{"id":15891,"date":"2016-02-05T10:18:57","date_gmt":"2016-02-05T15:18:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reino-de-los-cielos\/"},"modified":"2016-02-05T10:18:57","modified_gmt":"2016-02-05T15:18:57","slug":"reino-de-los-cielos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reino-de-los-cielos\/","title":{"rendered":"REINO DE LOS CIELOS"},"content":{"rendered":"<p>(-> Jes\u00fas, evangelio, gracia, par\u00e1bolas). Conforme a la ideolog\u00ed\u00ada com\u00fan del Oriente antiguo, Dios aparece como rey y el mundo entero es su reino, tal como han destacado los salmos reales. Pero, de un modo especial, el reino de Dios se identifica con su presencia y acci\u00f3n entre los hombres. Lo contrario a ese Reino es el \u00abpecado\u00bb, es decir, una situaci\u00f3n en la que hombres y mujeres se alejen de la voluntad de Dios y se cierren en s\u00ed\u00ad mismos, creando unas condiciones de vida que conducen a la muerte donde se destruyen a s\u00ed\u00ad mismos. Jes\u00fas ha proclamado y pedido la llegada del reino de Dios (\u00c2\u00a1venga tu Reino!), que la Iglesia identifica con la vida del mismo Jes\u00fas resucitado, es decir, con una experiencia de gratuidad y de Evangelio. Los seguidores de Jes\u00fas tienen la misi\u00f3n* de  seguir anunciando y extendiendo su mismo Reino.<\/p>\n<p>(1) Punto de referencia. El juicio de Dios. Juan* Bautista no fue profeta del Reino, sino del juicio*: \u00abYa est\u00e1 el hacha levantada sobre la ra\u00ed\u00adz del \u00e1rbol y todo \u00e1rbol que no produzca fruto bueno ser\u00e1 cortado y arrojado al fuego. Yo os bautizo en agua para conversi\u00f3n. Detr\u00e1s de m\u00ed\u00ad llega uno M\u00e1s Fuerte que yo&#8230; El os bautizar\u00e1 en Esp\u00ed\u00adritu Santo y Fuego. Lleva en su mano el bieldo y limpiar\u00e1 su era: y reunir\u00e1 su trigo en el granero; pero quemar\u00e1 la paja en fuego que jam\u00e1s se apaga\u00bb (Mt 3,9-12). Juan aparece as\u00ed\u00ad como portador de una amenaza final que \u00e9l proclama sobre todos los hombres, anunciando la llegada de Dios, Juez poderoso (el M\u00e1s Fuerte), que viene como Hurac\u00e1n destructor y como Fuego que abrasa a los perversos. Pues bien, a quienes escuchan su mensaje y se convierten les ofrece el signo del bautismo, que \u00e9l mismo confiere como anticipo de liberaci\u00f3n apocal\u00ed\u00adptica. Partiendo de ese fondo se entienden las im\u00e1genes fundamentales de su mensaje: el hacha levantada contra el \u00e1rbol, el bieldo que eleva y separa la parva, para que pueda reunirse el grano bueno en el granero y se queme la paja en un fuego inextinguible. No es profeta de nacimiento y siembra (como Jes\u00fas), sino de destrucci\u00f3n, de siega y fuego. Entre el bautismo presente y la ira cercana se extiende el tiempo actual de conversi\u00f3n. Juan ha dejado, sin duda, un peque\u00f1o resquicio de esperanza, simbolizada por el bautismo en el Jord\u00e1n, para aquellos que se arrepienten y quieren apagar la ira que se acerca, cruzando as\u00ed\u00ad el umbral de muerte (simbolizada por el fuego y hurac\u00e1n) para entrar en la tierra prometida, cumpliendo finalmente el rito de Josu\u00e9 y los antiguos israelitas (cf. Mt 3,7; Ex 1-3). Pues bien, por ese resquicio ha entrado Jes\u00fas.