{"id":15628,"date":"2016-02-05T10:10:17","date_gmt":"2016-02-05T15:10:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mirada-de-jesus\/"},"modified":"2016-02-05T10:10:17","modified_gmt":"2016-02-05T15:10:17","slug":"mirada-de-jesus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mirada-de-jesus\/","title":{"rendered":"MIRADA DE JESUS"},"content":{"rendered":"<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: 1. Jes\u00fas, la mirada de Dios -2. La mirada al \u00abJoven\u00bb rico: Una mirada de cari\u00f1o perdida. &#8211; 3. La mirada a Zaqueo: Una mirada aceptada. &#8211; 4. La mirada a la naturaleza: Una mirada sapiencia) y festiva. &#8211; 5. Mirada airada. &#8211; 6. La mirada a Pedro. &#8211; 7. La mirada a Judas. &#8211; 8. La mirada a la mujer &#8211; 9. La mirada desde la cruz.<\/p>\n<p>Las posibilidades de acercarse al Evangelio y de acercar el Evangelio a nuestras vidas son insospechadas; en buena parte dependen de la sensibilidad del lector\/oyente. Frecuentemente hacemos una lectura\/escucha reducida del Evangelio porque nos acercamos a \u00e9l desde una perspectiva limitada -intelectual o moralizante-, olvidando otras v\u00ed\u00adas de acceso como la del sentimiento, la est\u00e9tica. En el Evangelio hay que prestar atenci\u00f3n a todo: a las palabras y a los silencios (Mc 15,5; Mt 26,23); a las obras y a los gestos. Porque el hombre no s\u00f3lo se expresa verbalmente; tiene otros medios y modos, entre ellos la mirada. \u00c2\u00a1Qu\u00e9 mirada tan expresiva!, solemos decir.<\/p>\n<p>Hay miradas indiferentes y de indiferencia, concupiscentes, irrespetuosas; hay tambi\u00e9n miradas de ternura, confidenciales, alentadoras&#8230;<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo era la mirada de Jes\u00fas? A Jes\u00fas no s\u00f3lo no hay que perderle de vista (Hb 12, 1-2), sino que tampoco hay que perder de vista su mirada ni su punto de mira, el coraz\u00f3n. Los evangelios conservan diferentes \u00abmiradas\u00bb de Jes\u00fas; si los ojos son el reflejo del alma, a trav\u00e9s de ellas podremos llegar a conocer los \u00absentimientos de Cristo Jes\u00fas\u00bb (Flp 2,6), para interiorizarlos y hacerlos propios. Y todos necesitamos ese cruce de miradas clarificador, pues en la mirada de Cristo se percibe la profundidad de un amor eterno e infinito que toca las ra\u00ed\u00adces m\u00e1s profundas del ser.<\/p>\n<p>Contemplar la mirada de Jes\u00fas nos servir\u00e1, tambi\u00e9n, para aprender a mirar cristianamente la realidad. Te aconsejo colirio para ungir tus ojos y poder ver, advirti\u00f3 el Testigo fiel al \u00e1ngel de la Iglesia de Laodicea (Apo 3, 18). Contemplar la mirada de Jes\u00fas puede surtir en nosotros los efectos de ese colirio clarificador.<\/p>\n<p>1. Jes\u00fas, la mirada de Dios. \u00abDe muchos modos habl\u00f3 Dios en el pasado a nuestros Padres; hoy nos ha hablado en su Hijo\u00bb (Hb 1, 1-2). Sin apartarnos del esp\u00ed\u00adritu de esta afirmaci\u00f3n, podemos decir: \u00abDe muchos modos mir\u00f3 Dios en el pasado al mundo y al hombre; hoy nos ha mirado en el Hijo\u00bb. Mir\u00f3 a su obra creadora: \u00abVio Dios todo cuanto hab\u00ed\u00ada hecho, y he aqu\u00ed\u00ad que estaba muy bien\u00bb (Gn 1, 31). Mir\u00f3 al hombre y a su obra demoledora: \u00abViendo Dios que la maldad del hombre