{"id":1598,"date":"2016-02-04T22:53:47","date_gmt":"2016-02-05T03:53:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cruz\/"},"modified":"2016-02-04T22:53:47","modified_gmt":"2016-02-05T03:53:47","slug":"cruz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cruz\/","title":{"rendered":"CRUZ"},"content":{"rendered":"<p>v. Madero<br \/>\nMat 10:38; Luk 14:27 el que no toma su c y sigue<br \/>\nMat 16:24; Mar 8:34 ni\u00e9guese a s\u00ed .. y tome su c<br \/>\nMat 27:32; Mar 15:21 obligaron a que llevase la c<br \/>\nMar 10:21 te falta .. ven, s\u00edgueme, tomando tu c<br \/>\nMar 15:30 s\u00e1lvate a ti mismo, y desciende de la c<br \/>\nLuk 9:23 ni\u00e9guese .. tome su c cada d\u00eda, y s\u00edgame<br \/>\nJoh 19:17 \u00e9l, cargando su c, sali\u00f3 al lugar llamado<br \/>\n1Co 1:17 para que no se haga vana la c de Cristo<br \/>\n1Co 1:18 la palabra de la c es locura a los que se<br \/>\nGal 5:11 tal caso se ha quitado el tropiezo de la c<br \/>\nGal 6:12 no padecer persecuci\u00f3n a causa de la c<br \/>\nGal 6:14 gloriarme, sino en la c de nuestro Se\u00f1or<br \/>\nEph 2:16 mediante la c reconciliar con Dios a<br \/>\nPhi 2:8 obediente hasta la muerte, y muerte de c<br \/>\nPhi 3:18 que son enemigos de la c de Cristo<br \/>\nCol 1:20 la paz mediante la sangre de su c<br \/>\nCol 2:14 quit\u00e1ndola de en .. y clav\u00e1ndola en la c<br \/>\nHeb 12:2 sufri\u00f3 la c, menospreciando el oprobio<\/p>\n<hr>\n<p>Cruz    (heb. \u00eats, \u00ab\u00e1rbol\u00bb; gr. staur\u00f3s, \u00abestaca\u00bb, \u00abpalo\u00bb, \u00abcruz\u00bb).  Poste enterrado en la tierra en posici\u00f3n vertical, a menudo con un trozo perpendicular a \u00e9l, en su parte superior, para formar una T o una cruz.  La crucifixi\u00f3n* era un m\u00e9todo caracter\u00ed\u00adstico de ejecuci\u00f3n romana.  Sin embargo, nunca se aplicaba a ciudadanos romanos, pues esta forma de castigo se reservaba para las personas m\u00e1s despreciadas: los esclavos, los peores criminales y los no romanos.  Al someterse a esa forma de muerte, Cristo se humill\u00f3 hasta lo sumo (Phi 2:8).  Sobre todos los crucificados se pronunciaba una maldici\u00f3n (cf Deu 21:23; G\u00e1. 3:13).  Parece que este modo de ejecuci\u00f3n fue introducido en Palestina por Ant\u00ed\u00adoco Ep\u00ed\u00adfanes c 165 a.C.  La lenta muerte en la cruz era verdaderamente horrenda, porque las v\u00ed\u00adctimas segu\u00ed\u00adan viviendo muchas horas, y a veces hasta varios d\u00ed\u00adas.  Entre los jud\u00ed\u00ados, la forma m\u00e1s corriente de ejecuci\u00f3n era el apedreamiento, aunque tambi\u00e9n exist\u00ed\u00ada la posibilidad del ahorcamiento o del empalamiento de los cuerpos muertos sobre una viga o un \u00e1rbol para exponerlos a la verg\u00fcenza p\u00fablica (Dt, 21:22, 23).  El Salvador habl\u00f3 de la cruz como de un s\u00ed\u00admbolo de sacrificio propio (Mat 10:38; 16:24).  Como lo proclamaron los ap\u00f3stoles, el evangelio estaba centrado en la crucifixi\u00f3n y resurrecci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or (1Co 2:2; etc.), y con Pablo la cruz lleg\u00f3 a ser un t\u00e9rmino abarcante para hablar del mensaje de salvaci\u00f3n mediante Cristo (1Co 1:18; G\u00e1. 6:14; Phi 3:18; Col 1:20). \u00abY yo, si fuere levantado de la tierra -dijo Jes\u00fas-, a todos atraer\u00e9 a m\u00ed\u00ad mismo\u00bb (Joh 12:32).  141. Cruz estucada con lo que parece ser un reclinatorio para orar enfrente de ella. Se la descubri\u00f3 en 1939 en una casa de Herculano, vivienda que fue destruida en el 79 d.C. por efectos de la erupci\u00f3n del volv\u00e1n Vesubio.  Una de las cruces aparentemente cristianas m\u00e1s tempranas que se haya encontrado hasta ahora es la que se grab\u00f3 en la pared estucada de una casa de Herculano, descubierta en 1939.  Debajo de ella hay un peque\u00f1o gabinete de madera que se cree haya sido un reclinatorio para orar o un altar (fig 141).  Otras cruces antiguas fueron grabadas en osarios (recept\u00e1culos para los huesos), tal vez cristianos, en Jerusal\u00e9n.  V\u00e9anse Ahorcar; Barrab\u00e1s; Clavo.  Bib.: FJ-AJ xii.5.4.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>(gr., stauros). Sus usos b\u00ed\u00adblicos incluyen:<br \/>\n( 1 )  el instrumento de tortura hecho de madera,<br \/>\n( 2 )  la cruz como una representaci\u00f3n simb\u00f3lica de redenci\u00f3n y<br \/>\n( 3 )  muerte en la cruz, o sea, crucifixi\u00f3n. La palabra se deriva del lat. crux. La cruz de madera exist\u00ed\u00ada en cuatro diferentes formas:<br \/>\n( 1 )  la crux immisa, el tipo generalmente presentado en arte, en la cual el madero vertical se extiende sobre el madero que forma la cruz, que tradicionalmente se considera la forma de cruz en la cual Jes\u00fas sufri\u00f3 y muri\u00f3;<br \/>\n( 2 )  la crux commissa o \u2020\u0153Cruz de San Antonio\u2020\u009d en la forma de la letra \u2020\u0153T\u2020\u009d;<br \/>\n( 3 )  la cruz griega, en la cual los maderos vertical y horizontal de la cruz son de igual tama\u00f1o; y<br \/>\n( 4 )  la crux decussata o \u2020\u0153Cruz de San Andr\u00e9s\u2020\u009d, en la forma de la letra \u2020\u0153X\u2020\u009d.<\/p>\n<p>La crucifixi\u00f3n era una de las formas m\u00e1s crueles y b\u00e1rbaras de muerte conocidas al hombre. Se practicaba, especialmente en tiempos de guerra, por los fenicios, cartagineses, egipcios y m\u00e1s tarde por los romanos. Era tan pavorosa que, incluso en la era precristiana, los cuidados y dificultades de la vida se comparaban con frecuencia a una cruz. La agon\u00ed\u00ada de la v\u00ed\u00adctima crucificada la causaba<br \/>\n( 1 )  el car\u00e1cter doloroso pero no fatal de las heridas infligidas,<br \/>\n( 2 )  la posici\u00f3n anormal del cuerpo, que el m\u00e1s ligero movimiento causaba tortura adicional y<br \/>\n( 3 )  la fiebre traum\u00e1tica inducida por estar colgado durante un per\u00ed\u00adodo tan largo de tiempo.<\/p>\n<p>En 1Co 1:17, la predicaci\u00f3n (kerygma) de la cruz se manifiesta como la divina locura en contraste con la sabidur\u00ed\u00ada terrenal. En Eph 2:16 se presenta como el medio de reconciliaci\u00f3n. En Col 1:20 la paz se ha efectuado a trav\u00e9s de la cruz. En Col 2:14 los castigos de la ley han sido removidos del creyente por la cruz. El hecho de que Pablo, siendo un romano, para quien uno crucificado era objeto de desprecio (1Co 1:17), y como un hebreo piadoso, para quien alguien colgado era maldito (Gal 3:13), lleg\u00f3 a gloriarse (Gal 6:14) en la cruz ser\u00ed\u00ada uno de los absurdos de la historia si no fuera por el hecho de que el Ap\u00f3stol reconoc\u00ed\u00ada al Crucificado como el Cristo de Dios (Gal 2:20).<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l fue la raz\u00f3n f\u00ed\u00adsica de la muerte de Cristo? Recientes estudios m\u00e9dicos han buscado una respuesta a la cuesti\u00f3n. Cuando a una persona se le suspende por sus dos manos, la sangre r\u00e1pidamente se va hacia las extremidades inferiores del cuerpo. Dentro de los seis a 12 minutos siguientes, la presi\u00f3n sangu\u00ed\u00adnea ha bajado a la mitad, en tanto que el pulso se ha duplicado. Al coraz\u00f3n se le priva de sangre y el desmayo sigue. La muerte durante la crucifixi\u00f3n se debe a la falla del coraz\u00f3n. Las v\u00ed\u00adctimas de crucifixi\u00f3n generalmente no sucumben por dos o tres d\u00ed\u00adas. Se apresuraba la muerte mediante el \u2020\u0153crucifragio\u2020\u009d o rompimiento de las piernas. Pero cuando llegaron a Jes\u00fas, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas (Joh 19:33).<\/p>\n<p>a veces se encend\u00ed\u00ada un fuego bajo la cruz para que el humo sofocara a la v\u00ed\u00adctima.<\/p>\n<p>Entre los jud\u00ed\u00ados, un tipo de poci\u00f3n estupefaciente fue preparada por las piadosas mujeres de Jerusal\u00e9n, bebida que Cristo rechaz\u00f3 (Mar 15:23).<\/p>\n<p>A esa clase de muerte tan cruel se humill\u00f3 quien era coigual con Dios (Phi 2:5).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(Ver \u00abDolor\u00bb, \u00abRedenci\u00f3n\u00bb).<\/p>\n<p> &#8211; Cristo muere en cruz: \u00abCrucifixi\u00f3n\u00bb &#8211; Es la se\u00f1al del cristiano: Mat 10:38Mat 16:24, Luc 14:26-27, 33, Jua 15:18-25, Jua 16:1-4, Jua 16:20-23, Jua 16:33.<\/p>\n<p> &#8211; Predicaci\u00f3n de la cruz.<\/p>\n<p> 1Co 1:17, Gal 6:11-12., todo 2 Cor.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>ver, CRUCIFIXI\u00ed\u201cN<\/p>\n<p>vet, Este t\u00e9rmino no figura en el AT, pero fuera de Israel la crucifixi\u00f3n era un suplicio com\u00fan a diversos pueblos de la antig\u00fcedad. (V\u00e9ase CRUCIFIXI\u00ed\u201cN). Se ve del relato de la crucifixi\u00f3n que la cruz era de madera (Col. 2:14), pesada, pero que un hombre robusto pod\u00ed\u00ada portar (Mt. 27:32; Mr. 15:21; Lc. 23:26; Jn. 19:17); es por ello dudoso que tuviera las inmensas dimensiones con que aparece en ciertas representaciones art\u00ed\u00adsticas. Era levantada antes o despu\u00e9s de haberse fijado en ella la v\u00ed\u00adctima, aunque es probable que en la mayor parte de los casos fuera antes. Los tres principales tipos de cruz son: (a) La cruz llamada generalmente cruz de San Andr\u00e9s, que tiene forma de X. (b) Una cruz an\u00e1loga a la letra T. (c) La cruz que conocemos en forma de pu\u00f1al. Es probable que la cruz de Cristo tuviera la forma del tipo (c), como com\u00fanmente se representa art\u00ed\u00adsticamente, por cuanto permit\u00ed\u00ada mejor que las otras la fijaci\u00f3n, en la parte superior, de un cartel con el nombre, el t\u00ed\u00adtulo, y el crimen del reo (Mt. 27:37; Mr. 15:26; Lc. 23:38; Jn. 19:19). Hasta la muerte de Cristo, e incluso despu\u00e9s, la cruz suscit\u00f3 el horror y la repulsi\u00f3n, como sucede en nuestros d\u00ed\u00adas con el cadalso (Jn. 19:31; 1 Co. 1:23; G\u00e1. 3:13; Fil. 2:8; He. 12:2; 13:13). Llevar la cruz significa as\u00ed\u00ad incurrir en el oprobio y las calumnias. Despu\u00e9s de la crucifixi\u00f3n, los disc\u00ed\u00adpulos m\u00e1s ardientes asumieron una actitud totalmente diferente a este respecto. Pablo se gloriaba de la cruz de Cristo (G\u00e1. 6:14), lo que significaba, para el ap\u00f3stol, el perd\u00f3n de los pecados gracias a Cristo, la muerte y resurrecci\u00f3n con El (Ef. 2:16; Col. 1:20). Jes\u00fas mismo emple\u00f3 la cruz en sentido figurado y espiritual (Mt. 10:38; 16:24). Antes de la era cristiana, los caldeos, fenicios, egipcios, y numerosos pueblos de oriente, empleaban la cruz bajo una u otra forma, como s\u00ed\u00admbolo sagrado. Los espa\u00f1oles la descubrieron en el siglo XVI entre los indios de M\u00e9jico y de Per\u00fa, pero con un significado totalmente distinto al que tiene para nosotros.<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[245]<br \/>\n   Instrumento de suplicio, pat\u00ed\u00adbulo, lugar de escarmiento, s\u00ed\u00admbolo del misterio cristiano redentor, pues en la cruz quiso libremente morir Jes\u00fas. Los cristianos la convertir\u00e1n precisamente en referencia religiosa, haciendo de lo insensato c\u00e1tedra de sabidur\u00ed\u00ada divina.<\/p>\n<p>    Aunque en tiempos precristianos ya se us\u00f3 como elemento ornamental, el uso estuvo vinculado a significaciones esot\u00e9ricas en algunos lugares, seg\u00fan aparece en templos y en sepulcros sobre todo egipcios. No est\u00e1 claro si en esas interpretaciones no se supera la realidad de su uso, tal vez motivado s\u00f3lo por sus formas regulares y su f\u00e1cil ejecuci\u00f3n.<\/p>\n<p>    En el siglo primero, los Romanos usaban dos formas preferentes de cruz: la \u00abcrux commissa\u00bb, de palo horizontal ensamblado o soportado por el vertical y con el cuerpo aferrado al horizontal; y la \u00abcrux immissa o capitata\u00bb, en la que el palo vertical sobresal\u00ed\u00ada en un fragmento por la parte superior del ajusticiado y de brazos iguales. Es la probable cruz usada con Jes\u00fas por la tabla con la sentencia en tres idiomas. (Mt. 27.37)<\/p>\n<p>    El arte se encargar\u00ed\u00ada luego de diversificar las formas: cruz griega, de iguales distancias los cuatro extremos; la cruz latina, de mayor extensi\u00f3n el palo descendente; cruz de San Andr\u00e9s, en forma de aspa o X, que s\u00f3lo aparece desde el siglo X, recogiendo la leyenda de la muerte de este Ap\u00f3stol.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>El signo caracter\u00ed\u00adstico del cristiano<\/p>\n<p>\tLa \u00abcruz\u00bb es el s\u00ed\u00admbolo del misterio de Cristo y, consecuentemente, del cristianismo. Con la \u00abse\u00f1al\u00bb de la cruz invocamos a Dios Amor, uno y trino, Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo, y profundizamos el misterio de la encarnaci\u00f3n y de la redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>\tPor la fe cristiana se descubre la cruz como epifan\u00ed\u00ada de todo el misterio de Cristo entregando su vida en manos del Padre, el Hijo ya podr\u00e1 comunicar el agua o vida nueva del Esp\u00ed\u00adritu (Jn 19,30-37). La redenci\u00f3n y la fuerza de la misi\u00f3n llega a su cenit por la \u00abexaltaci\u00f3n\u00bb de Jes\u00fas en la cruz (Jn 3,14-15; 12,32; Fil 2,9). As\u00ed\u00ad Jes\u00fas, como \u00abheredero de todas las cosas\u00bb (Heb 1,2), podr\u00e1 orientar a toda la humanidad en la din\u00e1mica trinitaria del amor (1Cor 9,6; Ef 2,18).<\/p>\n<p>\tHumillaci\u00f3n y exaltaci\u00f3n<\/p>\n<p>\tEl misterio de Cristo, presentado en su dimensi\u00f3n \u00abken\u00f3tica\u00bb (por medio de la cruz), se muestra con toda su riqueza verdadero hombre, verdadero Dios, el Se\u00f1or resucitado, el Salvador, centro de la creaci\u00f3n y de la historia, plenitud de la existencia humana, fuente de los carismas del Esp\u00ed\u00adritu, Esposo de la Iglesia, epifan\u00ed\u00ada de la Trinidad&#8230; El misterio de Cristo, siendo \u00abken\u00f3tico\u00bb o de humillaci\u00f3n, es, por ello mismo, trascendente, hist\u00f3rico, escatol\u00f3gico, carism\u00e1tico, liberador, expresi\u00f3n de la \u00abgloria\u00bb del Padre.<\/p>\n<p>\tLa encarnaci\u00f3n, la cruz y la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas tienen la capacidad de levantar a cualquier ser humano de toda prostraci\u00f3n. A unos gentiles que quer\u00ed\u00adan verle, Jes\u00fas les habla de su misterio pascual, de su \u00abexaltaci\u00f3n\u00bb en la cruz para \u00abatraer todas las cosas\u00bb a \u00e9l (Jn 12,20-32). El Mes\u00ed\u00adas, \u00abgloria de su pueblo Israel\u00bb, es, por su humillaci\u00f3n e inmolaci\u00f3n, \u00abla luz para iluminar a los pueblos\u00bb (Lc 2,32). Desde Nazaret hasta el Calvario, toda la vida de Jes\u00fas se expresa en \u00absignos\u00bb salv\u00ed\u00adficos, cuyo punto culminante tiene lugar en el costado abierto de Cristo muerto en cruz. Por la oblaci\u00f3n en la cruz, esos signos manifiestan su gloria de \u00abHijo de Dios\u00bb, que invita a \u00abcreer para tener vida en su nombre\u00bb (Jn 20,30-31).<\/p>\n<p>\tSin esta dimensi\u00f3n de fe, la donaci\u00f3n de Jes\u00fas en la cruz no pasar\u00ed\u00ada de ser un fracaso, \u00abun esc\u00e1ndalo para los jud\u00ed\u00ados y una necedad para los griegos\u00bb (1Cor 1,23). Por esto, \u00abvino a su casa y los suyos no le recibieron\u00bb (Jn 1,11). Pero el esc\u00e1ndalo de Nazaret (Lc 4,29), el de Cafarna\u00fan (Jn 6,60ss) y el de la cruz, tienen origen en el amor de Cristo por el hombre hasta querer \u00absalvar a otros\u00bb sin liberarse a s\u00ed\u00ad mismo de la muerte (Lc 23,35). Este \u00absigno de contradicci\u00f3n\u00bb (Lc 2,34) de la humanidad de Cristo crucificado, es el \u00fanico camino de salvaci\u00f3n para el hombre.<\/p>\n<p>\tEpifan\u00ed\u00ada de Dios Amor<\/p>\n<p>\tEn la cruz tiene lugar la m\u00e1xima epifan\u00ed\u00ada de la Trinidad. Cuando Jes\u00fas se entrega totalmente al amor del Padre, manifiesta que es \u00abel Verbo vuelto hacia Dios\u00bb (Jn 1,1), en quien contemplamos al Padre (Jn 14,12). En \u00e9l, crucificado por amor, el Padre nos dice \u00abEste es mi Hijo muy amado, en quien me complazco, escucharle\u00bb (Mt 17,5). La expresi\u00f3n del amor mutuo entre el Padre y el Hijo, es el Esp\u00ed\u00adritu Santo, que es el \u00abagua viva\u00bb comunicada por Jes\u00fas como fruto de su inmolaci\u00f3n (Jn 7,38-39; 19,34). La cruz es la \u00faltima \u00abpalabra\u00bb con que Cristo ha revelado el rostro paterno de Dios.<\/p>\n<p>\tPor la inmolaci\u00f3n en la cruz, que es culmen de toda su vida siempre \u00abdonada\u00bb, Cristo se ha \u00abexpropiado\u00bb de s\u00ed\u00ad para mostrar a Dios Amor. Entonces \u00e9l se hace \u00abel Camino\u00bb para que el hombre llegue a la participaci\u00f3n en su filiaci\u00f3n divina. Con nosotros, vuelve al Padre, haci\u00e9ndonos pasar por la \u00abkenosis\u00bb del vac\u00ed\u00ado, del silencio, de la cruz.<\/p>\n<p>\tLa cruz, es decir, la inmolaci\u00f3n de Jes\u00fas en ella, es la m\u00e1xima expresi\u00f3n de su amor redentor \u00abLlev\u00f3 nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que, muertos al pecado, vivi\u00e9ramos para la justicia, y por sus heridas hab\u00e9is sido curados\u00bb (1Pe 2,24). El secreto de Jes\u00fas consiste en sufrir amando. Personalmente \u00e9l \u00abcarg\u00f3 con su cruz\u00bb, que era la nuestra (Jn 19,17). La fuerza de la cruz, para \u00abatraer todas las cosas\u00bb hacia Cristo (Jn 12,32), procede de la humillaci\u00f3n y aniquilamiento, \u00abcomo el granito de trigo que muere en el surco\u00bb para producir la espiga (Jn 12,24).<\/p>\n<p>\tParticipar en la cruz de Cristo<\/p>\n<p>\tLlamamos \u00abcruz\u00bb tambi\u00e9n a la participaci\u00f3n del cristiano en este misterio, por medio del sufrimiento transformado en donaci\u00f3n. Por esto, la vida cristiana es eminentemente crucificada. El amor, en Dios y en nosotros, es siempre oblativo. El sufrimiento se convierte en cruz y, a veces, en martirio, como \u00abcomplemento\u00bb de los sufrimientos de Cristo (Col 1,24). Hay que \u00abmirar\u00bb con fe \u00abal que traspasaron\u00bb, para comprender el misterio de la cruz en la vida humana (Jn 19,33-37). El seguimiento cristiano consiste en \u00abtomar la cruz\u00bb a imitaci\u00f3n de Cristo (Mt 10,38).<\/p>\n<p>\tLa Iglesia de Cristo est\u00e1 marcada por la cruz. \u00abLa Iglesia va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, anunciando la cruz del Se\u00f1or hasta que venga\u00bb (LG 8). De este modo, \u00abpor la cruz llega a aquella luz que no conoce ocaso\u00bb (LG 9). La Iglesia esposa est\u00e1 representada \u00abjunto a la cruz\u00bb por \u00abla Madre de Jes\u00fas\u00bb, \u00abla mujer\u00bb que se asocia a la hora de Cristo (Jn 19,25-27; cfr. Jn 2,4)<\/p>\n<p>\tNo caben explicaciones de la cruz al margen de los criterios del mismo Cristo \u00abEra preciso que el Mes\u00ed\u00adas sufriera todo esto para entrar en su gloria\u00bb (Lc 24,26). Para Cristo, la \u00abcruz\u00bb es la expresi\u00f3n m\u00e1xima del amor, el sacrificio total de s\u00ed\u00ad mismo. La explicaci\u00f3n de este misterio la puede dar y captar s\u00f3lo el amor \u00abCristo nos am\u00f3 y se entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo en sacrificio por nosotros\u00bb (Ef 5,2). \u00abLa cruz de Cristo es a medida de Dios, porque nace del amor y se completa en el amor\u00bb (DM 7).<\/p>\n<p>\tEl mensaje cristiano de la cruz tiene las caracter\u00ed\u00adsticas de esperanza en una transformaci\u00f3n total. \u00abCristo, sufriendo, ha tocado con su cruz las ra\u00ed\u00adces mismas del mal las del pecado y las de la muerte\u00bb (SD 26). A partir del sufrimiento convertido en cruz de Cristo (suya y nuestra), se descubre una nueva dimensi\u00f3n de la existencia \u00abLos manantiales de la fuerza divina brotan precisamente en medio de la debilidad humana\u00bb (SD 27). Por esto se anuncia que \u00abla cruz es como un toque del amor eterno sobre las heridas m\u00e1s profundas de la existencia terrena del hombre\u00bb (DM 28).<\/p>\n<p>\tLa fuerza misionera de la cruz<\/p>\n<p>\tEl \u00abmisterio pascual\u00bb de Cristo es un \u00abpaso\u00bb por la cruz hacia la glorificaci\u00f3n (Jn 13,1; Lc 24,26). La fuerza divina de la cruz aparece en la resurrecci\u00f3n \u00abNosotros predicamos a un Cristo crucificado&#8230; que es fuerza de Dios y sabidur\u00ed\u00ada de Dios\u00bb (1Cor 1,23-24). \u00abGracias al sacrificio de Cristo en la Cruz, la victoria del Reino de Dios ha sido conquistada de una vez para siempre; sin embargo, la condici\u00f3n cristiana exige la lucha contra las tentaciones y las fuerzas del mal\u00bb (CA 25).