{"id":15961,"date":"2016-02-05T10:21:21","date_gmt":"2016-02-05T15:21:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/adultos-pastoral-de\/"},"modified":"2016-02-05T10:21:21","modified_gmt":"2016-02-05T15:21:21","slug":"adultos-pastoral-de","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/adultos-pastoral-de\/","title":{"rendered":"ADULTOS, PASTORAL DE"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. Persona adulta. &#8211; ll. Acci\u00f3n pastoraL &#8211; HL Situaci\u00f3n de los adultos con respecto a la fe cristiana. &#8211; IV Acci\u00f3n pastoral con los adultos. &#8211; V. Acciones concretas de pastoral evangelizadora. -VI. Cristianos adultos en una Iglesia comunitaria y corresponsable.<\/p>\n<p>1. Persona adulta<br \/>\nEntendemos por persona adulta aquella que ha llegado a alcanzar ciertos niveles en el desarrollo de sus capacidades f\u00ed\u00adsicas y s\u00ed\u00adquicas. En los pa\u00ed\u00adses occidentales se considera, a efectos jur\u00ed\u00addicos, que la mayor\u00ed\u00ada de edad comienza a los 18 a\u00f1os. Sin embargo podemos afirmar que una persona llega a madurar f\u00ed\u00adsicamente, a alcanzar la plena adultez, en torno a los 25 a\u00f1os; hasta entonces est\u00e1 creciendo. Por esta raz\u00f3n, con ciertas variaciones, se considera como edad adulta la de las personas que tienen entre 25 y 65 a\u00f1os. Naturalmente esta apreciaci\u00f3n es puramente convencional y var\u00ed\u00ada mucho de unos casos a otros, de unos pa\u00ed\u00adses a otros.<\/p>\n<p>Sin embargo, m\u00e1s importante que la adultez f\u00ed\u00adsica es la adultez s\u00ed\u00adquica o sicol\u00f3gica. Generalmente se considera a una persona adulta cuando ha conseguido una cierta integraci\u00f3n personal, un equilibrio sicol\u00f3gico y una capacidad de dominar la vida. El ser humano est\u00e1 llamado a vivir en libertad, a sentirse aut\u00f3nomo e independiente, a desarrollar sus capacidades intelectuales, a valorar la importancia de los sentimientos y de la afectividad y, mediante todo ello, a ir dominando su vida y conduci\u00e9ndola hacia las metas que se ha propuesto. A esto podr\u00ed\u00adamos llamar la autorealizacion personal. Cuando una persona vive consciente de esta vocaci\u00f3n podemos afirmar que es ya una persona adulta.<\/p>\n<p>Habr\u00e1 que tener en cuenta, no obstante, que la descripci\u00f3n anterior debe ser pormenorizada y detallada para percibir qui\u00e9n es una persona humanamente adulta. Por ejemplo, la llamada a la libertad, a la autonom\u00ed\u00ada y a la independencia necesita ser completada con la visi\u00f3n humana de la socializaci\u00f3n. En efecto, una persona adulta va aprendiendo a vivir independientemente, pero tambi\u00e9n responsablemente, es decir, con capacidad de responder ante s\u00ed\u00ad mismo o ante otro; de la misma manera va aprendiendo a vivir no s\u00f3lo independiente sino interdependiente, dado que la convivencia, en ocasiones fuente de problemas, es una necesidad de todo ser humano. De la misma manera, la persona adulta va descubriendo que su desarrollo intelectual y afectivo encuentra fuertes resistencias por la propia limitaci\u00f3n humana. Asumir los propios l\u00ed\u00admites es un signo de adultez indudablemente. En su af\u00e1n de dominar la vida y el mundo que le rodea, la persona choca frecuentemente con dificultades; vencerlas o aceptar la imposibilidad de hacerlo es tambi\u00e9n signo de madurez.<\/p>\n<p>Es importante considerar que, dentro de la adultez, hay varias etapas, modificadas generalmente por las responsabilidades que uno va asumiendo: en lo profesional, en las tareas c\u00ed\u00advicas, en la decisi\u00f3n de formar una familia, etc. Desde esta misma perspectiva se puede afirmar que la adultez no es un estado adquirido; es decir, uno no es definitivamente adulto, va si\u00e9ndolo cada d\u00ed\u00ada un poco m\u00e1s. Basta considerar que la persona est\u00e1 en evoluci\u00f3n permanente. Esta evoluci\u00f3n es origen, y a la vez es consecuencia, de la evoluci\u00f3n de la sociedad: evoluciona la cultura; la ciencia plantea nuevos retos; vamos conociendo mejor nuestro entorno; las comunicaciones nos van mundializando. Todo ello abre a las personas a situaciones nuevas, que un adulto debe afrontar; la capacidad de afrontar nuevos retos pone de manifiesto el grado de madurez, de adultez, de una persona. De ah\u00ed\u00ad que hoy se acepte como algo natural la necesidad de una formaci\u00f3n permanente de los adultos; el ser humano va madurando en la medida en que se mantiene en un aprendizaje continuo.<\/p>\n<p>Asimismo hemos de considerar que la adultez biol\u00f3gica no se corresponde necesariamente con la adultez en otros aspectos de la personalidad. Las reacciones infantiles de no pocas personas mayores lo ponen de manifiesto. A esto habr\u00e1 que a\u00f1adir el fen\u00f3meno, bastante generalizado, de los adultos que, al llegar a la llamada \u00abtercera edad\u00bb, experimentan una cierta regresi\u00f3n en algunos aspectos de su conducta, volvi\u00e9ndose un poco como ni\u00f1os. Esta observaci\u00f3n hace caer en cuenta que \u00e9l desarrollo de la personalidad no es puramente lineal; se dan avances y retrocesos en ese camino de maduraci\u00f3n que dura toda la vida.