{"id":15952,"date":"2016-02-05T10:21:02","date_gmt":"2016-02-05T15:21:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/zacarias-e-isabel\/"},"modified":"2016-02-05T10:21:02","modified_gmt":"2016-02-05T15:21:02","slug":"zacarias-e-isabel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/zacarias-e-isabel\/","title":{"rendered":"ZACARIAS E ISABEL"},"content":{"rendered":"<p>(-> Juan Bautista, anunciaci\u00f3n). La primera figura del evangelio de Lucas no es Mar\u00ed\u00ada, la mujer, sino un justo sacerdote llamado simb\u00f3licamente Zacar\u00ed\u00adas (= Dios se ha acordado o Dios recuerda) y su esposa, una justa mujer llamada Isabel (= Mi Dios salva) (cf. Lc 1,1-35). Ellos representan la paradoja de la historia israelita: ambos son irreprochables, pero no han conseguido descendencia; se cierra en sus personas el futuro, carecen en el mundo de esperanza.<\/p>\n<p>(1) El sacerdote Zacar\u00ed\u00adas simboliza el templo, la sacralidad del pueblo de Israel, interpretado en perspectiva de culto, comunidad encargada de alabar a Dios en rito y sacrificio, con incienso de olor suave y fuego que va consumi\u00e9ndose y alumbra la existencia de los hombres. El templo es presencia de Dios, garant\u00ed\u00ada de vida (de futuro de hijos) para el pueblo. Pero Zacar\u00ed\u00adas, sacerdote, no tiene descendencia y por eso est\u00e1 atrapado en el interior de una fuerte contradicci\u00f3n. Es un liturgo est\u00e9ril: signo de una historia que no logra culminar en Dios ni abrirse hacia el futuro por los hijos, sobre un templo que aparece al mismo tiempo como necesario e in\u00fatil, como lo m\u00e1s santo (lugar de Dios) y lo menos valioso (no logra salvar a los hombres). Alaba a Dios el sacerdote, pidiendo por su pueblo. Pero es evidente que pide tambi\u00e9n por s\u00ed\u00ad mismo, deseando descendencia, como indicar\u00e1 con nitidez el \u00e1ngel: \u00abHa sido escuchada tu oraci\u00f3n; tu mujer te dar\u00e1 un hijo&#8230;\u00bb (Lc 1,13). Es como si toda la genealog\u00ed\u00ada del sacerdocio israelita estuviera centrada y dirigida hacia el deseo y promesa de prole. Los sacerdotes han sido dentro de Israel los garantes de la gran familia de los limpios, puros. Han estudiado y guardado de un modo obsesivo sus listas geneal\u00f3gicas, para as\u00ed\u00ad garantizar la validez del culto. Es como si todo el misterio de Dios y el futuro del pueblo dependiera de la pure za seminal, patriarcalista, de sus hijos y nietos, en l\u00ed\u00adnea persistente, de eterno sacerdocio, regido por una ley de descendencia que atraviesa los siglos. El sacerdote cumple su funci\u00f3n sacrificando e incensando el altar del templo, pero no tiene hijos, no puede dejar descendientes sacerdotes que sigan realizando su funci\u00f3n.<\/p>\n<p>(2) La mujer, Isabel, es signo de maternidad. Dentro de una historia patriarcal, ella ha de ser ante todo madre: vale en cuanto ofrece hijos al marido; para tener hijos vive, por ellos alcanza sentido. Por eso, siendo est\u00e9ril, es una contradicci\u00f3n: esperanza bald\u00ed\u00ada, promesa de vida no cumplida. Todo en ella ha de estar preparado para engendrar otro puro sacerdote; por eso tiene que ser escogida, pura, virgen, mujer que nunca haya podido mantener contacto sexual con extranjeros o varones menos puros. Puro sagrario de un semen sagrado ha de ser la esposa del sacerdote; para esa funci\u00f3n ha de guardarse siempre limpia. Por eso, es evidente que Isabel, mujer est\u00e9ril de un sacerdote que oficia en el templo, es a los ojos de Israel una mujer cargada de oneid\u00f3s, de verg\u00fcenza y desprecio (cf. Lc 1,25). Estos son por s\u00ed\u00ad mismos los dos primeros personajes del evangelio de Lucas: un sacerdote que inciensa en el templo, una mujer est\u00e9ril, la expresi\u00f3n de una historia de Israel que se acaba y se pierde. Pues bien, en ese contexto se ha introducido el \u00e1ngel de la anunciaci\u00f3n*, prometiendo descendencia para el sacerdote, pero una descendencia que ya no ser\u00e1 sacerdotal, sino prof\u00e9tica (Lc 1,8-22). Por su parte, Isabel ser\u00e1 madre, pero no madre de un hijo para ella, sino de un hijo que tendr\u00e1 que ponerse al servicio del \u00abSol que viene de lo alto\u00bb, es decir, del Mes\u00ed\u00adas (Lc 1,78). Por eso, ella no ser\u00e1 geb\u00ed\u00adra* o se\u00f1ora por su maternidad, sino testigo de la maternidad de Mar\u00ed\u00ada, madre de Jes\u00fas, a la que llamar\u00e1 \u00abMadre de mi Se\u00f1or\u00bb, es decir, la geb\u00ed\u00adra mesi\u00e1nica (cf. Lc 1,43). De esa manera, tanto Zacar\u00ed\u00adas como Isabel superan los l\u00ed\u00admi  tes de la identidad israelita, abri\u00e9ndose por su hijo Juan a la novedad mesi\u00e1nica de Jes\u00fas. Desde una perspectiva cristiana, ellos simbolizan la culminaci\u00f3n prof\u00e9tica del Antiguo Testamento: siendo fiel a s\u00ed\u00ad mismo, el pueblo de Israel viene a convertirse en testigo del surgimiento mesi\u00e1nico de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(-> Juan Bautista, anunciaci\u00f3n). 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