{"id":15529,"date":"2016-02-05T10:07:04","date_gmt":"2016-02-05T15:07:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cristo-mesias\/"},"modified":"2016-02-05T10:07:04","modified_gmt":"2016-02-05T15:07:04","slug":"cristo-mesias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cristo-mesias\/","title":{"rendered":"CRISTO \/ MESIAS"},"content":{"rendered":"<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: . La esperanza mesi\u00e1nica en tiempos de Jes\u00fas. 2- \u00abT\u00fa eres el Mes\u00ed\u00adas\u00bb. 3- Jes\u00fas es el Mes\u00ed\u00adas: 3.1. Marcos. 3.2. Mateo. 3.3. Lucas. 3.4. Juan.<\/p>\n<p>Entre los t\u00e9rminos m\u00e1s frecuentes del NT se encuentra el de xpt &#8216;roS, que se usa un total de 531 veces; se trata de un adjetivo verbal, referido siempre a personas en general y principalmente a Jes\u00fas de Nazaret; mediante este t\u00e9rmino, o de su correspondiente arameo \u00abMes\u00ed\u00adas\u00bb, se afirma que \u00e9l es el Mes\u00ed\u00adas esperado de Israel, que ya ha llegado. Semejante afirmaci\u00f3n se hace expresa en algunos textos como Mc 8,29, donde \u00abCristo\u00bb tiene valor de t\u00ed\u00adtulo; el mismo valor hay que suponerlo en la mayor\u00ed\u00ada de los casos en que se usa el t\u00e9rmino, incluidos aquellos en que aparece unido de formas diversas al nombre propio \u00abJes\u00fas\u00bb -Jesucristo o Cristo-Jes\u00fas- o en que le sigue otro t\u00ed\u00adtulo como Se\u00f1or-Jesucristo, nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Ahora bien, con la ya indicada abundancia de usos del t\u00e9rmino xpia&#8217;oS en el conjunto del NT y con el valor claramente confesional de dicho uso en el citado texto de Mc 8,29 contrasta la escasa presencia del t\u00e9rmino en los Evangelios; he aqu\u00ed\u00ad la estad\u00ed\u00adstica: 7 veces en Mc, 16 en Mt, 12 en Lc (+ 26 en Hch) y 19 en Jn. A ello se a\u00f1ade el hecho de que el t\u00e9rmino no aparece nunca en labios de Jes\u00fas, que incluso ordena silencio a sus disc\u00ed\u00adpulos inmediatamente despu\u00e9s de la confesi\u00f3n de fe de Pedro (8,30); hay que suponer que el silencio tocaba al contenido mismo de la citada confesi\u00f3n: los disc\u00ed\u00adpulos no deb\u00ed\u00adan decir a nadie, no deb\u00ed\u00adan divulgar que \u00e9l era el Mes\u00ed\u00adas. Todo lo cual plantea algunas preguntas: \u00bfqu\u00e9 condujo a Pedro a semejante confesi\u00f3n? \u00bfEs \u00e9sta imaginable en el marco del juda\u00ed\u00adsmo contempor\u00e1neo a Jes\u00fas? \u00bfPor qu\u00e9 la reticencia de Jes\u00fas frente a la confesi\u00f3n del disc\u00ed\u00adpulo? De la respuesta a estas preguntas depende en buena medida la comprensi\u00f3n de la confesi\u00f3n cristiana en la condici\u00f3n de Jes\u00fas. Intentemos, pues, responder a ellas.<\/p>\n<p>1. La esperanza mesi\u00e1nica en tiempos de Jes\u00fas<br \/>\nEl t\u00e9rmino griego xpta&#8217;oS, que traduce el hebreo y el arameo , significa como \u00e9stos \u00abungido\u00bb. El uso de este t\u00e9rmino tiene que ver con un rito de unci\u00f3n que se realizaba en el caso de determinados objetos o lugares que se destinaban al culto (cf. p. ej. Dan 9,24.26), pero sobre todo de la constituci\u00f3n de determinadas personas en la funci\u00f3n de profeta (cf. 1 Re 19,16; Is 61,1), sumo sacerdote (cf. Lev 4,3.5.16; 6,15) y, especialmente, rey (cf. 1 Sam 9,16, 10,1; 16,3.12s; 1 Re 1,3.34s.39). En el caso del rey, el rito de la unci\u00f3n y la expresi\u00f3n \u00abungido del Se\u00f1or\u00bb consecuencia del mismo (cf. 1 Sam 12,3; 2 Sam 19,22; 23,1) se utilizan de forma casi exclusiva de Sa\u00fal, David y de reyes descendientes de este \u00faltimo.<\/p>\n<p>Precisamente en relaci\u00f3n con David y sus descendientes fue configur\u00e1ndose en el seno del juda\u00ed\u00adsmo la denominada \u00abesperanza mesi\u00e1nica\u00bb, aunque llama la atenci\u00f3n que en ninguno de los textos relativos a ella se utiliza el verbo \u00abungir\u00bb o el adjetivo \u00abungido\u00bb. Dicha esperanza se concreta en la pervivencia de la monarqu\u00ed\u00ada en un descendiente de David; el fundamento de la misma lo constituye la promesa de Dios a David a trav\u00e9s del profeta Nat\u00e1n recogida en 1 Sam 7,8-16. Con ella tienen que ver algunos textos anteriores al destierro de Babilonia (cf. Is 8,23-9,6; 11,1ss; Miq 5,1-3; Jer 22,24-30; 30,8s), otros de la \u00e9poca del destierro (Ez 17,22-24; 34,23s); en los textos correspondientes