{"id":15514,"date":"2016-02-05T10:06:35","date_gmt":"2016-02-05T15:06:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/canon-biblico\/"},"modified":"2016-02-05T10:06:35","modified_gmt":"2016-02-05T15:06:35","slug":"canon-biblico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/canon-biblico\/","title":{"rendered":"CANON BIBLICO"},"content":{"rendered":"<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: 1. la vara de medir, a los criterios de verdad. &#8211; 2. El primer canon cristiano. &#8211; 3. El canon antes del Canon. &#8211; 4. Los primeros libros cristianos. &#8211; 5. La Iglesia define su Canon. &#8211; 6. Canon y autoridad de la Iglesia. &#8211; 7. Trento. &#8211; 8. Concepto integral del Canon en el Cristianismo.<\/p>\n<p>Por B\u00ed\u00adblico se entiende la lista oficial de los libros tenidos por la Iglesia como inspirados. En este sentido, el Canon B\u00ed\u00adblico ha alcanzado una importancia grand\u00ed\u00adsima en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y la fe de la Iglesia. Sin embargo, este uso sem\u00e1ntico no se remonta m\u00e1s all\u00e1 del Concilio de Laodicea (s.IV). La expresi\u00f3n ya hab\u00ed\u00ada hecho su entrada en el vocabulario cristiano por obra de Pablo (Gal. 6,16; Fil. 3,16; 2Cor 10,12.15.16) con un sentido bien diferente. No obstante, desde el siglo IV el concepto de canon que se ha impuesto en teolog\u00ed\u00ada, ha sido el que se contiene en el binomio b\u00ed\u00adblico como expresi\u00f3n t\u00e9cnica que designa el conjunto can\u00f3nico de los libros sagrados. No obstante, el canon es una realidad mucho m\u00e1s amplia, y afecta a \u00e1mbitos estructurales de la Iglesia. Para que se comprenda mejor la naturaleza peculiar del canon b\u00ed\u00adblico, enfocamos el tema desde el valor m\u00e1s abarcante que supone la realidad gen\u00e9rica del canon en la Iglesia, como la parte de una totalidad arm\u00f3nica y equilibrada, cuya alma es el canon. Y dentro del mundo espec\u00ed\u00adfico de la Biblia, el Canon de las Escrituras.<\/p>\n<p>1. De la vara de medir, a los criterios de verdad<br \/>\nes una palabra que cuenta con una diacron\u00ed\u00ada sem\u00e1ntica muy compleja. El sentido etimol\u00f3gico de la expresi\u00f3n ac\u00e1dica (ca\u00f1a o junco), pronto sirvi\u00f3 para significar la de medir o simplemente cualquier .<\/p>\n<p>El original sem\u00ed\u00adtico pas\u00f3 a Grecia bajo la forma de y se convirti\u00f3 en una de las palabras semitas de uso m\u00e1s universal en toda la cultura occidental. En griego, pierde su connotaci\u00f3n etimol\u00f3gica -ca\u00f1a de medir- y mantiene el valor esencial de medida f\u00ed\u00adsica. Ese uso primario del mundo de las medidas f\u00ed\u00adsicas se ampl\u00ed\u00ada luego al orden de las realidades humanas. Entonces signific\u00f3 simplemente \u00abmodelo\u00bb. En un principio tal uso se ci\u00f1\u00f3 al \u00e1mbito de la belleza art\u00ed\u00adstica, especialmente del orden pl\u00e1stico. Policleto, con su famosa estatua del Dor\u00ed\u00adforo, estableci\u00f3 el modelo definitivo de escultura. Pero ya antes de la aplicaci\u00f3n del t\u00e9rmino concreto a la escultura, el concepto exist\u00ed\u00ada en el \u00e1mbito de la literatura, donde Homero fue siempre considerado como el modelo por excelencia, el aut\u00e9ntico primer canon literario.<\/p>\n<p>Del orden de la belleza evolucion\u00f3 el vocablo en direcci\u00f3n a los valores \u00e9ticos. As\u00ed\u00ad, la ley se consider\u00f3 como el canon moral; y se\u00f1al\u00f3 el modelo al que debe ajustarse el comportamiento \u00e9tico. Con esto empez\u00f3 a tener su intervenci\u00f3n la autoridad en la fijaci\u00f3n del canon, pues ella es la que promulga la ley. Quedaba ya abierto el camino para todos los c\u00e1nones de naturaleza jur\u00ed\u00addica o administrativa. La traducci\u00f3n latina \u00abregula\/norma\u00bb contribuy\u00f3 a cargar el acento en la normatividad del concepto de canon.<\/p>\n<p>Un ulterior salto sem\u00e1ntico se dio cuando el canon se aplic\u00f3 a la filosof\u00ed\u00ada. Fue Epicuro el que realiz\u00f3 semejante transposici\u00f3n. La \u00abCan\u00f3nica\u00bb filos\u00f3fica pretend\u00ed\u00ada orientar el ejercicio de la raz\u00f3n en orden a discernir la verdad de la falsedad. Para ello Epicuro elabor\u00f3 una normativa. En este nuevo uso, el concepto de canon sufri\u00f3 no pocas alteraciones. Si en la est\u00e9tica el canon buscaba discernir la belleza, en la can\u00f3nica filos\u00f3fica su pretensi\u00f3n era discernir la verdad. Este concepto filos\u00f3fico actuar\u00e1 en forma latente en todos los conflictos de canon en la historia eclesi\u00e1stica, cuando se busque la raz\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de la normatividad b\u00ed\u00adblica.<\/p>\n<p>Esta somera descripci\u00f3n del lugar del canon en la cultura griega pone de relieve el lugar esencial que el canon ocupa en dicho mundo. El y la como creadores de la \u00ed\u00ada que caracteriza a la civilizaci\u00f3n hel\u00e9nica, fueron posibles por la universal presencia mensurante del canon, desde el arte hasta la filosof\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>2. El primer canon cristiano<br \/>\nUn concepto tan rico y esencial en la cultura griega entr\u00f3 en la Biblia, casi por casualidad, por medio de san Pablo. El texto fundamental de este primer uso cristiano se encuentra en Gal. 6,16. \u00abPara todos los que se sometan a este \u00ab. Desgraciadamente, se trata de un lugar de dif\u00ed\u00adciles precisiones sem\u00e1nticas. Sin embargo,el sentido esencial es claro. La alusi\u00f3n a \u00abeste canon\u00bb tiene como punto de referencia una realidad de vasto alcance: la nueva creaci\u00f3n de la cual habla en la frase precedente. Dejando de lado detalles discutidos de interpretaci\u00f3n, una cosa es cierta: el canon entra como expresi\u00f3n teol\u00f3gica en el NT bajo el significado de la sumisi\u00f3n a una norma gen\u00e9rica que es la novedad cristiana. Esta normativa de tipo \u00e9tico universal, la completa Pablo en 2 Cor 10,13.15.16 se\u00f1alando las condiciones de un canon personal referente al ministerio apost\u00f3lico. Se trata de un texto complicado en cr\u00ed\u00adtica textual y gram\u00e1tica; pero el sentido esencial que aqu\u00ed\u00ad nos interesa, es claro. Pablo establece la prueba de legitimidad de su apostolado frente a las pretensiones de sus enemigos; y escribe: \u00abNosotros, en cambio, no nos gloriamos desmesuradamente midi\u00e9ndonos a nosotros mismos por el que Dios nos ha asignado\u00bb. Es la primera vez que el tiene como referente a Dios, supremo normante del orden cristiano nuevo. El texto alude con claridad a una medida establecida por Dios que mide la misi\u00f3n de Pablo, a la cual es fiel. Pablo se refiere al canon de su apostolado. Lo establece Dios. Pablo entra en ese canon y se mide por \u00e9l. Es una novedad frente a la can\u00f3nica griega de la ley. Pablo establece una can\u00f3nica nueva fundada en la soberan\u00ed\u00ada de Dios; y se somete fielmente a ella. No es como sus enemigos que establecen ellos mismos su ministerial, se miden por \u00e9l. En el v. 15 se retorna al mismo lenguaje: \u00abEsperamos, mediante el progreso de vuestra fe, engrandecernos cada vez m\u00e1s en vosotros conforme a nuestro \u00ab. Una vez m\u00e1s se trata de un canon al cual Pablo se ajusta en sus apreciaciones respecto de su trabajo apost\u00f3lico. En esta doctrina sobre el canon del verdadero ap\u00f3stol Pablo no hace menci\u00f3n de la mediaci\u00f3n de Cristo en la colaci\u00f3n de la misi\u00f3n apost\u00f3lica (Gal 1,1.15-16), pero se la sobreentiende f\u00e1cilmente.<\/p>\n<p>Del uso paulino del vocablo surgi\u00f3 la utilizaci\u00f3n de la expresi\u00f3n en la Patr\u00ed\u00adstica de los primeros siglos. Ya Clemente Romano conoce el de la tradici\u00f3n, y del servicio ministerial. Pronto empieza a hablarse del de la fe, del de la verdad, del de la Iglesia o el caEclesi\u00e1stico. Desde Nicea las decisiones dogm\u00e1tico-morales de los concilios se llaman \u00e1nones. El uso \u00faltimo de la expresi\u00f3n hab\u00ed\u00ada de darse en el \u00e1mbito b\u00ed\u00adblico.<\/p>\n<p>3. El canon antes del Canon<br \/>\nEn el m\u00faltiple uso patr\u00ed\u00adstico del concepto de canon, no aparece en los siglos I-III la aplicaci\u00f3n del mismo al \u00e1mbito b\u00ed\u00adblico. Esto se verific\u00f3 en el siglo IV por una serie de circunstancias convergentes que configuraron la expresi\u00f3n y el respectivo concepto. Ante todo, influ\u00ed\u00ada la tradici\u00f3n del AT que no utiliz\u00f3 la expresi\u00f3n , para referirse a la Escritura. Lo cual no quiere decir no tuviera su propia \u00f3nica b\u00ed\u00adblica. En realidad el pueblo israelita tuvo una normativa clara que lo med\u00ed\u00ada y lo regulaba todo, en \u00faltima y definitiva instancia. Era la Palabra de Dios. En un principio, la religi\u00f3n israelita no se preocup\u00f3 expl\u00ed\u00adcitamente de elaborar la lista de sus libros oficiales. Al final del AT diversas circunstancias hicieron necesaria una toma de posiciones sobre el particular. Una muy importante fue la proliferaci\u00f3n de la literatura ap\u00f3crifa. A la literatura cl\u00e1sica m\u00e1s o menos definitivamente editada en el per\u00ed\u00adodo ex\u00ed\u00adlico y postex\u00ed\u00adlico, se a\u00f1adi\u00f3 una producci\u00f3n abundante de textos religiosos. La segunda causa fue la proliferaci\u00f3n de las sectas jud\u00ed\u00adas a partir del alzamiento macabeo. Cada una de estas sectas ten\u00ed\u00ada sus propias ideas acerca del Canon: los Saduceos no admit\u00ed\u00adan m\u00e1s que el Pentateuco de Mois\u00e9s (como los Samaritanos); los Fariseos admit\u00ed\u00adan, adem\u00e1s, todo el resto de la literatura prof\u00e9tica y sapiencial con la misma fe en un origen divino; otras sectas, como los qumranitas, admit\u00ed\u00adan tambi\u00e9n el origen inspirado de los libros de su secta. Pero ni siquiera entre los mismos fariseos era un\u00e1nime el parecer sobre el \u00e1mbito de los libros sagrados posteriores a la colecci\u00f3n mosaica. En efecto, mientras los fariseos palestinos entend\u00ed\u00adan de un modo el \u00e1mbito del Canon, los jud\u00ed\u00ados de la di\u00e1spora alejandrina lo entend\u00ed\u00adan de una manera m\u00e1s amplia.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n confusa en que se encontraba el juda\u00ed\u00adsmo en la \u00e9poca intertestamentaria se fue poco a poco clarificando. En una fecha dif\u00ed\u00adcil de precisar, a fines del siglo 1, se lleg\u00f3 a un consenso jud\u00ed\u00ado que adoptaba como Canon de las Escrituras. Una fecha decisiva para que los jud\u00ed\u00ados concentraran su atenci\u00f3n en la Escritura fue, s\u00ed\u00adn duda, el a\u00f1o 70 cuando tuvo lugar la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n con la p\u00e9rdida de casi todas las instituciones sagradas. En aquel desastre colectivo, los jud\u00ed\u00ados quedaron con la Escritura como \u00fanico patrimonio nacional, y \u00fanico v\u00ed\u00adnculo espiritual entre todos los supervivientes de la gran destrucci\u00f3n. Esta nueva situaci\u00f3n oblig\u00f3 a las escuelas rab\u00ed\u00adnicas a concentrar su atenci\u00f3n en la Escritura. Y en este inter\u00e9s por la Biblia, un \u00e1rea de gran urgencia era la fijaci\u00f3n del Canon. Una tradici\u00f3n de dudosa historicidad coloc\u00f3 en el s\u00ed\u00adnodo de Yamnia (entre los a\u00f1os 95 y 100) la fijaci\u00f3n del canon israelita, en los siguientes t\u00e9rminos: La LEY, con los cinco libros del Pentateuco; LOS PROFETAS, subdivididos en dos secciones: anteriores, a saber: Jos., Jue., 1-II Sam., 1-II Re., Profetas posteriores: Is., Jer., Ez., Os., Joel, Am., Abd., Jon., Nh., Sof., Ag., Zac., Mal., HAGIOGRAFOS o Escritos sagrados: Sal., Job., Pro., Rut., Cant., Ecle., Lam., Est., Dan., Es., Neh., 1-II Cro., en total 39 libros. Estos libros fueron denominados en terminolog\u00ed\u00ada cristiana, PROTOCAN\u00ed\u201cNICOS o del Canon.