{"id":15652,"date":"2016-02-05T10:11:08","date_gmt":"2016-02-05T15:11:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/proyecto-existencial-y-fe-cristiana\/"},"modified":"2016-02-05T10:11:08","modified_gmt":"2016-02-05T15:11:08","slug":"proyecto-existencial-y-fe-cristiana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/proyecto-existencial-y-fe-cristiana\/","title":{"rendered":"PROYECTO EXISTENCIAL Y FE CRISTIANA"},"content":{"rendered":"<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: Nota introductoria. &#8211; 1. Categor\u00ed\u00adas existenciales y fe cristianas. 1.1. Corporeidad-espacialidad y fe. 1.2. Corporalidad-temporalidad y fe. 1.3. La projimidad y el amor cristiano. &#8211; 2. Proyecto existencial del cristiano en un mundo secularizado y plural. 2.1. Modernidad, secularizaci\u00f3n y pluralismo de opciones. 2.2. La vocaci\u00f3n cristiana como proyecto existencial. 2.3. Proyecto existencial y proceso de individuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Nota introductoria<br \/>\nEstas reflexiones psicol\u00f3gicas sobre la fe cristiana est\u00e1n inspiradas en el an\u00e1lisis existencial de car\u00e1cter humanista, como es el de Ludwig Binswanger o el de Victor Frankl. Creemos, en efecto, que la fe cristiana conlleva unas exigencias de car\u00e1cter profundamente existencial, que superan lo simplemente \u00e9tico, desde el momento que se confiesa a Jes\u00fas como el hijo de Dios que viene a participar plenamente, como verdadero hombre, de la existencia humana. Somos creyentes, pero intentamos sostener nuestro discurso en el nivel psicol\u00f3gico-anal\u00ed\u00adtico, metiendo entre par\u00e9ntesis el contenido mismo de la fe, como lo pide la epistemolog\u00ed\u00ada y metodolog\u00ed\u00ada cient\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>1. Categor\u00ed\u00adas existenciales y fe cristianas<br \/>\nEn esta primera parte, nos valdremos de un manojo de categor\u00ed\u00adas existenciales analizadas en referencia a las exigencias de unas aut\u00e9nticas actitudes cristianas, que confieran a los sujetos creyentes un sentido existencial de acuerdo con los dictados de su fe.<\/p>\n<p>1.1. Corporeidad-espacialidad y fe<br \/>\nCorporeidad y espacialidad son posiblemente las dos categor\u00ed\u00adas b\u00e1sicas y primordiales de la existencia, \u00ed\u00adntimamente correlacionadas, siempre presentes desde el mismo inicio hasta el final de nuestra vida y que configuran, en sus propias ra\u00ed\u00adces, nuestro ser-en-el-mundo.<\/p>\n<p>Podr\u00ed\u00adamos comenzar, como Agust\u00ed\u00adn de Nipona, en sus Confesiones, por ese primer momento de mi ser en situaci\u00f3n espacial intrauterina (Conf. 1, 12), pero lo dejamos para el an\u00e1lisis de la siguiente categor\u00ed\u00ada donde la corporalidad va m\u00e1s bien con la temporalidad. Tomaremos, pues, a la persona adulta, puesta verticalmente en pie y mirando horizontalmente al mundo, \u00fanica especie animal que adopta normalmente esta posici\u00f3n cuando camina, explorando la tierra, poniendo nombre a las cosas y confiri\u00e9ndoles un sentido, de acuerdo con su capacidad de hacer proyectos, convirtiendo, en definitiva, su entorno vital o medio ambiente, en existencia humana.<\/p>\n<p>Ha sido Binswanger, entre los psicopat\u00f3logos de inspiraci\u00f3n existencial, quien ha puesto quiz\u00e1s mejor de relieve c\u00f3mo esta misma estructura corporal del sujeto humano aparec\u00ed\u00ada luego en las propios s\u00ed\u00adntomas del cuerpo vivido de forma imaginaria y simb\u00f3lica, estudiando, por ejemplo, distintas formas de ca\u00ed\u00addas y reca\u00ed\u00addas, como tambi\u00e9n de surgimientos y elevaciones como verdaderas categor\u00ed\u00adas de la existencia misma del sujeto, esto es, posibilidades existenciales, que cobran mayor relevancia en la persona enferma. Y es que el hombre no solamente es un ser en el mundo (y tambi\u00e9n en el ser, dice Zubiri), sino tambi\u00e9n frente al mundo e incluso sobre el mundo. As\u00ed\u00ad lo expresa Binswanger en una de sus m\u00e1s acertadas formulaciones: in der Welt \u00fcber der Welt hinaus sein (L. Binswanger, 1973), esto es, ser en el mundo, pero m\u00e1s all\u00e1 y por encima del mundo. Y ha sido posiblemente Antoine Vergote el psic\u00f3logo de la religi\u00f3n que mejor ha sabido retomar esta anal\u00ed\u00adtica existencial antropol\u00f3gica y trasladarla al \u00e1mbito de la fe cristiana, en su dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica y psicol\u00f3gica (cf. VERGOTE, A., 1999).<\/p>\n<p>Bien podemos afirmar que esta realidad parad\u00f3jica que es el hombre como existencia fr\u00e1gil y poderosa, a un tiempo, est\u00e1 perfectamente expresada en su cuerpo, d\u00e9bilmente apoyado en la tierra, en equilibrio inestable y con riesgo de caerse; pero oteando el horizonte, con insaciable curiosidad, y con la gran facilidad de mirar al azul del cielo, como buscando un sentido \u00faltimo para el mundo que pisa, que va all\u00e1 de la realidad perceptible de las cosas mismas que constituyen su mundo. Ser esencialmente simb\u00f3lico, le interesa m\u00e1s lo que las cosas significan que lo que son en su propio ser material, y vive su corporeidad como centro de posibilidades en todas las direcciones, a partir de sus proyectos, siempre con los l\u00ed\u00admites que le imponen, a la vez, las personas y objetos de su entorno.