{"id":15845,"date":"2016-02-05T10:17:23","date_gmt":"2016-02-05T15:17:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mercaba-carro-y-trono-de-dios\/"},"modified":"2016-02-05T10:17:23","modified_gmt":"2016-02-05T15:17:23","slug":"mercaba-carro-y-trono-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mercaba-carro-y-trono-de-dios\/","title":{"rendered":"MERCABA, CARRO Y TRONO DE DIOS"},"content":{"rendered":"<p>(-> Cabala, trono, fuego, querubines). Ezequiel es un sacerdote culto, identificado con la causa de Yahv\u00e9. Ha vivido los acontecimientos dolorosos que marcan el derrumbamiento del estado jud\u00ed\u00ado y que desembocar\u00e1n en la ruina del templo de Jerusal\u00e9n: Jos\u00ed\u00adas muere el a\u00f1o 609 a.C., en Meguido, y de esa forma acaba su intento de reforma pol\u00ed\u00adtico-social del pueblo israelita; el 597 a.C. Nabucodonosor conquista Jerusal\u00e9n y lleva deportados a sus nobles y habitantes m\u00e1s significativos, entre ellos a Ezequiel. Se produce una fuerte escisi\u00f3n: muchos de los que han quedado en Jerusal\u00e9n, con el rey Sedec\u00ed\u00adas, buscan de nuevo la independencia nacional (a pesar de los avisos de Jerem\u00ed\u00adas); tambi\u00e9n algunos desterrados de Babel esperan y planean un r\u00e1pido retomo. En esta situaci\u00f3n ha de entenderse la experiencia fundante de Ezequiel, el quinto a\u00f1o de su destierro, es decir el 793-792 a.C., cuando \u00abve\u00bb que el mismo Dios sale de Jerusal\u00e9n, para habitar con los cautivos, pues su templo ser\u00e1 destmido. Esta visi\u00f3n del \u00abcarro de Dios\u00bb abandonando Jerusal\u00e9n constituye uno de los testimonios m\u00e1s importantes de la profec\u00ed\u00ada israelita, un texto lleno de signos que ha seguido y sigue siendo fuente de contemplaci\u00f3n para generaciones de israelitas y cristianos.<\/p>\n<p>(1) Texto b\u00e1sico. La nota central de esta experiencia (que ser\u00e1 reafirmada por Ez 10) es la certeza de que el mismo Yahv\u00e9 acompa\u00f1a en el destierro a sus cautivos. Esta es una palabra fuerte de consuelo para los cautivos: no est\u00e1n solos, abandonados a su suerte; la misma gloria de Dios est\u00e1 cautivada y habita en medio de ellos. Pero es, al mismo tiempo, una palabra de juicio y amenaza en contra de las instituciones y personas de Jemsal\u00e9n\/Jud\u00e1, porque han rechazado a Dios y Dios les ha abandonado. \u00abMir\u00e9 y he aqu\u00ed\u00ad que ve n\u00ed\u00ada del norte un viento [ruah] huracanado, una nube enorme y un fuego relampagueante y un fulgor en torno; y en medio de \u00e9l como un brillo de electro [hasmal] que sal\u00ed\u00ada de en medio del fuego [&#8216;es]. Del centro del mismo [emerg\u00ed\u00ada] la imagen [demut] de cuatro vivientes y \u00e9ste era su aspecto: ten\u00ed\u00adan semejanza humana [demut \u2020\u2122adam], y cada uno de ellos pose\u00ed\u00ada cuatro rostros y cuatro alas. Sus piernas eran rectas y las plantas de sus pies como la planta de pie de un novillo y brillaban como bronce bru\u00f1ido. Por debajo de las alas ten\u00ed\u00adan manos de hombre a los cuatro lados. Y los cuatro pose\u00ed\u00adan rostros y alas. Sus alas se tocaban las unas con las otras; y al marchar no se volv\u00ed\u00adan sino que cada uno marchaba de frente. Y la semejanza de sus rostros era: rostro humano y rostro de le\u00f3n por la derecha de los cuatro, y rostro de toro por la izquierda de los cuatro y rostro de \u00e1guila. Y sus rostros y sus alas estaban extendidas hacia lo alto: dos alas se juntaban una con otra, con dos se cubr\u00ed\u00adan el cuerpo. Cada uno de ellos marchaba de frente: marchaban hacia