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad fue como el pueblo de Israel elabor\u00f3 la lista de sus libros sagrados, sin utilizar para nada el vocablo .<\/p>\n<p>4. Los primeros libros cristianos<br \/>\nSi a fines del siglo 1 no hab\u00ed\u00ada entrado en el vocabulario jud\u00ed\u00ado la expresi\u00f3n canon, tampoco el cristianismo se serv\u00ed\u00ada de la palabra canon para se\u00f1alar la normatividad de la Escritura, y la lista de sus libros. Pero en la Iglesia actuaba una fuerte convicci\u00f3n, correspondiente a la fe israelita en el absoluto de la Palabra de Dios. Era su fe en la persona de Cristo. Para la Iglesia naciente, el advenimiento de Cristo fue un hecho de suma importancia, incluso en el orden can\u00f3nico. Para ella Jes\u00fas significaba el cumplimiento de todas las esperanzas del AT. El era la palabra total del Padre, el Mediador de una Nueva Alianza, el Sacerdote nuevo y supremo, el sacrificio perfecto, el portador de la Ley Nueva. Todo esto trajo una especie de nuevo comienzo. Como la palabra de Dios era en el AT la realidad absoluta, en el NT el hecho absoluto era Cristo. Este hecho absoluto, se fragment\u00f3 muy pronto en diversas direcciones. Una de ellas consisti\u00f3 en la convicci\u00f3n de que los escritos sobre Jes\u00fas, compuestos por los testigos aut\u00e9nticos del mismo, eran textos normativos. En efecto, ya desde los primeros decenios del Cristianismo, muchos hab\u00ed\u00adan intentado escribir una historia de los hechos y dichos de Jes\u00fas (Lc. 1,1). As\u00ed\u00ad se origin\u00f3 una literatura cuyo referente nuevo era Cristo. De entre estos textos cristianos, la Iglesia procedi\u00f3 a realizar una selecci\u00f3n como regla b\u00e1sica de fe, de predicaci\u00f3n y de lectura lit\u00fargica. As\u00ed\u00ad se confeccionaron las primeras listas de escritos cristianos.<\/p>\n<p>Dos hechos movieron a la autoridad eclesi\u00e1stica a tomar en serio la selecci\u00f3n y codificaci\u00f3n de la literatura inspirada: los \u00f3crifos y las arbitrarias simplificaciones del Canon por obra de los \u00f3sticos (Marci\u00f3n y Montano, especialmente), pero no sin ciertas fluctuaciones e incertidumbres.<\/p>\n<p>Donde primero se llev\u00f3 a cabo dicha selecci\u00f3n y codificaci\u00f3n fue en Roma como lo atestigua el famoso de Muratori de fines del s. II descubierto el a\u00f1o 1740. Este documento divide la literatura cristiana primitiva en cuatro series: a) Libros tenidos como sagrados por todos y como tales le\u00ed\u00addos p\u00fablicamente en las Iglesias. En esta serie se mencionan los 4 , 13 de Pablo (falta Hb), de los \u00f3licos, s\u00f3lo 1-l1 Jn., Jud.; probablemente las dos de y el Apoc.; b) Libros tenidos por todos como sagrados y que, en consecuencia, no deben ser le\u00ed\u00addos p\u00fablicamente en las Iglesias (Apoc. de San Pedro); c) Libros de privada, que no es l\u00ed\u00adcito leer en las Iglesias (Pastor de Hermas); d) Libros que la Iglesia puede recibir (literatura ap\u00f3crifa y gn\u00f3stica). El canon como hecho exist\u00ed\u00ada ya en la Iglesia, mas no la palabra.<\/p>\n<p>5. La Iglesia define su Canon<br \/>\nCuando la Iglesia empez\u00f3 a intervenir declarando autoritariamente cu\u00e1l era la lista aut\u00e9ntica de los libros sagrados, sucedi\u00f3 algo nuevo, que no se hab\u00ed\u00ada dado en Israel. La sinagoga no actu\u00f3 fijando el canon del AT. El hecho ten\u00ed\u00ada alguna lejana analog\u00ed\u00ada en la can\u00f3nica griega de la ley, cuando la autoridad establec\u00ed\u00ada determinadas normas \u00e9ticas. En efecto, la autoridad eclesi\u00e1stica decidi\u00f3 por el recurso a la tradici\u00f3n cu\u00e1les eran los libros en los cuales se conten\u00ed\u00ada la fe apost\u00f3lica de la Iglesia; pero no expres\u00f3 todav\u00ed\u00ada su teolog\u00ed\u00ada en vocabulario de . La novedad se dio en el Concilio de Laodicea (360). Un \u00abcanon\u00bb del concilio llam\u00f3 \u00abcan\u00f3nicos\u00bb a los libros de la Escritura. En el can. 59 se habla de libros que ya son \u00abcan\u00f3nicos\u00bb y se los opone a otros \u00abprivados\u00bb (salmos). Son libros p\u00fablicamente le\u00ed\u00addos como Escritura en la liturgia. En esta primera etapa, \u00abcan\u00f3nico\u00bb no significa \u00abconforme a un canon\u00bb, puesto que tal canon a\u00fan no existe. Su sentido es: \u00abp\u00fablico\u00bb, \u00abaut\u00e9ntico\u00bb, o \u00abverdadero\u00bb en el sentido de \u00ablibros tenidos por sagrados\u00bb. Pero a partir del Concilio -que en el can. 60 elabora una lista de tales libros- el sentido tiene un matiz sem\u00e1ntico distinto. Tras el pronunciamiento doctrinal del Concilio, \u00abcan\u00f3nico\u00bb significa \u00abconforme al canon\u00bb promulgado por el mismo. En Laodicea, naci\u00f3 una realidad nueva; es el b\u00ed\u00adblico. A partir de este momento, ya no se podr\u00e1 soslayar la existencia de un b\u00ed\u00adblico autoritativo, fijo, clausurado, de los libros sagrados del AT y del NT. Es en este momento hist\u00f3rico cuando la Biblia, que ya se llamaba Sagrado y Escritura inspirada, empez\u00f3 a ser un can\u00f3nico.<\/p>\n<p>En Laodicea surgi\u00f3 un fen\u00f3meno nuevo. La tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica del AT establec\u00ed\u00ada la base teol\u00f3gica por la cual la Biblia era normativa. Era su constitutivo de palabra de Dios. Grecia ofrec\u00ed\u00ada un vocabulario culto referente a la normatividad de ciertas realidades. Era la palabra . Laodicea, actuando en virtud de la autoridad de la Iglesia determin\u00f3 cu\u00e1les eran los libros que, por ser palabra de Dios, eran can\u00f3nicos. As\u00ed\u00ad surgi\u00f3 el tri\u00e1ngulo que forma el concepto cristiano del canon b\u00ed\u00adblico: a) La de Dios; b) La de la Iglesia; c) El concepto griego de , cristianizado por Pablo.<\/p>\n<p>6. Canon y autoridad de la Iglesia<br \/>\nEn la base de la decisi\u00f3n conciliar de Laodicea, estaba la doctrina de Pablo sobre la autoridad apost\u00f3lica recibida de Cristo. Una prolongaci\u00f3n de esa conciencia de autoridad apost\u00f3lica, prolongada en la Iglesia, hizo posibles sus intervenciones autoritativas al establecer el Canon de las Escrituras. En todo ello hay una l\u00ed\u00adnea evolutiva. Partiendo del canon Paulino de la creaci\u00f3n y de la \u00f3n apost\u00f3lica se pas\u00f3 al canon de la de la Iglesia. Esta autoridad era la que actuaba declarando \u00abcan\u00f3nicos\u00bb los libros de la Escritura. Tal definici\u00f3n s\u00f3lo era comprensible desde un concepto de autoridad en la Iglesia capaz de intervenir oficialmente en materia b\u00ed\u00adblica.<\/p>\n<p>El concilio de Laodicea no era ecum\u00e9nico. Su canon b\u00ed\u00adblico no fue completo. Ulteriores concilios fueron eliminando algunas dudas. Pero ya desde el s. VI qued\u00f3 claramente constituido el Canon del AT en el seno del cristianismo; y la unanimidad entre Oriente y Occidente era un hecho ya en el siglo VII.<\/p>\n<p>El tri\u00e1ngulo can\u00f3nico estructurado en Laodicea se mantuvo inalterado hasta el siglo XVI. Con la reforma protestante se introdujo un elemento perturbador que deshizo el armonioso tri\u00e1ngulo. En efecto, el a\u00f1o 1520 Karlstad propuso el retorno al Canon breve palestinense para el AT. En cuanto a Lutero, en un principio rechaz\u00f3 todos los deuterocan\u00f3nicos del AT (excepto quiz\u00e1 1 Mac.). M\u00e1s tarde acept\u00f3 la doctrina de Karlstad y en su traducci\u00f3n alemana de la Biblia incluy\u00f3 los deuterocan\u00f3nicos al final del AT a modo de ap\u00e9ndices con el t\u00ed\u00adtulo de Ap\u00f3crifos. Respecto del NT, las doctrinas protestantes han sido m\u00e1s discordantes. Lutero excluy\u00f3 del Canon el Apoc. y Hb., Sant. y Jud. s\u00f3lo rechaz\u00f3 el Apoc. todos los deuterocan\u00f3nicos. Los luteranos, hasta el s. XVII adoptaron la doctrina de , que rechazaba todos los deuterocan\u00f3nicos. Pero a partir del s. XVIII, principalmente por la influencia del pietismo, volvieron a la praxis calvinista que aceptaba el Canon cat\u00f3lico \u00ed\u00adntegro. En cuanto a la Iglesia rusa, desde el s. XIX el Santo S\u00ed\u00adnodo acord\u00f3 que en los seminarios se ense\u00f1ara la doctrina de los protestantes respecto de los deuterocan\u00f3nicos del AT. En la Iglesia Griega, los te\u00f3logos en general se acercan a la misma doctrina.<\/p>\n<p>Esta actitud cr\u00ed\u00adtica part\u00ed\u00ada de la negaci\u00f3n previa de la autoridad de la Iglesia para establecer oficialmente el Canon de los libros sagrados.<\/p>\n<p>De los tres conceptos esenciales: pade Dios, de la iglesia, , se elimin\u00f3 el segundo. Esta actitud, completada con el rechazo de la Tradici\u00f3n, y de la Iglesia como magnitud visible, provoc\u00f3 lo que se ha llamado la \u00abcrisis del canon de la Iglesia\u00bb. En efecto, rechazada la autoridad de la Iglesia, el canon ya no significaba sino la lista hist\u00f3rica de los libros tenidos como norma de fe. El lugar de la autoridad eclesi\u00e1stica lo ocup\u00f3 la cr\u00ed\u00adtica teol\u00f3gica. Fue el momento en que empez\u00f3 a actuar en teolog\u00ed\u00ada el canon entendido en el sentido de la can\u00f3nica filos\u00f3fica: discernimiento hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtico de la verdadera palabra de Dios en los libros tradicionalmente considerados como sagrados.<\/p>\n<p>7. Trento<br \/>\nEn esta situaci\u00f3n conflictiva intercristiana, intervino Trento. La Iglesia Cat\u00f3lica mantiene la tradici\u00f3n de Laodicea, definiendo el \u00e1mbito del canon apost\u00f3lico tradicional. En Trento se fija el definitivo Canon B\u00ed\u00adblico que es, para los cat\u00f3licos la lista oficial de libros de autoridad apost\u00f3lica que regulan la fe de los fieles sobre el \u00e1mbito del libro sagrado Cristiano. Ese libro es el canon de fe y costumbres, junto con las tradiciones no escritas en las que se transmite la revelaci\u00f3n. Son Canon de fe, porque contienen fielmente la revelaci\u00f3n del AT completada en Cristo. La revelaci\u00f3n culminada en Cristo, es la que hace a estos libros acreedores a la condici\u00f3n de Canon como concreciones v\u00e1lidas para medir y discernir la verdad de salvaci\u00f3n que la palabra de Dios procura al hombre.