<\/p>\n<p>\tEn la \u00abhumillaci\u00f3n\u00bb y \u00abexaltaci\u00f3n\u00bb de Cristo (cfr. Fil 2,5-8) \u00abse describe el misterio de la Encarnaci\u00f3n y de la Redenci\u00f3n, como despojamiento total de s\u00ed\u00ad, que lleva a Cristo a vivir plenamente la condici\u00f3n humana y a obedecer hasta el final el designio del Padre. Se trata de un anonadamiento que, no obstante, est\u00e1 impregnado de amor y expresa el amor. La misi\u00f3n recorre este mismo camino y tiene su punto de llegada a los pies de la cruz\u00bb (RMi 88).<\/p>\n<p>\tLa fuerza apost\u00f3lica del cristianismo radica s\u00f3lo en Cristo resucitado, que fue \u00abexaltado\u00bb, porque \u00abse humill\u00f3 hasta la muerte de cruz\u00bb (Fil 2,8). Por esto el ap\u00f3stol no se averg\u00fcenza de predicar el evangelio, \u00abpara no desvirtuar la cruz de Cristo\u00bb (1Cor 1,17). La cruz es el signo de una fuerza sobrenatural que act\u00faa a trav\u00e9s de los signos pobres de la misi\u00f3n de Cristo y de la Iglesia.<\/p>\n<p>Referencias Coraz\u00f3n de Cristo, dolor, Eucarist\u00ed\u00ada, martirio, redenci\u00f3n, sacrificio, sangre.<\/p>\n<p>Lectura de documentos LG 42; DM 7-8; SD (todo el documento; CA 25; RMi 88; VS 85-89, 114, 120; CEC 616-618.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV., Teolog\u00ed\u00ada de la cruz (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1979); AA.VV., Sabidur\u00ed\u00ada de la cruz (Madrid, Narcea, 1980); AA.VV., La croce di Cristo unica speranza. Atti del III Congresso internazionale \u00abLa sapienza della croce oggi\u00bb (Roma, Ediz. CIPI, 1996); B.M. AHERN, Cruz, en Nuevo Diccionario de Espiritualidad (Madrid, Paulinas, 1991) 409-419; H.U. Von BALTHASAR, La gloire et la croix (Aubier, 1965); E. CANONICI, Dolore che salva (Ediz. Porziuncola 1992); O. CASEL, Misterio de la cruz (Madrid 1964); J. ESQUERDA BIFET, La fuerza de la debilidad ( BAC, Madrid, 1993); M.J. LE GUILLOU, Dieu de la gloire, Dieu de la croix, en Evangelizzazione e Ateismo (Roma, Pont. Univ. Urbaniana, 1981) 165-181; J. MASSON, La mission sous la croix, en Evangelizzazione e culture (Roma, Pont. Univ. Urbaniana, 1976) I, 246-261; J. MOLTMANN, El Dios crucificado (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1975); A. PEREZ GORDO, La cruz interpretada por S. Pablo Burgense 36\/1 (1995) 9-60; E. STEIN, Ciencia de la cruz (Burgos, Edit. Monte Carmelo, 1989).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: 1. cruz como s\u00ed\u00admbolo universal. &#8211; 2. La cruz en el nuevo testamento. 2.1. La cruz en cuanto instrumento de suplicio en tiempo de Jes\u00fas. 2.2. La cruz de Jes\u00fas seg\u00fan los evangelios sin\u00f3pticos. 2.3. La cruz en el evangelio de Juan. 2.4. La cruz en los escritos paulinos.<\/p>\n<p>1. La cruz como s\u00ed\u00admbolo universal<br \/>\nLa palabra griega \u00f3s (lat\u00ed\u00adn ; espa\u00f1ol ) significa propiamente \u00abpalo\u00bb o \u00abestaca\u00bb terminada en punta, que originariamente no connotaba la idea de suplicio o instrumento de muerte. La palabra , en cambio, significa en lat\u00ed\u00adn principalmente \u00abmadero de suplicio\u00bb o \u00abpalo de tormento\u00bb, y ten\u00ed\u00ada entre los romanos la forma de T o +. En espa\u00f1ol y otras lenguas modernas la palabra \u00abcruz\u00bb trae a la mente la imagen de dos palos o l\u00ed\u00adneas cruzadas. Cruces en esta forma existen ya desde el neol\u00ed\u00adtico, y aunque su significaci\u00f3n no est\u00e1 del todo claro, parece que podr\u00ed\u00ada tratarse de se\u00f1ales, adornos o s\u00ed\u00admbolos c\u00f3smico-religiosos. Sin significado a\u00fan cristiano aparece la cruz en sus variadas formas en las distintas culturas antiguas: como una equis X, conocida tambi\u00e9n como cruz de san Andr\u00e9s, t\u00ed\u00adpica de los aztecas, s\u00ed\u00admbolo de las cuatro regiones del mundo (crux decussata) tau may\u00fascula griega T o en forma de martillo, arma del dios n\u00f3rdico y s\u00ed\u00admbolo del rayo (crux commissa), cruz griega con travesa\u00f1o y palo vertical de igual longitud +, que corresponde a la letra , \u00faltima del antiguo alfabeto hebreo, y aparece con alguna frecuencia en el arte jud\u00ed\u00ado (crux quadrata), cruz latina con el palo horizontal m\u00e1s largo que el travesa\u00f1o t (crux immissa), cruz en forma de rueda \u00c2\u00ae, que podr\u00ed\u00ada representar el disco solar y sus rayos, en el indu\u00ed\u00adsmo significa, sin embargo, la vida en su movimiento circular y se encuentra, adem\u00e1s, con sentido casi sacral en el arte arquitect\u00f3nico de Asia y Europa (p. ej. quadrata en cuanto ciudad dividida en cuatro partes), como cruz gamada, que en el budismo significa la consecuci\u00f3n de la vida aut\u00e9ntica mediante la superaci\u00f3n del movimiento circular de la vida (crux gammata) y cruz con asa en la parte superior (crux ansata), jerogl\u00ed\u00adfico egipcio, s\u00ed\u00admbolo de \u00abvida\u00bb, que los cristianos coptos adoptaron ya antes del 391 d.C. como signo cristiano. La cruz es mencionada como s\u00ed\u00admbolo del mundo en Plat\u00f3n con la letra griega x (f). Desde el punto de vista filos\u00f3fico-fenomenol\u00f3gico la cruz en cuanto s\u00ed\u00admbolo universal significa \u00abdiferencia, contraste, oposici\u00f3n y supresi\u00f3n, sirve para marcar, trazar l\u00ed\u00adneas y estigmatizar y expresa acontecimiento, hecho, ruptura, dolor y muerte\u00bb a diferencia del c\u00ed\u00adrculo que encierra la idea de \u00abplenitud, riqueza, don, alegr\u00ed\u00ada, respeto y valor\u00bb (p. ej. el anillo, la rueda, el sol) (cf. H. ROMBACH, 1977, p. 140). El hecho de que el s\u00ed\u00admbolo de la cruz exist\u00ed\u00ada ya en muchas culturas antiguas, como en Mesopotamia, el mundo germano, Am\u00e9rica del Norte y Central, antigua Roma as\u00ed\u00ad como en Asia Central, en el Extremo Oriente y otras regiones del mundo, contribuy\u00f3 notablemente a que la cruz cristiana como signo de salvaci\u00f3n fuera r\u00e1pidamente aceptada por los diversos pueblos con ocasi\u00f3n de su evangelizaci\u00f3n. Antes del emperador Constantino (306-337) se encuentran pocas cruces con significado ciertamente cristiano, generalmente en sepulcros.<\/p>\n<p>2. La cruz en el Nuevo Testamento<br \/>\n2.1. cruz en cuanto instrumento de suen tiempo de Jes\u00fas<br \/>\nCuando leemos el NT o escuchamos que Jesucristo muri\u00f3 en la \u00abcruz\u00bb (staur\u00f3s; ), nos imaginamos la cruz de Jes\u00fas como las que estamos acostumbrados a ver en nuestros ambientes cristianos. Pero \u00bfc\u00f3mo fue realmente la cruz en que muri\u00f3 Jes\u00fas aquel viernes santo del mes de Nis\u00e1n? La cruz romana como instrumento de suplicio pod\u00ed\u00ada ser simplemente un madero en el que se colgaba al condenado a muerte, que mor\u00ed\u00ada por asfixia, pero ordinariamente el madero vertical ten\u00ed\u00ada en la parte superior un travesa\u00f1o, bien fuera en la forma de una tau griega may\u00fascula (crux commissa) o de una cruz latina (crux immissa). Como no hay pruebas hist\u00f3ricas de que los pies de los crucificados se apoyasen en un estribo (suppedaneum), hay que suponer que el madero vertical ten\u00ed\u00ada un asiento (sedile) para sujetar el cuerpo del ajusticiado. La cruz no era m\u00e1s alta que el tama\u00f1o de una persona, y la de Jes\u00fas, que seg\u00fan los evangelistas fue colocada entre las de los dos ladrones (Mt 27,38; Mc 15,27; Lc 23,33; Jn 19,18), no sobresal\u00ed\u00ada, probablemente, entre las de \u00e9stos. Los evangelistas afirman tambi\u00e9n que encima de su cabeza se puso escrita su causa: \u00abEste es Jes\u00fas, el rey de los jud\u00ed\u00ados\u00bb (Mt 27,37; Mc 15,26; 23,38; 19,19). Fuera del caso de la crucifixi\u00f3n de Jes\u00fas no se han encontrado testimonios literarios o arqueol\u00f3gicos de que se colocase un letrero en la cruz de los crucificados con la menci\u00f3n de la causa (Jn 19,19).<\/p>\n<p>2.2. cruz de Jes\u00fas \u00fan los evangelios sin\u00f3pticos<br \/>\nLa cruz significa en los sin\u00f3pticos y los Hechos de los ap\u00f3stoles el madero en que muri\u00f3 Jes\u00fas por sentencia de Poncio Pilato (Mc 15,13-15.20.24-25.27 par.). Entre los dichos de Jes\u00fas que nos han trasmitido los sin\u00f3pticos hay uno en dos versiones distintas (Q y Mc), que menciona la cruz y cuyo significado no es del todo claro: \u00abEl que no toma su cruz y viene en pos de m\u00ed\u00ad, no puede ser mi disc\u00ed\u00adpulo\u00bb (Mt 10,38\/Lc 14,27Q) y \u00abSi alguno quiere venir en pos de m\u00ed\u00ad, ni\u00e9guese a s\u00ed\u00ad mismo, tome su cruz y s\u00ed\u00adgame\u00bb (Mt 16,24\/Mc 8,37\/Lc 9,23). No hay inconveniente en atribuir a Jes\u00fas este dicho y hacerlo remontar a su ministerio p\u00fablico, cuando ya hab\u00ed\u00ada deca\u00ed\u00addo el primer entusiasmo de las masas por su predicaci\u00f3n. Tal vez emplea Jes\u00fas un dicho corriente que se refer\u00ed\u00ada a la crucifixi\u00f3n de cualquier condenado a muerte, un hecho no raro en Palestina en tiempo de la dominaci\u00f3n romana, sin necesidad de suponer que Jes\u00fas aludiese a su futura muerte en la cruz (Schelkle, Passion 218-219). El horizonte de la vida p\u00fablica de Jes\u00fas en Galilea, despu\u00e9s de lo que podr\u00ed\u00adamos llamar \u00abprimavera galilaica\u00bb (E Mussner) hab\u00ed\u00ada comenzado a oscurecerse. Los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas sab\u00ed\u00adan muy bien qu\u00e9 significaba y ad\u00f3nde conduc\u00ed\u00ada el llevar la cruz a cuestas, puesto que era costumbre que los crucificados mismos llevasen su cruz al lugar del suplicio. Con esta exhortaci\u00f3n pide Jes\u00fas a sus disc\u00ed\u00adpulos que est\u00e9n dispuestos a entregar su vida por \u00e9l, sigui\u00e9ndole incluso hasta el martirio. Lc ha suavizado el dicho de Jes\u00fas, aplic\u00e1ndolo metaf\u00f3ricamente al martirio cotidiano del cristiano.<\/p>\n<p>A la luz de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, su muerte en la cruz adquiri\u00f3 un nuevo sentido: hab\u00ed\u00ada sido la condici\u00f3n necesaria para entrar en su gloria y otorgar el perd\u00f3n de los pecados a todos los hombres (Lc 24,7.26.47). Jes\u00fas resucitado no pierde su condici\u00f3n de \u00abcrucificado\u00bb (participio pert. griego: estauromenos), que pasa al t\u00ed\u00adtulo de Cristo o Mes\u00ed\u00adas (\u00abel Crucificado: Mt 28,5, Mc 16,6; 1Cor 1,23; 2,2; G\u00e1l 3,1). Lc en los Hechos no se cansa de predicar que Jes\u00fas es el Mes\u00ed\u00adas porque seg\u00fan las Escrituras hab\u00ed\u00ada muerto en la cruz y hab\u00ed\u00ada resucitado (He 2,22-36; 17,3). En Mt 24,30 se menciona el \u00absigno del Hijo del hombre\u00bb que m\u00e1s tarde es interpretado por los padres de la Iglesia como la cruz de Cristo (Didaj\u00e9 16,6; Cirilo de Jerusal\u00e9n, sis 13,41).<\/p>\n<p>2.3. cruz en el evangelio de Juan<br \/>\nEn el EvJn la cruz se refiere expl\u00ed\u00adcita y exclusivamente a la muerte de Jes\u00fas; es interesante observar que la palabra \u00abcruz\u00bb (staur\u00f3s) y el verbo \u00abcrucificar\u00bb (staur\u00f3o) s\u00f3lo se encuentran en el cap. 19 del cuarto evangelio, o sea, en el momento en que la cruz se convierte en una realidad cruda. En otros cap\u00ed\u00adtulos se alude a la muerte de cruz, pero quedando la cruz rodeada de un cierto halo misterioso y divino (12,33; 18,32). La muerte de Cristo en la cruz se significa en el EvJn con el verbo \u00abexaltar\u00bb (griego \/yps\u00f3o: \u00abelevar\u00bb). La acci\u00f3n de ser elevado Jes\u00fas en la cruz se convierte en su exaltaci\u00f3n a la derecha del Padre (3,14; 8,28; 12,32-34; 13,31-32); seg\u00fan el Evangelista Juan la cruz es el trono de Jes\u00fas. La cruz expresa en el EvJn el retorno del Hijo al Padre: su venida al mundo hab\u00ed\u00ada comenzado con la encarnaci\u00f3n (1,14); en la cruz el retorno llega a su meta (cf. 17,1-5; 19,30 [\u00abtodo est\u00e1 cumplido\u00bb: est]; 20,17). A veces se ha acentuado exageradamente que el EvJn s\u00f3lo conoce una \u00abteolog\u00ed\u00ada de la gloria\u00bb (as\u00ed\u00ad E. K\u00e1semann por atribuir un car\u00e1cter semidoceta al EvJn); es evidente, sin embargo, que el evangelista Juan tambi\u00e9n conoce una \u00abteolog\u00ed\u00ada de la cruz\u00bb >coraz\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>2.4. cruz en los escritos paulinos<br \/>\nP es el autor del NT que m\u00e1s consecuentemente ha desarrollado una \u00abteolog\u00ed\u00ada de la cruz\u00bb. Por una parte, se coloca P en el punto de vista del mundo pagano y le da, en cierto sentido, la raz\u00f3n al afirmar que la cruz es lo m\u00e1s necio que se pueda imaginar el hombre, y, si en ella se busca la salvaci\u00f3n, la locura llega al m\u00e1s alto grado de paroxismo. P coincide desde es-te punto de vista con la opini\u00f3n del mundo pagano (cf. Cicer\u00f3n, Rabirio, 5,16), y tambi\u00e9n con el jud\u00ed\u00ado, para quien la cruz es un esc\u00e1ndalo, ya que \u00abel colgado (sobre el madero) es objeto de maldici\u00f3n divina\u00bb (Dt 21,23): un Mes\u00ed\u00adas colgado de la cruz es un contrasentido y no hay ning\u00fan texto del juda\u00ed\u00adsmo contempor\u00e1neo de Jes\u00fas que hable de un Mes\u00ed\u00adas crucificado. Por otra parte, defiende P con vehemencia la fe de los creyentes de que por medio de la necedad de la cruz Dios ha obrado la salvaci\u00f3n que la humanidad, a pesar de todos sus esfuerzos, no fue capaz de conseguir. Los esfuerzos de la humanidad entera por alcanzar la justificaci\u00f3n o la salvaci\u00f3n se podr\u00ed\u00adan comparar a los del arquero cuyas flechas caen al suelo antes de alcanzar la diana (1 Cor 1,18.21a; cf. tambi\u00e9n Rom 1,18-3,19). Tambi\u00e9n en la Carta a los G\u00e1lahabla P del fracaso de sus esfuerzos, cuando no era a\u00fan disc\u00ed\u00adpulo de Jes\u00fas, por alcanzar la justicia proveniente de la Ley (v.13-14; 2,16). La convicci\u00f3n de que el Crucificado es el Mes\u00ed\u00adas, que \u00e9l hab\u00ed\u00ada odiado hasta entonces, el Hijo de Dios, le vino a P, sin duda, en su encuentro con Jes\u00fas en el camino de Damasco (G\u00e1l 1, 16). Las expresiones \u00abpalabra de la Cruz\u00bb (1 Cor 1,18) y \u00abCrucificado\u00bb (2,2) son el compendio de la teolog\u00ed\u00ada paulina. Dios \u00abal que no conoci\u00f3 pecado, le hizo pecado por nosotros, a fin de que nosotros vini\u00e9semos a ser justicia de Dios en \u00e9l\u00bb (2Cor 5,21). En el sacrificio de la cruz Cristo se identific\u00f3 en cierto sentido con los hombres pecadores para expiar sus pecados (cf. G\u00e1l 3,13-14). El cristiano se ha identificado con Cristo en el bautismo (Rom 6,3-11) y debe ratificar cada d\u00ed\u00ada esa identificaci\u00f3n dando muerte a la carne y sus obras (G\u00e1l 5,24). El Ap\u00f3stol es un \u00abcrucificado\u00bb, unido a Cristo crucificado (2,19; 6,14).<\/p>\n<p>Para los creyentes \u00abla palabra de la cruz\u00bb, es decir, \u00abCristo crucificado\u00bb es \u00abpoder de Dios y sabidur\u00ed\u00ada de Dios\u00bb (1Cor 1,23-24). La predicaci\u00f3n de Jesucristo en cuanto \u00abcrucificado\u00bb encierra la sublime sabidur\u00ed\u00ada de Dios, que los pr\u00ed\u00adncipes de es-te mundo no pudieron conocer ni sospechar, pues de lo contrario no habr\u00ed\u00adan crucificado al \u00abRey de la gloria\u00bb (2,6-9b). A los creyentes les ha sido revelada la sabidur\u00ed\u00ada de la cruz por el Esp\u00ed\u00adritu (v.9c-12). Sin embargo, los corintios se equivocaron, por-que ofuscados por la sabidur\u00ed\u00ada humana (2,14; 3,1-4) o experiencias carism\u00e1ticas halagadoras (13,1-4), no eran consecuentes en su vida cristiana con el mensaje de la cruz: confiaban m\u00e1s en su saber humano o experiencias humanas que en la cruz y no practicaban la caridad verdadera, cuyo ejercicio est\u00e1 estigmatizado o marcado por la cruz (3,3-4; 8,9-13,47; 5,16-26).<\/p>\n<p>En los escritos deuteropaulinos se contin\u00faa la teolog\u00ed\u00ada de la cruz con otros matices que en P. En Col el bautismo significa, como en Rom 6,5-11; G\u00e1l 5,24, la muerte del creyente con Cristo (3,3) y su ser sepultado con Cristo (2,12), pero sin que se mencione ya m\u00e1s el \u00abser crucifica-do con Cristo\u00bb. En 1,20; 2,14-15 la reconciliaci\u00f3n del cosmos aparece ligada a la cruz, un pensamiento ajeno a P en sus cartas aut\u00e9nticas. La carta a los Efesios habla s\u00f3lo de la resurrecci\u00f3n de los creyentes, que ha tenido lugar ya en cierto sentido por la fe (2,6; cf. tambi\u00e9n Col 2,12; 3,1). Seg\u00fan Ef 2,16 la cruz hace posible la unidad de la Iglesia, compuesta de jud\u00ed\u00ados y gentiles. En Heb 6,6; 12,2 aparece la cruz como se\u00f1al de burla e ignominia. -*sacrificio; \u00f3n.<\/p>\n<p>Rodr\u00ed\u00adguez Ruiz<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>1. Muerte de Jes\u00fas<\/p>\n<p>(-> muerte, Jes\u00fas). El signo de la cruz constituye quiz\u00e1 la mayor aportaci\u00f3n del cristianismo a la simbolog\u00ed\u00ada de las religiones. Ciertamente, un tipo  de cruz se ha utilizado desde hace mucho tiempo, como s\u00ed\u00admbolo solar (cruces aspadas, lauburus) o como signo de todo el cosmos, especialmente en clave espacial (cuatro l\u00ed\u00adneas abiertas a los cuatro puntos cardinales que se cruzan en un centro). Sin embargo, ninguno de esos elementos constituye el rasgo espec\u00ed\u00adfico de la cruz cristiana, que ha empezado siendo un signo de tortura y un pat\u00ed\u00adbulo donde Jes\u00fas ha muerto, en contra de las expectativas y esperanzas de sus seguidores. Pero esa cruz, con un hombre muerto en ella, siendo en principio el esc\u00e1ndalo supremo de la fe, se ha interpretado despu\u00e9s, partiendo de la pascua, como s\u00ed\u00admbolo mesi\u00e1nico y como principio de seguimiento cristiano.<\/p>\n<p>(1) El esc\u00e1ndalo de la cruz ha sido formulado de manera cl\u00e1sica por Pablo: \u00abLos jud\u00ed\u00ados piden se\u00f1ales y los griegos buscan sabidur\u00ed\u00ada, pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, esc\u00e1ndalo para los jud\u00ed\u00ados y locura para los gentiles, en cambio, para los llamados, poder y sabidur\u00ed\u00ada de Dios, porque lo insensato de Dios es m\u00e1s sabio que los hombres, y lo d\u00e9bil de Dios es m\u00e1s fuerte que los hombres\u00bb (1 Cor 1,2225). M\u00e1s a\u00fan, Pablo sabe que, conforme a la Ley de Israel, la cruz es una maldici\u00f3n: \u00abMaldito es aquel que ha sido colgado de un madero\u00bb (Gal 3,10, con cita de Dt 27,26). Los evangelios han escenificado esa maldici\u00f3n de la cruz en unos relatos de fuerte dramatismo. Los espectadores que pasan ante el Calvario se mofan de Jes\u00fas crucificado y, de un modo especial, lo hacen los sacerdotes y escribas, indicando con sus burlas que Dios ha rechazado a Jes\u00fas. La cruz no es para ellos un signo de presencia, sino de abandono de Dios: \u00ab\u00c2\u00a1Ay, t\u00fa que destru\u00ed\u00adas el templo y lo reedificabas en tres d\u00ed\u00adas! \u00c2\u00a1S\u00e1lvate a ti mismo, bajando de la cruz!&#8230; Y de manera semejante, los sumos sacerdotes, ri\u00e9ndose entre s\u00ed\u00ad, con los escribas, dec\u00ed\u00adan: \u00c2\u00a1A otros salv\u00f3 y a s\u00ed\u00ad mismo no puede salvarse! \u00c2\u00a1El Mes\u00ed\u00adas! \u00c2\u00a1El rey de Israel! \u00c2\u00a1Que baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos! (Mc 15,2832). El mismo Jes\u00fas reconoce el esc\u00e1ndalo y grita: \u00ab.Elo\u00ed\u00ad, Elo\u00ed\u00ad, letn\u00e1 sabactan\u00ed\u00ad?, es decir: Dios m\u00ed\u00ado, Dios m\u00ed\u00ado, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb (Mc 15,34), ratificando con su fracaso y soledad el esc\u00e1ndalo de una vida humana sometida a la injusticia y sufrimiento.<\/p>\n<p>(2)  Un esc\u00e1ndalo anunciado: era necesario. Para aquellos que saben leer las Escrituras y la paradoja de la historia humana, la cruz se ha venido a presentar como signo supremo de solidaridad de Jes\u00fas con los pobres, llegando a ser de esa manera un s\u00ed\u00admbolo mesi\u00e1nico. Esto es lo que han descubierto y formulado los cristianos cuando han dicho que era necesario (dei): era necesario que el Hijo del Hombre padeciera (Mc 8,31 par), compartiendo as\u00ed\u00ad la suerte de los hombres y mujeres que buscan y fracasan, que sufren y no logran descubrir la verdad. Ellos, los dolientes de la tierra, los perdedores de la historia son ahora la comunidad de Jes\u00fas, forman su Iglesia. Esta no es una necesidad ontol\u00f3gica, vinculada a los mitos del eterno retorno del sufrimiento, sino una necesidad hist\u00f3rica, que la Escritura hab\u00ed\u00ada ido descubriendo y mostrando en algunos de sus textos m\u00e1s paradigm\u00e1ticos (el siervo* sufriente del Segundo Isa\u00ed\u00adas, el justo perseguido de Sab 2). Este descubrimiento de la necesidad del sufrimiento constituye la primera norma interpretativa cristiana del Antiguo Testamento, el principio hermen\u00e9utico supremo de la Iglesia (cf. Lc 24,26.44; Hch 1,16).