{"id":15697,"date":"2016-02-05T10:12:33","date_gmt":"2016-02-05T15:12:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/verdad-jesus\/"},"modified":"2016-02-05T10:12:33","modified_gmt":"2016-02-05T15:12:33","slug":"verdad-jesus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/verdad-jesus\/","title":{"rendered":"VERDAD (JESUS)"},"content":{"rendered":"<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: 1. Trascendencia de la verdad cristiana. &#8211; 2. La verdad liberadora. &#8211; 3. La permanencia como condici\u00f3n. &#8211; 4. La mentira como contrapunto. &#8211; 5. La verdad y la veracidad. &#8211; 6. Incomodidad de la verdad.<\/p>\n<p>Cuando hablamos de la verdad podemos referirnos a la verdad objetiva, que suele definirse como la conformidad o adecuaci\u00f3n del entendimiento con un objeto determinado. Podemos pensar en la verdad l\u00f3gica, que consiste en la conformidad de una afirmaci\u00f3n o de un juicio con la realidad sobre la que se pronuncia. En esta ocasi\u00f3n, cuando afirmamos la responsabilidad del hombre ante la verdad nos referimos no a estas clases de verdad, que pertenecen al campo de la filosof\u00ed\u00ada, sino a la que, para entendernos, vamos a llamar la verdad cristiana. Con este calificativo entramos de lleno en el campo concreto de la verdad, de la que debemos sentirnos responsables.<\/p>\n<p>1. Trascendencia de la verdad cristiana<br \/>\nEs evidente que los tipos de verdad mencionados y otros que tal vez pudieran a\u00f1adirse son importantes. Sin ellos ser\u00ed\u00ada sumamente dif\u00ed\u00adcil la convivencia humana. En todo caso, la importancia de la verdad adquiere una dimensi\u00f3n trascendente y definitiva cuando entendemos por ella aquella realidad que determina nuestra vida. En este sentido, verdad y vida, pueden llegar a ser sin\u00f3nimas. Preguntarnos por la verdad significa, entonces, cuestionarnos el sentido mismo de la vida. \u00bfTiene sentido la vida o es sencillamente un absurdo? Porque la vida o se construye sobre la verdad o de lo contrario tendr\u00ed\u00ada como base la mentira, el pseud\u00f3s, la inconsistencia&#8230; (Mt 7,24-27: par\u00e1bola de la edificaci\u00f3n de la casa, de la vida, sobre la verdad, es decir, sobre la roca, o sobre la mentira, es decir, sobre la arena).<\/p>\n<p>La verdad cristiana es trascendente y determinante de la vida. Ya lo fue as\u00ed\u00ad en Jes\u00fas de Nazaret: \u00abYo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz\u00bb (Jn 18,37). Seg\u00fan sus mismas palabras, Jes\u00fas presencializa o hace presente la verdad. M\u00e1s a\u00fan: la verdad es una realidad superior a Jes\u00fas. El tiene como misi\u00f3n dar testimonio de ella. Su m\u00e1xima responsabilidad la tiene Jes\u00fas frente a la verdad. Nada de particular, por tanto, que el hombre deba sentirse responsable tambi\u00e9n de ella. Pero es igualmente inevitable el preguntarnos una y otra vez a qu\u00e9 verdad se refiere Jes\u00fas y nos referimos nosotros.<\/p>\n<p>Si nuestra respuesta fuese jocosa lamentar\u00ed\u00adamos la precipitaci\u00f3n de Pilato que, de puro nervioso, no tuvo la paciencia necesaria para escuchar una definici\u00f3n de la verdad -que \u00e9l hab\u00ed\u00ada pedido a Jes\u00fas y que \u00e9ste le hubiese dado, ahorrando muchas especulaciones a los fil\u00f3sofos sobre el concepto de \u00abverdad\u00bb-, \u00bfqu\u00e9 es la verdad? (Jn 18,38). En realidad, aunque Jes\u00fas no era propenso a dar definiciones, en este terreno se manifest\u00f3 con absoluta claridad, como consta a lo largo y ancho de todo el cuarto evangelio: Yo soy la verdad (Jn 14,6).