{"id":15953,"date":"2016-02-05T10:21:05","date_gmt":"2016-02-05T15:21:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/zacarias-profeta-2\/"},"modified":"2016-02-05T10:21:05","modified_gmt":"2016-02-05T15:21:05","slug":"zacarias-profeta-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/zacarias-profeta-2\/","title":{"rendered":"ZACARIAS PROFETA"},"content":{"rendered":"<p>(-> Si\u00f3n, Sofon\u00ed\u00adas). Zacar\u00ed\u00adas es un profeta israelita y el nombre de un libro del Antiguo Testamento donde se recogen no s\u00f3lo los or\u00e1culos del profeta de su nombre (Primer Zacar\u00ed\u00adas), sino los de un profeta posterior, a quien se le suele llamar Segundo Zacar\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>(1) Primer Zacar\u00ed\u00adas. (1) Profeta de la restauraci\u00f3n. Lc podemos datar con notable precisi\u00f3n, entre el 520 y el 518 a.C., cuando los jud\u00ed\u00ados vueltos del exilio est\u00e1n reedificando el templo de Jerusal\u00e9n. Este profeta fue, al mismo tiempo, un visionario (que transmite en su libro las primeras ocho grandes visiones simb\u00f3licas y unitarias de la restauraci\u00f3n israelita) y un l\u00ed\u00adder social (que anima, potencia y dirige la obra de reconstrucci\u00f3n jud\u00ed\u00ada, que debe estar centrada en el sacerdote Josu\u00e9 y en el pr\u00ed\u00adncipe Zorobabel). Tiene fuerte conciencia de su misi\u00f3n: sabe que Dios le ha enviado para culminar la obra de los antiguos profetas y as\u00ed\u00ad lo dice en los momentos centrales de su mensaje, para confirmar sus predicciones: \u00abSabr\u00e9is que Yahv\u00e9 Sebaot me ha enviado a vosotros\u00bb (Zac 4,9; 6,15). Su obra (Zac 1-8) est\u00e1 constituida por ocho visiones relativas a la restauraci\u00f3n de Jerusal\u00e9n (1,7-17; 2,1-4; 2,5-9; 3,1-7; 4,1-14; 5,1-4; 5,5-11; 6,1-8); en medio de ellas aparecen varias secciones explicativas, conforme a una t\u00e9cnica literaria que se har\u00e1 com\u00fan en los profetas tard\u00ed\u00ados y en las obras apocal\u00ed\u00adpticas. En ese contexto se sit\u00faa el canto de la Hija-Si\u00f3n, uno de los textos m\u00e1s conocidos de la Biblia hebrea: \u00abCanta y al\u00e9grate, Hija-Si\u00f3n, pues yo vengo para habitar en medio de ti, palabra de Yahv\u00e9. Y aquel d\u00ed\u00ada se incorporar\u00e1n a Yahv\u00e9 muchas naciones y ser\u00e1n pueblo (am) para m\u00ed\u00ad: y habitar\u00e9 en medio de ti y sabr\u00e1s que Yahv\u00e9 Sebaot me ha enviado a ti. Y Yahv\u00e9 escoger\u00e1 a Jud\u00e1 como su herencia sobre la Tierra Santa y escoger\u00e1 de nuevo a Jerusal\u00e9n. Calle toda carne ante Yahv\u00e9, porque se ha elevado desde su santa morada\u00bb (Zac 2,14-17). Las re laciones de este pasaje con el canto de Sofon\u00ed\u00adas* 3,14-18 resultan evidentes. Es posible que ambos provengan de un mismo contexto o que Zac 2,14-17 dependa de Sof 3,14-18, como parece m\u00e1s probable. Com\u00fan en ambos casos es la invitaci\u00f3n al gozo: la Hija-Si\u00f3n ha de cantar y alegrarse. En nombre de Yahv\u00e9, el profeta ha dicho a los constructores de la nueva Jerusal\u00e9n (Zac 2,5-9) que no cierren las puertas de la ciudad, que no tengan miedo, pues Dios mismo ser\u00e1 su protecci\u00f3n, como muralla de fuego que impide que la asalten o conquisten los pueblos enemigos (cf. Ex 40,34; Nm 8,15-23; Ez 40^18).