<\/p>\n<p>(3)  El Cristo crucificado. Los investigadores no han llegado todav\u00ed\u00ada a un acuerdo total sobre la manera en que Jes\u00fas entendi\u00f3 su tarea mesi\u00e1nica; pero es evidente que el letrero de la cruz: \u00abJes\u00fas nazareno, rey de los jud\u00ed\u00ados\u00bb (cf. Mc 15,26 par) ha golpeado la conciencia de los cristianos, de manera que han querido destacar la verdad de ese letrero. Lo que Pilato hab\u00ed\u00ada hecho escribir en son de burla y condena lo toman ellos como signo de la verdad de Dios. En esa l\u00ed\u00adnea se sit\u00faan las m\u00e1s solemnes confesiones de Pablo, que entiende a Jes\u00fas crucificado como presencia y revelaci\u00f3n suprema de Dios (cf. 1 Cor 1,13.22; Flp 2,8; 3,18). Loque era esc\u00e1ndalo insalvable se convierte as\u00ed\u00ad en principio de fe. La cruz es la se\u00f1al m\u00e1s alta de la presencia de Dios.<\/p>\n<p>(4)  Tomarla cruz. Desde aqu\u00ed\u00ad se puede dar un paso m\u00e1s y afirmar que el camino de la cruz constituye el signo distintivo de los creyentes. As\u00ed\u00ad lo dice Pablo cuando afirma que s\u00f3lo quiere conocer a Cristo y a Cristo crucificado (1 Cor 2,2), para a\u00f1adir despu\u00e9s que \u00e9l mismo desea estar y est\u00e1 crucificado con Jes\u00fas (cf. Gal 2,20; 3,1). Desde aqu\u00ed\u00ad se entien  den las palabras m\u00e1s novedosas de los sin\u00f3pticos: \u00abSi alguno quiere venir en pos de m\u00ed\u00ad, ni\u00e9guese a s\u00ed\u00ad mismo, tome su cruz y s\u00ed\u00adgame. Todo el que quiera salvar su vida, la perder\u00e1; y todo el que pierda su vida por causa de m\u00ed\u00ad y del evangelio, la salvar\u00e1\u00bb (Mc 8,34-35). Rehacer el camino de la cruz de Jes\u00fas desde su mensaje de Reino, en clave de pascua; \u00e9sta es la novedad del cristianismo.<\/p>\n<p>Cf. R. E. BROWN, La muerte del Mes\u00ed\u00adas I, Verbo Divino, Estella 2005; H. SCH\u00dcRMANN, \u00bfC\u00f3mo entendi\u00f3 y vivi\u00f3 Jes\u00fas su muerte?, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982; El destino de Jes\u00fas. Su vida y su muerte, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 2004.<\/p>\n<p>CRUZ<br \/>\n2. Signo de Dios<\/p>\n<p>(-> Dios, encamaci\u00f3n, pasi\u00f3n, resurrecci\u00f3n). A partir de la experiencia cristiana primitiva, expresada por Pablo y los sin\u00f3pticos, lo mismo que por el evangelio de Juan (cf. Jn 12,32), la cruz ha venido a presentarse como signo de Dios y de la salvaci\u00f3n de los hombres.<\/p>\n<p>(1)  Podemos presentar a Dios sin cruz, como una esfera, encerrado en su quietud eterna, sin dolores ni problemas, sin cambios ni muerte en el mundo. Notas suyas ser\u00ed\u00adan la inmutabilidad, autocontemplaci\u00f3n y poder\u00ed\u00ado: lo tiene todo y por tanto nada necesita. Frente a los restantes seres que ha creado, \u00e9l se enclaustra inexorable en su propia perfecci\u00f3n. Un Dios as\u00ed\u00ad, sin Cruz ni amor, es para muchos hombres y mujeres de este tiempo un enemigo. Pero el Dios de Jesucristo se introduce por la Cruz en nuestra historia y muere dentro de ella en favor de los humanos. Es un Dios de libertad, no es poder que goza obligando a que los otros le rindan reverencia, sino amor que se ofrece en gratuidad, abriendo as\u00ed\u00ad un espacio de vida compartida para todos.<\/p>\n<p>(2)  Los cristianos confiesan que Dios se expresa (se realiza humanamente) en la historia salvadora de la Cruz de Cristo. As\u00ed\u00ad entienden la Cruz como un momento integrante del proceso de amor, que brota del Padre, suscitando al Hijo como ser distinto de s\u00ed\u00ad mismo y capaz de responderle. El mismo Padre se regala (se pierde) dando su vida a Jesucristo: no clausura para s\u00ed\u00ad riqueza alguna, no conserva ego\u00ed\u00adstamente nada, sino que entrega a Jes\u00fas todo lo que tiene para que \u00e9l pueda realizarse li bremente. El Hijo Jes\u00fas, que ha recibido la vida del Padre, se la ofrece nuevamente, poni\u00e9ndose en sus manos cuando entrega su vida por el Reino (en favor de los humanos). Entendida as\u00ed\u00ad, la Cruz, como expresi\u00f3n de entrega personal (poner la vida en manos del otro), pertenece a la esencia del amor, forma parte del misterio interno de Dios, entendido seg\u00fan Jn 17 y Mt 11,25-27 como amor del Hijo y del Padre. Dios es amor y no hay amor sin que el amante ofrezca su vida al amado, como el Padre que se entrega absolutamente al Hijo. No hay amor sin que el amado responda en acogimiento y confianza (Jes\u00fas se ofrece al Padre, poni\u00e9ndose en sus manos). Esto es lo que aparece representado y realizado humanamente en la Cruz. Eso significa que la cruz pertenece al misterio de Dios. En ella se expresa el don del Padre que regala su vida al Hijo (poni\u00e9ndose en sus manos) y el don del Hijo que responde, devolvi\u00e9ndole la vida.<\/p>\n<p>(3) Hist\u00f3ricamente, Jes\u00fas ha expresado la cruz del amor divino en fonnas de dolor y muerte violenta. Ha querido vivir y ha vivido el amor divino (gratuidad, plena confianza) en medio del conflicto y ego\u00ed\u00adsmo de la historia. As\u00ed\u00ad ha entregado su vida en amor, dej\u00e1ndose matar por el Reino, en cruz que se vuelve asesinato. De esa forma ha expresado el amor pleno del Padre desde la conflictividad de una historia de violencia. Dios ha realizado su misterio de amor (Cruz pascual) dentro de una historia de violencia (Cruz de pecado). Humanamente mirada, la Cruz concreta de Jes\u00fas nace del pecado: \u00e9l muere porque le han matado, como v\u00ed\u00adctima de un asesinato donde se condensan todas las sangres de la historia (cf. Mt 23,35). De esa forma, en un plano hist\u00f3rico, la cruz es resultado de la lucha humana y expresi\u00f3n de la maldad m\u00e1s alta (pecado original) de la historia. Pero, mirada en otro plano, ella aparece como Cruz pascual: momento en que se expresa y culmina el amor de Dios dentro del mundo. Precisamente all\u00ed\u00ad donde los hombres quieren imponerse por la fuerza, instaurando su violencia, revela Dios su amor y Jes\u00fas le responde en amor pleno, muriendo en favor de ellos. Ambas cruces (la del pecado y la de la pascua) son inseparables y forman la \u00fanica Cruz del Hijo de Dios (del amor trinitario) dentro de la historia.  Por ella ha expresado Jes\u00fas su amor mesi\u00e1nico en clave de gratuidad (ha muerto por el Reino) y el Padre Dios le ha respondido de forma salvadora, acogi\u00e9ndole en la muerte y resucit\u00e1ndole en su amor (Esp\u00ed\u00adritu Santo), para bien de los hombres.<\/p>\n<p>(A) La necesidad de la cruz es necesidad de gracia y no de imposici\u00f3n o destino c\u00f3smico. Seg\u00fan eso, el dei (era necesario: cf. Mc 8,31 par; Lc 24,7.26) forma parte del misterio de la gracia de Dios que s\u00f3lo puede relacionarse con los hombres en gesto de amor que se entrega y da vida. Mirada as\u00ed\u00ad, la cruz pertenece al tiempo primigenio de la realizaci\u00f3n de Dios que s\u00f3lo existe amando de manera creadora. Por eso, la Cruz no es algo que Dios ponga a la fuerza sobre las espaldas de los otros, reserv\u00e1ndose ego\u00ed\u00adstamente un gozo sin Cruz, sino que ella constituye el centro y camino del misterio divino: s\u00f3lo siendo Cruz en s\u00ed\u00ad Dios puede ofrecerla a los humanos para que en ella culminen su existencia. Lo contrario podr\u00ed\u00ada ser sadismo. Por la Cruz, sabemos que el hombre s\u00f3lo es due\u00f1o de s\u00ed\u00ad mismo y creador de vida en la medida en que se entrega, como semilla de vida, en favor de los otros: \u00absi el grano de trigo no muere&#8230;\u00bb (Jn 12,24). S\u00f3lo quien pierde su vida para bien de los dem\u00e1s la encuentra y recupera.<\/p>\n<p>(5) La Cruz, una experiencia trinitaria. Retablo de la Cartuja de Miraflores. El signo de la cruz ha sido interpretado de muchas formas a lo largo de la historia cristiana, como pone de relieve el modelo exeg\u00e9tico de la Wirkungsgeschichte o historia del influjo del texto. Escogemos como ejemplo una representaci\u00f3n cl\u00e1sica: el retablo mayor de la Cartuja de Miraflores, en Burgos, Castilla. Dentro del \u00f3valo de la divinidad, el Padre y el Esp\u00ed\u00adritu, revestidos de s\u00ed\u00admbolos reales, sostienen la cruz. Por encima sobrevuela el pel\u00ed\u00adcano de Dios, la vida como entrega de muerte y como nuevo nacimiento donde se supera la muerte. En la parte inferior aparecen, como entrando en el \u00f3valo sagrado, la madre de Jes\u00fas y el disc\u00ed\u00adpulo querido, signo y compendio de la Iglesia. El \u00f3valo de Dios es un mandala: el c\u00ed\u00adrculo de Dios, completo en s\u00ed\u00ad, pero abri\u00e9ndose por la cruz de Jes\u00fas hacia la Iglesia. Dios es amor en s\u00ed\u00ad mismo, Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu, un Dios a quien nadie ha visto, pero que se abre y manifiesta por Jes\u00fas crucificado, que brota de su mismo seno divino (cf. Jn 1,18). Como dice Pablo, los jud\u00ed\u00ados quieren obras, se\u00f1ales poderosas del Dios creador; los griegos buscan sabidur\u00ed\u00ada, conocimiento del misterio, pero \u00abnosotros predicamos al Cristo crucificado, que es esc\u00e1ndalo para los jud\u00ed\u00ados, necedad para los griegos (los gentiles). Para nosotros, los elegidos, es Cristo fuerza de Dios y sabidur\u00ed\u00ada de Dios. Porque lo necio de Dios es m\u00e1s sabio que los hombres y lo d\u00e9bil de Dios es m\u00e1s fuerte que los hombres\u00bb (1 Cor 1,23-25). Cristo crucificado es la sabidur\u00ed\u00ada, justicia, santidad y redenci\u00f3n de Dios (1 Cor 1,30). Pero hay algo m\u00e1s: el Dios de la Cruz de la Cartuja es un Dios que se hace presente como misterio trinitario. Comencemos por los dos extremos, donde est\u00e1n el Padre y el Esp\u00ed\u00adritu, como contrapuestos, formando las dos alas de la divinidad, sosteniendo la cruz de Jesucristo. Ambos, unidos y distintos, Padre y Esp\u00ed\u00adritu son los portadores del misterio. El Padre aparece con los rasgos de gran sacerdote del Antiguo Testamento que recibe la ofrenda de Jes\u00fas y le sostiene en el momento mismo de su muerte. El Esp\u00ed\u00adritu presenta tambi\u00e9n rasgos personales y as\u00ed\u00ad forma la pareja o complemento de Dios Padre; lleva en su cabeza la corona imperial, como signo de plenitud, expresi\u00f3n del mundo nuevo que surge por la entrega de Jes\u00fas, el Cristo; por otra parte, \u00e9l aparece como joven todav\u00ed\u00ada no sexuado o, quiz\u00e1 mejor, como doncella, mostr\u00e1ndose as\u00ed\u00ad como rostro femenino y materno de Dios. Ciertamente, Dios desborda todas las figuras y representaciones sexuales de la tierra, pero puede presentarse como Padre masculino y como Esp\u00ed\u00adritu femenino, que se reflejan de alg\u00fan modo en las dos figuras inferiores del retablo, la madre de Jes\u00fas y el disc\u00ed\u00adpulo amado, que, como hemos dicho, penetran en el \u00f3valo de la divinidad. Pero, dicho esto, debemos a\u00f1adir que s\u00f3lo podemos hablar del Padre y el Esp\u00ed\u00adritu mirando al Hijo crucificado a quien ellos sostienen, como amor encamado que se entrega por los hombres. Eso significa que s\u00f3lo podemos comprender a Dios mirando hacia la cmz. Y s\u00f3lo entenderemos la cmz si la miramos desde Dios. Teniendo eso en cuenta podemos volver hacia lo alto de la escena, donde vemos el pel\u00ed\u00adcano de Dios. No es la paloma del Esp\u00ed\u00adritu Santo, sino el ave de la divinidad total, que preside sobre el misterio, indic\u00e1n  donos sus rasgos primordiales. Conforme a una tradici\u00f3n antigua, el pel\u00ed\u00adcano se hiere hasta morir, dando su sangre para que de esa forma puedan crecer y alimentarse los polluelos (hijo) con la vida de su madre. As\u00ed\u00ad sucede en Dios: es la vida que se entrega hasta la muerte, haciendo posible el surgimiento y despliegue de la vida. Se entrega Dios por nosotros en Cristo, como pel\u00ed\u00adcano de amor que muere para dar vida a los hombres. En este contexto, queremos recordar que en el Antiguo Testamento el pel\u00ed\u00adcano era un ave impura (cf. Lv 11,18; Dt 14,17). Aqu\u00ed\u00ad aparece, en cambio, como signo de Dios.<\/p>\n<p>Cf. M. Karrer, Jesucristo en el Nuevo Testamento, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 2002; J. Moltmann, El Dios crucificado, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1975; X. Pikaza, Este es el Hombre. Cristolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Sec. Trinitario, Salamanca 1997; H. U. von Balthasar, \u00abEl misterio pascual\u00bb, MS III, 2,143-336.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>Tanto para los paganos como para los griegos, la cruz significaba en general la necedad, la incomprensible pretensi\u00f3n de Cristo de ser Mes\u00ed\u00adas, de ser hombre de Dios. Las cualidades del Crucificado no pueden ser de ning\u00fan modo \u2014a los ojos de paganos y griegos\u2014 las cualidades de Dios. El Crucificado no tiene nada de la fuerza, potencia, superioridad que parecen caracter\u00ed\u00adsticas de la divinidad: demuestra, m\u00e1s bien, sumisi\u00f3n, inferioridad, debilidad. En el Crucificado no se ve ni a un Dios ni a un h\u00e9roe, y su clase de muerte ni siquiera se puede comparar con la de un sabio, corno S\u00f3crates, que muere en la calma y la nobleza de su decisi\u00f3n.  En el caso de Jes\u00fas, hay dram\u00e1ticos sobresaltos, sangre, oscuridad, crueldad.      Tanto menos divina aparece la muerte de cruz de Cristo cuanto m\u00e1s sublime es la idea que se tiene de lo divino: Dios como alguien incapaz de participar en el mundo, incapaz de sentir misericordia por quienes est\u00e1n por debajo de \u00e9l.  Por lo tanto, la cruz rompe totalmente los esquemas seg\u00fan los cuales son concebidos tanto lo divino como lo humano. S\u00f3lo conseguiremos superar esta contradicci\u00f3n cuando, a la luz de la resurrecci\u00f3n de Cristo, tengamos el valor de mirar con los ojos de la fe al crucificado Jes\u00fas de Nazaret y de ver que precisamente all\u00ed\u00ad, en esa cruz, \u00e9l es para nosotros poder y sabidur\u00ed\u00ada de Dios, justicia, santificaci\u00f3n y redenci\u00f3n. En la cruz y desde la cruz, Jes\u00fas nos revela al Padre.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. La cruz, instrumento de suplicio.-II. Jes\u00fas crucificado.-III. El misterio de la cruz en los evangelios.-IV. La \u00abPalabra\u00bb de la cruz, \u00abesc\u00e1ndalo\u00bb y \u00ablocura\u00bb .-V. La cruz del cristiano.-VI. El s\u00ed\u00admbolo y el culto de la cruz.-VII. Las teolog\u00ed\u00adas de la cruz.-VIII. La cruz y la Trinidad.-IX. La cruz de Jesucristo, luz sobre el sufrimiento humano.<\/p>\n<p>La cruz de Cristo se ha convertido en el emblema universalmente conocido del cristianismo. En efecto, en ella se recapitula la totalidad del misterio cristiano. Por tanto, es imposible tratar de la cruz bajo todos sus aspectos; aqu\u00ed\u00ad nos contentaremos con lo que se refiere expresamente a la cruz en la Escritura, al culto cristiano, a la tradici\u00f3n de la Iglesia y a la t\u00e9olog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>I. La cruz, instrumento de suplicio<br \/>\nDebido a su forma pl\u00e1stica, la cruz es en la historia de las religiones, antes y fuera del cristianismo, un signo ampliamente difundido como ornamento y como s\u00ed\u00admbolo a la vez. La pr\u00e1ctica antigua de la crucifixi\u00f3n es sin duda de origen persa; la utilizaron en primer lugar los \u00abb\u00e1rbaros\u00bb como castigo pol\u00ed\u00adtico y militar para personas de alto rango. Luego la adoptaron los griegos y los romanos. En el imperio romano iba precedida generalmente de la flagelaci\u00f3n y el condenado llevaba \u00e9l mismo el palo trasversal al lugar del suplicio. La crucifixi\u00f3n ten\u00ed\u00ada variantes diversas: la cruz pod\u00ed\u00ada ser un simple palo erguido, tener la forma de una tau griega, fij\u00e1ndose el palo trasversal en la cima del palo vertical, o la de una horca de dos palos, o tomar tambi\u00e9n la forma de la cruz latina con el palo horizontal metido m\u00e1s profundamente en el vertical. Un letrero indicaba el motivo del suplicio. El condenado pod\u00ed\u00ada estar totalmente desnudo, cabeza arriba o cabeza abajo, a veces empalado, con los brazos extendidos. Este suplicio se utilizaba s\u00f3lo para las clases bajas de la sociedad y los esclavos. Normalmente no estaban sometidos a&#8217;\u00e9l los ciudadanos romanos, a no ser que la gravedad de sus cr\u00ed\u00admenes los hiciera considerar como dignos de verse privados de sus derechos c\u00ed\u00advicos. Se aplicaba tambi\u00e9n a los extranjeros sediciosos, a los criminales y a los bandidos, por ejemplo, en Judea en las diferentes agitaciones pol\u00ed\u00adticas.<\/p>\n<p>A la crueldad propia del suplicio de la crucifixi\u00f3n -que daba libre curso a muchos gestos s\u00e1dicos- correspond\u00ed\u00ada su car\u00e1cter infamante, escandaloso y hasta \u00abobsceno\u00bb. El crucificado se ve\u00ed\u00ada privado de sepultura y era abandonado a las bestias salvajes o a las aves de presa. \u00abMors turpissima crucis\u00bb: \u00abla muerte en la cruz es la infamia suprema\u00bb, escribe Or\u00ed\u00adgenes (In Mt. XXVII, 22: GCS 38, p. 259). Por eso se le atribu\u00ed\u00ada un gran poder de disuasi\u00f3n. Era casi una forma de sacrificio humano. A nadie se le ocurrir\u00ed\u00ada encontrar alguna dignidad en el que padec\u00ed\u00ada sus sufrimientos con valent\u00ed\u00ada. Con algunas excepciones (la parodia del suplicio de Prometeo en Luciano), el tema de la crucifixi\u00f3n est\u00e1 ausente en la mitolog\u00ed\u00ada griega (Plat\u00f3n, pensando en S\u00f3crates, sinti\u00f3 sin embargo la grandeza del justo que sufre: Rep\u00fablica 361e-362a). Estas pocas observaciones ayudan a comprender la fuerza de la \u00ablocura\u00bb y del \u00abesc\u00e1ndalo\u00bb de la cruz que los cristianos presentaban como un mensaje de salvaci\u00f3n. Los paganos, escribe Justino, \u00abdicen que nuestra demencia consiste en poner a un hombre crucificado en segundo lugar, del Dios inmutable y eterno, el Dios creador del mundo\u00bb (Apolog\u00ed\u00ada I, 13, 4).<\/p>\n<p>II. Jes\u00fas crucificado<br \/>\nLa crucifixi\u00f3n de Jes\u00fas nos es bien conocida por los relatos evang\u00e9licos. El \u00abcrucificado bajo Poncio Pilato\u00bb est\u00e1 igualmente atestiguado por los historia-dores paganos (T\u00e1cito, Annales XV, 44-45) y jud\u00ed\u00ados (Flavio Josefo, Antig\u00fcedades jud\u00ed\u00adas XVIII, 64). En opini\u00f3n de todos, incluso de los m\u00e1s pesimistas sobre nuestro conocimiento de la historia de Jes\u00fas, es \u00e9ste el acontecimiento atestiguado con mayor claridad de su vida en el plano de la historia. El lugar actual de la Bas\u00ed\u00adlica del Santo Sepulcro era primitivamente una colina que se hab\u00ed\u00ada hecho en la \u00e9poca de los reyes de Jud\u00e1 una cantera de piedra. Pero hab\u00ed\u00ada quedado en un lado un bloque de piedra de configuraci\u00f3n retorcida (11 metros de alto y algunos metros de lado), sin duda inexplotable para la construcci\u00f3n; una vez abandonada la cantera, se hab\u00ed\u00adan abierto tumbas en las paredes verticales que hab\u00ed\u00ada dejado la explotaci\u00f3n. La muralla construida bajo Herodes se levantaba no lejos de la loma de piedra, que a su vez hab\u00ed\u00ada sido terraplenada. Esta loma, que hab\u00ed\u00ada quedado fuera de la ciudad (a diferencia de lo que hoy ocurre) hab\u00ed\u00ada pasado a ser el lugar de las ejecuciones. El nombre de G\u00f3lgota (o \u00ablugar de la calavera\u00bb) puede proceder del aspecto desigual, agujereado y tortuoso de aquel mont\u00ed\u00adculo de piedra blanca. Unos cincuenta metros separan la loma de la tumba excavada en la roca.