<\/p>\n<p>En continuidad con la tradici\u00f3n de Laodicea, es decir, recurriendo a la autoridad de la Iglesia, el Concilio de Trento fij\u00f3 en forma definitiva, la lista oficial de los libros sagrados. En la IV sesi\u00f3n, del d\u00ed\u00ada 8 de abril de 1546, estableci\u00f3 la lista siguiente: Son libros sagrados y can\u00f3nicos: AT. 1. \u00f3ricos: Gn, Ex, Lv, Num, Dt, Jos, Jue, Rt, 1-II Sam, 1-II Re, I-II Cr., Es, Nh, Tb, Jdt, Est, 1-II Mac. . Did\u00e1cticos: Job, Sal, Pr, Eccle, Cant, Sab, Ecli. . Prof\u00e9ticos: Is, Jer, Bar, Ez, Dan, Os, JI, Am, Ab, Jon, Mi, Na, Hab, Sof, Ag, Za, Mal. NT. 1. \u00f3ricos: Mt, Mc, Lc, Jn, Act. 2. \u00e1cticos: Cartas de San Pablo: Cartas Cat\u00f3licas. . Prof\u00e9ticos: Apoc.<\/p>\n<p>Esta definici\u00f3n supuso el fin de todas las controversias entre los cat\u00f3licos. A partir de este Concilio, la can\u00f3nica b\u00ed\u00adblica cat\u00f3lica est\u00e1 constituida por los siguientes elementos. Terminol\u00f3gicamente: a) b\u00ed\u00adblico significa dos cosas: la Biblia como de fe y costumbres, y la o cat\u00e1logo oficial de los libros tenidos por la Iglesia como sagrados e inspirados. b) \u00f3nico equivale a: 1.\u00c2\u00b0) de fe y costumbres; 2.\u00c2\u00b0) Conforme con el canon e incluido en el canon. As\u00ed\u00ad, de un determinado libro b\u00ed\u00adblico se afirma que es can\u00f3nico cuando de hecho, la Iglesia lo ha incluido en la lista oficial de los Libros sagrados; ) Canonizar la acci\u00f3n de incluir un determinado libro en el canon; d) Caes la propiedad por la cual un libro pertenece a la lista total de libros sagrados. Tiene una doble acepci\u00f3n: la pasiva y la . La primera es la propiedad del libro definitivamente incluido en el Canon. La segunda significa el valor de non normata que posee el texto sagrado por su contenido reconocido de Palabra de Dios. ) Protocan\u00f3nicos-deuterocan\u00f3nicos: Seg\u00fan la terminolog\u00ed\u00ada que data de Sixto de Siena (t 1569), reciben el nombre de \u00f3nicos (o sea, los del primer canon), aquellos libros sagrados de los cuales nunca hubo discusi\u00f3n sobre su car\u00e1cter sagrado y can\u00f3nico. Los deuterocan\u00f3nicos o del segundo Canon son aquellos cuyo car\u00e1cter sagrado fue durante alg\u00fan tiempo discutido, entrando a formar parte del Canon en un segundo momento. En concreto son: AT Tob., Jdt., Sab., Eccli., Baruc 1-2; Mac., los fragmentos griegos de Ester (caps. 10, 4-16, 24) y de Daniel (caps. 3, 24-90; 13; 14). NT: Hb., Sant., 2 Pe., 2-3; Jn., Judas, Apoc.<\/p>\n<p>8. Concepto integral del Canon en Cristianismo<br \/>\nEn el curso de los siglos, la Iglesia ha ido estructurando una can\u00f3nica muy rica y compleja que atraviesa toda su realidad divino-humana. Del mismo modo que la cu\u00e1druple can\u00f3nica griega form\u00f3 una cultura toda ella configurada por valores t\u00ed\u00adpicos de equilibrio, medida y armon\u00ed\u00ada, gracias a la presencia universal de su m\u00faltiple canon, la Iglesia tambi\u00e9n ha configurado una comunidad creyente de una maravillosa textura arm\u00f3nica. Pablo fue el introductor del concepto de canon en su acepci\u00f3n primordial de creado nuevo. Luego vinieron los cinco grandes c\u00e1nones: 1\u00c2\u00b0 El o regula fidei formada por las confesiones cristianas y las definiciones dogm\u00e1ticas de los Concilios; 2\u00c2\u00b0 CaScripturae o Canon B\u00ed\u00adblico. 3\u00c2\u00b0 El camissae canon lit\u00fargico. 4\u00c2\u00b0 El Sanctorum o cat\u00e1logo de los santos (m\u00e1rtires, confesores, v\u00ed\u00adrgenes). 5\u00c2\u00b0 Por fin, el Canonicum o Lex Ecclesiae.<\/p>\n<p>El eje del Cristianismo como religi\u00f3n revelaci\u00f3n y fe es el Scripturae, en cuanto norma de fe y costumbres. Como religi\u00f3n personal nacida de Cristo, su canon es la nueva creaci\u00f3n, cuya realizaci\u00f3n mod\u00e9lica son los santos, es decir: las personas hist\u00f3ricas, concretas que han medido sus vidas seg\u00fan la regla de Cristo como nueva creaci\u00f3n. -> ; inspiraci\u00f3n; hermen\u00e9utica; interpretaci\u00f3n.<\/p>\n<p>BIBL. \u2013 ARTOLA, A. M. \u00abEl Canon antes del Canon. Los componentes conceptuales del Canon B\u00ed\u00adblico\u00bb, en BIBLIA, EXEGESIS Y CULTURA. Estudios en honor del Prof. D. Jos\u00e9 M. Mar\u00ed\u00ada Casciaro, Ediciones Universidad de Navarra, \u00abColecci\u00f3n Teol\u00f3gica\u00bb n. 82, Pamplona, 1994, pp. 39-52; Mu\u00ed\u2018oz IGLESIAS, . Canon en ENCICLOPEDIA DE LA BIBLIA, vol. II, col. 94-103. Barcelona, 1993; S\u00ed\u0081NCHEZ CARO, J. M Canon de la Biblia, en BIBLIA Y PALABRA DE DIOS, \u00f3n al Estudio de la Biblia, Edit. Verbo Divino, Estella, 4 ed. 1995, pp. 59-132.<\/p>\n<p>. M. Artola, CP.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>En G\u00e1l 6,14-16, san Pablo escribi\u00f3 en grandes caracteres sobre la norma (en griego, kanon) de aquellos que viven bajo la paz y misericordia de Dios: la cruz, libertad de la obligaci\u00f3n legal de circuncisi\u00f3n, y ser una nueva creaci\u00f3n en Cristo. As\u00ed\u00ad, un canon abarca lo que es normativo y de relevancia criteriol\u00f3gica para el discurso y la conducta cristianos. En el desarrollo definitivo del vocabulario cristiano en tiempos patr\u00ed\u00adsticos, el t\u00e9rmino canon vino a significar la lista oficial de los libros de la Escritura que dan testimonio autorizado de la revelaci\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>1. ACLARACI\u00ed\u201cN CONCEPTUAL. En su sentido etimol\u00f3gico, el t\u00e9rmino griego kanon se refiere a una vara o regla recta usada por un carpintero o alba\u00f1il para averiguar si ha ensamblado determinados materiales de construcci\u00f3n en un nivel o de manera recta. En sentido figurado, un canon es un patr\u00f3n o norma por el que se juzga correcto un pensamiento o doctrina: En arte y literatura, eruditos de la \u00e9poca helen\u00ed\u00adstica prepararon listas de aquellas obras antiguas que pose\u00ed\u00adan forma ejemplar y estilo ling\u00fc\u00ed\u00adstico, a las que se les ascribi\u00f3 categor\u00ed\u00ada can\u00f3nica como modelos.<\/p>\n<p>En el uso cristiano primitivo, el coraz\u00f3n de la ense\u00f1anza apost\u00f3lica transmitida era el \u00abcanon de la verdad\u00bb que prove\u00ed\u00ada un contexto normativo para la especulaci\u00f3n teol\u00f3gica (Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada, Or\u00ed\u00adgenes) y serv\u00ed\u00ada de prueba cr\u00ed\u00adtica mediante la cual demostrar que las doctrinas marcionitas y gn\u00f3sticas estaban desviadas y deb\u00ed\u00adan ser excluidas (Tertuliano, Ireneo). A partir del a\u00f1o 300 d.C. las disposiciones doctrinales y disciplinarias de los s\u00ed\u00adnodos episcopales eran los c\u00e1nones, que regulaban la ense\u00f1anza y la vida de la Iglesia.<\/p>\n<p>La aplicaci\u00f3n del t\u00e9rmino canon a las Escrituras de la Iglesia es, de hecho, un uso ling\u00fc\u00ed\u00adstico en el que un t\u00e9rmino conlleva dos significados que coinciden en parte. San Atanasio escribi\u00f3 en el a\u00f1o 351 que El pastor de Hermas \u00abno est\u00e1 en el canon\u00bb (PG 25,448). La Carta festal del a\u00f1o 367, del mismo escritor, cataloga los libros del AT y del NT que est\u00e1n incluidos en el canon ya completo y cerrado (ta kanonizom\u00e9na), en oposici\u00f3n a los libros ap\u00f3crifos no igualmente incluidos (CSEO 151,34-37). As\u00ed\u00ad, el canon es la lista o \u00ed\u00adndice completo de los libros sagrados que constituyen la Biblia de la Iglesia.<\/p>\n<p>Sin embargo, aparece un matiz diferente de significado cuando los cristianos hacen referencia a \u00ablas Escrituras can\u00f3nicas\u00bb. Santo Tom\u00e1s dice que la sagrada doctrina utiliza las Escrituras can\u00f3nicas como su propia y genuina fuente de datos y evidencia probativa. La raz\u00f3n es que \u00abnuestra fe est\u00e1 basada sobre la revelaci\u00f3n hecha a los ap\u00f3stoles y profetas que compusieron las Escrituras can\u00f3nicas\u00bb (S. Th. I, 1,8). Por eso los libros del canon est\u00e1n especialmente autorizados. San Agust\u00ed\u00adn veneraba los libros, ahora denominados \u00abcan\u00f3nicos\u00bb, hasta el punto de creer firmemente que ninguno de los autores se desvi\u00f3 jam\u00e1s en lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo de la verdad (Ep. 82,3; CSEL 34\/2, 354). En el libro segundo de su obra De doctrina christiana (428), Agust\u00ed\u00adn hizo una relaci\u00f3n de las Escrituras can\u00f3nicas de las Iglesias, y a\u00f1adi\u00f3 despu\u00e9s que estas obras prove\u00ed\u00adan de una gu\u00ed\u00ada y alimento m\u00e1s que suficientes para una completa vida cristiana de fe, esperanza y caridad (\u00abIn his enim quae aperte in scripturis posita sunt, inveniuntur illa omnia quae continent fidem moresque vivendi, spem scilicet atque caritatem\u00bb) (CSEL 80,42).<\/p>\n<p>El canon cristiano de la Escritura es, en primer lugar, la enumeraci\u00f3n completa de esos libros que la Iglesia recibe oficialmente como parte de su base como comunidad de fe. Pero en cuanto can\u00f3nicos, estos libros sirven adem\u00e1s como norma prof\u00e9tica y apost\u00f3lica, o patr\u00f3n, de lo que es propio y leg\u00ed\u00adtimo en la transmisi\u00f3n de la verdad revelada y en la configuraci\u00f3n de las vidas cristianas.<\/p>\n<p>Canonicidad, sin embargo, no se identifica sencillamente con inspiraci\u00f3n. La fe reconoce los libros can\u00f3nicos como inspirados; pero, por s\u00ed\u00ad mismo, el canon no excluye la posibilidad de que otros escritos, no reconocidos ahora como can\u00f3nicos, hubieran sido compuestos con la asistencia y gu\u00ed\u00ada carism\u00e1tica del Esp\u00ed\u00adritu. Todav\u00ed\u00ada m\u00e1s, la inclusi\u00f3n en el canon no supone una determinaci\u00f3n de autenticidad literaria, es decir, de redacci\u00f3n final, por parte de quien es se\u00f1alado como autor de la obra. La canonicidad de una obra b\u00ed\u00adblica es totalmente compatible con la obra que es pseud\u00f3nima en origen. Por ejemplo, las ep\u00ed\u00adstolas de Timoteo y Tito, como obras incluidas en el canon del NT, est\u00e1n por esa raz\u00f3n garantizadas como portadoras de tradiciones apost\u00f3licas normativas de doctrina y orden eclesiales. Pero la condici\u00f3n can\u00f3nica no excluye que estas obras sean escritas, no por el ap\u00f3stol Pablo, sino por otro autor que reformul\u00f3 la tradici\u00f3n paulina para la situaci\u00f3n de las Iglesias un cuarto de siglo despu\u00e9s de la muerte de Pablo.<\/p>\n<p>2. EL CANON CRISTIANO DEL ANTIGUO TESTAMENTO. En el juda\u00ed\u00adsmo, hasta cerca del a\u00f1o 100 d.C., existe un s\u00f3lido n\u00facleo de libros autorizados, divididos en Tor\u00e1, profec\u00ed\u00ada y \u00abotros escritos\u00bb (Si., pr\u00f3logo). Las dos primeras partes eran colecciones cerradas en la \u00e9poca de Jes\u00fas, mientras que el n\u00famero de libros, en la tercera parte de las Escrituras jud\u00ed\u00adas, parece haber sido considerado de modo diferente por los diversos grupos (saduceos, fariseos, esenios, samaritanos, jud\u00ed\u00ados de la di\u00e1spora). Pero tras los traum\u00e1ticos acontecimientos del a\u00f1o 70 d.C., con la destrucci\u00f3n del templo, la concepci\u00f3n de los fariseos sobre la inspiraci\u00f3n y el canon prevaleci\u00f3 en el juda\u00ed\u00adsmo reconstituido. Se cre\u00ed\u00ada que el carisma prof\u00e9tico hab\u00ed\u00ada cesado en el siglo v a. C., y la autoridad omn\u00ed\u00admoda, para el culto y la ense\u00f1anza sinagogales, fue adscrita a un canon cerrado de veintid\u00f3s libros. Estos inclu\u00ed\u00adan los cinco preeminentes libros de Mois\u00e9s, doce libros de profec\u00ed\u00ada (tanto historia prof\u00e9tica, desde Josu\u00e9, pasando por Job y Esdras-Nehem\u00ed\u00adas, como los libros prof\u00e9ticos de Isa\u00ed\u00adas, Jerem\u00ed\u00adas-Lamentaciones, Ezequiel, Daniel y el \u00fanico libro de los doce profetas menores) y s\u00f3lo otros cinco escritos (Ester, Salmos, Proverbios, Qoh\u00e9let y el Cantar de los Cantares).