{"id":15723,"date":"2016-02-05T10:13:23","date_gmt":"2016-02-05T15:13:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/astros\/"},"modified":"2016-02-05T10:13:23","modified_gmt":"2016-02-05T15:13:23","slug":"astros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/astros\/","title":{"rendered":"ASTROS"},"content":{"rendered":"<p>(-> creaci\u00f3n, cielo). Significativamente, no est\u00e1n al principio, sino que forman parte del cuarto d\u00ed\u00ada de la creaci\u00f3n*: \u00abHaya lumbreras en la b\u00f3veda del cielo para separar el d\u00ed\u00ada de la noche; y sirvan de se\u00f1ales para distinguir las fiestas [= asambleas], para los d\u00ed\u00adas y los a\u00f1os, y sirvan de lumbreras en la b\u00f3veda de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue as\u00ed\u00ad. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que se\u00f1orease el d\u00ed\u00ada, y la lumbrera menor para que se\u00f1orease la noche; hizo tambi\u00e9n las estrellas. Y las puso Dios en la b\u00f3veda de los cielos pa ra alumbrar sobre la tierra, y para se\u00f1orear el d\u00ed\u00ada y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la ma\u00f1ana el d\u00ed\u00ada cuarto\u00bb (Gn 1,14-19). Est\u00e1n en el centro de la creaci\u00f3n (el d\u00ed\u00ada 4\u00c2\u00b0), entre el primero (luz) y el \u00faltimo (s\u00e1bado). En los d\u00ed\u00adas anteriores (2\u00c2\u00b0 y 3\u00c2\u00b0), Dios hab\u00ed\u00ada dispuesto el espacio habitable, pero no hab\u00ed\u00ada creado (organizado, separado) el tiempo. Ahora lo hace: crea el sol para regir el d\u00ed\u00ada\/luz y la luna para regir la noche\/oscuridad y con ellos las estrellas, para separar los tiempos y ofrecer las se\u00f1ales de las asambleas (= fiestas), los d\u00ed\u00adas y los a\u00f1os. Ciertamente, los astros no son Dios, en contra del paganismo antiguo, tanto mesopotamio como egipcio y cananeo, que ha sido siempre una tentaci\u00f3n para los israelitas (cf. Dt 4,19; 2 Re 23,5; Jr 44,17; Sab 13,2); pero ellos traducen la presencia de Dios, dando sentido y relieve a los diversos tiempos que se alternan de manera significativa, empezando por el d\u00ed\u00ada\/noche y siguiendo por los tiempos de las asambleas lit\u00fargicas y sociales. Dios conversa con el hombre a trav\u00e9s de la alternancia de los tiempos, convertidos en signo de trabajo y fiesta, como indicar\u00e1 el s\u00e1bado final (d\u00ed\u00ada 7\u00c2\u00b0), anunciado desde ahora con la creaci\u00f3n de los astros y con el mismo orden del tiempo. La b\u00f3veda del cielo se convierte de esa forma en templo: un espacio abierto hacia los tiempos de la realizaci\u00f3n humana y del descubrimiento del misterio.<\/p>\n<p>(1) Astrolog\u00ed\u00ada planetaria. La vinculaci\u00f3n del hombre con los astros se expresa ya en Gn 1, donde sol, luna y planetas marcan los ritmos sagrados de la vida. Pero s\u00f3lo en 1 Hen encontramos una antropolog\u00ed\u00ada astral desarrollada, donde los \u00e1ngeles-astros* ca\u00ed\u00addos determinan la vida de los hombres. Conforme a 1 Hen 18,13-16, hay siete astros malos, contra quienes se elevan los siete buenos (1 Hen 20), para mantener el orden c\u00f3smico y la historia de los hombres. Los astros aparecen con frecuencia en el judaismo y cristianismo primitivo: cf. Tob 12,15; Test Lev\u00ed\u00ad 8; Hermas, Vis III, 4, relacionando tiempo (siete d\u00ed\u00adas), espacio (siete astros o planetas) y sacralidad (siete \u00e1ngeles). La tradici\u00f3n gn\u00f3stica concibe a los \u00e1ngeles planetarios (arkliontes) como seres que se han pervertido, testigos de la falsa religi\u00f3n: el mismo judaismo esta