{"id":15796,"date":"2016-02-05T10:15:51","date_gmt":"2016-02-05T15:15:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/filiacion\/"},"modified":"2016-02-05T10:15:51","modified_gmt":"2016-02-05T15:15:51","slug":"filiacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/filiacion\/","title":{"rendered":"FILIACION"},"content":{"rendered":"<p>(Padre, Hijo, Se\u00f1or). Constituye para Pablo y su escuela una experiencia esencial del cristianismo, que \u00e9l entiende como cumplimiento de la promesa de Dios a los israelitas, a quienes pertenecen \u00abla filiaci\u00f3n, la gloria, las alianzas, la Ley, el culto y las promesas\u00bb (Rom 9,4). Es significativo el hecho de que Pablo ponga la filiaci\u00f3n como primero de todos los dones que definen la vida de los israelitas, antes que la alianza y la Ley. Desde esa base se entiende su definici\u00f3n del cristianismo: \u00abCuando se cumpli\u00f3 la plenitud de los tiempos envi\u00f3 Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que alcanz\u00e1semos la filiaci\u00f3n\u00bb (Gal 4,4-5). Esta es la experiencia b\u00e1sica del creyente, que no vive ya bajo la Ley, como los siervos o criados, sino como hijo, en libertad, esperando la plenitud de la filiaci\u00f3n. En esta l\u00ed\u00adnea avanza la carta a los Romanos: \u00abPues no recibisteis el esp\u00ed\u00adritu de esclavitud para estar otra vez bajo el temor, sino que recibisteis el esp\u00ed\u00adritu de filiaci\u00f3n, en el cual clamamos: \u00c2\u00a1Abba, Padre! El mismo Esp\u00ed\u00adritu da testimonio juntamente con nuestro esp\u00ed\u00adritu de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, tambi\u00e9n somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con \u00e9l, para que juntamente con \u00e9l seamos glorificados. Porque considero que los padecimientos del tiempo presente no son dignos de comparar con la gloria que pronto nos ha de ser revelada. Pues la creaci\u00f3n aguarda con ardiente anhelo la manifestaci\u00f3n de los hijos de Dios&#8230; Y no s\u00f3lo la creaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n nosotros, que tenemos las primicias del Esp\u00ed\u00adritu, gemimos dentro de nosotros mismos, aguardando la filiaci\u00f3n, la redenci\u00f3n de nuestro cuerpo\u00bb (Rom 8,15-19.23). El hombre, al que Dios ha querido hacer hijo suyo, vive inmerso en un mundo que se ha vuelto cautiverio; ha perdido su identidad, no logra conocerse a s\u00ed\u00ad mismo. Pero Dios le ha dado el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, de manera que puede alcanzar la filiaci\u00f3n, interpretada como redenci\u00f3n: es decir, como experiencia de vinculaci\u00f3n a la misma vida de Dios. Esa es la esperanza que est\u00e1 en el fondo de Ef 1,5: Dios ha predestinado a los creyentes a la fi liaci\u00f3n, es decir, a la uni\u00f3n con el mismo ser divino.<\/p>\n<p>Cf. L. Cerfaux, El cristiano en san Pablo, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1965; M. Hengel, Hijo de Dios, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1974; S. Kim, The Origins ofPaid&#8217;s Cospel, Eerdmans, Grand Rapids MI 1981; M. Legido, La Iglesia del Se\u00f1or. Un estudio de eclesiolog\u00ed\u00ada paulina, Universidad Pontificia, Salamanca 1978.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>La misi\u00f3n de los creyentes no es la de ser protagonistas sino testigos. Requiere de los creyentes unas decisiones valientes y una actividad incansable, pero no para lucirse ellos, sino para servir a Jes\u00fas. Lucas narra la par\u00e1bola de los siervos que, despu\u00e9s de trabajar todo el d\u00ed\u00ada en los campos, no pueden descansar porque tienen que preparar la cena del amo. Y encima se les invita a declararse \u00absiervos in\u00fatiles\u00bb. Por un lado, el trabajo que hay que realizar se hace enorme; por el otro, no existe la menor posibilidad de gratificante complacencia por el servicio prestado.      