{"id":15560,"date":"2016-02-05T10:08:05","date_gmt":"2016-02-05T15:08:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/esencia-del-cristianismo-ayer-y-hoy\/"},"modified":"2016-02-05T10:08:05","modified_gmt":"2016-02-05T15:08:05","slug":"esencia-del-cristianismo-ayer-y-hoy","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/esencia-del-cristianismo-ayer-y-hoy\/","title":{"rendered":"ESENCIA DEL CRISTIANISMO (AYER Y HOY)"},"content":{"rendered":"<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: 1. en Cristo. &#8211; 2. Jes\u00fas, es Cristo. &#8211; 3. Jesucristo, Dios y verdadero hombre. &#8211; 4. La presentaci\u00f3n la encarnaci\u00f3n y el misterio de la cruz como caminos para la cristologia.<\/p>\n<p>La esencia del cristianismo ayer y hoy consiste en afirmar que Jes\u00fas de Nazaret, el hijo de Jos\u00e9 y de Mar\u00ed\u00ada seg\u00fan el testimonio de los evangelistas y de los autores neotestamentarios, es el Dios Encarnado por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo y es el Hijo de Dios y Se\u00f1or nuestro. Este Se\u00f1or y Dios nuestro que ha prometido volver de nuevo en gloria (Segunda venida o Parus\u00ed\u00ada) es para los cristianos el Dios de la historia. El est\u00e1 presente en el universo y ha entrado a formar parte de la existencia humana o lo que es lo mismo, el cristianismo proclama solemnemente que este Dios se ha hecho hombre.<\/p>\n<p>Cristo es el Se\u00f1or, el centro del universo y el punto de partida de la historia, El es el Hijo de Dios, el Verbo Encarnado, nacido de Mar\u00ed\u00ada la Virgen. La fe a trav\u00e9s de los autores neotestamentarios nos hace proclamar que es la Palabra que estaba junto a Dios, se ha hecho carne y habita entre los hombres (Jn 1, 14). Por lo tanto, el hombre puede experimentar su existencia y contemplar su rostro porque haci\u00e9ndose semejante al hombre menos en el pecado (Hb 4, 15) se ha hecho historia en nuestra misma existencia.<\/p>\n<p>Por medio de Jesucristo, es decir, por su Palabra, Muerte y Resurrecci\u00f3n, Dios se ha manifestado en plenitud, de la forma m\u00e1s sublime que le es posible a los hombres conocer el misterio insondable de Dios, mientras los hombres vivan en la existencia y pertenezcan a la historia actual. Jesucristo es el Hijo y con su destino, no s\u00f3lo nos ha mostrado qui\u00e9n es Dios, sino que a todos nos ha asociado a la relaci\u00f3n de hijos que El durante su experiencia terrenal vivi\u00f3 con Dios. En esta nueva experiencia de la humanidad, al manifestarse Dios, la persona ha adquirido nuevas posibilidades para interpretarse a s\u00ed\u00ad mismo, en relaci\u00f3n a los dem\u00e1s con los cuales est\u00e1 en una relaci\u00f3n fraternal, en virtud de la misma Encarnaci\u00f3n del Verbo. Dios as\u00ed\u00ad se ha manifestado y ha hecho posible que la persona sea un proyecto de esperanza, un proyecto de salvaci\u00f3n que se actualiza y se realiza por medio del Hijo que es la impronta del ser del Padre (Hb 1, 3).<\/p>\n<p>La historia ser\u00e1 pues el lugar de la revelaci\u00f3n de Dios en la que el mismo Se\u00f1or expresa su libertad m\u00e1s genuina, su disponibilidad m\u00e1s suprema, para alcanzar el h\u00e1bito donde el hombre, obra de sus manos, imagen y semejanza de su ser, se desarrolla y vive. Dios se manifiesta en la naturaleza humana, donde el ser, es decir, el hombre puede tomar distintas v\u00ed\u00adas y opciones fundamentales que determinen su existencia. Dios en un alarde de su libertad, decide no interrumpir los planes del hombres, sino realizar con el un proyecto hist\u00f3rico salv\u00ed\u00adfico.<\/p>\n<p>Como el hombre es el objeto de la revelaci\u00f3n divina, es obvio que sea el mismo ser humano aqu\u00e9l que se decida a optar por ese Dios que de manera gratuita se muestra y al que el hombre puede dar una respuesta, tambi\u00e9n desde su libertad, teniendo en cuenta su fragmentalidad. Creer por tanto en el Hijo de Dios es dejarse interpelar por la luz, la libertad y el amor. El hombre en cuanto tal puede ser el objeto de la proclamaci\u00f3n de la divinidad. Creer por tanto, pertenece a la esfera de la esencia humana y por tanto a la misma esencia del ser cristiano, ayer y hoy.<\/p>\n<p>1. Creer en Cristo<br \/>\nJesucristo no debe ser desconocido por el cristiano por el mero hecho de ser un personaje hist\u00f3rico que muri\u00f3 all\u00e1 en Palestina, durante el gobierno del procurador Poncio Pilato, hacia el a\u00f1o treinta de nuestra era. Jes\u00fas, como hemos dicho, es el Cristo, esto es, el Mes\u00ed\u00adas de Dios, Ungido por la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo, Elegido de Dios e Hijo de Dios. Este Jesucristo es el centro de la historia y del tiempo.