconocidos como apocal\u00ed\u00adpticos, por ejemplo, el libro de las Doctrinas misteriosas (1Q Myst), la descripci\u00f3n de la Nueva Jerusal\u00e9n (5Q JN), la Oraci\u00f3n de Nab\u00f3nides (4Q Pr N), el Pseudo-Daniel (4Q Ps Dan) y el Rollo de Melquisedec (11 Q Melch).<br \/>\nTambi\u00e9n en el \u00e1mbito del NT encontramos algunos escritos apocal\u00ed\u00adpticos. Antes del Apocalipsis de Juan se encuentran ya elementos claramente apocal\u00ed\u00adpticos, pero que no pueden separarse del cuadro de conjunto en que est\u00e1n insertos. El m\u00e1s conocido es el Apocalipsis sin\u00f3ptico, el discurso escatol\u00f3gico de Jes\u00fas (Mc 13,1-31; Mt 24,1-44; Lc 21,5-36): la narraci\u00f3n de Marcos es reelaborada por Mateo y Lucas, pero siempre dentro de un estilo t\u00ed\u00adpicamente apocal\u00ed\u00adptico, que se aparta claramente del que es usual en los evangelios. Tambi\u00e9n algunos trozos de Pablo presentan las caracter\u00ed\u00adsticas del estilo literario apocal\u00ed\u00adptico, como lTh 4,16-17; 2Th 2,1-12; iCo 15,20-28. Esta misma observaci\u00f3n vale para 2P 3,1-13 y, aunque en proporci\u00f3n menor, para la carta de Judas.<br \/>\nLa apocal\u00ed\u00adptica, presente sin duda en el NT, no se detiene en \u00e9l, sino que contin\u00faa desarroll\u00e1ndose posteriormente durante algunos siglos en dos filones distintos, aunque con influencias mutuas: el jud\u00ed\u00ado y el cristiano.<br \/>\nEn el fil\u00f3n jud\u00ed\u00ado encontramos la Ascensi\u00f3n de Isa\u00ed\u00adas (su primera parte se llama tambi\u00e9n Martirio de Isa\u00ed\u00adas) El libro nos ha llegado en eti\u00f3pico y, parcialmente, en lat\u00ed\u00adn. Con algunos elementos de clara tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada (como el martirio de Isa\u00ed\u00adas partido en dos) se mezclan otros de origen cristiano, hasta tal punto que es imposible establecer una distinci\u00f3n clara.<br \/>\nTodav\u00ed\u00ada en la l\u00ed\u00adnea jud\u00ed\u00ada encontramos la Vida de Ad\u00e1n y Eva, escrita en arameo, reconstruida seg\u00fan las varias versiones, especialmente latinas y griegas (estas \u00faltimas llevan impropiamente el t\u00ed\u00adtulo de Apocalipsis de Mois\u00e9s). Escrito probablemente en la primera mitad del siglo 1 d.C. (antes del a\u00f1o 70), el libro es un comentario midr\u00e1sico a los datos b\u00ed\u00adblicos relativos a Ad\u00e1n y Eva. Mayor importancia tiene el Apocalipsis de Abrah\u00e1n: poseemos el texto eslavo, traducido del griego. El griego parece haber sido escrito a finales del siglo i d.C. La parte propiamente apocal\u00ed\u00adptica (cc. 9-32) nos presenta una visi\u00f3n de Abrah\u00e1n que, en contacto directo con Dios, ve el devenir de la historia en su sentido religioso: el hombre es responsable de ello y ser\u00e1 castigado o premiado en el jucio que se avecina:. las fuerzas paganas ser\u00e1n destruidas por el fuego, y Dios, al sonido de la trompeta, reunir\u00e1 a sus elegidos. El Testamento de Abrah\u00e1n constituye igualmente un apocalipsis jud\u00ed\u00ado cuyo texto griego actual es la traducci\u00f3n de un original semita escrito en el siglo i d.C. Presenta una acentuaci\u00f3n marcadamente escatol\u00f3gica e individual; se aparecen en visi\u00f3n a Abrah\u00e1n los tres tipos de juicio que se llevar\u00e1n a cabo y en los que se decidir\u00e1 el destino de cada alma.<br \/>\nEl libro de los secretos de Henoc (llamado tambi\u00e9n II Henoc o Henoc eslavo) fue escrito en griego en los siglos i y II d.C; pero s\u00f3lo nos queda una versi\u00f3n eslava. Las interpolaciones cristianas, particularmente numerosas y evidentes, le dan al libro un aspecto arreglado y sincretista, haciendo dudar incluso de su origen jud\u00ed\u00ado. Henoc describe los siete cielos que va atravesando; despu\u00e9s su atenci\u00f3n se centra en la tierra: se le revela la historia hasta el diluvio, y luego una panor\u00e1mica de la era presente, que despu\u00e9s de siete per\u00ed\u00adodos de mil a\u00f1os llegar\u00e1 a su conclusi\u00f3n final.<br \/>\nEl libro IV de los Or\u00e1culos sibilinos, por su alusi\u00f3n a la erupci\u00f3n del Vesubio del 79 d.C, parece ser que se escribi\u00f3 a finales del siglo i. Presenta las caracter\u00ed\u00adsticas propias del grupo de libros sibilinos anteriormente recordados.<br \/>\n 246 0<br \/>\n246<br \/>\nTiene un relieve especial el IVlibro de Esdras (llamado tambi\u00e9n Apocalipsis de Esdras). La versi\u00f3n latina (Vulgata) a\u00f1adi\u00f3 a lo que era presumiblemente el original arameo algunos cap\u00ed\u00adtulos (1-2; 15-16) que no se encuentran en las otras traducciones que conocemos (sir\u00ed\u00adaca, eti\u00f3pica, \u00e1rabe, aramea) y que representan otras tantas interpolaciones cristianas. Parece haber sido escrito a finales del siglo 1 d.C. El libro, sustanciaimente unitario a pesar de su car\u00e1cter un tanto farragoso, se divide en siete visiones sucesivas que, con diversas im\u00e1genes, expresan una renovaci\u00f3n radical de la situaci\u00f3n presente de pecaminosidad:<br \/>\nintervendr\u00e1 Dios y, despu\u00e9s de un reinado mesi\u00e1-nico de cuatrocientos a\u00f1os, juzgar\u00e1 a los individuos, destruir\u00e1 con el fuego a sus enemigos y sustituir\u00e1 la Jerusa-l\u00e9n actual por una Jerusal\u00e9n nueva y definitiva.<br \/>\nEl II Libro de Baruc, llamado tambi\u00e9n Apocalipsis de Baruc, fue compuesto a finales del siglo 1 o comienzos del II d.C. Se escribi\u00f3 en arameo, pero s\u00f3lo tenemos su versi\u00f3n griega. Baruc se preocupa de la historia presente y futura: los justos ser\u00e1n oprimidos, pero resucitar\u00e1n y tendr\u00e1n cuerpos celestiales; las fuerzas hostiles, como las del imperio romano, ser\u00e1n derrotadas. Al final vendr\u00e1 el mes\u00ed\u00adas y establecer\u00e1 su reino.<br \/>\nEl III Libro de Baruc, llamado tambi\u00e9n Apocalipsis griego de Baruc, fue escrito en griego, en el siglo II d.C; queda de \u00e9l un resumen en griego y una traducci\u00f3n sint\u00e9tica en eslavo. El libro tiene la forma literaria de un viaje a trav\u00e9s de cinco de los siete cielos; el autor constata, entre otras cosas, la mediaci\u00f3n de los \u00e1ngeles y la funci\u00f3n decisiva de las oraciones.<br \/>\nCon el libro IV de los Or\u00e1culos sibilinos cesa pr\u00e1cticamente la gran apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada, al menos de las obras que han llegado hasta nosotros.<br \/>\nTambi\u00e9n en un fil\u00f3n espec\u00ed\u00adficamente cristiano se desarrolla la apocal\u00ed\u00adptica, a partir del Apocalipsis de Juan. Contempor\u00e1neo o algo posterior al Apocalipsis de Juan es el cap\u00ed\u00adtulo 16 de la Didaj\u00e9 (100-1 50), que recoge las ideas y las im\u00e1genes del apocalipsis sin\u00f3ptico y de 2Th 2.