{"id":15976,"date":"2016-02-05T10:21:51","date_gmt":"2016-02-05T15:21:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/comunidades-eclesiales-de-base-perspectiva-europea\/"},"modified":"2016-02-05T10:21:51","modified_gmt":"2016-02-05T15:21:51","slug":"comunidades-eclesiales-de-base-perspectiva-europea","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/comunidades-eclesiales-de-base-perspectiva-europea\/","title":{"rendered":"COMUNIDADES ECLESIALES DE BASE (PERSPECTIVA EUROPEA)"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: Introducci\u00f3n. &#8211; 1. En las ra\u00ed\u00adces de la historia: 1.1. El movimiento de Jes\u00fas. 1.2. Del movimiento de Jes\u00fas a la Iglesia cristiana. Las \u00abIglesias dom\u00e9sticas&#8217;: 1.3. Movimientos comunitarios eclesiales en la historia de la Iglesia. &#8211; 2. Los movimientos comunitarios eclesiales del siglo XX. Las comunidades eclesiales\u00bb de base: 2.1. Nuevos movimientos eclesiales y nuevas comunidades. 2.2. G\u00e9nesis de las \u00abcomunidades de base\u00bb 2.3. Definici\u00f3n de las comunidades de base. 2.4. Comunidades de base: Realizaci\u00f3n plural. a) De las comunidades de base\u00bb a las comunidades eclesiales\u00bb de base en Am\u00e9rica Latina; b) De las comunidades de base\u00bb a las comunidades eclesiales\u00bb de base en Espa\u00f1a. Dos direcciones: 1 \u00c2\u00b0 Las comunidades cristianas populares\u00bb de base. 2\u00c2\u00b0 Las peque\u00f1as comunidades eclesiales\u00bb o peque\u00f1as comunidades cristianas\u00bb (PCC). &#8211; 3. Hacia una pastoral de las comunidades eclesiales\u00bb de base (CEB1 (=Peque\u00f1as comunidades eclesiales o cristianas, PCC). Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Introducci\u00f3n<br \/>\nCorremos el peligro, a veces, de considerar las diversas realidades que surgen en la historia de la Iglesia, como mutaciones que ella misma va produciendo o aceptando, ante las circunstancias socio-culturales cambiantes en las diversas \u00e9pocas hist\u00f3ricas, para poder as\u00ed\u00ad ser fiel a su tarea evangelizadora recibida de Cristo.<\/p>\n<p>En esta perspectiva, se subraya que el elemento primordial suscitador de las nuevas realidades es la historia cambiante y la urgencia eclesial de adaptarse para evangelizarla. La causa, por tanto, ser\u00ed\u00ada externa a la naturaleza de la misma Iglesia, lo cual no es m\u00e1s que una parte modesta de la verdad.<\/p>\n<p>En una perspectiva eclesiol\u00f3gico-pastoral de conjunto, los elementos primordiales que activan y promueven la renovaci\u00f3n de la Iglesia son los componentes institucionales y carism\u00e1ticos que la configuran internamente, a la vez que la visibilizan: la confesi\u00f3n de fe, los sacramentos, el ministerio jer\u00e1rquico, los carismas y el mandamiento nuevo, garantizados todos por la asistencia del Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or Resucitado.<\/p>\n<p>Efectivamente, el Esp\u00ed\u00adritu no reduce su funci\u00f3n a garantizar la instituci\u00f3n jer\u00e1rquica, sacramental y ministerial, sino que sigue empujando hacia delante a la Iglesia ante los cambios socio-culturales de la historia. El Esp\u00ed\u00adritu de Dios otorga a su Iglesia, en los momentos oportunos, fuertes carismas que dan vida a movimientos de renovaci\u00f3n y generan nuevas formas de vida comunitaria eclesial, para responder a la transformaci\u00f3n interna de la propia Iglesia y a su tarea de evangelizaci\u00f3n del mundo.<\/p>\n<p>Estos dones de gracia, de hecho han irrumpido en la historia de la Iglesia, sobre todo en los tiempos de profundas alteraciones socio-pol\u00ed\u00adticas y culturales que han puesto y ponen en crisis la tradici\u00f3n cristiana. Son tiempos en los que se olvida el acontecimiento pascual de Cristo Salvador, en los que la vida de la Iglesia parece esclerotizarse y la propuesta cristiana apenas se irradia o lo hace de forma poco incisiva. Estos carismas revitalizan, con todo su vigor, la Salvaci\u00f3n acontecida ya \u00aben Cristo\u00bb, convirti\u00e9ndose en fuente de energ\u00ed\u00ada, de entregas evang\u00e9licas generosas, de renovaci\u00f3n eclesial, de nuevas formas de inculturar el Evangelio, de renovaci\u00f3n del ministerio sacerdotal y de la tarea misionera, de transformaci\u00f3n cristiana de lo temporal, etc. (Cf F. GONZALEZ, Los movimientos en las historia de la Iglesia, Ed. Encuentro, Madrid 1999, 7-20).<\/p>\n<p>En este sentido, los elementos sustantivos renovadores de la Iglesia surgen de ella misma, estructurada y reactivada por el Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas para \u00abevangelizar a todas las gentes\u00bb (Mt. 28,18-20), aunque el otro elemento inductor de los cambios sociales son las realidades socio culturales de unas \u00e9pocas m\u00e1s o menos ajenas o contrarias a la propuesta evang\u00e9lica, que act\u00faan como revulsivo anticristiano.<\/p>\n<p>Una de esas realidades eclesiales surgidas en nuestros \u00abtiempos recios\u00bb, de fuerte crisis religiosa, es el fen\u00f3meno de las peque\u00f1as comunidades cristianas y, en concreto, de las comunidades \u00abeclesiales\u00bb de base, que abordamos en este art\u00ed\u00adculo.<\/p>\n<p>La exposici\u00f3n tiene un talante hist\u00f3rico-narrativo. En su primera parte (I) se buscan las ra\u00ed\u00adces de estas comunidades en la historia de la Iglesia. En la segunda (II) se describen, con criterios eclesiales de discernimiento, las comunidades \u00abeclesiales\u00bb de base. Y en la tercera (111) se exponen las l\u00ed\u00adneas para una pastoral de las CEB.<\/p>\n<p>1. En las ra\u00ed\u00adces de la historia<br \/>\nLos \u00absumarios\u00bb de los Hechos de los Ap\u00f3stoles nos proporcionan una visi\u00f3n idealizadora de la caridad y de la fraternidad de la primera comunidad de Jerusal\u00e9n. Lucas presenta esta \u00abedad de oro\u00bb como norma para la Iglesia de todos los tiempos. Pero, muchos detalles del texto mismo de Lucas nos permite pensar que las cosas fueron bastante diferentes. Es decir, la historia real del cristianismo en su organizaci\u00f3n resulta m\u00e1s difusa y compleja, pero fecunda en consecuencias para nuestra vida eclesial actual.