{"id":15959,"date":"2016-02-05T10:21:17","date_gmt":"2016-02-05T15:21:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/actitud-religiosa\/"},"modified":"2016-02-05T10:21:17","modified_gmt":"2016-02-05T15:21:17","slug":"actitud-religiosa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/actitud-religiosa\/","title":{"rendered":"ACTITUD RELIGIOSA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. G\u00e9nesis de la personalidad. &#8211; 2. El origen de la actitud religiosa. &#8211; 3. La formaci\u00f3n de la actitud religiosa. &#8211; 4. Orientaciones pastorales.<\/p>\n<p>La persona humana se caracteriza por las actitudes que tiene en la vida cotidiana y ante los acontecimientos que le afectan de una u otra forma. Los diferentes \u00e1mbitos de la vida humana exigen maneras adecuadas de situarse; estos comportamientos estables se aprenden a trav\u00e9s de las relaciones interpersonales; las experiencias de confianza, aceptaci\u00f3n y ternura que tenemos en los primeros a\u00f1os de nuestra existencia configuran, en gran medida, nuestras actitudes b\u00e1sicas ante la vida. Las relaciones educativas, c\u00ed\u00advicas y laborales influyen en el tipo de persona que vamos siendo; igualmente, el modelo de persona y sociedad que se tiene y por el que se trabaja tambi\u00e9n configura grandemente nuestro estilo de persona.<\/p>\n<p>De todas las actitudes, la \u00e9tica y la actitud religiosa tienen una caracter\u00ed\u00adstica propia que las distingue del resto de actitudes. Nos referimos al car\u00e1cter totalizante que tienen estas dos actitudes, pues afectan a todas las facetas de la vida humana y dan a la persona un sentido unificador que orienta la existencia entera. En los creyentes la actitud religiosa conlleva determinados comportamientos \u00e9ticos, aunque la fe no se reduzca a una moral.<\/p>\n<p>1. G\u00e9nesis de la personalidad<br \/>\n\u00abNacemos con inmadurez psicobiol\u00f3gica y nuestra estructura interna est\u00e1 determinada por los intercambios con el medio; las experiencias m\u00e1s repetidas o las que tienen m\u00e1s repercusi\u00f3n afectiva son las m\u00e1s interiorizadas. El conjunto de representaciones mentales que provienen de la experiencia y, por lo tanto, tienen carga afectiva, constituyen la realidad interna; la g\u00e9nesis de la realidad interna, su estructura y caracter\u00ed\u00adsticas se fundamentan en las primeras relaciones del ni\u00f1o con la madre. Rof Carvallo denomina \u00abcertidumbre afectiva\u00bb a la red de relaciones del ni\u00f1o peque\u00f1o con la madre\u00bb (J. SASTRE, Fe en Dios Padre y \u00e9tica, sPx 1995, 22).<\/p>\n<p>La interacci\u00f3n entre comportamientos, relaciones y representaciones es lo que marca la evoluci\u00f3n de la persona. E.H. Erikson dice que en este proceso de interacci\u00f3n psicosocial se van configurando los \u00absentimientos b\u00e1sicos\u00bb que caracterizan la vida personal y social de cada individuo.<\/p>\n<p>\u00abEl yo es el conjunto estructurado de funciones de la personalidad que verifica la realidad, organiza la conducta y capta la propia interioridad; el super- yo se estructura a partir del yo como resultado de la introspecci\u00f3n de normas morales y reglas sociales que han repercutido en la persona a lo largo de su desarrollo y han ido configurando el yo-ideal. La semiotizaci\u00f3n y la simbolizaci\u00f3n tan decisivas en el yo-ideal, ocurren en el seno de la certidumbre afectiva\u00bb (J. SASTRE O.C. 23).<\/p>\n<p>La personalidad madura es aquella que ha desarrollado de manera sana la capacidad de amar y ser amado, en las relaciones interpersonales y en el \u00e1mbito social. El clima afectivo que se vive en la familia es b\u00e1sico y determinante para que el ni\u00f1o descubra la confianza existencial y aprenda a amar; la escuela, el grupo de iguales, la sociedad, la comunidad religiosa, etc. educan en la medida que potencian y desarrollan las dos experiencias citadas: confianza y donaci\u00f3n. \u00abEl sentido de la vida, la bondad de la realidad, el futuro, la comprensi\u00f3n de la justicia (reciprocidad), la vivencia de Dios (ser personal \/ ser lejano) y la responsabilidad moral (Dios Padre \/ Dios Juez) encuentran su explicaci\u00f3n \u00faltima en las primeras cristalizaciones de la estructura de la personalidad, que se fragua en el seno de las relaciones familiares\u00bb (J. SASTRE, O.C. 24).<\/p>\n<p>2. El origen de la actitud religiosa<br \/>\nLa psicolog\u00ed\u00ada religiosa estudia el modo de situarse el ser humano ante Dios, as\u00ed\u00ad como las expresiones de esta relaci\u00f3n en lo referente a ideas, comportamientos y sentimientos. Esta experiencia psicol\u00f3gica abarca a la persona como totalidad, se refiere al sentido \u00faltimo de la vida y exige una determinada manera de vivir. Lo importante es que lo Trascendente, lo Sagrado, lo \u00daltimo a lo que denominamos con el t\u00e9rmino Dios se perciba como Ser Personal que invita a una relaci\u00f3n interpersonal y que proyecta un sentido nuevo sobre la vida entera.