<br \/>\nLa Asunci\u00f3n de Isa\u00ed\u00adas, unida a la Ascensi\u00f3n de Isa\u00ed\u00adas jud\u00ed\u00ada, se escribi\u00f3 en griego entre los a\u00f1os 100 a 150 d.C. El libro se divide en dos partes: el martirio de Isa\u00ed\u00adas y su asunci\u00f3n al cielo, en donde se revelan las luchas que la Iglesia y los individuos tendr\u00e1n que sostener antes de la conclusi\u00f3n positiva final,<br \/>\nDel Apocalipsis de Pedro, escrito en griego por el 135, nos quedan un largo fragmento (llamado \u2020\u0153fragmento de Akmin\u2020\u2122, publicado en el 1887) y una traducci\u00f3n eti\u00f3pica (publicada en el 1910). En el gran marco de la conclusi\u00f3n positiva de la lucha entre el bien y el mal, presentada con mentalidad sincretista, se dedica una atenci\u00f3n especial al premio escatol\u00f3-gico de Jos buenos y al castigo de los malvados.<br \/>\nEl Pastor fue escrito por Hermas por el 150. Su plena pertenencia a la literatura apocal\u00ed\u00adptica es discutida por los autores. Su punto de contacto con la apocal\u00ed\u00adptica es la forma literaria de visiones.<br \/>\nEl IV Libro de Esdras (cf supra) recoge, en las antiguas Biblias en lat\u00ed\u00adn, dos cap\u00ed\u00adtulos iniciales (1-2) y dos finales (15-16) que faltan en las versiones orientales y que constituyen una obra apocal\u00ed\u00adptica cristiana. Los dos primeros cap\u00ed\u00adtulos se suelen llamar V Esdras y los dos \u00faltimos VI Esdras. El texto original estaba en griego.<br \/>\nEl V Esdras se compone de dos partes: 1,4-2,9: mensaje de maldici\u00f3n contra Israel por su infidelidad; 2,10-48: mensaje de exhortaci\u00f3n y promesas (la nueva Jerusal\u00e9n) al pueblo cristiano. Se escribi\u00f3 por el a\u00f1o 200.<br \/>\nEl VlEsdras contiene varios ay!\u2020\u009d contra las potencias enemigas de Dios, expresadas en s\u00ed\u00admbolos<br \/>\n(Babilonia, Asia, Egipto). A los cristianos, perseguidos y oprimidos, se les hace vislumbrar la victoria final.<br \/>\nLa fecha de composici\u00f3n oscila entre el 250 y el 300.<br \/>\nEn la colecci\u00f3n de los Or\u00e1culos sibilinos (cf supra) figuran tambi\u00e9n partes cristianas, que se encuentran insertas en los or\u00e1culos sibilinos jud\u00ed\u00ados o bien tienen un desarrollo aut\u00f3nomo. La fecha m\u00e1s probable de las partes cristianas es la mitad del siglo II. Las partes que se pueden identificar con mayor probabilidad como cristianas son las siguientes: libro 1, vers\u00ed\u00adculos 323-400; libro II, vers\u00ed\u00adculos 34-56 y 150-347; libro VI, vers\u00ed\u00adculos 1-25; libro VII, entero; libro VIII entero (excepto alg\u00fan que otro verso).<br \/>\n247<br \/>\nEl Apocalips\u00ed\u00ads de Pablo se compuso en griego en la primera mitad del siglo III. De naturaleza ecl\u00e9ctica, la obra presenta dos visiones de Pablo, que ha subido hasta el tercer cielo. Pablo ve toda una serie de cuadros, que le va explicando un \u00e1ngel: los justos son premiados, los malvados son castigados seg\u00fan diversas categor\u00ed\u00adas, con interrupciones moment\u00e1neas (los domingos) de sus penas.<br \/>\nEl juicio de san Agust\u00ed\u00adn (\u2020\u02dc&#8230; personas frivDIAS, con una presunci\u00f3n loca, han inventado el Apocalipsis de<br \/>\n 248 1<br \/>\nPablo&#8230;, lleno de no s\u00e9 cu\u00e1ntas f\u00e1bulas\u2020\u2122), recogido por M. Erbetta (cf Bibliograf\u00ed\u00ada) es quiz\u00e1 demasiado severo. Pero estamos ya en el ocaso de la verdadera apocal\u00ed\u00adptica -que apreciaba san Agust\u00ed\u00adn- y se va cayendo en una pura y simple descripci\u00f3n imaginativa del m\u00e1s all\u00e1, del juicio, de las penas, de los premios. El estilo se va haciendo cada vez m\u00e1s artificioso.<br \/>\nVolvemos a encontrar estas caracter\u00ed\u00adsticas decadentes en la serie de \u2020\u0153Apocalipsis\u2020\u2122 tard\u00ed\u00ados, que a veces se conservan tan s\u00f3lo en fragmentos, como el Apocalipsis de Tom\u00e1s (,antes del siglo y?), el Apocalipsis de Sofon\u00ed\u00adas (el texto copto fue escrito por el 400), el Apocalipsis de Elias (,finales del siglo iv?), el Apocalipsis de Zacar\u00ed\u00adas, tres Apocalipsis de Juan (Ss. y, vi-vn, xi), dos Apocalipsis de Mar\u00ed\u00ada (Ss. vil, ix), el Apocalipsis de Esteban (5. y, del que s\u00f3lo hay noticias indirectas).<br \/>\n248<br \/>\nII. GENESIS DE LAAPOCALIPTICA.<br \/>\nEn el origen de la apocal\u00ed\u00adptica se impone un hecho: sucede cronol\u00f3gicamente a la gran profec\u00ed\u00ada, aun cuando la presencia mutua de elementos caracter\u00ed\u00adsticos de una corriente en la otra impide pensar en una separaci\u00f3n hist\u00f3rica violenta.<br \/>\nPartiendo de este dato de hecho, algunos autores consideran que la apocal\u00ed\u00adptica es, bajo otras formas, una continuaci\u00f3n de la profec\u00ed\u00ada: representar\u00ed\u00ada la ant\u00ed\u00adtesis de tipo prof\u00e9-tico a la tendencia legalista, que encuentra en el movimiento farisaico su expresi\u00f3n m\u00e1s patente (Charles, Rowley, Frost, Russel, Eissfeldt). Pero esta soluci\u00f3n no convence del todo. La gran apocal\u00ed\u00adptica, especialmente en el libro de Daniel, presenta rasgos indudablemente sapienciales. El primero y m\u00e1s destacado es la existencia de una interpretaci\u00f3n, de un .desciframiento de enigmas, expresados en sue\u00f1os, visiones o im\u00e1genes de otro tipo. Y a Daniel se le designa expresamente como un sabio (Dn 2,48). \u00bfPor qu\u00e9, entonces, no ver la apocal\u00ed\u00adptica como un desarrollo de la literatura sapiencial? (G. von Rad). Sobre todo si se tiene en cuenta que el estilo prof\u00e9tico en su sentido m\u00e1s pleno parece haber sido empleado, a partir del siglo y, s\u00f3lo por Juan Bautista y por Jes\u00fas (J. Wellhausen, G. Duhm), mientras que la apocal\u00ed\u00adptica se ocupa del plan general de Dios sobre la historia (O. Pl\u00f3ger, D. R\u00f3ssler).<br \/>\n\u00bfOrigen prof\u00e9tico u origen sapiencial? Una mirada a la situaci\u00f3n hist\u00f3rica jud\u00ed\u00ada sugiere una tercera soluci\u00f3n. Las causas que llevan a un agotamiento de la gran profec\u00ed\u00ada son m\u00faltiples. Una de las m\u00e1s evidentes hay que buscarla en el hecho de que, tras la vuelta del destierro, hab\u00ed\u00ada desaparecido el elemento pol\u00ed\u00adtico oficial. Cesaba as\u00ed\u00ad aquella ant\u00ed\u00adtesis dial\u00e9ctica entre el rey y el profeta que encontramos en tantas grandes figuras prof\u00e9-ticas, desde Elias hasta Jerem\u00ed\u00adas. Esta ant\u00ed\u00adtesis acaba con la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n y con Ezequiel, que es un profeta t\u00ed\u00adpico del drama religioso de la destrucci\u00f3n y, a la vez, es tambi\u00e9n el primer apocal\u00ed\u00adptico. Una vez reconstruido el templo y reorganizado el culto, nace una religiosidad nueva, que se desarrolla casi durante dos siglos.