{"id":15869,"date":"2016-02-05T10:18:13","date_gmt":"2016-02-05T15:18:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/poder-de-dios\/"},"modified":"2016-02-05T10:18:13","modified_gmt":"2016-02-05T15:18:13","slug":"poder-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/poder-de-dios\/","title":{"rendered":"PODER DE DIOS"},"content":{"rendered":"<p>(-> autoridad, misericordia, sabidur\u00ed\u00ada, jidcio, Job). En principio es un atributo de Dios, que aparece en todo el Antiguo Testamento como poderoso, creador de cielo y tierra (como reconoce el Credo cristiano). En esa l\u00ed\u00adnea podemos afirmar que la Biblia es el libro del poder de Dios: el testimonio de sus obras grandiosas a favor de los hombres. En esa misma l\u00ed\u00adnea podemos a\u00f1adir que el poder de Dios y de la Iglesia s\u00f3lo tiene sentido y es cristiano all\u00ed\u00ad donde se expresa en forma de autoridad* liberadora y compartida, al servicio de todos, especialmente de los m\u00e1s pobres. Pero la misma tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica sabe que puede haber \u00abpoderes\u00bb que no son autoridad, sino imposici\u00f3n y dictadura diab\u00f3lica. M\u00e1s a\u00fan, el mismo tema del poder de Dios ha planteado preguntas que son dif\u00ed\u00adciles de responder, como seguiremos viendo.<\/p>\n<p>(1) El enigma del poder: tres poderes. Comenzaremos evocando el tema del enigma del poder con la ayuda de un famoso pasaje ap\u00f3crifo del entorno del Antiguo Testamento (3 Esdras), que    contiene una historia sapiencial (paralela al juicio de Paris, de la tradici\u00f3n grecorromana) donde tres pajes o servidores del rey van presentando su opini\u00f3n sobre el poder m\u00e1s alto de este mundo. Hablan del poder, es decir, de aquello que puede imponerse sobre los hombres, no de la autoridad, y responden presentando tres formas, (a) Uno responde que el mayor poder es el vino, pues afloja la cabeza de quienes lo beben e iguala a los cobardes con el rey, haci\u00e9ndoles sentirse ricos, valientes e importantes (cf. 3 Esd 3,16-22). (b) Otro dice que el mayor poder es el rey, pues domina sobre el pueblo y tiraniza a sus vasallos, a quienes hace que le obedezcan y les lleva, si quiere, a luchar y a morir por su causa en una guerra (cf. 3 Esd 4,1-11). (c) Otro dice, en fin, que el poder son las mujeres, pues ellas engendran y dan a luz a reyes y vasallos, a vi\u00f1adores y vinateros, seduciendo, al mismo tiempo, a los hombres que quieran&#8230; \u00abPor mucho oro que tengan, los hombres lo dejan por una mujer esbelta, y van tras ella&#8230;\u00bb (cf. 3 Esd 4,13-25). Esta famosa discusi\u00f3n, formulada desde una perspectiva masculina, ha vinculado vino, rey y mujeres, present\u00e1ndolos como poderes supremos. Pues bien, asumiendo la m\u00e1s fuerte tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica, el autor del libro ha buscado un poder m\u00e1s alto, que no act\u00faa por imposici\u00f3n, sino por autoridad, el poder de la verdad: \u00abToda la tierra invoca la verdad y el cielo la bendice&#8230; Injusto es el vino, injusto el rey, injustas las mujeres, injustos todos los hombres e injustas todas sus obras y todas las cosas semejantes: no tienen verdad y perecen en su injusticia; pero la verdad permanece, siempre es fuerte y vive y domina eternamente\u00bb (cf. 3 Esd 4,33-39). Esa respuesta sapiencial se sit\u00faa en el buen camino, pero no ha logrado convencer a todos, pues parece que los \u00fanicos poderes reales son el vino (excitaci\u00f3n, droga), las mujeres (el sexo, la apariencia) y los reyes (el poder). Tampoco ha convencido a Job*, cuyo libro es, quiz\u00e1, el mejor estudio sobre el poder que se ha escrito en la literatura de Occidente.