{"id":15875,"date":"2016-02-05T10:18:24","date_gmt":"2016-02-05T15:18:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/promesa-de-la-tierra\/"},"modified":"2016-02-05T10:18:24","modified_gmt":"2016-02-05T15:18:24","slug":"promesa-de-la-tierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/promesa-de-la-tierra\/","title":{"rendered":"PROMESA DE LA TIERRA"},"content":{"rendered":"<p>(-> tierra, elecci\u00f3n, Abrah\u00e1n, conquista). Se ha dicho que el hombre es un ser que puede prometer, es decir, anticipar un futuro, ofreciendo de esa forma una raz\u00f3n para actuar de una forma comprometida. Pues bien, el Dios israelita es un Dios que promete, de tal manera que entre sus tradiciones m\u00e1s antiguas (junto a la del pacto y la del \u00e9xodo) est\u00e1 la tradici\u00f3n de las promesas de los hijos (descendenciapueblo) y de la tierra.<\/p>\n<p>(1) Antepasados de los israelitas. Hombres sin tierra, pocos en n\u00famero. Probablemente, los patriarcas eran \u00e1rameos trashumantes, semin\u00f3madas que iban y volv\u00ed\u00adan conduciendo su reba\u00f1o entre las tierras de pastos invernales y estivales. En tiempo de lluvia (invierno y primavera) pod\u00ed\u00adan mantenerse en sus lugares de la estepa transjordana. Al acercarse el verano cruzaban el Jord\u00e1n y se acercaban a la tierra cultivada, llevando sus ovejas y sus cabras a los campos de Cana\u00e1n (de Palestina). Adoraban al Dios de la familia: Dios de Abrah\u00e1n (Gn 26,24; 28,13; 32,10), Terrible de Isaac (Gn 31,42) o Fuerte de Jacob (Gn 49,24). Este Dios no se hallaba en principio vinculado con la tierra, no era Dios de un santuario, ni garante de los ciclos de la vida vegetal, sino que se encontraba estrechamente vinculado a un peque\u00f1o pueblo de pastores itinerantes, a los que guiaba y proteg\u00ed\u00ada en su trashumancia. Pues bien, en un momento dado, los pastores trashumantes pensaron que su mismo Dios les promet\u00ed\u00ada una familia abundante (muchos  hijos) y una tierra propia, donde podr\u00ed\u00adan asentarse y poseerla, sin tener que seguir peregrinando.<\/p>\n<p>(2) Promesa de tierra, promesa de descendencia. Ambas promesas, de la tierra y de la descendencia, se encuentran vinculadas, de tal forma que el Dios de Abrah\u00e1n e Isaac viene a presentarse como el Dios de la Promesa de la tierra y de la descendencia numerosa, es decir, del pueblo de Israel. Resulta dif\u00ed\u00adcil definir la tradici\u00f3n primera. Quiz\u00e1 hubiera en el fondo una experiencia de los mismos patriarcas (o sus sucesores) que, en or\u00e1culo sacral o a trav\u00e9s de una visi\u00f3n nocturna, pensaron (sintieron) que Dios mismo les hac\u00ed\u00ada due\u00f1os (o herederos) de la tierra por donde caminaban como hu\u00e9spedes o siervos, prometi\u00e9ndoles, al mismo tiempo, muchos hijos, un pueblo numeroso. Quiz\u00e1 influy\u00f3 tambi\u00e9n la tradici\u00f3n de los hebreos liberados de Egipto, que buscaban nueva tierra. Unos y otros (patriarcas n\u00f3madas, liberados de Egipto) han formado un pueblo grande, sobre una tierra propia. As\u00ed\u00ad lo recuerdan las promesas patriarcales, centradas sobre todo en la figura de Abrah\u00e1n*: \u00abPero Yahv\u00e9 dijo a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostrar\u00e9. Y har\u00e9 de ti una naci\u00f3n grande, y te bendecir\u00e9, y engrandecer\u00e9 tu nombre, y ser\u00e1s bendici\u00f3n. Bendecir\u00e9 a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldecir\u00e9; y ser\u00e1n benditas en ti todas las familias de la tierra\u00bb (Gn 12,1-3). \u00abDios lo llev\u00f3 fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: As\u00ed\u00ad ser\u00e1 tu descendencia. Y crey\u00f3 a Yahv\u00e9, y le fue contado por justicia&#8230; Aquel d\u00ed\u00ada jur\u00f3 Yahv\u00e9 con juramento, dici\u00e9ndole a Abrah\u00e1n: \u00c2\u00a1a tu descendencia dar\u00e9 esta tierra!