<\/p>\n<p>La verdad cristiana se halla, por tanto, inseparablemente unida a Jes\u00fas, a lo que \u00e9l es y significa, a su vida, doctrina, conducta y suerte final, incluida la resurrecci\u00f3n. La verdad cristiana se sit\u00faa as\u00ed\u00ad en el plano o en el terreno de la revelaci\u00f3n. De ah\u00ed\u00ad que la verdad cristiana tenga una dimensi\u00f3n esencialmente personal y determinante de la vida, tanto por parte de su origen como por parte de su destino. Viene de una persona, viene incluso como persona, para encontrar a otra persona. La persona a la que se dirige, a la que viene, y viene y se dirige a todo el mundo sin excepci\u00f3n, no puede permanecer neutral ante ella; no puede eludir la responsabilidad ante la que es colocada: debe aceptarla o rechazarla, sabiendo que lo que se pone en juego es una determinada concepci\u00f3n y orientaci\u00f3n de la vida; debe pronunciarse por esta verdad creadora de vida, de la vida aut\u00e9ntica, o decidirse a vivir en la mentira, necesariamente abocado a una muerte sin esperanza. Pero ante afirmaciones tan absolutas surge inevitablemente otro interrogante: \u00bfc\u00f3mo puede una persona ser la verdad?, \u00bfpor qu\u00e9 se autopresent\u00f3 as\u00ed\u00ad Jes\u00fas?<br \/>\nEl concepto de verdad, que habitualmente manejamos, el que tiene el mundo occidental, procede del mundo griego, que considera la verdad o lo verdadero como la realidad que puede ser asimilada, captada y apresada intelectualmente, como una realidad que puede ser conocida. Para el mundo semita, que es el mundo b\u00ed\u00adblico, la verdad o lo verdadero, (= emet, lo llama el texto hebreo), es aquello en lo que se puede creer y de lo que uno puede fiarse, bien se trate de personas o de cosas; verdad o verdadero es aquello que ofrece seguridad y consistencia; aquello que, sometido a prueba, no falla ni defrauda la confianza que hab\u00ed\u00adamos puesto en ello; aquello, por tanto, en lo que alguien puede poner toda su confianza. Para describirlo, la Biblia hebrea utiliza la misma ra\u00ed\u00adz con la que designa la fe.<\/p>\n<p>La verdad o lo verdadero no es simple objeto de asentimiento interior, sino algo mucho m\u00e1s amplio que pertenece al terreno del compromiso personal, al terreno de la opci\u00f3n, de la aceptaci\u00f3n, de la decisi\u00f3n. La verdad, m\u00e1s que conocida, es cre\u00ed\u00adda y esperada. Este es el concepto predominante de verdad en la Biblia, aunque, como es l\u00f3gico, tambi\u00e9n encontremos en ella el concepto griego. (As\u00ed\u00ad ocurre en Rom 1,18.25; la verdad de Dios es aquello que puede ser conocido sobre \u00e9l, Rom 1,19; todo el contexto nos indica que en el pasaje citado no se trata de la realidad divina revelada en el evangelio y en Cristo, sino de la realidad divina tal como es conocida por la raz\u00f3n humana, al estilo griego).<\/p>\n<p>La afirmaci\u00f3n de Jes\u00fas: Yo soy la verdad, \u00fanicamente puede ser entendida teniendo como tel\u00f3n de fondo el concepto b\u00ed\u00adblico-sem\u00ed\u00adtico de verdad. En cuanto designa lo que es absolutamente fiable, la roca inconmovible sobre la que puede ser construida la casa, la base s\u00f3lida que nunca falla. La verdad es la misma realidad divina. Ahora bien: Jes\u00fas es el enviado divino, el revelador del mundo celeste, el aproximador de Dios. Su misma existencia terrena est\u00e1 determinada por la finalidad concreta de ser la verdad y testimoniarla. Porque \u00e9l mismo es la verdad.<\/p>\n<p>La verdad es la autorrevelaci\u00f3n de Jes\u00fas, en cuanto que ella es la aut\u00e9ntica manifestaci\u00f3n de Dios; la apertura salvadora de la realidad divina en Jes\u00fas y en sus palabras. Esta verdad divina es vida y creadora de vida. Cuando le es presentada al hombre se le impone ineludiblemente una opci\u00f3n: si opta por la verdad, entra en la atm\u00f3sfera de la vida; si la rechaza, es que da preferencia a las tinieblas y a la muerte.