<\/p>\n<p>La compleja historia de la admisi\u00f3n cristiana de las Escrituras de Israel ha sido estudiada desde una variedad de perspectivas por A.C. Sundberg, H. von Campenhausen, R.A. Greer, R. Beckwith y muchos otros. En nuestra exposici\u00f3n pasamos por alto la visi\u00f3n propia de Jes\u00fas de las Escrituras de Israel y la extremadamente fruct\u00ed\u00adfera relectura de la Iglesia apost\u00f3lica de ellas a la luz del acontecimiento-Cristo y su propia misi\u00f3n universal.<\/p>\n<p>El cierre definitivo del canon jud\u00ed\u00ado no tuvo un impacto inmediato sobre los cristianos de los siglos II y III. Sin embargo, un desarrollo de mayor significaci\u00f3n fue la reacci\u00f3n, de gran alcance en la Iglesia, contra la impugnaci\u00f3n de Marci\u00f3n de que las Escrituras de Israel tuvieran alguna relevancia para los cristianos. Justino m\u00e1rtir, Ireneo, Or\u00ed\u00adgenes y otros montaron una gran campa\u00f1a did\u00e1ctica en defensa del AT como indispensable para los cristianos por su riqueza de instrucci\u00f3n sobre la econom\u00ed\u00ada de salvaci\u00f3n ideada y desarrollada en la historia por el \u00fanico Dios, que es a la vez Se\u00f1or de Israel y el Padre de Jesucristo.<\/p>\n<p>Finalmente surgi\u00f3 el tema de la extensi\u00f3n material del AT cristiano, espec\u00ed\u00adficamente en forma de dicusi\u00f3n sobre la naturaleza de ciertos libros no incluidos en el canon jud\u00ed\u00ado: Tob\u00ed\u00adas, Judit, 1-2 Macabeos, Sabidur\u00ed\u00ada, Sir\u00e1cida, Baruc y partes de Daniel (3,25-90; cc. 13-14). Estas obras se llaman ahora deuterocan\u00f3nicas en lenguaje cat\u00f3lico, pero est\u00e1n catalogadas entre los ap\u00f3crifos, o libros no-can\u00f3nicos por la mayor\u00ed\u00ada de los protestantes.<\/p>\n<p>Algunos escritores eclesi\u00e1sticos de Oriente sosten\u00ed\u00adan que el AT cristiano deber\u00ed\u00ada quedar limitado a s\u00f3lo aquellos libros utilizados por sus contempor\u00e1neos jud\u00ed\u00ados. Or\u00ed\u00adgenes sab\u00ed\u00ada que algunas Iglesias cristianas hac\u00ed\u00adan uso catequ\u00e9tico de Tob\u00ed\u00adas, y san Atanasio consideraba los libros deuterocan\u00f3nicos instructivos para una vida piadosa; pero para estos padres, y para san Cirilo de Jerusal\u00e9n el canon cristiano no incluye estas obras. San Jer\u00f3nimo, despu\u00e9s de su estancia en Palestina, se convirti\u00f3 en un convencido defensor del canon restringido de libros escritos originalmente en hebreo, y \u00e9l tradujo Tob\u00ed\u00adas a la Vulgata latina s\u00f3lo por mandato episcopal. En Occidente, sin embargo, san Agust\u00ed\u00adn fue un tajante defensor del canon m\u00e1s largo, apelando tanto al uso de los libros deuterocan\u00f3nicos en la liturgia de numerosas Iglesias como discutiendo en detalle a favor de su ben\u00e9fica contribuci\u00f3n a la doctrina y a la piedad a la vez. C\u00e1nones de la Escritura promulgados por los concilios de Hipona (393 d.C.) y de Cartago (397) otorgaron sanci\u00f3n oficial al canon extenso, que el papa Inocencio I confirm\u00f3 en el a\u00f1o 405 (DS 213).<\/p>\n<p>La autoridad de san Agust\u00ed\u00adn, unida a la de la Iglesia de Roma, asegur\u00f3 la inclusi\u00f3n de los libros deuterocan\u00f3nicos en el AT cristiano de la antig\u00fcedad tard\u00ed\u00ada y de la Edad Media. Pero la reforma protestante desafi\u00f3 esta situaci\u00f3n de pac\u00ed\u00adfica posesi\u00f3n. En la disputa de Leipzig, de 1519, de Lutero contra Johann Eck, el reformador de Wittenberg plante\u00f3 dudas acerca del uso teol\u00f3gico de 1-2Macabeos para justificar la oraci\u00f3n, ofrendas e indulgencias por las almas del purgatorio. La autoridad de san Jer\u00f3nimo lleg\u00f3 a figurar de modo prominente en un proceso protestante m\u00e1s amplio contra los siete libros deuterocan\u00f3nicos, argumento al que Andreas Karlstadt, colega de Lutero, dio una forma m\u00e1s sistem\u00e1tica en su obra De canonicis scripturis libellus (1521). En sus biblias en lengua vern\u00e1cula, tanto Lutero como Zuinglio hab\u00ed\u00adan impreso los libros impugnados en un ap\u00e9ndice, pero las ediciones calvinistas eliminaron estas obras totalmente de la Biblia.<\/p>\n<p>Escritores controversistas cat\u00f3licos, tales como Johann Cochlaeus y Johann Dietenberger, lucharon a favor de la canonicidad de los libros cuestionados, sobre la base del n\u00famero y la autoridad de sus antiguos defensores y su uso en la Iglesia. Cuando el concilio de Trento comenz\u00f3 su tarea en diciembre de 1545, las primeras discusiones mostraron que la mayor\u00ed\u00ada de los obispos quer\u00ed\u00ada sencillamente recibir y promulgar solemnemente el canon que hab\u00ed\u00ada sido presentado por el concilio de Florencia, un siglo antes en sus negociaciones para la reunificaci\u00f3n con los jacobitas o cristianos coptos de Etiop\u00ed\u00ada (DS 1334-35). Jer\u00f3nimo Seripando, superior general de los agustinos, abog\u00f3 por admitir alguna diferencia dentro del AT, por ejemplo, entre libros can\u00f3nicos que versan sobre asuntos de fe y otros que pertenecen a un canon morum; pero una abrumadora mayor\u00ed\u00ada se opuso incluso a discutir el contenido del canon. As\u00ed\u00ad, en la cuarta sesi\u00f3n del concilio de Trento (8 de abril de 1546), el concilio promulg\u00f3 su Decretum de libris sacris el traditionibus recipiendis, que incluye una adhesi\u00f3n formal de los libros deuterocan\u00f3nicos como parte de los libros inspirados y normativos del AT (DS 1502).<\/p>\n<p>3. EL CANON DEL NUEVO TESTAMENTO. El canon de los escritos apost\u00f3licos cristianos se formul\u00f3, con el tiempo, a trav\u00e9s de una gradual criba y separaci\u00f3n de ciertos libros procedentes de un cuerpo m\u00e1s amplio de literatura cristiana primitiva. Numerosos procesos de esta selecci\u00f3n de obras normativas permanecen oscuros desde el punto de vista hist\u00f3rico, como lo est\u00e1n muchas de las normas y motivos aducidos para referirse a decisiones que conciernen a determinados libros. Por el a\u00f1o 200 d.C., sin embargo, el proceso estaba muy avanzado; pero pas\u00f3 otro siglo y medio antes de que el canon del NT tuviera la exacta configuraci\u00f3n que conocemos hoy.<\/p>\n<p>Las comunidades cristianas de fundaci\u00f3n apost\u00f3lica ten\u00ed\u00adan desde el comienzo una serie de escritos can\u00f3nicos tomados del juda\u00ed\u00adsmo, aun cuando los l\u00ed\u00admites externos de esta colecci\u00f3n no fuera un asunto de primitivo consenso. Todav\u00ed\u00ada m\u00e1s: estas comunidades ten\u00ed\u00adan las palabras y obras autorizadas de Jes\u00fas, que se estaban transmitiendo oralmente como una tradici\u00f3n superior a las escrituras de Israel y con valor de norma para su interpretaci\u00f3n. Incluso antes de que las tradiciones que derivan de Jes\u00fas fueran puestas por escrito, algunas de las comunidades m\u00e1s primitivas tambi\u00e9n hab\u00ed\u00adan valorado cartas de instrucci\u00f3n pastoral apost\u00f3lica, que serv\u00ed\u00adan tanto para traer a la memoria el evangelio original predicado como para explicar sus implicaciones para el culto y la vida de cada d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>La segunda carta de Pedro, escrita en torno al a\u00f1o 100 d.C., da testimonio de la existencia, en un \u00e1rea de la Iglesia, de un corpus paulinum, que se coloca al mismo nivel que \u00abel resto de la Sagrada Escritura\u00bb (3,15-16). Pero incluso aunque la literatura de los a\u00f1os 100-150 d.C. est\u00e1 llena de ecos de escritos finalmente incluidos en el canon del NT, la mayor\u00ed\u00ada de los escritores de la \u00e9poca parecen inspirarse m\u00e1s en la continua transmisi\u00f3n oral de las palabras de Jes\u00fas y de la instrucci\u00f3n apost\u00f3lica. A mitad de siglo, Taciano utilizaba los cuatro evangelios como una cantera de la que tomaba materiales para su armon\u00ed\u00ada escrita, el Diatessaron, que, a su vez, fue ampliamente utilizado durante dos siglos en las Iglesias de Siria. Taciano muestra que los cuatro evangelios eran altamente estimados en torno al a\u00f1o 150 d.C., pero tambi\u00e9n que su estilo de composici\u00f3n no ten\u00ed\u00ada ya condici\u00f3n can\u00f3nica en las Iglesias.<\/p>\n<p>Dos factores estimularon la formulaci\u00f3n de un canon del NT a finales del siglo II. La idea de Marci\u00f3n, radicalmente paulina, de la salvaci\u00f3n gratuita en Cristo, le llev\u00f3 a establecer su peque\u00f1o canon de aut\u00e9ntica instrucci\u00f3n cristiana, consistente en diez cartas de Pablo y una versi\u00f3n del evangelio de Lucas purificada de todas las referencias al Dios de Mois\u00e9s. El gnosticismo del siglo ii, sin embargo, caminaba en una direcci\u00f3n opuesta a Marci\u00f3n. Sus maestros, que a menudo aseguraban recibir instrucciones transmitidas en secretos encuentros con el Jes\u00fas resucitado, eran prol\u00ed\u00adficos en producir nuevos evangelios y cartas de supuesto origen en el Se\u00f1or y apost\u00f3lico. Un grupo de representantes de las grandes Iglesias, entre los que sobresale Ireneo de Lyon, sometieron tanto a las doctrinas marcionistas como gn\u00f3sticas a una cr\u00ed\u00adtica aplastante y establecieron as\u00ed\u00ad las condiciones en las que pudiera articularse un canon cristiano. Este incluir\u00ed\u00ada una gama completa de obras apost\u00f3licas que Marci\u00f3n admit\u00ed\u00ada, aunque cribando y extirpando como esp\u00fareas las obras de procedencia gn\u00f3stica.<\/p>\n<p>Abundante informaci\u00f3n sobre la formaci\u00f3n del canon cristiano a finales del siglo n la ofrece el fragmento de Muratori, cuyo texto latino se encuentra en Enchiridion Biblicum (Roma 1961, 1-3), con una traducci\u00f3n en italiano disponible en Apocrifi del Nuovo Testamento, preparada por L. Moraldi (vol. 1, Turin 1971, 15-17). Generalmente, se considera que refleja convicciones mantenidas en Roma en torno al a\u00f1o 200 d. C.; el fragmento afirma el car\u00e1cter normativo de s\u00f3lo cuatro evangelios, Hechos de los Ap\u00f3stoles y trece cartas paulinas y otras tres apost\u00f3licas. El Apocalipsis de Juan es can\u00f3nico, pero junto a \u00e9l se coloca un Apocalipsis de Pedro que, sin embargo, algunos dec\u00ed\u00adan considerar inapropiado para la lectura en la Iglesia. Extra\u00f1amente, el libro de la Sabidur\u00ed\u00ada de Salom\u00f3n es aceptado como cristiano, mientras que no se hace menci\u00f3n de Hebreos, 1-2Pedro, Santiago y 3Juan. El fragmento expresa firmes convicciones sobre excluir del uso cristiano tanto dos cartas infectadas de ideas de Marci\u00f3n como ciertas obras no nombradas de maestros gn\u00f3sticos. El autor recomienda la lectura privada de El pastor, de Hermas, aunque neg\u00e1ndole un puesto en las lecturas lit\u00fargicas. As\u00ed\u00ad, por el a\u00f1o 200 d.C., un fuerte sentido de tener un patrimonio apost\u00f3lico can\u00f3nico estaba presente al menos en una Iglesia, donde se estaban aplicando criterios definidos en orden a mostrar la canonicidad de obras recibidas como fundamentales para la Iglesia entera.