{"id":15648,"date":"2016-02-05T10:10:59","date_gmt":"2016-02-05T15:10:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pobres-jesus-y-los\/"},"modified":"2016-02-05T10:10:59","modified_gmt":"2016-02-05T15:10:59","slug":"pobres-jesus-y-los","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pobres-jesus-y-los\/","title":{"rendered":"POBRES, JESUS Y LOS"},"content":{"rendered":"<p>Mt 25, 31-46<br \/>\nDJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: 1. Pobreza y riqueza en el evangelio de M\u00ed\u00ad. -2. Tuve hambre y me disteis de comer. &#8211; 3. Las grandes pobrezas (Mt 25, 31-46). a) La primera pobreza es el hambre y sed f\u00ed\u00adsica. b) La segunda pobreza es la desnudez y el exilio. c) La tercera pobreza es la enfermedad de alma y cuerpo. d) La cuarta y ultima pobreza es la opresi\u00f3n y expulsi\u00f3n social. &#8211; 3. Los pobres, hermanos de Jes\u00fas. La opci\u00f3n evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>He estudiado extensamente el tema en un libro titulado Hermanos de Jes\u00fas y servidores de los m\u00e1s peque\u00f1os. Mt 25, 31-45, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1984. All\u00ed\u00ad he fijado los diversos tipos de pobres en la tradici\u00f3n del evangelio, identific\u00e1ndolos como peque\u00f1os y hermanos de Jes\u00fas. Aqu\u00ed\u00ad supongo lo all\u00ed\u00ad dicho y ofrezco una visi\u00f3n general de la pobreza cristiana: comienzo analizando los t\u00e9rminos, para fijarme despu\u00e9s en el texto central (Mt 25, 31-36) y ofrecer, finalmente, algunas conclusiones.<\/p>\n<p>Pobreza y riqueza en el evangelio de Mt<br \/>\nLa aportaci\u00f3n de los evangelios sobre los pobres es muy extensa. Por eso he querido limitarme a Mateo, comenzando con un breve vocabulario sobre el tema. El lector menos interesado en cuesti\u00f3n de terminolog\u00ed\u00ada puede pasar directamente al estudio de los textos.<\/p>\n<p>-Ptojos: es el pobre material, aquel que debe trabajar con dureza para vivir, corriendo el riesgo de pasar hambre. Su tipo de pobreza puede espiritualizarse, como suponen las bienaventuranzas (pobres de esp\u00ed\u00adritu: Mt 5, 3), pero en el fondo se alude siempre a la pobreza humana integral. Por un lado, Jes\u00fas ofrece su promesa de evangelio a los pobres (Mt 11, 5); por otro lado, quiere que sus seguidores lo dejen todo y, desde su nueva pobreza activa, se pongan al servicio de los pobres (Mt 19, 21).<\/p>\n<p>-Paidion-ni\u00f1o. Especialmente pobres son los ni\u00f1os, que est\u00e1n en manos de los dem\u00e1s, pudiendo as\u00ed\u00ad ser objeto de dominio. Pues bien, Mt 18, 2-4 sabe que los ni\u00f1os, en cuanto necesitados (los m\u00e1s pobres) son los m\u00e1s importantes para el reino, dentro de la iglesia. En esa misma l\u00ed\u00adnea sigue Mt 19, 13-14: los ap\u00f3stoles quieren impedir que los ni\u00f1os se acerquen y estorben, pero Jes\u00fas les reprende, pues ellos, los ni\u00f1os, son los herederos y due\u00f1os del reino de los cielos.<\/p>\n<p>-Mikros-peque\u00f1o. Son los menores en sentido social, es decir, los despreciados y humillados, los expulsados y esclavizados por la sociedad. Pues bien, Jes\u00fas les declara los m\u00e1s importantes dentro de la iglesia. Por eso, la obra suprema del cristiano es \u00abdar de beber aunque s\u00f3lo sea un vaso de agua fr\u00ed\u00ada a uno de estos peque\u00f1os\u00bb (Mt 10, 42). De manera consiguiente, el pecado supremo de la iglesia ser\u00e1 escandalizar o despreciar a los peque\u00f1os, pues ellos est\u00e1n especialmente protegidos por Dios. El sistema social del mundo tiende a edificarse sobre el poder e influjo de los grandes; la iglesia, en cambio, es comuni\u00f3n de encuentro personal, que debe estar siempre abierta a los m\u00e1s peque\u00f1os (cf. Mt 18, 6. 10. 14).<\/p>\n<p>-Nepios-humilde. Significa tambi\u00e9n peque\u00f1o, pero en un sentido m\u00e1s espiritual: es el despreciado y pobre que puede confiar en Dios, all\u00ed\u00ad donde los grandes de este mundo quedan presos en su soberbia y su sabidur\u00ed\u00ada ego\u00ed\u00adsta. Por eso, Jes\u00fas da gracias al Padre \u00abporque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a los humildes\u00bb (cf. Mt 11, 25).<\/p>\n<p>-Elajistoi-los m\u00e1s peque\u00f1os. Desde el fondo anterior se entiende esta palabra que significa los m\u00e1s peque\u00f1os, es decir, los \u00faltimos del mundo. Ellos ser\u00e1n precisamente, como veremos en Mt 25, 31-46, los hermanos de Jes\u00fas, el signo fundamental de su presencia en el mundo.<\/p>\n<p>Este peque\u00f1o vocabulario nos muestra que el evangelio de Jes\u00fas no puede entenderse como un camino de realizaci\u00f3n y triunfo para los sabios de este mundo, no es manual para el establecimiento de un sistema social bien organizado, dirigido por sabios, ricos, poderosos e influyente, sino un camino de amor y salvaci\u00f3n que abierto a todos los humanos, pero desde los \u00faltimos del mundo, que son los verdaderos herederos del Reino de Dios. Pero, dando un paso m\u00e1s, debemos a\u00f1adir que lo opuesto a sabio-grande no es el ser peque\u00f1o sin m\u00e1s, sino el hacerse servidor de los m\u00e1s peque\u00f1os, como indicar\u00e1 Mt 25, 31-46 y como aparece ya en otros textos clave del evangelio:<\/p>\n<p>Sab\u00e9is que los gobernantes del mundo gentiles dominan a los dem\u00e1s y que los grandes se imponen sobre los otros; no ha de ser as\u00ed\u00ad entre vosotros, sino que el que quiera ser grande, ser\u00e1 vuestro servidor, y el que quiera entre vosotros ser el primero, ser\u00e1 vuestro siervo, como el Hijo del Hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos (Mt 20,25-28).