{"id":15521,"date":"2016-02-05T10:06:49","date_gmt":"2016-02-05T15:06:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/conciencia-mesianica\/"},"modified":"2016-02-05T10:06:49","modified_gmt":"2016-02-05T15:06:49","slug":"conciencia-mesianica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/conciencia-mesianica\/","title":{"rendered":"CONCIENCIA MESIANICA"},"content":{"rendered":"<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nEl enunciado que tenemos delante no se identifica con el tema sobre el -> de Jes\u00fas. Existe, ciertamente, una estrecha relaci\u00f3n entre ellos, pero merecen un tratamiento aparte. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad se pondr\u00e1 de manifiesto el alcance de cada uno. Tanto cuando hablamos del > conocimiento de Jes\u00fas, como cuando intentamos descubrir su mesi\u00e1nica, intentamos desvelar la interioridad de su persona tal como se manifiesta a trav\u00e9s de sus palabras y acciones. Existe, no obstante, una diferencia profunda en la finalidad del tema explorado. El conocimiento de Jes\u00fas puede quedar restringido a un nivel antropol\u00f3gico esencial, determinado por la curiosidad de vernos obligados a aceptar la limitaci\u00f3n u optar por la ilimitaci\u00f3n de sus saberes. Te\u00f3ricamente al menos el problema se ver\u00ed\u00ada restringido por las fronteras aludidas. Pr\u00e1cticamente no es as\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>La conciencia mesi\u00e1nica de Jes\u00fas nos lleva mucho m\u00e1s all\u00e1 del conocimiento humano. Nos introduce en el saber divino proyectado hacia el hombre en toda su dimensi\u00f3n salvadora. \u00bfEn qu\u00e9 medida conoci\u00f3 Jes\u00fas el proyecto divino salvador que \u00e9l ten\u00ed\u00ada que realizar para cumplir adecuadamente el encargo recibido en su misi\u00f3n singular?<br \/>\nconciencia mesi\u00e1nica. Jes\u00fas manifiesta la conciencia que tiene de s\u00ed\u00ad mismo por las acciones y declaraciones justificativas de su modo de ser y actuar. Sus obras extraordinarias, particularmente los exorcismos y curaciones que realizaba, no fueron negadas ni siquiera por sus enemigos, aunque las atribuyesen al poder del Maligno (Mc 3, 20-30) o, en las pol\u00e9micas posteriores, a alg\u00fan poder m\u00e1gico. Jes\u00fas y, naturalmente, sus disc\u00ed\u00adpulos, las atribu\u00ed\u00adan al Esp\u00ed\u00adritu de Dios (Mc 3, 29-30; Mt 12, 28). Bultmann y otros int\u00e9rpretes de su l\u00ed\u00adnea las consideran como historias tard\u00ed\u00adamente inventadas. Estas acciones extraordinarias eran esperadas y atribuidas a personas religiosas especialmente actuadas por el Esp\u00ed\u00adritu. Pero, como acent\u00faa N. Perrin, las historias transmitidas por los evangelios sobre este particular pertenecen al primer estadio de la tradici\u00f3n<br \/>\nNada hay m\u00e1s cierto acerca de Jes\u00fas que fue considerado por sus contempor\u00e1neos como un exorcista y un curador de enfermedades. En comparaci\u00f3n con los paralelismos paganos, como Apolonio de Tiana, destacan los milagros de Jes\u00fas en el contexto de su vida jud\u00ed\u00ada y de su doctrina escatol\u00f3gica. Las acciones extraordinarias de Jes\u00fas no pretend\u00ed\u00adan simplemente ayudar a una persona necesitada. Eran un medio concreto para proclamar y realizar el triunfo de Dios sobre los poderes del mal en la hora final. Los milagros eran signos y realizaciones parciales de lo que deb\u00ed\u00ada aparecer plenamente en el Reino.