<\/p>\n<p>(2) Job, el riesgo del poder de Dios. Job busca un poder que no sea impositivo (como parecen ser vino-sexoreyes), un poder en la l\u00ed\u00adnea de la autoridad de la verdad. Evidentemente, tiene que ocuparse de Dios, pero se encuen   tra con la visi\u00f3n de un Dios que es poderoso, pero no es \u00abverdadero\u00bb, pues no podemos confiar en \u00e9l. \u00abSi \u00e9l destruye, no ser\u00e1 edificado de nuevo. Si \u00e9l cierra ante el hombre, no habr\u00e1 quien le abra. Si \u00e9l detiene las aguas, las tierras se secan; y si las deja ir, trastornan la tierra. Con \u00e9l est\u00e1n el poder\u00ed\u00ado y la victoria; suyo es el que yerra y el que hace errar\u00bb (cf. Job 12,13-15). Job ha mirado hacia el Dios del poder y ha visto en \u00e9l la fuente de toda la violencia de la tierra. \u00ab\u00bfQui\u00e9n le hizo frente y sali\u00f3 bien librado? Dios traslada los montes sin que ellos lo sepan, los sacude con gran fuerza. Mueve la tierra y vacilan sus columnas. Manda al sol y se apaga, se ocultan las estrellas. El solo despleg\u00f3 los cielos y camina victorioso por los mares (9,3.5-8). Todo lo hace Dios, pero su poder parece inmoral: no le importan los hombres, trata a todos de la misma forma, extiende sobre todos su misma indiferencia, sin cari\u00f1o ni misericordia: \u00abSi viene de pronto la plaga y los humanos mueren Dios se r\u00ed\u00ade de la angustia de los inocentes. Si un pa\u00ed\u00ads cae en manos de malvados Dios mismo pone un velo a los jueces&#8230;\u00bb (9,23-24). Desde aqu\u00ed\u00ad se puede trazar la genealog\u00ed\u00ada divina de los males. Podr\u00ed\u00adamos se\u00f1alar la gama progresiva de sufrimientos humanos de Job (pobreza, soledad, dolor, rechazo social, angustia; cansancio, fragilidad, muerte). Pero aqu\u00ed\u00ad destacamos la gama de males de Dios: (a) Dios es poder, violencia bruta: por eso se desvela y manifiesta de un modo especial en los que triunfan de manera externa, en aquellos que desprecian a los pobres. L\u00f3gicamente, si miramos y medimos las cosas de esta forma, s\u00f3lo los bandidos (prepotentes sin conciencia) podr\u00e1n dominar y triunfar sobre la tierra (12,5-6). A este nivel se mueven los amigos de Dios, que pretenden convencerle con sus sabias razones: en el fondo de su pretendida piedad, ellos defienden la raz\u00f3n del sistema, la sacralizaci\u00f3n de la fuerza. Los sabios del dios de este mundo defienden a los vencedores: de su triunfo viven, de su poder se sirven. Por eso rechazan a Job, el humillado, haci\u00e9ndole chivo emisario (responsable de sus males), y quieren (necesitan) que confiese sus pecados, para as\u00ed\u00ad quedar tranquilos, convencidos de su verdad divina, (b) M\u00e1s que poder, Dios es fortuna. As\u00ed\u00ad aparece como rueda que gira sin sentido  repartiendo dones o desgracias a capricho: eleva a unos, humilla a los otros, sin que cuente el valor o virtud de los humanos (12,17-25). La sabidur\u00ed\u00ada sagrada de los sabios acaba poni\u00e9ndose al fin al servicio de la fatalidad, pues la l\u00f3gica del destino se impone sobre la l\u00f3gica de la fuerza. M\u00e1s que con el poder (raz\u00f3n de los triunfadores, violencia del mundo), el Dios de los sabios amigos de Job se identifica as\u00ed\u00ad con la fortuna. En un primer momento ella parece simplemente caprichosa, juguetona y\/o, mejor dicho, servidora de los fuertes. Pero al fin ella termina igualando a todos en la muerte: el dios del poder y la fortuna no nos puede dar la vida. Este Dios de la violencia y la fortuna tiene mucho poder, pero carece de autoridad, seg\u00fan Job, al menos en un primer momento de su discurso.