<\/p>\n<p>Este concepto b\u00ed\u00adblico-sem\u00ed\u00adtico de la verdad se halla como t\u00f3nica dominante a lo largo y ancho del NT en expresiones como \u00e9stas: \u00abhab\u00e9is aprendido a Cristo&#8230;, y en \u00e9l hab\u00e9is sido ense\u00f1ados conforme a la verdad de Jes\u00fas\u00bb (Ef 4,21); \u00abnada podemos contra la verdad, sino s\u00f3lo a favor de ella\u00bb (2Cor 13,8); \u00ab&#8230;mediante la manifestaci\u00f3n de la verdad nos recomendamos a nosotros mismos a toda conciencia humana delante de Dios\u00bb (2Cor 4,2); \u00ab\u00bfqui\u00e9n os puso obst\u00e1culos para no seguir a la verdad?\u00bb (Gal 5,7). Los que ense\u00f1an y creen falsas doctrinas \u00abest\u00e1n privados de la verdad\u00bb (1 Tim 6,5); \u00abse han desviado de la verdad\u00bb (2Tim 2,18); \u00abse oponen a la verdad\u00bb (2Tim 3,8; \u00abrechazan la verdad\u00bb (Tit 1,14).<\/p>\n<p>2. La verdad liberadora<br \/>\nEl concepto b\u00ed\u00adblico de \u00abverdad\u00bb nos proporciona el marco adecuado para comprender estas otras palabras decisivas de Jes\u00fas: \u00abSi os manten\u00e9is en mi palabra, ser\u00e9is verdaderamente mis disc\u00ed\u00adpulos, y conocer\u00e9is la verdad y la verdad os har\u00e1 libres (Jn 8,31-32). La verdad libera, es liberadora. La frecuencia extraordinaria con que se repite esta frase, casi a modo de estribillo, entre nosotros, es un claro indicio de una interpretaci\u00f3n incorrecta y tergiversada de la misma. \u00bfCu\u00e1l es, en realidad, la verdad liberadora? Diremos, en primer lugar lo que no es o aquello a lo que no se refiere la frase evang\u00e9lica:<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 No debe ser entendida en un sentido racional-positivo, de simple lealtad y coherencia con los propios principios irrenunciables.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 No es fruto de un conocimiento que descubra la naturaleza \u00ed\u00adntima del ser humano y act\u00fae en conformidad con \u00e9l. No es solamente eso.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 No se refleja en la posibilidad que, aunque laboriosamente, pueda lograr el hombre de ser \u00e9l mismo sin influencias ni presiones del exterior.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 No se refiere a la experiencia y satisfacci\u00f3n \u00ed\u00adntimas que puede sentir el hombre cuando llega al convencimiento de que camina por el sendero recto, sin desviaciones ni a la derecha ni a la izquierda, con independencia de criterios deformantes que puedan venir del exterior.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 No es la libertad del hombre frente a s\u00ed\u00ad mismo, frente a las tensiones internas que lo desgarran o frente a las presiones externas que lo torturan y esclavizan.<\/p>\n<p>La libertad que, seg\u00fan las palabras de Jes\u00fas, viene como consecuencia de la verdad es, fundamentalmente, fruto de la acci\u00f3n \u00ed\u00adntima de Dios en el hombre; fruto, igualmente, del esfuerzo humano por mantenerse fiel a la palabra; es la nueva realidad que se produce en el hombre en su encuentro con la palabra, con la palabra de Dios creadora de salud y de vida; es el nuevo ser -san Pablo lo llama \u00abnueva criatura\u00bb- que se hace realidad en el hombre gracias a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu; es la misma existencia escatol\u00f3gica, en la que se hacen realidad las esperanzas humanas y los anuncios prof\u00e9ticos, que hablan de ella como de una realizaci\u00f3n futura.<\/p>\n<p>Nuestra responsabilidad ante dicha verdad, creadora de la verdadera libertad, est\u00e1 en que ella es regalo; pero, al mismo tiempo, es quehacer, el quehacer del cristiano; es don y, al mismo tiempo, tarea; es gracia y, al mismo tiempo, esfuerzo. El regalo no se recibe fuera del quehacer, ni el don sin la tarea, ni la gracia al margen del esfuerzo.