{"id":15877,"date":"2016-02-05T10:18:28","date_gmt":"2016-02-05T15:18:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/prostitucion-prostituta\/"},"modified":"2016-02-05T10:18:28","modified_gmt":"2016-02-05T15:18:28","slug":"prostitucion-prostituta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/prostitucion-prostituta\/","title":{"rendered":"PROSTITUCION, PROSTITUTA"},"content":{"rendered":"<p>(-> Apocalipsis, juicio, condena). La prostituci\u00f3n aparece en la Biblia desde los tiempos m\u00e1s antiguos tanto en la tierra de Israel (Gn 28,15), como en los pa\u00ed\u00adses del entorno (Je 16,1; Prov 2,16; 29,3). Ella ha sido especialmente condenada en dos casos: (a) un sacerdote, y especialmente el Sumo Sacerdote, no puede casarse con una prostituta, pues ello implicar\u00ed\u00ada un riesgo para su santidad y, sobre todo, para la limpieza geneal\u00f3gica de sus hijos (cf. Lv 21,7.14); (b) un padre no puede prostituir a su hija para lograr as\u00ed\u00ad ganancias econ\u00f3mica (cf. Lv 19,29). En estos casos, la prostituci\u00f3n se entiende en su sentido literal. Pero, como suele suceder en otros pueblos, las palabras vinculadas con la prostituci\u00f3n han tomado pronto  un car\u00e1cter simb\u00f3lico, de tipo casi siempre religioso y negativo. En este contexto debemos poner de relieve el hecho de que, por contaminaci\u00f3n patriarcalista, el Antiguo Testamento presenta como prostitutas a mujeres que, estrictamente hablando, no lo son, sino que poseen y ejercen una independencia social que las hace aut\u00f3nomas ante la sociedad o ante su misma familia. Los casos m\u00e1s famosos son los de Rajab*, la \u00abhospedera\u00bb de Jeric\u00f3, que recibe a los esp\u00ed\u00adas de Israel (Jos 2,1-3; 6,17-25), y la \u00abconcubina\u00bb* del levita de Je 19,1-3. M\u00e1s que prostitutas en el sentido normal, ellas son mujeres que gozan de una libertad particular, sea en contexto social, sea en contexto matrimonial.<\/p>\n<p>(1) Casos especiales. Evocamos algunos casos en los que el simbolismo de la prostituci\u00f3n tiene un papel importante para la Biblia, (a) Prostitutos sagrados. Han sido especialmente condenados en Israel los prostitutos y prostitutas sagrados (llamados santos y santas: de la ra\u00ed\u00adz qds), vinculados al culto de algunos templos cananeos o de otras ciudades del entorno. En este contexto se sit\u00faa la famosa ley del Deuteronomio: \u00abNo traer\u00e1s la paga de una prostituta ni el precio de un perro [= prostituto sagrado] a la casa de Yahv\u00e9 tu Dios por ning\u00fan voto; porque abominaci\u00f3n es a Yahv\u00e9 tu Dios tanto lo uno como lo otro\u00bb (Dt 23,18). En este contexto parece suponerse que en alg\u00fan momento ha existido dentro del mismo templo de Yahv\u00e9 alg\u00fan tipo de prostituci\u00f3n sagrada, (b) La idolatr\u00ed\u00ada como prostituci\u00f3n. El caso m\u00e1s significativo de prostituci\u00f3n sagrada, de tipo perverso, es la que est\u00e1 vinculada con el culto a los \u00ed\u00addolos que, al menos desde Oseas, aparecen como amantes falsos (vinculados a veces con pr\u00e1cticas sexuales que la religi\u00f3n de Yahv\u00e9 condena como inmorales). Entendida as\u00ed\u00ad la prostituci\u00f3n, es el pecado nacional de Israel, como supone Os 2,1; Is 1,21; Jr 13,27. Especialmente significativo es, en ese contexto, el largo cap\u00ed\u00adtulo de Ez 