<\/p>\n<p>Sus palabras son determinantes de la solidez con la que el hombre construye su vida. La decisi\u00f3n positiva ante ellas equivale a la construcci\u00f3n sobre roca; la indiferencia o actitud negativa ante ellas significa edificar sobre arena: todo pasa, ellas permanecen (Mt 7, 24-32; Mc 13, 31). Ellas son el punto supremo referencial de la propia vida por encima de los dem\u00e1s valores absolutos como la familia (Mc 3, 31-35). La palabra de Jes\u00fas no s\u00f3lo es la flecha que indica el verdadero camino que conduce al reino de Dios y a la puerta de entrada en \u00e9l. Ella misma es \u00abla puerta\u00bb y \u00abel camino\u00bb (Mt 7, 13; Mc 10, 17-22; Jn 14, 6).<\/p>\n<p>La peculiaridad del lenguaje de Jes\u00fas no s\u00f3lo supera la autoridad de los rabinos, de los escribas, repetidores de las palabras de la Escritura, de la inspiraci\u00f3n prof\u00e9tica alentada por el Esp\u00ed\u00adritu divino, sino que en ellas se trasluce el poder divino de la persona que las pronuncia. Un poder capaz de vencer al mal y al Maligno en virtud de la presencia de Dios en \u00e9l a quien hace presente entre nosotros (J. Deforme). La eficacia de su palabra operante es un signo de la presencia escatol\u00f3gica del reino de Dios y de la extraordinaria categor\u00ed\u00ada de Cristo que anticipa la presencia del reino escatol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Seg\u00fan nuestro modo com\u00fan de hablar la palabra de Jes\u00fas es una palabra sacra: anuncia una realidad y, al mismo tiempo, la hace presente o, dicho de otro modo, presencializa aquello que anuncia. El es plenamente consciente de ello. As\u00ed\u00ad lo ponen de relieve aquellas par\u00e1bolas suyas cuyo denominador com\u00fan es la llamada de urgencia. Las llamamos as\u00ed\u00ad porque ellas sit\u00faan al hombre ante la decisi\u00f3n personal, en la que se juega la suerte del hombre ante la crisis provocada por la aparici\u00f3n de Jes\u00fas. De ah\u00ed\u00ad que algunos autores las califiquen como \u00e1bolas de crisis:<\/p>\n<p>a) La decisi\u00f3n humana y el consiguiente juicio divino se realizan en el tiempo presente, en la vida de cada d\u00ed\u00ada. El tiempo futuro es \u00e9ste, el presente. El \u00faltimo o el \u00faltimo d\u00ed\u00ada llega cuando se pasa la \u00faltima hoja del calendario de nuestros d\u00ed\u00adas (Lc 12, 54-56: \u00abel tiempo nuevo\u00bb es Jes\u00fas mismo). Es el tiempo, jronos, que, cargado con la acci\u00f3n de Dios, se llama \u00f3s. Toda la vida y actividad de Jes\u00fas anuncian el Reino; nos aseguran que el tiempo-e\u00f3n antiguo ha llegado a su fin; que el dominio de la muerte y del pecado ha sido superado.<\/p>\n<p>b) La actitud exigida portero y dem\u00e1s servidumbre (Mc 13, 34-36) insiste en que la llamada de urgencia es directa e inaplazable. Aunque el viaje del se\u00f1or de la casa ser\u00e1 largo (referencia a la partida de Jes\u00fas), la necesidad de la vigilancia se acent\u00faa por la imprevisibilidad de su vuelta (que tiene lugar en el encuentro \u00faltimo que cada persona tiene con \u00e9l).<\/p>\n<p>c) Los ladrones no acostumbran a pasar tarjeta de visita. Jes\u00fas compara su \u00faltima venida al hombre con la del \u00f3n (Mt 24, 43-44). El reino de Dios, ha venido, est\u00e1 a la puerta, manifiesta su presencia de m\u00faltiples formas. No debi\u00e9ramos olvidar que el juicio final es un hecho de tipo existencial que realizamos en la vida y conducta de cada d\u00ed\u00ada (Jn 3, 18).