{"id":15599,"date":"2016-02-05T10:09:19","date_gmt":"2016-02-05T15:09:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iglesia-jesus-y-la\/"},"modified":"2016-02-05T10:09:19","modified_gmt":"2016-02-05T15:09:19","slug":"iglesia-jesus-y-la","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iglesia-jesus-y-la\/","title":{"rendered":"IGLESIA, JESUS Y LA"},"content":{"rendered":"<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nEl inter\u00e9s por la relaci\u00f3n entre Jes\u00fas y la Iglesia se ha presentado de diversas maneras a lo largo de la historia del cristianismo. Tambi\u00e9n hoy necesitamos conocer los diversos aspectos de esta relaci\u00f3n tanto desde el punto de vista de los or\u00ed\u00adgenes hist\u00f3ricos de la Iglesia como en el orden teol\u00f3gico, espiritual y testimonial. Ordenamos el contenido del art\u00ed\u00adculo con el siguiente :<\/p>\n<p>. La Iglesia ante Cristo Jes\u00fas en el panorama bblico. 1.1. Las expectativas de una convocatoria de reuni\u00f3n del Pueblo de Dios en Israel. 1.2. La Iglesia como comunidad hist\u00f3rica de los seguidores de Jes\u00fas. 1.3. La Iglesia como Misterio de salvaci\u00f3n.-2. Variedad de enfoques en el tratamiento del tema. 2.1. Planteamiento teol\u00f3gico. 2.2. El derecho divino. 2.3. Enfoque hist\u00f3rico. 2.4. La Iglesia, testimonio evang\u00e9lico. &#8211; 3. Pasos hist\u00f3ricos desde Jes\u00fas en el proceso de la formaci\u00f3n de la Iglesia. 3.1. La proclamaci\u00f3n del Reino de Dios. 3.2. Los disc\u00ed\u00adpulos y los Doce. 3.3. Jes\u00fas ante Israel y los paganos. 3.4. La Ultima Cena y la Cruz de Jes\u00fas. 3.5. La comunidad pospascual de Cristo Jes\u00fas Resucitado. 3.6. Reflexi\u00f3n final.<\/p>\n<p>1. La Iglesia ante Cristo Jes\u00fas en el panorama b\u00ed\u00adblico<br \/>\nEn esta primera parte pretendemos presentar los diversos aspectos de la Iglesia en los que aparece relacionada con Cristo Jes\u00fas dentro del amplio panorama b\u00ed\u00adblico tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>1.1. expectativas de una convocatoria de reuni\u00f3n del Pueblo de Dios en Israel<br \/>\nLa denominaci\u00f3n de \u00abiglesia\u00bb en las lenguas rom\u00e1nicas tiene su procedencia cercana en el t\u00e9rmino griego \u00e9s\u00ed\u00ada utilizado en el griego extrab\u00ed\u00adblico para designar la \u00abasamblea\u00bb o \u00abjunta del pueblo\u00bb o el \u00ablugar de reuni\u00f3n\u00bb (ver He 19, 32. 39). En los escritos del Nuevo Testamento adquiere un sentido propio para designar la \u00abcomunidad\u00bb o \u00abIglesia\u00bb de los seguidores de Jes\u00fas. Ese mismo t\u00e9rmino \u00e9s\u00ed\u00ada hab\u00ed\u00ada sido utilizado ya con sentido religioso normalmente (unas 80 veces) en la versi\u00f3n griega del Antiguo Testamento de los Setenta para traducir el t\u00e9rmino hebreo deuteronomista de (convocatoria, bando, de , \u00abvoz\u00bb), y as\u00ed\u00ad expresar la reuni\u00f3n del pueblo de Israel en el desierto, sobre todo como comunidad de la Alianza convocada con fines cultuales (ver Dt 4, 10; 9, 10; 10, 4; 18, 6; 23, 2-9; comparar con He 7, 38). Otro t\u00e9rmino hebreo sacerdotal, (comunidad convocada o reunida, de , determinar), es traducido habitualmente como \u00f3gh\u00e9, \u00absinagoga\u00bb, que es tambi\u00e9n (21 veces) traducci\u00f3n de . Los seguidores de Jes\u00fas se quedaron con el t\u00e9rmino \u00e9s\u00ed\u00ada, completado varias veces como \u00e9s\u00ed\u00ada Zeou, o \u00e9s\u00ed\u00ada Kyriou (Iglesia de Dios o Iglesia del Se\u00f1or), expresiones con que los LXX traduc\u00ed\u00adan el yahveh del texto hebreo. La autodenominaci\u00f3n de Iglesia por parte de los cristianos llevaba consigo la conciencia de ser el Pueblo de Dios en su convocatoria definitiva.<\/p>\n<p>Al llegar la \u00e9poca intertestamentaria, el Israel de esta \u00e9poca del Juda\u00ed\u00adsmo ten\u00ed\u00ada incorporada, como consecuencia de las vicisitudes de su experiencia hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica, la conciencia de ser el Pueblo de Dios, propiedad de Dios, elegido de Dios, del que Yahv\u00e9 es el familiar que libera (goel), que ejerce en \u00e9l la misericordia, la fidelidad y el perd\u00f3n. Los destierros y la di\u00e1spora hacen resonar, en esta \u00e9poca intertestamentaria, el anhelo de una reuni\u00f3n final de Israel, vista como cumplimiento de la salvaci\u00f3n (ver Sal 106, 47: \u00ab\u00c2\u00a1S\u00e1lvanos, Yahv\u00e9, Dios nuestro, re\u00fanenos de entre las naciones, para dar gracias a tu santo nombre y honrarnos cantando tu alabanza!\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del juicio del Se\u00f1or, el \u00abresto\u00bb del Pueblo de Dios renovado ser\u00e1 una semilla que dar\u00e1 origen a todo el futuro pueblo de los salvados, sobre quienes se derramar\u00e1 el Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or (ver Is 65, 8-12; JI 3, 1-5; Dan 12, 1); ese Pueblo comprender\u00e1 tambi\u00e9n a los paganos (Is 66, 19; Zac 9, 7). Los escritos prof\u00e9ticos y apocal\u00ed\u00adpticos hac\u00ed\u00adan pensar en el Reino de Dios (Dan 7, 14. 27) como promesa de reunificaci\u00f3n y como acci\u00f3n escatol\u00f3gica del Dios salvador (ver Os 2, 1-3; Miq 4, 8; Zac 9, 10).<\/p>\n<p>Para esta reuni\u00f3n, Dios convocar\u00e1 a Israel como comunidad escatol\u00f3gica, que ser\u00e1 la comunidad santificada (Ez) que escucha y obedece la Palabra de Dios y celebra su alabanza.<\/p>\n<p>1.2. La como comunidad hist\u00f3rica de los de Jes\u00fas<br \/>\nYa en el saludo de Pablo en la primera carta a los Tesalonicenses, el primer escrito cristiano (1 Tes 1, 1), Pablo se dirige \u00aba la Iglesia de los Tesalonicenses, en Dios Padre yen el Se\u00f1or Jesucristo\u00bb; poco m\u00e1s adelante, en la misma carta, se refiere a \u00ablas Iglesias de Dios que hay en Judea en Cristo Jes\u00fas\u00bb (1 Tes 2, 14). Este primer uso paulino del t\u00e9rmino \u00abiglesia\u00bb o \u00abiglesia de Dios\u00bb aplicado a las comunidades locales de los seguidores de Cristo Jes\u00fas, se har\u00e1 normal en todo su epistolario (por ejemplo, 1 Cor 1, 2; 4, 17; 7, 17&#8230;; G\u00e1l 1, 2; Rom 16, 1).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n otros escritores del Nuevo Testamento conocen el sentido de \u00abiglesia\u00bb aplicado a las comunidades locales de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas: el Evangelio de Mateo (Mt 18, 18); la carta de Santiago (Sant 5, 14); la Tercera Carta de Juan (w. 6. 9. 10); el Apocalipsis (Ap 1, 4. 11. 20), sin que falten textos que se refieren al conjunto de toda la Iglesia como luego veremos.<\/p>\n<p>Esta aplicaci\u00f3n del t\u00e9rmino Iglesia a las comunidades cristianas es generalmente reconocida como prepaulina, anterior a la conversi\u00f3n de Pablo y procedente de la Iglesia de Jerusal\u00e9n. El reconoce repetidamente haber perseguido a la Iglesia de Dios (1 Cor 15, 9; G\u00e1l 1, 13; Flp 3, 6). La cultura b\u00ed\u00adblica, el clima escatol\u00f3gico y el ambiente arameo-helenista de la comunidad de los seguidores de Jes\u00fas en Jerusal\u00e9n, facilitaron el paso hasta la misma designaci\u00f3n de \u00e9s\u00ed\u00ada Zeou, de modo an\u00e1logo a como la comunidad de los esenios en el desierto de Qumr\u00e1n se reconoc\u00ed\u00ada como la edah mesi\u00e1nica.<\/p>\n<p>Pablo adem\u00e1s designa como \u00abiglesia\u00bb a la asamblea cultual en que la comunidad de Corinto se re\u00fane (1 Cor 11, 18; 4, 19. 28. 34). Este uso del lenguaje permite reconocer la importancia de la asamblea cultual de la Cena del Se\u00f1or, la Eucarist\u00ed\u00ada, como se\u00f1al de identidad de la Iglesia que es Comunidad de la Nueva Alianza (1 Cor 11, 20. 25). \u00abAl principio, aquella comunidad estaba en Jerusal\u00e9n. Pero luego, puesto que ten\u00ed\u00adan que comer aquel pan y beber de aquel c\u00e1liz, otras comunidades cristianes de Judea (y luego del mundo) celebraron la eucarist\u00ed\u00ada pronunciando las mismas palabras. Pues bien: el momento en que se pronunciaban aquellas palabras era verdadero \u00abd\u00ed\u00ada de la \u00e9s\u00ed\u00ada\u00bb como el d\u00ed\u00ada del Sina\u00ed\u00ad (ver. Dt 4, 10; 9, 10; 18, 16). La comunidad que celebraba la eucarist\u00ed\u00ada era, por tanto, verdadera \u00e9s\u00ed\u00ada Zeou\u00bb (J. S\u00e1nchez Bosch).