se recurre a motivos propios de la ideolog\u00ed\u00ada mon\u00e1rquica tradicional (cf. Sal 2,2-12; 89,2-5.20-38; 110,1-4; 132,10-18) e incluso de la tradici\u00f3n del para\u00ed\u00adso (cf. Is 11,1-5.6-9). El regreso del destierro contribuy\u00f3 de alg\u00fan modo a animar la esperanza en el surgir de un rey (cf. Ag 2,20-23), que sin embargo se presenta con caracter\u00ed\u00adsticas muy adecuadas a las circunstancias m\u00e1s bien poco gloriosas de ese momento de la historia de Israel: el rey esperado es pobre y humilde, aunque trae la paz a las naciones (cf. Zac 9,9s). En alg\u00fan caso, la esperanza tiene como objeto la figura de un sumo sacerdote (cf. Zac 4,1-6a.1 Ob-14).<\/p>\n<p>Esta diferenciaci\u00f3n del personaje objeto de la esperanza mesi\u00e1nica es caracter\u00ed\u00adstica de los escritos jud\u00ed\u00ados extrab\u00ed\u00adblicos m\u00e1s recientes, en los que no s\u00f3lo se esperaba que el Mes\u00ed\u00adas llegar\u00ed\u00ada en el futuro, sino que se pensaba adem\u00e1s que su venida marcar\u00ed\u00ada de alg\u00fan modo el final de los tiempos: vendr\u00ed\u00ada el Mes\u00ed\u00adas y con \u00e9l el tiempo definitivo de la salvaci\u00f3n; el esperado pod\u00ed\u00ada ser rey-sacerdote o simplemente rey, como ocurre en el caso de la obra ap\u00f3crifa de los Salmos de Salom\u00f3n 17 y 18, en la petici\u00f3n por el Mes\u00ed\u00adas que se incluye entre las 18 Bendiciones o en ciertas tradiciones antiguas recogidas en el Targum de los Profetas. En todos estos casos se piensa en un hijo de David, Mes\u00ed\u00adas restaurador, bajo cuyo dominio volver\u00e1n los dispersos y tendr\u00e1 lugar la ascensi\u00f3n de los gentiles hacia Jerusal\u00e9n para adorar al Dios de Israel; a \u00e9l se deber\u00e1 adem\u00e1s la instauraci\u00f3n de un reinado de paz, de justicia y de fidelidad de todos a la ley. Este tipo de figura mesi\u00e1nica s\u00f3lo se consider\u00f3 realizada en cuanto tal en el revolucionario Bar-Kokba (s. II d.C.); pero antes de esa fecha tan tard\u00ed\u00ada parece haber animado los movimientos revolucionarios de tipo zelota que hab\u00ed\u00adan llevado a la guerra jud\u00ed\u00ada contra Roma en la 2a mitad del s. 1 d.C. Algunos de los citados escritos jud\u00ed\u00ados extrab\u00ed\u00adblicos conocen un mes\u00ed\u00adas sacerdote (cf. TestRub 6,8) y, sobre todo, dos mes\u00ed\u00adas: uno de la tribu de Lev\u00ed\u00ad, y, por consiguiente, sacerdote, y otro de la tribu de Jud\u00e1, es decir, un mes\u00ed\u00adas-rey. Esta \u00faltima forma de la esperanza mesi\u00e1nica se halla representada en el de los Doce Patriarcas (cf. TestLev 17s y TestJud 24), pero muy especialmente en los escritos de la comunidad jud\u00ed\u00ada asentada en el lugar de Qumr\u00e1n, junto al Mar Muerto. En estos \u00faltimos escritos el mes\u00ed\u00adas-sacerdote ocupa una posici\u00f3n preeminente frente al mes\u00ed\u00adas-rey, a quien, por otra parte, se dan otra serie de t\u00ed\u00adtulos de acentos claramente reales: es \u00abcetro\u00bb, \u00abreto\u00f1o de David\u00bb o \u00abpr\u00ed\u00adncipe de la congregaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Si a este panorama de un mesianismo estrictamente personal y dav\u00ed\u00addico-sacerdotal a\u00f1adimos la existencia de un mesianismo teoc\u00e9ntrico, es decir, centrado en la esperanza de una intervenci\u00f3n extraordinaria de Dios en favor de su pueblo, y de un mesianismo concretado en la esperanza en una intervenci\u00f3n como la indicada pero vinculada a la vuelta de determinadas figuras significativas del pasado de Israel, como El\u00ed\u00adas (cf. Mal 3,23-29; 1 En 90), Mois\u00e9s (cf. Dt 18,15.18; 4Qtestim 5-8) o el mismo Melquisedec (11Qmelq 9,13.25) se puede afirmar que la esperanza mesi\u00e1nica constitu\u00ed\u00ada un elemento t\u00ed\u00adpico del juda\u00ed\u00adsmo contempor\u00e1neo a Jes\u00fas. A favor de ello se podr\u00ed\u00ada invocar incluso la advertencia de Jes\u00fas relativa al final de los tiempos: \u00abEntonces, si alguno os dice: &#8216;Mirad, el Cristo est\u00e1 aqu\u00ed\u00ad o all\u00ed\u00ad&#8217;, no lo cre\u00e1is. Porque surgir\u00e1n falsos cristos&#8230;, que har\u00e1n grandes signos y prodigios, capaces de enga\u00f1ar, si fuera posible, a los elegidos\u00bb (Mt 24,23-24).<\/p>\n<p>2. \u00abT\u00fa eres el Mes\u00ed\u00adas\u00bb<br \/>\nEn este contexto se inserta perfectamente la respuesta de Pedro a la pregunta de Jes\u00fas sobre su identidad: \u00ab\u00bfQui\u00e9n dice la gente que es el hijo del Hombre?