{"id":15636,"date":"2016-02-05T10:10:34","date_gmt":"2016-02-05T15:10:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/parabolas-extravagantes\/"},"modified":"2016-02-05T10:10:34","modified_gmt":"2016-02-05T15:10:34","slug":"parabolas-extravagantes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/parabolas-extravagantes\/","title":{"rendered":"PARABOLAS EXTRAVAGANTES"},"content":{"rendered":"<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: 1. Salario igual para un trabajo desigual. &#8211; 2. El hijo pr\u00f3digo. &#8211; 3. El deudor despiadado. &#8211; 4. El banquete mesi\u00e1nico. &#8211; 5 Los invitados y el Invitante.<\/p>\n<p>Se llaman as\u00ed\u00ad porque no se desarrollan partiendo simplemente de lo observado en la naturaleza o en las relaciones humanas. En ellas se introducen rasgos tan inveros\u00ed\u00admiles que van directamente en contra de la evidencia obtenida por la observaci\u00f3n. Contradicen la costumbre y las leyes conocidas en las relaciones interhumanas. Son las par\u00e1bolas-met\u00e1foras. Se caracterizan por lo contrario a la naturalidad e incluso a la evidencia: son ins\u00f3litas, sorprendentes, extravagantes. Provocan un shock, pero por lo ins\u00f3lito de lo que cuentan.<\/p>\n<p>La cosecha no es s\u00f3lo abundante, sino tan exagerada que resulta inveros\u00ed\u00admil, extravagante (Mc 4, 9); los invitados en segundo y en tercer lugar a la boda, una vez que fallaron los invitados en primer lugar, son aquellos a los que nadie invita. La inverosimilitud de la historieta es tan grande que sit\u00faa al oyente-lector ante un rechazo inevitable de la tilda verosimilitud imaginable de lo narrado (Lc 14, 21). El salario \u00ed\u00adntegro pagado a los obreros enviados a \u00faltima hora a la vi\u00f1a, y adem\u00e1s comenzando precisamente por ellos, ya hace sospechar algo absolutamente fuera de lo normal (Mt 20, 8). La clave principal para llegar a descubrir el significado de la par\u00e1bola aparece cuando el realismo comienza a fallar.<\/p>\n<p>En mayor o menor grado esta extravagancia aparece en todas las par\u00e1bolas. Crossan y Ricoeur, principalmente, acent\u00faan el aspecto parad\u00f3jico de las par\u00e1bolas, una \u00ababsurdidad\u00bb bajo la cual se esconde una verdad profunda. Su mensaje fundamental es que las cosas no son como parecen; es necesario llegar a descubrir la imagen verdadera de la realidad que se oculta bajo descripciones aparentemente f\u00e1ciles de comprender. La par\u00e1bola del buen samaritano no se detiene en la ense\u00f1anza de su acci\u00f3n caritativa. Va mucho m\u00e1s all\u00e1. Pretende romper los esquemas habituales del etiquetamiento entre buenos y malos. Resulta que aquellos que eran considerados como \u00abmalos, imp\u00ed\u00ados y ap\u00f3statas\u00bb son los buenos, seg\u00fan la historieta narrada.<\/p>\n<p>En las par\u00e1bolas-met\u00e1foras, \u00abla intriga se instala al principio sin sorpresa: todos los d\u00ed\u00adas el patrono sale a contratar a losparados para que cuiden de su cosecha (Mt 10, 1-16); todos los d\u00ed\u00adas explota un conflicto entre un padre y un hijo (Lc 15, 11-32); todos los d\u00ed\u00adas un propietario tiene problemas con sus colonos (Mc 12, 1-11). Pero de pronto, en vez del escenario cl\u00e1sico que pronostica el oyente, hay una iniciativa que rompe el desarrollo previsto: el padre, el patrono, el propietario hacen lo contrario de lo que se esperaba de ellos. La justicia pedir\u00ed\u00ada que los obreros de la \u00faltima hora fueran pagados por una hora de trabajo solamente. El derecho exigir\u00ed\u00ada que el hijo pr\u00f3digo encontrase cerradas las puertas de la casa paterna. La prudencia aconsejar\u00ed\u00ada que el propietario no enviase a su hijo a los colonos rebeldes, despu\u00e9s de haber visto maltratados a sus criados. Pero ocurre todo lo contrario.