{"id":15881,"date":"2016-02-05T10:18:38","date_gmt":"2016-02-05T15:18:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/prodigo-hijo\/"},"modified":"2016-02-05T10:18:38","modified_gmt":"2016-02-05T15:18:38","slug":"prodigo-hijo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/prodigo-hijo\/","title":{"rendered":"PRODIGO, HIJO"},"content":{"rendered":"<p>(Lc 15,11-32) (-> par\u00e1bolas, Dios). Par\u00e1bola importante donde se expresa con toda claridad la trama de la vida humana, tal como ha venido a culminar en Cristo. Los motivos b\u00e1sicos son bien conocidos: hay dos hijos que se enfrentan, de alg\u00fan modo, por la herencia del padre, pero en vez de matarse el uno al otro, como en el caso de Ca\u00ed\u00adn y Abel (Gn 4), uno toma su parte de herencia y se va de casa; da la impresi\u00f3n de que el otro (el mayor) queda due\u00f1o en ella. Evidentemente, el menor derrocha lo que ha recibido. El paradigma normal contin\u00faa: el pr\u00f3digo pasa necesidad al servicio de un sistema de impureza (cerdos). Lc tratan peor que a un animal, pues los animales reciben pienso y a \u00e9l se lo escatiman. Desde el pozo del hambre que le atrapa recuerda la casa del padre como casa de trabajo y pan. No quiere afecto, busca comida. Por eso, su discurso penitencial (\u00c2\u00a1he pecado&#8230;!) suena a ret\u00f3rica. La l\u00f3gica del texto no exige que se encuentre arrepentido. Hasta aqu\u00ed\u00ad el texto es normal, todos pueden enten derlo. Desde aqu\u00ed\u00ad empieza la verdadera par\u00e1bola*, la novedad del Evangelio.<\/p>\n<p>(1) Fiesta del padre. Enfado del hermano. El padre, que ha dejado que su hijo se marche, mira a los lejos y aguarda: no puede traerle por fuerza a la casa, pues hijo forzado no es hijo, ni casa obligada es ya casa. Aguarda el padre; pero cuando el hijo viene, \u00e9l corre y le abraza: no le deja acabar el discurso, no necesita su arrepentimiento: le quiere a \u00e9l, y por eso dispone la fiesta que es, al mismo tiempo, paterna y filial, de criados y vecinos. Pero el hermano mayor se enfada. Se cre\u00ed\u00ada due\u00f1o de la casa; trabajaba austeramente por ella, cumpliendo las leyes que se hab\u00ed\u00adan impuesto (y que \u00e9l cre\u00ed\u00ada sancionadas por su padre). Evidentemente, la nueva situaci\u00f3n le perturbaba: su estilo no es fiesta. Y le enfurece a\u00fan m\u00e1s el hecho de que la vuelta de su hermano haya cambiado las cosas. Se siente expulsado de su propia casa y en protesta queda fuera. El no quiere entrar, pero sale el padre, tomando as\u00ed\u00ad la iniciativa. Est\u00e1 el pr\u00f3digo en casa, sigue en su honor la fiesta, con la m\u00fasica y las danzas. El mayor discute con el padre en fuertes palabras que expresan por un lado las implicaciones de una ley que puede interpretarse como envidia (hijo) y la gracia de un amor que sobrepasa toda envidia (padre). M\u00e1s que espejo, la par\u00e1bola es un foco de luz, una revelaci\u00f3n que ilumina la cara oculta de nuestra propia realidad y que descubre aquello que podemos ser, interpretando el pasado y anticipando el futuro. Por eso, s\u00f3lo la entendemos si entramos dentro de ella.<\/p>\n<p>(2) Los dos hermanos. El hermano menor est\u00e1 al principio y centro de la par\u00e1bola, pero no es su protagonista. Es evidente que representa a los publ\u00ed\u00adcanos y pecadores, a los expulsados del sistema, a los que, conforme a la teolog\u00ed\u00ada oficial del rabinismo, han dilapidado su fortuna humana y no son dignos de amor (cf. Lc 15,1-2). Ampliando la visi\u00f3n, hijo\/hermano menor son los gentiles: los pueblos de la tierra que han vivido de manera deshonesta, quedando al fin sin bienes ni derecho (cf. Rom 1,18-31). En su primera parte, siendo hermoso, el texto se limita a repetir los t\u00f3picos que sabe todo buen jud\u00ed\u00ado: los gentiles (publ\u00ed\u00adcanos y prostitutas, gentes de mala vida) encuentran aquello que buscaban y sufren lo que  merecen; han malgastado la fortuna del padre, se han manchado con terribles impurezas. Si quieren volver es simplemente porque tienen hambre; no est\u00e1n arrepentidos. El hermano menor est\u00e1 al principio y centro de la par\u00e1bola, pero al final de la par\u00e1bola ya no juega ning\u00fan papel activo, sino que es objeto y tema de la conversaci\u00f3n entre el padre y el hermano mayor. El padre le ha recibido ya y \u00e9l no tiene que hacer nada; \u00e9l se limita a estar all\u00ed\u00ad, como destinatario del gozo del padre, como objeto de la envidia\/ley del \u00abbuen hermano\u00bb. Ese hermano tiene raz\u00f3n: est\u00e1 de su parte el derecho israelita; le apoyan los principios sociales de la tierra. Conforme al tali\u00f3n, que es su defensa y argumento, el menor deber\u00ed\u00ada pagar lo merecido (\u00c2\u00a1ojo por ojo, diente por diente!) si es que quiere volver de nuevo a casa. Seg\u00fan ley, el orden y la vida s\u00f3lo triunfa all\u00ed\u00ad donde las normas se respetan. Por eso protesta el mayor, no quiere entrar en casa, pues la casa est\u00e1 manchada con la presencia del hermano menor. Para que la casa de Israel subsista y pueda dar por siglos fiel ejemplo de justicia hay que expulsar (no recibir sin condiciones claras) a los pr\u00f3digos que vuelven s\u00f3lo por comida. El verdadero amor al pr\u00f3digo consiste en reprenderle, dej\u00e1ndole fuera de casa, al menos hasta que se arrepienta: no se le hace un favor recibi\u00e9ndole as\u00ed\u00ad; no se le ayuda; hay que darle un escarmiento. As\u00ed\u00ad piensa el mayor.