<\/p>\n<p>Ahora bien, la religi\u00f3n cristiana, como ninguna otra, de tal modo valora la condici\u00f3n humana, en su dimensi\u00f3n corporal, que presenta al hijo de Dios naciendo de una mujer, muriendo clavado en una cruz y resucitando glorioso, con su cuerpo transfigurado. Seg\u00fan la formulaci\u00f3n dogm\u00e1tica, Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, en perfecta unidad divina, haci\u00e9ndose as\u00ed\u00ad el modelo protot\u00ed\u00adpico de toda realidad cristiana: el misterio de la verticalidad divina, inscrito en la horizontalidad de la problem\u00e1tica humana. Como las par\u00e1bolas de Jes\u00fas, que tratan siempre de escenas tomadas de la cotidianidad de la existencia humana y sin embargo, se convierten en vivas manifestaciones simb\u00f3licas del misterioso reino de Dios que \u00e9l anuncia. Y los textos de Juan y de Pablo insisten en recordarnos que somos templos vivos de Dios, y que este nuestro cuerpo ha de ser un d\u00ed\u00ada glorificado como el de Jes\u00fas. La Eucarist\u00ed\u00ada, por otra parte, constituye el gran signo sacramental, donde no s\u00f3lo el cuerpo del creyente como en el bautismo tiene mucha relevancia, sino adem\u00e1s la presencia del cuerpo y de la sangre de Cristo, a trav\u00e9s del gesto ritual de la comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>1.2. Corporalidad-temporalidad y fe<br \/>\nJunto a la vivencia simb\u00f3lica del cuerpo en su relaci\u00f3n con la espacialidad, en su doble dimensi\u00f3n horizontal y vertical, est\u00e1 su no menos \u00ed\u00adntima vinculaci\u00f3n existencial con la temporalidad, por nuestra condici\u00f3n de seres que venimos al mundo sin hacer, hemos de ir abri\u00e9ndonos camino al andar y ir tejiendo nuestra propia psicohistoria y biograf\u00ed\u00ada m\u00e1s \u00ed\u00adntima, al ir construyendo nuestra existencia humana. Los hilos de este tejido y materiales de esta construcci\u00f3n, a partir de las posibilidades del lote hereditario junto a lo que nos ofrecen, las personas y cosas de nuestro mundo, est\u00e1s constitu\u00ed\u00addos por: acontecimientos, vivencias y narraciones, verdaderos significantes de este sistema de s\u00ed\u00admbolos que llamamos el universo cultural.<\/p>\n<p>La corporalidad, a trav\u00e9s del espacio-tiempo va no s\u00f3lo expresando, sino adem\u00e1s configurando la existencia del sujeto desde el nacimiento hasta la muerte. La existencia se despliega as\u00ed\u00ad, en un incesante latido de un antes y un despu\u00e9s, que se encuentran en la confluencia de un inapresable presente heracliteano.<\/p>\n<p>Cuando se analiza el presente en funci\u00f3n del pasado, el cuerpo en su propia fisicidad biol\u00f3gica es un signo visible de la permanencia-a-trav\u00e9s-de-los-cambios de la identidad personal: ciertas cicatrices y otras huellas constituyen un archivo viviente que recuerdan al sujeto su tiempo vivido (Minkowski). Pero es, muy especialmente, el cuerpo imaginario y simb\u00f3lico, el escenario viviente donde se fue representando, y todav\u00ed\u00ada se sigue, el drama de nuestra existencia, a nivel humano y cristiano. En este \u00faltimo plano, la vida de Cristo y la propia historia de la salvaci\u00f3n, se fue inscribiendo en nuestra propia existencia, a trav\u00e9s de la educaci\u00f3n cristiana, comenzada en la propia familia y continuada en la catequizaci\u00f3n y ense\u00f1anza religiosa. Los ritos y dem\u00e1s s\u00ed\u00admbolos sacramentales, actuando inmediatamente sobre el cuerpo, han ido jalonando nuestra existencia; desde el bautismo y la confirmaci\u00f3n, una sola vez recibidos, hasta la c\u00ed\u00adclica y repetida celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada: su eficacia simb\u00f3lica y sacramental poseen, de suyo, la capacidad cristificante de la existencia, supuesta la debida disposici\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero si el an\u00e1lisis del pasado y su integraci\u00f3n es importante para que no nos capture y convierta nuestro presente actual en una in\u00fatil y defensiva regresi\u00f3n repetitiva de viejas \u00abfijaciones\u00bb en situaciones conflictivas no resueltas, no podemos olvidar que la dinamizaci\u00f3n de nuestro presente nos adviene de los ideales y proyectos de futuro, para ir construyendo nuestra existencia y superando los obst\u00e1culos que a ello se oponen. Ello supone psicol\u00f3gicamente una toma de conciencia de nuestras posibilidades y consiguientes limitaciones, y una personal decisi\u00f3n, libre y responsable de realizar aquellas que est\u00e9n en la l\u00ed\u00adnea de nuestro proyecto vocacional y existencial. A nivel cristiano, la par\u00e1bola de los talentos (Mt 24, 14-30; Lc 12, 35-38) puede ilustrar c\u00f3mo se valora la acci\u00f3n siempre que sea para cumplir la voluntad de Dios y su plan sobre los humanos, evitando el riesgo de que la fe se quede solamente en bellas intenciones y palabras (Lc 6, 46-49; Mt 7, 21, 24-27; Jn 15, 10, 13-14; St 2, 14-26). Todo ello implica verdaderos proyectos, que ha de \u00abocuparnos\u00bb creativamente; pero evitando aquellas preocupaciones alienantes que nos impidan vivir una existencia humana y cristiana aut\u00e9ntica, autotranscendi\u00e9ndonos a la vez que nos realizamos (Mt 6, 25-34; Lc 12, 22-32).