16, dedicado a las prostituciones de las dos doncellas de Dios, Israel y Jud\u00e1. (c) Las prostitutas os preceder\u00e1n en el reino de los cielos. El Nuevo Testamento conserva los diversos sentidos de la palabra. As\u00ed\u00ad, dentro de la ret\u00f3rica moral del tiempo, hallamos algunas condenas generales de la prostituci\u00f3n, como la que aparece en la cr\u00ed\u00adtica del hermano mayor de Lc 15,30 o de 1 Cor 6,15-16. Pero la novedad mayor del Evangelio se muestra all\u00ed\u00ad donde Jes\u00fas viene a presentarse como el Mes\u00ed\u00adas o Cristo de las prostitutas, a las que se acerca sin condenarlas (cf. Mt 21,32; cf. Lc 7,34) y a las que promete el reino de los cielos, antes que a los justos cumplidores de la ley israelita: \u00abpublicanos y prostitutas os preceder\u00e1n en el reino de los cielos\u00bb (Mt 21,31). Esta actitud de Jes\u00fas, vinculada a la ra\u00ed\u00adz de su mensaje (gracia*, amor*) y a las condiciones sociales y personales de las prostitutas, implica un cambio radical en la teolog\u00ed\u00ada y moral del Nuevo Testamento. (d) A no ser en caso de pomeia, prostituci\u00f3n. Otro ejemplo especial es el que ofrece Mt 5,32 y 19,9: \u00abEl que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicaci\u00f3n [pomeia, prostituci\u00f3n*], hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio\u00bb. Estos pasajes introducen un cambio muy significativo en el principio de indisolubilidad del matrimonio que Jes\u00fas ha formulado seg\u00fan Mc 10,4-9. Mateo conserva la indisolubilidad, pero a\u00f1ade que el matrimonio est\u00e1 roto ya en caso de pomeia: esta palabra se puede entender en sentido figurado, como refiri\u00e9ndose a un tipo de uni\u00f3n prohibida por la ley, entre parientes cercanos (quiz\u00e1 lo mismo que en Hch 15,29), pero es m\u00e1s probable que conserve su sentido originario, indicando as\u00ed\u00ad que donde surge la prostituci\u00f3n (del esposo o de la esposa) se ha roto el matrimonio. Esta es la paradoja del Evangelio: por un lado, Jes\u00fas llama a las prostitutas al Reino; por otro lado afirma que la prostituci\u00f3n rompe el matrimonio.<\/p>\n<p>(2) Apocalipsis. (1) El signo de la prostituta. En el Apocalipsis la prostituci\u00f3n tiene un sentido b\u00e1sicamente figurado y as\u00ed\u00ad aparece vinculada a la tendencia eclesial de Jezabel* y de los nicola\u00ed\u00adtas, que buscan un tipo de relaci\u00f3n con Roma distinta que la que propugna el autor del Apocalipsis (Ap 2,14.20 idolocitos*). La prostituci\u00f3n condenada aqu\u00ed\u00ad no es una relaci\u00f3n sexual de tipo privado, m\u00e1s o menos desordenada, sino la obra de la prostituta o pom\u00e9 (cf. Ap 17-18), que separa a los creyentes de Dios, oponi\u00e9ndose a la fidelidad de Jes\u00fas, que se expresa en forma de confianza con Dios o entre personas (Ap 1,5; 19,11; cf. 2,10.13.19; 13,10; 17,14). Seg\u00fan la tradici\u00f3n israelita, los \u00ed\u00addolos prostituyen, pues repre  sentan un amor que se compra y vende. Eso es lo que Juan ha visto y condenado en Roma (que es pom\u00e9 o ramera) y en aquellos que la aceptan: Roma es prostituci\u00f3n universal, enga\u00f1o personificado, Estado (= ciudad, estructura pol\u00ed\u00adtica) que vive de la sangre de los otros (cf. 17,6; 18,24). Los que defienden la prostituci\u00f3n en las iglesias (Ap 2,14.20) aplican dentro de ellas