<\/p>\n<p>De centros como el que produjo el \u00abcanon\u00bb muratoriano se irradi\u00f3 luego a numerosas otras Iglesias una nueva claridad sobre la serie de libros apost\u00f3licos que eran fundacionales de un modo exclusivo para el cristianismo. Sin embargo, un siglo m\u00e1s tarde, Eusebio cuenta que todav\u00ed\u00ada existen ciertas discrepancias entre las listas oficiales de los libros del NT utilizados en las diferentes Iglesias. Algunas niegan la canonicidad de Santiago, 2Pedro, Judas, y 2-3Juan, mientras que el Apocalipsis de Juan es todav\u00ed\u00ada objeto de debate (Historia eclesi\u00e1stica III, 25; CGS 9\/ 1,250-253). La oscuridad envuelve el modo en que la canonicidad de las cartas cat\u00f3licas y el Apocalipsis lleg\u00f3 a ser ampliamente reconocida. El canon del NT m\u00e1s primitivo existente, ajustado a todo uso posterior, se halla en la Carta festal de Atanasio, del 367, que pretend\u00ed\u00ada imponer una cierta uniformidad sobre los leccionarios de las Iglesias egipcias y excluir el uso de evangelios y apocalipsis gn\u00f3sticos. Los c\u00e1nones occidentales de Hipona (393), Cartago (397) y del papa Inocencio (405) coincid\u00ed\u00adan con Atanasio en catalogar veintisiete libros, que, juntos y de modo exclusivo, componen el NT de las Iglesias cristianas.<\/p>\n<p>4. SIGNIFICACI\u00ed\u201cN TEOL\u00ed\u201cGICA DEL CANON. El canon de la Escritura sirve para identificar y delimitar, para los creyentes, un conjunto de obras recibidas y le\u00ed\u00addas como \u00abpalabra de Dios\u00bb, es decir, que conllevan en forma escrita un compendio seguro de las experiencias de mediadores elegidos de la autocomunicaci\u00f3n de Dios en la historia y en la iluminaci\u00f3n personal. La Escritura evoluciona desde lo que Mois\u00e9s escribi\u00f3 en el Sina\u00ed\u00ad (Ex 34,28), lo que los profetas de Yhwh fueron enviados a proclamar (Am 7,15; Is 6,8s) y lo que los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas oyeron, vieron, recordaron y volvieron a contar concerniente a la palabra de vida (1Jn 1,1-3). La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre un canon cerrado y normativo se produce en dos \u00e1reas generales: 1) la relaci\u00f3n entre el canon y la Iglesia, y 2) la relevancia hermen\u00e9utica del canon.<\/p>\n<p>a) Sociol\u00f3gicamente, la formaci\u00f3n del canon es un paso hacia la estandarizaci\u00f3n de la doctrina y la estabilizaci\u00f3n de las normas comunitarias. El canon traza una l\u00ed\u00adnea precisa en torno a un cuerpo de literatura que expresa de modo \u00fanico la identidad que una comunidad dada tiene por derivaci\u00f3n desde su fundaci\u00f3n. Este efecto restrictivo, sin embargo, es s\u00f3lo una cara de la formaci\u00f3n del canon. Porque el canon tambi\u00e9n sirve para identificar aquellas obras que uno, sin duda, espera que sean dignas de fe e instructivas, con poder de infundir una vitalidad y estilo de vida que est\u00e9n de acuerdo con la aut\u00e9ntica visi\u00f3n que la comunidad tiene de s\u00ed\u00ad misma (cf 2Tim 3,16s). Las Escrituras can\u00f3nicas, por tanto, son un medio indispensable por el que \u00abla Iglesia con su ense\u00f1anza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree\u00bb (DV 8,1).<\/p>\n<p>Un argumento de la ilustraci\u00f3n, un tanto sofisticado, pretende descubrir un c\u00ed\u00adrculo vicioso en el aserto de la Iglesia que, por una parte, lo hace derivar de los profetas y ap\u00f3stoles, tal como son conocidos a trav\u00e9s de sus escritos, y, por otra parte, se arroga despu\u00e9s para s\u00ed\u00ad misma la legitimaci\u00f3n de las Escrituras mediante la promulgaci\u00f3n de su canon. Esto, sin embargo, es malinterpretar la naturaleza del canon cristiano. Al principio, los cristianos de la era apost\u00f3lica sencillamente se encontraban en posesi\u00f3n de las Escrituras de Israel, que, al releerlas, demostraban decir mucho sobre Jes\u00fas (cf Lc 24,44). En el siglo ii, la colecci\u00f3n del cuarto evangelio r\u00e1pidamente se impuso por s\u00ed\u00ad misma, a pesar de la coincidencia y discrepancias entre los diferentes evangelios. En el mismo per\u00ed\u00adodo se asumi\u00f3 simplemente que las cartas coleccionadas del ap\u00f3stol Pablo estaban autorizadas, sin cuesti\u00f3n ni discusi\u00f3n, al igual que lo estaba una carta central de instrucci\u00f3n apost\u00f3lica como 1Juan. En esencia, la Iglesia no confiri\u00f3 status can\u00f3nico a sus escrituras.<\/p>\n<p>Los pasos posteriores que conducen al canon definitivo implicaron luego intervenciones por parte de numerosos hombres de Iglesia, es decir, pastores que seleccionaban lecturas lit\u00fargicas, te\u00f3logos que criticaban las obras carentes de autenticidad y obispos que, individualmente o en s\u00ed\u00adnodos, promulgaban c\u00e1nones. Pero estas acciones no constituyen la autoridad de los libros as\u00ed\u00ad \u00abcanonizados\u00bb.<\/p>\n<p>Una comprensi\u00f3n teol\u00f3gica del canon puede ponerse de relieve mejor resaltando su afinidad con el \u00abdep\u00f3sito\u00bb que resulta del variado ministerio apost\u00f3lico de predicaci\u00f3n, instrucci\u00f3n y organizaci\u00f3n -con amplio uso de Mois\u00e9s, profetas y Salmos- en las Iglesias m\u00e1s primitivas. Las \u00faltimas cartas del NT atestiguan la percepci\u00f3n de que los resultados de este ministerio forman un todo identificable que est\u00e1 ya completo. El canon del NT reconoce que esto mismo es verdad de aquellas obras escritas que expresan con fidelidad \u00abla fe, que de una vez para siempre ha sido transmitida a los santos\u00bb (Judas 3). Hombres de Iglesia articularon con creciente precisi\u00f3n los l\u00ed\u00admites externos de esta transmisi\u00f3n apost\u00f3lica, del mismo modo que marcaron el punto hist\u00f3rico en el que lleg\u00f3 a su fin la privilegiada y verdaderamente fundante comunicaci\u00f3n de los ap\u00f3stoles con las Iglesias. El canon cristiano del AT surgi\u00f3 de un an\u00e1logo proceso de reconocimiento de aquellas obras que encajaban armoniosamente en la vida, ense\u00f1anza y culto que derivan de Jesucristo y sus ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>Es t\u00f3pico enumerar tres factores como los criterios que figuraron de manera central en la formaci\u00f3n eclesial del canon b\u00ed\u00adblico cristiano. Son \u00e9stos la recta \u00abregla de fe\u00bb, apostolicidad y su asiduo uso en el culto. Existe algo m\u00e1s que una peque\u00f1a chispa de evidencia para tal relaci\u00f3n, pero la evidencia est\u00e1 dispersa e incompleta.<\/p>\n<p>Ireneo y el fragmento muratoriano arguyen desde la tradici\u00f3n, es decir, la fe transmitida de la Iglesia, en su rechazo de la literatura marcionita y gn\u00f3stica a partir de una consideraci\u00f3n cristiana m\u00e1s antigua. Las obras que ellos atacan socavan la fe en \u00abDios el Padre todopoderoso, creador de cielos y tierra\u00bb y farfullan demasiada palabrer\u00ed\u00ada sin decir nada sobre la presencia hecha carne del Hijo de Dios en una vida y muerte totalmente humanas.<\/p>\n<p>Pero, por otra parte, los propios escritos centrales del NT han contribuido no poco a solidificar estos principios del \u00abcanon de verdad\u00bb eclesial. Ser\u00ed\u00ada err\u00f3neo pensar que la regla de fe se aplic\u00f3 a los libros can\u00f3nicos desde fuera. Tradici\u00f3n y Escritura, desde el principio, fueron coinherentes la una a la otra.<\/p>\n<p>El origen apost\u00f3lico de las \u00abep\u00ed\u00adstolas cat\u00f3licas\u00bb fue decisivo para la inclusi\u00f3n final en el canon que conocemos hoy. Pero despu\u00e9s, por evidencia exeg\u00e9tica, nos vemos en la necesidad de considerar estas cartas como portadoras de tradici\u00f3n apost\u00f3lica m\u00e1s que de palabras apost\u00f3licas directas. El criterio de apostolicidad parece, de hecho, encerrar el reconocimientos de la Iglesia del \u00fanico y limitado espacio de tiempo en el que su fundaci\u00f3n fue completada por el ministerio de la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles y sus m\u00e1s estrechos colaboradores.<\/p>\n<p>El uso en la liturgia ofreci\u00f3 a Agust\u00ed\u00adn persuasivos argumentos a favor de los libros deuterocan\u00f3nicos del AT. Pero tambi\u00e9n es verdad que ciertos libros, que actualmente no est\u00e1n en el canon, tuvieron empleos limitados de uso lit\u00fargico; por ejemplo, la Primera carta de Clemente, el Diatessaron y El pastor, de Hermas, que el fragmento muratoriano y Atanasio ponen especial cuidado en excluir. El uso lit\u00fargico es una precondici\u00f3n necesaria para la inclusi\u00f3n, pero por s\u00ed\u00ad misma no fue suficiente para resolver los casos en disputa. En cada avance cr\u00ed\u00adtico hacia el canon completo se resolvieron problemas mediante una \u00fanica configuraci\u00f3n de consideraciones y normas que llegaron a unirse por caminos que s\u00f3lo parcialmente y de modo aproximado podemos recuperar.<\/p>\n<p>Lo que destaca es que la gente de Iglesia sab\u00ed\u00ada de d\u00f3nde hab\u00ed\u00ada venido su fe y su vida. Consecuentemente, pusieron especial cuidado en mantenerse en contacto con los acontecimientos fundacionales, ense\u00f1anzas y personajes del cristianismo a trav\u00e9s de los documentos que hab\u00ed\u00adan sido transmitidos. Estos documentos siguen siendo can\u00f3nicos para la Iglesia de toda \u00e9poca porque sirven para hacer que la Iglesia sea \u00abapost\u00f3lica\u00bb, como confiesa el credo que es y seguir\u00e1 siendo. Hoy, a causa de esta canonicidad, \u00abtoda la predicaci\u00f3n de la Iglesia, como toda la religi\u00f3n cristiana, se ha de alimentar y regir con la Sagrada Escritur\u00f3\u00bb (DV 21).<\/p>\n<p>b) El canon ofrece a los cristianos una lista precisa de los libros que deber\u00e1n estar siempre leyendo e interpretando en orden a profundizar su propia autenticidad y para aplicar la palabra de Dios a las cambiantes circunstancias de sus vidas. Pero surgen preguntas que conciernen a la propia contribuci\u00f3n del canon al continuo proyecto de interpretaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, sea \u00e9sta homil\u00e9tica, erudita o doctrinal.<\/p>\n<p>1. El canon cristiano tiene una configuraci\u00f3n peculiar, al reunir los libros de la anterior alianza de Dios con Israel y los libros que se refieren directamente a Jes\u00fas. Esta configuraci\u00f3n can\u00f3nica parece profundamente normativa para todo pensar cristiano, como est\u00e1 expresado en el sugestivo t\u00ed\u00adtulo de D.L. Baker Two Testaments, One Bible, y como han expuesto en escritos recientes L. Sabourin, P. Grelot, P.-M. Beaude y H. Simian Yofre.