<\/p>\n<p>Podemos afirmar que, en el terreno de la fe, se produce igualmente un proceso de maduraci\u00f3n similar al proceso de maduraci\u00f3n psicol\u00f3gica. Tambi\u00e9n en esta dimensi\u00f3n creyente la persona se siente llamada a desarrollar las capacidades que ha recibido. La persona, iluminada por la fe, se sabe creada a imagen de Dios; se siente urgida a llegar a ser lo que est\u00e1 llamada a ser: imagen e hijo, hija, de Dios. A partir del don recibido, el creyente asume la tarea de crecer en su condici\u00f3n de hijo y hermano, de construir la fraternidad humana. La fe ayuda al creyente a integrar esta visi\u00f3n trascendente de la vida en el proceso de su maduraci\u00f3n humana. Crecer como persona y como creyente no son considerados como dimensiones paralelas sino convergentes en el desarrollo personal. O mejor ser\u00e1 decir: madurar como persona, desde su condici\u00f3n creyente, es el objetivo de la vida de todo ser humano, que ha recibido el don de la fe. Aceptar esta vocaci\u00f3n ayuda a superar el individualismo, para alcanzar juntos la adultez: \u00abhasta que todos sin excepci\u00f3n alcancemos la unidad propia de la fe y del conocimiento del hijo de Dios, la madurez de adulto, el desarrollo pleno de Cristo\u00bb (Ef 4,13).<\/p>\n<p>Es obvio que la adultez biol\u00f3gica no se corresponde necesariamente con el grado de maduraci\u00f3n de la fe. Por eso se hace necesaria una acci\u00f3n pastoral que permita el crecimiento en la fe al mismo nivel, al menos, que el crecimiento humano. Cuando los Secretariados Diocesanos de Catequesis del Pa\u00ed\u00ads Vasco publicaron su directorio para la catequesis de adultos (Bilbao 1987)10 titularon: \u00abCristianos adultos: un proceso catequ\u00e9tico de estilo catecumenal\u00bb. El mismo t\u00ed\u00adtulo constituye una declaraci\u00f3n de objetivos. Se trata de conseguir, mediante el proceso catequ\u00e9tico, que los cristianos, por el hecho de haber sido bautizados, que son adultos biol\u00f3gicamente lleguen a ser tambi\u00e9n adultos en su fe.<\/p>\n<p>Terminamos este apartado citando, en s\u00ed\u00adntesis, lo que E. Fromm propone como signos de la madurez: persona capaz de amar, de ser libre, de formarse una escala de valores, de definir una \u00e9tica propia. La madurez hace referencia a la capacidad de ser y a la capacidad de asumir riesgos m\u00e1s que de buscar seguridad.<\/p>\n<p>II. Acci\u00f3n pastoral<br \/>\nEntendemos por \u00abacci\u00f3n pastoral\u00bb el conjunto de actividades que desarrolla la comunidad cristiana, encaminadas a despertar la fe de los hombres y mujeres, a fortalecer la fe de sus miembros, a celebrar esa misma fe a trav\u00e9s de la liturgia y a proyectar la vida de los creyentes hacia su compromiso evangelizador y transformador de la sociedad.<\/p>\n<p>Esta acci\u00f3n pastoral sobreentiende que un cristiano o cristiana ha realizado previamente un camino de iniciaci\u00f3n en la fe, o de reiniciaci\u00f3n, en el caso de los adultos bautizados de ni\u00f1os, pero alejados durante largo tiempo de toda referencia cristiana. Da por supuesto que el cristiano se ha incorporado a una comunidad cristiana concreta, en cuyo seno puede progresar en el camino de la fe, en su celebraci\u00f3n y en su vida cristianamente comprometida.<\/p>\n<p>Sin embargo, la realidad nos dice que son muy numerosos los cristianos iniciados sacramentalmente, porque han recibido al menos el Bautismo y la primera Comuni\u00f3n; pero, al mismo tiempo, no han sido suficientemente evangelizados, a lo sumo unos breves cursos de preparaci\u00f3n para su primera Comuni\u00f3n; consecuentemente no han hecho una opci\u00f3n personal por Jesucristo, no viven habitualmente su vida en referencia al Dios cristiano, no sienten su pertenencia a la comunidad cristiana. Son personas que precisan una reiniciaci\u00f3n en la fe de Jesucristo mediante una nueva evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta nueva situaci\u00f3n, nueva en cuanto que afecta a un porcentaje muy elevado de bautizados, obliga a la Iglesia a plantearse con toda seriedad la urgencia de una acci\u00f3n previa a toda su acci\u00f3n pastoral. Esta tarea previa se suele denominar con el apelativo de \u00abacci\u00f3n misionera\u00bb, porque la Iglesia se siente enviada, como los primeros ap\u00f3stoles (Mc 16,15), en actitud misionera, a anunciar la Buena Noticia a todos los que a\u00fan no han hecho una opci\u00f3n personal por Jesucristo. El objeto de esta evangelizaci\u00f3n es despertar la fe de los oyentes. Sin ella no tendr\u00ed\u00ada sentido la administraci\u00f3n de los sacramentos (\u00abal que crea, bautizadle\u00bb). Cuando un bautizado despierta su fe en Jesucristo, la comunidad le ofrece un proceso de catequesis o profundizaci\u00f3n en la fe; al final de este proceso el bautizado renueva sus compromisos bautismales y trata de vivir con gozo su fe en el seno de una comunidad.<\/p>\n<p>Como se puede ver, el proceso natural y l\u00f3gico de la acci\u00f3n pastoral es: evangelizaci\u00f3n, anuncio misionero, respuesta de fe, catequesis de adultos, bautismo, incorporaci\u00f3n a la comunidad, acci\u00f3n pastoral. Cuando este proceso natural se trunca o altera, se produce un efecto contraproducente que obliga, en cierto modo, a empezar de nuevo. Por esto se habla hoy de reevangelizaci\u00f3n, nueva evangelizaci\u00f3n, pastoral evangelizadora o catequesis misionera. Con ello se da a entender que hay que volver a despertar la fe, no de los paganos, sino de los bautizados. No se puede dar por supuesta la fe, aunque una gran mayor\u00ed\u00ada de los ciudadanos est\u00e9n bautizados. Una acci\u00f3n pastoral que tenga en cuenta la realidad de los adultos que se acercan a la comunidad, debe plantearse la tarea evangelizadora y catequ\u00e9tica como una de sus prioridades pastorales. Al hablar, por tanto, de Pastoral de adultos, ser\u00e1 preciso ampliar el concepto estricto de pastoral que hemos descrito al comienzo de este apartado.