{"id":15847,"date":"2016-02-05T10:17:27","date_gmt":"2016-02-05T15:17:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/milagros-de-jesus\/"},"modified":"2016-02-05T10:17:27","modified_gmt":"2016-02-05T15:17:27","slug":"milagros-de-jesus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/milagros-de-jesus\/","title":{"rendered":"MILAGROS DE JESUS"},"content":{"rendered":"<p>(-> curaciones, exorcismos, magia). Los autores de la Biblia viven en un contexto donde los milagros y los fen\u00f3menos sobrenaturales forman parte de la visi\u00f3n normal del mundo. Pero ellos, en su conjunto, no han elaborado su antropolog\u00ed\u00ada sobre una experiencia de milagros, sino todo lo contrario. A lo largo de la Biblia, y en especial en el Nuevo Testamento, el milagro entendido como \u00abirrupci\u00f3n maravillosa de seres o poderes de otro mundo\u00bb tiende a desaparecer, de manera que el hombre viene a situarse de forma directa ante Dios. En sentido estricto podr\u00ed\u00adamos decir que el verdadero milagro consiste en que los hombres crean en el Reino* de Dios. Sobre esa base se entienden los milagros de Jes\u00fas, como signo de la fe en el Reino.<\/p>\n<p>(1) Jes\u00fas, un hombre que hac\u00ed\u00ada milagros. Fue evidentemente un sanador, un hombre con poderes para movilizar la energ\u00ed\u00ada interior de otros hombres, de manera que su relaci\u00f3n con los dem\u00e1s se ha expresado en forma de milagros. As\u00ed\u00ad le recuerda la tradici\u00f3n de Marcos. Sanadores y taumaturgos buscaban seguridades, apelando a poderes exteriores: piden que vengan y act\u00faen en la vida de los hombres. En contra de eso, Jes\u00fas ha sido un hombre de fe: no soluciona los problemas de los otros ofreci\u00e9ndoles un tipo de ayuda externa, sino que se introduce con ellos en el dolor y opresi\u00f3n de la vida, haciendo as\u00ed\u00ad que los enfermos puedan responder y comunicarse como creyentes. S\u00f3lo desde ah\u00ed\u00ad entendemos su acci\u00f3n carism\u00e1tica. Jes\u00fas puede curar porque dialoga con el enfermo (o poseso): penetra en su dolor, en la ra\u00ed\u00adz de su locura, en iluminaci\u00f3n personal, en comunicaci\u00f3n de fe. Precisamente all\u00ed\u00ad donde parece que la vida se encuentra cerrada y condenada ha introducido un amor m\u00e1s poderoso que la muerte. Jes\u00fas ofrece el milagro de la fe, como portador de gratuidad, al servicio de los pobres y peque\u00f1os, de manera que en su misma vida se expresa el milagro de la gracia.<\/p>\n<p>(2) Milagros discutidos. El pecado de los escribas. La controversia m\u00e1s significativa sobre los milagros de Jes\u00fas se encuentra en Mc 3,21-29 par. Los escribas le acusan present\u00e1ndole como alguien que est\u00e1 sometido a Satan\u00e1s (= Belceb\u00fa), pues con sus milagros per turba el orden sagrado de Israel. Seg\u00fan ellos, los problemas se arreglan marginando y silenciando a los endemoniados e impuros para as\u00ed\u00ad mantener las estructuras de seguridad nacional israelita. Jes\u00fas, en cambio, ha superado ese esquema y principios de seguridad, buscando ante todo la libertad de los endemoniados, la curaci\u00f3n de los enfermos. Los escribas le acusan de traici\u00f3n contra la seguridad nacional del judaismo. Piensan que, curando a los posesos y ofreciendo comuni\u00f3n (Reino) a los marginados e impuros, pone en riesgo la sacralidad de la naci\u00f3n. Parece que los escribas necesitan expulsar a los posesos, encerr\u00e1ndoles en la c\u00e1rcel de su propia locura, manteniendo tambi\u00e9n fuera a los enfermos. Jes\u00fas