{"id":15979,"date":"2016-02-05T10:21:56","date_gmt":"2016-02-05T15:21:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/conciencia-moral\/"},"modified":"2016-02-05T10:21:56","modified_gmt":"2016-02-05T15:21:56","slug":"conciencia-moral","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/conciencia-moral\/","title":{"rendered":"CONCIENCIA MORAL"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. Valores y contravalores en nuestra sociedad. &#8211; 2. Aspectos psicoevolutivos de la conciencia moral. &#8211; 3. Comprensi\u00f3n cristiana de la conciencia moral. 3.1. El anuncio del Reino y las propuestas \u00e9ticas de Jes\u00fas. 3.2. Jes\u00fas al revelar al Padre revela lo que significa ser hombre. 3.3. El seguimiento de Jes\u00fas hoy y aqu\u00ed\u00ad. &#8211; 4. La formaci\u00f3n de la conciencia moral. 4.1. Clarificar la naturaleza de la conciencia moral. 4.2. Educar la conciencia moral, educar la responsabilidad. 4.3. El ser y el deber \u00ed\u00adntimamente unidos. 4.4. La necesaria relaci\u00f3n entre verdad y conciencia. 4.5. El sentido del pecado y la conversi\u00f3n constante. &#8211; 5. Orientaciones educativas.<\/p>\n<p>El tema de fondo que vamos a abordar es la maduraci\u00f3n global de la persona, y como la formaci\u00f3n moral ayuda a dar coherencia interna a los diferentes elementos de la construcci\u00f3n de la persona, a la fundamentaci\u00f3n del sentido de la vida y a la estructuraci\u00f3n de las motivaciones que preceden y orientan el obrar humano.(cf. J. SASTRE, La educaci\u00f3n moral como proceso de maduraci\u00f3n de la persona: Sinite 124 (2000) 3-29) La formaci\u00f3n moral preocupa e interesa a profesores, pedagogos y moralistas. Indudablemente estamos en una \u00e9poca de bastante anom\u00ed\u00ada, muchos de nuestros conciudadanos declaran en las encuestas que no saben lo que est\u00e1 bien y lo que est\u00e1 mal en cuestiones \u00e9ticas importantes, los adolescentes y j\u00f3venes se encuentran con modelos plurales y confusos, y los padres y educadores no sabemos c\u00f3mo educar la conciencia moral. El punto de partida tiene que ser necesariamente el an\u00e1lisis de la situaci\u00f3n actual y la reflexi\u00f3n sobre qu\u00e9 es la conciencia moral, c\u00f3mo surge y evoluciona; despu\u00e9s aludiremos a lo que aporta la \u00e9tica cristiana, para terminar dando algunas orientaciones sobre c\u00f3mo formar hoy en los valores evang\u00e9licos.<\/p>\n<p>1. Valores y contravalores<br \/>\nEstamos en un contexto sociocultural caracterizado por la crisis de la modernidad y el surgimiento de una cultura caracterizada por el mercado, la burgues\u00ed\u00ada y el dinero. Las grandes cuestiones se han ubicado en la esfera de lo privado; la crisis de lo religioso ha llevado a una crisis \u00e9tica que se manifiesta en la falta de sensibilidad hacia los valores, el relativismo moral (subjetivismo y moral de situaci\u00f3n), confusi\u00f3n sobre lo \u00e9tico y lo no \u00e9tico, incoherencia entre lo pensado y lo practicado, entre las afirmaciones gen\u00e9ricas y los comportamientos concretos, y entre la manera de enfocar la bio\u00e9tica y la \u00e9tica sexual por una parte, y la \u00e9tica social por otra.<\/p>\n<p>Los medios de comunicaci\u00f3n nos acercan hechos, situaciones y opiniones, que sin ser mayoritarios terminan funcionando como modelos referenciales por el hecho de ser p\u00fablicos y de presentarse en un medio social. El criterio de lo socialmente admitido juntamente con lo que espont\u00e1neamente apetece y lo que nos ayuda a conseguir r\u00e1pidamente el fin propuesto constituyen las pautas de orientaci\u00f3n moral. Los resultados se pueden apreciar en los diferentes \u00e1mbitos de la vida personal y social: las injusticias en el orden econ\u00f3mico y pol\u00ed\u00adtico, la poca sensibilidad con el pobre y el inmigrante, la violaci\u00f3n del derecho a la vida de personas y de pueblos, la manipulaci\u00f3n de la intimidad, la fragilidad de las relaciones afectivas, los comportamientos sexuales cosificadores, las pol\u00ed\u00adticas basadas en la mentira y el inter\u00e9s, la manipulaci\u00f3n de los datos y noticias, la b\u00fasqueda del enriquecimiento f\u00e1cil, los comportamientos llamativamente inmaduros en no pocos j\u00f3venes y adultos, etc.<\/p>\n<p>Las causas de este panorama son m\u00faltiples, pero algunas de ellas tienen una importancia significativa; se\u00f1alamos en primer lugar la crisis antropol\u00f3gica de nuestra cultura que obvia directamente las grandes cuestiones antropol\u00f3gicas; qu\u00e9 es el ser humano, cu\u00e1l es su principio y su final, qu\u00e9 sentido tiene la vida humana, d\u00f3nde se sustenta en \u00faltimo t\u00e9rmino la responsabilidad personal.<\/p>\n<p>En una cultura \u00absin hombre\u00bb termina por faltar la capacidad de conocer la \u00abgram\u00e1tica\u00bb que nos permite encontrar los significados de lo humano en las relaciones, la familia, el trabajo, la sexualidad, la pol\u00ed\u00adtica, la econom\u00ed\u00ada, etc. La carencia en lo antropol\u00f3gico lleva a un reforzamiento de lo subjetivo, los medios y la eficacia a cualquier precio. \u00abMuchos j\u00f3venes ni siquiera conocen la \u00abgram\u00e1tica elemental\u00bb de la existencia, son n\u00f3madas; circulan sin pararse a nivel geogr\u00e1fico, afectivo, cultural, religioso, \u00abvan tanteando\u00bb. En medio de la gran cantidad de informaciones, pero faltos de formaci\u00f3n, aparecen distra\u00ed\u00addos, con pocas referencias y pocos modelos\u00bb (Obra pontificia de las vocaciones, Nuevas vocaciones para una nueva Europa, Cuadernos Confer, 20-21).<\/p>\n<p>La moral cristiana es una moral de m\u00e1ximos que apunta a la realizaci\u00f3n humana y a la felicidad personal. La buena noticia del Evangelio necesita una preparaci\u00f3n, pues el salto entre la realidad que tenemos y la propuesta de Jesucristo es tan grande, que corremos el peligro de no ser entendidos si no hay una preparaci\u00f3n adecuada. Los padres y educadores necesitamos clarificar vitalmente algunas cuestiones que est\u00e1n en el fondo del problema que nos ocupa:<\/p>\n<p>&#8211; La moral est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente relacionada con el modo de vivir y entender lo humano. La moral no es un a\u00f1adido, no cualquier planteamiento moral vale, del enfoque adecuado de la educaci\u00f3n moral depende, en gran medida, la realizaci\u00f3n personal y la justicia social.<\/p>\n<p>&#8211; Los aspectos cient\u00ed\u00adficos y t\u00e9cnicos no pueden plantearse al margen de la \u00e9tica, pues directa o indirectamente van a revertir sobre lo humano; por lo mismo, siendo campos aut\u00f3nomos est\u00e1n en relaci\u00f3n de interdependencia, sobre todo en las cuestiones que afectan al nacer, al morir, a la sexualidad y al campo de la pol\u00ed\u00adtica y la econom\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>&#8211; La bondad de una acci\u00f3n moral no depende s\u00f3lo de la intencionalidad del sujeto, de las circunstancias o de los fines conseguidos. La moralidad tiene un componente objetivo que exige que no s\u00f3lo el fin sea bueno, sino que tambi\u00e9n los medios puestos para tal fin sean morales.<\/p>\n<p>&#8211; La unidad de todo lo humano lleva a no proponer como distintas la moral personal y la moral social, pues parten y se ubican en la misma realidad: la persona en s\u00ed\u00ad misma es social y comunitaria. Cabr\u00ed\u00ada hacer este mismo planteamiento al hablar de la \u00e9tica sexual, de la bio\u00e9tica y de la \u00e9tica social; hay una tendencia a plantearlas como independientes y sin que una tenga que ver con la otra. De este modo se llega a enfoques y soluciones completamente distintas seg\u00fan se trate de uno u otro campo. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad convendr\u00e1 retomar la unidad antropol\u00f3gica del ser humano.<\/p>\n<p>2. Aspectos psicoevolutivos de la conciencia moral<br \/>\nLos seres humanos nacemos con la capacidad de llegar a ser personas morales; esto va a depender de las relaciones, las posibilidades, la comprensi\u00f3n y el esfuerzo personal, el aprendizaje y la resoluci\u00f3n de dificultades. Las diversas teor\u00ed\u00adas que han abordado la g\u00e9nesis y el desarrollo de la conciencia moral insisten en uno u otro aspecto: la formaci\u00f3n del superego a trav\u00e9s de los procesos de identificaci\u00f3n, idealizaci\u00f3n y sublimaci\u00f3n (psicoan\u00e1lisis), la interacci\u00f3n sujeto-ambiente y las estructuras cognitivas (Piaget y Kohiberg), y el aprendizaje de la acomodaci\u00f3n a la realidad (conductismo). Como s\u00ed\u00adntesis de todas ellas, y desde la consideraci\u00f3n de la importancia de todos los elementos podemos seguir diciendo con Piaget, que la meta de la educaci\u00f3n moral es la formaci\u00f3n de \u00abpersonas aut\u00f3nomas aptas para la cooperaci\u00f3n\u00bb. (cf. J PIAGET, El criterio moral en el ni\u00f1o, Barcelona 1971; W. KAY, El desarrollo moral, Buenos Aires 1976, 34-45 y 326-329; N. J. BULL; La educaci\u00f3n moral, Verbo Divino 1976).