Todo esto puede hacer sospechar una dureza de alma por parte del amo. Sin embargo, es precisamente este reconocimiento de la inutilidad del servicio lo que permite a los siervos cambiar de mentalidad y entrar en una nueva dimensi\u00f3n espiritual, donde lo que cuenta no es tanto la ejecuci\u00f3n puntual y perfecta del trabajo (la \u00abjusticia de los escribas y fariseos\u00bb de la que habla Mateo, que  en  la  pr\u00e1ctica se  revela como  carente de amor), sino la relaci\u00f3n de amor, de gratitud, de humildad, de familiaridad con el amo.  El amo se convierte en padre, los siervos en hijos, conscientes de que todo lo que hacen no es nada comparado con el inmenso amor que han recibido. Entonces seguir\u00e1n trabajando y sirviendo, pero no con la pretensi\u00f3n de hacer algo importante y resolutivo, sino con la intenci\u00f3n de manifestar signos aut\u00e9nticos con los que expresar su gratitud y su voluntad de compartir la amorosa solicitud del amo ausente. Esta solicitud no tiene l\u00ed\u00admites, y este amor de los siervos convertidos en hijos tiene la insaciabilidad y el dinamismo incansable propios de la caridad.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>Concepto fundamental de la teolog\u00ed\u00ada cristiana, en particular de la cristolog\u00ed\u00ada y de la antropolog\u00ed\u00ada: Jes\u00fas de Nazaret es el Hijo de Dios consubstancial con el Padre, Hijo de Dios tambi\u00e9n en su humanidad: el hombre es hijo adoptivo de Dios debido a su participaci\u00f3n por pura gracia de la filiaci\u00f3n divina de Jes\u00fas, primog\u00e9nito de la humanidad creada y redimida por Dios (cf. Rom 8,29. Col 1,15-20). Expondremos el tema d~ la filiaci\u00f3n seg\u00fan estos dos aspectos, \u00ed\u00adntimamente relac\u00ed\u00adonados entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>En la experiencia religioso-veterotestamentaria no faltan la representaci\u00f3n de Dios como Padre y el concepto de filiaci\u00f3n divina. Esta filiaci\u00f3n aparece con frecuencia en los libros del Antiguo Testamento y designa: a los \u00e1ngeles (cf. Gn 6,4), al pueblo de Israel (cf. Ex 5,22-23), a los individuos (cf. 1s 30,1-9), a los reyes de Israel (cf. 2 Sm 7 14. 2 Cr 22,10: Sal 2,7; 89,27); en la literatura sapiencial se aplica igual mente a los justos (cf. Sab 2,16-18; Eclo 4,10). La relaci\u00f3n paternidad-filiaci\u00f3n seg\u00fan los profetas caracterizar\u00e1 en particular a los tiempos mesi\u00e1nicos (cf Mal 3,17-18).<\/p>\n<p>No cabe duda, sin embargo, de que  los conceptos, las categor\u00ed\u00adas Hijo y filiaci\u00f3n han adquirido una importancia fundamental en la experiencia de fe y en el lenguaje de la comunidad cristiana de los or\u00ed\u00adgenes sedimentados en los libros del Nuevo Testamento. Todos los autores est\u00e1n de acuerdo en que la ra\u00ed\u00adz de este hecho tiene que verse en la experiencia que realiz\u00f3 Jes\u00fas de Dios como Padre y de s\u00ed\u00ad mismo como Hijo de Dios en sentido \u00fanico. Los escritos neotestamentarios, a pesar de haber sido redactados despu\u00e9s de la comprensi\u00f3n m\u00e1s profunda y m\u00e1s plena que los creyentes adquirieron de la misi\u00f3n y de la persona de Jes\u00fas con la experiencia pascual, nos ofrecen un testimonio substancialmente fiel de la conciencia que \u00e9l tuvo de su relaci\u00f3n de filiaci\u00f3n singular con Dios como Padre, a partir de la cual se sinti\u00f3 portador de una revelaci\u00f3n nueva del rostro y del don de gracia de Dios (cf. Mt 11,27) y autorizado a llevar a su cumplimiento la ley  mosaica (cf. Mt 5,17-19) y a establecer una nueva alianza entre Dios y los hombres (cf. Mc 14,24 y par.).