responde diciendo que \u00e9l introduce a los posesos y enfermos en la casa de Israel y acusa a los escribas de pecado (cf. Mc 3,28-29), invirtiendo as\u00ed\u00ad la raz\u00f3n del mismo juicio: son ellos, los escribas, quienes pecan contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo, porque niegan y rechazan la acci\u00f3n liberadora en favor de los marginados. El pecado de los escribas no se sit\u00faa en un plano de esplritualismo o soberbia interior, sino que es un pecado social: ellos no aceptan ni acogen a los marginados. En contra de eso, Jes\u00fas ha situado la gracia y perd\u00f3n ofrecido a los marginados por encima de todas las normas de seguridad de aquellos que quieren sacralizar sus propias instituciones. No est\u00e1 en juego una doctrina abstracta sobre Dios en la que todos (Jes\u00fas y escribas) podr\u00ed\u00adan concordar, sino la curaci\u00f3n de los enfermos, la liberaci\u00f3n de los posesos. All\u00ed\u00ad donde Jes\u00fas ofrece libertad a los posesos y salud a los enfermos se hace presente el reino de Dios. El viejo tiempo de este mundo (tiempo de opresiones y c\u00e1rcel de Sat\u00e1n) ha terminado y llega el reino de Dios como libertad para todos los humanos, conforme a las mejores esperanzas de la tradici\u00f3n israelita (cf. Mc 1,15). Desde esta perspectiva podemos ofrecer algunos rasgos b\u00e1sicos de los milagros de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>(3) Los milagros no son esoterismo, no son el resultado de una sabidur\u00ed\u00ada especial (propia de iniciados elitistas); tampoco son signo de magia, anticipo de una especie de new age, nueva edad sagrada que ahora se ofrece a los magos y entendidos de este mundo. Ellos son un signo prof\u00e9tico del reino de Dios para los perdidos y humillados,  signo de la gracia que les capacita para transformarse en actitud de fe y entrega de la vida. Milagro es la capacidad que Jes\u00fas tiene de llegar hasta el subsuelo de la historia, hasta el lugar donde los hombres se encuentran arrojados y aplastados por el miedo de la muerte y la opresi\u00f3n interhumana, para ofrecerles all\u00ed\u00ad su signo poderoso de liberaci\u00f3n y vida. Este es milagro: Jes\u00fas cura, no encarcela a los posesos; Jes\u00fas ofrece vida, no separa del espacio de la vida a los que pueden parecemos peligrosos. Por eso, all\u00ed\u00ad donde Jes\u00fas cura a los oprimidos, sabemos que la opresi\u00f3n no puede ya entenderse como soluci\u00f3n a los problemas de la historia.<\/p>\n<p>(4) Los milagros de Jes\u00fas no son expresi\u00f3n de magia ni de esoterismo. Curanderos, exorcistas hab\u00ed\u00ada muchos. Uno m\u00e1s no habr\u00ed\u00ada perturbado nada. Lo que Jes\u00fas hace es distinto: \u00e9l se presenta como mensajero del Reino, profeta de la nueva libertad de Dios, dentro de la misma historia. Por eso, sus milagros brotan de su amor y libertad creadora; \u00e9l ha querido abrir y ofrecer a los varones y mujeres de su tiempo un camino de libertad, protestando contra las opresiones que les dominan, haci\u00e9ndoles capaces de curarse con la terapia de Dios, que es la fe en su Reino. Los milagros de Jes\u00fas son signo y expresi\u00f3n de fe. Este es su milagro: que los hombres asuman su propia libertad, que desplieguen sus potencialidades, que conf\u00ed\u00aden en Dios, que se abran de manera gratuita hacia los otros. Jes\u00fas no ha querido imponer nada, no ha intentado convencer a los dem\u00e1s con sus prodigios, exigiendo que le acepten. Sus milagros se expresan a trav\u00e9s del cambio del propio