<\/p>\n<p>III. El misterio de la cruz en los evangelios<br \/>\nEn el NT la cruz es objeto de un doble discurso: la crucifixi\u00f3n se nos narra en primer lugar en los cuatro evangelios y luego pas\u00f3 a ser conceptualizada como el indicativo de un mensaje doctrinal. En los dos casos, la cruz pasa del estatuto de la objeci\u00f3n y de la abyecci\u00f3n al de la exaltaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La pasi\u00f3n de Jes\u00fas, que culmina en su crucifixi\u00f3n, ocupa un lugar literariamente considerable en los relatos evang\u00e9licos. Se ha podido escribir que los evangelios son un relato de la pasi\u00f3n precedido de una larga introducci\u00f3n (M. K\u00e1hler). La organizaci\u00f3n de los cuatro relatos se inscribe en el mismo esquema general y comprende los mismos elementos. El texto de Juan, tan original por otro lado respecto al de los sin\u00f3pticos, coincide con ellos en lo esencial. Este esquema se articula en torno a tres puntos principales: el arresto, los procesos y la crucifixi\u00f3n. En el primer tiempo (unci\u00f3n de Betania, cena, agon\u00ed\u00ada), Jes\u00fas anuncia lo que va a ocurrir e indica su sentido. Expresa su libertad ante el acontecimiento. Si es crucificado, es porque \u00e9l ha pensado que este destino pertenec\u00ed\u00ada al cumplimiento de su misi\u00f3n. Su arresto conduce a un doble juicio, ante el tribunal jud\u00ed\u00ado y ante el romano, que acaba con su condenaci\u00f3n a muerte. En adelante, Jes\u00fas est\u00e1 en manos de sus adversarios, a los que ha sido \u00abentregado\u00bb. En esta secuencia, los evangelistas ponen de relieve la inocencia de Jes\u00fas y el car\u00e1cter injusto de su condenaci\u00f3n. Viene finalmente el relato mismo de la crucifixi\u00f3n, de la muerte y de la sepultura. Los relatos subrayan entonces la dignidad de Jes\u00fas en su manera de morir. Sean cuales fueren sus instancias respectivas, los cuatro relatos tienen la misma tonalidad que los convierte en una especie de \u00abrecitado\u00bb (E. Haulotte), lleno de discreci\u00f3n y de sobriedad,un rasgo que tanto impresion\u00f3 a Pascal. No se trata de un hecho simplemente distinto, ni siquiera de una condenaci\u00f3n injusta, sino de un acontecimiento transcendente cuya figura central sigue siendo el hombre entregado, condenado y crucificado. Seg\u00fan Paul Ricoeur, \u00abla intenci\u00f3n teol\u00f3gica, y m\u00e1s concretamente la proclamaci\u00f3n cristol\u00f3gica, queda incorporada a la estrategia narrativa\u00bb. El relato evang\u00e9lico es un \u00abrelato kerigmatizado\u00bb o un \u00abkerigma narrativo\u00bb (RechScRel 73 [1985] 17-19).<\/p>\n<p>Se constata sin embargo una cierta sobriedad en el uso del vocabulario de la cruz, de la crucifixi\u00f3n y del crucificado. Sus menciones son raras fuera de la pasi\u00f3n y, en la misma pasi\u00f3n no intervienen m\u00e1s que en el tercer tiempo del relato. La crucifixi\u00f3n se describe con concisi\u00f3n y no da lugar a grandes detalles. En los diversos lugares en que Mt o Mc mencionan la cruz, Lc se las ingenia para no hacerlo. Es que en los relatos no es la materialidad de la crucifixi\u00f3n lo que importa, sino su contexto de sentido. Se ofrece una pista principal para ello con la utilizaci\u00f3n de la Escritura, que hab\u00ed\u00ada que invocar para poder \u00abasimilar\u00bb el esc\u00e1ndalo demasiado fuerte de la cruz. El lugar importante de las citas del AT en los relatos de la pasi\u00f3n es fruto de un largo esfuerzo de meditaci\u00f3n del acontecimiento. Sin embargo, la cruz en s\u00ed\u00ad misma no se encuentra \u00abjustificada\u00bb en ninguna Escritura. Los relatos llevan la huella del itinerario recorrido por la fe de los disc\u00ed\u00adpulos entre el choque del primer desconcierto causado por el acontecimiento abyecto &#8216;y escandaloso y el descubrimiento, deslumbrante por la luz de la resurrecci\u00f3n, de la revelaci\u00f3n de Dios y de su salvaci\u00f3n. Al final, el resucitado se sigue llamando el \u00abcrucificado\u00bb (Mt 28,5; Mc 16,6).<\/p>\n<p>En Mt y en Mc se presenta a Jes\u00fas como el justo por excelencia, perseguido y m\u00e1rtir debido a su misi\u00f3n. La instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada se\u00f1ala desde el principio el sentido que Jes\u00fas le da a su muerte pr\u00f3xima, el del don de s\u00ed\u00ad mismo por sus hermanos. Luego el justo es abandonado sucesivamente por sus amigos, juzgado por sus correligionarios jud\u00ed\u00ados y entregado a la muerte por el poder romano. Pero hay m\u00e1s: los dos evangelistas insisten en el abandono de Jes\u00fas en la cruz (Mt 27, 46; Mc 15, 34). El grito de desamparo de Jes\u00fas moribundo ha dado lugar a interpretaciones extremas: es ciertamente la expresi\u00f3n de una angustia mortal, pero no es un grito de desesperaci\u00f3n o de rebeld\u00ed\u00ada, ya que sigue siendo una oraci\u00f3n y una pregunta por los caminos de Dios, que surge desde la mayor obscuridad. De momento s\u00f3lo responde el silencio de Dios, pero ese silencio es la manera como \u00e9l se revela. La orquestaci\u00f3n c\u00f3smica y apocal\u00ed\u00adptica del drama revela su alcance: en el momento en que las tinieblas del mundo intentan cubrir la tierra en un acto de \u00abdescreaci\u00f3n\u00bb, la muerte de Jes\u00fas nos devuelve la luz. Porque brill\u00f3 el sol de justicia, en realidad, la respuesta a la pregunta de Jes\u00fas viene de labios del centuri\u00f3n que, \u00abal ver que hab\u00ed\u00ada expirado dando aquel grito, dijo: \u00abVerdaderamente este hombre era hijo de Dios\u00bb (Mc 15, 39). El centuri\u00f3n confes\u00f3 la fe: en este abandono de Jes\u00fas por parte de Dios, supo leer el abandono de Jes\u00fas a Dios y el don del Padre al Hijo.<\/p>\n<p>El evangelio de Lucas recoge muchos de estos elementos, pero los inscribe en un relato que tiene un clima sensiblemente distinto. Insiste en el poder de conversi\u00f3n del acontecimiento en los testigos: no solamente el centuri\u00f3n confiesa que Jes\u00fas era un justo, sino que Pedro llora despu\u00e9s de su negaci\u00f3n, Sim\u00f3n de Cirene \u00abcarga\u00bb con la cruz como si fuera ya un disc\u00ed\u00adpulo, uno de los dos malhechores se convierte, una gran multitud de hombres, y de mujeres regresan golpe\u00e1ndose el pecho, ya arrepentidos. Finalmente, las \u00faltimas palabras de Jes\u00fas son una petici\u00f3n de perd\u00f3n para sus verdugos y una promesa de salvaci\u00f3n inmediata para el \u00abbuen ladr\u00f3n\u00bb. En vez del grito de abandono, Lucas pone en labios de Jes\u00fas una palabra de entrega a Dios (Lc 23, 46), La realidad de la salvaci\u00f3n asoma en un relato que se convierte en algo muy distinto de la narraci\u00f3n de una ejecuci\u00f3n capital.<\/p>\n<p>Al final del proceso de meditaci\u00f3n de la pasi\u00f3n por parte de la generaci\u00f3n de los testigos, el evangelio de Juan presenta la muerte en la cruz de Jes\u00fas como la manifestaci\u00f3n de su gloria. Jes\u00fas \u00abelevado de la tierra\u00bb (Jn 12, 32), lo atrae todo hacia s\u00ed\u00ad. La pasi\u00f3n es introducida por el gesto del lavatorio de los pies y por un largo discurso testamentario, que expresan el amor l\u00facido y decidido de Jes\u00fas. Despu\u00e9s de su arresto, Jes\u00fas es objeto de un trato cruel que toma simb\u00f3licamente el valor de una entronizaci\u00f3n lit\u00fargica. Es presentado al pueblo por Pilato, revestido del manto imperial de p\u00farpura; se le da el t\u00ed\u00adtulo de rey (Jn 19, 14), que le acompa\u00f1ar\u00e1 hasta en su cruz (Jn 19, 19). Crucificado, Jes\u00fas sigue obrando por lossuyos, entregando a su madre al disc\u00ed\u00adpulo amado. El narrador es fiel en subrayar que todo lo que pasa es un cumplimiento de las Escrituras prof\u00e9ticas, hasta el momento en que es traspasado el costado de Jes\u00fas, manando sangre y agua, signos de vida y de fecundidad. La crucifixi\u00f3n de Jes\u00fas es una revelaci\u00f3n de la gloria de Dios que exige simplemente la contemplaci\u00f3n. El cuerpo de Jes\u00fas reina de verdad en el trono de la cruz. Revela c\u00f3mo es Dios, qu\u00e9 es lo que significa el hombre a los ojos de Dios y hasta d\u00f3nde puede llegar Dios en su b\u00fasqueda del hombre. La cruz ha cambiado definitivamente de sentido: no se trata ya de una ejecuci\u00f3n ignomisiosa, sino del cumplimiento de un amor inaudito.<\/p>\n<p>IV. La \u00abPalabra\u00bb de la cruz, \u00abesc\u00e1ndalo\u00bb y \u00ablocura\u00bb<br \/>\nEste movimiento de penetraci\u00f3n del sentido de la cruz, que va del horror escandaloso a la comprensi\u00f3n de su misterio salv\u00ed\u00adfico, se encuentra en las ep\u00ed\u00adstolas paulinas y apost\u00f3licas bajo la forma de la proclamaci\u00f3n doctrinal.<\/p>\n<p>La cruz y la resurrecci\u00f3n forman el coraz\u00f3n del \u00abkerigma\u00bb apost\u00f3lico, es decir, de la proclamaci\u00f3n original de la salvaci\u00f3n realizada por Cristo. \u00abDios ha hecho Se\u00f1or y Cristo a ese Jes\u00fas al que hab\u00e9is crucificado\u00bb (He 2, 36; cf. 2, 23; 4, 10), o que \u00abfue colgado del madero\u00bb (He 10, 39; 13, 29). Las dos pertenecen a la confesi\u00f3n primitiva de la fe, que Pablo transmite despu\u00e9s de haberla recibido, bajo la menci\u00f3n de la muerte: \u00abCristo muri\u00f3 por nuestros pecados, seg\u00fan las Escrituras\u00bb (1 Cor 15, 3).<\/p>\n<p>Las ep\u00ed\u00adstolas paulinas recogen cierto n\u00famero de himnos lit\u00fargicos primitivos que celebran en la alabanza el acontecimiento de Jes\u00fas. El himno de Flp 2, 6-11 presenta el itinerario de Cristo bajo la forma de una gran par\u00e1bola, cuya l\u00ed\u00adnea descendente se hunde hasta el punto extremo de la obediencia \u00abhasta la muerte, y muerte de cruz\u00bb (Flp 2, 8). Va seguida inmediatamente por un \u00aby por eso\u00bb, que introduce el anuncio de la glorificaci\u00f3n de Jes\u00fas. El himno de Col 1, 12-20 menciona igualmente que \u00abDios se complaci\u00f3 en hacer que habitara en \u00e9l toda la plenitud, y reconciliarlo todo por \u00e9l y para \u00e9l, tanto en la tierra con en los cielos, habiendo establecido la paz por la sangre de su cruz\u00bb (Col 1, 19).<\/p>\n<p>Semejante predicaci\u00f3n no pod\u00ed\u00ada menos de provocar la reacci\u00f3n y la oposici\u00f3n tanto de los jud\u00ed\u00ados como de los paganos. Pablo no tarda en darse cuenta de ella en Corinto; pero, lejos de mantener la discreci\u00f3n sobre la \u00abpalabra de la cruz\u00bb, dirige hacia ella su predicaci\u00f3n, proclamando la paradoja seg\u00fan la cual lo que es locura a los ojos de los hombres expresa la m\u00e1s alta sabidur\u00ed\u00ada y el m\u00e1s inmenso poder de Dios: \u00abLos jud\u00ed\u00ados piden milagros y los griegos buscan la sabidur\u00ed\u00ada; pero nosotros predicamos un Cristo crucificado, esc\u00e1ndalo para los jud\u00ed\u00ados, locura para los paganos; en cambio, para los llamados, lo mismo jud\u00ed\u00ados que griegos, un Mes\u00ed\u00adas que es portento de Dios y sabidur\u00ed\u00ada de Dios, porque la locura de Dios es m\u00e1s sabia que los hombres y la debilidad de Dios m\u00e1s potente que los hombres\u00bb (1 Cor 1, 18-25). Y a\u00f1ade: \u00abCon vosotros decid\u00ed\u00ad ignorarlo todo, excepto a Jesucristo, y Jesucristo crucificado\u00bb (1 Cor 2, 2).<\/p>\n<p>Esta evocaci\u00f3n del esc\u00e1ndalo y de la locura de la cruz no tiene nada que ver con una exageraci\u00f3n oratoria. Pablo resume aqu\u00ed\u00ad la reacci\u00f3n espont\u00e1nea de los jud\u00ed\u00ados y de los paganos ante el anuncio de la salvaci\u00f3n ligada a una ejecuci\u00f3n capital ignominiosa. Para los jud\u00ed\u00ados un cad\u00e1ver era impuro y el colgar del \u00e1rbol era el signo de la maldici\u00f3n de Dios (cf. G\u00e1l 3, 13). Pablo se aprovecha de esta reacci\u00f3n negativa para reducir, por el contrario, todo el acontecimiento de Jes\u00fas o su crucifixi\u00f3n. La debilidad de Dios que all\u00ed\u00ad se manifest\u00f3 es infinitamente m\u00e1s poderosa que la fuerza de los hombres (cf. 2 Cor 13, 4). La cruz se convierte por antonomasia en el s\u00ed\u00admbolo de Dios mismo revelado en su Hijo.<\/p>\n<p>Para Pablo la cruz es el acontecimiento de la salvaci\u00f3n, considerado a la vez como la victoria liberadora sobre las fuerzas del mal y como la expresi\u00f3n del perd\u00f3n de Dios. Si Jes\u00fas asume en su carne la situaci\u00f3n del maldito que cuelga del \u00e1rbol (G\u00e1l 3, 13), es para librarnos de la maldici\u00f3n de la Ley. En la cruz Dios ha perdonado tambi\u00e9n nuestros pecados, \u00abcancelando el recibo que nos pasaban los preceptos de la Ley; \u00e9ste nos era contrario, pero Dios lo quit\u00f3 de en medio clav\u00e1ndolo en la cruz; destituyendo a las soberan\u00ed\u00adas y a las autoridades, las ofreci\u00f3 en espect\u00e1culo p\u00fablico, arrastr\u00e1ndolas en el cortejo triunfal de la cruz\u00bb (Col 2, 13-15). De esta manera, el cortejo ignominioso de la ejecuci\u00f3n se convirti\u00f3 en el cortejo de la victoria salv\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>La \u00absangre de la cruz\u00bb ha sido ya evocada: en numerosos textos la sangrese convierte incluso en el sustitutivo de la cruz. La una y la otra se interpretar\u00e1n seg\u00fan el lenguaje sacrificial que procede del AT (Ef 5, 2; 1 Cor 11, 24-25), y desarrollado ampliamente en la carta a los Hebreos, pero con una conversi\u00f3n radical de sentido, ya que no se trata de la sangre de machos cabr\u00ed\u00ados y de toros, sino de la misma sangre de Cristo, es decir, del don existencial de su vida (Heb 9, 11-12), realizado por amor.<\/p>\n<p>La carta a los Efesios celebra la cruz como el instrumento de la reconciliaci\u00f3n de los jud\u00ed\u00ados y de los paganos, esto es, de los mismos que la negaban como esc\u00e1ndalo y locura. Cristo \u00abcon los dos, el jud\u00ed\u00ado y el pagano, cre\u00f3 en s\u00ed\u00ad mismo al hombre nuevo, estableciendo la paz, y a ambos, hechos un solo cuerpo, los reconcili\u00f3 con Dios por medio de la cruz, matando en s\u00ed\u00ad mismo la hostilidad\u00bb (Ef 2, 15-16). El objetivo de la cruz fue transformar una empresa de odio en una obra de amor y de reconciliaci\u00f3n de Dios con los hombres y de los hombres entre s\u00ed\u00ad. La teolog\u00ed\u00ada del cordero inmolado y glorioso subraya el valor eterno de la cruz. (Ap; 1 Pe 1, 19-21).<\/p>\n<p>V. La cruz del cristiano<br \/>\nPero en el NT la cruz no es solamente la de Cristo. Dos logia de los evangelios invitan al disc\u00ed\u00adpulo a \u00abllevar su cruz\u00bb con el Maestro: \u00abSi alguno quiere seguirme, ni\u00e9guese a s\u00ed\u00ad mismo, tome su cruz y s\u00ed\u00adgame. En efecto, el que quiera salvar su vida, la perder\u00e1; pero el que pierde su vida por causa del Evangelio, la salvar\u00e1\u00bb (Mc 8, 34-9, 1;cf. Mt 10, 38-39; Lc 9, 23-27). Y \u00abel que no tome su cruz y me siga no es digno de m\u00ed\u00ad\u00bb. (Mt 10, 38; cf. 16, 24). Esta llamada va dirigida a todos. Llevar la cruz es la manera necesaria de \u00abseguir a Jes\u00fas\u00bb; hacerlo as\u00ed\u00ad exige una renuncia de s\u00ed\u00ad mismo y de los deberes familiares prioritarios (Mt 10, 37). Y conduce a \u00abperder la vida\u00bb. En estas palabras, el tema de la cruz no hace ya referencia al suplicio, sino al sentido que dio Jes\u00fas a su vida y a su muerte. La cruz en ellas se ha hecho inseparable de Jes\u00fas: no se puede estar con Jes\u00fas sin estar con Jes\u00fas crucificado.<\/p>\n<p>Pablo es el disc\u00ed\u00adpulo que mejor formul\u00f3 esta m\u00ed\u00adstica de la cruz de Jes\u00fas. Cuando dijo: \u00abYo estoy crucificado con Cristo y no soy yo el que vivo, sino que Cristo vive en m\u00ed\u00ad\u00bb (G\u00e1l 2,19), evoca primero la realidad de la salvaci\u00f3n, que es una entrada en la muerte y la resurrecci\u00f3n de Cristo (cf. Rom 6, 1-11), y piensa luego en esa salvaci\u00f3n recibida en el bautismo a la que ha de corresponder todo el impulso del cristianismo (cf. Flp 3, 7-11), cuya carne ha sido crucificada con sus pasiones pecadoras (cf. G\u00e1l 5, 24). Pero esta actuaci\u00f3n en la existencia del don recibido ha de ir acompa\u00f1ada de una experiencia concreta de participaci\u00f3n en los sufrimientos de Cristo (cf. 2 Cor 4, 10), especialmente a trav\u00e9s de las persecuciones con que se encontr\u00f3 en el apostolado. As\u00ed\u00ad es como Pablo habla de los que son \u00abperseguidos por la cruz de Cristo\u00bb (G\u00e1l 6, 12) y proclama que \u00ablleva en su cuerpo las marcas (stigmata) de Jes\u00fas\u00bb (G\u00e1l 6, 17). Llegar\u00e1 incluso a decir: \u00abVoy completando en mi carne mortal lo que falta a las penalidades de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia\u00bb (Col 1,24), y a gloriarse \u00aben la cruz de nuestro Se\u00f1or Jesucristo; por \u00e9l el mundo est\u00e1 crucificado para m\u00ed\u00ad y yo para el mundo\u00bb (G\u00e1l 6, 14).<\/p>\n<p>VI. El s\u00ed\u00admbolo y el culto de la cruz<br \/>\na) Si la cruz es tan central en el mensaje cristiano, no es extra\u00f1o que se haya convertido en el \u00abs\u00ed\u00admbolo del Se\u00f1or\u00bb (Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada, Stromata VI, 11) por excelencia y que haya sido objeto de culto. Sin embargo, los cristianos tardaron alg\u00fan tiempo en representar la cruz y sobre todo al crucificado. La causa de ello es sin duda el horror vinculado a este tipo de suplicio. Antes del per\u00ed\u00adodo constantiniano, que llev\u00f3 a la supresi\u00f3n de esta forma de ejecuci\u00f3n, no encontramos m\u00e1s que muy raras representaciones de la cruz, ordinariamente bajo una forma simb\u00f3lica cubierta de flores y de piedras preciosas. En el Palatino, un graffito representa con una intenci\u00f3n burlesca a un crucificado con cabeza de asno, ante el que un personaje levanta la mano en se\u00f1al de adoraci\u00f3n. La leyenda dice: \u00abAlexameno adora a su dios\u00bb. Esta caricatura traduce la objeci\u00f3n popular de los paganos. En las catacumbas la representaci\u00f3n de la cruz sigue todav\u00ed\u00ada siendo rara (el ancla, la tau griega). La victoria de Constantino, ligada a la visi\u00f3n que tuvo el emperador de la insignia de la cruz, llev\u00f3 a la difusi\u00f3n en los escudos y en las monedas del monograma de Cristo compuesto por las dos primeras letras de esta palabra en donde la X simboliza la cruz. El monograma se convirti\u00f3 as\u00ed\u00ad en un signo de victoria. Una representaci\u00f3n monumental y triunfal de la cruz domina el mosaico del \u00e1bside de la Iglesia de santa Pudenciana en Roma (por el 390). Se trata de una cruz \u00abgammada\u00bb, es decir, adornada de piedras preciosas, rodeada de los cuatro animales del Apocalipsis, lo cual le da un valor al mismo tiempo hist\u00f3rico, c\u00f3smico y escatol\u00f3gico. Por debajo de ella se representa a Cristo sobre el trono. Por el a\u00f1o 430, uno de los cuarterones de la puerta de madera esculpida en Santa Sabina de Roma representa a los tres crucificados del G\u00f3lgota, cuyo movimiento de los brazos clavados reproduce el gesto de los orantes. En el siglo VI, el mosaico del \u00e1bside de la Iglesia de san Apolinar de R\u00e1vena (a\u00f1o 549) presenta una composici\u00f3n teol\u00f3gica muy elaborada, centrada en torno a una cruz gammada; en el cruce de sus dos brazos aparece el rostro de Cristo; por encima de la cruz se encuentra la palabra griega ICTHYS (\u00abpez\u00bb), anagrama de los t\u00ed\u00adtulos de Cristo; debajo, est\u00e1 la inscripci\u00f3n latina: (salus mundi\u00bb. El evangeliario de R\u00e1bula propone, en el a\u00f1o 586, una composici\u00f3n que asocia de manera superpuesta la crucifixi\u00f3n de Jes\u00fas con el descubrimiento del sepulcro vac\u00ed\u00ado. M\u00e1s tarde, la crisis iconoclasta que afectar\u00e1 al Oriente respetar\u00e1 la cruz, que se convierte as\u00ed\u00ad en el \u00fanico motivo representable. En el siglo XII, el mosaico del \u00e1bside de san Clemente de Roma recapitular\u00e1 toda esta tradici\u00f3n iconogr\u00e1fica en una composici\u00f3n grandiosa en donde la cruz que lleva al crucificado es un \u00e1rbol inmenso de vida en cuyas ramas est\u00e1n representadas las escenas de la vida de los hombres y de la Iglesia.<\/p>\n<p>Estas breves indicaciones sobre el origen de la representaci\u00f3n de la cruz muestran que, tras un primer tiempo de vacilaci\u00f3n, los cristianos antiguos se pusieron a representar la cruz, ordinariamente sola, aunque tambi\u00e9n a veces con el crucificado, sin una intenci\u00f3n realista, sino para celebrar su valor salv\u00ed\u00adfico. De su abyecci\u00f3n original, la cruz pas\u00f3 a ser gloriosa y triunfal. De odiosa se hizo espl\u00e9ndida y motivo de decoraci\u00f3n art\u00ed\u00adstica. El Oriente permanecer\u00e1 fiel a esta tradici\u00f3n. A lo largo de la Edad Media, el Occidente llegar\u00e1 progresivamente a representaciones dolorosas del crucificado. Por los siglos XIV o XV se buscar\u00e1 expresamente el realismo en la expresi\u00f3n del dolor.