{"id":15660,"date":"2016-02-05T10:11:23","date_gmt":"2016-02-05T15:11:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/revelacion-del-padre-por-el-hijo\/"},"modified":"2016-02-05T10:11:23","modified_gmt":"2016-02-05T15:11:23","slug":"revelacion-del-padre-por-el-hijo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/revelacion-del-padre-por-el-hijo\/","title":{"rendered":"REVELACION DEL PADRE POR EL HIJO"},"content":{"rendered":"<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: 1. El Revelador se autoexpresa como tal. -2. Jes\u00fas es el Revelador en cuanto enviado por el Padre. -3. Jes\u00fas es el revelador en cuanto Hijo del hombre. -4. Jes\u00fas es el revelador en cuanto Palabra. &#8211; 5. Jes\u00fas es el revelador en cuanto \u00abpar\u00e1bola de Dios\u00bb. &#8211; 6. Jes\u00fas es el revelador por su doble dimensi\u00f3n.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n \u00abmi\u00bb Padre puede ser considerada como el \u00ablema\u00bb de una cristolog\u00ed\u00ada del Revelador. La relaci\u00f3n \u00fanica con Dios Padre se pone de relieve al distanciarse de los dem\u00e1s hombres, de los disc\u00ed\u00adpulos incluso, llamando a Dios \u00abmi\u00bb Padre. Dondequiera que aparece se acent\u00faa su conciencia de Hijo. Esta relaci\u00f3n \u00fanica con el Padre le convierte en su conocedor m\u00e1s \u00ed\u00adntimo y le confiere la plenitud del poder en orden a revelar al Padre. Poder que le ha sido concedido para que haga part\u00ed\u00adcipes del mismo a cuantos quieran aceptarlo. Jes\u00fas se atribuye la plenitud del poder porque Dios se lo ha concedido como un padre a su hijo. \u00abMi\u00bb Padre es, por tanto, una palabra de revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Estas consideraciones no pertenecen al \u00faltimo per\u00ed\u00adodo de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica recogida en los evangelios. Por el contrario, se retrotraen hasta el fermento de la m\u00e1s antigua y elemental cristolog\u00ed\u00ada que refleja, ya desde el principio, la fe inmutable de la comunidad cristiana original. \u00abBienaventurado t\u00fa, Sim\u00f3n Bar Jona, porque no ha sido ni la carne ni la sangre las que te han revelado eso, sino mi Padre, que est\u00e1 en los cielos\u00bb (Mt 16,17).<\/p>\n<p>Jes\u00fas trae la revelaci\u00f3n definitiva: \u00abNo pens\u00e9is que he venido a abrogar la Ley olos Profetas, no he venido a abrogarla, sino a consumarla\u00bb (Mt 5,17). En las par\u00e1bolas de la misericordia, Jes\u00fas es presentado como el reflejo m\u00e1s fiel de Dios (Lc 15,4-7: la oveja perdida; la dracma perdida, vv. 8-10; el hijo pr\u00f3digo, vv. 11-32). Las tres tienen como denominador com\u00fan la alegr\u00ed\u00ada del Padre por el encuentro de lo perdido. En esta misma l\u00ed\u00adnea se expresa Jes\u00fas con otras palabras: \u00abToda planta que no ha plantado mi Padre celestial ser\u00e1 arrancada\u00bb (Mt 15,13).<\/p>\n<p>* La decisi\u00f3n ante la que es situado todo aquel que escucha la palabra de Jes\u00fas se realiza ante Aquel que es uno con el Padre: \u00abAs\u00ed\u00ad, pues, si alguno se avergonzare de m\u00ed\u00ad y de mis palabras ante esta generaci\u00f3n ad\u00faltera y pecadora, tambi\u00e9n se avergonzar\u00e1 de \u00e9l el Hijo del hombre, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos \u00e1ngeles\u00bb (Mc 8,38; pueden consultarse Mt 7,21; 10,32-33; 12,50; 18,35; Lc 9,26).<\/p>\n<p>* El Jes\u00fas sufriente est\u00e1 profundamente unido a la voluntad del Padre (Mt 26,10.19: la oraci\u00f3n en Getseman\u00ed\u00ad y la convicci\u00f3n de ser escuchado por su Padre).<\/p>\n<p>* El garantiza, en cuanto unido con el Padre, la salvaci\u00f3n y hace a los suyos la promesa de ser o\u00ed\u00addos en la oraci\u00f3n ((Mt 18,10.19).<\/p>\n<p>* La promesa que mira a la consumaci\u00f3n final es la coronaci\u00f3n de la uni\u00f3n de Jes\u00fas con \u00absu\u00bb Padre: \u00abY poned atenci\u00f3n: Yo voy a enviaros la Promesa del Padre. Permaneced en la ciudad hasta que se\u00e1is revestidos de la fuerza de lo alto\u00bb (Lc 24, 49; en la misma l\u00ed\u00adnea est\u00e1n Mt 20,23; 25,34; 26,29).