{"id":15987,"date":"2016-02-05T10:22:12","date_gmt":"2016-02-05T15:22:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/discapacitados-pastoral-de\/"},"modified":"2016-02-05T10:22:12","modified_gmt":"2016-02-05T15:22:12","slug":"discapacitados-pastoral-de","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/discapacitados-pastoral-de\/","title":{"rendered":"DISCAPACITADOS, PASTORAL DE"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. Los afanes de nuestro mundo y el rostro de la discapacidad. &#8211; 2. \u00bfQui\u00e9nes son hoy los discapacitados? -3. El plan amoroso de Dios y la debilidad humana: a) Dios ha hecho una opci\u00f3n radical por la vida. b) Un Dios de encuentro y de alianza. c) Un Dios amoroso y amigo. &#8211; 4. Jes\u00fas realiza en su vida este plan de Dios: a) La Encarnaci\u00f3n de Jes\u00fas y la debilidad humana. b) Jes\u00fas se manifiesta con libertad ante lo escandaloso para el mundo. &#8211; 5. La Iglesia anuncia este reino de Dios realizado en Jes\u00fas: a) La comunidad fraternal y amistosa, vivencia imprescindible para toda persona d\u00e9bil en su cuerpo o en su esp\u00ed\u00adritu. b) La Comunidad cristiana siempre se ha sentido urgido por la presencia de la debilidad humana. c) La atenci\u00f3n a los discapacitados dentro de la organizaci\u00f3n pastoral de la comunidad diocesana.<\/p>\n<p>1. Los afanes de nuestro mundo y el rostro de la discapacidad<br \/>\nLos afanes que orientan nuestra cultura actual, por lo general, est\u00e1n muy lejanos del rostro que nos ofrece la debilidad humana. M\u00e1s bien su presencia desconcierta y llega a ser piedra de esc\u00e1ndalo para una sociedad que se estructura en su dinamismo al servicio de los m\u00e1s fuertes y poderosos.<\/p>\n<p>Nuestro mundo no es excesivamente sensible respecto al humilde, al marginado, al minusv\u00e1lido, al discapacitado, al anciano, al pobre en general. En estos momentos de feroz competitividad especialmente en Occidente, se tiene la convicci\u00f3n de que en esta carrera vertiginosa s\u00f3lo subsistir\u00e1n los m\u00e1s capacitados, los mejor preparados t\u00e9cnicamente, los m\u00e1s sobresalientes no por su humanidad sino por su fuerza de poder y de posesi\u00f3n. En una lucha tan tenaz cada vez se hace m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil hacer sitio a la compasi\u00f3n, la ternura, la solidaridad, la comuni\u00f3n. Valores tan necesarios para fundamentar la verdadera felicidad del hombre.<\/p>\n<p>Dicha competitividad para muchos es agotadora. Sin embargo, sin \u00e9xito social no est\u00e1 asegurado un sitio digno, ni un trabajo que permita una cierta calidad de vida, casi ni la conciencia de la propia identidad personal. Los avanzados medios de comunicaci\u00f3n y la generalizada publicidad subliminal lo hacen a diario evidente, poniendo como ideal el \u00e9xito sin medida y el tener desmesurado. La misma educaci\u00f3n se siente enga\u00f1osamente integrada en un tal dinamismo olvidando peligrosamente valores esenciales e imprescindibles para un m\u00ed\u00adnimo desarrollo global del ser humano.<\/p>\n<p>Para los m\u00e1s d\u00e9biles es un ritmo imposible de seguir. Las personas que por m\u00faltiples razones no pueden con esta vertiginosa carrera corren el peligro de sentirse in\u00fatiles y con la sensaci\u00f3n de ser un peso para el resto del grupo social (JEAN VANIER, Le corps bris\u00e9, Bellarmin-Fayard, Qu\u00e9bec 1989, 19-31). A no pocos les invade la frustraci\u00f3n, la tristeza, la rabia consiguiente y la clara tentaci\u00f3n de situarse al margen de esta sociedad que contemplan tan original. El refugio en la droga, el alcohol, la delincuencia, la prostituci\u00f3n, la marginaci\u00f3n, etc., son huidas cada vez m\u00e1s frecuentes que ponen en evidencia, a su vez, la impotencia de una cultura que se vive autosuficiente. Algunos, m\u00e1s d\u00e9biles, llegan a tocar el fondo del aislamiento y ceden a la tentaci\u00f3n del suicidio; en otras ocasiones es la locura, la huida al mundo de la ilusi\u00f3n o del delirio, cualquier cosa antes que la total desesperanza.<\/p>\n<p>En un mundo as\u00ed\u00ad, atrapado en estos afanes \u00bfc\u00f3mo hacerse presente una Iglesia que ha recibido como misi\u00f3n evangelizar con preferencia a los sencillos, a los d\u00e9biles, a los marginados, a los m\u00e1s desvalidos de la sociedad? \u00bfCu\u00e1l es el sitio que ellos ocupan dentro de la comunidad eclesial, su espacio en los organigramas pastorales, el tiempo que se les dedica, las personas que se preparan para una labor tan compleja? Es importante, pues, desde la tarea evangelizadora tener una mirada atenta y comprensiva hacia esta amplia realidad humana que propicie, a su vez, cambios significativos en la acci\u00f3n pastoral organizada de la comunidad cristiana (HERVE ITOUA, \u00abAsistencia Pastoral y Espiritualidad del enfermo mental\u00bb, Dolentium Hominum-Iglesia y salud en el mundo, 34 (1997) 208-216).<\/p>\n<p>2. \u00bfQui\u00e9nes son hoy los discapacitados?<br \/>\n\u00bfA qui\u00e9nes nos dirigimos cuando hablamos de discapacidad? Sin duda, se trata de una palabra de gran ambig\u00fcedad, cuyo significado depende muchas veces de criterios culturales condicionados por una mirada social te\u00f1ida por sus propios prejuicios e inseguridades. Una divisi\u00f3n clara y tajante entre la persona normal y la discapacitada no existe. \u00bfQui\u00e9n no se siente discapacitado en alg\u00fan rinc\u00f3n de su ser o se ha sentido en momentos cr\u00ed\u00adticos de su vida? Todos sufrimos nuestras propias heridas y somos conscientes de numerosas limitaciones en el contexto global de nuestra personalidad tanto a nivel f\u00ed\u00adsico como ps\u00ed\u00adquico. Sin embargo, en nuestra realidad existencial encontramos limitaciones extraordinarias que afectan particularmente al ser humano en su modo de ser, de existir o de relacionarse y le impiden seguir el ritmo normalizado del grupo social.<\/p>\n<p>En este sentido podr\u00ed\u00adamos llamar discapacitado a quien, dada su especial condici\u00f3n f\u00ed\u00adsica, ps\u00ed\u00adquica o social, necesita modos particulares de relaci\u00f3n, de apoyo, de asistencia, de educaci\u00f3n, de atenci\u00f3n pastoral (DCG (1997) 189). Las formas en las que se expresa dicha discapacidad pueden ser muy variadas, as\u00ed\u00ad como las causas que las originan:<\/p>\n<p>a) Discapacidad que afecta a la realidad f\u00ed\u00adsica del ser humano: Enfermos graves que sufren en su cuerpo las limitaciones que impone la enfermedad larga y quiz\u00e1s cronificada. Los ancianos que sienten progresivamente el deterioro de sus capacidades f\u00ed\u00adsicas y mentales. La discapacidad sensorial en sus diversas formas y particularidades, y todas las minusval\u00ed\u00adas severas que afectan al estado psicomotor, algunas de ellas causadas por traumatismos cerebrales cada vez m\u00e1s frecuentes. En todos ellos tienen gran importancia los trastornos ps\u00ed\u00adquicos asociados a dichas limitaciones.<\/p>\n<p>b) Discapacidad que afecta a la realidad ps\u00ed\u00adquica o mental de la persona creando serias dificultades para mantener una sana relaci\u00f3n con su entorno, desde las neurosis graves hasta la psicosis m\u00e1s severas en las que la vivencia de la realidad estar\u00ed\u00ada distorsionada como sucede en el mundo de la esquizofrenia y del autismo. Su causa puede ser debida a diversos factores: gen\u00e9ticos, psicol\u00f3gicos, sociales.