{"id":15872,"date":"2016-02-05T10:18:18","date_gmt":"2016-02-05T15:18:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/presos-prision\/"},"modified":"2016-02-05T10:18:18","modified_gmt":"2016-02-05T15:18:18","slug":"presos-prision","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/presos-prision\/","title":{"rendered":"PRESOS, PRISION"},"content":{"rendered":"<p>(-> [a\u00f1o] sab\u00e1tico, jubileo, libertad). El tema de la prisi\u00f3n ocupa un lugar significativo en el conjunto de la Biblia, que es libro de liberaci\u00f3n y libertad escatol\u00f3gica. Est\u00e1 relacionado con el \u00e9xodo, entendido como liberaci\u00f3n de la esclavitud de Egipto, y el cautiverio de los jud\u00ed\u00ados en Babilonia. Los cristianos vinculan el tema a la historia de Jes\u00fas y a la experiencia y mensaje de la Iglesia.<\/p>\n<p>(1) Tradici\u00f3n prof\u00e9tica. Libertad para los cautivos. Dejamos el tema del \u00e9xodo* y de las leyes de liberaci\u00f3n del a\u00f1o sab\u00e1tico, para centrarnos en el mensaje prof\u00e9tico de la escuela de Isa\u00ed\u00adas, que  ha influido de un modo intenso en la vida de Jes\u00fas (Evangelio*). Los israelitas no eran entonces esclavos, sino cautivos: prisioneros y exiliados, en una tierra extra\u00f1a. Pues bien, como promotor de libertad de esos cautivos, ha proclamado su texto un profeta o grupo de profetas que act\u00faan hacia el final del exilio, en Babilonia (en torno al 540 a.C.), y cuyos poemas, recogidos en Is 40-55, reciben el nombre de Segundo Isa\u00ed\u00adas. Estos israelitas est\u00e1n cautivos, pero les sostiene la esperanza de la libertad, anunciada por el profeta y encarnada por la figura de un siervo, que es signo del mismo pueblo israelita, que asume el sufrimiento como experiencia y camino de libertad. \u00abYo, Yahv\u00e9, te he llamado para la justicia, te he tomado de la mano y te he guardado y te he constituido: alianza del pueblo y luz para las naciones. Para que abras los ojos a los ciegos y saques de la c\u00e1rcel a los presos y de la prisi\u00f3n a los que moran en las tinieblas\u00bb (Is 42,6-7). El exilio en Babilonia se interpreta as\u00ed\u00ad como un c\u00e1rcel donde los israelitas se encuentran encerrados, sin poder desplegar su vida en libertad. Ellos est\u00e1n como en prisi\u00f3n: moran encerrados, bajo la tiniebla de unos muros que no les permiten ver el sol. L\u00f3gicamente, la primera tarea del Siervo, delegado de Dios en la tierra, ser\u00e1 la de ofrecer libertad a esos cautivos y\/o presos israelitas, para que puedan desplegar su vida en libertad. Este es el mito religioso, la utop\u00ed\u00ada social del Segundo Isa\u00ed\u00adas, que entiende y promueve la vida de los hombres y mujeres de su pueblo como gran marcha que lleva, a trav\u00e9s del desierto de la vida actual, hacia el futuro de la libertad. Por eso ha destacado la experiencia del camino: puede quedar lejos la meta, siempre buscada, nunca conseguida, pero la marcha de la libertad debe comenzar. \u00abAs\u00ed\u00ad dice Yahv\u00e9, el que me constituy\u00f3 Siervo suyo desde el seno materno, para que trajese a Jacob, para que reuniese a Israel&#8230; Te he guardado y te he constituido alianza del pueblo, para restaurar la tierra, para repartir heredades asoladas, para decir a los presos: Salid; a los que est\u00e1n en tinieblas: Venid a la luz. Por los caminos pacer\u00e1n, y en todas las alturas desoladas pastar\u00e1n. Convertir\u00e9 mis montes en camino, y mis senderos se nivelar\u00e1n. Mira, \u00e9stos vendr\u00e1n