<\/p>\n<p>(2) Primer Zacar\u00ed\u00adas. (2) Habitar\u00e9 en medio de ti. Dios mismo protege el santuario de su pueblo, pues habitar\u00e1 en Jerusal\u00e9n, ciudad de Yahv\u00e9 Sebaot, monte santo. En este contexto, el mismo Dios invita a la Hija-Si\u00f3n para que cante, con el gozo de las bodas, pues \u00e9l habita dentro de ella (shakanti betokek). Habita Dios en Si\u00f3n como en su propio santuario, como esposo que viene y vive (suscitando vida) en la entra\u00f1a de su esposa. As\u00ed\u00ad se implican mutuamente la imagen sacral (inhabitaci\u00f3n) y la esponsal: Jerusal\u00e9n es santuario y es novia de Dios, novia que canta\/baila a la llegada de su amado. En este contexto de bodas puede superarse el viejo enfrentamiento que escind\u00ed\u00ada a jud\u00ed\u00ados y gentiles. Por eso, en contra de lo que supone el texto paralelo de Is 52,12, Zacar\u00ed\u00adas afirma que \u00abse incorporar\u00e1n muchas naciones\u00bb, formando parte del propio pueblo de Dios e integr\u00e1ndose en su pacto (= ser\u00e1n pueblo de Dios). En este sentido se podr\u00e1 decir que Jerusal\u00e9n ser\u00e1 una \u00abciudad abierta\u00bb (Zac 2,8): en ella caben todos, en boda universal. Estos \u00abasociados\u00bb de Yahv\u00e9 (y de Si\u00f3n) no ser\u00e1n servidores o esclavos de los israelitas, como parec\u00ed\u00ada suponer Is 61-62, sino que forman parte del pueblo. Evidentemente, el texto, formulado como ideal prof\u00e9tico, no puede indicar las concreciones hist\u00f3ricas y las mediaciones sociales de esa incorporaci\u00f3n de los gentiles al pueblo de la alianza, tema que ha sido tratado de forma jur\u00ed\u00addica y resuelto de manera negativa (con exigencia de expulsi\u00f3n) por los libros de Esdras*-Nehem\u00ed\u00adas. Han existido jud\u00ed\u00ados intransigentes, celosos de la propia identidad social y cultural de Jerusal\u00e9n, defensores de la separaci\u00f3n respecto de los otros pueblos. Hist\u00f3ricamente, ellos  son los que han triunfado, en el tiempo que va desde Esdras-Nehem\u00ed\u00adas (en torno al 450 a.C.) hasta la crisis macabea (170-160 a.C.). Pero dentro del mismo Israel y en su Escritura m\u00e1s sagrada se conserva la memoria de este profeta que quer\u00ed\u00ada que la Hija-Si\u00f3n abriera sus puertas, recibiendo dentro a las naciones, como supone Ap 21,25, cuando dice que las puertas de la Nueva Jerusal\u00e9n no estar\u00e1n jam\u00e1s cerradas. Esta experiencia de gozo, vinculada a la apertura de Jerusal\u00e9n, que acoge en su seno a todas las naciones, constituye el centro de la primera parte del libro de Zacar\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>(3) Segundo Zacar\u00ed\u00adas. (1) La danza de la Hija-Si\u00f3n. Hacia comienzos del III a.C., asumiendo quiz\u00e1 temas y hasta textos anteriores, el autor a quien llamamos Segundo Zacar\u00ed\u00adas (Zac 9-14) ha redactado una obra prof\u00e9tica centrada en el mesianismo escatol\u00f3gico. Culminando su acci\u00f3n anterior e invirtiendo los medios de poder normal del mundo (violencia de los imperios), el mismo Dios va a desvelar su misterio en Si\u00f3n\/Jerusal\u00e9n, como muestra el m\u00e1s