{"id":15769,"date":"2016-02-05T10:14:57","date_gmt":"2016-02-05T15:14:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/deseo\/"},"modified":"2016-02-05T10:14:57","modified_gmt":"2016-02-05T15:14:57","slug":"deseo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/deseo\/","title":{"rendered":"DESEO"},"content":{"rendered":"<p>v. Concupiscencia, Pasi\u00f3n<br \/>\n2Sa 23:5 florecer toda mi salvaci\u00f3n y mi d<br \/>\nPsa 10:17 el d de los humildes o\u00edste, oh Jehov\u00e1<br \/>\nPsa 20:4 te d\u00e9 conforme al d de tu coraz\u00f3n, y<br \/>\nPsa 38:9 Se\u00f1or, delante de ti est\u00e1n todos mis d<br \/>\nPsa 59:10 Dios har\u00e1 que vea en mis enemigos mi d<br \/>\nPsa 112:10 lo ver\u00e1 .. el d de los imp\u00edos perecer\u00e1<br \/>\nPsa 145:19 cumplir\u00e1 el d de los que le temen<br \/>\nPro 11:23 el d de los justos es solamente el bien<br \/>\nPro 13:19 el d cumplido regocija el alma; pero<br \/>\nEcc 6:9 m\u00e1s vale vista de ojos que d que pasa<br \/>\nJoh 8:44 los d de vuestro padre quer\u00e9is hacer<br \/>\nRom 13:14 no prove\u00e1is para los d de la carne<br \/>\nPhi 1:23 teniendo d de partir y estar con Cristo<br \/>\nPhi 2:26 porque \u00e9l ten\u00eda gran d de veros a todos<br \/>\n1Pe 1:14 no os conform\u00e9is a los d que antes<br \/>\n1Pe 2:11 que os absteng\u00e1is de los d carnales que<br \/>\n1Jo 2:16 los d de la carne, los d de los ojos<br \/>\n1Jo 2:17 el mundo pasa, y sus d; pero el que hace<br \/>\nJud 1:18 habr\u00e1 .. que andar\u00e1n seg\u00fan sus malvados d<\/p>\n<hr>\n<p>(V amor, pecado). La Biblia presenta al hombre como animal de deseo, seg\u00fan indica Gn 2,23 desde una perspectiva masculina (Ad\u00e1n desea a Eva), Gn 3,16 (la mujer desea al var\u00f3n) y, sobre todo, Gn 3,1-6 (Eva [y Ad\u00e1n] desean y comen el fruto del \u00e1rbol del conocimiento del bien y del mal). Ciertamente, hay deseos negativos, como ha puesto de relieve Gn 6,5 cuando afirma que los deseos del hombre est\u00e1n dirigidos al mal desde su juventud; pero hay tambi\u00e9n deseos positivos y gozosos, como pone de relieve el Cantar* de los Cantares. En una l\u00ed\u00adnea algo distinta, el deseo de los hombres, dominados por \u00e1ngeles perversos, toma en 1 Hen la forma de apetito sexual desordenado (violaci\u00f3n) y de violencia patriarcalista. Por su parte, Sab destaca el riesgo del deseo ilimitado, entendido como b\u00fasqueda de gozo sin fin y como envidia.<\/p>\n<p>(1) Los cuatro deseos. Desde ah\u00ed\u00ad debe entenderse el texto clave (Rom 13,9) donde Pablo condensa los mandamientos principales del dec\u00e1logo* \u00e9tico en uno que dice \u00abno desear\u00e1s\u00bb, hablando despu\u00e9s del amor como superaci\u00f3n y conversi\u00f3n de los deseos: \u00abPorque no adulterar\u00e1s, no matar\u00e1s, no hurtar\u00e1s, no dir\u00e1s falso testimonio, no desear\u00e1s, y cualquier otro mandamiento se resume en esta palabra: Amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb. Ese pasaje supone que hay cuatro deseos b\u00e1sicos, (a) Deseo de adulterio afectivo y posesivo: quiero poseer precisamente lo que el otro tiene de m\u00e1s grande, su mujer (o su marido), para as\u00ed\u00ad imponerme y do  minarle, (b) Deseo de homicidio, que me sit\u00faa ante el otro en cuanto contrincante, alguien que no s\u00f3lo puede disputar mis bienes, sino disputarme y negarme a m\u00ed\u00ad mismo: por eso le envidio (le temo y deseo) y le mato, con el intento de hacerme due\u00f1o de su vida. (c) Deseo de robar y apoderarme de todos los bienes de los otros, convirtiendo as\u00ed\u00ad la vida en dominio ilimitado. (d) Deseo de enga\u00f1o. Adulterio, homicidio y robo s\u00f3lo se pueden mantener y triunfar con mentira, destruyendo la verdad en los tribunales y convirtiendo este mundo en un enga\u00f1o. Por eso, el mandamiento proh\u00ed\u00adbe el falso testimonio, es decir, el enga\u00f1o jur\u00ed\u00addico. Frente a esos cuatro deseos eleva Pablo, conforme a la ley israelita (dec\u00e1logo*), las cuatro prohibiciones centrales que intentan superar por la fuerza (seg\u00fan ley) los mayores conflictos de la vida. Esos mandatos se pueden regular por una ley de Estado: las autoridades sostienen con su fuerza el derecho familiar (castigan el adulterio), defienden la vida y la propiedad, utilizando para ello los poderes del Estado, que est\u00e1 legalmente investido de la espada (como supone Rom 13,1-7).