<\/p>\n<p>En este contexto de la discapacidad ps\u00ed\u00adquica encontramos personas que manifietan serias dificultades en el control de sus impulsos y su comportamiento se orienta, en muchos casos, hacia la delincuencia, la marginaci\u00f3n agresiva, el consumo de drogas o el alcohol. Algunas manifiestan comportamientos violentos, desconcertantes para su entorno familiar, social o educativo y de gran preocupaci\u00f3n para la sociedad en general. Dadas sus grandes dificultades para la convivencia plantean angustiosos interrogantes a los padres, a los educadores, a los catequistas, a la Iglesia, a la sociedad entera. Su atenci\u00f3n y tratamiento son dificultosos y corremos el peligro de catalogarles r\u00e1pidamente como ni\u00f1os o j\u00f3venes de mala voluntad o perezosos.<\/p>\n<p>A este amplio grupo habr\u00ed\u00ada que a\u00f1adir tambi\u00e9n muchas de las personas que manifiestan serias dificultades en relaci\u00f3n con la sexualidad, ya sea en la vivencia de su propia identidad sexual, en posibles disfunciones psicosexuales o en conductas sexuales anormales. En esta perspectiva merecer\u00ed\u00ada especial atenci\u00f3n el oscuro mundo de la prostituci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el momento actual, dada la contradictoria estructuraci\u00f3n de la sociedad, en el \u00e1mbito de las discapacidades ps\u00ed\u00adquicas encontramos numerosas personas, especialmente ni\u00f1os y j\u00f3venes, con especiales dificultades de adaptaci\u00f3n en sus propios ambientes. Ni\u00f1os y j\u00f3venes marcados muy severamente por el abandono y el desconcierto ante las dif\u00ed\u00adciles circunstancias familiares, o por el maltrato y castigo (es creciente el n\u00famero de ni\u00f1os maltratados).<\/p>\n<p>c) En el contexto de la realidad ps\u00ed\u00adquica merece una especial atenci\u00f3n la discapacidad mental. La complejidad de factores involucrados en este tipo de discapacidad nos obliga a rechazar todo concepto estereotipado de la misma y a huir de una definici\u00f3n exhaustiva y unitaria. La Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud (OMS) define a los discapacitados mentales como \u00abaquellos ni\u00f1os, cuya limitaci\u00f3n mental cuantitativa o estructural se manifiesta, en principio, como una incapacidad m\u00e1s o menos intensa para modificar, adquirir, integrar o utilizar los conocimientos y mecanismos necesarios para la resoluci\u00f3n de aquellos problemas que se plantean, acompa\u00f1ada de trastornos de la personalidad que afectan a su desarrollo o a su estructura\u00bb.<\/p>\n<p>La definici\u00f3n, adoptada por la Asociaci\u00f3n Americana sobre el Retrasado Mental (AAMR) , est\u00e1 basada en un enfoque multidimensional que pretende ampliar el concepto de retrasado mental y evitar la confianza depositada en el cociente intelectual como criterio para asignar un nivel de retraso mental y relacionar las necesidades individuales del sujeto con los niveles de apoyo apropiados. Seg\u00fan dicha definici\u00f3n la discapacidad mental \u00abhace referencia a limitaciones sustanciales en el funcionamiento actual. Se caracteriza por un funcionamiento intelectual significativamente inferior a la media, que generalmente coexiste junto a limitaciones en dos a m\u00e1s de las siguientes \u00e1reas de habilidades de adaptaci\u00f3n: comunicaci\u00f3n, autocuidado, vida en el hogar, habilidades sociales, utilizaci\u00f3n de la comunidad, autodirecci\u00f3n, salud y seguridad, habilidades acad\u00e9micas funcianales, tiempo libre y trabajo. El retraso mental se ha de manifestar antes de los 18 a\u00f1os de edad\u00bb (R. LUCKASSON, \u00abMental retardations: definition, classification, and systems of supports\u00bb, AAMR, Washington 1992).<\/p>\n<p>Todo ello nos sit\u00faa ante personas que padecen, desde una discapacidad profunda con imposibilidad de llegar a la palabra escrita o hablada y en muchos casos con la apariencia de ser incapaces de establecer cualquier tipo de relaci\u00f3n con los dem\u00e1s, hasta la discapacidad mental ligera que algunos identifican con la dificultad de acceder a la abstracci\u00f3n, al pensamiento formal y al razonamiento. La discapacidad mental, por tanto, no se reduce a una \u00abedad mental\u00bb, ni siquiera a un \u00abcociente intelectual\u00bb. En la experiencia diaria los discapacitados mentales se manifiestan como seres llenos de inagotables riquezas, con recursos imprevisibles, con desconcertantes contradicciones. De ah\u00ed\u00ad su forma peculiar de aproximarse a s\u00ed\u00ad mismos, al mundo, a sus semejantes, a la propia experiencia de Dios.<\/p>\n<p>En s\u00ed\u00adntesis podemos decir que la diversidad de situaciones personales, familiares o sociales de la vida de la persona con discapacidad debe formar parte de una atenci\u00f3n especializada en el contexto social. El ser humano, con discapacidad o sin ella, es por encima de todo y radicalmente una persona. Como tal, el discapacitado est\u00e1 pidiendo ser acogido por la sociedad en un plan de plena igualdad con los mismos derechos y deberes de los que sea capaz. Juan Pablo II en el jubileo de comunidades con personas discapacitadas, celebrado en Roma el 1 de abril de 1984 recordaba con fuerza: \u00abEs necesario reconocer con los hechos que la persona minusv\u00e1lida es sujeto plenamente humano con derechos sagrados e inviolables&#8230;, a quien se le debe facilitar la participaci\u00f3n en la vida de la sociedad en toda dimensi\u00f3n accesible; la calidad de una sociedad se mide por el respeto que la misma manifiesta hacia sus miembros m\u00e1s d\u00e9biles\u00bb.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s una mirada de asombro ante el misterio maravilloso del hombre, ante el misterio de la debilidad humana, nos ayude a descubrir un poco mejor la profundidad del coraz\u00f3n de la persona discapacitada. Esta actitud puede abrirnos a la mirada sumamente novedosa y original de Jes\u00fas hacia todo lo d\u00e9bil en el mundo. Su presencia nos ofrece una gran luz y es un marco teol\u00f3gico-pastoral \u00fanico para impulsar hoy la evangelizaci\u00f3n en un mundo tan contradictorio ante la presencia de la debilidad.<\/p>\n<p>3. El plan amoroso de Dios y la debilidad humana<br \/>\na) Dios ha hecho una opci\u00f3n radical por la vida<br \/>\nEl Dios que se revela a trav\u00e9s de la Historia de la Salvaci\u00f3n, es un Dios que hace una opci\u00f3n total por la vida. Es un Dios de vida, se goza en ella, la sustenta, la recrea sin cesar, la ama. Desde las primeras p\u00e1ginas del G\u00e9nesis la vida aparece como el m\u00e1ximo don, como lo bueno por excelencia, como algo a gozar y a saborear en la gratitud. La creaci\u00f3n misma es una experiencia y una manifestaci\u00f3n de esta explosi\u00f3n de vida: \u00abY vio Dios que era bueno&#8230;\u00bb, se repite de forma reiterada en el primer cap\u00ed\u00adtulo del G\u00e9nesis en esa gozosa contemplaci\u00f3n de las maravillas que van surgiendo en la creaci\u00f3n. La vida adquiere un tono original cuando se trata del hombre: \u00abHagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; a imagen de Dios lo cre\u00f3; var\u00f3n y hembra los cre\u00f3&#8230;Y vio Dios todo lo que hab\u00ed\u00ada hecho y era muy bueno\u00bb (G\u00e9n 1, 26-27 y 31).