{"id":15939,"date":"2016-02-05T10:20:36","date_gmt":"2016-02-05T15:20:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/titulos-de-jesus\/"},"modified":"2016-02-05T10:20:36","modified_gmt":"2016-02-05T15:20:36","slug":"titulos-de-jesus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/titulos-de-jesus\/","title":{"rendered":"TITULOS DE JESUS"},"content":{"rendered":"<p>(-> Pablo). Hemos recogido en sus lugares correspondientes algunos t\u00ed\u00adtulos mesi\u00e1nicos de Jes\u00fas (Cristo, Hijo de Hombre, Se\u00f1or, Hijo de Dios, Sacerdo  te). Aqu\u00ed\u00ad evocamos de un modo especial otros que aparecen casi s\u00f3lo en Pablo.<\/p>\n<p>(1)  El Hombre (lio anthropos). Pablo no llama a Jes\u00fas \u00abHijo* del Hombre\u00bb, como la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica, sino \u00abel Hombre\u00bb. En ese contexto dice: as\u00ed\u00ad como el pecado vino por un hombre (Ad\u00e1n), as\u00ed\u00ad la gracia vino por un hombre (anthropos, ser humano, no an\u00e9r, var\u00f3n), que es Jesucristo (cf. Rom 5,12.15.19; 1 Cor 15,21). \u00abEl primer hombre Ad\u00e1n lleg\u00f3 a ser un alma viviente; y el \u00faltimo Ad\u00e1n, esp\u00ed\u00adritu vivificante. Pero lo espiritual no es primero, sino lo natural; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre es celestial\u00bb (1 Cor 15,45-47). Jes\u00fas es, por tanto, el Hombre definitivo, que pertenece al mundo superior y se revela en nuestra historia, culminando as\u00ed\u00ad nuestra existencia. Pues bien, en contra de lo que suele suceder en el judaismo apocal\u00ed\u00adptico y helenista, este Humano original no aparece en plenitud al principio para despu\u00e9s devaluarse o perecer (caer) en el mundo, sino que desvela su grandeza en el final (por la pascua de Jes\u00fas); adem\u00e1s, su potencia salvadora no proviene de alg\u00fan tipo de propiedad m\u00ed\u00adtica que pueda tener (de alguna fuerza extrahumana), sino del hecho de haber muerto y resucitado. Seg\u00fan Pablo, Jes\u00fas se identifica con el Hombre en su plenitud: no es la especie humana en general, ni un ser celeste que desciende (como en el mito gn\u00f3stico), sino el mismo Jes\u00fas, un hombre concreto, en quien encuentra su sentido toda la humanidad.<\/p>\n<p>(2) Imagen (Eik\u00f3n) de Dios (2 Cor 4,4.6). Dios se expresa totalmente en Jes\u00fas resucitado (y no en alguna entidad ultramundana), de manera que por \u00e9l llegamos al misterio original de lo divino. Al presentar de esta manera a Cristo, Pablo quiere superar la perspectiva de aquellos que interpretan la Ley como imagen y expresi\u00f3n total de Dios en la tierra. A juicio de Pablo, la Ley acaba siendo un velo que ha impedido contemplar el brillo de la luz divina (2 Cor 3,12-18), de manera que la misma b\u00fasqueda ansiosa de signos exteriores impide a los jud\u00ed\u00ados descubrir la realidad de Dios en Cristo, lo mismo que la sabidur\u00ed\u00ada del mundo se lo impide a los gentiles (1 Cor 1,22-25).<\/p>\n<p>(3) Sabidur\u00ed\u00ada y justificaci\u00f3n (sophia, dikaiosvn\u00e9). Jud\u00ed\u00ados y gentiles resultan incapaces de alcanzar la plenitud del Dios que brilla en Cristo (2 Cor 3,18), su imagen perfecta (2 Cor 4,4). Lo que deber\u00ed\u00ada ser fuente de luz se les vuelve tiniebla, de manera que no pueden descubrir \u00abla sabidur\u00ed\u00ada, justicia, santificaci\u00f3n, redenci\u00f3n de Dios en Cristo\u00bb (1 Cor 1.30). A diferencia de griegos y jud\u00ed\u00ados, que buscan a Dios por el conocimiento y por las obras, Pablo le busca y encuentra en Jes\u00fas, que es sabidur\u00ed\u00ada, poder y justicia salvadora de Dios (1 