el estilo de vida de Roma. Al destacar estos signos (comida idol\u00e1trica, amor prostituido), el Ap nos lleva a la m\u00e1s honda crisis social. El ser humano es lo que come y lo que ama. Fundado como estaba en la tradici\u00f3n israelita de comensalidad y connubio (familia) y en la experiencia de Jes\u00fas, centrada en la comida compartida (multiplicaci\u00f3n de panes) y la fidelidad afectiva (amor personal, relaciones fundadas en la verdad y confianza), Juan lo sab\u00ed\u00ada. Pues bien, su modelo social choca con la imposici\u00f3n econ\u00f3mico-sacral (idolocitos) y el enga\u00f1o afectivo (fornicaci\u00f3n) del Imperio.<\/p>\n<p>(3) Apocalipsis. (2) La gran prostituta. Desde ese fondo, Juan ha concebido el pecado de la humanidad y del pueblo israelita en t\u00e9rminos de prostituci\u00f3n universal. El pecado del Drag\u00f3n y de las Bestias se encarna en Babel (Roma), ciudad ramera que se vende a los reyes y pueblos de la tierra, para sacar ganancia de ellos, bebiendo (derramando) la sangre de los m\u00e1rtires del Cristo y de todos los asesinados de la tierra (cf. 17,1-5.15; 18,3.9.24; 19,2). Las mismas Bestias y Reyes que la han utilizado acabar\u00e1n mat\u00e1ndola, en juicio de tali\u00f3n intrahist\u00f3rico (17,15-18), que Juan (cf. 18,1-19,8) interpreta como signo de salvaci\u00f3n universal. Ella aparece as\u00ed\u00ad en el centro del Apocalipsis: \u00abY vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que ten\u00ed\u00ada siete cabezas y diez cuernos. Y la mujer estaba vestida de p\u00farpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, y ten\u00ed\u00ada en la mano una copa de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicaci\u00f3n; y en su frente un nombre escrito: \u00c2\u00a1Misterio! Babilonia la grande, madre de los prostitutos y de las abominaciones de la tierra\u00bb (Ap 17,3-5). El autor del Apocalipsis no ha inventado esta figura (ni la destrucci\u00f3n de Babilonia, que aparece, por ejemplo, en Jr 51), pero la ha recreado a partir de su experiencia de Jes\u00fas y de las co munidades cristianas, amenazadas por el Imperio romano. Esta mujer-prostituta ha de verse en oposici\u00f3n a la mujer-madre amenazada (Ap 12,1-2) y a la novia-ciudad de la plenitud final (Ap 19,7; 21,2.9).<\/p>\n<p>(4) Apocalipsis. (3) Los signos de la prostituta, (a) Vestidos y adornos. Est\u00e1 vestida de p\u00farpura y escarlata (17,4), colores de realeza\/riqueza y sacerdocio sacrificial (cf. Ex 26,1.4.31.36; 28; Nm 4,7-8; Lv 14; 19,6; etc.), como diosa y sacerdotisa falsa. Est\u00e1 adornada de oro, piedras preciosas y margaritas (17,4), que son signos de lujo (honor del mundo) y de poder (cf. Jerusal\u00e9n celeste: 21,19-21) vinculados al sumo sacerdote (Ex 28,17-20; 39,10-12) o rey divinizado (antidivino) de Ez 28,13. Por vestido y ornamentos, ella es la expresi\u00f3n de una sacralidad invertida, diosa del poder hecho opresi\u00f3n. All\u00ed\u00ad donde los aduladores cantan su grandeza (\u00c2\u00a1es diosa!) ha visto Juan su prostituci\u00f3n. Pocas veces ha existido en la historia universal una cr\u00ed\u00adtica m\u00e1s honda de la satanizaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica: el mundo admira a Roma y celebra su paz (hecha de riqueza y de un tipo de justicia) como signo de Dios; Juan la condena como servidora de la Bestia, (b) Su signo distintivo es una