<\/p>\n<p>(2) Reino de Dios. En el contexto anterior se inscribe el mensaje y vida de Jes\u00fas. Es evidente que empez\u00f3 el camino en la orilla del bautismo, donde estaba Juan. Todo nos permite suponer que comparti\u00f3 por un tiempo su visi\u00f3n del fin del tiempo, con la destrucci\u00f3n del orden viejo: pens\u00f3 que la historia se hallaba podrida y dispuesta ya para la muerte. Pero en un momento dado, por experiencia interior de plenitud (\u00bftransformaci\u00f3n carism\u00e1tica?), descu bri\u00f3 que el anuncio de Juan ya se hab\u00ed\u00ada cumplido, que hab\u00ed\u00ada llegado el fin y pod\u00ed\u00ada iniciarse el reino de Dios, al otro lado del r\u00ed\u00ado, precisamente en Galilea, la tierra de sus gentes, entre los pobres del mundo. Por eso, su visi\u00f3n apocal\u00ed\u00adptica se hizo positivamente escatol\u00f3gica: ha llegado el tiempo nuevo, la obra de Dios puede empezar y empieza, pero no en el templo de Jerusal\u00e9n (en clave de liturgia sacral), ni en una escuela de rabinos (como resultado de un estudio m\u00e1s hondo de la Ley nacional), ni tampoco por un tipo de lucha (como quer\u00ed\u00adan algunos partidarios de la guerra santa), sino a trav\u00e9s de una palabra que llama, de un amor que cambia a los hombres. De esta forma se sinti\u00f3 profeta del Padre*, recreando paso a paso, a contracorriente, los caminos de la Vida de Dios, poniendo amor donde hab\u00ed\u00ada odio y esperanza de futuro donde toda esperanza se hallaba agotada. Renunci\u00f3 a los signos grandes (ca\u00ed\u00adda de estrellas, batalla de arc\u00e1ngeles y diablos), para descubrir la presencia de Dios en la palabra personal, en la acogida m\u00e1s honda, porque llega, est\u00e1 presente, el reino de Dios, como humanidad pacificada, desde los m\u00e1s pobres, precisamente a partir de los expulsados del sistema (cojos, mancos y ciegos, pecadores y manchados), a los que Juan hab\u00ed\u00ada ofrecido su bautismo para apagar el fuego de la muerte, a los que \u00e9l (Jes\u00fas) ofrece amor para la vida.<\/p>\n<p>(3) Anuncio del Reino. Juan proclamaba la llegada del M\u00e1s Fuerte, a la orilla oriental del Jord\u00e1n, preparando a sus disc\u00ed\u00adpulos para la \u00abentrada en la tierra prometida\u00bb (cf. Mc 1,1-8 par): se acercaba la cat\u00e1strofe (hacha sobre el \u00e1rbol, hurac\u00e1n que limpia el trigo, fuego que quema la paja in\u00fatil), no hab\u00ed\u00ada m\u00e1s salida que refugiarse de la ira de ese Dios de terror, a trav\u00e9s de un bautismo, entendido como rito de purificaci\u00f3n y muerte (cf. Mt3,l-12). Jes\u00fas asumi\u00f3 ese reto del Bautista y cumpli\u00f3 su rito de muerte y de iniciaci\u00f3n en el bautismo (cf. Mc 1,9-11), identific\u00e1ndose con los pecadores de su pueblo. Pero sali\u00f3 del r\u00ed\u00ado, vino a la tierra prometida (a Galilea, no a Jerusal\u00e9n) y, superando un tipo de tentaci\u00f3n* o prueba (cf. Mc 1,12-13 par), proclam\u00f3 la llegada de la Gracia de Dios sobre el Pecado y ofreci\u00f3 un anuncio nuevo, no de juicio, sino de Reino: \u00abSe ha cumplido el Tiempo y el reino de Dios se ha acercado.  Convertios y creed en la Buena Noticia o Evangelio\u00bb (Mc 1,15 par). Juan esperaba y preparaba a los suyos para el Juicio (hacha, hurac\u00e1n, fuego), pues el pecado dominaba sobre el mundo. Jes\u00fas supera ese nivel de espera: sabe que el Tiempo (kair\u00f3s) de culminaci\u00f3n se ha cumplido, de manera que el Reino (.basileia) se ha acercado ya y est\u00e1 presente. Por eso invita a sus oyentes a que crean, es decir, a que acepten la buena noticia (Evangelio), dej\u00e1ndose transformar por ella, en gesto de gratuidad, no de pecado. Desde aqu\u00ed\u00ad se define su figura y obra de profeta del Reino. Todos los profetas antiguos se hallaban marcados por una fuerte conciencia de pecado (que aparece por ejemplo en Is 6,5 cuando se presenta como hombre de labios impuros). Jes\u00fas, en cambio, aparece como portador de gracia y perd\u00f3n, por encima de todo pecado.