r\u00ed\u00ada encerrado en su ritmo destructor, de manera que habr\u00ed\u00ada que abandonar el esquema sab\u00e1tico (siete d\u00ed\u00adas) pasando al pl\u00e9roma cristiano (de cuatro y ocho elementos). Sab condena la adoraci\u00f3n de los astros, aunque la considera como la forma m\u00e1s perfecta de idolatr\u00ed\u00ada (Sab 13,1-3). Los poderes astrales aparecen en diversos pasajes del Nuevo Testamento, pero carecen de importancia salvadora. San Pablo supone que Jes\u00fas nos ha liberado del dominio de esos poderes, que aparecen tambi\u00e9n como vencidos (al servicio de los hombres) en el Apocalipsis. En ese sentido, podemos afirmar que la Biblia no ha desarrollado una antropolog\u00ed\u00ada astral propiamente dicha, cosa que s\u00f3lo han hecho los ap\u00f3crifos (1 Hen, Jub) y algunos textos parab\u00ed\u00adblicos (como algunos de Qumr\u00e1n). En una l\u00ed\u00adnea convergente se podr\u00ed\u00ada citar la estrella de oriente (Mt 2,2-10) que aparece como un s\u00ed\u00admbolo divino para los magos, que se vinculan por ella con el Rey de los jud\u00ed\u00ados (cf. Lc 1,78). Tambi\u00e9n puede evocarse el texto de Lc 10,18: \u00abHe visto a Satan\u00e1s caer como un rayo\u00bb. Es evidente que Sat\u00e1n es aqu\u00ed\u00ad una imagen astral, como el Drag\u00f3n de Ap 12,1-5, que arrastra con su cola a la tercera parte de las estrellas del cielo, para caer derribado despu\u00e9s en la tierra.<\/p>\n<p>(2) Pecado de los (\u00e1ngeles*, Henoc*). 1 Hen interpreta el pecado de \u00e1ngeles y hombres dentro de un des-astre c\u00f3smico: algunos poderes astrales, concebidos como elementos o potencias primigenias del mundo, quebrantaron el orden de Dios y ahora se consumen entre llamas, en una regi\u00f3n des\u00e9rtica y terrible: \u00abEste es el lugar donde se acaban los cielos y la tierra, el cual sirve de c\u00e1rcel a los astros y potencias de los cielos. Los astros que se retuercen en el fuego (siete estrellas) son los que han transgredido lo que Dios hab\u00ed\u00ada ordenado antes de su orto, no saliendo a tiempo. Se ha enojado (Dios) con ellos y los ha encarcelado hasta que exp\u00ed\u00aden su culpa en el a\u00f1o del misterio&#8230; Estas son aquellas estrellas que transgredieron la orden de Dios alt\u00ed\u00adsimo y fueron atadas aqu\u00ed\u00ad hasta que se cumpla la mir\u00ed\u00adada eterna, el n\u00famero de los d\u00ed\u00adas de su culpa\u00bb (1 Hen 18,14-16; 21,6). Se ha invertido as\u00ed\u00ad o por lo menos ha quedado como insuficiente la visi\u00f3n del cosmos positivo y bueno que hab\u00ed\u00ada presentado Gn 1. Vivimos en un mundo lleno de amenazas, dirigido por esp\u00ed\u00adritus que se alzaron contra Dios y se negaron a cumplir su cometido. Avanzando en esta l\u00ed\u00adnea se dir\u00e1 (o podr\u00e1 decirse) que el mismo mundo es malo, como han afirmado los diversos dualismos que ir\u00e1n apareciendo en el entorno de la Biblia israelita y cristiana, sosteniendo que el hombre se encuentra sometido a los arkhontes (astros) perversos, como supone veladamente Pablo (cf. 1 Cor 2,6-8) y aseguran de manera expresa muchos gn\u00f3sticos. Los apocal\u00ed\u00adpticos abren as\u00ed\u00ad un camino que lleva a la especulaci\u00f3n esot\u00e9rica, la gnosis y la magia o a un tipo de esplritualismo antic\u00f3smico que concibe todo el cosmos como malo, entendiendo la salvaci\u00f3n como salida del mundo. En contra de esa tendencia, una de las afirmaciones b\u00e1sicas de la teolog\u00ed\u00ada paulina (sobre todo en la l\u00ed\u00adnea de Col y Ef) ser\u00e1 proclamar que Cristo nos ha liberado del determinismo y de la sujeci\u00f3n de los astros (Rom 8,38-39; Ef 3,10; 6,12; Col 1,16; 2,15).