<\/p>\n<p>Se comprende que, si la par\u00e1bola del primer tipo tiene mucho que ver con la comparaci\u00f3n, adhiri\u00e9ndose como ella a la fuerza de la evidencia, la par\u00e1bola del tipo \u00abins\u00f3lito\u00bb tiene que relacionarse con la met\u00e1fora. No se alimenta de la sabidur\u00ed\u00ada de las naciones, sino que apunta hacia la \u00abextravagancia\u00bb. Lo mismo que la met\u00e1fora, intriga. Lo mismo que la met\u00e1fora, impresiona al lector con una diferencia; pero esa diferencia se da en el interior mismo del relato mediante una intriga que comienza normalmente, pero que luego se sale del camino trillado. Esta par\u00e1bola del segundo tipo no act\u00faa como una comparaci\u00f3n desarrollada; sino como una met\u00e1fora prolongada en un relato.<\/p>\n<p>1. Salario igual para un trabajo desigual<br \/>\nLos obreros que comienzan a trabajar a distintas horas del d\u00ed\u00ada no simbolizan ni los distintos per\u00ed\u00adodos de la historia de Israel, ni las diferentes edades en que cada persona atiende la invitaci\u00f3n a formar parte del Reino. Pretende \u00fanicamente poner de relieve la diferencia en el trabajo. Precisamente por eso resulta completamente ileg\u00ed\u00adtimo concluir que los \u00faltimos merecieron la misma recompensa que los primeros, por su mayor aplicaci\u00f3n y rendimiento en el trabajo. Esta interpretaci\u00f3n destruir\u00ed\u00ada la intenci\u00f3n primera de la ense\u00f1anza parab\u00f3lica (Mt 20, 1-16).<\/p>\n<p>La originalidad del pensamiento de Jes\u00fas est\u00e1 precisamente en la diversidad del trabajo realizado al que ha sido retribuido con la misma medida. Justamente en esta \u00abextravagancia se halla la peculiaridad de su pensamiento. Una diferencia radical frente a la ense\u00f1anza de la par\u00e1bola de rab\u00ed\u00ad Zeira, en la que el due\u00f1o, el se\u00f1or, invita a uno de los obreros a pasear largo rato con \u00e9l. Despu\u00e9s le paga lo mismo que a los dem\u00e1s, porque en el tiempo que estuvo en el tajo se aplic\u00f3 con tanta intensidad al trabajo que, en poco tiempo, hizo tanto o mayor trabajo que el que m\u00e1s tiempo hab\u00ed\u00ada estado trabajando. Esta par\u00e1bola, tan parecida a la de Jes\u00fas en una primera lectura, es totalmente contraria a ella. El centro de gravedad de la par\u00e1bola de Jes\u00fas est\u00e1 precisamente en acentuar la diferencia fundamental en cuanto al trabajo realizado.<\/p>\n<p>Las par\u00e1bolas extravagantes tienen la finalidad de poner de relieve el cambio radical en la jerarqu\u00ed\u00ada humanamente establecida de valores. El habla de un vuelco total en dicha jerarqu\u00ed\u00ada de valores. Y este cambio de 180 grados lo ha producido la presencia del Reino. La mezcla de lo real y de lo inveros\u00ed\u00admil hace surgir la sorpresa, el desconcierto e, incluso, la repulsa. Todo ello se halla provocado por dos concepciones distintas de la realidad. Una de ellas regida por la justicia retributiva, que da a cada uno seg\u00fan sus prestaciones. La otra cuenta con una nueva valoraci\u00f3n, que es la gratuidad del amor. Ambas concepciones se enfrentan y autoexcluyen. Esta mezcla de lo veros\u00ed\u00admil con lo inveros\u00ed\u00admil hace pensar en la implicaci\u00f3n que se da en los cuentos de hadas entre lo real y lo maravilloso. Pero aqu\u00ed\u00ad el papel de lo maravilloso est\u00e1 ocupado por la presencia del Reino. Es \u00e9l el que produce la nueva jerarqu\u00ed\u00ada de valores. Solamente desde la fe que exige puede ser aceptado este cambio en la jerarqu\u00ed\u00ada de valores.