ser humano: implican la apertura creyente del antiguo enfermo (encadenado por el Diablo o por la sociedad opresora), de manera que el enfermo se vuelve capaz de superar la vieja opresi\u00f3n, atrevi\u00e9ndose a vivir de forma libre y personal, rompiendo las viejas estructuras opresoras de una sociedad que quiere mantenerle por siempre sometido. Jes\u00fas no cura para que los enfermos no tengan problemas, sino para ayudarles a nacer, vivir y morir en donaci\u00f3n gratuita. El milagro es invitaci\u00f3n a la libertad: Jes\u00fas cura a los enfermos para que ellos mismos sean y puedan regalarse la vida unos a otros. El milagro es un signo de amor sobre un mundo marcado por la muerte. Un inmortal no podr\u00ed\u00ada amar as\u00ed\u00ad, ni dar su vida, ni enamorarse, ni entregarse de verdad a los dem\u00e1s. Por el contrario, 1111 hombre mortal se puede enamorar, en donaci\u00f3n de amor que supera la muerte: el milagro supremo de Jes\u00fas es el regalo de su vida en el Calvario. Lc mataron porque amaba: porque sus gestos desestabilizaban un sistema social de violencia controlada por los soldados y sacerdotes.<\/p>\n<p>(5) Jes\u00fas, tina herencia de milagros. Jes\u00fas no ha dejado sobre el mundo una doctrina o teor\u00ed\u00ada sobre Dios, un saber para iniciados, ni una estructura social, un colectivo de firmes jerarqu\u00ed\u00adas, sino una herencia y tarea gratuita (carism\u00e1tica) de milagros. Eso significa que sus fieles deben seguir recorriendo su camino de amor (en solidaridad hacia los pobres) y liberaci\u00f3n (ofreciendo un lugar en la casa de la vida a los enfermos y excluidos). Por eso, s\u00f3lo una Iglesia que sigue realizando milagros (en amor cercano y encarnado) puede contarlos de verdad, retomando as\u00ed\u00ad un tema central de los evangelios. Muchos de nosotros, educados en un racionalismo duro, hemos dejado de creer en ellos. Pensamos que el mundo est\u00e1 fijado, cerrado en s\u00ed\u00ad. Pero los evangelistas, sobre todo Marcos, han sentido la necesidad de volver a contarlos como signo de una gracia que sigue actuando en la Iglesia. \u00abHay un evangelio (el de Marcos), surgido inmediatamente del entusiasmo de la cristiandad primitiva, que&#8230; no goz\u00f3 en la historia de la Iglesia de la popularidad de los otros evangelios. Este evangelio&#8230; se caracteriza por no traer apenas discursos de Jes\u00fas. Exceptuando el relato de la pasi\u00f3n, un Jes\u00fas activo ocupa el centro de la escena. Relatos de milagros, excepcionalmente pormenorizados, caracterizan su acci\u00f3n, siendo los m\u00e1s importantes de ellos las curaciones de posesos&#8230; Jes\u00fas es el vencedor c\u00f3smico de la muerte y el demonio. Se mueve con la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu divino, que lo llena por completo&#8230; La fuerza que emana de Jes\u00fas capacita a los que sufren para una vida nueva, para la salud, para la anticipaci\u00f3n terrena de la salvaci\u00f3n eterna&#8230; Marcos habla de la desdemonizaci\u00f3n de la tierra. De esa forma&#8230; ha escrito el evangelio de la libertad\u00bb. La cita anterior est\u00e1 tomada de E. KASEMANN, La llamada de la libertad, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1976, 71-75.