<\/p>\n<p>(3) Astronom\u00ed\u00ada y astrolog\u00ed\u00ada. (1) Presentaci\u00f3n del tema (1 Hen 72-80). La apocal\u00ed\u00adptica se encuentra vinculada a la b\u00fasqueda sapiencial del orden c\u00f3smico, situ\u00e1ndose as\u00ed\u00ad en la l\u00ed\u00adnea de Gn 1, que destaca la estructura buena (= bella) de la creaci\u00f3n, organizada lit\u00fargicamente en seis d\u00ed\u00adas de armon\u00ed\u00ada, trabajo y alabanza, abiertos al s\u00e9ptimo del descanso de (que es) Dios. Pero, al mismo tiempo, la apocal\u00ed\u00adptica ha puesto de relieve el pecado de los astros (astros 2*), que arrastran en su ca\u00ed\u00adda a los esp\u00ed\u00adritus perversos y a los hombres (cf. Ap 12,4). S\u00f3lo puede conocer el final o descanso sab\u00e1tico de la realidad c\u00f3smica y de la historia de los hombres quien ha descubierto, m\u00e1s all\u00e1 del desorden actual, el orden bueno del cosmos. La apocal\u00ed\u00adptica se vincula con la astronom\u00ed\u00ada (astrolog\u00ed\u00ada) sagrada. Los profetas hab\u00ed\u00adan destacado la novedad antropol\u00f3gica, la libertad humana, frente al cosmos. Los apocal\u00ed\u00adpticos, en cambio, han vuelto a poner de relieve la conexi\u00f3n (c\u00f3smica) astron\u00f3mica de la vida humana, pero no como adoraci\u00f3n de los astros, sino como expresi\u00f3n del orden divino que ellos reflejan. Para los apocal\u00ed\u00adpticos* duros, el pecado no es un desajuste humano (como suponen Gn 3 y Pablo, en Rom 5), sino ca\u00ed\u00adda astral, pues \u00e1ngeles\/demonios y estrellas se encuentran vinculados: han  delinquido (han perdido su armon\u00ed\u00ada). Seg\u00fan eso, los astros primordiales (guardianes c\u00f3smicos, \u00e1ngeles) han bajado a perturbar nuestra existencia y son los causantes de nuestra condena. S\u00f3lo a partir de ese desastre o ca\u00ed\u00adda c\u00f3smica se puede interpretar la salvaci\u00f3n, como nuevo descubrimiento de la realidad divina que se encuentra en el fondo de los hombres. Ciertamente, el pecado de los hombres sigue vinculado a la violencia y opresi\u00f3n interhumana, pero hay un nivel de perdici\u00f3n m\u00e1s profunda, que muchos apocal\u00ed\u00adpticos identifican con el pecado por excelencia, expresado en la mutaci\u00f3n del calendario astral y religioso. A trav\u00e9s de sus purificaciones y fiestas, los justos guardaban la sinton\u00ed\u00ada con el orden c\u00f3smico, expresado en el ciclo de los astros (de los d\u00ed\u00adas del a\u00f1o, del mes, de la semana). Pues bien, al cambiar su calendario, los jud\u00ed\u00ados infieles de Jerusal\u00e9n (los no esenios o apocal\u00ed\u00adpticos) se han separado del orden astral y se han pervertido, como muestra de forma impresionante la literatura de Qumr\u00e1n* (que se sit\u00faa en la l\u00ed\u00adnea del Libro de los Jubileos*). El apocal\u00ed\u00adptico es un hombre (\u00bfuna mujer?) que sabe descubrir el orden de los astros, para expresarlo en la liturgia humana (terrestre) de las fiestas y purificaciones, pues s\u00f3lo es justo (sabio) quien se encuentra en sinton\u00ed\u00ada con el conjunto c\u00f3smico. En contra de lo que a veces se ha pensado, el Dios de lo apocal\u00ed\u00adptico no es a-c\u00f3smico, sino Se\u00f1or del recto orden del tiempo y del espacio en este mundo. S\u00f3lo es vidente apocal\u00ed\u00adptico aquel que ha sabido descubrir, en Dios y desde Dios, la estructura sacral del cosmos, pudiendo superar de esa manera el pecado de \u00e1ngeles (astros) y humanos, que han pervertido el orden y armon\u00ed\u00ada de los tiempos.