&#8230; Y vosotros, \u00bfqui\u00e9n dec\u00ed\u00ads que soy yo?\u00bb (Mc 8,27s): apoyado en la convivencia con el Maestro, que hab\u00ed\u00ada comenzado sin otro punto de enganche que la llamada del propio Jes\u00fas (cf. Mc 1,16ss), Pedro recoge su propio convencimiento y el de los dem\u00e1s disc\u00ed\u00adpulos y proclama la condici\u00f3n mesi\u00e1nica de Jes\u00fas: \u00abT\u00fa eres el Cristo\u00bb (Mc 8,29), responde o, como dice Lucas en expresi\u00f3n de impronta si cabe m\u00e1s b\u00ed\u00adblica, \u00abT\u00fa eres el Cristo de Dios\u00bb (Lc 9,20). En labios de uno de sus seguidores, semejante t\u00ed\u00adtulo no puede significar otra cosa que su convencimiento de que en Jes\u00fas se realizaban las esperanzas de Israel en la llegada un mes\u00ed\u00adas-liberador; un convencimiento que implicaba ciertas ilusiones de compartir de alg\u00fan modo el poder que se derivaba de aquella condici\u00f3n: as\u00ed\u00ad se entiende la petici\u00f3n de los hijos de Zebedeo (Mc 10,35-40) o de su madre, seg\u00fan la versi\u00f3n de Mateo (20,20-23), o la misma pregunta que le dirigieron los disc\u00ed\u00adpulos el d\u00ed\u00ada de la ascensi\u00f3n sobre la restauraci\u00f3n de la soberan\u00ed\u00ada de Israel (cf. Hech 1,6). Tambi\u00e9n los gestos y las aclamaciones de la gente que acompa\u00f1\u00f3 a Jes\u00fas en su entrada a Jerusal\u00e9n (cf. Mc 11,1-11) pueden entenderse f\u00e1cilmente como un homenaje mesi\u00e1nico. Se puede suponer adem\u00e1s que este homenaje, que pudo haberse manifestado tambi\u00e9n de alg\u00fan modo en los d\u00ed\u00adas siguientes, ofreciera al sumo sacerdote la base para la pregunta definitiva que dirigi\u00f3 a Jes\u00fas en el juicio ante el sanedr\u00ed\u00adn, que tanto Lucas como Mateo transmiten en t\u00e9rminos mesi\u00e1nicos (cf. Lc 22,67; Mt 26,63 y adem\u00e1s Mc 14,61). Un \u00faltimo dato evang\u00e9lico de alcance mesi\u00e1nico lo constituye el \u00abmotivo de la condena\u00bb que colg\u00f3 Pilato sobre la cruz de Jes\u00fas: \u00abel rey de los jud\u00ed\u00ados\u00bb (Mc 15,26) o \u00abJes\u00fas el Nazareno, rey de los jud\u00ed\u00ados\u00bb (Jn 19,19); el t\u00ed\u00adtulo se puede interpretar tranquilamente como la traducci\u00f3n romana del Mes\u00ed\u00adas jud\u00ed\u00ado o m\u00e1s en concreto del \u00abrey de Israel\u00bb (cf. Mc 15,32 y =; Jn 1,49; 12,13). La atribuci\u00f3n de dicho t\u00ed\u00adtulo a Jes\u00fas significa como m\u00ed\u00adnimo que los romanos entendieron las acusaciones de los jud\u00ed\u00ados contra el Nazareno en el sentido de que el acusado-condenado pretendi\u00f3 ser el soberano supremo de los jud\u00ed\u00ados y que, en cuanto tal, hab\u00ed\u00ada movido una revoluci\u00f3n contra Roma; y ello supon\u00ed\u00ada al menos que quienes lo hab\u00ed\u00adan acusado ante la autoridad romana lo hab\u00ed\u00adan presentado como pretendiente mesi\u00e1nico. Y ello significa, por \u00faltimo, que, al menos para ellos, Jes\u00fas se hab\u00ed\u00ada comportado como tal.<\/p>\n<p>Algo muy distinto es si semejante interpretaci\u00f3n de algunas actuaciones de Jes\u00fas traduce adecuadamente sus propias intenciones. El punto de partida para resolver esta cuesti\u00f3n lo ofrece tambi\u00e9n el pasaje de Cesarea de Filipo: tras la confesi\u00f3n de Pedro, que le proclama como Mes\u00ed\u00adas, Jes\u00fas manda guardar silencio a los disc\u00ed\u00adpulos; este mandado no tiene por qu\u00e9 entenderse en el sentido de que Jes\u00fas rechazara la confesi\u00f3n del disc\u00ed\u00adpulo sobre su mesianidad; si hay que suponer alg\u00fan rechazo, \u00e9ste afecta m\u00e1s bien a las evidentes connotaciones pol\u00ed\u00adticas implicadas en el t\u00ed\u00adtulo: Jes\u00fas no era el Mes\u00ed\u00adas triunfador sobre los enemigos pol\u00ed\u00adticos, que esperaban algunos contempor\u00e1neos suyos. De hecho, nada en su comportamiento p\u00fablico permit\u00ed\u00ada descubrir un mesianismo as\u00ed\u00ad; sus afirmaciones sobre la respuesta no violenta a los enemigos y sobre el amor a ellos debido (Mt 5,38-42); las palabras con las que responde a la pregunta acerca del tributo que se deb\u00ed\u00ada pagar al emperador romano (cf. Mc 12,13-17); su invitaci\u00f3n a renunciar a la violencia como forma de conseguir sus objetivos (Mt 26,51-54; Lc 22,36-38) est\u00e1n muy lejos de las tendencias que estaban fraguando entre los que m\u00e1s tarde se conocer\u00ed\u00adan con el nombre de zelotas, partidarios declarados de la insurrecci\u00f3n contra Roma; su entrada en Jerusal\u00e9n montado en un borrico y la misma acci\u00f3n simb\u00f3lica de la expulsi\u00f3n de los mercaderes del templo est\u00e1n muy lejos de las actitudes de aquellos revolucionarios, pues tienen que ver, esta \u00faltima con el final del templo terreno y la llegada inminente del Reino de Dios, y aqu\u00e9lla con la presentaci\u00f3n solemne ante el pueblo como portador de dicho Reino o como mes\u00ed\u00adas humilde y sencillo.