<\/p>\n<p>Cf. R. AGUIRRE (ed.), Los milagros de Jes\u00fas. Perspectivas metodol\u00f3gicas plurales, Verbo Divino, Estelia 2002; J. I. GONZ\u00ed\u0081LEZ FAUS, Clamor del Reino. Estudio sobre los milagros de Jes\u00fas, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982; H. C. KEE, Medicina, milagro y magia en tiempos del Nuevo Testamento, El Almendro, C\u00f3rdoba 1992; X. LEON-DUFOUR (ed.), Los milagros de Jes\u00fas, Cristiandad, Madrid 1979; J. PEL\u00ed\u0081EZ DEL ROSAL, Los Relatos de milagro en los Evangelios Sin\u00f3pticos: morfolog\u00ed\u00ada e interpretaci\u00f3n I-II, Complutense, Madrid 1984; J. J. PILCH, Healing in the New Testament: Insights from Medical and Mediterranean Anthropology, Fortress, Mine\u00e1polis 2000; A. RICHARDSON, Las narraciones evang\u00e9licas sobre los milagros, Fax, Madrid 1972; G. H. TWELFTREE, Jesus, the Exorcist. A Contribution to the Study of the Historical Jesus, Hendrickson, Peabody 1993; Jesus the Miracle Worker: a historical and theological study, InterVarsity Press, Downers Grove 1999.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>I. Teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica<br \/>\n1. Milagro y mensaje<br \/>\nEn la obra de Jes\u00fas, tal como la refieren los Evangelios, los m. ocupan un lugar cuantitativa y cualitativamente importante. Pero no aparecen all\u00ed\u00ad como simple proliferaci\u00f3n de lo maravilloso, al margen del mensaje salv\u00ed\u00adfico, sino que, m\u00e1s bien, ellos mismos son evangelio, mensaje salv\u00ed\u00adfico en acci\u00f3n. Puesto que los sin\u00f3pticos normalmente designan el m. con la palabra dyn\u00e1meis (acciones poderosas), deber\u00ed\u00adamos traducir este concepto por \u00abmanifestaci\u00f3n del poder\u00bb. Por lo dem\u00e1s, la palabra poder no insiste en el car\u00e1cter excepcional de la manifestaci\u00f3n o en la afirmaci\u00f3n de la intervenci\u00f3n trascendente de Dios, sino en la presencia de la salvaci\u00f3n, que vence las \u00abvirtudes y potestades\u00bb del mal. Como signo de la salvaci\u00f3n, el -> milagro alcanza su sentido pleno y su realizaci\u00f3n perfecta en Cristo, plenitud de la presencia salvadora y \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb definitivo de Dios al hombre, en quien se hacen realidad todas las promesas (2 Cor 1, 20). Todos los grandes temas de los profetas y de la actividad mesi\u00e1nica de Jes\u00fas se prolongan pl\u00e1sticamente en los m.: primac\u00ed\u00ada del reino sobre los cuidados materiales (diezmo sacado de la boca del pez); liberaci\u00f3n del pecado (el paral\u00ed\u00adtico bajado por el techo); victoria sobre el demonio (expulsi\u00f3n de demonios); victoria sobre la muerte (Na\u00ed\u00adm, la hija de Jairo); paradoja de la cruz y de la glorificaci\u00f3n (el caminar sobre las aguas; tempestad calmada); esterilidad del que rechaza la salvaci\u00f3n (higuera seca) y riqueza del que la acepta (pesca milagrosa; Pedro que camina sobre las aguas). Jes\u00fas mismo, en la sinagoga de Nazaret, lo mismo que en la respuesta dada a los emisarios de Juan Bautista (Lc 4, 16s; 7, 18-23), une expresamente sus prodigios con las profec\u00ed\u00adas mesi\u00e1nicas de Isa\u00ed\u00adas, donde cada don f\u00ed\u00adsico simboliza la salvaci\u00f3n eterna y las riquezas del reino. Tod\u00f3s los m. son as\u00ed\u00ad preludio de su propia resurrecci\u00f3n, que es el triunfo decisivo del poder de Dios y de la realidad escatol\u00f3gica m\u00e1s all\u00e1 de todo signo, pero que, para la Iglesia que vive a\u00fan en la espera, se anuncia por el sepulcro vac\u00ed\u00ado y las apariciones.