<\/p>\n<p>Nuestra fe en la Palabra es la respuesta de la comprensi\u00f3n humana al Dios Encarnado en nuestra misma corporalidad. La apertura a esa corporalidad divina es el gesto genuino y, al mismo tiempo, el reto de nuestra propia existencia. De ah\u00ed\u00ad que resulte comprensible y razonable creer en Dios, manifestado en Cristo. Es razonable por tanto creer porque la fe se expl\u00ed\u00adcita en un Dios que se hace historia con el mismo hombre. As\u00ed\u00ad Jes\u00fas, hombre hist\u00f3rico, es el Hijo de Dios y ese Hijo de Dios es Jes\u00fas. Dios se ha hecho acontecimiento para los hombres y en los mismos hombres.<\/p>\n<p>Es cierto que la historia acaecida es irrepetible y la capacidad de constatarla se limita a la que poseemos los hombres, depende de los documentos que usa el historiador. Los cient\u00ed\u00adficos actuales consideran la historia como ciencia con sus dos auxiliares, la arqueolog\u00ed\u00ada y la paleograf\u00ed\u00ada. La primera es una constataci\u00f3n de hechos brutos que no puede dar lugar a hip\u00f3tesis, y la segunda son los documentos escritos que tenemos de la antig\u00fcedad y que nos aproximan al dato exacto que es comprobable tambi\u00e9n por la mente humana. As\u00ed\u00ad la historia no es lo que aparece al hombre a trav\u00e9s de las capacidades sensoriales, sino lo que puede comprobarse en los documentos acerca de Cristo; porque en ellos se refleja la profundidad de lo meramente humano que con frecuencia se oculta. Nos referimos a los documentos hist\u00f3ricos fuera del \u00e1mbito puramente religioso, es decir, fuera de la Biblia y de la Tradici\u00f3n de la Iglesia, as\u00ed\u00ad como del naciente cristianismo.<\/p>\n<p>De otra parte, es cierto que si la historia imita los m\u00e9todos de las ciencias de la naturaleza, aumenta incalculablemente la certeza de sus afirmaciones, pero tambi\u00e9n es cierto que esto supondr\u00ed\u00ada una terrible p\u00e9rdida de la verdad, mayor que en el caso de la f\u00ed\u00adsica de tal modo que as\u00ed\u00ad s\u00f3lo aparecer\u00ed\u00ada como \u00abhist\u00f3rico\u00bb lo aut\u00e9ntico, esto es, aquello que los ingleses afirman como , es decir, lo que se averigua por los m\u00e9todos de la misma historia.<\/p>\n<p>Hablando con propiedad afirmamos que la historia (Historie) no s\u00f3lo descubre la historia (Geschichte), sino que la oculta. Por eso, es evidente que la historia (Histo) puede considerar a Jes\u00fas hombre, pero dif\u00ed\u00adcilmente puede ver en El, su ser Cristo, en cuanto verdad de la historia (Geschichte), porque escapa a la posibilidad de comprobar lo que es puramente aut\u00e9ntico.<\/p>\n<p>2. Jes\u00fas, es el Cristo<br \/>\nSeg\u00fan la teolog\u00ed\u00ada cristiana, Jes\u00fas es el Cristo. Pero surge una pregunta: el tratado de Cristo, es decir, \u00bfla cristolog\u00ed\u00ada se ha de probar hist\u00f3ricamente?, esto es, \u00bfen lo meramente hist\u00f3rico? O, \u00bfse debe iluminar pese a todo? El modo de iluminar o esclarecer los hechos, ser\u00ed\u00ada a trav\u00e9s de los instrumentos ver\u00ed\u00addicos y demostrables para llegar a una constataci\u00f3n. Pero nuestra reflexi\u00f3n debe considerar que llegar a una comprobaci\u00f3n significa reducir a Cristo a lo que es meramente constatable y de esta forma tambi\u00e9n limitar\u00ed\u00adamos la fe.<\/p>\n<p>Esta afirmaci\u00f3n anterior la profesamos por las siguientes razones: de una parte, trasponer la cristolog\u00ed\u00ada a la historia o reducirla a \u00e9sta, es de muchos modos configurar el hecho fundamental a un dato hist\u00f3rico establecido por el mismo hombre y de otra parte, abandonar el dato hist\u00f3rico es considerarla superflua a la fe y entonces llegamos a la cuesti\u00f3n tan debatida en el siglo pasado: \u00bfJes\u00fas o Cristo? La teolog\u00ed\u00ada moderna comenz\u00f3 a desvincularse de Cristo, para reiniciarse con Jes\u00fas como realidad comprensible hist\u00f3ricamente. Este camino lo inicia Bultmann quien plantea de Jes\u00fas de Nazaret al Cristo de la fe. Esta realidad da lugar a numerosos problemas en el \u00e1mbito de la cristologia y tambi\u00e9n de la eclesiolog\u00ed\u00ada y sobre todo tuvo una gran incidencia en la ex\u00e9gesis b\u00ed\u00adblica y en la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica. Hoy se ha cambiado el sentido, es decir, la reflexi\u00f3n cristiana y cristol\u00f3gica parte de Cristo y culmina en Jes\u00fas de Nazaret, m\u00e1s a\u00fan, tanto el Jes\u00fas de la historia y el Cristo de la fe, no deben ser dos realidades separadas sino unidas, porque de los contrario, reducir\u00ed\u00adamos una u otra realidad del mismo Cristo, tal como lo presentan los autores neotestamentarios.