{"id":15844,"date":"2016-02-05T10:17:22","date_gmt":"2016-02-05T15:17:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/maria-madre-de-jesus\/"},"modified":"2016-02-05T10:17:22","modified_gmt":"2016-02-05T15:17:22","slug":"maria-madre-de-jesus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/maria-madre-de-jesus\/","title":{"rendered":"MARIA, MADRE DE JESUS"},"content":{"rendered":"<p>1.Introducci\u00f3n<\/p>\n<p>(anunciaci\u00f3n, concepci\u00f3n por el Esp\u00ed\u00adritu, geb\u00ed\u00adra, Iglesia). Tenemos que empezar distinguiendo entre la \u00abMar\u00ed\u00ada de la historia\u00bb y la \u00abMar\u00ed\u00ada de la fe\u00bb, que ha sido y sigue siendo recreada por la experiencia de los creyentes en la Iglesia.<\/p>\n<p>(1) Mar\u00ed\u00ada de la historia. Entre los datos firmes de la historia de Mar\u00ed\u00ada, la madre de Jes\u00fas, podemos contar los siguientes, (a) Fue una mujer galilea: jud\u00ed\u00ada, mediterr\u00e1nea, de comienzos de nuestra era. Todo lo que ella vivi\u00f3, sinti\u00f3 y realiz\u00f3 ha de entenderse desde esa perspectiva. Muchos cristianos creen que ella ha expresado los rasgos primordiales de lo humano, en clave de mujer, de tal forma que conf\u00ed\u00adan en ella, recuerdan a Dios y le invocan por medio de ella, (b) Fue esposa de Jos\u00e9 y madre de Jes\u00fas, un pretendiente mesi\u00e1nico jud\u00ed\u00ado ajusticiado por los romanos. El Evangelio parece presentarla como madre de varios hijos, que llevaban nombres marcadamente jud\u00ed\u00ados (Jacob [= Santiago], Jos\u00e9, Sim\u00f3n y Judas). Pero, al mismo tiempo, dice, de forma simb\u00f3lico-religiosa o biol\u00f3gica, que fue madre virgen de Jes\u00fas, su primog\u00e9nito, a quien concibi\u00f3 por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo. De manera sorprendente, Mc 6,3 llama a Jes\u00fas el hijo de Mar\u00ed\u00ada; en esa l\u00ed\u00adnea, los hermanos de Jes\u00fas ser\u00ed\u00adan s\u00f3lo sus parientes, (c) Mantuvo relaciones complejas con Jes\u00fas y parece que al principio no acept\u00f3 su mesianidad, como supone Mc 3,31-35 y 6,1-6. Pero el Nuevo Testamento a\u00f1ade que ella se integr\u00f3 en la Iglesia o comunidad de los disc\u00ed\u00adpulos de su hijo, entre los que jug\u00f3 un papel importante, viniendo a convertirse en figura simb\u00f3lica o paradigm\u00e1tica de la fe, sea en sentido cr\u00ed\u00adtico (no pudo imponer sus derechos sobre Jes\u00fas: cf. Mc 3,31-35) sea en sentido ejemplar y edificante, de tal forma que Lc 1-2 y en alg\u00fan sentido Jn 19,25-27 la presentan como modelo de vida cristiana, (d) Fia sido creyente v cre\u00ed\u00adda en la Iglesia (cf. Hch 1,13-14; Lc 1,45; Mt 1,18-25). Por razones que algunos suponen evidentes, y que otros intentan justificar con muchos argumentos, ella vino a convertirse pronto en lugar de referencia o modelo para la comunidad cristiana, como testifican en perspectivas diferentes los escritos del Nuevo Testamento y, sobre todo, desde situaciones distintas, los autores eclesi\u00e1sticos y gn\u00f3sticos a partir del siglo II d.C. En resumen, podemos decir que Mar\u00ed\u00ada, madre de Jes\u00fas, ha empezado siendo una persona concreta e importante, dentro de un contexto cultural, social y familiar bien definido. No es un puro s\u00ed\u00admbolo, una idea general (eterno femenino), ni una diosa.<\/p>\n<p>(2) Mar\u00ed\u00ada de la fe. Primeras comunidades. Diversos grupos cristianos han seguido recordando a Mar\u00ed\u00ada por su funci\u00f3n de madre y por su tarea particular como persona y miembro de la Iglesia, pero no lo han hecho de una sola forma, sino de varias. Al principio no hubo, por tanto, una fe mariana \u00fanica y normativa, sino diversas formas de mariolog\u00ed\u00ada, que cambian seg\u00fan los lugares y estilos de las comunidades. Entre ellas podemos recordar dos principales. (a) La comunidad de Jerusal\u00e9n est\u00e1 representada por Santiago y los hermanos de Jes\u00fas. Seg\u00fan Pablo, ella cumple una funci\u00f3n de referencia central para las iglesias y ha cultivado, sin duda, tradiciones cristol\u00f3gicas y mariol\u00f3gicas que despu\u00e9s han sido acogidas y elaboradas en diversos textos (en Mt y Jn, en Sant y Ap). Pues bien, en el comienzo de la iglesia de Jerusal\u00e9n, junto a los Doce y a las mujeres, sit\u00faa Hch 1,13-14 a los hermanos de Jes\u00fas con su madre. Parece evidente que ellos han formado un grupo importante, con una visi\u00f3n mesi\u00e1nica y una teolog\u00ed\u00ada propia: entienden a Jes\u00fas en la l\u00ed\u00adnea de las esperanzas dav\u00ed\u00addicas y aguardan un tipo de restauraci\u00f3n de Jerusal\u00e9n, donde ellos permanecen, vinculados al templo y a las instituciones nacionales. Es normal que esta Iglesia destaque los aspectos din\u00e1sticos (la l\u00ed\u00adnea familiar). Por eso son importantes en ella los adelphoi o hermanos del Se\u00f1or, citados por Pablo, entre ellos especialmente Santiago (cf. Gal 1,19; 1 Cor 9,5). Es muy posible que en esta comunidad se hayan recogido y\/o elaborado datos geneal\u00f3gicos* sobre el nacimiento de Jes\u00fas, destacando la importancia de la geb\u00ed\u00adra*, es decir, de la Madre del Se\u00f1or (cf. Lc 1,43). (b) Misi\u00f3n helenista. Conforme a 1 Cor 15,5-8, Jes\u00fas se ha aparecido a todos los ap\u00f3stoles, que, en principio, son los portadores de la misi\u00f3n helenista, que abre el camino fundamental de la historia posterior de la Gran Iglesia. Entre ellos, como el m\u00e1s consecuente y mejor conocido, hallaremos a Pablo. En este contexto parece haberse elaborado la tradici\u00f3n de la concepci\u00f3n de Jes\u00fas por el Esp\u00ed\u00adritu; en esta perspectiva, Mar\u00ed\u00ada  aparece como \u00abmadre virginal\u00bb de Jes\u00fas, desbordando el plano geneal\u00f3gico donde parec\u00ed\u00ada situarla la tradici\u00f3n de Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<p>(3) Los escritos del Nuevo Testamento. Tras la muerte de los fundadores eclesiales (Pedro, Santiago, Pablo), martirizados en los a\u00f1os sesenta, se inicia una \u00e9poca de fuertes elaboraciones, que dan origen a los textos evang\u00e9licos o teol\u00f3gicos que fundamentan los diversos caminos del cristianismo posterior. Ellos est\u00e1n