<\/p>\n<p>El surgimiento de la conciencia moral es un proceso lento que se va fraguando a lo largo de toda la vida; los pasos seg\u00fan una secuencia lineal temporal ser\u00ed\u00adan los siguientes: la toma de conciencia de los propios actos y sentimientos y la atribuci\u00f3n de los mismos al yo (aspecto psicol\u00f3gico), las relaciones familiares y las valoraciones concretas que hacen las personas queridas (aspecto premoral), la relaci\u00f3n entre las normas y los comportamientos en casa, en la escuela y en la sociedad (moral del deber), y la conexi\u00f3n positiva o negativa entre los comportamientos y Dios como Padre de todos (aspecto religioso). Estos aspectos se van integrando en una s\u00ed\u00adntesis que permita a la persona ir configurando una opci\u00f3n fundamental generadora de actitudes caracterizada por la apertura a Dios y a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>En este camino de maduraci\u00f3n importa grandemente la experiencia de confianza existencial del ni\u00f1o desde los primeros a\u00f1os de su vida; se da si el clima en el que el ni\u00f1o crece es de cari\u00f1o, atenci\u00f3n, respeto y valoraci\u00f3n. Estas relaciones le permiten desarrollar una actitud positiva ante la vida y le propician el apoyo necesario para ir solucionando las dificultades que se van presentando. El paso del hogar a la escuela permite el descubrimiento del significado objetivo de la norma que a todos iguala, y la necesidad de su cumplimiento (principio de realidad) para que todo funcione y uno se sienta positivamente reconocido. Superadas estas dos etapas de heteronom\u00ed\u00ada, la etapa de socionom\u00ed\u00ada (9-12 a\u00f1os) nos lleva a valorar la importancia del grupo de iguales y del dinamismo de alabanza\/censura, el descubrimiento de lo justo (lo que quieras para ti qui\u00e9relo tambi\u00e9n para los dem\u00e1s) y de la objetividad m\u00e1s all\u00e1 de los intereses. Con el comienzo de la adolescencia empieza la posibilidad del desarrollo de la autonom\u00ed\u00ada moral, a condici\u00f3n de que sea expl\u00ed\u00adcitamente educada; esta etapa se caracteriza por el descubrimiento de los valores, la importancia de los modelos ideales y la referencia de las normas morales a las relaciones personales en verdad, fidelidad, coherencia y entrega.<\/p>\n<p>La imagen de Dios que acompa\u00f1a la maduraci\u00f3n de la conciencia moral tambi\u00e9n va evolucionando. El ni\u00f1o va formando la idea de Dios a trav\u00e9s de los dos ejes simb\u00f3licos: lo materno (amor incondicional) y lo paterno (amor condicionado por la ley, el modelo y la promesa). La percepci\u00f3n de Dios en el ni\u00f1o viene coloreada por los atributos de car\u00e1cter extr\u00ed\u00adnseco (poder, fuerza, saber, etc.) con los que se imagina a Dios; al llegar la adolescencia la imagen de Dios se colorea de los atributos afectivos (amigo, confidente, comprensivo, etc.).<\/p>\n<p>Por este camino llegar\u00e1 a la comprensi\u00f3n de Dios como amor incondicional origen y fundamento de todo, como T\u00fa cercano que ayuda y acoge, como exigencia que potencia lo mejor de nosotros mismos, y como promesa de plenitud que colma y desborda nuestras previsiones y logros.<\/p>\n<p>La evoluci\u00f3n de la conciencia moral es el paso de la heteronom\u00ed\u00ada moral a la autonom\u00ed\u00ada moral, de lo convencional a una actuaci\u00f3n basada en principios universales (la persona como fin y no como medio) y de un Dios dador de normas al seguimiento de Jesucristo que configura un estilo de vida alternativo desde la revelaci\u00f3n del rostro de Dios como Padre que nos acoge y perdona, y. quiere que vivamos como hermanos.<\/p>\n<p>Los dinamismos que orientan la evoluci\u00f3n de la convivencia moral son: la imitaci\u00f3n como reproducci\u00f3n de lo que el ni\u00f1o ve para acomodarse mejor a la realidad; la sugesti\u00f3n por la que capta los sentimientos y emociones de las personas que le quieren y, en consecuencia, la identificaci\u00f3n con los comportamientos de los adultos que ama y admira. A partir de estos dinamismos se va formando el yo ideal que se compone de motivaciones, afectos, exigencias e ideales; la obligaci\u00f3n tiene que ver con la aceptaci\u00f3n o rechazo de los deseos internos.<\/p>\n<p>En la maduraci\u00f3n de estos aspectos lo que menos ayuda, e incluso puede llegar a perjudicar, es el autoritarismo, el castigo f\u00ed\u00adsico y el adoctrinamiento, pues tienen que ver con los elementos afectivos y prescinden de los dinamismos psicoevolutivos del crecimiento de la persona. El aprendizaje moral se realiza de dos maneras: una directa y otra indirecta. El aprendizaje moral directo busca ampliar los conocimientos morales y la creaci\u00f3n de actitudes guiadas por la verdad, la fidelidad y la solidaridad. La reflexi\u00f3n sobre las situaciones morales en la experiencia de lo cotidiano, as\u00ed\u00ad como el an\u00e1lisis de otras experiencias reales o imaginarias son la principal fuente del aprendizaje moral indirecto.<\/p>\n<p>3. Comprensi\u00f3n cristiana de la conciencia moral<br \/>\nEl t\u00e9rmino conciencia (syneidesis, conscientia) etimol\u00f3gicamente nos remite al conocimiento de nuestro yo personal en relaci\u00f3n con todas las realidades y \u00e1mbitos de nuestra vida: la naturaleza, la sociedad, los otros y Dios mismo.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento usa el t\u00e9rmino coraz\u00f3n para indicar la ra\u00ed\u00adz de donde brotan los sentimientos, los juicios y las decisiones. Esta interioridad espec\u00ed\u00adficamente humana es el \u00e1mbito m\u00e1s sagrado de la existencia humana. Pablo relaciona la \u00abinterioridad\u00bb de las personas con los dinamismos de las virtudes teologales; de ah\u00ed\u00ad surgen los criterios adecuados y los comportamientos conformes al nuevo vivir en Cristo. Adentrarse en esta vida es vivir en la verdad que nos hace libres.<\/p>\n<p>A lo largo de la historia de la Iglesia la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, de una u otra manera, ha vinculado la conciencia con la voluntad de Dios, ya sea para que \u00e9sta sea esclarecida o para que sea cumplida. El Concilio Vaticano II superando la etapa casu\u00ed\u00adstica en la que predominaba el objetivismo de la ley y su obligatoriedad, recupera la visi\u00f3n de la conciencia como el manantial de la interioridad del ser humano: \u00abel n\u00facleo m\u00e1s secreto y sagrado del hombre, en el que se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto m\u00e1s \u00ed\u00adntimo de aqu\u00e9lla\u00bb (G.S. 16). En Veritatis Splendor Juan Pablo II desarrolla la relaci\u00f3n intr\u00ed\u00adnseca entre conciencia, verdad y ley. (nw 54-64). El Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica desarrolla los aspectos m\u00e1s importantes del dinamismo de la conciencia: la emisi\u00f3n del juicio moral, la importancia de una adecuada formaci\u00f3n de la conciencia, la obligatoriedad de formar decisiones en conciencia y las consecuencias de una conciencia err\u00f3nea (nQl 1777-1794).<\/p>\n<p>Los seres humanos nacemos con la capacidad de llegar a ser personas morales, y nos definimos como \u00abproyecto de ser\u00bb; por lo mismo, la vida moral constituye una unidad invisible y es como el hilo conductor del cotidiano vivir hacia la madurez. \u00abSi tenemos presente que el objeto de la moral no son los actos, sino el \u00e9thos o personalidad moral unitaria, y puesto que la vida moral es tarea, quehacer y realizaci\u00f3n de una vocaci\u00f3n o \u00abesencia \u00e9tica\u00bb, claro est\u00e1 que lo primero que ha de hacerse es determinar en concreto y d\u00ed\u00ada tras d\u00ed\u00ada, al hilo de cada situaci\u00f3n, mi vocaci\u00f3n o tarea, lo que tengo que hacer porque nuestro ser resulta de nuestro hacer y nos hacemos a trav\u00e9s de lo que hacemos.\u00bb (J. L. L. ARANGUREN, Etica, Alianza Editorial, 1983, 224) Como las actitudes \u00e9ticas y religiosas surgen al tiempo para las personas educadas en una fe, vamos a reflexionar sobre los aspectos fundamentales que configuran la \u00e9tica cristiana.<\/p>\n<p>3.1. El anuncio del Reino y la propuesta \u00e9tica de Jes\u00fas<br \/>\nSeg\u00fan los Evangelios, lo central del mensaje de Jes\u00fas de Nazaret fue la irrupci\u00f3n del Reino como gracia que invita al cambio de los corazones (Lc. 1,15). Las actitudes de Jes\u00fas, sus juicios y gestos son coincidentes con el mensaje anunciado: Dios Padre est\u00e1 con los peque\u00f1os, pobres, marginados y pecadores, y es necesario vivir desde lo profundo la novedad de la Buena Noticia. Todo lo que Jes\u00fas dice y hace parte de la experiencia de sentirse el Hijo Amado del Padre y enviado a reunir a la humanidad como \u00abhijos\u00bb de un mismo Dios y Padre (Mt. 5, 43-48). En consecuencia, todo brota de la actitud con que se acoge y vive esta novedad desde el interior (Mt. 5,28); del coraz\u00f3n salen las obras y somos responsables de lo bueno que dejamos de hacer (Mt. 25, 24-30; Fc. 19, 20-27). Esta misma fundamentaci\u00f3n hace que nadie se considere justificado ante Dios y mejor que los dem\u00e1s, pues no son nuestras obras las que nos justifican, sino el don de Dios. En consecuencia la llamada a \u00abser perfectos como vuestro Padre celestial\u00bb (Mt. 5,48) incluye el perd\u00f3n y la misericordia de Dios y de los hermanos.<\/p>\n<p>\u00abLa categor\u00ed\u00ada del Reino es el elemento fundamental del dinamismo de la moral evang\u00e9lica; el Evangelio de Jes\u00fas cuestiona la realidad existente y abre un horizonte ut\u00f3pico expresado en las Bienaventuranzas y cimentado en la Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. En este contexto la caridad es el principio estructurante, pues est\u00e1 en \u00e9l la actuaci\u00f3n de Dios y de Jes\u00fas: compadecerse de la realidad, asumirla y salvarla\u00bb (J. SASTRE, Fe en Dios. Padre y \u00e9tica cristiana, SPx, 1995, 217).<\/p>\n<p>El Serm\u00f3n del Monte, las Bienaventuranzas, proclaman lo esencial de la condici\u00f3n humana: la b\u00fasqueda de la felicidad. Adem\u00e1s proponen medios concretos de conseguir esta meta que parece ut\u00f3pica: la solidaridad con los excluidos, la apuesta por un orden social distinto fundamentado en el amor benevolente, la paz y la pureza del coraz\u00f3n, la lucha por la justicia, y la seguridad de que la gracia de Dios es capaz de transformar toda situaci\u00f3n de pecado.<\/p>\n<p>Los primeros cristianos para hablar del amor de Dios revelado en Jes\u00fas y presente en la historia por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, utilizaron el t\u00e9rmino \u00e1gape. La par\u00e1bola del buen Padre (Lc. 15,20) y del buen Samaritano (Lc. 10,23) son la expresi\u00f3n concreta y universal de esta forma de amar que es \u00abmisericordia\u00bb, \u00abgracia\u00bb, y \u00abbenevolencia\u00bb. \u00abA Dios nadie le ha visto nunca; si nos amamos mutuamente, Dios est\u00e1 en nosotros y su amor llega a trav\u00e9s del nuestro a la consumaci\u00f3n\u00bb (1 Jn. 4,12). Ser creyente es vivir desde ese amor fundante que todo lo penetra; por lo mismo, la moral para el cristiano es mucho m\u00e1s que cumplir las normas del bien obrar, es dejarse impregnar por el \u00e1gape y vivir dinamizado por el imperativo del amor fraternal, incondicional y universal (J. G. CAFFARENA, \u00bfQu\u00e9 aporta el cristianismo a la \u00e9tica? Curso \u00e9tica y vida cristiana, n\u00c2\u00b0 2, C\u00e1tedra de Teolog\u00ed\u00ada Contempor\u00e1nea, SM 1991, 12ss). Si amamos a los dem\u00e1s como hermanos es porque Dios es Padre, fuente de vida y amor, y si nos amamos como hermanos es porque hay un Dios Padre, como dice San Agust\u00ed\u00adn al comentar a 1 Jn 4,12. En definitiva, Dios am\u00f3 primero, y por eso tenemos que amarnos como hermanos.