copa (poterion, vaso para beber). Normalmente, la mujer aparece como vientre y pechos: fecundidad primera, \u00e1nfora de vida y leche para sus hijos; as\u00ed\u00ad suele mostrarse la Madre Diosa de oriente, venerada en Efeso como Artemisa de pechos abundantes. Pero la mujer de Ap 17 no es seno gozoso ni maternidad generadora, sino copa de misterio embriagante y sanguinario. Pues bien, la copa de esta mujer est\u00e1 llena de las abominaciones e impurezas de su Prostituci\u00f3n&#8230; (17,4): contiene lo que ella ofrece a sus amantes y lo que recibe de ellos, especialmente la sangre que les chupa. En su falsa ley de sexo y libaci\u00f3n sagrada, enga\u00f1o y esperanza de futuro, se funda la historia. El misterio de Jes\u00fas se expresa en el pan compartido y la copa de vino hecho vida entregada por los dem\u00e1s. El misterio de la Prostituta es, en cambio, copa de enga\u00f1o que mata, (c) La prostituta y la bestia. Ella lleva escrito en su frente un nombre que dice \u00c2\u00a1Misterio! (17,5); as\u00ed\u00ad quiere presentarse como revelaci\u00f3n escatol\u00f3gica de Dios. Esta mujer promete algo que nunca puede dar. Ella es  lo contrario a Dios, una humanidad que vive del enga\u00f1o, destruyendo a los dem\u00e1s y realizando su antieucarist\u00ed\u00ada; parece diosa, expresi\u00f3n del culto supremo del mundo, montada sobre la bestia, como icono o imagen que todos deben adorar (aceptar, venerar) si quieren vivir (comprar y comer) en el Imperio (cf. Ap 13,14-18). Es s\u00f3lo humanidad de muerte y as\u00ed\u00ad cabalga sobre la Bestia escarlata llena de blasfemia (17,3). Por s\u00ed\u00ad misma no puede dominar la tierra. Necesita unirse a la Bestia que ya ten\u00ed\u00ada a su servicio un primer lacayo, la segunda Bestia o Mal Profeta, que enga\u00f1a a todos con milagros falsos (perversi\u00f3n ideol\u00f3gica) y falsa comida (perversi\u00f3n econ\u00f3mica). Esta mujer es el segundo lacayo de la Bestia: es Ciudad perversa que todo lo destruye, dando a los humanos la droga de su mentira insaciable. \u00bfQui\u00e9n domina a qui\u00e9n? Es dif\u00ed\u00adcil saberlo, pues todos tienden a enga\u00f1ar y dominarse. Es evidente que la Ciudad utiliza a la Bestia: monta sobre ella para hacerse prostituta universal. Pero, al mismo tiempo, la Bestia se vale de la Prostituta para dominar a las naciones de la tierra; ella, la Bestia, se serv\u00ed\u00ada ya del Mal Profeta, pero necesita m\u00e1s; ella debe llevar sobre su grupa la m\u00e1s alta de todas las promesas, su propia realidad de mujer de gloria y muerte, de misterio y destrucci\u00f3n humana.<\/p>\n<p>(5) La muerte de la prostituta. Punto departida (bestias*, Roma*). Jes\u00fas aparece en el Evangelio como regalo personal: copa de vino* que se ofrece y comparte de un modo gratuito, vida que se regala y derrama al servicio de los otros (como sangre*), para crear de esa manera (para ellos y con ellos) un Cuerpo de Amor. La prostituta, en cambio, es aquella que vende todo y se vende a s\u00ed\u00ad misma, ali\u00e1ndose a la Bestia (poder militar absoluto) para dominar as\u00ed\u00ad a los pobres, poni\u00e9ndolos al servicio de su cuerpo, (a) La prostituta y sus amigos. Ella no ofrece su sangre, sino que chupa y bebe la copa de la sangre de los otros, especialmente de los m\u00e1rtires. Ciertamente, quiere ser diosa y como diosa se viste (de p\u00farpura