de lejos; unos del Norte y Poniente, otros de Sinim\u00bb (cf. Is 49,512). Aqu\u00ed\u00ad se identifican los presos\/cautivos con aquellos que viven en tiniebla, pues no pueden contemplar la luz de Dios, la verdadera humanidad. El profeta, enviado mesi\u00e1nico, realiza la funci\u00f3n de Siervo, como Ministro de la Liberaci\u00f3n, para establecer nuevamente la alianza de los hombres y mujeres con Dios, para repartir de nuevo las tierras, abriendo as\u00ed\u00ad un camino de liberaci\u00f3n. Desde esta base puede entenderse el gran canto del rescate, que empieza con las palabras de llamada solemne: \u00ab\u00c2\u00a1Despierta, despierta, rev\u00ed\u00adstete de fuerza, brazo de Yahv\u00e9! Los rescatados de Yahv\u00e9 volver\u00e1n, vendr\u00e1n a Si\u00f3n con c\u00e1nticos&#8230; Pero \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 la furia del opresor? Se apresuran a liberar al encadenado. Pues yo soy Yahv\u00e9 tu Dios, que agita el mar y mugen sus olas&#8230;\u00bb (Is 51,10-15). La revelaci\u00f3n de Dios se expresa en forma de libertad y plenitud de vida para el pueblo. Pues bien, el profeta sabe que esa libertad es imposible sin la destrucci\u00f3n de los poderes opresores que aparecen de forma m\u00ed\u00adtica y social. Eso significa que la historia es un camino conflictivo: la c\u00e1rcel de un sistema de opresi\u00f3n s\u00f3lo se puede romper si es que se rompen y superan los poderes de muerte que estaban en su fondo. Pues bien, nuestro profeta sabe que las opresiones pasan, que todos los sistemas sociales fundados en la muerte resultan muy deficientes y fr\u00e1giles. Los poderes del mundo suscitan formas de opresi\u00f3n, que el contexto de nuestro pasaje ha evocado de forma m\u00ed\u00adtica (recordando los monstruos de los viejos relatos religiosos de Oriente). Pues bien, frente a esos poderes monstruosos se eleva y revela el nuevo Dios de la libertad, que se manifiesta a s\u00ed\u00ad mismo rompiendo las c\u00e1rceles y abriendo para los israelitas un camino de vida. Nos hallamos ante la m\u00e1s honda experiencia de creaci\u00f3n y recreaci\u00f3n: all\u00ed\u00ad donde los hombres y mujeres pueden iniciar un camino de libertad se expresa y triunfa mesi\u00e1nicamente la obra creadora\/liberadora de Dios. Desde esa perspectiva, el profeta presenta a los pobres (encadenados, cautivos) como protagonistas de su propia libertad.<\/p>\n<p>(2) Experiencia cristiana. Jes\u00fas preso. La visi\u00f3n cristiana de las c\u00e1rceles se centra en la historia de Jes\u00fas, el Dios encarcelado (cf. Mt 25,31-46: \u00ab\u00c2\u00a1estuve en  la c\u00e1rcel!\u00bb). El Evangelio no es la religi\u00f3n de un Dios que se manifiesta como totalidad sagrada, ni como experiencia de una trascendencia espiritualista, sino como revelaci\u00f3n hist\u00f3rica, personal, concreta del verdadero Dios (apresado y crucificado), a quien vemos como el Hombre verdadero. Desde ah\u00ed\u00ad queremos presentar algunos rasgos del Jes\u00fas cautivo o preso, a quien veneran los cristianos: (a) Jes\u00fas, preso traicionado. No le han detenido s\u00f3lo por maldad especial del sistema (\u00c2\u00a1el sistema no puede ser distinto!) o por sus provocaciones y denuncias prof\u00e9ticas, sino tambi\u00e9n porque un disc\u00ed\u00adpulo\/amigo le ha traicionado y los dem\u00e1s le han abandonado (cf. Mc 14,43-50.66-72), como tantas veces pasa a lo largo de la historia. En las c\u00e1rceles actuales sigue habiendo muchos traicionados, entregados por amigos. La negaci\u00f3n de Pedro, el