<\/p>\n<p>1. El Revelador se autoexpresa como tal<br \/>\nLa exclamaci\u00f3n jubilosa nos ofrece una magn\u00ed\u00adfica s\u00ed\u00adntesis de Jes\u00fas como revelador del Padre. Nuestra reflexi\u00f3n sobre ella debe partir de su estructuraci\u00f3n literaria. El contenido de este precioso logion (Mt 11,25-27) se centra en cuatro afirmaciones:<\/p>\n<p>1\u00c2\u00ba) Todo me ha sido entregado por mi Padre.<\/p>\n<p>2\u00c2\u00ba) Nadie conoce bien al Hijo sino el Padre.<\/p>\n<p>3\u00c2\u00ba) Ni al Padre le conoce bien sino el Hijo.<\/p>\n<p>4\u00c2\u00ba) Y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.<\/p>\n<p>En la primera l\u00ed\u00adnea se destacar\u00ed\u00ada el pleno conocimiento que Jes\u00fas posee de su Padre. Este conocimiento tiene que hacer referencia a la manifestaci\u00f3n que Jes\u00fas hace de Dios Padre. Dicho de otro modo: A Jes\u00fas le ha sido concedido conocer el misterio de la revelaci\u00f3n. Jes\u00fas estar\u00ed\u00ada afirmando que el Padre le ha concedido todo lo tocante a la revelaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo o a su apertura y comunicaci\u00f3n a los hombres.<\/p>\n<p>La segunda l\u00ed\u00adnea estar\u00ed\u00ada subordinada a la tercera, es decir, que el Hijo conoce bien al Padre porque ha sido conocido por \u00e9l. N\u00f3tese que este conocimiento, al estilo b\u00ed\u00adblico, no se queda en el terreno l\u00f3gico-especulativo.<\/p>\n<p>La cuarta l\u00ed\u00adnea se centra de nuevo en el terreno de la revelaci\u00f3n. Puesto que el Hijo conoce al Padre, puede darlo a conocer (Jn 1,18). Nos hallamos, por tanto, ante una afirmaci\u00f3n central de Jes\u00fas sobre su misi\u00f3n. Jes\u00fas es el receptor y comunicador del conocimiento-revelaci\u00f3n de Dios. Un aspecto que se halla iluminado desde el contexto general de los evangelios \u00abA vosotros se os ha dado a conocer el misterio del reino de los cielos\u00bb (Mt 13, 11 y par.; la forma pasiva \u00abos ha sido dado\u00bb indica que el sujeto es Dios. Pero esto, naturalmente, no excluye el interrogante, \u00bfpor medio de qui\u00e9n ha llevado a cabo esta revelaci\u00f3n?).<\/p>\n<p>Este pensamiento se halla impl\u00ed\u00adcito en la exclamaci\u00f3n jubilosa de Jes\u00fas: \u00abhas ocultado estas cosas\u00bb, tauta en griego, indica la revelaci\u00f3n hecha por Dios en \u00e9l. La Biblia de Jerusal\u00e9n en la nota a Mt 11,25 comenta acertadamente: \u00abNo estando este pasaje, vv.25-27, en estrecha relaci\u00f3n con el contexto en que Mateo lo ha insertado (el texto paralelo de Lucas lo sit\u00faa en un contexto muy diferente), \u00abestas cosas\u00bb no se refieren a lo que precede, sino que se deben entender de \u00ablos misterios del Reino\u00bb, Mt 13,11, revelados a los \u00abpeque\u00f1os\u00bb, los disc\u00ed\u00adpulos (ver Mt 10,42), pero ocultos a los \u00absabios\u00bb, los fariseos y sus doctores\u00bb.<\/p>\n<p>En el lugar paralelo Lucas a\u00f1ade un texto que, en nuestro contexto, se convierte en el mejor comentario del mismo: \u00abVuelto a los disc\u00ed\u00adpulos, aparte les dijo: \u00abDichosos los ojos que ven lo que vosotros veis, porque yo os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis y no lo vieron, y o\u00ed\u00adr lo que o\u00ed\u00ads, y no lo oyeron\u00bb\u00bb (Lc 10,23-24).<\/p>\n<p>2. Jes\u00fas es el Revelador en cuanto enviado por el Padre<br \/>\nEl pensamiento fundamental del cuarto evangelio es que Jes\u00fas es el Revelador. El t\u00ed\u00adtulo no le es dado nunca expl\u00ed\u00adcitamente. Sin embargo, es el que mejor refleja el ser espec\u00ed\u00adfico de Jes\u00fas; el que mejor traduce toda la profundidad y altura de la cristolog\u00ed\u00ada jo\u00e1nica. El mismo Jes\u00fas manifiesta con toda claridad este pensamiento: Sal\u00ed\u00ad del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo para volver al Padre (Jn 16,28).En pensamiento que coloca Juan en el p\u00f3rtico solemne de la pasi\u00f3n: \u00abJes\u00fas, con plena conciencia de haber salido del Padre y de que ahora volv\u00ed\u00ada a \u00e9l&#8230;\u00bb (Jn 13,3). De una forma u otra esta presentaci\u00f3n de Jes\u00fas se repite hasta 37veces en el cuarto evangelio. Un ejemplo que ponemos a parte para destacar la \u00abobsesi\u00f3n\u00bb de este pensamiento:<\/p>\n<p>\u00abUna prueba evidente de que el Padre me ha enviado es que hago lo que el Padre me encarg\u00f3 hasta llevarlo a feliz t\u00e9rmino. Tambi\u00e9n habla a mi favor el Padre que me envi\u00f3&#8230; Su palabra no ha tenido acogida en vosotros; as\u00ed\u00ad lo prueba el hecho de que no quer\u00e9is creer en el enviado de Dios\u00bb (Jn 5,36-38).