<\/p>\n<p>(2) Un t\u00ed\u00adnico deseo negativo. Pablo ha condensado las cuatro prohibiciones anteriores en un nuevo y \u00faltimo mandato, de tipo interior, cuyo cumplimiento no se puede regular ya por espada, pero que resulta necesario para que los hombres puedan vivir con un orden sobre el mundo: no desear\u00e1s. El texto primitivo del dec\u00e1logo (Ex 20,17; Dt 5,21) citaba unos deseos concretos (de casa, mujer, siervo, criado, toro, asno&#8230;). Pablo los ha condensado en su base com\u00fan, diciendo \u00abno desear\u00e1s\u00bb y vinculando en uno los cuatro mandatos anteriores (no adulterar, no matar, no robar, no mentir), que marcan la direcci\u00f3n de los males. Como buen rabino, Pablo ha resumido toda la ley en un mandato negativo: \u00abno desear\u00e1s\u00bb. Pero \u00e9l sabe que la barrera de esa ley resulta insuficiente. Por eso invierte el tema y lo plantea de forma positiva, presentando un deseo m\u00e1s alto, no en forma de prohibici\u00f3n o negaci\u00f3n, sino como despliegue vital: Amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo. M\u00e1s all\u00e1 de la ley, que se expresa en las cuatro prohibiciones anteriores y puede culminar de forma negativa (no desear\u00e1s), viene a desvelarse un \u00abmandamiento de gracia\u00bb, que no es ya mandamiento, sino revelaci\u00f3n de amor y que traduce de forma antropol\u00f3gica universal la exigencia teol\u00f3gica del shem\u00e1 israelita: \u00abEscucha, Israel, Yahv\u00e9 nuestro Dios es un Dios \u00fanico; amar\u00e1s a Yahv\u00e9, tu Dios, con todo tu coraz\u00f3n&#8230;\u00bb (Dt 6,4-5; cf. Mc 12,29 par). All\u00ed\u00ad donde la ley pretend\u00ed\u00ada cerrar con su mandato el camino del deseo, esta revelaci\u00f3n positiva extiende ante los hombres el m\u00e1s alto impulso y camino de un deseo de amor purificado, que les permite realizarse plenamente, siendo lo que son, lo que ha de ser en Dios.<\/p>\n<p>(3) El amor, deseo positivo. En este contexto ha proclamado Pablo la palabra decisiva de la antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica \u00abAmar\u00e1s al pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb (cf. Mc 12,31). En la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica, ese amor al pr\u00f3jimo estaba vinculado al amor a Dios, en una l\u00ed\u00adnea que hab\u00ed\u00adan destacado ya algunos escribas y sabios jud\u00ed\u00ados de aquel tiempo. Pues bien, Pablo no habla ya de dos amores, sino de un solo amor, que no se dirige directamente a Dios, sino al pr\u00f3jimo. Evidentemente, Dios tiene que estar y est\u00e1 en el fondo de ese amor, pero ya no aparece de manera expresa, como figura diferente, sino que se encuentra inmerso en el despliegue amoroso de la creaci\u00f3n, como si el camino de Dios se condensara en el amor entre los hombres, superando la ley del deseo. As\u00ed\u00ad se enfrentan y vinculan mutuamente el deseo y la ley. (a) La ley del deseo supone que somos unos vivientes que, al romper el equilibrio con nuestro entorno, tendemos a buscar y poseer lo que otros tienen, para hacerlo as\u00ed\u00ad nuestro. Los mandamientos recuerdan el riesgo y poder de ese deseo, elevando una barrera, para que no nos domine. A ese nivel, todos los mandatos se acaban resumiendo en uno: No desear\u00e1s. Parece que la misma religi\u00f3n se vuelve represi\u00f3n: por un lado