{"id":15992,"date":"2016-02-05T10:22:23","date_gmt":"2016-02-05T15:22:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/fe-y-conversion\/"},"modified":"2016-02-05T10:22:23","modified_gmt":"2016-02-05T15:22:23","slug":"fe-y-conversion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/fe-y-conversion\/","title":{"rendered":"FE Y CONVERSION"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. Fe es creer. Creer es tener fe. &#8211; 2. Conversi\u00f3n. &#8211; 3. Dos aspectos de una misma realidad. &#8211; 4. Caminos de acceso a la fe y a la conversi\u00f3n. &#8211; 5. Vivir la fe y la conversi\u00f3n como tarea permanente. &#8211; 6. Acci\u00f3n pastoral.<\/p>\n<p>1. Fe es creer. Creer es tener fe<br \/>\nEs un acto personal, mediante el cual una persona se entrega a otra, movida por la confianza que esa otra persona ha despertado en ella. Es entregarse al t\u00fa de otra persona para encontrarse con ella, conocerla, amarla.<\/p>\n<p>Cuando alguien dice con sinceridad \u00abcreo en ti\u00bb, est\u00e1 abriendo su coraz\u00f3n y su vida, est\u00e1 entreg\u00e1ndose a la otra persona, est\u00e1 poniendo su confianza, descansando, en esa otra persona, est\u00e1 aportando todo lo que uno tiene y todo lo que uno es por la otra persona, que ha sido capaz de suscitar este profundo movimiento de confianza y entrega.<\/p>\n<p>\u00abCreo en ti\u00bb le dice la mujer enamorada a su amigo o amiga; \u00abcreo en ti\u00bb le dice el hijo a su madre desde que empieza a sentir la experiencia de verse amado; \u00abcreo en ti\u00bb le dice la alumna a su profesor o profesora, que ha captado su admiraci\u00f3n. Tener fe, creer, es un elemento imprescindible en toda vida humana de relaci\u00f3n. \u00abNo existe ning\u00fan ser humano en la tierra que no parta de una fe original o que no tenga fe, es decir, que no posea convicciones, certezas, creencias, persuasiones, confianza sobre cuestiones de las que no tiene una total evidencia ni una demostraci\u00f3n l\u00f3gica\u00bb (SCILIRONI, Posibilitat e fondamento de la fede, Ed. Messaggero, Padova (1988), 148 ss., citado por E Ardusso \u00abAprender a creer\u00bb, Sal Terrae (1999), 25).<\/p>\n<p>Creer es fiarse de la palabra de alguien que ha llegado a tocar el n\u00facleo m\u00e1s personal de nuestro ser: la inteligencia y el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Es lugar com\u00fan apelar al ejemplo de Abrahan, para ejemplificar lo que es la fe como acto personal. Dios le llama a salir de su tierra, de su patria, de la casa de su padre, para ponerse en camino hacia la tierra que le promete. Dios va a constituirle en padre de una naci\u00f3n grande. Pese a lo cual, le pide que ofrezca en holocausto a su hijo Isaac (Gen 12,1-4). La respuesta de Abrahan, el padre de la fe (Rom 4,16) le lleva a ponerse en manos de Dios, obedecerle, mantenerse fiel a esta obediencia; el acto de fe le conduce asimismo a entregarse completamente a Dios, a decir SI, Amen, a Dios. Porque cree a Dios (o en Dios), acepta su palabra, acoge la promesa, cree que lo que le ha dicho Dios se cumplir\u00e1. La fe en Dios implica a) entrega a la persona de Dios, que se revela y b) aceptaci\u00f3n del contenido de dicha revelaci\u00f3n. Cuando, al igual que Abrahan, un creyente dice CREO QUE (aqu\u00ed\u00ad el contenido de su fe) se est\u00e1 basando en un CREO EN Dios. \u00abLa aceptaci\u00f3n de los contenidos concretos de la fe se basa en la entrega entera, total y sin reservas al Dios que se le comunica y se le entrega personalmente\u00bb (H. FRIES, Un reto a la fe, E. S\u00ed\u00adgueme (1971), 20).