<\/p>\n<p>La comunidad cristiana desarrolla su acci\u00f3n pastoral a trav\u00e9s de m\u00faltiples cauces. Se\u00f1alaremos algunos: la actividad evangelizadora que ejercen sus miembros en los contactos con otras personas; los procesos de catequesis que ofrece a los adultos, j\u00f3venes y ni\u00f1os; las charlas de formaci\u00f3n que organiza; los cursos preparatorios para quienes solicitan el acceso a los sacramentos; las orientaciones doctrinales o morales que provienen del magisterio del Papa y de los Obispos; las celebraciones habituales de la fe en la liturgia eucar\u00ed\u00adstica y en los sacramentos; los encuentros de oraci\u00f3n de todo tipo; las actividades de las diferentes organizaciones parroquiales y diocesanas; la tarea de transformaci\u00f3n de la sociedad que realizan los cristianos en la vida p\u00fablica; la presencia cada vez mayor de las organizaciones caritativas en el mundo de los excluidos y empobrecidos&#8230; todo ello debe ser considerado como pastoral de la comunidad cristiana.<\/p>\n<p>Como no puede ser de otro modo, los principales responsables de esta tarea pastoral son los adultos, hombres y mujeres que han asumido con madurez responsable su misi\u00f3n de ser testigos y ap\u00f3stoles de su fe en medio de la sociedad, de la que forman parte. Su condici\u00f3n de adultos, tanto por raz\u00f3n de su edad como por su nivel de fe, les permite integrar de modo equilibrado y sereno su conciencia de pertenencia, al mismo tiempo, a la sociedad y a la iglesia. Una pastoral adecuada con los adultos ir\u00e1 encaminada a conseguir la preparaci\u00f3n de estos hombres y mujeres que sean capaces, en cada momento, de asumir de forma integrada y arm\u00f3nica sus responsabilidades c\u00ed\u00advicas y eclesiales.<\/p>\n<p>Por lo dicho hasta ahora, es la comunidad cristiana, toda ella, la responsable de la acci\u00f3n pastoral. Esta realidad queda especialmente simbolizada en la existencia de los Consejos de Pastoral. La Iglesia (CJC 511 y 536) recomienda la constituci\u00f3n, en cada di\u00f3cesis y cada parroquia, del Consejo de Pastoral, instituci\u00f3n formada por sacerdotes y laicos de un territorio determinado. En esta instituci\u00f3n est\u00e1 representada toda la comunidad cristiana. El Consejo de Pastoral es el m\u00e1ximo responsable de la orientaci\u00f3n pastoral de la Iglesia. En este Consejo est\u00e1n habitualmente representados todos los grupos que desempe\u00f1an una actividad pastoral. Cada uno de los grupos desempe\u00f1a su tarea en un campo determinado, v.gr. C\u00e1ritas, catequesis, liturgia. Pero es toda la comunidad la responsable de toda la acci\u00f3n pastoral. Los compartimentos estancos jam\u00e1s han dado fruto en la acci\u00f3n pastoral. Y menos a\u00fan, pensar que la acci\u00f3n pastoral es competencia exclusiva de .los pastores, es decir, de los ministros ordenados. Como en una familia, hay diversidad de funciones, pero todas ellas deben contribuir al bien com\u00fan de la familia. San Pablo nos recuerda que la comunidad -la Iglesia- es como un cuerpo, en el que todos sus miembros son igualmente dignos y necesarios (1 Cor 12,12-31); nos insiste as\u00ed\u00ad mismo en poner al servicio de la comunidad los dones recibidos de Dios (Rom 12,3-8).<\/p>\n<p>Se ha avanzado mucho en el ejercicio corresponsable de una pastoral evangelizadora, especialmente a partir del Vaticano II; pero es preciso avanzar a\u00fan m\u00e1s. Lo exige la misma concepci\u00f3n de la Iglesia como pueblo de Dios (LG 9). Es todo el Pueblo de Dios, unido a Cristo (LG 7) el que ha sido salvado por Dios, pero est\u00e1 necesitado de purificaci\u00f3n constante, buscando sin cesar la penitencia y la renovaci\u00f3n (LG 8). Este Pueblo tiene por cabeza a Cristo&#8230;, por suerte la dignidad y libertad de los hijos de Dios&#8230;, tiene por ley el mandato del amor&#8230;, tiene como fin la dilataci\u00f3n del Reino (LG 9). Pero la urgencia del ejercicio de la corresponsabilidad en la acci\u00f3n pastoral evangelizadora viene dada, adem\u00e1s, por la disminuci\u00f3n actual de ministros ordenados, al menos en el occidente cristiano. Tal vez sea \u00e9ste uno de los \u00absignos de los tiempos\u00bb, que lleve al pueblo cristiano a acentuar su conciencia de pertenencia a la Iglesia y a que cada uno asuma la parte que le corresponde en la misi\u00f3n que encomend\u00f3 el Se\u00f1or a la Iglesia: Id por todo el mundo (Mc.16,15).<\/p>\n<p>III. Situaci\u00f3n de los adultos con respecto a la fe cristiana<br \/>\nPodemos medir, contar, cuantificar los objetos, las acciones, las pautas del comportamiento humano. No podemos, por el contrario, medir las actitudes interiores de las personas, su manera de pensar o de sentir. A este \u00e1mbito pertenece la fe, como respuesta del hombre o mujer a la llamada de Dios. No podemos, por tanto, establecer, de manera objetiva, cu\u00e1ntos adultos son creyentes y cu\u00e1l es su nivel de fe., si bien, en ocasiones, hemos podido establecer los porcentajes de algunos signos externos, como el porcentaje de los adultos que acuden a la Eucarist\u00ed\u00ada cada domingo, cada mes o algunas veces al a\u00f1o. Tambi\u00e9n hemos podido leer estad\u00ed\u00adsticas de cu\u00e1ntos se consideran subjetivamente creyentes. Pero estos datos no nos ofrecen elementos suficientes para valorar la situaci\u00f3n de los adultos con respecto a la fe.