<\/p>\n<p>La cruz y resurrecci\u00f3n del Cristo de Israel, junto con la misi\u00f3n universal adoptada por sus seguidores, se combinan para situar las experiencias reveladoras primitivas de Israel en un nuevo contexto de cumplimiento y ampliaci\u00f3n. Pero la nueva comprensi\u00f3n y la nueva inclusi\u00f3n no separan la fe y vida cristianas de sus ra\u00ed\u00adces en Israel.<\/p>\n<p>Un pensamiento integral cristiano, y de modo espec\u00ed\u00adfico cualquier teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica digna de tal nombre, debe inspirarse en el precioso patrimonio recibido de Israel. La predicaci\u00f3n y ense\u00f1anza cristianas tienen una peculiar din\u00e1mica de movimiento de la promesa al cumplimiento han sido reiteradamente fecundadas por la recuperaci\u00f3n de temas olvidados de la primera alianza, tales como el benigno prop\u00f3sito de Dios hacia toda la creaci\u00f3n (G\u00e9n 9,8-17) y la identidad de la Iglesia como prefigurada en el pueblo elegido, siempre en movimiento hacia la libertad dada por Dios a trav\u00e9s de las vicisitudes de la vida en este mundo (LG 9).<\/p>\n<p>El canon cristiano bipartito est\u00e1 profundamente adecuado para la interpretaci\u00f3n, mientras que cualquier especie de marcionismo recrudescente supone una amenaza vital para la teolog\u00ed\u00ada y predicaci\u00f3n cristianas.<\/p>\n<p>2. Una reciente oleada de escritos en Norteam\u00e9rica, especialmente a cargo de B. Childs y J.A..Sanders, est\u00e1 apremiando a que ciertos principios de \u00abcr\u00ed\u00adtica can\u00f3nica\u00bb se conviertan en normativos en la interpretaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica.<\/p>\n<p>Los cr\u00ed\u00adticos del canon afirman, primero, que la interpretaci\u00f3n debe centrarse sobre la \u00abforma can\u00f3nica\u00bb final de la Biblia y de cada libro b\u00ed\u00adblico. La ex\u00e9gesis hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtica ha ofrecido demasiado a menudo reconstrucciones hipot\u00e9ticas de estratos m\u00e1s antiguos de la tradici\u00f3n y de influencias redaccionales precan\u00f3nicas en la g\u00e9nesis del texto b\u00ed\u00adblico. Los exegetas se deleitan muchas veces en aislar adiciones, reformulaciones y refundiciones que cambian e incluso malinterpretan el tronco original del relato o de la doctrina. El peligro aqu\u00ed\u00ad reside en tomar una unidad precan\u00f3nica como normativa, mientras que en adiciones posteriores, que forman ahora parte del texto can\u00f3nico, son devaluadas como a\u00f1adidos secundarios. La cr\u00ed\u00adtica can\u00f3nica insiste en que la ex\u00e9gesis busque por encima de todo comprender y explicar la forma foral de los textos b\u00ed\u00adblicos. La interpretaci\u00f3n deber\u00ed\u00ada intentar recobrar lo que fue comunicado a la comunidad de fe por el redactor final de los textos tal como los tenemos ahora.<\/p>\n<p>Si los estratos m\u00e1s primitivos son identificados en el texto final, la cr\u00ed\u00adtica can\u00f3nica recomienda que sean vistos y explicados no s\u00f3lo hist\u00f3ricamente, sino, precisamente, como discurso can\u00f3nico. Esto supone considerar las tradiciones particulares en relaci\u00f3n con las situaciones alas que dan un tratamiento de categor\u00ed\u00ada normativa.<\/p>\n<p>Las tradiciones que sobrevivieron para ser incluidas en el texto final se hab\u00ed\u00adan puesto ya a prueba a s\u00ed\u00ad mismas en su canonicidad, es decir, en su experimentada normatividad religiosa para aquellos que las articularon y recibieron. La interpretaci\u00f3n deber\u00ed\u00ada esclarecer precisamente c\u00f3mo ofrecieron gu\u00ed\u00ada e inspiraci\u00f3n dichos pasajes en la situaci\u00f3n en la que se formularon.<\/p>\n<p>En el plano de nuestros dos Testamentos, en su totalidad respectiva, la interpretaci\u00f3n, can\u00f3nicamente orientada se ocupa de la conexi\u00f3n b\u00ed\u00adblica interna de obras, a menudo muy diversas, incluidas en el canon. .Uno piensa en las tendencias contrarias de obras como Isa\u00ed\u00adas y Qoh\u00e9let, o de G\u00e1latas y primera de Timoteo. Las colecciones can\u00f3nicas han unido estas obras en la misma Biblia, en una clara apertura tanto a la diversidad, que manifiesta la riqueza de la revelaci\u00f3n como a una din\u00e1mica de mutua correcci\u00f3n, en oposici\u00f3n a la supremac\u00ed\u00ada de cualquier l\u00ed\u00adnea \u00fanica de doctrina.<\/p>\n<p>Gran n\u00famero de los que practican otros modelos de ex\u00e9gesis han rese\u00f1ado negativamente las obras en las que los cr\u00ed\u00adticos del canon exponen su programa. Sin embargo, su obra no carece de importancia teol\u00f3gica, tanto por su \u00e9nfasis sobre el texto final, que es ciertamente el texto inspirado, como por su \u00e9nfasis sobre los valores para la pr\u00e1ctica religiosa que todas las partes de la Escritura demostraron a lo largo de su camino hasta la inclusi\u00f3n en el canon. La mentalidad contempor\u00e1nea permanecer\u00e1, muy acertadamente, empe\u00f1ada en la explicaci\u00f3n en t\u00e9rminos de desarrollo gen\u00e9tico; pero con la Biblia est\u00e1 bien prestar constante atenci\u00f3n a la actualidad religiosa de los textos que se demostraron normativos, o can\u00f3nicos, en situaciones particulares.<\/p>\n<p>c) Movi\u00e9ndose en una direcci\u00f3n contraria a la de los cr\u00ed\u00adticos del canon, un grupo de te\u00f3logos europeos continentales urg\u00ed\u00adan la importancia de establecer un \u00abcanon dentro del canon\u00bb, tanto por ser religiosamente beneficioso como necesario doctrinalmente.<\/p>\n<p>En esta propuesta, expuesta por escritores como W. Marxsen, E. K\u00e1seman e I. L\u00f3nning, existe alguna influencia de la hermen\u00e9utica luterana, pero la motivaci\u00f3n principal surge de la moderna percepci\u00f3n de acusadas diferencias entre las perspectivas doctrinales y eclesiol\u00f3gicas de diferentes autores del NT. Este pluralismo, en el que estos autores encuentran algunos frentes incompatibles, obliga al int\u00e9rprete a encontrar un criterio de doctrina normativa por la que distinguir entre lo que es normativo en el NT y lo que no lo es por su discrepancia con el centro verdaderamente can\u00f3nico de nuestra colecci\u00f3n de escritos cristianos del siglo I. La escatolog\u00ed\u00ada de Pablo est\u00e1 en desacuerdo en la de Lucas-Hechos, y las palabras de Jes\u00fas sobre el obligado cumplimiento de cada `jota y tilde\u00bb de la ley (Mt 5,18) choca con la declaraci\u00f3n program\u00e1tica de Pablo de que Cristo es \u00abel fin de la ley\u00bb (Rom 10,4). La lectura atenta del NT ofrece el imperativo de que uno encuentra un n\u00facleo doctrinal, y por eso margina las porciones de la colecci\u00f3n que no encajan con el centro verdaderamente can\u00f3nico.<\/p>\n<p>Se ha expresado una fuerte oposici\u00f3n al canon dentro del canon, y no precisamente por parte de los cat\u00f3licos, que ven evolucionar la Iglesia del NT hacia la forma que toma en documentos \u00abcat\u00f3licos primitivos\u00bb, tales como Lucas-Hechos y las ep\u00ed\u00adstolas pastorales. Tambi\u00e9n autores protestantes, como K. Stendahl, E. Best y B. Metzger, insisten en la rica fertilidad hallada en la aut\u00e9ntica diversidad de doctrina del NT. La colecci\u00f3n can\u00f3nica es pluralista en contenido; pero, en consecuencia, las Iglesias est\u00e1n provistas de una abundancia de textos y doctrinas que se demuestran aplicables a las necesidades y desaf\u00ed\u00ados de culturas enormemente diversas.<\/p>\n<p>Quienes se oponen a un canon dentro del canon consideran que las tensiones existentes en el NT son debidas a las diversas situaciones a las que Jes\u00fas y sus ap\u00f3stoles llevaron el mensaje de salvaci\u00f3n para interesarse por las vidas de los creyentes en situaciones muy diferentes del siglo I. La selecci\u00f3n de un centro normativo no es necesariamente arbitraria y subjetiva; pero, al tender a fijar su atenci\u00f3n en un mensaje especialmente \u00abmoderno\u00bb, corre el riesgo de convertirse pronto en \u00abanticuado\u00bb. El canon protege a los creyentes de los extremos en la b\u00fasqueda de relevancia, mientras establece los l\u00ed\u00admites de lo que es aceptable. El canon es ecum\u00e9nicamente indispensable, puesto que preserva a las comunidades de cuestionar a la ligera la legitimidad cristiana de otras comunidades. Por \u00faltimo, el canon del NT es la instancia primera del ideal de unidad en la diversidad reconciliada.<\/p>\n<p>Con todo, una serie de prioridades personales y confesionales, dentro de la colecci\u00f3n can\u00f3nica, parece inevitable. Jes\u00fas mismo recapitul\u00f3 el conjunto de la Tor\u00e1 en s\u00f3lo dos mandamientos, y Pablo declar\u00f3 que la promesa hecha a Abrah\u00e1n en G\u00e9n 12,3 est\u00e1 por encima de la ley dada en el Sina\u00ed\u00ad (G\u00e1l 3,7-22). Se puede admitir que individuos y comunidades tengan algo parecido a una hierarchia librorum, similar a la hierarchia veritatum de UR 11. Pero la clave para pensar y vivir en total acuerdo con las Escrituras es permanecer siempre dispuesto a o\u00ed\u00adr la palabra de Dios, incluso cuando resuena con su misterioso impacto desde lugares de la Escritura que uno podr\u00ed\u00ada por un tiempo considerar que son los l\u00ed\u00admites exteriores de la colecci\u00f3n can\u00f3nica.<\/p>\n<p>BIBL.: BAKER D. 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Sentido y problema del canon b\u00ed\u00adblico<br \/>\nDiversos decretos y constituciones del Vaticano II muestran la creciente estima de la sagrada -> Escritura por parte de la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica desde hace algunos decenios, estima que indudablemente tiende a repercutir en la vida cristiana. Llama la atenci\u00f3n en los textos conciliares, no s\u00f3lo la proximidad de su lenguaje a las formulaciones b\u00ed\u00adblicas, sino tambi\u00e9n el hecho de que el cap\u00ed\u00adtulo segundo de la Constituci\u00f3n sobre la revelaci\u00f3n divina (n .o 8), el cual trata de la sagrada tradici\u00f3n, atribuya a la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica, \u00abque se expresa de manera especial en los libros inspirados (es decir, en la sagrada Escritura)\u00bb una primac\u00ed\u00ada expl\u00ed\u00adcita, que no puede pasarse por alto, aun cuando no se aceptara en esta constituci\u00f3n el esquema conciliar donde se hablaba de la suficiencia de la Escritura frente a la tradici\u00f3n oral. A todos los que \u00ableg\u00ed\u00adtimamente est\u00e1n sometidos al servicio de la palabra\u00bb se les encomienda \u00abprofundizar en las sagradas Escrituras con una lectura diligente y un estudio profundo\u00bb (n .o 25), pues la sagrada teolog\u00ed\u00ada se basa en la palabra escrita de Dios&#8230; Pero las sagradas Escri turas contienen la palabra de Dios&#8230; por eso el estudio de la Escritura debe ser, por decirlo as\u00ed\u00ad, el alma de la sagrada teolog\u00ed\u00ada\u00bb (n .o 24). Adem\u00e1s en el Decreto sobre el ecumenismo se habla ampliamente de la sagrada Escritura como \u00abun instrumento se\u00f1alado en las poderosas manos de Dios para el di\u00e1logo por el que se ha de alcanzar la unidad que el redentor ofrece a todos los hombres\u00bb (n .o 21). \u00abToda predicaci\u00f3n de la Iglesia as\u00ed\u00ad como la misma religi\u00f3n cristiana debe alimentarse por tanto de la sagrada Escritura y ser dirigida por ella\u00bb (Sobre la revelaci\u00f3n, n .o 21).