{"id":15737,"date":"2016-02-05T10:13:49","date_gmt":"2016-02-05T15:13:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/canto-de-las-criaturas\/"},"modified":"2016-02-05T10:13:49","modified_gmt":"2016-02-05T15:13:49","slug":"canto-de-las-criaturas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/canto-de-las-criaturas\/","title":{"rendered":"CANTO DE LAS CRIATURAS"},"content":{"rendered":"<p>(LXX Dn 3,52-90) (-> Daniel, creaci\u00f3n, belleza). Hacia finales del II a.C., un autor de lengua griega ha introducido en el texto hebreo y arameo de  Daniel, editado ya en griego en la traducci\u00f3n llamada de los LXX, una serie de pasajes de tipo edificante, como este canto de las creaturas, compuesto sobre modelos precedentes, como se advierte al compararlo con Sal 148; Tob 8,5; Sal 11,4 y Hab 2,20.<\/p>\n<p>(1)  El canto de los m\u00e1rtires. Es muy significativo el lugar donde se sit\u00faa. El Gran Rey exige que le adoren todos los pueblos de la tierra, en gesto idol\u00e1trico. Tres j\u00f3venes, que act\u00faan como representantes del judaismo, desobedecen la orden, siendo arrojados al horno de fuego. As\u00ed\u00ad contaba la tradici\u00f3n m\u00e1s antigua de la BH (Dn 3,1-23). Sobre esa base introducen los LXX una plegaria penitencial (3,26-45) y otra laudatoria, que ahora evocamos (Dn 3,52-90). Se trata de la alabanza de unos m\u00e1rtires que cantan la grandeza de Dios mientras el fuego del gran horno amenaza con quemarles. Los verdugos del exterior carecen de ojos para ver: s\u00f3lo descubren y adoran al \u00ed\u00addolo del rey que es expresi\u00f3n de poder y dinero (la estatua de oro de Dn 3,1-6). Los m\u00e1rtires, en cambio, tienen ojos limpios: desde el fondo del fuego donde arden van mirando, van cantando. De esa forma descubren las diversas realidades de la tierra (creaci\u00f3n), para gozarlas con amor transfigurado y situarlas de nuevo ante el misterio de Dios. Los \u00ed\u00addolos oprimen: no dejan que el hombre se abra y contemple admirado lo que existe. El ansia de poder cierra los ojos del alma, impidiendo que ella mire y cante en libertad gozosa el gran misterio del cosmos. S\u00f3lo el que adora a Dios puede mirar de verdad: descubre y dice lo que existe en liturgia de gozo que nos sit\u00faa de nuevo ante el gran canto del cosmos que es Gn 1. Desde el homo donde est\u00e1n amenazados, los m\u00e1rtires contemplan con los ojos bien abiertos la grandeza de las cosas. No son prisioneros de la c\u00e1rcel de Plat\u00f3n donde s\u00f3lo emergen sombras. No son cautivos de ning\u00fan pecado propio. En libertad han decidido vivir; libremente pueden descubrir y descubren la presencia transformante de Dios en cada una de las cosas. De esta forma identifican arte y oraci\u00f3n. Orar no es para ellos hacer ni decir nada especial, sino mirar bien y transformar con la mirada lo que est\u00e1n contemplando.<\/p>\n<p>(2) Canto c\u00f3smico. Ahora podemos recordar algunos versos del canto \u00abCriaturas todas del Se\u00f1or, bendecid al Se\u00f1or, celebradlo y ensalzadlo por los siglos. Angeles del Se\u00f1or, bendecid al Se\u00f1or, celebradlo&#8230; Cielos, bendecid al Se\u00f1or, celebradlo&#8230; Aguas que est\u00e1is sobre el cielo, bendecid al Se\u00f1or, celebradlo&#8230; Todas las Fuerzas del Se\u00f1or, bendecid al Se\u00f1or, celebradlo&#8230; Sol y Luna, bendecid al Se\u00f1or, celebradlo&#8230; Astros del cielo, bendecid al Se\u00f1or, celebradlo&#8230;\u00bb (Dn 3,59-62). Desde el horno en que esperan la muerte, los tres j\u00f3venes se saben vinculados a las creaturas: las traen a la mente, las van mirando y con ellas, por ellas, bendicen a Dios. La descripci\u00f3n de los diversos tipos de realidades ofrece una geograf\u00ed\u00ada original sagrada: Arriba (Dn 3,57-59) est\u00e1n los \u00e1ngeles y el cielo. En medio (Dn 3,60-61) las aguas superiores y las dynameis (poderes fundantes) del cosmos. Abajo (Dn 3,62-63), el sol, luna y estrellas, los astros que gu\u00ed\u00adan el orden del mundo. M\u00e1s abajo se encuentra el mundo entero de los hombres y animales, unidos todos en un mismo canto de alabanza. Es evidente que el orante se sabe vinculado a esos espacios en experiencia contemplativa de participaci\u00f3n c\u00f3smica: no est\u00e1 encerrado en un mundo de angustia, no est\u00e1 oprimido, aplastado entre las cuatro paredes de su c\u00e1rcel (horno de fuego). Dios le ha hecho liturgo de una vida superior y \u00e9l canta desde el lugar m\u00e1s alejado y peligroso de todo lo que existe (un horno de fuego, una c\u00e1rcel de muerte). Este canto ha inspirado muchas composiciones cristianas, entre las que podemos destacar la de san Francisco: C\u00e1ntico de las criaturas. Cf. M. CIMOSA, La preghiera nella Bibbia Greca, Tur\u00ed\u00adn 1992; C. A. Moore, Daniel, Esther and Jeremiah. The Additions, Doubleday, Nueva York 1977; \u00abDaniel, Additions to\u00bb, ABD II, 18-28; G. W. E. NICKELSBURG, \u00abThe Prayer of Azariazh and the Song of the three Young Men\u00bb, en M. E. STONE (ed.), Jewisli Writings of the Second Temple Period, CRINT 2\/2, Filadelfia 1984, 149-152.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(LXX Dn 3,52-90) (-> Daniel, creaci\u00f3n, belleza). 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