cund\u00ed\u00ada en la tierra, y que todos los pensamientos que ideaba su coraz\u00f3n eran puro mal de continuo, le pes\u00f3 a Dios de haber hecho al hombre, y se indign\u00f3 en su coraz\u00f3n\u00bb (Gn 6, 5-6; ef Sal 14, 2). Mir\u00f3 a su pueblo en Egipto: \u00abBien vista tengo la aflicci\u00f3n de mi pueblo en Egipto&#8230; conozco sus sufrimientos. He bajado para librarle\u00bb (Ex 3, 7-8). Dios no s\u00f3lo ha hablado al mundo y al hombre, tambi\u00e9n los ha mirado, y Jes\u00fas es esa mirada plena, definitiva y exhaustiva de Dios. Cristo no es s\u00f3lo la Palabra de Dios encarnada; encarna tambi\u00e9n su mirada: entra\u00f1able, benevolente, misericordiosa, paterna. \u00abTanto am\u00f3 Dios al mundo que le envi\u00f3 a su Hijo \u00fanico, para que todo el que crea en \u00e9l no perezca, sino que tenga vida eterna\u00bb (Jn 3,16). Y si a Jes\u00fas, en cuanto encarnaci\u00f3n de la Palabra de Dios, hemos de escucharle (cf Mc 9,7); en cuanto encarnaci\u00f3n de su mirada, hemos de contemplarte con atenci\u00f3n (cf Lc 4, 20), porque el modo de ser y de hacer de Jes\u00fas nos traducen la mirada de Dios. Descubrir esa mirada profunda, personal y cordial manifestada en Jes\u00fas nos ayudar\u00e1 a superar los miedos, a deshacer las dudas y a iluminar las oscuridades de nuestro caminar en la vida, sabiendo que \u00abT\u00fa me sondeas y me conoces&#8230; y que todas mis sendas te son manifiestas\u00bb (Sal 139, 1-3).<br \/>\n2. La mirada al \u00abJoven\u00bb rico: Una mirada de cari\u00f1o perdida. A pesar de que el relato lo transmitan los tres evangelios sin\u00f3pticos, la mirada la conserva s\u00f3lo el de san Marcos (10,21). Un hombre rico busca caminos de salvaci\u00f3n. Su pregunta -\u00bfQu\u00e9 he de hacer para conseguir la vida eterna? (Mc 10, 17)- deja entrever el desconcierto de la gente piadosa de aquel tiempo ante las variadas interpretaciones de la Ley. Se acerca a Jes\u00fas, llam\u00e1ndole Maestro bueno, porque sabemos que eres veraz&#8230;, y que ense\u00f1as con sinceridad el camino de Dios (Mc 12,14). Pero Dios ya hab\u00ed\u00ada hablado; por eso Jes\u00fas le remite a la palabra de Dios: los mandamientos (Mc 10, 19). Expresamente recuerda los mandamientos de la \u00absegunda tabla\u00bb, los llamados mandamientos sociales. Y es que a Dios no hay que buscarle por sendas ocultas: El nos sale permanentemente al encuentro en el pr\u00f3jimo. La reacci\u00f3n del hombre -Todas esas cosas las he observado desde la adolescencia (Mc 10, 20)- parec\u00ed\u00ada poner fin a la cuesti\u00f3n: pod\u00ed\u00ada estar tranquilo, estaba en el buen camino. Sin embargo todo comienza a partir de ah\u00ed\u00ad. Conmovido y cautivado por la honestidad y sinceridad de aquel hombre, Jes\u00fas, mir\u00e1ndole, sinti\u00f3 cari\u00f1o por \u00e9l y le dijo: \u00abUna cosa te falta. Vende cuanto tienes y dalo a los pobres&#8230; y luego s\u00ed\u00adgueme\u00bb (Mc 10, 21). Al mero cumplimiento de la Ley, Jes\u00fas ofrece la plenitud de la Ley (cf Mt 5, 17). La propuesta, exigente sin duda, va envuelta en una mirada de cari\u00f1o, que, si reconoce y celebra el bien hecho, es, sobre todo, est\u00ed\u00admulo para nuevas conquistas: liberarse para seguirle. El v. 22 es sombr\u00ed\u00ado, la luz que se hab\u00ed\u00ada encendido en la mirada y con