<\/p>\n<p>El encuentro con la realidad, el no quedarse aprisionado en la realidad, la apertura a la humanidad en lo que tiene de universal, y el sentimiento de que la limitaci\u00f3n espacio- temporal no recoge todos los anhelos de la vida humana son los cimientos de la experiencia religiosa. Esta apertura percibida en lo profundo de la persona como confianza existencial es el lugar del encuentro con Dios; un Dios que redimensiona la mirada sobre lo humano, pues nos descubre el sentimiento profundo de la realidad al revelarnos el origen y la meta de todo lo existente, y especialmente del ser humano. El Dios revelado en Jesucristo se manifiesta y comunica como Amor sin l\u00ed\u00admites y entrega gratuita; desde ah\u00ed\u00ad nos invita a interpretar y vivir todo lo humano. La historia vivida en esperanza como proceso de humanizaci\u00f3n y de fraternidad son el lugar privilegiado de encuentro con Dios; esto no es posible si antes no nos reconocemos como Hijos de Dios y como hermanos.<\/p>\n<p>A. Vergote (Psicolog\u00ed\u00ada religiosa, Taurus 1984, cap. IV) comenta en profundidad que Dios llega a ser \u00absentido para la existencia\u00bb desde las motivaciones profundas tales como las frustraciones, los sentimientos de culpabilidad y la necesidad de seguridad que supera las angustias. \u00abDicho de otra manera el sujeto no es expl\u00ed\u00adcitamente m\u00e1s consciente de los motivos por los que se dirige a Dios que el ni\u00f1o lo es de las razones por las que ama a sus padres\u00bb (p. 31). Estas aspiraciones profundas explican la formaci\u00f3n de la actitud religiosa, pero necesitan ser completadas y transformadas por otros elementos pues \u00abel rostro de Dios est\u00e1 disimulado a la vez que prefigurado en el Dios de sus necesidades y de sus motivos\u00bb (p. 183).<\/p>\n<p>3. La formaci\u00f3n de la actitud religiosa<br \/>\n3.1. Lo maternal y lo paternal en la formaci\u00f3n de la imagen de Dios. Las relaciones paterno-filiales son decisivas en la apertura del ni\u00f1o a la realidad como totalidad. Seg\u00fan demuestran las investigaciones psicosociol\u00f3gicas, las im\u00e1genes simb\u00f3licas del padre y de la madre son importantes en la formaci\u00f3n de la actitud religiosa del ni\u00f1o. Con todo no hay que identificar la imagen de Dios revelada en Jesucristo con el aprendizaje que se hace en la familia a trav\u00e9s de los s\u00ed\u00admbolos parentales. \u00abLas relaciones maternales y la figura materna permanece a la persona ligada a la fusi\u00f3n feliz, el amor incondicional y la paz total; estas experiencias tienen car\u00e1cter de inmediatez y no incluyen el esfuerzo personal ni la relaci\u00f3n interpersonal. Esta experiencia de plenitud afectiva sin l\u00ed\u00admites ni condiciones es la fundamentaci\u00f3n prerreligiosa de la religi\u00f3n. Sobre la experiencia anterior act\u00faa el s\u00ed\u00admbolo paternal produciendo ruptura o salto cualitativo\u00bb (J. SASTRE, o. C., 35).<\/p>\n<p>Las experiencias y valores maternales son las que comportan felicidad, fusi\u00f3n e incondicionalidad; esta dicha y ausencia de conflicto permite al ni\u00f1o percibir la vida en positividad pero le falta la confrontaci\u00f3n con la realidad y el sentido de relaci\u00f3n de reciprocidad. La madurez conlleva la incorporaci\u00f3n de la experiencia y valores paternales. \u00abEl s\u00ed\u00admbolo del padre contiene esta virtud de ruptura que arrancando el deseo a u inmersi\u00f3n imaginaria en la falsa infinitud de la fusi\u00f3n, lo proyecta al encuentro del otro\u00bb (A. VERGOTE, o. C., 201-202). La imagen de Dios en el ni\u00f1o surge a trav\u00e9s de las figuras parentales pero no se corresponde totalmente a ellos, y debe ser expl\u00ed\u00adcitamente educada para poder llegar a una relaci\u00f3n interpersonal con Dios Padre.<\/p>\n<p>Este lento caminar supone el descubrimiento de la autonom\u00ed\u00ada humana, el sentido de la vida y el encuentro con la persona de Jes\u00fas que nos manifiesta como a vivido El la relaci\u00f3n con Dios Abb\u00e1 y la relaci\u00f3n con la relaci\u00f3n social, pol\u00ed\u00adtica y religiosa que le toc\u00f3 vivir. La Palabra de Dios nos ayuda de manera insustituible en la b\u00fasqueda del aut\u00e9ntico rostro de Dios, del Hombre y de la historia. En la experiencia religiosa de la humanidad Dios aparece como necesidad, como acontecimiento y como deslumbramiento. \u00abEl mensaje de Jes\u00fas es, por una parte, una respuesta escatol\u00f3gica (ya, pero todav\u00ed\u00ada no) a la m\u00e1s onda din\u00e1mica humana (de la que el hombre mismo solo toma plena conciencia a la luz de ese mensaje), pero, por otra parte, no agota su virtualidad en dar un sentido al abismo del coraz\u00f3n humano, sino que presenta un ideal de realizaci\u00f3n positiva insospechable para el hombre natural. El hombre puede y debe acceder por s\u00ed\u00ad mismo a una sacralidad aut\u00e9ntica aunque limitada y oscura; s\u00f3lo la revelaci\u00f3n le proporciona acceso a la m\u00e1s alta expresi\u00f3n de lo sagrado\u00bb (M. BENZO, Hombre sagrado-hombre profano. Tratado de antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica, Cristiandad, 978, 132.142).