<\/p>\n<p>La profesi\u00f3n de fe en el Hijo ha dado lugar a la separaci\u00f3n de los cristianos y de los no cristianos y tambi\u00e9n de cristianos de diversas tendencias. Porque lo que sabemos sobre el Padre puede unirlos. El Hijo pertenece a muy pocos, el Padre a todos y todos a El; la fe ha separado, el amor puede unir. Cristo predic\u00f3 a todos los hombres el Padre com\u00fan y los hizo as\u00ed\u00ad hermanos.<\/p>\n<p>De nuevo surge el problema: abandonemos a Cristo predicado, porque es objeto de la divisi\u00f3n de la fe y volvamos al Cristo que predica y llama al amor, s\u00ed\u00admbolo de la uni\u00f3n entre los hermanos, bajo un mismo Padre.<\/p>\n<p>El Jes\u00fas del que hablaba Harnack, era un sue\u00f1o rom\u00e1ntico, un espejismo del historiador, reflejo de un sue\u00f1o rom\u00e1ntico de su sed y anhelo que desaparecen a medida que prosigue el camino. Bultmann -> emprendi\u00f3 otro camino: lo importante es el hecho que Jes\u00fas existiese, dec\u00ed\u00ada el te\u00f3logo protestante, por lo dem\u00e1s, la fe no dice relaci\u00f3n a esas hip\u00f3tesis inciertas que no nos proporcionan seguridad hist\u00f3rica, sino solamente al acontecimiento de la predicaci\u00f3n por el que la existencia humana se abre a su luz.<\/p>\n<p>Pero con todo respeto, esto no tiene sentido, ni es razonable para la fe cristiana, sobre todo porque son muchos los que a\u00fan hoy abandonan el kerigma y el Jes\u00fas hist\u00f3rico extenuado por el fantasma del hecho para encontrar lo humano del hombre que, despu\u00e9s de la muerte de Dios, se presenta como la \u00faltima chispa de lo divino en un mundo secularizado. La teolog\u00ed\u00ada de la muerte de Dios, nos dice que a Dios ya no le tenemos, pero nos queda Jes\u00fas como se\u00f1al de confianza que nos anima a continuar el camino. A lo mejor hemos de retrotraer el problema y ver si el hecho de querer hacer una teolog\u00ed\u00ada sin Dios, no muestra ya una clara conciencia de falta de cr\u00ed\u00adtica. El camino al Jes\u00fas hist\u00f3rico est\u00e1 cerrado. La historia pura no crea actualidad sino que afirma el haber-pasado.<\/p>\n<p>Volvemos a reiterar, no puede darse uno (Jes\u00fas) sin el otro (Cristo), siempre hemos de referir el uno al otro, porque en realidad Jes\u00fas no existe sino como Cristo y Cristo no existe sino en Jes\u00fas. La fe no es una reconstrucci\u00f3n sino la actualidad, no es una teor\u00ed\u00ada sino una realidad de la existencia vital. Ahora bien \u00bfqu\u00e9 dice la fe cristiana, acerca de Cristo?<br \/>\nLa expresi\u00f3n de la fe se profesa con estas palabras: \u00abCreo en Cristo Jes\u00fas\u00bb. Esto no es un nombre, sino un t\u00ed\u00adtulo, es decir el Mes\u00ed\u00adas. Esto quiere decir que la comunidad cristiana de Roma formul\u00f3 la profesi\u00f3n de fe, porque ten\u00ed\u00ada conciencia clara del significado de la Palabra divina. La palabra \u00abCristo\u00bb designa lo que es Jes\u00fas. Cristo, es un t\u00ed\u00adtulo que se ha convertido en una especie de singularidad con el que designamos a un hombre de Nazaret. La uni\u00f3n del nombre con el t\u00ed\u00adtulo y de \u00e9ste con el nombre aparece el n\u00facleo de la comprensi\u00f3n de la figura de Jes\u00fas de Nazaret, realizada por la fe. En sentido propio la fe que en ese Jes\u00fas manifiesta que ya no debemos distinguir entre el oficio y la persona. La persona es el oficio, el oficio la es la persona.<\/p>\n<p>Por eso, la autocomprensi\u00f3n de la fe se inicia en que el mismo Cristo no ha realizado una obra distinta y separada de su yo. Comprender a Jes\u00fas como Cristo significa m\u00e1s bien estar convencido de que El mismo se ha dado en su palabra, se ha identificado de tal manera en su palabra que yo y palabra no pueden distinguirse: El es la Palabra.<\/p>\n<p>La persona de Jes\u00fas es su doctrina, y su doctrina es El mismo. La fe cristiana en Jes\u00fas como Cristo es, pues, verdadera \u00abfe personal\u00bb. La fe no es la aceptaci\u00f3n de un sistema, sino de una persona que es su Palabra; la fe es la aceptaci\u00f3n de la Palabra como persona y de la persona como Palabra. La Palabra es el misterio que se automanifiesta al mundo para crear v\u00ed\u00adnculos de esperanza que conduzcan al hombre a la verdadera realidad para la que fue creado. La Palabra as\u00ed\u00ad comprendida es Cristo. La misma Palabra divina siendo vehiculizada por amor a todos, con la misi\u00f3n universal de garantizar la obra salvadora, asume el riesgo y la misma muerte de los hombres, as\u00ed\u00ad llegando a la cruz se convierte en punto de partida de nuestra fe.