<\/p>\n<p>b) Ya los m\u00e1rtires de los primeros siglos estaban impregnados del deseo de imitar a Cristo en su pasi\u00f3n. Pero el descubrimiento de la \u00abvera cruz\u00bb, considerado como seguro en el siglo IV y atribuido tradicionalmente a santa Elena, contribuy\u00f3 al desarrollo de su culto en la Iglesia, al mismo tiempo por la devoci\u00f3n a los santos lugares (Cirilo de Jerusal\u00e9n es un testigo vibrante en sus Catequesis IV, 10; X, 19; XIII, 4), por la construci\u00f3n de bas\u00ed\u00adlicas (en Jerusal\u00e9n y luego en Roma), y en la liturgia, especialmente la del viernes santo, que comprender\u00e1 una \u00abadoraci\u00f3n\u00bb de la cruz, es decir, una veneraci\u00f3n solemne del madero del que colg\u00f3 la salvaci\u00f3n del mundo. (En Occidente, los himnos latinos de Venancio Fortunato, Vexilla Reg\u00ed\u00ads, Pange lingua, son del siglo VI). La Edad Media conocer\u00e1 un gran impulso de la devoci\u00f3n a la pasi\u00f3n a partir del siglo XI. La meditaci\u00f3n de las ca\u00ed\u00addas, de los pasos y de las estaciones de Jes\u00fas dar\u00e1 lugar a la pr\u00e1ctica del via crucis en 14 estaciones, cuya forma definitiva aparece en Espa\u00f1a en el siglo XVII.<\/p>\n<p>Habr\u00e1 tambi\u00e9n \u00f3rdenes religiosas que se consagrar\u00e1n al misterio de la cruz (cruceros, pasionistas&#8230;). Con este mismo esp\u00ed\u00adritu, la liturgia desarrolla a lo largo del a\u00f1o las fiestas de la cruz. El signo de la cruz ha seguido siendo hasta hoy el signo que todos los d\u00ed\u00adas traza sobre s\u00ed\u00ad mismo el cristiano, invocando a la Trinidad.<\/p>\n<p>VII. Las teolog\u00ed\u00adas de la cruz<br \/>\na) \u00abCrucificado por nosotros bajo Poncio Pilato\u00bb: muy pronto esta afirmaci\u00f3n, puesta en el coraz\u00f3n del s\u00ed\u00admbolo de la fe, se convirti\u00f3 en objeto de la reflexi\u00f3n cristiana. Justino (siglo II), primer te\u00f3logo de la cruz, se empe\u00f1a en mostrar en su Di\u00e1logo con Trif\u00f3n c\u00f3mo la cruz estaba ya anunciada en las Escrituras: no s\u00f3lo ciertos objetos (como la serpiente de bronce) y ciertos ritos (como el del cordero pascual), sino tambi\u00e9n los textos prof\u00e9ticos (Is 52, 13-53, 12) y los salmos (21) predicen el acontecimiento de Jes\u00fas crucificado. Sin embargo, \u00e9ste aporta una novedad absoluta; y el itinerario de su existencia constituye un largo \u00abrelato de la cruz\u00bb (M. F\u00e9dou). Como ya hab\u00ed\u00adan reconocido Mois\u00e9s y Plat\u00f3n, la cruz tiene una dimensi\u00f3n c\u00f3smica. Por eso Justino percibe la misteriosa relaci\u00f3n entre la cruz redentora y la cruz c\u00f3smica: su universalidad c\u00f3smica permite dar cuenta de su universalidad hist\u00f3rica. La cruz transforma tambi\u00e9n la relaci\u00f3n entre los jud\u00ed\u00ados y los paganos; instituye un orden nuevo del mundo entre las dos parus\u00ed\u00adas de Cristo. En lo que se refiere a los paganos, Justino descubre alusiones a la cruz en las mitolog\u00ed\u00adas y en los fil\u00f3sofos ( Timeo 36 b-c). Esta misma teolog\u00ed\u00ada se encuentra en Ireneo de Ly\u00f3n, inspirado sin duda por su predecesor: \u00abEl autor del mundo&#8230;, el Verbo de Dios&#8230;, nuestro Se\u00f1or, \u00e9l mismo se hizo hombre en los \u00faltimos tiempos&#8230;; \u00e9l, que en el plano invisible sostiene todas las cosas creadas y que se vio hundido (en forma de cruz) en la creaci\u00f3n eterna, como Verbo de Dios que gobierna y dispone todas las cosas. Por eso mismo \u00abvino\u00bb, de manera visible, \u00aba su propio terreno\u00bb, \u00abse hizo carne\u00bb y fue colgado del madero, para recapitular en s\u00ed\u00ad todas las cosas\u00bb (Contra las herej\u00ed\u00adas V, 18,3).<\/p>\n<p>b) En la antigua Iglesia la teolog\u00ed\u00ada de la cruz se desarrol\u00f3 a continuaci\u00f3n seg\u00fan la doble direcci\u00f3n de su funci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica y de la identidad divina del crucificado.<\/p>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 sentido Cristo fue \u00abcrucificado por nosotros\u00bb y nos salva por su cruz? La moralidad del cumplimiento de la salvaci\u00f3n se expres\u00f3 de maneras diversas. Los primeros Padres eran sensibles al valor de revelaci\u00f3n inherente a la cruz: \u00abMirar\u00e1n al que traspasaron\u00bb (Jn 19, 37). La cruz, vista en la fe, se convierte en una epifan\u00ed\u00ada de Dios; es la luz que surge en medio de las tinieblas. M\u00e1s generalmente, la cruz se comprende como el lugar del combate victorioso emprendido por Jes\u00fas contra las fuerzas del mal y de la muerte. Ella realiza la redenci\u00f3n, es decir, la liberaci\u00f3n de los hombres que hab\u00ed\u00adan ca\u00ed\u00addo bajo el poder del pecado. Esta perspectiva es descendente: en Jes\u00fas, Dios se acerca al hombre para asumir su propio combate y darle la victoria, en donde \u00e9l hab\u00ed\u00ada vencido al principio. El paralelismo simb\u00f3lico del \u00e1rbol del primer jard\u00ed\u00adn y del \u00e1rbol de la cruz es un tema que se subraya con frecuencia.<\/p>\n<p>Otra gran interpretaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n por medio de la cruz es la del sacrificio. Tiene su origen en la Escritura (cf. supra). La originalidad de esta doctrina consiste en mostrar la novedad radical del sacrificio de Cristo: no solamente se trata de un sacrificio personal y existencial, sino adem\u00e1s de un don que Dios hace al hombre en su Hijo, para que a su vez el hombre pueda darse a Dios en sacrificio espiritual. Sacrificando su vida por sus hermanos es como Jes\u00fas se ofrece en sacrificio de obediencia y de amor a su Padre. Los Padres repiten a porf\u00ed\u00ada que Dios no tiene necesidad de sacrificios; si los pide, es para bien del hombre. Esta doctrina de la antigua Iglesia se expresa maravillosamente en san Agust\u00ed\u00adn (La Ciudad de Dios X, 5-20). Ligada a la interpretaci\u00f3n sacrificial de la eucarist\u00ed\u00ada, verdadero \u00abmemorial\u00bb de la cruz de Cristo (concilio de Trento, ses. XXII), esta doctrina atraviesa los siglos, con el riesgo de conocer una regresi\u00f3n en la medida en que la atenci\u00f3n se fije de manera unilateral en la inmolaci\u00f3n sangrienta y en que la noci\u00f3n de expiaci\u00f3n lleve consigo una imagen vindicativa de Dios. Cierta derivaci\u00f3n sacrificial en los tiempos modernos conducir\u00e1 as\u00ed\u00ad a comprender equivocadamente la persona del crucificado, no ya como la expresi\u00f3n del amor desconcertante de Dios, sino como la v\u00ed\u00adctima de la justicia divina. Pues bien, a la cuesti\u00f3n inevitable: \u00bfPor qu\u00e9 la salvaci\u00f3n del mundo pasa por la muerte sangrienta de Jes\u00fas?, hay que responder sin vacilar: \u00abPorque el pecado y la violencia de los hombres rechazaron al justo por excelencia, que era Jes\u00fas\u00bb. La obra de muerte procede de los hombres, mientras que la obrade vida viene de Dios (cf. He 2, 23-24). El designio amoroso de Dios supo convertir el exceso del mal en exceso del bien.<\/p>\n<p>c) La tradici\u00f3n antigua se pregunt\u00f3 igualmente por la identidad divina del Crucificado, no vacilando ante la paradoja a la que conduce el lenguaje de la Escritura, formalizado seg\u00fan la doctrina de la \u00abcomunicaci\u00f3n de idiomas\u00bb o propiedades. Si es verdad que el Verbo de Dios asumi\u00f3 como suya, desde su concepci\u00f3n en el seno de la Virgen Mar\u00ed\u00ada, una naturaleza y una condici\u00f3n humanas, hasta el punto de haberse hecho hombre a t\u00ed\u00adtulo personal, todos los acontecimientos de su vida son acontecimientos del Verbo de Dios y se le atribuyen por justo t\u00ed\u00adtulo. A la apropiaci\u00f3n que atribuye el nacimientos al Verbo y proclama por esta raz\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada como madre de Dios, corresponde la apropiaci\u00f3n que atribuye al Verbo mismo su muerte en la cruz. Este es el sentido de la f\u00f3rmula de los monjes escitas que ser\u00e1 discutida antes de ser adoptada en el segundo concilio de Constantinopla del a\u00f1o 553: \u00abSi alguien no confiesa que el que fue curcificado en la carne, nuestro Se\u00f1or Jesucristo, es verdadero Dios, Se\u00f1or de la gloria y uno de la santa Trinidad, sea anatema\u00bb (canon 10: DS 432). Este es el sentido original y profundamente cristiano del tema de la \u00abmuerte de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>d) Uno de los temas principales de la teolog\u00ed\u00ada de Lutero es el de la oposici\u00f3n entre la theologia crucis y la theologia gloriae. Escribe lo siguiente: \u00abLleva justamente el nombre de te\u00f3logo aquel que sabe lo que, del ser de Dios, es visible y est\u00e1 vuelto hacia el mundo, tal como esto aparece en el sufrimiento y en la cruz. Lo que es visible del ser de Dios es lo contrario de lo que es invisible: su humanidad, su debilidad, su necedad&#8230; Por eso, de nada sirve reconocer a Dios en su gloria y majestad, si no se le reconoce al mismo tiempo en la bajeza y en la ignominia de su cruz&#8230; Por eso la verdadera teolog\u00ed\u00ada y el conocimiento de Dios est\u00e1n en Cristo crucificado\u00bb (tesis 20 del a\u00f1o 1517). Lutero, inspir\u00e1ndose en Rom 1,18 s., condena la theologia gloriae, la obra orgullosa y pecadora del hombre que quiere conocer a Dios a partir de sus obras, a fin de justificarse a s\u00ed\u00ad mismo por un conocimiento \u00abascendente\u00bb, mientras que la theologia crucis es un conocimiento \u00abdescendente\u00bb, que viene de Dios revel\u00e1ndose a nosotros en la contradicci\u00f3n de su dolor y de sus sufrimientos. Porque en la cruz de Cristo, es el ser de Dios el que se hace visible y directamente cognoscible. Con los acentos tan personales de su teolog\u00ed\u00ada existencial, Lutero pone en obra conscientemente la antigua doctrina de la comunicaci\u00f3n de idiomas. Rechaza toda interpretaci\u00f3n de la cruz que ponga a Dios al abrigo del sufrimiento y de la muerte. \u00abDebes decir ciertamente: esta persona, es decir Cristo, sufre, muere. Pues bien, esta persona es verdadero Dios; por eso se dice con raz\u00f3n: el Hijo de Dios sufre. Porque, aunque una de las partes (por as\u00ed\u00ad decirlo), a saber la divinidad, no sufre, sin embargo la persona que es Dios sufre en la otra parte, es decir, la humanidad. Exactamente como se dice: el hijo del rey ha sido herido, aunque solamente haya sido herida su pierna\u00bb (De la Cena de Cristo, WA 26, 321, 21-29).<\/p>\n<p>e) En los tiempos modernos, el tema doctrinal de la muerte de Dios en la cruz ha dado lugar al desarrollo del tema de la muerte cultural de Dios en una sociedad pretendidamente adulta. Este tema se inaugur\u00f3 con el famoso sue\u00f1o de Juan-Pablo U. P. Richter, Siebenk\u00fcs [1795], \u00abPremier morceau floral\u00bb), orquestado luego ampliamente por F. Nietzsche. Lleg\u00f3 a la teolog\u00ed\u00ada cristiana hace treinta a\u00f1os (cf. G. Vahanian, P. van Buren, T. Altizer), con la intenci\u00f3n de reconciliar la confesi\u00f3n de Jesucristo con la cultura, bien reduciendo a Dios a la figura del devenir del hombre, bien desarrollando el tema de la k\u00e9nosis extrema: \u00abDios se ha retirado del mundo para permitirle al hombre ser \u00e9l mismo\u00bb. En otras teolog\u00ed\u00adas, sensibles desde finales del siglo XIX al tema de la k\u00e9nosis de Cristo y afectadas desde la segunda guerra mundial por la experiencia de la secularizaci\u00f3n y de la ausencia de Dios (\u00abDios se deja desalojar del mundo y ser clavado en una cruz\u00bb: D. Bonhoeffer) y por el horror de los genocidios (Auschwitz), la atenci\u00f3n al drama humano de un sufrimiento que se renueva continuamente dirige la atenci\u00f3n hacia el sufrimiento y el abandono de Cristo en la cruz.<\/p>\n<p>VIII. La cruz y la Trinidad<br \/>\na) Desde siempre el signo de la cruz se ha hecho por la enunciaci\u00f3n de los tres nombres divinos del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu. Esta pr\u00e1ctica traduce un v\u00ed\u00adnculo original entre la cruz y el misterio trinitario. Ahondando en este v\u00ed\u00adnculo, la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea lee en la cruz ligada a la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas el lugar por excelencia de la revoluci\u00f3n trinitaria. Efectivamente, es en la \u00abeconom\u00ed\u00ada\u00bb de la salvaci\u00f3n, que tiene su cima en el acontecimiento de Jesucristo encarnado, muerto y resucitado, donde la Trinidad eterna (o inmanente) se revela seg\u00fan una identidad din\u00e1mica (K. Rahner). Pues bien, en la cruz vemos a Jes\u00fas portarse como Hijo perfecto, en su movimiento de obediencia y de amor al Padre. Este movimiento filial es la revelaci\u00f3n, en lenguaje de existencia humana, del intercambio eterno durante el cual el Hijo retorna con todo su ser al Padre que lo engendr\u00f3. La actitud filial de Jes\u00fas en la cruz revela su origen. Pero un movimiento semejante no puede menos de ser llevado por el movimiento eterno de generaci\u00f3n que va del Padre al Hijo y que constituye a este \u00faltimo: como el Padre, as\u00ed\u00ad el Hijo. As\u00ed\u00ad pues, la cruz es igualmente, por parte del Padre, la revelaci\u00f3n de su paternidad a trav\u00e9s de un acto que engendra a su Hijo en el sufrimiento: el grito de muerte de Jes\u00fas tiene el valor del grito inicial de un nacimiento (F. X. Durrwell). Adem\u00e1s, en su acto de morir, Jes\u00fas entrega al Padre su \u00abEsp\u00ed\u00adritu\u00bb (Jn 19, 30), que se convertir\u00e1 en el don com\u00fan del Padre y del Hijo al mundo.<\/p>\n<p>Todo lo que se hace leer como en filigrana en la cruz se manifiesta a plena luz en la resurrecci\u00f3n. El Padre resucita al Hijo por la fuerza de su Esp\u00ed\u00adritu; confirma de este modo la pretensi\u00f3n filial de Jes\u00fas; revela y actualiza para nosotros su generaci\u00f3n eterna. Los textos del NT asocian la cita del Sal 2, 7: \u00abT\u00fa eres mi hijo; yo te he engendrado hoy\u00bb con el anuncio de la resurrecci\u00f3n (He 13, 33; Heb 1, 5). Esta generaci\u00f3n devida, que afecta en adelante al Hijo en su humanidad, es tambi\u00e9n un don del Esp\u00ed\u00adritu, a fin de que sea difundido sobre los hombres. El relato de Juan muestra as\u00ed\u00ad a Jes\u00fas soplando su Esp\u00ed\u00adritu sobre sus disc\u00ed\u00adpulos la tarde del domingo de la resurrecci\u00f3n, para que con la fuerza de ese Esp\u00ed\u00adritu puedan perdonar los pecados (Jn 20, 22). Tambi\u00e9n Lucas relaciona el don del Esp\u00ed\u00adritu a la comunidad con el anuncio de la muerte y de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas: \u00abExaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Esp\u00ed\u00adritu Santo prometido y lo ha derramado sobre nosotros, como lo pod\u00e9is ver y o\u00ed\u00adr\u00bb (He 2, 33). De esta manera, el Esp\u00ed\u00adritu, don mutuo del Padre y del Hijo, se convierte en su don com\u00fan a los hombres.<\/p>\n<p>La escena de la cruz, de la que Jes\u00fas hablaba como si fuera su bautismo, puede leerse como superpuesta a la del bautismo, en donde la bajada de Jes\u00fas al Jord\u00e1n y su subida del mismo imitan anticipadamente el futuro movimiento de su muerte y su resurrecci\u00f3n. Pues bien, este primer bautismo, que consagra de alguna manera a Jes\u00fas para recibir el segundo, es el lugar de una teofan\u00ed\u00ada trinitaria, anticipaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n, durante la cual el Padre autentifica la identidad filial de Jes\u00fas (Mt 3, 17) y env\u00ed\u00ada sobre \u00e9l su Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>b) En nuestros d\u00ed\u00adas Hans Urs von Balthasar ha profundizado en este tema que une la contemplaci\u00f3n jo\u00e1nica de la gloria con la consideraci\u00f3n paulina de la k\u00e9nosis de Cristo, llevando hasta el extremo los t\u00e9rminos de la paradoja de la muerte y de la vida. Si Jes\u00fas es el centro de la figura de la revelaci\u00f3n, la cruz de Jes\u00fas es el centro de ese centro. Pero la k\u00e9nosis del fin revela tambi\u00e9nla del origen; la \u00abmanera\u00bb de morir remite a la \u00abmanera\u00bb de nacer. La k\u00e9nosis humana de Jes\u00fas en la muerte revela de este modo la k\u00e9nosis de Dios, en donde el Verbo hecho carne se convierte en no-Palabra. Porque en el silencio absoluto de la muerte del Hijo se expresa parad\u00f3jicamente el Dios que habla, promete y vive. El itinerario de la vida de Jes\u00fas est\u00e1 totalmente orientado hacia ese \u00abpeso de la cruz\u00bb. Esta k\u00e9nosis absoluta revela el amor absoluto de Dios, un amor m\u00e1s fuerte que la muerte y el pecado, y finalmente su gloria. Porque el \u00abhiatus\u00bb de la cruz es la revelaci\u00f3n absoluta del \u00abpeso\u00bb de Dios, es decir, seg\u00fan la etimolog\u00ed\u00ada del kabod b\u00ed\u00adblico, de su Gloria.<\/p>\n<p>Que el ser mortal de la carne pueda expresarse a s\u00ed\u00ad mismo como Verbo o Palabra inmortal, \u00e9sa fue la contradicci\u00f3n que vivi\u00f3, asumi\u00f3 y super\u00f3 la omnipotencia del amor de Dios. Porque el abismo entre los contrarios qued\u00f3 colmado por la desapropiaci\u00f3n y el abandono absoluto de Cristo al Padre. Su pascua es el \u00abpuente\u00bb que franquea ese \u00abhiatus\u00bb. En la cruz se cumple la uni\u00f3n de la potencia suprema con la suprema pobreza, en la desapropiaci\u00f3n total que Jes\u00fas hace de s\u00ed\u00ad mismo y que perpet\u00faa en la eucarist\u00ed\u00ada, a fin de llenar el espacio eclesial de su Palabra hecha carne. En la cruz el Verbo enmudecido expresa una transparencia absoluta al Padre, que confirmar\u00e1 su resurrecci\u00f3n. Ese es el misterio de la k\u00e9nosis sobre el que el autor se detiene con amoroso respeto, en referencia a Flp 2, 6-11.<\/p>\n<p>Balthasar recoge aqu\u00ed\u00ad un pensamiento muy apreciado por S. Bulgatov, para quien el desinter\u00e9s de las personas divinas, puras relaciones en la vida intratrinitaria, tiene que comprenderse como el fundamento de todo. Fundamenta una primera forma de k\u00e9nosis, la de la creaci\u00f3n, en la que el Creador abandona en favor de su criatura una parte de su propia libertad. Pero Dios puede atreyerse a ello m\u00e1s que en la previsi\u00f3n de una segunda k\u00e9nosis, la de la cruz, en la que el Hijo transpone su ser-engendrado del Padre en la forma humana de la obediencia hasta la muerte. Por otra parte, toda la Trinidad est\u00e1 comprometida en este acto: el Padre en cuanto que env\u00ed\u00ada al Hijo y lo entrega a la cruz, el Esp\u00ed\u00adritu en cuanto que une a los dos en el tiempo de su distancia. De esta manera, la cruz de Cristo est\u00e1 inscrita desde el origen en la creaci\u00f3n, como demuestra la teolog\u00ed\u00ada del cordero de Dios, inmolado y glorioso, \u00abpredestinado desde antes de la fundaci\u00f3n del mundo\u00bb (1 Pe 1, 20).<\/p>\n<p>c) J. Moltmann, te\u00f3logo reformado, ha sufrido la influencia de Balthasar y propone igualmente una lectura trinitaria del misterio de la cruz: \u00abEl concepto teol\u00f3gico de la contemplaci\u00f3n del Crucificado es la doctrina sobre la Trinidad. El principio material de esa doctrina es la cruz de Cristo. El principio formal del conocimiento de la cruz es la doctrina de la Trinidad\u00bb (El Dios crucificado, p. 341). Subraya c\u00f3mo la cruz resiste a sus interpretaciones e intenta superar la oposici\u00f3n cl\u00e1sica entre te\u00ed\u00adsmo y ate\u00ed\u00adsmo. Teol\u00f3gicamente sensible al drama de los sufrimientos de hoy, hace descansar toda su lectura de la cruz en el grito de abandono de Jes\u00fas. Procurando descartar toda noci\u00f3n de Dios presupuesta por la metaf\u00ed\u00adsica, Moltmann escribe:<br \/>\n\u00abEl Hijo sufre a causa de su amor el abandono del Padre en su muerte. El Padre sufre a causa de su amor el dolor de la muerte del Hijo. Lo que surge del acontecimiento entre el Padre y el Hijo, como el Esp\u00ed\u00adritu que da amor a los abandonados, como el Esp\u00ed\u00adritu que vivifica lo muerto&#8230; Aqu\u00ed\u00ad hemos interpretado trinitariamente el acontecimiento de la cruz como suceso de relaci\u00f3n entre personas, en el cual \u00e9stas se constituyen en su relaci\u00f3n mutua. Con lo cual queda dicho que en el acontecimiento de la cruz hemos visto sufrir no s\u00f3lo a una persona de la Trinidad, como si la Trinidad estuviera antes en s\u00ed\u00ad misma, existiendo en la naturaleza divina. Por tanto, interpretada la muerte de Jes\u00fas no como un acontecimiento humanodivino, sino como trinitario entre el Hijo y el Padre. En la relaci\u00f3n para con su Padre se cuestiona no la divinidad y humanidad de Cristo y su mutua correspondencia, sino el aspecto total y personal de la filiaci\u00f3n de Jes\u00fas. Este punto de partida es nuevo respecto de la tradici\u00f3n. Supera la dicotom\u00ed\u00ada entre Trinidad inmanente y econom\u00ed\u00ada, as\u00ed\u00ad como entre la naturaleza de Dios y su \u00ed\u00adntima Trinidad. Hace necesario el pensamiento trinitario en orden a la salvaguarda de la cruz de Cristo\u00bb (El Dios crucificado, 347-348).