{"id":15863,"date":"2016-02-05T10:17:58","date_gmt":"2016-02-05T15:17:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/paraiso-original\/"},"modified":"2016-02-05T10:17:58","modified_gmt":"2016-02-05T15:17:58","slug":"paraiso-original","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/paraiso-original\/","title":{"rendered":"PARAISO ORIGINAL"},"content":{"rendered":"<p>(-> creaci\u00f3n, gracia). La Biblia comienza diciendo que Dios ha querido \u00abcolocar\u00bb a los hombres en un para\u00ed\u00adso, para que puedan vivir en gratuidad gozosa. Toda la historia posterior es un relato de la p\u00e9rdida del para\u00ed\u00adso y de su descubrimiento final. El para\u00ed\u00adso escatol\u00f3gico, vinculado a los diversos tipos de mesianismo*, ha sido interpretado por el Nuevo Testamento como resurrecci\u00f3n: para los cristianos el verdadero para\u00ed\u00adso es Jes\u00fas resucitado, la vida que vence a la muerte, la culminaci\u00f3n de la esperanza. Aqu\u00ed\u00ad hablamos del para\u00ed\u00adso del G\u00e9nesis.<\/p>\n<p>(1) Dios plantador. As\u00ed\u00ad dice el texto: \u00abY plant\u00f3 Yahv\u00e9 Elohim un para\u00ed\u00adso\u00bb para el Adam [hombre de barro de la estepa] all\u00e1 en Oriente\u00bb, en la tierra donde nace el sol y la existencia empieza (Gn 2,8-14). Seg\u00fan el relato de Gn 1, daba la impresi\u00f3n de que el mundo val\u00ed\u00ada en s\u00ed\u00ad mismo, aunque luego culminaba en los hombres. Ahora (Gn 2) lo primero que importa es el hombre, al que Dios-alfarero ha modelado del barro con su mano, d\u00e1ndole su aliento (Gn 2,7). Pues bien, ese hombre necesita un espacio para desplegar su propio ser y realizarse. Por  eso, el mismo Dios que antes actuaba como alfarero del hombre viene a presentarse como creador-jardinero que le prepara cuidadosamente un lugar para que viva. No se dice c\u00f3mo lo ha plantado, no tiene que decirse, aunque podemos suponer que lo ha hecho humedeciendo y regando la tierra con la lluvia y el agua de los r\u00ed\u00ados, para que as\u00ed\u00ad el polvo de la tierra se volviera barro o humus cultivable, para que la estepa pueda ser jard\u00ed\u00adn florido. El Dios alfarero se vuelve hortelano o jardinero. Ciertamente, el hombre ha brotado de la tierra seca de la estepa (adarnah), pero Dios ha hecho llover, le ha dado su aliento y le ha introducido en el jard\u00ed\u00adn. En su entra\u00f1a misteriosa, el hombre ya no es morador de desierto o monta\u00f1a, ni salvaje del bosque o n\u00f3mada del campo, ser perdido en los hielos o calores de la dura tierra, sino un cultivador de huerto, un viviente de cultura que cuida la tierra y goza de ella, un ser de ecolog\u00ed\u00ada. Frente a la estepa anterior (sin plantas ni agua) emerge un espacio donde la vida se expande en abundancia y crecen los \u00e1rboles inmensos. Este es el huerto de los cuatro r\u00ed\u00ados que definen los cuatro puntos cardinales, huerto de abundancia y belleza infinita, de oro y de piedras preciosas (cf. 2,10-14).<\/p>\n<p>(2) Para\u00ed\u00adso para el hombre. Todo lo que el hombre puede desear lo posee este huerto que Dios planta y le ofrece para que lo cultive, como un parque ecol\u00f3gico extendido por el horizonte, sobre el arco de la tierra, a lo largo del creciente o media luna f\u00e9rtil que se abre desde los r\u00ed\u00ados de Mesopotamia (Tigris y Eufrates) hasta el Nilo de Egipto, pasando por la franja verde de Siria, Fenicia y Palestina. Fuera del huerto sigue quedando la estepa, pero el hombre se encuentra resguardado, dentro de esta matriz o para\u00ed\u00adso