<\/p>\n<p>1.1. El movimiento de Jes\u00fas<br \/>\nLa Iglesia nace sociol\u00f3gicamente como un movimiento, el movimiento de Jes\u00fas, es decir, como un grupo carism\u00e1tico intrajud\u00ed\u00ado de renovaci\u00f3n que se re\u00fane en Palestina en torno a Jes\u00fas y que contin\u00faa hasta el a\u00f1o 70, el de la destrucci\u00f3n de Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<p>Este movimiento de Jes\u00fas tiene las caracter\u00ed\u00adsticas de los movimientos llamados, en terminolog\u00ed\u00ada sociol\u00f3gica, milenaristas o prof\u00e9ticos, es decir: 1) Nace en una Palestina en crisis econ\u00f3mica, pol\u00ed\u00adtica, cultural y religiosa, que cuestionaba la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada y su identidad. 2) No es un movimiento meramente de conversi\u00f3n individual, pues Jes\u00fas anuncia el Reino de Dios, como expresi\u00f3n simb\u00f3lica de un futuro relativamente nuevo y pr\u00f3ximo, que transforme la realidad social y d\u00e9 como fruto una humanidad buena y feliz, como obra de Dios; asimismo, cuestiona la autoridad doctrinal (la Ley) y sacerdotal (el Templo), columna vertebral del sistema social jud\u00ed\u00ado del siglo I. 3) Cuenta con su profeta carism\u00e1tico, Jes\u00fas, que cataliza la situaci\u00f3n, da voz a los sectores marginados y abri\u00f3 nuevas perspectivas de vida humana y religiosa. 4) Proporciona a las gentes pobres la conciencia de una nueva identidad personal y grupal, esto es, la experiencia de la conversi\u00f3n que hace \u00abhombres nuevos\u00bb. 5) Si, en principio, el movimiento suele tener una corta duraci\u00f3n, el de Jes\u00fas experimenta un proceso de institucionalizaci\u00f3n y se convierte en la Iglesia cristiana.<\/p>\n<p>En este contexto cr\u00ed\u00adtico y prof\u00e9tico, Jes\u00fas no predica el Reino de Dios para que se haga realidad entre una minor\u00ed\u00ada, como hac\u00ed\u00adan los esenios; Jes\u00fas no deja nunca de dirigirse a todo Israel, buscando su conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>El Dios del Reino, por otra parte, es el Dios de los pobres, los hambrientos, las v\u00ed\u00adctimas&#8230; Todos los desgraciados est\u00e1n de enhorabuena porque el Reino de Dios comienza a hacerse realidad entre ellos. El Dios del Reino se acerca, con Jes\u00fas, a los pecadores, es decir, a los excluidos, que llevan el estigma de la discriminaci\u00f3n religiosa, que en Palestina significaba discriminaci\u00f3n social. El Dios del Reino es el Dios que establece una relaci\u00f3n entre la situaci\u00f3n hist\u00f3rica y la plenitud definitiva de la salvaci\u00f3n. Es una salvaci\u00f3n de Dios que comienza en nuestra historia.<\/p>\n<p>Mientras que por los profetas apocal\u00ed\u00adpticos el \u00abmundo nuevo\u00bb, salvado, viene tras la desaparici\u00f3n de este mundo, para Jes\u00fas el \u00abmundo nuevo\u00bb comienza en medio del viejo mundo y ya se est\u00e1n manifestando sus signos, la \u00abvisita de Dios a su pueblo\u00bb (Lc 7,16). El Dios del Reino anunciado por Jes\u00fas se manifiesta devolviendo su rostro humano a la sociedad y \u00e9sta se humaniza en la medida en que se acerca al Dios verdadero.<\/p>\n<p>Efectivamente, el Dios del Reino es el Dios de la misericordia. Su soberan\u00ed\u00ada se afirma como amor, amor gratuito, que invita a la gran mutaci\u00f3n del peso del elitismo de los m\u00e1s fuertes a la solidaridad con los m\u00e1s d\u00e9biles. El Dios del Reino es el Padre de Jes\u00fas, su Abba, expresi\u00f3n inusual que expresa confianza y entrega total a su voluntad. Jes\u00fas, en el Padrenuestro nos ense\u00f1a, nos introduce en su experiencia religiosa y comparte con nosotros su vida y su causa. Por eso, para convertirnos al Dios de Jes\u00fas, no basta con darle nuestro coraz\u00f3n, hemos de mirar y ayudar a cambiar la realidad social en la que vivimos y que aceptamos.<\/p>\n<p>1.2. Del movimiento de Jes\u00fas a la Iglesia cristiana<br \/>\n\u00ab\u00bfC\u00f3mo es que lo empez\u00f3 siendo un movimiento carism\u00e1tico intrajud\u00ed\u00ado, alternativo de la sociedad [G. Lohfink] y \u00e9ticamente muy radical, en poco tiempo lleg\u00f3 a ser una instituci\u00f3n religiosa aut\u00f3noma, la Iglesia cristiana, que se acomodaba a su sociedad y que fundamentalmente la legitimaba?\u00bb (R. Aguirre, pg. 65).<\/p>\n<p>R. Aguirre, en su obra Del movimiento de Jes\u00fas a la Iglesia cristiana (Sal Terrae, Santander, 1987; en ella nos hemos inspirado para exponer estas primeras notas hist\u00f3ricas) afirma que la perspectiva privilegiada para estudiar la evoluci\u00f3n del cristianismo primitivo es descubrir las relaciones que \u00e9ste establece con la casa. La casa es la estructura b\u00e1sica de la sociedad en que el cristianismo naci\u00f3 y se desarroll\u00f3, como lo es toda la sociedad sedentaria pre-industrial. Para el cristianismo la relaci\u00f3n con el mundo se plante\u00f3, en concreto y sobre todo, como la actitud que adopta ante la casa: oikos y oik\u00ed\u00ada, t\u00e9rminos flexibles y de gran capacidad evocadora que sirven para designar indistintamente tanto el grupo familiar como el lugar de liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el N. testamento se habla de la conversi\u00f3n de \u00abcasas enteras\u00bb (Jn 4,53, Hch 11,14; 16,15; 31,34; 1 Cor 1,16; Hch 18,8). Parece incluso que la casa era la forma b\u00e1sica de organizaci\u00f3n de la Iglesia en sus inicios.<\/p>\n<p>El autor de esta obra muestra la realidad y los rasgos espec\u00ed\u00adficos de las iglesias dom\u00e9sticas en el N. testamento, las sit\u00faa hist\u00f3rica y socialmente e indica las repercusiones de este fen\u00f3meno en el cristianismo primitivo. Estas se pueden resumir en dos: 1) Las Iglesias dom\u00e9sticas expresan la opci\u00f3n por hacer del cristianismo una realidad socialmente viable, esto es, la opci\u00f3n por la encarnaci\u00f3n aceptando las estructuras sociales existentes. Y 2) Manifiestan la opci\u00f3n por hacer de la comunidad concreta, con relaciones personales reales, el lugar donde se vive la fe y, por tanto, la estructura base de la Iglesia. Hoy son las llamadas comunidades de base las que pueden ejercer una funci\u00f3n sociol\u00f3gica y teol\u00f3gica an\u00e1loga a la que desarroll\u00f3 la Iglesia dom\u00e9stica en el cristianismo primitivo. Ella es, teol\u00f3gicamente hablando, no la sacralizaci\u00f3n de una estructura social -la casa\/familiasino una posibilidad social que se establezcan los v\u00ed\u00adnculos de fraternidad y vida nueva, que expresen la fe en Jesucristo (cf R. AGUIRRE, o.c., pp. 7-91).