<\/p>\n<p>No podemos terminar este apartado de la categor\u00ed\u00ada existencial de temporalidad sin una referencia a San Agust\u00ed\u00adn, el cual, a pocos a\u00f1os de su conversi\u00f3n, se vio interiormente impulsado a escribir las Confesiones, primer autoan\u00e1lisis ps\u00ed\u00adquico-cristiano, verdaderamente genial. Desde su nueva forma de existencia cristiana, se propone psicol\u00f3gicamente reconocer y asumir su pasado, integr\u00e1ndolo en su personalidad pero adem\u00e1s cristianizarlo, al inscribir personalmente su fe, iluminando todo el transcurrir de su vida con la Palabra de Dios. Por eso, despu\u00e9s de sus detenidos y finos an\u00e1lisis sobre las motivaciones de su conducta, en los distintos momentos de su pasado, en una especie de entrevista anal\u00ed\u00adtico-existencial con Dios, el di\u00e1logo se convierte en oraci\u00f3n, para conocerse ahora desde la propia luz divina, que proyecta su fe; \u00abOid, Se\u00f1or, benignamente la s\u00faplica que os hago y concededme que mi alma no desfallezca siguiendo los documentos de vuestra ense\u00f1anza, y no cese yo de alabaros y bendeciros por las misericordias que conmigo hab\u00e9is usado, sac\u00e1ndome de todos los diversos caminos por donde yo andaba perdido\u00bb (Conf. Lib 1, XV, 24). Y as\u00ed\u00ad va logrando apoderarse de la propia verdad alienada, encontrarse y reconciliarse consigo-mismo, para conseguir felizmente un nuevo proyecto de vida aut\u00e9ntico, abierto al futuro.<\/p>\n<p>1.3. La projimidad y el amor cristiano<br \/>\nEs una categor\u00ed\u00ada existencial t\u00ed\u00adpica del modelo de Binswanger, inspir\u00e1ndose aqu\u00ed\u00ad en Martin Buber: mucho m\u00e1s que la solicitud por el otro de Heidegger, esta existencia-en-el-amor implica o es la base de un verdadero encuentro existencial, de tal forma que varios sujetos participan de una misma existencia, llamada tambi\u00e9n nostreidad.<\/p>\n<p>Por nuestra parte, pensamos que hay que distinguir cuidadosamente entre un nosotros de car\u00e1cter fusiona\/ y, de alguna forma alienante, cuando todav\u00ed\u00ada no hay diferenciaci\u00f3n alguna entre los sujetos \u00abfundidos\u00bb en una dualidad m\u00e1gica, y la unidad-en-la-diferenciaci\u00f3n de un nosotros inter-subjetivo, donde cada uno pone todo lo que es y posee entreg\u00e1ndolo libremente como don al otro u otros, en plena gratuidad.<\/p>\n<p>Es en la realidad humana de la projimidad, donde puede inscribirse y encarnarse el amor cristiano como agape, en un encuentro de aut\u00e9ntica comuni\u00f3n, la cual, respetando, reconociendo y aceptando la singularidad de cada sujeto logra un solo coraz\u00f3n y una sola alma, seg\u00fan la expresi\u00f3n de Lucas para describir la vida de las primeras comunidades cristianas (Hch 4, 32). Nuevo tipo de amor, cantado por Pablo (1 Cor 13) y que responde al mandamiento del Se\u00f1or: amaos como yo os he amado (Jn 15, 12). Y estas palabras las pone Juan en boca de Jes\u00fas, cuando \u00e9ste va a entregar su vida por sus amigos, que son todos los hombres, incluido Judas. -Amigo, \u00c2\u00a1a lo que est\u00e1s aqu\u00ed\u00ad! (Mt 26, 50)-, y los que le crucificaron: Padre, perd\u00f3nales porque no saben lo que hacen (Lc 23, 34). Y es que Jes\u00fas no solamente uni\u00f3 el segundo mandamiento de amar al pr\u00f3jimo con el primero de amar a Dios, convirtiendo ambos en el resumen de la Ley y los Profetas, sino que adem\u00e1s extendi\u00f3 el concepto de \u00abpr\u00f3jimo\u00bb a toda persona humana, con preferencia por el que requiere cuidados especiales, como lo muestra claramente la par\u00e1bola del buen samaritano.<\/p>\n<p>2. Proyecto existencial del cristiano en un mundo secularizado y plural<br \/>\nNos hemos referido a tres categor\u00ed\u00adas existenciales que consideramos esenciales para que un proyecto existencial de un sujeto humano y, en nuestro caso, de un creyente cristiano, en un mundo secularizado y plural en sus opciones de vida, de valores personales y de grupos de pertenencia.<\/p>\n<p>2.1. Modernidad, secularizaci\u00f3n y pluralismo de opciones<br \/>\nUna caracter\u00ed\u00adstica de la modernidad, o postmodernidad como prefieren algunos, en relaci\u00f3n con la fe cristiana es el conllevar consigo el fen\u00f3meno de la secularizaci\u00f3n, por el mismo hecho de un Estado de derecho democr\u00e1tico, superada todo tipo de teocracias. Lo que ocurre todav\u00ed\u00ada, en ciertos casos, es que, por una parte, algunos miembros de la Iglesia guardan la nostalgia de un pasado reciente, y, por otra, en ocasiones, los gobernantes no guardan la debida neutralidad y, por tanto, no garantizan debidamente las libertades de los ciudadanos, inclu\u00ed\u00adda la libertad religiosa, que tanto tiempo le ha costado reconocer a la propia Iglesia, como uno de los derechos humanos.<\/p>\n<p>Propio de la modernidad es la racionalidad cr\u00ed\u00adtica del pensamiento filos\u00f3fico y cient\u00ed\u00adfico, que implica la mayor\u00ed\u00ada de edad o autonom\u00ed\u00ada de la raz\u00f3n, as\u00ed\u00ad como el reconocimiento de la libertad de la persona y de los derechos humanos, sin discriminaciones que atenten contra la dignidad de la persona. De todo ello, resulta una sociedad pluralista, que supone una gran dosis de tolerancia para una normal convivencia. A todo esto, hay que a\u00f1adir la importancia de un novedoso factor los actuales medios de comunicaci\u00f3n, a trav\u00e9s de los cuales es tal la abundancia y variedad de informaci\u00f3n que llega, a cada momento, a una gran parte de los individuos, que, a muchos, les resulta pr\u00e1cticamente imposible poder asimilarla de forma racionalmente controlada y con un m\u00ed\u00adnimo de juicio cr\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>Abundan an\u00e1lisis actuales sobre el tema de la modernidad y postmodernidad en relaci\u00f3n con la fe cristiana. Cada uno de los cuales destaca uno u otro aspecto como m\u00e1s relevante, que suelen aparecer en los propios t\u00ed\u00adtulos o subt\u00ed\u00adtulos: \u00bfUna radical mutaci\u00f3n antropol\u00f3gica? (M. Borghesi, 1996), Interrogaciones cr\u00ed\u00adticas rec\u00ed\u00adprocas (A. Vergote, 1999); La fe en una sociedad de gratificaci\u00f3n instant\u00e1nea (M. Junker-Kenny y otros, 1999); El problema de Dios en la modernidad (A. T. Queiruga, 1998); El discurso religioso de la modernidad (J. M. Mardones, 1998); Cristianismo y cultura postmoderna (E. Salman, 1999)&#8230; El conflicto con Dios hoy (J. Garrido, 2000). Todos coinciden en mostrar las grandes dificultades que en encuentran una gran parte de creyentes cristianos para llevar a cabo un aut\u00e9ntico proyecto de vida de acuerdo con su fe; si bien, por otra parte, destacan tambi\u00e9n los aspectos altamente positivos, para la purificaci\u00f3n de la propia fe y pr\u00e1ctica religiosa, de la moderna desacralizaci\u00f3n del mundo, en una sociedad secularizada, libre y abierta a la convivencia de grupos pluriculturales, racial y \u00e9tnicamente diversos.