<\/p>\n<p>(3) Job no se puede justificar al Dios del poder, porque ese Dios calla ante la injusticia de los hombres. Dios est\u00e1 en silencio mientras gritan los violentos de la tierra y gimen de dolor los pobres. Ese Dios es un vac\u00ed\u00ado que pudiera interpretarse como nada: m\u00e1s all\u00e1 del mundo con su violencia y fortuna, s\u00f3lo existe un gran silencio: hay pura vaciedad en la que todo (aun la fortuna) carece de sentido. Culmina as\u00ed\u00ad la genealog\u00ed\u00ada de los poderes de Dios y llega a su fin la tr\u00ed\u00adada fat\u00ed\u00addica de violencia, fatalidad y nada. S\u00f3lo despu\u00e9s, en un segundo momento, esta nada de Dios podr\u00e1 venir a desvelarse como espacio abierto a las preguntas de los que sufren, lugar de una respuesta verdadera. Pero de eso hablaremos despu\u00e9s. Permanezcamos por ahora en los planos anteriores. Millones de personas sufren en el mundo y Dios no quiere preocuparse de sus problemas (cf. 21,7-21). Permite que el perverso est\u00e9 seguro y tome el poder sobre la tierra, de manera que sus vasallos le tengan que honrar de una manera interesada y servilista (21,22-34). Es aqu\u00ed\u00ad donde introduce nuestro texto su palabra, en inversi\u00f3n parad\u00f3jica que cambia la antigua visi\u00f3n de lo divino, diciendo que, en el fondo, en un primer nivel, el poder de Dios es malo, de manera que \u00e9l, el pobre Job, viene a presentarse como m\u00e1s justo, pues puede reprocharle su falta de ayuda a los pobres: \u00abLos malvados remueven los mojones, roban al pastor y su reba\u00f1o. Se llevan el asno de los hu\u00e9rfanos, toman en prenda el buey de la viuda. Desde las ciudades gimen los que mueren, el herido grave pide auxilio; pero Dios no atiende a esos clamores. No se ha elevado a\u00fan el d\u00ed\u00ada y se levanta el asesino para matar al pobre y desgraciado. Por la noche merodean los ladrones, penetran a escondidas en la casa ajena\u00bb (Job 24,23.12.14.16). Toda la injusticia del mundo se concentra en esos rasgos: la maldad de los fuertes que oprimen sin cesar a los peque\u00f1os; la violencia de los grandes&#8230; En medio de esa injusticia se presenta Job, el expulsado. Dios mismo ha salido a su encuentro, como sale por su presa el cazador, dispar\u00e1ndole sus flechas (6,4; cf. 7,11-20). Job es un sencillo y simple humano: s\u00f3lo quisiera estar en paz, tranquilo y retirado sobre el mundo, sin preguntar por Dios, sin angustiarse (10,20-21). Pero Dios le ha perseguido hasta romperle con sus males, amenaz\u00e1ndole de muerte (cf. 10,1-13). Este Dios es poder, pero no tiene bondad.<\/p>\n<p>(4) M\u00e1s all\u00e1 del Dios del poder, Job apela a un Dios distinto. Nosotros, hombres del siglo XXI, seguimos cerca de la problem\u00e1tica de Job. Por eso, nuestro tema no es mostrar que Dios existe, sino encontrarle bueno. De una forma consecuente, el problema de Dios empieza siendo un problema de justicia: (a) Mucho ate\u00ed\u00adsmo moderno acaba siendo antite\u00ed\u00adsmo. As\u00ed\u00ad razonan algunos: no negamos a Dios, le combatimos; rechazamos su poder injusto y procuramos construir un mundo m\u00e1s humano, en clave antropol\u00f3gica, (b) Mucho ate\u00ed\u00adsmo es protesta contra el sinsentido de la vida, es rechazo contra los sistemas de totalidad (ciencia, idea, Estado) que han querido triunfar en el mundo, pero destruyendo o manejando la existencia concreta de los hombres y mujeres, especialmente de los pobres. Por eso, es preferible rechazar el sentido del poder divino (de Dios) y quedarse en los peque\u00f1os valores de la vida. Job es grande porque lucha contra el