<\/p>\n<p>(3) El mayor se enfada con el padre. En el fondo tiene envidia: quer\u00ed\u00ada monopolizar el amor del Padre, actuando como due\u00f1o de la casa. Pero ahora descubre que el menor le ha destronado. Ha trabajado con dureza, ha vivido en austeridad y al fin siente que el padre ofrece fiesta al otro. La par\u00e1bola nos introduce en el centro de la complejidad humana, en la ra\u00ed\u00adz de los conflictos de la familia, tal como aparecen de alg\u00fan modo en la escena primera de Ca\u00ed\u00adn\/Abel (Gn 4). Este es el conflicto de la diversidad, de la envidia hecha violencia, de la lucha por el reconocimiento mutuo, (a) El pr\u00f3digo no exige nada: est\u00e1 dispuesto a trabajar como jornalero. No exige, pero se pone en manos del padre que le ofrece la fiesta de la vida. Dejarse amar, \u00e9sa es su \u00fanica tarea; permitir que le hagan fiesta y participar en ella, \u00e9se es su m\u00e9rito. Nada defiende, pues se siente indigno de todo. Por eso no rechaza a nadie, ni pone condiciones; es evidente que est\u00e1 dispuesto a recibir al hermano legal cuando llegue, (b) El mayor exige el cumplimiento de la legalidad. Ha trabajado con justicia y tiene derecho a la justicia. Ha mantenido la casa con su esfuerzo y no quiere que el otro malogre el resultado de ese esfuerzo. Piensa que la vida se defiende con la ley por encima de la gracia. Evidentemente es bueno, pero bueno conforme al modelo de juicio y justicia de este mundo. La par\u00e1bola no acaba, pero deja al hermano mayor en situaci\u00f3n de peligro: su mismo deseo de \u00abperfecci\u00f3n legal\u00bb puede dejarle fuera de casa. Si quiere mantener su propia ley en lugar de compartir la vida con su hermano acabar\u00e1 quedando solo, porque es evidente que el padre no puede (no quiere) dividir la casa, dejando a cada uno un lugar aparte, sin comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>(4) Un lugar para dos hijos. Y con esto hemos llegado a la palabra clave. El pr\u00f3digo se hab\u00ed\u00ada ido porque buscaba nuevas relaciones, pero al final qued\u00f3 m\u00e1s s\u00f3lo que al principio. Y entonces, rodeado de cerdos, hambriento de pan (y de cari\u00f1o), piensa en la casa del padre. El hermano mayor tampoco ha logrado comunicarse, pues s\u00f3lo ha \u00abconversado\u00bb con su ley: no ha tomado ni un cabrito del reba\u00f1o para compartirlo con los amigos, pues carece de amigos; tampoco sabe dialogar con su padre; no quiere entrar y hablar con el otro hermano&#8230; S\u00f3lo el padre aparece en la par\u00e1bola como principio de comunicaci\u00f3n. Sabe dejar que los hijos se vayan (o queden), sin imponerles nada. Sabe recibir al que viene, sin hacerle examen de conciencia, sin acusarle ni exigirle el cumplimiento de mandatos. Por encima de todas las posibles leyes le ofrece el gozo de la vida: el traje de hijo, el anillo de mando, el ternero de fiesta, la m\u00fasica y la danza&#8230; Todos \u00e9sos son elementos de comunicaci\u00f3n personal, pues eso significa fiesta: una vida compartida, abierta al gozo del encuentro con los otros. Esta es la cura de urgencia del padre en la que todo sucede con rapidez: \u00c2\u00a1pronto! (Lc 15,22), as\u00ed\u00ad dice poniendo en movimiento los resortes de una casa convertida en lugar de comunicaci\u00f3n para los hermanos y vecinos. Donde hab\u00ed\u00ada triunfado la soledad, donde se hab\u00ed\u00ada hecho fuerte la impotencia y la  tristeza, ofrece el padre Dios la fiesta. Este es el signo del amor que no se limita a perdonar (ni perdona, en el sentido exterior) sino que ama y amando es capaz de suscitar formas antes no ensayadas ni gozadas de existencia.<\/p>\n<p>Cf. J. J. BARTOLOME, La alegr\u00ed\u00ada del Padre. Estudio exegetico de Lc 15, Verbo Divino, Estella 2000; F. CONTRERAS, Un padre ten\u00ed\u00ada dos hijos. Verbo Divino, Estella 1999.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Lc 15,11-32) (-> par\u00e1bolas, Dios). Par\u00e1bola importante donde se expresa con toda claridad la trama de la vida humana, tal como ha venido a culminar en Cristo. 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