<\/p>\n<p>Como el due\u00f1o de la vi\u00f1a es Dios, la par\u00e1bola pone todo su acento en la liberalidad soberana de su actuaci\u00f3n independiente. Actuaci\u00f3n divina que, juzgada con criterio humano, resulta incomprensible, pero l\u00f3gica. \u00bfQui\u00e9n puede pedirle cuentas de su conducta? El hombre es siervo (Lc 17, 7-10). No puede presentarse ante el Se\u00f1or aduciendo pretendidos derechos. La recompensa que Dios otorga al hombre ser\u00e1 siempre pura gracia. Cierto que el ap\u00f3stol Pablo, al final de su vida, espera la corona de justicia (2Tim 4, 7). Pero este premio tiene su \u00faltimo fundamento en la gracia, previamente concedida por el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Esta \u00faltima afirmaci\u00f3n es la revelaci\u00f3n de Dios. Pero, \u00bfqui\u00e9n ha sido el revelador? \u00bfQui\u00e9n ha proclamado y realizado esta nueva jerarqu\u00ed\u00ada de valores? El Hijo ha revelado al Padre y el Padre se ha revelado en el Hijo. De este modo la extravagancia de la par\u00e1bola se convierte en una escenificaci\u00f3n, en un audiovisual, en el que se manifiestan ambas revelaciones.<\/p>\n<p>2. El hijo pr\u00f3digo<br \/>\nEsta par\u00e1bola extravagante (Lc 15, 11-32) ya ha sido desarrollada como voz aparte (-> hijo pr\u00f3digo). Aqu\u00ed\u00ad acentuaremos el aspecto que nos conviene subrayar. La extravagancia podr\u00ed\u00adamos formularla as\u00ed\u00ad: El hijo malo es el bueno y el hijo bueno es el malo.<\/p>\n<p>El pensamiento fundamental de la par\u00e1bola es el amor de Dios para con los pecadores. El hermano que se niega a recibir a su hermano retrata la fidelidad desenfocada de aquellos puritanos que criticaban la compa\u00f1\u00ed\u00ada de Cristo con los pecadores. Se niegan a entender los planes de la salvaci\u00f3n de Dios, coloc\u00e1ndose as\u00ed\u00ad contra Dios mismo. La segunda parte de la par\u00e1bola se dirige a ellos.<\/p>\n<p>Estamos hablando de los fariseos. Mientras la par\u00e1bola-met\u00e1fora refer\u00ed\u00ada el comportamiento del hijo pr\u00f3digo y la conducta de Dios con \u00e9l, estuvieron plenamente de acuerdo. Ellos pensaban que todo aquel que confiesa su pecado y apela a la misericordia de Dios es escuchado. La oraci\u00f3n del publicano (Lc 18, 13) nos ofrece un ejemplo de esta mentalidad. El hijo menor queda inscrito dentro de los c\u00e1nones de una piedad de arrepentimiento, que no pod\u00ed\u00ada menos de obtener la aprobaci\u00f3n de los fariseos. Gracias a esta conversi\u00f3n, deja su papel de figura negativa para convertirse en una figura de identificaci\u00f3n. Desde entonces, el oyente se prepara para desear un feliz resultado en la confrontaci\u00f3n con el padre.<\/p>\n<p>La repulsa abierta lleg\u00f3 en el momento de la segunda parte de la historia. La \u00abextravagancia\u00bb se puso de relieve al contar la reacci\u00f3n del hijo mayor. El, representante de la mentalidad farisea, constata: el banquete festivo iba en contra de la pureza defendida por los fariseos en cuanto a la comuni\u00f3n en la mesa (Lc 7, 36-50: Sime\u00f3n el fariseo y la mujer pecadora), la comuni\u00f3n de mesa de Jes\u00fas con los pecadores estaba en contra del articulo m\u00e1s fundamental del fariseismo; en el banquete organizado por el padre para celebrar la alegr\u00ed\u00ada del encuentro descubre el hijo mayor de la par\u00e1bola y el fariseismo una extravagancia inaceptable.<\/p>\n<p>La segunda parte de la par\u00e1bola se dirige al hermano mayor y, por el principio de elevaci\u00f3n, al fariseismo. Y en ella se acent\u00faa que, en las relaciones del hombre con Dios, no vale argumentar a base de pretendidos derechos. Toda la base de la argumentaci\u00f3n en este terreno es la bondad infinita del Padre, que no encuentra fronteras cuando el hombre, por muy pecador que sea, quiere volver a la casa paterna. Porque, lejos de ella, se le hace imposible vivir.