de ternura y cercan\u00ed\u00ada de vida abundosa. El hombre no es alguien perdido en el mundo, arrojado en la tierra, sino un ser de parque o jard\u00ed\u00adn: un viviente cultivado que labora la tierra y goza de ella, en compa\u00f1\u00ed\u00ada de otros vivientes (animales), como ir\u00e1 diciendo el texto. Para descanso y gozo ha creado Dios al ser humano, para ponerle en el gan-jard\u00ed\u00adn donde puede vivir y realizarse como humano. Frente a la dureza de la estepa anterior, sin plantas y sin agua (Gn 2,4-6), emerge la delicia de un lugar fecundo donde la vida se expande en abundancia. No sabemos si llueve, aunque puede suponerse que s\u00ed\u00ad, por los \u00e1rboles que crecen, por los r\u00ed\u00ados que lo cruzan, por su inmensa riqueza de oro y piedras preciosas. Todo lo que el hombre puede desear es el jard\u00ed\u00adn: un parque ecol\u00f3gico extendido sin l\u00ed\u00admite sobre el espacio de la tierra&#8230; Fuera, muy lejos, sigue quedando la estepa.<\/p>\n<p>(3) Plantas. Dios hizo brotar en el gan de Ed\u00e9n todos los \u00e1rboles. Antes no hab\u00ed\u00ada hierba ni arbustos. Ahora crecen por doquier \u00e1rboles de abundancia y de belleza. El texto dice expresamente que son nehmad, deseables a la vista. Adam, el ser humano, se define antes que nada por sus ojos: quiere ver y gozarse en lo que mira. Estos \u00e1rboles del jard\u00ed\u00adn sacian su ansia de felicidad y ternura: son objeto del deseo profundo de quien mira. Al mismo tiempo, ellos son buenos para comer. En Gn 1,10.12.18 se dec\u00ed\u00ada que Dios mismo miraba hacia las cosas, viendo que eran buenas. Ahora son los hombres los que miran y descubren que los \u00e1rboles resultan deseablesbuenos, saciando as\u00ed\u00ad la urgencia de belleza y alimento que ellos tienen. Este es el jard\u00ed\u00adn de la vida gratuita, que se expresa ante todo por la vitalidad constante de las plantas y los \u00e1rboles. \u00abDios Hrzo brotar en el Ed\u00e9n todos los \u00e1rboles\u00bb&#8230; \u00bfC\u00f3mo? El texto no lo dice, pero est\u00e1n all\u00ed\u00ad. Basta que miremos las tierras cultivadas, los huertos feraces que se extienden desde Caldea hasta Egipto. Estamos ante el primer milagro: que este mundo duro pueda convertirse en jard\u00ed\u00adn de felicidad para los hombres, lugar donde crecen \u00e1rboles y plantas (vegetales) de abundancia y belleza, deseables a la vista (nehmad) y apetecibles para la comida (tob). Los \u00e1rboles son lo m\u00e1s propio del jard\u00ed\u00adn: ellos sacian el ansia de felicidad y ternura, de gozo y belleza, siendo, al mismo tiempo, buenos para comer.<\/p>\n<p>(4) R\u00ed\u00ados. Del jard\u00ed\u00adn nacen cuatro r\u00ed\u00ados grandes que riegan toda la tierra (Gn 2,10-14), de una forma f\u00ed\u00adsica (evocan las corrientes de agua que conocen los lectores del texto) y simb\u00f3lica (son los r\u00ed\u00ados primigenios, condensaci\u00f3n y origen de todas las aguas* buenas, dulces, fecundantes, de la tierra). El mito antiguo hab\u00ed\u00ada colocado el jard\u00ed\u00adn de Dios en el origen de las aguas (de los dos o cuatro grandes \u00abtorrentes\u00bb de la tierra). El s\u00ed\u00admbolo b\u00ed\u00adblico coloca al ser humano  en ese origen. Quiz\u00e1 pudi\u00e9ramos decir que en alg\u00fan sentido el mismo Dios viene a mostrarse como fuente de aguas: sobre la tierra desierta del gran yermo ha suscitado Dios las corrientes de la vida, ofreciendo al ser humano su deleite (Ed\u00e9n). En la ra\u00ed\u00adz y origen de las aguas, all\u00ed\u00ad donde la vida se hace fuente de abundancia, habita el hombre.