Dios poderoso de la tradici\u00f3n teol\u00f3gica anterior sin hacerse por eso ateo y porque rechaza el sentido del poder que domina en el mundo, sin caer por eso en un relativismo donde todo acaba siendo equivalente y s\u00f3lo importa el triunfo de mi vida, mi despliegue a costa de los otros. Job no acepta la respuesta de los sistemas (de los sabios oficiales que le quieren con  denar como culpable, en aras del poder que triunfa sobre el mundo); pero tampoco quiere resignarse a la ignorancia o relativismo. Rechazando a los sabios del sistema, Job se eleva ante nosotros como sufriente universal. As\u00ed\u00ad aparece como un pobre que pregunta en nombre de todos los pobres, como un expulsado que proclama el derecho y la justicia de los expulsados de la tierra, como un impotente que no cree en los poderes sagrados de un Dios que se impone por la fuerza. Por eso no le basta su satisfacci\u00f3n particular. Ha sufrido y preguntado en nombre de todos aquellos que padecen sobre el mundo: \u00abQuisiera hablar al Poderoso (Shadday), venir a cuentas con Dios; puede matarme, pero s\u00f3lo me queda esperanza si defiendo mi causa ante su juicio\u00bb (cf. 13,3.15). De esa forma apela ante Dios, llevando en sus espaldas el dolor de los dolores de la historia. Necesita entender y por eso eleva su causa. La verdad ya no es un lujo en el camino, sino aquello que le permite caminar. Por eso pregunta. Sabe que la verdad que est\u00e1 buscando es dialogal y por eso quiere, necesita, escuchar una respuesta: \u00abEsta es mi \u00faltima palabra. Esta es mi firma. Que responda ya el Poderoso\u00bb (31,35). Elevado sobre la mentira y violencia del mundo Job apela porque ha visto (ha vislumbrado) la existencia de un Dios verdadero. Job apela porque sabe (presiente) que hay sentido y palabra de amor m\u00e1s all\u00e1 de los duros (al parecer inexorables) sistemas de poder del mundo, en los que parece expresarse el mismo Dios. De esa forma, su dolor se vuelve pregunta. Hay un sufrimiento que destruye, embota la mente, aniquila. Pero hay otro que dilata la mente y nos hace capaces de abrir las ventanas del alma, en llamada profunda. Es el caso de Job; por eso apela: \u00abAhora pues est\u00e1 en los cielos mi testigo, all\u00e1 en lo alto est\u00e1 mi defensor. Mi clamor ha llegado hasta Dios, las l\u00e1grimas de mis ojos corren ante \u00e9l\u00bb (16,19-20). Esta es la petici\u00f3n, \u00e9ste el gemido de un hombre que quiere conocer el sentido del poder de Dios, m\u00e1s all\u00e1 de los poderes injustos del mundo. Jes\u00fas responder\u00e1 a esa petici\u00f3n, pero de un modo pr\u00e1ctico, no te\u00f3rico.<\/p>\n<p>(5) Jerem\u00ed\u00adas. La autoridad de un profeta impotente. En el conjunto de la Biblia, el tema del poder de Dios se evoca y resuelve de una forma prof\u00e9ticomesi\u00e1nica, que est\u00e1 representada, de un modo especial, por Jerem\u00ed\u00adas y por Jes\u00fas. Ambos responden con su propia vida, cada uno a su manera, a las preguntas de Job. Empezamos por Jerem\u00ed\u00adas, que se ha convertido en s\u00ed\u00admbolo de la impotencia poderosa del profeta d\u00e9bil, representante del \u00abpoder\u00bb no impositivo de Dios: \u00abY yo dije: \u00c2\u00a1Ay, Adonai Yahv\u00e9! Mira que no s\u00e9 hablar, pues soy un muchacho. Y me dijo Yahv\u00e9: No digas: soy un muchacho, pues a todos a los que yo te env\u00ed\u00ade ir\u00e1s y todo lo que yo te ordene dir\u00e1s. No temas ante ellos, porque contigo estoy yo para salvarte\u00bb (Jr 1,6-7). (a) Profeta de la debilidad. Dios no elige al profeta para fortalecer a los autosuficientes de la tierra, sino todo lo contrario, para que desde su propia debilidad