<\/p>\n<p>Jerusal\u00e9n es el punto de partida geogr\u00e1fico de las comunidades eclesiales. La comunidad primera de Jerusal\u00e9n es la referencia hist\u00f3rica imprescindible para describir el origen de la Iglesia. Hubo un antes y un despu\u00e9s; la Iglesia tiene un proceso fluido y prolongado de origen, formaci\u00f3n y crecimiento. Pero los elementos integrales constituyentes se asocian hist\u00f3ricamente all\u00ed\u00ad, en Jerusal\u00e9n, en el tiempo despu\u00e9s de la Pascua de la Muerte y Resurrecci\u00f3n de Cristo Jes\u00fas, para dar paso al fen\u00f3meno hist\u00f3rico y acontecimiento salv\u00ed\u00adfico que es la Iglesia de Jes\u00fas. As\u00ed\u00ad es como lo presenta San Lucas, al ofrecernos los or\u00ed\u00adgenes de la Iglesia en su s\u00ed\u00adntesis de la Historia de la Salvaci\u00f3n que son los Hechos. Lucas como Marcos y Juan, no as\u00ed\u00ad Mateo, excluyen el uso del t\u00e9rmino Iglesia de sus respectivos evangelios. Lucas, en el libro de los Hechos, comienza por designar a los seguidores de Jes\u00fas, congregados y dirigidos por los ap\u00f3stoles, como \u00abhermanos\u00bb (He 1, 15) y \u00abcreyentes\u00bb (He 4, 32). Lucas emplea por primera vez el t\u00e9rmino \u00abiglesia\u00bb, aplicado a la comunidad de Jerusal\u00e9n, en el libro de los Hechos 5, 11: \u00abUn gran temor se apoder\u00f3 de toda la Iglesia y de todos cuantos oyeron esto\u00bb. Y lo seguir\u00e1 empleando con naturalidad, tanto refiri\u00e9ndose a la Iglesia de Jerusal\u00e9n (He 8, 1. 3; 11, 22..) como a otras comunidades locales: de toda Judea, Galilea y Samar\u00ed\u00ada (He 9, 31), de los \u00abcristianos\u00bb de Antioqu\u00ed\u00ada (nueva denominaci\u00f3n que marca diferencias con el Juda\u00ed\u00adsmo y la Gentilidad) (He 11, 26; 13, 1), de las Iglesias de Cilicia (He 14, 23; 15, 41; 16, 5). Estas son Iglesias locales integradas por cristianos tanto procedentes del Juda\u00ed\u00adsmo como de la Gentilidad.<\/p>\n<p>Lucas tambi\u00e9n conoce la aplicaci\u00f3n del mismo t\u00e9rmino a la Iglesia en el conjunto de su Misterio, en un texto de densidad teol\u00f3gica y trinitaria, cuando Pablo habla a los presb\u00ed\u00adteros de la Iglesia de Efeso reunidos en Mileto (He 20, 28): \u00abTened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Esp\u00ed\u00adritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios, que \u00e9l se adquiri\u00f3 con la sangre de su propio Hijo\u00bb. La precisi\u00f3n y diligencia habitual de Lucas (Lc 1, 3), nos invita a considerar los antecedentes hist\u00f3ricos y literarios inmediatos de este primer empleo del t\u00e9rmino Iglesia (He 5, 11), aplicado a la comunidad de Jerusal\u00e9n. Hemos de considerar las circunstancias de los acontecimientos previos, las caracter\u00ed\u00adsticas de la comunidad y, muy particularmente, los contenidos de los denominados (He 2, 42-47; 4, 32-35; 5, 12-16), en los que el autor pretende reunir los rasgos constituyentes idealizados de aquella Iglesia.<\/p>\n<p>La comunidad postpascual de los seguidores del Jes\u00fas Crucificado y Resucitado, ha de cubrir una primera etapa en Jerusal\u00e9n, antes de ampliar el testimonio de Jes\u00fas \u00aben toda Judea, Samaria, y hasta los confines de la tierra\u00bb (He 1, 9). Por el momento, los Ap\u00f3stoles, continuando la misi\u00f3n de Jes\u00fas, se dirigen s\u00f3lo a Israel (He 2, 23; 3, 15; 2, 36, como Casa de Israel), buscando su conversi\u00f3n. Centran su atenci\u00f3n en la persona de Jes\u00fas Crucificado y Resucitado m\u00e1s que en el Reino de Dios. La continuidad del testimonio sobre la vida y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas en los disc\u00ed\u00adpulos y ap\u00f3stoles, de palabra y de obra, y el mantenimiento, en \u00e9stos, del n\u00famero real y simb\u00f3lico de Doce (He 1, 21-22) es vital para transmitir la ense\u00f1anza y la praxis de Jes\u00fas a la comunidad de Jerusal\u00e9n (He 2, 42; 3, 16; 4, 33; 5, 15-16). El cumplimiento de la Promesa (ver el texto de Joel en He 2, 17-21) con la venida extraordinaria del Esp\u00ed\u00adritu Santo a partir de Pentecost\u00e9s, introduce el dinamismo de esta potencia divina creativa \u00abpara vosotros y para vuestros hijos y para todos los que est\u00e1n lejos, para cuantos llame el Se\u00f1or Dios nuestro\u00bb (He 2, 39).<\/p>\n<p>Los sumarios subrayan algunos aspectos de la vida de la comunidad que la significan como seguidora de Jes\u00fas de Nazaret: la oraci\u00f3n, la comuni\u00f3n fraterna, la fracci\u00f3n del pan, el desprendimiento en favor de los necesitados, la alegr\u00ed\u00ada incluso durante la persecuci\u00f3n, el favor y beneficio a los otros, la simpat\u00ed\u00ada de todo el pueblo, el crecimiento del grupo con la adhesi\u00f3n de israelitas mediante la conversi\u00f3n y el bautismo. Y tambi\u00e9n el conflicto con las autoridades religiosas del Juda\u00ed\u00adsmo.<\/p>\n<p>La parte creyente de Israel se convierte en Iglesia al mismo tiempo que los dirigentes de un Israel incr\u00e9dulo se endurecen en relaci\u00f3n con el \u00abcamino\u00bb de Jesucristo. Una atenci\u00f3n cuidadosa sobre el uso lucano de , t\u00e9rmino t\u00e9cnico para designar a Israel como pueblo de Dios, en los \u00faltimos cap\u00ed\u00adtulos del Evangelio y en los primeros del Libro de los Hechos, descubre que, seg\u00fan la teolog\u00ed\u00ada redaccional lucana, primero Jes\u00fas y luego su comunidad de Jerusal\u00e9n, est\u00e1n rodeados de la admiraci\u00f3n del pueblo y m\u00e1s tarde reciben la incorporaci\u00f3n de los creyentes de este pueblo hasta llegar luego a \u00abprocurarse entre los gentiles un para su \u00bb (He 15, 14, en boca de Santiago; ver tambi\u00e9n He 18, 10).<\/p>\n<p>En esta primera etapa de Jerusal\u00e9n, se comienza a dar una separaci\u00f3n de esta Iglesia, aun manteni\u00e9ndose dentro de aquel polifac\u00e9tico y plural Juda\u00ed\u00adsmo con sus distintas sectas. Esa separaci\u00f3n se expresa en algunas segregaciones institucionales que fomentaban la vida propia de la joven comunidad cristiana: la continuidad de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas con Mar\u00ed\u00ada, su Madre, el reconocimiento del Siervo Jes\u00fas como Mes\u00ed\u00adas Crucificado y viviente Resucitado, Se\u00f1or y Cristo, el bautismo en su nombre, la oraci\u00f3n y la celebraci\u00f3n de la Cena del Se\u00f1or el d\u00ed\u00ada primero de la semana en las casas privadas, la aceptaci\u00f3n de los Doce como gu\u00ed\u00adas propios. Pronto llegar\u00e1n las libertades mayores ante la Ley el Templo de parte de los \u00bb creyentes\u00bb helenistas, como Esteban y m\u00e1s tarde Pablo.<\/p>\n<p>Por el momento, es un grupo que se mantiene dentro del Juda\u00ed\u00adsmo y que sigue acudiendo al Templo de Jerusal\u00e9n. En la unidad de aquella Iglesia de Jerusal\u00e9n, se manifiesta tambi\u00e9n la pluralidad del juda\u00ed\u00adsmo contempor\u00e1neo, de lengua aramea y griega, que acud\u00ed\u00ada a las distintas sinagogas de la ciudad (Ver en He 6, 1-6 las quejas de los helenistas contra los hebreos y la designaci\u00f3n de los Siete). \u00abEl n\u00famero de los disc\u00ed\u00adpulos se multiplicaba considerablemente en Jerusal\u00e9n: tambi\u00e9n una gran multitud de sacerdotes iba aceptando la fe\u00bb (He 6, 7).<\/p>\n<p>La permanencia en Jerusal\u00e9n estaba justificada por la continuidad de la misi\u00f3n de Jes\u00fas en Israel, la interpretaci\u00f3n de las promesas de que la Ciudad Santa ser\u00ed\u00ada el lugar de reuni\u00f3n de los pueblos paganos, y la expectativa de la venida del Se\u00f1or en su parus\u00ed\u00ada. La lengua aramea dejaba su huella en la oraci\u00f3n \u00abMarana tha\u00bb, \u00abVen, Se\u00f1or\u00bb (1 Cor 16, 22; Apoc 22, 20).