<\/p>\n<p>(5) Riqueza, belleza. El para\u00ed\u00adso es campo de riqueza, que se expresa sobre todo en las tierras de Havil\u00e1, que est\u00e1 hacia Arabia (Gn 2,11-12). De all\u00ed\u00ad proceden los tesoros m\u00e1s apreciados: el oro bueno, signo de riqueza; el bedelio, que es un tipo de resina olorosa y curativa, como el \u00e1mbar; y tambi\u00e9n el \u00f3nix o piedra preciosa llamada shohatn, porque adorna y es bella, ofreciendo a los hombres color y dureza (cf. Mt 2,11: oro, incienso y mirra). El Ed\u00e9n viene a expresarse as\u00ed\u00ad como espacio de abundancia: lugar donde los hombres tienen todo aquello que desean, en gozo desbordante: la riqueza, el perfume, la belleza. Este es evidentemente un jard\u00ed\u00adn ecol\u00f3gico, propio de contemplativos y vegetarianos: de seres que han nacido para disfrutar, saciando sus deseos de conocimiento (belleza de los \u00e1rboles), comida (frutos) y riqueza (oro, piedras preciosas), pues el oro y las piedras pertenecen al plano del adorno, del arte gozoso, m\u00e1s que al comercio centrado en la lucha econ\u00f3mica. Es un jard\u00ed\u00adn simb\u00f3lico, que expresa la condici\u00f3n imaginaria del hombre perfecto y que puede entenderse como s\u00ed\u00admbolo escatol\u00f3gico. Este es un huerto de riqueza, lugar de oro y piedras preciosas, campo de abundancia, casa donde los hombres tienen todo aquello que desean (comida, perfumes, belleza&#8230;). No hay aqu\u00ed\u00ad lugar para la muerte: no se matan animales, tampoco han de matarse o morir hombres. Aqu\u00ed\u00ad se supone que la vida permanece para siempre.<\/p>\n<p>(6) La vida y el conocimiento. Hay en el jard\u00ed\u00adn dos \u00e1rboles distintos que condensan el misterio del hombre (cf. Gn 2,9). En la l\u00ed\u00adnea de lo codiciable (nehmad) est\u00e1 el \u00e1rbol del conocimiento del bien\/mal; en la l\u00ed\u00adnea de lo comestible, el de la vida. Ellos se alzan en el centro de este huerto humano, como signo de lo apetecible, de aquello que sostiene la existencia, abriendo al hombre hacia un nivel de trascendencia, en clave ecol\u00f3gica de gozo (\u00e1rbol de vida) y de jus ticia o solidaridad moral (\u00e1rbol del bien y el mal). La relaci\u00f3n entre justicia y vida, desde el fondo com\u00fan del don de Dios, constituye un elemento clave de la existencia humana, hasta la actualidad. As\u00ed\u00ad descubrimos que el huerto de Ed\u00e9n se ha convertido en lugar donde los hombres deben decidirse; la riqueza del mundo es para ellos un principio de responsabilidad. De la estepa (polvo) nacimos y al polvo volveremos (cf. Gn 3,19), pero en el centro queda este huerto, para\u00ed\u00adso ecol\u00f3gico de vida y amor que Dios quiso (quiere) ofrecernos, en la fuente de los bosques y las aguas primordiales. A partir de estos \u00e1rboles se definir\u00e1 el sentido del hombre. As\u00ed\u00ad los vemos all\u00ed\u00ad, en el centro del jard\u00ed\u00adn, abriendo la vida a todo lo deseable y comestible: dirigiendo al ser humano hacia un nivel de trascendencia, en l\u00ed\u00adnea de gozo y de plenitud.