<\/p>\n<p>3.2. Jes\u00fas al revelar al Padre revela lo que significa ser hombre<br \/>\nLa vida de Jes\u00fas de Nazaret tiene sentido desde la experiencia de entrega amorosa al Padre y al cumplimiento de su voluntad. El nos manifest\u00f3 c\u00f3mo Dios es Padre de todos y El es el hombre-paralos-dem\u00e1s. Ser persona desde Jes\u00fas de Nazaret supone:<\/p>\n<p>&#8211; Acoger el amor gratuito y desbordante del Padre;<br \/>\n&#8211; sentirse encontrado por el Padre que siempre perdona;<br \/>\n&#8211; vivir en confianza, libertad, servicio y disponibilidad;<br \/>\n&#8211; entrar en la din\u00e1mica de las paradojas evang\u00e9licas: la fortaleza en la debilidad, encontrar la vida en el darla, ser dichoso en el sufrimiento, dar para recibir, morir para vivir, etc., etc.<\/p>\n<p>&#8211; relativizar todo lo que no es Dios y su justicia.<\/p>\n<p>El hombre nuevo del Evangelio y de la Pascua es el que vive desde el coraz\u00f3n; por eso todo empieza por dejarse convertir por Dios, es decir, por dejar que Dios y su proyecto de salvaci\u00f3n nos renueve y desborde. Coraz\u00f3n convertido es el que reconociendo su peque\u00f1ez y debilidad, se siente acogido y amado en plenitud por su Creador y Redentor.<\/p>\n<p>El camino de la conversi\u00f3n es la persona de Jes\u00fas; supone escuchar, y seguir a Jes\u00fas con todo lo que tiene de novedad en la manera de entender a Dios, al mundo y al ser humano. Y la persona de Jes\u00fas es inseparable de su estilo, y de su causa. La fe de Jesucristo llena de peso ontol\u00f3gico la vida en cada uno de sus momentos; el creyente vive en tensi\u00f3n escatol\u00f3gica hacia una plenitud que se va tejiendo y anticipando en las peque\u00f1as y grandes decisiones de cada d\u00ed\u00ada. El presente cuando es vivido desde la fe nos impide \u00abpasar de largo\u00bb; por eso el amor cristiano se encarna en lo hist\u00f3rico concreto.<\/p>\n<p>La 2a parte del G.S. es un an\u00e1lisis de los valores que hay que potenciar; su tratamiento es interdisciplinar y comunitario. Los cristianos comprometidos hacen presente la iluminaci\u00f3n de la fe, la fuerza de la caridad y el horizonte de la esperanza en las tareas de cada peque\u00f1a comunidad. Aceptar la forma de entender la vida tal como la concret\u00f3 Jes\u00fas e interiorizar sus actitudes es la manera de entrar en comuni\u00f3n con El para llegar a tener sus mismos sentimientos (Flp. 2, 1-5). Se trata de una identificaci\u00f3n personal con Jesucristo por el Bautismo (Ron 6, 1-11) hasta que \u00e9l llegue en nosotros a plenitud (G\u00e1l. 2,2c). El Esp\u00ed\u00adritu Santo es quien alienta en los creyentes el seguimiento de Jes\u00fas que nunca realizaremos de forma plena y definitiva, pues es una tarea que al tiempo que nos colma de alegr\u00ed\u00ada sobrepasa nuestras posibilidades; por eso necesitamos constantemente el auxilio de la gracia.<\/p>\n<p>\u00abPara la Escritura y la tradici\u00f3n la relaci\u00f3n y tensi\u00f3n fundamental no es alma-cuerpo, hombre-mundo, esp\u00ed\u00adritu-materia, individuo-sociedad, hombre-humanidad, sino Dios-hombre, Dios-mundo, creador-criatura. La integraci\u00f3n de los polos de tensi\u00f3n dentro de la antropolog\u00ed\u00ada y el mundo es posible \u00fanicamente, si el hombre como totalidad se supera en direcci\u00f3n a Dios, pues s\u00f3lo El como creador abarca todas estas dimensiones como su unidad unificante. Pues si se rompe la comuni\u00f3n entre Dios y hombre, entonces se llega como consecuencia, a la desintegraci\u00f3n en el hombre, entre los hombres, as\u00ed\u00ad como entre el mundo y el hombre\u00bb (W. KASPER, Jes\u00fas el Cristo, S\u00ed\u00adgueme 1992, 249-250).<\/p>\n<p>3.3. El seguimiento de Jes\u00fas hoy y aqu\u00ed\u00ad<br \/>\nNo se trata de imitaci\u00f3n, sino del seguimiento; para los creyentes la historia de Jes\u00fas es referencia normativa que orienta los comportamientos morales. La reflexi\u00f3n, las ciencias humanas y el di\u00e1logo ayudan a la concreci\u00f3n de los valores y decisiones morales. Los principios morales fundamentales buscan la liberaci\u00f3n del hombre y se concretan en juicios pr\u00e1cticos y concretos seg\u00fan las circunstancias. Lo moral tiene que ver siempre con los otros, la sociedad y la humanidad entera; esta referencia apunta el aspecto objetivo de las normas morales.<\/p>\n<p>El cristiano vive su fe dentro de la comunidad eclesial, que a trav\u00e9s del Magisterio, del servicio de los te\u00f3logos y de los ministerios y carismas, ilumina el buen hacer de los fieles. Sin lugar a duda, los santos, los m\u00e1rtires y los profetas son los que mejor han percibido y encarnado los valores de la moral cristiana.<\/p>\n<p>El perfil del seguidor de Jes\u00fas debe tener los siguientes rasgos (J. SASTRE, o.c, 217-220):<\/p>\n<p>&#8211; Cree en Jesucristo como el hombre total y experimenta en su vida los aspectos humanos de la salvaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>&#8211; Siente la vida humana y todas sus posibilidades como un don de Dios que acoge con coraz\u00f3n agradecido.<\/p>\n<p>&#8211; Entiende la libertad humana como disponibilidad para lo que Dios quiera y los hermanos necesiten.<\/p>\n<p>&#8211; El amor incondicional de Dios Padre por la humanidad fundamenta el compromiso social en favor de los hermanos.<\/p>\n<p>&#8211; El Esp\u00ed\u00adritu Santo que el cristiano recibe en el Bautismo y la Confirmaci\u00f3n le permite vivir el seguimiento de Jes\u00fas en la Iglesia, signo e instrumento del Reino para la humanidad.<\/p>\n<p>&#8211; El cristiano vive en el presente con tensi\u00f3n escatol\u00f3gica; por eso se trata de vivir cada momento como si fuera el \u00faltimo, y no \u00abpasa\u00bb de las situaciones que le pidan una respuesta.<\/p>\n<p>\u00abConsiderar y tratar a cada ser humano como hijo de Dios es una aportaci\u00f3n grande del cristianismo a la \u00e9tica. Este Amor primero se ha explicitado de manera definitiva en Jes\u00fas, pero tambi\u00e9n est\u00e1 en la antropolog\u00ed\u00ada de cada persona, y la comunidad cristiana interpreta y hace viva en cada \u00e9poca hist\u00f3rica. Amor a Dios sin amar al pr\u00f3jimo es caer en la mayor de las mentiras; por eso la fe cristiana alienta una manera de vivir, una \u00e9tica que va m\u00e1s all\u00e1 de lows l\u00ed\u00admites de la fe y es capaz de aglutinar muchos esfuerzos por la libertad, la justicia y la dignidad humanas\u00bb (J. SASTRE, O.C., 221).<\/p>\n<p>&#8211; El amor incondicional de Dios Padre por la humanidad fundamenta el perfil del seguidor de Jes\u00fas<br \/>\n&#8211; Cree en Jesucristo como el hombre total y experimenta en su vida los aspectos humanos de la salvaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>4. La formaci\u00f3n de la conciencia moral<br \/>\nLa formaci\u00f3n moral es el elemento m\u00e1s importante en la maduraci\u00f3n global de la persona, supuestas unas condiciones psicol\u00f3gicas y socioambientales normales. La educaci\u00f3n moral cristiana se inscribe en el \u00e1mbito de la educaci\u00f3n de la fe y parte de un an\u00e1lisis cr\u00ed\u00adtico de la realidad sociocultural en la que estamos. Las propuestas para una educaci\u00f3n moral hoy deben partir de los estudios que tratan de elaborar el marco te\u00f3rico- pr\u00e1ctico que les sirven de referencia. La \u00e9tica cristiana tiene una tarea no exenta de dificultades a la hora de formular una propuesta v\u00e1lida para el mundo actual, y que sea capaz de generar mecanismos educativos en los adolescentes y j\u00f3venes. Los retos m\u00e1s importantes para el te\u00f3logo moralista y el educador cristiano son los siguientes: la profundizaci\u00f3n de la fundamentaci\u00f3n en la \u00e9tica de la autonom\u00ed\u00ada te\u00f3noma, la formulaci\u00f3n de la \u00e9tica cristiana desde los pobres y la oferta de valores educativos alternativos a la \u00e9tica prevalente.<\/p>\n<p>4.1. Clarificar la naturaleza de la conciencia moral<br \/>\nLa conciencia es la persona misma que articula coherentemente los diferentes \u00e1mbitos de su vida hacia la realizaci\u00f3n personal y social. La conciencia brota de lo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo y profundo del ser humano donde percibe con verdad su vida, se encuentra con Dios y toma decisiones importantes. En la conciencia moral se implica la persona entera, se expresa el yo, se mantiene el sentido de la existencia, se perciben los valores morales y aplican los principios y normas que aseguran la adecuada orientaci\u00f3n de la persona. Como s\u00ed\u00adntesis de todo lo anterior, la conciencia juzga en qu\u00e9 medida cada persona responde,- en situaciones concretas,-a lo que debe hacer. Cuando se tiene correcta percepci\u00f3n de la situaci\u00f3n moral y los diversos elementos y dinamismos funcionan adecuadamente podemos hablar de conciencia moral aut\u00f3noma.<\/p>\n<p>La conciencia moral madura se consolida a trav\u00e9s de dos preguntas inseparablemente unidas entre s\u00ed\u00ad: qu\u00e9 es lo bueno, y qu\u00e9 tengo que hacer. Es decir, la conciencia es testigo de lo que somos y hacemos, valora las actuaciones, ilumina los nuevos interrogantes, y nos compromete en las decisiones concretas. La conciencia no es origen de la moralidad, sino el \u00e1mbito propio donde \u00e9sta se manifiesta. En su funci\u00f3n mediadora, la conciencia acerca lo cotidiano de la vida a los principios y valores morales; muchas limitaciones impiden a la conciencia ver, valorar y decidir adecuadamente; por eso, la importancia de la formaci\u00f3n moral y el contraste de pareceres antes de tomar una decisi\u00f3n importante. En la adecuaci\u00f3n de los comportamientos concretos a la verdad reside la bondad de la acci\u00f3n y, en consecuencia, la obligatoriedad interna de seguir el dictamen de la propia conciencia cuando est\u00e1 debidamente formada. El que u comportamiento est\u00e9 de acuerdo con lo que uno ve en la conciencia no es criterio suficiente para justificar la realidad de la acci\u00f3n. Tambi\u00e9n la conciencia tiene que contrastarse con el aspecto objetivo de la moralidad. La realidad entre lo que objetivamente debemos hacer y la propia conciencia es el origen del juicio pr\u00e1ctico que indica lo que hay que cumplir. La fuerza de las convicciones debe ser coincidente con el valor objetivo de lo que se va a hacer.