<\/p>\n<p>2.2. La vocaci\u00f3n cristiana como proyecto existencial<br \/>\nEn lenguaje de Gabriel Marcel, retomado por Jos\u00e9 Mar\u00ed\u00ada Gonz\u00e1lez Ruiz, si toda realidad cristiana se nos presenta como misterio y problema, no puede ser menos la vocaci\u00f3n o invitaci\u00f3n de Cristo a su seguimiento. Don de gracia amorosamente gratuito, como misterio, a nivel de la fe, se convierte inmediatamente en realidad problem\u00e1tica, al inscribirse en una existencia humana, como proyecto de vida. Es justamente, a este nivel existencial donde nosotros nos vemos, pero sin olvidar el aspecto antropol\u00f3gico y psicol\u00f3gico de la propia vivencia del misterio por parte del creyente, tal como se expresa en su acci\u00f3n, pensamiento y lenguaje, esto es, en todas las manifestaciones de su modo de ser-en-el-mundo.<\/p>\n<p>El cristiano aparece as\u00ed\u00ad como una paradoja viviente, a imitaci\u00f3n de Cristo: aceptando plenamente las realidades mundanas, comprometi\u00e9ndose con los otros en verdaderos encuentros interpersonales, para crear un mundo m\u00e1s humano, donde realizarse, y, a la vez, transcendi\u00e9ndolo y transcendi\u00e9ndose, por el misterio divino, del que se sabe portador, gracias a su fe. La simb\u00f3lica espacial de la horizontalidad mundana se entrecruza en \u00e9l con la verticalidad de la transcendencia divina, formando la cruz, condici\u00f3n y signo del seguimiento como respuesta a la invitaci\u00f3n-llamada del Maestro.<\/p>\n<p>La simb\u00f3lica temporal, a su vez, muestra curiosa y parad\u00f3jicamente, como regla general, invertido el orden de sucesi\u00f3n pasado y futuro respecto al presente, en el caminar vocacional o construcci\u00f3n del proyecto existencial cristiano: la conciencia de la llamada se va produciendo psicol\u00f3gicamente, en forma progresiva y en tiempo posterior a la llamada, de la cual aquella se va haciendo signo cada vez m\u00e1s intenso, como aparece incluso en el proceso de conversiones llamadas lentas. Es decir, el creyente no suele comenzar \u00aboyendo la llamada divina\u00bb para comprometerse en un proyecto de vida que esboce un mundo de significaciones cristianas, sino que al ser fiel a s\u00ed\u00ad-mismo y a los valores personalmente apropiados (Allport), en una interacci\u00f3n de encuentro inter-personal con sus semejantes, convertidos en pr\u00f3jimo, est\u00e1 ya confiriendo a su mundo existencial un sentido cristiano, desde su fe, y, por tanto, impl\u00ed\u00adcitamente \u00abrespondiendo\u00bb a una \u00abllamada\u00bb de la que puede tardar a\u00f1os en ir tomando conciencia.<\/p>\n<p>En este espacio-tiempo linealmente configurado por el pensamiento y acci\u00f3n judeocristianos, escenario de una historia de la salvaci\u00f3n que culminar\u00e1, un d\u00ed\u00ada, en el momento escatol\u00f3gico del juicio divino, los primeros cristianos encontraron una dificultad para un aut\u00e9ntico proyecto existencial, que integrase su fe con este acontecimiento final, que ellos se imaginaban inminente \u00aben tiempo real\u00bb. Muy pronto hubo que recordar a los fieles que la perspectiva desde nuestra temporalidad horizontal es muy distinta del eterno presente de la verticalidad transcendente de Dios, ante el cual, un d\u00ed\u00ada es como mil a\u00f1os (2P 3, 8). Para nosotros hoy, a dos mil a\u00f1os de distancia y si exceptuamos ciertas sectas milenaristas, este tema no constituye inquietud alguna, y se deja a f\u00ed\u00adsicos y astr\u00f3nomos y otros cient\u00ed\u00adficos que estudien las posibilidades de supervivencia ante posibles cataclismos que podr\u00e1n fatalmente sobrevenir al planeta tierra, por el momento, nuestro \u00fanico habit\u00e1culo. Otro problema es de la muerte, como fin de la existencia terrestre a nivel individual, y toda la problem\u00e1tica que conlleva su realidad correlativa la vida: temas como el aborto, la manipulaci\u00f3n gen\u00e9tica o la eutanasia, siguen planteando dif\u00ed\u00adciles cuestiones fronterizas entre la perspectiva cient\u00ed\u00adfica y un proyecto de vida consecuente con la fe, que ha de asumir tambi\u00e9n los postulados de la bio\u00e9tica.<\/p>\n<p>En realidad, siempre tenemos que volver a la categor\u00ed\u00ada existencial de la projimidad, donde ha de inscribirse, como hemos dejado dicho, el agape o amor cristiano, centro y manantial de todo aut\u00e9ntico proyecto que integre el horizonte espacio-temporal de la inmanencia en el mundo, con la altura y profundidad de la transcendencia, que lo traspasa, ilumina, eleva y transfigura con un sentido siempre nuevo y \u00faltimo, en la m\u00e1s \u00ed\u00adntima cercan\u00ed\u00ada; pero que, a la vez, no se deja nunca identificar con nada ni con nadie de los que forman los eslabones de las cadenas del orden fenom\u00e9nico y causal de lo creado, abriendo el mundo y el propio hombre a la infinita lejan\u00ed\u00ada del misterio con su inabarcable desbordamiento de sentido, que, sin embargo, no a\u00f1ade, ni quita, ni explica nada de su propia mundanidad aut\u00f3noma-en-su-autodeficiencia carencial.