<\/p>\n<p>El origen de la fe cristiana es la cruz. Jes\u00fas no se proclam\u00f3 abiertamente como Mes\u00ed\u00adas (Cristo). Poncio Pilato lo proclam\u00f3 rey de los jud\u00ed\u00ados, Mes\u00ed\u00adas, Cristo. La inscripci\u00f3n con el motivo de la sentencia, se convirti\u00f3 en parad\u00f3jica unidad, en \u00abprofesi\u00f3n\u00bb, en ra\u00ed\u00adz de la que brot\u00f3 la fe cristiana en Jes\u00fas como Cristo.<\/p>\n<p>Jes\u00fas es Cristo, es rey en cuanto crucificado. Su ser rey es el don de s\u00ed\u00ad mismo a los hombres, es la identidad de Palabra, misi\u00f3n, existencia en la entrega de la misma existencia; su existencia es, pues, su Palabra. El es la Palabra porque es amor. En El se identifican mensaje y persona. Jes\u00fas es \u00abPalabra\u00bb; el Logos mismo.<\/p>\n<p>Partiendo de la cruz, los cristianos llegan a identificar persona, Palabra y obra. Eso es lo decisivo; todo lo dem\u00e1s es secundario. La profesi\u00f3n de fe puede limitarse simplemente al acoplamiento de las palabras de Jes\u00fas y de Cristo; en esa uni\u00f3n se dice todo. La plena unidad entre Cristo y Jes\u00fas que para la historia siguiente de la fe es constitutiva y siempre lo ser\u00e1 aparece en el hecho que para San Juan la \u00abcristolog\u00ed\u00ada\u00bb, es el testimonio de la fe en Cristo, es mensaje de la historia de Jes\u00fas y, por el contrario, la historia de Jes\u00fas es cristolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Jes\u00fas es el Cristo. El lazo de uni\u00f3n entre Jes\u00fas y el Cristo, la inseparabilidad de la persona y de la obra, la identidad del hombre con su acto de entrega, son el lazo de uni\u00f3n entre el amor y la fe, ya que el yo de Jes\u00fas, su persona, que es el punto central, tiene esta propiedad. Jes\u00fas es identidad de Logos (verdad) y de amor; as\u00ed\u00ad se convierte el amor en Logos, en verdad del ser humano.<\/p>\n<p>Creer en Cristo significa hacer del amor el contenido de la fe hasta el punto de poder afirmar que el amor es fe. Confesar a Cristo significa reconocer a Cristo en los hombres, confesar a Cristo es comprender la llamada del amor como exigencia de la fe (Mt 25, 31-66). La uni\u00f3n de Jes\u00fas con el Cristo, es decir, la consecuencia que nace del n\u00facleo de la cristolog\u00ed\u00ada, es aun tiempo el lazo de uni\u00f3n entre la fe y el amor. Una fe que no sea amor no es verdadera fe cristiana, es s\u00f3lo un suced\u00e1neo.<\/p>\n<p>3. Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre<br \/>\nEl cristiano es aquel que afirma que Jes\u00fas es el Cristo, es decir, aquel en quien se identifica persona y obra; de ah\u00ed\u00ad lleg\u00e1bamos a la unidad de la fe y del amor. La fe cristiana est\u00e1 orientada al yo de Jes\u00fas, a un yo que es plena apertura, plena \u00abPalabra\u00bb, pleno \u00abHijo\u00bb.<\/p>\n<p>La fe cristiana no se refiere a ideas, sino a una persona, a un yo que es Palabra e Hijo, total apertura. De ah\u00ed\u00ad se deduce una doble consecuencia en la que sale a la luz el dramatismo de la fe en Cristo, es decir, la fe en Jes\u00fas como Cristo, como Mes\u00ed\u00adas, y su necesaria e hist\u00f3rica transformaci\u00f3n en el gran esc\u00e1ndalo en el Hijo como fe en la verdadera divinidad de Jes\u00fas. El desarrollo cristol\u00f3gico del dogma afirma que la radical mesianidad de Jes\u00fas exige la filiaci\u00f3n y que la filiaci\u00f3n incluye la divinidad. Esta es la gran cuesti\u00f3n hoy de la teolog\u00ed\u00ada y de la eclesiolog\u00ed\u00ada. No es que no sean claras las verdades dogm\u00e1ticas, sino su interpretaci\u00f3n que hacen posible una separaci\u00f3n entre el Jes\u00fas hist\u00f3rico y el Cristo de la fe, dos realidades que como ya hemos indicado son inseparables.<\/p>\n<p>El Jes\u00fas hist\u00f3rico tuvo que presentarse como una especie de maestro prof\u00e9tico nacido en la c\u00e1lida atm\u00f3sfera escatol\u00f3gica del juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado de su tiempo; en ese ambiente predic\u00f3 que se acercaba el reino de Dios. Jes\u00fas acentu\u00f3 tanto el ahora que el tiempo venidero no parec\u00ed\u00ada lo decisivo a un observador atento. Aunque Jes\u00fas pensaba en el futuro, en el reino de Dios, esto no era sino una invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n, a la decisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Jes\u00fas fue crucificado y muri\u00f3 como un fracasado por motivos que no podemos reconstruir. Despu\u00e9s, sin que sepamos c\u00f3mo, naci\u00f3 la fe en la resurrecci\u00f3n, es decir, se crey\u00f3 que viv\u00ed\u00ada y que todav\u00ed\u00ada significaba algo. Paulatinamente se desarroll\u00f3 esta fe y posteriormente se form\u00f3 una concepci\u00f3n igualmente comprobable seg\u00fan la cual Jes\u00fas volver\u00ed\u00ada al final de los