<\/p>\n<p>Desde este fondo podemos entender mejor el tema. Empezamos recordando que al principio de Mt hay una referencia al valor de la riqueza: al oro de los magos (Mt 2, 11), que llevaron a Jes\u00fas los donesm\u00e1s preciados de la tierra: \u00ababrieron sus tesoros y le ofrecieron oro (riqueza), incienso (honor), mirra (perfume)\u00bb. Estos son dones simb\u00f3licos, m\u00e1s en la l\u00ed\u00adnea del honor y la gloria personal que de la econom\u00ed\u00ada. El oro de que se habla aqu\u00ed\u00ad no es dinero (no puede emplearse para comprar y vender en el mercado), pero es un signo de la riqueza y gozo de la vida: la plenitud de la existencia humana no es la austeridad en s\u00ed\u00ad, sino el despliegue gozoso y bello de los grandes valores de tierra. Pues bien, en contra de ese oro bueno de los magos se eleva el dinero malo del Diablo, que quiere convertir las piedras del desierto en alimento, para as\u00ed\u00ad dominar mejor a los dem\u00e1s (cf. Mt 4, 1-8). La comida que deb\u00ed\u00ada ser regalo gozoso y compartido viene a convertirse en principio de imposici\u00f3n: frente a Jes\u00fas que entrega la vida y transforma los bienes del mundo en un don (regalo gratuito) se eleva el Diablo, que quiere dominar a los dem\u00e1s a trav\u00e9s de su dinero.<\/p>\n<p>Desde ese fondo ha de entender el pan nuestro de cada d\u00ed\u00ada, es decir, la riqueza del mundo para compartir y regalar. El dinero en s\u00ed\u00ad no es malo y puede recibir un uso bueno, al convertirse en limosna (cf. Mt 6, 1-4), es decir, en signo de caridad. La limosna no consiste en dar ostentosamente lo que nos sobra, sino en abrir los bienes propios hacia los dem\u00e1s. De esa manera se entiende el Padre nuestro: frente al Pan de Diablo, que es la riqueza ego\u00ed\u00adsta, posesiva, aparece el Pan Nuestro, pan de todos, que Dios Padre ofrece a sus hijos y que estos han de trabajar y compartir de un modo fraterno. En ese fondo se sit\u00faa la palabra econ\u00f3mica m\u00e1s importante de la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica: perdona nuestras deudas, como tambi\u00e9n nosotros perdonamos a nuestros deudores (6, 12). Eramos deudores ante Dios, pero El nos ha perdonado todo lo que le debemos, ofreci\u00e9ndonos gratuitamente amistad y salvaci\u00f3n; pues bien, nosotros podemos y debemos perdonarnos unos a los otros, no solo los pecados sino todas las deudas, como dice el texto original del evangelio y se\u00f1alaba la f\u00f3rmula antigua del Padre nuestro (que sigue siendo la mejor, la m\u00e1s cercana al lenguaje original de Jes\u00fas).<\/p>\n<p>Desde aqu\u00ed\u00ad podemos pasar a la gran oposici\u00f3n: no pod\u00e9is servir a Dios y a la Mamona (Mt 6, 24-33). El \u00ed\u00addolo primero, opuesto a Dios, no es el orgullo interior, ni la envidia o mentira intimistas, ni alg\u00fan tipo de placer sexual desordenado, ni siquiera el mismo Diablo, tomado en su forma separada. Lo opuesto a Dios, en su entidad visible (objetivada) es la Mamona, es decir, la riqueza que se absolutiza: el capital hecho sentido de la vida, el sistema monetario convertido en fin de la existencia. La Mamona no es el dinero en cuanto realidad objetiva, sino el sistema destructor (de violencia y muerte) que desvela y despliega sobre el mundo ese dinero absolutizado, que no se pone ya al servicio de la vida, sino de la opresi\u00f3n y de esa forma se opone a lo divino. Dios es gratuidad, la Mamona inter\u00e9s; Dios libera, la Mamona esclaviza a sus devotos y destruye (oprime) a los dem\u00e1s humanos. Dios es comuni\u00f3n, gozo de vida compartida, la Mamona vuelve ego\u00ed\u00adsta a quien la sirve. As\u00ed\u00ad lo dice la par\u00e1bola de los talentos (Mt 25, 1-46), que destaca la responsabilidad del humano ante el juicio de Dios. La vida es como un capital (un dinero) que se nos ha sido confiado y debemos ponerlo en rendimiento. En ese aspecto, como signo de una responsabilidad al servicio del Reino de Dios o del bien de los dem\u00e1s, la riqueza tiene para Jes\u00fas un sentido positivo. Eso significa que el ideal de la vida no est\u00e1 en la pobreza plena, en la carencia de bienes, sino en la abundancia responsable, es decir, en los bienes convertidos en signo de responsabilidad y medio de comuni\u00f3n fraterna. Este es el tema, esta la dificultad: hacer que el dinero no sea Mamona del Diablo sino Riqueza de Dios, para bien de los hermanos.<\/p>\n<p>2. Tuve hambre y me disteis de comer&#8230; Las grandes pobrezas (Mt 25, 31-46)<br \/>\nLas reflexiones anteriores culminan y se expresan en Mt 25, 46, donde el mismo Cristo aparece vinculado a los diversos tipos de pobreza de la tierra, poniendo al mismo tiempo en marcha un proyecto y camino de servicio mutuo, es decir, de ayuda a los m\u00e1s necesitados. La sociedad humana tiende a centrarse en los que tienen m\u00e1s poder, sabidur\u00ed\u00ada o dinero, elev\u00e1ndose el l\u00ed\u00adnea piramidal, de manera que los miembros inferiores del conjunto resultan dirigidos (y a veces controlados) desde arriba, en gesto de imposici\u00f3n; m\u00e1s a\u00fan, ella tiende a sacralizar a sus dirigentes, present\u00e1ndolos como signo de Dios (o de la ley, o de la patria). En contra de eso, la comunidad de seguidores de Jes\u00fas ha de ser un lugar donde los privilegiados sean los m\u00e1s pobres del conjunto, de manera que en ella se rompe el esquema piramidal del poder. Jes\u00fas invierte de esa forma los esquemas normales de funcionamiento social. Su comunidad no se centra o apoya en los importantes o grandes (no hay en ella jerarqu\u00ed\u00ada o poder