<\/p>\n<p>(4) Astronom\u00ed\u00ada y astrolog\u00ed\u00ada. (2) Testimonios b\u00e1sicos. Comenzamos presentando un testimonio del libro primero del \u00abpentateuco\u00bb de 1 Henoc, llamado Libro de los Vigilantes: \u00abContinu\u00e9 mi recorrido hasta el caos y vi algo terrible: vi que ni hab\u00ed\u00ada cielo arriba, ni la tierra estaba asentada, sino [que era] un lugar desierto, informe y terrible. All\u00ed\u00ad vi siete estrellas del cielo atadas juntas en aquel lugar, como grandes montes, ardiendo en fuego&#8230; Estas son aquellas estrellas que transgredieron la orden del Dios alt\u00ed\u00adsimo y fueron atadas aqu\u00ed\u00ad hasta que se cumpla la mir\u00ed\u00adada eterna, el n\u00famero de los d\u00ed\u00adas de su culpa&#8230;\u00bb (1 Hen 21,1-6). Este pasaje pertenece al Libro de los Vigilantes, que vincula el pecado de los \u00e1ngeles invasores, que violan a las mujeres, con la ca\u00ed\u00adda de los astros: el orden c\u00f3smico fundante ha sido quebrado por los siete astros rectores (principios c\u00f3smicos, \u00e1ngeles originarios) que se alzaron contra Dios y no aceptaron la ley que les hab\u00ed\u00ada ofrecido; de su mal dependen todos los restantes; el pecado original tiene car\u00e1cter astron\u00f3mico. Pero donde el tema ha sido desarrollado de forma expresa, formando un verdadero tratado astron\u00f3mico, es en el Libro del curso de las luminarias celestes (1 Hen 72-82), totalmente dedicado al estudio y fijaci\u00f3n sagrada de los astros. \u00abCada astro como es, seg\u00fan sus clases, su ascendiente, su tiempo, sus nombres, apariciones y meses, tal como me mostr\u00f3 Uriel, su gu\u00ed\u00ada, el santo \u00e1ngel que estaba conmigo; y toda su descripci\u00f3n, como \u00e9l me ense\u00f1\u00f3, seg\u00fan cada a\u00f1o del mundo, hasta la eternidad, hasta que se haga nueva creaci\u00f3n que dure por siempre\u00bb (1 Hen 72,1). \u00abEsta es la primera ley de las luminarias: la luminaria sol tiene su salida por las puertas del cielo que dan a oriente y su puesta por las puertas del cielo a occidente&#8230; El a\u00f1o tiene exactamente 364 d\u00ed\u00adas, y la longitud o brevedad del d\u00ed\u00ada y la noche difieren seg\u00fan el curso solar&#8230; As\u00ed\u00ad sale y entra (el sol) sin menguar ni descansar, sino corriendo d\u00ed\u00ada y noche su carrera, y su luz brilla siete veces m\u00e1s que la luna, aunque los tama\u00f1os de ambos son iguales\u00bb (1 Hen 72,2.33-37). \u00abDespu\u00e9s de esta ley vi otra, que es propia de la luminaria peque\u00f1a, llamada luna&#8230; Cada mes cambia la salida y entrada de la luna y sus d\u00ed\u00adas son como los del sol y, cuando su luz es normal, es un s\u00e9ptimo de la luz solar&#8230; Tambi\u00e9n vi el recorrido y la ley de la luna, con su curso mensual. Todo esto me mostr\u00f3 el santo \u00e1ngel Uriel, que es su gu\u00ed\u00ada&#8230; En determinados meses cambia sus puestas y en determinados meses hace un curso especial\u00bb (1 Hen 73,lss). El texto de Henoc sigue, precisando las relaciones entre calendario* solar y lunar, con la necesidad de intercalar cada cierto tiempo un mes, para mantener siempre id\u00e9ntico el ciclo y orden de las fiestas, a fin de que el tiempo celeste de los astros y el tiempo terrestre de los ritmos de la vida de los fieles sea concordante.  