vinculados a las tendencias anteriores, pero las integran de un modo personal (a partir de las opciones teol\u00f3gicas de sus autores) y eclesial (desde la vida de las comunidades donde surgen). Son obra de un autor y una iglesia, pero se han hecho pronto universales: han circulado entre las comunidades, en ejercicio de ecumenismo pr\u00e1ctico que define el origen y sentido del cristianismo. En este proceso se sit\u00faa la tradici\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada, madre de Jes\u00fas, (a) Marcos evoca la figura de Mar\u00ed\u00ada en tres contextos cr\u00ed\u00adticos que son fundamentales para interpretar el desarrollo posterior de la Iglesia, como indicaremos por separado (Mar\u00ed\u00ada*, madre de Jes\u00fas 3). (b) Mateo asume la tradici\u00f3n de Marcos, en la que inscribe los textos de Q (de origen galileo) e introduce adem\u00e1s un poderoso evangelio de la infancia (Mt 1-2), donde retraduce, desde una perspectiva de culminaci\u00f3n israelita, la tradici\u00f3n que habla del nacimiento de Jes\u00fas por el Esp\u00ed\u00adritu, que parece tener un punto de partida helenista. Mt vincula tradiciones de Galilea y de Jerusal\u00e9n y es probable que refleje las tensiones de una comunidad judeocristiana, que ha empezado siendo muy celosa de la Ley jud\u00ed\u00ada, para abrirse luego, dram\u00e1ticamente, hacia una misi\u00f3n universal. Desde esa base, podemos y debemos a\u00f1adir que su mariolog\u00ed\u00ada (anunciaci\u00f3n* 2, concepci\u00f3n por el Esp\u00ed\u00adritu) est\u00e1 al servicio de una misi\u00f3n y conversi\u00f3n rnesi\u00e1nica abierta a todas las naciones (cf. Mt 28,16-20), como muestra el relato de los magos (Mt 2). (c) Lucas sigue el mismo esquema de Mateo (vincula a Marcos con Q y la tradici\u00f3n del nacimiento de Jes\u00fas por el Esp\u00ed\u00adritu), pero elabora una mariolog\u00ed\u00ada que se centra ya en la historia y figura de Mar\u00ed\u00ada, como creyente que dialoga con Dios y como profetisa de la salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica, asumiendo y desarrollando en l\u00ed\u00adnea universal diversas tradiciones de Israel y de la Iglesia primitiva de Jerusal\u00e9n. Escribe desde una perspectiva geogr\u00e1fica dif\u00ed\u00adcil de precisar, posiblemente asi\u00e1tica (\u00bfEfeso?), pero su centro simb\u00f3lico es Roma, capital de la ecumene o imperio universal, en cuyo contexto ha querido situar el camino cristiano, (d) El Apocalipsis cambia de perspectiva, situando a una gran Madre-Mujer en el principio de su simbolismo c\u00f3smico, como centro y meta de una historia interpretada en forma de combate y reconciliaci\u00f3n final. Evidentemente, no habla en concreto de Mar\u00ed\u00ada, pero coloca su figura de Madre rnesi\u00e1nica en un contexto de cielo primigenio, de lucha hist\u00f3rica y de bodas finales que servir\u00e1n para configurar de alg\u00fan modo toda la mariolog\u00ed\u00ada posterior (mujer* en Apocalipsis), (e) El evangelio de Juan introduce a la Madre de Jes\u00fas en un contexto de bodas* (Jn 2,1-11) y culminaci\u00f3n eclesial (Jn 19,25-27), ofreciendo una interpretaci\u00f3n gn\u00f3stica ortodoxa (cristiana) de su funci\u00f3n y su historia. Jn es ya un texto helenista, pero recoge el influjo de tradiciones jerosolimitanas y de un judaismo \u00abheterodoxo\u00bb, que algunos han vinculado con los samaritanos. Su \u00faltima redacci\u00f3n puede estar centrada en Asia (Efeso), pero su evangelio se ha convertido pronto en un documento universal, que ha influido mucho en el entorno sapiencial y gn\u00f3stico de todo el oriente del Mediterr\u00e1neo.<\/p>\n<p>(4) Primer despliegue eclesial. Las mariolog\u00ed\u00adas anteriores no pueden reducirse a un com\u00fan denominador. Ellas son distintas y como tales las acoge el canon del Nuevo Testamento, dentro de la Gran Iglesia a finales del siglo II d.C. Pero en esa iglesia influyen adem\u00e1s otras tradiciones que ya no est\u00e1n incluidas en el Nuevo Testamento (Mar\u00ed\u00ada*, madre de Jes\u00fas 3). (a) Tendencia gn\u00f3stica. Recoge elementos de la tradici\u00f3n m\u00e1s antigua de la Iglesia (de Q y de Le, incluso de la historia de Jes\u00fas), pero los interpreta en una l\u00ed\u00adnea de esplritualismo que tiende a volverse contrario a la carne y a la historia, (b) Tendencia hist\u00f3rico-eclesial. De Ignacio a Ireneo. Asumiendo muchos elementos de la gnosis, pero reaccionando en contra de ella, la l\u00ed\u00adnea \u00abeclesi\u00e1stica\u00bb dominante o Gran Iglesia ha trazado las bases de la mariolog\u00ed\u00ada normativa  de los siglos posteriores, en l\u00ed\u00adnea occidental, helenista y romana.<\/p>\n<p>Cf. R. BROWN (ed.), Mar\u00ed\u00ada en el Nuevo Testamento, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1986; J. C. R. GARC\u00ed\u008dA PAREDES, Mariolog\u00ed\u00ada, BAC, Madrid 1995; I. G\u00ed\u201cMEZ-ACEBO (ed.), Mar\u00ed\u00ada, mujer mediterr\u00e1nea, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1999; J. MCHUGH, La Madre de Jes\u00fas en el Nuevo Testamento, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1978; I. DE LA POTTERIE, X. PIKAZA y J. LOSADA, Mariolog\u00ed\u00ada fundamental. Mar\u00ed\u00ada en el misterio de Dios, Sec. Trinitario, Salamanca 1996; I. DE LA POTTERIE, Mar\u00ed\u00ada en el misterio de la alianza, BAC, Madrid 1993.<\/p>\n<p>MAR\u00ed\u008dA, MADRE DE JES\u00daS<br \/>\n2.Marcos<\/p>\n<p>(-> Marcos, sepultura, Iglesia, Santiago). El primer autor del Nuevo Testamento que evoca a la madre de Jes\u00fas es Pablo, cuando dice que \u00abal llegar la plenitud de los tiempos, Dios envi\u00f3 a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley\u00bb. Es una referencia muy interesante, porque sit\u00faa a Mar\u00ed\u00ada en el centro de la revelaci\u00f3n de Dios y de la historia de la salvaci\u00f3n. Pero en ella no se la cita por su nombre, sino s\u00f3lo por su funci\u00f3n. Pues bien, las primeras referencias personales a Mar\u00ed\u00ada las ofrece el evangelio de Marcos, que debemos estudiar con mucho cuidado, no s\u00f3lo por la importancia que ellas tienen, sino, y sobre todo, porque (en contra de las visiones de Mateo y Lucas: anunciaci\u00f3n*, genealog\u00ed\u00adas*, concepci\u00f3n* por el Esp\u00ed\u00adritu) han sido muy poco conocidas y acogidas en la tradici\u00f3n exeg\u00e9tica y teol\u00f3gica de la Iglesia.