<br \/>\nLa situaci\u00f3n socialmente as\u00e9ptica y tranquila supone, por una parte, la posibilidad de una profundizaci\u00f3n y de un desarrollo sin perturbaciones; por otra, eliminando los diversos tipos de ant\u00ed\u00adtesis (religi\u00f3n-pol\u00ed\u00adtica, religiosidad-culto, disparidades sociales-religi\u00f3n, etc.), le quita a la profec\u00ed\u00ada tradicional su espacio de supervivencia.<br \/>\nEn el pueblo jud\u00ed\u00ado no existe ya libertad pol\u00ed\u00adtica. Se da, sin embargo, una notable libertad para la vida religiosa, que se desarrolla y se profundiza unidireccionalmente, casi por su propia cuenta, sin la confrontaci\u00f3n obligada con la situaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica y social. Una nueva prueba de esta profundizaci\u00f3n silenciosa que se ha lievado a cabo se tiene cuando los dominadores pol\u00ed\u00adticos intentan entrar en el terreno religioso (Ant\u00ed\u00adoco IV Ep\u00ed\u00adfanes); entonces la reacci\u00f3n es tan fuerte que se convierte en sublevaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica.<br \/>\n249<br \/>\nEn este punto nace la verdadera y aut\u00e9ntica apocal\u00ed\u00adptica. Es fruto, por una parte, de la profundizaci\u00f3n religiosa que fue madurando en el AT; y por otra, de la urgencia imprevista de interpretar religiosamente unos hechos nuevos y desconcertantes, como las persecuciones de Ant\u00ed\u00adoco IV Ep\u00ed\u00adfanes. La apocal\u00ed\u00adptica intenta aplicar a la historia concreta la visi\u00f3n religiosa del AT. Para hacer posible el paso de las categor\u00ed\u00adas religiosas abstractas a una interpretaci\u00f3n v\u00e1lida de los hechos, interviene una forma nueva de discernimiento sapiencial. El sabio es aquel que, por un lado, sabe comprender el plan de Dios sobre la historia en sus dimensiones fundamentales y lo sabe explicar; por otro lado, sabe identificar y se\u00f1alar las implicaciones concretas que ata\u00f1en al comportamiento de los personajes contempor\u00e1neos. Los hechos hist\u00f3ricos desconcertantes provocan una exigencia de lectura prof\u00e9tica, que se realiza de una forma en la que ocupa un papel predominante el int\u00e9rprete sabio. Vuelven a nacer la sabidur\u00ed\u00ada y la profec\u00ed\u00ada, pero constituyen ahora una nueva s\u00ed\u00adntesis original: \u2020\u0153La apocal\u00ed\u00adptica es una hija leg\u00ed\u00adtima de la profec\u00ed\u00ada, aunque tard\u00ed\u00ada y particular, la cual, aunque no sin haber sido instruida en sus a\u00f1os juveniles, se fue abriendo a la<br \/>\n 250 2<br \/>\nsabidur\u00ed\u00ada con el correr de los a\u00f1os\u2020\u009d (P. von der Osten-Sa-cken, Dic Apokalyptik in ihrem Ver-haltnis zu Prophetie und Weisheit, M\u00fcnchen 1969, 63). Un desarrollo an\u00e1logo se encuentra en la apocal\u00ed\u00adptica cristiana. Las expresiones m\u00e1s antiguas que tenemos -Pablo, apocalipsis sin\u00f3ptico- muestran una clara dependencia de la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada en su contenido teol\u00f3gico y en su forma literaria. Pero en el \/ Apocalipsis de Juan la apocal\u00ed\u00adptica cristiana encuentra su propia expresi\u00f3n original y aut\u00f3noma, que la distingue tambi\u00e9n de la jud\u00ed\u00ada. El vac\u00ed\u00ado en el tiempo que hab\u00ed\u00ada habido en el \u00e1rea jud\u00ed\u00ada entre la profec\u00ed\u00ada y la apocal\u00ed\u00adptica aqu\u00ed\u00ad simplemente no existe. El Apocalipsis de Juan se presenta expresamente como \u2020\u0153profec\u00ed\u00ada\u2020\u009d (Ap 1,3); la funci\u00f3n del sabio la ejerce aqu\u00ed\u00ad la comunidad que escucha (Ap 1,3), la cual tiene que utilizar \u2020\u0153la mente que tiene sabidur\u00ed\u00ada\u2020\u009d (Ap 13,18) tanto en la interpretaci\u00f3n del mensaje del Esp\u00ed\u00adritu como en el desciframiento y en la aplicaci\u00f3n del s\u00ed\u00admbolo a la realidad hist\u00f3rica.<br \/>\n250<br \/>\nNacido en tiempo de \u2020\u0153tribulaci\u00f3n\u2020\u2122 (Ap 1,9), como el libro de Daniel, el Apocalipsis de Juan, lo mismo y m\u00e1s a\u00fan que el de Daniel, presenta ciertas categor\u00ed\u00adas teol\u00f3gicas que habr\u00e1 que aplicar en todos los tiempos. La Iglesia podr\u00e1 siempre, descifrando el mensaje y aplic\u00e1ndolo a su simultaneidad hist\u00f3rica, interpretar su propia hora, con la misma validez y eficacia incisiva de la gran profec\u00ed\u00ada del AT.<br \/>\nEfectivamente, el Apocalipsis de Juan, m\u00e1s que de la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada precedente, depende en gran parte del AT; la experiencia profunda, quiz\u00e1 lit\u00fargica, del mensaje del NT le lleva a una reelaboraci\u00f3n original del AT, al que nunca se cita expresamente. Se tiene as\u00ed\u00ad una s\u00ed\u00adntesis nueva del contenido religioso tanto del AT como del NT, que habr\u00e1 de aplicarse en la interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica.<br \/>\nLos apocalipsis cristianos sucesivos ofrecer\u00e1n muchos elementos \u00fatiles de clarificaci\u00f3n, pero raras veces a\u00f1adir\u00e1n otros nuevos. El nivel, aunque notablemente rebajado en comparaci\u00f3n con el del Apocalipsis de Juan, se mantendr\u00e1 durante alg\u00fan tiempo, para degenerar luego, con el correr del tiempo, en simples fantas\u00ed\u00adas.<br \/>\n251<br \/>\nIII. LA FORMA LITERARIA.<br \/>\nNacida a impulsos del af\u00e1n de contactar con la revelaci\u00f3n divina anterior, que fue madurando y que se profundiz\u00f3 en el trato con el campo fluido de la historia, la apocal\u00ed\u00adptica ten\u00ed\u00ada que recurrir al s\u00ed\u00admbolo. Una exposici\u00f3n sin s\u00ed\u00admbolos se habr\u00ed\u00ada resuelto f\u00e1cilmente o en una repetici\u00f3n del mensaje teol\u00f3gico anteriormente madurado, pero sin ninguna vinculaci\u00f3n con las realidades hist\u00f3ricas concretas, o bien en una exposici\u00f3n de los hechos con una interpretaci\u00f3n religiosa inevitablemente circunscrita.<br \/>\nPara la apocal\u00ed\u00adptica el simbolismo es una exigencia end\u00f3gena [1 S\u00ed\u00admbolo].<br \/>\nEl punto de partida del simbolismo apocal\u00ed\u00adptico es el sue\u00f1o; el sue\u00f1o constitu\u00ed\u00ada en la mentalidad antigua, incluso en la b\u00ed\u00adblica, un modo de entrar en contacto con Dios, una forma de revelaci\u00f3n de Dios al hombre Gn 37,5; Gn 37,10; Sb 18,17; Jb 4,12-21; Dn 7,1; JI 3,1 etc. ), pero que luego tiene necesidad en concreto de la interpretaci\u00f3n de un sabio iluminado y ayudado por Dios (Gn 41,8; Gn 41,38 Dan 4,5s.15; Dn 5,11; Dn 5,14).