Cuando esa concordancia se rompe surge una gran perturbaci\u00f3n, pues las acciones de los hombres influyen en los astros, de forma que cuando se extienden las obras de los pecadores se pone en riesgo la estructura del cosmos, pues los pecados humanos y astrales est\u00e1n relacionados: \u00abEn aquellos d\u00ed\u00adas me dirigi\u00f3 la palabra Uriel y me dijo: Todo te lo he mostrado, Henoc, y todo te lo he revelado, para que vieras este sol, esta luna, y a los que gu\u00ed\u00adan las estrellas del cielo, y a todos los que las cambian, su acci\u00f3n, tiempo y salida. En los d\u00ed\u00adas de los pecadores, los a\u00f1os ser\u00e1n cortos, y la siembra en sus campos y tierras ser\u00e1 tard\u00ed\u00ada&#8230; La luna cambiar\u00e1 su r\u00e9gimen y no se mostrar\u00e1 a su tiempo. Muchos astros principales violar\u00e1n la norma, cambiar\u00e1n sus caminos y acci\u00f3n, no apareciendo en los momentos que tienen delimitados. Toda la disposici\u00f3n de los astros se cerrar\u00e1 a los pecadores, y las conjeturas sobre ellos de los que moran en la tierra errar\u00e1n, al cambiar todos sus caminos, equivoc\u00e1ndose y teni\u00e9ndolos por dioses. Mucho ser\u00e1 el mal sobre ellos, y el castigo les llegar\u00e1 para aniquilarlos a todos\u00bb (cf. 1 Hen 80,1-8). Esta sacralidad c\u00f3smica ha sido amenazada por el pecado de algunos astros\/ \u00e1ngeles y de aquellos hombres (incluso israelitas) que siguen su mentira, celebrando erradamente las fiestas del cosmos. Por el contrario, los fieles apocal\u00ed\u00adpticos conocen el orden del mundo y celebran la gloria de Dios conforme al verdadero calendario, separ\u00e1ndose de la corrupci\u00f3n del mundo malo.<\/p>\n<p>(5) Los apocal\u00ed\u00adpticos, conocedores de los astros. Ellos leen los libros astrales, donde se encuentra la verdadera sabidur\u00ed\u00ada, de manera que sus textos pueden presentarse como una expansi\u00f3n y despliegue de la verdad original de la tablas celestiales*. Porque hab\u00ed\u00adan descubierto y quisieron mantener el verdadero culto y calendario astral se separaron del resto de Israel algunos grupos apocal\u00ed\u00adpticos, entre ellos los apocal\u00ed\u00adpticos esenios vinculados a la literatura de Qumr\u00e1n. Esta veneraci\u00f3n astral de la apocal\u00ed\u00adptica jud\u00ed\u00ada est\u00e1 relacionada con la religiosidad c\u00f3smica de algunos c\u00ed\u00adrculos de pensamiento griego y con otros tipos de religiosidad oriental (sobre todo babilonia). Muchos apocal\u00ed\u00adpticos, opuestos al desorden astral del mundo viejo, han sido b\u00e1sicamente astr\u00f3nomos sagrados, ini ciando as\u00ed\u00ad una l\u00ed\u00adnea que desembocar\u00e1 en la especulaci\u00f3n y religiosidad astrol\u00f3gica de la cultura del bajo helenismo y de la modernidad. El Nuevo Testamento ha vinculado tambi\u00e9n el pecado de los hombres con la ruptura del orden celeste, vinculando as\u00ed\u00ad el orden humano y el astral: \u00abPero en aquellos d\u00ed\u00adas, despu\u00e9s de aquella tribulaci\u00f3n, el sol se oscurecer\u00e1 y la luna no dar\u00e1 su resplandor. Las estrellas caer\u00e1n del cielo y las potencias que est\u00e1n en los cielos ser\u00e1n conmovidas. Entonces ver\u00e1n al Hijo del Hombre, que vendr\u00e1 en las nubes con gran poder y gloria\u00bb (Mc 13,24-26). Pero en contra de la observaci\u00f3n y expectaci\u00f3n astral de los apocal\u00ed\u00adpticos, los cristianos no pueden fijar su conducta a trav\u00e9s de una observaci\u00f3n de los astros, pues ellos la fundan en la presencia y acci\u00f3n del Hijo* del Hombre (Mc 13,32-34).