<\/p>\n<p>Por consiguiente no se puede pasar por alto en las decisiones conciliares la superioridad material de la Escritura, aun admitida la igualdad formal de la Escritura y la tradici\u00f3n (&#8211;>Escritura y -> tradici\u00f3n). Sin embargo, dada la atenci\u00f3n que se dedica, por ejemplo, al car\u00e1cter hist\u00f3rico de los Evangelios bajo el aspecto de la historia de la tradici\u00f3n, sorprende la manera como se habla en t\u00e9rminos tradicionales de la -> inspiraci\u00f3n (Sobre la revelaci\u00f3n, n .o 11) y del c., sin que se determine el criterio de la canonicidad de la Escritura. Ciertamente el Concilio (ibid., n .o 8) dice que \u00abpor la tradici\u00f3n de la Iglesia llega a conocerse el c. completo de los sagrados libros\u00bb, pero, no obstante, el hecho de que este proceso dogm\u00e1tico del crecimiento del valor can\u00f3nico, sobre todo en los cuatro primeros siglos cristianos, fue el mayor acontecimiento por el que la Iglesia marc\u00f3 sus propios l\u00ed\u00admites, y lo hizo bajo la direcci\u00f3n hist\u00f3ricamente inexplicable del esp\u00ed\u00adritu divino, en la actualidad es m\u00e1s acentuado por los te\u00f3logos no cat\u00f3licos que por el catolicismo, para el cual a m\u00e1s tardar desde el Tridentino (Dz 783ss) la discusi\u00f3n acerca del c. est\u00e1 ya zanjada. De todos modos recientemente se ha producido- una excepci\u00f3n decisiva, a saber: si el Tridentino (Dz 783) y el Vaticano i (Dz 1787) exigen que se \u00abreconozcan y veneren con igual piedad y reverencia\u00bb todos los libros del AT y del NT, el Vaticano ii en cambio habla expressis verbis, p. ej., de una preeminencia de los Evangelios (Sobre la revelaci\u00f3n, n .o 18). Con ello la discusi\u00f3n, interrumpida por una comprensible tendencia antirreformadora, sobre una jerarqu\u00ed\u00ada en los escritos b\u00ed\u00adblicos o, hablando en t\u00e9rminos de la teolog\u00ed\u00ada fundamental o de la hermen\u00e9utica, sobre un \u00abcanon en el c.\u00bb, ha vuelto a quedar libre y ha recibido un punto de orientaci\u00f3n que apenas se pone en duda: la primac\u00ed\u00ada de los Evangelios. Pero con esto se ha planteado de nuevo la cuesti\u00f3n del valor normativo, can\u00f3nico, de la sagrada Escritura.<\/p>\n<p>La dificultad de la cuesti\u00f3n del canon estriba en la distancia hist\u00f3rica entre la inspiraci\u00f3n de los escritos del AT y del NT, que es la condici\u00f3n previa de su canonicidad, y la delimitaci\u00f3n del canon neotestamentario, que se extiende hasta el s. iv. Por tanto, la explicaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n normativa, que debe haberse producido impl\u00ed\u00adcitamente en el tiempo apost\u00f3lico, fue conocida mucho m\u00e1s tarde, lo cual se hace tanto m\u00e1s obvio por el hecho de que los hagi\u00f3grafos sab\u00ed\u00adan del car\u00e1cter ocasional de sus escritos, pero no precisamente de su car\u00e1cter inspirado. Esto se pone de manifiesto por los comienzos de la historia del c. cristiano.<\/p>\n<p>Al principio de esa historia no aparece la acepci\u00f3n profana de la palabra griega xavwv como tabla, lista o tabla cronol\u00f3gica, sino que el t\u00e9rmino significa fundamentalmente criterio, norma segura, norma de conducta o de doctrina. As\u00ed\u00ad G\u00e1l 6, 16 habla de la norma de un aut\u00e9ntico cristianismo frente a los criterios del mundo antiguo. Y 1 Clem 7, 2 remite claramente a las normas de la tradici\u00f3n como criterio de la predicaci\u00f3n y de la \u00e9tica cristianas. En los tres primeros siglos cristianos c. designa la regula fidei, la regula veritatis, o sea, todo lo que como criterio de la verdad y como norma de fe precede ya a los escritos b\u00ed\u00adblicos. C. significa en segundo lugar (desde el Niceno, 325) las decisiones de los s\u00ed\u00adnodos y, finalmente, a partir del s. iv, la lista de los libros b\u00ed\u00adblicos que est\u00e1n autorizados para el uso eclesi\u00e1stico. Esta doble significaci\u00f3n del t\u00e9rmino c., entendido como criterio y como lista o tabla en que se enumeran los libros b\u00ed\u00adblicos, ha determinado la discusi\u00f3n de la historia de la teolog\u00ed\u00ada hasta el presente. Pero, desde la definici\u00f3n escol\u00e1stica de la doctrina de la inspiraci\u00f3n, el c. de la Escritura fue entendido cada vez m\u00e1s como pura lista o enumeraci\u00f3n de los libros b\u00ed\u00adblicos.<\/p>\n<p>II. Historia del canon de los libros b\u00ed\u00adblicos<br \/>\nA pesar de la prescripci\u00f3n jud\u00ed\u00ada de conservar intactos los libros sagrados en el templo (Dt 31, 26), al iniciarse la \u00e9poca cristiana los l\u00ed\u00admites del c. del AT todav\u00ed\u00ada eran bastante inciertos. El primer grupo de sus escritos, el Pentateuco, experiment\u00f3 adiciones substanciales por la introducci\u00f3n del Deuteronomio en el s. vii y del escrito sacerdotal a comienzos del s. iv. Con la redacci\u00f3n de las Cr\u00f3nicas y con la traducci\u00f3n de los Setenta hacia el a\u00f1o 350, los cinco libros de Mois\u00e9s reciben el valor de ley normativa y m\u00e1s tarde son considerados por los saduceos y samaritanos como la \u00fanica sagrada Escritura.<\/p>\n<p>El segundo grupo de escritos veterotestamentarios, los libros de los profetas, fueron conocidos como grupo ya hacia el a\u00f1o 190 a.C. (-Eclo 48, 22-49, 12). La triple divisi\u00f3n del c. del AT mencionado en Lc 24, 44 presupone como tercer grupo los hagi\u00f3gralos, que, con excepci\u00f3n de los salmos, no estaban destinados a ser le\u00ed\u00addos en el culto divino. Estos libros deben en gran parte su introducci\u00f3n en el c. a la suposici\u00f3n de que se remontan a Salom\u00f3n o jerem\u00ed\u00adas, o bien a fiestas muy importantes del templo.<\/p>\n<p>La teor\u00ed\u00ada farisea del c. est\u00e1 descrita por vez primera en Flavio Josefo (Ap. i, 8), hacia el 95 a.C., con las siguientes notas (JosAp i, 8): la inspiraci\u00f3n divina, la santidad material, el n\u00famero de 22 libros, la intangibilidad de sus letras. A su juicio esos libros proceden del tiempo entre Mois\u00e9s y Artajerjes i (+ 424), con cuya muerte cree Josefo que termina la tradici\u00f3n de los profetas. La teor\u00ed\u00ada del c. que aparece en 4 Esd 14, 8-48 se basa en la creencia de que Esdras, bajo la asistencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, en el a\u00f1o 557 dict\u00f3 en cuarenta d\u00ed\u00adas los escritos del AT, los cuales hab\u00ed\u00adan sido destruidos, y as\u00ed\u00ad, por la intervenci\u00f3n inmediata de Dios (inspiraci\u00f3n verbal), dio origen en brev\u00ed\u00adsimo tiempo al c. de 24 escritos. Esta teor\u00ed\u00ada del c., m\u00e1s tarde adoptada por el s\u00ed\u00adnodo jud\u00ed\u00ado de Yabn\u00e9, hacia el a\u00f1o 100 d.C., constituye la base incluso para la concepci\u00f3n cristiana. A pesar de esto los escritos del juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado rechazados como ap\u00f3crifos tuvieron un gran papel precisamente en el cristianismo primitivo. El posterior canon alejandrino (Deuterocanon) a trav\u00e9s de los LXX se convirti\u00f3 luego en la base de la Vg, y en el concilio de Florencia (Dz 706) as\u00ed\u00ad como en el Tridentino fue declarado obligatorio con relaci\u00f3n al AT. fl enumera, 21 libros hist\u00f3ricos, 17 prof\u00e9ticos y 7 did\u00e1cticos. De estos 45 escritos, en la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica ocho reciben el nombre de deuterocan\u00f3nicos (\u00abap\u00f3crifos\u00bb seg\u00fan la terminolog\u00ed\u00ada protestante), mientras los escritos apocal\u00ed\u00adpticos del juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado reciben el nombre de ap\u00f3crifos (y el de \u00bb pseudoepigr\u00e1ficos\u00bb en el campo protestante).<\/p>\n<p>Inicialmente, en la comunidad neotestamentaria de la salvaci\u00f3n esos mismos escritos del AT, cuyas promesas cumpli\u00f3 Cristo (Lc 4, 15ss; 24, 44ss), son considerados como la \u00fanica sagrada Escritura, sin que se pretenda substituir su valor normativo (Mt 5, 17s) por los propios escritos can\u00f3nicos (cf. 2 Pe 1, 20s). La expectaci\u00f3n del inmediato retorno de Cristo al principio no permiti\u00f3 que se pensara en otros escritos can\u00f3nicos de la nueva alianza. M\u00e1s bien, los escritos ocasionales de los ap\u00f3stoles y de sus disc\u00ed\u00adpulos se propon\u00ed\u00adan demostrar la conformidad del suceso salv\u00ed\u00adfico de Cristo con la Escritura del AT y, desde este suceso, interpretar los libros veterotestamentarios como ordenados a la plenitud de la ley (2 Cor 3, 6, 15ss). Pero hab\u00ed\u00ada de operarse un cambio al no producirse el esperado retorno de Cristo. \u00abLa idea de poner nuevos libros can\u00f3nicos junto a los antiguamente transmitidos, es absolutamente impropia del tiempo apost\u00f3lico; la plenitud de vivientes elementos can\u00f3nicos, aquella multitud de profetas, de poseedores del don de lenguas, de doctores, no permiti\u00f3 que se sintiera la necesidad de nuevos escritos sagrados&#8230;; la creaci\u00f3n de un c. es siempre obra de tiempos m\u00e1s pobres\u00bb (A. J\u00fclicher-E. Fascher).<\/p>\n<p>A pesar de la permanente validez del c. veterotestamentario, el cristiano primitivo ve la aut\u00e9ntica autoridad en la figura salv\u00ed\u00adfica de jesucristo, el cual, como Hijo de Dios de la ley antigua y por su radicaci\u00f3n en la originaria voluntad salv\u00ed\u00adfica de Yahveh, se convierte en el c. por excelencia y en norma para la interpretaci\u00f3n de los escritos veterotestamentarios (Jn 14, 10-24; 10, 30). Si por una parte esta norma es el acontecer salv\u00ed\u00adfico de Cristo mismo, es decir, el kerygma acerca de la muerte y resurrecci\u00f3n de jesucristo, por otra parte, la comunidad transmite tambi\u00e9n palabras aisladas de la predicaci\u00f3n del Jes\u00fas terreno, que, en cuanto Kyrios glorificado, es a la vez contenido (Col 2, 6), origen (1 Cor 11, 23) y &#8211; en cuanto Esp\u00ed\u00adritu Santo que sigue actuando (2 Cor 3, 17ss)- causa y garante de la tradici\u00f3n apost\u00f3lica (cf. Jn 17, 18; 20, 21; 2 Pe 3, 2). El Resucitado transmite a sus ap\u00f3stoles la fuerza normativa de las palabras del Se\u00f1or y de su acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica (Jn 17, 18; 20, 21; 2 Pe 3, 2). Como el destino de los disc\u00ed\u00adpulos se parece al de su Se\u00f1or y su palabra es aceptada o rechazada como la de su Se\u00f1or (Lc 10, 16; Jn 15, 20), ellos pueden tener la misma pretensi\u00f3n que Cristo de ser proclamadores de la voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios y originar as\u00ed\u00ad el tercer miembro (mencionado en 2 Clem 14, 2) del desarrollo de la revelaci\u00f3n: AT, jesucristo, predicaci\u00f3n apost\u00f3lica (cf. tambi\u00e9n Ignacio, Magn. 7, 1; Polic. 