<br \/>\nAl evolucionar, el sue\u00f1o se convierte en visi\u00f3n: un cuadro simb\u00f3lico, a veces l\u00ed\u00admpido y preciso, pero de ordinario sobrecargado de im\u00e1genes. Tal es la forma habitual de expresarse de la apocal\u00ed\u00adptica: la funci\u00f3n del sabio\u2020\u2122 que interpreta la desarrolla en parte un \u00e1ngel, llamado precisamente \u00e1ngel int\u00e9rprete, que es una figura constante en la apocal\u00ed\u00adptica, y en parte el mismo que lee o que escucha el mensaje: la comunidad, los disc\u00ed\u00adpulos, los \u2020\u0153hijos\u2020\u009d del apocal\u00ed\u00adptico que han sido invitados a escuchar, a convertirse, pero sobre todo a comprender.<br \/>\nEl contenido de las visiones se expresa a trav\u00e9s de diversas cifras simb\u00f3licas que, por repetirse con una cierta constancia, constituyen una de las caracter\u00ed\u00adsticas literarias m\u00e1s t\u00ed\u00adpicas de la apocal\u00ed\u00adptica. El s\u00ed\u00admbolo m\u00e1s llamativo suelen ser las convulsiones c\u00f3smicas: el sol, la luna, las estrellas cambian de naturaleza; la tierra tiembla y sobre ella se ciernen fen\u00f3menos particulares, totalmente fuera del curso ordinario de las cosas. De este modo se se\u00f1ala una presencia muy especial de Dios en el desarrollo de la historia que, presente en la evoluci\u00f3n de los hechos, los orienta hacia una consumaci\u00f3n positiva que supere el mal o potencie infinitamente el bien. Bajo el impulso de Dios, el mundo actual tendr\u00e1 que cambiar.<br \/>\n252<br \/>\nEs t\u00ed\u00adpico de la apocal\u00ed\u00adptica el simbolismo teriom\u00f3rfico. Intervienen a menudo seres fuera de lo normal e incluso monstruosos, que desempe\u00f1an a veces el papel de protagonistas. De este modo se refieren a una esfera de realidad y de acciones que est\u00e1 por encima del simple nivel humano, pero por debajo del nivel<br \/>\n 253 3<br \/>\npropio de Dios.<br \/>\nEl simbolismo aritm\u00e9tico, quiz\u00e1 de origen persa, atribuye generalmente a los n\u00fameros un valor cualitativo, m\u00e1s all\u00e1 del valor cuantitativo que tiene en el lenguaje normal. Este valor a veces sigue siendo gen\u00e9rico, pero a veces se determina y se hace espec\u00ed\u00adfico; as\u00ed\u00ad, por ejemplo, el n\u00famero 7 y sus m\u00faltiplos indican la totalidad; la mitad de 7 y las fracciones indican la parcialidad; 1000 es el n\u00famero de Dios, etc.<br \/>\nEn dependencia del AT, la apocal\u00ed\u00adptica recoge y reelabora muchos de sus elementos simb\u00f3licos: el cielo es la zona propia de Dios, y se\u00f1ala la trascendencia; la tierra es la zona propia de los hombres, en donde se desarrollan los hechos de su historia; el abismo (el mar) es el dep\u00f3sito del mal, etc.<br \/>\nUna forma literaria t\u00ed\u00adpica de la apocal\u00ed\u00adptica, que aparece tambi\u00e9n en los escritos sapienciales, es la pseudoni-mia. El autor se expresa en primera persona, pero sin decir su verdadero nombre; se presenta como un personaje conocido del pasado remoto o reciente, con el que siente cierta afinidad y al que considera particularmente adecuado para pronunciar su mensaje. De este modo vamos escuchando a Henoc, a Mois\u00e9s, a Elias, a Isa\u00ed\u00adas, a Baruc, a Esdras, a Juan, a Pedro, a Pablo, etc. Esta evocaci\u00f3n de los personajes del pasado nace de la exigencia de la apocal\u00ed\u00adptica de unir el pasado con el presente. No se trata de una falsedad literaria -eso ser\u00ed\u00ada incre\u00ed\u00adble-, sino de un recurso literario de eficacia particular.<br \/>\n253<br \/>\nIV. LA TEOLOGIA.<br \/>\nLa apocal\u00ed\u00adptica se propone una meta atrevida, que no siempre logra alcanzar plenamente: la lectura de la historia concreta a la luz de un mensaje religioso anterior.<br \/>\nEs posible trazar un cuadro a grandes rasgos de los elementos que est\u00e1n implicados en esta funci\u00f3n.<br \/>\nLa apocal\u00ed\u00adptica tiene como materia espec\u00ed\u00adfica los hechos de la historia. Pero los hechos no se ven ni se prev\u00e9n en los detalles de su cr\u00f3nica. Tienen una l\u00f3gica superior, un hilo que los liga por encima de cada episodio; existe un plan que los encierra y los engloba a todos ellos; es el plan de Dios, creador y art\u00ed\u00adfice trascendente de la historia. Los hechos \u2020\u0153tienen que acaecer\u2020\u2122; est\u00e1n unidos entre s\u00ed\u00ad en un proyecto de Dios, proyecto que no se le revela al hombre en su totalidad, sino s\u00f3lo en aquellos puntos de referencia orientativos que le permiten captar el sentido religioso de su situaci\u00f3n.<br \/>\n254<br \/>\n1. La dial\u00e9ctica de la historia.<br \/>\nDado que la apocal\u00ed\u00adptica se ocupa de la aplicaci\u00f3n interpretativa de un mensaje religioso a los hechos que \u2020\u0153han de acaecer\u2020\u2122, adquiere un relieve especial en el cuadro de su teolog\u00ed\u00ada la concepci\u00f3n dualista de la historia.<br \/>\nLa historia se desarrolla lineal-mente hacia una conclusi\u00f3n, pero su desarrollo es de tipo dial\u00e9ctico: se realiza a trav\u00e9s de un choque entre el bien y el mal, concretamente entre los justos y los malvados, identificados estos \u00faltimos normalmente con los paganos. Este choque se desplaza del plano individual al colectivo, y afecta a grupos sociales de diversa extensi\u00f3n: categor\u00ed\u00adas, centros de poder, estados, etc. No es un dualismo de tipo maniqueo. Por encima de las vicisitudes humanas y, en cierto modo, envuelto en ellas, est\u00e1 Dios, due\u00f1o absoluto de la historia y de su desarrollo.<br \/>\n255.<br \/>\n2. ANGELES Y DEMONIOS.<br \/>\nEs t\u00ed\u00adpica de toda la apocal\u00ed\u00adptica una presencia acentuada de los \/ \u00e1ngeles y de los demonios. Siempre se les ve a los unos y a los otros por debajo de Dios y por encima del puro nivel humano. Normalmente no se hace ninguna lucubraci\u00f3n sobre su identidad, pero se acent\u00faa su funci\u00f3n dial\u00e9ctica: participan en el choque entre el bien y el mal que se desarrolla en la historia, hasta llegar a convertirse en sus protagonistas especiales. Pero el choque no suele ser directo; tanto los unos como los otros tienden a insinuarse en el mundo de los hombres y a obrar con los hombres y por medio de ellos.<br \/>\n256<br \/>\n3. Escatolog\u00ed\u00ada.