<\/p>\n<p>Hay, sin embargo, en el cristianismo una especie de excepci\u00f3n, si lo comparamos con otras religiones: el hacerse el Hijo de Dios hombre y entrar as\u00ed\u00ad a formar parte de la historia y existencia humana, se identific\u00f3, de alg\u00fan modo, con los humanos, con preferencia a los m\u00e1s \u00abpeque\u00f1os\u00bb y necesitados. Los cristianos lo expresaron ya as\u00ed\u00ad, en el quiz\u00e1s primer himno lit\u00fargico dedicado a Jesucristo: siendo de condici\u00f3n divina&#8230; se despoj\u00f3 de s\u00ed\u00ad mismo tomando condici\u00f3n de siervo, haci\u00e9ndose semejante a los hombres y actuando como un hombre cualquiera (Flp 2, 6-7). De ah\u00ed\u00ad tambi\u00e9n que, cuando vuelva como Juez, al final de los tiempos, s\u00f3lo nos examinar\u00e1 de amor (Juan de la Cruz) en primera persona: tuve hambre y me disteis de comer&#8230; estaba prisionero y vinisteis a verme, porque, cuanto hicisteis a uno de estos hermanos m\u00ed\u00ados m\u00e1s peque\u00f1os, a m\u00ed\u00ad me lo hicisteis (Mt 25, 34-36, 40).<\/p>\n<p>Parece, pues, que un aut\u00e9ntico proyecto existencial de un cristiano, tanto ayer como hoy, implica el ver en cada hombre o mujer que necesiten de \u00e9l, nunca un enemigo, ni siquiera un extra\u00f1o o lejano, sino un pr\u00f3jimo (pr\u00f3ximo) con el rostro de Jes\u00fas, hermano y amigo de todos, de quien cada cual, viviendo con autenticidad su fe, puede decir, como Pablo, el antiguo perseguidor de la Iglesia: me am\u00f3 y se entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad-mismo por m\u00ed\u00ad (Gal 2, 20). Es \u00fanicamente aqu\u00ed\u00ad donde se asientan los s\u00f3lidos cimientos de una solidaridad, tolerancia y hermandad universales, que sepan reconocer los valores humanos y respetar la dignidad de cada persona y de cada grupo o comunidad de personas.<\/p>\n<p>De todos modos, el humanismo cristiano es algo m\u00e1s que un simple humanismo, desbordando ampliamente no s\u00f3lo a los humanismos ateos, sino incluso a los de otras religiones y sectas que muestran creer en Dios. Con todo, en la actualidad y supuesta una mutua tolerancia y respeto tambi\u00e9n en el \u00e1mbito religioso, hay ciertos problemas que presentan una fenomenolog\u00ed\u00ada muy semejante para todos los creyentes de las grandes religiones, a un cierto nivel de abstracci\u00f3n. Tal me parece ser el conflicto entre las verdades de fe y las verdades de la ciencia, que asustan a muchos creyentes, reaccionando, a veces de forma regresivamente defensiva, y que puede tomar, en ocasiones, posturas terriblemente agresivas, fijados en un literalismo tradicional, precr\u00ed\u00adtico y fan\u00e1tico, llamado fundamentalismo o integrismo, de imposible di\u00e1logo con la ciencia y, en general, con la modernidad. La reacci\u00f3n inversa es la de aquellos que, fascinados por los progresos de la ciencia, en sus avances t\u00e9cnicos visibles, se desconciertan al pretender escanciar la verdad de su fe en los moldes metodol\u00f3gicos de las ciencias positivas, de un modo particular las ciencias humanas, algunas de las cuales parecen explicar algunos fen\u00f3menos, sobre todo de la intimidad personal, reservados antes al campo de la religi\u00f3n y a sus ministros. A nivel intelectual, est\u00e1 el riesgo de los reduccionismos de la fe a simples fen\u00f3menos psicol\u00f3gicos, sociales o m\u00e9dicos; y a nivel pr\u00e1ctico, un abandono de las pr\u00e1cticas religiosas, fruto de la propia confusi\u00f3n mental, al considerar la ciencia haci\u00e9ndole competencia a la fe.<\/p>\n<p>Nuestra opini\u00f3n es que este conflicto, en su versi\u00f3n m\u00e1s general, requiere para su superaci\u00f3n, tomar conciencia de que ciencia y fe pertenecen a dos tipos de verdad muy distintas, constituyendo un error el intento de probar los asertos o dogmas religiosos con los m\u00e9todos y epistemolog\u00ed\u00ada propios del conocimiento cient\u00ed\u00adfico. Mientras en la ciencia, lo importante es el m\u00e9todo y las condiciones detalladas de su aplicaci\u00f3n, no contando la persona del cient\u00ed\u00adfico; la verdad de fe pertenece a la verdad-de-testimonio, donde lo importantes son las personas y las cualidades que posean: la del testigo que posee la verdad a transmitir y que ha de ser cre\u00ed\u00adble y la del creyente, que ha de confiar en el testigo cre\u00ed\u00adble y darle fe de forma libre. Ahora bien, Jes\u00fas de Nazaret no se presenta ni como fil\u00f3sofo ni como cient\u00ed\u00adfico, sino como testigo de Dios, su Padre y ofrece su mensaje del Reino, como verdad que s\u00f3lo El posee, a quien libremente desee escucharlo y abrirse a un acto personal de fe y acogida confiada. En la realidad parad\u00f3jica de este acto de fe, que es don ofrecido a nivel de misterio y opci\u00f3n libre a nivel problem\u00e1tico humano, no hay nunca evidencia racional, sino oscura tiniebla que s\u00f3lo se vuelve extra\u00f1amente luminosa y radicalmente afianzadora cuando el sujeto, perdiendo toda seguridad, se lanza confiado a ese inmenso espacio reci\u00e9n abierto por la palabra-testimonio, para dar su asentimiento incondicional, con el firme convencimiento de que ese testigo tiene derecho a ser cre\u00ed\u00addo.