<\/p>\n<p>La par\u00e1bola-met\u00e1fora es una invitaci\u00f3n al cambio de mentalidad y de los valores establecidos. Jes\u00fas afirma que la acogida de los pecadores no suprime el derecho de los justos. Pero, \u00bfen nombre de qu\u00e9 invita Jes\u00fas a cambiar? \u00bfEn nombre de qui\u00e9n derriba la imagen farisaica de Dios? Jes\u00fas sabe que est\u00e1 participando de un acontecimiento urgente: Dios est\u00e1cerca. Su Reino ha llegado. Y esta llegada debe producir un cambio radical en la jerarqu\u00ed\u00ada de la valoraci\u00f3n humana tanto de las cosas como de las mentalidades y actitudes. El Padre y el Hijo piensan de igual modo; el uno revela al otro y es revelado por \u00e9l.<\/p>\n<p>3. El deudor despiadado<br \/>\nLa par\u00e1bola del deudor despiadado (Mt 18, 23-35) afirma y escenifica la ley del amor personific\u00e1ndola en el Acreedor magn\u00e1nimo; condena y escenifica la ley de la venganza en el acreedor mezquino, peque\u00f1o, ruin y despiadado. El centro de gravedad de la par\u00e1bola, el tertium comparationis, est\u00e1 en el perd\u00f3n sin medida impuesto al hombre frente a su pr\u00f3jimo. Debe quedar abolida para siempre la ley de la venganza sin medida, que fue la ley sagrada de la antig\u00fcedad (Gen 4, 15. 24).<\/p>\n<p>La par\u00e1bola es un drama en cuatro actos: deuda, misericordia, crueldad, justicia. La deuda es destacada como el punto de partida: un hombre deb\u00ed\u00ada diez mil talentos. Una suma exorbitante. Traducida a nuestra moneda de cambio o a una orientaci\u00f3n pr\u00f3xima a la misma, la suma en cuesti\u00f3n equivaldr\u00ed\u00ada a sesenta millones de jornadas de trabajo. Superaba la suma de los impuestos que, en aquella \u00e9poca, pagaban Siria, Fenicia, Judea y Samaria. \u00bfC\u00f3mo puede un \u00absiervo\u00bb endeudarse hasta esos extremos? La extravagancia, la absurdidad, el aspecto hiperb\u00f3lico-parad\u00f3jico de la par\u00e1bola-met\u00e1fora la coloca el Parabolista al principio y con absoluta claridad. Quiere que, desde el principio, el lector se vea incluido en ella participando en la orientaci\u00f3n, desorientaci\u00f3n y reorganizaci\u00f3n propias de este g\u00e9nero literario, en expresi\u00f3n de P. Ricoeur.<\/p>\n<p>El Parabolista pretende que el lector piense en la cifra m\u00e1s elevada que pudiera imaginarse cualquier miembro del auditorio de Jes\u00fas. Y esta cantidad tan fabulosa quiere poner de relieve una verdad fundamental en la ense\u00f1anza parab\u00f3lica: la imposibilidad absoluta de aquel siervo para pagarla deuda.<\/p>\n<p>Una vez que ha sido constatada la deuda impagable entra en acci\u00f3n todo el mecanismo de la par\u00e1bola. De forma inimaginable el Acreedor le perdona toda la deuda. Sin embargo, el deudor perdonado se convierte en acreedor despiadado frente a un compa\u00f1ero suyo que le deb\u00ed\u00ada una deuda relativamente importante pero, en todo caso rid\u00ed\u00adcula en comparaci\u00f3n con la que a \u00e9l le hab\u00ed\u00ada sido perdonada. Se niega a hacer con su deudor lo que su Acreedor hab\u00ed\u00ada hecho con \u00e9l. Aquella actitud despiadada indign\u00f3 a sus compa\u00f1eros que se lo contaron al rey. Entonces el rey lo llama, lo recrimina, le retira el perd\u00f3n y le aplica la justicia.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad har\u00e1 con vosotros mi Padre celestial si no perdonare cada uno a su hermano de todo coraz\u00f3n. La par\u00e1bola-met\u00e1fora describe la relaci\u00f3n del hombre con Dios y de los hombres entre s\u00ed\u00ad. La deuda de diez mil talentos, impagable en todo caso, significa la situaci\u00f3n del hombre pecador, a quien Dios perdona por pura gracia. El padre del hijo pr\u00f3digo siempre reacciona del mismo modo ante la confesi\u00f3n sincera de quien quiere volver a la casa paterna: he pecado&#8230; \u00c2\u00a1Basta con eso!