<\/p>\n<p>Jes\u00fas es el \u00abenviado del Padre\u00bb o, simplemente, el Enviado. Remitimos a lo que acabamos de exponer. Jes\u00fas \u00abha venido de Dios o del Padre\u00bb: \u00abPero yo no he venido por mi propia cuenta, sino que he sido enviado por aquel que es veraz, a quien vosotros no conoc\u00e9is. Yo s\u00ed\u00ad le conozco, porque procedo de \u00e9l y es \u00e9l quien me ha enviado\u00bb (Jn 7,28-29; dentro del evangelio de Juan este pensamiento aparece casi con tanta frecuencia como el anterior; 3,19;5,43;10,10; 18,37&#8230;).Jes\u00fas \u00abha descendido del cielo\u00bb (Jn 3,13; 6, 33-38. 41-42&#8230;).<\/p>\n<p>Esta realidad misteriosa es la mejor prueba del amor que Dios tiene al hombre: \u00abTanto am\u00f3 Dios al mundo que le envi\u00f3 a su propio Hijo\u00bb (Jn 3,16). El ha sido enviado por Dios como la oferta divina de la salvaci\u00f3n en persona. El es el acontecimiento escatol\u00f3gico por excelencia. El, y \u00fanicamente \u00e9l, \u00abhabla las palabras de Dios\u00bb: \u00abPorque yo no he hablado de m\u00ed\u00ad mismo; el Padre mismo que me ha enviado es quien me mand\u00f3 lo que he de decir y hablar\u00bb (Jn 12,49) y realiza las obras de su Padre: \u00abPero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan, porque las obras que mi Padre me dio hacer, esas obras que yo hago dan testimonio en favor de que el Padre me ha enviado\u00bb (Jn 5,36).<\/p>\n<p>Todos los dem\u00e1s t\u00ed\u00adtulos dados a Cristo en el evangelio de Juan tienen la significaci\u00f3n \u00abfuncional\u00bb de subrayar aquello que el evangelista considera como m\u00e1s importante: destacar la figura de Jes\u00fas como revelador del Padre. El Padre envi\u00f3 a su Hijo al mundo como su revelador, como el Revelador. Este aspecto presenta a Dios, en el espejo de su Hijo, como la \u00fanica alternativa al mundo de la mentira, de las tinieblas y de la muerte. Tanto su venida a nosotros como su retorno al Padre significan la descalificaci\u00f3n y el juicio condenatorio del mundo en su hostilidad frente a Dios (Jn 3,iss.3lss; 4,13ss), as\u00ed\u00ad como la salvaci\u00f3n para los suyos (Jn 3,18; 5,24).<\/p>\n<p>Su aspecto de revelador se expresa con mayor claridad cuando el Enviado ha abandonado gozosamente el mundo hostil a Dios y ha vuelto al reino de la gloria. Es entonces cuando realiza plenamentesu actividad salvadora. Y esto se manifiesta en la audici\u00f3n-escucha de sus deseos y s\u00faplicas, en la garant\u00ed\u00ada de un lugar seguro en la casa del Padre o en la participaci\u00f3n plena de los creyentes en la vida divina (Jn 14,1ss; 17,20ss).<\/p>\n<p>En cuanto enviado del Padre tiene sus mismos poderes. Puede decidir sobre la vida y la muerte. Pero su categor\u00ed\u00ada de Revelador le sit\u00faa en el mismo plano de quien le ha enviado y a quien debe dar a conocer. M\u00e1s a\u00fan, le presenta actuando del mismo modo y forma a como Dios lo hace. Se sit\u00faa en el plano existencial y es en este nivel en el que quiere que se decida su suerte. La suerte o destino del hombre, tanto si es positivo como si lo es negativo, se juega en la confrontaci\u00f3n personal del hombre con el Revelador. Entonces, ahora y siempre. Y ello es as\u00ed\u00ad porque en Jes\u00fas, en cuanto revelador y revelaci\u00f3n de Dios -en Jes\u00fas coinciden el ser el Revelador y el contenido de la revelaci\u00f3n-, Dios ha manifestado su gloria: \u00abnosotros (los creyentes) hemos visto su gloria\u00bb (Jn 1,14).<\/p>\n<p>En \u00e9l coinciden, en cuanto a su unidad esencial, el Revelador y lo revelado, el Mitente (el que env\u00ed\u00ada, que es el Padre) y el enviado.<\/p>\n<p>3. Jes\u00fas es el revelador en cuanto Hijo del hombre<br \/>\nComo final de una titulatura cristol\u00f3gica adelantada e insertada en el relato de la vocaci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos Jes\u00fas les garantiza que \u00abver\u00e1n el cielo abierto y a los \u00e1ngeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del hombre\u00bb (Jn 1,51). Estas palabras del Maestro hacen suponer que descubrirle como Hijo del hombre es la meta \u00faltima a la que puede llegar el creyente.