sacral), sino precisamente en los m\u00e1s pobres y peque\u00f1os, como sabe Mt 25, 31-46. El texto es conocido y hace falta citarlo por entero. Bastar\u00e1 con recordar sus palabras centrales de Jes\u00fas, que dir\u00e1 en el momento de su juicio: Entonces, el Rey dir\u00e1 a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre&#8230;, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve desnudo y me vestisteis, fue un exilado y me acogisteis, estuve enfermo y me visitasteis, estuve en la c\u00e1rcel y vinisteis a m\u00ed\u00ad. me servisteis&#8230; Despu\u00e9s hablar\u00e1 a los de la izquierda dici\u00e9ndoles: Apart\u00e1os de m\u00ed\u00ad&#8230;, porque tuve hambre y sed, estuve desnudo y exilado, estuve enfermo y encarcelado&#8230; y no me servisteis&#8230; Entonces le preguntar\u00e1n \u00bfSe\u00f1or, cu\u00e1ndo&#8230;? Y el Rey les responder\u00e1: cada vez que lo hicisteis (o no hicisteis) con uno de \u00e9stos, mis hermanos, los m\u00e1s peque\u00f1os, lo hicisteis (o no hicisteis) conmigo (cf. Mt 25, 31-46).<\/p>\n<p>Esta par\u00e1bola recoge el sentido de la vida humana. Es palabra de gracia, pues proclama la presencia de Cristo, Hijo de Hombre y Gran Rey, en los peque\u00f1os de la tierra, que son sus hermanos, sus representantes sobre el mundo. Por otra parte, es palabra de responsabilidad, pues sit\u00faa a los humano ante la exigencia de confesar su fe cristiana, ayudando (o no ayudando) a los necesitados. Aqu\u00ed\u00ad no se puede hablar de una ortodoxia separa de la vida, sino del sentido mismo de la vida humana, que aparece desde Cristo como revelaci\u00f3n del misterio de Dios (presente en los peque\u00f1os) y como fuente de comuni\u00f3n interhumana. Desde ese fondo queremos destacar los cuatro tipos b\u00e1sicos de pobreza que ha destacado el texto.<\/p>\n<p>a) La primera pobreza es el hambre y sed f\u00ed\u00adsica. Ciertamente, hay otras carencias que tambi\u00e9n son dolorosas (falta de cari\u00f1o, de cultura, de verdad, como supone Jes\u00fas en Mt 4, 4). Pero la m\u00e1s urgente, la primera de todas, es la falta de comida. All\u00ed\u00ad donde un mundo rico condena al hambre y a muerte a millones de personas (poni\u00e9ndolas en situaci\u00f3n de inseguridad permanente) aparece en toda su dureza y se vuelve insoportable la pobreza. En medio de ese mundo necesitado, lleno de personas sin comida o bebida suficiente, se ha elevado y ha desarrollado Jes\u00fas su ministerio mesi\u00e1nico, asumiendo la miseria y angustia de todos los humanos. Sabe que ellos buscan sobre todo la palabra, que les lleve a compartir la vida, pues un pan sin palabra puede ser obra del Diablo (comida de imposici\u00f3n, capital para explotar a los dem\u00e1s: cf. Mt 4, 4). Por eso, \u00e9l ha sembrado ante todo la palabra (cf. Mc 4), que nos vincula en amor mutuo y que nos hace capaces de compartir el pan.<\/p>\n<p>Modernamente, los humanos hemos aprendido a producir (no necesitamos ya que el Diablo convierta las piedras en panes), pero no hemos aprendido a compartir; as\u00ed\u00ad lo muestran los pasajes centrales de las multiplicaciones de los panes y los peces, que Jes\u00fas comparte con los necesitados (cf. Mc 6, 32-44; 8, 1-9 par). En el mundo puede haber (y hay) comida para todos; pero no hemos aprendido a compartirla y por eso muchos pasan hambre. Esta pobreza del hambre tiene m\u00faltiplesexplicaciones: la relativa escasez de recursos materiales (en algunos lugares), la falta de desarrollo de determinados colectivos nacionales o sociales&#8230; Pero en sentido m\u00e1s profundo, ella proviene de dos causas principales: 1.a El ego\u00ed\u00adsmo de aquellos que no quieren compartir lo que producen y poseen. 2.a La separaci\u00f3n y lucha entre los diversos grupos sociales, de manera que a unos les sobra mucho, mientras otros pasan gran necesidad. Ciertamente, el hambre es un problema f\u00ed\u00adsico (material), pero est\u00e1 vinculada a toda la problem\u00e1tica jur\u00ed\u00addica y social, espiritual y religiosa de los humanos. Por eso, frente a lo que piensan algunos \u00abtecn\u00f3cratas\u00bb, el problema (misterio de iniquidad) del hambre humana no se puede resolver con medios puramente t\u00e9cnicos, sino que requiere un cambio m\u00e1s profundo en el coraz\u00f3n del ser humano y en las estructuras de la sociedad: hay que descubrir que Jes\u00fas mismo est\u00e1 presenten en quienes padecen esta forma de pobreza: \u00abtuve hambre, tuve sed\u00bb.<\/p>\n<p>b) La segunda pobreza es la desnudez y el exilio. El hambre material era la primera, pero no es la \u00fanica de las necesidades, pues no s\u00f3lo de pan (material) vive el humano (cf. Mt 4, 4; Dt 8, 3), sino tambi\u00e9n y sobre todo de la palabra que viene de Dios y de otros humanos, es decir, de la comunicaci\u00f3n afectiva. No es suficiente alimentar al hambriento como se alimenta (ceba o sacia) a un animal (cerdo, gallina, ovino o bovino) para el engorde y sacrificio posterior. El ser humano se alimenta y crece sobre todo de cari\u00f1o: necesita la mirada y caricia, la confianza y seguridad m\u00e1s alta que le ofrecen familiares y amigos: necesita vestido (dignidad humana, cultura) y patria (espacio de acogida social y familiar). Por eso, aunque puedan alimentarse en sentido material, son pobres en sentido m\u00e1s profundo aquellos que carecen de vestido y patria, de entorno cultural, de justicia y cari\u00f1o, de acogida de los otros. En esta l\u00ed\u00adnea ha citado el evangelio a los exilados (que carecen de patria o grupo humano que les garantice un lugar de crecimiento personal y de confianza) y los desnudos (que carecen de dignidad, conocimientos, cultura etc.) dentro de una determinada sociedad.