abandono de los Doce y la traici\u00f3n de Judas se inscriben dentro de la l\u00f3gica de una sociedad cuya violencia penetra en las mismas estructuras de la vida familiar. Conforme al sistema, los amigos de Jes\u00fas han realizado una obra buena, abandonando (y\/o entregando) al rebelde y\/o peligroso, para bien del pueblo (como ratificar\u00e1 Caif\u00e1s en Jn 11,45-53). (b) Preso entregado por conveniencia. Decimos que era inocente; m\u00e1s a\u00fan, le llamamos el justo por excelencia. Pero el tema de su inocencia personal acaba siendo secundario. La raz\u00f3n decisiva de su entrega y condena fue la oportunidad pol\u00ed\u00adtica y social, es decir, el mantenimiento del orden del sistema. Ciertamente, gran parte de los juicios de nuestros pa\u00ed\u00adses democr\u00e1ticos son legales en un plano jur\u00ed\u00addico: tribunales y c\u00e1rceles constituyen un elemento b\u00e1sico del funcionamiento de la sociedad. Pero en el fondo de su legalidad laten razones de conveniencia pol\u00ed\u00adtica y equilibrio social. Jes\u00fas fue condenado \u00ablegalmente\u00bb, porque as\u00ed\u00ad lo exig\u00ed\u00ada el bien del pueblo, es decir, la paz que se entiende en clave de poder (cf. Jn 11,45-53). (c) Preso mercanc\u00ed\u00ada. Sacerdotes y Pilato han buscado su provecho, minti\u00e9ndose entre s\u00ed\u00ad y utilizando a sus presos (Jes\u00fas o Barrab\u00e1s) para conseguir unas ventajas pol\u00ed\u00adticas y\/o sociales (cf. Mc 15,6-15 par). Barrab\u00e1s, preso famoso (cf. Mt 27,16 par), puede ser un personaje hist\u00f3rico; pero quiz\u00e1 es m\u00e1s bien un s\u00ed\u00admbolo de los soldados (guerrilleros) de la resistencia antirromana. Sea como fuere, \u00e9l y Jes\u00fas apare cen como moneda de cambio en la lucha de poderes de la jerarqu\u00ed\u00ada civil y religiosa. Los presos pueden utilizarse y se utilizan como medio de presi\u00f3n. Es como si ellos no contaran; lo que cuentan son los intereses del sistema&#8230; Pues bien, en nuestro caso, el sistema prefiere la libertad de Barrab\u00e1s (guerrillero mejor controlable) que la de Jes\u00fas, a quien el sistema no puede controlar, (d) Jes\u00fas, preso torturado (Mc 14,63-64; 15,16-20). Ciertamente, nuestra sociedad occidental suele evitar las torturas adicionales contra personas que sufren una gran condena y, sobre todo, en casos de condenados a muerte. En ese sentido, la rabia de los sacerdotes y la parodia de los soldados romanos que se r\u00ed\u00aden de Jes\u00fas nos parece desproporcionada. Pero, en alg\u00fan sentido, todo nuestro sistema penal funciona como m\u00e1quina de tortura, como un medio para conseguir informaciones o para disuadir a los contrarios (descargando el miedo en los adversarios). Es dif\u00ed\u00adcil evitar que la c\u00e1rcel no implique un menosprecio de los encarcelados a quienes encierra y a\u00ed\u00adsla en condiciones duras. Jes\u00fas, el torturado, sigue elevando su protesta frente a una sociedad que a\u00fan tortura a sus disidentes.<\/p>\n<p>(3) Jes\u00fas, preso condenado a muerte. Gran parte de nuestras sociedades occidentales han abolido, gracias a Dios, la pena de muerte y en ese sentido parecen mejores que aquella que crucific\u00f3 a Jes\u00fas. Pero el mismo sistema carcelario puede interpretarse como un tipo de pena de muerte: los presos no s\u00f3lo pierden los mejores a\u00f1os de su vida, sino que padecen (contraen) enfermedades ps\u00ed\u00adquicas y corporales que adelantan su muerte (el promedio de \u00absuicidios\u00bb en la c\u00e1rcel es