donde el Esp\u00ed\u00adritu (ruah) les llevaba a marchar y no se volv\u00ed\u00adan al hacerlo. Y entre esos vivientes hab\u00ed\u00ada como una visi\u00f3n: como ascuas de fuego, como unas antorchas (lappidim, rayos) discurriendo entre los vivientes. Y el fuego (\u2020\u2122es) fulguraba y del fuego sal\u00ed\u00adan rel\u00e1mpagos (baraq). Y los vivientes iban y ven\u00ed\u00adan a modo de exaltaci\u00f3n. Mir\u00e9 a los vivientes y he aqu\u00ed\u00ad que una rueda (&#8216;ophan) estaba en el suelo al lado de cada uno de los cuatro vivientes. El aspecto y hechura de las ruedas era como el fulgor de (piedra) de Tarsis&#8230; e infund\u00ed\u00adan terror, pues sus circunferencias estaban llenas de ojos. Cuando caminaban los vivientes, avanzaban a su lado las ruedas; y cuando se elevaban los vivientes del suelo, se elevaban tambi\u00e9n las ruedas&#8230; Sobre la cabeza de los vivientes hab\u00ed\u00ada una semejanza de basamento [raqi\u2020\u2122a] como el fulgor aterrador del cristal, extendido por encima de sus cabezas. Debajo del basamento, sus alas estaban emparejadas horizontalmente en parejas; cada uno se cubr\u00ed\u00ada el cuerpo con un par. Y o\u00ed\u00ad el rumor de sus alas cuando caminaban; era como estruendo de aguas [mayim] caudalosas, como la voz de Sadday&#8230; Y por encima del basamento que estaba sobre sus cabezas hab\u00ed\u00ada como una vi  si\u00f3n de piedra de zafiro, una semejanza de Trono [denmt \/\u00fasse&#8217;]; y sobre esa semejanza de Trono una visi\u00f3n como semejanza de ser humano [denmt kemar\u2020\u2122eh &#8216;adam} sobre \u00e9l en lo alto&#8230; Era la visi\u00f3n de la Imagen de la Gloria de Yahv\u00e9. Al contemplarla ca\u00ed\u00ad rostro en tierra\u00bb (Ez 1,4-28). Esta es la teofan\u00ed\u00ada de la Mercab\u00e1, del carro de Dios, que los estudios jud\u00ed\u00ados de la C\u00e1bala han tomado como centro y compendio de toda la Escritura.<\/p>\n<p>(2) Signo fundante. El Dios del fuego. Ezequiel, sacerdote desterrado, ha descubierto que el Dios del carro sagrado, expresi\u00f3n del mismo cosmos, ha venido a compartir el destierro con los israelitas cautivos. Los primeros elementos de la teofan\u00ed\u00ada (viento, nube, fuego&#8230;) son comunes y aparecen tambi\u00e9n en otras teofan\u00ed\u00adas. En el centro de todo est\u00e1 el fuego de Dios [&#8216;es] y en el centro del centro est\u00e1 el mismo Dios a quien, siguiendo la interpretaci\u00f3n de los LXX, hemos presentado como electro: metal brillant\u00ed\u00adsimo, pulido, incandescente, compuesto de una mezcla de oro y plata. Conforme a la voz hebrea aqu\u00ed\u00ad empleada (hasmal), Dios es fuente original del fuego, brasa que arde sin nunca consumirse. Este es el rasgo fundante de su teofan\u00ed\u00ada: n\u00facleo de fuego rodeado por una inmensa nube, abri\u00e9ndose a manera de viento sobre el mundo.<\/p>\n<p>(3) Cuatro vivientes, los querubines. Da la impresi\u00f3n de que el fuego de Dios se abre y deja ver en su centro la figura de cuatro seres misteriosos. El texto paralelo y posterior (Ez 10,lss) les llama ya desde el principio querubines. Pero aqu\u00ed\u00ad no han recibido ese nombre, sino que aparecen como vivientes (hayot), portadores de un trono. No importan por s\u00ed\u00ad mismos, interesa su funci\u00f3n: son piernas de novillo fuerte que sostienen el peso de Dios y caminan por la tierra; son alas que cubren el cuerpo desnudo, en reverencia grande, mientras suben y vuelan, llevando por el aire el gran misterio de la creaci\u00f3n, el fuego de Dios. Desde el fondo de estos vivientes o animales c\u00f3smicos emerge la certeza de que el mundo