<\/p>\n<p>Exilados son aquellos que han tenido que dejar su tierra, casi siempre por razones econ\u00f3micas, para as\u00ed\u00ad vivir bajo condiciones culturales y sociales de opresi\u00f3n, en medio de un ambiente adverso. Son pobres porque carecen no s\u00f3lo de bienes econ\u00f3micos sino tambi\u00e9n (y sobre todo) sociales, culturales, afectivos: est\u00e1n doblemente despose\u00ed\u00addos y humillados, en un entorno adverso, con riesgo de ser manipulados.<\/p>\n<p>Desnudos son para la Biblia (y para la cultura del entorno) no sencillamente aquellos que carecen de ropa material, sino los que teniendo ropa externa visten humanamente de manera distinta o indigna: los que en raz\u00f3n de su \u00abh\u00e1bito\u00bb o apariencia externa (material, social, cultural) se encuentran como extra\u00f1os bajo un grupo dominante, siendo generalmente humillados, despreciados y oprimidos.<\/p>\n<p>En el fondo, ambos grupos (exilados y desnudos) se identifican: son marginales, personas sin protecci\u00f3n social, minor\u00ed\u00adas \u00e9tnico-religiosas no integradas por (en) el grupo dominante. Ellos forman el material humano m\u00e1s propenso, por un lado, a la violencia y a la c\u00e1rcel y, por otro, a la opresi\u00f3n y muerte. Vivimos en una sociedad dura donde los grupos dominantes tienden a cerrarse en s\u00ed\u00ad, expulsando a grandes minor\u00ed\u00adas que parecen condenadas a vivir de un modo \u00abasocial\u00bb, en contra de las leyes que dictan los \u00abricos\u00bb o due\u00f1os del sistema. Por eso es normal que muchos consideren peligrosos a los miembros de esa minor\u00ed\u00adas, de tal forma que ellas acaban en un tipo de c\u00e1rcel, amenazadas de expulsi\u00f3n y muerte. Nuestra sociedad capitalista podr\u00ed\u00ada ofrecer pan y agua a todos los habitantes del planeta, si quisiera: pero no lo hace (los hambrientos van creciendo). Mucho m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil es acoger y ofrecer dignidad (conversaci\u00f3n, casa humana) a los exilados y desnudos, a los miembros de otros grupos sociales, pues ello implica una transformaci\u00f3n de la persona y del conjunto social. Las ricas naciones de occidente y las minor\u00ed\u00adas dominantes del mundo van colocando a su alrededor unos gruesos cordones de seguridad, para que no entren los \u00abexilados y desnudos\u00bb del entorno. As\u00ed\u00ad crean, de forma casi inevitable (por su tipo de estructura competitiva y clasista), grupos cada vez mayores de marginados, no s\u00f3lo en las naciones m\u00e1s pobres de la tierra, sino en de los mismos pa\u00ed\u00adses ricos. De esa forma crecen los \u00abcuartos mundos\u00bb, formados por exilados externos (personas que quieren entrar al mundo capitalista desde otros pa\u00ed\u00adses) e internos (capas marginadas y marginales de la poblaci\u00f3n).<\/p>\n<p>Ese tipo de exilados y desnudos crece: son aquellos que no tienen \u00abh\u00e1bitos\u00bb de vida (de lenguaje, de cultura) que les capacitan para integrarse en el conjunto dominante de los triunfadores. La misma pol\u00ed\u00adtica capitalista de occidente parece abandonar sus antiguos ideales de justicia e integraci\u00f3n social, de igualdad de todos los humanos. Se dice que han fracasado los socialismos, que las utop\u00ed\u00adas de igualdad humana han muerto. Lo cierto es que crecen los expulsados en el nuevo consorcio nacional e internacional de las naciones, donde tiene primac\u00ed\u00ada la dura ley de posesi\u00f3n y consumo de bienes. Pues bien, conforme a Mt 25, 31-46, dentro de este mundo lleno de injusticia, los exilados y desnudos siguen siendo el signo privilegiado de Dios sobre la tierra. Jes\u00fas sali\u00f3 a su encuentro anta\u00f1o: convers\u00f3 con los leprosos, ofreci\u00f3 dignidad a los dislocados y locos, comparti\u00f3 el pan con los pobres&#8230; Ellos, exilados y desnudos, siguen siendo los m\u00e1s pobres, signo supremo de Jes\u00fas sobre la tierra. La patria del cristiano es el di\u00e1logo universal, abierto por Jes\u00fas y con Jes\u00fas hacia los m\u00e1s necesitados. Sobre los derechos estatales, por encima de las imposiciones de tipo nacional o militar, los cristianos creemos en la \u00abpalabra\u00bb, habitamos (nos hacemos humanos) a trav\u00e9s de un di\u00e1logo que cree en la posibilidad de suscitar una iglesia universal, es decir, una casa o comunidad en la que todos los humanos encuentren un lugar. Hogar de los que no tienen hogar, eso debe seria iglesia de Jes\u00fas. No es campo de batalla o violencia donde que se esclaviza a los dem\u00e1s, oblig\u00e1ndoles a cumplir un determinado c\u00f3digo de conducta, al servicio del sistema, sino casa de acogida universal, hogar donde los desnudos y exilados pueden encontrar di\u00e1logo, comunicaci\u00f3n gratuita.<\/p>\n<p>c) La tercera pobreza es la enfermedad de alma y cuerpo. Entre los exilados y desnudos m\u00e1s sangrantes de nuestra sociedad se encuentran los enfermos, aquellos que parecen dominados por el dolor, sin capacidad para actuar de una manera libre, sin fuerza para imponer su derecho sobre los dem\u00e1s. Ciertamente, la sociedad dominante acoge y ayuda a \u00absus\u00bb enfermos, para bien del sistema. Pero ella expulsa a la mayor\u00ed\u00ada; no resultan rentables para el sistema, no reciben asistencia sanitaria, humana. En los casos anteriores (hambre-sed, exilio-desnudez), la causa b\u00e1sica de la pobreza era de tipo social: la amenaza contra la vida de los marginados o pobres surg\u00ed\u00ada de la injusticia interhumana. Lo mismo pasa ahora. Ciertamente, hay enfermedades que pueden llamarse naturales y provienen del mal funcionamiento gen\u00e9tico y org\u00e1nico del ser humano y, de un modo especial, de su mismo desgaste y vejez: la enfermedad es un signo de la finitud de nuestra vida humana. Pero gran parte de las enfermedades derivan de (o est\u00e1n muy unidas con) los problemas sociales: hambre, injusticia y violencia. Sea de origen natural o social, la enfermedad pone al humano en situaci\u00f3n de fuerte debilidad (de muerte) y le hace dependiente de la ayuda o asistencia de otros seres humanos.