<\/p>\n<p>4.2. Educar la conciencia moral, educar la responsabilidad<br \/>\nEl t\u00e9rmino responsabilidad hace referencia a la capacidad de estar disponible para responder a lo que los imperativos morales nos pidan a trav\u00e9s de las mediaciones. La persona responsable es la que busca lo mejor para ella misma y para los dem\u00e1s, desde el conocimiento y an\u00e1lisis de los valores\/contravalores de su ambiente, sinti\u00e9ndose implicada en un proyecto com\u00fan y con la apertura fundante y plenificadora en Dios.<\/p>\n<p>La responsabilidad constituye un talante de persona, se ejercita constantemente en la vida, y se dinamiza desde la llamada opci\u00f3n fundamental. Consiste en \u00abdecir s\u00ed\u00ad a Dios en Cristo, poniendo el hombre en esta respuesta toda su persona en fe- caridad-esperanza y, por consiguiente, centrando en la humanidad resucitada de Cristo todas las realidades que forman su existencia concreta\u00bb (E HERR\u00ed\u0081EZ, La opci\u00f3n fundamental, S\u00ed\u00adgueme, 136).<\/p>\n<p>Esta definici\u00f3n, -desde la teolog\u00ed\u00ada cristiana-, supone una persona que trata de integrar los diferentes aspectos de su vida desde el dominio de s\u00ed\u00ad misma y en relaci\u00f3n interpersonal con los dem\u00e1s. En la opci\u00f3n fundamental cristiana confluyen el esfuerzo del hombre por entender coherentemente su vida desde un n\u00facleo que centra y globaliza la existencia, y la gracia de Dios que lleva a su plenitud en nosotros la vida de Cristo por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo y en la comuni\u00f3n de la Iglesia. La opci\u00f3n fundamental cristiana crece constantemente en la medida que se hace patente en las decisiones concretas y se alimenta en el misterio trinitario, fuente inagotable de la vida teologal y del existir nuevo en Cristo.<\/p>\n<p>4.3. El ser y el deber ser \u00ed\u00adntimamente unidos<br \/>\nEl deber ser constituye el modo fundamental a trav\u00e9s del cu\u00e1l el ser llega a su plena realizaci\u00f3n; en este sentido, el deber ser est\u00e1 impl\u00ed\u00adcito en el ser y no se puede<br \/>\nseparar de \u00e9l. Quiz\u00e1s una de las mayores tragedias de nuestra cultura es la separaci\u00f3n entre el ser y el deber ser, y la vinculaci\u00f3n de \u00e9ste \u00faltimo a la decisi\u00f3n personal y subjetiva, muchas veces dominada por los deseos, y sin ninguna otra referencia significativa. Esta ruptura invalida en gran medida la competencia moral de muchas personas, pues las ha desvinculado de la fuente de la experiencia moral: la relaci\u00f3n intr\u00ed\u00adnseca entre ontolog\u00ed\u00ada y \u00e9tica. As\u00ed\u00ad mismo, en la relaci\u00f3n entre lo que el hombre es y lo que puede llegar a ser sucede la puesta en pr\u00e1ctica de la libertad por la toma de decisiones; ah\u00ed\u00ad es donde se juega la moralidad, es decir, la realizaci\u00f3n de lo humano para que no quede reducido a los dinamismos b\u00e1sicos de las necesidades m\u00e1s elementales.<\/p>\n<p>La fe cristiana ilumina claramente la doble relaci\u00f3n entre lo que somos y lo que estamos llamados a ser por naturaleza y por gracia. El dato fundamental de la revelaci\u00f3n, al afirmar que el hombre es \u00abimagen de Dios\u00bb da a la persona una dignidad, una fundamentaci\u00f3n y un horizonte insospechados. Hemos sido creados y recreados por el amor de Dios Amor; y nuestra vida es \u00aben Cristo\u00bb y \u00abpara los hermanos\u00bb, especialmente para los m\u00e1s peque\u00f1os, que son los m\u00e1s cercanos al coraz\u00f3n del Padre.<\/p>\n<p>La fe en Cristo Resucitado y la participaci\u00f3n en su misma vida nos dicen que la muerte, el pecado, el dolor y el sinsentido ser\u00e1n definitivamente vencidos; sabemos tambi\u00e9n que \u00abDios est\u00e1 sobre nuestra conciencia\u00bb (1 Jn. 3,20), y que la vida cristiana consiste en anticipar aqu\u00ed\u00ad y ahora los bienes definitivos: la libertad, el amor, la paz, la fraternidad y el perd\u00f3n.<\/p>\n<p>4.4. La necesaria relaci\u00f3n entre verdad y conciencia<br \/>\nEn la cultura actual prima la visi\u00f3n subjetiva de la \u00e9tica y de la fe, y se subraya el valor de las decisiones personales sin m\u00e1s referencia que el propio parecer, gusto o necesidad. La tradici\u00f3n cristiana siempre ha afirmado el deber que cada persona tiene de seguir los dictados de su conciencia; pero la conciencia ha de seguir el criterio de verdad para que sea una buena conciencia. La existencia de una verdad moral, el procurar encontrarla y el querer llevarla a la pr\u00e1ctica son tres afirmaciones que no se pueden separar entre s\u00ed\u00ad, ni de la toma de decisiones personales.<\/p>\n<p>Para el cristiano esto resulta plenamente evidente, pues entiende su existencia desde la persona de Jes\u00fas, Camino, Verdad y Vida; los criterios y actitudes evang\u00e9licos son para \u00e9l referenciales y normativos, pues en ellos encuentra la mejor forma de acercarse a Dios, de ser \u00e9l mismo en plenitud y de solidarizarse con el pr\u00f3jimo. La Palabra de Dios como \u00abnorma normaras\u00bb y el magisterio de la Iglesia al servicio de la Palabra y de la comunidad, son referencias que nos ayudan a encontrar la verdad moral objetiva en medio del pluralismo divergente en el que estamos. En el coraz\u00f3n de la relaci\u00f3n entre verdad y conciencia est\u00e1 el discernimiento propio del cristiano que ha llegado a la edad adulta. Creyente maduro es el que es capaz de descubrir la voluntad de Dios (Ef. 5, 8-10); para ello hay que conocer la \u00abgram\u00e1tica\u00bb con la que Dios habla, analizar los signos de los tiempos y pasar los acontecimientos por el coraz\u00f3n, para que se vivan como experiencia cargada de humanidad, es decir, de compromiso con la libertad y la solidaridad.<\/p>\n<p>El discernimiento moral no es posible sin un coraz\u00f3n convertido que busca ante todo y sobretodo el bien. Supuesta esta actitud, hay que poner en cuesti\u00f3n la moral prevalente que intenta presentar como valores algunos antivalores, e iluminar con los criterios evang\u00e9licos la realidad en la que hay que tomar las decisiones concretas.<\/p>\n<p>4.5. El sentido del pecado y la conversi\u00f3n constante<br \/>\n\u00abSuscitar en el coraz\u00f3n del hombre la conversi\u00f3n y la penitencia y ofrecerle el don de la reconciliaci\u00f3n es la misi\u00f3n connatural de la Iglesia, confirmadora de la obra redentora de su divino fundador\u00bb (R.P. 23).<\/p>\n<p>El reconocimiento del pecado y la necesidad de conversi\u00f3n tiene que ver con la sensibilidad de la conciencia, la b\u00fasqueda de los aut\u00e9nticos valores, y la sinceridad para reconocer los fallos, y lo que nos falta para llegar a ser personas moralmente buenas. La fe personal en Dios aviva en la conciencia el sentido del pecado y la necesidad de reconciliaci\u00f3n. En la \u00e9poca actual somos sensibles a los males sociales que aquejan a gran parte de la humanidad, pero nos cuesta encontrar las causas de fondo, es decir, las actitudes de pecado personal que causan los males sociales. Tambi\u00e9n nos falta en el momento presente una lista de pecados actualizada, que por su valor pedag\u00f3gico, nos ayuda a encontrar lo que realmente nos separa de Dios y perjudica a nuestros hermanos. La conversi\u00f3n plantea en positivo la opci\u00f3n por Jesucristo como una forma de entender la vida como totalidad y de estructurar la personalidad moral.<\/p>\n<p>5. Orientaciones educativas<br \/>\nLa conciencia moral \u00abtiene necesidad de crecer, de ser formada, de ejercitarse en un proceso que avance gradualmente en la b\u00fasqueda de la verdad y en la progresiva interacci\u00f3n de valores y normas morales\u00bb (VhL 39).<\/p>\n<p>La conciencia es una realidad inseparable de la persona, pues afecta a toda la realidad humana; tiene que ver con los criterios, las sensibilidades, las implicaciones y las decisiones. La conciencia estructura la personalidad, es juicio moral e impulso para la acci\u00f3n; la conciencia moral madura apunta a la autonom\u00ed\u00ada, es decir, a la libertad interior, a la responsabilidad en la toma de decisiones, asunci\u00f3n de los propios actos, y al dominio de s\u00ed\u00ad para no ahogar las referencias a Dios, a los dem\u00e1s y a la realidad circundante.<\/p>\n<p>5.1. Las relaciones humanas son el \u00e1mbito de la educaci\u00f3n moral<br \/>\nLos valores o contravalores toman cuerpo en las relaciones humanas en los diferentes lugares donde se desarrolla cotidianamente la existencia humana. (cf. R. CARBALLO, El hombre como encuentro, Alfaguara 1973; J. L. Tiz\u00f3N GARC\u00ed\u008dA, Psicolog\u00ed\u00ada basada en la relaci\u00f3n, Barcelona 1982). La tarea de la formaci\u00f3n moral consiste en la concretizaci\u00f3n de los grandes valores evang\u00e9licos a las situaciones reales en la familia, el trabajo, el ocio, la pol\u00ed\u00adtica, la econom\u00ed\u00ada, la marginaci\u00f3n, etc., etc. El seguimiento de Jes\u00fas es la referencia inspiradora del actuar del cristiano para que este mundo sea m\u00e1s justo, solidario y, si cabe, m\u00e1s fraterno.<\/p>\n<p>Estamos en una sociedad bastante desmoralizada por la constataci\u00f3n de que es muy dif\u00ed\u00adcil mejorar y por habernos acostumbrados a aceptar como normal la distancia entre lo que hay y lo que deber\u00ed\u00ada ser. Urge retornar la confianza b\u00e1sica en las posibilidades de las personas y en la posibilidad del acercamiento progresivo entre la realidad y la utop\u00ed\u00ada. La convergencia entre las necesidades, los proyectos y los ideales es lo que puede hacer avanzar m\u00e1s lo humano y propiciar en mayor medida la unidad interior de la persona.