<br \/>\nLa actitud del deudor despiadado retrata la ruindad del coraz\u00f3n humano. Unos a otros nos debemos cien denarios. Una ridiculez en comparaci\u00f3n con aquello que nos ha sido perdonado. Y, demasiadas veces, agarramos por el cuello a nuestro deudor, al que nos ha dicho una verdad que nos molesta, al que no se somete a nuestros criterios, al que nos ha faltado&#8230; y queremos ahogarlo llevando nuestro odio m\u00e1s all\u00e1 de la muerte.<\/p>\n<p>En contra de lo que habitualmente afirmamos, la paciencia divina no es infinita. No lo es ante aquellos que no la comprenden y establecen una medida para sus deudores distinta e incluso contraria a la que Dios utiliza con ellos. En todo caso, la par\u00e1bola se convierte en una amonestaci\u00f3n a no abusar de la misericordia y de la gracia de Dios.<\/p>\n<p>Dios abre la gracia de su perd\u00f3n de una manera insospechada para el hombre. Pero retira esta ola de indulgencia jubilar ante los corazones ruines que niegan el perd\u00f3n al pr\u00f3jimo, al hermano. \u00bfY en el d\u00ed\u00ada del juicio? Si el deudor perdonado perdona a su vez a sus hermanos, ser\u00e1 tratado con misericordia; si el deudor perdonado se cierra en s\u00ed\u00ad mismo y se convierte en acreedor despiadado, entonces se ha ganado a pulso la aplicaci\u00f3n de la justicia.<\/p>\n<p>Mediante el recurso a esta par\u00e1bola emotiva, emocionante y, al mismo tiempo, severamenrte cr\u00ed\u00adtica e inquietante, Jes\u00fas ha abierto para nosotros el coraz\u00f3n infinitamente amoroso de Dios. Nos ha revelado la gratuidad absoluta de su gracia y de su perd\u00f3n. \u00bfPodemos afirmar que Jes\u00fas se convirti\u00f3 en cadena transmisora de lo que \u00e9l personalmente hab\u00ed\u00ada experimentado en su conocimiento vivencial de la paternidad divina? Jes\u00fas nos revela aquello que el Padre le hab\u00ed\u00ada revelado. S\u00f3lo cuando comprendemos la inseparabilidad de estos dos protagonistas, que constituyen el \u00faltimo punto referencial de nuestra vida, se nos impone la consideraci\u00f3n de la figura de Jes\u00fas como el reflejo del Padre. S\u00f3lo entonces podemos descubrir que detr\u00e1s del hombre Jes\u00fas de Nazaret existe una realidad que se hizo presente en \u00e9l para que nos la hiciese llegar hasta nosotros.<\/p>\n<p>El ap\u00f3stol Pablo lo descubri\u00f3 cuando cay\u00f3 en la cuenta de que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo y que a nosotros nos ha concedido el ministerio de la reconciliaci\u00f3n (2Cor 5, 18). La extravagancia de la par\u00e1bola que hemos expuesto convierte en evidentes unas realidades que, juzgadas aplic\u00e1ndolas el baremo humano, son inveros\u00ed\u00admiles, \u00abextravagantes\u00bb, para no cambiar el t\u00e9rmino. Y esta extravagancia s\u00f3lo puede ser superada prestando mucha atenci\u00f3n al Revelador que nos habla y cuyo lenguaje \u00fanicamente podemos entender si estamos atentos a la inspiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de la verdad que todo lo escudri\u00f1a, hasta las profundidades de Dios. Y las del hombre, por supuesto.