parad\u00f3jico y fuerte de todos los pasajes b\u00ed\u00adblicos sobre la Hija-Si\u00f3n: \u00abDanza con fuerza, Hija-Si\u00f3n; grita aclamando, HijaJerusal\u00e9n; he aqu\u00ed\u00ad que tu rey viene a ti; justo y vencedor es \u00e9l; humilde, montado sobre un asno, sobre un pollino, cr\u00ed\u00ada de borrica. Destruir\u00e1 el carro de Efra\u00ed\u00adn y el caballo de Jerusal\u00e9n. Y destruir\u00e1 el arco de guerra y anunciar\u00e1 la paz a las naciones; y su dominio ser\u00e1 de mar a mar, del torrente a las extremidades de la tierra\u00bb (Zac 9,9-10). La Hija-Si\u00f3n tiene que ponerse a danzar en gesto de fiesta solemne; danza y grita clamando, porque llega su rey. Estamos en una liturgia de entronizaci\u00f3n: se forma el cortejo, avanza el rey y, mientras llega, se le acerca la Hija-Si\u00f3n para recibirle con la alegr\u00ed\u00ada desbordante de su baile. Sofon\u00ed\u00adas 3,14-18 iniciaba una danza nupcial: Zac 2,14-17 invitaba al baile religioso, pero s\u00f3lo Zac 9,9-10 lleva ese tema hasta el final y nos sit\u00faa en el centro de una gran ceremonia de coronaci\u00f3n, que se inicia con el baile de un pueblo\/muchacha que recibe con gozo emocionado y entusiasta a su rey salvador. Desaparecen o pasan a segundo plano los restantes oficios y figuras de la tierra: sacerdotes, militares, potentados&#8230; Toda la humanidad se ha condensado en esta Hija-Si\u00f3n, esta ciudad-mujer, esta doncella que, llena de juventud y esperanza, se prepara para la danza triunfal de su rey. Ella no tiene m\u00e1s oficio que cantar y alegrarse; para eso se prepara y as\u00ed\u00ad lo har\u00e1 porque viene su rey. Ciertamente, ese rey que viene es justo, en la l\u00ed\u00adnea de la justicia de Dios, pero es tambi\u00e9n justo con los israelitas (y con los hombres) justos de la historia. Este rey es vencedor, en cuanto trae la victoria de Dios; pero el t\u00e9rmino empleado en este caso es pasivo, como para indicar que no realiza la salvaci\u00f3n a trav\u00e9s de su esfuerzo violento, sino que la recibe de Dios. Es rey humilde (como los que forman el resto de Israel en Sof 3,12), y viene montado en un asno, como en asno montaban los primeros salvadores y reyes de la historia israelita (cf. Gn 49,11; Je 5,10; 10,4; 12,14). Una muchacha que danza gozosa, un rey que avanza montado sobre un asno&#8230; Esta es la representaci\u00f3n de la historia total. Los dos unidos forman el signo de la humanidad. Por eso hay que entenderlos juntos: uno desde el otro y con el otro. La muchacha danzante s\u00f3lo tiene sentido all\u00ed\u00ad donde la vida no es ya guerra, all\u00ed\u00ad donde el aut\u00e9ntico poder no es el caballo de batalla ni el dinero, sino un tipo nuevo de humanidad que avanza sobre un asno. Por otra parte, la humildad del rey expresa algo que es mucho m\u00e1s que una virtud interna; es la expresi\u00f3n permanente de la voluntad de di\u00e1logo, de la paz mutua, de la renuncia a la violencia. Pero el texto sigue diciendo que destruir\u00e1 (\u00bfqui\u00e9n? Dios o el mismo rey, seg\u00fan se lea el texto hebreo) el carro de Efra\u00ed\u00adn y el caballo de Jerusal\u00e9n (9,10). Normalmente, en la vieja tradici\u00f3n h\u00ed\u00admnica y prof\u00e9tica de Israel carros y caballos suelen ir vinculados como expresi\u00f3n de poder\u00ed\u00ado guerrero (cf. Ex 15,1; Miq 5,9; Is 2,7). La novedad de nuestro texto es que separa ambos signos y atribuye los carros a Efra\u00ed\u00adn y los caballos a Jerusal\u00e9n, poniendo as\u00ed\u00ad sobre el mismo plano de violencia (y con la misma necesidad de conversi\u00f3n) a jud\u00ed\u00ados y samaritanos.