<\/p>\n<p>5.2. Educar en los criterios de moralidad<br \/>\nUn aspecto importante en la educaci\u00f3n moral est\u00e1 en la fundamentaci\u00f3n de los criterios que llevan a aconsejar o desaconsejar un determinado comportamiento. Se trata de descubrir lo que da sentido a una determinada acci\u00f3n moral, y hace que la norma moral a ella referida se pueda presentar como la mejor opci\u00f3n para que los valores morales sean preservados y evidenciados. Nos referimos a los siguientes criterios:<\/p>\n<p>&#8211; Criterio de universalidad. Que aquello que se haga se pueda presentar a los dem\u00e1s como un comportamiento bueno y recomendable por lo que tiene de humanizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; Criterio de coherencia. Se refiere a la l\u00f3gica interna a un comportamiento moral y a la norma que lo sustenta. La argumentaci\u00f3n racional es convincente para uno mismo y para los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>&#8211; La relaci\u00f3n medios- fin. Busca los fines que motiva la acci\u00f3n, la puesta en pr\u00e1ctica de los medios m\u00e1s eficaces y la necesidad de que los medios sean moralmente aceptables para un fin moralmente bueno.<\/p>\n<p>&#8211; Las motivaciones profundas. Dinamizan al ser humano para que se acorte la distancia entre lo que se hace y lo que se deber\u00ed\u00ada hacer; la fragilidad de las fuerzas humanas por la influencia de los ego\u00ed\u00adsmos s\u00f3lo se supera con una pasi\u00f3n mayor por el bien y la virtud.<\/p>\n<p>5.3. La unidad antropol\u00f3gica del amor humano desde la caridad<br \/>\nEl amor llamado \u00e1gape es la categor\u00ed\u00ada central del N.T. Jes\u00fas nos revela el amor del Padre que nos llama a vivir de ese amor. La forma en que Dios nos ha amado en Jesucristo es la fuerza que orienta y transforma la realidad humana de forma total y definitiva. El amor evang\u00e9lico da unidad a todas las exigencias morales y religiosas en el mandamiento nuevo de amar a Dios y al pr\u00f3jimo como Cristo nos ha amado. \u00bfC\u00f3mo entender la unidad del amor humano desde el \u00e1gape? Cuando la comuni\u00f3n de vida con la persona de Jes\u00fas se concreta en el amor fraternal, incondicional y universal al pr\u00f3jimo. Se expresa en las siguientes actitudes: el respeto a los dem\u00e1s y el darles buen ejemplo, la aceptaci\u00f3n incondicional de los otros, el estar al lado del necesitado, la promoci\u00f3n de los derechos humanos, el ser constructor de paz, el perdonar a qui\u00e9n nos ofende, la actitud de servicio y de humildad, y el apostar por lo ut\u00f3pico a pesar de todo. (A. TORNOS, Antropolog\u00ed\u00ada del amor desde su radicaci\u00f3n social y psicol\u00f3gica, Sal Terrae 64 (1976) 64).<\/p>\n<p>Desde el amor cristiano urge recuperar el modo de entender el amor humano; la unidad antropol\u00f3gica del amor nos permite recuperar un fondo com\u00fan de donde parten las dos expresiones principales del amor humano: la vida afectivo-sexual, y los compromisos sociopol\u00ed\u00adticos; terminan en \u00e1mbitos distintos pero parten de una misma persona y, en consecuencia, deben estar \u00ed\u00adntimamente unidas estas dos expresiones del amor.<\/p>\n<p>5.4. La transmisi\u00f3n de valores<br \/>\nLos valores aparecen en las relaciones y se transmiten, sobre todo, por medio de la comunicaci\u00f3n de quien los hace presente a trav\u00e9s de los hechos, los juicios de valor, la toma de postura y los compromisos. Lo que m\u00e1s se educa es la calidad de las personas con las que nos relacionamos, su forma de situarse ante las dificultades y las motivaciones profundas que las impulsan a actuar.<\/p>\n<p>Los valores se van educando en los procesos por donde discurre lo cotidiano y en los que nos vamos haciendo personas. Es necesario educar la estimativa moral para poder percibir los valores, distinguir los valores de los contravalores, y para potenciar la expresi\u00f3n creativa y comprometida de los mismos en las relaciones y estructuras humanas. El aspecto nuclear que nos permite comprobar si un valor est\u00e1 incorporado a la estructura profunda de nuestra persona es preguntarnos si este valor nos hace felices, y si le percibimos como gozosamente realizador de nuestras posibilidades de crear en lo humano. Los valores libremente incorporados se transforman en fuerzas dinamizadoras de lo que testimoniamos y de aquello a lo que dedicamos tiempo y posibilidades, en definitiva, algo es verdadero en nuestra vida cuando influye en lo cotidiano y nos lleva a la creaci\u00f3n de conciencia y a la militancia.<\/p>\n<p>Los valores debidamente organizados en y por la persona se manifiestan de m\u00faltiples formas y configura el estilo de vida; el cristianismo inspirado por los valores evang\u00e9licos tiene tres caracter\u00ed\u00adsticas: se siente alcanzado por Jesucristo, se alimenta de la vida teologal, hace de las Bienaventuranzas el proyecto de vida y acci\u00f3n, est\u00e1 al servicio de los m\u00e1s necesitados, y siente la alegr\u00ed\u00ada que brota de la paz del coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>5.5. \u00abDar razones para vivir y motivos para esperar\u00bb (G.S. 31)<br \/>\nFrente a la atomizaci\u00f3n del pensamiento, de los saberes y de la vida urge recuperar el sentido que ayuda a interpretar la existencia. En una cultura del fragmento se deteriora lo antropol\u00f3gico de la persona; el problema denominador com\u00fan de nuestro tiempo es la \u00abmutilaci\u00f3n de la realidad humana\u00bb (J. Mar\u00ed\u00adas). Esta mutilaci\u00f3n de lo humano influye en la misma comprensi\u00f3n y vivencia de lo religioso. \u00abLa convicci\u00f3n es la r\u00e9plica a la crisis: la jerarquizaci\u00f3n de las preferencias me obliga. No soy un fugitivo ni un espectador desinteresado\u00bb (P. Ricoeur).<\/p>\n<p>Una educaci\u00f3n moral desde el sentido ayuda a superar el talante de la sociedad impregnado por el ego\u00ed\u00adsmo, lo incoherente, el deseo, lo privado y lo inmediato. En este contexto los educadores debemos poner el acento en:<\/p>\n<p>* la valoraci\u00f3n del ser humano como portador y testigo de la trascendencia;<br \/>\n* la atenci\u00f3n primordial a los otros m\u00e1s necesitados;<br \/>\n* el cambio de estructuras sociales para que sean m\u00e1s cercanas, con rostro humano y comprometidas con el ciudadano de a pie;<br \/>\n* focalizar m\u00e1s el inter\u00e9s de los ciudadanos en los derechos y deberes que en el bienestar;<br \/>\n* educar en lo que los humanos tenemos de com\u00fan para que cada uno pueda llegar a ser;<br \/>\n* profundizar m\u00e1s los aspectos antropol\u00f3gicos de la educaci\u00f3n as\u00ed\u00ad como el ministerio del educador;<\/p>\n<p>* encarnar con claridad los valores fundamentales desde la coherencia entre la propuesta y la existencia;<br \/>\n* desarrollar el sentido cr\u00ed\u00adtico para no ser manipulados mientras nos creemos libres;<\/p>\n<p>* la participaci\u00f3n en proyectos que ayuden a repensar la vida con unidad y sentido.<\/p>\n<p>5.6. Una pedagog\u00ed\u00ada moral del di\u00e1logo y la convicci\u00f3n<br \/>\nEn la educaci\u00f3n moral podemos emplear alguno de los tres m\u00e9todos que funcionan en la pr\u00e1ctica: la invitaci\u00f3n por la explicaci\u00f3n a la actuaci\u00f3n adecuada, la habituaci\u00f3n en las normas y la motivaci\u00f3n desde la relaci\u00f3n interpersonal. Pensamos que el \u00faltimo es el verdaderamente eficaz porque trabaja la interioridad de la persona. El di\u00e1logo moral debe abordar dos cuestiones fundamentales; una de fondo: c\u00f3mo ser feliz; y la otra sobre los medios necesarios para ser feliz: c\u00f3mo llevar una vida honesta. La relaci\u00f3n educativa que aborda personalmente estas cuestiones estar\u00e1 guiada por la escucha, el respeto a los ritmos personales, el di\u00e1logo sincero y el aprecio del otro por \u00e9l mismo.<\/p>\n<p>Es exitosa y eficaz una educaci\u00f3n moral que cultiva las motivaciones profundas que son las que llevan a la toma de decisiones y a implicarse, incluso cuando la presi\u00f3n social no es favorable. Ahora bien, las motivaciones no se adquieren a trav\u00e9s de procesos cognitivos de tipo deductivo, sino a trav\u00e9s de la lectura de la realidad, el sentirse afectado por lo que se ve, y la implicaci\u00f3n en acciones transformadoras de la realidad. En este proceso interior hay un elemento claro: el pasar los acontecimientos por el coraz\u00f3n, el sentirse afectado por ellos, y el percibir en estos signos la llamada de Dios a comprometerse con la mejora de la realidad. Las acciones imperativo- transformadoras de la realidad ayudan a la formaci\u00f3n de las motivaciones interiorizadas.<\/p>\n<p>La pedagog\u00ed\u00ada moral procura que la persona llegue a la madurez a trav\u00e9s de los medios siguientes:<\/p>\n<p>&#8211; El desarrollo del conocimiento moral y del pensamiento moral. Para llegar a fundamentar adecuadamente las propias opciones morales hay que reflexionar sobre el contenido moral y comprobar si la manera de argumentar es v\u00e1lida..<\/p>\n<p>&#8211; La manera de situarse ante los valores, los conflictos morales y las normas morales. Sin una disposici\u00f3n positiva y de b\u00fasqueda de lo bueno no es posible llegar a comprometerse por la justicia y la igualdad. La madurez moral tiene que ver con un coraz\u00f3n y una mente apasionados por lo mejor para todos, y empezando por los que est\u00e1n en una situaci\u00f3n de menor igualdad \u00e9tica de oportunidades. El bar\u00f3metro de nuestra calidad moral est\u00e1 indudablemente en los resultados de humanizaci\u00f3n que nuestros comportamientos producen en las personas, las estructuras y las instituciones.<\/p>\n<p>&#8211; El contrastar con otros, los criterios y enfoques morales como paso previo a la decisi\u00f3n en conciencia. Para poder contrastar, previamente, hay que informarse, reflexionar y someter a cr\u00ed\u00adtica las motivaciones y comportamientos; es importante que los que nos aprecian y quieren nuestro bien nos aporten su criterio valorativo. La referencia al magisterio y la consulta a especialistas en teolog\u00ed\u00ada moral nos permite o\u00ed\u00adr opiniones objetivas y cualificadas.