<\/p>\n<p>4. El banquete mesi\u00e1nico<br \/>\nIncluimos esta par\u00e1bola dentro de la Nueva Jerarqu\u00ed\u00ada de Valores, por las m\u00faltiples inverosimilitudes o extravagancias que contiene. La invitaci\u00f3n de un rey al banquete de bodas de su hijo, seg\u00fan la versi\u00f3n de Mateo (22, 1-14), o del hombre que prepar\u00f3 una gran cena, seg\u00fan la versi\u00f3n de Lucas (14, 16), es una prueba de su magnanimidad. Resulta inveros\u00ed\u00admil el rechazo un\u00e1nime por parte de los invitados; las excusas que presentan para no asistir al banquete; la insistencia en la invitaci\u00f3n; el comportamiento violento y cruel frente a los enviados del rey para recordarlos la fecha de la boda; el cambio de invitados, que son buscados por todas partes, incluso entre aquellos a los que nadie invitar\u00ed\u00ada a un banquete, como son los pobres, los lisiados, los ciegos y los cojos; la posibilidad de otros comensales con tal de llenar la sala del banquete; la reacci\u00f3n violenta del rey, que monta en c\u00f3lera y manda los ej\u00e9rcitos para que destruyan la ciudad; la expulsi\u00f3n del que hab\u00ed\u00ada acudido al banquete sin el \u00abtraje de boda\u00bb.<\/p>\n<p>La menci\u00f3n de las irregularidades o extravagancias citadas hablan por s\u00ed\u00ad solas de que la historia narrada no presenta un acontecimiento normal. A ning\u00fan lector puede evocarle algo parecido que \u00e9l haya conocido. La imaginer\u00ed\u00ada no est\u00e1 tomada ni de la observaci\u00f3n de lo que ocurre en el mundo conocido de la naturaleza ni de la conducta que regula las relaciones humanas. La par\u00e1bola se sale de estos \u00e1mbitos con toda intenci\u00f3n. De este modo obliga al lector a buscar la finalidad singular del Parabolista. \u00bfCu\u00e1l es en cada caso?&#8230;<\/p>\n<p>Para Lucas, el Invitador, el Anfitri\u00f3n, es Jes\u00fas. La invitaci\u00f3n, como es l\u00f3gico, se dirigi\u00f3 al pueblo de Israel. La reacci\u00f3n de los primeros invitados es la que tuvo el antiguo pueblo de Dios ante la predicaci\u00f3n-llamada de Jes\u00fas. El rechazo y las disculpas reflejan la situaci\u00f3n real vivida por Jes\u00fas ante su palabra e invitaci\u00f3n. La no aceptaci\u00f3n del enviado de Dios se convierte dentro de la par\u00e1bola en la amenaza de un juicio negativo por la decisi\u00f3n tomada.<\/p>\n<p>El evangelista Mateo ha alegorizado la par\u00e1bola hasta tal extremo que hoy nos parece, m\u00e1s bien, una alegor\u00ed\u00ada que una par\u00e1bola. Ha hecho de ella una s\u00ed\u00adntesis de la historia de Israel. Dios es el rey que invita. Y lo hace con insistencia. Por tres veces se repite que \u00abtodo est\u00e1 preparado\u00bb (Mt 22, 4; dos veces, y 8). Los siervos enviados son los profetas, que corrieron distinta suerte: unos fueron deso\u00ed\u00addos y algunos hasta sufrieron la muerte.<\/p>\n<p>Mediante la presentaci\u00f3n de la cena como banquete mesi\u00e1nico Mateo reviste la par\u00e1bola con el ropaje estrictamente escatol\u00f3gico. La clave para su interpretaci\u00f3n es la escatolog\u00ed\u00ada. La ira del rey, que manda sus ej\u00e9rcitos para que destruyan la ciudad, es una adici\u00f3n propia de Mateo. Se refiere a la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n por Roma el a\u00f1o 70, interpretada como un castigo infligido al pueblo rebelde, particularmente a los dirigentes jud\u00ed\u00ados. Los otros dos rasgos de Mateo: el del \u00abtraje de boda\u00bb y la conclusi\u00f3n, \u00abmuchos son los llamados y pocos los escogidos\u00bb fueron, respectivamente, una par\u00e1bola independiente y unas palabras pronunciadas por Jes\u00fas, ciertamente, pero fuera de este contexto. Ambas han sido colocadas como pertenecientes a la par\u00e1bola del banquete mesi\u00e1nico por Mateo con la finalidad de acentuar m\u00e1s fuertemente la finalidad que se ha propuesto en la par\u00e1bola original de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>El substrato m\u00e1s adecuado de esta par\u00e1bola, particularmente en lo referente al \u00abtraje de boda\u00bb \u2014nos referimos, naturalmente, a la versi\u00f3n de Mateo\u2014 ser\u00ed\u00ada el A. T. Un buen comentario tenemos en las palabras siguientes