<\/p>\n<p>Las enfermedades que derivan del hambre y mal desarrollo dominan en los pa\u00ed\u00adses del tercer mundo; pero tambi\u00e9n pueden encontrarse en nuestra sociedad capitalista (en sus bolsas de pobreza). Hay enfermedad es m\u00e1s relacionada con el exilio, entendido en sentido extenso:con la p\u00e9rdida del sentido de la vida, con la falta de cari\u00f1o, la violencia social, etc. Muchos exilados y desnudos acaban \u00abenfermos\u00bb: son personas con dificultad de adaptaci\u00f3n y derrumbamiento interior; seres que han perdido su espacio vital, carecen de ra\u00ed\u00adces, no se adaptan, sufren&#8230; y a veces reaccionan de forma violenta. Hay enfermedades propias de las culturas del bienestar, ligadas casi siempre al hast\u00ed\u00ado de la vida: es la dolencia de aquellos que no saben encontrar un sentido a la existencia, han perdido el aliciente del amor, la b\u00fasqueda fecunda de felicidad, y se derrumban, v\u00ed\u00adctimas de su propia inconsistencia, en el abismo de la angustia, la depresi\u00f3n, la droga. La \u00abbuena\u00bb y rica sociedad de occidente ha conseguido cotas altas de bienestar sanitario, pero sus enfermedades, sobre todo ps\u00ed\u00adquicas, tambi\u00e9n han crecido. Nuestra cultura ha resuelto grandes tema econ\u00f3micos de producci\u00f3n de riquezas, pero no ha logrado encontrar una forma de vida que ofrezca sentido (=salud) a la mayor\u00ed\u00ada de sus miembros. Se han multiplicado los medios t\u00e9cnicos, pero falta la verdadera comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Vivimos inmersos en un sistema que nos permite relacionarnos con todo el mundo, en plano t\u00e9cnico, pero nos cuesta comunicarnos en verdad, en los niveles de familia y amistad. La misma sociedad se ha vuelto dura, una jungla donde todos combaten contra todos. Por eso, es normal que muchos se derrumben o viven inmersos en una enfermedad cr\u00f3nica de estr\u00e9s, nerviosismo, b\u00fasqueda de emociones r\u00e1pidas. Sigue influyendo la enfermedad normal, aquella que se encuentra m\u00e1s vinculada a la naturaleza (al menos en su forma actual): somos mortales, limitados; la vida se consume con rapidez y nosotros nos consumimos, en debilidad, ancianidad y muerte. Pero crece la enfermedad m\u00e1s estrictamente humana, de tipo social, psicol\u00f3gico. Pues bien, ante ambas, sin distinci\u00f3n de etiolog\u00ed\u00adas o causas morales, se sit\u00faa la revelaci\u00f3n del Dios de Jesucristo, como han mostrado las reflexiones anteriores.<\/p>\n<p>Por un lado, podemos y debemos afirmar que el enfermo es signo de Dios, la expresi\u00f3n de un Cristo que se ha encarnado en la fragilidad y muerte de la historia. As\u00ed\u00ad debemos verlo, en l\u00ed\u00adnea religiosa. Pero esto no nos puede llevar a ninguna m\u00ed\u00adstica de utilizaci\u00f3n religiosa de la enfermedad, no conducir a ninguna especie de antiguo o nuevo victimismo. No tenemos derecho a consolar a los enfermos dici\u00e9ndoles que Dios habita en su propio sufrimiento y anim\u00e1ndoles a sufrir en actitud de entrega pasiva.<\/p>\n<p>Por otro lado, debemos ayudar (=visitar) a los enfermos, como hizo Jes\u00fas. Precisamente porque Dios se encuentra en los enfermos, debemos acompa\u00f1arles y curarles, ofreci\u00e9ndoles un germen de salud (salvaci\u00f3n y \u00e1nimo) con nuestra misma presencia humana (reconocimiento personal) y con nuestro servicio sanitario. Los enfermos se hacen signo de Dios para nosotros en la medida en que les acogemos y asistimos, dej\u00e1ndonos interpelar por ellos y acompa\u00f1\u00e1ndoles en un camino de solidaridad gratuita y esperanzada.<\/p>\n<p>A partir de aqu\u00ed\u00ad podemos distinguir las dos actitudes mesi\u00e1nicas de Jes\u00fas respecto a los enfermos. Una es de sanaci\u00f3n, conforme a la palabra prof\u00e9tica de Lc 4, 18ss: \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu de Dios me ha enviado&#8230; a curar a los enfermos\u00bb. Otra es de visita, conforme a la palabra central de nuestro texto: \u00abEstuve enfermo y vinisteis a verme\u00bb (Mt 25, 36). Ambos aspectos, curaci\u00f3n y visita, se encuentran al servicio de la vida y de la comuni\u00f3n interhumana. Ellos definen los momentos fundamentales de la experiencia de Jes\u00fas, el sentido de su iglesia.<\/p>\n<p>Dios me ha enviado a sanar a los enfermos: \u00c2\u00a1los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios! (cf. Lc 4, 18; Mt 11, 5 par): este es el primer servicio mesi\u00e1nico del Cristo: no viene a juzgar, sino a curar; no viene a condenar, sino a perdonar; por eso, su signo preferido es la sanaci\u00f3n: acompa\u00f1ar al ser humano, ayud\u00e1ndole a que viva. El ideal de curaci\u00f3n y libertad final est\u00e1 en el fondo del evangelio, como muestra de manera impresionante el final del Apocalipsis (Ap 21-22).