<\/p>\n<p>En este proyecto de Dios la vida de cada ser humano, de cada persona, discapacitada o no, tiene un valor \u00fanico, original, misterioso, vida a su imagen (GS 22). El hombre, cualquiera que sea, puede experimentar que su vida es deseada particularmente por Dios, que est\u00e1 marcada con su sello m\u00e1s personal, puede sentir que Dios se goza de su existencia, de su respiraci\u00f3n, de cada latir de su coraz\u00f3n, puede en f\u00ed\u00adn, verse personalmente reconocido por este Dios que le llama sin cesar a la vida para que ella sea \u00abalabanza de su gloria\u00bb (Ef 1,12), \u00abhaciendo as\u00ed\u00ad que cada una de sus acciones refleje su esplendor\u00bb (VS 10).<\/p>\n<p>En este deseo amoroso de Dios el ser humano que sufre alguna discapacidad, ya sea en su cuerpo o en su esp\u00ed\u00adritu, \u00abprecisamente por ser persona, entre todas las criaturas, est\u00e1 revestido de una dignidad \u00fanica\u00bb, tal como expresa Juan Pablo II en su discurso de apertura a la XI Conferencia Internacional sobre la Iglesia y Salud en el mundo dedicada a los Enfermos Mentales (Dolentium Hominum, 34,7-9), y en la profundidad de su ser hay una llamada radical a la vida y a la dignidad personal que de ella dimana (GS 24) . A pesar de las dificultades que pueda encontrar para la manifestaci\u00f3n de su plenitud como persona (cf Summa Theologiae 1, a. 29, a. 3), su existencia est\u00e1 expresando el derecho radical a ser reconocida, valorada, recibida en el amor y la ternura, sin lo cual no es posible crecimiento alguno ni humano ni espiritual.<\/p>\n<p>Nadie como un ser discapacitado en su cuerpo o en su psiquismo, necesita esta vivencia profunda de sentir su vida deseada, reconocida, acogida. Nadie como \u00e9l necesita experimentar que su vida es, de verdad, un gozo para alguien. Nada m\u00e1s dram\u00e1tico para un ser humano que sentirse excluido o experimentar que su vida no es causa de alegr\u00ed\u00ada, sino m\u00e1s bien una carga, una desilusi\u00f3n, ya que no ha podido llenar tantas expectativas como se hab\u00ed\u00adan puesto en \u00e9l. El inconsciente de todo hombre, por discapacitado que sea, capta a la perfecci\u00f3n este mundo de los matices afectivos donde en realidad se juega el verdadero reconocimiento e integraci\u00f3n de la persona humana. Quien sufre alg\u00fan tipo de discapacidad capta mejor que nadie qui\u00e9n lo reconoce, qui\u00e9n lo integra, y qui\u00e9n lo quiere.<\/p>\n<p>La persona discapacitada adem\u00e1s de sentir que su vida es reconocida en toda su realidad, tiene derecho a vivir la experiencia de sentirse acogida y mirada tiernamente por Dios Padre y experimentar as\u00ed\u00ad la seguridad de que no es un ser advenedizo, ni un extra\u00f1o, ni un usurpador de ilusiones y de gozos ajenos, sino m\u00e1s bien que su estar en el mundo, su vivir que le es propio y personal\u00ed\u00adsimo, es un gozo para personas muy concretas, es un gozo para Dios mismo.<\/p>\n<p>b) Un Dios de encuentro y de alianza<br \/>\nEl Dios que se nos manifiesta en la Revelaci\u00f3n se encuentra personalmente con el ser humano, lo acompa\u00f1a en su historia, en su camino. Es un Dios de encuentro, de relaci\u00f3n, de alianza: \u00abEfra\u00ed\u00adn es para m\u00ed\u00ad un hijo querido, un ni\u00f1o predilecto&#8230;, mis entra\u00f1as se conmueven, y me lleno de ternura hacia \u00e9l\u00bb (Jer. 31,20). En este proyecto amoroso de Dios el hombre no est\u00e1 solo, no ha sido puesto en el mundo para que viva en soledad y abandono. Nuestro mundo sufre hoy de una cierta angustia original, la ciencia avanza vertiginosamente e intenta dar seguridades, pero en muchos hombres, m\u00e1s all\u00e1 de las discapacidades, existe un enorme vac\u00ed\u00ado interior, un gran desamparo, una especie de orfandad en lo m\u00e1s hondo de su ser. La gran pregunta existencial resuena ah\u00ed\u00ad con toda su fuerza \u00bfestamos solos en el mundo? Hoy m\u00e1s que nunca se echan en falta compa\u00f1eros de camino que entiendan de fidelidad, de compromiso, de alianza, que sean sensibles y respetuosos a lo que ocurre en las profundidades del ser humano.<\/p>\n<p>Sin duda, el discapacitado est\u00e1 especialmente expuesto a estos grandes vac\u00ed\u00ados personales y sociales. Nadie como \u00e9l experimenta el desgarro de la indefensi\u00f3n y de la soledad. Nadie es tan sensible a la presencia amistosa, al compromiso personal, a la vivencia de alianza y fidelidad, el amigo fiel ser\u00e1 el gran regalo. Es f\u00e1cil entender que toda atenci\u00f3n humana y espiritual que no ofrezca respuesta a estas zonas profundas del discapacitado, es quedarse en la superficialidad sin llegar a esos espacios donde se fragua verdaderamente la felicidad del hombre. Pueden cambiar las formas de hacer educativas y pastorales, puede llevarse al l\u00ed\u00admite la normalizaci\u00f3n y, sin embargo, seguir siendo la persona discapacitada tan infeliz como siempre, porque no se ha sentido reconocido y acompa\u00f1ado en lo m\u00e1s radical de su ser y de su existencia.<\/p>\n<p>El discapacitado tiene derecho a descubrir y experimentar en su vida que Dios se hace su compa\u00f1ero de camino, que se compromete con su vida y hace alianza con \u00e9l (GS, 12). Nadie podr\u00e1 arrebatarle este derecho personal\u00ed\u00adsimo de poder gozar de su compa\u00f1\u00ed\u00ada amorosa y de la posibilidad de vivir en la confianza y la fidelidad. No podemos menos de recordar aquellas palabras vigorosas de Pablo VI a los peregrinos de Fe y Luz, en Lourdes en aquel 26 de abril de 1971: \u00abEstad seguros de ello: vosotros ten\u00e9is vuestro lugar en la sociedad. En medio de los hombres, a menudo enajenados por el rendimiento y la eficacia, vosotros est\u00e1is ah\u00ed\u00ad, con vuestra sencillez y alegr\u00ed\u00ada, con vuestra mirada que solicita un amor gratuito, con vuestra maravillosa capacidad para comprender los signos de este amor y responder a \u00e9l con delicadeza. Y en la Iglesia, que es ante todo una Casa de oraci\u00f3n, ten\u00e9is m\u00e1s a\u00fan un cometido de elecci\u00f3n: comprender los secretos de Dios, que a menudo permanecen ocultos a los sabios y entendidos\u00bb.<\/p>\n<p>c) Un Dios amoroso y amigo<br \/>\nEl Dios de nuestra Revelaci\u00f3n se manifiesta, sobre todo, como el Dios del amor: \u00abCuando Israel era ni\u00f1o, yo lo am\u00e9\u00bb, (Os 11,1), \u00abDios es amor\u00bb, nos repite incansablemente S. Juan (1 Jn 4,8). Es un Dios que cuida amorosamente todo lo creado, que ama tiernamente al hombre (HENRI J. M. NOUWEN, El regreso del hijo pr\u00f3digo, PPC, Madrid, 1996) y se le manifiesta en esa presencia original de Padre invitando a todo hombre a vivir en la filiaci\u00f3n y en la confianza: \u00abHijos sois del Se\u00f1or vuestro Dios\u00bb (Dt 14,1), \u00abVuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que se lo pid\u00e1is. Vosotros rezad as\u00ed\u00ad: Padre nuestro del cielo&#8230;\u00bb (Mt. 6,8-9). Este amor de Dios se nos manifiesta plenamente en Jes\u00fas de Nazaret. El vive en plenitud esta experiencia de filiaci\u00f3n y confianza: \u00abQuien me ve a m\u00ed\u00ad est\u00e1 viendo al Padre\u00bb (Jn 14,9).