de Isa\u00ed\u00adas que llegan a nosotros de forma casi inevitable: Y yo me gozar\u00e9 en Yahv\u00e9, y mi alma saltar\u00e1 de j\u00fabilo en mi Dios, porque me visti\u00f3 con vestiduras de salud y me envolvi\u00f3 en manto de justicia, como esposo que se ci\u00f1e la frente con diadema y como esposa que se adorna con sus joyas (Is 61, 10). Tengamos en cuenta que este cap\u00ed\u00adtulo de Isa\u00ed\u00adas es utilizado frecuentemente por Jes\u00fas (Mt 5, 35; 11, 5). Dios viste a los redimidos con el traje de boda de la salud. Esta l\u00ed\u00adnea contin\u00faan algunos textos del Apocalipsis y otros de la literatura apocal\u00ed\u00adptica, como el libro eti\u00f3pico de Henoc que habla del vestido de gloria con el que son vestidos los justos y los elegidos.<\/p>\n<p>En los textos citados y en los aludidos, el traje de boda, el vestido blanco y limpio, significa la justicia de Dios participada por el hombre, la gracia santificante. Llevar este traje de boda es la garant\u00ed\u00ada de nuestra pertenencia a la comunidad de los redimidos y de los elegidos.<\/p>\n<p>No podemos salir de esta par\u00e1bola sin poner claramente de relieve que, en la versi\u00f3n de Mateo, el Invitante, el Anfitrion es Dios mismo. Esta frase, a prop\u00f3sito de la versi\u00f3n lucana de la par\u00e1bola son\u00f3 as\u00ed\u00ad: el Invitante, el Anfitri\u00f3n, es Jes\u00fas. No queremos situarnos en el \u00e1mbito de la contradicci\u00f3n para obligarnos a optar por uno o por el otro. Las hemos yuxtapuesto al final con toda la idea de resaltar la validez de ambas. En la de Mateo el pensamiento. dentro del contexto en el que nos estamos moviendo, podr\u00ed\u00ada formularse as\u00ed\u00ad: Dios es revelado por Jes\u00fas La versi\u00f3n lucana justificar\u00ed\u00ada la acentuaci\u00f3n del otro aspecto de la revelaci\u00f3n: Jes\u00fas es revelado por Dios. Una vez m\u00e1s hemos armonizado lo que en los dos art\u00ed\u00adculos precedentes hemos desarrollado con la amplitud requerida. En \u00e9ste, nuestra intenci\u00f3n ha sido ofrecer dicha armon\u00ed\u00ada de forma \u00abescenificada\u00bb, en las par\u00e1bolas que acent\u00faan el pensamiento de la revelaci\u00f3n destacando un aspecto o el otro.<\/p>\n<p>5. Los invitados y el Invitante<br \/>\nBajo el mismo t\u00ed\u00adtulo incluimos dos par\u00e1bolas (Lc 14, 7-14. 16-24). En un primer acercamiento a ellas recibimos la impresi\u00f3n de hallarnos ante dos ejemplos de la ense\u00f1anza sapiencial de Jes\u00fas. En ellas, particularmente en la primera (no elegir los primeros puestos cuando uno es invitado a un banquete), tendr\u00ed\u00adamos una normaelemental de educaci\u00f3n. Aspecto que dif\u00ed\u00adcilmente justificar\u00ed\u00ada su presencia en el evangelio, puesto que no se refiere a la conducta moral, sino a la actuaci\u00f3n c\u00ed\u00advica. El texto b\u00ed\u00adblico la llama par\u00e1bola (= parabol\u00e9). Y, aunque ya en el A. T. se aconseja no ocupar los primeros puestos, all\u00ed\u00ad se hac\u00ed\u00ada en el plano de la exhortaci\u00f3n moral, mientras que en la par\u00e1bola de Jes\u00fas adquiere los rasgos de la llegada del Reino: quien quiera entrar en \u00e9l ha de hacerse peque\u00f1o, no tener pretensiones de ser justo.<\/p>\n<p>La segunda tiene en s\u00ed\u00ad misma un claro aspecto de par\u00e1bola, aunque no sea llamada as\u00ed\u00ad. Jes\u00fas, que es el Invitante, se convierte en invitado a un banquete. Y aprovecha la conducta que observaban los comensales invitados al mismo banquete al que \u00e9l asist\u00ed\u00ada para elevarla a nivel de principio estableciendo una relaci\u00f3n con el Reino. Si su forma de proceder es grosera, inaceptable como norma de conducta c\u00ed\u00advica, la misma actitud frente al Reino es causa suficiente para ser excluido de \u00e9l.