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, a su Iglesia en peregrinaci\u00f3n le promete el Se\u00f1or resucitado que los signos la acompa\u00f1ar\u00e1n hasta el fin de los tiempos (Mc 16, 17; Mt 28, 18). Y esto revela el sentido \u00faltimo de todo m.: ser anticipaci\u00f3n y arras de la parus\u00ed\u00ada final, principio y presencia de los nuevos cielos y de la nueva tierra. Pero la Iglesia no posee aqu\u00ed\u00ad un lugar de permanencia, pues ha de continuar su ruta hacia la promesa a trav\u00e9s de la historia.<\/p>\n<p>En el Evangelio de Juan est\u00e1 m\u00e1s acentuado todav\u00ed\u00ada el car\u00e1cter de acci\u00f3n simb\u00f3lica que tienen los m. Para Jes\u00fas mismo los m. forman parte de las \u00abobras (erga) que \u00e9l realiza\u00bb; y nunca las llama \u00abmis obras\u00bb (7, 3-8, 16), sino que las llama \u00abobras de aquel que me ha enviado\u00bb (5, 36; 9, 3; 10, 25.32). Es, pues, el Padre quien, por estas obras, manifiesta a Cristo como Hijo suyo y se revela a s\u00ed\u00ad mismo como Dios misericordioso. Cuando el evangelista no refiere ya las palabras del Se\u00f1or, sino que desarrolla sus propias concepciones teol\u00f3gicas, designa el m. con la palabra signo (semeion), que toma en \u00e9l un sentido muy particular. El semeion es a la vez: garant\u00ed\u00ada de autenticidad del testimonio divino; teofan\u00ed\u00ada de la doxa del Padre en el Hijo; ilustraci\u00f3n simb\u00f3lica de su obra salvadora y de la lucha contra el pr\u00ed\u00adncipe de las tinieblas, que es homicida desde el principio (luz para el ciego de nacimiento, resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro); arquetipo del universo sacramental (vino de Can\u00e1, multiplicaci\u00f3n de los panes, agua de Betzat\u00e1); y s\u00ed\u00admbolo prefigurativo de la consumaci\u00f3n y del juicio escatol\u00f3gico (vino de las bodas eternas, agua viva que salta hasta la vida eterna, luz sin sombras, resurrecci\u00f3n para la vida eterna). De ah\u00ed\u00ad que Cristo ponga siempre sus m. en relaci\u00f3n con su \u00abhora\u00bb (p. ej., 7, 3-8) y con el signo definitivo de su exaltaci\u00f3n en la cruz y en la 86ga de la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. Milagro y f e<br \/>\nComo testimonio divino, como acci\u00f3n simb\u00f3lica que se a\u00f1ade al signo de la palabra y lo confirma (Mc 16, 20; Jn 10, 25; Act 2, 4), el m. es uno de los principales lugares de mediaci\u00f3n entre el mensaje y la fe. Reconocer el car\u00e1cter de mensaje del m. no significa todav\u00ed\u00ada tener que creer; significa solamente quedar confrontado con la invitaci\u00f3n divina y puesto en situaci\u00f3n de decidir (Jn 10, 37-38; 15, 24). El m. es en efecto un signo que invita, pero no fuerza. La terminolog\u00ed\u00ada de Juan es muy exacta en la distinci\u00f3n de los diversos momentos del encuentro con el signo. Cabe \u00abno ver\u00bb el m., es decir, se puede percibir materialmente el hecho prodigioso, pero sin comprender su significaci\u00f3n (Jn 6, 26). Al contrario, \u00abver\u00bb el m. es haber comprendido plenamente su sentido salv\u00ed\u00adfico y sentirse por eso mismo llamado a la fe (Juan expresa este \u00abver\u00bb, que precede a la fe, con el aoristo 818ev). A esta visi\u00f3n responde el hombre o bien con un acto de fe (ka\u00ed\u00ad ep\u00ed\u00adsteusen se repite como un estribillo: 2, 11; 4, 53; 11, 45; 12, 42, etc.) o bien con la negativa a creer (8, 47; 12, 26s, etc.).