<\/p>\n<p>1.3. Iglesia como Misterio de salvaci\u00f3n<br \/>\nLa Iglesia se descubre progresivamente como magnitud hist\u00f3rica aut\u00f3noma a medida que avanza en su misi\u00f3n universal y profundiza simult\u00e1neamente en su relaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica con el Misterio de Cristo Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Las cr\u00ed\u00adticas de Esteban y del grupo helenista de la Iglesia de Jerusal\u00e9n con respecto al Templo y a la interpretaci\u00f3n jud\u00ed\u00ada de la Ley, provocan una nueva persecuci\u00f3n, hacia el a\u00f1o 33: \u00abAquel d\u00ed\u00ada se desat\u00f3 una gran persecuci\u00f3n contra la Iglesia de Jerusal\u00e9n. Todos se dispersaron por las regiones de Judea y Samar\u00ed\u00ada, a excepci\u00f3n de los ap\u00f3stoles\u00bb (He 8, 1). Ya en este momento, el pueblo (laos) hace causa com\u00fan con los ancianos, escribas y el Sanedr\u00ed\u00adn frente a Esteban y los suyos (He 6, 12; 7, 54). La posterior persecuci\u00f3n (a\u00f1o 42) de Herodes Agripa (He 12, 1-17) afect\u00f3 ya directamente a los ap\u00f3stoles (a Lucas ya no le interesa mantener la denominaci\u00f3n de Doce, una vez abierta la actuaci\u00f3n ante la Gentilidad): Santiago, hijo del Zebedeo, el hermano de Juan, muri\u00f3 martirizado; y Pedro, que se hab\u00ed\u00ada distinguido por su funci\u00f3n dirigente en la Iglesia de Jerusal\u00e9n y su entorno, fue apresado, ante el agrado y las expectativas del \u00abpueblo de los jud\u00ed\u00ados\u00bb (He 12, 11). Pedro, liberado de la prisi\u00f3n, \u00absali\u00f3 y march\u00f3 a otro lugar\u00bb, mientras Santiago, el hermano del Se\u00f1or, dirigente de los hebreos de la comunidad de Jerusal\u00e9n, qued\u00f3 al frente de la Iglesia de aquella ciudad hasta su martirio, mandado lapidar por el Sumo Sacerdote An\u00e1n (a\u00f1o 62).<\/p>\n<p>Pablo en el a\u00f1o 51 dec\u00ed\u00ada a los cristianos de Tesal\u00f3nica (1 Tes 2, 14-16): \u00abVosotros, hermanos, hab\u00e9is seguido el ejemplo de las Iglesias de Dios que est\u00e1n en Judea, en Cristo Jes\u00fas, pues tambi\u00e9n vosotros hab\u00e9is sufrido de vuestros compatriotas las mismas cosas que ellos de parte de los jud\u00ed\u00ados; \u00e9stos son los que dieron muerte al Se\u00f1or y a los profetas y los que nos han perseguido a nosotros; no agradan a Dios y son enemigos de todos los hombres, impidi\u00e9ndonos predicar a los gentiles para que se salven\u00bb. Sin embargo, a pesar de \u00e9stas y otras posteriores persecuciones, la separaci\u00f3n de la Iglesia respecto de las instituciones jud\u00ed\u00adas no es todav\u00ed\u00ada total: el mismo Pablo, en Pentecost\u00e9s del a\u00f1o 58, acud\u00ed\u00ada con sus ofrendas al Templo de Jerusal\u00e9n, donde fue arrestado por instigaci\u00f3n de algunos jud\u00ed\u00ados que amotinaron a la multitud (He 21, 27). Mientras tanto, sobre todo a partir de la Asamblea de Jerusal\u00e9n (alrededor del a\u00f1o 50) (G\u00e1l 2, 1-9, He 15, 5-29), las Iglesias hab\u00ed\u00adan ido integrando a un mayor n\u00famero de pagano-cristianos.<\/p>\n<p>Tres razones hist\u00f3ricas influyeron decisivamente en el reconocimiento de la autonom\u00ed\u00ada religiosa y social de la entidad de la Iglesia cristiana: la apertura a la misi\u00f3n universal, sobre todo en el sector paulino de la Iglesia; el distanciamiento progresivo del Juda\u00ed\u00adsmo oficial contempor\u00e1neo, y m\u00e1s a partir de la destrucci\u00f3n del Templo de Jerusal\u00e9n (a\u00f1o 70) con hegemon\u00ed\u00ada farisea en el Juda\u00ed\u00adsmo; y la convicci\u00f3n cada vez m\u00e1s extendida de la dilaci\u00f3n de la Parus\u00ed\u00ada del Se\u00f1or, que antes se hab\u00ed\u00ada previsto como cercana. No todos los grupos e Iglesias caminaron con el mismo ritmo; las Iglesias judeocristianas, fueron, por ejemplo, m\u00e1s lentas. La \u00abcomuni\u00f3n\u00bb, sin embargo, de las Iglesias mantiene su unidad apost\u00f3lica propia dentro de la pluralidad. La decisi\u00f3n creyente, dirigida por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, afronta la determinaci\u00f3n de instituciones permanentes ministeriales y sacramentales. La mirada profunda de la fe, iluminada por las Escrituras, descubre el sentido teol\u00f3gico de la Iglesia como obra de Dios en la Historia de la Salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En los distintos escritos del Nuevo Testamento que van elabor\u00e1ndose y d\u00e1ndose a la luz, comenzando por las tradiciones evang\u00e9licas y las cartas paulinas, podemos descubrir las diferentes eclesiolog\u00ed\u00adas que van configur\u00e1ndose al mismo tiempo que se profundiza en la Cristolog\u00ed\u00ada de Jes\u00fas Crucificado y Glorificado junto a Dios Padre. H. SCHUER en su \u00ed\u00ada del Nuevo Testamento (ya en 1973, Salutis, vol IV \/1) nos daba una muestra de estas diferentes eclesiolog\u00ed\u00adas, junto a una s\u00ed\u00adntesis final de los principios directivos comunes en cuanto realidades determinantes del crecimiento de la Iglesia.<\/p>\n<p>De esta s\u00ed\u00adntesis eclesiol\u00f3gica integrada por doce elementos, destacamos aqu\u00ed\u00ad \u00fanicamente dos: la relaci\u00f3n de la Iglesia con Jesucristo y su relaci\u00f3n con Israel.<\/p>\n<p>\u00abLa Iglesia es obra de Dios, eternamente prevista y predestinada por \u00e9l; pero se funda en la entrega de Jesucristo, que resucit\u00f3 despu\u00e9s de crucificado, se apareci\u00f3 resucitado y se hace actual por su exaltaci\u00f3n. Se puede tambi\u00e9n decir que el origen de la Iglesia es la acci\u00f3n de Dios en la cruz de Jesucristo, el cual est\u00e1 constantemente presente como en virtud de su resurrecci\u00f3n de entre los muertos. Esta afirmaci\u00f3n atraviesa todo el NT, pero se expresa con la mayor claridad en la carta a los Efesios\u00bb.<\/p>\n<p>Esta Iglesia supone previamente a Israel. \u00abEste hecho se ve desde diversas perspectivas: Israel es el pueblo de Dios, que en su acci\u00f3n y su palabra prefigura a la Iglesia; el fundamento de \u00e9sta es el \u00abresto\u00bb de Israel; el relevo de Israel lo toma el nuevo pueblo de Dios, la Iglesia de los jud\u00ed\u00ados y los gentiles, que se presenta como el verdadero Israel o el Israel de Dios\u00bb. Podemos recordar aqu\u00ed\u00ad el texto con el que Pablo culmina su reflexi\u00f3n sobre Israel ante la Iglesia de Roma (Rom 9-11): \u00abNo quiero que ignor\u00e9is, hermanos, este misterio, no sea que presum\u00e1is de sabios: el endurecimiento parcial que sobrevino a Israel durar\u00e1 hasta que entre la totalidad de los gentiles, y as\u00ed\u00ad todo Israel ser\u00e1 salvo\u00bb (Rom 11, 25). El lapso de tiempo concedido para el anuncio del Evangelio a los paganos es el plazo antes del retorno de Israel y del juicio definitivo.<\/p>\n<p>Esta doble conexi\u00f3n del misterio de la Iglesia con Cristo y con Israel, explican que, junto a las frecuentes expresiones de \u00abIglesia de Dios\u00bb e \u00abIglesia del Se\u00f1or\u00bb, aparezca tambi\u00e9n la de \u00abIglesias de Cristo\u00bb (Rom 16, 16).<\/p>\n<p>2. Variedad de enfoques en el tratamiento del tema<br \/>\nHemos visto c\u00f3mo se situaban los diversos momentos y concepciones de la Iglesia y de su relaci\u00f3n con Cristo Jes\u00fas, en el panorama b\u00ed\u00adblico y, particularmente, en los escritos del Nuevo Testamento. En \u00e9stos, siempre desde una visi\u00f3n creyente, aparece la comprensi\u00f3n que tiene la misma Iglesia tanto de sus propios or\u00ed\u00adgenes como de su teolog\u00ed\u00ada, en su relaci\u00f3n con Jes\u00fas de Nazaret.<\/p>\n<p>Nos corresponde ahora recordar c\u00f3mo se ha enfocado, a lo largo de la historia del cristianismo el tratamiento de la relaci\u00f3n entre la Iglesia y Jes\u00fas. Ha existido una variedad de enfoques seg\u00fan las necesidades y posibilidades de cada \u00e9poca. Presentamos aqu\u00ed\u00ad en forma sint\u00e9tica lo que otros autores citados en la bibliograf\u00ed\u00ada proponen de una manera m\u00e1s amplia (S. Pie Ninot, C. Florist\u00e1n).<\/p>\n<p>2.1. teol\u00f3gico<br \/>\nA partir de los tiempos de los Padres de la Iglesia, el tema de los or\u00ed\u00adgenes y formaci\u00f3n de la Iglesia se nos ofrece como un teol\u00f3gico. Este enfoque teol\u00f3gico se mantiene como preferente pr\u00e1cticamente hasta la Ilustraci\u00f3n y el debate del modernismo a principios del siglo XX. El Concilio Vaticano II reasume con amplitud este tratamiento teol\u00f3gico en su dimensi\u00f3n trinitaria (LG 2-5); de este tratamiento entresacamos algunos p\u00e1rrafos: \u00abEl Padre&#8230; estableci\u00f3 convocar a quienes creen en Cristo en la santa Iglesia, que ya fue prefigurada desde el origen del mundo, preparada admirablemente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza (cita a Cipriano, Hilario, Agust\u00ed\u00adn y Cirilo de Alejandr\u00ed\u00ada), constitu\u00ed\u00adda en los tiempos definitivos, manifestada por la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu y que se consumar\u00e1 gloriosamente al final de los tiempos\u00bb (LG 2). \u00abCristo, en cumplimiento de la voluntad del Padre, inaugur\u00f3 en la tierra el reino de los cielos, nos revel\u00f3 su misterio y con su obediencia realiz\u00f3 la redenci\u00f3n. La Iglesia o reino de Cristo, presente actualmente en misterio, por el poder de Dios crece visiblemente en el mundo. Este comienzo y crecimiento est\u00e1n simbolizados en la sangre y en el agua que manaron del costado abierto de Cristo crucificado (cf. Jn 19, 34)\u00bb (LG 3), simbolismo utilizado en su tiempo por Ambrosio y Agust\u00ed\u00adn. \u00abConsumada la obra que el Padre encomend\u00f3 realizar al Hijo sobre la tierra (cf. Jn 17, 4), fue enviado el Esp\u00ed\u00adritu Santo el d\u00ed\u00ada de Pentecost\u00e9s a fin de santificar indefinidamente la Iglesia y para que de este modo los fieles tengan acceso al Padre por medio de Cristo en un mismo Esp\u00ed\u00adritu (cf. Ef 2, 18)\u00bb (LG 4).