<\/p>\n<p>En la acci\u00f3n pastoral hay las cuestiones \u00ed\u00adntimamente relacionadas aunque no llegan a confundirse pues una supera a la otra, las podr\u00ed\u00adamos formular as\u00ed\u00ad: \u00bfQu\u00e9 experiencias humanas acogen la presencia de Dios o nos remiten a la transcendencia? \u00bfC\u00f3mo Dios cuestiona la experiencia de lo humano y propone al hombre una forma nueva y definitiva de vivir? La revelaci\u00f3n cristiana manifiesta el sentido positivo de todo lo probado y se refiere al hombre como el destinatario principal del amor de Dios, pues participa de su misma vida. Esta caracter\u00ed\u00adstica dota a la vida humana de gran dinamismo, pues la distancia entre el presente y la plenitud escatol\u00f3gica (Rom. 8, 24-25) viene marcada por la fe, la esperanza y el amor al hermano necesitado (1 Cor. 13, 1-12).<\/p>\n<p>Los estudios psicosociol\u00f3gicos sobre la influencia del simbolismo de las im\u00e1genes parentales en la formaci\u00f3n de la imagen de Dios aportan los siguientes resultados (A. VERGOTE, O. C., 229-255):<\/p>\n<p>&#8211; La imagen de Dios tiene m\u00e1s cualidades maternales que la imagen paternal; con todo, en la imagen de Dios, las cualidades paternales tienen m\u00e1s valor de discriminaci\u00f3n que las maternales.<\/p>\n<p>&#8211; La imagen paternal est\u00e1 configurada por los rasgos propios de la ley (exigencias y ruptura), el modelo (indentificaci\u00f3n y condicionalidad) y de la promesa (futuro prometido y asegurado). Dios se manifiesta como Padre porque asegura los valores maternales, aunque tambi\u00e9n los supera ya que establece separaci\u00f3n entre la inmediatez de los deseos y la plenitud del futuro. La bienaventuranza eterna est\u00e1 plenitud escatol\u00f3gica y no en la vuelta al para\u00ed\u00adso original.<\/p>\n<p>&#8211; En este caminar hacia la adultez humana y creyente aparece la debilidad, la incoherencia y el pecado. La Palabra de Dios no s\u00f3lo marca el camino, tambi\u00e9n es expresi\u00f3n del que acoge, perdona y reconcilia. La experiencia del perd\u00f3n es el comienzo de que el dolor, la muerte, la injusticia y el pecado ser\u00e1n definitivamente superados.<\/p>\n<p>3.2. La actitud religiosa y su funcionamiento. Las actitudes surgen y se configuran en las relaciones en que se desarrolla la vida humana desde los primeros momentos. Los componentes de la actitud religiosa son de tres tipos: componentes afectivos, cognitivos y volitivos; funciona de manera interrelacional, din\u00e1mica e intencional. La actitud religiosa afecta a la persona como totalidad, tanto es los componentes de la persona como en la referencia al pasado, presente y futuro, y en la vinculaci\u00f3n entre la apertura a Dios como fundamento de lo humano y las relaciones interhumanas. En la estructuraci\u00f3n de la actitud religiosa cristiana, la referencia a la persona de Jes\u00fas es insustituible; los datos de las encuestas manifiestan reiteradamente que un buen n\u00famero de los que nos posicionamos como cat\u00f3licos tenemos una fe muy poco configurada por la revelaci\u00f3n de Dios Padre en Jes\u00fas de Nazaret.<\/p>\n<p>En consecuencia, los rasgos de nuestra religiosidad responden m\u00e1s a la psicolog\u00ed\u00ada religiosa que a una actitud religiosa madura. El Evangelio como Buena Noticia es la expresi\u00f3n de que el encuentro con Dios y la realizaci\u00f3n del hombre se dan en Jesucristo; la aut\u00e9ntica vivencia cristiana se da cuando la realizaci\u00f3n de lo humano y de la Palabra de Dios aparecen referenciados en lo m\u00e1s profundo.<\/p>\n<p>Jesucristo, como universal concreto, es la autocomunicaci\u00f3n plena y definitiva y universal de lo divino; el reconocimiento \u00fanicamente es posible en el encuentro personal, es decir, en el seguimiento de Jes\u00fas para que en el \u00abestar con El\u00bb podamos acoger su persona, vivir su mensaje y continuar su causa. La persona y el Evangelio de Jes\u00fas de Nazaret son gracia y llamamiento a la radicalidad; el paradigma del amor es una persona que \u00abviene de lo alto\u00bb para hacer la voluntad del Padre en total disponibilidad y entrega a los hermanos.