<\/p>\n<p>El acto de fe es, pues, m\u00e1s que un simple conocimiento de la aut\u00e9ntica referencia del signo; creer es m\u00e1s bien entregarse a la persona significada y a su acci\u00f3n salvadora. Una vez que el hombre ha dado su asentimiento, la fe llega a una visi\u00f3n totalmente nueva del m.: a una contemplaci\u00f3n, por el signo, de la gloria de Dios revelada en Cristo (Juan expresa esta visi\u00f3n con el perfecto e\u00f3raka: 9, 37; 14, 7.9; 19, 35; 20, 29). El m. pierde entonces su funci\u00f3n de invitar a la fe y se convierte para el creyente en acicate para una vida en el Pneuma, pasa a ser un elemento de su di\u00e1logo confidencial con el Padre en Cristo. La negativa a creer puede presentar muchos matices y proceder de diversos motivos: embotamiento espiritual (Jn 6, 15. 26; Lc 17, 11-19); respeto humano (Jn 12, 42); c\u00e1lculo pol\u00ed\u00adtico (Jn 11, 48.53); orgullo legalista (cura en s\u00e1bado: Mc 3, 1-6; Lc 13, 10-16; Jn 5, 10; 9, 16); envidia clerical (Jn 12, 11), etc. Se llega incluso a invertir el sentido de los signos y atribuirlos a Beelzebub (Mt 12, 24-28). Y, sobre todo, se querr\u00e1 que Dios acepte nuestras condiciones y subordinar la fe a \u00abun signo del cielo\u00bb (Mt 12, 38-39; Mc 8, 11; Jn 2, 18), a un hecho prodigioso sin relaci\u00f3n interna con el mensaje, el cual se imponga por la fuerza de lo sensacional y est\u00e9 al servicio de sue\u00f1os pol\u00ed\u00adticos y de un reino con poder temporal. Esto es precisamente todo lo contrario del signo en Juan. Jes\u00fas se niega a conceder ese signo que los jud\u00ed\u00ados piden con tanta insistencia (hasta tal punto que Pablo los caracteriza por su \u00abaf\u00e1n de signos\u00bb: 1 Cor 1, 22), pues su sed de prodigios procede de la negativa previa a creer.<\/p>\n<p>La fe suscitada por el m. de ning\u00fan modo es la m\u00e1s perfecta. Como la palabra, el signo milagroso es una semilla, que fructificar\u00ed\u00ada seg\u00fan el terreno en que se siembre: la fe vers\u00e1til de las turbas; la fe vacilante de Nicodemo; y, al contrario, la fe anhelada o profesada antes de que se produzca el signo (el paral\u00ed\u00adtico bajado por el tejado; el padre del joven epil\u00e9ptico Mc 9, 24), que el Se\u00f1or halla sobre todo en extranjeros (la cananea, el centuri\u00f3n). As\u00ed\u00ad se comprende que, para Jes\u00fas, el m. no sea el camino \u00fanico de la fe, ni siquiera el m\u00e1s perfecto (Jn 4, 48). Es s\u00f3lo el ruedo de su vestido. Mucho m\u00e1s eficaz es el encuentro con su doctrina, y sobre todo con su persona. Muchos de los que se le adhirieron m\u00e1s fielmente &#8211; los primeros disc\u00ed\u00adpulos, Mateo, Mar\u00ed\u00ada de Magdala, Zaqueo y tantos otros, su madre se\u00f1aladamente &#8211; llegaron a \u00e9l por un camino distinto del de los signos milagrosos: \u00abBienaventurados los que no vieron y creyeron\u00bb (Jn 20, 29).<\/p>\n<p>II. Apolog\u00e9tica<br \/>\nSi no se excluye a priori la posibilidad de milagros en general, de todo lo que precede se desprende que no es posible eliminar los m. del evangelio o desmitizarlos sin lesionar la sustancia misma del mensaje. Indudablemente, no es posible comprobar cada per\u00ed\u00adcopa a la luz de la historia de las -~ formas para determinar con precisi\u00f3n su n\u00facleo hist\u00f3rico, desprendi\u00e9ndolo de los retoques y a\u00f1adiduras posteriores, como las amplificaciones catequ\u00e9ticas o lit\u00fargicas. Pero, en conjunto, la historicidad de los m. de Jes\u00fas est\u00e1 garantizada por la naturaleza misma del testimonio apost\u00f3lico. Todos los autores del NT insisten, en efecto, sobre el hecho de que la acci\u00f3n salvadora de Dios en Cristo se realiza y manifiesta en la historia; realizaci\u00f3n que ellos atestiguan expresamente como hist\u00f3rica (Lc 1, 1-4; 1 Jn 1, 1-4; 2 Pe 1, 16-20). Los m. no pueden tener valor de signo si no se presentan al mismo nivel