<\/p>\n<p>Con una cierta osad\u00ed\u00ada, no exenta de fundamento, se ha llegado a afirmar que un 80% de los adultos viven habitualmente su vida sin una referencia expl\u00ed\u00adcita a Dios (Obispado de Bilbao: Orientaciones para la Iniciaci\u00f3n cristiana). Expres\u00e1ndolo con sencillez, dir\u00ed\u00adamos que la fe no ejerce una influencia importante en sus vidas.<\/p>\n<p>El Concilio Vaticano II (GS 4-9) habla de la metamorfosis social y cultural que se est\u00e1 operando en el mundo de hoy, como consecuencia de los cambios culturales, econ\u00f3micos y sociales que estamos viviendo. Este cambio de mentalidad y de estructuras provoca con frecuencia un planteamiento nuevo de las ideas recibidas. Los cambios psicol\u00f3gicos y morales ejercen un influjo decisivo sobre la vida religiosa. El Concilio descubre que \u00e9ste contribuye a purificar la visi\u00f3n m\u00e1gica del mundo de ciertos atavismos supersticiosos; permite una adhesi\u00f3n m\u00e1s personal y viva al Dios personal de Jesucristo y propicia una experiencia m\u00e1s viva de lo divino. Pero, al mismo tiempo; constata que muchedumbres cada vez m\u00e1s numerosas se alejan pr\u00e1cticamente de la religi\u00f3n. \u00abLa negaci\u00f3n de Dios o de la religi\u00f3n no constituye, como en \u00e9pocas pasadas, un hecho ins\u00f3lito e individual; hoy d\u00ed\u00ada, en efecto, se presentan no rara vez como exigencia del progreso cient\u00ed\u00adfico y de un cierto humanismo nuevo\u00bb (LG 7).<\/p>\n<p>Por otra parte hoy somos mucho m\u00e1s conscientes que en \u00e9pocas pasadas de la tragedia que supone la injusticia, a escala mundial. La persistencia de esta situaci\u00f3n de injusticia es fuente permanente de increencia. Cien mil personas mueren cada d\u00ed\u00ada a consecuencia del hambre (L. BOFF, Vida y muerte sobre el planeta tierra, Concilium 283 [1999] 13-24). Esta situaci\u00f3n es injusta, perversa y cruel. Este cataclismo social no es inocente, ni natural, afirma Boff. Es el resultado directo de una forma de organizaci\u00f3n econ\u00f3mico-pol\u00ed\u00adtica y social que privilegia a unos pocos a costa de la explotaci\u00f3n y de la miseria de grandes mayor\u00ed\u00adas. Entre las v\u00ed\u00adctimas de la historia conmueve especialmente la tragedia de los inocentes. Y esta tragedia se constituye frecuentemente en apoyo del ate\u00ed\u00adsmo y de la increencia. \u00ab\u00bfC\u00f3mo puede un Dios justo y bueno permitir estas situaciones?\u00bb, es la expresi\u00f3n m\u00e1s repetida en los ambientes populares.<\/p>\n<p>Transferir a Dios la responsabilidad de la injusticia interhumana es un recurso f\u00e1cil de quien quiere evadirse de su propia responsabilidad. Pero, desenmascarada esta mentira, no podemos por menos de descubrir que en el fondo de los que act\u00faan injustamente late la negaci\u00f3n de Dios. Dicho de otra manera, la injusticia cruel de nuestro mundo se sustenta en una negaci\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>Adorar al becerro de oro (Lc 12,13-21), convertir al hombre en absoluto frente a otros hombres, lleva incluso a prohibir el culto a Dios para legitimar la injusticia (Ex 5,1-18). La l\u00ed\u00adnea prof\u00e9tica de Israel subraya c\u00f3mo la injusticia interhumana est\u00e1 en la base de la infidelidad, de la increencia del pueblo (Os 4, 1-2). Por otra parte, es igualmente verdad que la increencia conduce frecuentemente a la injusticia; donde desaparece Dios, donde se niega a Dios como garante de la dignidad humana, queda el campo abierto a todas clase de abusos, injusticias y explotaciones. Cuando el progreso y la libertad ocupan el lugar de Dios, se convierten en el gran Absoluto y en su honor se inmolan las v\u00ed\u00adctimas de la historia (G. FAUS, Pecado del mundo, luz del mundo, Concilium 283 [1999] 59-70). La persistencia obstinada de la injusticia es una causa, en unas ocasiones, y una consecuencia, en otras, de la situaci\u00f3n generalizada de increencia que envuelve a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.<\/p>\n<p>El proceso de secularizaci\u00f3n de las sociedades occidentales ha llevado a un clima generalizado de indiferencia religiosa, de vaciamiento \u00e9tico y de marginaci\u00f3n de lo religioso. \u00abQuienes ahora hacen cultura en Espa\u00f1a y la dictan al gran p\u00fablico no son cristianos, y si lo son, no se les nota mucho, al menos en l\u00ed\u00adneas generales y salvando siempre las consabidas excepciones&#8230; Hemos sido transferidos as\u00ed\u00ad, en muy poco tiempo, de una cultura oficialmente confesante a una cultura devotamente increyente\u00bb (Ruiz DE LA PE\u00ed\u2018A, Cultura y fe cristiana, Salmanticensis 31 [1984]).<\/p>\n<p>No es preciso ampliar m\u00e1s la descripci\u00f3n del an\u00e1lisis de situaci\u00f3n en que se encuentra el hombre y la mujer de hoy con respecto a su fe. Lo dicho es suficiente para intentar ahora descubrir c\u00f3mo puede realizarse la acci\u00f3n pastoral con los adultos.