<\/p>\n<p>.2. El derecho divino<br \/>\nEn la Edad Media, con motivo de las luchas eclesi\u00e1sticas por el poder, se introduce el concepto de divinum (derecho divino) como garante de la fidelidad hist\u00f3rica fundacional de las instituciones jer\u00e1rquicas desde Jes\u00fas a la Iglesia. Es un concepto que tuvo suma importancia en el Concilio de Trento y en la Contrarreforma y que el Concilio Vaticano 1 aplic\u00f3 a la instituci\u00f3n del Primado que Pedro ejerci\u00f3 sobre la Iglesia universal.<\/p>\n<p>El Vaticano II situar\u00e1 este concepto en el marco eclesiol\u00f3gico y ecum\u00e9nico de una renovada comprensi\u00f3n de la Escritura y de la Tradici\u00f3n (DV 7-9). De \u00abderecho divino\u00bb es una realidad de instituci\u00f3n divina positiva para la que puede invocarse una referencia b\u00ed\u00adblica, sea que proceda del mismo Cristo o bien de la Iglesia apost\u00f3lica guiada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo. En la actual comprensi\u00f3n de este derecho divino se incluye la mediaci\u00f3n de formas hist\u00f3ricas guiadas por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or. As\u00ed\u00ad vienen formulando este derecho divino varias declaraciones ecum\u00e9nicas postconciliares (luterano-cat\u00f3lica, Malta 1972; anglicano-cat\u00f3lico romana, Windsor 1981).<\/p>\n<p>2.3. hist\u00f3rico<br \/>\nEl enfoque \u00f3rico de una \u00absingular fundaci\u00f3n de la Iglesia por Jes\u00fas de Nazaret\u00bb viene planteado por el Magisterio eclesial frente a la Ilustraci\u00f3n y la controversia modernista. Los distintos autores, desde H. S. Reimarus (1694-1768) a O. Linton (1932), pasando por Harnack, Loisy, Bultmann&#8230; fueron formulando sus posiciones propias acerca de la interpretaci\u00f3n escatol\u00f3gica de la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas sobre el Reino de Dios, junto al posterior surgimiento de la Iglesia cristiana margen de la voluntad de Jes\u00fas. Frente a estas posiciones, como resumen del insistente magisterio eclesial, el juramento antimodernista hac\u00ed\u00ada repetir a las sucesivas generaciones de quienes recib\u00ed\u00adan encomiendas eclesi\u00e1sticas desde 1910: \u00abLa Iglesia fue instituida inmediata y directamente por Cristo mismo, verdadero e hist\u00f3rico mientras viv\u00ed\u00ada entre nosotros\u00bb. Los manuales de Eclesiolog\u00ed\u00ada anteriores al Concilio Vaticano II dedicaban amplio espacio a probar esta \u00abfundaci\u00f3n de la Iglesia\u00bb por parte del Jes\u00fas hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>Dos factores influyeron decisivamente en una evoluci\u00f3n de posiciones en el planteamiento de la relaci\u00f3n hist\u00f3rica entre Jes\u00fas y la Iglesia: a) en la investigaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, las sucesivas revisiones de posturas entre estudiosos de muy diversa \u00ed\u00adndole, que utilizaban los mismos m\u00e9todos cient\u00ed\u00adficos, y daban paso a sucesivos consensos: cat\u00f3licos (por ejemplo, E M. Braun, E. Benoit, R. Schnackenburg, A. V\u00f3gtle, H. Schlier, H. Fries, W. Trilling, G. Lohfink&#8230;) y no cat\u00f3licos (E. K\u00e1semann, Manson, Taylor, Leenhardt, Goppelt, J. Jeremias&#8230;). b) la acogida en el Magisterio del Vaticano II (DV 19) de una concepci\u00f3n hist\u00f3rico-literaria de los Evangelios m\u00e1s flexible, que incluye el proceso de su parcial y definitiva elaboraci\u00f3n postpascual \u00abcon la mayor comprensi\u00f3n que les daban (a los Ap\u00f3stoles) la resurrecci\u00f3n gloriosa de Cristo y la ense\u00f1anza del Esp\u00ed\u00adritu de la verdad\u00bb. El Vaticano II acog\u00ed\u00ada as\u00ed\u00ad las directrices de la Instrucci\u00f3n Mater Ecclesia, publicada por la Comisi\u00f3n B\u00ed\u00adblica en 1964.<\/p>\n<p>El Concilio Vaticano II (LG 5) expone \u00abel misterio de la santa Iglesia (que) se manifiesta en su fundaci\u00f3n (fundatio)\u00bb en forma de un proceso gradual que se inicia por la proclamaci\u00f3n de la llegada del Reino de Dios realizada por nuestro Se\u00f1or Jes\u00fas y prosigue a lo largo de toda actividad del Jes\u00fas terreno y culmina, despu\u00e9s de su Cruz y Resurrecci\u00f3n, con la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu: \u00abDerram\u00f3 sobre sus disc\u00ed\u00adpulos el Esp\u00ed\u00adritu prometido por el Padre (cf. He 2, 33). Por esto la Iglesia, enriquecida por los dones de su Fundador y observando fielmente sus preceptos de caridad, humildad y abnegaci\u00f3n, recibe la misi\u00f3n de anunciar el Reino de Cristo y de Dios, e instaurarlo en todos los pueblos, y constituye en la tierra el germen y el principio de ese reino\u00bb.<\/p>\n<p>La fundaci\u00f3n de la Iglesia en forma procesual y su realizaci\u00f3n por parte de Jes\u00fas mediante diversas acciones prepascuales y pospascuales es novedad caracter\u00ed\u00adstica del Magisterio del Vaticano II. La Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional continuar\u00e1 esta misma l\u00ed\u00adnea del Concilio y precisar\u00e1 diez etapas en la formaci\u00f3n de la Iglesia en el documento aprobado en octubre de 1985, a\u00f1adiendo este comentario: \u00abNinguna etapa, tomada aparte, es totalmente significativa, pero todas las etapas, puestas una tras otra, muestran bien que la fundaci\u00f3n de la Iglesia debe comprenderse como un proceso hist\u00f3rico de la revelaci\u00f3n\u00bb (n. 4).<\/p>\n<p>Del documento de la misma Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica del a\u00f1o 1986 sobre \u00abLa conciencia que Jes\u00fas ten\u00ed\u00ada de s\u00ed\u00ad mismo y de su misi\u00f3n\u00bb, entresacamos estas dos frases que hacen referencia a nuestro tema (3, 2): Las par\u00e1bolas de Jes\u00fas y las im\u00e1genes de que se sirve para hablar de los que ha venido a convocar, llevan consigo una \u00abeclesiolog\u00ed\u00ada impl\u00ed\u00adcita\u00bb. No se trata de afirmar que esta intenci\u00f3n de Jes\u00fas implique una voluntad expresa de fundar y establecer todos los aspectos de las instituciones de la Iglesia tal y como se han desarrollado en el curso de los siglos. Es necesario, por el contrario, afirmar que Jes\u00fas ha querido dotar a la comunidad que ha venido a convocar entorno a s\u00ed\u00ad de una estructura que permanecer\u00e1 hasta la consumaci\u00f3n del Reino.. Hay que mencionar aqu\u00ed\u00ad, en primer lugar, la elecci\u00f3n de los Doce y de Pedro como su jefe (Mc 3, 14 ss)&#8230; Cristo ten\u00ed\u00ada conciencia de su misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica. Esta implicaba la fundaci\u00f3n de su , es decir, la convocaci\u00f3n de todos los hombres a la \u00abfamilia de Dios\u00bb. La historia del cristianismo reposa, en \u00faltimo t\u00e9rmino, sobre la intenci\u00f3n y la voluntad de Jes\u00fas de fundar la Iglesia.<\/p>\n<p>2.4. La , testimonio evang\u00e9lico<br \/>\nLa mirada de los cristianos y de la Iglesia hacia la persona de Cristo Jes\u00fas siempre ha venido acompa\u00f1ada de la aspiraci\u00f3n y de la exigencia por incorporar en la vida personal y com\u00fan los valores morales, espirituales y operativos que est\u00e1n, en cada \u00e9poca, al servicio del Reino de Dios seg\u00fan el Evangelio. Seguimiento, vida en Cristo, obediencia al Esp\u00ed\u00adritu, vida evang\u00e9lica o apost\u00f3lica, imitaci\u00f3n de Cristo, revestimiento de Cristo, santidad cristiana&#8230; son expresiones que caracterizan, con matices propios, la novedad de la vida cristiana en el \u00e1mbito personal. Otras expresiones como Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo o Templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo implican la presencia de esos valores de la \u00abnueva humanidad\u00bb en el \u00e1mbito comunitario eclesial.