nos muestra el poder de los deseos y por otro nos impide realizarlos. (b) Invitaci\u00f3n al amor. Pero en el hombre hay algo mayor que la prohibici\u00f3n del deseo, hay una fuente de amor activo y creador, como sab\u00ed\u00ada ya el Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a, de manera que en esa l\u00ed\u00adnea Pablo vuelve en lo esencial al mensaje de Jes\u00fas, situando por encima de la ley una palabra de gracia: Amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo. En este nivel se sit\u00faa la antropolog\u00ed\u00ada cristiana, de manera que amar  a los hombres significa amar al mismo Dios o, mejor dicho, amar desde Dios y como Dios, en gratuidad supralegal, por encima del deseo que nos encierra dentro de nosotros mismos, en b\u00fasqueda insaciable y pecadora, que debe ser regulada por ley.<\/p>\n<p>Cf. X. PIKAZA, Antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 2006.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>El t\u00e9rmino \u00abdeseo\u00bb se utiliza en el \u00e1mbito de la reflexi\u00f3n moral para indicar la dimensi\u00f3n subjetiva del obrar humano. El an\u00e1lisis fenomenol\u00f3gico ha puesto de manifiesto c\u00f3mo el valor se presenta en el horizonte de la conciencia con los caracteres de la deseabilidad y de la obligaci\u00f3n. Pero la \u00e9tica que ha prevalecido durante largo tiempo en Occidente se ha olvidado muchas veces del dinamismo subjetivo del obrar, inclin\u00e1ndose por una concepci\u00f3n r\u00ed\u00adgida del deber por el deber. fundamental que ha determinado un giro en direcci\u00f3n hacia una mayor atenci\u00f3n al deseo han sido, en los \u00faltimos decenios, las ciencias humanas, especialmente las psicol\u00f3gicas. La acentuaci\u00f3n de las etapas de desarrollo de la personalidad ha contribuido a destacar los dinamismos del sujeto y a revelar los elementos m\u00e1s profundos del obrar humano. Sin embargo , se corre el riesgo de caer en una lectura r\u00ed\u00adgidamente positivista de las opciones humanas, inclin\u00e1ndose entonces por una \u00e9tica puramente descriptiva, sin perspectivas de apertura a los valores, La revuelta del deseo reprimido se ha traducido a veces en una absolutizaci\u00f3n del deseo, con la ca\u00ed\u00adda en un subjetivismo radical.<\/p>\n<p>La \u00e9tica tiene que contar con el deseo humano, pero sin detenerse en \u00e9l, Su tarea es m\u00e1s bien la de discernir en \u00e9l lo que es alienante y lo que es liberador, llegando de hecho a una limitaci\u00f3n del mismo. La actuaci\u00f3n de una verdadera promoci\u00f3n humana pasa a trav\u00e9s de la construcci\u00f3n de un modelo \u00e9tico que sepa llevar a cabo dentro de cada individuo una profunda sinergia entre el deseo y la obligaci\u00f3n.<\/p>\n<p>G. Piana<\/p>\n<p>Bibl.: AA. VV , A. L\u00f3pez Ouint\u00e1s, El conocimiento de los valores, Verbo Divino, Estella 1989; J Leclercq, Las grandes l\u00ed\u00adneas de la filosof\u00ed\u00ada moral, Gredos, Madrid 1977<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>DESEO<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>En el budismo la perfecci\u00f3n suprema es \u00abmatar el deseo\u00bb. \u00c2\u00a1Qu\u00e9 alejados de este sue\u00f1o aparecen los hombres de la Biblia, aun los m\u00e1s pr\u00f3ximos a Dios! La Biblia, por el contrario, est\u00e1 llena del tumulto y del conflicto de todas las formas del de-seo. Desde luego, est\u00e1 muy lejos de aprobarlas todas, y aun los deseos m\u00e1s puros deben experimentar una purificaci\u00f3n radical, pero as\u00ed\u00ad es como adquieren toda su fuerza y dan a la existencia del hombre todo su valor.