<\/p>\n<p>1.3. \u00abMovimientos comunitarios eclesiales\u00bb en la historia de la Iglesia<br \/>\nEn esta formaci\u00f3n de la iglesia primitiva, el Esp\u00ed\u00adritu del Resucitado ha estado activamente presente con sus impulsos y carismas como se detecta en los diecis\u00e9is a\u00f1os de vida eclesial que abarcan los Hechos de los Ap\u00f3stoles. Pues, lo mismo ha hecho el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo Vivo en otras \u00e9pocas cr\u00ed\u00adticas de la Iglesia.<\/p>\n<p>En los siglos IV y V, cuando el martirio se convierte en excepci\u00f3n y la vida de muchos cristianos pierde la conciencia y vivacidad generada por el martirio, surgen los carismas que quieren ser memoria del martirio y dan lugar al movimiento monacal en diferentes lugares de oriente y occidente. Este, entre otras consecuencias, promueve nuevas formas de vida sacerdotal y de espiritualidad seglar y asociaciones eclesiales de diferentes estilos.<\/p>\n<p>Occidente asiste al nacimiento de una especie de \u00abcen\u00e1culos mon\u00e1sticos\u00bb en medio de las ciudades en las que act\u00faan directamente con obras pastorales y caritativas. Algunos tienen estructura semejante a la de los actuales institutos seculares. Es el deseo de vivir -laicos y cl\u00e9rigos-\u00abseg\u00fan el modelo de los Ap\u00f3stoles\u00bb.<\/p>\n<p>Frente a las invasiones de los b\u00e1rbaros, eslavos, persas y \u00e1rabes, entre los siglos V y Vlll, la Iglesia se hace presente, sobre todo con una propuesta misionera de comuni\u00f3n. El monacato benedictino, en comuni\u00f3n real con los Papas, ser\u00e1 la gran fuerza misionera que salga al paso de las divisiones entre los pueblos invasores, de las dificultades en su vinculaci\u00f3n con Roma y de la conmoci\u00f3n negativa en la vida del pueblo fiel. Los monjes occidentales concebir\u00e1n la superaci\u00f3n del mundo no como una hu\u00ed\u00adda al desierto, sino como un recogimiento comunitario en el monasterio, considerado como la \u00fanica forma de vivir capaz de generar una propuesta misionera. En torno a bastantes monasterios, que hacen el papel de \u00abmadres\u00bb, se formaron tambi\u00e9n grupos de cristianos, de cl\u00e9rigos y laicos, que participaban asiduamente en la liturgia. Las comunidades monacales se daban cada vez m\u00e1s a atender al pueblo cristiano y su estilo de vida sigui\u00f3 siendo un punto de referencia para los laicos y tambi\u00e9n para el clero: modelo de vida evang\u00e9lica y de oraci\u00f3n comunitaria.<\/p>\n<p>Pero en cada \u00e9poca, el Esp\u00ed\u00adritu inspira a la Iglesia renovar su estilo comunitario. El antiguo monacato, (adem\u00e1s de los can\u00f3nigos regulares y las \u00f3rdenes de caballer\u00ed\u00ada) de los siglos anteriores al XIII no parece darse cuenta de que en este siglo ha cambiado el contexto social. Estas \u00abcomunidades\u00bb ahora viven aisladas, alejadas del mundo de las nuevas ciudades medievales nacidas para la actividad mercantil. La Iglesia, carente de personas espiritualmente relevantes y con una jerarqu\u00ed\u00ada en horas bajas, no vive un ideal evang\u00e9lico pujante. Est\u00e1 gest\u00e1ndose un \u00abhombre nuevo\u00bb: econ\u00f3mico, literato y fil\u00f3sofo, y menos sensible a la experiencia cristiana original de Europa.<\/p>\n<p>Frente a la burgues\u00ed\u00ada, la pobreza extendida y el anticlericalismo de la situaci\u00f3n, las nuevas \u00f3rdenes mendicantes son una oleada de novedad que socorre a la Iglesia. Sus animadores Domingo de Guzm\u00e1n y Francisco de As\u00ed\u00ads. De nuevo la Iglesia primitiva ha sido el revulsivo: mezclarse con los necesitados y amarlos compartiendo sus alegr\u00ed\u00adas y sufrimientos; amor a la pobreza por Cristo pobre y una maravillosa capacidad para defender la verdad evang\u00e9lica con la palabra y el testimonio y atraer a las masas a la Iglesia Son dignas de menci\u00f3n las Terceras \u00f3rdenes dominicana y franciscana, formadas por laicos\/as hondamente cristianos, que potencian la vida cristiana y apost\u00f3lica de muchas personas.<\/p>\n<p>Pasando varios siglos, una de las realidades comunitarias m\u00e1s fecundas del siglo XVII es -por no aludir a otras- el movimiento de las llamadas \u00abAmistades\u00bb, promovido por la Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas en la Iglesia de Francia. De este movimiento de las \u00abAmistades\u00bb, casi siempre formadas por laicos y cl\u00e9rigos, surgieron numerosas iniciativas de renovaci\u00f3n de la Iglesia francesa, tocada del racionalismo anticristiano y del jansenismo semicism\u00e1tico. Una de sus iniciativas m\u00e1s fecundas fue el movimiento misionero de la edad contempor\u00e1nea. En Par\u00ed\u00ads se reun\u00ed\u00ada una de esas \u00abcompa\u00f1\u00ed\u00adas de amigos\u00bb. Un misionero jesuita les transmiti\u00f3 su pasi\u00f3n misionera hasta el martirio y su pasi\u00f3n por la Iglesia. Ser\u00e1n los fundadores de la Sociedad para las Misiones Extranjeras de Par\u00ed\u00ads. Uno de sus miembros escrib\u00ed\u00ada su ideal: \u00ab(Viv\u00ed\u00adamos) una unidad profunda entre todos los amigos, cada uno de ellos estaba persuadido de que (ten\u00ed\u00adamos) que renovar la experiencia de amistad y fidelidad de los primeros cristianos.., tambi\u00e9n ellos ten\u00ed\u00adan el gran deseo en el coraz\u00f3n de ser &#8216;un solo coraz\u00f3n y una sola alma&#8217; (Hch 4,32)\u00bb.<\/p>\n<p>La \u00e9poca liberal -inaugurada en Francia en 1789 y que se extiende toda la la guerra mundial 1914-1918- es una \u00e9poca dram\u00e1tica: Progresiva descristianizaci\u00f3n de la sociedad y separaci\u00f3n de la Iglesia de la vida p\u00fablica. Estado laico, aut\u00e1rquico y autocr\u00e1tico, fruto del racionalismo filos\u00f3fico. La nueva sociedad tiene una nueva \u00e9tica, en la que nada tienen que ver ni Dios ni la Iglesia. Esta queda pr\u00e1cticamente excluida de la convivencia social. Pero la Iglesia afronta esta situaci\u00f3n con el nacimiento de numerosos movimientos de vida cristiana, de todo tipo de creyentes, que den lugar a nuevas asociaciones eclesiales, nuevos institutos religiosos&#8230; El siglo XIX es el \u00absiglo del asociacionismo cat\u00f3lico seglar\u00bb, con una presencia privilegiada de la mujer cat\u00f3lica, y surge en ambientes hostiles o en lugares de \u00abfrontera\u00bb misionera. Importante: \u00abEstas realidades eclesiales se convierten en un &#8216;lugar&#8217; humano de encuentro, donde los cristianos se hallan &#8216;como en su casa&#8217; en el seguimiento de Cristo, y donde cualquiera puede tener ocasi\u00f3n de encontrarse con Cristo\u00bb (F. GONZ\u00ed\u0081LEZ, o.c., p. 132).