<\/p>\n<p>d) La experiencia nos dice que es conveniente los pleitos pendientes antes llegar al juez (Lc 12, 58-59). El plano \u00faltimo de la peque\u00f1a par\u00e1bola es la amenaza ante el tiempo decisivo, ante el juicio escatol\u00f3gico, que se realiza en cada momento. Estamos, por tanto, ante una llamada de urgencia, ante una par\u00e1bola de crisis.<\/p>\n<p>e) Los vigilantes (Lc 12, 35-38) deben tener las l\u00e1mparas encendidas; es el s\u00ed\u00admbolo de la vigilancia &#8211; si las tuviesen apagadas se indicar\u00ed\u00ada que los siervos dorm\u00ed\u00adan &#8211; y los lomos ce\u00f1idos, que simbolizan el trabajo, la disponibilidad y la responsabilidad.<\/p>\n<p>f) El evangelista Lucas, al utilizar el s\u00ed\u00admil de puerta estrecha (13, 22-30) se sit\u00faa y nos sit\u00faa en el terreno original del car\u00e1cter escatol\u00f3gico actual y existencial de la llamada, que ser\u00ed\u00ada la que acentuaban las palabras de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>g) La gravedad irresponsable y responsabilizadora de ser encontrado sin fruto, como higuera est\u00e9ril (Lc 13, 6-9), es una llamada a la consideraci\u00f3n de nuestra vida como tiempo de gracia a la vez que una amenaza ante el desprecio de la misma.<\/p>\n<p>h) Lo que puede hacer el hombre y lo que debe omitir lo pone de relieve la actitud administrador infiel (Lc 16, 1-8). El hombre nunca puede prepararse positivamente para pertenecer al reino de Dios. El af\u00e1n y el esfuerzo humanos nunca son exigitivos de la gracia de Dios. Lo contrario equivaldr\u00ed\u00ada a destruir el concepto mismo de la gracia y de lo sobrenatural. Pero si el hombre no puede exigir a Dios lo que le es indebido, s\u00ed\u00ad puede prestar a Dios lo que exige de \u00e9l. Una actitud de buena voluntad, de preocupaci\u00f3n por el Reino, de eliminaci\u00f3n de los obst\u00e1culos que se le oponen.<\/p>\n<p>i) El reino de los cielos no es comparado diez j\u00f3venes (Mt 25, 1-13), sino con la celebraci\u00f3n solemne de una boda. Solemnidad reservada para el \u00faltimo momento en el que la consumaci\u00f3n del mundo y el juicio \u00faltimo juegan un papel decisivo. Precisamente por eso el Reino puede ser comparado con la sala del fest\u00ed\u00adn en el que entran las j\u00f3venes prudentes. El verso primero debe ser traducido de forma distinta a como suele hacerse ordinariamente. Deber\u00ed\u00ada sonar as\u00ed\u00ad: \u00abOcurre con el reino de los cielos como con diez j\u00f3venes invitadas a un banquete de boda\u00bb<br \/>\nj) La par\u00e1bola de vi\u00f1adores homicidas (Lc 12, 1-11) es una acerba cr\u00ed\u00adtica a la actitud de los dirigentes jud\u00ed\u00ados contra Jes\u00fas. Su hostilidad frente a \u00e9l debe ser enmarcada en la actitud de rechazo, de repulsa y malos tratos dados a los mensajeros enviados anteriormente por Dios a Israel. La par\u00e1bola de los vi\u00f1adores homicidas presenta a Jes\u00fas como la \u00faltima llamada dirigida por Dios a su pueblo. Tambi\u00e9n El fue rechazado. Tambi\u00e9n esta voz fue deso\u00ed\u00adda. Deso\u00ed\u00adda y silenciada violentamente. Pero se convirti\u00f3 en el fundador de una nueva comunidad heredera del Reino y servidora del mismo.<\/p>\n<p>k) Cristo aparece rodeado de pecadores, publicanos y marginados en general. Esta actitud de Jes\u00fas fue condenada por los dirigentes puritanos de su tiempo. Su respuesta, entre otras, la tenemos en las par\u00e1bolas de la misericiordia (Lc 15) y en la del \u00e9dico y los enfermos (Mc 2, 16-17). Lo que Jes\u00fas pretend\u00ed\u00ada era derribar las fronteras entre el hombre y Dios, no las levantadas por los hombres entre s\u00ed\u00ad. La comuni\u00f3n en la mesa se convierte en el s\u00ed\u00admbolo de la misi\u00f3n de Jes\u00fas. El vino a salvar a los pecadores. En lugar de que vivan en sus pecados y en comuni\u00f3n con los pecadores, que vivan en comuni\u00f3n con \u00e9l, es decir, con Dios mismo y con los disc\u00ed\u00adpulos, es decir, dentro de la comunidad escatol\u00f3gica de la salvaci\u00f3n; que pertenezcan al Reino.