<\/p>\n<p>(4) Segundo Zacar\u00ed\u00adas. (2) El rey pac\u00ed\u00adfico. La salvaci\u00f3n est\u00e1 simbolizada en la Hija-Si\u00f3n y en su rey. Pero esta HijaSi\u00f3n no se identifica ya s\u00f3lo con Jerusal\u00e9n, sino con todos los que buscan la paz. La paradoja (que el Nuevo Testamento ha captado en la escena de la entrada de Jes\u00fas en Jerusal\u00e9n* 2; Mt 21,5) consiste en el hecho de que este rey sin armas simboliza (y en alg\u00fan sentido realiza) la victoria de la nueva huma  nidad sobre los grandes pueblos armados. Este nuevo rey es signo de condena para los hermanos enfrentados, para jud\u00ed\u00ados y samaritanos, en un tiempo (siglo III a.C.) en que unos y otros se est\u00e1n combatiendo ya en una lucha que les dividir\u00e1 para siempre (hasta el d\u00ed\u00ada de hoy). S\u00f3lo entonces, cuando jud\u00ed\u00ados y samaritanos (Efra\u00ed\u00adn y Jerusal\u00e9n) depongan sus armas, cuando puedan darse la mano de la paz en tomo al rey de no violencia, montado sobre un asno, podr\u00e1 salir la Hija-Si\u00f3n a bailar. Ambos, rey pac\u00ed\u00adfico y muchacha danzante, forman como las dos caras de un mismo ideal mesi\u00e1nico abierto hacia todos los pueblos, porque el texto sigue diciendo \u00abdestruir\u00e1 el arco de guerra y anunciar\u00e1 la paz a las naciones\u00bb. El arco constituye, con los carros y caballos, el signo m\u00e1ximo de guerra (cf. 1 Sm 2,4). Parece que los pueblos han vivido hasta el momento actual dominados por un tipo de l\u00f3gica militarista: arco y espada han definido y decidido siempre sus disputas. Pues bien, asumiendo una l\u00f3gica nueva de paz escatol\u00f3gica, que podemos ver en textos como Is 2,2-4; 11,1-9, nuestro pasaje ha elaborado un ideal de paz universal, que no se extiende por imposici\u00f3n ni a trav\u00e9s de una especie de rito de magia, sino que se anuncia y razona a trav\u00e9s de la palabra. El nuevo rey hablar\u00e1 en forma de paz (dbr Shalom), convertir\u00e1 la paz en palabra abierta hacia todas las naciones. No hablar\u00e1 con las armas, no razonar\u00e1 con medios de violencia: creer\u00e1 en la palabra y as\u00ed\u00ad la ir\u00e1 extendiendo hacia el conjunto de la humanidad, en camino de recreaci\u00f3n escatol\u00f3gica. Desde ese contexto se ilumina el pasaje en que Jes\u00fas dir\u00e1 a la samaritana* que los verdaderos adoradores adoraran en esp\u00ed\u00adritu y verdad, superando el nivel de disputa entre Si\u00f3n y Garizim (cf. Jn 4,20-24).<\/p>\n<p>Cf. L. ALONSO SCH\u00ed\u201cKEL y J. L. SICRE D\u00ed\u008dAZ, Profetas I-II, Cristiandad, Madrid 1980; A. J. HESCHEL, Los profetas I-II, Paid\u00f3s, Buenos Aires 1973; T. H. ROBINSON y F. HORST, Die zw\u00f3tf kleinen Propheten, HAT 1\/14, Tubinga 964.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(-> Si\u00f3n, Sofon\u00ed\u00adas). 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