<\/p>\n<p>Es admirable poder encontrar ya en el primer escrito paulino y cristiano c\u00f3mo la Iglesia de los Tesalonicenses ha acogido comunitariamente la palabra del Evangelio del Crucificado y Resucitado como mode(typos), ya vivido por el Ap\u00f3stol, y la ha plasmado en su existencia de Iglesia que es testigo de la fe: \u00abPor vuestra parte os hicisteis imitadores nuestros y del Se\u00f1or, abrazando la palabra con gozo del Esp\u00ed\u00adritu Santo en medio de muchas tribulaciones. De esta manera os hab\u00e9is convertido en modelo para todos los creyentes de Macedonia y Acaya\u00bb (1 Tes 1, 6-7; ver Fip 3, 17).<\/p>\n<p>M\u00e1s que del de continuidad hist\u00f3rica con Jes\u00fas el fundador hist\u00f3rico, la Iglesia ve en \u00e9l algo m\u00e1s decisivo: el viviente y siempre actual de su crecimiento, ya que \u00e9ste se apoya en la fuerza pneum\u00e1tica de Jes\u00fas y en su palabra y sacramentos dispensados eficazmente gracias a esa presencia. Jesucristo es el \u00fanico cimiento (fundamento) que est\u00e1 ya puesto (1 Cor 3, 11), sobre el cual hay que construir el edificio eclesial de modo coherente con \u00e9l.<\/p>\n<p>\u00abLa verdad y la credibilidad de la Iglesia depende de que \u00e9sta afronte siempre honestamente el \u00abpeligro\u00bb de ese recuerdo del Jes\u00fas hist\u00f3rico, de que est\u00e9 dispuesta a \u00abconvertirse\u00bb de tantas tendencias a la autosuficiencia individual e institucional y a recorrer a todos los niveles el camino de Jes\u00fas hacia la comunidad perfecta del reino de Dios. S\u00f3lo con esta condici\u00f3n puede apelar a Jesucristo como fundamento sin la apariencia de una manipulaci\u00f3n ideol\u00f3gica de la historia\u00bb (M. Kehl).<\/p>\n<p>La insistencia en la Iglesia-testigo es particularmente importante y urgente en este comienzo hist\u00f3rico del Tercer Milenio. El Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or ha proporcionado a la Iglesia de nuestro tiempo un tesoro doctrinal inigualable para responder a su vocaci\u00f3n de testigo fiel ante el mundo: 1) la eclesiolog\u00ed\u00ada del Vaticano II sobre la Iglesia como \u00absacramento o se\u00f1al e instrumento de la \u00ed\u00adntima uni\u00f3n con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano en Cristo\u00bb (LG 1, 1; ver tambi\u00e9n LG 7; SC 6 y GS 22; 32 y 45); 2) la llamada a la Evangelizaci\u00f3n que ha de ir acompa\u00f1ada de la autenticidad del testimonio evang\u00e9lico de la comunidad eclesial que para evangelizar \u00abcomienza por evangelizarse a s\u00ed\u00ad misma\u00bb (Pablo VI principalmente en Nuntiandi 15; 26; 41; 46 76); y 3\u00c2\u00b0) la convocatoria insistente de Juan Pablo II a \u00ababrirse a Cristo\u00bb para una urgente \u00abnueva evangelizaci\u00f3n, centrados en la persona de Cristo Jes\u00fas (ver toda la enc\u00ed\u00adclica Millennio Ineunte, especialmente su cap\u00ed\u00adtulo IV, \u00abTestigos del amor\u00bb).<\/p>\n<p>3. Pasos hist\u00f3ricos desde Jes\u00fas en el proceso de la formaci\u00f3n de la Iglesia<br \/>\nLa actuaci\u00f3n de Jes\u00fas fue determinante en el proceso hist\u00f3rico de la formaci\u00f3n de la Iglesia. Hemos dejado voluntariamente abierto hasta el final ese espacio en el que act\u00faa Cristo Jes\u00fas: entre las promesas de la Nueva Alianza del Pueblo de Dios y las expectativas de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu creador por una parte y, por otra, la germinaci\u00f3n visible y progresivo crecimiento de la Iglesia de Dios de las ra\u00ed\u00adces de Israel. Tratamos, por tanto, de responder a esta pregunta: \u00bfcu\u00e1les fueron los pasos m\u00e1s decisivos que dio Jes\u00fas en la \u00abpreformaci\u00f3n de la Iglesia\u00bb (A. Descamps, H. Schlier, A. Ant\u00f3n)?<br \/>\nTenemos presentes como marco general las l\u00ed\u00adneas trazadas en el Vaticano II (LG 5) y las etapas indicadas por la Comisi\u00f3n Teol\u00f3gica Internacional (1985). Nos guiamos m\u00e1s cercanamente de los convergentes, pero diferenciados, criterios teol\u00f3gicos y los estudios exeg\u00e9ticos de S. Pi\u00e9 Ninot, B. Sesbo\u00fce, J. Regal, M. Kehl, J. A. Estrada, G. Lohfink, R. Aguirre, E. P. Sanders, J. J. Bartolom\u00e9, J. Fitzmyer, etc. No podemos olvidar la peculiar estructura literaria y teol\u00f3gica de cada uno de nuestros Evangelios.<\/p>\n<p>3.1. proclamaci\u00f3n del Reino de Dios<br \/>\n\u00abReino de Dios\u00bb es expresi\u00f3n simb\u00f3lica y central en el mensaje y en la actuaci\u00f3n de Jes\u00fas. Tiene sus precedentes en la historia de Israel y en las expectativas escatol\u00f3gicas del Juda\u00ed\u00adsmo contempor\u00e1neo. Significa una actuaci\u00f3n soberana y definitiva de Dios, Salvador de su pueblo, y suscita esperanzas de una humanidad transformada y feliz con el Dios de Israel que reina. \u00ab\u00c2\u00a1Qu\u00e9 hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas noticias, que anuncia la salvaci\u00f3n, que dice a Si\u00f3n: Ya reina tu Dios!\u00bb (Is 52, 7).<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n es al mismo tiempo suficientemente ambigua como para necesitar de las clarificaciones de Jes\u00fas, de palabra y de obra. Coincide con Juan Bautista en el anuncio del Reino (Mt 3, 2 y 4, 17) y del juicio de Dios; pero dulcifica el com\u00fan mensaje prof\u00e9tico, mostrando el rostro paterno de Dios que reina y ejercita la misericordia y el perd\u00f3n. Con la persona de Jes\u00fas el Reino est\u00e1 haci\u00e9ndose ya presente y abri\u00e9ndose hacia un futuro: las obras de Jes\u00fas enfrent\u00e1ndose al esp\u00ed\u00adritu del mal, curando enfermos, acogiendo a pobres y marginados son se\u00f1ales y prodigios caracter\u00ed\u00adsticas del tipo de Reino que \u00e9l proclama y realiza (Mt 9, 9ss: Lc 7, 18-28, 19, 1 ss). Tambi\u00e9n Jes\u00fas emplea la inmersi\u00f3n en el agua como signo purificador y escatol\u00f3gico para la incorporaci\u00f3n de disc\u00ed\u00adpulos (Jn 3, 22-27).<\/p>\n<p>La actitud cr\u00ed\u00adtica de Jes\u00fas ante la interpretaci\u00f3n farisaica de la Ley (Mc 2, 1-3, 6; 7, 1-3; 8, 15) y ante las formas aceptadas por los dirigentes sacerdotales en el culto del Templo (Mc 11, 15-19; 27-33), le enfrentan a la pr\u00e1ctica judaica vigente de la religi\u00f3n de Israel: anuncia el juicio de Dios sobre el Templo (Mc 13, 1-4), la venida del Hijo del Hombre con una nueva convocatoria del Pueblo elegido (Mc 13, 24-27; 14, 22) y una \u00e9poca nueva del Reino de Dios: \u00abYo os aseguro que ya no beber\u00e9 del producto de la vid hasta el d\u00ed\u00ada que lo beba nuevo en el Reino de Dios\u00bb (Mc 14, 25). Fiel continuador del esp\u00ed\u00adritu de los Profetas, proclama la hora de un culto no limitado en los templos, en el que \u00ablos verdaderos adoradores adorar\u00e1n al Padre en esp\u00ed\u00adritu y en verdad\u00bb (Jn 4, 25). La proclamaci\u00f3n del Reino pide conversi\u00f3n y acogida cordial de las gentes de su pueblo. Las par\u00e1bolas de Jes\u00fas sobre el Reino implican unos destinatarios, unas gentes que acogen libremente su proclamaci\u00f3n: el sembrador, la ciza\u00f1a, la mostaza, el tesoro, la perla, la red (Mt 13), el reba\u00f1o, el banquete&#8230; El Reino anunciado debe ser tambi\u00e9n un \u00abreinado\u00bb de personas que lo constituyen; el Reino debe aparecer tambi\u00e9n en la imagen visible de los acompa\u00f1antes de Jes\u00fas que lo representan con \u00e9l en la tierra.<\/p>\n<p>3.2. Los \u00ed\u00adpulos y los Doce<br \/>\nLos cuatro Evangelios est\u00e1n de acuerdo en hacer constar que Jes\u00fas, desde una primera fase de su actuaci\u00f3n, est\u00e1 acompa\u00f1ado de disc\u00ed\u00adpulos. En el esquematismo de los relatos de vocaci\u00f3n aparece que de Jes\u00fas procede la iniciativa de la llamada definitiva (no sol\u00ed\u00ada ser as\u00ed\u00ad en los grupos que se formaban alrededor de los rabinos) y que la respuesta de los disc\u00ed\u00adpulos va acompa\u00f1ada del \u00abseguimiento\u00bb, el compartir el estilo de vida de Jes\u00fas, con una austeridad y exigencias que otros no se atreven a asumir (Mt 8, 18-22). Estos disc\u00ed\u00adpulos son los primeros destinatarios de la solemne presentaci\u00f3n del programa de \u00e9tica radical y generosa que hace Jes\u00fas (Mt 5, 1 ss y Lc 6, 20ss). En muchas controversias son ellos el blanco inmediato de las acusaciones de los fariseos por haber asumido los criterios \u00abilegales\u00bb de Jes\u00fas (ver Mc 2, 1-3, 6).