entero es trono de Dios, especialmente en sus estratos m\u00e1s excelsos. Para entender mejor su representaci\u00f3n exterior (h\u00ed\u00adbridos de rostro humano, piernas de novillo y alas de gran \u00e1guila) podemos recordar algunas figuras de aquel tiempo, con vivientes alados que se orientan hacia los cuatro puntos cardinales, con tronos que se apoyan sobre grandes animales (\u00e1guilas, toros o leones) que les sirven de soporte. Al mismo tiempo, Ezequiel utiliza la simbolog\u00ed\u00ada del templo de Jerusal\u00e9n, donde, seg\u00fan la m\u00e1s antigua tradici\u00f3n (quiz\u00e1 preisraelita), Dios se sienta en un trono de querubines o seres alados (cf. Sal 18,11; 80,1; 99,1), elev\u00e1ndose sobre una placa o cubierta sobre la que extienden sus alas dos querubines (cf. Ex 25,22; 26,1.31; 1 Sm 4,4; 1 Re 6,2336). Estos vivientes poseen, por un lado, figura humana que se expresa, sin duda alguna, por el rostro; pero, al mismo tiempo, muestran la fuerza del novillo (piernas), la rapidez del \u00e1guila (alas), la fiereza del le\u00f3n (rostro): son como expresi\u00f3n de todos los poderes de la vida, signo de Dios, siendo al mismo tiempo un reflejo de la uni\u00f3n del hombre con el mundo de la vida, con los animales de la tierra.<\/p>\n<p>(4) El carro de Dios. Los vivientes son seres parad\u00f3jicos, no s\u00f3lo por las formas del cuerpo (rostro, alas, piernas), sino tambi\u00e9n por la pluralidad de rasgos: son basas del trono divino, puntos cardinales, la totalidad del mundo. Al mismo tiempo, cada uno tiene cuatro rostros: hombre, le\u00f3n, toro y \u00e1guila. Parece que los cuatro se vinculan, como plenitud c\u00f3smica. El simbolismo es fuerte y hermoso, pero no se puede forzar de un modo unilateral, pues el texto paralelo de Ez 10,13-14 cambia la composici\u00f3n del gran Carro de Dios y pone un querub\u00ed\u00adn en vez del toro, en comparaci\u00f3n que parece m\u00e1s elaborada. Esos vivientes (vida en plenitud, el cosmos entero) aparecen en el texto como portadores de Dios. Por eso se a\u00f1ade que el Viento\/Esp\u00ed\u00adritu fundante (ruali) les hace andar como si el mismo Dios alentara por ellos. En este contexto, llevando la paradoja hasta el extremo, las alas se vuelven ruedas: los cuatro vivientes se presentan como c\u00ed\u00adrculos (&#8216;ophanim), en una de las transformaciones m\u00e1s interesantes y profundas de la simbolog\u00ed\u00ada religiosa. Es evidente que ellas forman parte de un Carro, aunque aqu\u00ed\u00ad no se diga. El texto paralelo (Ez 10,13) les llama galgal: c\u00ed\u00adrculos de un trono, ruedas de una especia de Carroza sagrada de Dios, como ha visto la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada y cristiana, especialmente la C\u00e1bala. Los vivientes, convertidos en  ruedas, vuelan en la altura con sus alas inmensas y ruedan sobre el suelo con el giro de sus c\u00ed\u00adrculos constantes. Llevan a Dios; \u00e9ste es su misterio. En la base del trono de Dios est\u00e1n los vivientes hechos ruedas o esferas que representan el plano superior del universo: los c\u00ed\u00adrculos astrales, el perfecto movimiento de los seres que Gn 1,14-15 hab\u00ed\u00ada colocado en el centro de la creaci\u00f3n, para fijar los tiempos y fiestas de los hombres.