<\/p>\n<p>La respuesta de la fe pone en juego, en actividad, a la realidad m\u00e1s profunda del ser humano; no es un puro asentimiento intelectual, ni un puro acto voluntarista, es una respuesta que implica a la totalidad del ser humano. \u00abCuando un cristiano responde CREO, afirma una convicci\u00f3n que afecta a lo m\u00e1s profundo de su vida. Por una parte, quiere decir que \u00e9l mismo, su existencia y el mundo que le rodea, es para \u00e9l un misterio. Pero, por otra parte, con esta palabra, el cristiano afirma tambi\u00e9n, con certeza, que, gracias a la luz de la fe, que \u00e9l tiene en Jesucristo como Salvador y Se\u00f1or, su vida tiene un significado y \u00e9l mismo tiene razones para vivir con esperanza\u00bb (Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola \u00abEsta es nuestra fe&#8230;\u00bb Edice (1987) 92).<\/p>\n<p>En resumen: la fe religiosa habr\u00e1 de ser entendida como un compromiso del ser humano con la \u00fanica verdad del Dios vivo que sale al encuentro del hombre-antes de ser entendida como una aceptaci\u00f3n de verdades reveladas. Se puede atirmar que el acto de fe integra, en la persona del creyente, las dos dimensiones de aceptaci\u00f3n de Dios y de aceptaci\u00f3n de su palabra.<\/p>\n<p>La descripci\u00f3n realizada hasta este momento nos permite comprender c\u00f3mo el proceso del acto de fe, desde el punto de vista antropol\u00f3gico, es semejante tanto si se trata de la fe en una persona humana como si se trata de la fe en Dios.<\/p>\n<p>Visto desde el ser humano, el acto de creer es semejante en la fe humana y en la fe religiosa. M\u00e1s adelante descubriremos que, en el caso de la fe religiosa, el desencadenante del proceso que lleva a la persona a creer tiene su origen en Dios mismo, porque es El mismo quien toma la iniciativa de manifestarse al ser humano. Por esa raz\u00f3n, es una virtud sobrenatural, no s\u00f3lo porque el objeto de la fe es Dios mismo y no una realidad humana, sino, adem\u00e1s, porque el acto de fe religiosa es un don, una gracia del Esp\u00ed\u00adritu de Dios.<\/p>\n<p>Escuchemos la descripci\u00f3n que W Kasper hace del acto de creer: \u00abCreer significa decir am\u00e9n a Dios, afianzarse y basarse en \u00e9l; creer significa dejar a Dios ser totalmente Dios, o sea, reconocerlo como la \u00fanica raz\u00f3n y sentido de la vida. La fe es, pues, el existir en la receptividad y en la obediencia. Poder creer y tener esa posibilidad es gracia y salvaci\u00f3n, porque es en la fe donde el hombre encuentra apoyo y base, sentido y meta, contenido y plenitud; y es en ella donde, en consecuencia, es salvado de su carencia de apoyo, de su falta de objetivos, del vac\u00ed\u00ado de su existir. En la fe puede y tiene la posibilidad de aceptarse a s\u00ed\u00ad mismo, porque ha sido aceptado por Dios. Por eso en la fe hemos sido aceptados como hijos de Dios, siendo destinados a participar de la esencia y figura de su unig\u00e9nito (Rom 8,29)\u00bb (W KmPER, Jes\u00fas el Cristo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca (1979) 265).<\/p>\n<p>2. Conversi\u00f3n<br \/>\nConvertirse significa volverse, pasar de una situaci\u00f3n vital a otra situaci\u00f3n opuesta. En el lenguaje humano, que trata de expresar realidades humanas, se habla de que una persona se ha convertido, cuando cambia algunas pautas de comportamiento realmente importantes. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, un drogadicto se convierte cuando deja las drogas y se pone en camino de rehabilitaci\u00f3n; del mismo modo se convierte el delincuente, que decide llevar una vida honrada; tambi\u00e9n una persona, m\u00e1s o menos solitaria, se convierte cuando el amor irrumpe en su vida, al descubrir al hombre o a la mujer de sus sue\u00f1os.<\/p>\n<p>Cuando empleamos la palabra conversi\u00f3n en el lenguaje religioso, nos referimos a la vuelta a Dios. Alguien pronuncia nuestro nombre y nos volvemos para ver qui\u00e9n nos llama y qu\u00e9 quiere. Aqu\u00ed\u00ad, en esta situaci\u00f3n concreta, o\u00ed\u00admos nuestro nombre; nos volvemos y descubrimos que es Dios mismo quien nos llama. Mirando de frente, cara a cara, a Dios, le preguntamos: \u00bfqu\u00e9 quieres de nosotros? Se ha iniciado el proceso de conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abSaulo, Saulo, \u00bfpor qu\u00e9 me persigues? Yo pregunt\u00e9: \u00bfqui\u00e9n eres, Se\u00f1or? Me respondi\u00f3: Yo soy Jes\u00fas Nazareno, a quien t\u00fa persigues&#8230; Yo pregunt\u00e9: \u00bfqu\u00e9 debo hacer, Se\u00f1or? (He 22,7-10; ver tambi\u00e9n He 9,1-19 y 26,12-16). As\u00ed\u00ad describe San Pablo su propia conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>Dios llama y el hombre, la mujer, se vuelve, al oir su nombre. Identifica a quien le ha llamado. \u00c2\u00a1Es Dios! S\u00ed\u00ad, es Dios, quien ordinariamente llama a trav\u00e9s de mediaciones humanas (personas, acontecimientos&#8230;). Todav\u00ed\u00ada at\u00f3nita por la sorpresa, la persona mira a Dios y le pregunta: \u00bfqu\u00e9 debo hacer, Se\u00f1or? La respuesta m\u00e1s concreta nos la da Jes\u00fas, la Palabra de Dios, que los hombres podemos entender: \u00abEl tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios est\u00e1 cerca; convertios y creed en la Buena Noticia\u00bb (Mc 1,15).<\/p>\n<p>A esta primera conversi\u00f3n llamamos conversi\u00f3n religiosa. Es un volverse a Dios, como respuesta del ser humano a una llamada de Dios. Un pagano, o una persona bautizada en su ni\u00f1ez, pero que nunca ha vivido con una referencia expresa a Dios, pueden, en un momento dado, o al final de un proceso de b\u00fasqueda, experimentar una iluminaci\u00f3n de Dios, que les llama a la conversi\u00f3n. Al volverse a Dios y decir \u00abCreo, creo en Ti, Se\u00f1or\u00bb, la persona se sit\u00faa frente al Dios vivo (He 14,15), se entrega a El, le acepta como la medida de su vida, apuesta por El e inicia un nuevo estilo de vida ante Dios y ante los hombres.<\/p>\n<p>En todo lo que sigue a continuaci\u00f3n nos referimos a esta conversi\u00f3n religiosa y tratamos de descubrir que no es sino la otra cara, la otra dimensi\u00f3n del acto de fe.<\/p>\n<p>3. Dos aspectos de una misma realidad<br \/>\nLa referencia a una experiencia vital nos ayudar\u00e1 a comprender el significado de este apartado.<\/p>\n<p>Cuando una persona siente, como un flechazo, la llamada del amor, tiene la sensaci\u00f3n de quedar un tanto transtornada. La hondura de esta experiencia llega a lo m\u00e1s profundo del ser humano. Desde ese momento, tan dif\u00ed\u00adcil de describir, uno siente que todo es distinto, si bien todo sigue igual. Los quehaceres, las actividades, el discurrir de cada d\u00ed\u00ada sigue siendo el mismo; pero todo ello queda transformado por una nueva luz, una nueva ilusi\u00f3n, una nueva alegr\u00ed\u00ada. Nos preguntamos \u00bfqu\u00e9 ha pasado? Y la respuesta obvia es: ha aparecido el amor.