y escarlata), pero es simple ramera montada sobre una cabalgadura escarlata llena de blasfemia (17,3), unida a la Bestia y a su Mal Profeta, que dominan y enga\u00f1an a todos con sus perversiones (cf. Ap 13). De esa forma se juntan y enga\u00f1an, la Mala Ciudad (Prostituta) y las Bestias, para dominar a las naciones de la tierra, en camino de muerte, que en muerte y destrucci\u00f3n acaba. Con ella se han prostituido los reyes (Ap 17,2; cf. 6,15; 16,14) y aquellos que desean el poder en este mundo. Juan est\u00e1 pensando en los monarcas vasallos de oriente (como los herodianos), vendidos a Roma; pero puede aludir a todos los monarcas subordinados del Imperio (cf. 17,18; 18,3.9; 19,19), que han debido prostituirse para gobernar sobre sus pueblos. Con ella se han emborrachado todos los habitantes de la tierra (17,2), que se dejan corromper por su prostituci\u00f3n (violencia), aceptando su dominio. Como borrachos los presenta el texto: embriagados de prostituci\u00f3n, ebrios de sangre. No saben, no conocen, no consiguen vivir en sobriedad. Son un mundo pervertido. Esta no es una embriaguez personal, que a veces recibe en la gnosis un car\u00e1cter positivo, de interiorizaci\u00f3n iluminadora, sino borrachera social, vinculada a la injusticia y asesinato de los justos. De esa forma, el signo de la prostituci\u00f3n (tanto masculina como femenina: prostituta y prostitutos) se traslada a las relaciones sociales de violencia, centradas en la opresi\u00f3n econ\u00f3mica y la imposici\u00f3n social (asesinato). Esta Prostituta es madre de los prostitutos (cf. Ap 17,5) que viven derramando y bebiendo sangre humana, (b) Los amigos se vuelven enemigos. Los mismos que se han aprovechado de ella acabar\u00e1n destruy\u00e9ndola: \u00abPero los diez cuernos que has visto, y la misma Bestia, despreciar\u00e1n a la Prostituta, la har\u00e1n desierto, la dejar\u00e1n desnuda, comer\u00e1n sus carnes y la convertir\u00e1n en pasto de las llamas. Porque Dios les ha inspirado para que cumplan su consejo: para que tengan un \u00fanico consejo y entreguen su reino a la Bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios. Y la mujer que has visto es la gran ciudad, la que domina sobre los reyes de la tierra\u00bb (Ap 17,16-18). Texto enigm\u00e1tico y profundo donde se dice que la Bestia y los reyes que han utilizado a la Prostituta (Roma, la ciudad universal) acaban mat\u00e1ndola. En el fondo, ellos odian a su madre-ciudad (\u00c2\u00a1Babilonia, madre de todos&#8230;!: 17,5) y se elevan contra ella. Estas son las dos caras de un mismo pecado: Bestia y reyes utilizan a la Prostituta, prostituy\u00e9ndose de esa manera a s\u00ed\u00ad mismos; ellos la matan, mat\u00e1ndose  a s\u00ed\u00ad mismos. Historia y mito se vinculan en este relato escalofriante de matricidio y guerra civil, de deicidio (han matado al Cordero* de Dios) y autodestrucci\u00f3n (aniquilando la ciudad se aniquilan a s\u00ed\u00ad mismos). Los paralelos simb\u00f3licos son muchos, desde el Entuna Elish donde Marduk*, rey de Babel, mata a su madre Tiamat*, para alzar la gran ciudad (\u00c2\u00a1siempre Babel!) sobre su cad\u00e1ver, hasta las novelas actuales de autodestrucci\u00f3n at\u00f3mica.