<\/p>\n<p>(5)  Basamento de cristal. Las comparaciones anteriores nos permiten entender la palabra clave del pasaje que es raqi\u2020\u2122a: sobre los vivientes\/ruedas se extiende una especie de plataforma que sirve de techo o firmamento para lo de abajo y de sost\u00e9n o suelo para lo de arriba, como sabe Gn 1,6 y como recuerda, en otro plano, el kapporet de Ex 25,21: \u00e9ste es el basamento en que se apoya el trono de Dios, lugar donde sus pies se asientan y reposan: abajo quedan los vivientes c\u00f3smicos, con el ruido de sus grandes alas, convertido en estruendo de aguas\/mares y en fragor de truenos fuertes que son voz (qol) del Dios poderoso o El Sadday; encima se escucha el estruendo de Dios, pero el profeta no se atreve a describirlo. A medida que vamos avanzando, las im\u00e1genes se vuelven m\u00e1s sobrias. Del basamento (placa o cielo) que es lugar de separaci\u00f3n entre Dios y los vivientes\/ruedas del mundo inferior no se dice nada. Es posible que los oyentes y lectores primeros de Ezequiel no necesitaran m\u00e1s explicaciones, ni pudieran darlas; \u00e9ste es el l\u00ed\u00admite y centro del misterio.<\/p>\n<p>(6) Trono de la Gloria de Yahv\u00e9: la semejanza humana. Lo que est\u00e1 encima del carro, m\u00e1s all\u00e1 del basamento, es el gran misterio, sobre el que s\u00f3lo se pueden trazar algunas comparaciones: hay una semejanza de Trono, signo del poder de Dios; hay una semejanza del ser humano, de forma que, si el hombre era imagen de Dios Gn 1,26-27, aqu\u00ed\u00ad podemos a\u00f1adir que Dios mismo es imagen del hombre; hay un fulgor de electro, que nos dice de nuevo que Dios se identifica con el fuego. El texto acaba se\u00f1alando que \u00e9sta no es visi\u00f3n de Dios; no es siquiera una experiencia de su gloria (Kabod): es s\u00f3lo la visi\u00f3n de la imagen (demut) de la Gloria de Yahv\u00e9. Esper\u00e1bamos ver a Dios y en largo esfuerzo de concentraci\u00f3n de ascenso (vivientes, ruedas, basamento) s\u00f3lo vemos un Carro y un Trono, un como ser humano, un como foco de fuego, para escuchar despu\u00e9s que todo es simplemente una como imagen de la Gloria de Yahv\u00e9. Esta es la gran Ma&#8217;ase Merkab\u00e1 (Obra del Carro) que la C\u00e1bala jud\u00ed\u00ada ha entendido junto a la Ma&#8217;ase Bereshit (Obra del principio: Gn 1), como expresi\u00f3n de todo el misterio de Dios, objeto de meditaci\u00f3n suprema para los iniciados en misterios superiores.<\/p>\n<p>Cf. D. J. Halpern, The Merkabali in rabbinic Literature, AOS 62, New Haven CO 1980; The Faces of the Chariot. Early Jewish Responses to EzekieVs Vision, TSAJ 16, Tubinga 1988;A. Kuyt, The Descent to the Chariot: Towards a Description of the Terminology, Place, Fnnction and Nature ofthe Yeridah in Hekhalot Literature, Tubinga 1995; P. S. G. Scholem, La C\u00e1bala y su simbolismo, Siglo XXI, Madrid 1978; Las grandes tendencias de la m\u00ed\u00adstica jud\u00ed\u00ada, Siruela, Madrid 2000.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(-> Cabala, trono, fuego, querubines). Ezequiel es un sacerdote culto, identificado con la causa de Yahv\u00e9. Ha vivido los acontecimientos dolorosos que marcan el derrumbamiento del estado jud\u00ed\u00ado y que desembocar\u00e1n en la ruina del templo de Jerusal\u00e9n: Jos\u00ed\u00adas muere el a\u00f1o 609 a.C., en Meguido, y de esa forma acaba su intento de reforma &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mercaba-carro-y-trono-de-dios\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMERCABA, CARRO Y TRONO DE DIOS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15845","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15845","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15845"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15845\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15845"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15845"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15845"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}