les muestre el riesgo de prepotencia en que se encuentran. Precisamente el profeta de la mayor debilidad puede ser testigo del poder de Dios. Contra el af\u00e1n que tienen los grandes de lavarse las manos, echando la culpa a los otros (mecanismo del chivo emisario), contra el orgullo de aquellos que dicen ser elegidos de Dios e intocables, pues tienen estructuras que parecen santas (templo, monarqu\u00ed\u00ada), se alza el profeta de la mayor debilidad, diciendo que los poderosos del pueblo son culpables. L\u00f3gicamente ha de sufrir: su tarea no es sencilla ni agradable, como indican las palabras finales del or\u00e1culo: \u00abY t\u00fa c\u00ed\u00ad\u00f1ete los lomos: lev\u00e1ntate y diles todo lo que yo te ordene. No tiembles ante ellos, para que no te haga temblar yo ante ellos. Mira, yo te constituyo hoy como ciudad inexpugnable, como columna de hierro y muralla de bronce frente a toda la tierra, para los reyes de Jud\u00e1 y sus pr\u00ed\u00adncipes, para los sacerdotes y el pueblo de la tierra. Luchar\u00e1n contra ti, pero no te vencer\u00e1n pues yo estoy contigo para salvarte, palabra de Yahv\u00e9\u00bb (Jr 1,17-19). Jerem\u00ed\u00adas sigue siendo el profeta d\u00e9bil por excelencia: el muchacho que no sabe hablar (Jr 1,6), el hombre que vive azotado por la sombra de su miedo, tal como lo indican sin cesar sus confesiones (Jr 11,18-21; 12,1-6; 15,10-21; 17,14-18; etc.), (b) El poder del profeta d\u00e9bil. Pero Dios le dice: \u00abNo tiembles ante ellos, para que no te haga temblar yo&#8230;\u00bb. Jerem\u00ed\u00adas no tiene m\u00e1s poder que la palabra; pero se trata de una palabra que es m\u00e1s fuerte que todas las fortalezas del mundo: \u00abMira,  yo te constituyo ciudad inexpugnable&#8230;\u00bb. Las im\u00e1genes se agolpan, en explosi\u00f3n militar: \u00c2\u00a1ciudad, columna, muralla!, \u00c2\u00a1hierro, bronce! Jerem\u00ed\u00adas, el pobre profeta tembloroso, viene a presentarse como signo supremo de la acci\u00f3n de Dios y puede m\u00e1s que todos los ej\u00e9rcitos del mundo (1,18). Dios mismo le ha dicho: \u00abLuchar\u00e1n contra ti pero no te vencer\u00e1n, porque contigo estoy&#8230;\u00bb. La fortaleza de Jerem\u00ed\u00adas es el mismo poder de Dios. Por s\u00ed\u00ad mismo es nada; pero puede todo desde el Dios que le acompa\u00f1a y le sostiene (Jr 1,14). Desde esta base se entiende el poder\u00ed\u00ado sufriente de Jerem\u00ed\u00adas a quien el Nuevo Testamento ha vinculado de manera muy significativa con Jes\u00fas, que es tambi\u00e9n signo de Dios desde su debilidad. Jerem\u00ed\u00adas (cf. Mt 16,14). El ha sido lo m\u00e1s opuesto a un guerrero, en el sentido convencional de ese t\u00e9rmino. Y sin embargo toda su vida fue una lucha: ha debido combatir a solas (o, mejor dicho, desde la palabra de Dios) contra reyes-pr\u00ed\u00adncipes-sacerdotes-pueblo, en un tipo de gran enfrentamiento prof\u00e9tico opuesto a las guerras de este mundo. No ha sido guerrero y, sin embargo, la palabra de Dios le ha confortado, haci\u00e9ndole ciudad inexpugnable, alguien a quien nadie logra derribar: no te vencer\u00e1n. Jerem\u00ed\u00adas responde de alg\u00fan modo a los problemas de Job. En esa l\u00ed\u00adnea avanza Jes\u00fas.<\/p>\n<p>(6) Jes\u00fas. La autoridad del crucificado. Muchos han entendido el mesianismo como experiencia y despliegue de un poder que los \u00abdelegados mesi\u00e1nicos\u00bb ejercen, imponi\u00e9ndose sobre los dem\u00e1s. As\u00ed\u00ad lo han tomado los dos zebedeos, Santiago y Juan, cuando han pedido a Jes\u00fas los primeros puestos en la Iglesia. Jes\u00fas les responde de manera tajante: \u00ab\u00c2\u00a1No sab\u00e9is lo que ped\u00ed\u00ads!