la mirada de Jes\u00fas, se apag\u00f3 inmediatamente. Quien se acerc\u00f3 corriendo (Mc 10, 17), se retir\u00f3 entristecido y disgustado (Mc 10, 22). Si Jes\u00fas le hubiera pedido un aumento sustancial de sus limosnas, probablemente no se habr\u00ed\u00ada echado atr\u00e1s; pero le pidi\u00f3&#8230; \u00c2\u00a1hacerse limosna! Aquel hombre cumpl\u00ed\u00ada \u00ablos\u00bb mandamientos sin cumplir \u00abel\u00bb mandamiento: amar a Dios sobre todas las cosas (Ex 20, 3-4). El final del encuentro es decepcionante, \u00bfpor qu\u00e9? Quiz\u00e1 porque aquel hombre oy\u00f3 s\u00f3lo las palabras radicales de Jes\u00fas, pero no le mir\u00f3 a los ojos. De haberlo hecho, habr\u00ed\u00ada descubierto que esa tarea imposible para los hombres, no lo es para Dios. Pues Dios lo puede todo (Mc 10,27). Y Jes\u00fas es esa mano tendida por Dios para hacer posible lo imposible.<\/p>\n<p>3. La mirada a Zaqueo: Una mirada aceptada. Los elementos a destacar en este relato, exclusivo del evangelio de san Lucas (19, 1-10) son m\u00faltiples y significativos. Entre esos elementos quisiera subrayar uno: la mirada, o mejor, las miradas, porque hay dos: la de Zaqueo, curiosa, y la de Jes\u00fas, salvadora. Zaqueo, jefe de publicanos, intentaba ver qui\u00e9n era Jes\u00fas (19, 2.3). Quer\u00ed\u00ada conocer al hombre que, a diferencia de los escribas y fariseos, no condenaba, sin m\u00e1s, a los publicanos; pero no quer\u00ed\u00ada ser visto, porque ten\u00ed\u00ada mucho dinero (19, 2) y no era conveniente mezclarse con aquella gente desclasada que acompa\u00f1aba al rabb\u00ed\u00ad de Nazaret. Por eso se subi\u00f3 a un sic\u00f3moro para verlo, pues deb\u00ed\u00ada pasar por all\u00ed\u00ad (19, 4). Quer\u00ed\u00ada ver sin ser visto; pero no consigui\u00f3 su prop\u00f3sito, o lo consigui\u00f3 s\u00f3lo a medias. Al pasar Jes\u00fas, con su atenta mirada, le descubre, camuflado entre el tupido ramaje del sic\u00f3moro, y, sobre todo, le descubre el futuro. La mirada de Jes\u00fas se traduce en deseo: Quiero hospedarme en tu casa (19, 5). Zaqueo acept\u00f3 ser descubierto y acept\u00f3 el descubrimiento que aquella mirada le ofrec\u00ed\u00ada. No se lo pens\u00f3 dos veces, baj\u00f3 deprisa y lo recibi\u00f3 con gozo (19, 6). Y ya no apart\u00f3 sus ojos de los de Jes\u00fas. Era verdad aquel rumor-cr\u00ed\u00adtica de que el profeta de Nazaret era amigo de publicanos y pecadores (Lc 7, 34) y que no ten\u00ed\u00ada reparos en compartir con ellos la mesa (Mc 2, 15). \u00c2\u00a1El lo estaba experimentando ahora! En aquella mirada, Zaqueo se sinti\u00f3 llamado y amado. Jes\u00fas no juzg\u00f3 su vida ni la moraliz\u00f3, sencillamente la visit\u00f3. Y esa visita cordial, abierta y desprogramada fue suficiente para que Zaqueo comprendiera el alcance del gesto. Ninguna reconvenci\u00f3n, ning\u00fan reproche&#8230; Jes\u00fas le mir\u00f3. Y en aquella mirada Zaqueo descubri\u00f3 esperanza, futuro, amor&#8230;; y aquella mirada le convirti\u00f3: Se\u00f1or, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y en caso de que haya defraudado a alguien, le devolver\u00e9 el cu\u00e1druplo (19, 8). Todo termin\u00f3 en fiesta, con un cambio trascendente: el publicano Zaqueo es reconocido como hijo de Abrah\u00e1n (19, 9). Y es que saber mirar puede ser el est\u00ed\u00admulo para iniciar nuevos caminos.