<\/p>\n<p>Por otro lado, la entrada en Jerusal\u00e9n constituye un indicio bastante claro de la idea que ten\u00ed\u00ada Jes\u00fas del Mes\u00ed\u00adas o, lo que es lo mismo, de c\u00f3mo se ve\u00ed\u00ada \u00e9l como mes\u00ed\u00adas de Israel. Pues parece indudable que Jes\u00fas ten\u00ed\u00ada sobre su misi\u00f3n y sobre su persona una comprensi\u00f3n que no se limitaba a la que pod\u00ed\u00ada esperarse de un profeta o de un maestro de sabidur\u00ed\u00ada. Esto es al menos lo que dan a entender las afirmaciones hechas al lamentarse sobre la fr\u00ed\u00ada acogida que le prestaron algunas ciudades del lago: \u00abAqu\u00ed\u00ad hay algo mayor que Jon\u00e1s\u00bb y \u00abaqu\u00ed\u00ad hay algo mayor que Salom\u00f3n\u00bb (cf. Lc 11,31.32c y =). Dif\u00ed\u00adcilmente podr\u00ed\u00ada hablar as\u00ed\u00ad quien se considerara profeta o maestro de justicia; otra cosa es decidir si en estas frases se expresa una conciencia mesi\u00e1nica propiamente dicha. Pese a las dificultades que puede entra\u00f1ar el intento de orientarse en este asunto en un sentido positivo o negativo, lo que s\u00ed\u00ad parece evidente es que Jes\u00fas no comprendi\u00f3 su misi\u00f3n seg\u00fan los esquemas de un mesianismo real triunfalista; as\u00ed\u00ad se explica su respuesta al Sumo Sacerdote: \u00abS\u00ed\u00ad, lo soy\u00bb (Mc 14,62), o, seg\u00fan la versi\u00f3n de S. Mateo, \u00abT\u00fa lo dices\u00bb (Mt 26,64). Esta \u00faltima implica de hecho que Jes\u00fas pretende responder positivamente a la pregunta planteada, pero al mismo tiempo rechaza o, m\u00e1s bien, corrige la forma en que entend\u00ed\u00ada el Sumo Sacerdote los t\u00e9rminos de la misma: \u00absoy el mes\u00ed\u00adas\u00bb, dice Jes\u00fas; pero las circunstancias en que acepto serlo demuestran a las claras que lo soy en un sentido muy distinto al que se supone en las expectativas mesi\u00e1nicas corrientes. Los acontecimientos se encargar\u00ed\u00adan de mostrar qu\u00e9 tipo de Mes\u00ed\u00adas era Jes\u00fas: el Mes\u00ed\u00adas sufriente, crucificado.<\/p>\n<p>3. Jes\u00fas es el Mes\u00ed\u00adas<br \/>\nEste es el Mes\u00ed\u00adas que, como revela con toda evidencia el conocido pasaje de Pablo, anunciaban los primeros misioneros de la fe (1 Cor 1,23). Y \u00e9ste es el mesianismo que representa la catequesis cristol\u00f3gica de cada uno de los evangelistas, la cual, en el caso de los Sin\u00f3pticos, halla expresi\u00f3n acabada en la sucesi\u00f3n entre la confesi\u00f3n de fe de Pedro y el primer anuncio de la pasi\u00f3n por parte de Jes\u00fas: \u00abEl Hijo del Hombre deb\u00ed\u00ada sufrir mucho y ser reprobado&#8230; ser matado\u00bb (Mc 8,31). De este modo quedaron unidas de forma inseparable la fe cristiana en que las esperanzas mesi\u00e1nicas de Israel se hab\u00ed\u00adan cumplido en Jes\u00fas de Nazaret y el hecho hist\u00f3rico innegable de la muerte de ese Jes\u00fas en una cruz. Ahora bien, como la mayor\u00ed\u00ada de los elementos recogidos de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica o de las fuentes, los evangelistas elaboraron tambi\u00e9n su propia teolog\u00ed\u00ada acerca del Mes\u00ed\u00adas crucificado, Jes\u00fas de Nazaret.<\/p>\n<p>3.1. Marcos<br \/>\nEl creador de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica, S. Marcos, usa el t\u00ed\u00adtulo xpiatioS apenas 7 veces, la primera de ellas en el mismo comienzo de su obra, que presenta como \u00abEvangelio de Jes\u00fas-Cristo\u00bb. Independientemente de que esta expresi\u00f3n se entienda en el sentido de Buena Nueva predicada por Jesucristo o acerca de Jesucristo, parece indudable que el evangelista usa aqu\u00ed\u00ad \u00abCristo\u00bb como un t\u00ed\u00adtulo de Jes\u00fas: Marcos cree que Jes\u00fas, cuya buena noticia comienza, es el Mes\u00ed\u00adas de Israel; la pretensi\u00f3n del evangelista al escribir la obra que sigue a esas palabras iniciales es precisamente la de mostrar a sus lectores la verdad de esa fe y, m\u00e1s en particular, la forma en que se manifest\u00f3 definitivamente esa condici\u00f3n de Jes\u00fas: a trav\u00e9s del sufrimiento y de la muerte.