<\/p>\n<p>(7) Una experiencia educativa. El Dios del para\u00ed\u00adso es ante todo un creador\/educador. No ha querido (podido) suscitar un hombre ya acabado y realizado desde fuera, sino que le ha hecho capaz de hacerse (= educarse) a s\u00ed\u00ad mismo, a trav\u00e9s de una palabra afirmativa (\u00c2\u00a1puedes comer!) y negativa (\u00c2\u00a1no comas! cf. Gn 2,17). La prohibici\u00f3n viene a mostrarse como espacio de m\u00e1s alta afirmaci\u00f3n, pues un hombre que s\u00f3lo fuera afirmaci\u00f3n se negar\u00ed\u00ada a s\u00ed\u00ad mismo, negando su identidad como ser creado. El hombre se educa a s\u00ed\u00ad mismo desde el bien y el mal, que \u00e9l no puede dominar y definir a su capricho, haci\u00e9ndose as\u00ed\u00ad due\u00f1o exclusivo de todo lo que existe. S\u00f3lo en apertura a Dios (dentro de eso que llamamos di\u00e1logo de gracia) el hombre puede ir acogiendo lo que es bueno, recibiendo el regalo de una vida que le sobrepasa y superando el riesgo de una muerte que deriva de lo malo. Sobre ese doble espacio de bien\/mal, muerte\/vida, el hombre s\u00f3lo puede realizarse plenamente si se abre a lo divino, si recibe el propio ser de un modo agradecido y de esa forma, en gratuidad, empieza a realizarlo. Desde su misma ausencia (no es due\u00f1o del bien\/mal y de la vida) el hombre puede cultivar y cultiva una presencia superior, haci\u00e9ndose en verdad humano, en relaci\u00f3n de di\u00e1logo con algo que resulta m\u00e1s que humano (el don de gracia, lo divino). Las prohibiciones de Gn 2 no son capricho, tentaci\u00f3n arbitraria de un Dios que tantea  a los humanos para ver c\u00f3mo responden. Quiz\u00e1 pudi\u00e9ramos decir que ellas son prueba esencial de la persona, pues el hombre debe recibir su vida como gracia o se destruye. Por eso, la insistencia m\u00e1xima del texto no est\u00e1 puesta en el pecado en cuanto crisis moral, sino como principio de destrucci\u00f3n: al cerrarse en s\u00ed\u00ad (queriendo hacerse due\u00f1o del bien\/mal) el hombre niega su vida, el don de Dios, y cae en manos de la muerte. Esto significa que el hombre se despliega en dos niveles. Por un lado es ser del mundo, hermano de los animales, en c\u00ed\u00adrculo de muerte. Por otro es ser abierto al di\u00e1logo con Dios, en don de gracia. De esa forma supera el nivel de la muerte.<\/p>\n<p>Cf. J. S. CROATTO, El hombre en el mundo. Creaci\u00f3n y designio Estudio de G\u00e9nesis 1:1-2:3, La Aurora, Buenos Aires 1974; E. DREWERMANN, Strukturen des B\u00f3sen I-III, Schonningh, Paderborn 1977; E. ELORDUY, El pecado original, Madrid 1977; J. ERRANDONEA, Ed\u00e9n y para\u00ed\u00adso. Fondo cidtural mesopotamio en el relato b\u00ed\u00adblico de la creaci\u00f3n, Marova, Madrid 1966; M. NAVARRO, Barro y aliento. Ex\u00e9gesis y antropolog\u00ed\u00ada de Gn 2-3, Paulinas, Madrid 1993; P. RICOEUR, Finitud y cidpabilidad, Taurus, Madrid 1969; E. J. VAN WOLDE, A Semiotic Analvsis of G\u00e9nesis 2-3, SSN 25, Assen 1989.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(-> creaci\u00f3n, gracia). La Biblia comienza diciendo que Dios ha querido \u00abcolocar\u00bb a los hombres en un para\u00ed\u00adso, para que puedan vivir en gratuidad gozosa. Toda la historia posterior es un relato de la p\u00e9rdida del para\u00ed\u00adso y de su descubrimiento final. El para\u00ed\u00adso escatol\u00f3gico, vinculado a los diversos tipos de mesianismo*, ha sido interpretado &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/paraiso-original\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPARAISO ORIGINAL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15863","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15863","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15863"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15863\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15863"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15863"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15863"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}