<\/p>\n<p>No es ninguna novedad reconocer que nuestra civilizaci\u00f3n occidental tan cient\u00ed\u00adfica y tecnificada, pero a la vez tan fr\u00ed\u00ada, padece una profunda carencia de amor y de ternura. Muchos hombres enferman y se sienten discapacitados porque esta herida del desamor se ha hecho demasiado grande en su coraz\u00f3n. No es dif\u00ed\u00adcil comprender la profundidad del sufrimiento y de la angustia de un ni\u00f1o que no se ha sentido deseado o bien amado. Su confianza b\u00e1sica ante la vida, su seguridad y sus mismas ganas de vivir est\u00e1n en peligro. Las ciencias que se ocupan del estudio de estos niveles de la personalidad, apoyadas en su observaci\u00f3n diaria, nos ponen de manifiesto la importancia de la calidad de la relaci\u00f3n como medio imprescindible para el desarrollo personal y para la curaci\u00f3n cuando dicho desarrollo se ha deteriorado (S. NACHT, La presencia del psicoanalista, Proteo, Buenos Aires, 1967, 166-177). La calidad del encuentro entre el ni\u00f1o y la madre, su contacto gratificante se hacen imprescindibles para que el ser humano pueda encontrar sentido a su existencia. Si esta relaci\u00f3n se frustra, si el peque\u00f1o no vivencia suficientemente este contacto maternal se siente perdido, cae en la angustia y la depresi\u00f3n, experimenta internamente el vac\u00ed\u00ado, el desamparo, el sin sentido. La l\u00f3gica del amor es implacable. Quien jam\u00e1s se ha sentido amado y reconocido, dif\u00ed\u00adcilmente va a creer que \u00e9l, por s\u00ed\u00ad mismo, es querible y amable. Se sentir\u00e1 m\u00e1s bien indigno, sin derechos y es posible que hasta malo y culpable. No podr\u00e1 tener confianza en s\u00ed\u00ad mismo si nadie le brinda su confianza primero y vivi\u00f3 con \u00e9l lazos profundos.<\/p>\n<p>El discapacitado est\u00e1 pidiendo a gritos esta experiencia profunda de sentirse reconocido y estimado por s\u00ed\u00ad mismo en esa sencilla realidad que es la suya. En dicha experiencia reside la fuente primordial de su confianza ante la vida, de su valoraci\u00f3n personal, de su alegr\u00ed\u00ada de vivir, de su integraci\u00f3n pastoral y social, de su normalizaci\u00f3n y hasta de la recuperaci\u00f3n de la que sea capaz. Cu\u00e1ntas personas afectadas de alguna discapacidad sufren de una imagen negativa de s\u00ed\u00ad mismas, se sienten desvalorizadas, despreciables, incluso malas, sencillamente porque jam\u00e1s han experimentado con nadie esa relaci\u00f3n original y \u00fanica en la que hayan podido vivenciar el gozo del encuentro, la alegr\u00ed\u00ada de la comunicaci\u00f3n, la experiencia de lazos indestructibles donde se vive incondicionalmente el cari\u00f1o. Cu\u00e1ntos hombres, discapacitados o no, corren el peligro de no tener ra\u00ed\u00adces fuertes y vigorosas en las que apoyarse para poder subsistir en sus vidas por no haber tenido la suerte de encontrar sencillamente presencias amables y amantes a quien poderse agarrar en esos complejos procesos del crecimiento.<\/p>\n<p>Es indudable que en el deseo de Dios los seres m\u00e1s d\u00e9biles tienen especial derecho a descubrir y saborear en lo m\u00e1s profundo de su ser que son queridos y amados de Dios a causa de su misma debilidad. Para iniciarse en esta experiencia la persona que por alguna raz\u00f3n est\u00e9 herida en su coraz\u00f3n necesita de alguien con quien pueda entablar una relaci\u00f3n real, profunda, personal, que acepte ser intermediario en este crecimiento suyo, una persona que crea en sus capacidades, a veces tan escondidas, de acogida, de confianza, de espontaneidad, en su capacidad de recibir y dar cari\u00f1o, en su capacidad de gozar del amor de Dios Padre.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s, en lo m\u00e1s esencial, sea esto evangelizar a los hombres y muy especialmente al hombre aquejado de alg\u00fan tipo de debilidad. A\u00fan resuenan llenas de actualidad aquellas palabras de Francisco de As\u00ed\u00ads a su hermano Tancredo: \u00abEl Se\u00f1or nos ha enviado a evangelizar a los hombres pero \u00bfhas pensado ya lo que es evangelizar a los hombres? Mira, evangelizar a un hombre es decirle: T\u00fa tambi\u00e9n eres amado de Dios en el Se\u00f1or Jes\u00fas. Y no solo dec\u00ed\u00adrselo, sino pensarlo realmente. Y no solo pensarlo, sino portarse con este hombre de tal manera que sienta y descubra que hay en \u00e9l algo de salvado, algo m\u00e1s grande y m\u00e1s noble de lo que \u00e9l pensaba, y que se despierte as\u00ed\u00ad a una nueva conciencia de s\u00ed\u00ad mismo. Eso es anunciarle la Buena Nueva y eso no podemos hacerlo m\u00e1s que ofrci\u00e9ndole nuestra amistad, una amistad real, desinteresada, sin condescendencia, hecha de confianza y de estima profunda. Es preciso ir hacia los hombres. La tarea es delicada. El mundo de los hombres es un inmenso campo de lucha por la riqueza y el poder, y demasiados sufrimientos y atrocidades les ocultan el rostro de Dios. Es preciso, sobre todo, que al ir hacia ellos no les aparezcamos como una nueva especie de competidores. Debemos ser en medio de ellos testigos pac\u00ed\u00adficos del Todopoderoso, hombres sin avaricias y sin desprecios, capaces de hacerse realmente sus amigos. Es nuestra amistad lo que ellos esperan, una amistad que les haga sentir que son amados de Dios y salvados en Jesucristo\u00bb (Ea LECLERC, Sabidur\u00ed\u00ada de un pobre, Marova, Madrid 1968, 121).<\/p>\n<p>4. Jes\u00fas realiza en su vida este plan de Dios<br \/>\na) La Encarnaci\u00f3n de Jes\u00fas y la debilidad humana<br \/>\nLa presencia humana de Jes\u00fas es un \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb pleno y definitivo a la vida, la afirmaci\u00f3n radical de la dignidad del hombre, la celebraci\u00f3n de su ser, de su existencia, de su crecimiento. Todo ser, simplemente por serio, queda ah\u00ed\u00ad analtecido, dignificado, reconocido. Su presencia y actuaci\u00f3n siempre tienen un car\u00e1cter saludable. Adem\u00e1s de las curaciones que Jes\u00fas realiza de forma habitual, toda su presencia y actividad invitan a una salud aut\u00e9ntica o a vivir de forma sana la enfermedad o la limitaci\u00f3n (Jose ANTONIO PAGOLA, Es bueno creer, San Pablo, 1996, 142-143).<\/p>\n<p>Jes\u00fas en su Encarnaci\u00f3n est\u00e1 manifestando a todo ser humano su valor, su dignidad, su belleza, su importancia, su esperanza, sea cual fuere su color, su raza, su familia, su capacidad, su cociente intelectual. Ah\u00ed\u00ad se encuentra con todo el ser, desciende a su oscuridad, llega hasta esas profundas tinieblas del rechazo y del abandono, penetra en sus miedos, en sus angustias, en sus enormes desvalorizaciones, se integra en esa realidad humana d\u00e1ndole un nuevo sentido, lleno de originalidad, de respeto y de esperanza. Esos espacios, sobre todo, est\u00e1n esperando que les llegue la Buena Noticia de Dios. Este es, a su vez, el objetivo de la misi\u00f3n evangelizadora de Jes\u00fas: \u00abTengo que anunciar la Buena Noticia del reinado de Dios&#8230;, porque para eso he sido enviado\u00bb (Lc. 4,43). Buena Noticia que, sobre todo, en los ambientes m\u00e1s marginados y dif\u00ed\u00adciles nos invita a no confundir lo m\u00e1s original y espec\u00ed\u00adfico de la santificaci\u00f3n con la realizaci\u00f3n de la perfecci\u00f3n ps\u00ed\u00adquica o moral. La santificaci\u00f3n es un acto de Dios al que responde el consentimiento del hombre. Es un acontecimiento de orden espiritual, es un misterio de Amor que salva gratuitamente a quien lo acoge en libertad. Acontecimiento misterioso que transciende el psiquismo que, como tal, no cambia inmediatamente, pero que hace que un hombre pase de la muerte a la vida (Louis BEIRNAERT, Experience Chretienne et Psychologie, L Epi, Par\u00ed\u00ads 1966, 135-142).