<\/p>\n<p>IV. Acci\u00f3n pastoral con los adultos<br \/>\na) Asumiendo el principio de que no hay que dar por supuesta la fe de los adultos, tal como explic\u00e1bamos anteriormente, la primera dimensi\u00f3n de la acci\u00f3n pastoral que habr\u00e1 que intensificar es la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abEvangelizar constituye la dicha y vocaci\u00f3n propia de la Iglesia, su identidad m\u00e1s profunda. Ella existe para evangelizar\u00bb (EN 14). Evangelizar es anunciar una buena noticia. En nuestro caso: anunciar y hacer cre\u00ed\u00adble la Buena Noticia que Jes\u00fas anunci\u00f3 a los hombres. Esta Buena Noticia no es otra que \u00abJes\u00fas mismo, que es el Evangelio de Dios\u00bb (EN 7). El, que es la Buena Noticia, no se anuncia a s\u00ed\u00ad mismo sino que anuncia, ante todo, el Reino de Dios. El Reino de Dios es la salvaci\u00f3n que Dios ofrece a los hombres y mujeres de todos los tiempos. Dios quiere intervenir en la vida humana como salvador. Los anhelos de vida, justicia, liberaci\u00f3n y felicidad que tienen los seres humanos Dios los va a hacer realidad (Obispos de Euskalherria \u00abEvangelizar en tiempos de increencia\u00bb (1994) 34-36). Jes\u00fas mismo lo afirma solemnemente: \u00abYo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia\u00bb (Jn 10,10).<\/p>\n<p>La evangelizaci\u00f3n se produce cuando se anuncia expl\u00ed\u00adcitamente el Reino de Dios. \u00abLa evangelizaci\u00f3n debe contener siempre -como base, centro y a la vez culmen de su dinamismo- una clara proclamaci\u00f3n de que en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado, se ofrece la salvaci\u00f3n a todos los hombres, como don de la gracia y de la misericordia de Dios\u00bb (EN 27). Este anuncio expl\u00ed\u00adcito de Jesucristo ha de brotar del testimonio de una vida de seguimiento fiel a Jesucristo; \u00ab\u00e9sta constituye ya por s\u00ed\u00ad una proclamaci\u00f3n silenciosa, pero tambi\u00e9n muy clara y eficaz, de la Buena Nueva\u00bb (EN 21). A\u00f1adamos que \u00abevangelizar significa, para la Iglesia, llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad\u00bb (EN 18).<\/p>\n<p>A esta evangelizaci\u00f3n sigue, en quien la recibe con gozo y esperanza, la respuesta de fe. La fe, que es don de Dios, es, al mismo tiempo, la respuesta libre al Dios vivo con quien uno se ha encontrado, el primer momento de la conversi\u00f3n religiosa (Obispos de Euskalherria, \u00abEvangelizar en tiempos de increencia\u00bb [1994] 47).<\/p>\n<p>b) El hombre o mujer, que ha dado este primer paso, ha sentido nacer -o renacer, en su caso- el inter\u00e9s por la persona de Jes\u00fas, pero a\u00fan no conoce suficientemente ni su persona ni su mensaje. Todav\u00ed\u00ada no ha descubierto con claridad la dimensi\u00f3n eclesial y comunitaria de su fe. Necesita adquirir una experiencia de la vida sacramental. Es en este momento cuando se le puede invitar a realizar un proceso de catequesis, que le ayudar\u00e1 a intensificar su experiencia de la nueva vida cristiana (Cf \u00abCatecumenal\u00bb).<\/p>\n<p>Hemos constatado que la mayor\u00ed\u00ada de los adultos solamente han recibido una m\u00ed\u00adnima iniciaci\u00f3n cristiana en la catequesis previa a la primera Comuni\u00f3n. Esta circunstancia hace aconsejable que todo adulto haga el recorrido de este proceso catequ\u00e9tico, de estilo catecumenal, como re-iniciaci\u00f3n en su fe cristiana.<\/p>\n<p>Superada esta fase, el adulto se incorpora plenamente a la vida de la comunidad. En ella vive la nueva experiencia de los sacramentos; cultiva su dimensi\u00f3n oracional; se acostumbra al discernimiento creyente de los signos de los tiempos; se ejercita en la caridad y el compromiso transformador.<\/p>\n<p>La realidad sociol\u00f3gica nos hace comprender que esta sucesi\u00f3n de fases en la iniciaci\u00f3n cristiana de los adultos (RICA 4-8) no sigue siempre el mismo ritmo en todos los adultos. Por ello, en la pastoral con los adultos, ser\u00e1 preciso atender a los niveles de maduraci\u00f3n y a los ritmos propios de cada persona o grupo de personas.<\/p>\n<p>De cualquier modo lo m\u00e1s urgente ser\u00e1 hacer una opci\u00f3n clara por orientar la acci\u00f3n pastoral en clave evangelizadora, dada la situaci\u00f3n que explic\u00e1bamos en la secci\u00f3n III.<\/p>\n<p>V. Acciones concretas de pastoral evangelizadora<br \/>\nLa comunidad cristiana, que ha recibido el encargo de Jes\u00fas: \u00abId por todo el mundo\u00bb, est\u00e1 en disposici\u00f3n de aprovechar cualquier coyuntura para realizar un anuncio expl\u00ed\u00adcito de Jesucristo, el Salvador.<\/p>\n<p>1. Dentro de las actividades propias de la pastoral ordinaria, atender\u00e1 con sumo inter\u00e9s a todos cuantos se acercan a ella en demanda de alg\u00fan servicio. Esta acogida de cuantos acuden a ella tiene una gran importancia, porque de ella depende en gran medida la posibilidad de profundizar en un di\u00e1logo posterior. Sentirse escuchado, valorado, acogido es fundamental para romper los temores o miedos con que a veces acuden a la comunidad parroquial. Preparar unos buenos grupos de acogida es tarea importante en toda pastoral con adultos.