\u00bb (Gn 15,5-7.18). \u00abBendecir\u00e9, y multiplicar\u00e9 tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que est\u00e1 a la orilla del mar; y tu descendencia poseer\u00e1 las puertas de sus enemigos (Gn 22,17). Los textos son complejos y provienen de distintas \u00e9pocas, pero reflejan una misma tradici\u00f3n: Dios promete a Abrah\u00e1n (= Abram) los dos bienes supremos: una familia numerosa (un pueblo, una naci\u00f3n) y una tierra propia para morar tranquilo en ella.<\/p>\n<p>(3) Promesa de Dios: un pueblo, una tierra. En Gn 15, la promesa de Diosaparece ligada a un juramento sagrado: pasando en forma de fuego entre las partes cuarteadas de una novilla (y otros animales sacrificados), Dios jura a Abrah\u00e1n que sus hijos ser\u00e1n due\u00f1os de la tierra (Gn 15,13.15), viniendo a presentarse de esa forma como garante de existencia para el pueblo. As\u00ed\u00ad dice Dios a Jacob, \u00abnieto\u00bb de Abrah\u00e1n: \u00abHe aqu\u00ed\u00ad que Dios estaba en pie delante de Jacob y le dijo: Yo soy Yahv\u00e9, el Dios de Abrah\u00e1n, tu padre, el Dios de Isaac. La tierra donde est\u00e1s tendido a ti te la dar\u00e9 y a tu descendencia\u00bb (Gn 28,13). Este pasaje unifica, en forma de genealog\u00ed\u00ada, a los tres patriarcas que en principio pod\u00ed\u00adan hallarse desligados (como padres ep\u00f3nimos de grupos distintos). Una misma situaci\u00f3n social ha vinculado a diversos hebreos trashumantes, que quer\u00ed\u00adan hacerse propietarios de la tierra: unos se llamaban \u00abhijos de\u00bb Abrah\u00e1n, otros de Isaac, otros de Jacob. Sus descendientes les han unido, formando con ellos un \u00e1rbol geneal\u00f3gico. De manera semejante han vinculado su experiencia religiosa: el Dios que ha dirigido sus caminos (los caminos, esperanzas y pesares de todos los hebreos) les ha unido en una misma gran Promesa, centrada en la descendencia y en la tierra. Les une el Dios de la tierra, relacionada con las fuentes de la vida: las estrellas del cielo y las praderas para los reba\u00f1os, con el descanso de la casa (sin necesidad de andar errantes por el mundo). Les une el Dios de la familia, que garantiza la permanencia de la vida y la abundancia del pueblo.<\/p>\n<p>(4) La fe en el Dios de las promesas. Este es, ante todo, el Dios de la palabra, Dios que ofrece su promesa al patriarca sin hijos y sin tierra: \u00abCuenta, si puedes, las estrellas; as\u00ed\u00ad de numerosa ser\u00e1 tu descendencia. Crey\u00f3 a Yahv\u00e9 y Yahv\u00e9 cumpli\u00f3 lo prometido\u00bb (cf. Gn 15,15). Esta es la fe del que conf\u00ed\u00ada en la palabra de Dios. Es la fe de un grupo trashumante, que camina (peregrina) amenazado, recorriendo con un peque\u00f1o grupo una tierra donde habitan otros pueblos m\u00e1s numerosos, que imponen su dominio, como se\u00f1ores de las fuertes ciudades militares. Es la fe de aquellos que no tienen m\u00e1s riqueza que su propio caminar y la confianza que se ofrecen unos a los otros. L\u00f3gicamente, Dios se muestra para ellos como Promesa de futuro (de tierra y  familia). De esta forma se unifican desde Dios presente y futuro. El presente se enriquece de futuro y los hebreos pueden caminar, pues creen: saben que sus pasos no son vanos, van tendiendo hacia un futuro de tierra y descendencia. Estos son sus valores primordiales, \u00e9stos los signos fundantes de Dios: una tierra (campo, casa), una familia (mujer, hijos); \u00e9stos fueron para los hebreos m\u00e1s antiguos los signos primordiales de Dios en este mundo.