<\/p>\n<p>2. Los movimientos comunitarios eclesiales del siglo XX. Las comunidades \u00abeclesiales\u00bb de base<br \/>\n2.1. Nuevos movimientos eclesiales y nuevas comunidades<br \/>\nHemos visto, siquiera sint\u00e9ticamente, que los movimientos comunitarios en la Iglesia son una realidad con que el Esp\u00ed\u00adritu acompa\u00f1a a la comunidad eclesial desde su nacimiento. Estos movimientos comunitarios eclesiales, promovidos por personas o grupos con carismas espec\u00ed\u00adficos con frecuencia no son miembros de la jerarqu\u00ed\u00ada, pero siempre est\u00e1n en comuni\u00f3n con ella- se manifiestan tambi\u00e9n en el siglo XX y son muy influyentes en la vida y en la actividad de la Iglesia.<\/p>\n<p>Hay movimientos que surgen en los primeros cuarenta a\u00f1os del siglo XX; otros lo hacen despu\u00e9s de la segunda guerra mundial (1945) hasta el Concilio (1965), y otros florecen despu\u00e9s del Concilio, impulsados por las grandes l\u00ed\u00adneas eclesiol\u00f3gicas y espirituales del propio Vaticano II (cf. Mons. Moreira Neves, 1980). Sobre todo, a partir del Concilio, ser\u00ed\u00ada m\u00e1s exacto hablar de los nuevos movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades.<\/p>\n<p>Estos nuevos movimientos eclesiales y nuevas comunidades tienen cabida en el Pontificio Consejo para los laicos (Pablo VI, 1967). M\u00e1s a\u00fan, con la participaci\u00f3n activa de 60 laicos, representantes de diversas realidades eclesiales de varios pa\u00ed\u00adses, en el S\u00ed\u00adnodo Episcopal de 1987, la Iglesia jer\u00e1rquica parece aceptar el comienzo de una nueva etapa en el reconocimiento de la corresponsabilidad de los laicos de la Iglesia e, indirectamente, del papel que los nuevos movimientos eclesiales y las nuevas comunidades juegan en la vida de la Iglesia. Esta dignidad y corresponsabilidad eclesial y misionera se fundamenta en el bautismo y en la incorporaci\u00f3n eclesial de los laicos, cuyos dinamismos ha impulsado siempre a los movimientos comunitarios a lo largo de la historia de la Iglesia.<\/p>\n<p>Tras el Concilio, la Iglesia se topa con las multitudes cada vez m\u00e1s alejadas del Evangelio en la vieja Europa o en las complejas realidades de los otros continentes con sus cargas de miserias, de dolor y de conflictos sociales (As\u00ed\u00ada, \u00ed\u0081frica, Latinoam\u00e9rica), y hasta con el peligro de secularizaci\u00f3n y difusi\u00f3n de las sectas en regiones y pa\u00ed\u00adses con unas tendencias de religiosidad popular cristianas, pero poco cultivadas catequ\u00e9ticamente. Urge una \u00abnueva evangelizaci\u00f3n\u00bb \u00bfqui\u00e9n la podr\u00e1 llevar a cabo? No las viejas estructuras pastorales y las organizaciones cristianas vigentes, sin dinamismo interior evangelizador.<\/p>\n<p>En esta segunda parte, s\u00f3lo exponemos lo referente a las nuevas comunidades. Para situarnos mejor, recordemos que ante esta situaci\u00f3n posconciliar, la Iglesia, impulsada en sus miembros por los carismas del Esp\u00ed\u00adritu, reacciona por un lado, relanzando los movimientos apost\u00f3licos de A. Cat\u00f3lica de ni\u00f1os, j\u00f3venes y adultos; por otro lado, la Iglesia se abre a los llamados nuevos movimientos eclesiales; y por otro, experimenta el nacimiento de las nuevas comunidades, o con m\u00e1s precisi\u00f3n, las comunidades \u00abeclesiales\u00bb de base. En esta segunda parte, s\u00f3lo nos fijamos en estas \u00faltimas, en los rasgos que tienen en com\u00fan.<\/p>\n<p>2.2. G\u00e9nesis de las \u00abcomunidades de base\u00bb<br \/>\nSi era urgente acometer misioneramente la situaci\u00f3n de increencia y la cr\u00ed\u00adtica situaci\u00f3n socio-econ\u00f3mica de las Iglesias de occidente, no era menos urgente descubrir con qu\u00e9 medios eclesiales (estructuras comunitarias, procesos para suscitar y educar la fe, destinatarios preferentes, estilo de testimonios de vida y de compromisos interpelantes, talante de los agentes pastorales&#8230;) habr\u00ed\u00ada que abordar esta situaci\u00f3n de crisis religiosa y social.<\/p>\n<p>El Concilio busc\u00f3 la renovaci\u00f3n de la Iglesia \u00abpara revelar su fuerza a los esp\u00ed\u00adritus modernos\u00bb, devolvi\u00e9ndole los rasgos eclesiales m\u00e1s simples y m\u00e1s puros de su origen\u00bb (Juan XXIII). Y, sin hacer distinci\u00f3n entre comunidades grandes y peque\u00f1as, ve en la experiencia comunitaria los or\u00ed\u00adgenes (Hch 2, 42-47)\u00bb el modelo de la vida de todo el Pueblo de Dios\u00bb (cf LG 13,1; DV 10,1).<\/p>\n<p>En concreto, para una renovaci\u00f3n profunda de la Iglesia al servicio de nuestro mundo, el Concilio desarroll\u00f3 una eclesiolog\u00ed\u00ada de comuni\u00f3n y del Pueblo de Dios (LG) y una teolog\u00ed\u00ada de la Iglesia en di\u00e1logo con el mundo contempor\u00e1neo (GS 1). La parroquia presencia de la Iglesia y del Obispo diocesano en medio de las gentes, era uno de los factores primordiales para promover esa \u00abnueva Iglesia conciliar\u00bb.<\/p>\n<p>Pero, la parroquia, por ser una instituci\u00f3n masiva y escasamente comunitaria y por vivir durante siglos otra concepci\u00f3n de Iglesia, era incapaz de asumir -sobre todo en la d\u00e9cada de los 60- este proyecto eclesial conciliar, que conllevaba rehacer las relaciones internas y, adem\u00e1s, promover nuevas relaciones con la sociedad. A esto hay que a\u00f1adir el hecho psicosociol\u00f3gico del mundo industrial y urbano, en el que las personas viven aisladas en la masa, en el anonimato y en la despersonalizaci\u00f3n y necesitan integrarse en unos grupos humanos con relaciones interpersonales, que robustezcan su personalidad<br \/>\ny el sentido de su vida, incluso en el orden religioso. Todo esto apremiaba a configurar otro modo de ser Iglesia y de actuar como tal.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad nacieron, en concreto, las llamadas comunidades de base en diversas Iglesias de los cinco continentes, especialmente en el Tercer Mundo. Como su realidad es bastante plural y heterog\u00e9nea, ofrecemos una definici\u00f3n descriptiva de las mismas, que recoge sus rasgos esenciales comunes. Y lo hacemos desde su versi\u00f3n espa\u00f1ola, que parece m\u00e1s detallada a la hora de identificarlas.