<\/p>\n<p>&#8211; La actuaci\u00f3n moral. Una exigencia intr\u00ed\u00adnseca de la moral est\u00e1 en la obligaci\u00f3n de poner en pr\u00e1ctica lo que se ha descubierto como moralmente bueno. Recordamos aqu\u00ed\u00ad las dos interrogantes que han estado presente en toda esta reflexi\u00f3n sobre la formaci\u00f3n de la conciencia moral: qu\u00e9 es lo bueno y qu\u00e9 tengo que hacer. La acci\u00f3n moral pasa por la superaci\u00f3n de las dificultades internas (poca voluntad, comodidad e ir responsabilidad, etc.) y externas (miedo al que dir\u00e1n, presi\u00f3n ambiental, etc.) y por la puesta en pr\u00e1ctica de los medios que ayudan: la vigilancia, el dominio propio, el examen de conciencia y el esfuerzo por superar poco a poco los defectos.<\/p>\n<p>&#8211; El di\u00e1logo moral en peque\u00f1o grupo. En el pensamiento filos\u00f3fico moderno y en los tratados de pedagog\u00ed\u00ada moral el di\u00e1logo aparece como la mediaci\u00f3n m\u00e1s importante para la formaci\u00f3n moral.<\/p>\n<p>La primera dificultad que encontramos en los j\u00f3venes y en los adultos, en general, es la poca motivaci\u00f3n para un di\u00e1logo con contenido moral, guiado por la b\u00fasqueda de la verdad y desde la responsabilidad personal. Como lo m\u00e1s importante es la estructura del razonamiento, el di\u00e1logo moral exige disciplina en el m\u00e9todo, atenci\u00f3n constante y expresi\u00f3n desde los niveles m\u00e1s profundos de la persona. Sabemos que esto no es f\u00e1cil y requiere aprendizaje. Adem\u00e1s, los modelos de grupo de di\u00e1logo o mesas redondas que nos presentan los medios de comunicaci\u00f3n buscan la audiencia, y dotan al programa de las caracter\u00ed\u00adsticas del espect\u00e1culo que suscita el inter\u00e9s, -no exento de morbo-, en el espectador, al que se le exige una actitud de simple consumidor.<\/p>\n<p>La discusi\u00f3n parte de la comunicaci\u00f3n de los puntos de vista sobre una cuesti\u00f3n o dilema moral; el di\u00e1logo debe transcurrir por la exposici\u00f3n y el contraste de la fundamentaci\u00f3n de los diferentes enfoques; el final supone la b\u00fasqueda de la mejor argumentaci\u00f3n y, en consecuencia, la norma moral que mejor defienda los derechos fundamentales de los seres humanos. Seg\u00fan esto, el afianzarse en la posici\u00f3n inicial o el cambiarla depender\u00e1 del razonamiento (fundamentaci\u00f3n) que sea m\u00e1s coherente y valioso en s\u00ed\u00ad porque defiende mejor los valores morales.<\/p>\n<p>&#8211; El aprendizaje de la soluci\u00f3n de conflictos. Las relaciones humanas, interpersonales o sociales, son el \u00e1mbito en el que se pueden producir los problemas humanos de convivencia o de reivindicaci\u00f3n de derechos pol\u00ed\u00adticos, laborales, econ\u00f3micos, etc. La soluci\u00f3n de estos conflictos exige un aprendizaje moral, tanto por el talante que supone como por el m\u00e9todo que exige para llegar a una soluci\u00f3n adecuada. L\u00f3 primero es la creaci\u00f3n de un ambiente que favorezca el encuentro y la comunicaci\u00f3n, que en un principio aparece b\u00e1sicamente como negociaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A la hora del di\u00e1logo conviene centrarse en las necesidades (intereses) de cada una de las partes, no tanto en la toma de postura que manifiestan. El tercer momento requiere un an\u00e1lisis sereno y desinteresado (perspectiva universal) de lo que se seguir\u00ed\u00ada para todos de tomar una u otra opci\u00f3n. Al llegar aqu\u00ed\u00ad conviene tener presente que los valores de libertad e igualdad no siempre se pueden salvar al tiempo y de la misma forma; en caso de conflicto entre ellos creemos que hay que apostar solidariamente por la igualdad para que todos podamos vivir en libertad, es decir, en igualdad \u00e9tica de oportunidades (J. Esc\u00ed\u0081MEZ, Hacia un programa de educaci\u00f3n moral, en La formaci\u00f3n moral de la juventud, Bru\u00f1o 1998, 73-87; LICKONA Th. Educating for character. How our schools can teach respect and responsability, Bantan Book, New York, 1991, 53ss).<\/p>\n<p>5.7. El acompa\u00f1amiento personal<br \/>\nLos temas morales por su propia naturaleza, en muchos casos, exigen un clima de confianza y de competencia en la persona a la que se consulta para que puedan ser abordados con sinceridad. El di\u00e1logo personal no es alternativa a los otros medios de educaci\u00f3n moral, sino un complemento necesario a las clases, catequesis, grupos, etc. (J. SASTRE, El acompa\u00f1amiento espiritual, S. Pablo, 19942, 102-105). M\u00e1s a\u00fan, la relaci\u00f3n de ayuda suele ser el \u00e1mbito donde terminan de clarificarse y de personalizarse muchos temas que aparecen en los di\u00e1logos de grupo. Siguiendo a W.Kay (Cf. El desarrollo moral, Buenos Aires 1976) podemos decir que las cuestiones principales que hay que abordar en el acompa\u00f1amiento personal en lo referente a la formaci\u00f3n de la conciencia moral son las siguientes:<\/p>\n<p>* \u00abQui\u00e9n soy yo\u00bb. Se refiere a la b\u00fasqueda de la identidad personal con las caracter\u00ed\u00adsticas propias de cada persona y en la red de relaciones con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>* \u00abC\u00f3mo soy realmente\u00bb. Supone una toma de conciencia de la historia personal en verdad y en autoaceptaci\u00f3n; s\u00f3lo lo que se asume se puede integrar y superar.<\/p>\n<p>* \u00abC\u00f3mo debo comportarme\u00bb. No hace alusi\u00f3n en primer lugar a normas que han de cumplirse, sino a modelos de identificaci\u00f3n que act\u00faan como referencias que suscitan lo mejor de uno mismo, las motivaciones y los dinamismos que llevan a las decisiones morales.<\/p>\n<p>* \u00abQu\u00e9 es lo que est\u00e1 bien hacer\u00bb. Esta disposici\u00f3n es propia de la conciencia madura, pues supone una actitud orientada al bien en general y a cada una de sus convicciones. Necesariamente pasa por la interiorizaci\u00f3n de las normas morales y su vivencia desde una conciencia aut\u00f3noma.<\/p>\n<p>* \u00abC\u00f3mo me va\u00bb. La constataci\u00f3n de lo logrado y el grado de satisfacci\u00f3n personal que produce el vivir \u00e9ticamente. No hay que olvidar que si la \u00e9tica civil apunta al m\u00ed\u00adnimo com\u00fan por la convivencia, la \u00e9tica cristiana se plantea siempre como una \u00e9tica de m\u00e1ximos que apunta a la felicidad personal como realizaci\u00f3n solidaria. En \u00faltima instancia, lo que me sigue motivando a ser una persona moral es que la vivencia de los valores morales me integra y planifica cada d\u00ed\u00ada m\u00e1s.<\/p>\n<p>Conclusi\u00f3n. La formaci\u00f3n de la conciencia moral tiene como meta la formaci\u00f3n de personas aut\u00f3nomas que, al tiempo, sean profundamente solidarias. Esto supone una educaci\u00f3n moral para lo positivo y desde lo positivo que parte de la confianza en el ni\u00f1o y el adolescente para que se sienten incondicionalmente queridos y aceptados. El seguimiento de Jes\u00fas es el camino para acoger los valores del Reino; la conversi\u00f3n nos capacita para descubrir un horizonte insospechado que supera la misma \u00e9tica, aunque la incluye y la redimensiona. La posibilidad de vivir como hijos de un mismo Padre y como hermanos en Cristo desde la comunidad cristiana es el soporte de una nueva existencia estructurada por los valores del ser, el servir y el compartir, que anticipan aqu\u00ed\u00ad y ahora la vida que no tendr\u00e1 fin. El esfuerzo, la entrega, la austeridad y el dominio propio cuentan con la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo que llevara a buen t\u00e9rmino la obra que Dios comenz\u00f3 en nosotros cuando nos llam\u00f3 a la vida.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; AA.W., Conciencia y libertad humana, Cete, Toledo 1988; AA.W., Hombre en crisis y relaci\u00f3n de ayuda, Aretes 1986; ALBURQUERQUE, E, Conciencia moral. Orientaciones pedag\u00f3gicas, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo 1999, 506-521; BULL, N., La educaci\u00f3n moral, Verbo Divino 1976; CARBONEAU, P., Educar. Problemas de la juventud, Herder 1979; DELHAYE, Ph., La conciencia moral del cristiano, CCS 1988; GIAMMAMCHER, E. y PERTTI, M., La educaci\u00f3n moral, Herder 1981; GArTI, G., Etica cristiana y educaci\u00f3n moral, CCS, 1988; G\u00ed\u201cMEZ, C., Conciencia, en GAFO, J. (ed.), 10 palabras clave en bio\u00e9tica, Verbo Divino 1993; HORTELANO, A., Problemas actuales de moral 1. Introducci\u00f3n a la teolog\u00ed\u00ada moral. La conciencia moral, S\u00ed\u00adgueme 1976; KAv, W., El desarrollo moral, Buenos Aires 1976; LAUN, A., La conciencia, Eiunsa 1993; MAJORANO, S., La coscienza. Per una lettura cristiana, San Pablo, Mil\u00e1n 1994; MIETH, D., Conciencia, en BOCKLE, F y otros, \u00abFe cristiana y sociedad moderna\u00bb XII, S.M. 1986; NIRANDA, V., Conciencia moral, en VIDAL GARC\u00ed\u008dA M., Conceptos fundamentales de \u00e9tica teol\u00f3gica, Trotta 1992; MIFSUD, A., El desarrollo moral seg\u00fan L. Kohlberg: exposici\u00f3n y valoraci\u00f3n desde la \u00e9tica cristiana, tesis doctoral, U.P.C. 1979; SASTRE, J., Fe en Dios Padre y \u00e9tica, SPx 1995; VALADIER, P., Elogio de la conciencia, PPC 1995; VIDAL, M., La educaci\u00f3n moral en la escuela. Propuesta y materiales, Paulinas y Verbo Divino 1981.<\/p>\n<p>Jes\u00fas Sastre<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>I. Naturaleza de la c.