hist\u00f3rico que la persona de Cristo y su ense\u00f1anza; y tambi\u00e9n para los m. los evangelistas se presentan insistentemente como testigos oculares. La referencia a m. de Cristo no se reduce a los relatos, sino que se halla tambi\u00e9n en cierto n\u00famero de logia que por su antig\u00fcedad en general son considerados como palabras aut\u00e9nticas del Se\u00f1or. Por lo dem\u00e1s, no parece que los enemigos mismos de Cristo negaran la materialidad de los hechos prodigiosos; no se halla rastro de esta negaci\u00f3n ni en los Evangelios ni en la pol\u00e9mica judeorrab\u00ed\u00adnica de los primeros siglos.<\/p>\n<p>Los m. de Jes\u00fas se acreditan por su comparaci\u00f3n con los relatos de los ap\u00f3crifos, y con los m. atribuidos a los taumaturgos paganos (p. ej., Apolonio de Tiana), con la Legenda aurea o las mitolog\u00ed\u00adas, que en principio tienden a apoyar su autenticidad religiosa e hist\u00f3rica. La notable sobriedad, la ausencia de exageraciones y la sencillez, de un lado, contrastan con el exhibicionismo y las voces de mercado, de otro lado; la dignidad, la seriedad, el olvido de s\u00ed\u00ad en Jes\u00fas y el contexto de oraci\u00f3n en sus milagros contrastan con los trances, las fantasmagor\u00ed\u00adas, los trampantojos y el esp\u00ed\u00adritu de lucha de los taumaturgos. En los Evangelios ning\u00fan m. es in\u00fatil, carente de importancia, dudoso en sus intenciones, como sucede frecuentemente en los m. mitol\u00f3gicos. Tampoco hay en ellos ning\u00fan m. punitivo, ni sed desenfrenada de lo maravilloso. No se produce ning\u00fan m. durante la infancia ni durante la pasi\u00f3n. A una figura tan poderosa como Juan Bautista no se le atribuye m. alguno. Y en el libro de los Hechos (14, 20; 20, 10; 28, 5) se halla una interpretaci\u00f3n puramente hist\u00f3rica de ciertos acontecimientos que parec\u00ed\u00adan destinados a engendrar leyendas. En los relatos de milagros se encuentran muchos pormenores que nada tienen de tendenciosos, y as\u00ed\u00ad no engendran la sospecha de haber sido inventados, y, por otro lado, son tan naturales y humanos que delatan al testigo ocular. Esos relatos concuerdan perfectamente con la persona del Se\u00f1or, con su mensaje y su obra salv\u00ed\u00adfica, con el simbolismo de los sacramentos y el lenguaje de las par\u00e1bolas.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA : L. de Grandmaison, J\u00e9sus-Christ II (P 1928) 313-368; F. Tonante, Expository Studies in St. John&#8217;s Miracles (Lo 1938); K. L. Schmidt, Le probl\u00e9me du christianisme primitif : RHPhR 18 (1938) 44-53; W. Grundmann, S\u00fava\u00c2\u00b5at y simil.: ThW II 286-318; A. Oepke, i&#038;o\u00c2\u00b5ae: ThW III 194-215; A. Richardson, The Miracle Stories of the Gospels (Lo 1941); W. Manson, The Signs or Mighty Works of Jesus: Jesus the Messiah (Lo 31943) 33-50; J. 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A lo largo de la Biblia, y en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/milagros-de-jesus\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMILAGROS DE JESUS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15847","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15847","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15847"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15847\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15847"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15847"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15847"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}