<\/p>\n<p>Para el conocimiento del significado del Hijo del hombre, la frecuencia con que aparece en los evangelios, el hecho de que siempre se halle en labios de Jes\u00fas, la prehistoria del mismo que es necesario tener en cuenta para llegar a su significado remitimos a la entrada Hijo del hombre, ampliamente desarrollada en este diccionario. Aqu\u00ed\u00ad nos centraremos en el aspecto que nos interesa.<\/p>\n<p>Jes\u00fas utiliza la expresi\u00f3n o t\u00ed\u00adtulo con algunas matizaciones importantes. Con ella se autodesigna como el hombre de los tiempos \u00faltimos, como el hombre nuevo, el hombre perfecto por excelencia, el nuevo Ad\u00e1n, el iniciador de una humanidad nueva (Rom 5,12-21; 1Cor 15,22). El Ecce horno no designa otra cosa. Esto habla claramente de un \u00abplus\u00bb existente en dicho hombre. Jes\u00fas utiliz\u00f3 este t\u00ed\u00adtulo porque era el menos comprometido, el menos cargado de mesianismo pol\u00ed\u00adtico y militar-guerrillero, el menos alarmante y sospechoso para o\u00ed\u00addos romanos. Adem\u00e1s, este t\u00ed\u00adtulo pon\u00ed\u00ada de relieve la dignidad del Mes\u00ed\u00adas matizando \u00e9sta a trav\u00e9s del filtro del \u00absiervo paciente\u00bb. El Hijo del hombre es, por un lado, una figura celeste, y, por otro, el siervo paciente. Es el Hombre sufriente, el hombre por excelencia. No es un hombre cualquiera, sino el Hombre-Juez de los \u00faltimos d\u00ed\u00adas; investido por Dios con autoridad judicial sobre toda la humanidad, seg\u00fan la representaci\u00f3n apocal\u00ed\u00adptica (Mt 25,31-46).<\/p>\n<p>Para descubrir su funci\u00f3n reveladora es preciso liberarlo de los condicionamientos apocal\u00ed\u00adptcos. Es una tarea que hizo el evangelio de Juan al que nos referiremos para que el t\u00ed\u00adtulo de este apartado no se desv\u00ed\u00ade del t\u00ed\u00adtulo general que estamos desarrollando. Ya apuntamos que la expresi\u00f3n o t\u00ed\u00adtulo de Hijo del hombre la utiliza Jes\u00fas para describir la meta \u00faltima a la que puede llegar el creyente.(Jn 1,51). En el evangelio de Juan el t\u00ed\u00adtulo aparece 12 veces.<\/p>\n<p>Desde un examen serio de los textos, \u00e9stos nos orientan hacia el terreno de la mediaci\u00f3n. El Hijo del hombre es el mediador entre el cielo y la tierra. Eso es lo que significa el \u00abver\u00e9is el cielo abierto y a los \u00e1ngeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del hombre\u00bb. El texto es una referencia clara a la escalera vista en sue\u00f1os por Jacob (Gen 28,12), que un\u00ed\u00ada el cielo y la tierra. Los \u00e1ngeles que suben ybajan son un g\u00e9nero literario, figuras puramente funcionales que tienen la misi\u00f3n de acentuar el pensamiento siguiente: Entre el cielo y la tierra se ha producido una comunicaci\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo? Mediante la aparici\u00f3n del Hijo del hombre.<\/p>\n<p>Para el evangelio de Juan el Hijo del hombre no es otra cosa que el Hijo o el Hijo de Dios, que se encontr\u00f3 con el hombre, con el mundo humano, en Jes\u00fas de Nazaret. Dicho encuentro hace posible la comunicaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica con el mundo de arriba, con Dios. Este Hijo del hombre tiene tanta importancia que la designaci\u00f3n como tal tiende a destacar toda la dimensi\u00f3n de esta figura apocal\u00ed\u00adptica que, en nuestro lenguaje, no acertar\u00ed\u00adamos a describir.<\/p>\n<p>El Hijo del hombre no es la designaci\u00f3n del hombre, ni de la humanidad de Jes\u00fas -como tantas veces se ha dicho-, ni la representaci\u00f3n del antiguo pueblo de Dios. El Hijo del hombre es el ser Preexistente, el Dios celeste, que descendi\u00f3 al mundo de las tinieblas y de la mentira, que llama a los suyos a la filiaci\u00f3n divina y que, despu\u00e9s de una breve actividad salv\u00ed\u00adfica, sin haberse separado nunca del mundo celeste, vuelve a disfrutar de su gloria, que ten\u00ed\u00ada junto al Padre antes de que el mundo existiese. (Jn 17,5). A los suyos, a los renacidos del Esp\u00ed\u00adritu, los llevar\u00e1 a vivir en la casa celeste en la que el Padre ha preparado lugar para todos. Se les garantiza la participaci\u00f3n en la vida de Dios, en la plenitud de la vida. Esa era la misi\u00f3n que le trajo a la tierra (Jn 10,10b).