<\/p>\n<p>En nuestra confrontaci\u00f3n con la verdad descubierta y amada, la libertad es el premio al esfuerzo por mantenerse fieles a la palabra del Revelador; premio diario al esfuerzo cotidiano; satisfacci\u00f3n \u00ed\u00adntima en el camino oscuro de la fe.<\/p>\n<p>La verdad es la libertad frente a las inconsistentes ofertas salvadoras que le llegan al hombre desde otros \u00aboferentes\u00bb, que siempre son incapaces de responder satisfactoriamente a las necesidades m\u00e1s profundas del ser humano; es libertad frente a todo lo antidivino que, venga de donde viniere, queda enmarcado dentro de la mentira o pseud\u00f3s; es libertad frente a todo aquello que -antes y fuera de la \u00f3ptica de la fe- constituye la base de las esperanzas y aspiraciones humanas; es libertad frente a uno mismo, que le hace capaz de renunciar a la vida -considerada en un nivel puramente humano- por la vida, considerada al nivel de lo que Dios regala.<\/p>\n<p>Esta es la aut\u00e9ntica verdad frente a la que nos sentimos responsables y de la que, a cambio, obtendremos el regalo de la libertad de los hijos de Dios: no esclavizados por aspiraciones o temores; no deslumbrados por el poder o la gloria; no seducidos por apetencias logrables a corto plazo; no doblegados ante d\u00e1divas y halagos; no asequibles al desaliento motivado por caminos m\u00e1s brillantes que otros recorren; no desviables del compromiso adquirido ni de la palabra dada. Hablar de verdad liberadora en otro sentido equivaldr\u00ed\u00ada a empobrecer este poder creador y redentor de la verdad.<\/p>\n<p>3. La permanencia como condici\u00f3n<br \/>\nEl aut\u00e9ntico discipulado cristiano es definido por la permanencia. Es la palabra que aparece obsesivamente cuando se trata de profundizar en la naturaleza del discipulado cristiano (Jn 15). Los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas deben permanecer en \u00e9l y \u00e9l en ellos. Esta permanencia o inmanencia mutuas pretenden expresar la proximidad vinculante entre una persona y otra. En efecto, \u00bfc\u00f3mo puede una persona estar, hallarse, vivir o permanecer en otra? Esto \u00fanicamente puede lograrse mediante actos estrictamente personales: conocimiento, afecto, intercomunicaci\u00f3n, confianza, aceptaci\u00f3n, acogida, compromiso&#8230; Esta permanencia implica una fidelidad a toda prueba, que supone la disponibilidad total de una persona por la otra hasta la entrega de la propia vida por ella (Jn 15,13; 10,11-13).<\/p>\n<p>Si esta permanencia define la condici\u00f3n o estado del verdadero disc\u00ed\u00adpulo, esto significa que \u00e9l debe mantener frente a los dem\u00e1s la misma actitud de Jes\u00fas. Por fidelidad al mandamiento recibido del Padre, Jes\u00fas se entreg\u00f3 por los hombres. Como coherencia l\u00f3gica, por fidelidad al mandamiento recibido de Jes\u00fas, su disc\u00ed\u00adpulo debe entregarse a los dem\u00e1s. Esta permanencia es vivida en la verdad y exclusi\u00f3n y condenaci\u00f3n de la mentira que, fundamentalmente, est\u00e1 en la l\u00ed\u00adnea del ego\u00ed\u00adsmo.<\/p>\n<p>S\u00f3lo a esta permanencia le ha sido garantizado el conocimiento de la verdad, de la verdad completa, a la que el disc\u00ed\u00adpulo llegar\u00e1 gracias a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu (Jn 16,13). Y el conocimiento de la verdad completa producir\u00e1 en los creyentes la libertad aut\u00e9ntica.