<\/p>\n<p>Por lo que toca a las ciencias humanas y limit\u00e1ndonos a la psicolog\u00ed\u00ada, existe siempre el riesgo de intentar el psic\u00f3logo explicar los propios contenidos de la fe religiosa, transgrediendo as\u00ed\u00ad los l\u00ed\u00admites de sus m\u00e9todos y epistemolog\u00ed\u00ada cient\u00ed\u00adfica, cayendo en un psicologismo reduccionista, en lugar de contentarse con el estudio de la dimensi\u00f3n psicol\u00f3gica de las representaciones, vivencias y conductas religiosas. En este \u00e1mbito de su competencia, no tiene por qu\u00e9 entrar en conflicto con las leg\u00ed\u00adtimas opciones del creyente, agn\u00f3stico o ateo; pudiendo ofrecerle a todos ellos valiosos medios para un an\u00e1lisis m\u00e1s profundo de sus respectivas actitudes y motivaciones que las sustentan.<\/p>\n<p>2.3. Proyecto existencial y proceso de individuaci\u00f3n<br \/>\nTerminamos ofreciendo, en este apartado, un esquem\u00e1tico modelo formal que pueda servir de base psicol\u00f3gica para la inscripci\u00f3n de un proyecto existencial cristiano, donde las exigencias de la fe en Jesucristo encuentran un terreno universalmente humano y singularmente personal, a la vez, donde enra\u00ed\u00adzarse y florecer. Aunque inspirado en Jung, nuestro conocimiento y lectura cr\u00ed\u00adtica de este autor nos alejan de toda sospecha de cualquier tipo de moderno gnosticismo e incluso de lecturas actuales de ciertos te\u00f3logos como Eugen Drewermann. Ya en otras ocasiones lo hemos aplicado, creemos que exitosamente, como textura psicol\u00f3gica, del caminar m\u00ed\u00adstico, tal como Santa Teresa lo expone en Las Moradas del Castillo interior.<\/p>\n<p>Carlos Gustavo Jung sostiene, en efecto, apoyado en una larga experiencia cl\u00ed\u00adnica, que el sujeto humano, dejando aparte las opciones conscientes de su yo, manifiesta, en las inconscientes e involuntarias manifestaciones representativas de su s\u00ed\u00ad-mismo, la impronta del Absoluto, puesto que sus s\u00ed\u00admbolos de totalidad \u2014por ej, los mandalas\u2014 coinciden, en parte, con los de la Divinidad. Nos parece interesante constatar un cierto paralelismo aqu\u00ed\u00ad con el pensamiento de Zubiri, a nivel filos\u00f3fico, al defender la esencial religaci\u00f3n de este \u00ababsoluto relativo\u00bb que es el hombre, con el \u00abAbsoluto absolutamente absoluto\u00bb, anterior a toda actitud y decisi\u00f3n individual consciente de fe, agnosticismo o ate\u00ed\u00adsmo.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 significa, para Jung, individuarse? Pensamos que se trata, en el fondo, de retomar el viejo problema de los universales que ocup\u00f3 durante siglos a los fil\u00f3sofos de nuestras primeras universidades, buscando el principium individuationis que hiciese racionalmente comprensible la parad\u00f3jica y aparente contradicci\u00f3n de ser cada individuo animal racional, siendo esto la expresi\u00f3n justamente de lo universalmente humano, como especie. Esto les oblig\u00f3 a bajar de sus abstracciones metaf\u00ed\u00adsicas y volver su mirada a la dimensi\u00f3n existencial de la corporeidad con sus notas individuantes. Tambi\u00e9n Jung se pregunta ahora: \u00bfc\u00f3mo las estructuras arquet\u00ed\u00adpicas del inconsciente colectivo, comunes a todos los humanos, como fruto que son de millones de a\u00f1os de filog\u00e9nesis del homo sapiens, pueden realizarse en cada individuo, portador de esas posibilidades t\u00ed\u00adpicas (arquet\u00ed\u00adpicas) de esta extra\u00f1a especie animal, \u00fanica creadora de cultura, que habla, entierra a sus muertos y reza? Su respuesta es: individuarse significa llegar a ser s\u00ed\u00ad-mismo o, si se prefiere, vivir en verdad lo que se es, autentificarse.<\/p>\n<p>Y es que, en la primera parte de la vida, demasiado extravertidos, hemos ido dejando girones de nosotros mismos transferidos proyectiva e imaginariamente a personas y cosas, y con facilidad nos masificamos y alienamos en ellas, \u00abdescentr\u00e1ndonos\u00bb progresivamente. Ahora, individuarnos cobra tambi\u00e9n el sentido de recentrarnos, a la vez que nos \u00abrecogemos\u00bb introvertidamente, no para encerrarnos en nosotros de modo egoc\u00e9ntrico, sino para cultivar nuestra olvidada interioridad, conquistar morada a morada nuestro castillo interior, para poder darnos a los dem\u00e1s desde nuestra libertad, en un intercambio de servicios y amor mutuos de car\u00e1cter interpersonal. Todo ello implica un progresivo paso del orden imaginario al orden simb\u00f3lico, propio del universo humano donde las cosas interesan m\u00e1s por lo que significan que por lo que son, y donde las realidades de sentido se hacen presentes-en-la-ausencia de su propia fisicidad, a trav\u00e9s de humildes signos que las manifiestan. Tambi\u00e9n a nivel cristiano, los signos sacramentales tienen, a nivel psicol\u00f3gico, esa cuasi m\u00e1gica eficacia presentificadora y transformante, que, a nivel de fe, est\u00e1 garantizada por la palabra de Jes\u00fas y de su Iglesia.<\/p>\n<p>Podemos hablar, pues, del proceso de individuaci\u00f3n como de un verdadero proyecto existencial, que s\u00f3lo la mayor parte de las personas, en la segunda parte de la vida, estar\u00ed\u00adan preparadas para poder llevarlo a cabo, casi siempre provocado su inicio por una fuerte crisis existencial, experimentada como un sin-sentido. Literariamente ser\u00ed\u00ada el mito del h\u00e9roe la mejor expresi\u00f3n de este arriesgado camino de aventuras del yo en busca de s\u00ed\u00ad-mismo, de sus luchas y dif\u00ed\u00adciles pruebas hasta el hallazgo del Tesoro o la celebraci\u00f3n de la Hierogamia. \u00bfNo hablan tambi\u00e9n los m\u00ed\u00adsticos del matrimonio espiritual, en la s\u00e9ptima morada teresiana, y de que ese inefable encuentro de la criatura con su Dios requiere, a la vez, un encuentro consigo mismo en el centro de su ser m\u00e1s profundo y aut\u00e9ntico? A nivel cristiano, si el proceso psicol\u00f3gico prepara e indica el escenario humano, es solamente la fe la que proporciona el sentido y contenido trinitario del encuentro, por mediaci\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>No es el momento ahora, ni tenemos espacio aqu\u00ed\u00ad para desarrollar los siete momentos -en cierto paralelismo con las siete moradas teresianas- de nuestra lectura del discurso jungiano, como lo hemos hecho en otros lugares (A. V\u00e1zquez, 1981, 1984). S\u00f3lo pondremos unas notas, a modo de ejemplo.