<\/p>\n<p>(6) Las etapas de la destrucci\u00f3n de la Prostituta. El relato del Apocalipsis se ilumina desde el fondo m\u00ed\u00adtico de la muerte de la diosa-monstruo del principio. (a) Bestia y Reyes odiar\u00e1n a la Prostituta porque la han utilizado. La necesitan pero se averg\u00fcenzan de su necesidad. De ella han nacido (es madre de todos), pero no pueden amarla (cf. Ez 23,25-29). (b) La har\u00e1n desierto. Era lugar poblado, de encuentro de pueblos, lenguas, naciones de la tierra (Ap 17,15); pero todos se van, huyendo de ella&#8230; La dejan sola, prostituta vieja, abandonada, despreciada, sin nadie que quiera o pueda pagar sus favores, como el profeta la ha visto, en yerma soledad eterna (Ap 17,3). (c) La desnudan. Eran imponentes sus vestidos y adornos: p\u00farpura, escarlata, oro y diamantes&#8230; (cf. 17,4). Ahora es carne vieja, ante todos los curiosos que se burlan, al verla deshonrada, en desnudez que en la Biblia significa humillaci\u00f3n (cf. Os 2,5; Ez 16,39; 23,39). (d) Comer\u00e1n sus carnes&#8230; De esa forma se sit\u00faan y nos sit\u00faan en el lugar del sacrificio* originario, entendido como banquete de antropofagia que marc\u00f3 la historia posterior. As\u00ed\u00ad lo supone el Ap: Bestia y Reyes matan y comen a su Madre prostituta. Se cumple de esa forma el tali\u00f3n que hab\u00ed\u00ada anunciado el \u00e1ngel de las aguas, de manera que se podr\u00ed\u00ada decir: ella ha bebido la sangre de los m\u00e1rtires de Cristo en copa de oro; es justo que la Bestia y los Reyes devoren su sangre (cf. Ap 16,5-7). (e) Y la quemar\u00e1n al fuego. La visi\u00f3n de la ciudad que arde, fuego que asciende con humo hacia el cielo, est\u00e1 en el centro de las lamentaciones que siguen (cf. Ap 18,8-10), retomando un motivo com\u00fan, vinculado al incendio y destrucci\u00f3n escatol\u00f3gica de Jerusal\u00e9n (cf. 2 Re 25,8-12) o del mundo (cf. 2 Pe 3,10), mirado desde el gesto de quemar la carne de los animales destinados al sacrificio (cf. Lv 16,27). (f) La gran antropofagia. Estamos en el centro de un rito destructor de antropofagia (\u00c2\u00a1el sacrificio originario!) en que Reyes y Bestia de la tierra comen a la mujer prostituida. El Apocalipsis ha logrado reconstruir de esta manera el Gran Pecado, en clave de rica ambig\u00fcedad. Por un lado, esta muerte (asesinato y\/o antropofagia) de la Prostituta es gesto de justicia divina: ella lo ha buscado, merec\u00ed\u00ada el castigo. Pero, al mismo tiempo, es culminaci\u00f3n del pecado humano: despu\u00e9s de aprovecharse de ella, Reyes y Bestia la destruyen, en paroxismo de terror. Los mismos poderes del mal, entendido de forma masculina (Bestia, Reyes), han destruido a la Mujer-Ciudad. No la quer\u00ed\u00adan como esposa, no la respetaban como madre; la hicieron prostituta para al fin matarla, haciendo imposible la vida en el mundo. Estrictamente hablando, el relato pod\u00ed\u00ada haber terminado aqu\u00ed\u00ad. \u00bfQu\u00e9 queda despu\u00e9s que ha sido destru\u00ed\u00ada la Ciudad? \u00bfQu\u00e9 pueden hacer los humanos cuando falta Roma? Queda el final del final, con la victoria del Cordero*.<\/p>\n<p>Cf. X. Pikaza, Apocalipsis, Verbo Divino, Estella 1999.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(-> Apocalipsis, juicio, condena). La prostituci\u00f3n aparece en la Biblia desde los tiempos m\u00e1s antiguos tanto en la tierra de Israel (Gn 28,15), como en los pa\u00ed\u00adses del entorno (Je 16,1; Prov 2,16; 29,3). 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