<\/p>\n<p>2. Con frecuencia personas alejadas de la pr\u00e1ctica religiosa acuden a la comunidad a solicitar el bautismo de un hijo, la inscripci\u00f3n para la catequesis infantil o la celebraci\u00f3n del matrimonio. Es muy posible que lo que ellos piden no coincida con lo que la comunidad puede y debe ofrecer. Demandan un rito religioso en un momento importante de su vida, con ocasi\u00f3n del nacimiento de un hijo o de haber decidido iniciar una vida de matrimonio. Tal vez no tienen conciencia de lo que significa un sacramento. La fuerza de la costumbre, en unos casos, la presi\u00f3n social o el no ser menos que otros, en otros casos, les impulsan a este acercamiento. La comunidad, a trav\u00e9s del equipo de acogida, escucha su petici\u00f3n, oye sus razones y comprende que falta una motivaci\u00f3n suficiente de fe expl\u00ed\u00adcita para acceder a los sacramentos. Entonces es posible presentar, con sencillez pero con convicci\u00f3n, lo que significa para los creyentes la celebraci\u00f3n sacramental de los acontecimientos importantes de la vida: el nacimiento, el acceso a la infancia adulta, el matrimonio, etc. Transmitir la propia vivencia de fe resulta siempre un testimonio interpelador.<\/p>\n<p>A partir de ah\u00ed\u00ad se les invitar\u00e1 a unos encuentros preparatorios, a modo de precatecumenado (ver \u00abCatecumenal\u00bb). Es posible ahondar en la confianza mutua, escuchar sus planteamientos, deshacer prejuicios y experiencias negativas, formular preguntas que nadie debe eludir sobre el sentido de la vida y, al mismo tiempo, anunciar a Jesucristo, que nos ofrece la acogida y el amor del Padre.<\/p>\n<p>3. Suele ser habitual que las comunidades cristianas organicen unos encuentros con los padres y madres de los ni\u00f1os que se preparan para la primera Comuni\u00f3n. Bastantes de estos padres se encuentran en situaci\u00f3n de increencia o de fe difusa y necesitan un anuncio misionero, que trate de despertar su fe. Otros padres, de fe vacilante, podr\u00e1n ser invitados a realizar un proceso catecumenal, que permita suscitar la conversi\u00f3n que sigue al anuncio de Jesucristo; se trata de conseguir despertar una fe m\u00e1s personalizada y convencida, abrirles a la comunidad cristiana donde van a celebrar esta fe e iniciarles en una vida m\u00e1s comprometida. Este proceso de fundamentaci\u00f3n se orienta a \u00abmadurar la fe inicial y educar al verdadero disc\u00ed\u00adpulo de Jes\u00fas\u00bb (CT 19).<\/p>\n<p>4. La preparaci\u00f3n de los novios para la celebraci\u00f3n del sacramento del matrimonio debiera partir de la realidad de su situaci\u00f3n personal de fe. Es evidente que en esta circunstancia de su vida est\u00e1n muy ocupados en los mil y un detalles que conlleva la celebraci\u00f3n del matrimonio desde el punto de vista social. Por esta raz\u00f3n, y partiendo de esa misma preocupaci\u00f3n que ellos tienen de que todo salga bien, se les invita a hacer un planteamiento b\u00e1sico de su fe. Casarse ante el Se\u00f1or es abrazar un proyecto de vida en com\u00fan, en el cual el amor conyugal y la procreaci\u00f3n son huellas del amor creador de Dios. Anunciarles al Dios de Jesucristo, Dios Padre que es amor y que difunde su amor a todos sus hijos, es uno de los objetivos de esta preparaci\u00f3n prematrimonial. Estos encuentros pueden, adem\u00e1s, dar pie a una invitaci\u00f3n expresa para que los novios se animen a participar, despu\u00e9s de casados, en un proceso de catequesis de adultos.<\/p>\n<p>5. La celebraci\u00f3n cristiana de la muerte es otra ocasi\u00f3n propicia para realizar. una evangelizaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita. La ruptura que la muerte provoca en toda existencia humana es origen de preguntas acuciantes que piden alg\u00fan tipo de respuesta: \u00ab\u00bfpor qu\u00e9?\u00bb; \u00ab\u00bfpor qu\u00e9 a m\u00ed\u00ad?\u00bb; \u00ab\u00bfc\u00f3mo Dios puede consentir&#8230;?\u00bb; \u00abno es justo&#8230;\u00bb; \u00abtodo es mentira&#8230;\u00bb. Ante la muerte experimentamos la fragilidad y el desvalimiento de la persona humana. Nos sentimos menos seguros de nosotros mismos, un poco menos dioses.<\/p>\n<p>La comunidad cristian\u00f3, que sabe acercarse a la familia de un difunto, tiene la oportunidad de llevar un poco de luz y de esperanza en esta coyuntura dolorosa y sin sentido. La celebraci\u00f3n de la muerte en la comunidad cristiana, sin pretender instrumentalizarla, debe ser ella misma un anuncio evangelizador. Anunciar al Dios de la vida, al Dios que es amor, m\u00e1s fuerte que la muerte, al Dios que en Jesucristo se ha solidarizado con nosotros hasta la muerte, es contenido ineludible de toda celebraci\u00f3n. Tengamos presente que en estas celebraciones est\u00e1n presentes cristianos de fe muy d\u00e9bil o apagada e, incluso, personas alejadas de la fe. Por razones familiares o sociales acuden al templo personas que no se sienten c\u00f3modas all\u00ed\u00ad sino m\u00e1s bien extra\u00f1as o indiferentes. \u00abUna celebraci\u00f3n vivida de manera aut\u00e9ntica, con una participaci\u00f3n sentida por parte de los creyentes, puede tener un impacto evangelizador m\u00e1s fuerte que muchas palabras\u00bb (Obispos de Euskalherria \u00abEvangelizar en tiempos de increencia\u00bb [1994] 95).<\/p>\n<p>6. Una pastoral evangelizadora con los adultos no debiera conformarse con aprovechar las ocasiones en que ellos se acercan a la comunidad. Si \u00e9sta vive en clave de evangelizaci\u00f3n, debe buscar el modo de llegar a los adultos alejados en sus propios ambientes de vida. La organizaci\u00f3n de misiones populares, que tienen como base los encuentros en casas de feligreses; las visitas a domicilio sin af\u00e1n proselitista; la invitaci\u00f3n a jornadas o encuentros organizados por la comunidad; el involucrar a los padres en las actividades que la comunidad organiza para los adolescentes y j\u00f3venes; todo ello puede ofrecer plataformas de evangelizaci\u00f3n, de anuncio misionero de Jesucristo.