<\/p>\n<p>Estuve enfermo y me visitasteis, encarcelado y vinisteis a mi (cf. Mt 25, 31-46). Aqu\u00ed\u00ad nos se trata ya de curar y liberar en plano externo, sino de visitar y acompa\u00f1ar, es decir, de crear unos espacios de comuni\u00f3n humana con aquellos que se encuentras expulsados y marginados, fuera de los c\u00ed\u00adrculos de poder del mundo. La salvaci\u00f3n de Dios se expresa a trav\u00e9s de la palabra, de la comunicaci\u00f3n afectiva, de amor abierto y generoso. La pobreza suprema es el abandono y soledad, la riqueza m\u00e1s alta es la compa\u00f1\u00ed\u00ada: que nos quieran, que nos queramos, que as\u00ed\u00ad podamos crear espacios de comuni\u00f3n gratuita, superando la opresi\u00f3n de los poderes del sistema, que se impone sobre todo, y de un modo especial sobre los m\u00e1s peque\u00f1os.<\/p>\n<p>En la primera mitad del evangelio (tanto en la versi\u00f3n de Mc como en la Mt) domina el tema de las curaciones, es decir, de la liberaci\u00f3n final. Pero en la segunda, desde Mc 8, 22 y Mt 16, 21, resulta dominante el motivo de la entrega de la vida y de la comuni\u00f3n interhumana: la verdadera liberaci\u00f3n se identifica con el gesto del amor que acompa\u00f1a y acoge a los dem\u00e1s. Jes\u00fas mismo aparece en esta segunda l\u00ed\u00adnea como \u00abenfermo\u00bb, como ser d\u00e9bil que pide la ayuda y compa\u00f1\u00ed\u00ada que no le ofrecen los disc\u00ed\u00adpulos (a no ser la mujer de la unci\u00f3n, de Mc 14, 3-9 par). La suprema se\u00f1al de Jes\u00fas ya no es curar, sino dar la vida: acompa\u00f1ar a los que sufren, muriendo por ellos. L\u00f3gicamente, pide a sus disc\u00ed\u00adpulos \u00abque visiten a los enfermos\u00bb, que les ofrezcan su solidaridad vital, su ayuda humana.<\/p>\n<p>c) La cuarta y ultima pobreza de Mt 25, 31-46 es la opresi\u00f3n y expulsi\u00f3n social, que se concreta en los encarcelados: \u00abestuve preso y vinisteis a verme\u00bb. En un sentido personal, la necesidad suprema del humano es su enfermedad, vejez y muerte (como sabe la historia ejemplar de la vocaci\u00f3n de Buda); pero, en sentido social, miradas las cosas desde el mundo, la necesidad y dolor supremo es la que ofrece la marginaci\u00f3n de los encarcelados, es decir, de aquellos a quienes la misma violencia del sistema ha de expulsar y encerrar, para que el resto de la sociedad pueda sentirse asegurada, sin derrumbarse. As\u00ed\u00ad lo presupone nuestro texto (Mt 25, 31-46). El evangelio no defiende ni condena la moralidad de los encarcelados; no entra en la din\u00e1mica del juicio, para saber si son o no culpables (cosa que ir\u00ed\u00ada en contra de Mt 7, 1), sino que se limita a presentarlos como signo sufriente de Jes\u00fas sobre la tierra. Ellos, los \u00faltimos del mundo, expulsados del conjunto social, tratados como desecho, escoria peligrosa para el estado y la seguridad del sistema, aparecen aqu\u00ed\u00ad como se\u00f1al de Dios sobre la tierra.<\/p>\n<p>Los encarcelados suelen ser personas socialmente \u00abno integradas\u00bb, por dificultades psicol\u00f3gicas (individuales) y problemas de tipo social. La mayor\u00ed\u00ada provienen de contextos econ\u00f3micamente deprimidos, de minor\u00ed\u00adas marginadas y grupos que no pueden participar creadoramente en el conjunto de la sociedad: vienen del hambre y exilio, de la enfermedad grupal y la opresi\u00f3n social, de eso que podemos llamar \u00abfalta de justicia\u00bb del sistema<br \/>\nEn un sentido, los encarcelados pueden ser \u00abculpables\u00bb de alg\u00fan delito: han roto las normas de vida que define y defiende la estructura dominante (el estado legal), ponen en riesgo la estabilidad del buen sistema, la vida y propiedad de los dem\u00e1s. Por eso han sido juzgados y condenados&#8230; Pero es evidente que ellos son tambi\u00e9n (y sobre todo) v\u00ed\u00adctimas de una determinada situaci\u00f3n social, de un tipo de injusticia de conjunto. Sea como fuere, ellos son signo de la pobreza y dolor de Jes\u00fas que se ha encarnado en el mundo.<\/p>\n<p>Ciertamente, en un determinado sentido, Jes\u00fas est\u00e1 presente en todos los humanos. Pero, mirando las cosas a mayor profundidad, \u00e9l no sostiene a los encarceladores en su funci\u00f3n represiva (que est\u00e1 en la l\u00ed\u00adnea del poder que condena Mc 10, 35-45 par), sino a los encarcelados, es decir, a los reprimidos, expulsados, condenados por la sociedad. Es claro que el evangelio no condena a jueces y pol\u00ed\u00adticos, no sataniza a polic\u00ed\u00adas y soldados, que intervienen en el encarcelamiento de los presuntos reos, porque el Hijo de Dios ha venido a salvar a todos; pero toma partido en favor de los oprimidos (necesitados), poni\u00e9ndonos en guardia frente a un conjunto o sistema social que se mantiene expulsando con violencia y encerrando en la c\u00e1rcel a quienes parecen peligrosos. Posiblemente son necesarios por ahora los jueces y soldados para que este mundo funcione sin romperse. Pero ellos, jueces y soldados en cuanto tales, no expresan la verdad m\u00e1s honda de la vida, ni son signo del Dios de Jes\u00fas sobre la tierra. Por eso pide Jes\u00fas a sus oyentes que visiten a los encarcelados, que les ofrezcan la solidaridad humana. No les dice que les liberen a la fuerza, rompiendo as\u00ed\u00ad el sistema con violencia, sino que les visiten.