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad se produce el salto que marca la madurez de la actitud religiosa: pasar del Dios a quien se pide ego\u00ed\u00adstamente satisfacer las propias necesidades, a un Dios que nos invita a vivir la plenitud del ser hijos en la tarea de ser hermanos. Al Dios revelado en Jes\u00fas no se le encuentra en las carencias del hombre, sino en las b\u00fasquedas, en la entrega y en los caminos de realizaci\u00f3n del proyecto humano de fraternidad. La Palabra de Dios nos lleva al origen y fundamento de todo, Trinidad como misterio del amor, comuni\u00f3n y misi\u00f3n que fundamenta la antropolog\u00ed\u00ada humana y la intercomuni\u00f3n solidaria de los hombres y los pueblos. \u00abLa Trinidad se ha convertido en expresi\u00f3n y sentido de la historia: no hay historia sin futuro abierto (Padre), sin presencia anticipada del futuro que permita descubrirlo (Hijo) y sin la fuerza que nos haga capaces de tender hacia su meta (Esp\u00ed\u00adritu)\u00bb (X. Pikaza). Y al mismo tiempo tenemos que decir que para encontrarnos con el misterio de Dios Uno y Trino, necesitamos vivir lo cotidiano y la historia desde la persona de Jesucristo.<\/p>\n<p>Es el Esp\u00ed\u00adritu Santo, derramado en Pentecost\u00e9s el que actualiza la acci\u00f3n salvadora de Jes\u00fas, el que dirige a la Iglesia como \u00absacramento universal de salvaci\u00f3n\u00bb e instrumento privilegiado al servicio del Reino, y el que mueve nuestros corazones para acoger plenamente el amor del Padre y el compromiso con los m\u00e1s necesitados. La filiaci\u00f3n divina y la fraternidad universal reveladas y comunicadas en la persona de Jesucristo se hacen comunidad eclesial. El sentido comunitario de la fe en lo que tiene de pertenencia y referencia eclesial es un indicador importante para valorar la madurez de la fe de los creyentes. La comunidad de fe, por su misma naturaleza y estructura, regula de forma arm\u00f3nica y estable los elementos cognitivos, afectivos y de comportamiento de la actitud religiosa. Como reflejan reiteradamente las encuestas sobre la religiosidad que a\u00f1o tras a\u00f1o se publican, la relaci\u00f3n entre actitud religiosa madura, pertenencia eclesial y pr\u00e1ctica religiosa regular es muy alta; en la medida que falta la vinculaci\u00f3n eclesial la actitud religiosa es menos personal, estructurada y estable, y se camina f\u00e1cilmente hacia la increencia.<\/p>\n<p>3.3. La experiencia de conversi\u00f3n, clave de la actitud religiosa. La conversi\u00f3n supone un salto cualitativo en la vida de la persona ya que comporta la reorganizaci\u00f3n en la manera de ver la realidad y la reestructuraci\u00f3n de su personalidad en criterios, actitudes y comportamientos. Para llegar a esta situaci\u00f3n es necesario releer el pasado con nuevas claves y asumirlo para poder transformar el presente y el futuro; las grandes cuestiones de la fe encuentran su mejor acomodo cuando se hacen realidad en la historia personal. El encuentro confiado y reconciliador con Dios Padre tiene mucho que ver con la b\u00fasqueda de lo que da un sentido unitario a la vida y permite una mayor realizaci\u00f3n personal. La conversi\u00f3n es tal en la medida que parte y afecta al n\u00facleo m\u00e1s profundo del ser humano donde nos sentimos aceptados y queridos, y desde donde se generan los dinamismos que nos comprometen gozosamente con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>A. Vergote (o. c., 279-285) habla de varios tipos de conversi\u00f3n: para salir de la desaz\u00f3n moral, como soluci\u00f3n de un gran problema, por evoluci\u00f3n progresiva del proceso de fe, por una experiencia dram\u00e1tica y como fruto de una experiencia religiosa. Estos caminos de conversi\u00f3n son posibles; no todos tienen la misma validez y consistencia y los m\u00e1s positivos son los que se fundamentan en la progresi\u00f3n del proceso de maduraci\u00f3n de la fe y en la experiencia religiosa. En los itinerarios de conversi\u00f3n aparecen tambi\u00e9n dificultades de orden afectivo que impiden la nueva reestructuraci\u00f3n vital, aunque la mente vea claro y la voluntad desee fervientemente un nuevo estilo de vida, hoy se resiste en lo profundo del yo que lleva tiempo apegado y configurado con otros h\u00e1bitos que se pretenden dejar. \u00abAlrededor de su nuevo centro de gravedad, el sujeto debe tender una nueva red de relaciones significativas con el mundo y con los hombres, a trav\u00e9s de la cu\u00e1l, y despu\u00e9s de una \u00e9poca de desdoblamiento \u00ed\u00adntimo, la integraci\u00f3n de la personalidad es factible\u00bb (A. VERGOTE, o. C., 291).