<\/p>\n<p>4. Jes\u00fas es el revelador en cuanto Palabra<br \/>\nJes\u00fas es el Hijo del hombre, el mediador entre Dios y el hombre, el puente por el que llega a nosotros el misterio de Dios. Este pensamiento de la mediaci\u00f3n y de la misi\u00f3n o env\u00ed\u00ado pone de relieve la relaci\u00f3n particular de Jesucristo con el hombre. En el evangelio de Juan, Jes\u00fas es el que habla al hombre, el que le acerca al mundo de Dios. Es el aspecto del misterio de Cristo que expresa el cuarto evangelio design\u00e1ndole como Palabra. El Logos o Palabra pueden estar escritos con may\u00fascula o con min\u00fascula. En el primer caso se trata de un t\u00ed\u00adtulo cristol\u00f3gico: presenta a Cristo como la palabra del Padre proyectada desde siempre para hablar al hombre. Este aspecto aparece dos veces en Juan (Jn.1,1.14).<\/p>\n<p>En el segundo caso, las \u00abpalabras\u00bb de Jes\u00fas son las del revelador divino: Dios habla en ellas (Jn 3,34). Ahora bien, el hablar de Dios no es otra cosa que el actuar divino. En la medida en que se revela, Dios es palabra. Por su misma naturaleza, la palabra tiene como funci\u00f3n esencial el hablar, el comunicar, el ser signo de comuni\u00f3n. De ah\u00ed\u00ad que cuando se habla de la palabra o de las palabras de Jes\u00fas deba entenderse toda su actuaci\u00f3n: sus sonidos articulados \u2014lo que com\u00fanmente se entiende por palabras\u2014, sus acciones, sus gestos, su conducta, su vida, su muerte y tambi\u00e9n su resurrecci\u00f3n. La Palabra se hizo carne en Jes\u00fas. Esto significa que las palabras de Jes\u00fas son la traducci\u00f3n de todo el actuar divino. Incluso el actuar salv\u00ed\u00adfico, es decir, lo que es Cristo para el hombre. Cristo introduce al hombre en el mundo de la vida divina.<\/p>\n<p>La comunicaci\u00f3n para el hombre, expresada mediante la presentaci\u00f3n de Jes\u00fas como la Palabra y la acentuaci\u00f3n del significado de sus palabras, se hace posible desde la unidad de Jes\u00fas con el Padre: \u00abEl Padre y yo somos uno\u00bb (Jnl 0,30; 17,22). Jes\u00fas puede comunicar al hombre todo el misterio de Dios porque participa \u00ed\u00adntimamente en su vida. Es necesario partir de esta unidad para entender una serie de expresiones que resultar\u00ed\u00adan totalmente enigm\u00e1ticas sin ella. Las palabras de Jes\u00fas no son suyas, sino del Padre: \u00abCuando habla Aquel a quien Dios ha enviado, es Dios mismo quien habla, ya que Dios le ha comunicado plenamente su Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Jn 3,34). Las obras de Jes\u00fas no son suyas, sino del Padre (Jn 5,18-19). Jes\u00fas no hace su voluntad, sino la del Padre (Jn 4,34). El Padre le ha concedido plenos poderes (Jn 5,27; 17,2).<\/p>\n<p>Esta uni\u00f3n se expresa mediante la f\u00f3rmula de reciprocidad: \u00ab\u00bfNo crees que yo estoy en el Padre y el Padre en m\u00ed\u00ad?\u00bb (Jn 14,10). Su significado es que Dios se halla representado por Jes\u00fas y \u00fanicamente por \u00e9l: \u00abEl que cree en m\u00ed\u00ad, no solamente cree en m\u00ed\u00ad, sino tambi\u00e9n en el que me ha enviado; al verme a m\u00ed\u00ad, ve tambi\u00e9n al que me envi\u00f3\u00bb (Jn 12,44-45). La insistencia en esta uni\u00f3n tiene la finalidad de subrayar la misi\u00f3n o el quehacer del Enviado. El es el portador de la revelaci\u00f3n o del conocimiento salvador (Jn 17,3). El y solamente \u00e9l, porque a Dios nadie le ha visto m\u00e1s que el Hijo (Jn 5,37; 6,46).<\/p>\n<p>El car\u00e1cter revelador de Jes\u00fas lo ponen de relieve de forma singular las expresiones \u00abYo soy\u00bb (= eg\u00f3 eim0, t\u00ed\u00adpicas del evangelio de Juan: \u00abYo soy\u00bb, el pan, la luz, la puerta, el pastor, la resurrecci\u00f3n y la vida, el camino, la verdad y la vida, la vid verdadera. En estas autopresentaciones de Jes\u00fas se centra toda la revelaci\u00f3n que \u00e9l aporta al hombre. En realidad, Jes\u00fas revela s\u00f3lo una cosa: que \u00e9l es el Revelador. De este modo se subraya que la revelaci\u00f3n es un don absolutamente gratuito y la salvaci\u00f3n eterna. Este Revelador \u00fanico, realizador de todas las esperanzas escatol\u00f3gicas, invita a la participaci\u00f3n en dichas promesas: \u00abQuien viene a m\u00ed\u00ad, no tendr\u00e1 m\u00e1s hambre, y quien cree en m\u00ed\u00ad no volver\u00e1 a tener sed\u00bb (Jn 6,51 a; lo mismo puede decirse de las dem\u00e1s precisiones a\u00f1adidas al \u00abYo soy\u00bb, como la luz, la vida&#8230;).