&#8230; Los que parecen mandar a los pueblos los tiranizan y los grandes entre ellos los oprimen. No ha de ser as\u00ed\u00ad entre vosotros, sino al contrario: quien quiera ser grande sea vuestro servidor; y quien quiera ser primero sea esclavo de todos&#8230; Pues el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos\u00bb (Mt 10,42-45). El poder de este mundo aparece como un tipo de opresi\u00f3n racionalizada: quienes parecen mandar no mandan, son esclavos del sistema y opresores de los otros a quienes tiranizan; as\u00ed\u00ad pierden su propia libertad, vol vi\u00e9ndose siervos del poder que ejercen. Cerrada en s\u00ed\u00ad, la racionalidad del sistema tiende a pervertirse en forma de poder de opresi\u00f3n. Pues bien, Jes\u00fas eleva frente a ella una experiencia superior de gratuidad creadora, sin poder mundano. (a) Contra el poder de la iglesia zebedea. Jes\u00fas no quiere l\u00ed\u00adderes o jefes, para mandar bien, pues no ha venido a gobernar, sino a servir y dar su vida por todos, como verdadero Hijo del Hombre (invirtiendo el tema de Dn 7,14). La autoridad de Jes\u00fas es libertad para el amor, no poder sobre el sistema. As\u00ed\u00ad inicia con sus Doce (y con aquellos que le siguen) un camino de servicio personal, que invierte la estrategia del sistema. Esta renuncia al poder, expresada de forma ejemplar en el Hijo del Hombre, marca la inflexi\u00f3n y novedad del Evangelio. Dn 7,14 es todav\u00ed\u00ada Ley: ratifica la victoria legal del Poderoso, la venganza de Dios, el triunfo merecido de los israelitas buenos. Por el contrario, Mc 10,45 es Evangelio: como nuevo ser humano, verdadero Hijo de Hombre, signo de Dios, Jes\u00fas ha iniciado el camino del amor sin poder. Esta es su redenci\u00f3n, su propia vida. No tiene que pagar nada a Dios, no tiene que expiar ante \u00e9l por ning\u00fan tipo de culpa; simplemente ama y ofrece el amor de Dios como servicio en medio de una tierra dominada por el deseo de poder, por la violencia del sistema. Pues bien, olvidando esa palabra y asumiendo el camino que hab\u00ed\u00adan querido seguir los zebedeos, la Iglesia ha deseado convertirse muchas veces en sistema de poder divino con buenos gobernantes y organismos de control sobre el conjunto de los fieles. Pero Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada establecido un movimiento de amor y servicio personal, no un sistema sacral (con buenos administradores), ni una escuela de iniciados, regida por doctores de la nueva ley, m\u00ed\u00adsticos de interioridad. Frente a la organizaci\u00f3n mesi\u00e1nica de los zebedeos, que intentan racionalizar su movimiento con el poder de Dios para gobernar sobre los dem\u00e1s, Jes\u00fas ha ofrecido un proyecto de unidad fraterna no desde el poder de algunos, sino desde el amor y servicio de todos (Mc 10,45). (b) Contra el poder de la iglesia sat\u00e1nica. El mismo Diablo de la tentaci\u00f3n eleva a Jes\u00fas sobre el monte que domina sobre todos los reinos de la tierra y le ofrece el poder supremo en todos ellos: \u00ab\u00c2\u00a1todas estas cosas te dar\u00e9, si  postr\u00e1ndote me adoras!