<\/p>\n<p>2.3. Definici\u00f3n de las \u00abcomunidades de base\u00bb<br \/>\nSeg\u00fan J. J. Tamayo (Comunidades de base, en C. FLORIST\u00ed\u0081N &#8211; J. J. TAMAYO, Conceptos fundamentales del cristianismo, Trotta, Madrid 1993, 190. La numeraci\u00f3n es nuestra) las comunidades de base son:<\/p>\n<p>\u00ab1) Grupos eclesiales formados por creyentes adultos en Jes\u00fas de Nazaret, 2) pertenecientes -por lo general- a los sectores populares de la sociedad, que han hecho una opci\u00f3n incondicional por los pobres. 3) Cuentan con un n\u00famero reducido de miembros, al objeto de posibilitar unas relaciones interpersonales estrechas como base para la vivencia de la hermandad. 4) Son grupos relativamente homog\u00e9neos en su interpretaci\u00f3n del evangelio (lectura liberadora) y en sus opciones pol\u00ed\u00adticas (de izquierda). 5) Siguen un proceso comunitario de educaci\u00f3n en la fe tendente a: suscitar la fe adulta, provocar una primera conversi\u00f3n a los valores del reino, profundizar en la fe, tanto en el plano te\u00f3rico (reformulaci\u00f3n del mensaje) como en el pr\u00e1ctico (praxis hist\u00f3rica) 6) Celebran fraternalmente la fe y la vida en un clima festivo y participativo. 7) Ejercen corresponsablemente los ministerios y carismas que el Esp\u00ed\u00adritu concede libremente a los miembros de la comunidad, superando las r\u00ed\u00adgidas oposiciones, todav\u00ed\u00ada hoy vigentes, entre cl\u00e9rigos y laicos, Iglesia docente e Iglesia discente, jerarqu\u00ed\u00ada y pueblo. 8) Mantienen una comuni\u00f3n cr\u00ed\u00adtica e interpelante con la jerarqu\u00ed\u00ada. 9) Est\u00e1n presentes en la sociedad y pretenden contribuir a su transformaci\u00f3n a trav\u00e9s de las mediaciones sociales y pol\u00ed\u00adticas (compromiso de signo liberador), empezando as\u00ed\u00ad a hacer realidad el reino de Dios en la historia\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, las comunidades de base quieren responder a una serie de retos: 1) Al evang\u00e9lico: recuperar el frescor carism\u00e1tico y prof\u00e9tico del mensaje y de la praxis de Jes\u00fas y de las \u00abiglesias dom\u00e9sticas\u00bb primitivas: tradiciones b\u00ed\u00adblicas del \u00e9xodo, la alianza, la liberaci\u00f3n, la opci\u00f3n por los oprimidos; unos grupos reducidos de personas atra\u00ed\u00addos por el testimonio, la autoridad de la palabra y el aliento liberador de la persona de Jes\u00fas; unas comunidades de iguales, en donde el que manda es el que sirve, sin dominaci\u00f3n, opresi\u00f3n o marginaci\u00f3n de nadie, en solidaridad con los pobres para devolverles su dignidad, negada en la sociedad&#8230; 2) Al reto evangelizador situar en el primer plano del proyecto cristiano la evangelizaci\u00f3n, esto es, el anuncio -con hechos y palabras- de la buena noticia de la liberaci\u00f3n integral a los sectores sociales marginados y la denuncia de las injusticias que impiden la fraternidad&#8230; 3) Al reto socio-pol\u00ed\u00adtico: descubrir las mediaciones sociopol\u00ed\u00adticas de la fe frente al espiritualismo desencarnando y actuar en caridad mediante una praxis transformadora. Y 4) al reto de la base: en el sentido eclesial y social, es decir, a la necesidad de incorporar al ser y al hacer de la comunidad a los que est\u00e1n en la zona inferior de la comunidad y de la sociedad; a los que est\u00e1n privados del tener, del poder y del saber. (Tambi\u00e9n) Dios est\u00e1 con estas gentes de base (cf. J. J. TAMAYO, o.c., p. 191).<\/p>\n<p>2.4. Comunidades de base: Realizaci\u00f3n plural<br \/>\nComo se indica m\u00e1s arriba, no hay un modelo \u00fanico de comunidades de base. Seg\u00fan los \u00e1mbitos culturales -continentes, naciones, regiones- y seg\u00fan las l\u00ed\u00adneas sociopol\u00ed\u00adticas de los promotores, las comunidades de base cuentan con rasgos particulares propios; de ah\u00ed\u00ad su pluralidad. Aludimos s\u00f3lo a las comunidades de base de Latinoam\u00e9rica y de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>a) De las \u00abcomunidades de base\u00bb a las comunidades \u00abeclesiales\u00bb de base en Am\u00e9rica Latina. En Am\u00e9rica Latina las comunidades de base son m\u00e1s homog\u00e9neas. No aparecen como fen\u00f3meno contestatario o alternativo a las estructuras eclesiales existentes. Surgen de un itinerario teol\u00f3gico-pastoral, acompa\u00f1ado por un significado grupo de Obispos y te\u00f3logos, hasta el punto de convertirse en uno de los objetos de reflexi\u00f3n de las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano: Medell\u00ed\u00adn (1968) y Puebla (1979). En Am\u00e9rica Latina, Iglesia-Instituci\u00f3n y red de comunidades de base no son fen\u00f3menos eclesiales en conflicto, sino, en general, complementarios, como formas convergentes de construir la \u00fanica Iglesia de Jes\u00fas al servicio del Reino de Dios.<\/p>\n<p>Esto no significa que no haya habido necesidad de momentos de discernimiento oficial. A ra\u00ed\u00adz del S\u00ed\u00adnodo sobre la Evangelizaci\u00f3n (1974), cuando las comunidades estaban todav\u00ed\u00ada en b\u00fasqueda de su identidad, Pablo VI redact\u00f3 la Evangelii Nutiandi (1975) y dedic\u00f3 el n\u00c2\u00b0 58 a las que \u00e9l llam\u00f3 comunidades \u00abeclesiales\u00bb de base, consider\u00e1ndolas como plataformas de evangelizaci\u00f3n tanto \u00abad intra\u00bb como \u00abad extra\u00bb, pero puntualizando los criterios de su aut\u00e9ntica eclesialidad:<\/p>\n<p>\u00abEste nombre (&#8216;eclesiales&#8217;) pertenece a las (comunidades) que se forman en Iglesia, para unirse a la Iglesia y para hacer crecer la Iglesia\u00bb (59,5\u00c2\u00b0). Y concretando m\u00e1s las notas de la eclesialidad, el Papa afirma que las comunidades \u00abeclesiales\u00bb de base: 1) buscan su alimento en la Palabra de Dios, sin dejarse polarizar por la pol\u00ed\u00adtica o ideolog\u00ed\u00ada de moda, 2) evitan la contestaci\u00f3n sistem\u00e1tica y el esp\u00ed\u00adritu hipercr\u00ed\u00adtico, que ciertamente no es colaboraci\u00f3n; 3) permanecen firmemente unidas a la Iglesia local y a la Iglesia universal, en lugar de creerse la aut\u00e9ntica Iglesia de Cristo, aisladas en s\u00ed\u00ad mismas; 4) guardan una sincera comuni\u00f3n con los Pastores y con el Magisterio, que el Esp\u00ed\u00adritu les ha confiado; 5) no se creen jam\u00e1s el \u00fanico destinatario o el \u00fanico agente de evangelizaci\u00f3n, o \u00fanico depositario del Evangelio, pues la Iglesia se encarna en formas que no son las de ellas; 6) crecen cada d\u00ed\u00ada en responsabilidad, compromiso e irradiaci\u00f3n misioneros; 7) se muestran universales y no sectarias (cf n\u00c2\u00b0 58, 6\u00c2\u00b0).