<\/p>\n<p>(1) Punto de partida, caracter\u00ed\u00adsticas del evangelio. Marcos asume la tradici\u00f3n helenista (quiz\u00e1 paulina) del valor salvador de la muerte de Jes\u00fas, de manera que todo su evangelio puede entenderse como introducci\u00f3n al relato de la muerte y de la pascua: \u00bfPor qu\u00e9 ten\u00ed\u00ada que morir? \u00bfC\u00f3mo muri\u00f3 de hecho el Mes\u00ed\u00adas? (cf. Mc 8,31; 9,31; 10,3234). Pero tambi\u00e9n acepta las tradiciones galileas de Jes\u00fas, especialmente su itinerancia y milagros, introduciendo as\u00ed\u00ad la vida de Jes\u00fas en su mensaje. En ese contexto debe situarse su cr\u00ed\u00adtica contra el riesgo judeocristiano de Santiago* y de su iglesia de Jerusal\u00e9n. Por otra parte, Marcos critica o rechaza tambi\u00e9n una interpretaci\u00f3n sapiencial del mensaje-vida de Jes\u00fas, elaborada por Q o despu\u00e9s por EvTom. Finalmen te, Mc desconoce o, quiz\u00e1 mejor, no acepta la tradici\u00f3n del nacimiento virginal, asumida en formas distintas por Mt y Le. A juicio de Me, la novedad de Jes\u00fas no se inscribe en su nacimiento, sino en el conjunto de su vida, culminada en la pascua. Desde esos presupuestos ha elaborado una narraci\u00f3n coherente de evangelio, con una poderosa y pol\u00e9mica visi\u00f3n de la madre de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>(2) Iglesia judeocristiana. Madre y hermanos de Jes\u00fas (Mc 3,21.31-35). Siguiendo su t\u00e9cnica habitual de inclusi\u00f3n literaria, Mc ha vinculado la pol\u00e9mica de Jes\u00fas con su madre-familiares (3,20.31-35) con el rechazo de los escribas de Jerusal\u00e9n (3,22-30), que representan la tradici\u00f3n oficial del judaismo, centrada en el templo o la ley rab\u00ed\u00adnica. Junto a los escribas, en el \u00e1mbito de sacralidad nacional, se encuentran la madre y hermanos, que quieren llevar a Jes\u00fas \u00aba su casa\u00bb, porque est\u00e1 fuera de s\u00ed\u00ad; ellos representan, con toda probabilidad, la iglesia judeocristiana de Jerusal\u00e9n, contra la que se eleva el Jes\u00fas de Marcos, partidario de la misi\u00f3n helenista, que abre el mensaje m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras de la ley jud\u00ed\u00ada; en ese contexto se inscribe su visi\u00f3n de la madre y hermanos de Jes\u00fas, que seguir\u00ed\u00adan encerrados en la sacralidad jud\u00ed\u00ada. En este contexto, Jes\u00fas no acepta a su madre: \u00ab\u00bfQui\u00e9n es mi madre y quienes son mis hermanos?&#8230; Los que cumplen la voluntad de Dios, \u00e9sos son mi madre, mi hermano y mi hermana\u00bb (Mc 3,31-35). Jes\u00fas rechaza, seg\u00fan eso, la visi\u00f3n judeocristiana de la madre y hermanos de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>(3). Tradici\u00f3n de Galilea. \u00bfDe d\u00f3nde le viene esta sabidur\u00ed\u00ada? \u00bfNo es \u00e9ste el Hijo de Mar\u00ed\u00ada? (Mc 6,1-6). A cada uno le defin\u00ed\u00ada su familia y as\u00ed\u00ad dicen los nazarenos refiri\u00e9ndose a Jes\u00fas: \u00ab\u00bfNo es \u00e9ste el carpintero, el hijo de Mar\u00ed\u00ada, el hermano de Santiago y Jos\u00e9 y Judas y Sim\u00f3n? \u00bfNo est\u00e1n sus hermanas aqu\u00ed\u00ad con nosotros?\u00bb (Mc 6,3). Desde ah\u00ed\u00ad se plantea el tema del origen de sus carismas: \u00ab\u00bfDe d\u00f3nde le vienen estas cosas, esta sabidur\u00ed\u00ada, estos poderes?\u00bb. Jes\u00fas ha recibido una sabidur\u00ed\u00ada discutida, que los nazarenos, desde su perspectiva israelita, van a rechazar. En este contexto, ellos le llaman el hijo de Mar\u00ed\u00ada, en denominaci\u00f3n metron\u00ed\u00admica que resulta sorprendente y que podr\u00ed\u00ada aludir a un nacimiento misterioso o fuera de la  norma (pues el hijo suele llamarse por el nombre del padre). Sobre esa base, y teniendo en cuenta el rechazo anterior de Mc 3,31-35, parece que ser\u00ed\u00ada innecesaria toda referencia posterior a la madre de Jes\u00fas. Sin embargo, una lectura m\u00e1s atenta del texto nos permite descubrir que no es as\u00ed\u00ad, pues la madre se encuentra, con otras mujeres, disc\u00ed\u00adpulas de Jes\u00fas, en el contexto de su muerte, enterramiento y pascua.<\/p>\n<p>(4) Tradici\u00f3n pascual. La madre de Jes\u00fas ante la cruz, la tumba y el sepulcro abierto. Para la comprensi\u00f3n del evangelio de Marcos resulta esencial la presencia y testimonio de unas mujeres, disc\u00ed\u00adpulas de Jes\u00fas ante la cruz, en su sepultura y en la ma\u00f1ana de su pascua. (a) Mujeres ante la Cruz: \u00abHab\u00ed\u00ada unas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban Mar\u00ed\u00ada Magdalena y Mar\u00ed\u00ada, la madre de Santiago el Menor y de Jos\u00e9, y Salom\u00e9, las cuales le hab\u00ed\u00adan seguido cuando estaba en Galilea y le hab\u00ed\u00adan servido, con otras muchas, que hab\u00ed\u00adan subido tambi\u00e9n con \u00e9l a Jerusal\u00e9n\u00bb (Mc 15,40-41). Estas son las verdaderas disc\u00ed\u00adpulas de Jes\u00fas, las que van a servir de enlace entre su vida y el surgimiento de la Iglesia pascual, (b) Fue sepidtado, mujeres ante la tumba: \u00abY Mar\u00ed\u00ada Magdalena y Mar\u00ed\u00ada la de Jos\u00e9 miraban d\u00f3nde le enterraban\u00bb (15,47). El entierro lo dirige un hombre rico, Jos\u00e9 de Arimatea. Pero las que de verdad conservan el testimonio de la sepultura para transmitirlo a la comunidad son estas mujeres, (c) Ha resucitado, mujeres, de la tumba vac\u00ed\u00ada y del mensaje pascual. Fueron muy de ma\u00f1ana \u00abMar\u00ed\u00ada Magdalena, y Mar\u00ed\u00ada la de Santiago y Salom\u00e9\u00bb (16,1). Ellas compraron los perfumes y fueron para ungir a Jes\u00fas, descubriendo la tumba vac\u00ed\u00ada y recibiendo el mensaje del joven de la pascua: \u00abHa resucitado, no est\u00e1 aqu\u00ed\u00ad; mirad el lugar donde lo hab\u00ed\u00adan colocado. Pero id, decid a sus disc\u00ed\u00adpulos y a Pedro que \u00e9l os precede a Galilea, que all\u00ed\u00ad le ver\u00e9is, como os dijo\u00bb (16,6-7). Este final de Mc constituye uno de los textos m\u00e1s ricos y enigm\u00e1ticos de la literatura