muy elevado). Quiz\u00e1 nos hemos acostumbrado, pero el signo de un hombre al que condenan a morir lentamente, torturado en la cruz, hasta que resista, es lo m\u00e1s horrible que puede imaginarse. Es el signo de todos los condenados. La contemplaci\u00f3n de un crucificado resulta insoportable, a no ser que la banalicemos (ri\u00e9ndonos en el fondo de lo que ella significa) o la interpretemos como revelaci\u00f3n espiritual (pero no hist\u00f3rica) de Dios y de su Reino. Ante la visi\u00f3n del crucificado pasan a segundo plano las razones de legalidad o justicia del orden establecido. Un sistema que para defenderse tiene que actuar de forma terrorista, elevando a los  crucificados como Jes\u00fas ante la puerta de la gran ciudad, para horror de otros posibles disidentes, es sin duda inhumano. Ante Jes\u00fas y sus compa\u00f1eros muriendo en la cruz por tortura legal, cesan todas las razones de legalidad te\u00f3rica y defensa del sistema. Ciertamente, la sociedad puede seguir buscando y empleando argumentos de tali\u00f3n: \u00c2\u00a1que los culpables sigan en la c\u00e1rcel, que cumplan lo merecido, que sufran las consecuencias de sus actos! En un sentido, esas razones contin\u00faan siendo v\u00e1lidas, para avalar el orden del sistema. Pero la comunidad cristiana tiene un argumento m\u00e1s profundo: por encima de los juicios de condena y muerte de este mundo se eleva la figura de Jes\u00fas crucificado, que ha muerto con (por) todos los asesinados de la historia.<\/p>\n<p>(4) Tarea eclesial. Liberar y visitar a los cautivos. Dentro del Nuevo Testamento la visi\u00f3n m\u00e1s intensa y detallada de la c\u00e1rcel aparece en la vida y mensaje de Pablo*, especialmente en su carta personal a los Filipenses y en la visi\u00f3n de conjunto de 2 Timoteo*. Sin embargo, la misi\u00f3n de los cristianos en este contexto ha sido expresada, de formas complementarias, por Lc 4.18-19 y Mt 25,31-36. (a) Liberar a los presos: \u00abEl Se\u00f1or me ha ungido para evangelizar a los pobres; por eso me ha enviado para ofrecer la libertad a los presos y la vista a los ciegos; para enviar en libertad a los oprimidos y proclamar el a\u00f1o de gracia del Se\u00f1or\u00bb (Lc 4.18-19). Jes\u00fas asume el mensaje de Is 61,1-3, pero con un cambio significativo: prescinde del a\u00f1o de la venganza de Dios (que crea nuevas c\u00e1rceles) y anuncia la libertad para todos los presos, conforme a una visi\u00f3n universalista del jubileo, (b) Visitar a los presos: \u00abTuve hambre y me disteis de comer&#8230;, fue extranjero y me acogisteis, desnudo y me vest\u00ed\u00adsteis, enfermo y me visitasteis, estuve en la c\u00e1rcel y vinisteis a m\u00ed\u00ad\u00bb (cf. Mt 25,31-46). Estas palabras, que recogen de forma cristol\u00f3gica la experiencia cristiana de ayudar a los necesitados, empezando por los hambrientos y culminando por los presos, se sit\u00faan dentro de un contexto realista en el que resulta imposible liberar a los presos, dentro de una sociedad estructurada de un modo violento. Pues bien, en este contexto, el evangelio pide que se les visite, invirtiendo as\u00ed\u00ad la din\u00e1mica social del encarcelamiento. Este es el texto clave de la misi\u00f3n social de la Iglesia.<\/p>\n<p>Cf. R. E. BROWN, La muerte del Mes\u00ed\u00adas I, Verbo Divino, Estella 2005; X. Pikaza, Dios Preso, Sec. Trinitario, Salamanca 2005.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(-> [a\u00f1o] sab\u00e1tico, jubileo, libertad). 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