<\/p>\n<p>1. EL DESEO DE VIVIR. Como ra\u00ed\u00adz de todos los deseos del hombre existe la indigencia esencial y su necesidad fundamental de poseer la *vida en la plenitud y desarrollo de su ser. Este dato de la naturaleza est\u00e1 dentro del orden, y Dios lo consagra. La m\u00e1xima del Sir\u00e1cida: \u00abNo te prives del bien del d\u00ed\u00ada y no dejes pasar la parte de goce que te toca\u00bb (Eclo 14,14) no expresa la m\u00e1s elevada sabidur\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica; sin embargo, si Jesucristo no la canoniza como el ideal, por lo menos la presupone como una reacci\u00f3n normal, puesto que si sacrifica su vida, lo hace para que sus ovejas \u00abtengan la vida y la tengan abundantemente\u00bb (Jn 10,10).<\/p>\n<p>El lenguaje de la Escritura confirma esta presencia natural y este valor positivo del deseo. Muchas comparaciones evocan los deseos m\u00e1s ardientes: \u00abComo el ciervo desea las aguas vivas\u00bb (Sal 42,2), \u00abcomo los ojos de una sierva est\u00e1n puestos en la mano de su se\u00f1ora\u00bb (123,2), \u00abm\u00e1s que espera la aurora un centinela nocturno\u00bb (130,6), \u00abdame a sentir el son de la alegr\u00ed\u00ada y de la fiesta\u00bb (51,10). M\u00e1s de una vez los profetas y el Deuteronomio apoyan sus amenazas y sus promesas en las aspiraciones permanentes del hombre: plantar, edificar, unirse en matrimonio (Dt 28,30; 20,5ss; Am 5,11; 9,14; Is 65,21). Aun el anciano, al que Dios ha \u00abhecho ver tantos males y aflicciones\u00bb, no debe renunciar a esperar que venga todav\u00ed\u00ada a \u00abalimentar su vejez y a consolarlo\u00bb (Sal 71,20&#8243;).<\/p>\n<p>II. LAS PERVERSIONES DEL DESEO. El deseo, por ser algo esencial y que no se puede desarraigar, puede ser para el hombre una *tentaci\u00f3n permanente y peligrosa. Si Eva *pec\u00f3, fue por dejarse seducir por el *\u00e1rbol prohibido, que era \u00abbueno para comerse, hermoso a la vista\u00bb (G\u00e9n 3,6). La *mujer, por haber as\u00ed\u00ad cedido a su deseo, en adelante ser\u00e1 v\u00ed\u00adctima del deseo que la impulsa hacia su marido y sufrir\u00e1 la ley del hombre (3,16). En la humanidad es el pecado como un deseo selv\u00e1tico pronto a saltar y que hay que tener a raya con la fuerza (4,7). Este deseo desencadenado es la apetencia o concupiscencia, \u00abconcupiscencia de la *carne, concupiscencia de los ojos, soberbia de la *riqueza\u00bb (1Jn 2,16; cf. Sant 1,14s) y su reino en la humanidad es el mundo, reino de *Sat\u00e1n.<\/p>\n<p>La Biblia, historia del hombre, est\u00e1 llena de estos deseos que arrastran al hombre; como palabra de Dios describe sus funestas consecuencias. En el desierto, Israel, que sufr\u00ed\u00ada de *hambre, en lugar de alimentarse de la *fe en la palabra de Dios (Dt 8,1-5), no piensa sino en llorar por las carnes de Egipto y en echarse sobre las codornices, y los culpables perecen, v\u00ed\u00adctimas de su concupiscencia (N\u00fam 11,4.34). Da-vid, cediendo a su deseo; se apodera de Betsab\u00e9 (2Sa 11,2ss), desencadenando una serie de ruinas y de pecados. Ajab, por haber seguido el consejo de Jezabel y cedido as\u00ed\u00ad a su deseo despojando a Nabot de su vi-\u00f1a, condena a muerte a su dinast\u00ed\u00ada (1Re 21). Los dos ancianos desean a Susana \u00abhasta perder la cabeza\u00bb (Dan 13,8.20) y pagan con su vida este pecado.<\/p>\n<p>La ley, todav\u00ed\u00ada m\u00e1s categ\u00f3ricamente, apuntando al *coraz\u00f3n, fuente de pecado, prohibe el deseo culpable : \u00abNo codiciar\u00e1s la casa, .. la mujer&#8230; de tu pr\u00f3jimo\u00bb (Ex 20,17). Jes\u00fas no crear\u00e1 esta exigencia, sino que revelar\u00e1 su alcance (Mt 5,28).<\/p>\n<p>III. LA CONVERSI\u00ed\u201cN DEL DESEO. La novedad del Evangelio consiste en primer lugar en despejar con la mayor nitidez lo que todav\u00ed\u00ada estaba involucrado en el AT: \u00abLo que procede del coraz\u00f3n es lo que hace al hombre impuro\u00bb (Mt 15,18); consiste sobre todo en proclamar como una certeza la liberaci\u00f3n de los apetitos que ten\u00ed\u00adan encadenado al hombre. Estos apetitos, este \u00abdeseo de la carne, son la *muerte\u00bb (Rom 8,6), pero el cristiano que posee el *Esp\u00ed\u00adritu de Dios es capaz de seguir el \u00abdeseo del esp\u00ed\u00adritu\u00bb, de \u00abcrucificar la carne con sus pasiones y sus concupiscencias\u00bb (G\u00e1l 5,24; cf. Rom 6, 12; 13,14; Ef 4,22) y de dejarse \u00abguiar por el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (G\u00e1l 5,16).