<\/p>\n<p>La conversi\u00f3n inicial necesita tiempo, luces, apoyo personal y paciencia para poder avanzar poco a poco; \u00fanicamente as\u00ed\u00ad lo vivido ser\u00e1 s\u00f3lido y estable. El final del proceso de conversi\u00f3n viene marcado por la superaci\u00f3n del dualismo entre lo que se piensa y quiere con lo que la vida diaria manifiesta. La claridad mental no basta, pues el Dios en quien creemos pide un nuevo modo de vida que se sustenta en la relaci\u00f3n personal con El; aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 el aprendizaje de la vida nueva y lo que indica la integraci\u00f3n de la personalidad. La acogida plena de Dios que supone el acto de fe requiere determinadas condiciones psicol\u00f3gicas y \u00e9ticas para que lo confesado con los labios y lo sentido en el coraz\u00f3n sea acorde con las relaciones y los comportamientos existenciales.<\/p>\n<p>Para que la actitud religiosa llegue a madurar plenamente necesita acoger la novedad con que Dios se ha manifestado, superando toda proyecci\u00f3n antropom\u00f3rfica, y sentir a Dios como el fundamento de la autonom\u00ed\u00ada humana que dota a la persona y a las relaciones de valores capaces de hacer un futuro mejor para todos. En esta tarea el hombre actual tiene serias dificultades por el tipo de cultura y de ambiente social dominado por el subjetivismo y la inmediatez. La fe madura necesita armonizar la autonom\u00ed\u00ada de las realidades humanas con la fe en un Dios creador y Redentor, y el formar parte de una iglesia que orienta en cuestiones de fe y de costumbres. El acto de fe es \u00abasentimiento\u00bb a la especificidad del Dios revelado en Jes\u00fas, y supone para el creyente tener a Dios como principio, fin y fundamento, entregar la vida a la causa del Reino de Dios y sentirse amado y acogido en el d\u00ed\u00ada a d\u00ed\u00ada por el Padre bueno que no nos abandona. Esta dificultad en armonizar la tarea hist\u00f3rica con la fe en Dios presente en la historia es lo que m\u00e1s ayuda a purificar la imagen de Dios y lo que hace que los creyentes no maduros se queden en una religiosidad psicosociol\u00f3gica. Tenemos que aceptar la condici\u00f3n propia del creyente y saber que las dificultades dejan paso la significado profundo una vez que se resuelven y superan. En este reto los santos, los profetas y los m\u00ed\u00adsticos son los que m\u00e1s sabe y m\u00e1s pueden aportar. Sus biograf\u00ed\u00adas como itinerarios espirituales siguen teniendo un gran valor pedag\u00f3gico para los que se adentran en los caminos de Dios.<\/p>\n<p>4. Orientaciones pastorales<br \/>\nEn la sociedad actual la fe est\u00e1 menos protegida que en \u00e9pocas anteriores; adem\u00e1s, la socializaci\u00f3n de la fe en los hogares est\u00e1 menos presente y tiene muchas carencias. Todo esto a\u00f1ade nuevas dificultades a la educaci\u00f3n de la fe por la base afectiva que tiene la actitud religiosa y por el proceso de maduraci\u00f3n que implica. A la hora de hacer propuestas educativas necesitamos relacionar todos los elementos que est\u00e1n implicados en el problema que deseamos solucionar. \u00abLa experiencia global del mundo y de los otros es la matriz donde germina la religi\u00f3n a la vez que su impugnaci\u00f3n constante. Toda f\u00f3rmula un\u00ed\u00advoca se ha revelado insuficiente. Dios no se impone al hombre como fin de sus deseos ni se integra en la total coherencia del mundo\u00bb (A. VERGOTE, O. C., 379).<\/p>\n<p>1.\u00c2\u00b0 La experiencia religiosa es de orden afectivo. Las necesidades profundas no pueden ser satisfechas plenamente por las personas y nos remiten a Aquel que nos trasciende y es el origen y fundamento de todo. Al mismo tiempo, Dios nos responde superando y resituando las necesidades profundas. La aceptaci\u00f3n incondicional, la confianza b\u00e1sica, el perd\u00f3n, la ayuda, la esperanza, la felicidad, el amor, la justicia, la paz, etc. son las experiencias que m\u00e1s nos pueden llevar a Dios; el recurso a Dios en situaciones problem\u00e1ticas es el lugar m\u00e1s frecuente de experiencia de Dios. Con todo, esta manera de vivir lo religioso es insuficiente y reduccionista; la meta de la actitud religiosa madura est\u00e1 en la vivencia de la filiaci\u00f3n divina y en el compromiso con el Reino de Dios. Esto no es posible sin la conversi\u00f3n que lleve a fundamentar la vida en Dios y a reconocer en el Evangelio el camino que nos puede hacer m\u00e1s libres, felices, solidarios.<\/p>\n<p>2.\u00c2\u00b0 Actitud religiosa madura. Las referencias para mejor comprender y acompa\u00f1ar este proceso son la psicolog\u00ed\u00ada evolutiva, la psicolog\u00ed\u00ada religiosa y la iniciaci\u00f3n cristiana como viene presentada en el decreto A.G. (nn 13-15), el RICA, los documentos de la C.E.E. sobre la iniciaci\u00f3n cristiana (1998) y Orientaciones de Pastoral de juventud (1991). La pregunta clave para el pastoralista es la siguiente: \u00bfqu\u00e9 tiene que pasar por dentro para que el creyente vaya madurando como tal?