<\/p>\n<p>(4) Notas del Reino. En ese fondo de gratuidad se arraiga su mensaje. Todo lo que Jes\u00fas har\u00e1 ser\u00e1 una expansi\u00f3n de esta certeza: el reino de Dios es la Noticia Buena que suscita conversi\u00f3n o cambio de los hombres, como saben los grandes investigadores del siglo XX, aunque lo formulan de maneras diferentes. (a) R. Bultmann piensa que el reino de Dios ha de entenderse de forma existencial, como signo e impulso de una realizaci\u00f3n interior, de decisi\u00f3n y entrega personales. Eso significa que debemos superar una visi\u00f3n mitol\u00f3gica de la esperanza apocal\u00ed\u00adptica, reinterpret\u00e1ndola en claves de experiencia interior, como llamada de Dios y respuesta gratuita de los hombres. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad el mensaje de Jes\u00fas viene a mostrarse en verdad como palabra salvadora para todos los creyentes que le escuchan, (b) C. H. Dodd ha interpretado tambi\u00e9n este mensaje de un modo interior, como expresi\u00f3n o anuncio del sentido sagrado de la vida. Cuando Jes\u00fas habla del fin y cuando comunica la cat\u00e1strofe del cosmos, por medio de par\u00e1bolas, \u00e9l quiere decirnos que en el fondo de esta vida dominada por el miedo de la muerte hay otra interna, eterna, verdadera. Lo que importa no es aquello que vendr\u00e1 despu\u00e9s, cuando se acabe el mundo, sino aquello que Dios realiza ya dentro de nosotros, con amor liberador, presencia sanadora. (c) E. Kasetnann ha vuelto a destacar el alcance social y el sentido futuro del mensaje sobre el Reino. Debemos reconocer sin ambages que Jes\u00fas habl\u00f3 del reino de Dios en futuro. Pero todos sus gestos y palabras suponen que ese basileia (Reino) se va abriendo ya camino en este mundo, de manera que va colocando a los hombres ante una decisi\u00f3n: la decisi\u00f3n entre la fe y la gratuidad y la falta de fe y la violencia.<\/p>\n<p>(5) La paradoja del Reino. El mensaje de Jes\u00fas no es un concepto, ni una teor\u00ed\u00ada, sino una experiencia radical de vida, que exige decisi\u00f3n total \u00abporque el reino de los cielos padece violencia y s\u00f3lo los violentos&#8230;\u00bb (Mt 11,12). Pero, al mismo tiempo, el Reino es lo m\u00e1s sencillo, algo que se expresa all\u00ed\u00ad donde los hombres se vuelven como ni\u00f1os y acogen de un modo gratuito y generoso a los mismos ni\u00f1os (Mc 10,15). El Reino implica una elecci\u00f3n radical, de tal forma que es mejor arrancar un ojo, si te escandaliza, y entrar tuerto en el Reino que quedar con los dos ojos en medio de este mundo malo (Mc 9,47). El reino de Dios supone que los hombres tienen que dejarlo todo, casa y campos, familia y posesiones, para seguir a Jes\u00fas (cf. Mc 10,19.29); pero, al mismo tiempo, Jes\u00fas abre su Reino, el reino de Dios, para todos, diciendo que \u00ablos publ\u00ed\u00adcanos y prostitutas os preceder\u00e1n en el reino de Dios\u00bb (Mt 21,31) y a\u00f1adiendo de forma solemne: \u00abBienaventurados los pobres, porque es vuestro el reino de Dios&#8230;\u00bb (Lc 6,20-21). El Reino es don que Dios ofrece porque quiere, como siembra de vida en el campo de los hombres (cf. Mc 13,11.19.24); pero, al mismo tiempo, es objeto de una petici\u00f3n: \u00abPadre: santificado sea tu Nombre, venga tu Reino&#8230;\u00bb (Lc 11,4). Podemos decir, en resumen, que el Reino es la misma presencia de Dios, el don de su vida y su gracia, tal como viene a expresarse en el mensaje y gesto de Jes\u00fas a favor de los marginados de su pueblo. El