<\/p>\n<p>La palabra c. procede de \u00abconscientia\u00bb, t\u00e9rmino que traduce el vocablo sineidesis. Esta palabra, usada con muchos significados en el lenguaje popular y cient\u00ed\u00adfico, designa en sentido espec\u00ed\u00adficamente moral una serie de fen\u00f3menos an\u00ed\u00admicos vinculados entre s\u00ed\u00ad. El n\u00facleo de estos fen\u00f3menos, como vivencia fundamental que repercute hondamente en la c. ps\u00ed\u00adquica de la persona, especialmente bajo la forma de la as\u00ed\u00ad llamada mala c., ha sido conocido desde la antig\u00fcedad con diversas representaciones y denominaciones e indudablemente constituye un buen punto de partida para una -> \u00e9tica emp\u00ed\u00adrica e inductiva. A causa de la obscuridad que hay en los conceptos relativos a la c., para una interpretaci\u00f3n de su esencia ser\u00e1 mejor partir de la experiencia cotidiana y no de la terminolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>1. Un an\u00e1lisis cuidadoso nos lleva al resultado: En la conciencia el hombre experimenta de manera inmediata en la profundidad de su \u00e1nimo la cualidad moral de una concreta &#8211;> decisi\u00f3n o acci\u00f3n personal, y la experimenta como un deber que le impone la vivencia de un sentido capaz de dar plenitud a su ser personal. < Profundidad del \u00e1nimo\" significa el n\u00facleo, el centro de la vida unitaria de la persona, en el estadio anterior a la divisi\u00f3n de los distintos actos espec\u00ed\u00adficos. En virtud de la relaci\u00f3n inmediata a la concreta acci\u00f3n personal, la c. se distingue del saber moral (c. de los --> valores), del que se nutre constantemente y al que comunica el contenido m\u00e1s original y vivo. La simple experiencia &#8211; < simplex intuitus\" en el sentido de la psicolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica del conocimiento - nada tiene que ver con una mentalidad primitiva, pues constituye una aprehensi\u00f3n de una realidad aut\u00e9ntica, de la realidad espiritual m\u00e1s fina, a saber, del valor moral contenido en la propia decisi\u00f3n. M\u00e1s que normas formulables, experimentamos inmediatamente la exigencia del valor, del mundo de la plenitud como incitaci\u00f3n al bien, o, por el contrario, la presencia de lo negativo como mal que nos amenaza y puede lesionarnos. Esa experiencia tiene como base una receptividad en el hombre para lo moral, junto con la decisi\u00f3n \u00faltima sobre el ser personal. Como disposici\u00f3n original, la c. respecto a su ra\u00ed\u00adz, a su intuitiva funci\u00f3n integral en la captaci\u00f3n intelectual y sensitiva de un sentido, a sus leyes generales de desarrollo y formaci\u00f3n y a su fundamental orientaci\u00f3n hacia lo que tiene sentido, se puede comparar en cierto modo con la facultad humana de hablar.\n\n2. No se explica correctamente lo que es la c. con la suposici\u00f3n de ideas morales innatas. Tampoco basta la idea kantiana de que se trata de una facultad transcendental (-> kantismo). Tambi\u00e9n son insuficientes las teor\u00ed\u00adas que explican el origen, el desarrollo y la actividad de la c. partiendo de elementos extramorales; p. ej., las doctrinas naturalistas y evolucionistas, seg\u00fan las cuales la c. se habr\u00ed\u00ada formado a partir de las experiencias relativas a lo \u00fatil en la historia de la vida o de la especie, ya en el \u00e1mbito individual ya en el social (&#8211;>naturalismo, sociologismo). F. Nietzsche, influenciado por el -> evolucionismo biol\u00f3gico, considera la mala c. como un producto de la civilizaci\u00f3n humana. En ella se manifestar\u00ed\u00ada un desarrollo decadente, psicopatol\u00f3gico del hombre, cuyos instintos impedidos se habr\u00ed\u00adan vuelto hacia dentro. Est\u00e1 muy extendida la interpretaci\u00f3n de la -> psicolog\u00ed\u00ada profunda, iniciada por Freud, la cual explica el origen de una forma de c. no plenamente desarrollada (super-yo) por el mecanismo inconsciente de la elaboraci\u00f3n de las tendencias y de su confrontaci\u00f3n con la realidad. En el -> existencialismo se defiende un concepto formal de c. que no es propiamente moral, seg\u00fan el cual \u00e9sta consiste esencialmente en la llamada a la realizaci\u00f3n de la existencia.<\/p>\n<p>3. La original receptividad intelectual y emocional para los valores morales juntamente con la ordenaci\u00f3n hacia el bien que se da en la disposici\u00f3n de la c., no se puede falsear en s\u00ed\u00ad misma por una educaci\u00f3n err\u00f3nea, pero s\u00ed\u00ad puede quedar desvirtuada hasta llegar a una ineficacia. pr\u00e1ctica. Esta imposibilidad de falseamiento, que radica en las \u00faltimas condiciones de la existencia personal y de la c. de s\u00ed\u00ad mismo, garantiza la seguridad \u00e9tica y la autoridad de la c. y se\u00f1ala a la vez sus l\u00ed\u00admites. Un fallo en la disposici\u00f3n de la c. (moral insanity), aparte de los casos de grave imbecilidad, puede adem\u00e1s estar causado por deficiencia psicop\u00e1tica de las funciones an\u00ed\u00admicas esenciales para la c., incluso quedando intacta la inteligencia. El desarrollo de la disposici\u00f3n de la c., que tiene lugar debido a todas las impresiones con significaci\u00f3n moral procedentes del mundo circundante, as\u00ed\u00ad como a la propia experiencia de la vida, va desde una aceptaci\u00f3n de normas y modelos externos de conducta, pasando por la aceptaci\u00f3n de actitudes ajenas ante el valor moral (c. autoritaria, legal) hasta llegar a una postura aut\u00f3noma, basada en la propia aprehensi\u00f3n de la exigencia del valor (c. personal). Las perturbaciones en el normal desarrollo an\u00ed\u00admico se traducen frecuentemente en un entorpecimiento o una lesi\u00f3n del desarrollo de la c. o de la funci\u00f3n de la c. (fijaci\u00f3n, regresi\u00f3n a estadios anteriores del desarrollo, sentimiento patol\u00f3gico de culpabilidad, ausencia del sentido de culpabilidad, coacci\u00f3n de la c., escr\u00fapulos).<\/p>\n<p>4. La formaci\u00f3n de la c., cuyo objetivo es el desarrollo pleno de su funci\u00f3n mediante la autonom\u00ed\u00ada, la intensidad (profundidad, inmediatez, fuerza de la vivencia) y la extensi\u00f3n del conocimiento moral, tiene lugar, s\u00f3lo en parte, gracias a la instrucci\u00f3n moral y, much\u00ed\u00adsimo m\u00e1s, por el fomento de la actividad de una c. que se dilate hacia toda la gama de las vivencias. Tiene como objetivo la decisi\u00f3n de la c. vivida de la manera m\u00e1s plena posible, y por esta raz\u00f3n no puede dejar a un lado la propia actitud. A causa del contenido parcial, condicionado por el tiempo, el mundo circundante y la propia persona, existe la posibilidad del prejuicio, de la visi\u00f3n unilateral del valor y del error en cada una de las afirmaciones de la c. Es indispensable el examen cr\u00ed\u00adtico y la constante formaci\u00f3n de la c. Como en todo conocimiento de un valor, el respeto y el amor son actitudes imprescindibles tanto para la actividad como para el desarrollo de la c. Hay que tender hacia una c. despierta, delicada que, fiel a toda significaci\u00f3n moral, reacciona r\u00e1pidamente y con la m\u00e1s esmerada ponderaci\u00f3n de todos los datos (lo opuesto es la c. perezosa, embotada, laxa).<\/p>\n<p>5. En las decisiones particulares de la c. desde el punto de vista de la conformidad de su juicio con la norma moral objetiva, se distingue el dictamen verdadero y el err\u00f3neo (conscientia recta-falsa, vera-erronea o error conscientiae). El juicio que precede a la acci\u00f3n (conscientia antecedens) contiene una advertencia, una disuasi\u00f3n del mal o una invitaci\u00f3n al bien; esto \u00faltimo, como recepci\u00f3n de la llamada de un bien que nunca se alcanza plenamente, es una aut\u00e9ntica funci\u00f3n de la c. Consecuente (conscientia consequens) es la mala (que juzga y castiga) y la buena c. Ambas no son simplemente un juicio sobre la bondad o malicia de la propia acci\u00f3n, sino una experiencia del propio \u00abser\u00bb en cuanto que no est\u00e1 en orden, o bien una experiencia de la autoafirmaci\u00f3n como victoria sobre el ataque del mal o de la conformidad consigo mismo, debida a la conformidad con el orden fundamental del -> bien.<\/p>\n<p>II. Teolog\u00ed\u00ada de la conciencia<br \/>\n1. Aspecto b\u00ed\u00adblico<br \/>\nEl AT describe vivencias que se refieren a la c. sin emplear una palabra peculiar, que s\u00f3lo comienza a usarse en la literatura sapiencial. Impl\u00ed\u00adcitamente el AT se refiere a la c. bajo los t\u00e9rminos \u00abcoraz\u00f3n\u00bb, \u00abri\u00f1ones\u00bb y semejantes. La c. est\u00e1 constantemente referida a Dios como una audici\u00f3n de su palabra, como una aceptaci\u00f3n de su voluntad, como un conocimiento del propio estado, de la propia responsabilidad ante Dios, del juicio de Dios. En el NT la c. tiene una importancia central. Con la palabra sine\u00ed\u00addesis, tomada de la filosof\u00ed\u00ada popular contempor\u00e1nea y usada en m\u00faltiples sentidos, Pablo designa las funciones esenciales de la c. en la vida cristiana, sin desarrollar empero una doctrina sistem\u00e1tica. La c. en la que el cristiano se sabe llamado, requerido y juzgado por Dios, que le comunica el conocimiento de los mandamientos y de la gracia (2 Cor 1, 12), es la norma de la conducta ante Dios (Act 24, 16; Rom 13, 5; 1 Cor 10, 25ss; 1 Tim 1, 5 19), ora se trate de la buena c. (2 Tim 1, 3; Heb 13, 18; 1 Pe 2, 19), ora de la mala (1 Tim 4, 2; Tit 1, 15; Heb 10, 2 22). La buena c. nos hace libres e independientes del juicio de los dem\u00e1s hombres (Act 23, 1; 1 Cor 10, 29; 2 Cor 1, 12; 1 Pe 3, 16). En cuanto facultad humana, la c. no puede dar seguridad acerca del juicio de Dios (1 Cor 4, 4). Ella transmite los mandamientos incluso fuera de la revelaci\u00f3n como una ley dada por la naturaleza (Rom 2, 15). Vinculada al conocimiento humano, est\u00e1 sometida al enga\u00f1o, pero sigue siendo norma moral para el interesado (1 Cor 8, 7ss; 10, 25ss; Rom 14). En el cristiano act\u00faa en el -> Esp\u00ed\u00adritu Santo (Rom 9, 1), en virtud de la fuerza de la resurrecci\u00f3n de Cristo (1 Pe 3, 21); no puede purificarse ni perfeccionarse por sacrificios, sino s\u00f3lo por la sangre de Cristo, en virtud del Esp\u00ed\u00adritu eterno (Heb 9, 9 14). La conciencia es a la vez \u00f3rgano de la vida religiosa, a trav\u00e9s del cual se produce la revelaci\u00f3n apost\u00f3lica de la verdad (2 Cor 4, 2) y se conservan puros los misterios de la fe (1 Tim 3, 9). As\u00ed\u00ad puede darse perfectamente una permutaci\u00f3n terminol\u00f3gica con pistis, que tiene en Pablo un car\u00e1cter m\u00e1s intensamente teol\u00f3gico (Rom 14, 23).