tiempos como hijo del hombre o como Mes\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>El mensaje pas\u00f3 muy pronto del mundo semita al hel\u00e9nico. Este hecho tuvo consecuencias important\u00ed\u00adsimas. Dentro del mundo jud\u00ed\u00ado se hab\u00ed\u00ada predicado a Jes\u00fas mediante categor\u00ed\u00adas jud\u00ed\u00adas que eran incomprensibles para el mundo hel\u00e9nico. Y esto dio lugar a la aparici\u00f3n del pensamiento griego: el hombre divino, el hombre Dios que hace comprensible la figura de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>El \u00abhombre divino\u00bb del helenismo tiene dos rasgos fundamentales: obra milagros y tiene origen divino, es decir, procede de Dios Padre de alguna forma. La aplicaci\u00f3n a Jes\u00fas del hombre divino tuvo como consecuencia que se trasladasen a El las dos caracter\u00ed\u00adsticas antes mencionadas. Entonces se comenz\u00f3 a decir que hab\u00ed\u00ada obrado milagros; por id\u00e9nticas causas se cre\u00f3 el \u00abmito\u00bb del nacimiento virginal. Esto contribuy\u00f3, por su parte, a concebir a Jes\u00fas como Hijo de Dios, ya que ahora Dios parec\u00ed\u00ada ser su padre de forma m\u00ed\u00adtica. Cuando el helenismo concibi\u00f3 a Jes\u00fas como \u00abhombre divino\u00bb con las necesarias consecuencias, transform\u00f3 la idea de la cercan\u00ed\u00ada de Dios, que para Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada sido decisiva, en la idea \u00abontol\u00f3gica\u00bb de la procedencia de Dios. La fe de la Iglesia primitiva sigui\u00f3 esta huella hasta que, por fin, el dogma de Calcedonia fij\u00f3 el concepto de la filiaci\u00f3n divina de Jes\u00fas. Este concilio dogmatiz\u00f3 el origen ontol\u00f3gico divino de Jes\u00fas y lo rode\u00f3 de una erudici\u00f3n tal que las consecuencias m\u00ed\u00adticas terminaron por convertirse en el n\u00facleo de la ortodoxia. Todo gira en torno a la filiaci\u00f3n divina de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>El concepto de hombre divino no aparece nunca en el Nuevo Testamento. Pero tampoco en la antig\u00fcedad se califica al hombre divino de \u00abHijo de Dios\u00bb. Ni la Biblia conoce al hombre divino ni la antig\u00fcedad conoce la idea de la filiaci\u00f3n divina en el \u00e1mbito del hombre divino. El concepto \u00abhombre divino\u00bb apenas se utilizaba en tiempos precristianos; surgi\u00f3 solamente m\u00e1s tarde. Pero el t\u00ed\u00adtulo \u00abHijo de Dios\u00bb y todo lo que implica, no puede explicarse por el contexto del t\u00ed\u00adtulo y de la idea del hombre divino.<\/p>\n<p>El Nuevo Testamento distingue claramente entre la designaci\u00f3n \u00abHijo de Dios\u00bb y el calificativo \u00abel hijo\u00bb. Ambas cosas pueden parecer lo mismo, pero originalmente pertenecen a diversos ambientes y expresan cosas distintas.<\/p>\n<p>\u00abHijo de Dios\u00bb procede de la teolog\u00ed\u00ada real del Antiguo Testamento que a su vez muestra su afinidad con la desmitologizaci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada real oriental; su significado se expresa en la teolog\u00ed\u00ada de la elecci\u00f3n (Sal 2, 7). El salmo citado es adem\u00e1s un decisivo punto de partida del pensamiento cristol\u00f3gico. Pero en una segunda etapa la teolog\u00ed\u00ada de la elecci\u00f3n se convirti\u00f3 en teolog\u00ed\u00ada de la esperanza del rey futuro; el or\u00e1culo real se transform\u00f3 en promesa de que un d\u00ed\u00ada surgir\u00ed\u00ada un rey: \u00abT\u00fa eres mi hijo, hoy te he engendrado. P\u00ed\u00addeme y har\u00e9 de las gentes tu heredad, te dar\u00e9 en posesi\u00f3n los confines de la tierra\u00bb (Sal 2, 7-8). Aqu\u00ed\u00ad comienza la utilizaci\u00f3n del salmo por parte de la comunidad cristiana. El salmo comenz\u00f3 a aplicarse a Jes\u00fas en el contexto de la fe en la resurrecci\u00f3n. La comunidad pens\u00f3 que la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas era el momento en el que se realizaba realmente el salmo.<\/p>\n<p>Contemplando al crucificado, el creyente comprende el verdadero sentido de aqu\u00e9l or\u00e1culo y de la elecci\u00f3n: no es un privilegio ni un poder para s\u00ed\u00ad, sino un servicio a los dem\u00e1s. Ah\u00ed\u00ad comprende el verdadero sentido de la historia de la elecci\u00f3n, el verdadero sentido de la realeza: ser \u00abrepresentaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>La idea del Hijo de Dios que por el Salmo (Sal 2) se convirti\u00f3 en explicaci\u00f3n, ex\u00e9gesis de la resurrecci\u00f3n y de la cruz y entr\u00f3 a formar parte de la profesi\u00f3n de fe en Jes\u00fas de Nazaret, no tiene nada que ver con la idea griega del hombre divino ni puede explicarse por ella.