<\/p>\n<p>4. La mirada a la naturaleza: Una mirada sapiencial y festiva. En esta hipersensibilizaci\u00f3n ecol\u00f3gica en que estamos inmersos, la presente reflexi\u00f3n podr\u00ed\u00ada parecer una concesi\u00f3n a la moda en curso, pero no es as\u00ed\u00ad. La naturaleza fue objeto de una atenci\u00f3n particular de Jes\u00fas. El fuerte ritmo que en los \u00faltimos a\u00f1os impuso a su vida, no le impidi\u00f3 admirar la belleza de los lirios (Mt 6,28), la libertad de las aves (Mt 6,26), el secreto germinar de las plantas (Mt 13, 26), el explosivo brotar de los \u00e1rboles (Mt 24, 32) el sentido de la direcci\u00f3n de los vientos (Lc 12, 55) o la variedad crom\u00e1tica de los cielos (Mt 16, 2-3)&#8230; Si no pareciera un anacronismo, podr\u00ed\u00ada decirse que en Jes\u00fas se daba ya lo que m\u00e1s tarde se ha llamado \u00abvisi\u00f3n franciscana\u00bb de la creaci\u00f3n. Para \u00e9l la creaci\u00f3n no era una cosa, sino una obra de Dios, providentemente cuidada y portadora de un profundo mensaje. La mirada de Jes\u00fas a la creaci\u00f3n es doble: est\u00e9tica, cautivada por su belleza y armon\u00ed\u00ada, y sapiencial, capaz de escuchar el \u00absentido\u00bb y la \u00abvoz\u00bb\u00bb depositados por Dios en ella. Jes\u00fas conoc\u00ed\u00ada y en \u00e9l resonaban las palabras del salmo 19: Los cielos cuentan la gloria de Dios, la obra de sus manos anuncia el firmamento&#8230;, y las del canto de Daniel (Dn 3, 57-88 donde toda la creaci\u00f3n es invitada a unirse a la aclamaci\u00f3n universal de la gloria de Dios, preludios ambos del canto franciscano del Hermano Sol. Y es que la creaci\u00f3n no es una realidad af\u00f3nica, muda, sino elocuente. Escuchar la voz de la creaci\u00f3n ayuda a escuchar la voz de Dios; y contemplar la creaci\u00f3n desde esa expectativa supone adoptar un \u00e1ngulo de visi\u00f3n, una perspectiva l\u00facida y luminosa. Frente a la mirada ego\u00ed\u00adsta y explotadora, la mirada de Jes\u00fas revalida y reivindica la gratuidad y la belleza de la creaci\u00f3n, surgida de las manos amorosas de Dios.<\/p>\n<p>5. Mirada airada. No es una mirada f\u00e1cil de asimilar, quiz\u00e1 por eso los evangelios de Mateo (19, 9-14) y Lucas (6, 6-11) la han omitido; sin embargo es una mirada real y evang\u00e9lica (Mc 3, 1-6). Les invito a leer el texto del evangelio de Marcos apenas citado. La actitud hip\u00f3crita, inhumana e imp\u00ed\u00ada de aquellos legalistas fariseos apen\u00f3 profundamente a Jes\u00fas, que \u00ables mir\u00f3 con ira\u00bb (Mc 3,5). Nos resulta dif\u00ed\u00adcil encajar esta mirada en quien se manifiesta \u00abmanso de coraz\u00f3n\u00bb (Mt 11,29) y declara \u00abbienaventurados a los mansos\u00bb (Mt 5, 4). Nos resulta dif\u00ed\u00adcil encajar esta mirada en quien proh\u00ed\u00adbe airarse contra su hermano (Mt 5, 22)&#8230; Nos resulta dif\u00ed\u00adcil encajar esta mirada&#8230;, y sin embargo es una mirada de Jes\u00fas. No es la ira del arrebato pasional e irracional, sino la del dolor por la ausencia de compasi\u00f3n; expresi\u00f3n de una humanidad dolorida por la falta de humanidad, sofocada con el pretexto de observancias religiosas. La ira de Jes\u00fas prolonga y evoca la ira de Dios en el Antiguo Testamento, que no es