<\/p>\n<p>Jes\u00fas en su Encarnaci\u00f3n dignifica al discapacitado, le reconoce, le valoriza, le embellece, le integra, le normaliza. Y el discapacitado tiene derecho a recibir y experimentar en su vida esta mirada de Jes\u00fas, novedosa, restauradora, llena de esperanza. Esta valoraci\u00f3n radical con la que Jes\u00fas dignifica va mucho m\u00e1s all\u00e1 de la simple capacidad, de la utilidad, de las posibilidades sociales que un hombre pueda tener o de los cocientes intelectuales que pueda poseer.<\/p>\n<p>La fuerza liberadora de la presencia de Jes\u00fas se manifiesta especialmente en el acontecimiento de su Muerte y Resurrecci\u00f3n (CCE 616, 618). Ah\u00ed\u00ad se nos revela el sentido secreto del dolor y del sufrimiento, experimentados por Jes\u00fas en su propia carne La debilidad humana adquiere aqu\u00ed\u00ad un rostro nuevo. Jes\u00fas nos libera de esa idea tan extendida de que el sufrimiento, el dolor, la limitaci\u00f3n del ser humano, son un castigo por nuestros pecados. De ahora en adelante nuestras heridas interiores y exteriores, nuestra desolaci\u00f3n, puede ser ese lugar original, ese abismo desde el que podemos dirigirnos a Dios en ese encuentro profundo y misterioso con El, convirti\u00e9ndose el sufrimiento en semilla de transformaci\u00f3n y de resurrecci\u00f3n, donde unidos a Jes\u00fas podemos sentir a Dios como un padre amorosamente presente. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas abre para toda la humanidad un futuro de esperanza, de vida plena. La limitaci\u00f3n, la debilidad, la muerte, no tienen la \u00faltima palabra. El amor de Jes\u00fas manifestado en su Muerte y Resurrecci\u00f3n es m\u00e1s fuerte que la muerte. \u00abDios que resucit\u00f3 al Se\u00f1or, tambi\u00e9n nos resucitar\u00e1 a nosotros por su fuerza\u00bb (1 Cor 6,14).<\/p>\n<p>Bien es verdad que todo ello es un proceso largo en el que a veces se vive la frustraci\u00f3n, la rabia, el esc\u00e1ndalo, la protesta, hasta llegar a esa aceptaci\u00f3n pac\u00ed\u00adfica y sencilla de lo que es. Huir del sufrimiento, pretender negarlo jam\u00e1s puede ser fuente de alegr\u00ed\u00ada. Es una ilusi\u00f3n querer negar la realidad. Aceptarla es comenzar a percibir la luz que brilla en las tinieblas, es disponerse a descubrir la misteriosa presencia de Jes\u00fas resucitado, es vivir en esperanza la restauraci\u00f3n definitiva de toda nuestra humanidad: \u00abSabemos que hasta hoy la creaci\u00f3n entera est\u00e1 gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no s\u00f3lo eso; tambi\u00e9n nosotros, que poseemos las primicias del Esp\u00ed\u00adritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redenci\u00f3n de nuestro cuerpo\u00bb (Rm.8, 22-23).<\/p>\n<p>b) Jes\u00fas se manifiesta con libertad ante lo escandaloso para el mundo<br \/>\nEsta Presencia que sabe a Buena Noticia y que se dirige especialmente a los d\u00e9biles y marginados de la sociedad Jes\u00fas la expresa, sobre todo, con su cercan\u00ed\u00ada, con su manera de vivir, con su actuaci\u00f3n concreta hacia las personas en las que percib\u00ed\u00ada una especial debilidad: \u00abRecorr\u00ed\u00ada toda Galilea, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando toda enfermedad y dolencia en el pueblo\u00bb (Mt 4, 23; 9,35; Lc 6,18). Su manera de estar nos ense\u00f1a a mirar de forma nueva a los m\u00e1s d\u00e9biles y olvidados de la sociedad<br \/>\n(MANUEL FRaijo NiETO, \u00abJes\u00fas de Nazaret, esperanza para los d\u00e9biles\u00bb Actualidad Catequ\u00e9tica 97-98 (1980) 39-58). Ante el miedo, el rechazo, la desconsideraci\u00f3n que la cultura de su tiempo tiene hacia la debilidad humana, Jes\u00fas nos sorprende con una novedosa comprensi\u00f3n del ser humano que llega hasta lo m\u00e1s profundo de su debilidad. Su forma de acercarse, su mirar, su empat\u00ed\u00ada es algo totalmente desconocido para su \u00e9poca, a\u00fan dentro del pueblo de Israel.<\/p>\n<p>Jes\u00fas se siente plenamente libre ante lo d\u00e9bil del mundo: Se acerca a los leprosos, marginados por excelencia de su tiempo, les reconoce, les toca, les cura: \u00abExtendi\u00f3 la mano y lo toc\u00f3 diciendo: quiero, queda limpio\u00bb (Lc. 5,12). Los enfermos de todo tipo buscan su cercan\u00ed\u00ada, su contacto f\u00ed\u00adsico: \u00abAl ponerse el sol, todos los que ten\u00ed\u00adan enfermos de lo que fuera, se los llevaron; y \u00e9l, aplic\u00e1ndoles las manos a cada uno, les fue curando\u00bb (Lc. 4,40). Tambi\u00e9n los que sufren debilidades ps\u00ed\u00adquicas, a veces muy graves y desconcertantes, psic\u00f3ticos, epil\u00e9pticos, endemoniados, experimentan la ternura y la fuerza de la presencia f\u00ed\u00adsica de Jes\u00fas, (Mc. 9,14-27).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de la curaci\u00f3n tan deseada, se sienten, sobre todo, reconocidos por El, escuchados y valorados en su propia realidad, con derecho a existir. Su modo de hacer nos orienta ante todo hacia la persona, hacia la compasi\u00f3n en su sentido m\u00e1s pleno. Desea que cada ser humano sea liberado de la angustia, del miedo, de la culpabilidad, de la desvalorizaci\u00f3n y se le permita su enriquecimiento, el suyo propio. Nos ense\u00f1a a abrir de forma novedosa nuestro coraz\u00f3n al hombre herido, en la cercan\u00ed\u00ada compasiva, en la escucha, en la valoraci\u00f3n profunda de todo lo que es, en el deseo de que se desarrolle y alcalce la plenitud que es la suya. La persona que siente en su cuerpo o en su esp\u00ed\u00adritu la debilidad tiene derecho pleno a descubrir en su vida esta mirada original de Jes\u00fas, a sentirse reconocido en ella, a saborearla y a gustarla.<\/p>\n<p>5. La Iglesia anuncia este reino de Dios realizado en Jes\u00fas<br \/>\nEl gran objetivo de la Iglesia es evangelizar. Ah\u00ed\u00ad se encierra su identidad m\u00e1s profunda: \u00abLa tarea de evangelizaci\u00f3n de todos los hombres constituye la misi\u00f3n esencial de la Iglesia\u00bb (EN, 14). Este es el mandato que ha recibido del Se\u00f1or: \u00abId por todo el mundo y proclamad la buena noticia a toda la humanidad\u00bb (Mc. 16,15). Al estilo de Jes\u00fas la Iglesia realiza su labor evangelizadora con palabras y con obras, proclamando el evangelio, insertado en el testimonio diario con actitudes y obras bien concretas: \u00abEvangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad\u00bb (EN, 18). De la misma forma que Jes\u00fas tuvo especial predilecci\u00f3n por los d\u00e9biles de la sociedad y a ellos dirigi\u00f3 especialmente su evangelizaci\u00f3n ofreciendo la salvaci\u00f3n bajo forma de curaci\u00f3n, la Iglesia debe ser extremadamente sensible a estos valores tan caracter\u00ed\u00adsticos del Reino y signos evidentes de su fidelidad a Jes\u00fas, a la vez que germen y principio de esa comunidad fraternal, que hace posible, ya desde aqu\u00ed\u00ad, la experiencia del Reino. Esta tarea tan original y novedosa, de tanta transcendencia para el mundo y para la historia, s\u00f3lo es posible por la presencia del Esp\u00ed\u00adritu que Jes\u00fas mismo nos ha dejado. El Esp\u00ed\u00adritu es, justamente, el don que Dios ha derramado al mundo para hacer, de \u00e9l una nueva creaci\u00f3n: \u00abSolamente El suscita la nueva creaci\u00f3n, la humanidad nueva a la que la evangelizaci\u00f3n debe conducir\u00bb (EN, 75).