<\/p>\n<p>El t\u00ed\u00adtulo Hijo de Dios tanto en el mundo griego como romano nos ofrece un aut\u00e9ntico paralelo ling\u00fc\u00ed\u00adstico y conceptual, no con la idea del \u00abhombre divino\u00bb, con la que no tiene nada que ver, sino con la designaci\u00f3n de Jes\u00fas como Hijo de Dios, expresi\u00f3n que motiva una nueva compresi\u00f3n del poder, de la realeza, de la elecci\u00f3n y de la existencia humana. Tambi\u00e9n al emperador Augusto se le llama \u00abhijo de Dios\u00bb. Por primera vez aparece en el mundo antiguo, en el culto romano al emperador, el t\u00ed\u00adtulo \u00abhijo de Dios\u00bb relacionado con la ideolog\u00ed\u00ada real; esto no se da, ni puede darse en ning\u00fan otro sitio por la ambig\u00fcedad de la palabra \u00abDios\u00bb.<\/p>\n<p>El t\u00ed\u00adtulo \u00abhijo de Dios\u00bb pertenece a la teolog\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica de Roma y se refiere al medio ambiente del que naci\u00f3 la designaci\u00f3n neotestamentaria \u00abHijo de Dios\u00bb. El Nuevo Testamento utiliza la palabra en una dimensi\u00f3n nueva originada a ra\u00ed\u00adz de la explicaci\u00f3n que le dio Israel al vincularla a la teolog\u00ed\u00ada de la elecci\u00f3n y de la esperanza.<\/p>\n<p>La designaci\u00f3n de Jes\u00fas como el \u00abHijo\u00bb se distancia del concepto de \u00abhijo de Dios\u00bb ya dicho. La expresi\u00f3n \u00abhijo\u00bb tiene otra historia y pertenece al mundo del misterioso lenguaje de las par\u00e1bolas que propuso Jes\u00fas, siguiendo la l\u00ed\u00adnea de los profetas y de los maestros sapienciales de Israel. La palabra establece sus reales no en la predicaci\u00f3n exterior, sino en el c\u00ed\u00adrculo \u00ed\u00adntimo de disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas. La vida de oraci\u00f3n de Jes\u00fas es la fuente segura de donde fluye la palabra; corresponde \u00ed\u00adntimamente a la nueva invocaci\u00f3n de Dios Abba.<\/p>\n<p>Joachim Jeremias ha puesto en evidencia c\u00f3mo las pocas palabras que el Nuevo Testamento griego nos ha conservado en el original arameo, nos indican muy bien la forma de hablar de Jes\u00fas. La invocaci\u00f3n es una de las pocas joyas literarias que la comunidad cristiana dej\u00f3 sin traducir por la importancia que para ella revest\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>El Antiguo Testamento llam\u00f3 a Dios Padre; pero la expresi\u00f3n se diferencia de las del Antiguo Testamento, por la familiaridad \u00ed\u00adntima que supone con Dios. La familiaridad de la palabra impidi\u00f3 que los jud\u00ed\u00ados la aplicasen a Dios; al hombre no le est\u00e1 permitido acercarse tanto a Dios. Cuando la primitiva comunidad cristiana conserv\u00f3 esta palabra en su sonido original, afirm\u00f3 que as\u00ed\u00ad oraba Jes\u00fas, que as\u00ed\u00ad hablaba con Dios y que esa intimidad con Dios le pertenec\u00ed\u00ada personalmente a El.<\/p>\n<p>A esta expresi\u00f3n corresponde perfectamente la autodesignaci\u00f3n de Jes\u00fas como Hijo. El de la invocaci\u00f3n de Jes\u00fas a Dios nos revela la espina dorsal de su relaci\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>Para San Juan, cuando Jes\u00fas se llama a s\u00ed\u00ad mismo hijo, no expresa el poder que le pertenece exclusivamente, sino la total relatividad de su existencia. Al describirse as\u00ed\u00ad explica su existencia como esencialmente relativa que no es sino \u00abde ser\u00bb y de \u00abser para\u00bb; pero al ser relatividad total, coincide con lo absoluto. Por eso el t\u00ed\u00adtulo \u00abhijo\u00bb es semejante a la designaci\u00f3n de Jes\u00fas como \u00abpalabra\u00bb o \u00abenviado\u00bb. Cuando San Juan lo aplica a Jes\u00fas el dicho isaiano \u00abyo soy\u00bb, indica lo mismo, es decir, la total unidad con el \u00abyo soy\u00bb que resulta del pleno abandono.<\/p>\n<p>San Juan nos ofrece una \u00abontologizaci\u00f3n\u00bb, un regreso al ser escondido detr\u00e1s de lo fenomenol\u00f3gico del puro acontecer. Ya no se habla de la acci\u00f3n, de la obra, de las palabras y de la doctrina de Jes\u00fas; se afirma, m\u00e1s bien, que sus doctrina es El mismo.<\/p>\n<p>Jes\u00fas es el que se vac\u00ed\u00ada a s\u00ed\u00ad mismo y es el verdadero hombre, el hombre del futuro, la uni\u00f3n del hombre y Dios. Los dogmas de Nicea y Calcedonia s\u00f3lo quisieron expresar la identidad entre el servicio y el ser en la que sale a la luz la trascendencia de las palabras \u00ababba-hijo\u00bb. La ontolog\u00ed\u00ada del cuarto evangelio y las antiguas confesiones de fe contienen una actualidad mucho m\u00e1s radical que muchas de las afirmaciones radicales que surgen por doquier. La cristolog\u00ed\u00ada de San Juan y la de las primitivas confesiones va mucho m\u00e1s lejos, porque afirman el ser mismo como acto: Jes\u00fas es su obra. Ese ser inseparable de su , coincide con Dios y es el hombre ejemplar.