judaismo sabe que Dios es rey, pero Jes\u00fas insiste en que su Reino viene, ya ha llegado, y se despliega de manera poderosa a trav\u00e9s de su mensaje y de su vida. Dios act\u00faa como Rey invirtiendo, con su m\u00e1s alto poder de gratuidad creadora, los poderes de violencia animalesca que dominan nuestra historia, como hab\u00ed\u00ada se\u00f1alado Dn 7,1-8. Sin esta inversi\u00f3n del poder carece de sentido el Evangelio o se convierte en vulgar palabrer\u00ed\u00ada. Antes triunfaban los fuertes, como si Dios fuera Diablo de violencia, sacralizaci\u00f3n del dominio biol\u00f3gico, social o militar; ahora, como dice el Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a  (Lc 6,20-45 par), Dios act\u00faa y triunfa (es Rey) por la debilidad del mundo, ofreciendo vida a los pobres y expulsados del sistema. Esta es la prueba del Reino que ofrece Jes\u00fas: la salvaci\u00f3n de los marginados, la gratuidad y comuni\u00f3n interhumana. A partir de aqu\u00ed\u00ad se entiende el resto de la vida de Jes\u00fas (par\u00e1bolas* y milagros, muerte y resurrecci\u00f3n). En este contexto se entender\u00e1 la Iglesia como signo y promesa de Reino.<\/p>\n<p>(6) El reino de Dios en el Apocalipsis. Conforme a la teolog\u00ed\u00ada israelita, Dios es rey universal (Ap 15,3), de forma que todos los pueblos se encuentran invitados a su Ciudad (cf. 21,24). Pero el Dios del Ap ejerce su reinado a trav\u00e9s del Cordero, Rey de Reyes (17,14; 19,16). Puede hablarse de tres reinos, (a) Eclesial. El Cordero expresa y ejerce su reinado por la Iglesia, cuyos miembros han sido constituidos Reino y sacerdotes (1,6; 5,10), en medio de la tribulaci\u00f3n, en gesto de fuerte resistencia. Los oyentes y lectores del Ap se saben reyes y cantan ya en la tierra, con los seres del cielo, el reinado del Cordero (11,15; 12,10). (b) Opresor. Bestias y Prostituta imponen sobre el mundo un reino opuesto al de Jes\u00fas y por eso persiguen a sus fieles (13,1-18). Sobre los grandes reyes (emperadores, signo de la Bestia) y sus reyes vasallos ha escrito Juan su p\u00e1gina m\u00e1s misteriosa (17,7-15). (c) Final. La nueva Jerusal\u00e9n. Bestias y reyes vasallos matan a la Prostituta (17,15-18), para enfrentarse despu\u00e9s con el Cordero, aut\u00e9ntico Rey, que los vence y destruye su reinado para siempe (17,13-14; 19,11-21). S\u00f3lo entonces se establece el reinado de Dios, sin fin, primero en el milenio* (20,1-6) y despu\u00e9s en el nuevo cielo y en la nueva tierra, por encima de todo tiempo (Ap 21-22).<\/p>\n<p>Cf. R. BULTMANN, Jes\u00fas, Sur, Buenos Aires 1968; F. CAMACHO, La proclama del Reino. An\u00e1lisis sem\u00e1ntico y comentario exeg\u00e9tico de las bienaventuranzas de Mt 5,3-10, Cristiandad, Madrid 1987; Ch. H. DODD, Las par\u00e1bolas del Reino, Cristiandad, Madrid 2001; E. KASEMANN, Jes\u00fas hist\u00f3rico, en Ensayos Exeg\u00e9ticos, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1978; R. SCHNACKENBURG, Reino y reinado de Dios, Fax, Madrid 1970.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p><div><span lang=\"es\">V\u00e9ase <\/span><i><span lang=\"es\">Reino de Dios<\/span><\/i><span lang=\"es\">.<\/span><\/div>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(-> Jes\u00fas, evangelio, gracia, par\u00e1bolas). Conforme a la ideolog\u00ed\u00ada com\u00fan del Oriente antiguo, Dios aparece como rey y el mundo entero es su reino, tal como han destacado los salmos reales. Pero, de un modo especial, el reino de Dios se identifica con su presencia y acci\u00f3n entre los hombres. 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