<\/p>\n<p>Pues bien, sobre ese sistema de violencia (donde resultan necesarios jueces y soldados o polic\u00ed\u00adas para controlarla en clave de tali\u00f3n), el evangelio ha introducido un signo de inversi\u00f3n gratificante, un principio de esperanza m\u00e1s alta: superando los estratos y niveles de ley (de tali\u00f3n, es decir, de juicio y justicia de este mundo), Jes\u00fas ha revelado el misterio de la gracia de un Dios que se encarna precisamente en los condenados (encarcelados) de la vieja sociedad impositiva y triunfadora de este mundo. Ciertamente, el sistema carcelario que ha ido surgiendo en los \u00faltimos siglos y que se ha impuesto de alg\u00fan modo en todo el mundo tiene sus aspectos positivos (pues ha permitido superar la pena de muerte generalizada, las mutilaciones corporales, la venganza irreprimible y la misma esclavitud). Quiz\u00e1 pudi\u00e9ramos decir que ese sistema (al menos de manera general) pertenece a la naturaleza de este mundo viejo, a eso que San Pablo llamaba la ley que mantiene sometido al ser humano y le impide destruirse en gesto de violencia generalizada; pero no es expresi\u00f3n de evangelio. Por eso, frente a un sistema estatal y judicial, econ\u00f3mico o burocr\u00e1tico que se siente obligado a seguir encarcelando a los que parecen m\u00e1s peligrosos dentro de la sociedad, Jes\u00fas eleva el principio del amor: \u00e9l mismo se encarna en la suprema pobreza de la c\u00e1rcel y quiere que sus seguidores visiten y ayuden a los encarcelados, para iniciar a partir de ellos un camino de liberaci\u00f3n y amor universal. Eso significa que su proyecto de amor (su iglesia) desborda el plano del sistema, que es plano de ley y de tali\u00f3n del mundo.<\/p>\n<p>3. Los pobres, hermanos de Jes\u00fas. La opci\u00f3n evang\u00e9lica<br \/>\nMt 25, 31-46 es para nosotros el texto clave en favor de la vida donde Jes\u00fas mismo aparece como el pobre universal y como aquel que nos invita a socorrer de un modo afectivo y efectivo a los pobres, pues ellos son sus \u00abhermanos\u00bb, es decir, el centro del reino, el principio de la iglesia. Por eso hemos analizado con cierta detenci\u00f3n, los gestos b\u00e1sicos que el texto desarrolla (dar de comer-beber, acoger al exilado-desnudo, visitar al enfermo-encarcelado). Quedan fuera de este esquema algunas obras de servicio social que la tradici\u00f3n anterior o posterior ha considerado importantes (como obras de justicia o de misericordia en favor de la vida), aunque nuestro texto no las cite:<\/p>\n<p>Enterrar a los muertos, en el amplio sentido de acompa\u00f1arles en la vejez y de ofrecerles los ritos funerarios. Esta es una \u00abobra\u00bb esencial para el juda\u00ed\u00adsmo, como ha destacado el libro de Tob\u00ed\u00adas y as\u00ed\u00ad lo ha sentido la tradici\u00f3n cristiana que la a\u00f1ade a las seis de Mt 25, para elaborar as\u00ed\u00ad el cat\u00e1logo de las siete obras de misericordia corporal. Sin embargo, su inclusi\u00f3n no parece necesaria, pues no es obra en favor de alguien que vive, sino rito por un muerto. Lo cristiano ser\u00ed\u00ada acompa\u00f1ar a los familiares tristes, ayudarles a vivir en el momento del duelo. Del difunto en s\u00ed\u00ad se ocupa Dios.<\/p>\n<p>Dotar a doncellas casaderas pobres, que en raz\u00f3n de su misma pobreza se ve\u00ed\u00adan muchas veces inclinadas (=obligadas) a dedicarse a la prostituci\u00f3n. Muchos rabinos jud\u00ed\u00ados han destacado esta obra \u00abfeminista\u00bb, al servicio de la vida y dignidad de las mujeres. Pues bien, Mt 25, 31-46 no ha sentido la necesidad de incluirla en cat\u00e1logo, pues en un sentido extenso ella quedar\u00ed\u00ada ya incluida en la exigencia de \u00abvestir al desnudo o acoger al exilado\u00bb, porque esos dos gestos incluyen todas las obras que pueden y deben hacerse por la comuni\u00f3n (solidaridad) entre los humanos. No es que sea malo dotar a las doncellas para que se casen, pero es mucho mejor que cambie el orden social de manera que ella no aparezcan ya como necesitadas de un cuidado especial por parte de los \u00abbuenos\u00bb varones.<\/p>\n<p>Estas y otras obras al servicio de la vida (de la humanidad) podr\u00ed\u00adan a\u00f1adirse, pero las seis citadas por Mt 25, 31-46 son fundamentales. Ellas han vinculado para siempre los dos aspectos fundamentales del evangelio: la pobreza de Jes\u00fas, que ha dado su vida en favor de los humanos, encarn\u00e1ndose en un mundo de necesidad y muerte, de opresi\u00f3n y exilio; la fraternidad de Jes\u00fas, que ha querido vincular y ha vinculado en amor a todos los humano. En sentido estricto, s\u00f3lo pueden ser plenamente cristianos los pobres (como hermanos de Jes\u00fas) y los que ayudan a los pobres (es decir, los que extienden hacia ellos su fraternidad). Ciertas filosof\u00ed\u00adas de este mundo han sido resentidas: han condenado sin m\u00e1s a los ricos. Mt 25, 31-46 no les condena, pero les pide que pongan su riqueza (pan y agua, casa y roma, salud y libertad) al servicio de los pobres (hambrientos, encarcelados). La pobreza en s\u00ed\u00ad no m\u00e9rito ni don, pues Jes\u00fas no ha querido pobreza sino amor. Pero en las condiciones actuales del mundo, por gracia de Dios, los pobres han venido a convertirse en vicarios de Cristo; ellos son sus representantes, sus hermanos verdaderos. Los dem\u00e1s, los ricos de este mundo s\u00f3lo pueden alcanzar la plenitud y salvarse si ponen su riqueza al servicio de los pobres.