<br \/>\n 257 4<br \/>\nEl contraste se desarrolla en una serie de episodios dram\u00e1ticos. Cabe la posibilidad de una victoria de las fuerzas hostiles a Dios; esto significar\u00e1, por otra parte, persecuciones, sufrimientos, tribulaciones, muerte&#8230; Habr\u00e1 tambi\u00e9n per\u00ed\u00adodos de victoria de las fuerzas positivas; pero esto no tiene que enga\u00f1arnos, ya que las potencias del mal siguen estando activas. Al final llegar\u00e1 la conclusi\u00f3n: las fuerzas positivas vencer\u00e1n definitivamente, y las negativas no s\u00f3lo quedar\u00e1n derrotadas, sino que desaparecer\u00e1n por completo, aniquiladas por una intervenci\u00f3n de Dios que se indica con im\u00e1genes m\u00faltiples y diversas (juicio, derrota campal, fuego que baja del cielo, etc\u00e9tera).<br \/>\nLa situaci\u00f3n definitiva que se constituye de este modo traer\u00e1 consigo la resurrecci\u00f3n, una renovaci\u00f3n radical del ambiente en el que se desarrollar\u00e1 la vida, que ya no se ver\u00e1 acechada por las dificultades y limitaciones de ahora (muerte, enfermedad, cansancio).<br \/>\nEn este marco se le atribuye una importancia destacada a la situaci\u00f3n de los justos que desaparecieron de la escena de este mundo. Aguardan la conclusi\u00f3n final, est\u00e1n seguros; los malos ya no pueden hacer da\u00f1o ni librarse del juicio de Dios; los buenos est\u00e1n ya parcialmente recompensados y colaboran con sus oraciones al desarrollo positivo de la historia.<br \/>\n257<br \/>\n4. EL MESIAS Y EL HIJO DEL HOMBRE.<br \/>\nEl gran protagonista que impulsa hacia su conclusi\u00f3n positiva el choque entre las fuerzas positivas y las negativas es el \u2020\u0153mes\u00ed\u00adas\u2020\u009d. Se recogen y condensan los datos que se encuentran sobre \u00e9l en el AT; en la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada surge ya con claridad la figura del mes\u00ed\u00adas elegido por Dios: hijo de Dios, resume en s\u00ed\u00ad toda la fuerza que Dios manifiesta en la \u2020\u0153guerra santa\u2020\u009d del AT. Sabr\u00e1 derrotar a todos los enemigos del pueblo de Dios, realizando de este modo el reino definitivo, que coincide con la situaci\u00f3n escatol\u00f3gica final. El reino de Dios realizado por el mes\u00ed\u00adas no ser\u00e1 una situaci\u00f3n so\u00f1ada, sino que tendr\u00e1 su concreci\u00f3n. Esta llega a veces hasta el punto de que se afirma la existencia de un reino del mes\u00ed\u00adas, previo al reinado final, de duraci\u00f3n limitada. La concepci\u00f3n de un reino mesi\u00e1nico preescatol\u00f3gico ronda por toda la apocal\u00ed\u00adptica, asumiendo duraciones, tonos y contenidos diversos: situaci\u00f3n de premio, participaci\u00f3n funcional en el reino definitivo en devenir, expresi\u00f3n puramente simb\u00f3lica de la presencia activa del mes\u00ed\u00adas en la historia. Relacionada m\u00e1s o menos estrechamente con el mes\u00ed\u00adas, identificada a veces con ella, est\u00e1 la figura enigm\u00e1tica del \u2020\u0153hijo del hombre\u2020\u009d. Expresi\u00f3n inicial probablemente de una personalidad corporativa y casi identificado con el pueblo, el hijo del hombre adquiere poco a poco un relieve m\u00e1s marcadamente personal. En uni\u00f3n con el mes\u00ed\u00adas, subraya su vinculaci\u00f3n con la historia propia de los hombres [1 Jesucristo III; \/ Mesianismo].<br \/>\n258<br \/>\n5. Lo espec\u00ed\u00adfico cristiano.<br \/>\nLas persecuciones de Ant\u00ed\u00adoco IV Ep\u00ed\u00adfanes hab\u00ed\u00adan hecho tomar bruscamente conciencia de que en el AT el material religioso que hab\u00ed\u00ada madurado estaba dispuesto para ser aplicado a la historia. Un fen\u00f3meno an\u00e1logo se verifica para la apocal\u00ed\u00adptica del NT. El cristianismo hab\u00ed\u00ada tenido contactos interesantes, pero espor\u00e1dicos, con la sociedad civil no cristiana. Con las persecuciones llega una sacudida que obliga a mirar cara a cara una realidad social compleja y ordinariamente hostil; resulta irremediable una confrontaci\u00f3n teol\u00f3gica global. Obligada a enfrentarse con los hechos, la apocal\u00ed\u00adptica cristiana consigue expresar su mejor mensaje, que encontramos especialmente en el Apocalipsis de Juan. Los temas teol\u00f3gicos que hab\u00ed\u00adan aparecido en la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada encuentran as\u00ed\u00ad una profun-dizaci\u00f3n caracter\u00ed\u00adstica. Dios, se\u00f1or de la historia, es trascendente y nunca se le describe en sus rasgos, pero est\u00e1 presente y envuelto en la historia, que es a la vez salvaci\u00f3n y creaci\u00f3n. Y sobre todo, incluso teniendo en cuenta la historia tal como se desarrolla, Dios es Padre de Jesucristo (Ap 1,6; Ap 3,21).<br \/>\nLa figura central del mes\u00ed\u00adas y la otra m\u00e1s fluida del hijo del hombre de la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada confluyen en Cristo y encuentran en \u00e9l una expresi\u00f3n nueva, inconcebible a nivel del AT: en Cristo, mes\u00ed\u00adas (Ap 12,10) e hijo del hombre (Ap 1,13; Ap 14,14), aparecen los atributos operativos de Dios mismo. Se da una cierta inter-c\u00e1mbiabilidad entre ellos: son Padre e Hijo, y esto lleva su acci\u00f3n en la historia a un nivel vertiginoso de paridad rec\u00ed\u00adproca: Dios \u2020\u0153vendr\u00e1\u2020\u009d en Cristo y Cristo ser\u00e1 llamado alfa y omega, no menos que Dios Ap 1,4 y 1,7; 1,8 y 22,13). Se da un desplazamiento de perspectiva tambi\u00e9n en lo que se refiere a las fuerzas intermedias, entre el cielo y la tierra, que colaboran en el desarrollo de la historia de los hombres. Lo demon\u00ed\u00adaco se hace m\u00e1s hist\u00f3rico; la conexi\u00f3n entre las fuerzas del abismo y la historia humana se hace m\u00e1s estrecha y m\u00e1s completa: afecta al Estado, a los centros de poder negativos, a \u2020\u0153Babilonia\u2020\u009d, a la concreci\u00f3n consumistade la ciudad secular (Ap 17,1-18).<br \/>\n 259 5<br \/>\nLas fuerzas positivas reciben mayor claridad e importancia: los \u00e1ngeles colaboran con el hijo del hombre (14,14-20); el hijo del hombre asocia a su acci\u00f3n activa al pueblo que le sigue (Ap 1,5 y 19,14). Y el mes\u00ed\u00adas hijo del hombre es presentado audazmente como una fuerza positiva inmersa en la historia al lado y en contraste con las fuerzas hostiles (cf 6,1-2).<br \/>\nEn s\u00ed\u00adntesis: aunque no podamos compartir la afirmaci\u00f3n de E. K\u00e1semann, seg\u00fan el cual la apocal\u00ed\u00adptica es la madre de toda la teolog\u00ed\u00ada cristiana, no podemos desconocer el papel que ha representado la apocal\u00ed\u00adptica en el paso de los hechos brutos de la historia de la salvaci\u00f3n a su comprensi\u00f3n teol\u00f3gica. Precisamente porque su especificidad est\u00e1 en la interpretaci\u00f3n sapiencial de la realidad dial\u00e9ctica y fluida de los hechos, la apocal\u00ed\u00adptica estimula la formulaci\u00f3n de todos aquellos elementos del mensaje religioso que necesita en su interpretaci\u00f3n. Al mismo tiempo, la constante apelaci\u00f3n a la realidad en que se vive ahora y al futuro que se prepara impide a la teolog\u00ed\u00ada propiamente apocal\u00ed\u00adptica degeneraren fantas\u00ed\u00ada o girar ociosamente en torno a s\u00ed\u00ad misma.