<br \/>\nLos rasgos que configuran la actitud religiosa madura son los siguientes:<\/p>\n<p>&#8211; La acogida del Dios de Jes\u00fas con todo lo que tiene de novedad y originalidad; supone la superaci\u00f3n y reorientaci\u00f3n de las necesidades e impulsos que llevan a recurrir a lo transcendente y que son propias de la religiosidad psicol\u00f3gica elemental y espont\u00e1nea. Valen en cuanto que apuntan a Dios, pero son reformulados desde la autocomunicaci\u00f3n de Dios en la historia de la salvaci\u00f3n; la Palabra de Dios toma la iniciativa a la hora de determinar c\u00f3mo dirigirnos a Dios.<\/p>\n<p>&#8211; La revelaci\u00f3n con Dios se expresa en t\u00e9rminos de filiaci\u00f3n por la acci\u00f3n salvadora de Jesucristo que nos hace \u00abhijos en el Hijo\u00bb. La intimidad con Dios Padre, la confianza radical en Dios y su justicia y la esperanza de que este mundo camina hacia su plenitud escatol\u00f3gica. Orar como Jes\u00fas nos ha ense\u00f1ado y llamar con otras a Dios Padre es reconocimiento gozoso que lleva a un mayor compromiso para que Dios sea reconocido como origen, fundamento y meta de cuanto existe, y la humanidad sea m\u00e1s fraterna.<\/p>\n<p>&#8211; Encontrarse con el Dios de Jes\u00fas lleva a una toma de posici\u00f3n ante la realidad como totalidad; y esto implica una \u00e9tica. Los comportamientos del cristiano tienen las siguientes notas: lo terreno es lo definitivo, se relativiza lo material, los otros son hermanos, la libertad personal se entiende en t\u00e9rminos de servicio y solidaridad, y vive en el presente el \u00abya s\u00ed\u00ad, pero todav\u00ed\u00ada no\u00bb del Reino de Dios.<\/p>\n<p>&#8211; El sentido comunitario de la fe. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y la venida del Esp\u00ed\u00adritu Santo, hacen posible la acci\u00f3n salvadora de Jes\u00fas y la realizaci\u00f3n del proyecto de Dios. El Esp\u00ed\u00adritu Santo hace posible la acogida del Evangelio y la entrega a los hermanos. La Iglesia que surge de la Pascua tiene como tarea primordial el ser una comunidad donde se viva los valores del Reino y se evangelice con obras y palabras.<\/p>\n<p>No existe actitud religiosa cristiana sin una fuerte vivencia de la Iglesia como misterio de comuni\u00f3n, sacramento de salvaci\u00f3n y pueblo de Dios; esta convivencia conlleva un fuerte sentido de pertenencia y referencia y el cultivo de la comuni\u00f3n eclesial. La oraci\u00f3n cotidiana y la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada alimentan el recuerdo con Dios y con los hermanos, as\u00ed\u00ad como el compromiso temporal.<\/p>\n<p>&#8211; La s\u00ed\u00adntesis fe-vida. El hombre nuevo se va configurando en las realidades humanas alentado por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo y decidiendo en libertad. En este di\u00e1logo entre la acci\u00f3n salvadora de Dios y la autonom\u00ed\u00ada de las realidades humanas se van configurando las cuestiones importantes, de la vida del creyente: qui\u00e9n soy, c\u00f3mo vivo, qu\u00e9 proyecto tengo, etc. Lo propio del hombre es que Dios le ha llamado a participar de su vida y a entrar con El por toda la eternidad. La conciencia de esta llamada y el destino le llevan al hombre a organizar su vida desde la fe. Cuando la experiencia de Dios es el centro que unifica y globaliza todas las facetas de la vida personal y social de un creyente, podemos hablar de actitud religiosa madura.<\/p>\n<p>Esta madurez se expresa de la siguiente manera: no hay ninguna faceta importante de la vida que quede al margen de los planteamientos de fe, la opci\u00f3n fundamental origen de las dem\u00e1s decisiones es Jesucristo, b\u00fasqueda de la voluntad de Dios es lo que orienta la vida, el compromiso con los necesitados est\u00e1 siempre presente, y est\u00e1 disponible para acoger la vocaci\u00f3n concreta a la que Dios llama a cada uno.<\/p>\n<p>3.\u00c2\u00b0 Datos de la psicolg\u00ed\u00ada evolutiva. El ser humano, desde peque\u00f1o, tiene facilidad para el sentimiento religioso, que debe ser expl\u00ed\u00adcitamente educado por los padres a trav\u00e9s de las palabras, los gestos y los s\u00ed\u00admbolos. La experiencia afectiva de lo religioso en los primeros a\u00f1os de vida tiene una importancia decisiva. La mentalidad m\u00e1gica propia de la infancia hace que el ni\u00f1o vea a Dios como aquel que le puede dar y asegurar lo que necesita y pide. La formaci\u00f3n de la imagen de Dios en el ni\u00f1o tiene que ver con los atributos que confiere, a Dios y que expresa en su relaci\u00f3n con El; la atributibidad pasa por tres etapas (A. VERGOTE, o. C.):<\/p>\n<p>&#8211; Etapa de los atributos objetivos: Dios sabe, Dios puede, Dios hace, Dios vence, Dios es todopoderosos, etc. Corresponde a la edad de los 9-10 a\u00f1os. La historia b\u00ed\u00adblica debidamente utilizada puede ser un buen soporte y ayuda.