<\/p>\n<p>Entre los disc\u00ed\u00adpulos se destacan los Doce (Mc 3, 14; 6, 7; Mt 10, 6) un n\u00famero real de doce hombres, que incluye al traidor Judas, con el simbolismo representativo de las doce tribus de un nuevo Israel en v\u00ed\u00adas de restauraci\u00f3n: \u00abYo os aseguro que vosotros que me hab\u00e9is seguido en la regeneraci\u00f3n, cuando el Hijo del Hombre se siente en su trono de gloria, os sentar\u00e9is tambi\u00e9n vosotros en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel\u00bb (Mt 19, 28). Estos Doce ocupan un lugar preferente entre los disc\u00ed\u00adpulos: los cuatro evangelistas los mencionan, incluso Juan (6, 67-71; 20, 24); los tres sin\u00f3pticos dan sus listas, fundamentalmente coincidentes (Mt 10, 1-4; Mc 3, 13-19; Lc 6, 12-16); y el mismo Lucas la repite en Hechos (1, 13) para mostrar la continuidad de Doce en los or\u00ed\u00adgenes de la Iglesia. Tres de ellos, Sim\u00f3n Pedro y Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo, son los acompa\u00f1antes preferidos de Jes\u00fas en situaciones importantes como la Transfiguraci\u00f3n, Getseman\u00ed\u00ad y la resurrecci\u00f3n de la hija de Jairo. Aparecer\u00e1n como los principales dirigentes de la comunidad agrupada despu\u00e9s de la Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Sim\u00f3n Pedro es el portavoz y prototipo del disc\u00ed\u00adpulo; el sobrenombre de Cefas, \u00abPiedra, Roca\u00bb le hab\u00ed\u00ada sido impuesto por Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Hay elementos comunes en el tratamiento de los Doce y los disc\u00ed\u00adpulos en los sin\u00f3pticos: todos hablan de su cercan\u00ed\u00ada a Jes\u00fas y de la colaboraci\u00f3n al ser enviados a proclamar el Reino como extensi\u00f3n de la actividad de Jes\u00fas: \u00abNo vay\u00e1is a regiones de paganos, ni entr\u00e9is en los pueblos de Samar\u00ed\u00ada. Id m\u00e1s bien a las ovejas perdidas del pueblo de Israel\u00bb. Son enviados (ap\u00f3stoles) para proclamar que \u00abel Reino de Dios est\u00e1 pr\u00f3ximo\u00bb y para curar y expulsar demonios (Mt 10, 5-15; ver Mc 6, 7-13 y Lc 9, 1-6). Marcos subrayar\u00e1 su torpeza de comprensi\u00f3n, especialmente en el camino hacia el desenlace dram\u00e1tico de Jerusal\u00e9n (ya antes en Mc 6, 47-52); Lucas hablar\u00e1 adem\u00e1s de la misi\u00f3n de otros 72 disc\u00ed\u00adpulos, de dos en dos (Lc 10, 1-6).<\/p>\n<p>Entre los seguidores de Jes\u00fas, todos los evangelistas se\u00f1alan tambi\u00e9n a un grupo de mujeres con sus nombres propios: la madre de los hijos de Zebedeo; Mar\u00ed\u00ada, la madre de Santiago y Jos\u00e9, la mujer de Cusa, el administrador de Antipas, Susana, Salom\u00e9, y especialmente a Mar\u00ed\u00ada Magdalena. Por la fidelidad de este grupo de mujeres en los episodios de la Pasi\u00f3n y Resurrecci\u00f3n, resaltamos el texto de Mc 15, 40-41 que a\u00f1ade: \u00ab&#8230;que le segu\u00ed\u00adan y le serv\u00ed\u00adan cuando estaba en Galilea, y otras muchas que hab\u00ed\u00adan subido con \u00e9l a Jerusal\u00e9n\u00bb.<\/p>\n<p>Hay adem\u00e1s otros disc\u00ed\u00adpulos y disc\u00ed\u00adpulas, no itinerantes como Marta, Mar\u00ed\u00ada y L\u00e1zaro en Betania, Jos\u00e9 de Aritmatea&#8230; y otros que se situar\u00ed\u00adan entre \u00ablos m\u00e1s de quinientos a la vez\u00bb a quienes Jes\u00fas tambi\u00e9n se apareci\u00f3 despu\u00e9s de su muerte, seg\u00fan la tradici\u00f3n que nos transmite Pablo en 1 Cor 15, 6.<\/p>\n<p>3.3. Jes\u00fas Israel y los paganos<br \/>\nCon Jes\u00fas el Reino de Dios est\u00e1 presente (Mc 1, 15; Lc 10, 9; 11, 20) en medio de su Pueblo. La actividad de Jes\u00fas se concentra en territorio hebreo y entre jud\u00ed\u00ados, con algunas excepciones. Esta concentraci\u00f3n en el pueblo de Israel explica por qu\u00e9 Jes\u00fas evita realizar su misi\u00f3n en cualquiera de las numerosas ciudades helenistas que pod\u00ed\u00adan encontrarse en su camino (Tiberias, S\u00e9foris, Cesarea&#8230;) y solamente bordee el territorio de Tiro y Sid\u00f3n o de la Dec\u00e1polis. Conceb\u00ed\u00ada su misi\u00f3n personal como enviado \u00aba las ovejas perdidas de la casa de Israel\u00bb (Mt 15, 24), como tambi\u00e9n la misi\u00f3n contempor\u00e1nea de sus Doce ap\u00f3stoles: \u00abNo tom\u00e9is camino de gentiles ni entr\u00e9is en ciudad de samaritanos; dirig\u00ed\u00ados m\u00e1s bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel\u00bb (Mt 10, 6). \u00abLas ovejas perdidas\u00bb atraen a Jes\u00fas hacia los marginados de todo tipo, hacia los publicanos y las prostitutas: son la poblaci\u00f3n de frontera espiritual del pueblo de Israel. La misi\u00f3n propia de Jes\u00fas y de los Doce es la convocatoria de la reuni\u00f3n escatol\u00f3gica de Israel.<\/p>\n<p>No faltan contactos de Jes\u00fas con paganos. Mc 7, 24-30 nos refiere la curaci\u00f3n de la hija de la mujer sirofenicia; el di\u00e1logo revela la situaci\u00f3n un tanto forzada para Jes\u00fas: \u00abEl le dec\u00ed\u00ada: Espera que primero se sacien los hijos, pues no est\u00e1 bien tomar el pan de los hijos y ech\u00e1rselo a los perritos\u00bb (v. 27). En el lugar paralelo de Mt 15, 21-28, se subrayar\u00e1 expl\u00ed\u00adcitamente la concentraci\u00f3n de la misi\u00f3n personal de Jes\u00fas (\u00abNo he sido enviado m\u00e1s que a las ovejas perdidas de la casa de Israel\u00bb) y la grandeza de la fe de la mujer (\u00abMujer, grande es tu fe, que te suceda como deseas\u00bb). Tambi\u00e9n en el caso del siervo del centuri\u00f3n curado por Jes\u00fas, este admira su fe: \u00abOs aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendr\u00e1n muchos de oriente y occidente y se pondr\u00e1n a la mesa con Abrah\u00e1n, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino ser\u00e1n echados a las tinieblas de fuera; all\u00ed\u00ad ser\u00e1 el llanto y rechinar de dientes\u00bb (Mt 8, 5-13; ver Lc 7, 1-10 y Jn 4, 46-33). A\u00f1adamos los relatos de las curaciones del geraseno (Mc 5, 1-20, con sus paralelos sin\u00f3pticos), del sordomudo (Mc 7, 31-37) y los episodios jo\u00e1nicos de la samaritana (Jn 4, 1-41, con su final: \u00abSabemos que \u00e9ste es verdaderamente el Salvador del mundo\u00bb) y de los griegos que sub\u00ed\u00adan a adorar en la fiesta (Jn 12, 20 ss). Este material, m\u00e1s bien escaso, de los contactos directos de Jes\u00fas con extra\u00f1os a los jud\u00ed\u00ados, es transmitido por evangelistas situados ya en el contexto de la misi\u00f3n gentil, que seguramente hubieran deseado encontrar un material m\u00e1s abundante. Este hecho a nosotros nos confirma en el conocimiento de la conciencia de Jes\u00fas sobre su misi\u00f3n personal concentrada en Israel, al mismo tiempo que muestra su visi\u00f3n de un Reino tambi\u00e9n abierto a la fe de los paganos (Sanders). El evangelista Mateo, situado ya en el contexto de una Iglesia realizada entre paganos y rechazada por el Juda\u00ed\u00adsmo, ha marcado con el lenguaje de su teolog\u00ed\u00ada redaccional las palabras de Jes\u00fas (21, 41 y 22, 1-10). En el proyecto del Reino en Jes\u00fas entraba que el Israel renovado representado por los disc\u00ed\u00adpulos fuera luz del mundo y sal de la tierra como signo escatol\u00f3gico de atracci\u00f3n para los pueblos paganos, seg\u00fan las promesas de los profetas y las esperanzas de muchos jud\u00ed\u00ados de su tiempo (Is 2, 2-5; Jer 3, 17; Zac 8, 20-23).<\/p>\n<p>Las palabras de Jes\u00fas de condena sobre Israel (por ejemplo, contra Jerusal\u00e9n, Lc 13, 34s; contra esta generaci\u00f3n, Lc 11, 29-32. 49-51) parecen corresponder a una fase avanzada de su ministerio cuando sus adversarios proyectan su muerte violenta. Son palabras de denuncia prof\u00e9tica con hip\u00e9rboles amenazantes. \u00abIsrael ha entrado en la crisis definitiva de su historia, aunque todav\u00ed\u00ada hay una \u00faltima esperanza de que los oyentes comprendan su situaci\u00f3n (Lc 12, 54-57)\u00bb (Lohfink). Pero Jes\u00fas no ha roto con Israel.