<br \/>\n259<br \/>\nBIBL.: Charles R.H., The Apocrypha and Pseudepigrapha of the O\u00ed\u00add Testament, en En-glish.<br \/>\nPseudepigrapha II, Oxford 1969; Delcor ?., Mito y tradici\u00f3n en la literatura apocal\u00ed\u00adptica, Cristiandad, Madrid<br \/>\n1977; Erbetta M., GHApocrifidelNuovo Testamento III. Lettere e Apocalissi, Tur\u00ed\u00adn 1969; Hennecke E.,<br \/>\nNeutesta-mentliche Apokryphen in deutscher Ube rset-zung II. Apostolisches Apokalipses und Ver-wandtes,<br \/>\nTubinga 1964 (3.a ed., publicada por W. Kaiser-O. PlOger); Paul ?., Intertestamen-to, Verbo Divino,<br \/>\nEstella 1979; Ravasi G., Apo-caliltica, en Nuovo Dizionario di Teolog\u00ed\u00ada, Ed. Paoline, Roma 1985\u2020\u2122, 1945-<br \/>\n1956; Rowley H.H., The Revelance of Apocalyptic. A Study of Je-wish and Christian Apocalypses from<br \/>\nDaniel lo Revelation, Londres-Nueva York 1964; Russel D.S.S., The Method and Message of Jewish<br \/>\nApocalyptic, Londres-Filadelfia 1964; Schmi-thals W., L\u2020\u2122apocalittica, Queriniana, Brescia 1976; Schreiner<br \/>\nJ., Alttestamentlich-j\u00fcdische Apokalyptik. EinerEinf\u00fchrung, M\u00fcnster 1969; Id, J\u00fcdische Schriften aus<br \/>\nhellenis\u00fcscherZeit V. Apokalypsen, G\u00fctersloh 1974.<br \/>\nU. Vanni<br \/>\n260<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>I. Situaci\u00f3n hermen\u00e9utica<br \/>\nLa a. (como g\u00e9nero literario) es la expresi\u00f3n y el resultado del intento de reducir a categor\u00ed\u00adas, usando como instrumento el mundo mitol\u00f3gico, metaf\u00f3rico y simb\u00f3lico, la -> transcendencia, a Dios y el futuro (-> sentido) de la historia. Ah\u00ed\u00ad se toma como base la constante experiencia fundamental del hombre consigo mismo, con su -> mundo (-> historia e historicidad) y con Dios. A este respecto podemos dejar abierta la cuesti\u00f3n de si se trata de experiencias con origen \u00absobrenatural\u00bb o con origen \u00abnatural\u00bb (conocimiento natural de Dios); de hecho tales experiencias son una s\u00ed\u00adntesis de la dimensi\u00f3n natural y de la sobrenatural.<\/p>\n<p>Adolf Darlap<br \/>\nII. Generalidades<br \/>\n1. En el griego de los LXX y del NT el verbo apocalipto (hebr, gelah, arameo g&#8217;l\u00e1) significa \u00abrevelar\u00bb, y el sustantivo apocalipsis quiere decir \u00abrevelaci\u00f3n\u00bb. Llamamos apocal\u00ed\u00adptica a aquella forma literaria de la que la literatura de la revelaci\u00f3n se sirvi\u00f3 en el juda\u00ed\u00adsmo a partir del s. II a.C. Debido precisamente a su \u00e9xito, influy\u00f3 notablemente en la expresi\u00f3n literaria de la revelaci\u00f3n en el NT y ocup\u00f3 un puesto importante en el cristianismo primitivo, mientras el juda\u00ed\u00adsmo rab\u00ed\u00adnico la iba rechazando m\u00e1s y m\u00e1s.<\/p>\n<p>2. Objeto. La revelaci\u00f3n transmitida por esta literatura versa sobre todos los misterios inaccesibles al conocimiento natural del hombre (\u00aba la carne y a la sangre\u00bb, Mt 16, 17 ), que s\u00f3lo Dios puede dar a conocer por su esp\u00ed\u00adritu y su sabidur\u00ed\u00ada (Dan 2, 19.28; 5, 11-14; 1 Cor 2, 10-11). Sus campos m\u00e1s importantes son: a) Los misterios de Dios, del mundo celeste, donde \u00e9l reside, de los ej\u00e9rcitos celestiales que le rodean (-> \u00e1ngel), de los ej\u00e9rcitos demon\u00ed\u00adacos que luchan contra \u00e9l (-> diablo). Bajo este aspecto, la apocal\u00ed\u00adptica proporciona una arma literaria a la m\u00ed\u00adstica jud\u00ed\u00ada y cristiana (cf. 2 Cor 12, 1-4; Is 8-11; Abr 15-20), como a la angelolog\u00ed\u00ada y a la demonolog\u00ed\u00ada, que ella enlaza estrechamente con la historia de la salvaci\u00f3n (Hen et 1-6; Ap 12). b) Los misterios de los or\u00ed\u00adgenes del mundo y de su gobierno por la sabidur\u00ed\u00ada de Dios. Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1n incluidas las exposiciones cosmol\u00f3gicas de algunos libros, los cuales describen el orbe terr\u00e1queo y los abismos infernales (Hen et 17-19; 22-26), as\u00ed\u00ad como el curso de los astros, en el que se funda el calendario (Hen et 72-82). c) Los misterios del designio divino, que rige el curso de la historia. Aqu\u00ed\u00ad la a. suplanta a la vez a la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica de los antiguos historiadores sagrados y a la escatolog\u00ed\u00ada de los profetas. d) El misterio del destino individual (Sab 2, 22). Bajo este aspecto los textos o bien hablan de la escatolog\u00ed\u00ada colectiva c), o bien describen el cielo a) y los infiernos b). El campo de la a. es, pues, muy vasto. Por eso la a. no s\u00f3lo influye en las obras de su campo inmediato, sino tambi\u00e9n en otras de muy diversa \u00ed\u00adndole, cuando \u00e9stas rozan temas emparentados con la a.<\/p>\n<p>III. Or\u00ed\u00adgenes y desarrollo del g\u00e9nero literario<br \/>\n1. Desarrollo ulterior de la literatura prof\u00e9tica. A partir del a\u00f1o 586 a.C. la literatura prof\u00e9tica experiment\u00f3 un notable cambio.<\/p>\n<p>a) Esta hab\u00ed\u00ada implicado en todo tiempo un elemento visionario. Recordemos solamente las visiones que describen simb\u00f3licamente el mundo sobrenatural (1 Re 22, 12-22; Am 9, 1-4; Is 6). En Ezequiel esta forma literaria pasa a primer plano (Ez 1); \u00e9l la usa para describir tanto el juicio de Dios sobre Jerusal\u00e9n (Ez 9-10), como el resurgimiento de Israel (Ez 37, 1-14) y la gloria de la nueva Jerusal\u00e9n (Ez 40-48). Tambi\u00e9n el mensaje de Zacar\u00ed\u00adas se presenta sistem\u00e1ticamente bajo una serie de visiones cuyo significado explica un \u00e1ngel. Este procedimiento condujo a la creaci\u00f3n de un instrumento convencional, el cual es un constitutivo fijo del g\u00e9nero literario de la a.<\/p>\n<p>b) El mensaje de los profetas ten\u00ed\u00ada siempre por horizonte un \u00absegundo tiempo\u00bb (Is 8, 23), un \u00abfin de los d\u00ed\u00adas\u00bb (Is 2, 2), que traer\u00e1 el juicio sobre todos los pecadores y la salvaci\u00f3n de los justos. La descripci\u00f3n del juicio condujo plenamente por s\u00ed\u00ad misma a la imagen de una cat\u00e1strofe c\u00f3smica (Jer 4, 2326), y simult\u00e1neamente la descripci\u00f3n de la salvaci\u00f3n recib\u00ed\u00ada un colorido paradis\u00ed\u00adaco (Os 2, 20-24; Is 11, 6-9). Este final -entendido como parte- de la historia aseguraba su consumaci\u00f3n. Pero la descripci\u00f3n del final, en textos an\u00f3nimos posteriores a la cautividad, los cuales pretend\u00ed\u00adan alimentar la esperanza jud\u00ed\u00ada a base de \u00abpromesas\u00bb escatol\u00f3gicas, experiment\u00f3 un ulterior desarrollo aut\u00f3nomo &#8212;>escatolog\u00ed\u00ada- (Is 4, 4-5; 24-27; 30, 19-26; 34-35; 59, 15-20; 63, 1-6; 65, 1-25; 66, 5-16; Ez 38-39; J1 3-4; Zac 12, 1-13, 6; 14 ). No es exacto dar el nombre de apocalipsis a estos textos. Pero s\u00ed\u00ad es cierto que en ellos quedan muy resaltados algunos temas esenciales de la a., p. ej.: el juicio final realizado por el mismo Dios; la contraposici\u00f3n de las dos ciudades (Is 24ss); la instauraci\u00f3n del reino de Dios, en la cual el Mes\u00ed\u00adas no parece jugar ning\u00fan papel; la entrada de los justos en un mundo glorificado; los \u00abnuevos cielos\u00bb y la \u00abnueva tierra\u00bb (Is 65, 17).