<\/p>\n<p>(5) Apocalipsis. Especial atenci\u00f3n han recibido los astros en el Apocalipsis, donde aparecen cargados de polivalencia significativa. Estos son sus sentidos fundamentales, (a) Los Siete Astros que el Hijo del Hombre lleva en su mano (Ap 1,16; 2,1; 3,1) simbolizan en principio la totalidad c\u00f3smica (celeste), vinculada al Cristo, que aparece como eje y sost\u00e9n del conjunto de la realidad. Para Juan, ellos son los \u00e1ngeles (sentido y plenitud) de las iglesias (Ap 1,20). El libro del Apocalipsis ha mantenido el valor sacral del siete, revalorizando el cosmos en perspectiva cristiana. Por eso ha tomado a los astros como \u00e1ngeles guardianes de las iglesias y realizadores del juicio escatol\u00f3gico. Algunos han pensado que esos \u00e1ngeles-asiros son los delegados o inspectores (obispos) de las comunidades de Asia, a las que Juan dirige las siete cartas. Pero el Ap no favorece esa lectura, pues sus astros-\u00e1ngeles son esp\u00ed\u00adritus, custodios (vigilantes) de las iglesias, m\u00e1s que hombres concretos. La tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica sabe que las naciones y grupos tienen \u00e1ngeles guardianes (cf. Dn 10,13.20.21; 11,1; 12,1; Eclo 17,17; Dt 32,8 LXX). Pues bien, en el Apocalipsis, los siete \u00e1ngeles aparecen como fondo o sustrato c\u00f3smico y celeste de las iglesias: frente a la Ley eterna del judaismo (con su ciudad o templo perdurable) se revelar\u00ed\u00ada aqu\u00ed\u00ad la iglesia originaria, expresada por los siete \u00e1ngeles. Ellos pueden identificarse tambi\u00e9n con los siete esp\u00ed\u00adritus de la  Presencia, que est\u00e1n junto a Dios, como intermediarios de su obra (hacen sonar las trompetas, derraman las copas del juicio: Ap 8-16). (b) Los Doce Astros que forman la corona en torno a la cabeza de la Mujer (Ap 12,1) son una expresi\u00f3n celeste de su dignidad y est\u00e1n vinculados de un modo simb\u00f3lico a las doce constelaciones del zod\u00ed\u00adaco. Ellos, lo mismo que los siete astros de Ap 1,20, son una expresi\u00f3n del car\u00e1cter celeste de la Iglesia, simbolizada ahora en la Mujer, (c) El Astro de la ma\u00f1ana aparece como s\u00ed\u00admbolo divino en multitud de pueblos, sobre todo en Babilonia, donde se vincula con Ishtar (cf. Is 14,12). Pues bien, en Ap 22,16 el mismo Cristo se identifica con el astro luciente (lucero) de la ma\u00f1ana que anuncia el d\u00ed\u00ada, para ofrecerlo (ofrecerse a s\u00ed\u00ad mismo) a cada uno de los vencedores, como supone Ap 2,28. (d) Los Astros ca\u00ed\u00addos est\u00e1n asociados con \u00e1ngeles perversos. As\u00ed\u00ad se habla de un astro que se derrumba del cielo, que envenena las aguas, con nombre de Ajenjo (Ap 8,1011) y\/o que abre las puertas del abismo, con el nombre de Abbad\u00f3n* (Ap 9,1-11). Seg\u00fan Ap 12,4, el mismo Drag\u00f3n ha derribado una tercera parte de los astros (\u00bf\u00e1ngeles perversos?); seg\u00fan Ap 6,13, ellos caen al abrirse el sexto sello. Es evidente que ambas perspectivas no se contradicen.<\/p>\n<p>Cf. B. J. MALINA, Oh the Genre and Message of Revelation. Star Visions and Sty Joumeys, Hendrickson, Peabody MA 1985; E. LohmeYER, Die Offenbarung des Johannes, HNT, Tubinga 1953.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>1. Los astros en el paganismo antiguo. El hombre antiguo era m\u00e1s sensible que nosotros a la presencia de los astros. Sol, luna, planetas y estrellas evocaban para \u00e9l un mundo misterioso muy diferente del nuestro: el del *cielo, al que se representaba en forma de esferas superpuestas, en las que los astros inscrib\u00ed\u00adan sus \u00f3rdenes. Sus ciclos regulares le permit\u00ed\u00adan medir el *tiempo y establecer su calendario; pero le suger\u00ed\u00adan tambi\u00e9n que el mundo es gobernado por la ley del eterno retorno y que desde el cielo imponen los astros a las cosas de la tierra ciertos ritmos sagrados sin medida com\u00fan con los avatares contingentes de la historia. Estos