\u00bb (Mt 4,9). Sobre ese monte c\u00f3smico emerge el Diablo, como poder divino sobre Jes\u00fas, ofreci\u00e9ndole el dominio sobre los humanos. Los fariseos de Mt 12,22-32 acusan a Jes\u00fas de estar pose\u00ed\u00addo por el Diablo, pues realiza con el poder de Be\u00e9lzebid sus exorcismos. Como delegado diab\u00f3lico, Jes\u00fas habr\u00ed\u00ada podido convertirse en Cristo pol\u00ed\u00adtico del cosmos, due\u00f1o de todos los poderes de la tierra. El poder \u00abdivino\u00bb de Jes\u00fas ser\u00ed\u00ada en el fondo diab\u00f3lico, en l\u00ed\u00adnea de imposici\u00f3n (adoraci\u00f3n). Como la literatura ha destacado con frecuencia, para conseguir el poder sobre la tierra es necesario vender el alma al Diablo. Pero Jes\u00fas no intenta dominar el mundo con dineros o milagros, no pretende ser Mes\u00ed\u00adas para imponerse sobre los dem\u00e1s, organizando as\u00ed\u00ad desde arriba la vida de los hombres, sino para servirles, en gesto de liberaci\u00f3n gratuita. Por eso expulsa al Diablo, utilizando las palabras que m\u00e1s tarde emplear\u00e1 cuando rechace a Pedro, que ha querido separarle del camino de la entrega de la vida: \u00ab\u00c2\u00a1ap\u00e1rtate [de m\u00ed\u00ad] Satan\u00e1s!\u00bb (Mt 4,10; 16,23). Estamos, sin duda, ante un riesgo eclesial: el riesgo de querer construir la obra de Jes\u00fas con un poder \u00abdivino\u00bb que es sat\u00e1nico, imponi\u00e9ndose por encima de los otros.<\/p>\n<p>(7) Se me ha dado toda autoridad en cielo y tierra. Jes\u00fas rechaza el camino del poder impositivo, de tal manera que al final puede presentarse ante los disc\u00ed\u00adpulos, en la monta\u00f1a pascual, como aquel a quien Dios (y no el Diablo) \u00able ha dado toda autoridad [exousia] en cielo y tierra\u00bb (Mt 28,18). Jes\u00fas aparece as\u00ed\u00ad como Mes\u00ed\u00adas de la Autoridad, es decir, de la entrega salvadora de la vida y no de la imposici\u00f3n. Jes\u00fas no tiene \u00abpoder\u00bb para dominar sobre nadie, no puede imponerse por la fuerza, pues si lo hiciera no ser\u00ed\u00ada el mes\u00ed\u00adas crucificado, el Cristo de Dios. Jes\u00fas s\u00f3lo tiene autoridad para crear, en la l\u00ed\u00adnea de Gn 1,1, donde se dice que \u00aben el principio cre\u00f3 Dios el cielo y tierra\u00bb. Dios no tiene autoridad para destruir, sino s\u00f3lo para crear. Tampoco Jes\u00fas tiene autoridad para condenar, sino s\u00f3lo para salvar, dando su vida por muchos, es decir, por todos (cf. Mc 1,45). Jes\u00fas no tiene poder para tomar los reinos del mundo e imponerse por fuerza a los dem\u00e1s, como pretende el Diablo de Lc 4,5, cuando dice que to dos los reinos son suyos y que puede manejarlos a su capricho. Jes\u00fas no tiene poder de esa manera, no puede manejar los reinos a capricho, pero tiene y ofrece a sus disc\u00ed\u00adpulos la exousia o autoridad para abrir un camino de discipulado y salvaci\u00f3n universal sobre la tierra (cf. Mt 28,18-20). De esa manera responde en la pr\u00e1ctica a las preguntas que hab\u00ed\u00ada formulado Job.<\/p>\n<p>Cf. J. M. ASURMENDI, Job. Experiencia del mal, experiencia de Dios, Verbo Divino, Estella 2001; R. GIRARD, La ruta antigua de los hombres perversos, Anagrama, Barcelona 1989; A. GONZ\u00ed\u0081LEZ, Teolog\u00ed\u00ada de la praxis evang\u00e9lica. Ensayo de una teolog\u00ed\u00ada fundamental, Sal Terrae, Santander 1999; Reinado de Dios e Imperio. Ensayo de Teolog\u00ed\u00ada social, Sal Terrae, Santander 2003; G. GUTIERREZ, Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente. Una reflexi\u00f3n sobre el libro de Job, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1988; C. MACIEL y R. LUGO. Las trampas del poder: reflexiones sobre el poder en la Biblia, Dabar, M\u00e9xico DF 1994; C. G. JUNG, Respuesta a Job, FCE, M\u00e9xico 1973; E. STAUFFER, Cristo y los C\u00e9sares, Escerlicer, Madrid 1956.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(-> autoridad, misericordia, sabidur\u00ed\u00ada, jidcio, Job). En principio es un atributo de Dios, que aparece en todo el Antiguo Testamento como poderoso, creador de cielo y tierra (como reconoce el Credo cristiano). 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