Cor 1,1831). Desde esa perspectiva ha elaborado Pablo la carta a los Romanos, donde comenta y despliega su experiencia de Jes\u00fas como justificaci\u00f3n de Dios, oponi\u00e9ndose a una interpretaci\u00f3n estrecha de la Ley, entendida como norma del juicio y como signo de la ira que amenaza a los hombres. Como buen apocal\u00ed\u00adptico, Pablo busca el valor final de la existencia, la posibilidad de una vida reconciliada, liberada de la ira, m\u00e1s all\u00e1 de la angustia de las obras que nos esclavizan y enfrentan, en un mundo de violencia (cf. Rom 1,16-17; 3,21-26).<\/p>\n<p>(4) Jes\u00fas, Propiciaci\u00f3n y Reconciliaci\u00f3n de Dios. Pablo interpreta la vida y obra de Jes\u00fas desde el ritual sagrado del templo, que era medio para conseguir el perd\u00f3n de Dios. Gran parte del judaismo se hallaba obsesionado por la culpa, como si una mancha de pecado se cerniera sobre el ser humano. El pueblo de Israel deb\u00ed\u00ada expiar ese pecado, a trav\u00e9s de un complejo ritual, centrado en el d\u00ed\u00ada de la Propiciaci\u00f3n o Yom Kippur (expiaci\u00f3n*, chivos*). La sangre de chivos y novillos, llevada al interior del Santuario (Santo de los Santos), tocando la placa del propiciatorio (lugar simb\u00f3lico de presencia m\u00e1xima de Dios) expiaba a\u00f1o tras a\u00f1o los pecados del pueblo (y de la humanidad), seg\u00fan Lv 16. Pues bien, en vez de aquel rito y sistema de purificaci\u00f3n, superando una sacralidad centrada en la mancha, como expresi\u00f3n personal del perd\u00f3n de Dios, Pablo ha presentado a Cristo como verdadero propiciatorio personal (hilast\u00e9rion: Rom 3,35), como el portador de la gracia de Dios que asume y supera por amor los pecados de los hombres. No son los hombres los que tienen que expiar y propiciar a Dios, sino que es el mismo Dios quien exp\u00ed\u00ada y propicia, es decir, quien ama y redime a los hombres en Cristo, a quien podemos llamar no s\u00f3lo sabidur\u00ed\u00ada y justificaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n \u00absantificaci\u00f3n y redenci\u00f3n de Dios\u00bb (1 Cor 1.30). En esa l\u00ed\u00adnea, Pablo a\u00f1ade que  \u00abDios estaba en Cristo reconciliando [,katallass\u00f3n] el mundo consigo mismo\u00bb (2 Cor 5,19). El Dios de Jes\u00fas no necesita rituales de templo ni leyes de pureza nacional. Su rito y pureza es Cristo, entendido como presencia de Dios y lugar de reconciliaci\u00f3n o encuentro en amor para todos. Pasan a segundo plano los m\u00e9todos de sacrificio y\/o salvaci\u00f3n religiosa y emerge, como presencia humanizadora de Dios, el mismo Jesucristo (cf. Rom 5,8-11).<\/p>\n<p>Cf. A. FEUILLET, Christologie panlinienne et tradition biblique, Par\u00ed\u00ads 1973; F. HAHN, Christologische Hoheitstitel. Ihre Geschichte im fr\u00ed\u00adlhen Christentum, FRLANT, 83, Gotinga 1962; T. W. MANSON, Cristo en la teolog\u00ed\u00ada de Pablo y Juan, Cristiandad, Madrid 1975; R. PENNA, L&#8217;apostolo Paolo. Studi di esegesi e teolog\u00ed\u00ada, Paoline, Tur\u00ed\u00adn 1991; X. PIKAZA, Este es el hombre. Cristolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, Sec. Trinitario, Salamanca f 997; E. P. SANDERS, Paidand Palestinian Judaism, SCM, Londres 1977.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(-> Pablo). Hemos recogido en sus lugares correspondientes algunos t\u00ed\u00adtulos mesi\u00e1nicos de Jes\u00fas (Cristo, Hijo de Hombre, Se\u00f1or, Hijo de Dios, Sacerdo te). Aqu\u00ed\u00ad evocamos de un modo especial otros que aparecen casi s\u00f3lo en Pablo. (1) El Hombre (lio anthropos). 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