<\/p>\n<p>Este hermoso texto, que recapitula el pensamiento de Moltmann, franquea alegremente un umbral terrible, el de la analog\u00ed\u00ada y la transcendencia absoluta de Dios. Al referirse al \u00abaxioma fundamental\u00bb por el que Rahner afirma la identidad entre la \u00abTrinidad inmanente y la Trinidad econ\u00f3mica\u00bb, Moltmann se olvida de tomar en cuenta el hecho de que la primera est\u00e1 presente en la segunda en la medida en que se comunica entonces \u00ablibre y graciosamente\u00bb. Intentando evitar toda separaci\u00f3n, llega a negar toda distinci\u00f3n entre las dos y a proponer el acontecimiento de la cruz como el lugar de un proceso en el que la Trinidad se realiza como tal. Dios se hace Trinidad en la historia. Se comprende la cr\u00ed\u00adtica que dirige entonces W. Kasper a su colega Tubinga: \u00abSin la distinci\u00f3n fundamental entre Dios y el mundo, entre el cumplimiento interior al mundo y el cumplimiento escatol\u00f3gico, entre la Trinidad inmanente y la Trinidad econ\u00f3mica y -last, not least- la \u00abnaturaleza\u00bb y la \u00abgracia\u00bb&#8230;, no es posible y sobre todo no es cr\u00ed\u00adtica una teolog\u00ed\u00ada\u00bb (Diskussion \u00fcber J\u00fcrgen Moltmanns Buch \u00abDer Gekreuzigte Gott\u00bb, Kaiser, Munich 1979). Sin embargo, la preocupaci\u00f3n de Moltmann de hablar no solamente de la muerte de Dios, sino de la muerte asumida en Dios, sigue siendo justa. Igualmente es verdad que \u00abla manifestaci\u00f3n de Dios pertenece tambi\u00e9n a su ser\u00bb (cf. J. Moingt: RechScRel 65 [1977] 219-326).<\/p>\n<p>d) E. J\u00fcngel, te\u00f3logo luterano, ha desarrollado tambi\u00e9n el tema de la relaci\u00f3n entre la cruz y la Trinidad en su libro Dios, como misterio del mundo. Jesucristo crucificado es el \u00abvestigium Trinitatis\u00bb. \u00abLa doctrina cristiana del Dios trino es la quinta esencia de la historia de Jesucristo, porque con la distinci\u00f3n de un Dios en las tres personas del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo, llega a su verdad la realidad de la historia de Dios con el hombre\u00bb (Ibid., 439). J\u00fcngel se pregunta \u00aben qu\u00e9 medida es la historia de la vida y pasi\u00f3n de Jes\u00fas el indicio que nos lleva a la fundamentaci\u00f3n de la fe en el Diostrino (ibid., 448). La respuesta se encuentra en la relaci\u00f3n \u00fanica de Jes\u00fas con Dios, reveladora y realizadora de una nueva comuni\u00f3n del hombre con Dios. \u00abPor tanto tendremos que haber percibido en el ser del hombre Jes\u00fas la nueva autoevidencia de la reconciliaci\u00f3n y la contraposici\u00f3n concomitante de=con las autoevidencias dominantes\u00bb (ibid., 454). Jes\u00fas revela el misterio trinitario de Dios hasta el abandono mismo que experimenta. \u00abPor cuanto que se abandon\u00f3 total y absolutamente a Dios, termin\u00f3 su vida en el acontecimiento de total abandono por parte de Dios\u00bb (ibid., 460). \u00abPues el Dios que se identifica con Jes\u00fas muerto se presenta en la muerte de Jes\u00fas de tal manera que comparte el abandono por parte de Dios de Jes\u00fas. Pero esto s\u00f3lo tiene sentido, si podemos distinguir en consecuencia realmente entre Dios y Dios\u00bb (ibid., 468), es decir, entre el Padre y el Hijo; \u00abes Dios el Esp\u00ed\u00adritu el que permite que el Padre y el Hijo sean uno en la muerte de Jes\u00fas en distintibilidad real, es decir, uno frente al otro&#8230; De este modo precisamente Dios, en su unidad, se distingue trinitariamente\u00bb (ibid.), sin que por ello quede rota su unidad. Para concluir, \u00abcreer con Jes\u00fas en Dios (el Padre) quiere decir por eso creer con necesidad (pascual) en Jes\u00fas o como Dios (el Hijo). Sin embargo esa fe no viene del hombre; s\u00f3lo es posible en virtud del Esp\u00ed\u00adritu que viene al hombre. Por eso, creer con Jes\u00fas en Dios, y en Jes\u00fas como Dios, significa creer en (=dentro del) el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (ibid.). El Dios-Trinidad es misterio del mundo en la medida en que viene hacia el mundo.<\/p>\n<p>IX. La cruz de Jesucristo, luz sobre el sufrimiento humano<br \/>\nEl obscuro problema del sufrimiento de los hombres sigue enfrent\u00e1ndose cada vez m\u00e1s con la pregunta insatisfecha: \u00ab\u00bfpor qu\u00e9?\u00bb Para muchos constituye un obst\u00e1culo infranqueable para la fe, ya que ofrece la ocasi\u00f3n de poder acusar a Dios mismo. Nuestra finalidad en este lugar es solamente se\u00f1alar c\u00f3mo la cruz arroja una luz sobre el esc\u00e1ndalo, profundamente evocado, del sufrimiento.<\/p>\n<p>La respuesta cristiana a la densidad tr\u00e1gica del sufrimiento en la historia de los hombres no pertenece en primer lugar al orden del discurso. Se inscribe en un acto de \u00abcompasi\u00f3n\u00bb. Dios en su Hijo viene a compartir este sufrimiento, tanto f\u00ed\u00adsico como moral y espiritual; viene a traer en su carne el dolor de la agon\u00ed\u00ada y de una muerte especialemnte cruel. Y lo hace, no por amor al sufrimiento, sino por amor a los hombres que sufren. Sin ninguna voluntad de establecer un record, asume el sufrimiento por el mismo t\u00ed\u00adtulo con que asume una naturaleza y una condici\u00f3n humanas. En esta solidaridad querida con todos nuestros sufrimientos hay una verdad y un amor que hablan por s\u00ed\u00ad mismos y que son ya un consuelo. Porque todo ser humano, sea cual fuere el abismo de su sufrimiento, puede dirigir su mirada hacia la cruz.<\/p>\n<p>Pero Jes\u00fas no sacraliza el sufrimiento en cuanto tal, no le da al sufrimiento en cuanto sufrimiento un valor salv\u00ed\u00adfico. En s\u00ed\u00ad mismo, el sufrimiento es y sigue siendo un mal; por s\u00ed\u00ad mismo, m\u00e1s f\u00e1cilmente puede engendrar la rebeld\u00ed\u00ada, la degradaci\u00f3n del ser, el repliegue sobre s\u00ed\u00ad mismo o el masoquismo, que la superaci\u00f3n. Del mismo modo, el sufrimiento de Jes\u00fas no puede ser un precio que haya que pagar a Dios por los pecados de la humanidad. Hacer que intervenga un esquema semejante de compensaci\u00f3n vindicativa entre Dios y su Hijo es una grave injuria contra la idea cristiana de Dios. Una injuria que, por desgracia, no siempre se ha evitado en la historia de la teolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, rigurosamente hablando, no es la cantidad del sufrimiento de Cristo lo que nos salva, ni siquiera su muerte, sino su manera de morir, el acto de libertad amorosa y el don de s\u00ed\u00ad mismo con el que Jes\u00fas vivi\u00f3 hasta el fondo el sufrimiento de su muerte. De aquello que era fruto del odio y del pecado, \u00e9l hizo algo as\u00ed\u00ad como el \u00abcombustible\u00bb de la caridad. En este sentido hemos de decir que Jes\u00fas \u00abconvirti\u00f3\u00bb el sufrimiento en el combate que llev\u00f3 a cabo contra \u00e9l. Si lo tom\u00f3 sobre s\u00ed\u00ad, fue para pasar al mundo de la resurrecci\u00f3n y, por consiguiente, para suprimirlo. En el movimiento contagioso de su amor les dio a todos los hombres la posibilidad de sufrir con \u00e9l, es decir, de vivir tambi\u00e9n ellos la conversi\u00f3n del sufrimiento. De esta manera, todo sufrimiento es una cuesti\u00f3n planteada a nuestra libertad, a la que le corresponde en definitiva darle sentido o, por el contrario, dejarlo a su sin-sentido perverso. Esta ense\u00f1anza es toda una lecci\u00f3n de vida, un ejemplo vivo y atractivo que da a todos los que la aceptan la fuerza necesaria para vivir y morir con Cristo y como Cristo.<\/p>\n<p>La cruz de Cristo es la \u00fanica respuesta definitiva al sufrimiento de los hombres. La cruz no es ni un discurso ni una teor\u00ed\u00ada, ni mucho menos una justificaci\u00f3n o una apolog\u00ed\u00ada. Es un acontecimiento: el encuentro de Dios mismo con el sufrimiento. Es un acto de libertad divina que mantiene juntos los dos rostros del sufrimiento, su horror y su belleza. Su horror, porque se trata del sufrimiento del justo y del inocente, el m\u00e1s escandaloso que puede existir. Pero tambi\u00e9n su belleza, porque la manera de sufrir de Jes\u00fas es ya una transfiguraci\u00f3n y una victoria. Jes\u00fas ama sufriendo y sufre amando. \u00abPues habiendo sido probado en el sufrimiento, puede ayudar a los que se ven probados\u00bb (He 2, 18). Por eso precisamente, despu\u00e9s de la cruz, el t\u00e9rmino mismo de sufrimiento ha cambiado de sentido en el lenguaje cristiano. Por una metonimia de la que tenemos que ser conscientes, designa en adelante el amor que sufre, tanto el amor manifestado por Cristo doliente como el amor que desea estar con el Cristo doliente. Por tanto, si al cristiano se le invita a sufrir con Cristo, a tomar su cruz y a seguirle, se trata ante todo de una invitaci\u00f3n a amar con Cristo.<\/p>\n<p>[&#8211;.> Adoraci\u00f3n; Amor; Apocal\u00ed\u00adptica; Ate\u00ed\u00adsmo; Bautismo; Biblia; Comunidad; Concilios; Confesi\u00f3n de Fe; Creaci\u00f3n; Doxolog\u00ed\u00ada; Escatolog\u00ed\u00ada; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Eucarist\u00ed\u00ada; Experiencia; Fe; Hijo; Historia; Iglesia; Ireneo de Ly\u00f3n; Jesucristo; Juda\u00ed\u00adsmo; Liturgia; Logos; Mar\u00ed\u00ada; Misi\u00f3n, misiones; Misterio; Muerte de Dios; Naturaleza; Oraci\u00f3n; Padre; Padres (griegos y latinos); Pascua; Personas divinas; Procesiones; Religi\u00f3n, religiones; Revelaci\u00f3n; Salvaci\u00f3n; Te\u00ed\u00adsmo; Teolog\u00ed\u00ada y econom\u00ed\u00ada; Trinidad; Vida cristiana.]<br \/>\nBernard Sesbo\u00fc\u00e9<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Los evangelistas orientan toda 1 a narraci\u00f3n de la vida hist\u00f3rica de Jes\u00fas hacia la pasi\u00f3n. La pasi\u00f3n constituve entonces no una simple conclusi\u00f3n, sino la meta, la fase decisiva y culminante de esa historia. Y la cruz es por consiguiente como el punto de gravedad hacia el que tiende la vida de Jes\u00fas. Y la raz\u00f3n de esta orientaci\u00f3n se encuentra en \u00e9l, es decir, en la fidelidad absoluta al Padre en la que tradujo todo su amor filial.<\/p>\n<p>Oueriendo se\u00f1alar los \u00absentimientos\u00bb (cf. Flp 2,5) que marcaron su ilisi\u00f3n, hay que hacer referencia a la obediencia incondicionada, a la entrega total, a la confianza ilimitada: tales son las caracter\u00ed\u00adsticas esenciales y al mismo tiempo las formas de actuaci\u00f3n de un amor que le cost\u00f3 a Jes\u00fas toda una vida puesta a disposici\u00f3n de la voluntad del Padre y ofrecida por la salvaci\u00f3n del mundo. Expropi\u00e1ndose radicalmente de s\u00ed\u00ad, al afrontar la \u00abprueba\u00bb crucial de la pasi\u00f3n, hizo de su propia muerte, aceptada con plena libertad por amor, el acontecimiento con el que llev\u00f3 a t\u00e9rmino la obra de Revelador de Dios y de Salvador del mundo (cf. Jn 19,30).<\/p>\n<p>S\u00f3lo cuando fue \u00abelevado de la tierra\u00bb, el Hijo de Dios estuvo en disposici\u00f3n de \u00abatraer\u00bb a todos hacia s\u00ed\u00ad (cf. Jn 12,32), y ~ a que s\u00f3lo cuando fue clavado en la cruz se convirti\u00f3 de forma definitiva en Palabra e Imagen de Dios, que es Amor. Haci\u00e9ndose carne y carne \u00abcrucificada\u00bb por amor, se hizo amor crucificado. La cruz, por tanto, es la \u00daltima palabra, la m\u00e1s elocuente, con la que \u00e9l, la Palabra en persona, revel\u00f3 y sigue revelando el rostro paternal ~ misericordioso de Dios. Por otra parte, es en su humanidad glorificada donde indeleblemente representa tambi\u00e9n al Padre, haci\u00e9ndolo visible: \u00abEl que me ve a m\u00ed\u00ad, ve al Padre\u00bb (Jn 14,9). Pues bien, el Se\u00f1or Resucitado no tiene otro punto de referencia para darse a conocer y acoger en la fe m\u00e1s que su condici\u00f3n humana, cuyo valor simb\u00f3lico-expresivo queda asegurado por los signos que dej\u00f3 en su cuerpo la pasi\u00f3n (cf. Lc 24,36-43; Jn 20,27).<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n sobre la cruz de Jes\u00fas representa en \u00daltima instancia el camino real de acceso al Dios trinitario. El Crucificado muestra su propia identidad de Hijo \u00abpredilecto\u00bb del Padre a trav\u00e9s de la actitud oblativa y de la obediencia expresada en el don de la vida. El Padre participa en la cruz del Hijo \u00abcom-padeciendo\u00bb con \u00e9l en el silencio y llevando a t\u00e9rmino, con la \u00abentregan -el abandono- del Hijo a la muerte, el acto de amor realizado por el mundo, cuva concreci\u00f3n hist\u00f3rica est\u00e1 representada en la encarnaci\u00f3n, con su dimensi\u00f3n de env\u00ed\u00ado. El Esp\u00ed\u00adritu, al ser en Dios la Persona-Amor que se encuentra en los dos polos de la intimidad m\u00e1s unitiva y de la donaci\u00f3n m\u00e1s extrema, y al estar permanentemente presente en la historia y en el \u00abcoraz\u00f3n\u00bb de Jes\u00fas, cooper\u00f3 en su muerte de cruz infundi\u00e9ndole el impulso de amor incondicionado que lo transform\u00f3 en sacrificio agradable al Padre (cf. Heb 9,14). y, desde el momento en que es derramado por el Padre en el Coraz\u00f3n de los creventes por la mediaci\u00f3n del Crucificado resucitado (cf. Jn 19,31-34) y por tanto como don hecho por \u00e9l al mundo con su propia oblatividad, representa para la comunidad cristiana el \u00danico exegeta fiable de Jes\u00fas, de la Palabra de Dios hecha carne crucificada por amor.<\/p>\n<p>El seguimiento y la imitaci\u00f3n de Jesucristo, en los que se condensa la peculiaridad de la experiencia espiritual cristiana, est\u00e1n estrechamente subordinados a la docilidad al Esp\u00ed\u00adritu; y el crecimiento en la conformidad, dirigida a hacer de todo disc\u00ed\u00adpulo una \u00abimagen\u00bb viva del Maestro, sigue el ritmo del camino que se hace llevando, con \u00e9l y como \u00e9l, la cruz de la fidelidad incondicionada al Padre (cf. Mt 10,38; i6,24; Mc 8,34. Lc 9,23; 14,27). Este ritmo va marcado bien por la sumisi\u00f3n a la acci\u00f3n iluminadora y transformadora del Esp\u00ed\u00adritu, bien por la intensidad del compromiso de conversi\u00f3n, dirigido a renunciarse a s\u00ed\u00ad mismo para dar lugar al Otro, poni\u00e9ndose enteramente a disposici\u00f3n de Cristo Crucificado para acogerlo en el propio coraz\u00f3n y en la propia vida, dejando que \u00e9l realice la intimidad amorosa m\u00e1s profunda (cf. G\u00e1l 2,20).<\/p>\n<p>S\u00f3lo de esta manera se hace capaz el disc\u00ed\u00adpulo de recibir, percibir y compartir el amor oblativo y solidario del Crucificado. \u00abEn esto hemos conocido lo que es el amor: en que \u00e9l ha dado su vida por nosotros. Tambi\u00e9n nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos\u00bb (1 Jn 3,16).<\/p>\n<p>Y Battaglia<\/p>\n<p>Bibl.: J Moltmann, El Dios crucificado, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 19i5; AA. VV , Teolog\u00ed\u00ada de la cruz, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 19i9; O, Casel, Misterio de la cruz, Madrid 1964: B, Sesbou\u00e9, Cruz, en DTDC, 31 i-333.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. La cruz en la vida de Jes\u00fas: 1. Apolog\u00ed\u00ada en defensa de la muerte de Jes\u00fas; 2. Desarrollo de la teolog\u00ed\u00ada de la cruz; 3. La teolog\u00ed\u00ada de la Carta a los Hebreos &#8211; II. La ense\u00f1anza del NT acerca del lugar que ocupa la cruz en la vida del cristiano: 1. El \u00ablogion\u00bb evang\u00e9lico sobre llevarla cruz; 2. La ense\u00f1anza de san Pablo: 3. Ulteriores desarrollos neotestamentarios &#8211; III. La cruz en los primeros cinco siglos: 1. Los tres primeros siglos; 2. Los ss. IV y V &#8211; IV. La cruz en la Edad Media: 1. Continuidad y desarrollo; 2. Un punto culminante de este desarrollo &#8211; V. La cruz en la Iglesia postridentina: 1. Contribuci\u00f3n de la escuela espa\u00f1ola; 2. Coherencia doctrinal y pr\u00e1xica en los \u00faltimos siglos &#8211; VI. La cruz en el s. XX: 1. Razones teol\u00f3gicas del cambio; 2. Razones socio-psicol\u00f3gicas; 3. Prognosis para el futuro: a) Progresos en teolog\u00ed\u00ada, b) El servicio del Cuerpo de Cristo; 4. Presencia perenne de Cristo crucificado.<\/p>\n<p>En la historia del cristianismo, la cruz, en la cual Cristo muri\u00f3 y a trav\u00e9s de la cual lleg\u00f3 a la resurrecci\u00f3n, se ha convertido en el arquetipo eminente de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios y en el modelo de la respuesta del hombre. El ni\u00f1o que hace la se\u00f1al de la cruz y el santo que ha interiorizado personalmente el misterio de la pasi\u00f3n de Cristo, dan testimonio de su significado perenne en la vida y en la praxis cristiana. Crux stat dum orbis volvitur.<\/p>\n<p>1. La cruz en la vida de Jes\u00fas<br \/>\nLa muerte de Jes\u00fas en la cruz s\u00f3lo puede comprenderse debidamente a la luz del ministerio precedente. Jes\u00fas dedic\u00f3 su vida y actividad a cumplir la misi\u00f3n que el Padre le hab\u00ed\u00ada confiado, es decir, a inducir a los hombres a aceptar la plena soberan\u00ed\u00ada de Dios. Sin embargo, el ministerio de su predicaci\u00f3n suscit\u00f3 oposiciones y contrastes. Sin intimidarse por ello, permaneci\u00f3 fiel a su tarea, incluso en medio de las crecientes dificultades. El cuarto evangelio, cuando habla de la obediencia de Jes\u00fas al Padre, subraya la plena conciencia que ten\u00ed\u00ada de que Dios obraba en \u00e9l para realizar la salvaci\u00f3n del hombre (Jn 3,17; 5,19ss; 6,37ss; 9,4). Confiando plenamente en que las pruebas que le impon\u00ed\u00adan los hombres no pod\u00ed\u00adan obstaculizar la voluntad salv\u00ed\u00adfica divina (Jn 2,19ss; 10,18), sigui\u00f3 dedic\u00e1ndose sin desmayo al cumplimiento de su misi\u00f3n, aun previendo que habr\u00ed\u00ada de terminar en un fracaso desde la perspectiva humana.<\/p>\n<p>Hacia la mitad de su ministerio comenz\u00f3 a hablar prof\u00e9ticamente de su tr\u00e1gico fin (Mc 8,31; Mt 16,22s; Lc 9,22). En aquellas predicciones indic\u00f3 claramente el tipo de muerte que padecer\u00ed\u00ada a manos de los hombres. Sin embargo, con su insistencia en la necesidad de esta muerte como cumplimiento de la voluntad salv\u00ed\u00adfica divina (el verbo griego dei -es necesario- expresa un imperativo divino) y con la promesa confiada de su posterior resurrecci\u00f3n, dej\u00f3 ver claramente que su muerte ser\u00ed\u00ada un elemento esencial en la realizaci\u00f3n del plan redentor divino. Los ap\u00f3stoles no lo comprendieron; por eso, cuando lleg\u00f3 el momento de la crucifixi\u00f3n, \u00e9sta se convirti\u00f3 para ellos en amarga desilusi\u00f3n, que trunc\u00f3 todas sus esperanzas.<\/p>\n<p>S\u00f3lo cuando la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas fue plenamente iluminada y aclarada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo en pentecost\u00e9s, consiguieron los ap\u00f3stoles comprender que la cruz no hab\u00ed\u00ada obstaculizado el cumplimiento de su misi\u00f3n. En el NT podemos distinguir varios niveles en la creciente comprensi\u00f3n por parte de la Iglesia del significado de la muerte de Jes\u00fas en la obra salv\u00ed\u00adfica divina.<\/p>\n<p>1. APOLOG\u00ed\u008dA EN DEFENSA DE LA MUERTE DE JES\u00daS. &#8211; El nivel m\u00e1s primitivo del kerygma cristiano muestra que los ap\u00f3stoles tuvieron que responder a objeciones hostiles a la aceptaci\u00f3n de Jes\u00fas resucitado como Mes\u00ed\u00adas. Los adversarios basaban sus ataques en que hab\u00ed\u00ada muerto en una cruz ignominiosa y en que hab\u00ed\u00ada sido condenado y rechazado por el juda\u00ed\u00adsmo oficial. Para rebatir esta cr\u00ed\u00adtica, los ap\u00f3stoles idearon una apolog\u00ed\u00ada de la muerte de Jes\u00fas y explicaron que hab\u00ed\u00ada sido provocada por la maldad de los hombres, que hab\u00ed\u00ada sido preestablecida por el mismo Dios y que hab\u00ed\u00ada sido anunciada en las profec\u00ed\u00adas veterotestamentarias (He 2,23; 3,13ss. 18; 13,27ss). A este fin, recurrieron principalmente a la profec\u00ed\u00ada de Isa\u00ed\u00adas sobre el siervo paciente de Yahv\u00e9 (He 3,13.26; 4,27.30; cf Is 52,13 &#8211; 53,12) y a los textos de los salmos, que interpretaron prof\u00e9ticamente (He 4,11, cf Sal 118,22; He 4,25s; cf Sal 2,1s).