cuerpos luminosos le parec\u00ed\u00adan, pues, una manifestaci\u00f3n de los poderes sobrenaturales que dominan la humanidad y determinan sus destinos. A estos poderes rend\u00ed\u00ada espont\u00e1neamente culto para granjearse su favor. El sol, la luna, el planeta Venus, etc., eran para \u00e9l otros tantos dioses o diosas, y las constelaciones mismas dise\u00f1aban en el cielo figuras enigm\u00e1ticas, a las que daba nombres m\u00ed\u00adticos. Este inter\u00e9s que pon\u00ed\u00ada en los astros le induc\u00ed\u00ada a observarlos met\u00f3dicamente: egipcios y mesopotamios eran famosos por sus conocimientos astron\u00f3micos; pero esta ciencia embrionaria estaba estrechamente ligada con pr\u00e1cticas adivinatorias e idol\u00e1tricas. As\u00ed\u00ad. el hombre de la antig\u00fcedad estaba como subyugado por poderes temerosos, que pesaban sobre su destino y le velaban al verdadero Dios.<\/p>\n<p>2. Los astros, servidores de Dios. Si abrimos la Biblia vemos que el clima cambia radicalmente. Cierto que todav\u00ed\u00ada no se distingue bien a los astros de los *\u00e1ngeles, que constituyen la corte de Dios (Job 38,7; Sal 148,2s): estos \u00abej\u00e9rcitos celestiales\u00bb. (G\u00e9n 2,1) son considerados como seres animados. Pero son criaturas como todo lo dem\u00e1s del universo (Am 5,8; G\u00e9n 1,14ss; Sal 33,6; 136,7ss). Obedeciendo al llamamiento de Yahveh brillan en su puesto (Bar 3,3ss), por orden suya intervienen para apoyar los combates de su pueblo (Jos 10.12s; Jue 5,20). Los astros no son, pues, dioses, sino servidores de \u00abYahveh de los ej\u00e9rcitos (Yahveh Sabaoth)\u00bb. Si regulan el tiempo, si presiden el d\u00ed\u00ada y la noche, es porque Dios les ha asignado estas funciones precisas (G\u00e9n 1,15s). Se puede admirar el resplandor del sol (Sal 19,5ss), la belleza de la luna (Cant 6,10), el orden perfecto de las revoluciones celestiales (Sab 7.1 8ss); pero todo esto canta la *gloria del Dios \u00fanico (Sal 19,2), que determin\u00f3 las \u00ableyes de los cielos\u00bb (Job 38, 31ss). Asi los astros no sirven de pantalla para ocultar a su creador, sino que lo revelan (Sab 13,5). Purificados de su significado *idol\u00e1trico, simbolizan ahora las realidades terrenales que manifiestan el designio de Dios: la multitud de los hijos de Abraham (G\u00e9n 15.5), la venida del rey dav\u00ed\u00addico (N\u00fam 24,17), la luz de la salvaci\u00f3n futura (Is 60,1ss; Mal 3.20) o la gloria eterna de los justos resucitados (Dan 12,3).<\/p>\n<p>3. Seducci\u00f3n del paganismo. Pese a esta firmeza de la revelaci\u00f3n biblica, Israel no se libra de la tentaci\u00f3n de los cultos astrales. En los per\u00ed\u00adodos de retroceso religioso, el sol, la luna y todo el ej\u00e9rcito de los cielos conservan o vuelven a ganar adoradores (2Re 17,16; 21,3.5; Ez 8,16); por un *temor instintivo de estos poderes c\u00f3smicos, se trata de hac\u00e9rselos propicios. Se hacen ofrendas a la \u00abreina del cielo\u00bb, Istar, el planeta Venus (Jer 7,18; 44,17ss); se observan los \u00absignos del cielo\u00bb (Jer 10,2) para leer en ellos los destinos (Is 47,13). Pero la voz de los profetas se eleva contra este retorno ofensivo del paganismo; el Deuteronomio lo estigmatiza (Dt 4,19; 17,3); el rey Jos\u00ed\u00adas interviene brutalmente para extirpar sus pr\u00e1cticas (2Re 23,4s.11); a los adoradores de los astros promete Jerem\u00ed\u00adas el peor de los castigos (Jer 8,1s). Pero har\u00e1 falta la prueba de la dispersi\u00f3n y de la cautividad para que Israel se convierta y abandone por fin esta forma de idolatr\u00ed\u00ada (cf. Job 31,26ss), cuya vanidad proclamar\u00e1 claramente la sabidur\u00ed\u00ada alejandrina (Sab 13,1-5).