cristiana primitiva y sigue, con todo cuidado, la secuencia de la confesi\u00f3n de fe de Pablo en 1 Cor 15,3-7: \u00abCristo muri\u00f3, fue sepultado, resucit\u00f3&#8230;\u00bb. Falta s\u00f3lo el cuarto momento (\u00abse apareci\u00f3 a Pedro&#8230;\u00bb), que Mc ha querido interpretar de otra forma, introduci\u00e9ndolo en la misma tra ma narrativa de su discurso. De ese forma nos deja en el camino que lleva del \u00abha resucitado ya\u00bb al \u00abse ha aparecido\u00bb, haci\u00e9ndonos suponer que existen diversas comunidades (la de Pedro en Galilea, la de los parientes de Jes\u00fas, la de los ap\u00f3stoles). Pues bien, en ese contexto se sit\u00faa la figura y tarea de la madre de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>(5) Iglesia pascual, iglesia de mujeres. Mc nos sit\u00faa en el camino que va de la comunidad de Jerusal\u00e9n, donde s\u00f3lo hay una tumba vac\u00ed\u00ada, a la experiencia pascual de Galilea, que se entiende como principio de misi\u00f3n universal. Pues bien, en ese camino se sit\u00faa el testimonio y silencio de las mujeres. S\u00f3lo ellas garantizan dentro de la Iglesia la verdad de la muerte, sepultura y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas (expresada en el signo de la tumba vac\u00ed\u00ada). Pues bien, entre ellas, en el mismo comienzo de la Iglesia, all\u00ed\u00ad donde todo emerge, desde el principio de Cristo muerto y resucitado, encontramos a la Madre de Jes\u00fas. Este testimonio pascual de la madre de Jes\u00fas con las mujeres, que no est\u00e1n s\u00f3lo ante la cruz, sino tambi\u00e9n en el sepulcro y en la experiencia pascual, ha quedado muy velado en la historia posterior de la piedad y de la teolog\u00ed\u00ada (que se ha fijado sobre todo en la visi\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada junto a la Cruz: Jn 19,25-27), pero constituye, a mi juicio, un punto de partida y un momento decisivo de la mariolog\u00ed\u00ada y de todo el cristianismo posterior. La Madre de Jes\u00fas no queda cerrada en el grupo de los hermanos que quieren llevarle a casa (Mc 3,31 35), ni es simplemente una mujer sin importancia de Nazaret (Mc 6,3). Ella ha sido, con Magdalena y Salom\u00e9 y otras mujeres, el testigo fundamental de la muerte y pascua de Jes\u00fas, el eslab\u00f3n entre su historia y el mensaje de la Iglesia. Estamos suponiendo, seg\u00fan eso, que aquella a quien los textos presentan como madre de Santiago y Jos\u00e9 es la madre de Jes\u00fas. \u00bfPor qu\u00e9 no dice Mc que ella es madre de Jes\u00fas, como har\u00e1 Jn 19,25-27? \u00bfPor qu\u00e9 la pone tras Mar\u00ed\u00ada Magdalena, entre el grupo de mujeres \u00abque han seguido a Jes\u00fas y le han servido\u00bb, subiendo con \u00e9l hasta Jerusal\u00e9n (15,40-41), para serle fieles en su muerte y agraciadas en su pascua?   (6) La madre de Jes\u00fas como madre de Jos\u00e9 y Santiago [Jacob], Seg\u00fan la tradici\u00f3n, la figura b\u00e1sica en el contexto de  la muerte y pascua de Jes\u00fas ha sido Mar\u00ed\u00ada Magdalena, a la que siempre se cita la primera con Salom\u00e9 en tercer lugar. Pues bien, entre ellas, en segundo lugar, aparece de forma sorprendente, esta Mar\u00ed\u00ada, madre de Santiago el Menor y de Jos\u00e9, cuya identidad con la madre de Jes\u00fas podemos descubrir desde el mismo interior del Evangelio. Empecemos viendo qui\u00e9nes pueden ser este Santiago y Jos\u00e9, de cuya madre tratan nuestros textos. La lista de ap\u00f3stoles incluye a dos santiagos (= Jacob), a quienes se conoce por el nombre de su padre (el de Zebedeo y el de Alfeo), pero a ning\u00fan Jos\u00e9 (cf. Mc 3,18). Pues bien, la escena de Nazaret presenta unidos a Santiago y a Jos\u00e9, como hermanos de Jes\u00fas, el hijo de Mar\u00ed\u00ada, sin aludir a su posible padre [\u00bfJos\u00e9?] (cf. Mc 6,3). S\u00f3lo de ellos puede tratar nuestro texto y as\u00ed\u00ad los presenta, vinculados a Mar\u00ed\u00ada, la madre de Jes\u00fas. Ellos son, sin duda, figuras conocidas de la iglesia y dan su nombre a Mar\u00ed\u00ada, la madre de Jes\u00fas, que ahora aparece ante la cruz y pascua de su hijo, con las otras mujeres. Desde este contexto puede elevarse de nuevo la pregunta: \u00bfPor qu\u00e9 no dice el texto que esta mujer, llamada Mar\u00ed\u00ada, es la Madre de Jes\u00fas, como har\u00e1 Jn 19,25-27? Por varias razones: internas y externas al Evangelio. Conforme a la visi\u00f3n de Mc 3,31-35, todos los creyentes son madre-hermanohermana de Jes\u00fas, de manera que la madre-Mar\u00ed\u00ada no puede elevar su pretensi\u00f3n sobre los otros, ni buscar por su maternidad un poder superior sobre los restantes miembros de la iglesia. Ella aparece ahora resituada, como madre biol\u00f3gica y\/o simb\u00f3lica de dos miembros conocidos de la comunidad (Santiago y Jos\u00e9). Pues bien, eso que en un sentido parece un abajamiento es en otro la mayor elevaci\u00f3n: la madre de Jes\u00fas ha sido una aut\u00e9ntica disc\u00ed\u00adpula, como Mar\u00ed\u00ada Magdalena y como las otras mujeres, desbordando as\u00ed\u00ad el nivel en que aparentemente la pon\u00ed\u00adan Mc 3,31-25 y 6,3. En esa misma l\u00ed\u00adnea, Jn 19,25-27 la presenta como madre del \u00abdisc\u00ed\u00adpulo amado\u00bb: la madre de Jes\u00fas aparece as\u00ed\u00ad como madre de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas, m\u00e1s que como Gebira*, Madre del Se\u00f1or, en la l\u00ed\u00adnea jerosolimitana que ha recogido Lc 1,43. De esa forma, Mar\u00ed\u00ada viene a presentarse en el principio de la experiencia pascual como madre de dos cristia nos importantes que, en contra de lo que pretend\u00ed\u00adan en Mc 3,31-35, tienen que dejar Jerusal\u00e9n para ir a Galilea, con los restantes cristianos; en esa misma l\u00ed\u00adnea, ella aparece tambi\u00e9n como madre del disc\u00ed\u00adpulo amado. El texto parece suponer, al menos teol\u00f3gicamente, que ni la madre ni los hijos (hermanos de Jes\u00fas) han hecho todav\u00ed\u00ada ese camino, no han llegado a Galilea, a la verdadera comunidad pascual, abierta a todos los hombres. Eso significa que sigue en camino. Por eso, Marcos no puede llamar a Mar\u00ed\u00ada \u00abla Madre de mi Se\u00f1or\u00bb, como har\u00e1 Lc 1,43, no puede nombrarla gebira de la iglesia, pues en su iglesia no hay lugar para gefc\u00ed\u00adras-madres-se\u00f1oras, sino s\u00f3lo para hermanos, hermanas y madre de todos (cf. Mc 3,31-35).