sino un antropomorfismo (un modo humano de hablar) para expresar el dolor de Dios y su no indiferencia ante el deterioro del hombre por el pecado. La mirada airada de Jes\u00fas expresa la decepci\u00f3n por unos gu\u00ed\u00adas ciegos, que no s\u00f3lo confunden a Dios sino que lo deforman y no comprenden que la gloria de Dios es que el hombre viva. La mirada airada de Jes\u00fas es una mirada revulsiva, para sacar a aquellos hombres de una religiosidad ritual, que se nutr\u00ed\u00ada de observancias, y colocarlos en el camino de la fe, que \u00abse act\u00faa en la caridad\u00bb (Gal 5, 6). Tambi\u00e9n nosotros necesitamos contemplar esta mirada airada, porque puede que a\u00fan participemos de aquella dureza de coraz\u00f3n que Jes\u00fas, apenado, descubri\u00f3 en sus contempor\u00e1neos.<br \/>\n5. La mirada a Pedro. Seguramente que las miradas de Jes\u00fas y de Pedro se cruzaron muchas veces (Jn 1, 42; Mt 16, 17-18. 23- 17, 25ss; 26, 33-35; Jn 13, 6-10), pero hay una del todo particular, porque es la \u00faltima y en una situaci\u00f3n l\u00ed\u00admite; la transmite s\u00f3lo el evangelio de san Lucas. Pedro acababa de negar y renegar de Jes\u00fas&#8230; \u00abEn aquel momento, estando a\u00fan hablando, cant\u00f3 un gallo, y el Se\u00f1or se volvi\u00f3 y mir\u00f3 a Pedro, y record\u00f3 Pedro las palabras del Se\u00f1or&#8230; Y, saliendo fuera, rompi\u00f3 a llorar amargamente\u00bb (Lc 22, 60-62). \u00c2\u00a1Imposible entrar en el misterio de ese cruce de miradas! \u00c2\u00a1Cu\u00e1nta comprensi\u00f3n y esperanza debi\u00f3 percibir Pedro en ella! Se sinti\u00f3 descubierto, s\u00ed\u00ad, pero no condenado. M\u00e1s que de reproche, la mirada de Jes\u00fas fue una propuesta renovada de amistad. Una mirada dolorida, porque el amor nunca es indiferente ante la infidelidad, pero sobre todo fue una mirada acogedora y compasiva, porque \u00abel amor no lleva cuentas del mal\u00bb (1 Cor 13, 5). A la luz de esa mirada, Pedro, en un instante, reley\u00f3 toda su vida, no s\u00f3lo aquel momento y llor\u00f3, pero no desesper\u00f3. Aquella mirada le hizo renacer; se dej\u00f3 mirar as\u00ed\u00ad y esto le salv\u00f3. A diferencia de Judas, quien rechaz\u00e1ndola, \u00abfue y se ahorc\u00f3\u00bb (Mt 27, 5). La mirada de Jes\u00fas es siempre una oportunidad. Como en la par\u00e1bola de la higuera est\u00e9ril, cual vi\u00f1ador celoso, \u00e9l est\u00e1 siempre dispuesto a pedir otra oportunidad al due\u00f1o de la vi\u00f1a para aquella higuera infructuosa, antes de proceder a su arrancamiento. Mientras tanto, se encargar\u00e1 de cavar en su derredor y abonarla convenientemente a ver si logra que d\u00e9 frutos (Lc 13,6-9).<\/p>\n<p>Este es siempre el tono de la mirada de Jes\u00fas: propuesta misericordiosa de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>7. La mirada a Judas. Se ha escrito mucho sobre el beso de Judas; no tanto sobre la mirada a Judas. Y debi\u00f3 ser muy elocuente. El seguimiento de Jes\u00fas por parte de Judas transcurri\u00f3 entre el entusiasmo y la decepci\u00f3n; y \u00e9sta acab\u00f3 imponi\u00e9ndose. Su traici\u00f3n es el resultado de una ilusi\u00f3n frustrada. Como los disc\u00ed\u00adpulos de Ema\u00fas, Judas esperaba que Jes\u00fas \u00abser\u00ed\u00ada el que iba a librar a Israel\u00bb (Lc 24, 