<\/p>\n<p>&#8211; La etapa de los atributos subjetivos: Dios me exige, Dios me quiere, Dios me juzga, Dios me comprende, Dios me castiga, Dios me perdona, etc. Estos atributos subjetivos tienen un car\u00e1cter moral, pues se sit\u00faan entre la aceptaci\u00f3n por parte de Dios y la desconfianza por no cumplir sus exigencias. Es el comienzo de la interiorizaci\u00f3n de la relaci\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>&#8211; Etapa de los atributos subjetivos. Indican una relaci\u00f3n con Dios m\u00e1s cercana e interpersonal. El adolescente lo que m\u00e1s aprecia de Dios es la escucha, la aceptaci\u00f3n y el amor; por eso busca en la oraci\u00f3n un padre sol\u00ed\u00adcito a sus problemas y necesidades y un padre que le cuida y protege.<\/p>\n<p>El adolescente habla con Dios a trav\u00e9s de mon\u00f3logos cargados de emotividad por las situaciones que est\u00e1 viviendo; ante todo busca en Dios comprensi\u00f3n, perd\u00f3n y ayuda. Tambi\u00e9n empieza a percibir que existe una gran diferencia entre la imagen que el tiene (necesita) de Dios y la que se manifiesta en Jes\u00fas de Nazaret. Aqu\u00ed\u00ad hay una veta educativa muy importante para poder madurar en la experiencia de Dios; la soluci\u00f3n est\u00e1 en ayudar al adolescente a abrirse a la novedad del Dios cristiano y a purificar sus deseos y sentimientos en la relaci\u00f3n con Dios. El camino es lento y costoso, y requiere di\u00e1logo personal entre el adolescente y el catequista.<\/p>\n<p>Las dudas de fe que aparecen en la adolescencia se deben a la b\u00fasqueda de la identidad, a los deseos de libertad, y a las dificultades de cumplir las obligaciones morales. Esta crisis lleva a una cuesti\u00f3n de fondo: hay que armonizar elementos que se perciben contrapuestos, pues el sentido de la vida depende de una nueva s\u00ed\u00adntesis marcada por la superaci\u00f3n del egocentrismo, el planteamiento de la fe desde la revelaci\u00f3n en Jesucristo, la solidaridad con los necesitados y la unificaci\u00f3n de la persona y de la vida desde la fe. La maduraci\u00f3n de la actitud religiosa se puede sintetizar en el paso de tener fe subjetiva a ser creyente desde la propuesta del Evangelio con todo lo que tiene de novedad y desbordamiento de las propias necesidades y proyecciones.<\/p>\n<p>4.\u00c2\u00b0 Metodolog\u00ed\u00ada adecuada. La llamada educaci\u00f3n de la fe con el m\u00e9todo de la catequesis antropol\u00f3gica o de la experiencia ha sido una gran aportaci\u00f3n en la etapa postconciliar; tambi\u00e9n se ha utilizado y se utiliza de un modo claramente reduccionista. Esta deficiencia se observa en muchos grupos de j\u00f3venes y de adultos que se sit\u00faan ante la Palabra de Dios desde sus posibilidades, intereses y limitaciones, y dan a \u00e9stas el valor primario y fundamental; el resultado es una acomodaci\u00f3n del Evangelio a sus personas, m\u00e1s que una conversi\u00f3n al Dios revelado en Jes\u00fas de Nazaret.<\/p>\n<p>A partir de la adolescencia, y para la actitud religiosa madura, los catequizandos necesitan situarse ante la Palabra de Dios con una actitud distinta. Esta disposici\u00f3n parte de que la persona de Jes\u00fas es la palabra plena y definitiva sobre Dios y sobre el hombre, y de que nosotros por nuestras fuerzas no podemos llegar a descubrirla. Este convencimiento genera una actitud de escucha, acogida, dejarse cuestionar y apertura a un horizonte nuevo. Consiste en dejar tomar a Dios la iniciativa en la vida y situarse como oyentes, disc\u00ed\u00adpulos y seguidores de Jes\u00fas, d\u00f3ciles a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, para que nos vayamos conformando en criterios, actitudes y comportamientos con las Bienaventuranzas del Evangelio. Sin esta actitud no es posible llegar al asentimiento de fe y a la disponibilidad vocacional. El que muchos cristianos de j\u00f3venes no avanzan en la maduraci\u00f3n de la fe encuentra aqu\u00ed\u00ad su explicaci\u00f3n; igualmente, la crisis de vocaciones tiene que ver con procesos de iniciaci\u00f3n cristiana anclados en una metodolog\u00ed\u00ada claramente reduccionista, pues gira alrededor de la comprensi\u00f3n subjetiva del misterio de Dios, con lo cual refuerzan los dinamismos de la psicolog\u00ed\u00ada religiosa e impiden el paso a la actitud religiosa madura.<\/p>\n<p>5.