<\/p>\n<p>3.4. La Cena la Cruz de Jes\u00fas<br \/>\nDe la semana \u00faltima que Jes\u00fas y sus disc\u00ed\u00adpulos vivieron en Jerusal\u00e9n \u2014la semana preparatoria de aquella Pascua del 14 de Nis\u00e1n\u2014 destacamos dos acontecimientos: la Ultima Cena y la Crucifixi\u00f3n de Jes\u00fas, condenado a muerte por Pilato. Son dos episodios que, en los relatos de los cuatro evangelios, suceden en 24 horas y aparecen interconexionados entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>Varias l\u00ed\u00adneas dibujan el marco hist\u00f3rico y simb\u00f3lico de esa jornada de enorme densidad de historia salv\u00ed\u00adfica: a) las serias controversias de Jes\u00fas con los grupos fariseos, herodianos y saduceos y sus discrepancias con quienes quer\u00ed\u00adan hacer de \u00e9l un Mes\u00ed\u00adas temporal antirromano, hab\u00ed\u00adan pasado a ser ya graves conflictos con la m\u00e1xima autoridad de Israel representada en el Sanedr\u00ed\u00adn (Mc 11, 27-33; 14, 1-2 y paralelos); b) Las sombras del incierto y peligroso futuro se proyectaban en las instrucciones que Jes\u00fas ofrec\u00ed\u00ada a sus sorprendidos disc\u00ed\u00adpulos, que deb\u00ed\u00adan aprender ante todo servir sin pensar en grandezas (Mc 10, 32-45 y paralelos); c) la conspiraci\u00f3n de \u00ablos sumos sacerdotes y escribas (que) buscaban c\u00f3mo prenderle con enga\u00f1o y matarle\u00bb (Mc 14, 1 y paralelos), hab\u00ed\u00adan encontrado una oportunidad en la traici\u00f3n y complicidad para entreg\u00e1rselo por parte de Judas Iscariote, \u00abuno de los Doce\u00bb (Mc 14, 10). Otras circunstancias que rodeaban a esos acontecimientos, les daban hondura de sentido y fuerza de simbolismo religioso: a) la comensalidad de Jes\u00fas a lo largo de su ministerio con publicanos y pecadores (Mt 11, 18s) apuntaba hacia la nueva era del banquete mesi\u00e1nico, como lo significa la comparaci\u00f3n del Reino de Dios con el banquete de bodas (Mt 22, 1-14) con su trasfondo prof\u00e9tico recibido en el Juda\u00ed\u00adsmo (Is 25, 6-10); d) El ambiente circundante de la fiesta de la Pascua israelita, con la memoria prof\u00e9tica del cordero victimado y del Dios liberador (Ex 12, 1-28), invitaba a elevar la mirada hacia una historia salv\u00ed\u00adfica trascendente. Este doble trasfondo colaborar\u00e1 a profundizar en el sentido de la Ultima Cena y de la Crucifixi\u00f3n en los distintos relatos y reflexiones de la tradici\u00f3n cristiana sobre ambos acontecimientos. Nosotros nos limitamos a situarlos en el proceso que nos lleva desde Jes\u00fas a la Iglesia.<\/p>\n<p>En los relatos de la Ultima Cena adquiere particular relieve el gesto de la voluntaria entrega de Jes\u00fas a la muerte, que est\u00e1 significada por la \u00abinstituci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada\u00bb (transmitido por los tres sin\u00f3pticos y por 1 Cor 11, 23-25, m\u00e1s af\u00ed\u00adn al texto lucano). La presencia de los Doce est\u00e1 subrayada en el relato, con su peculiar representatividad del Israel en v\u00ed\u00adas de restauraci\u00f3n a pesar del rechazo oficial: \u00abJudas Iscariote, uno de los Doce\u00bb; \u00abal atardecer, llega \u00e9l con los Doce\u00bb; \u00abuno de los Doce que moja conmigo en el mismo plato\u00bb (Mc 14, 10. 17. 20; ver Mt 26, 14. 20; Lc 22, 3, 22, 14 \u00abcon los ap\u00f3stoles\u00bb por su particular preferencia hacia la equivalencia entre \u00ablos Doce\u00bb y \u00ablos ap\u00f3stoles\u00bb, sobre todo a lo largo de Hechos).<\/p>\n<p>Es una acci\u00f3n significativa en la trayectoria del Reino de Dios: \u00abYo os aseguro que ya no beber\u00e9 del producto de la vid hasta el d\u00ed\u00ada que lo beba nuevo en el Reino de Dios\u00bb (Mc 14, 25). De forma parecida en Mt 26, 29, \u00aben el Reino de mi Padre\u00bb; lo mismo Lucas en 22, 18, que poco antes hab\u00ed\u00ada escrito (v. 16): \u00abPorque os digo que ya no la comer\u00e9 (la Pascua) hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios\u00bb. Son alusiones al banquete escatol\u00f3gico.<\/p>\n<p>El sentido salv\u00ed\u00adfico de la Cena y de la Muerte de Jes\u00fas se expresa de forma diferente en los distintos relatos de la Cena, pero todos mantienen el sentido de muerte expiatoria con car\u00e1cter de Alianza. Marcos dice: \u00abEsta es mi sangre de la alianza que es derramada por muchos\u00bb (Mc 14, 24). Mateo explicita m\u00e1s: \u00ab&#8230;mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perd\u00f3n de los pecados\u00bb (Mt 26, 28). La Alianza es aludida en el texto transmitido por Pablo y por Lc 22, 19-20: \u00abEste es mi cuerpo que se entrega por vosotros&#8230; Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre, que se derrama por vosotros\u00bb. Pablo har\u00e1 m\u00e1s expresiva la relaci\u00f3n con la muerte de Jes\u00fas: \u00abCada vez que com\u00e1is este pan y beb\u00e1is de este c\u00e1liz, anunci\u00e1is la muerte del Se\u00f1or, hasta que venga\u00bb (1 Cor 11, 26).<\/p>\n<p>\u00abComo anta\u00f1o, en el Sina\u00ed\u00ad, la sangre de las v\u00ed\u00adctimas sell\u00f3 la alianza de Yahv\u00e9 con su pueblo, Ex 24, 4-8, ver G\u00e9n 15, 1, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n, sobre la cruz, la sangre de la v\u00ed\u00adctima perfecta, Jes\u00fas, va a sellar entre Dios y los hombres la alianza \u00abnueva\u00bb, ver Lc 22, 20, que anunciaron los profetas, Jer 31, 31. Jes\u00fas se atribuye la misi\u00f3n de redenci\u00f3n universal asignada por Isa\u00ed\u00adas al \u00abSiervo de Yahv\u00e9\u00bb, Is 42, 6; 49, 6; 53, 12 ver 42, 1; Heb 8, 8; 9. 15; 12, 24. (Nota de la Biblia de Jerusal\u00e9n a Mt 26, 28 b).<\/p>\n<p>Los relatos de la Pasi\u00f3n nos dan con detalle el sufrimiento y entrega de Jes\u00fas hasta la muerte de Cruz para cumplir la voluntad del Padre, sin renegar de su misi\u00f3n en Israel: oraci\u00f3n y agon\u00ed\u00ada en el Huerto de los Olivos, traici\u00f3n de Judas, prendimiento y juicios, huida y negaciones de los disc\u00ed\u00adpulos, juicios del Sanedr\u00ed\u00adn y de Pilato, actitud confiada en Dios Padre expresada por la tradici\u00f3n evang\u00e9lica con las oraciones desde la Cruz, con los salmos: \u00ab\u00c2\u00a1Dios m\u00ed\u00ado, Dios m\u00ed\u00ado! \u00bfPor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb (Sal 22, 2) y \u00abPadre, en tus manos pongo mi esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Sal 31, 6). Quedaba cerca el grupo de mujeres (Mc 15, 40-41) que ser\u00ed\u00adan testigos del retorno del Justo glorificado por Yahv\u00e9 a la \u00abasamblea\u00bb: \u00abContar\u00e9 tu fama a mis hermanos, reunido en asamblea (panal, \u00e9s\u00ed\u00ada) te alabar\u00e9\u00bb (Sal 22, 23).<\/p>\n<p>3.5. comunidad postpascual de Cristo \u00fas Resucitado<br \/>\nA cualquiera le sorprende volver a encontrar reunidos en Jerusal\u00e9n, a los pocos d\u00ed\u00adas de la Crucifixi\u00f3n, a los seguidores poco antes huidos y fracasados ante la Muerte de Jes\u00fas. El movimiento de Jes\u00fas est\u00e1 representado nuclearmente, despu\u00e9s de aquella Pascua, por unos seguidores reagrupados alrededor de los Doce, que asumen de palabra y de obra la causa de Jes\u00fas y dan la cara con libertad y valent\u00ed\u00ada por la causa del Crucificado de quien atestiguan estar vivo.<\/p>\n<p>Este hecho social y testimonial de un movimiento religioso singular que nace en Galilea Jerusal\u00e9n se propaga hacia distintos lugares de la provincia romama de Judea y de otros lugares del Mediterr\u00e1neo, es atestiguado por distintas fuentes cristianas, de diversa \u00ed\u00adndole literaria y cronol\u00f3gica, y, en menor n\u00famero, por otras fuentes no cristianas.<\/p>\n<p>El centro de su fe es la proclamaci\u00f3n de que Jes\u00fas de Nazaret, que fue crucificado y muri\u00f3 por la humanidad, vive resucitado por Dios Padre. Este eje de la fe vertebra toda la vida de las comunidades de sus seguidores y les ofrece la firme esperanza de hacerles superar tambi\u00e9n a ellos el abismo de la muerte. El anuncio de esta realidad fundamental de la Glorificaci\u00f3n de Jes\u00fas se apoya en el testimonio temprano de sus mismos disc\u00ed\u00adpulos, los mismos que le hab\u00ed\u00adan abandonado y que s\u00f3lo con dificultades llegaron a aceptar la verdad e identidad de Jes\u00fas Resucitado. Eso s\u00ed\u00ad, fue una verdad que aceptaron con todas sus gratas e ingratas consecuencias y que proclamaban como Evangelio, gran noticia que compromet\u00ed\u00ada toda su vida.<\/p>\n<p>Tratamos de ver qu\u00e9 signific\u00f3 y significa la Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas para esta comunidad pospascual que a partir de un determinado momento comienza a tener conciencia de ser y llamarse Iglesia de Dios. (Ver 1, 2, \u00abLa Iglesia como comunidad hist\u00f3rica de los seguidores de Jes\u00fas\u00bb).