<\/p>\n<p>l) El acento principal de la par\u00e1bola sobre la oveja (Lc 15, 3-7) recae sobre esa \u00ed\u00ada que la conversi\u00f3n del pecador causa en el coraz\u00f3n de Dios. Esta alegr\u00ed\u00ada es comparada a la que proporcionan en el cielo los noventa y nueve que no necesitan la penitencia. Y supera la primera a la segunda. Jes\u00fas se refer\u00ed\u00ada a los escribas y fariseos que se consideraban justos, sin necesidad de penitencia. Y no hab\u00ed\u00ada tal cosa. Entre todos ellos no proporcionaban en el cielo tanta alegr\u00ed\u00ada como un pecador convertido. Pero Jes\u00fas no trata en ella de aquella falsa santidad. En el momento oportuno les pondr\u00e1 de manifiesto, les quitar\u00e1 la m\u00e1scara de santidad de que se presentaban rodeados para que aparezcan como son en su interior: sepulcros blanqueados.<\/p>\n<p>II) La \u00ed\u00ada que proporciona a Dios la conversi\u00f3n del pecador es tambi\u00e9n el tema de la dracma perdida (Lc 15, 8-10). La mujer de la par\u00e1bola comienza la b\u00fasqueda de la dracma encendiendo una l\u00e1mpara. Todav\u00ed\u00ada era de d\u00ed\u00ada. Paro las casas palestinenses del tiempo de Cristo ten\u00ed\u00adan poca luz. La que entraba por una puerta baja y por una ventana insignificante. As\u00f3 lo han demostrado las ruinas romanas y bizantinas de Jerusal\u00e9n, Jeric\u00f3 y Cafarna\u00fam.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la l\u00e1mpara encendida se convirti\u00f3 en el s\u00ed\u00admbolo obligado de una b\u00fasqueda diligente. Una vez encontrada la dracma tienen lugar unas manifestaciones excepcionales de alegr\u00ed\u00ada, que \u00fanicamente expresan la realidad parab\u00f3lica. Pretenden llevarnos al n\u00facleo central del mensaje.<\/p>\n<p>Para la explicaci\u00f3n de estas par\u00e1bolas he tenido delante mi libro Reino en Par\u00e1bolas, Salamanca, 1996, pp. 97-147).<\/p>\n<p>Acciones extraordinarias, reales aunque adornadas o legendarizadas, palabras autoritativas sobre el tema de la mediaci\u00f3n del hombre con Dios a trav\u00e9s de Mois\u00e9s, de los profetas&#8230; y del Profeta, par\u00e1bolas que acent\u00faan la urgencia de la llamada de Dios que se hizo presente en el Parabolista por antonomasia, \u00bfno expresan con suficiente peso y claridad la mesi\u00e1nica de Jes\u00fas?<br \/>\nBIBL. \u2014 JoHN P. MEIER, jud\u00ed\u00ado marginal. Nueva visi\u00f3n de Jes\u00fas de Nazaret, Estella, Navarra. El mismo autor tiene el art\u00ed\u00adculo , en \u00abThe New Jerome Biblical Commentary\u00bb, pp. 1316-1328; N. PERRIN, the Teaching of jesus, Londres, 1967; F. Duci, \u00fas llamado Cristo. Introducci\u00f3n al jes\u00fas de la historia y a su comprensi\u00f3n desde la fe, Madrid, 1983; R. LATOURELLE, A \u00fas el Cristo por los evangelios. Historia y Hermen\u00e9utica, S\u00ed\u00adgueme, 1983; A. LAPPLE, \u00fas de Nazaret. Reflexiones cr\u00ed\u00adticas, Madrid, 1973.<\/p>\n<p>E Ramos<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DJN \u00c2\u00a0 El enunciado que tenemos delante no se identifica con el tema sobre el -> de Jes\u00fas. Existe, ciertamente, una estrecha relaci\u00f3n entre ellos, pero merecen un tratamiento aparte. 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