<\/p>\n<p>Actuando as\u00ed\u00ad -concluye el Papa-\u00abcorresponder\u00e1n a su vocaci\u00f3n m\u00e1s fundamental\u00bb: Dejarse evangelizar, para \u00abconvertirse r\u00e1pidamente en anunciadoras del Evangelio\u00bb. Estas comunidades \u00abeclesiales\u00bb de base conocieron sus momentos m\u00e1s \u00e1lgidos en las d\u00e9cadas 70 y 80, por su expansi\u00f3n en casi toda Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n<p>b) De las \u00abcomunidades de base\u00bb a las comunidades \u00abeclesiales\u00bb de base en Espa\u00f1a. En el Estado espa\u00f1ol, las \u00abcomunidades de base\u00bb nacen casi a ra\u00ed\u00adz de la crisis de los movimientos apost\u00f3licos de A. Cat\u00f3lica (mediados-finales de los 60), y ante la situaci\u00f3n religiosa y la pol\u00ed\u00adtica del r\u00e9gimen de Franco, su nacimiento result\u00f3 m\u00e1s conflictivo y traum\u00e1tico que en otros pa\u00ed\u00adses. A ellas les correspondi\u00f3 suplir ciertas tareas democr\u00e1ticas propias de instancias civiles, como la defensa de los derechos humanos negados en la sociedad. Ellas rompen con el nacional-catolicismo simbolizado en el Concordato de 1953, expres\u00e1ndose a trav\u00e9s de gestos contestatarios (denuncias, asambleas clandestinas). Se enfrentan a la tradicional alianza entre la Iglesia y el Estado (nacional-catolicismo). Quieren y demandan una Iglesia libre de condicionamiento estatales. Todas estas acciones de reivindicaci\u00f3n liberadora provoc\u00f3 persecuci\u00f3n por parte del r\u00e9gimen y condenas por parte de la jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica.<\/p>\n<p>La actitud reticente y condenatoria de la jerarqu\u00ed\u00ada frente a las comunidades de base, por un lado, y la contestaci\u00f3n radical de \u00e9stas, por otro, impidieron caminar en actitud de di\u00e1logo, \u00abgeneraron grandes tensiones y condujeron a veces a actitudes paralelas no deseadas por ninguna de las partes, con la consiguiente amenaza de la ruptura de la comuni\u00f3n y de la unidad en la pluralidad (cf. J. J. TAMAYO, o.c., 194).<\/p>\n<p>A partir de 1975, despu\u00e9s de EN n\u00c2\u00b0 58, las comunidades de base en Espa\u00f1a \u00bfpueden ser denominadas comunidades \u00abeclesiales\u00bb de base? En torno a este tiempo, en la Iglesia espa\u00f1ola se da una doble direcci\u00f3n:<\/p>\n<p>la Las \u00abcomunidades de base\u00bb, llamadas com\u00fanmente comunidades cristianas \u00abpopulares\u00bb de base, que siguen presentes en la vida eclesial. Pero, antes de responder a la pregunta formulada, hacemos un breve discernimiento entre sus aspectos eclesiales y sus aspectos reticentes a la eclesiabilidad. Aqu\u00e9llos son acentos que enriquecen la vida de la Iglesia; \u00e9stos ponen sordina a la plena aceptaci\u00f3n del sentir con la Iglesia:<\/p>\n<p>Es enriquecedora la acentuaci\u00f3n de lo \u00abpopular\u00bb social y la \u00abbase\u00bb eclesial en el sentido de opci\u00f3n por lo peque\u00f1o, los pobres, los exclu\u00ed\u00addos&#8230; Tambi\u00e9n la, ausencia de los problemas de las \u00abclases populares\u00bb en lo social cultural&#8230; Y una lectura de la Biblia desde aqu\u00ed\u00ad. Sigue, sin embargo, el riesgo de contraponer base y c\u00faspide eclesiales desde una lectura de la realidad de la Iglesia m\u00e1s sociol\u00f3gica que mist\u00e9rica. Incluso, tambi\u00e9n se sigue dando, a veces, una lectura reduccionista de la Biblia&#8230;<\/p>\n<p>Es interpeladora la insistencia en el compromiso de la fe, desde la \u00abopci\u00f3n preferencial por los pobres\u00bb, pero a\u00fan sigue el riesgo de la absolutizaci\u00f3n de determinadas opciones pol\u00ed\u00adticas concretas.<\/p>\n<p>Es estimulante la preocupaci\u00f3n por el di\u00e1logo fe-cultura, fe-sociedad, en cuestiones \u00abfronterizas\u00bb, favoreciendo \u00faltimamente la creaci\u00f3n de \u00abforos\u00bb con esta finalidad tan importante.<\/p>\n<p>Se da una acentuaci\u00f3n de la igualdad bautismal en los miembros del pueblo de Dios y la difuminaci\u00f3n de \u00abbarreras\u00bb entre cl\u00e9rigos y laicos. Se da una nueva manera de \u00abestar\u00bb y de relacionarse el presb\u00ed\u00adtero en la comunidad, con modos de relaci\u00f3n de tendencia democr\u00e1tica. Pero, a veces, esto se realiza sin suficiente clarificaci\u00f3n teol\u00f3gica en el binomio igualdad bautismal diversidad carism\u00e1tica y ministerial, seg\u00fan el Vaticano II.<\/p>\n<p>Es un signo de madurez el ejercicio de la cr\u00ed\u00adtica social. Esta, si es correcta, siempre mejora la Iglesia. Sigue, sin embargo, d\u00e1ndose, a veces, la cr\u00ed\u00adtica demasiado compulsiva y hasta patol\u00f3gica, poco implicativa y hecha como \u00abdesde fuera\u00bb y desde una cierta pretensi\u00f3n de estar uno situado en la \u00abpureza evang\u00e9lica\u00bb.<\/p>\n<p>La sensibilidad hacia corrientes teol\u00f3gicas m\u00e1s ortopr\u00e1cticas, como la Teolog\u00ed\u00ada de la Liberaci\u00f3n, es signo de b\u00fasqueda de eficacia en la evangelizaci\u00f3n de nuestro mundo. Pero, esta eficacia deja de ser eclesial, cuando la Teolog\u00ed\u00ada de la Liberaci\u00f3n es asumida sin el discernimiento propuesto por la Iglesia, o mim\u00e9ticamente sin tomar en cuenta las diferencias de situaci\u00f3n entre Am\u00e9rica Latina y Europa.<\/p>\n<p>Ante este discernimiento personal, que puede necesitar matizaciones, pensamos que bastantes comunidades cristianas \u00abpopulares\u00bb de base, entre nosotros, siguen preocupando a la Jerarqu\u00ed\u00ada por sus insuficientes signos de eclesialidad.