<\/p>\n<p>(7) Mar\u00ed\u00ada, creyente en camino. Este enigm\u00e1tico final de las tres mujeres (Magdalena, la Madre de SantiagoJos\u00e9 y Salom\u00e9), que han seguido a Jes\u00fas desde el principio, como disc\u00ed\u00adpulas que llegan hasta la cruz, para iniciar un camino pascual que lleva de la tumba vac\u00ed\u00ada a Galilea (camino que, en alg\u00fan sentido, no se ha cumplido todav\u00ed\u00ada, seg\u00fan Mc 16,7-8), marca el mensaje m\u00e1s hondo de Marcos, define su evangelio. En este final, la madre de Jes\u00fas ya no aparece como simple mujer de Galilea (como en Mc 6), ni est\u00e1 vinculada a los parientes de Jes\u00fas, que quieren mantenerle encerrado en los l\u00ed\u00admites de la comunidad nazarena (Mc 3), sino que viene a mostrarse, en el principio de la Iglesia, como testigo pascual de la muerte, de la sepultura y del mensaje del joven de la tumba vac\u00ed\u00ada. Ella no se encuentra ya cerrada en su vieja familia, sino con las mujeres de la pascua, recibiendo el encargo de unirse con Pedro y los restantes disc\u00ed\u00adpulos en Galilea, para culminar el camino eclesial. Mar\u00ed\u00ada, la madre de Jes\u00fas, vinculada a la memoria de Santiago y Jos\u00e9, y del disc\u00ed\u00adpulo amado, que son hermanos de Jes\u00fas, recibe as\u00ed\u00ad una tarea de iglesia que desborda los l\u00ed\u00admites de su peque\u00f1a familia, para abrirse, a trav\u00e9s del Evangelio, hacia la gran comunidad de madres-hermanos-hermanas, que son los que cumplen la voluntad de Dios, por medio de Jes\u00fas resucitado. Esto significa que ella forma parte del comienzo cristiano en Galilea. Mc no la presenta como madre virginal de Jes\u00fas en su concepci\u00f3n por obra del  Esp\u00ed\u00adritu Santo, como har\u00e1n Mt 1,18-25 y Lc 1,16-28, ni como madre-hermana pascual, integrada en la comunidad definitiva del disc\u00ed\u00adpulo amado (en la l\u00ed\u00adnea de Jn 19,25-27), sino como madre y mujer en camino, vinculada a las mujeres de la tumba vac\u00ed\u00ada, especialmente a Mar\u00ed\u00ada Magdalena, siendo con ellas portadora del mensaje pascual, principio de vida de la Iglesia, en un proceso que, conforme al mensaje de Mc 16,1-8, sigue abierto todav\u00ed\u00ada en el momento en que se escribe el Evangelio. Eso significa que Mar\u00ed\u00ada, la madre de Santiago y Jos\u00e9, no ha culminado a\u00fan su tarea: no ha logrado unirse con sus hijos a la comunidad pascual, centrada en torno a Pedro, en Galilea. Ella, la madre de Jes\u00fas, Magdalena y Salom\u00e9, parecen todav\u00ed\u00ada en marcha, en un camino pascual que debe llevarles de la tumba vac\u00ed\u00ada al encuentro pleno con Jes\u00fas en la comunidad que se inicia en Galilea, donde simb\u00f3licamente pueden vincularse y se vinculan todos los grupos cristianos (galileos, judeocristianos y helenistas). Ser\u00ed\u00ada muy importante conocer con mayor precisi\u00f3n lo que Mc ha querido indicar a trav\u00e9s de la figura de las dos mar\u00ed\u00adas (la amiga y la madre de Jes\u00fas) y de Salom\u00e9, en este comienzo pascual de la Iglesia, representado b\u00e1sicamente por ellas. Jn 19,25-27 avanza en esa l\u00ed\u00adnea, pero vincula a la madre con la comunidad del disc\u00ed\u00adpulo amado. Por su parte, Hch 1,13-14 supone que ella, vinculada a las mujeres y\/o a los hermanos de Jes\u00fas, ha culminado la experiencia pascual, en el principio de la Iglesia. Me, en cambio, deja la experiencia abierta, suponiendo que la madre de Jes\u00fas, unida a Magdalena y Salom\u00e9, debe hacer el camino de Iglesia que conduce a Galilea, es decir, a la plena experiencia pascual. Ella aparece as\u00ed\u00ad, con las otras mujeres, como una de las fundadoras de la Iglesia.<\/p>\n<p>Cf. X. PIKAZA, Pan, casa y palabra. La iglesia en Marcos, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1997; M. NAVARRO, Marcos, Verbo Divino, Estella 2006; N. R. PETERSEN, \u00abWhen is the End not the End? Literary Reflections on the Ending of Mark\u2020\u2122s Narrative\u00bb, Int 34 (1980) 15-66.<\/p>\n<p>MAR\u00ed\u008dA, MADRE DE JES\u00daS<br \/>\n3.Iglesia<\/p>\n<p>(-> Tom\u00e1s, Iglesia). El primer despliegue de la figura de Mar\u00ed\u00ada, la madre de Jes\u00fas, en el cristianismo primitivo est\u00e1 vinculado a las aportaciones de Mateo y Lucas, que reinterpretan la visi\u00f3n de Marcos, en una serie de temas que estudiamos por separado: anunciaci\u00f3n*, concepci\u00f3n* por el Esp\u00ed\u00adritu, genealog\u00ed\u00adas*. En ese contexto se sit\u00faan tambi\u00e9n las aportaciones de Juan (bodas*, acoger*). El despliegue posterior de la mariolog\u00ed\u00ada est\u00e1 vinculado, dentro de la Iglesia primitiva, a la riqueza simb\u00f3lica de la figura de la madre de Jes\u00fas y a la exigencia de superar el riesgo de la gnosis. La Gran Iglesia ha querido mantener y destacar la figura de Mar\u00ed\u00ada, para ratificar con ella el car\u00e1cter hist\u00f3rico del nacimiento de Jes\u00fas. Al mismo tiempo, la figura de Mar\u00ed\u00ada ha servido para poner de relieve algunos elementos importantes de la sacralidad femenina, vinculados en otro tiempo con la figura de diosas y mujeres sagradas. Cuatro son los rasgos que m\u00e1s han influido en la fijaci\u00f3n de su figura.<\/p>\n<p>(1) Riqueza de signos y textos del Nuevo Testamento. Uno de los acontecimientos decisivos en el surgimiento de la Gran Iglesia ha sido la fijaci\u00f3n del canon, no tanto por lo que excluye (en la l\u00ed\u00adnea del EvTom), sino por lo que incluye. Ciertamente, la figura de Mar\u00ed\u00ada no es el elemento fundamental del Nuevo Testamento, pero es importante, sobre todo por su fuerza evocadora y por la capacidad que tiene de influir en la imaginaci\u00f3n y la piedad de los creyentes; de manera normal, ella ha venido cobrando cada vez m\u00e1s significado en muchas tradiciones del cristianismo primitivo. Como supone todo lo anterior, el problema es que no existe una sino varias mariolog\u00ed\u00adas o formas de interpretar la figura de la madre de Jes\u00fas, de manera que resulta importante compararlas entre s\u00ed\u00ad, aun antes de las fijaciones dogm\u00e1ticas (como la de Efeso: a\u00f1o 431), que, por otra parte, no sirven para cerrar caminos, sino para orientar en ellos. Esta ha sido, y es a\u00fan, una riqueza fundamental, en la base de la Iglesia; por eso hemos hablado y seguiremos hablando de mariolog\u00ed\u00adas en plural, es decir, de caminos distintos, que s\u00f3lo pueden mantenerse unidos a trav\u00e9s de un ejercicio dialogal intenso. La fuerza y novedad de la figura de la Madre de Jes\u00fas en el Nuevo Testamento sigue siendo sorprendente. Por eso es \u00f1ormal que debamos volver all\u00ed\u00ad para orientarnos.