21) y, como el resto de los \u00abdiez\u00bb, se sinti\u00f3 molesto ante las pretensiones hegem\u00f3nicas de Juan y Santiago (Mc 10, 41). \u00bfAmaba Judas a Jes\u00fas? \u00bfLo segu\u00ed\u00ada s\u00f3lo interesadamente? Nunca lo sabremos con certeza. Lo que s\u00ed\u00ad sabemos con seguridad es que Jes\u00fas amaba a Judas y se fiaba de \u00e9l; por eso le eligi\u00f3 para formar parte de los Doce (Mc 3, 13ss) y le confi\u00f3 la administraci\u00f3n de los bienes Jn 12,6; 13, 19). La traici\u00f3n, pues, no era s\u00f3lo el fracaso de Judas, tambi\u00e9n para Jes\u00fas supon\u00ed\u00ada un fracaso. \u00c2\u00a1Tanto tiempo, tanta intimidad&#8230;, perdidos! Hasta el \u00faltimo momento Jes\u00fas intent\u00f3 recuperarlo. Por eso lav\u00f3 los pies que ya hab\u00ed\u00adan hecho parte del camino de la traici\u00f3n. En Getseman\u00ed\u00ad, en el momento del beso, en los Ojos de Jes\u00fas debi\u00f3 aflorar una tristeza infinita, no tanto por El, que ya hab\u00ed\u00ada asumido beber el c\u00e1liz (Mc 14, 36), cuanto por la p\u00e9rdida de un amigo. As\u00ed\u00ad le afront\u00f3 Jes\u00fas al acercarse: \u00c2\u00a1Amigo! (Mt 26, 50). No le retira la amistad; se la recuerda y se la ofrece de nuevo. Es el encuentro de dos libertades: la de Judas, que se vende y vende, y la de Jes\u00fas, que se entrega y perdona, ofreciendo la mejilla, agredida por el beso traidor de un amigo equivocado. Era una nueva oportunidad. Desgraciadamente, al parecer, Judas no lo entendi\u00f3.<\/p>\n<p>8. La mirada a la mujer. En una cultura como la jud\u00ed\u00ada, en la que la mujer era considerada una realidad devaluada. \u00abBendito seas, t\u00fa, Se\u00f1or, porque no me has hecho gentil, mujer o esclavo\u00bb, rezaba tres veces al d\u00ed\u00ada todo var\u00f3n israelita, la actitud de Jes\u00fas result\u00f3 llamativa: no rehuy\u00f3 su encuentro; mas a\u00fan, no dud\u00f3 en dejarse acompa\u00f1ar en su ministerio p\u00fablico por un grupo de mujeres, que le fueron fieles hasta la muerte (Lc 8, 1-3; Mc 15, 40-41) y a\u00fan despu\u00e9s (Mc 16, 1-8). Desde su celibato por el Reino, Jes\u00fas no dud\u00f3 en acercarse a la mujer y mirarla con buenos ojos y sentimientos de profunda humanidad. De hecho, el mundo femenino ocupa un puesto relevante en el Evangelio. Buena parte de los milagros tienen como destinatarios a mujeres: la suegra de Pedro (Mc 1, 29-31), la hemorroisa (Mc 5, 25-34), la hija de Jairo (Mc 5, 21-24.35-43), la hija de la sirofenicia (Mt 15, 22-28 la mujer encorvada (Lc 13, 11-13)&#8230;; y el \u00ablenguaje femenino\u00bb inspira no pocas par\u00e1bolas: la de la levadura (Mt 13, 33), la de la dracma perdida (Lc 15, 8-9), la de los dolores y alegr\u00ed\u00adas del parto (Jn 16, 21), la de las diez doncellas (Mt 25,1ss); la de la viuda insistente Lc 18, 1-8)&#8230; Jes\u00fas mir\u00f3 con compasi\u00f3n a la mujer cananea (Mt 15, 28) y la viuda de Na\u00ed\u00adn (Lc 7, 13) con dignidad y misericordia a la pecadora p\u00fablica (Lc 7, 13) y a la ad\u00faltera (Jn 8, 1-11); con confianza a la samaritana (Jn 4, 1ss); con amor a las hermanas de L\u00e1zaro (Jn 11, 5); con ternura a Mar\u00ed\u00ada Magdalena (Jn 20,11-17); con generosidad a la pobre viuda (Mc 12, 41-44)&#8230; \u00c2\u00a1Y c\u00f3mo mirar\u00ed\u00ada a su madre! Los evangelios son parcos al respecto. Pero sabemos algo significativo: para ella, para Mar\u00ed\u00ada, fue su \u00faltima mirada, desde la cruz (Jn 19,26-27). La mirada de Jes\u00fas hacia la mujer fue una mirada surgida de un \u00abcoraz\u00f3n limpio\u00bb (Mt 5, 8): libre y liberadora, adulta y madura (no dura), dignificadora, estimulante, responsabilizadora, afectiva y sin prejuicios&#8230;, que ama, ense\u00f1a a amar y genera amor. Una mirada de la que todos tenemos que aprender.