<\/p>\n<p>No se trata, por tanto, de quemar la riqueza (de destruir los bienes), sino de emplearla, como buenos administradores del Reino de Dios, al servicio de sus privilegiados: de los pobres y enfermos, de los expulsados y cautivos. En un primer momento podr\u00ed\u00ada pensarse que los grupos se separan: est\u00e1n por un lado los pobres y por otro los ricos que les ayudan (o no ayudan). Pero si vemos el tema con m\u00e1s profundidad descubrimos que unos y otros se encuentran implicados: la mayor\u00ed\u00ada de nosotros somos pobres (estamos muy necesitados: enfermos, aislados&#8230;) y podemos ayudar a otros pobres que est\u00e1n a nuestro lado. Desde ese fondo quiero acabar este trabajo presentando los tres niveles de fraternidad de la iglesia, fundada en el don de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>La iglesia es fraternidad misionera. En el principio del evangelio de Jes\u00fas sigue estando la Palabra que se ofrece de forma gozosa, como anuncio de salvaci\u00f3n y como recuerdo del misterio de Jes\u00fas. Esta es la misi\u00f3n, este el sentido del env\u00ed\u00ado: que pueda escucharse y entenderse la Palabra de Jes\u00fas, que todos los humanos puedan escuchar y descubrir con gozo nuevo el gran anuncio de esperanza, la Buena Nueva del amor de Dios; que puedan recordar y recrear el camino de Jes\u00fas&#8230; Esta es la tarea fundante de una iglesia: hacer que todos los hombres y mujeres de la tierra puedan escuchar el mensaje de salvaci\u00f3n y ser hermanos.<\/p>\n<p>La iglesia es una comunidad celebrativa. Por eso se centra y culmina en el gozo y fiesta de Jes\u00fas. Los cristianos se re\u00fanen para celebrar juntos, unos y otros, los que ten\u00ed\u00adan hambre y los que les han dado de comer, encarcelados y libres, sanos y enfermos. Por eso, no puede haber en la iglesia nacionales y extranjeros, pues todos son hermanos en la fiesta de la eucarist\u00ed\u00ada. Cada iglesia es una fraternidad celebrativa donde compartiendo el pan (el agua de la vida, la esperanza que supera toda muerte) los creyentes pueden acoger y compartir el don del Reino. Por eso, los representantes de la iglesia (en especial el obispo y los presb\u00ed\u00adteros) son hombres que se especializan en la celebraci\u00f3n. Puedenignorar otras cosas; tienen que saber c\u00f3mo se instaura y se celebra la gran fiesta del pan que resucita.<\/p>\n<p>Cada iglesia es una fraternidad diaconal. De manera l\u00f3gica, la Palabra hecha fiesta (celebraci\u00f3n del reino) se convierte en principio de transformaci\u00f3n social. Por eso, en el centro de la iglesia est\u00e1n los pobres y los que ayudan a los pobres, los necesitados (que son hermanos de Jes\u00fas) y aquellos que les ayudan y acompa\u00f1an, con el servicio de su propia vida, haciendo as\u00ed\u00ad posible la comuni\u00f3n universal, abierta a todos los humanos. De esa forma, la pobreza (que empieza siendo un mal) puede acabar convirti\u00e9ndose en bendici\u00f3n, si sirve para vincular en amor a todos los humanos.<\/p>\n<p>Se ha solido hablar del car\u00e1cter universal de la pobreza, que vincula a todos los humanos, desde abajo, en eso que K. Marx llamaba la internacional del proletariado. Pues bien, en contra de eso, hemos querido presentar aqu\u00ed\u00ad el camino universal y cat\u00f3lico de la iglesia, que descubre la presencia de Jes\u00fas en los pobres, pero inicia un camino de servicio y fraternidad, en favor de ellos, incluyendo a todos los humanos. Ese camino de transformaci\u00f3n humana y superaci\u00f3n de la pobreza no es una pura revoluci\u00f3n material, ni el triunfo de un sistema econ\u00f3mico, sino el despliegue de un amor activo, que se abre a todos, en gesto creador, incluyendo en la misma comunidad a los pobres y a los que ayudan a los pobres, en comuni\u00f3n de fe y de vida. Siendo comuni\u00f3n interna de creyentes, cada iglesia es una expresi\u00f3n de la comuni\u00f3n universal cristiana, que descubre a Cristo en los m\u00e1s pobres y que abre, a partir de ellos, para todos los humanos, un camino de comuni\u00f3n en plano de palabra y pan, de fiesta y vida. As\u00ed\u00ad podemos decir que la iglesia est\u00e1 fundada en los pobres, los hermanos de Cristo, pero, al mismo tiempo, est\u00e1 expresada en aquellos que ayudan y animan a los pobres, creando comuni\u00f3n a partir de ellos. La limosna que han de ofrecer los \u00abricos del mundo\u00bb no es un pan separado de la vida, sino que ellos mismos han de volverse limosna, don integral y comunicaci\u00f3n, en favor de los dem\u00e1s, como ha mostrado San Pablo en su colecta o programa de comunicaci\u00f3n de bienes en la iglesia (Gal 2, 10; 1 Cor 16, 1-4; 2Cor 8, 9; Rom 15, 25-26 etc.).<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; He desarrollado este tema partiendo de un libro antiguo, que titul\u00e9 Hermanos de Jes\u00fas y servidores de los m\u00e1s peque\u00f1os. Mt 25, 31-46, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1984. En esa l\u00ed\u00adnea se mantienen algunos de mis libros posteriores, como Antropolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1993 y Este es el Hombre. Manual de Cristolog\u00ed\u00ada, Secretariado Trinitario, Salamanca 1997, donde podr\u00e1 encontrarse bibliograf\u00ed\u00ada m\u00e1s extensa sobre el tema.<\/p>\n<p>X. Pikaza<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mt 25, 31-46 DJN \u00c2\u00a0 SUMARIO: 1. Pobreza y riqueza en el evangelio de M\u00ed\u00ad. -2. Tuve hambre y me disteis de comer. &#8211; 3. Las grandes pobrezas (Mt 25, 31-46). a) La primera pobreza es el hambre y sed f\u00ed\u00adsica. b) La segunda pobreza es la desnudez y el exilio. c) La tercera pobreza &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pobres-jesus-y-los\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPOBRES, JESUS Y LOS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15648","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15648","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15648"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15648\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15648"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15648"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15648"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}