<\/p>\n<p>La actitud anormal, \u00abextravagante\u00bb, recomendada por Jes\u00fas se observa f\u00e1cilmente si tenemos en cuenta que la actuaci\u00f3n normal de los hombres marcha por caminos opuestos: nadie pretende ser el \u00faltimo y, menos a\u00fan, a nadie se le ocurre invitar a un banquete a los pobres, a los lisiados y a los ciegos. La presencia del Reino establece una nueva jerarqu\u00ed\u00ada de valores.<\/p>\n<p>A la hora de la entrada en el banquete mesi\u00e1nico se producir\u00e1 un cambio radical. Dios exaltar\u00e1 a los que se han humillado. Frente al orgullo y el inter\u00e9s personal, Jes\u00fas proclama que la humildad es uno de los valores importantes del Reino. Los primeros, los escribas y fariseos, los de la estricta observancia, no ocupar\u00e1n los primeros puestos en el banquete mesi\u00e1nico. Ser\u00e1 una gran decepci\u00f3n porque se cre\u00ed\u00adan en perfecto derecho para ello.<\/p>\n<p>La segunda par\u00e1bola no es un canto a los pobres ni a su situaci\u00f3n \u00absocial\u00bb. En ella se aborda el tema de la retribuci\u00f3n. Se condena el c\u00e1lculo ego\u00ed\u00adsta de la conducta humana. En la nueva jerarqu\u00ed\u00ada de valores establecida por la presencia del Reino queda excluido el principio general del baremo humano, do ut des, te doy para recibir, al darte te estoy pasando ya la factura, mi generosidad es un pagar\u00e9&#8230; Esta es la mentalidad que pretende eliminar la descripci\u00f3n parab\u00f3lica de los invitados, que reaparece en la par\u00e1bola del banquete mesi\u00e1nico: los pobres y los lisiados, los ciegos y los cojos no podr\u00e1n compensarte de la atenci\u00f3n que has tenido con ellos. Tu \u00abfactura\u00bb no la pagar\u00e1n ellos, sino el Padre celestial. Lo que est\u00e1 en juego, lo que la extravagancia pretende poner de relieve es el mandamiento del amor (Lc 6, 27-38).<\/p>\n<p>Tanto el Padre como el Hijo, tanto Dios como Jes\u00fas, coinciden en establecer el baremo conforme al cual ser\u00e1n retribuidos aquellos que pretenden participar en el Reino, en la Vida. \u00bfQui\u00e9n es el que habla, Dios, Jes\u00fas, los dos o el uno por el otro? Es que el uno revela al otro. -> par\u00e1bolas; ant\u00ed\u00adtesis.<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 F. F. RAMOS, El Reino en Par\u00e1bolas, Sala-manca, 1996; W. HARNISCH, Las Par\u00e1bolas de Jes\u00fas, S\u00ed\u00adgueme, 1989; J. SCHLOSSER, El Dios de Jes\u00fas, S\u00ed\u00adgueme, 1995; G. BORNKAMM, Jes\u00fas de Nazaret, S\u00ed\u00adgueme, 1975; G. HAUFE, Parabol\u00e9, en \u00abExegetisches W\u00f3rterbuch zum Neuen Testament\u00bb.<\/p>\n<p>Felipe E Ramos<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DJN \u00c2\u00a0 SUMARIO: 1. Salario igual para un trabajo desigual. &#8211; 2. El hijo pr\u00f3digo. &#8211; 3. El deudor despiadado. &#8211; 4. El banquete mesi\u00e1nico. &#8211; 5 Los invitados y el Invitante. Se llaman as\u00ed\u00ad porque no se desarrollan partiendo simplemente de lo observado en la naturaleza o en las relaciones humanas. En ellas se &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/parabolas-extravagantes\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPARABOLAS EXTRAVAGANTES\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15636","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15636","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15636"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15636\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15636"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15636"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15636"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}