<\/p>\n<p>2&#8243; A partir del planteamiento de EN (n\u00c2\u00b0 58), en el que quedan \u00abidentificadas\u00bb las comunidades \u00abeclesiales\u00bb de base, han proliferado en la Iglesia espa\u00f1ola diversos tipos de comunidades en que se cumplen suficientemente los rasgos de identidad de estas comunidades \u00abeclesiales\u00bb de base. Los documentos posteriores las han ido llamando: \u00abPeque\u00f1as comunidades eclesiales\u00bb o \u00abPeque\u00f1as comunidades cristianas\u00bb&#8230; como se ver\u00e1 a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es la propia Iglesia la que aboga por la promoci\u00f3n de estos cauces comunitarios de vida cristiana. Ya el a\u00f1o 1974, la Comisi\u00f3n Episcopal de Apostolado Seglar, publica su documento: El Apostolado Seglar en Espa\u00f1a. Orientaciones fundamentales. En \u00e9l se dedican (n\u00c2\u00b0 4) amplios elogios a \u00ablas nuevas formas de vida comunitaria y asociada (\u00abcomunidades de base\u00bb, \u00abcomunidades de vida\u00bb, \u00abpeque\u00f1os grupos\u00bb, etc.) y en el n\u00c2\u00b0 115 hace hincapi\u00e9 en la comuni\u00f3n eclesial, adelant\u00e1ndose a los criterios &#8230; que se expondr\u00e1n en EN (1975, n\u00c2\u00b0 58) para identificar las \u00abcomunidades de base\u00bb.<\/p>\n<p>A estas mismas formas de vida comunitaria se refiere la Proposici\u00f3n 29, presentada -con otras 38- al Papa en el S\u00ed\u00adnodo de 1977: Haciendo alusi\u00f3n a EN 58 dice: \u00ablas peque\u00f1as comunidades eclesiales tienen mucha importancia (para la catequesis)&#8230; son grupos de talla humana&#8230; en los que se comparte la propia fe con otros&#8230; se educa en el amor fraterno&#8230;\u00bb Estas comunidades \u00abpor la catequesis, celebraci\u00f3n lit\u00fargica, compromiso, entrega cristiana de sus miembros (son) un verdadero lugar de aut\u00e9ntica experiencia de vida eclesial\u00bb. \u00abLos pastores -dice el MPD, n\u00c2\u00b0 13 a)- deben promover peque\u00f1as comunidades eclesiales como lugar de catequizaci\u00f3n&#8230; d\u00e9nles los medios para que desarrollen una adecuada catequizaci\u00f3n y ay\u00fadenles a que encuentren su propia misi\u00f3n dentro de la Iglesia local\u00bb.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, el a\u00f1o 1982, la Comisi\u00f3n Episcopal de Pastoral, a trav\u00e9s de su Servicio Pastoral a las Peque\u00f1as Comunidades Cristianas (EDICE, Madrid) (en adelante PCC) publica un documento con este mismo t\u00ed\u00adtulo, en que ofrece unas Orientaciones pastorales para los Vicarios de pastoral como ayuda a la Pastoral de las Peque\u00f1as Comunidades Cristianas. En la encuesta enviada a todas las di\u00f3cesis del Estado Espa\u00f1ol se recoge la existencia de 1.300 PCC.<\/p>\n<p>El m\u00e9rito de este documento es cu\u00e1druple: 1) Incluye, pero rebasa con creces el fen\u00f3meno de las comunidades de base, para abarcar el fen\u00f3meno m\u00e1s amplio de las PCC; 2) Hace de todas ellas una valoraci\u00f3n eclesiol\u00f3gica importante: \u00abhan nacido de la base eclesial como una muestra m\u00e1s de la perenne vitalidad con que el Esp\u00ed\u00adritu la fecunda\u00bb, y manifiesta el humilde reconocimiento de un error episcopal: \u00abEn general no han contado con el deseable apoyo ni la suficiente comunicaci\u00f3n con los primeros responsables de la pastoral en nuestra Iglesia\u00bb (pg 7). 3) Es valiente y delicado tanto a la hora de expresar sus valores y aspectos negativos, como a la hora de presentar sugerencias de actitudes y compromisos pastorales de los Obispos y Vicarios hacia las peque\u00f1as comunidades cristianas, y de \u00e9stas para consigo mismas y la Iglesia local. 4) Por fin, aconseja promover las relaciones entre las PCC y otras instituciones de la Iglesia local.<\/p>\n<p>Al final, los cinco Obispos de la Comisi\u00f3n de Pastoral -Mons. Ubeda, Echarren, Gea, Iniesta y Os\u00e9s- afirman que se dar\u00ed\u00adan por bien pagados si este documento sirviera \u00abcomo modesto itinerario provisional para una etapa\u00bb de esta Pastoral de las PCC.<\/p>\n<p>Por su realismo pastoral, recuperamos las orientaciones de este documento, que tienen mucho de actualidad. Los juicios que se emiten en este documento de discernimiento afectan a todas las comunidades que se consignan en \u00e9l, aunque en diferente grado.<\/p>\n<p>Criterios para un discernimiento eclesial de las PCC (n\u00c2\u00b0s 6-31): Las PCC son una gozosa realidad y tienen unos fundamentos eclesiol\u00f3gicos concretos. Esto afirmado, los Obispos precisan los aspectos positivos y negativos que les parecen m\u00e1s notorios:<\/p>\n<p>Aspectos positivos de las PCC. Mutuo y sincero conocimiento. Adhesi\u00f3n al grupo. Corresponsabilidad. Creatividad. Generosa respuesta vocacional. Din\u00e1mica de lo provisional. Osmosis con el mundo. Esp\u00ed\u00adritu cr\u00ed\u00adtico y prof\u00e9tico. Ambito privilegiado de maduraci\u00f3n cristiana. Escuela de fortaleza y de fidelidad.<\/p>\n<p>Aspectos negativos: Hipercr\u00ed\u00adtica. Narcisismo. Esp\u00ed\u00adritu de \u00abghetto\u00bb. Privatizaci\u00f3n y reduccionismo. Desconexi\u00f3n de la Iglesia diocesana y de su Obispo. Desorganizaci\u00f3n. Dirigismo larvado. Impaciencia e inconstancia.<\/p>\n<p>La descripci\u00f3n evaluativa que se hace de cada uno de estos aspectos, aunque incompleta y necesitada de ulteriores profundizaciones y enriquecimientos, \u00abpuede constituir de momento, un punto de referencia suficientemente objetivo y extenso, como para ser utilizado a la hora de hacer una revisi\u00f3n desde dentro -las propias comunidades- o un discernimiento desde fuera -obispos, vicarios de pastoral u otros agentes de pastoral\u00bb (cf n\u00c2\u00b0 11). Y para construir una pastoral de PCC o de comunidades \u00abeclesiales\u00bb de base, el documento episcopal apunta orientaciones muy operativas, que recogemos a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. Hacia una pastoral de las comunidades \u00abeclesiales\u00bb de base (CEB) (= peque\u00f1as comunidades eclesiales o cristianas, PCC)<br \/>\nCuando se habla de promover una \u00abpastoral\u00bb, se supone que se habla de la Iglesia diocesana y sus responsables correspondientes (Obispo, Vicarios de pastoral, Vicarios territoriales, Delegados y Delegadas episcopales, etc.). Para organizar esta pastoral espec\u00ed\u00adfica de las CEB, seguimos aprovech\u00e1ndonos del documento citado Servicio Pastoral a las Peque\u00f1as Comunidades Cristianas.<\/p>\n<p>1.\u00c2\u00b0 Ante todo, cualquier responsable diocesano sabe que en los \u00faltimos 20-25 a\u00f1os, han ido apareciendo diversos tipos de peque\u00f1as comunidades cristianas, en las que se encuentran los rasgos de las CEB: por ejemplo, las comunidades ADSIS, las de ITAKA (vinculadas a los Escolapios), las CVX (de matriz jesu\u00ed\u00adtica), las comunidades de la Asociaci\u00f3n \u00abFe y Justicia\u00bb, comunidades de \u00abAyala\u00bb, etc. etc. y muchas PCC nacidas en abundantes parroquias como comunidades eclesiales de origen diocesano. Su procedencia suele ser o religiosa, o laical, o m\u00e1s generalmente parroquial. Pero sus miembros -en su inmensa mayor\u00ed\u00ada- son laicos y laicas, matrimonios y personas solteras, y tambi\u00e9n -en una porci\u00f3n mucho menor- consagrados de ambos sexos y sacerdotes.