<\/p>\n<p>Veamos ante todo la muestra de un testimonio que nos lleva hasta la primera comunidad pospascual. Pablo ap\u00f3stol recuerda (en el a\u00f1o 57) a los cristianos de Corinto, el Evangelio que les hab\u00ed\u00ada transmitido (a\u00f1os 50 a 52) y que \u00e9l mismo hab\u00ed\u00ada recibido (probablemente en Jerusal\u00e9n hacia el a\u00f1o 37): \u00abQue Cristo muri\u00f3 por nuestros pecados, seg\u00fan las Escrituras; que fue sepultado y que resucit\u00f3 al tercer d\u00ed\u00ada, seg\u00fan las Escrituras; que se apareci\u00f3 a Cefas y luego a los Doce; despu\u00e9s se apareci\u00f3 a m\u00e1s de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todav\u00ed\u00ada la mayor parte viven y otros murieron. Luego se apareci\u00f3 a Santiago; m\u00e1s tarde a todos los ap\u00f3stoles. Y en \u00faltimo t\u00e9rmino se me apareci\u00f3 tambi\u00e9n a m\u00ed\u00ad, que soy como un aborto\u00bb (1 Cor 15, 3-8).<\/p>\n<p>Hemos destacado la afirmaci\u00f3n fundamental de la fe, en la que, junto a los hechos narrados, se da su interpretaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica. Por la v\u00ed\u00ada de otras confesiones de fe (v. gr. 1 Tes 1, 9. 10; Rom 10, 9; 4, 24; 1 Cor 6, 14; 2 Cor 4, 14), los autores (J. Gnilka, Krammer, S. Vidal) llegan a ver la expresi\u00f3n m\u00e1s antigua de ellas en una acci\u00f3n de gracias primitiva: \u00abBendito sea Dios Padre que resucit\u00f3 (\u00e9geiren, levant\u00f3, despert\u00f3) a Jes\u00fas de entre los muertos\u00bb.<\/p>\n<p>Hay aqu\u00ed\u00ad una oraci\u00f3n agradecida a Dios Padre que, como sujeto activo, ha salido en defensa del Justo Jes\u00fas y ha confirmado su inocencia y su causa en medio de su pueblo y, seg\u00fan la escatolog\u00ed\u00ada apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada, ha adelantado en Jes\u00fas los acontecimientos del final de los tiempos. \u00c2\u00a1Todo lo suyo es verdad!<br \/>\nLa acci\u00f3n resucitadora de Dios en Jes\u00fas tiene tambi\u00e9n su repercusi\u00f3n en la animaci\u00f3n de la fe de los testigos que lo han \u00abvisto\u00bb, a quienes se ha \u00abdejado ver\u00bb (ofz\u00e9), es decir, que lo han experimentado vivencialmente, como \u00abel mismo\u00bb de antes. Les queda tambi\u00e9n la se\u00f1al externa del sepulcro vac\u00ed\u00ado. Todos los Evangelios, en sus \u00abrelatos de las apariciones del Resucitado\u00bb (Mc 16, 1-20; Mt 28, 1-20; Lc 24, 1-49 y He 1, 1-11; Jn 20 y 21), dedican amplio espacio a los encuentros de los creyentes individuales con el Resucitado: las dos Mar\u00ed\u00adas, Mar\u00ed\u00ada Magdalena y los disc\u00ed\u00adpulos de Ema\u00fas. \u00abTratan de escenificar su a la fe en resurrecci\u00f3n, ofreci\u00e9ndonos ejemplarizado el camino posible para rehacer la experiencia pascual\u00bb (J. J. Bartolom\u00e9).<\/p>\n<p>Estos mismos relatos contienen adem\u00e1s, en las apariciones a los disc\u00ed\u00adpulos en grupo, los \u00faltimos elementos constituyentes del proceso fundacional de la comunidad eclesial. Situados al final de cada Evangelio como culminaci\u00f3n de los relatos de la Pasi\u00f3n, est\u00e1n redactados en una \u00e9poca (\u00faltimo tercio del siglo primero) en la que la Iglesia hab\u00ed\u00ada tenido ya un amplio recorrido en la historia y se hab\u00ed\u00ada abierto a la Gentilidad. Por sus coincidencias podemos emparejar a Mc-Mt (Galilea) y a Lc-Jn (Jerusal\u00e9n y -Jn en el ep\u00ed\u00adlogo- Galilea).<\/p>\n<p>&#8211; Jes\u00fas , en todos ellos, plena autoridad, transmite a la comude los Once, misi\u00f3n universal de salvaci\u00f3n (Mt 28, 18-19; Mc 16, 15-16; Lc 24, 46-48; Jn 20, 21-23).<\/p>\n<p>&#8211; Jes\u00fas les seguir\u00e1 acom\u00f1ando en su \u00f3n (Mt 28, 20; Mc 16, 17-19; Lc 24, 49).<\/p>\n<p>&#8211; Jes\u00fas garantiza el Esp\u00ed\u00adritu Santo creador e \u00e9rprete de las Escrituras para comprender y realizar su obra (Lc 24, 45. 49; Jn 20, 22-23).<\/p>\n<p>&#8211; Jes\u00fas manda bautizar y transmitir sus ense\u00f1anzas mandatos (Mt 28, 19. 20; Mc 16, 16).<\/p>\n<p>En la misi\u00f3n de los \u00ed\u00adpulos, Jes\u00fas la funci\u00f3n pastoral de Pedro: (Jn 21, 15-17) al que conviene a\u00f1adir Mt 16, 18-19 \u00abT\u00fa eres Pedro y sobre esta piedra edificar\u00e9 mi Iglesia\u00bb, considerado actualmente de forma generalizada por los ex\u00e9getas como un pospascual, que el Evangelio de Mt, tendente a la sistematizaci\u00f3n, ha anticipado a la confesi\u00f3n de fe de Cesarea de Filipo.<\/p>\n<p>En la trayectoria de la comunidad de los seguidores de Jes\u00fas hay elementos de continuidad y de discontinuidad. En la comunidad pospascual siguen los disc\u00ed\u00adpulos y los Doce que han acogido la venida del Reino de Dios proclamada por Jes\u00fas y prosiguen su anuncio ante Israel; pero el centro de su mensaje lo ocupa ahora Cristo Jes\u00fas Crucificado y Resucitado como primicia del Reino y de la obra de la salvaci\u00f3n. Contin\u00faan sinti\u00e9ndose parte del Pueblo de la Alianza y leen la Palabra de las Escrituras; pero son ya la comunidad de la Alianza y adoptan el nombre de Iglesia, realidad escatol\u00f3gica del Pueblo de Dios. El Bautismo con agua y la comida con el Se\u00f1or pasan a signos de la uni\u00f3n con Jes\u00fas el Se\u00f1or Crucificado y Resucitado.<\/p>\n<p>La novedad de la presencia activa de Jes\u00fas Resucitado y de la donaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo les anima a la proclamaci\u00f3n del , a pesar de las persecuciones y les abre a la hora de la misi\u00f3n entre paganos. La memoria del Jes\u00fas viviente y la conciencia de ser habitados por el Esp\u00ed\u00adritu Santo les mueve a leer las Escrituras que les hacen penetrar en el Misterio de Cristo y de la Iglesia. Acogen as\u00ed\u00ad la gu\u00ed\u00ada y la autoridad de los ap\u00f3stoles con Sim\u00f3n Pedro al frente, para adoptar las nuevas formas institucionales de la Iglesia.<\/p>\n<p>3.6. \u00f3n final<br \/>\nLa m\u00faltiple relaci\u00f3n de Jes\u00fas con la Iglesia se enriquece con reciprocidad. El trasfondo veterotestamentario y el contexto del Juda\u00ed\u00adsmo contempor\u00e1neo iluminan la figura de Jes\u00fas de Nazaret y nos ayudan a comprender mejor a la Iglesia como obra del plan salv\u00ed\u00adfico de Dios. La contemplaci\u00f3n de la persona de Cristo Jes\u00fas Muerto y Resucitado nos abre el camino hacia el Misterio de Cristo en la Iglesia y el Misterio del Dios trinitario como nos los ofrecen los textos maduros neotestamentarios y el Concilio Vaticano II.<\/p>\n<p>El planteamiento hist\u00f3rico desde Jes\u00fas a la Iglesia sigue interes\u00e1ndonos mucho en el mundo contempor\u00e1neo. Pero donde se plantea la tarea m\u00e1s urgente hoy es en el logro de que la Iglesia sea y aparezca como verdadero testimonio de Jes\u00fas de Nazaret.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; R. AGUIRRE, movimiento de jes\u00fas a la Iglesia cristiana, Estella, Verbo Divino, 1998; J. A. ESTRADA, comprender c\u00f3mo surgi\u00f3 la Iglesia, Estella, Verbo Divino, 1999; C. FLORIST\u00ed\u0081N, \u00fas, el Reino y la Iglesia, en palabras clave sobre jes\u00fas de Nazaret, Estella, Verbo Divino, 1999, pp. 249-293; M. KEHL, Iglesia. Eclesiolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica, Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1996; G. LOHFINK, Iglesia que jes\u00fas quer\u00ed\u00ada, Bilbao, DDB, 2&#8242; ed. 1986; S. PIE NINOT, : II. jes\u00fas y la Iglesia en R. LATOURELLE R. FISICHELLA (eds.), de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Madrid, Paulinas, 1992, pp. 629-640; E. P. SANDERS, figura hist\u00f3rica de jes\u00fas, Estella, Verbo Divino, 2000.<\/p>\n<p>\u00e9 Angel Ubieta<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DJN \u00c2\u00a0 El inter\u00e9s por la relaci\u00f3n entre Jes\u00fas y la Iglesia se ha presentado de diversas maneras a lo largo de la historia del cristianismo. Tambi\u00e9n hoy necesitamos conocer los diversos aspectos de esta relaci\u00f3n tanto desde el punto de vista de los or\u00ed\u00adgenes hist\u00f3ricos de la Iglesia como en el orden teol\u00f3gico, espiritual &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iglesia-jesus-y-la\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abIGLESIA, JESUS Y LA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15599","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15599","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15599"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15599\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15599"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15599"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15599"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}