<\/p>\n<p>(5) Dios de la familia y de la tierra. Estas Promesas patriarcales son todav\u00ed\u00ada fundamentales para millones de personas, cristianas o no cristianas, que siguen vinculando a Dios con la familia (el pueblo) y con la tierra, sobre todo en los pa\u00ed\u00adses del tercer mundo. Este es el Dios de las familias y los pueblos amenazados, que se encuentran, al borde de la ruina y exterminio de los propios grupos, con el miedo de que se extinga la familia, de que acabe y termine el propio pueblo. Este es el Dios de la tierra, que est\u00e1 vinculado con todo lo que ella significa: el don primero de la vida, el suelo en que nacemos, el campo que nos alimenta, la tumba que recoge nuestro cuerpo. Ciertamente, Dios no es tierra, no se identifica con el mundo (en contra de los viejos mitos c\u00f3smicos), pero se revela y manifiesta por la tierra: por ella nos bendice, por ella nos ofrece su asistencia. As\u00ed\u00ad aparece sobre todo en los lugares donde millones de persona carecen de propiedad, dominados por las grandes multinacionales del poder o del dinero que les arrebatan lo que m\u00e1s quieren, lo \u00fanico que han tenido: una tierra donde habitar en fraternidad. Esta uni\u00f3n (tierra y pueblo) pertenece a la experiencia de muchas religiones antiguas que acent\u00faan la unidad sagrada de los hombres y mujeres con el campo (espacio) de su vida. En esa l\u00ed\u00adnea se sit\u00faa la Biblia israelita, aunque ella ofrece quiz\u00e1 algunas notas peculiares. Los mitos paganos interpretan la tierra como diosa-madre: ella es al mismo tiempo cuna y tumba, principio y fin de la existencia para los humanos. De la tierra hemos venido y a la madre tierra vamos, como indican los mitos m\u00e1s variados de Oriente y Occidente, de Am\u00e9rica y de Africa. La Promesa israelita ha interpretado la tierra como futuro de justicia: lugar donde todos los hombres y mujeres pueden vincularse de un modo gratuito, superando la in justicia del momento actual en el que s\u00f3lo algunos la poseen como dictadores, esclavizando a todos los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>(6) Conclusi\u00f3n. En ese contexto se entiende la religi\u00f3n de Israel como experiencia de una promesa de Dios que mantiene abierta la esperanza de los hombres. Dios aparece as\u00ed\u00ad como principio portador de las promesas: es aquel que ha prometido salvaci\u00f3n y mantiene su palabra, ofreciendo a los hombres una tierra, una esperanza de futuro (cf. Nm 10,29; Dt 1,11; 9,28). Por eso, a pesar de su aparente fijaci\u00f3n legal (o precisamente por ella), el judaismo ha sido una religi\u00f3n abierta: sus leyes y ritos, su misma unidad nacional, son una promesa y garant\u00ed\u00ada de salvaci\u00f3n de Dios para el conjunto de la humanidad. Pero los jud\u00ed\u00ados piensan que no ha llegado todav\u00ed\u00ada el tiempo del cumplimiento de esas promesas; por eso no han querido ni quieren convertir por ahora al judaismo a los restantes pueblos de la tierra, hasta que llegue el momento determinado por Dios. En contra de eso, los cristianos confiesan que las promesas se han cumplido ya en el Cristo, de manera que Dios aparece como aquel que ha recordado su misericordia, cumpliendo su palabra (cf. Lc 1,54-55), es decir, su juramento salvador (cf. Lc 1,73; cf. Rom 4,21; Heb 11,11.13). Fundados en esa certeza, los cristianos siguen esperando en Cristo el cumplimiento total de las promesas, como Pablo ha destacado (cf. Rom 8).<\/p>\n<p>Cf. X. PIKAZA, Tierra y promesa de Dios. La Biblia y la teolog\u00ed\u00ada de la historia, Fax, Madrid 1973; E. PASCUAL CALVO, La Promesa de la &#8216;Adamah en el Pentateuco, Universidad Complutense, Madrid 1989; R. DE VAUX, Historia antigua de Israel I-II, Cristiandad, Madrid 1975.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(-> tierra, elecci\u00f3n, Abrah\u00e1n, conquista). Se ha dicho que el hombre es un ser que puede prometer, es decir, anticipar un futuro, ofreciendo de esa forma una raz\u00f3n para actuar de una forma comprometida. 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