<\/p>\n<p>4. La mentira como contrapunto<br \/>\nEl evangelio fue escrito en blanco y negro. Esa es su tr\u00e1gica grandeza. No admite las precisiones, matizaciones ni otra clase de atenuantes que nosotros inventamos para sustraernos a sus exigencias radicales. El contrapunto de la verdad no es la ambig\u00fcedad, no son los compromisos pactados, no son las medias tintas ni el nadar escondiendo la ropa, no son las circunlocuciones sibilinas gracias a las cuales no decimos lo que debemos, escondemos nuestro pensamiento, nos quedamos en una zona templada que preserva la comodidad de nuestra postura sin ninguna clase de complicaciones. Para el evangelio, el contrapunto de la verdad es la mentira. As\u00ed\u00ad de claro, al menos en su enunciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>a) La oposici\u00f3n a la verdad \u00bfQu\u00e9 es la mentira? Algo muy f\u00e1cil de entender, al menos en principio. La mentira es lo contrario a la verdad, su polo opuesto. Si la verdad es la realidad divina abierta, manifestada y comunicada al hombre a trav\u00e9s de y en la persona de Jesucristo, la mentira es la voluntad opuesta a Dios. Si la verdad es dicha realidad divina que descubre a la simple criatura la existencia plenamente aut\u00e9ntica y la posibilita su plena realizaci\u00f3n desde el plano o planes de Dios, la mentira es el intento de independencia absoluta y de autonom\u00ed\u00ada total frente a cualquier tipo de injerencia que proceda de fuera de s\u00ed\u00ad mismo, incluso si se trata de Dios. La mentira es la voluntad humana en su rebeli\u00f3n contra o frente a cualquier clase de subordinaci\u00f3n ante el totalmente Otro. La mentira es la misma voluntad humana en cuanto que cae en la tentaci\u00f3n primordial de \u00abser como Dios\u00bb, es decir, norma de s\u00ed\u00ad misma, rechazando cualquier otra que le venga ofrecida desde fuera de s\u00ed\u00ad misma. Ahora bien, la misma experiencia humana se encarga de descubrir la inconsistencia de semejantes pretensiones. Y, en cuanto inconsistente, esta voluntad humana es mentira, vive de la mentira y, en cuanto mentira, lleva a la muerte.<\/p>\n<p>Estamos hablando de inconsistencia. En ella se encuentra la esencia misma de la mentira. Porque frente a la realidad divina, que es consistente en s\u00ed\u00ad misma y da la verdadera consistencia a las personas y a las cosas, todo lo dem\u00e1s, cuando no se construye sobre este fundamento s\u00f3lido, es inconsistente, aparente, mentiroso. La misma realidad humana, cuando no se apoya en la \u00fanica base s\u00f3lida que es Dios, la \u00fanica verdad plena, es algo aparente frente a la aut\u00e9ntica realidad divina y, en cuanto tal, no solamente no es nada, sino que lleva a la muerte.<\/p>\n<p>La mentira no es una realidad constante y, por tanto, es insegura. Es falsa. No es la realidad que pretende ser o que se pretende que sea.<\/p>\n<p>De forma paralela a la verdad, la mentira debe tambi\u00e9n ser entendida como una realidad personal que solicita la opci\u00f3n y decisi\u00f3n del hombre. La verdad y la mentira se contraponen como dos poderes que dominan el mundo. De un lado est\u00e1 la verdad, la luz, la vida; del otro est\u00e1 la mentira, las tinieblas, la muerte. Debemos notar, sin embargo, que dichos poderes no act\u00faan m\u00e1gica o fatalmente por s\u00ed\u00ad mismos. Ellas constituyen como una atm\u00f3sfera, un \u00e1mbito, un espacio donde se realiza su poder. Y para que \u00e9ste sea eficaz se hace necesaria la decisi\u00f3n humana de vivir en uno u otro de los mencionados espacios o esferas. Quiere decir esto que el hombre opta o se decide por la verdad o la mentira. Su opci\u00f3n le sit\u00faa o bien en el mundo o esfera de Dios, de lo divino, de la revelaci\u00f3n, o bien en el mundo o esfera de lo antidivino, del maligno, de la autosuficiencia humana. Esta es la mentira radical.