<\/p>\n<p>5. Jes\u00fas es el revelador en cuanto \u00abpar\u00e1bola de Dios\u00bb<br \/>\nJes\u00fas fue el m\u00e1s insigne parabolista de su \u00e9poca. Y la afirmaci\u00f3n es sumamente importante si tenemos en cuenta el n\u00famero de par\u00e1bolas rab\u00ed\u00adnicas que superan con bastante el millar. Las suyas destacan por su frescor, su fuerza expresiva y su car\u00e1cter preponderante de proclamaci\u00f3n. Se puede, por tanto, afirmar que las par\u00e1bolas de Jes\u00fas no tuvieron predecesoras ni tuvieron tampoco seguidoras. Destacan, adem\u00e1s -y esto es a\u00fan mucho m\u00e1s importante-, por la inseparabilidad de las mismas de su persona. A diferencia de las par\u00e1bolas rab\u00ed\u00adnicas que el Talmud no atribuye sistem\u00e1ticamente a un rabino, son par\u00e1bolas hu\u00e9rfanas (aunque algunas s\u00ed\u00ad tengan un padre reconocido), las de Jes\u00fas le tienen a \u00e9l como protagonista. Las par\u00e1bolas reciben de Jes\u00fas su criterio de verdad. En ellas se ve implicado y complicado directamente Jes\u00fas en cuanto revelador de Dios.<\/p>\n<p>En sus par\u00e1bolas Jes\u00fas habla de Dios y de su Reino: de la naturaleza del mismo, de su nacimiento humilde, de su crecimiento desproporcionado, de su valor existencial incalculable, de las reglas por las que se rige, de la meta a la que conducen; de su inminencia, presencia y ocultamiento. Son un medio para hablar de la presencia de Dios y de su poder transformante.<\/p>\n<p>En un momento determinado, a partir de la Pascua, \u00abJes\u00fas, que hab\u00ed\u00ada proclamado a Dios en las par\u00e1bolas, la Iglesia primitiva -la que m\u00e1s directamente se nos refleja en los evangelios- proclam\u00f3 a Jes\u00fas como la par\u00e1bola de Dios\u00bb (J. D. Crossan). La confesi\u00f3n cristiana de la fe: \u00abJes\u00fas es el Cristo o el Hijo de Dios\u00bb le convirti\u00f3 en la par\u00e1bola de Dios. Las par\u00e1bolas de Jes\u00fas, sus palabras, ense\u00f1anzas y hechos le convirtieron en la par\u00e1bola de Dios. Del Dios revelador, por mediaci\u00f3n de Jes\u00fas, se convirtieron en el Dios revelado en Jesucristo. Las par\u00e1bolas se convirtieron en palabras con poder, algo as\u00ed\u00ad como en una explicitaci\u00f3n del misterio del evangelio (Rom 1,16-17). Esto nos obliga a situar las par\u00e1bolas de Jes\u00fas en el conjunto de los evangelios.<\/p>\n<p>Las par\u00e1bolas de Jes\u00fas son un relato menor dentro del relato mayor, un microcosmo cristiano dentro del macrocosmo evang\u00e9lico. El Parabolista se identifica con el Salvador que vive, ense\u00f1a y act\u00faa en nombre de Dios, cuya imagen comunica a los lectores del evangelio. Y, desde la coherencia total de su vida, de su ense\u00f1anza y acciones, es el revelador del Padre. Su suerte \u00faltima ser\u00e1 la muerte como castigo por la presentaci\u00f3n que hab\u00ed\u00ada hecho de Dios y que se hallaba en abierto contraste con la oficialmente establecida.<\/p>\n<p>Al convertirse en par\u00e1bola de Dios, en su audiovisual completo y aut\u00e9ntico, sus par\u00e1bolas deben ser valoradas dentro del engranaje m\u00e1s amplio que comprende todo el ser y el quehacer de Jes\u00fas. De tener como centro de gravedad a Dios evolucionaron a ser presencia de Dios y de su reinado en Jes\u00fas. De revelador magisterial -a trav\u00e9s de su vida y ense\u00f1anzas- le convirtieron en revelador vivencia!, en el Revelador, sin m\u00e1s. De este modo se produjo la cristologuizaci\u00f3n de las par\u00e1bolas. Su centro de inter\u00e9s no se desplaz\u00f3, sino que se concret\u00f3 y se personaliz\u00f3 en Jes\u00fas. Durante el per\u00ed\u00adodo de reflexi\u00f3n iniciado con la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, las par\u00e1bolas se convirtieron en relatos reales o ficticios que no s\u00f3lo representan sino que hacen surgir la proximidad del reino de Dios como un acontecimiento del que Cristo es parte integrante. Mientras las par\u00e1bolas ejerzan este efecto, tendr\u00e1n vida. Si se desconectan de los Protagonistas que las hicieron surgir se convertir\u00e1n en relatos muertos.