<\/p>\n<p>2. Clima psicol\u00f3gico<br \/>\nPodemos imaginarnos f\u00e1cilmente la situaci\u00f3n psicol\u00f3gica en que se efectu\u00f3 esta evoluci\u00f3n literaria, a saber: los tiempos de crisis que la comunidad postex\u00ed\u00adlica hubo de soportar, se caracterizaron por una esperanza febril. La decepci\u00f3n que sigue al regreso de los primeros grupos (entre el 515 y el 440 a.C.), las sacudidas pol\u00ed\u00adticas del s. iv, cuya repercusi\u00f3n sufri\u00f3 necesariamente el juda\u00ed\u00adsmo, despertaron una angustiosa esperanza escatol\u00f3gica (cf. Sal 44; 74; 79), la cual lleg\u00f3 a su cumbre en tiempos de Ant\u00ed\u00adoco Epifanes (170-164 a.C.), a causa del choque sangriento con el poder totalitarista del estado pagano. Ni el legalismo instaurado por Esdras en la teocracia jud\u00ed\u00ada, ni el esfuerzo espiritual de la reflexi\u00f3n de los sabios pudieron dar respuesta satisfactoria a esas esperanzas desmesuradas. Ahora bien, \u00abya no hab\u00ed\u00ada profetas\u00bb para levantar los \u00e1nimos de los deca\u00ed\u00addos (Sal 79, 9; 1 Mac 4, 46), pues el -> profetismo antiguo estaba desacreditado (Zac 13, 2-6). Por eso se estudiaban las Escrituras para saber cu\u00e1ndo y c\u00f3mo vendr\u00e1 el fin (Dan 9, 1-2). En esa atm\u00f3sfera cambiada es donde el mensaje escatol\u00f3gico hall\u00f3 su nueva forma de expresi\u00f3n; \u00e9l fue representado como una sabidur\u00ed\u00ada sobrenatural, la cual era sacada del estudio de la Escritura y descubr\u00ed\u00ada los misterios divinos a los creyentes probados. En plena crisis macabea, la apocal\u00ed\u00adptica produjo sus primeras obras maestras con Daniel (sobre todo Dan 2; 4-5; 7-12) y con las partes m\u00e1s antiguas del libro de Henok (Libro de los sue\u00f1os, 83-90; apocalipsis de las semanas, 93; 91, 12-17).<\/p>\n<p>3. Influjos extra\u00f1os. En todas las \u00e9pocas supo la literatura sagrada asimilar m\u00e1s de un elemento, tomado de las culturas vecinas, para traducir su propio mensaje. En Ezequiel es evidente que \u00e9l usa el simbolismo mesopot\u00e1mico (Ez 1). La angelolog\u00ed\u00ada y la demonolog\u00ed\u00ada de Tob\u00ed\u00adas utilizan elementos iranios (Tob 3, 8; 12, 14). La a. nace en un mundo donde el sincretismo iranio-babil\u00f3nico se cruza con la civilizaci\u00f3n helen\u00ed\u00adstica. El juda\u00ed\u00adsmo, que se halla situado en el punto de cruce de esas culturas, sabe aprovecharse de ellas (-> juda\u00ed\u00adsmo posterior). Los innegables puntos de contacto entre la leyenda de Henok y las tradiciones mesopot\u00e1micas, la referencia del libro de Daniel a las t\u00e9cnicas babil\u00f3nicas para la interpretaci\u00f3n de sue\u00f1os (Dan 2; 4; 7) y de presagios (Dan 5), lo muestran claramente. La di\u00e1spora oriental debi\u00f3 jugar aqu\u00ed\u00ad un papel importante. Pero el mismo juda\u00ed\u00adsmo palestinense, aun en el momento en que luchaba por conservar su originalidad religiosa, estuvo sometido al influjo del helenismo que lo rodeaba. La influencia de la escatolog\u00ed\u00ada irania en la a. es una posibilidad con la que se debe contar; el influjo del helenismo se reduce a elementos de segundo rango. Prescindiendo de este problema, en todo caso la apocal\u00ed\u00adptica naci\u00f3 para oponer la revelaci\u00f3n aut\u00e9ntica, contenida en las Escrituras y transmitida a Israel por los profetas, a la literatura pagana sobre la revelaci\u00f3n, la cual era incapaz de conocer los secretos divinos (cf. Dan 2, 28; 5, 7-17). Para forjar su expresi\u00f3n literaria ech\u00f3 mano sin escr\u00fapulo de una simb\u00f3lica internacional, basada a su vez en las viejas mitolog\u00ed\u00adas del oriente y de Grecia. As\u00ed\u00ad, hasta en Dan 7 y Ap 12 se pueden descubrir vestigios del combate m\u00ed\u00adtico de Marduk contra Tiamat.<\/p>\n<p>IV. Las leyes del g\u00e9nero literario<br \/>\nNo obstante la plurivalencia del g\u00e9nero, que responde a la diversidad de sus objetos, cabe descubrir en \u00e9l ciertas caracter\u00ed\u00adsticas generales, que se dan en grados diferentes.<\/p>\n<p>Car\u00e1cter pseud\u00f3nimo<br \/>\nLos profetas cl\u00e1sicos refer\u00ed\u00adan sus visiones personales. Los complementos aportados a sus libros despu\u00e9s de la cautividad se ocultaban bajo el velo del anonimato. En cambio, los autores de libros apocal\u00ed\u00adpticos se encubren bajo nombres escogidos entre los h\u00e9roes de otros tiempos: Henok, Abraham, Isa\u00ed\u00adas o alg\u00fan otro profeta, Baruc, Esdras, Daniel&#8230; Igualmente la literatura cristiana extracan\u00f3nica adopta los nombres de Pedro, de Pablo, de Juan, etc. Estos nombres convencionales que adoptan los autores, responden siempre a un tipo de profetas (que en el NT es el del ap\u00f3stol), al que Dios da el encargo de transmitir su mensaje a los hombres. El mensaje va naturalmente destinado a los contempor\u00e1neos del autor. No obstante aqu\u00e9l recibe una nota esot\u00e9rica, no en el sentido de que vaya destinado a c\u00ed\u00adrculos num\u00e9ricamente peque\u00f1os, sino en el de que est\u00e1 reservado al futuro. Sin embargo, en el NT la profec\u00ed\u00ada se sirve del lenguaje apocal\u00ed\u00adptico sin necesidad de recurrir a los pseud\u00f3nimos (as\u00ed\u00ad Mc 13 y par; 1 Tes 4, 15-17; 1 Cor 15, 24-28.52-53; Apocalipsis de Juan).