<\/p>\n<p>Este \u00faltimo aspecto de la catequesis de S. Marcos explica las escasas referencias de su obra a las expectativas mesi\u00e1nicas del juda\u00ed\u00adsmo contempor\u00e1neo, que m\u00e1s bien son presentadas como ocasi\u00f3n propicia para confundir a los futuros creyentes (cf. 13,21 y 22) y las alusiones tambi\u00e9n escasas a la ascendencia dav\u00ed\u00addica del mes\u00ed\u00adas (cf. 12,35). De hecho, tras las palabras iniciales, el evangelista s\u00f3lo volver\u00e1 a utilizar el t\u00ed\u00adtulo \u00abCristo\u00bb en ocasiones en que quede claro de un modo u otro la forma de realizaci\u00f3n del mesianismo de Jes\u00fas: es el caso ya citado m\u00e1s arriba de la confesi\u00f3n de fe Pedro (8,27-29), a la que Marcos hace seguir inmediatamente la primera predicci\u00f3n de la pasi\u00f3n (8,31-33), mediando entre ambas la conocid\u00ed\u00adsima orden de silencio de Jes\u00fas sobre su condici\u00f3n mesi\u00e1nica (8,30). Dicha orden dejar\u00e1 de imponerse a medida que se vaya despejando cualquier idea equivocada sobre el mesianismo de Jes\u00fas y, junto con ello, se vaya preparando el escenario adecuado para su proclamaci\u00f3n como Mes\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>Lo cual comienza a ocurrir en el juicio de Jes\u00fas ante el sanedr\u00ed\u00adn, donde el t\u00ed\u00adtulo \u00abCristo\u00bb se ampliar\u00e1 mediante la consideraci\u00f3n de la relaci\u00f3n especial del Mes\u00ed\u00adas con Dios expresada en el t\u00ed\u00adtulo \u00abHijo del Bendito\u00bb (14,61). La proclamaci\u00f3n definitiva tendr\u00e1 lugar en el momento mismo de la crucifixi\u00f3n: en este caso, el Evangelista resalta la condici\u00f3n mesi\u00e1nica de Jes\u00fas de dos maneras: en primer lugar, rechazando la dimensi\u00f3n pol\u00ed\u00adtica y terrena de la misma expresada en el t\u00ed\u00adtulo \u00abrey de los jud\u00ed\u00ados\u00bb, que se repite varias veces en labios no jud\u00ed\u00ados durante el juicio ante Pilato (15,1.9.12.18) y que aparece por fin colocado en la cruz como causa de la condena de aquel ajusticiado (15,26): Jes\u00fas no es el mes\u00ed\u00adas de triunfo y de gloria que esperaban los miembros de su pueblo y a quien hubieran podido temer por ello las autoridades romanas; y, sin embargo, es el \u00abMes\u00ed\u00adas, el rey de Israel\u00bb, como dir\u00e1n los sumos sacerdotes a los escribas burl\u00e1ndose del crucificado (15,31-32): y \u00e9ste es el otro modo en que resalta el Evangelista al final de su obra la confesi\u00f3n de fe con la que hab\u00ed\u00ada comenzado.<\/p>\n<p>La paradoja implicada en la manifestaci\u00f3n de Jes\u00fas como Mes\u00ed\u00adas sufriente, que Marcos convierte en hilo conductor de su Evangelio, alcanza su m\u00e1xima expresi\u00f3n en el t\u00ed\u00adtulo que acompa\u00f1a al de \u00abCristo\u00bb en los textos del principio y del final del Evangelio a que nos hemos referido: el Mes\u00ed\u00adas Jes\u00fas es adem\u00e1s el Hijo de Dios. Este otro t\u00ed\u00adtulo, que seg\u00fan los mejores manuscritos sigue inmediatamente al de Cristo en 1,1, halla eco en el de \u00abHijo del bendito\u00bb con que el Sumo Sacerdote identifica al Cristo en la pregunta que dirige a Jes\u00fas (14,61) y es proclamado abiertamente por el Centuri\u00f3n en el momento de la muerte de Jes\u00fas: la esperanza de Israel en el futuro mes\u00ed\u00adas queda as\u00ed\u00ad parad\u00f3jicamente cumplida y superada en Jes\u00fas, que es el Mes\u00ed\u00adas e Hijo de Dios.