<\/p>\n<p>b) La mentira como enga\u00f1o al pr\u00f3jimo. Lo que normalmente llamamos mentira adquiere su maldad o perversidad desde esta opci\u00f3n radical que vicia el comportamiento humano en sus relaciones con el pr\u00f3jimo. Desde aqu\u00ed\u00ad, muy probablemente, deban entenderse las declaraciones de Jes\u00fas en el serm\u00f3n del monte (Mt 5,37) cuando, manifest\u00e1ndose en contra de cualquier tipo de justificaci\u00f3n del juramento, dice a sus disc\u00ed\u00adpulos: sea vuestro lenguaje \u00abs\u00ed\u00ad, s\u00ed\u00ad; no, no\u00bb. Lo que pasa de eso viene del maligno. Y se explica. Cuando el mundo est\u00e1 presidido y dominado por la mentira, es necesario poner a Dios por testigo de lo que afirmamos. Pero el cristiano sabe perfectamente que Dios se halla siempre presente. Por tanto, no hace falta llamarlo como testigo. Desde esta perspectiva cristiana, bastan el \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb o el \u00abno\u00bb, porque al fin y al cabo equivalen a un juramento por estar pronunciados en la presencia de Dios.<\/p>\n<p>La suficiencia del \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb o del \u00abno\u00bb en orden a la regulaci\u00f3n de la vida humana se halla tan valorada por el mismo Jes\u00fas, que dedica a quienes proceden de este modo una bienaventuranza, la de los limpios de coraz\u00f3n. En ella se beatifica o se garantiza la dicha para aquellos en los que es norma de conducta la transparencia de la vida; se declara la dicha para aquellos que act\u00faan con caridad y claridad \u2014ambas realidades son inseparables cuando sonaut\u00e9nticas, cuando la caridad es verdadera-; se promete la visi\u00f3n de Dios a aquellos que act\u00faan sin doblez.<\/p>\n<p>La mentira y el falso testimonio, cuando ocurren o son practicados por alguien que se dice cristiano, son lo equivalente a la doble vida: compromiso con la verdad, que es el mundo de Dios, y condescendencia con el mundo antidivino, que es la mentira; son un intento, necesariamente fracasado, de conciliar la luz con las tinieblas; son el esfuerzo est\u00e9ril de mezclar el agua y el aceite, porque sus densidades diferentes lo contradicen; en el lenguaje popular equivaldr\u00ed\u00ada a encender una vela a Dios y otra al diablo. La verdad y la mentira se excluyen como la vida y la muerte, como la luz y las tinieblas, como el calor y el fr\u00ed\u00ado, como la esperanza y la desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es evidente que, cuando nos manifestamos con este radicalismo, no nos estamos refiriendo a las mentiras menores, a las mentirijillas intrascendentes, personal y profesionalmente, que a nadie perjudican y pueden salvarnos de alg\u00fan apuro o de situaciones inc\u00f3modas.<\/p>\n<p>5. La verdad y la veracidad<br \/>\nDe la entra\u00f1a misma de la verdad, en el sentido b\u00ed\u00adblico que venimos exponiendo, nace la veracidad. Si la verdad es una realidad s\u00f3lida, firme, estable y leal (recordemos que estamos mencionando uno de los atributos mayores por los que se define Dios en el A.T., Ex 34,6), quien participa de ella, quien se decide por su mundo, aquel que siente la responsabilidad ante ella, debe ser tambi\u00e9n leal y honesto; debe desterrar de su vida la trapacer\u00ed\u00ada y el enga\u00f1o, el fraude y la doblez, como exigencia elemental de la opci\u00f3n que ha tomado. La verdad debe traducirse en un comportamiento veraz, que responda a la confianza suscitada por el mismo concepto de la verdad.<\/p>\n<p>La vida en la verdad exige la veracidad. Y esto significa ser leales, sinceros, aut\u00e9nticos y honestos consigo mismo, con Dios y con el pr\u00f3jimo. Teniendo como punto de partida que la verdad absoluta solamente lo es y est\u00e1 en Dios. Nosotros \u00fanicamente tenemos una participaci\u00f3n parcial y aproximativa de la misma. Por eso, considerarnos en la posesi\u00f3n absoluta y \u00fanica de la verdad equivaldr\u00ed\u00ada a la tentaci\u00f3n original de \u00abser como Dios\u00bb, convirti\u00e9ndonos, de forma petulante, en norma \u00fanica de la verdad, con la consiguiente exclusi\u00f3n y condenaci\u00f3n de todos aquellos que no aceptasen \u00abnuestra\u00bb verdad. Ser\u00ed\u00ada ego\u00ed\u00adsmo puro y absoluto.