<\/p>\n<p>9. La mirada desde la cruz. En este acercamiento a las miradas m\u00e1s significativas de Jes\u00fas resulta inevitable contemplar su mirada desde la cruz. Lugar dif\u00ed\u00adcil para adoptar posturas artificiales; lugar inhumano y cruel, atalaya de vig\u00ed\u00adas marginados; lugar, sin embargo, privilegiado para contemplar la vida y probar la autenticidad de los valores en los que uno cree. La cruz es un lugar alto, elevado, \u00abCuando sea elevado sobre la tierra, atraer\u00e9 a todos hacia m\u00ed\u00ad\u00bb (Jn 12, 32), y un lugar obligado para muchos; desde el que surgen miradas muy diferentes: miradas turbadas y enturbiadas por el dolor y la desesperaci\u00f3n, miradas que cuestionan la bondad de Dios y le interpelan; miradas de resignaci\u00f3n impotente; miradas de iluminada esperanza&#8230; \u00bfY la mirada de Jes\u00fas? Se me antoja tridimensional:<\/p>\n<p>&#8211; Hacia arriba: \u00abPadre, a tus manos encomiendo mi esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Lc 23, 45<br \/>\n&#8211; Hacia los lados: \u00abHoy estar\u00e1s conmigo en el para\u00ed\u00adso\u00bb (Lc 23, 43)<br \/>\n&#8211; Hacia abajo: \u00abMujer, ah\u00ed\u00ad tienes a tu hijo&#8230;\u00bb (Jn 19, 26-27). \u00abPerd\u00f3nalos, no saben lo que hacen\u00bb (Lc 23, 34).<\/p>\n<p>Hasta el final, la mirada de Jes\u00fas fue pro-existencial, como fue toda su vida. Muri\u00f3 como vivi\u00f3: mirando por los otros y hacia el Padre. Su \u00faltima mirada fue una mirada libre, no cegada por el dolor, sino iluminada por el amor, poniendo en pr\u00e1ctica lo que siempre proclam\u00f3: el amor y el perd\u00f3n incondicional de Dios y su entrega a la causa del Padre, al cumplimiento de su voluntad.<\/p>\n<p>Hay miradas que definen y resumen una vida. -> psicolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Domingo Montero<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DJN \u00c2\u00a0 SUMARIO: 1. Jes\u00fas, la mirada de Dios -2. La mirada al \u00abJoven\u00bb rico: Una mirada de cari\u00f1o perdida. &#8211; 3. La mirada a Zaqueo: Una mirada aceptada. &#8211; 4. La mirada a la naturaleza: Una mirada sapiencia) y festiva. &#8211; 5. Mirada airada. &#8211; 6. La mirada a Pedro. &#8211; 7. La mirada &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mirada-de-jesus\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMIRADA DE JESUS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15628","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15628","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15628"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15628\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15628"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15628"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15628"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}