<\/p>\n<p>3.2. Mateo<br \/>\nEl uso que hace S. Mateo del t\u00ed\u00adtulo \u00abCristo\u00bb sigue las l\u00ed\u00adneas se\u00f1aladas por S. Marcos, que le sirve de fuente a la hora de componer el Evangelio que lleva su nombre. Sin embargo, la mayor frecuencia de tal uso (18 veces) contribuye a marcar determinados acentos propios: el primer evangelista deja claro tambi\u00e9n desde el principio que Jes\u00fas es el Mes\u00ed\u00adas (cf. 1,18). Frente a cualquier otro que se presentara con semejante pretensi\u00f3n de serlo (cf. 24,5), \u00e9l es el \u00fanico a quien conviene realmente el t\u00ed\u00adtulo de Mes\u00ed\u00adas, porque s\u00f3lo en \u00e9l se cumple la esperanza de Israel en \u00abel que ten\u00ed\u00ada que venir\u00bb (cf. 11,2-3). Ahora bien, el inter\u00e9s del Evangelista por remontar el t\u00ed\u00adtulo a los comienzos de Jes\u00fas no se para en los de su obra, sino que alcanza a los del propio Maestro de Nazaret: en las tradiciones sobre sus or\u00ed\u00adgenes con las que inicia su Evangelio, lo primero que aparece es el enraizamiento de Jes\u00fas el Cristo en la historia de su pueblo como hijo de Abrah\u00e1n y, sobre todo, como hijo de David (cf. 1,1); por ello, al que naci\u00f3 de Mar\u00ed\u00ada, la esposa de Jos\u00e9, se le llama adecuadamente \u00abel Cristo\u00bb (1,16). Como tal, nace en Bel\u00e9n (cf, 2,4ss) y es adorado por quienes, venidos de Oriente, y ajenos por tanto a la descendencia de Abrah\u00e1n, le reconocen como rey de los jud\u00ed\u00ados (2,2). Pero los mismos or\u00ed\u00adgenes que manifiestan su condici\u00f3n mesi\u00e1nica, muestran adem\u00e1s que \u00e9sta no agota ni mucho menos el misterio de su persona: aunque enraizado en la l\u00ed\u00adnea de sucesi\u00f3n dav\u00ed\u00addica a trav\u00e9s de Jos\u00e9 (cf. 1,16), la paternidad de este \u00faltimo respecto de Jes\u00fas es meramente legal: Jes\u00fas nace de Mar\u00ed\u00ada, la esposa de Jos\u00e9, pero es concebido por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo (1,18.20); lo singular de su concepci\u00f3n determina lo singular de su ser: el Mes\u00ed\u00adas Jes\u00fas es \u00abEmmanuel\u00bb, es decir, \u00abDios con nosotros\u00bb (1,23). En l\u00ed\u00adnea con esta acentuaci\u00f3n de la referencia del Mes\u00ed\u00adas Jes\u00fas a Dios, Mateo ampl\u00ed\u00ada la confesi\u00f3n de fe de Pedro en Cesarea de Filipo mediante el t\u00ed\u00adtulo correspondiente: para el disc\u00ed\u00adpulo, para cuantos lo fueron durante su vida terrena y cuantos lo ser\u00ed\u00adan en el futuro (cf. 28,19), Jes\u00fas es \u00abel Cristo, el hijo de Dios vivo\u00bb (16,16); completada de este modo, la confesi\u00f3n de fe es aceptada por Jes\u00fas hasta el punto de proclamar por ella bienaventurado al que la pronuncia, confi\u00e1ndole adem\u00e1s las llaves del reino y el poder de atar y desatar (16, 17-19).<\/p>\n<p>Sin embargo, pese a esta valoraci\u00f3n positiva de la confesi\u00f3n de fe de Pedro, Mateo mantiene la orden de silencio que en Marcos segu\u00ed\u00ada inmediatamente a aquella confesi\u00f3n; es m\u00e1s, al asumir el motivo del silencio especifica su objeto: los disc\u00ed\u00adpulos no deben comunicar \u00aba nadie que \u00e9l era el Cristo\u00bb. La primera predicci\u00f3n de la pasi\u00f3n, que sigue como en Marcos al mandato de callar su condici\u00f3n, ayuda a descubrir el sentido de dicho silencio: el mesianismo de Jes\u00fas pasa por el sufrimiento y la muerte (16,21 ss); a trav\u00e9s de ellos llevar\u00e1 a cabo la misi\u00f3n significada en su nombre: salvar \u00aba su pueblo de sus pecados\u00bb (1,21).<\/p>\n<p>3.3.<br \/>\nLa elaboraci\u00f3n singular que hace Lucas de las tradiciones evang\u00e9licas de que se ha servido en sus dos libros se manifiesta tambi\u00e9n en su concepci\u00f3n sobre la condici\u00f3n mesi\u00e1nica de Jes\u00fas: tambi\u00e9n para el tercer Evangelista es Jes\u00fas el Cristo, es decir, el Mes\u00ed\u00adas de Israel; seg\u00fan esto, los que fueron constituidos por \u00e9l testigos suyos tienen que anunciar, proclamar a Cristo (Jes\u00fas) (cf. 5,42; 8,5), o, m\u00e1s precisamente, mostrar que Jes\u00fas es el Cristo (cf. 9,22; 17,3; 18,5.28). L\u00f3gicamente, como en Marcos y en Mateo, el Cristo anunciado y proclamado es el Nazareno muerto en una cruz: lo acent\u00faan los t\u00e9rminos en los que Lucas transmite tanto la pregunta que le dirigen los jud\u00ed\u00ados en el sanedr\u00ed\u00adn como la misma respuesta de Jes\u00fas a la misma: \u00abSi t\u00fa eres el Cristo\u00bb -le preguntan aqu\u00e9llos- \u00abd\u00ed\u00adnoslo abiertamente&#8230;\u00bb; \u00abSi os lo digo\u00bb -les responde Jes\u00fas- \u00abno me creer\u00e9is&#8230;\u00bb (22,66-68); los mismos acentos se escuchan en los insultos de uno de los malhechores crucificados con \u00e9l (23,35). Con todo, al transmitir los textos referentes a la condici\u00f3n mesi\u00e1nica de Jes\u00fas, Lucas acent\u00faa particularmente uno de los aspectos de las tradiciones mesi\u00e1nicas de Israel, es decir, su relaci\u00f3n