<\/p>\n<p>a) La comunidad fraternal y amistosa, vivencia imprescindible para toda persona d\u00e9bil en su cuerpo o en su esp\u00ed\u00adritu<br \/>\nEn nuestra sociedad actual llama espectacularmente la atenci\u00f3n el n\u00famero de personas que viven aisladas. Algunas de ellas, abrumadas por la soledad, se hunden en la depresi\u00f3n, en el alcohol, en la droga, en el desequilibrio ps\u00ed\u00adquico. Es, sin duda, doloroso sentir que la propia existencia puede ser una decepci\u00f3n para su entorno. Ante esta vivencia se protegen, se encierran, se defienden, a veces violentamente. Si es grande su debilidad no podr\u00e1n solos hacer frente a la situaci\u00f3n, su vida perder\u00e1 sentido, su cerebro, su lenguaje, su afectividad, su desarrollo psicomotor, su sentido religioso, todo quedar\u00e1 afectado por esa especie de paralizaci\u00f3n interior. Esa herida de su coraz\u00f3n, aunque escondida, se manifestar\u00e1 en el miedo, en la falta de confianza en s\u00ed\u00ad mismo, en la tristeza, a veces en la violencia o en esa huida desconcertante de la realidad.<\/p>\n<p>Para muchas de estas personas la familia ha sido un ambiente de frustraci\u00f3n y est\u00e1n hambrientas de un grupo, de una comunidad que ofrezca sentido a sus vidas y les permita vivir la experiencia de pertenecer realmente a alguien. Para la persona discapacitada la vivencia comunitaria, como espacio de acogida y de reconocimiento, puede ser ese centro, ese n\u00facleo imprescindible que le posibilite la experiencia de su unificaci\u00f3n interior, sin la cual su identidad personal ser\u00e1 menos que imposible. La comunidad, el grupo, ser\u00e1n ese espejo que les devuelva su propia imagen pero, reconocida, valorada, aceptada, unificada. A su vez, les permitir\u00e1 vivir con los otros una relaci\u00f3n gozosa y constructiva, tendr\u00e1n la posibilidad de descubrir en dicha relaci\u00f3n sus dones, su capacidad de dar vida y felicidad a los dem\u00e1s (JEAN VANIER, Comunidad: lugar de fiesta y de perd\u00f3n, Narcea, Madrid 1980).<\/p>\n<p>Nadie, pues, como los seres afectados por alguna discapacidad, tiene tanta necesidad de encontrar en la vivencia de la comunidad una mirada de comprensi\u00f3n, de bondad, de gozo, la experiencia confiada de sentirse queridos por s\u00ed\u00ad mismos, por lo que sencillamente son. Nadie tiene tanta necesidad de una vivencia comunitaria que sea restauradora, reparadora, que les permita encontrar el gozo de ser, de existir, de compartir. Ah\u00ed\u00ad, poco a poco, su sentimiento de desvalorizaci\u00f3n se ir\u00e1 transformando en gozosa valoraci\u00f3n, su imagen negativa en la vivencia positiva de s\u00ed\u00ad mismos, su desgarro interior en un sentimiento apacible de unidad y de aceptaci\u00f3n. Juan Pablo II nos lo recuerda con claridad refiri\u00e9ndose a la importancia de su vida afectiva: \u00abLa vida afectiva de las personas discapacitadas deber\u00e1 recibir especial atenci\u00f3n&#8230; Que puedan encontrar una comunidad llena de calor humano, donde su necesidad de amistad y de afecto sea respetada y satisfecha en conformidad con su inalienable dignidad moral&#8230;\u00bb (Juan Pablo II en el jubileo de comunidades con personas minusv\u00e1lidas, Roma, abril, 1984).<\/p>\n<p>Hoy m\u00e1s que nunca nuestras comunidades cristianas ante los numerosos problemas de marginaci\u00f3n en todas sus facetas, siguiendo el ejemplo tan novedoso de Jes\u00fas, deben sentirse urgidas por esta invitaci\u00f3n tan desafiante de que el marginado, el d\u00e9bil, los \u00faltimos, tienen un sitio privilegiado dentro de la comunidad y poseen un mensaje para la Iglesia y el mundo, son profetas originales que nos llaman a cambiar y a dejarnos transformar. Frente a los ansiados valores de la eficacia, del hiperactivismo, del poder de las ideas, ellos nos revelan el valor de la relaci\u00f3n, la riqueza del coraz\u00f3n, el valor de la humildad y de la debilidad aceptada y acogida. Son profetas silenciosos pero, su silencio es un grito, una llamada a la vivencia comunitaria, una invitaci\u00f3n a la comuni\u00f3n y a vivir en la participaci\u00f3n. Es el gran signo del Reino en todos los tiempos: \u00abEn esto conocer\u00e9is que sois disc\u00ed\u00adpulos m\u00ed\u00ados, en que os am\u00e9is unos a otros\u00bb (Jn. 13,35).<\/p>\n<p>b) La Comunidad cristiana siempre se ha sentido urgida por la presencia de la debilidad humana<br \/>\nLa Iglesia ha sido sensible desde siempre a esta realidad de la marginaci\u00f3n. Los cristianos que en los siglos pasados quer\u00ed\u00adan vivir seg\u00fan el estilo y la manera de ser de Jes\u00fas levantaban hospitales, creaban escuelas, hospicios, dispensarios, que respond\u00ed\u00adan a las necesidades y urgencias del momento. Siempre han surgido dentro de la comunidad cristiana hombres carism\u00e1ticos, que percib\u00ed\u00adan con especial clarividencia la presencia de la debilidad en sus m\u00faltiples manifestaciones: S. Juan de Dios, acogiendo a los enfermos y a los menesterosos, fundador de los Hermanos Hospitalarios (1495); Fr. Pedro Ponce de Le\u00f3n, presente ya en el desconocido mundo del sordo, descubre en el siglo XVI el arte de ense\u00f1ar la palabra a los sordomudos para su integraci\u00f3n en la comunidad (1584); S. Felipe Neri acogiendo a los ni\u00f1os abandonados por las calles de Roma (1515); S. Jos\u00e9 de Calasanz, conmovido por la miserable suerte de los ni\u00f1os en el ambiente rural, funda las Escuelas P\u00ed\u00adas (1556); en 1632 S. Vicente de Pa\u00fal abre en Par\u00ed\u00ads la casa de S. L\u00e1zaro, verdadero modelo de caridad, tambi\u00e9n hacia los enfermos mentales que encontraban as\u00ed\u00ad una tierna acogida; S. Juan Bosco, uno de los grandes educadores del siglo XIX, dedicado especialmente a la educaci\u00f3n y a la formaci\u00f3n profesional de los ni\u00f1os y j\u00f3venes desamparados (1815); la Madre Teresa de Calcuta tan sensible a lo m\u00e1s abandonado del mundo y, tantos otros que han dedicado su vida all\u00ed\u00ad donde lo m\u00e1s d\u00e9bil se hac\u00ed\u00ada presente. La lista ser\u00ed\u00ada interminable.<\/p>\n<p>De un modo u otro la comunidad cristiana se ha hecho presente en la enfermedad, la pobreza, la injusticia, la limitaci\u00f3n. El Concilio Vaticano II, coincidiendo con la creciente sensibilizaci\u00f3n de la sociedad ante el problema de la discapacidad, habla expl\u00ed\u00adcitamente de la atenci\u00f3n especial que deber\u00e1 dispensarse a las instituciones que se dedican a la educaci\u00f3n y asistencia de los discapacitados (GE 9). A partir del Concilio se ha hecho mucho m\u00e1s patente el cuidado e inter\u00e9s de la Iglesia por los discapacitados y por todas las personas e instituciones que les rodean. As\u00ed\u00ad lo expresan diversos documentos de los \u00faltimos Papas: Pablo VI, abogado de esta parte tan desfavorecida de la humanidad doliente, en diversos momentos quiso atraer la atenci\u00f3n de todos los cristianos sobre la presencia de los d\u00e9biles en nuestra sociedad y en nuestra Iglesia invitando a la fraternidad (PP 45, 46; EN 30).