<\/p>\n<p>(2) Piedad popular, vinculada a una figura sagrada femenina. En un primer momento, el cristianismo ha sido muy jud\u00ed\u00ado y, por eso, contrario a toda veneraci\u00f3n de una figura femenina. Pero el mismo Nuevo Testamento ha recorrido ya unos primeros pasos en la l\u00ed\u00adnea de una simbolizaci\u00f3n sacral de lo femenino, sobre todo a partir de Ap 12,1-6, donde la Mujer celeste parece evocar rasgos sapienciales y apocal\u00ed\u00adpticos jud\u00ed\u00ados, que pueden compararse pronto con los rasgos de las grandes diosas del oriente del Mediterr\u00e1neo. Este ha sido, y en alg\u00fan sentido sigue siendo, un trasfondo o presupuesto b\u00e1sico de la mariolog\u00ed\u00ada. Al situarse en el contexto social y religioso del Imperio romano, la Iglesia recibe, como por osmosis, algunos de sus presupuestos, tanto de forma negativa (por contraposici\u00f3n), como de forma positiva (por influjo directo). Es muy posible que el despliegue de la figura de Mar\u00ed\u00ada pueda inscribirse dentro de esa gran \u00abcatarsis\u00bb sacral femenina, que evocan y promueven algunos textos b\u00e1sicos de la religiosidad de los siglos I-III d.C., desde Plutarco, De Isis y Osiris, hasta Apuleyo, en los \u00faltimos cap\u00ed\u00adtulos del Asno de Oro. Parece que muchos hombres y mujeres del bajo Imperio romano necesitaban una figura sagrada femenina, positiva y concreta, cercana y exigente, que llenara el vac\u00ed\u00ado espiritual del entorno y les sirviera de fuente de inspiraci\u00f3n espiritual. La Madre de Jes\u00fas, Mar\u00ed\u00ada, pudo cumplir esa funci\u00f3n y lo hizo por experiencia y sentimiento popular, m\u00e1s que por elaboraci\u00f3n teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>(3) Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada. Los tres misterios clamorosos. Frente al riesgo de gnosis (Tom\u00e1s*), y partiendo de una sacralizaci\u00f3n helenista de la autoridad y la unidad eclesial, ha elevado su palabra Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada, en los primeros decenios del siglo II d.C. (a) La teolog\u00ed\u00ada de Ignacio es jer\u00e1rquica (supone que Dios habla desde arriba) y est\u00e1 fuertemente socializada: supone que la autoridad de Dios se expresa en el orden de unas iglesias donde obispo y presb\u00ed\u00adteros con di\u00e1conos son el signo y garant\u00ed\u00ada de la presencia de Cristo. Desde esa base vincula el Esp\u00ed\u00adritu (la palabra superior que viene de Dios, en el silencio) con la carne de una humanidad, que se centra en Jes\u00fas, el Hijo de Ma r\u00ed\u00ada. Jesucristo es la Palabra, salida del Silencio superior de Dios (cf. Magn 8,2), pero encarnada verdaderamente, en un camino de nacimiento, pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n (Magn 11), que conduce nuevamente al Padre (6,2). Por eso, frente a todos los riesgos de disoluci\u00f3n gn\u00f3stica o doceta de la Iglesia, Ignacio apela a la unidad social de todos los creyentes, bajo un solo obispo, pues Jes\u00fas naci\u00f3 verdaderamente de Mar\u00ed\u00ada, comi\u00f3 y bebi\u00f3 y fue verdaderamente perseguido en tiempos de Poncio Pilato (cf. Tral 9,1). (b) Tres misterios clamorosos. El hecho de que Jes\u00fas nazca de Mar\u00ed\u00ada sirve as\u00ed\u00ad para destacar su humanidad. En este contexto se inscribe la palabra de Ef 18-19, que empieza con una confesi\u00f3n de fe (\u00abJes\u00fas, el Cristo, nuestro Dios, del linaje de David, fue concebido por Mar\u00ed\u00ada, del Esp\u00ed\u00adritu Santo, y naci\u00f3 y fue bautizado para que por su pasi\u00f3n fuese purificada el agua\u00bb: Ef 18,2-3) y culmina con la presentaci\u00f3n solemne de los tres \u00abmisterios clamorosos que tuvieron lugar en el silencio de Dios, quedando as\u00ed\u00ad ocultos al Pr\u00ed\u00adncipe de este Mundo: la virginidad de Mar\u00ed\u00ada, el parto de Jes\u00fas y la muerte del Se\u00f1or\u00bb (cf. Ef 19,1). En esos misterios se expresa \u00abel astro que brill\u00f3 en el cielo por encima de todos los astros\u00bb, \u00e9sta es la luz de Dios que ilumina a los hombres, la verdad que vence la ignorancia, la vida que triunfa de la muerte (cf. Ef 19,2-3). La visi\u00f3n de fe que est\u00e1 en el fondo de estos tres misterios del silencio de Dios parece llevarnos m\u00e1s all\u00e1 de los temas b\u00e1sicos del Nuevo Testamento. En ellos no se alude al mensaje de Jes\u00fas, ni a los milagros de su vida, ni a su pascua. Es como si el centro de la fe se hubiera trasladado hacia Mar\u00ed\u00ada, la Madre. El primer misterio de la fe es puramente mariano: la virginidad de Mar\u00ed\u00ada. El segundo es mariano-cristol\u00f3gico: el parto de Jes\u00fas. El tercero es ya puramente cristol\u00f3gico: la muerte del Se\u00f1or. El pasaje del Nuevo Testamento m\u00e1s cercano a \u00e9ste ser\u00ed\u00ada Ap 12,1-6, donde el misterio de Dios (que el Drag\u00f3n no puede destruir) est\u00e1 centrado en la Mujer-encinta (que ser\u00ed\u00ada el equivalente de la virginidad fecunda de Ignacio), en el parto mesi\u00e1nico, y en el triunfo pascual (en el lugar de la muerte que destacaba Ignacio coloca Ap 12 el rapto del Hijo ya nacido). Una vez que la fe se ha expresado de esta forma, la fi  gura de Mar\u00ed\u00ada (en su virginidad y en su parto) cobra una fuerza especial dentro de la Iglesia. As\u00ed\u00ad iniciamos con ella un camino en el que la mariolog\u00ed\u00ada ocupar\u00e1 un lugar casi tan importante como la cristolog\u00ed\u00ada, dentro de la fe de la Iglesia.