<\/p>\n<p>2. DESARROLLO DE LA TEOLOG\u00ed\u008dA DE LA CRUZ &#8211; Las cartas de san Pablo atestiguan que los primeros cristianos llegaron pronto a descubrir grandes y positivas riquezas en el misterio de la muerte de Jes\u00fas. La consideraban dotada del car\u00e1cter de un sacrificio perfecto, capaz de perdonar efectivamente el pecado y de establecer una nueva relaci\u00f3n de alianza con Dios (Rom 3,24; 4,25 &#8211; 5,2; 1 Cor 5,7; 2 Cor 5,19; Ef 5,1). Dado que Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada muerto en obediencia a la voluntad del Padre (Rom 5,19; Flp 2,8; Heb 10,4ss), su cruz fue acogida como una manifestaci\u00f3n eminente del amor de Dios (Rom 5,6ss; 8,32ss) y como instrumento efectivo de la sabidur\u00ed\u00ada y del poder divinos en la obra de la reconciliaci\u00f3n del hombre con Dios (1 Cor 1,18ss; Col 1,19s).<\/p>\n<p>Estas profundas intuiciones de fe se reflejan en el vocabulario del NT, que emplea palabras como \u00abcruz\u00bb, \u00abmadero\u00bb, \u00abmuerte\u00bb, \u00absangre\u00bb en un sentido arquet\u00ed\u00adpico. Aunque estos t\u00e9rminos se refieren a elementos materiales y a experiencias reales de la vida de Jes\u00fas, est\u00e1n iluminados por la luz de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica y perfecta de Dios, la cual se puso plenamente de manifiesto en la gloria mesi\u00e1nica de la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. LA TEOLOG\u00ed\u008dA DE LA CARTA A LOS HEBREOS &#8211; El autor an\u00f3nimo de esta carta hizo avanzar mucho la comprensi\u00f3n de la Iglesia acerca de cuanto la cruz implicaba para la humanidad de Jes\u00fas y de cuanto supon\u00ed\u00ada en pro del establecimiento de una nueva alianza (Heb 8,6-9.15). Muestra que el sufrimiento plenamente humano soportado por Jes\u00fas hizo de \u00e9l un sumo sacerdote lleno de compasi\u00f3n y que su muerte en la cruz fue un sacrificio plenamente sacerdotal que dura por siempre a fin de purificar a los hombres del pecado, y de unirlos a Dios (Heb 2,10; 4,14ss; 5,7ss; 10,1-18).<\/p>\n<p>II. La ense\u00f1anza del NT<br \/>\nacerca del lugar que ocupa la cruz<br \/>\nen la vida del cristiano<br \/>\nAs\u00ed\u00ad como la muerte de Jes\u00fas en la cruz debe su significado propio y su poder salv\u00ed\u00adfico al amor con que Jes\u00fas cumpli\u00f3 fielmente la misi\u00f3n que el Padre le hab\u00ed\u00ada confiado, as\u00ed\u00ad el NT subraya tambi\u00e9n la devoci\u00f3n y la fidelidad a Dios que deben producir en el cristiano la eficacia y el ejemplo de su muerte. Los escritos inspirados, lejos de ense\u00f1ar una doctrina y un inter\u00e9s masoquistas por el sufrimiento, afirman claramente que toda forma de-\u00abseguimiento\u00bb sacramental o comportamental de los sufrimientos de Jes\u00fas incluye necesariamente el \u00abpoder de su resurrecci\u00f3n\u00bb, que da vida, luz y fuerza en orden a una \u00ed\u00adntima uni\u00f3n con Dios y a una cooperaci\u00f3n activa en su obra salv\u00ed\u00adfica en el mundo (Flp 3,10s; 2 Cor 1,5s).<\/p>\n<p>1. EL \u00abLOGION\u00bb EVANGELICO SOBRE LLEVAR LA CRUZ (Mc 8,34; Mt 10,38; 16,24; Le 9,23; 14,27) &#8211; Es dudoso que estas palabras de Jes\u00fas a prop\u00f3sito de la cruz del disc\u00ed\u00adpulo se refieran figuradamente a la cruz de madera de la pena capital romana, dado que \u00e9sta no se hab\u00ed\u00ada empleado nunca como s\u00ed\u00admbolo literario del sufrimiento humano. A la luz del contexto de Mc 8,34 y teniendo en cuenta que las predicciones de Marcos sobre la pasi\u00f3n no mencionan la crucifixi\u00f3n, parece probable que esta figura ret\u00f3rica se refiere m\u00e1s bien al \u00abyugo\u00bb de Cristo exaltado en Mt 11,29 o al conjunto de sacrificios exigidos a cuantos quieren seguir a Jes\u00fas. Tambi\u00e9n es m\u00e1s veros\u00ed\u00admil que esta figura ret\u00f3rica se base en la pr\u00e1ctica hebrea de se\u00f1alar a una persona o de ungir con una cruz (+ o X, la forma antigua de la letra hebrea tau) como signo de arrepentimiento y distintivo espiritual que consagra al hombre a Dios (Ez 9,4; Salmos de Salom\u00f3n 15,6ss). Por eso el logion puede haber tenido originariamente este significado: \u00abTodo el que no se signa con esta + (o sea, no se arrepiente y no se dedica completamente a Dios), no puede ser mi disc\u00ed\u00adpulo\u00bb. El logion, unido a la sucesiva comprensi\u00f3n ecles\u00ed\u00adal del misterio de la cruz de Jes\u00fas, se convirti\u00f3 en s\u00ed\u00admbolo del discipulado cristiano y dio origen al rito de signarse la frente con la cruz en las ceremonias penitenciales y bautismales.<\/p>\n<p>2. LA ENSE\u00ed\u2018ANZA DE SAN PABLO &#8211; A este ap\u00f3stol se le puede llamar el te\u00f3logo de la presencia de la cruz de Cristo en la vida cristiana. No se limita a ense\u00f1ar el poder que tiene la cruz para librar a los hombres del pecado y del ego\u00ed\u00adsmo, de la muerte y de los lazos terrenos veterotestamentarios, sino que ense\u00f1a tambi\u00e9n por qu\u00e9 \u00abla sangre de la cruz\u00bb ha establecido una nueva alianza, en la cual los hombres viven unidos a Dios y en caridad unos con otros (Ef 2,13-22). Por eso, seg\u00fan san Pablo, todo cristiano debe vivir como quien en el bautismo ha sido \u00abcrucificado con Cristo\u00bb (G\u00e1l 2,19ss; 5,24; Rom 6,1-11; Col 2,Ilss). Esto significa que el cristiano, por participar del amor y la obediencia de Cristo en la cruz, debe dar muerte constantemente al pecado y al ego\u00ed\u00adsmo, que impiden amar a Dios y amar a los hombres, as\u00ed\u00ad como la alegr\u00ed\u00ada y la paz que irradian de la vida resucitada del Se\u00f1or (Col 3,2ss).<\/p>\n<p>3. ULTERIORES DESARROLLOS NEOTESTAMENTARIOS &#8211; La Carta a los Hebreos y la 1 de Pedro, escritas en un per\u00ed\u00adodo de dificultades, de tentaciones y persecuciones, introducen el nuevo tema de que el cristianismo necesita contemplar los sufrimientos de Jes\u00fas a fin de imitar su esp\u00ed\u00adritu de fidelidad, de caridad y de adquirir fuerza para seguir su ejemplo (Heb 12,2; 1 Pe 2,2lss). Estos escritos son b\u00e1sicos por el acento que ponen en la ejemplaridad de la cruz, tema que ser\u00e1 dominante en la espiritualidad medieval e incluso m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>El autor de la Carta a los Hebreos profundiza notablemente la teolog\u00ed\u00ada de la cruz en la vida cristiana. Relaciona \u00ed\u00adntimamente la \u00abperfecci\u00f3n\u00bb y la madurez cristiana (expresada mediante el t\u00e9rmino griego teleios) con el hecho de haberse convertido Jes\u00fas en \u00abperfecto\u00bb (teleioun), es decir, de haber sido ordenado sumo sacerdote&#8217; a trav\u00e9s de los sufrimientos humanos de su pasi\u00f3n, y de la exaltaci\u00f3n gloriosa de su resurrecci\u00f3n (Heb 2,10; 5,9; 10,14; 12,23). Con esta correlaci\u00f3n verbal ense\u00f1a que la \u00abperfecci\u00f3n\u00bb del pueblo sacerdotal depende de la medida en que se apropia el esp\u00ed\u00adritu de amor y de obediencia con que el Jes\u00fas humano fue \u00abperfeccionado\u00bb en su pasi\u00f3n y en la cruz.<\/p>\n<p>III. La cruz en los primeros cinco siglos<br \/>\nLa rica semilla presente en la ense\u00f1anza neotestamentaria sobre la muerte de Cristo no dio fruto en seguida en los siglos inmediatamente sucesivos. Dados los errores cristol\u00f3gicos que amenazaban la fe en la divinidad de Cristo, fue preciso subrayar la gloria de Cristo resucitado y su majestad de Hijo de Dios y de pantokrator. Los primeros Padres, al hablar de la muerte de Cristo, subrayan la poderosa acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios, el cual emplea la cruz como instrumento de su actividad. S\u00f3lo los dos \u00faltimos siglos de este per\u00ed\u00adodo dan testimonio de un florecimiento de la doctrina neotestamentaria sobre la funci\u00f3n ejemplar de la humanidad de Jes\u00fas en la obra de la salvaci\u00f3n y en la conducta de la vida cristiana.<\/p>\n<p>1. LOS TRES PRIMEROS SIGLOS &#8211; Los escritos de este per\u00ed\u00adodo desarrollan el significado de la cruz como instrumento de la obra salv\u00ed\u00adfica divina, para lo cual recurren principalmente a una interpretaci\u00f3n tipol\u00f3gica aleg\u00f3rica del AT, a imitaci\u00f3n del mismo NT (Jn 3,14ss; 1 Pe 3,20ss; Heb 9,11ss). As\u00ed\u00ad, comparan la cruz con el \u00e1rbol de vida del para\u00ed\u00adso terrenal, con el arca de No\u00e9, con la le\u00f1a del sacrificio que Isaac llev\u00f3 al monte Mor\u00ed\u00ada, con la escala de Jacob, con la vara de Mois\u00e9s y con la serpiente de bronce. Estos motivos fueron ampliamente desarrollados en la catequesis de la \u00e9poca y entraron a formar parte de la liturgia del bautismo y de la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Sin embargo, tambi\u00e9n en este per\u00ed\u00adodo primitivo unos pocos escritores, como san Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada (+ 117) y san Policarpo (+ 165), recuerdan los sufrimientos de Cristo para reforzar su invitaci\u00f3n a ser fieles a Dios a imitaci\u00f3n del Maestro, el cual a su vez fue sometido a persecuci\u00f3n. Las Acta Martyrii Polycarpi XVII, 3 (PG 5, 1042) indican el principio que presidir\u00e1 una gran parte de la espiritualidad futura; hablando de los m\u00e1rtires, juntan sus tres roles de testigos (martyres), de disc\u00ed\u00adpulos (rnathetai) y de imitadores (mimetai) de Cristo. Ignacio, adem\u00e1s, en su Carta a los Romanos relaciona estrechamente sus comienzos de disc\u00ed\u00adpulo (V) con su deseo de ser \u00abun imitador de la pasi\u00f3n de mi Dios\u00bb (VI) (PG 5, 691.693).<\/p>\n<p>En su pol\u00e9mica con los gn\u00f3sticos y con los docetas, san Ireneo (+ 197) y Tertuliano (+ 220) escribieron m\u00e1s por extenso sobre los sufrimientos de Cristo. Pero el testimonio m\u00e1s abundante y fecundo sobre el papel de la humanidad de Cristo en los misterios que santifican la vida humana, lo encontramos en losescritos de Or\u00ed\u00adgenes (+ 250), el cual en sus comentarios b\u00ed\u00adblicos combina la interpretaci\u00f3n aleg\u00f3rica con una atenta observaci\u00f3n de la influencia que han de tener en la vida cristiana las palabras y los actos de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>2. Los SIGLOS IV Y V &#8211; La conversi\u00f3n del emperador Constantino (312) y el hallazgo de la cruz de Cristo dieron un impulso notable a las manifestaciones p\u00fablicas de veneraci\u00f3n de la cruz. Con la adopci\u00f3n del cristianismo como religi\u00f3n del imperio, la cruz surgi\u00f3 como s\u00ed\u00admbolo oficial. Se convirti\u00f3 en est\u00ed\u00admulo para prodigarse y sacrificarse en este mundo, y en una garant\u00ed\u00ada del triunfo en la vida futura. La devoci\u00f3n a la cruz pas\u00f3 a ocupar un puesto importante en la espiritualidad cristiana del s. iv, seg\u00fan se desprende del desarrollo de una liturgia en su honor y de la popularidad de las peregrinaciones al G\u00f3lgota y al Santo Sepulcro. Partes de la cruz, trasladadas a los pa\u00ed\u00adses occidentales, originaron manifestaciones populares de fe en su poder de librar a los cristianos de cualquier forma de mal.<\/p>\n<p>Entretanto, las homil\u00ed\u00adas de san Ambrosio (+ 397), de san Juan Cris\u00f3stomo (+ 407) y de san Agust\u00ed\u00adn (+ 430), que pretend\u00ed\u00adan hacer de la ense\u00f1anza neotestamentaria una realidad de la vida de los cristianos, suscitaron un vivo inter\u00e9s por los misterios de la vida y de la muerte de Cristo. El acento que Juan Cris\u00f3stomo pon\u00ed\u00ada en la sangre de Cristo y en su poder de purificar y de fortificar evoca todas las ense\u00f1anzas de san Pablo sobre el papel de la muerte de Jes\u00fas en el misterio de la redenci\u00f3n. San Ambrosio, y particularmente san Agust\u00ed\u00adn, anticipan el \u00e9nfasis que pondr\u00ed\u00ada la espiritualidad sucesiva en la permanente presencia de la pasi\u00f3n de Cristo en la miseria, los sufrimientos y la opresi\u00f3n del pueblo de Dios. Socorrer las necesidades espirituales y corporales de los hombres significa asistir al Cristo total en su pasi\u00f3n, puesto que la Cabeza y los miembros forman un solo cuerpo. [Cf Ambrosio, Expositio evangelii sec. Lucam VI, 33 (PL 15, 1763); Agust\u00ed\u00adn, Enarratio in Ps. 58,2; 61,4 (PL 36,693 y 750s)].<\/p>\n<p>IV. La cruz en la Edad Media (500-1500)<br \/>\nEste per\u00ed\u00adodo no s\u00f3lo continu\u00f3 la veneraci\u00f3n popular por la cruz en un tiempo caracterizado por un esp\u00ed\u00adritu groseramente materialista y adem\u00e1s supersticioso, sino que tambi\u00e9n registr\u00f3 notables progresos en la teolog\u00ed\u00ada espiritual de la presencia de la cruz en la vida cristiana.<\/p>\n<p>1. CONTINUIDAD Y DESARROLLO &#8211; En los or\u00ed\u00adgenes de las grandes tradiciones mon\u00e1sticas, el \u00e9nfasis puesto en la cruz -anticipado ya por Pacomio (+ 346)-desempe\u00f1\u00f3 un gran papel en la interpretaci\u00f3n de la vida religiosa. La profesi\u00f3n mon\u00e1stica se ve\u00ed\u00ada como un segundo bautismo; por ello las hornillas y la liturgia que acompa\u00f1aban su rito subrayaban la necesidad para el monje de vivir crucificado con Cristo frente al mundo, al pecado y a los placeres de la carne. En recompensa, se le promet\u00ed\u00ada una participaci\u00f3n plena en la alegr\u00ed\u00ada y en la paz del Se\u00f1or resucitado. Hasta los detalles del h\u00e1bito mon\u00e1stico eran interpretados como elementos que le recordaban al monje su deber de llevar continuamente la cruz de Cristo.<\/p>\n<p>Mientras los religiosos de las primeras \u00f3rdenes mon\u00e1sticas iban profundizando en el misterio de la cruz, la devoci\u00f3n popular se manifestaba en la erecci\u00f3n de reproducciones de la cruz y en su difusa exhibici\u00f3n sirvi\u00e9ndose de todo tipo de arte y de pintura europea. Como san Agust\u00ed\u00adn, que, al arribar a Inglaterra en 596, llevaba delante una cruz de plata en lugar de una bandera, tambi\u00e9n los reyes de la \u00e9poca sustituyeron en las guerras los estandartes reales por la cruz. En la piedad popular sajona y en otros lugares se erigieron cruces de piedra un poco por todas partes, mientras que se empleaba siempre una reproducci\u00f3n de la cruz para garantizar la bendici\u00f3n de Dios en todo tipo de necesidades humanas; por ejemplo, para curar a los enfermos, para obtener la fertilidad de la tierra o para encontrar el ganado perdido. La gente no siempre viv\u00ed\u00ada seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu de Cristo crucificado, pero mostraba una fe sumamente supersticiosa en el poder de la cruz. Esta devoci\u00f3n popular tuvo reconocimiento oficial y experiment\u00f3 un nuevo impulso cuando, en 701, el papa Sergio 1 instituy\u00f3 la fiesta de la exaltaci\u00f3n de la cruz.<\/p>\n<p>2. UN PUNTO CULMINANTE DE ESTE DESARROLLO &#8211; El \u00faltimo per\u00ed\u00adodo de la Edad Media (del s. xu al s. xv) puede llamarse el per\u00ed\u00adodo de oro de la fecundidad de la doctrina de la cruz. Lo que se hab\u00ed\u00ada anticipado en los escritos de san Gregorio Magno (+ 604) y de san Beda (+ 736), alcanz\u00f3 su plena madurez en las obras teol\u00f3gicas y en la intensa piedad lit\u00fargica y personal de este per\u00ed\u00adodo. Las Meditationes y el Cur Deus Horno? de san Anselmo (+ 1109), junto con la teolog\u00ed\u00ada espiritual de Guillermo de Saint-Thierry (+ 1148) y de san Bernardo (+ 1153), ejercieron una notable influencia en el tratado de la pasi\u00f3n de Cristo de los escol\u00e1sticos (cf santo Tom\u00e1s, S.Th. III, qq. 46-49). Pero m\u00e1s significativo a\u00fan de esta influencia ejercida en los escol\u00e1sticos es el hecho de que el acento puesto por ciertos escritores, como san Bernardo, en el elemento humano de los misterios de Cristo, centr\u00f3 la contemplaci\u00f3n y la devoci\u00f3n popular en los sufrimientos y en la crucifixi\u00f3n del Salvador.<\/p>\n<p>Este desarrollo no aparece s\u00f3lo en las obras de san Bernardo, de san Buenaventura (+ 1274) y de santa Gertrudis (+ 1302), sino que influy\u00f3 tambi\u00e9n de manera radical en la vida espiritual de grandes comunidades religiosas, como las de los benedictinos, los cartujos y los cistercienses, los franciscanos y los dominicos. Tambi\u00e9n el laicado experiment\u00f3 esta nueva oleada devocional. Los hermanos terciarios franciscanos, siguiendo el ejemplo de san Francisco de As\u00ed\u00ads (+ 1226), igual que los dem\u00e1s predicadores de este per\u00ed\u00adodo, intentaron intensificar la piedad popular predicando de manera realista la pasi\u00f3n de Cristo, erigiendo crucifijos, componiendo oraciones y letan\u00ed\u00adas, organizando funciones piadosas e instituyendo el v\u00ed\u00ada crucis [ r Ejercicios de piedad 111, 2j. Esta tendencia encontr\u00f3 una expresi\u00f3n concomitante en la pintura y la escultura contempor\u00e1neas. As\u00ed\u00ad, el arte de Fray Ang\u00e9lico (+ 1455) adorn\u00f3 el convento de san Marcos de Florencia con im\u00e1genes inmortales de Cristo paciente. Esta intensificaci\u00f3n de la piedad realista conoci\u00f3 tambi\u00e9n excesos y supersticiones; pero, en general, permaneci\u00f3 fiel a las concepciones aut\u00e9nticas de los gu\u00ed\u00adas espirituales que la hab\u00ed\u00adan introducido y promovido. Los temas de la compasi\u00f3n por Cristo paciente, de la imitaci\u00f3n de sus virtudes, de la confianza en sus m\u00e9ritos, de la intercesi\u00f3n para obtener su ayuda misericordiosa se basaban en la fe firme en la humanidad real y en la divinidad consustancial del Hijo de Dios encarnado. La espiritualidad de la cruz, que hizo soportable la vida humana en un per\u00ed\u00adodo dif\u00ed\u00adcil y produjouna multitud de aut\u00e9nticos santos cristianos, como santa Angela de Foligno (+ 1309) y santa Catalina de Siena (+ 1380), la lleva l\u00facidamente adelante la escuela renana en sus escritos y en sus obras literarias, por ejemplo, las de Juan Taulero (+ 1361), las del beato Enrique Sus\u00f3n (+ 1366), y en la Imitaci\u00f3n de Cristo (1424\/27).<\/p>\n<p>V. La cruz en la Iglesia postridentina<br \/>\nLa espiritualidad del bajo medioevo, con su acentuada devoci\u00f3n a la pasi\u00f3n de Cristo, continu\u00f3 ejerciendo un gran influjo en la piedad eclesial despu\u00e9s del concilio de Trento. Las \u00f3rdenes religiosas que superaron el vendaval de la reforma protestante, siguieron las tradiciones que hab\u00ed\u00adan recibido del pasado. An\u00e1logamente, tambi\u00e9n las nuevas comunidades religiosas veneraban el esp\u00ed\u00adritu y los escritos de la iglesia pretridentina. Y, obviamente, la espiritualidad de las casas religiosas influy\u00f3 en la piedad de los laicos.<\/p>\n<p>1. CONTRIBUCI\u00ed\u201cN DE LA ESCUELA ESPA\u00ed\u2018OLA &#8211; Los nombres de mayor esplendor en el per\u00ed\u00adodo que sigui\u00f3 inmediatamente a la reforma fueron los de san Ignacio de Loyola (+ 1556), de santa Teresa (+ 1582) y de san Juan de la Cruz (+ 1591). Mientras san Ignacio centr\u00f3 la atenci\u00f3n en la meditaci\u00f3n de la pasi\u00f3n de Cristo y formul\u00f3 reglas de ayuda para ser fiel en la imitaci\u00f3n asc\u00e9tica del Salvador [>Ejercicios espirituales II, 4], los doctores del Carmelo bebieron en el mundo de sus experiencias personales y describieron todos los aspectos de la rica vida mon\u00e1stica, que lleva consigo a menudo un amor generoso y sincero a Cristo paciente. En cierto sentido, estos tres autores trazaron el curso que habr\u00ed\u00ada de seguir la espiritualidad en los siglos siguientes. Los tres consideraron la meditaci\u00f3n de la pasi\u00f3n de Cristo como elemento necesario de la lucha por alcanzar la santidad cristiana. Aunque pertenec\u00ed\u00adan a la escuela de la espiritualidad espa\u00f1ola, expresaron en su vida y en sus escritos una devoci\u00f3n a la cruz que se practicaba universalmente. La Croix de J\u00e9sus de Louis Chardon, OP (+ 1651), los Acta de los m\u00e1rtires de la reforma inglesa, el arte y la literatura espiritual de Italia y de Alemania muestran claramente que el amor a la pasi\u00f3n de Cristo, tan destacado en la iglesia postridentina, ocupar\u00e1 siempre un puesto de primer plano en la corriente maestra de la espiritualidad cristiana.<\/p>\n<p>2. COHERENCIA DOCTRINAL Y PR\u00ed\u0081XICA EN LOS \u00daLTIMOS SIGLOS &#8211; La devoci\u00f3n a la cruz en sus m\u00faltiples formas, lejos de disminuir, fue intensific\u00e1ndose con el correr de los siglos. Una serie continua de eminentes predicadores, como san Luis de Montfort (+ 1716), san Leonardo de Puertomauricio (+ 1751) y san Pablo de la Cruz (+ 1775), hicieron de la pasi\u00f3n de Cristo tema dominante de sus sermones, igual que todos los grandes misioneros de los jesuitas, los hermanos menores, los capuchinos y los lazaristas. El fervor y el sentido pr\u00e1ctico con que tales predicadores promovieron la devoci\u00f3n a la pasi\u00f3n, est\u00e1n bien representados en los escritos de san Alfonso de Ligorio (+ 1787). Por eso este amor a Cristo crucificado se convirti\u00f3 en parte integral del esp\u00ed\u00adritu de las nuevas comunidades religiosas que vieron la luz en el siglo xix.