<\/p>\n<p>La inseparabilidad del Parabolista de las par\u00e1bolas utilizadas por \u00e9l es la que hizo posible este proceso hasta llegar a su \u00abcristologuizaci\u00f3n\u00bb. Y, al llegar a esta fase, las par\u00e1bolas se \u00abescaparon\u00bb, en cierto modo, del tiempo y del lugar en los que hab\u00ed\u00adan nacido y se revistieron de la trascendencia necesaria para poder seguir hablando a los hombres de todos los tiempos. La historia del proceso de las par\u00e1bolas dibuja ante nuestros ojos el surco que traza el poder creador de la met\u00e1fora, su facultad de excitar la imaginaci\u00f3n, de intrigar al lector, de buscar una aplicaci\u00f3n existencial, sin dejarse nunca atrapar por ella.<\/p>\n<p>Jes\u00fas, como par\u00e1bola de Dios, nos revela su bondad infinita. As\u00ed\u00ad lo demuestran su actitud y actividad frente a los marginados de su \u00e9poca; en su relaci\u00f3n con los pecadores, a los que acoge y perdona; con los publicanos, considerados como impuros y como paganos, a cuya mesa se deja invitar o se autoinvita; con la mujer ad\u00faltera a la que libera de una lapidaci\u00f3n segura mediante las palabras dirigidas a sus acusadores, o con la mujer p\u00fablica, a la que ofrece la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Jes\u00fas, como par\u00e1bola de Dios, habla de forma constante y perfectamente inteligible de la bondad de Dios y de la oferta de la salvaci\u00f3n a cuantos desean aceptarla. \u00danicamente quedaron excluidos aquellos que se autoexcluyeron porque pensaban bastarse con su propia justicia, la que obten\u00ed\u00adan por su puritanismo e integrismo en la interpretaci\u00f3n y en la observancia de la ley.<\/p>\n<p>Este mismo aspecto de Jes\u00fas como par\u00e1bola de Dios debe extenderse a toda su ense\u00f1anza y a todas sus acciones. En \u00e9l se revela la imagen de un Dios existencial que, como rey, ser\u00ed\u00ada el Enmanuel, el Dios en medio de los suyos; que, como padre, quiere mantener relaciones paterno-filiales con el hombre; que, como infinitamente compasivo, acoge con los brazos abiertos a los hijos alejados que vuelven a casa; que, como salvador, tiende la mano ofreciendo siempre la liberaci\u00f3n del peligro mortal; que, como invisible, act\u00faa misteriosamente en el hombre a trav\u00e9s de su Esp\u00ed\u00adritu; que, como amor, trastorna los valores establecidos colocando en el trono de su inter\u00e9s al hombre y haciendo descender del mismo a la ley; que ofrece al hombre la amistad y la gracia, la paz y la salvaci\u00f3n, la cercan\u00ed\u00ada protectora como Se\u00f1or bondadoso, las exigencias ineludibles ante las cuales la decisi\u00f3n humana se juega su destino definitivo; la visibilidad acercada en su imagen perfecta; la alianza de paz, el gozo de su casa, la esperanza firme de un final feliz, la remuneraci\u00f3n que supera con mucho los m\u00e9ritos que el hombre haya podido adquirir con la respuesta generosa a su llamada, la vida plena libre de las limitaciones que nos impone la existencia humana.<\/p>\n<p>6. Jes\u00fas es el revelador por su doble dimensi\u00f3n<br \/>\nLos aspectos de la unidad y de la uni\u00f3n de Jes\u00fas con Dios los destaca de forma especial el evangelio de Juan. Dos aspectos que pueden crear confusi\u00f3n. La unidad supone la igualdad; la uni\u00f3n implica el esfuerzo por ajustar dos voluntades. Ambas se dan en Jes\u00fas. Ambas se expresan medianrte la consideraci\u00f3n de Jes\u00fas como el Hijo de Dios. El es igual que el Padre; se halla a su mismo nivel; posee su misma naturaleza. La cristolog\u00ed\u00ada jo\u00e1nica establece as\u00ed\u00ad la relaci\u00f3n de igualdad con Dios, una relaci\u00f3n metaf\u00ed\u00adsica. Las expresiones al respecto se multiplican en el cuarto evangelio. La m\u00e1s clara y significativa es el primer vers\u00ed\u00adculo del evangelio: el Hijo de Dios, que se encarn\u00f3 en Jes\u00fas de Nazaret, vive desde siempre con Dios.