<\/p>\n<p>Este \u00abdeseo del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, liberado por Cristo, estaba ya presente en la *ley, que es \u00abespiritual\u00bb (Rom 7,14). Todo el AT est\u00e1 sostenido por un profundo deseo de Dios. Con el deseo de adquirir la *sabidur\u00ed\u00ada (Prov 5,19; Eclo 1,20), con la nostalgia de *Jerusal\u00e9n (Sal 137,5), con el deseo de subir a la ciudad santa (128,5) y al *templo (122,1), con el deseo de conocer la palabra de Dios a trav\u00e9s de todas sus formas (119, 20.131.174), corre profundamente un deseo que polariza todas las energ\u00ed\u00adas, que ayuda a desenmascarar las ilusiones y las falsificaciones (cf. Am 5,18; Is 58,2), a superar todas las decepciones, el \u00fanico deseo de Dios: \u00ab\u00bfQu\u00e9 otro tengo yo en el cielo? Contigo nada ans\u00ed\u00ado yo sobre la tierra. Mi carne y mis entra\u00f1as se con-sumen, mas el Se\u00f1or es, para siempre, mi roca y mi porci\u00f3n\u00bb (Sal 73, 25s; cf. 42,2; 63,2).<\/p>\n<p>IV. DESEO DE COMUNI\u00ed\u201cN. Si nos es posible desear a Dios m\u00e1s que ninguna cosa en el mundo, es en uni\u00f3n con el deseo de Jesucristo. Jes\u00fas est\u00e1 pose\u00ed\u00addo de un deseo ardiente, ansioso, que s\u00f3lo apagar\u00e1 su *bautismo, su pasi\u00f3n (Lc 12,49s), el deseo de dar *gloria a su Padre (Jn 17,4) y de mostrar al mundo hasta d\u00f3nde puede amarle (14,30). Pero este deseo del *Hijo orientado hacia su *Padre es inseparable del deseo que le lleva hacia los suyos y que, mientras avanzaba hacia su pasi\u00f3n, le hac\u00ed\u00ada \u00abdesear ardientemente comer la *pascua\u00bb con ellos (Le 22,15).<\/p>\n<p>Este deseo divino de una *comuni\u00f3n con los hombres, \u00abyo cerca de \u00e9l y \u00e9l cerca de m\u00ed\u00ad\u00bb (Ap 3,20), sus-cita en el NT un eco profundo. Las cartas p\u00e1ulinas en particular est\u00e1n llenas del deseo que siente el Ap\u00f3sto;,de sus \u00abhermanos tan amados y tan deseados\u00bb (Flp 4,1), que \u00abdesea a todos en las entra\u00f1as de Cristo\u00bb (1,8), de su gozo al sentir, a trav\u00e9s del testimonio de Tito, el \u00abardiente deseo\u00bb que tienen de \u00e9l los corintios (2Cor 7,7), fruto cierto de la acci\u00f3n de Dios (7,11). S\u00f3lo este deseo es capaz de contrapesar el deseo fundamental de Pablo, el deseo de Cristo y, m\u00e1s exactamente, de la comuni\u00f3n con \u00e9l, \u00abel deseo de partir y estar con Cristo\u00bb (Flp 1,23), \u00abde morar junto al Se\u00f1or\u00bb (2Cor 5,8). Porque el grito del \u00abhombre de deseo\u00bb, el grito del \u00abEsp\u00ed\u00adritu y de la esposa\u00bb es: \u00ab\u00c2\u00a1ven!\u00bb (Ap 22,17).<\/p>\n<p>-> Buscar &#8211; Hambre y sed.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">La cuesti\u00f3n del deseo era bastante discutida en la \u00e9poca griega. Pero no encuentra un inter\u00e9s preferente en el NT. El sustantivo <em>epizumia<\/em> ocasionalmente se traduce por \u00abdeseo\u00bb pero con m\u00e1s frecuencia se prefiere \u00ablascivia\u00bb. Numerosas palabras se emplean para expresar la misma idea general. Estas no poseen necesariamente una connotaci\u00f3n moral (como p. ej., Lc. 20:46; 15:16; 10:24), pero a causa de la naturaleza pecaminosa del hombre estas palabras generalmente describen un mal deseo. En Mt. 5:28 <em>epithume\u014d<\/em> se usa espec\u00edficamente en relaci\u00f3n con el deseo sexual, en su sentido de violaci\u00f3n a la ley. En las ep\u00edstolas del NT el sustantivo ha llegado a describir la idea de lascivia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Donald Guthrie<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (162). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>En sus m\u00faltiples referencias al \u201cdeseo\u201d el AT y el NT ofrecen abundantes ejemplos de percepci\u00f3n psicol\u00f3gica aguda y penetrante. M\u00e1s aun, tanto por la diversidad del vocabulario empleado para hablar del \u201cdeseo\u201d, como por la forma de encarar el tema, la Biblia aclara perfectamente un aspecto muy importante de su doctrina sobre el hombre.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En el AT \u201cdeseo\u201d significa mucho m\u00e1s que la mera idea de \u201canhelar\u201d, \u201cpedir\u201d, o \u201cexigir\u201d. En la psicolog\u00eda heb. toda la personalidad se ve envuelta en el \u201cdeseo\u201d. De all\u00ed que el \u201cdeseo\u201d f\u00e1cilmente pod\u00eda convertirse en \u201ccodicia\u201d, lo cual conduce a la \u201cenvidia\u201d y a los \u201ccelos\u201d, etc. Entre los hebreos el \u201cdeseo\u201d era lo que el <\/span><span style=' '>nefe\u0161<\/span><span lang=ES style=' '> (el \u201calma\u201d o el \u201cyo\u201d) le exig\u00eda a la personalidad (Dt. 14.26, <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vm<\/span><span lang=ES style=''>). El \u201cdeseo\u201d era la inclinaci\u00f3n del <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>nefe\u0161<\/span><span lang=ES style=''> (2 S. 3.21). Cuando toda el \u201calma\u201d estaba detr\u00e1s de una inclinaci\u00f3n o deseo pecaminoso, el alma, se dec\u00eda, \u201ccodiciaba la concupiscencia\u201d (v\u00e9ase Nm. 11.4, 6). El d\u00e9cimo mandamiento estaba dirigido contra esta clase de codicia (Ex. 20.17), porque cuando se daba rienda suelta a un deseo pecaminoso semejante, peligraba el bienestar de toda la comunidad (Jer. 6.13\u201315).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En el NT el deseo pecaminoso se ve estimulado por la voluntad de enriquecerse (1 Ti. 6.9); tanto es as\u00ed que se lo equipara con el \u201camor al dinero\u201d (v. 10). Pero tambi\u00e9n puede manifestarse en deseo sexual il\u00edcito (Mt. 5.28), o en lo que Pablo describe como \u201cla voluntad [deseos, <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0vm<\/span><span lang=ES style=' '> ] de la carne y de los pensamientos\u201d (Ef. 2.3). El NT tambi\u00e9n da testimonio de lo que es un hecho observable en la experiencia humana: que si esos deseos pecaminosos son satisfechos, en lugar de ser crucificados, se convierten en fuego consumidor (Col. 3.5s). Por otra parte, cuando Dios (Ro. 10.2a) y sus mejores dones (1 Co. 12.31) son los objetos de los deseos del alma, el cuerpo se transforma en instrumento de justicia (Ro. 6.12s).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn192\" name=\"_ftnref192\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>J.G.S.S.T.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Concupiscencia, Pasi\u00f3n 2Sa 23:5 florecer toda mi salvaci\u00f3n y mi d Psa 10:17 el d de los humildes o\u00edste, oh Jehov\u00e1 Psa 20:4 te d\u00e9 conforme al d de tu coraz\u00f3n, y Psa 38:9 Se\u00f1or, delante de ti est\u00e1n todos mis d Psa 59:10 Dios har\u00e1 que vea en mis enemigos mi d Psa &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/deseo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abDESEO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15769","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15769","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15769"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15769\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15769"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15769"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15769"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}