<\/p>\n<p>La devoci\u00f3n a la cruz en el per\u00ed\u00adodo postridentino incluy\u00f3 todos los aspectos del misterio redentor, como se hab\u00ed\u00ada hecho a finales del Medioevo: el Sagrado Coraz\u00f3n de Cristo, sus llagas, su preciosa sangre, su santa faz y la eucarist\u00ed\u00ada. Realmente, podemos decir que, tras los escritos de san Francisco de Sales (+ 1622), de san Juan Eudes (+ 1680) y de las revelaciones hechas a santa Margarita Mar\u00ed\u00ada (+ 1690), el Sdo. Coraz\u00f3n de Cristo paciente fue venerado universalmente en una medida que no tiene parang\u00f3n en la historia precedente.<\/p>\n<p>El ejemplo dado por san Vicente de Pa\u00fal (+ 1660) result\u00f3 fecund\u00ed\u00adsimo en el s. xix. que acentu\u00f3 la necesidad de expresar la compasi\u00f3n por Cristo doliente con el inter\u00e9s real y efectivo por los miembros dolientes de su cuerpo m\u00ed\u00adstico. Fundadores de nuevas congregaciones religiosas y de grupos de laicos, como Federico Ozanam, que dio vida a las Conferencias de san Vicente de Pa\u00fal, subrayaron la necesidad de hacer concreta y vital la devoci\u00f3n a la pasi\u00f3n dedic\u00e1ndose al servicio de los pobres, de los que sufren, de los ignorantes y de cuantos deben soportar los efectos negativos de la revoluci\u00f3n industrial.<\/p>\n<p>VI. La cruz en el siglo XX<br \/>\nHasta mediados, aproximadamente, de nuestro siglo, religiosos y seglares siguieron los modelos de devoci\u00f3n a la cruz heredados del pasado. El v\u00ed\u00ada crucis, los misterios dolorosos del rosario [>Ejercicios de piedad III, 1], las funciones en honor del Sdo. Coraz\u00f3n de Cristo, la predicaci\u00f3n popular mantuvieron vivo un f\u00e9rvido amor a la pasi\u00f3n del Salvador. Elemento t\u00ed\u00adpico de este esp\u00ed\u00adritu fue el vivo inter\u00e9s manifestado por los conocidos estigmatizados de nuestro siglo: santa Gema Galgani, Teresa Neumann y el padre P\u00ed\u00ado. Sin embargo, a mediados de siglo se not\u00f3 un cambio, especialmente en amplios sectores de Europa y de Am\u00e9rica del Norte. Es dif\u00ed\u00adcil establecer las razones precisas de este imprevisto enfriamiento del inter\u00e9s por las formas precedentes de espiritualidad de la cruz. Parece que las causas son m\u00e1s profundas que el simple hecho de que el Vat. II haya conseguido desplazar la atenci\u00f3n de las pr\u00e1cticas devocionales a las riquezas de la eucarist\u00ed\u00ada y de la liturgia. Algunas de estas razones profundas merecen ser tomadas en consideraci\u00f3n, no s\u00f3lo por haber sido los factores principales del cambio, sino tambi\u00e9n porque contienen la promesa de nuevos desarrollos.<\/p>\n<p>1. RAZONES TEOL\u00ed\u201cGICAS DEL CAMBIO &#8211; Hacia mediados de siglo se comenz\u00f3 de nuevo a subrayar la resurrecci\u00f3n de Cristo y su significado en la vida cristiana, y ello tanto por los estudios b\u00ed\u00adblicos como por los teol\u00f3gicos. Como lo ha puesto bien de manifiesto E. S. Durrwell en La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, misterio de salvaci\u00f3n (Herder, Barcelona 19784), esta nueva perspectiva teol\u00f3gica era simplemente un redescubrimiento de cuanto ense\u00f1an el NT, los Padres y santo Tom\u00e1s de Aquino. Por desgracia, sin embargo, este nuevo \u00e9nfasis tuvo como resultado oscurecer la id\u00e9ntica importancia de la pasi\u00f3n de Cristo como fuente de la redenci\u00f3n y modelo de vida cristiana. En consecuencia, muchos pasaron por alto el hecho de que, por m\u00e1s que la vida un d\u00ed\u00ada haya de estar iluminada en el cielo por la sabidur\u00ed\u00ada de la resurrecci\u00f3n, hay que vivirla aqu\u00ed\u00ad en la tierra con la sabidur\u00ed\u00ada de la cruz.<\/p>\n<p>2. RAZONES SOCIO-PSICOL\u00ed\u201cGICAS &#8211; El intenso desarrollo de una nueva conciencia social a mediados de siglo ha dado a conocer a los hombres las inquietudes, las condiciones inhumanas y la discriminaci\u00f3n que caracterizan la vida de muchas personas, mientras que otros gozan de prestigio y de toda clasede bienestar. Las consecuencias de las dos guerras mundiales, la aparici\u00f3n del tercer mundo, la publicaci\u00f3n de los sufrimientos de los oprimidos y de las minor\u00ed\u00adas raciales, as\u00ed\u00ad como la clara ense\u00f1anza de los romanos pont\u00ed\u00adfices y del Vat. II, han abierto los ojos a los cristianos y les han permitido ver la gran pobreza y los sufrimientos de toda clase que existen en medio de ellos. El empe\u00f1o por remediar estas necesidades se ha convertido para muchos en un cometido social que los ha absorbido completamente y les ha apartado de las formas pret\u00e9ritas de espiritualidad, consideradas al presente como demasiado centradas en s\u00ed\u00ad mismas e indiferentes a las necesidades del mundo. Una especie de miop\u00ed\u00ada ha inducido a considerar la pasi\u00f3n de Cristo y la espiritualidad de la cruz como factores irrelevantes frente a las acuciantes necesidades humanas que piden urgente remedio.<\/p>\n<p>3. PROGNOSIS PARA EL FUTURO &#8211; Es demasiado pronto para predecir el curso exacto de esta espiritualidad cristiana durante los pr\u00f3ximos a\u00f1os que nos aguardan; sin embargo, existen se\u00f1ales indicadoras de que las experiencias de los \u00faltimos veinte a\u00f1os podr\u00e1n servir para enriquecer y profundizar la influencia de la pasi\u00f3n de Cristo en la vida de los hombres. La nube que temporalmente ha oscurecido la cruz de Cristo comienza ya desde ahora a dejar filtrar alg\u00fan rayo de luz.<\/p>\n<p>a) Progresos en teolog\u00ed\u00ada. Un grupo notable de te\u00f3logos alemanes, profundamente preocupado por el oscurecimiento de la pasi\u00f3n de Cristo en la espiritualidad cristiana contempor\u00e1nea, est\u00e1 intentando restablecer el valor de la concepci\u00f3n plurisecular sobre el papel de la pasi\u00f3n de Cristo como \u00abpoder y sabidur\u00ed\u00ada de Dios\u00bb en el acto de la redenci\u00f3n y en la vida de los cristianos. En la linea de esta corriente de pensamiento, algunos art\u00ed\u00adculos recientes de K. Rahner han mostrado que la cruz es la manifestaci\u00f3n eminente de la vida inmanente de Dios y revela el modo de hacerse operante la resurrecci\u00f3n en la vida terrena del cristiano. Estos escritos permiten ver que los misterios de la muerte y de la resurrecci\u00f3n est\u00e1n \u00ed\u00adntimamente unidos entre s\u00ed\u00ad tanto en la vida de Jes\u00fas como en la experiencia del cristiano, de forma que la acentuaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n proyecta nueva luz sobre el significado y sobre la necesidad de la cruz (>Misterio pascual].<\/p>\n<p>Junto a este desarrollo teol\u00f3gico, la experiencia pr\u00e1ctica est\u00e1 haciendo que muchos se den cuenta de nuevo de la necesidad que tenemos de mirar a la pasi\u00f3n de Cristo. Tambi\u00e9n los que se han beneficiado del bienestar y del progreso tecnol\u00f3gico se han dado cuenta de que el mundo presente, deteriorado por el pecado global y personal, no ser\u00e1 jam\u00e1s la ciudad de la utop\u00ed\u00ada. Mientras haya hombres en esta tierra, Cristo resucitado tendr\u00e1 que hacerlos capaces de afrontar las luchas y batallas de la vida con la sabidur\u00ed\u00ada de la cruz, que dirigi\u00f3 tambi\u00e9n su vida terrena.<\/p>\n<p>b) El servicio al Cuerpo de Cristo. El compromiso social cristiano destaca una vez m\u00e1s el \u00e9nfasis que san Agust\u00ed\u00adn hab\u00ed\u00ada puesto en los sufrimientos de Cristo en su cuerpo m\u00ed\u00adstico. Como lo indican la enc\u00ed\u00adclica Mystici Corporis (1943) de P\u00ed\u00ado XII y las grandes enc\u00ed\u00adclicas sociales de Juan XXIII y de Pablo VI, el modo aut\u00e9ntico de ser verdaderamente devotos de Cristo en la cruz es dedicarse a servir con compasi\u00f3n y con eficacia a los miembros de su cuerpo que comparten ahora sus sufrimientos. Bastar\u00e1 que esta luz de la fe ilumine el vivo inter\u00e9s social del pueblo cristiano; entonces Cristo en la cruz y los que est\u00e1n afligidos y oprimidos ser\u00e1n vistos en una misma \u00f3ptica. Ello har\u00e1 que florezca en la Iglesia una vida completamente nueva de justicia y de caridad, y a la vez una devoci\u00f3n realista a la pasi\u00f3n de Cristo, que realizar\u00e1 perfectamente sus palabras: \u00abCuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos m\u00e1s peque\u00f1os, conmigo lo hicisteis\u00bb (Mt 25,40).<\/p>\n<p>4. PRESENCIA PERENNE DE CRISTO CRUCIFICADO &#8211; La espiritualidad de la cruz ha conocido per\u00ed\u00adodos de grandeza y de decadencia, pero su presencia continua en el mundo est\u00e1 garantizada. Cristo mismo ha prometido con su palabra infalible: \u00abY yo, cuando sea levantado de la tierra, atraer\u00e9 a todos hacia m\u00ed\u00ad\u00bb (Jn 12,32).<\/p>\n<p>El ha mantenido esta promesa a trav\u00e9s de los siglos, porque ha atra\u00ed\u00addo a s\u00ed\u00ad a hombres de todas las generaciones y los ha transformado a imagen suya con el poder y la ejemplaridad de la cruz. Esta experiencia ser\u00e1 para siempre un elemento esencial en el campo de la santidad. Cualquiera que sea la forma que asuma la espiritualidad de la cruz, todo cristiano debe seguir mirando a Cristo crucificado para llegar a compartir la fidelidad y la caridad del Hijo encarnado de Dios, el cual \u00abnos am\u00f3 y se entreg\u00f3 por nosotros a Dios en oblaci\u00f3n y sacrificio de agradable olor\u00bb (Ef 5,2).<\/p>\n<p>B. M. Aherns<br \/>\nBIBL.-AA. VV., La sapienza delta croce oggi, 3 vols., LDC, Tur\u00ed\u00adn 1976.&#8211;AA. VV., La sabidur\u00ed\u00ada de la Cruz, \u00abRey. de Espiritualidad\u00bb, 139 (1976).-AA. VV., El misterio pascual, S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1966.-AA. VV., Sabidur\u00ed\u00ada de la cruz, Narcea, Madrid 1980.-AA. VV., Crucificado por nuestra causa, en \u00abCommunio\u00bb, 1 (1980).-Basilio de San Pablo, Clave sacrificio\/ de la redenci\u00f3n, Studium, Madrid 1975.-Casel, O, Misterio de la cruz, Guadarrama, Madrid 1964.-Cousin, H. Los textos evang\u00e9licos de la pasi\u00f3n, Verbo Divino, Estella 1981.-Forestell, J. T, The Word of the Cross, Biblical Institute Press, Roma 1974.-Gherardini, 13, Theologia crucis. L&#8217;eredit\u00e1 di Latero nell&#8217;evoluzione teologica della R(forma, FA. Paoline, Roma 1978.-Hoffmann, K, Das Kreuz und die Revolution Gottes, Neukirchen 1971.-Mateos, C. Los relatos evang\u00e9licos de la Pasi\u00f3n de Jes\u00fas, Estad. Agustiniano, Valladolid 1978.-Moltmann, J, El Dios crucificado, S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1975.-Morris, L, \u00bfPor Qu\u00e9 muno Jes\u00fas?, Certeza. B. Aires 1976.-Quiroga, A, La cruz en Am\u00e9rica, Ed. Casta\u00f1eda, San Antonio de Padua (Argentina) 1977.-Sabourin, la Redenci\u00f3n sacrificial, Descl\u00e9e, Bilbao 1969.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>V\u00e9ase MADERO DE TORMENTO.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>CRUZ<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>Jes\u00fas muri\u00f3 crucificado. La cruz, que fue el instrumento de la redenci\u00f3n, ha venido a ser, juntamente con la *muerte, el *sufrimiento, la *sangre, uno de los t\u00e9rminos esenciales que sirven para evocar nuestra salvaci\u00f3n. No es una ignominia, sino un t\u00ed\u00adtulo de gloria, primero para Cristo, luego para los cristianos.<\/p>\n<p>I. LA CRUZ DE JESUCRISTO. 1. El esc\u00e1ndalo de la cruz. \u00abNosotros predicamos a Cristo crucificado, *esc\u00e1ndalo para los jud\u00ed\u00ados y *locura para los paganos\u00bb (ICor 1,23). Con estas palabras expresa Pablo la reacci\u00f3n espont\u00e1nea de todo hombre puesto en presencia de la cruz redentora. \u00bfC\u00f3mo podr\u00ed\u00ada venir la salvaci\u00f3n al mundo grecorromano por la crucifixi\u00f3n, aquel suplicio reserva-do a los esclavos (cf. Flp 2,8), que no s\u00f3lo era una muerte cruel, sino adem\u00e1s una ignominia (cf. Heb 12, 2; 13,13)? \u00bfC\u00f3mo podr\u00ed\u00ada procurarse la redenci\u00f3n a los jud\u00ed\u00ados por un cad\u00e1ver, aquella impureza de la que hab\u00ed\u00ada que deshacerse lo antes posible (Jos 10,26s; 2Sa 21,9ss; Jn 19, 31), por un condenado colgado del pat\u00ed\u00adbulo y marcado con el estigma de la *maldici\u00f3n divina (Dt 21,22s; G\u00e1l 3,13)? En el calvario era f\u00e1cil a los presentes chancearse con \u00e9l invit\u00e1ndole a bajar de la cruz (Mt 27, 39-44 p). En cuanto a los disc\u00ed\u00adpulos, podemos imaginarnos su reacci\u00f3n horrorizada. Pedro, que, sin embargo, acababa de reconocer en Jes\u00fas al Mes\u00ed\u00adas, no pod\u00ed\u00ada tolerar el anuncio de su sufrimiento y &#8216;de su muerte (Mt 16,21ss p; 17,22s p): \u00bfc\u00f3mo hubiera admitido su crucifixi\u00f3n? As\u00ed\u00ad, la v\u00ed\u00adspera de la pasi\u00f3n anunci\u00f3 Jes\u00fas que todos se escandalizar\u00ed\u00adan a causa de \u00e9l (Mt 26,31 p).<\/p>\n<p>2. El misterio de la cruz. Si Jes\u00fas, y los disc\u00ed\u00adpulos despu\u00e9s de \u00e9l, no dulcificaron el esc\u00e1ndalo de la cruz, es que un misterio oculto le confer\u00ed\u00ada sentido. Antes de pascua era Jes\u00fas el \u00fanico que afirmaba su necesidad, para *obedecer a la *voluntad del Padre (Mt 16,21 p). Despu\u00e9s de pentecost\u00e9s los disc\u00ed\u00adpulos, ilusionados por la gloria del resucitado, proclaman a su vez esta necesidad, situando el esc\u00e1ndalo de la cruz en su verdadero puesto en el *designio de Dios. Si el *Mes\u00ed\u00adas fue crucificado (Act 2,23; 4,10), \u00abcolgado del le\u00f1o\u00bb (5,30; 10,39) en una forma escandalosa (cf. Dt 21,23), fue sin duda a causa del *odio de sus hermanos. Pero este hecho, una vez esclarecido por la profec\u00ed\u00ada, adquiere una nueva dimensi\u00f3n: *realiza \u00ab10 que se hab\u00ed\u00ada escrito acerca de Cristo\u00bb (Act 13,29). Por esto los re-latos evang\u00e9licos de la muerte de Jes\u00fas encierran tantas alusiones a los salmos (Mt 27,33-60 p; Jn 19, 24.28.36s): \u00abera necesario que el Mes\u00ed\u00adas sufriera\u00bb, conforme con las *Escrituras, como lo explicar\u00e1 el resucitado a los peregrinos de Ema\u00fas (Lc 24,25s).<\/p>\n<p>3. La teolog\u00ed\u00ada de la cruz. Pablo hab\u00ed\u00ada recibido de la tradici\u00f3n primitiva que \u00abCristo muri\u00f3 por nuestros pecados seg\u00fan las Escrituras)) (lCor 15,3). Este dato tradicional su-ministra un punto de partida a su reflexi\u00f3n teol\u00f3gica; reconociendo en la cruz la verdadera *sabidur\u00ed\u00ada, no quiere conocer sino a Jes\u00fas crucificado (2,2). En ello, en efecto, resplandece la sabidur\u00ed\u00ada del designio de Dios, anunciada ya en el AT (1,19s); a trav\u00e9s de la debilidad del hombre se manifiesta la *fuerza de Dios (1,25). Desarrollando esta intuici\u00f3n fundamental descubre Pablo un sentido incluso en las modalidades de la crucifixi\u00f3n. Si Jes\u00fas fue \u00abcolgado del *\u00e1rbol\u00bb como un maldito, era para rescatarnos de la maldici\u00f3n de la ley G\u00e1l 3,13). Su cad\u00e1ver expuesto sobre la cruz, \u00ab*carne semejante a la del *pecado\u00bb, permiti\u00f3 a Dios \u00abcondenar el pecado en la carne\u00bb (Rom 8,3); la sentencia de la *ley ha sido ejecutada, pero al mismo tiempo Dios \u00abla ha suprimido clav\u00e1ndola en la cruz, y ha despojado a los poderes\u00bb (Col 2,14s). As\u00ed\u00ad, \u00abpor la sangre de su cruz\u00bb se ha *reconciliado Dios a todos los seres (1,20); suprimiendo las antiguas divisiones causadas por el pe-cado, ha restablecido la *paz y la *unidad entre jud\u00ed\u00ados y paganos para que no formen ya sino un solo *cuerpo (Ef 2,14-18). La cruz se yergue, pues, en la frontera entre &#8216;las dos econom\u00ed\u00adas del AT y del NT.<\/p>\n<p>4. La cruz, elevaci\u00f3n a la gloria. En el pensamiento de Juan no es la cruz sencillamente un *sufrimiento, una humillaci\u00f3n, que halla con todo cierto sentido por raz\u00f3n del designio de Dios y por sus efectos saludables; es ya la *gloria de Dios anticipada. Por lo dem\u00e1s, la tradici\u00f3n anterior no la mencionaba nunca sin invocar luego la glorificaci\u00f3n de Jes\u00fas. Pero, seg\u00fan Juan, en ella triunfa ya Jes\u00fas. Utilizando para &#8216;designarla el t\u00e9rmino que hasta entonces indicaba la exaltaci\u00f3n de Jes\u00fas al cielo (Act 2,33; 5,31), muestra el momento en que el *Hijo del hombre es \u00abelevado\u00bb (Jn 8,28; 12,32s), como una nueva serpiente de bronce, signo de salvaci\u00f3n (3,14; cf. N\u00fam 21, 4-9). Se dir\u00ed\u00ada que en su relato de la pasi\u00f3n avanza Jes\u00fas hacia ella con majestad. Sube a ella triunfalmente, ya que all\u00ed\u00ad funda su Iglesia \u00abdando el *Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (19,30) y haciendo que mane de su costado la *sangre y el *agua (19,34). En adelante habr\u00e1 que \u00abmirar al que han atravesado\u00bb (19,37), pues la *fe se dirige al crucificado, cuya cruz es el signo vivo de la salvaci\u00f3n. Parece que en el mismo esp\u00ed\u00adritu vio el Apocalipsis a trav\u00e9s de este \u00able\u00f1o\u00bb salvador el \u00able\u00f1o de la vida\u00bb, a trav\u00e9s del \u00ab\u00e1rbol de la cruz\u00bb \u00abel \u00e1rbol de vida\u00bb (Ap 22,2.14.19).<\/p>\n<p>II. LA CRUZ, MARCA DEL CRISTIANO. 1. La cruz de Cristo. El Apocalipsis, revelando que los dos testigos hab\u00ed\u00adan sido martirizados \u00aball\u00ed\u00ad donde Cristo fue crucificado\u00bb (Ap 11,8), identifica la suerte de los *disc\u00ed\u00adpulos con la del Maestro. Es lo que exig\u00ed\u00ada ya Jes\u00fas: ((Si alguien quiere venir en pos de m\u00ed\u00ad, ni\u00e9guese a s\u00ed\u00ad mismo, cargue con su cruz y me *siga\u00bb (Mt 16,24 p). El disc\u00ed\u00adpulo no s\u00f3lo debe *morir a s\u00ed\u00ad mismo, sino que la cruz que lleva es signo de que muere al *mundo, que ha roto todos sus lazos naturales (Mt 10,33-39 p), que acepta la condici\u00f3n de *perseguido, al que quiz\u00e1 se quite la vida (Mt 23, 34). Pero al mismo tiempo es tambi\u00e9n signo de su gloria anticipada (cf. Jn 12,26).<\/p>\n<p>2. La vida crucificada. La cruz de Cristo que, seg\u00fan Pablo, separaba las dos econom\u00ed\u00adas de la *ley y de la *fe, viene a ser en el coraz\u00f3n del cristiano la frontera entre los dos mundos de la *carne y del *esp\u00ed\u00adritu. Es la \u00fanica *justificaci\u00f3n y la \u00fanica *sabidur\u00ed\u00ada. Si se ha convertido, es porque ante sus ojos se han dibujado los rasgos de Jesucristo en cruz (G\u00e1l 3,1). Si es justificado, no lo es en absoluto por las *obras de la ley, sino por su fe en , el crucificado; porque \u00e9l mismo ha sido crucifica-do con Cristo en el *bautismo, tanto que ha muerto a la ley para vivir para Dios (G\u00e1l 2,19), y que ya no tiene nada que ver con el *mundo (6,14). As\u00ed\u00ad pone su *confianza en la sola *fuerza de Cristo, pues de lo contrario se mostrar\u00ed\u00ada \u00abenemigo de la cruz\u00bb (Flp 3,18).<\/p>\n<p>3. La cruz, t\u00ed\u00adtulo de gloria del cristiano. En la vida cotidiana del cristiano, \u00abel *hombre viejo es crucificado\u00bb (Rom 6,6), hasta tal punto que es plenamente liberado del pecado. Su juicio es transformado por la sabidur\u00ed\u00ada de la cruz (ICor 2). Por esta sabidur\u00ed\u00ada se convertir\u00e1, a *ejemplo de Jes\u00fas, en humilde y \u00ab*obediente hasta la muerte, y muerte de cruz\u00bb (Flp 2,1-8). Mas en general, debe contemplar el \u00abmodelo\u00bb de Cristo que \u00abllev\u00f3 nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero para que, muertos al pecado, vivi\u00e9ramos para la justicia\u00bb (1Pe 2,21-24). Final-mente, si bien es cierto que debe temer siempre la apostas\u00ed\u00ada, que le inducir\u00ed\u00ada a \u00abcrucificar de nuevo por su cuenta al Hijo de Dios\u00bb (Heb 6,6), puede, sin embargo, exclamar con orgullo con san Pablo: \u00abCuanto a m\u00ed\u00ad, no quiera Dios que me glor\u00ed\u00ade sino en la cruz de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, por quien el mundo est\u00e1 crucificado para m\u00ed\u00ad y yo para el mundo\u00bb (G\u00e1l 6,14).<\/p>\n<p>-> \u00ed\u0081rbol &#8211; Locura &#8211; Muerte &#8211; Persecuci\u00f3n &#8211; Redenci\u00f3n &#8211; Sabidur\u00ed\u00ada &#8211; Sangre &#8211; Sufrimiento.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. 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