<\/p>\n<p>La cristolog\u00ed\u00ada jo\u00e1nica armoniza con perfecto equilibrio el pensamiento de la unidad con el de la uni\u00f3n. Este implica el esfuerzo por ajustar dos voluntades. Entramos en el terreno moral, en el campo en el que se desarrolla el tema de la obediencia: \u00abYo os aseguro que el Hijo no puede hacer nada por su propia cuenta; \u00e9l hace \u00fanicamente lo que ve hacer al Padre; lo que hace el Padre, eso hace tambi\u00e9n el Hijo (Jn 5,19-30). Si la unidad expresa la igualdad del Hijo con el Padre, la uni\u00f3n manifiesta la obediencia del hombre Jes\u00fas de Nazaret con Dios: una relaci\u00f3n de sumisi\u00f3n.<\/p>\n<p>La plena armon\u00ed\u00ada de esta relaci\u00f3n doble de Jesucristo con Dios la pone particularmente de relieve la primera carta de Juan. Frente a los herejes, que separaban al Cristo celeste de Jes\u00fas de Nazaret -\u00e9ste habr\u00ed\u00ada sido \u00fanicamente una especie de medium utilizado por aquel desde el bautismo hasta el comienzo de la pasi\u00f3n, para transmitir su mensaje; as\u00ed\u00ad pensaban los gn\u00f3sticos- el autor de la carta subraya de forma casi obsesiva la unidad entre ambos. Es algo que pertenece a la esencia de la fe cristiana (1 Jn 4,2-3).<\/p>\n<p>La afirmaci\u00f3n del pr\u00f3logo: E\/ Logos se hizo carne y la confesi\u00f3n de Tom\u00e1s: \u00abSe\u00f1or m\u00ed\u00ado y Dios m\u00ed\u00ado\u00bb (Jn 1,14; 20,28) subrayan esta doble realidad. Precisamente en cuanto Palabra preexistente hecha carne, la persona de Jes\u00fas tiene que manifestarse en su vida terrena con gran poder realizando milagros-signos. La encarnaci\u00f3n, la vida terrena, el \u00aborigen humano\u00bb, utilizado por los jud\u00ed\u00ados y por el mundo como argumento en contra de su divinidad, no debe reducir a Jes\u00fas al terreno de lo controlable, ser hijo de Jos\u00e9 (Jn 1,45; 6,42) y, en todo caso, un taumaturgo, sino que le sit\u00faa en el nivel del revelador celeste. La uni\u00f3n de la preexistencia con la encarnaci\u00f3n no limitan sino que potencian y ponen de relieve toda la dignidad de Jes\u00fas. El evangelista lo formula as\u00ed\u00ad a rengl\u00f3n seguido de haber afirmado dicha uni\u00f3n: \u00abHemos visto su gloria\u00bb (Jn 1,14).<\/p>\n<p>En cuanto enviado y redentor est\u00e1 por encima del mundo y de la esfera terrena, pero su divinidad la mantiene en su uni\u00f3n inseparable con la forma y figura del ser humano. Justamente la dimensi\u00f3n humana establece el necesario contacto salv\u00ed\u00adfico y posibilita la comunicaci\u00f3n del mundo celeste-divino con el terreno-humano. Este es el sentido de su venida a un mundo necesitado de salvaci\u00f3n: Que el Padre sea manifestado-revelado a trav\u00e9s del Hijo. \u00danicamente el Enviado puede transmitirnos el conocimiento sobre el Padre celestial y el Dios creador. Dicho conocimiento del Padre celestial y el de su Hijo inaugura la hora de la salvaci\u00f3n, la vida eterna (Jn 17,3). Su presencia \u00abtransitoria en nuestro mundo \u2014puso su tienda entre nosotros, Jn 1,14- culmina en su retorno al Padre de donde hab\u00ed\u00ada venido (Jn 16,28). As\u00ed\u00ad se termina el ciclo del descenso y del ascenso y comienza el mismo cielo entre \u00ablos suyos\u00bb, entre los que le aceptan en toda su realidad.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; J. GNILKA, jes\u00fas de Nazaret. Mensaje e Historia, Herder, 1993; JOHN P. METER, Un jud\u00ed\u00ado Marginal. Nueva visi\u00f3n del jes\u00fas hist\u00f3rico, Verbo Divino, 1998; J. D. CROSSAN, jes\u00fas: Vida de un Campesino jud\u00ed\u00ado, Cr\u00ed\u00adtica, Barcelona, 1994; J. R. GEISELMANN, Revelaci\u00f3n, en \u00abConceptos Fundamentales de la Teolog\u00ed\u00ada\u00bb, IV, Cristiandad, 1967.<\/p>\n<p>Felipe F. Ramos<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DJN \u00c2\u00a0 SUMARIO: 1. El Revelador se autoexpresa como tal. -2. Jes\u00fas es el Revelador en cuanto enviado por el Padre. -3. Jes\u00fas es el revelador en cuanto Hijo del hombre. -4. Jes\u00fas es el revelador en cuanto Palabra. &#8211; 5. Jes\u00fas es el revelador en cuanto \u00abpar\u00e1bola de Dios\u00bb. &#8211; 6. 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