<\/p>\n<p>2. Visi\u00f3n hist\u00f3rica<br \/>\nLos padres de la Iglesia no siguieron desarrollando las ricas bases teol\u00f3gicas del NT sobre la c. Encontramos numerosas manifestaciones aisladas especialmente en Tertuliano, Or\u00ed\u00adgenes, Cris\u00f3stomo, de manera m\u00e1s profunda en Agust\u00ed\u00adn, que sobre todo describe las funciones religiosas de la c. En la edad media, junto a una notable doctrina religiosa de orden pr\u00e1ctico sobre la c. (Bernardo de Claraval, Petrus Cellensis, Gerson, etc.) y en conexi\u00f3n con un texto de Jer\u00f3nimo (Comentario a Ex., cap. 6), desde el s. xii se desarrolla paulatinamente una sistem\u00e1tica doctrina teol\u00f3gica sobre la c. que tiene como base los conceptos synderesis y conscientia. En general la sind\u00e9resis es entendida como el n\u00facleo natural de la c., el cual ha quedado esencialmente intacto incluso despu\u00e9s del pecado original, como la base aprior\u00ed\u00adstica de la c. en su actividad cognoscitiva y en sus tendencias. Buenaventura atribuye los fen\u00f3menos afectivos de la c. a la \u00absind\u00e9resis\u00bb y las habituales funciones racionales a la c. Tom\u00e1s de Aquino designa la sind\u00e9resis como el h\u00e1bito natural inamisible de los supremos principios morales y entiende por \u00abconscientia\u00bb el juicio actual de la c., logrado mediante la deducci\u00f3n de una conclusi\u00f3n. El pensamiento marcadamente objetivo de la teolog\u00ed\u00ada medieval constitu\u00ed\u00ada una gran dificultad para el reconocimiento pleno del car\u00e1cter normativo de la c. individual, dificultad que, en principio, pudo superar por primera vez Tom\u00e1s de Aquino, que tuvo repercusi\u00f3n en la \u00e9poca posterior. Los reformadores buscaron una concepci\u00f3n de la c. a base de su antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica y de su doctrina de la justificaci\u00f3n. En la edad moderna hubo que luchar por asegurar la visi\u00f3n teol\u00f3gica de la c. frente a una concepci\u00f3n secularizada de la misma, y frente a una autonom\u00ed\u00ada moral.<\/p>\n<p>3. Problem\u00e1tica actual<br \/>\nLa teolog\u00ed\u00ada debe seguir desarrollando la doctrina tradicional hasta lograr una concepci\u00f3n plenamente cristiana, teol\u00f3gica y personal de la c., teniendo adem\u00e1s en cuenta los datos de la -> psicolog\u00ed\u00ada y m\u00e1s concretamente de la &#8211;> psicolog\u00ed\u00ada profunda, as\u00ed\u00ad como de la sociolog\u00ed\u00ada y la etnolog\u00ed\u00ada. Para llegar a esa meta es necesario sobre todo recoger y elaborar el correspondiente contenido doctrinal de la Biblia, e igualmente alcanzar una inteligencia profunda del papel de la c. en toda la vida cristiana, de su importancia para la vida espiritual y concretamente para captar las condiciones individuales de la actuaci\u00f3n moral del creyente. La c. misma no puede equipararse simplemente con la percepci\u00f3n del valor moral y con el saber moral. Primera e inmediatamente capta la dimensi\u00f3n moral m\u00e1s decisiva para la persona, a saber, la llamada al yo humano en una situaci\u00f3n concreta en que \u00e9l ha de tomar una -> decisi\u00f3n. A ello va connaturalmente unida las m\u00e1s de las veces una nueva o m\u00e1s profunda visi\u00f3n del valor material en su relaci\u00f3n a las circunstancias especiales de la persona individual y a la situaci\u00f3n singular en que ella ha de decidir (-> \u00e9tica de situaci\u00f3n). La c. del cristiano, como \u00f3rgano receptivo para la exigencia m\u00e1s decisiva que se plantea al yo humano, en virtud de la fe y a trav\u00e9s de una vivencia inmediata de la importancia de la salvaci\u00f3n para su persona, aprehende la llamada siempre personal que parte de la acci\u00f3n y de la palabra de Dios en la revelaci\u00f3n, o sea, se constituye en c. creyente. La teolog\u00ed\u00ada debe rechazar desde el principio todo intento de reducir la c. a su dimensi\u00f3n moral, si bien \u00e9sta puede ser de hecho el \u00e1mbito de la experiencia de la c. para la vida fuera del campo de la fe religiosa. La c. creyente del cristiano cumple su funci\u00f3n s\u00f3lo cuando todo valor que se hace actual es experimentado hondamente como donaci\u00f3n ben\u00e9vola de la perfecci\u00f3n divina, y toda ocasi\u00f3n de decidir es percibida como kairos, como don y exigencia de Dios, como posibilidad de que el cristiano quede probado en presencia del T\u00fa divino.<\/p>\n<p>III. La conciencia como norma moral<br \/>\nLa c. actualiza internamente la norma objetiva de moralidad en una situaci\u00f3n determinada y de cara a una decisi\u00f3n concreta. Por m\u00e1s que esta funci\u00f3n receptiva no puede concebirse como mera pasividad, por m\u00e1s que la c., sobre la base de la reverencia y del amor personales, ejerza una actividad creadora en el hallazgo del bien debido, de sus delicadas condiciones y de sus posibilidades de irradiaci\u00f3n, por m\u00e1s que ella elabore todo el caudal del saber personal y de la experiencia moral de la vida, sin embargo, con la misma insistencia hemos de entender la c. como instancia mediadora, en el sentido de que ella no pone aut\u00f3nomamente las normas morales. La c. introduce en nosotros (hace propias) las normas objetivas. La relaci\u00f3n entre la norma objetiva y la c. no podemos concebirla a manera de dos magnitudes concurrentes. La -> \u00abley\u00bb objetiva es voluntad y orden de Dios en su obra y acci\u00f3n, que se manifiestan en la c. del hombre que vive en la creaci\u00f3n y en la historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para la orientaci\u00f3n moral dentro de una situaci\u00f3n concreta donde hay que tomar una decisi\u00f3n, la c. es insustituible e insuperable. Su lugar no puede ser ocupado ni por el saber o la opini\u00f3n moral ni por la instrucci\u00f3n heter\u00f3noma. El juicio de la c. es la \u00faltima norma determinante para esta decisi\u00f3n concreta (regula proxima moralitatis), pero no puede convertirse en norma universal para la decisi\u00f3n personal en casos parecidos. El valor moral de una acci\u00f3n se mide exclusivamente por el dictamen que la c. ha emitido una vez ponderado todo el material disponible. Esa fuerza \u00e9ticamente normativa vale plenamente incluso en el aut\u00e9ntico error de c. (error invincibilis), a consecuencia del cual una acci\u00f3n que sigue a la c. puede revestir en un caso particular un car\u00e1cter diferente de la norma objetiva. Como \u00faltima norma subjetiva de la acci\u00f3n moral, el dictamen de la conciencia debe ser claro y concreto, de modo que quede excluida la inseguridad razonable (certitudo moralis). Cuando no se puede alcanzar esta seguridad, se da la c. dudosa (dubium practicum conscientiae; tambi\u00e9n: error vincibilis). La duda propiamente dicha de la c. (la pr\u00e1ctica) no representa ning\u00fan defecto moral, sino que es un necesario eslab\u00f3n de tr\u00e1nsito en las situaciones en que resulta dif\u00ed\u00adcil decidir. El error es posible en toda la extensi\u00f3n de la vida moral como obscuridad sobre las normas morales (dubium iuris) o sobre su aplicaci\u00f3n a cada una de las situaciones especiales de la acci\u00f3n (dubium facti), as\u00ed\u00ad como en el caso de concurrencia de muchas obligaciones morales. Elevadas experiencias de la vida espiritual se mueven con frecuencia en el l\u00ed\u00admite de la c. segura. La situaci\u00f3n m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil es el conflicto de c. o concurrencia de obligaciones contradictorias entre s\u00ed\u00ad, hasta el caso extremo en que la c., a causa del entrelazamiento de la vida y de sus circunstancias y \u00f3rdenes con la injusticia, no ve la posibilidad de emprender ninguna acci\u00f3n sin cometer, pecado (conscientia perplexa). junto a la natural limitaci\u00f3n del conocimiento, en cada hombre son causas de la duda de c. la ignorancia en cosas morales y la insuficiente seguridad del juicio moral.<\/p>\n<p>Actuar con positiva duda pr\u00e1ctica de c. significa indiferencia frente al peligro de pecado (Rom 14, 23). Hay que escoger el camino objetivamente m\u00e1s seguro cuando es incondicionalmente obligatorio conseguir un fin (p. ej., cuando se trata de la administraci\u00f3n v\u00e1lida de los sacramentos). Como norma hay que aspirar a un dictamen de la c. pr\u00e1cticamente seguro: 1), por un esclarecimiento de la situaci\u00f3n moral mediante la propia reflexi\u00f3n o con ayuda del consejo ajeno (certitudo directa); 2), cuando esto es imposible, se debe buscar una decisi\u00f3n moralmente justificada a base de amplias consideraciones morales de car\u00e1cter general (conscientia indirecta sive reflexa); 3 ), finalmente, el cristiano debe buscar el bien y decidirse por \u00e9l partiendo de toda su actitud moral (riesgo en sentido positivo), y poniendo en juego la \u00faltima fuerza moral de la persona, para emprender el camino a trav\u00e9s de una obscuridad irremediable por puro amor y fidelidad a Dios. La tentativa de superar en lo posible la duda insoluble de c. por la v\u00ed\u00ada refleja con ayuda de un universal principio racional y formulable, ha conducido hist\u00f3ricamente a la formaci\u00f3n de los llamados sistemas morales. La superaci\u00f3n de la duda de c. requiere sobre todo prudencia.<\/p>\n<p>Rudolf Hofmann<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. Valores y contravalores en nuestra sociedad. &#8211; 2. Aspectos psicoevolutivos de la conciencia moral. &#8211; 3. Comprensi\u00f3n cristiana de la conciencia moral. 3.1. El anuncio del Reino y las propuestas \u00e9ticas de Jes\u00fas. 3.2. Jes\u00fas al revelar al Padre revela lo que significa ser hombre. 3.3. El seguimiento de Jes\u00fas hoy y aqu\u00ed\u00ad. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/conciencia-moral\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCONCIENCIA MORAL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15979","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15979","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15979"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15979\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15979"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15979"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15979"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}