<\/p>\n<p>La verdad absolutamente considerada es tan inmensa que Dios mismo ha querido \u00abparcelarla\u00bb para que nos sea m\u00e1s provechoso su cultivo y m\u00e1s f\u00e1cil su comprensi\u00f3n. Y el intento de comprensi\u00f3n de la misma ha llevado al descubrimiento de muchas \u00abverdades\u00bb en los distintos campos que nos ofrece la vida. Habr\u00e1 que hablar de la verdad filos\u00f3fica, teol\u00f3gica, jur\u00ed\u00addica, sociol\u00f3gica, cient\u00ed\u00adfica, pol\u00ed\u00adtica, ps\u00ed\u00adquica, t\u00e9cnica, antropol\u00f3gica&#8230;<\/p>\n<p>Parcelas todas ellas de la gran verdad, de la que no debieran separarse. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad su cultivo redundar\u00ed\u00ada beneficioso en un ciento por uno. El sentirnos responsables de la verdad implica el serlo tambi\u00e9n de la veracidad mediante el reconocimiento de las \u00abverdades\u00bb, m\u00e1s o menos importantes, que las distintas ramas del saber humano nos van descubriendo desde su adecuada y justa competencia. M\u00e1s a\u00fan: deber\u00ed\u00adamos ser capaces de verlas todas dentro del marco de la gran verdad; desde el \u00e1ngulo de la m\u00faltiple manifestaci\u00f3n de la realidad divina en la creaci\u00f3n, en la historia y en el hombre; dentro de la interdependencia de unas verdades con otras, sin levantamiento de fronteras injustificadas ni declaraciones peligrosas de independencia absoluta.<\/p>\n<p>Desde esta responsabilidad ante la verdad y ante la consiguiente veracidad debe nacer el respeto a la verdad tal como es percibida, aunque sea err\u00f3neamente, por aquellos que piensan de manera distinta a nosotros. La posesi\u00f3n gozosa y agradecida de la verdad debe intentar hacerla atractiva a los dem\u00e1s, nunca debe contribuir a que sea repelente para los otros. Esta posesi\u00f3n gozosa de la verdad no puede permitir la confusi\u00f3n de la sinceridad con la falta de respeto ni autoriza el orgullo ofensivo que llevase a la acusaci\u00f3n constante del error o de la equivocaci\u00f3n en que otros pueden estar o vivir. Obliga, por el contrario, a una investigaci\u00f3n m\u00e1s profunda que, dentro de la natural incomprensibilidad, haga m\u00e1s inteligible y aceptable la verdad pose\u00ed\u00adda; a utilizar un lenguaje comprensible para aquellos que pueden estar dispuestos a escuchar nuestra verdad; a una respuesta humilde y agradecida por la posesi\u00f3n de la verdad liberadora y creadora de vida y esperanza.<\/p>\n<p>6. Incomodidad de la verdad<br \/>\nLa filosof\u00ed\u00ada popular ha acu\u00f1ado varios refranes cuyo contenido es precisamente la incomodidad de la verdad. La verdad es y resulta inc\u00f3moda. Cada d\u00ed\u00ada presenciamos conflictos -p\u00fablicos o privados, serenos o violentos- provocados por la verdad cristiana. Frecuentemente sus exigencias, derivadas de la ineludible responsabilidad ante la verdad y ante la consiguiente veracidad, chocan con otras mentalidades que no aceptan o rechazan abiertamente estas exigencias y los principios que las justifican.<\/p>\n<p>Quien se siente responsable ante la verdad cristiana no puede aceptar una organizaci\u00f3n de la vida y de la sociedad como si esta vida presente fuese la \u00faltima y la \u00fanica; como si el hombre no tuviese otras dimensiones que las absolutamente controlables por la medida de una verdad puramente humana; como si el ciudadano debiera ser formado para responder \u00fanicamente a las exigencias que impone el figurar con un nombre y unos apellidos en el registro civil, sin tener para nada en cuenta la ciudadan\u00ed\u00ada de los hijos de Dios que peregrinan a la casa del Padre.