<\/p>\n<p>En 1996 del 28 al 30 de noviembre, tuvo lugar en Roma la Und\u00e9cima Conferencia Internacional dedicada a los discapacitados mentales, promovida por el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios. En dicha Conferencia hombres de ciencia, psiquiatras, te\u00f3logos y moralistas, afrontaron juntos diferentes temas referentes a la estructura de la mente humana con el objetivo de crear una nueva sensibilidad y mentalidad hacia el discapacitado mental bajo el testimonio de un serio compromiso entre la ciencia y la fe. En su discurso de apertura Juan Pablo II insiste en que es necesario vivir la caridad cristiana especialmente con el discapacitado mental que \u00abtiene &#8216;siempre&#8217; el derecho inalienable no s\u00f3lo a ser considerado imagen de Dios y, por tanto, persona, sino tambi\u00e9n a ser tratado como tal\u00bb (Dolentium Hominum 1 (1997), 7-9).<\/p>\n<p>Las Conferencias Episcopales de los distintos pa\u00ed\u00adses se expresan de modo semejante. As\u00ed\u00ad la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola desde su XVIII Asamblea Plenaria viene insistiendo expl\u00ed\u00adcitamente en la necesidad de que la pastoral de la Iglesia tome en consideraci\u00f3n las exigencias y necesidades de los ni\u00f1os, j\u00f3venes y adultos discapacitados o marginados, dedicando personas y medios para su atenci\u00f3n. Insiste en la importancia de integrarlos en la comunidad cristiana, ayud\u00e1ndolos a evolucionar religiosamente; su vida, con sus limitaciones, merece todo el respeto de la comunidad de los creyentes. Considera urgente organizar la educaci\u00f3n religiosa en este \u00e1mbito, preparar a catequistas y sacerdotes y nombrar a delegados diocesanos que se ocupen de esta realidad.<\/p>\n<p>Participando de esta preocupaci\u00f3n la Comisi\u00f3n Episcopal de Pastoral en el A\u00f1o Internacional del Minusv\u00e1lido (1981), en nombre de todos los Obispos espa\u00f1oles, invitaba a compartir la vida, los problemas, las esperanzas, las limitaciones y los valores de los discapacitados, record\u00e1ndonos el testimonio de tantas personas que han puesto su vida al servicio de los d\u00e9biles: \u00abEl testimonio de tantas personas creyentes y no creyentes y de tantas comunidades cristianas, asociaciones, congregaciones religiosas y personas particulares que dan su vida al servicio de los minusv\u00e1lidos, proclamando de este modo, el valor y la dignidad de la persona humana en s\u00ed\u00ad misma, antes y por encima de cualquier circunstancia de la vida\u00bb.<\/p>\n<p>En algunos pa\u00ed\u00adses de Am\u00e9rica Latina se est\u00e1 viviendo en estos \u00faltimos decenios un gran movimiento en pro de una mayor sensibilizaci\u00f3n hacia la pastoral con personas discapacitadas. Prueba de ello es el VII\u00c2\u00b0 Seminario Internacional, celebrado en Argentina este mes de julio de 2000 y dirigido a los catequistas y agentes de pastoral dentro de los ambientes especiales (\u00abVII Seminario Internacional\u00bb, Catequesis en la Diversidad (Edici\u00f3n Especial), Instituto Miguel Raspanti, Buenos Aires 2000).<\/p>\n<p>c) La atenci\u00f3n a los discapacitados dentro de la organizaci\u00f3n pastoral de la comunidad diocesana<br \/>\nLa comunidad cristiana es el punto de partida y el clima inprescindible en el que los creyentes se inician y maduran en la fe (EN 23, CT 24, DGC 254), todos sin excepci\u00f3n. Si hay alguna preferencia ser\u00e1 para los m\u00e1s sencillos y pobres de la comunidad, para los m\u00e1s inadaptados, para los m\u00e1s inhibidos. En todas las comunidades existen ni\u00f1os, j\u00f3venes y adultos, afectados por m\u00faltiples discapacidades que les impiden seguir el ritmo normal del grupo; sin embargo, podemos tener la tentaci\u00f3n de considerar como un lujo el ocuparnos de las personas m\u00e1s descapacitadas cuando carecemos de medios para hacer frente a las dem\u00e1s tareas pastorales que nos urgen desde los distintos ambientes. En nuestra vida pastoral corremos el riesgo tan propio de nuestra cultura occidental de dejarnos fascinar por la rentabilidad y la eficacia, de considerar una p\u00e9rdida de tiempo si no vemos resultados espectaculares. Evangelizar en los ambientes especiales, sobre todo en los m\u00e1s severos, es aceptar la pobreza aparente de los resultados con respecto a la suma de los esfuerzos desplegados, es vivir la paciencia y el desinter\u00e9s a lo largo del d\u00ed\u00ada, es aceptar la palabra del Evangelio: \u00abUno es el que siembra, otro el que siega\u00bb.<\/p>\n<p>Es urgente, pues, que los discapacitados, a\u00fan los que tienen graves problemas ps\u00ed\u00adquicos, sociales, mot\u00f3ricos o sensoriales, puedan participar en la vida de nuestras comunidades, se les integre en ellas, encuentren ah\u00ed\u00ad su sitio, su expresi\u00f3n, la gozosa participaci\u00f3n en su liturgia, en sus fiestas, en la educaci\u00f3n y expresi\u00f3n de su fe, en la recepci\u00f3n de los sacramentos, en sus compromisos. La vida misma de la parroquia se ver\u00ed\u00ada profundamente enriquecida.<\/p>\n<p>Si la comunidad diocesana no es capaz de consagrar parte de sus energ\u00ed\u00adas al servicio de Jes\u00fas en los m\u00e1s pobres y desfavorecidos y se calcula todo en funci\u00f3n del rendimiento aparente y de la eficacia brillante, el esfuerzo evangelizador estar\u00e1 gravemente comprometido. Toda persona discapacitada tiene derecho a tener su espacio dentro de la comunidad, a ser invitado, buscado, iniciado, con sumo respeto a sus capacidades y ritmos personales. Su atenci\u00f3n pastoral de ning\u00fan modo puede dejarse solamente en manos de personas aisladas, llenas de buena voluntad y de gran sensibilizaci\u00f3n ante estos problemas. Dentro de la organizaci\u00f3n pastoral diocesana la atenci\u00f3n a los discapacitados ha de encontrar su \u00e1mbito, su tiempo de reflexi\u00f3n (OSVALDO NAPOLI, \u00bfUna catequesis diferencial?, Instituto Miguel Raspanti, Buenos Aires 1969), sus programas de acci\u00f3n concretos. De ninguna manera dicha realidad se situar\u00e1 al margen, como algo separado y distinto, sino al interior mismo de todo el movimiento pastoral diocesano.<\/p>\n<p>Dicha inquietud va a exigir planificaciones concretas, conocimiento de la situaci\u00f3n, programas de actuaci\u00f3n, especial inter\u00e9s en la formaci\u00f3n de las personas que van a asumir dicha responsabilidad, medios e instrumentos de trabajo, coordinaci\u00f3n con toda la pastoral diocesana, promoci\u00f3n incluso de la investigaci\u00f3n (DCG, nn. 98-134). A veces faltan los m\u00ed\u00adnimos recursos, sobre todo, algunas personas m\u00e1s especializadas que promuevan, coordinen y alienten todos los esfuerzos que exige dicha actividad.<\/p>\n<p>En esta perspectiva la Comisi\u00f3n Episcopal de Ense\u00f1anza y Catequesis en su Plan de Acci\u00f3n para el trienio 1984-1987, invitaba ya a una preparaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de los catequistas que ejercieran su labor pastoral entre los discapacitados: \u00abEn el campo especialmente de la catequesis de ni\u00f1os y j\u00f3venes requiere una particular atenci\u00f3n la educaci\u00f3n en la fe de los minusv\u00e1lidos. Ellos tienen derecho a conocer y vivir el misterio de Cristo. La catequesis de los minusv\u00e1lidos presenta dificultades especiales y, por ello, exige una espec\u00ed\u00adfica preparaci\u00f3n en los catequistas&#8230;\u00bb<br \/>\nEs verdad que dentro de nuestras comunidades cristianas crece la sensibilidad ante estos problemas y cada vez son m\u00e1s abundantes las iniciativas personales y comunitarias. Sin embargo, nuestras comunidades deben estar cada vez m\u00e1s atentas a todos los avances que nos ofrecen las ciencias humanas respecto al conocimiento e integraci\u00f3n de las personas discapacitadas y, a su vez, dadas las caracter\u00ed\u00adsticas de nuestra sociedad actual tan fr\u00ed\u00ada y tan t\u00e9cnicamente programada, se dejen impregnar de esta actitud que Jes\u00fas manifiesta tan claramente hacia los d\u00e9biles, de tal forma que cada vez se haga m\u00e1s realidad para nosotros ese compromiso com\u00fan entre la ciencia y el mensaje evang\u00e9lico.