<\/p>\n<p>4. La presentaci\u00f3n de la encarnaci\u00f3n y el misterio de la cruz como caminos para explicar la cristolog\u00ed\u00ada<br \/>\nDos v\u00ed\u00adas para llegar a una comprensi\u00f3n de un tratado de Cristo, de modo que el cristiano actual contemple de manera expl\u00ed\u00adcita la esencia de su fe cristiana son las siguientes. De una parte, la teolog\u00ed\u00ada de la Encarnaci\u00f3n del Verbo, visto como el acontecimiento ante la unidad del hombre y de Dios y, por eso, Dios es hombre. De otra parte, el misterio de la cruz no contempla tanto el ser sino la acci\u00f3n de Dios en la cruz y en la Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, queda destruida la muerte y se manifiesta Cristo como Se\u00f1or y esperanza de la humanidad.<\/p>\n<p>Jes\u00fas es como dice al Ap\u00f3stol \u00abel \u00faltimo hombre\u00bb, el que lleva a los hombres a su futuro que consiste en estar unido a Dios, y no s\u00f3lo en ser puro hombre (1 Cor 15, 45).<\/p>\n<p>El hombres est\u00e1 orientado al otro, al verdaderamente otro, a Dios; est\u00e1 tanto m\u00e1s en s\u00ed\u00ad mismo cuando m\u00e1s cerca est\u00e1 en el totalmente otro, en Dios. El hombre llega a s\u00ed\u00ad mismo cuando se supera. Cristo es el que en verdad se supera a s\u00ed\u00ad mismo; por eso es el hombre que en verdad llega a s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>La plena encarnaci\u00f3n del hombre supone la encarnaci\u00f3n de Dios; en ella se cruza por primera vez y definitivamente el puente de lo animal a lo l\u00f3gico y se abre la suprema posibilidad que comienza cuando por vez primera una esencia formada de barro tierra se supera as\u00ed\u00ad misma a su mundo, y habla al t\u00fa de Dios. La apertura al todo, a lo infinito es lo que constituye al hombre.<\/p>\n<p>En Jes\u00fas se unen la humanidad y la divinidad y el Nuevo Testamento lo expresa, llam\u00e1ndolo Ad\u00e1n, en cuanto revela la unidad del g\u00e9nero humano, porque \u00abatrae a s\u00ed\u00ad a toda la humanidad\u00bb. Cristo en cuanto hombre futuro no es el hombre para s\u00ed\u00ad, sino el hombre especialmente para los dem\u00e1s; en cuanto hombre totalmente abierto es el hombre del futuro. El futuro del hombre consiste en \u00abser para\u00bb. Cristo es el hombre totalmente abierto en quien desaparecen los l\u00ed\u00admites de la existencia, como el hombre que es \u00abpaso\u00bb (\u00abpascua\u00bb).<\/p>\n<p>San Juan describe que el traspasado, no es s\u00f3lo una escena de la pasi\u00f3n, sino toda la historia de Jes\u00fas (Jn 19, 37). Cuando la lanzada ha terminado con su vida, su existencia es totalmente apertura; es completamente \u00abpara\u00bb; en verdad ya no es individuo, sino el \u00abAd\u00e1n\u00bb, de cuyo costado, nace \u00abEva\u00bb, la nueva humanidad.<\/p>\n<p>El costado abierto del nuevo Ad\u00e1n repite el misterio creador del \u00abcostado abierto\u00bb del var\u00f3n: es el comienzo de una nueva y definitiva comunidad de hombres; la sangre y el agua son los s\u00ed\u00admbolos con los que Juan alude a los principales sacramentos cristianos, bautismo y eucarist\u00ed\u00ada, y mediante ellos, a la Iglesia, signo de la nueva comunidad de hombres. El futuro del hombre cuelga de la cruz; la cruz es su salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El cristianismo por su fe en la creaci\u00f3n cree en el primado del Logos, en la Palabra Creadora como principio y como origen, lo acepta tambi\u00e9n espec\u00ed\u00adficamente como fin, como futuro, como lo venidero. En esta perspectiva estriba el aut\u00e9ntico dinamismo hist\u00f3rico de lo cristiano que en el Antiguo y Nuevo Testamento realiza la fe como esperanza y promesa.<\/p>\n<p>La esperanza se convertir\u00ed\u00ada en utop\u00ed\u00ada si la meta a la que aspirase fuera la creaci\u00f3n del hombre. Es verdadera esperanza porque se integra en el sistema de coordenadas de tres grandezas: la del pasado, es decir, la de la transformaci\u00f3n realizada; la de la actualidad de lo eterno que hace del tiempo divino una unidad; la del futuro que afecta a Dios y al mundo y as\u00ed\u00ad hace de Dios en el mundo y del mundo en Dios el punto omega de la historia.<\/p>\n<p>La fe cristiana dice que para la historia Dios est\u00e1 al final, pero para ser Dios est\u00e1 al principio. La fe sale al encuentro de lo venidero, desde Abrah\u00e1m hasta la vuelta del Se\u00f1or. Pero en Cristo se le ha revelado el futuro; existir\u00e1 el hombre que puede comprender la humanidad porque \u00e9l y ella se han perdido en Dios. La fe cristiana no parte del individuo atomizado, sino de la convicci\u00f3n de que no se da el individuo puro, de que el hombre es \u00e9l mismo cuando se refuerza en el todo: en la humanidad, en la historia, en el cosmos.