con Dios; y lo hace ya desde el principio de su obra, citando expresamente el texto de Isa\u00ed\u00adas sobre el Ungido (4,18; cf. Hech 4,24; 10,38), que Jes\u00fas proclama en la sinagoga de Nazaret y cuyo cumplimiento, l\u00f3gicamente en su persona, afirma cumplirse \u00abhoy\u00bb (4,21). Este \u00abhoy\u00bb se ampl\u00ed\u00ada hacia atr\u00e1s, al ahora del encuentro de Sime\u00f3n, hombre piadoso y justo (2,25ss): en expresi\u00f3n adaptada al sabor jud\u00ed\u00ado de todo el contexto, Lucas da cuenta de que le hab\u00ed\u00ada sido revelado que no morir\u00ed\u00ada hasta haber visto \u00abel Cristo del Se\u00f1or\u00bb (2,26). En esta l\u00ed\u00adnea, e incluso sobre esta base, Lucas ampliar\u00e1 la fuente de Marcos sobre la confesi\u00f3n de fe de Pedro y hablar\u00e1 del \u00abCristo de Dios\u00bb (9,20); adecuando esta forma del t\u00ed\u00adtulo a la confesi\u00f3n de fe en el Mes\u00ed\u00adas crucificado, la repetir\u00e1 en el momento de la crucifixi\u00f3n, poni\u00e9ndola en labios de los magistrados jud\u00ed\u00ados: \u00e9stos la utilizan en son de burla para hablar de Jes\u00fas (23,35), pero el creyente que la escucha descubre en ella una expresi\u00f3n genuina de la fe en la mesianidad de Jes\u00fas, el Mes\u00ed\u00adas crucificado. En este contexto de la pasi\u00f3n\/muerte de Jes\u00fas se descubre adem\u00e1s el verdadero alcance de la expresi\u00f3n \u00abCristo de Dios\/del Se\u00f1or\u00bb: el Ungido de Dios es rechazado por los hombres, que, mediante la expresi\u00f3n \u00abrey de los jud\u00ed\u00ados\u00bb o incluso la de \u00abmes\u00ed\u00adas-rey\u00bb (cf. Lc 23,2) muestran no haber entendido ni su naturaleza ni su misi\u00f3n: Jes\u00fas es sin duda el Cristo de Dios; pero su misi\u00f3n no es terreno-pol\u00ed\u00adtica. Jes\u00fas es Mes\u00ed\u00adas como \u00absalvador\u00bb (2,14), cuyo destino pasa por el sufrimiento y por la muerte. Tales eran los planes de Dios sobre su Cristo: \u00abEra preciso que el Mes\u00ed\u00adas sufriera todo esto para entrar en su gloria\u00bb (24,26 y 27; cf. adem\u00e1s Hech 3,18); y como tal se manifestar\u00e1 tambi\u00e9n finalmente a Israel en los tiempos del consuelo (cf. 2,25) y le ofrecer\u00e1 la conversi\u00f3n para participar as\u00ed\u00ad de la salvaci\u00f3n mesi\u00e1nica (cf. Hech 3,20s).<\/p>\n<p>3.4.<br \/>\nDe los cuatro Evangelios, el de Juan es el que m\u00e1s utiliza el t\u00e9rmino \u00abxpiatios\u00bb (19 veces); a este dato hay que a\u00f1adir el hecho de que en dos de esos usos el Evangelista indica expresamente se trata de la traducci\u00f3n de \u00ab\u00c2\u00b5sarnas\u00bb (cf. 1,41; 4,25). La importancia cristol\u00f3gica que dan estos dos hechos al uso del t\u00e9rmino en el Cuarto Evangelio se a\u00f1aden las siguientes indicaciones relativas a los citados usos; \u00e9stos revelan antes que nada las expectativas mesi\u00e1nicas de los contempor\u00e1neos de Jes\u00fas: el mes\u00ed\u00adas, el Cristo aparece como una figura conocida, cuya llegada esperaba la gente (cf. 1,19-20; 4,29), que discute adem\u00e1s sobre su identidad, origen (cf. 7.27.41 b.42), su actividad taumat\u00fargica (7,31) o pervivencia (12,34). Junto a ello hay que se\u00f1alar el uso casi exclusivo del t\u00e9rmino en sentido predicativo; es decir, en el Cuarto Evangelio \u00abCristo\u00bb es un t\u00ed\u00adtulo que se aplica exclusivamente a Jes\u00fas y se niega expresamente a otros. Esta aplicaci\u00f3n-negaci\u00f3n se descubre desde el primer cap\u00ed\u00adtulo de la obra: a la pregunta que hacen a Juan Bautista los enviados de los jud\u00ed\u00ados venidos de Jerusal\u00e9n sobre la identidad del precursor, \u00e9ste responde abiertamente: \u00abYo no soy el Cristo\u00bb (1,19-20; cf. 1,25.28); frente a ello, Andr\u00e9s habla de Jes\u00fas a su hermano Sim\u00f3n en t\u00e9rminos m\u00e1s que claros: \u00abHemos encontrado al Mes\u00ed\u00adas, que quiere decir Cristo\u00bb (1,41). La importancia de la condici\u00f3n mesi\u00e1nica de Jes\u00fas en el Cuarto Evangelio la revela, en fin, el hecho de que el Evangelista hace de ella el punto de separaci\u00f3n entre los seguidores de Jes\u00fas y la sinagoga, que decidi\u00f3 expulsar de su seno a quienes confesaran que Jes\u00fas era el Cristo (cf. 9,22); es m\u00e1s, seg\u00fan declaraci\u00f3n expresa de su autor, uno de los objetivos fundamentales de la obra es que sus lectores crean \u00abque Jes\u00fas es el Cristo\u00bb (Jn 20,31).