<\/p>\n<p>Se precisa ante todo una aut\u00e9ntica decisi\u00f3n que proceda del s\u00ed\u00ad-mismo, como centro y totalidad, a la vez, de toda la persona, de donde nacen aquellas respuestas en la que uno se compromete ante s\u00ed\u00ad mismo, poniendo siempre impl\u00ed\u00adcitamente al Otro como Testigo. Teresa de Jes\u00fas, seg\u00fan nuestro parecer, hace referencia a esta acci\u00f3n de se\u00f1or\u00ed\u00ado o libertad sobre nuestro destino para convertirlo en opci\u00f3n vocacional, cuando dice que, para elegir el camino m\u00ed\u00adstico en serio y querer recorrerlo hasta el final: importa mucho y del todo una grande y muy determinada determinaci\u00f3n (V 21, 2). El h\u00e9roe ya dijo que s\u00ed\u00ad, a la Voz que insistentemente le llama a dejar esa vida rutirnaria que no lleva a ninguna parte, porque no es la suya, sino la del \u00abreba\u00f1o\u00bb, y emprender su propio camino existencial. Le espera ahora la primera aventura o el primer encuentro consigo mismo, del cual no ten\u00ed\u00ada idea: salir de casa. Tiene antes que vencer el Drag\u00f3n que guarda la puerta, impidi\u00e9ndole la salida: \u00c2\u00a1ha de liberarse de las dependencias infantiles que le impiden ser s\u00ed\u00admismo y actuar desde su libertad! El mito ofrece dos posibilidades: matarlo o domesticarlo; siendo mas aconsejable la segunda, puesto que en la primera, existe el riesgo de matar al ni\u00f1o que hay en nosotros; mientras que si reconocemos y aceptamos nuestros inevitables infantilismos, el antes drag\u00f3n fiero que nos dominaba nos ayudar\u00e1 ahora, como mascota, a recorrer con \u00e9xito nuestro camino.<\/p>\n<p>Ya fuera de casa y \u00abdejada la parentela\u00bb, como otro Abraham, va el h\u00e9roe llegando a la frontera de su comunidad cuando un Enmascarado le presenta batalla. Es este primer tiempo de lucha el que revela al sujeto lo que cuesta reconocer que en vez de vivir lo que se es, se vive m\u00e1s frecuentemente lo que uno parece o aparenta ser, esto es, en lugar de actuar desde m\u00ed\u00ad-mismo y desde mis valores personalmente asumidos, vivo desde los otros, pendiente de lo que esperan o digan de m\u00ed\u00ad: mi yo no se identifica con la persona sino con el personaje, con las mascara o con la colecci\u00f3n de m\u00e1scaras, una para cada circunstancia de mi situaci\u00f3n en el mundo. Incluso nos ponemos m\u00e1scaras ante nosotros mismos y ante Dios, como aparece claro en la par\u00e1bola evang\u00e9lica del fariseo y el publicano que entraron en el templo para orar. Por eso dice tambi\u00e9n Juan de la Cruz que este desenmascaramiento ha de ser tan radical que lleguemos a situarnos ante Dios en la pura desnudez espiritual de nuestra nada.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s el encuentro m\u00e1s penoso, pero inevitable es con la Figura siniestra, de apariencia horrible y monstruosa, pero que vencida y reconocida resulta tambi\u00e9n ser un amigo o hermano gemelo del h\u00e9roe, es decir, su sombra, el aspecto sombr\u00ed\u00ada de nuestro ser que, a nivel personal, es todo lo que no he podido aceptar en mi vida porque me humillaba o culpabilizaba, neg\u00e1ndolo, reprimi\u00e9ndolo o proyect\u00e1ndolo en los dem\u00e1s; pero que, a nivel arquet\u00ed\u00adpico, es el eterno problema del mal que acompa\u00f1a como sombra a todos los seres iluminados por la existencia, cual enigma de imposible soluci\u00f3n o incomprensible misterio. Y, sin embargo, es necesario que cada cual lo integre, de alg\u00fan modo, en su proyecto de vida existencial, teniendo que pasar, para ello, de un culpabilidad psicol\u00f3gica al sentido de culpa \u00e9tica y de ofensa religiosa. Piaget y Kohlberg han estudiado las fases y estadios psicol\u00f3gicos de la forman de la conciencia y los principios que utiliza en sus juicios de valor \u00e9tico, respecto a lo que se juzga bueno o malo. El psicoan\u00e1lisis se ocup\u00f3 del sentimiento de culpabilidad m\u00e1s bien patol\u00f3gico; pero algunos psicoanalistas parecen carecer de sensibilidad para distinguirlo del sentido de culpa moral y de pecado, como verdadera ofensa a Dios, libremente llevada a cabo, aunque no sea de forma directa, como en el caso de blasfemia, sino por el rodeo de la ofensa grave a cualquier hijo de Dios. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad la madurez cristiana implica no s\u00f3lo la superaci\u00f3n del legalismo externista de lo puro-impuro, sino adem\u00e1s, de la heteronom\u00ed\u00ada a la autonom\u00ed\u00ada, del cumplimiento de la ley por obligaci\u00f3n y temor, a su cumplimiento por la libre fidelidad que conlleva el verdadero amor al otro y al Otro.<\/p>\n<p>Encontrarse consigo mismo pasa necesariamente tambi\u00e9n por el encuentro del hombre con su anima y de la mujer con su animus, figuras del alma como personalidad interior, y respectivos polos contrapuestos de nuestro ser gen\u00e9rico y sexuado, tal como aparece oficialmente en nuestra personalidad externa o personaje social. Recogiendo las posibles proyecciones sobre el otro g\u00e9nero y sexo, y aceptando plenamente el nuestro, podremos lograr esa cercan\u00ed\u00ada y distancia psicol\u00f3gicamente justas para el establecimiento de aut\u00e9nticas relaciones intersubjetivas hombre-mujer y mujer-hombre, sin quedarnos enredados en los emblemas o atributos sexuales que nos impidan llegar directamente al sujeto personal humano. A nivel cristiano, esta superaci\u00f3n, no anulaci\u00f3n, del sexo es condici\u00f3n indispensable para una verdadera comuni\u00f3n fraterna en el Esp\u00ed\u00adritu, por el agap\u00e9.