<\/p>\n<p>2. La visi\u00f3n prof\u00e9tica de la historia<br \/>\nEl inter\u00e9s principal de los escritos apocal\u00ed\u00adpticos est\u00e1 centrado en el desarrollo de los designios de Dios en la historia (->salvaci\u00f3n, historia de la), enfocada desde la perspectiva del juicio final y de la escatolog\u00ed\u00ada, que se realiza m\u00e1s all\u00e1 del \u00e1mbito hist\u00f3rico. Al apoyarse en un vidente del pasado, los apocal\u00ed\u00adpticos se sit\u00faan a cierta distancia de su tiempo, para abarcar per\u00ed\u00adodos m\u00e1s amplios con una sola mirada (p. ej., Dan 7-8; 10-12). Su visi\u00f3n de la historia humana, comparada con la teolog\u00ed\u00ada de los profetas y de los historiadores sagrados, se distingue de \u00e9sta por rasgos notables. a) Resalta con un acento todav\u00ed\u00ada m\u00e1s fuerte y unilateral la causalidad divina, que gobierna soberanamente los acontecimientos. Estos realizan infaliblemente el plan divino, grabado en las \u00abtablillas\u00bb del cielo. Ciertamente, la existencia de un juicio divino muestra que el hombre es verdaderamente libre; pero su libertad se mueve dentro de los l\u00ed\u00admites que Dios le impone. De aqu\u00ed\u00ad resulta una aut\u00e9ntica mecanizaci\u00f3n de la historia pasada, que garantiza a su manera la certeza de su consumaci\u00f3n escatol\u00f3gica. A esa certeza con frecuencia se a\u00f1ade psicol\u00f3gicamente la esperanza de que el final es inminente. Una vez alcanzado el punto cumbre de los acontecimientos, que se desarrollan en el tiempo del autor, se realiza el juicio divino y la salvaci\u00f3n de los justos en una sucesi\u00f3n inmediata (Dan 7, 23-27; 11, 21-12, 3 ). b) Todav\u00ed\u00ada m\u00e1s que en los profetas cl\u00e1sicos, la historia se presenta como lugar de combate, en el que se enfrentan, por una parte, Dios, sus \u00e1ngeles y su pueblo, y por otra, todas las fuerzas demon\u00ed\u00adacas, cuyos aliados terrestres son los pecadores y las naciones paganas. Este &#8211;> dualismo espiritual, en \u00faltimo t\u00e9rmino, opone entre s\u00ed\u00ad dos mundos: el mundo presente, que est\u00e1 entregado al poder del mal, y con ello, a la ira de Dios y a la cat\u00e1strofe final, y el mundo venidero, en el cual el universo glorificado se disolver\u00e1 en las realidades celestiales, y los justos recibir\u00e1n la recompensa por sus esfuerzos. La escatolog\u00ed\u00ada prof\u00e9tica experiment\u00f3 as\u00ed\u00ad una radical transformaci\u00f3n, y el problema de la retribuci\u00f3n individual halla su soluci\u00f3n en un plano totalmente nuevo (Dan 12, 1-3; Sab 4, 20-5, 23).<\/p>\n<p>3. El lenguaje simb\u00f3lico<br \/>\nEl ropaje literario con que est\u00e1 vestido el mensaje se halla tejido de simbolismo. a) En el NT se modific\u00f3 sensiblemente la persLos antiguos libros de la sagrada Escritura pectiva escatol\u00f3gica. El mundo nuevo ha queson utilizados sistem\u00e1ticamente, y sus im\u00e1genes se combinan en formas no pocas veces sorprendentes (el Apocalipsis de Juan ofrece hermosos ejemplos de esto). b) La exposici\u00f3n convencional de la doctrina en forma de visiones y sue\u00f1os brinda constantemente la ocasi\u00f3n para descripciones simb\u00f3licas del mundo sobrenatural. Las mismas realidades terrestres se ocultan tras expresiones simb\u00f3licas (as\u00ed\u00ad, tanto en Dan 7 como en el Apocalipsis, los imperios paganos son designados como animales). c) Para hacerse con todas estas descripciones simb\u00f3licas, los autores acuden con plena libertad al material de las literaturas orientales. Pa\u00ed\u00adses, plantas, animales, piedras preciosas, astros, asumen significados especiales, los cuales hacen posible la expresi\u00f3n de pensamientos en un lenguaje cifrado. No se olvida el simbolismo de los n\u00fameros. Esa enigm\u00e1tica forma de expresi\u00f3n pudo ser comprensible para los contempor\u00e1neos, mas hay pasajes donde apenas resulta ya posible hallar la clave. En conjunto, no cabe imaginar nada tan artificioso como el estilo de los apocalipsis, donde el g\u00e9nero literario que comentamos se desarrolla sin trabas. Y, ciertamente, lo pl\u00e1stico y brillante de los s\u00ed\u00admbolos les confiere fuerza po\u00e9tica.<\/p>\n<p>V. Difusi\u00f3n del g\u00e9nero literario<br \/>\n1. AT y juda\u00ed\u00adsmo<br \/>\nLa a. jud\u00ed\u00ada hab\u00ed\u00ada nacido durante la crisis macabea en los c\u00ed\u00adrculos de los jasideos, y goz\u00f3 de gran estima en ese per\u00ed\u00adodo (&#8211;> Apocalipsis, -> Ap\u00f3crifos). Los esenios cultivaron la a.; las cuevas del Qumr\u00e1n nos han proporcionado manuscritos del libro de Henok, de Jub y de otras obras desconocidas hasta ahora. Seguramente la corriente farisea al principio no rechaz\u00f3 la a. El ApBar (gr) y el cuarto libro de Esdras parecen estar relacionados con ella. Pero, prescindiendo de textos donde quedaba expresada la m\u00ed\u00adstica jud\u00ed\u00ada &#8211; Hen (hebr) -, pronto se lleg\u00f3 a prohibir muchas obras apocal\u00ed\u00adpticas, que proced\u00ed\u00adan de los esenios o de otros c\u00ed\u00adrculos, y su conservaci\u00f3n se debe a manos cristianas, que las tradujeron a diversos idiomas.<\/p>\n<p>2. NT y cristianismo primitivo<br \/>\nEn el NT se modific\u00f3 sensiblemente la perspectiva escatol\u00f3gica. El mundo nuevo ha quedado ya fundamentado en Jesucristo y en la Iglesia. El hijo del hombre ha aparecido en la historia y volver\u00e1 en la &#8211;> parus\u00ed\u00ada. El &#8211;> reino de Dios ha comenzado ya; la nueva Jerusal\u00e9n ya est\u00e1 presente en la -a Iglesia. Nada tiene, pues, de extra\u00f1o que la revelaci\u00f3n cristiana sea por esencia un apocalipsis (Mt 16, 17; G\u00e1l 1, 16; Ap). Pero la esperanza sigue estando dirigida hacia una revelaci\u00f3n \u00faltima, en la que las realidades celestiales descender\u00e1n a la tierra (1 Jn 3, 3; Col 3, 4; Ap, etc.). Todo esto es objeto de la a. cristiana, como lo muestra el Apocalipsis de Juan. Y eso es lo que describen tambi\u00e9n los apocalipsis ap\u00f3crifos del per\u00ed\u00adodo neotestamentario. El g\u00e9nero literario ha encontrado una continuaci\u00f3n en el Pastor de Hermas. Y siguen cultiv\u00e1ndolo los visionarios de todos los tiempos; no podemos olvidar aqu\u00ed\u00ad obras como \u00abLa Divina Comedia\u00bb.<\/p>\n<p>Pierre Grelot<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>->Literatura apocal\u00ed\u00adptica FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001 Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret 1.Origen, historia (Henoc, Daniel, antropolog\u00ed\u00ada, Apocalipsis, redacci\u00f3n). Literatura de car\u00e1cter simb\u00f3lico, que trata del surgimiento del pecado y de la perversi\u00f3n de la historia (ca\u00ed\u00adda ang\u00e9lica), con el conflicto entre aquellos poderes que &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/apocaliptica\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abAPOCALIPTICA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15504","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15504","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15504"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15504\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15504"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15504"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15504"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}