{"id":15788,"date":"2016-02-05T10:15:34","date_gmt":"2016-02-05T15:15:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/estatua-idolatrica\/"},"modified":"2016-02-05T10:15:34","modified_gmt":"2016-02-05T15:15:34","slug":"estatua-idolatrica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/estatua-idolatrica\/","title":{"rendered":"ESTATUA IDOLATRICA"},"content":{"rendered":"<p>(Dn 2-3) a Daniel, apocal\u00ed\u00adptica, metales, vivientes). La Ley israelita prohib\u00ed\u00ada los \u00ed\u00addolos (idolatr\u00ed\u00ada*), porque enmascaran la grandeza de Dios, convirti\u00e9ndole en una realidad del mundo. \u00ed\u00addolo es todo aquello que divinizamos, como algo objetivo. En sentido superficial, los \u00ed\u00addolos son estatuas de dioses y diosas. Pero, en sentido m\u00e1s profundo, desde la perspectiva israelita, son signos de un poder que se absolutiza y que esclaviza a los hombres. Desde esta base se entiende la doble versi\u00f3n de la historia de la estatua de Nabucodonosor.<\/p>\n<p>(1) Visi\u00f3n del rey. La estatua en el sue\u00f1o (Dn 2). El texto comienza presentando la estatua como una visi\u00f3n: es algo que el rey ha visto y que no sabe interpretar. S\u00f3lo Daniel, el vidente jud\u00ed\u00ado, logra entender la visi\u00f3n, convirti\u00e9ndola en palabra: \u00abT\u00fa, rey, viste una visi\u00f3n: una estatua majestuosa, una es tatua gigantesca y de un brillo extraordinario. Ten\u00ed\u00ada la cabeza de oro fino, el pecho y los brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro y los pies de hierro mezclado con barro. En tu visi\u00f3n una piedra se desprendi\u00f3 sin intervenci\u00f3n humana, choc\u00f3 con los pies de hierro y barro de la estatua y la hizo pedazos\u00bb (Dn 2,31-35). Este es el sue\u00f1o del rey, su verdadero pensamiento: \u00e9l quiere convertirse en Dios, quiere presentarse como Se\u00f1or total de la tierra, recapitulando en s\u00ed\u00ad mismo todos los reinos de la historia, que forman una inmensa estatua de poder, una especie de monumento elevado a su grandeza. Ciertamente, el texto evoca tambi\u00e9n otros rasgos: la sucesi\u00f3n de los imperios, en sentido descendente, desde la primera edad de oro a la edad actual del hierro (babilonios, persas, Alejandro Magno, sel\u00e9ucidas de Siria). En esa progresi\u00f3n lo que se pierde en dignidad (cada reino es menos noble que el anterior) se gana en poder de destrucci\u00f3n (cada reino es m\u00e1s violento). As\u00ed\u00ad, la estatua idol\u00e1trica aparece como una especie de m\u00e1quina de dominar y de matar, dispuesta a imponer su terror sobre toda la tierra. Pero hay dos problemas: la estatua tiene pies de barro y en la colina, por encima de ella, hay una piedra, algo que el poder no ha logrado dominar, como un canto rodado que los arquitectos de este mundo no tienen en cuenta porque es despreciable (cf. Sal 118,22; Mc 12,10). Esa piedra \u00abno viene de manos humanas\u00bb, no representa a los poderes de la historia, sino que viene de Dios. Pero, al mismo tiempo, ella expresa y representa a los pobres y necesitados de este mundo, a los expulsados y aplastados por la gran potencia del imperio de oro-platabronce-hierro que domina sobre los pueblos. Los marginados de la estatua son en el tiempo de Daniel los pobres de la tierra de Israel, amenazados por los reyes helenistas de Siria, que han logrado tener supremac\u00ed\u00ada sobre Oriente y quieren imponer su ley-religi\u00f3n en Israel, como saben las historias de los macabeos*. Pues bien, nuestro texto afirma que la peque\u00f1a piedra destrozar\u00e1 la gran estatua del poder: Dios no necesita poderes mundanos, sino que \u00e9l act\u00faa a trav\u00e9s de la impotencia y sufrimiento de la tierra, como sabe todo el judaismo y, de un modo especial, el mensaje de Jes\u00fas.    (2) Pol\u00ed\u00adtica del rey. La estatua real (Dn 3). En el cap\u00ed\u00adtulo anterior (Dn 2), la estatua era un sue\u00f1o, algo que el rey present\u00ed\u00ada y no sab\u00ed\u00ada, necesitando la ayuda del sabio Daniel para comprender su sentido. Pues bien, este nuevo cap\u00ed\u00adtulo del libro (a\u00f1adido m\u00e1s tarde) ha reelaborado el tema, presentando a la estatua como signo real de poder absoluto del rey, que se diviniza a s\u00ed\u00ad mismo, enfrent\u00e1ndose as\u00ed\u00ad al Dios verdadero. \u00abEl rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, de treinta metros de alta por tres de ancha, y la coloc\u00f3 en la llanura de Dura, provincia de Babilonia. Mand\u00f3 convocar a los s\u00e1trapas, ministros, prefectos, consejeros&#8230; para que acudieran a la inauguraci\u00f3n de la estatua. Se reunieron todos y el heraldo proclam\u00f3: A todos los pueblos, naciones y lenguas&#8230; Cuando oig\u00e1is tocar la trompa, la flauta, etc., os postrar\u00e9is para adorar la estatua que ha erigido el rey Nabucodonosor. El que no se postre ser\u00e1 arrojado en un horno de fuego encendido\u00bb (Dn 3,1-6). El poder imperial exige adoraci\u00f3n. Sobre la gran llanura de la tierra ha elevado su signo, como \u00fanico Dios de la tierra. Vienen todos y adoran, porque todos comen y medran cultivando la religi\u00f3n del Estado. Pero unos j\u00f3venes hebreos se niegan, rechazando esa liturgia del poder, y son arrojados al horno de fuego ardiente donde permanecen, cantando la grandeza de Dios, llenos de salud y de felicidad (canto* de las criaturas). Conocen a Dios y su conocimiento les libera de toda sumisi\u00f3n del mundo. Conocen a Dios al arriesgar la vida en favor de la justicia, al dar testimonio de libertad, mostrando que el poder de Dios est\u00e1 por encima de la idolatr\u00ed\u00ada del Estado. Este es el signo de los tres j\u00f3venes del homo, que pueden cantar y cantan uno de los himnos m\u00e1s hermosos de la historia religiosa de los hombres. Sometidos al fuego, viviendo en el subsuelo, ellos pueden mirar hacia la altura y all\u00ed\u00ad descubren el misterio de Dios que se desvela en el cielo y en el agua, en el sol y en la luna, en los fr\u00ed\u00ados y calores, en la brisa y la tormenta (cf. LXX Dn 3,51-90). S\u00f3lo aquellos que no se dejan dominar por la idolatr\u00ed\u00ada del poder tendr\u00e1n los ojos limpios para ver a Dios entre las cosas.<\/p>\n<p>Cf. M. Noth, \u00abConcepto de historia en la apocal\u00ed\u00adptica veterotestamentaria\u00bb, Estudios sobre el Antiguo Testamento, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1985, 213-234.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Dn 2-3) a Daniel, apocal\u00ed\u00adptica, metales, vivientes). La Ley israelita prohib\u00ed\u00ada los \u00ed\u00addolos (idolatr\u00ed\u00ada*), porque enmascaran la grandeza de Dios, convirti\u00e9ndole en una realidad del mundo. \u00ed\u00addolo es todo aquello que divinizamos, como algo objetivo. En sentido superficial, los \u00ed\u00addolos son estatuas de dioses y diosas. 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