<\/p>\n<p>De una manera especial hay que se\u00f1alar aqu\u00ed\u00ad las actividades que realizan los miembros de las organizaciones apost\u00f3licas: Acci\u00f3n Cat\u00f3lica, Movimientos especializados, etc. Ellos asumen, como labor propia, la tarea de realizar el anuncio de Jesucristo en sus ambientes de vida. Por esta raz\u00f3n la comunidad cristiana debiera volcar en ellos todo su esfuerzo, medios y, sobre todo, cari\u00f1o y dedicaci\u00f3n, para conseguir que desempe\u00f1en la acci\u00f3n misionera de anuncio expl\u00ed\u00adcito del Evangelio. En alg\u00fan modo ellos son la vanguardia de la comunidad cristiana: son enviados en nombre de la comunidad a proclamar el gozo y la alegr\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n de Jesucristo. \u00abLa vocaci\u00f3n cristiana, por su misma naturaleza, es tambi\u00e9n vocaci\u00f3n al apostolado\u00bb (Apostolicam actuositatem 2).<\/p>\n<p>7. Quiero subrayar en este momento un campo especial de pastoral evangelizadora, siempre important\u00ed\u00adsimo, pero hoy quiz\u00e1s m\u00e1s importante por su eco social. Me refiero a la acci\u00f3n de C\u00e1ritas. Jes\u00fas anuncia la Buena Noticia de Dios con sus palabras y sus obras. \u00abSi no me cre\u00e9is a m\u00ed\u00ad, creed a mis obras\u00bb (Jn 10,38). Anuncia al Dios del perd\u00f3n y de la misericordia en las par\u00e1bolas que pronuncia, pero, al mismo tiempo, con su acogida incondicional a los pecadores, \u00e9l mismo se convierte en \u00abpar\u00e1bola viviente\u00bb de Dios. Anuncia la justicia del Reino para los empobrecidos de la tierra, para los que lloran, los que son perseguidos, los no violentos que trabajan por la paz. Pero, al mismo tiempo, \u00e9l realiza la justicia poniendo las bases de una relaci\u00f3n interhumana basada en la fraternidad. \u00abLos ciegos ven, los cojos andan, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia\u00bb (Lc 7,22). \u00abHoy se cumple esta profec\u00ed\u00ada que acab\u00e1is de o\u00ed\u00adr\u00bb (Lc 4,21).<\/p>\n<p>Efectivamente, Jes\u00fas act\u00faa realizando gestos que escandalizan a la sociedad bienpensante de su tiempo: arroja del templo a los mercaderes, para desenmascarar la blasfemia de quienes usan el nombre de Dios para su propio lucro; libra a la ad\u00faltera de ser apedreada, porque la ley no puede ser invocada para condenar y matar; cura en s\u00e1bado, porque antes es el bien del hombre que la observancia de una ley; dialoga con la samaritana, porque Dios no excluye, como los jud\u00ed\u00ados, a nadie. Jes\u00fas act\u00faa no s\u00f3lo para cambiar situaciones de injusticia sino para subvertir un orden injusto establecido. \u00abEl (des)orden establecido (E. Mounier) no puede afrontar aquel peligro que supone Jes\u00fas y se propone eliminarlo. Este es el lado conflictivo de la existencia cristiana (ver J. I. GONZ\u00ed\u0081LEZ FAUS, Pecado del mundo, luz del mundo, Concilium 283 [1999] 65-67).<\/p>\n<p>La comunidad cristiana, seguidora fiel de Jesucristo, no podr\u00e1 anunciar la Buena Nueva del Se\u00f1or sin caer en el vac\u00ed\u00ado o en la insignificancia, a menos que lo haga desde un compromiso real por el hombre. Juan Pablo II afirma: \u00abLa Iglesia no puede permanecer insensible a todo lo que sirva al verdadero bien del hombre, como tampoco puede permanecer indiferente a lo que la amenaza\u00bb (Redentor hominis 13). Anteriormente hemos hecho referencia a la situaci\u00f3n de flagrante injusticia en que vive nuestro mundo, como factor de increencia y debilitaci\u00f3n de la fe. En consecuencia \u00abla acci\u00f3n a favor de la justicia y la participaci\u00f3n en la transformaci\u00f3n del mundo se nos presenta claramente como una dimensi\u00f3n constitutiva de la predicaci\u00f3n del Evangelio (el subrayado en nuestro), es decir, de la misi\u00f3n de la Iglesia para la redenci\u00f3n del g\u00e9nero humano y la liberaci\u00f3n de toda situaci\u00f3n opresiva\u00bb (S\u00ed\u00adnodo de los Obispos, 1971, La justicia en el mundo, Introducci\u00f3n).<\/p>\n<p>La acci\u00f3n evangelizadora de C\u00e1ritas camina por estos senderos. Anuncia con obras m\u00e1s que con palabras. Construye la nueva humanidad, basada en la fraternidad, al tiempo que destruye el ego\u00ed\u00adsmo insolidario. Incluso en la atenci\u00f3n puntual a personas o familias necesitadas est\u00e1 sembrando semillas del Reino, acerc\u00e1ndoles la misericordia de Dios. C\u00e1ritas es el rostro lleno de dulzura y bondad de un Padre-madre, que no abandona a sus hijos y que les llama a ponerse en pie, a buscar caminos de liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La comunidad cristiana debiera cuidar esta labor callada, pero eficaz, de sus organismos de C\u00e1ritas como una de las plataformas m\u00e1s significativas para la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>VI. Cristianos adultos en una Iglesia comunitaria y corresponsable<br \/>\nPara que la comunidad cristiana pueda realizar de forma adecuada una pastoral evangelizadora ser\u00e1 necesario que sus miembros vayan adquiriendo una adultez en su fe. Conseguir que unos adultos, que son cristianos, porque est\u00e1n bautizados, se vayan realizando como cristianos adultos es la tarea de la acci\u00f3n pastoral. Ya hemos indicado que la acci\u00f3n pastoral de la catequesis de adultos y las actividades ordinarias de la comunidad (celebraciones, formaci\u00f3n permanente, desarrollo del compromiso transformador) son los medios de que dispone la comunidad para ir consiguiendo que sus miembros sean cristianos adultos..