<\/p>\n<p>Finalmente es imposible que el yo se encuentre integradoramente con el s\u00ed\u00ad-mismo, realizando as\u00ed\u00ad su individuaci\u00f3n, sin el encuentro con el arquetipo del sentido o del Esp\u00ed\u00adritu, simbolizado generalmente en los mitos por el Viejo o Pajarito sabio, ambos sin fuerzas f\u00ed\u00adsicas pero ambos signos de sabidur\u00ed\u00ada, sea por los muchos a\u00f1os de experiencia del anciano o por las alas del pajarillo. Cuando en un cruce de caminos, el h\u00e9roe tiene que tomar una decisi\u00f3n a ciegas, que puede serle fatal y echar a perder todos los esfuerzos y trabajos pasados, la palabra-clave que s\u00f3lo aquellos poseen y pueden proporcionarle es para \u00e9l indispensable. Pero ello supone la gran humillaci\u00f3n de quien reconoce su ignorancia e impotencia de la fuerza muscular que le vali\u00f3 hasta aqu\u00ed\u00ad al h\u00e9roe para vencer a sus enemigos y pasar dif\u00ed\u00adciles pruebas en su camino. Tal vez llego a creerse autosuficiente y despreci\u00f3 a las peque\u00f1as criaturas, como a la peque\u00f1a lagartija que mendiga unas migajas de su pan; pero que luego, cuando el h\u00e9roe dorm\u00ed\u00ada y estaba a punto de ser devorado por un tigre, la piadosa lagartija, introduciendo en su o\u00ed\u00addo la cola le salv\u00f3 la vida, y el h\u00e9roe tuvo que reconocer que hay que contar incluso con las m\u00e1s peque\u00f1as criaturas para andar el camino de la vida. Despu\u00e9s de esta muerte simb\u00f3lica y de esta gran lecci\u00f3n recibida y reconocida, est\u00e1 preparado para pedir consejo, abaj\u00e1ndose y humill\u00e1ndose ante el anciano sabio: es entonces cuando \u00e9l tambi\u00e9n comienza a serlo, sinti\u00e9ndose solidario con todos y viendo sus aventuras no como m\u00e9ritos propios sino como dones gratuitamente recibidos. Todo el proceso de simbolizaci\u00f3n ha tenido como finalidad, un profundo cambio existencial: el verdadero sentido de la vida para el hombre est\u00e1 en aquellos valores del esp\u00ed\u00adritu, entre ellos el de la fe cristiana, que la mayor parte desprecian o no valoran suficientemente porque no se compran ni se venden, ni puede sac\u00e1rseles rentabilidad alguna material. A nivel cristiano, a quien haya llegado aqu\u00ed\u00ad, tendr\u00e1 la adecuada preparaci\u00f3n psicol\u00f3gica para escuchar, con gozo, el vers\u00ed\u00adculo 22 del salmo 118, repetido en la liturgia pascual, aplicado a Cristo, seg\u00fan ya Lucas lo pone en boca de Pedro (Hch 4, 11): la piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esta sabidur\u00ed\u00ada alcanzada, por lo dem\u00e1s, simplifica la existencia: el sujeto se siente solidario con los dem\u00e1s sujetos humanos y con la propia naturaleza: su cambio ha sido como un renacer que lo ha hecho pasar del infantilismo a una especie de infancia espiritual, que le hace ver todo con ojos nuevos y transparentes, tolerantes y sorprendidos. \u00bfNo es la mejor disposici\u00f3n para comenzar a comprender las palabras de Jes\u00fas: Si naos hac\u00e9is como ni\u00f1os no entrar\u00e9is en el reino?<br \/>\nBIBL. -AVESTAR\u00ed\u0081N, S. (1980) Manual de psicoterapia de grupo. Nueva s\u00ed\u00adntesis de Psicoan\u00e1lisis existencial. Universidad Pontificia, Salamanca; BINSWANGER, L. (1973) Grundformen und Erkenntnis menschli-chen Dasseins E. Reinhardt, M\u00fcnchen; BORGHESI, M. (1997) Postmodernidad y cristinismo. Encuentro, Madrid; GARRIDO, J. (2000) El conflicto con Dios hoy. Sal Terrae, Santander; TORRES QUEIRUGA, A. (1998) El problema de Dios en la modernidad. Verbo Divino, Estella; V\u00ed\u0081ZQUEZ, A. (1981) \u00abEl proceso de individuaci\u00f3n\u00bb, en Psicolog\u00ed\u00ada de la personalidad en C. G. jung. S\u00ed\u00adgueme, Salamanca (1982). Notas para una lectura de las \u00abMoradas\u00bb de Santa Teresa desde la psicolog\u00ed\u00ada profunda. Universidad Pontificia, Salamanca (1983). \u00abLas &#8216;Moradas del castillo interior&#8217; como proceso de individuaci\u00f3n\u00bb, Congreso Internacional Teresiano. Salamanca; VERGOTE, A. (1999) Modernit\u00e9 et christianisme. Cerf, Paris.<\/p>\n<p>Antonio Vazquez Fern\u00e1ndez<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DJN \u00c2\u00a0 SUMARIO: Nota introductoria. &#8211; 1. Categor\u00ed\u00adas existenciales y fe cristianas. 1.1. Corporeidad-espacialidad y fe. 1.2. Corporalidad-temporalidad y fe. 1.3. La projimidad y el amor cristiano. &#8211; 2. Proyecto existencial del cristiano en un mundo secularizado y plural. 2.1. Modernidad, secularizaci\u00f3n y pluralismo de opciones. 2.2. La vocaci\u00f3n cristiana como proyecto existencial. 2.3. Proyecto &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/proyecto-existencial-y-fe-cristiana\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPROYECTO EXISTENCIAL Y FE CRISTIANA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15652","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15652","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15652"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15652\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15652"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15652"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15652"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}