<\/p>\n<p>La Iglesia y el cristianismo existen por la historia, por los lazos que condicionan al hombre. El ser cristiano no es un carisma individual sino social. Uno es cristiano no porque s\u00f3lo los cristianos se salvan, sino porque la diacon\u00ed\u00ada cristiana tiene sentido y es necesaria para la historia. El cristianismo depende a fin de cuentas del individuo, de Jes\u00fas de Nazaret que, crucificado por el medio ambiente, por la opini\u00f3n p\u00fablica, en su cruz destruy\u00f3 el poder de la gente, el poder del anonimato que aprisiona a los hombres. La llamada del cristianismo se dirige radicalmente al individuo, porque considera la historia como un todo. La radicalidad reside aqu\u00ed\u00ad, en que se cree que un individuo, Jesucristo, es la salvaci\u00f3n del mundo. El individuo es la salvaci\u00f3n del todo y el todo recibe la salvaci\u00f3n \u00fanicamente del individuo que lo es verdaderamente y que, por eso mismo deja de estar solo.<\/p>\n<p>El cristianismo nace del principio de corporeidad (car\u00e1cter hist\u00f3rico), debe ser pensado en el plano del todo donde \u00fanicamente tiene sentido, pero al mismo tiempo admite y tiene que admitir el principio del \u00abindividuo\u00bb que es su esc\u00e1ndalo y que as\u00ed\u00ad se nos presenta en su necesidad y racionabilidad \u00ed\u00adntimas.<\/p>\n<p>La fe cristiana solicita al individuo, no para s\u00ed\u00ad mismo, sino para el todo. Los brazos abiertos del crucificado expresan la adoraci\u00f3n porque nos revelan la entrega total a los hombres.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es cristiano esencialmente? Ser cristiano significa pasar del ser para s\u00ed\u00ad mismo al ser para los dem\u00e1s. Esto explica el concepto de elecci\u00f3n. La elecci\u00f3n no significa preferir a un individuo y separarlo de los dem\u00e1s, sino entrar en la tarea com\u00fan. Por eso la decisi\u00f3n cristiana supone no girar ya en torno a s\u00ed\u00ad mismo, sino unirse a la existencia de Jesucristo consagrado al todo. El seguimiento de la cruz est\u00e1 subordinado a la idea de que el hombre, dejando atr\u00e1s la cerraz\u00f3n y la tranquilidad de su yo, sale de s\u00ed\u00ad mismo para seguir las huellas del crucificado y para existir para los dem\u00e1s, mediante la crucifixi\u00f3n de su propio yo.<\/p>\n<p>La existencia cristiana consiste en la vivencia de un \u00e9xodo, este salir de nosotros mismos para entrar en una nueva dimensi\u00f3n, la del \u00abvosotros\u00bb. San Juan expres\u00f3 una imagen vegetal, la del grano de trigo que ha de pudrirse y da fruto al brotar de nuevo (Jn 12, 26).<\/p>\n<p>Cuando el hombre sale de s\u00ed\u00ad mismo, para que esta salida sea provechosa, necesita recibir algo de los dem\u00e1s, de aquel que es en verdad el otro de toda la humanidad y que, a un tiempo, es uno con ella: Jesucristo, Dios-hombre.<\/p>\n<p>Cristiano no es un adepto a un partido confesional, sino el que, mediante su ser cristiano, se hace realmente hombre. Cristo no es el que acepta vilmente un sistema de normas y las piensa en relaci\u00f3n consigo mismo, sino el que se ha liberado para ir en pos de la bondad sencilla y humana. En verdad el principio del amor, si es verdadero, incluye la fe. En el principio del amor est\u00e1 tambi\u00e9n presente le principio de la esperanza que, superando el instante corre en busca del todo. -> ; historia y fe.<\/p>\n<p>Llamas<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DJN \u00c2\u00a0 SUMARIO: 1. en Cristo. &#8211; 2. Jes\u00fas, es Cristo. &#8211; 3. Jesucristo, Dios y verdadero hombre. &#8211; 4. La presentaci\u00f3n la encarnaci\u00f3n y el misterio de la cruz como caminos para la cristologia. La esencia del cristianismo ayer y hoy consiste en afirmar que Jes\u00fas de Nazaret, el hijo de Jos\u00e9 y de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/esencia-del-cristianismo-ayer-y-hoy\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abESENCIA DEL CRISTIANISMO (AYER Y HOY)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15560","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15560","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15560"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15560\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15560"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15560"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15560"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}