<\/p>\n<p>El cristiano se mueve en la lucha por defender su verdad. Cierto que \u00e9sta aparecer\u00e1 en toda su plenitud m\u00e1s all\u00e1 del tiempo; pero mientras dura \u00e9ste, aquel que la ha aceptado como norma suprema de su propia vida debe convertirse en signo vivo de la verdad cristiana y de la oferta divina en el mundo en el que le toca vivir. Es una exigencia inevitable de la responsabilidad frente a la verdad. El asumirla o eludirla es signo claro de la aceptaci\u00f3n o del rechazo de dicha responsabilidad. Quien no la acepta con todas las consecuencias que implica pasa necesariamente a la clandestinidad. Se convierte necesariamente en cristiano vergonzante. Es una experiencia frecuente en todos los tiempos y que ya se halla recogida en los evangelios (Jn 12,42). Nos referimos, y se refiere el evangelio, a los creyentes calculadores que no arriesgan nada por su fe; que intentan por todos los medios el hacerla compatible con las ventajas derivadas de ocultarla ante aquellos que pueden perjudicarles a causa de la misma; son aquellos que nadan guardando la ropa. Y si quieren ver a Jes\u00fas \u00abvan de noche\u00bb para no ser descubiertos.<\/p>\n<p>Los que as\u00ed\u00ad act\u00faan comienzan encendiendo una vela a Dios y otra al diablo; de puertas adentro son cristianos, y al asomarse al balc\u00f3n lo disimulan; profesan su fe cuando no existe ning\u00fan riesgo al hacerlo -y m\u00e1s a\u00fan cuando puede reportarles beneficio- y la ocultan, prescindiendo de sus exigencias, en el momento en que su profesi\u00f3n p\u00fablica implicar\u00ed\u00ada perjuicios sociales o econ\u00f3micos.<\/p>\n<p>El problema, con ser grave, no suele quedar ah\u00ed\u00ad. Porque los creyentes vergonzantes no tienen futuro. Como no lo tiene la mentira. Ya dice el refranero popular que se pilla primero a un mentiroso que a un cojo. Llega un momento en el que la marcha de los acontecimientos les obliga a pronunciarse claramente, a salir de la clandestinidad. Es entonces cuando se agudiza el problema en forma de dilema: confesi\u00f3n adecuada de la fe cristiana, asumiendo todos los riesgos que esto conlleva, o abandono de una fe que un d\u00ed\u00ada les hab\u00ed\u00ada entusiasmado. Es el paso de laverdad a la mentira. Comienza abiertamente la vida en la mentira renunciando, incluso con a\u00f1oranzas a veces, a la vida en la verdad que hab\u00ed\u00adan descubierto. ->sabidur\u00ed\u00ada; logos; maestro.<\/p>\n<p>BIBL.-G.QUELL &#8211; G. KITTEL &#8211; R. BULTMANN, At\u00e9zeia, en TWzNT, 1933; F. ASENSIO, Misericordia et veritos, Roma, 1949; I. DE LA POTTERIE, De sensu vocis Emeth in Vetere Testamento, VD, 1949. Su gran obra sobre el tema, La v\u00e9rit\u00e9 dans saint lean 1 y II, en \u00abAnalecta B\u00ed\u00adblica\u00bb, 1975; J. GNILKA, Verdad, en \u00abConceptos Fundamentales de la Teolog\u00ed\u00ada\u00bb, Cristiandad (Gnilka desarrolla el aspecto b\u00ed\u00adblico de la palabra).<\/p>\n<p>Felipe F. Ramos<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DJN \u00c2\u00a0 SUMARIO: 1. Trascendencia de la verdad cristiana. &#8211; 2. La verdad liberadora. &#8211; 3. La permanencia como condici\u00f3n. &#8211; 4. La mentira como contrapunto. &#8211; 5. La verdad y la veracidad. &#8211; 6. Incomodidad de la verdad. Cuando hablamos de la verdad podemos referirnos a la verdad objetiva, que suele definirse como la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/verdad-jesus\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abVERDAD (JESUS)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15697","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15697","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15697"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15697\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15697"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15697"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15697"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}