<\/p>\n<p>(4) Ireneo. La contraposici\u00f3n con Eva. M\u00e1s importancia que la especulaci\u00f3n de Ignacio ha tenido en la mariolog\u00ed\u00ada de la Iglesia antigua la comparaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada con Eva. El tema se hallaba de alg\u00fan modo apuntado en el Nuevo Testamento, desde Gal 4,4 (nacido de mujer&#8230;), hasta Jn 2,1-11 y 19,25-27 (donde Jes\u00fas llamaba a su madre mujer). En esa misma l\u00ed\u00adnea pod\u00ed\u00adan entenderse los relatos ejemplares de Lc 1 y Mt 1, que presentaban a Mar\u00ed\u00ada como Madre rnesi\u00e1nica, y, sobre todo, el simbolismo de Ap 12, que se refer\u00ed\u00ada a una Mujer celeste como principio de una nueva y m\u00e1s alta generaci\u00f3n. Por otra parte, desde el momento en que Rom 5 hab\u00ed\u00ada comparado a Jes\u00fas con Ad\u00e1n se pod\u00ed\u00ada y deb\u00ed\u00ada ampliar el simbolismo, aplic\u00e1ndolo a Mar\u00ed\u00ada, en su relaci\u00f3n con Eva. As\u00ed\u00ad lo ha visto ya Justino. \u00abSabemos que Jes\u00fas naci\u00f3 de la Virgen como hombre, a fin de que por el mismo camino en que tuvo principio la desobediencia de la serpiente, por \u00e9se tambi\u00e9n fuera destruida. Porque Eva, cuando a\u00fan era virgen e incorrupta, habiendo concebido la palabra que le dijo la serpiente, dio a luz la desobediencia y la muerte; pero la virgen Mar\u00ed\u00ada concibi\u00f3 en fe y alegr\u00ed\u00ada cuando el \u00e1ngel Gabriel le dio la buena noticia de que el Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or vendr\u00ed\u00ada sobre ella y la fuerza del Alt\u00ed\u00adsimo la sombrear\u00ed\u00ada, por lo cual lo nacido de ella, santo, ser\u00ed\u00ada Hijo de Dios; a lo que respondi\u00f3 ella: \u00abh\u00e1gase en m\u00ed\u00ad seg\u00fan tu palabra\u00bb (Dial 100,4-5). La fe y maternidad de la virgen Mar\u00ed\u00ada tiene, seg\u00fan eso, fuerza salvadora. Frente a la pareja antigua de pecado (Eva y Ad\u00e1n, var\u00f3n y mujer) se eleva ahora la pareja de la gracia: Mar\u00ed\u00ada y Jes\u00fas (madre e hijo). As\u00ed\u00ad lo ratifica de manera cl\u00e1sica Ireneo cuando, en el fondo de la oposici\u00f3n Ad\u00e1n-Jes\u00fas, coloca la de Eva y Mar\u00ed\u00ada: \u00abEva desobedeci\u00f3 y fue desobediente, cuando todav\u00ed\u00ada era virgen&#8230;, antes de que ella y Ad\u00e1n tuvieran idea de engendrar hijos; pues bien, as\u00ed\u00ad como Eva se convirti\u00f3 por su desobediencia en causa de muerte para s\u00ed\u00ad y para todo el g\u00e9nero humano, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n Mar\u00ed\u00ada, a la que se le hab\u00ed\u00ada asignado un esposo, pero que a\u00fan era virgen, se convirti\u00f3 por su obediencia en causa de salvaci\u00f3n para ella y para todo el g\u00e9nero humano&#8230; De esa manera, el nudo de la desobediencia de Eva fue soltado por la obediencia de Mar\u00ed\u00ada. Lo que Eva hab\u00ed\u00ada ligado por su incredulidad, lo deslig\u00f3 Mar\u00ed\u00ada por su fe\u00bb (Ad. Haer. 22,4). Estos signos valen m\u00e1s que todas las teor\u00ed\u00adas. La presencia de Mar\u00ed\u00ada junto a Jes\u00fas ha servido para que los cristianos interpreten de manera creadora el nuevo comienzo de la historia de la salvaci\u00f3n, recuperando de manera m\u00e1s alta las figuras y acciones de Eva y Ad\u00e1n. Ciertamente, las diferencias son muchas: Ad\u00e1n-Eva son marido y mujer (en relaci\u00f3n matrimonial de engendramiento); por el contrario, Mar\u00ed\u00ada-Jes\u00fas son madre e hijo, de manera que su relaci\u00f3n no puede interpretarse como forma esponsal de colaboraci\u00f3n en igualdad. Por otra parte, las funciones del var\u00f3n y la mujer parecen distinguirse en cada caso. Pero eso no ha impedido que, a lo largo de los siglos, la figura de Mar\u00ed\u00ada se haya situado junto a la de Cristo, su Hijo, como principio de salvaci\u00f3n para los creyentes.<\/p>\n<p>Cf. S. BENKO, Los evang\u00e9licos, los cat\u00f3licos y la Virgen Mar\u00ed\u00ada, Causa Bautista, Barcelona 1981; The Virgin Goddess. Studies in the Pagan and Christian Roots of Mariologv, Brill, Leiden 1993; A. M. DUBARLE, Mar\u00ed\u00ada, nueva Eva seg\u00fan las Escrituras, Athenas, Cartagena 1959; A. FEUILLET, J\u00e9sus et sa Mere, Gabalda, Par\u00ed\u00ads 1974; R. LAURENTIN y S. MEO, \u00abMar\u00ed\u00ada nueva Eva\u00bb, en S. DE FIORES y E. TOUR\u00ed\u201cN DEL PIE (eds.), Nuevo diccionario de mariolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1988, 1474-1486.<\/p>\n<p>MAR\u00ed\u008dA, MADRE DE JES\u00daS<br \/>\n4. Hermen\u00e9utica<\/p>\n<p>(-> Iglesia, mujer, Ashera, madre). El Nuevo Testamento en su conjunto y la Iglesia posterior no podr\u00ed\u00adan haber elaborado el poderoso s\u00ed\u00admbolo de Mar\u00ed\u00ada, la Madre de Jes\u00fas, si ella no hubiera sido una persona honesta, ejemplarmente dedicada a su hijo (Hijo de Dios), en camino de maduraci\u00f3n humana (creyente), que le fue llevando del clan familiar de los hermanos de Jes\u00fas a la casa universal de la Iglesia. As\u00ed\u00ad podemos decir que la mariolog\u00ed\u00ada es la historia simb\u00f3lica de Mar\u00ed\u00ada, recibida (cultivada, amada) por much\u00ed\u00adsimos cristianos como expresi\u00f3n personal privilegiada de la obra redentora de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>(1) Historia. Los cristianos pueden integrar la historia de Mar\u00ed\u00ada en un horizonte simb\u00f3lico de fe, pero no pueden identificarla con el mito hierog\u00e1mico (pagano) de la virgen madre de Dios. Desde un contexto cercano al mito, se han estudiado en los \u00faltimos decenios los arquetipos eternos (lo materno, lo femenino) que estar\u00ed\u00adan en el fondo de gran parte de la mariolog\u00ed\u00ada popular que habr\u00ed\u00ada redivinizado (o resacralizado) al menos psicol\u00f3gicamente la figura de Mar\u00ed\u00ada. El tema es complejo y ha sido tratado en m\u00faltiples niveles, tanto en perspectiva hist\u00f3rica como teol\u00f3gica y psicol\u00f3gica; muchos psic\u00f3logos y estudiosos de la historia de las religiones piensan que el s\u00ed\u00admbolo mariano debe convertirse en una especie de expresi\u00f3n cristiana del mito de la sacralidad femenina. La madre de Jes\u00fas es para ellos un ejemplo m\u00e1s (quiz\u00e1 el m\u00e1s perfecto) del arquetipo de la mujer\/madre sagrada. Pues bien, en contra de eso, reasumiendo los datos exeg\u00e9ticos y teol\u00f3gicos fundamentales, pueden ofrecerse unas sencillas reflexiones conclusivas que sit\u00faan el signo de Mar\u00ed\u00ada en su lugar cristiano.