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s hoy m\u00e1s que en otros momentos de la historia, corremos el peligro de que el mundo de la ciencia y de la tecnolog\u00ed\u00ada aborde de forma exclusivamente t\u00e9cnica realidades tan profundas de la persona y olvide lo m\u00e1s humano y trascendente de su desarrollo. Sin duda, necesitamos mucho la investigaci\u00f3n, la experimentaci\u00f3n, el conocimiento serio y cient\u00ed\u00adfico de las personas a las que queremos acompa\u00f1ar. Es una exigencia del mismo amor que les tenemos. Pero nadie como la persona con alg\u00fan tipo de discapacidad corre el peligro de ser programada como un ordenador, de ser integrada en la sociedad como un aut\u00f3mata, de ser mirada como un objeto a estudiar, como un ser a organizar, como alguien a quien conviene cambiar su conducta para un mejor desarrollo social. A este compromiso com\u00fan entre la ciencia y la fe, puestas al servicio del hombre entero, nos invita Juan Pablo II en su discurso de apertura de la XI Conferencia internacional, ya citada, para la Pastoral de los Agentes Sanitarios: \u00abEntre vosotros, ilustres se\u00f1ores y se\u00f1oras, se hallan presentes investigadores, cient\u00ed\u00adficos, expertos en ciencias biom\u00e9dicas, te\u00f3logos, moralistas, juristas, psic\u00f3logos, soci\u00f3logos y agentes sanitarios. Juntos represent\u00e1is un patrimonio de la humanidad, sabidur\u00ed\u00ada, ciencia y experiencia del que pueden surgir reflexiones de gran utilidad para la comprensi\u00f3n, la atenci\u00f3n y el seguimiento de los enfermos mentales&#8230; Se trata de un compromiso que la ciencia y la fe, la medicina y la pastoral, la competencia profesional y el sentido de la fraternidad com\u00fan, cooperando entre s\u00ed\u00ad, deben realizar mediante la inversi\u00f3n de recursos humanos, cient\u00ed\u00adficos y socioecon\u00f3micos adecuados\u00bb (Dolentium Hominum 1 (1997) 7).<\/p>\n<p>Es indudable que en toda esta labor integradora del discapacitado a nivel social y eclesial no podemos olvidar la presencia callada de los padres y de la familia en general, ya que su labor es dif\u00ed\u00adcil y exigente, cargada en muchos casos de luces y de sombras. Necesitan la acogida y comprensi\u00f3n de la comunidad, la ayuda concreta y pr\u00e1ctica en los momentos de mayor desconcierto. Juan Pablo II se dirige a ellos especialmente: \u00abCiertamente es una obra de amor la que vosotros realiz\u00e1is, y este amor que hace que os inclin\u00e9is a los miembros m\u00e1s desfavorecidos de la gran familia humana es el que os mueve a poner a su servicio todas vuestras energ\u00ed\u00adas, el que os hace de alguna manera como mensajeros y portavoces de los que no pueden expresar su angustia&#8230;\u00bb (Juan Pablo a los discapacitados de Fe y Luz, Lourdes, Abril de 1981).<\/p>\n<p>Como conclusi\u00f3n podr\u00ed\u00adamos evocar aquellas palabras de Pablo VI al Consejo Directivo de la Liga Internacional de Asociaciones Protectoras de Deficientes Mentales, en febrero de 1971: \u00abSe precisa en primer lugar una gran estima por la vida humana, en s\u00ed\u00ad misma, una arraigada convicci\u00f3n de la dignidad trascendental de la persona, a\u00fan cuando su inteligencia est\u00e9 tan atrasada que parezca a veces inexistente. Se precisa tambi\u00e9n una compasi\u00f3n y una paciencia ilimitada, un arte y una t\u00e9cnica terap\u00e9utica y pedag\u00f3gica muy avanzados\u00bb.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; A. GODIN, Pastoral couseling ad guidance with the mental retarded, Pastoral psichology, 13 (1962) 31-36; ALFREDO FIERRO, El derecho a ser hombres, Sedmay, Madrid 1977; A. Y. Bours, Les cat\u00e9chistes de l&#8217;enfance inadpt\u00e9e, Lumen Vitae (1959) 460-478; B. J. BUTCHER, Catechetical means of teaching the retarded, National Catholic Education Association Bulletin 6 (1965), 534-537; B. DESCOULEURS, Pastorale et Cat\u00e9ch\u00e9se des inadapt\u00e9s, Cat\u00e9ch\u00e9se (1967) 17-34; E. PAULHUS, L&#8217;int\u00e9gration eccl\u00e9asiale de 1&#8217;insuffissant mental, Enfan e exceptionnelle, 1966 &#8211; Enfants \u00e1 risque, \u00abFleurus\u00bb, Par\u00ed\u00ads, 1990; HENRI BISSONIER, Introducci\u00f3n a la Psicopatolog\u00ed\u00ada Pastoral, Marova, Madrid 1962. &#8211; La educaci\u00f3n religiosa y trastornos de la personalidad, Marfil, Alcoy 1969. &#8211; Psicopedagog\u00ed\u00ada de la conciencia moral, Marova, Madrid 1969; M. CONGAR, M. SAUDREAU, H. BISSIONER, B. DESCOULEURS, La catequesis de los m\u00e1s pobres, Marova, Madrid, 1974; JEAN VANIER, Comunidad: lugar de perd\u00f3n y de fiesta, Narcea, Madrid 1980. &#8211; Le corps bris\u00e9 (Retour vers la Communi\u00f3n), Bellarmin-Fayart, Qu\u00e9bec 1989; J. BROUSTAUT, \u00abEvang\u00e9liser les marginaux\u00bb, Recherches cat\u00e9ch\u00e9tiques et pastorales 15 (1973) 14-19; Louls BEIRNAERT, Exp\u00e9rience chr\u00e9tienne et psychologie, L&#8217;Epi, Par\u00ed\u00ads, 1966; M. H. MATHIEU, Les responsobillit\u00e9s chr\u00e9tiennes de I&#8217;\u00e9ducateur sp\u00e9cialis\u00e9, Fleurus, Par\u00ed\u00ads 1960; M. HILLAIRET, \u00abLa vie spirituelle des enfants handicap\u00e9s\u00bb, La vie spirituelle (1971) 165-177; OSVALDO CESAR NAPOLI, Iglesia y Personas con discapacidad, Obispo Miguel Raspanti, Buenos Aires. -\u00bfUna catequesis diferencial?, Obispo Miguel Raspanti, Buenos Aires 1969; R. DENISE, Initiation chr\u00e9tienne des d\u00e9biles profonds, Fleurus, Paris 1969; VICENTE MAR\u00ed\u008dA PEDROSA, \u00abLa centralidad del Cristo Pascual en la catequesis y en la Liturgia\u00bb, Catequesis en la diversidad, edici\u00f3n especial (2000), 2-25.<\/p>\n<p>Marcelo Arroyo<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. Los afanes de nuestro mundo y el rostro de la discapacidad. &#8211; 2. \u00bfQui\u00e9nes son hoy los discapacitados? -3. El plan amoroso de Dios y la debilidad humana: a) Dios ha hecho una opci\u00f3n radical por la vida. b) Un Dios de encuentro y de alianza. c) Un Dios amoroso y amigo. &#8211; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/discapacitados-pastoral-de\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abDISCAPACITADOS, PASTORAL DE\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-15987","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15987","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15987"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15987\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15987"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15987"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15987"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}