<\/p>\n<p>Un cristiano adulto es un hombre nuevo (2 Cor 5,17), que se ha encontrado con Jes\u00fas, el Cristo, el Dios con nosotros, luz y vida para todo hombre y mujer, horizonte \u00faltimo de la historia humana. Se ha situado en camino de conversi\u00f3n, dado que ha descubierto que los valores evang\u00e9licos le conducen a situar a Dios en el centro de su vida y trata de vivirlos principalmente en la relaci\u00f3n con sus hermanos. Sabe leer, como creyente, los acontecimientos y esta visi\u00f3n nueva le lleva a relativizar la importancia de los \u00ed\u00addolos del mundo: dinero, poder, prestigio, eficacia, progreso&#8230; Asume el estilo de vida de Jes\u00fas y apuesta por el Reino de Dios. Las Bienaventuranzas son como la \u00abatm\u00f3sfera\u00bb que le envuelve; de ah\u00ed\u00ad recibe el impulso necesario para evangelizar y transformar la injusticia del mundo; trabaja, con tes\u00f3n, y perseverancia, por convertir la historia humana en historia de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ha descubierto la importancia de la comunidad, como familia de referencia para su vivencia cristiana; en ella comparte los gozos, sufrimientos y esperanzas de los hermanos. Hace de la oraci\u00f3n el lugar de experiencia de Dios, de forma habitual y continua. En la oraci\u00f3n, con la Palabra de Dios, descubre la presencia, los deseos de Dios para la tarea de cada d\u00ed\u00ada. Se va capacitando para poder \u00abdar raz\u00f3n de su esperanza a aquel que se la pida\u00bb (1 Pe 3,15). Va consiguiendo una s\u00ed\u00adntesis org\u00e1nica, subjetivamente convincente, de los contenidos de su fe, es decir, va personalizando su fe.<\/p>\n<p>En otra instancia de reflexi\u00f3n y di\u00e1logo, como fue la Asamblea diocesana de Bilbao, se describ\u00ed\u00ada al cristiano adulto con los siguientes rasgos (Di\u00f3cesis de Bilbao \u00abConclusiones de la Asamblea Diocesana\u00bb [1987] 161-162):<\/p>\n<p>Un cristiano adulto en su fe:<\/p>\n<p>* centra su confianza en el seguimiento de Jesucristo Salvador;<br \/>\n* ha personalizado su fe como una opci\u00f3n libre y responsable ante Dios Padre, ante s\u00ed\u00ad mismo y ante la humanidad;<br \/>\n* se comunica con otros creyentes, participando como miembro de un grupo o comunidad eclesial a la que pertenece y es sensible a los problemas de los alejados e increyentes;<br \/>\n* vive en actitud abierta, cr\u00ed\u00adtica y esperanzada ante los cambios que se producen en la historia actual;<br \/>\n* procura distinguir con sentido cr\u00ed\u00adtico (discernimiento) lo fundamental de lo accesorio y subordina las formas de expresi\u00f3n de fe a sus contenidos nucleares;<br \/>\n* vive su libertad responsable apoyado en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, a quien invoca; en la Palabra del Evangelio, que escucha, y en la comunidad de la Iglesia con la que contrasta su fe y cuyo Magisterio debe servirle fraternalmente como gu\u00ed\u00ada especialmente autorizado;<br \/>\n* intenta unir la experiencia profunda de Dios en la oraci\u00f3n con el trabajo efectivo por un mundo m\u00e1s justo;<br \/>\n* celebra con los dem\u00e1s, en los sacramentos, el proceso liberador del acontecimiento pascual en la historia presente;<br \/>\n* acoge la acci\u00f3n salvadora de Dios como un don, colabora en la construcci\u00f3n actual del Reino de Dios y espera la plenitud de la salvaci\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de la muerte.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; P. GIGUERE, Una fe adulta. El proceso de maduraci\u00f3n en la fe, Sal Terrae, Santander, 1995; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, La iniciaci\u00f3n cristiana. Reflexiones y orientaciones, Edice, Madrid, 1999; I. MONTERO, Psicolog\u00ed\u00ada evolutiva y educaci\u00f3n en la fe, Ave Mar\u00ed\u00ada, Granada, 1981; COMISI\u00ed\u201cN EPISCOPAL DE ENSE\u00ed\u2018ANZA Y CATEQUESIS, Catequesis de adultos, Edice, Madrid, 1991.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Manuel Ant\u00f3n Sastre<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. Persona adulta. &#8211; ll. Acci\u00f3n pastoraL &#8211; HL Situaci\u00f3n de los adultos con respecto a la fe cristiana. &#8211; IV Acci\u00f3n pastoral con los adultos. &#8211; V. Acciones concretas de pastoral evangelizadora. -VI. Cristianos adultos en una Iglesia comunitaria y corresponsable. 1. Persona adulta Entendemos por persona adulta aquella que ha llegado a &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/adultos-pastoral-de\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abADULTOS, PASTORAL DE\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15961","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15961","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15961"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15961\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15961"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15961"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15961"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}