<\/p>\n<p>(2) Arquetipo. Parece claro que existe un cierto arquetipo de lo divino femenino, tal como destaca la psicolog\u00ed\u00ada de vertiente junguiana y como muestran las varias religiones del oriente mediterr\u00e1neo donde Ashera y Dem\u00e9ter, Isis y Cibeles, la Madre Celeste y la Diosa de Siria aparecen de alg\u00fan modo como intercambiables. Pero en un segundo momento debemos afirmar que el arquetipo no est\u00e1 clausurado, no tiene que permanecer siempre id\u00e9ntico. La realidad y sentido de la mujer no es algo que preexiste en un nivel celeste y se impone desde arriba, sino un valor personal que los mismos seres humanos (mujeres con varones) vamos conformando a lo largo de la historia. En la visi\u00f3n cristiana de Mar\u00ed\u00ada influye ese arquetipo y el motivo de la hierogamia pero su elemento desencadenante y central es la historia concreta de Mar\u00ed\u00ada. Cuando los cristianos hablan de ella no la recuerdan y veneran de un modo general como madre divina del paganismo universal, sino como madre humana concreta del Cristo, descubri\u00e9ndola misteriosamente vinculada al proyecto hist\u00f3rico y mesi\u00e1nico de su hijo, que es el mismo Hijo de Dios. En su concreci\u00f3n hist\u00f3rica, como madre de Jes\u00fas y miembro de la Iglesia, ella ofrece nueva identidad al ser humano (y de un modo especial a las mujeres).<\/p>\n<p>(3) Teolog\u00ed\u00ada. La mariolog\u00ed\u00ada es una expresi\u00f3n simb\u00f3lica (creyente) de la figura de Mar\u00ed\u00ada, no un desarrollo del mito del eterno femenino. Ciertamente, est\u00e1 en su fondo el riesgo del mito, y no pod\u00ed\u00ada ser de otra manera, pues la madre de Jes\u00fas asume para el creyente aspectos y valores de aquello que muchos pueblos han expresado al hablar de la gran mujer\/madre divina. Pero todo eso queda asumido y superado (recreado) en la historia concreta de Mar\u00ed\u00ada, en clave de evangelio. S\u00f3lo pueden conservarse los posibles valores del mito (de la diosa\/madre, del eterno femenino) all\u00ed\u00ad donde ellos vienen a ser recreados en el s\u00ed\u00admbolo personal de Mar\u00ed\u00ada, sobre el suelo firme de la historia de Jes\u00fas, entendida y actualizada desde el conjunto del Evangelio, dentro de la Iglesia. La grandeza de Mar\u00ed\u00ada no est\u00e1 en ser diosa\/mujer, no est\u00e1 en el signo de su maternidad sagrada. Ella es grande por ser sencillamente humana: la madre (al fin) creyente del Hijo de Dios. Entre la pura historia (en s\u00ed\u00ad poco conocida) y el puro mito (en el \u00e1mbito de la fantas\u00ed\u00ada religiosa) nos sit\u00faa el Nuevo Testamento al presentar de un modo poderoso el s\u00ed\u00admbolo cristiano de Mar\u00ed\u00ada, la madre de Jes\u00fas. Desde ah\u00ed\u00ad podemos destacar tres rasgos que permiten entender mejor la figura cristiana de la madre de Jes\u00fas, (a) Mar\u00ed\u00ada est\u00e1 en el culmen del Antiguo Testamento israelita. Ella es la HijaSi\u00f3n*, signo del pueblo que aguarda la llegada de Dios que ha de mostrarse como padre, esposo, amigo de aquellos que le aman. As\u00ed\u00ad aparece como portadora de la fe y de la esperanza de Abrah\u00e1n y los patriarcas y profetas de su pueblo, de manera que podemos definirla como israelita por excelencia, la persona que dialoga con Dios en alianza y deja que Dios mismo fecunde su existencia. Ella viene a presentarse de esa forma como madre mesi\u00e1nica del pueblo, en la l\u00ed\u00adnea de las hero\u00ed\u00adnas salvadoras: de Ester y de Judit, de Yael y de la madre de los siete hermanos macabeos. Por eso es principio de acci\u00f3n liberadora, (b) Ella expresa la m\u00e1s alta verdad de la mujer. As\u00ed\u00ad aparece como aut\u00e9ntica Eva, mujer del principio y meta de la historia. Gn 2-3 la presenta entre Dios y la serpiente, cerca de Dios por su maternidad (es fuente de vida),  cerca de la serpiente por su deseo de posesi\u00f3n envidiosa (quiere adue\u00f1arse por s\u00ed\u00ad misma de la vida). Lc 1,26-38 ha invertido (y cumplido) la funci\u00f3n de la Eva antigua, conforme a la palabra del mismo Dios que dice a la serpiente: \u00c2\u00a1pondr\u00e9 enemistades entre ti y la mujer&#8230;! (Gn 3,15). En el lugar donde la mujer despliega su verdad, en esperanza pr\u00e1ctica de vida, ha colocado el Nuevo Testamento la figura de Mar\u00ed\u00ada, (c) Mar\u00ed\u00ada es en fin persona humana. Ciertamente, es Hija-Si\u00f3n, mujer-materna, Eva verdadera. Pero es ante todo un ser humano, de tal forma que, en clave provocativa, podemos presentarla como primera persona de la historia: es la primera que ha dialogado de forma plena con Dios, en actitud de escucha y compromiso, en gesto de colaboraci\u00f3n intensa (anunciaci\u00f3n*). Dios y Mar\u00ed\u00ada se han hablado y en ese di\u00e1logo ha expresado el Padre su Palabra divina (ha engendrado humanamente al Hijo) y ha desplegado Mar\u00ed\u00ada el m\u00e1s hondo sentido de la vida humana, haci\u00e9ndose persona y alumbrando al mismo Hijo de Dios.<\/p>\n<p>Cf. M. NAVARRO, Mar\u00ed\u00ada, la mujer: ensayo psicol\u00f3gico-b\u00ed\u00adblico. Publicaciones Claretianas, Madrid 1987; E. NEUMANN, La grande madre. Fenomenolog\u00ed\u00ada delle configurazioni femminili dell&#8217;inconscio, Astrolabio, Roma 1981; X. PIKAZA, La Madre de Jes\u00fas. Mariolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1991; L. PINKUS, El mito de Mar\u00ed\u00ada. Aproximaci\u00f3n simb\u00f3lica, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1987.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1.Introducci\u00f3n (anunciaci\u00f3n, concepci\u00f3n por el Esp\u00ed\u00adritu, geb\u00ed\u00adra, Iglesia). Tenemos que empezar distinguiendo entre la \u00abMar\u00ed\u00ada de la historia\u00bb y la \u00abMar\u00ed\u00ada de la fe\u00bb, que ha sido y sigue siendo recreada por la experiencia de los creyentes en la Iglesia. (1) Mar\u00ed\u00ada de la historia. 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