<\/p>\n<p>Ahora bien, la continuaci\u00f3n de esta frase marca la distancia entre la concepci\u00f3n jo\u00e1nica -y cristiana- sobre el Mes\u00ed\u00adas Jes\u00fas y las correspondientes ideas del juda\u00ed\u00adsmo: la fe cristiana en Jes\u00fas de Nazaret s\u00f3lo es completa cuando afirma, no s\u00f3lo que es el Mes\u00ed\u00adas, sino adem\u00e1s el Hijo de Dios. Juan hab\u00ed\u00ada vinculado los dos t\u00ed\u00adtulos al principio (1,49) y a mitad de su Evangelio (11,27); pero s\u00f3lo desde el conjunto de la obra se comprende que, dicho de Jes\u00fas de Nazaret, el t\u00ed\u00adtulo \u00abHijo de Dios\u00bb no es s\u00f3lo una forma acentuada de marcar la relaci\u00f3n del Mes\u00ed\u00adas con el Dios de Israel, como parec\u00ed\u00adan mostrar sobre todo la sucesi\u00f3n de los t\u00ed\u00adtulos \u00abrey de Israel\u00bb e \u00abHijo de Dios\u00bb en 1,49 (cf. adem\u00e1s 18,33-19,11: \u00abrey de los jud\u00ed\u00ados\u00bb &#8211; \u00abHijo de Dios\u00bb): Jes\u00fas, el Mes\u00ed\u00adas, es el Hijo Unig\u00e9nito del Padre (1,18).<\/p>\n<p>Las expectativas mesi\u00e1nicas del juda\u00ed\u00adsmo quedan superadas de otro modo, que resulta no s\u00f3lo extraordinario sino adem\u00e1s parad\u00f3jico: el Mes\u00ed\u00adas de Israel es Jes\u00fas Nazareno, el crucificado. Pese a la cristolog\u00ed\u00ada de la filiaci\u00f3n divina que le caracteriza y que suele calificarse de \u00abalta\u00bb, el Cuarto Evangelista integra en su obra este componente esencial de la fe cristiana, que tambi\u00e9n los otros evangelistas recog\u00ed\u00adan con acentos diversos en las suyas. Sobre la cruz de Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada una inscripci\u00f3n que lo proclamaba abiertamente: \u00abJes\u00fas Nazareno, rey de los jud\u00ed\u00ados\u00bb; y, pese al rechazo de los jud\u00ed\u00ados, as\u00ed\u00ad qued\u00f3 escrito para siempre. Con todo, esta dimensi\u00f3n del Mes\u00ed\u00adas Jes\u00fas la mantiene el Cuarto Evangelista proyectando sobre ella la luz de otro de los t\u00ed\u00adtulos capitales de su obra, es decir, el de \u00abHijo del Hombre\u00bb: para Juan, el Mes\u00ed\u00adas Jes\u00fas es el Hijo del Hombre, que viene del cielo, pero cuyo camino en el mundo pasa necesariamente a trav\u00e9s de la cruz (cf. 12,33). S\u00f3lo entonces, en la hora de su muerte, que es tambi\u00e9n la de su glorificaci\u00f3n, entender\u00e1n los disc\u00ed\u00adpulos lo que significaba el mesianismo de Jes\u00fas, proclamado como rey de Israel en su entrada en Jerusal\u00e9n (12.13 y 16). -> \u00ed\u00adas; mesianismo; conciencia.<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 R. FABRIS, \u00abjesucristo\u00bb, en: P. Rossano, G. Ravassi y A. Girlanda, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Paulinas, Madrid 1990, 864-893; R. PENNA, \u00ab1 titoli cristologici\u00bb, en: ritrati originali di Ges\u00fa il Cristo. Inizi e sviluppi della cristologia. I. Gli Inizi, S. Paolo, Torino 1996, 122-134; Ch. PERROT, \u00abMesianismo y profetismo\u00bb, en: Id., \u00fas y la Historia, Cristiandad, Madrid 1982, 141-144; R. SCHNACKENBURG, persona de jesucristo reflejada en los cuatro Evangelios, Herder, Barcelona 1998; F. HAHN, \u00ab. \u00ab, en: H. Balz y G. Schneider (edits.), exeg\u00e9tico del Nuevo Testamento II, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1998, 2118-2142.<\/p>\n<p>Miguel D\u00ed\u00adaz Rodelas<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DJN \u00c2\u00a0 SUMARIO: . La esperanza mesi\u00e1nica en tiempos de Jes\u00fas. 2- \u00abT\u00fa eres el Mes\u00ed\u00adas\u00bb. 3- Jes\u00fas es el Mes\u00ed\u00adas: 3.1. Marcos. 3.2. Mateo. 3.3. Lucas. 3.4. Juan. Entre los t\u00e9rminos m\u00e1s frecuentes del NT se encuentra el de xpt &#8216;roS, que se usa un total de 531 veces; se trata de un adjetivo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cristo-mesias\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCRISTO \/ MESIAS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15529","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15529","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15529"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15529\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15529"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15529"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15529"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}