<\/p>\n<p>A veces, sin embargo, sucede que los responsables diocesanos, a algunas de estas CEB, las ignoran pastoralmente o meramente las toleran. Ser\u00e1 preciso pues, que la Iglesia diocesana cambie de actitud respecto de ellas, invit\u00e1ndoles y ayud\u00e1ndoles, si hubiera lugar, a autodiscernirse para superar posibles carencias (cf Documento episcopal, n\u00c2\u00b0 33).<\/p>\n<p>2 \u00c2\u00b0 Habr\u00e1 que otorgarles el reconocimiento de su eclesialidad, supuesto el discernimiento pastoral diocesano a la luz de EN n\u00c2\u00b0 58, que se traduzca en apoyo concreto, efectivo y moral, jur\u00ed\u00addico y material (cf Documento, n\u00c2\u00b0 34).<\/p>\n<p>3.\u00c2\u00b0 Es importante mantener con ellas una actitud de di\u00e1logo empezando por entablar relaciones sinceras y cordiales que desbloqueen prejuicios mutuos y alentarlas con esp\u00ed\u00adritu pastoral: en libertad, respeto y amor (cf. Documento, n\u00c2\u00b0 35). M\u00e1s a\u00fan, ser\u00e1 preciso realizar con ellas un acompa\u00f1amiento pastoral que mejore su capacidad formadora, que las involucre en los planes de acci\u00f3n pastoral diocesano; favorecer la soluci\u00f3n de conflictos internos o en la relaci\u00f3n de unos con otros, exponerles los interrogantes que suscitan a los responsables diocesanos sus ambig\u00fcedades, etc. (cf. Documento, n\u00c2\u00b0 38).<\/p>\n<p>4.\u00c2\u00b0 Los responsables diocesanos deber\u00e1n proponerse, como un compromiso preferencial, la promoci\u00f3n de nuevas CEB iluminando y clarificando en la di\u00f3cesis la imagen de la CEB, su capacidad de promover cristianos generosos y comprometidos, y su misi\u00f3n pastoral en la vida diocesana.<\/p>\n<p>5.\u00c2\u00b0 Ser\u00e1 muy oportuno lograr que estas CEB se enmarquen en una plataforma pastoral de coordinaci\u00f3n entre ellas y con el Obispo, lo cual les dar\u00ed\u00ada una posibilidad de acci\u00f3n pastoral en comuni\u00f3n con la di\u00f3cesis y medios para cultivar su vida cristiana y de compromiso apost\u00f3lico (Documento, n\u00c2\u00b0 44).<\/p>\n<p>6.\u00c2\u00b0 M\u00e1s a\u00fan, los responsables diocesanos considerar\u00e1n la circunstancia y hasta la necesidad de establecer grupos de catequesis de j\u00f3venes adultos en parroquias, arciprestazgos o zonas pastorales como paso previo a la formaci\u00f3n de comunidades \u00abeclesiales\u00bb de origen diocesano (cf. Documento, n\u00c2\u00b0 41, final).<\/p>\n<p>7.\u00c2\u00b0 Los responsables diocesanos estimular\u00e1n a los miembros de las CEB a cumplir su presencia evang\u00e9lica en medio del mundo, como fermento transformador de la sociedad. (Documento, n\u00c2\u00b0 43).<\/p>\n<p>8.\u00c2\u00b0 Un aspecto importante de esta pastoral de las CEB ha de ser favorecer una relaci\u00f3n fecunda entre las CEB y la parroquia o parroquias: colaboraci\u00f3n generosa, presencia en el Consejo pastoral parroquial&#8230;<\/p>\n<p>9.\u00c2\u00b0 A todo esto contribuir\u00e1 muy eficazmente promover la parroquia concebida y realizada como comunidad o comuni\u00f3n de comunidades entendidas \u00e9stas en un sentido amplio: de grupo, comunidad, asociaci\u00f3n&#8230;, parroquial. (cf. Documento, n\u00c2\u00b0 46 completo).<\/p>\n<p>Conclusi\u00f3n<br \/>\nQuiz\u00e1 una de las ra\u00ed\u00adces de la falta de entusiasmo por los cauces pastorales comunitarios, como son las CEB, est\u00e9 en que los cl\u00e9rigos aconsejamos a los cristianos laicos y laicas de nuestras parroquias o \u00e1reas pastorales, formar parte de esos grupos pastorales o comunidades, mientras que nosotros nos consideramos \u00abexentos\u00bb de esta experiencia comunitaria. No actuamos con coherencia. Los Obispos de la C. Episcopal de Pastoral se atreven a escribir (n\u00c2\u00b0 36): \u00abReconocemos como una situaci\u00f3n deseable para nosotros, obispos y vicarios de pastoral, la de vivir la experiencia comunitaria de una u otra manera&#8230; Nos proponemos (si esto no se est\u00e1 cumpliendo ya) insertarnos en la din\u00e1mica de las Peque\u00f1as Comunidades Cristianas (CEB) del modo m\u00e1s adecuado y dentro de las circunstancias concretas de cada uno de nosotros, en cuanto nos sea posible\u00bb.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; Para la I Parte: J. DOM\u00ed\u008dNGUEZ, Movimientos colectivistas y prof\u00e9ticos en la H\u00c2\u00b0 de la Iglesia, Mensajero, Bilbao 1970; G. LOHFINK, La Iglesia que jes\u00fas quer\u00ed\u00ada. Sal Terrae, Bilbao 1986;. R. AGUIRRE, Del movimiento de jes\u00fas a la Iglesia cristiana, Sal Terrae, Santander 1987; F. GONZ\u00ed\u0081LEZ, Los movimientos en la historia de la Iglesia. Ed. Encuentro, Madrid 1999.<\/p>\n<p>Para la II Parte: J. J. TAMAYO, Comunidades de base, C. FLORIST\u00ed\u0081N-J. J. TAMAYO, Conceptos fundamentales del cristianismo, Trotta, Madrid 1993, 189-207; A. ALONSO, Comunidades eclesiales de base, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1970; J. F. MARINS, Comunidades eclesiales de base, V. W PEDROSA, M\u00c2\u00b0 NAVARRO, R. L\u00ed\u0081ZARO, J. SASTRE, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid 1999, 491-506; M. de C. ACEVEDO, Comunidades edesiales de base, Atenas, Madrid 1986; J. Th. MAERTENS, Los grupos peque\u00f1os y el futuro de la Iglesia, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1973; C. E. DE PASTORAL, Servicio pastoral a las Peque\u00f1as Comunidades Cristianas, EDICE, Madrid 1982; SECRETARIADO DIOCESANO DE CATEQUESIS. MADRID, Comunidades plurales en la Iglesia, Ed. Paulinas, Madrid 1981; J. A. VELA, Las comunidades de base y una Iglesia nueva, Buenos Aires 1970.<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa Ar\u00e9s<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: Introducci\u00f3n. &#8211; 1. En las ra\u00ed\u00adces de la historia: 1.1. El movimiento de Jes\u00fas. 1.2. Del movimiento de Jes\u00fas a la Iglesia cristiana. Las \u00abIglesias dom\u00e9sticas&#8217;: 1.3. Movimientos comunitarios eclesiales en la historia de la Iglesia. &#8211; 2. Los movimientos comunitarios eclesiales del siglo XX. Las comunidades eclesiales\u00bb de base: 2.1. 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