<\/p>\n<p>Esta lucha secular contra los cultos astrales tuvo repercusiones en el campo de las creencias. Si los astros constituyen as\u00ed\u00ad un lazo para los hombres, desvi\u00e1ndolos del verdadero Dios, \u00bfno es esto se\u00f1al de que ellos mismos est\u00e1n ligados con poderes del mal, hostiles a Dios? Entre los *\u00e1ngeles que forman el ej\u00e9rcito del cielo, \u00bfno hay \u00e1ngeles ca\u00ed\u00addos que tratan de atraer a los hombres a su seguimiento haci\u00e9ndose adorar por ellos? El viejo tema m\u00ed\u00adtico de la *guerra de los dioses proporciona aqu\u00ed\u00ad todo un material que permite representar po\u00e9ticamente la ca\u00ed\u00adda de los poderes celestiales rebelados contra Dios (Lucifer: Is 14,12-15). La figura de *Sat\u00e1n, en el NT se enriquecer\u00e1 con estos elementos simb\u00f3licos (Ap 8,10; 9,1; 12,3s.7ss). En estas condiciones no sorprende ver anunciar para el *dia de Yahveh un *juicio del ej\u00e9rcito de los cielos, castigado con sus adoradores terrenales (Is 24,21 ss): all\u00ed\u00ad aparecen los astros en lugar y en el puesto de los \u00e1ngeles malos.<\/p>\n<p>4. En el universo rescatado por Cristo, los astros hallan, no obstante, su funci\u00f3n providencial. La cruz ha libertado a los hombres de la angustia c\u00f3smica, que aterrorizaba a los colosenses: no est\u00e1n ya esclavizados a los \u00abelementos del mundo\u00bb, ahora que Cristo ha \u00abdespojado a los principados y a las potestades\u00bb, para \u00abarrastrarlos en su cortejo triunfal\u00bb. (Col 2,8.15-18; G\u00e1l 4,3). Nada ya de determinismos astrales, nada de destinos inscritos en el cielo: Cristo ha dado fin a las supersticiones paganas. Un astro anunci\u00f3 su nacimiento (Mt 2,2), design\u00e1ndole a \u00e9l mismo como la estrella de la ma\u00f1ana por excelencia (Ap 2,28; 22,16), en espera de que este mismo astro surja en nuestros corazones (2Pe 1,19; cf. el exsultet pascual). Es el verdadero sol que ilumina al mundo renovado (Lc 1,78s). Y si es cierto que el oscurecimiento de los astros preceder\u00e1 como un signo a su parus\u00ed\u00ada gloriosa (Mt 24,29 p; Is 13,9s; 34,4; Jl 4,15), como marc\u00f3 el momento de su muerte (Mt 27,45 p), es que en el mundo venidero estas luces creadas resultar\u00e1n in\u00fatiles: la gloria de Dios iluminar\u00e1 por si misma a la nueva Jerusal\u00e9n, y el cordero ser\u00e1 su antorcha (Ap 21,23).<\/p>\n<p>-> \u00ed\u0081ngeles &#8211; Cielo &#8211; Creaci\u00f3n &#8211; Gloria &#8211; \u00ed\u008ddolos &#8211; Luz.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(-> creaci\u00f3n, cielo). Significativamente, no est\u00e1n al principio, sino que forman parte del cuarto d\u00ed\u00ada de la creaci\u00f3n*: \u00abHaya lumbreras en la b\u00f3veda del cielo para separar el d\u00ed\u00ada de la noche; y sirvan de se\u00f1ales para distinguir las fiestas [= asambleas], para los d\u00ed\u00adas y los a\u00f1os, y sirvan de lumbreras en la b\u00f3veda &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/astros\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abASTROS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15723","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15723","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15723"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15723\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15723"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15723"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15723"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}