<\/p>\n<p>San Pablo y el cuerpo jo\u00e1nico, pro fundizando e\u00f1 estos datos fundamentales a la luz del misterio de Cristo muerto y resucitado, proyectaron una luz m\u00e1s brillante sobre la relaci\u00f3n filial de Jes\u00fas con el Padre y, gracias a ella, sobre la relaci\u00f3n entre Dios y los hombres y por medio de \u00e9l. Jes\u00fas es para Pablo el Hijo que Dios (Padre) envi\u00f3 al mundo en la plenitud del tiempo para damos la adopci\u00f3n de hijos mediante la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu (cf. G\u00e1l 4 4-7. Rom 8,14ss) y para hacemos vivir en  aquella comuni\u00f3n de vida filial con \u00e9l (cf. 1 Cor 1,9) a la cual nos ha predestinado en el designio eterno de su amor (cf. Rom 8,29; Ef 1,5).<\/p>\n<p>En el cuerpo jo\u00e1nico Jes\u00fas es el hijo  unig\u00e9nito del Padre, que ha venido a revelamos sus designios de amor (cf Jn 1,18: 3,18): enviado por el Padre a liberar a los hombres de la esclavitud del pecado (cf. Jn 8,32-34 y 1 Jn 4,9) y a darles la posibilidad de ser realmente hijos de Dios (cf Jn 1,13) y de vivir en \u00e9l y para \u00e9l seg\u00fan esta dignidad, esperando a que se manifieste su sublime realidad el d\u00ed\u00ada de su aparici\u00f3n gloriosa (cf. 1 Jn 3,1-3).<\/p>\n<p>De esta multitud de pasajes se deducen el car\u00e1cter central de la experiencia de la filiaci\u00f3n \u00fanica y singular de Jes\u00fas respecto al Padre y [a realidad de la filiaci\u00f3n participada, adoptiva (en el lenguaje paulino hyiothes\u00ed\u00ada de los hombres en \u00e9l y por \u00e9l: por eso se puede sostener fundadamente que lo \u00abnuevo\u00bb del Nuevo Testamento consiste precisamente en la participaci\u00f3n de los hombres en la vida filial de Jes\u00fas, dada por el Padre en el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p> A lo largo de la historia de la comunidad cristiana, la filiaci\u00f3n divina de Jes\u00fas y consiguientemente la filiaci\u00f3n adoptiva de los hombres no siempre se han comprendido ni afirmado con claridad. En la \u00e9poca de los Padres (especialmente en los siglos II-V) varios autores, por motivos teol\u00f3gicos (estricto monote\u00ed\u00adsmo) y culturales (trascendencia absoluta de Dios), entendieron estos pasajes neotestamentarios en sentido moral, figurado, creatural eminente, adopcionista, no en sentido verdadero, real, ontol\u00f3gico. En particular Arrio (primera mitad del siglo 1V) y el arrianismo negaron la filiaci\u00f3n divina ontol\u00f3gica, verdadera, de Jes\u00fas y en consecuencia la filiaci\u00f3n adoptiva real de los hombres. El concilio de Nicea (325), precisamente en su rechazo de la posici\u00f3n arriana, defini\u00f3 e insert\u00f3 en su profesi\u00f3n de fe la expresi\u00f3n:<br \/>\n\u00abDios verdadero de Dios verdadero,  engendrado, no creado (hecho), de la misma substancia del Padre\u00bb (hornoo\u00fasios to Patr\u00ed\u00ad: DS 125). Con estos t\u00e9rminos se afirma la filiaci\u00f3n divina real, ontol\u00f3gica, de Jes\u00fas y se interpretan en este sentido los pasajes del Nuevo Testamento que hablan de Jes\u00fas como Hijo y como Logos.<\/p>\n<p>No cabe duda de que en esta afirmaci\u00f3n de colorido ontol\u00f3gico hay un desplazamiento de acento respecto a las afirmaciones neotestamentarias, hechas en una perspectiva hist\u00f3ricosalv\u00ed\u00adfica; sin embargo, no hay ninguna superposici\u00f3n de sentido. La interpretaci\u00f3n de Nicea es una explicitaci\u00f3n en la l\u00ed\u00adnea del contenido de los textos b\u00ed\u00adblicos que se hizo oportuna, m\u00e1s a\u00fan, indispensable, debido a la interpretaci\u00f3n reductiva prearriana y arriana.<\/p>\n<p>El concilio de Efeso (431) confirm\u00f3  la doctrina de Nicea contra las tesis cristol\u00f3gicas del patriarca de Constantinopla Nestorio que, por lo que parece, consideraba al hombre Jesucristo como Hijo de Dios en sentido moral; lo mismo hizo el de Calcedonia (451) con la afirmaci\u00f3n fundamental de que Jesucristo, Hijo de Dios y Se\u00f1or, es \u00abverdadero Dios\u00bb y \u00abverdadero hombre\u00bb (DS 301). La confesi\u00f3n oficial de la Iglesia en los tiempos sucesivos no se apart\u00f3 de esta doctrina, base del anuncio de todas las confesiones cristianas.