6, 3). La idea neotestamentaria del c. en el sentido de colecci\u00f3n y lista se desarrolla independientemente de este principio cristol\u00f3gico o apost\u00f3lico del c. como criterio normativo de la fe. Cuando desaparecen los anunciadores autorizados del mensaje de la salvaci\u00f3n cristiana y los testigos visuales y auriculares de la vida y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, sus escritos, frecuentemente casuales, y las palabras de su predicaci\u00f3n, transmitidas oralmente, van ganando cada vez mayor peso para las dos generaciones siguientes. As\u00ed\u00ad Pedro habla ya (2 Pe 3, 15s) de una colecci\u00f3n de cartas paulinas, y Policarpo parece conocer ya nueve de las cartas can\u00f3nicas de Pablo. Los Evangelios, aparecidos en la segunda mitad del siglo i, originalmente iban dirigidos a determinadas regiones, pero ya hacia el 130, en tiempos de Adriano, estaban reunidos en una colecci\u00f3n (A. v. Harnack) y Justino (1 Apol. 66s) propuso que fueran usados en el culto divino lo mismo que los profetas del AT. Pero su n\u00famero cuaternario fue un problema desde el principio, de manera que Taciano, hacia el a\u00f1o 170 d.C., cre\u00f3 en su Diatessaron una armon\u00ed\u00ada de los Evangelios, en conformidad con el \u00fanico s\u00fa\u00bbyy\u00e9aLov paulino, pero, desde luego, presuponiendo los cuatro escritos llamados Evangelios. Finalmente Ireneo fundamenta esta cu\u00e1druple forma del \u00fanico mensaje salv\u00ed\u00adfico en el significado del n\u00famero 4 en la visi\u00f3n de Ezequiel (Ez 1, 10; Ap 4, 7; Adv. haer. III, 18, 8; Tertuliano, Adv. Marc. tv, 2; Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada, Strom. 111, 13, 93; 1, 21, 136).<\/p>\n<p>El tercer grupo de escritos neotestamentarios, entre los cuales hay que contar, adem\u00e1s de las ep\u00ed\u00adstolas, los Hechos de los ap\u00f3stoles, el Apocalipsis y la carta a los Hebreos, adquiere valor can\u00f3nico por vez primera en la segunda mitad del s. ir, si bien oscila mucho el reconocimiento de cada uno de los escritos en particular.<\/p>\n<p>Hacia mediados del s. II Marci\u00f3n, que fue excluido de la Iglesia por sus ideas gn\u00f3sticas y antijud\u00ed\u00adas, dio en Roma un impulso decisivo para la formaci\u00f3n del c. eclesi\u00e1stico. Marci\u00f3n rechazaba todo el AT por su imagen del Dios vengativo. Concedi\u00f3 validez solamente a diez cartas de Pablo y al Evangelio de Lucas, una vez expurgadas las citas del AT y la historia de la infancia de Jes\u00fas, y con este c. suyo substituy\u00f3 por vez primera el del AT. La Iglesia rechaz\u00f3 la herej\u00ed\u00ada marcionita al legitimar los cuatro Evangelios por medio de un pr\u00f3logo y al declarar can\u00f3nicas, adem\u00e1s de las cartas paulinas del c. de Marci\u00f3n, las cartas pastorales, los Hechos de los ap\u00f3stoles y el Apocalipsis. Este proceso llega a sedimentarse oficialmente hacia fines del s. ri en el fragmento de Muratori, que enumera 22 escritos neotestamentarios: los cuatro Evangelios, los Hechos de los ap\u00f3stoles, 13 cartas paulinas, 3 ep\u00ed\u00adstolas cat\u00f3licas, el Apocalipsis y el Apocalipsis de Pedro, no aceptado en todas partes. De este modo hacia el a\u00f1o 200 se concluy\u00f3 en la Iglesia occidental la formaci\u00f3n del c., con excepci\u00f3n de la carta a los Hebreos, declarada no paulina, y del n\u00famero oscilante de las ep\u00ed\u00adstolas cat\u00f3licas. En la Iglesia griega la carta a los Hebreos fue aceptada, pero no el Apocalipsis, que s\u00f3lo a partir del s. vi pudo introducirse lentamente. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad sigui\u00f3 discuti\u00e9ndose el n\u00famero de las ep\u00ed\u00adstolas cat\u00f3licas. La 39 carta pascual del obispo Atanasio de Alejandr\u00ed\u00ada, que procede del a\u00f1o 367, junto con los libros del AT, menciona los 27 libros del NT como parte de un canon ya fijo (Ap. 22, 18s; \u00abNadie debe a\u00f1adirle ni quitarle nada\u00bb). En los s\u00ed\u00adnodos antiarrianos de mediados del s. iv tiene lugar una igualaci\u00f3n del c. oriental y del occidental. En el cap. segundo del Decretum Gelas\u00fc que se remonta al s\u00ed\u00adnodo romano del a\u00f1o 382, se da a conocer el c. de 27 escritos neotestamentarios y esa extensi\u00f3n del c. fue confirmado posteriormente por una carta del papa Inocencio i del a\u00f1o 405, as\u00ed\u00ad como por los s\u00ed\u00adnodos africanos de Hippo Regius (393) y de Cartago (397-419). Desde el s. iv no se tomaron decisiones nuevas acerca del c., sin embargo, hasta cierto par\u00e9ntesis breve del pietismo en el siglo xvIII y xlx, volvieron siempre a discutirse la validez can\u00f3nica y el rango de algunos escritos del NT, en relaci\u00f3n con la pregunta por su autenticidad literaria. El Tridentino fij\u00f3 definitivamente en 1546 el c. del AT y del NT, apoy\u00e1ndose en el Florentino as\u00ed\u00ad como en la persuasi\u00f3n existente en el s. iv, pero sin decidir la cuesti\u00f3n de la autenticidad de cada uno de los escritos neotestamentarios. La teolog\u00ed\u00ada defiende concordemente que el Concilio s\u00f3lo defini\u00f3 autoritativamente la pertenencia al c. de los libros enumerados, pero no los problemas hist\u00f3ricos relativos a su autor y a la autenticidad de las partes discutidas. Pues la autenticidad y la canonicidad son dos conceptos totalmente diversos que han de ser distinguidos en forma clara.<\/p>\n<p>En la as\u00ed\u00ad llamada \u00abteolog\u00ed\u00ada liberal\u00bb y en el m\u00e9todo hist\u00f3rico cr\u00ed\u00adtico del s. xx la pregunta por la \u00abnecesidad y el l\u00ed\u00admite del canon neotestamentario\u00bb (W. G. K\u00fcmme1) vuelve a convertirse en un problema fundamental de la teolog\u00ed\u00ada protestante, que se debate en torno a la unidad del c. b\u00ed\u00adblico y al principio reformador de la sola Scriptura, y con ello discute nuevamente el tema de la Escritura como el fundamento de la inteligencia teol\u00f3gica entre las diferentes confesiones cristianas.<\/p>\n<p>III. Intentos teol\u00f3gicos de resolver el problema del canon<br \/>\nLa historia del c. pone de manifiesto que la teor\u00ed\u00ada de la doctrina de la inspiraci\u00f3n, tal como la desarroll\u00f3 el juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado y fue evolucionando en la historia de los dogmas, poco puede contribuir al esclarecimiento del car\u00e1cter normativo que han ido adquiriendo los escritos b\u00ed\u00adblicos, sobre todo los del NT, a no ser que la inspiraci\u00f3n sea entendida en un sentido muy amplio, como suma de todos aquellos criterios que movieron a la Iglesia de los cuatro primeros siglos a delimitar el valor de sus fuentes escritas. Esto no tiene por qu\u00e9 significar que la canonicidad sea la consecuencia de procesos puramente hist\u00f3ricos. Sin duda los escritos neotestamentarios, como textos de lectura en el culto divino, eran una base de la experiencia espiritual de la fe y, en cuanto ten\u00ed\u00adan un origen apost\u00f3lico en sentido amplio, eran una emanaci\u00f3n de aquella revelaci\u00f3n divina y normativa que en principio termin\u00f3 con la muerte del \u00faltimo ap\u00f3stol. Hasta la conclusi\u00f3n del c. la Iglesia tuvo una historia con estos escritos, en la cual ellos se acreditaron como norma creadora, conservadora y cr\u00ed\u00adtica para la vida creyente de la Iglesia.<\/p>\n<p>A pesar de todo la formaci\u00f3n del c. no se reduce a una medida hist\u00f3rica y humana de la Iglesia oficial. Hemos de aceptar m\u00e1s bien la persuasi\u00f3n creyente de que el c. es un don especial de Dios a la Iglesia, y de que en su eficacia tenemos que ver una acci\u00f3n particular del Esp\u00ed\u00adritu Santo prometido a la Iglesia (W. Joest, K. Aland); lo cual podr\u00ed\u00ada llamarse inspiraci\u00f3n en sentido amplio, pero quiz\u00e1 sea designado m\u00e1s exactamente con el nombre de canonicidad.<\/p>\n<p>Si la ex\u00e9gesis protestante se aproxima a este criterio, que transciende el m\u00e9todo hist6rico-cr\u00ed\u00adtico, y si se pudiera completar el luterano urgemus Christum contra Scripturam (WA 39, 1, 47), para hacer posible la aceptaci\u00f3n de una decisi\u00f3n con rango hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico de revelaci\u00f3n, la cual obliga a la Iglesia en todo su futuro, de una decisi\u00f3n que, por tanto, no es comprobable cient\u00ed\u00adficamente (O. Cullmann, Die Tradition, p\u00e1gina 45ss), quiz\u00e1 se podr\u00ed\u00ada cortar la \u00ablatente enfermedad de la teolog\u00ed\u00ada protestante y con ello tambi\u00e9n la de la Iglesia protestante, que consiste en la falta de claridad sobre su relaci\u00f3n a los documentos de su origen, es decir, al c.b.\u00bb (H. Strathmann, Krisis, p. 295).<\/p>\n<p>En la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica, aparte la doctrina de la inspiraci\u00f3n, la Iglesia desempe\u00f1a una funci\u00f3n decisiva en el principio del c. Aun cuando Agust\u00ed\u00adn (Contra epistolam Manichaei 5, 6) fundamentara la credibilidad de la sagrada Escritura en la Iglesia, actualmente se distingue entre la constituci\u00f3n del c. (inspiraci\u00f3n) y su posterior conocimiento reflejo por parte de la Iglesia (decisi\u00f3n sobre el c.); y esto no s\u00f3lo desde el punto de vista de la historia de los dogmas. Pues la Escritura y la Iglesia se encuentran en el mismo plano respecto a su constituci\u00f3n, y por eso en definitiva no pueden fundamentarse mutuamente, si no se quiere caer en el c\u00ed\u00adrculo Iglesia-canon-Iglesia. Por consiguiente en la historia del c. se trata del conocimiento posterior de un contenido original de la revelaci\u00f3n. Y el tener esto en cuenta es tanto m\u00e1s importante por el hecho de que la intenci\u00f3n de la Iglesia que delimit\u00f3 el c. tanto frente a la literatura gn\u00f3stica y otros escritos her\u00e9ticos, como frente a las obras de los padres de los primeros siglos, no pudo ser la de yuxtaponer con igual rango este c. a la tradici\u00f3n posterior. Por eso tambi\u00e9n la Iglesia de hoy debe sentirse vinculada al c. en forma singular, al c. que ella sac\u00f3 de s\u00ed\u00ad misma cualitativamente en el tiempo de su origen y que luego delimit\u00f3 cuantitativamente. El c. de la Escritura es para todo el tiempo de la Iglesia la aut\u00e9ntica norma non normata, revelada impl\u00ed\u00adcitamente en el per\u00ed\u00adodo apost\u00f3lico y delimitada expl\u00ed\u00adcitamente en las decisiones que bajo la direcci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo se tomaron en la Iglesia de los cuatro primeros siglos.<\/p>\n<p>Paul Neuenzeit<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DJN \u00c2\u00a0 SUMARIO: 1. la vara de medir, a los criterios de verdad. &#8211; 2. El primer canon cristiano. &#8211; 3. El canon antes del Canon. &#8211; 4. Los primeros libros cristianos. &#8211; 5. La Iglesia define su Canon. &#8211; 6. Canon y autoridad de la Iglesia. &#8211; 7. Trento. &#8211; 8. Concepto integral del &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/canon-biblico\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCANON BIBLICO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15514","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15514","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15514"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15514\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15514"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15514"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15514"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}