\u00c2\u00b0 Actitud religiosa, el discernimiento vocacional. Hemos visto c\u00f3mo la actitud religiosa madura hace de la fe el sentido que unifica y orienta la vida entera. Esta s\u00ed\u00adntesis fe-vida se expresa en el deseo sincero del creyente de conocer y hacer la voluntad de Dios: Se\u00f1or, \u00bfqu\u00e9 quieres de m\u00ed\u00ad en la vida? Creyente maduro no es el que hace cosas comprometidas en la vida, sino el que responde con su existencia a la que Dios le pide. En consecuencia, el proceso de maduraci\u00f3n de la actitud religiosa incluye y se encamina al discernimiento vocacional. La vida trinitaria recibida en el Bautismo y la Confirmaci\u00f3n germina en las vocaciones de laico\/a, presb\u00ed\u00adtero o religioso\/a a la que cada uno es llamado. As\u00ed\u00ad nos lo recuerdan las \u00abOrientaciones de Pastoral de Juventud\u00bb de la C.E.E. y el Proyecto Marco que desarrolla estas orientaciones.<\/p>\n<p>Para que en los grupos cristianos se pueda hacer la propuesta vocacional y llegar al discernimiento vocacional, \u00bfc\u00f3mo tienen que ser los procesos de iniciaci\u00f3n cristiana y de pastoral juvenil, y los catecumenados de confirmaci\u00f3n? Plantear la educaci\u00f3n de la fe desde lo vocacional ayuda a plantear adecuadamente los procesos de fe. El documento \u00abNuevas vocaciones para una nueva Europa\u00bb afirma que lo vocacional es la perspectiva globalizadora de toda la pastoral en la Iglesia; este planteamiento supone un cambio radical en el enfoque de la pastoral al situar el discernimiento vocacional no s\u00f3lo como la posible meta, sino como el punto de partida y lo que puede dar m\u00e1s unidad y coherencia a las diferentes acciones y sectores pastorales.<\/p>\n<p>6.\u00c2\u00b0 Experiencias fundamentales y acompa\u00f1amiento personal. La actitud religiosa madura a lo largo de un proceso que requiere tiempo y acciones espec\u00ed\u00adficas. Entre estas las llamadas experiencias fundamentales adquieren una importancia singular por el car\u00e1cter estructurante de la personalidad cristiana que tienen. Son estructurantes porque se refieren a aspectos b\u00e1sicos de la vida cristiana, y tomadas en su conjunto son capaces de organizar de forma arm\u00f3nica y adecuada al ser cristiano. Las principales experiencias fundamentales son: la conversi\u00f3n, la experiencia oracional de Dios, el an\u00e1lisis cr\u00ed\u00adtico-creyente de la realidad, el seguimiento de Jes\u00fas, el Reino como compromiso con los pobres, el sentimiento comunitario de la fe y la disponibilidad vocacional. Cada una de estas experiencias necesita ser entendida, acogida e incorporada a lo cotidiano de la vida. Se viven en encuentros en clave de personalizaci\u00f3n y con seguimiento posterior. Esta pedagog\u00ed\u00ada incluye el acompa\u00f1amiento personal como el complemento m\u00e1s importante, juntamente con el grupo catecumenal. La historia de cada persona, su psicolog\u00ed\u00ada y el ritmo personal en la respuesta a la acci\u00f3n de la gracia exige la relaci\u00f3n personal entre acompa\u00f1ante y acompa\u00f1ado para asegurar que se progresa en la maduraci\u00f3n de la actitud religiosa. Los caminos del Esp\u00ed\u00adritu Santo no son f\u00e1ciles, los autoenga\u00f1os brotan con frecuencia y la disponibilidad evang\u00e9lica requiere ser expl\u00ed\u00adcita y personalmente educadas. No es posible llegar a ser cristiano maduro y a la respuesta vocacional sin acompa\u00f1amiento personal; aqu\u00ed\u00ad reside una de las carencias que explican la escasez de cristianos y comunidades maduras, as\u00ed\u00ad como el estancamiento de muchos procesos de iniciaci\u00f3n cristiana. El acompa\u00f1amiento personal se va retomando en muchos proyectos de pastoral que tienen la personalizaci\u00f3n como el elemento clave de la pedagog\u00ed\u00ada de la fe.<\/p>\n<p>Jes\u00fas Sastre<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. G\u00e9nesis de la personalidad. &#8211; 2. El origen de la actitud religiosa. &#8211; 3. La formaci\u00f3n de la actitud religiosa. &#8211; 4. Orientaciones pastorales. La persona humana se caracteriza por las actitudes que tiene en la vida cotidiana y ante los acontecimientos que le afectan de una u otra forma. Los diferentes \u00e1mbitos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/actitud-religiosa\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abACTITUD RELIGIOSA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15959","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15959","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15959"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15959\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15959"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15959"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15959"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}