<\/p>\n<p>Lo que este camino hist\u00f3rico revela  de instructivo incluso para el presente es lo siguiente: la Iglesia ha relacionado siempre \u00ed\u00adntimamente la filiaci\u00f3n \u00fanica de Jes\u00fas con la filiaci\u00f3n real, aunque adoptiva, de los dem\u00e1s hombres dada por el Padre por medio de \u00e9l, en la que tanto insisten diversos pasajes del Nuevo Testamento (cf. Rom 8,14-17. G\u00e1l 4,4-7: Jn 1,13; 1 Jn 3,1-3; etc.). As\u00ed\u00ad, cuando tuvo que responder a  las dificultades presentadas por Arrio y por otros herejes sobre la verdadera identidad de Jes\u00fas, sostuvo siempre que su filiaci\u00f3n tiene que entenderse en sentido verdadero, ontol\u00f3gico, ya que de lo contrario la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica centrada en \u00e9l no tendr\u00ed\u00ada una efectividad real, y no habr\u00ed\u00ada y J a una verdadera participaci\u00f3n del hombre en la vida divina, una verdadera divinizaci\u00f3n del hombre, gracias a la iniciativa del Padre por el Hijo en la fuerza santificadora del Esp\u00ed\u00adritu divino, verdades que ense\u00f1a claramente el Nuevo Testamento. Esta l\u00f3gica teol\u00f3gica ha guiado los intentos de actualizaci\u00f3n del dato doctrinal b\u00ed\u00adblico e hist\u00f3rico-dogm\u00e1tico hasta nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>Recientemente se han hecho algunos intentos teol\u00f3gicos de relectura de este punto b\u00e1sico de la fe cristiana que, de una manera o de otra, no ha reexpresado con claridad en nuestro mundo secularizado, cerrado tendencialmente a la trascendencia, la dimensi\u00f3n ontol\u00f3gica de la filiaci\u00f3n divina de Jes\u00fas y la filiaci\u00f3n igualmente real, aunque &#8211; por participaci\u00f3n gratuita, de los dem\u00e1s hombres (cf., por ejemplo, los te\u00f3logos de la muerte de Dios, R. Bultmann, H. Braun, la controversia en el campo cat\u00f3lico sobre el libro de H. KUng, Ser cr\u00ed\u00adstianos, etc.). Respecto a  estas y a otras propuestas interpretativas, objetivamente reductivas, las autoridades eclesiales y la inmensa mayor\u00ed\u00ada de los te\u00f3logos -de las confesiones cristianas han reafirmado la validez de las afirmaciones del Nuevo Testamento y de las interpretaciones dadas por los concilios y por la gran tradici\u00f3n teol\u00f3gica. (V\u00e9ase entre otros el documento de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe sobre la salvaguardia de la verdad de la Trinidad y de la encarnaci\u00f3n, Roma 1972).<br \/>\nG. Iammarrone<\/p>\n<p>Bibl.: H. KUng, Ser cristiano f Cristiandad, Madrid 1976; G. Gennari, Hijos de Dios, en NDE, 590-605; O. Gonz\u00e1lez de Cardenalf Jes\u00fas de Nazaret. Aproximaci\u00f3n a la cristolog\u00ed\u00ada, BAC, Madrid 1975; E. Schillebeeckx, Cristo y los cristianos, Cristiandad, Madrid 19S2; A. Torres Oueiruga, Creo en Dios Padre, Sal Terrae, Santander 19S6; j Pohier, En el nombre del Padre, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1976.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Padre, Hijo, Se\u00f1or). Constituye para Pablo y su escuela una experiencia esencial del cristianismo, que \u00e9l entiende como cumplimiento de la promesa de Dios a los israelitas, a quienes pertenecen \u00abla filiaci\u00f3n, la gloria, las alianzas, la Ley, el culto y las promesas\u00bb (Rom 9,4). Es significativo el hecho de que Pablo ponga la filiaci\u00f3n &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/filiacion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abFILIACION\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15796","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15796","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15796"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15796\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15796"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15796"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15796"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}