<\/p>\n<p>El YO es solicitado por un TU, que le saca de s\u00ed\u00ad mismo. Uno sale de s\u00ed\u00ad mismo para ir al encuentro de la otra persona. Pero, antes incluso de encontrarse con ella, esa persona amada ocupa el centro de la vida del enamorado. El surgimiento del amor ha provocado una especie de descentramiento; por eso el enamoramiento se experimenta como una especie de trastorno, que no locura; un trastorno que cambia la vida, el talante, la actitud, los sentimientos, hasta la voluntad del enamorado. Podemos afirmar que, al responder a la llamada del amor, la persona se convierte, se vuelve a la persona amada; ya no vive para s\u00ed\u00ad sino para ese otro\/otra, que ha ocupado, de hecho, el centro de su vida.<\/p>\n<p>A la luz de esta experiencia que acabamos de describir, podemos entender algo de lo que ocurre en la persona que se siente llamada por Dios. Cuando uno experimenta esta llamada y responde a ella con la fe, se siente trastornado, desquiciado. En alg\u00fan modo se siente \u00abcazado\u00bb por Dios: \u00abMe sedujiste, Se\u00f1or, y me dej\u00e9 seducir; me has agarrado y me has podido\u00bb (Jer 20,7). La respuesta de fe a la llamada de Dios supone dejarse sorprender por esta Buena Nueva, que llega cuando y donde menos se espera; pasar de la sorpresa a la acogida cordial de ALGUIEN que se ofrece gratuitamente; poner en El toda nuestra confianza y nuestra esperanza; y responder con esp\u00ed\u00adritu rendido y fiel. \u00abSe\u00f1or, \u00bfqu\u00e9 quieres que haga? (He 22,10).<\/p>\n<p>Esta expresi\u00f3n de San Pablo nos permite comprender que, a partir de su conversi\u00f3n, el centro de la vida del creyente es Dios mismo; es la voluntad de Dios la que conduce su vida. Como en el caso del propio Jes\u00fas, para quien la voluntad de su Padre es el centro de decisi\u00f3n: \u00abMi comida es hacer la voluntad de mi Padre\u00bb (Jn 4,34 ). \u00abHe bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado\u00bb (Jn 6,38). La respuesta de fe sit\u00faa a Dios en el centro, en el quicio de la vida del creyente. Esta vuelta a Dios es lo que constituye, como dec\u00ed\u00adamos anteriormente, la conversi\u00f3n, en sentido religioso.<\/p>\n<p>Conviene distinguir, al menos conceptualmente, este significado primario de la palabra conversi\u00f3n para distinguirlo del concepto habitual de la misma palabra: la conversi\u00f3n moral. Cuando hablamos de conversi\u00f3n moral nos referimos a la persona que, habi\u00e9ndose puesto en disposici\u00f3n de servir a Dios, en un momento dado se ha alejado de \u00e9l; pero, alcanzado por la gracia, inicia el camino de regreso a Dios. A este proceso llamamos conversi\u00f3n moral. Siguiendo la cl\u00e1sica definici\u00f3n de pecado como \u00abaversio a Deo et conversio ad creaturas\u00bb, diremos que la conversi\u00f3n moral es la vuelta a Dios de quien se hab\u00ed\u00ada alejado de \u00e9l por seguir a los falsos \u00ed\u00addolos de este mundo. Este tipo de conversi\u00f3n es una constante en la vida del cristiano, como fue una constante en la historia del pueblo de Israel. El pueblo elegido hizo una opci\u00f3n fundamental o conversi\u00f3n religiosa, cuando acept\u00f3 la Alianza proclamada por Mois\u00e9s al pie del monte Sina\u00ed\u00ad: \u00abObedeceremos y haremos todo cuanto ha dicho Yahv\u00e9h\u00bb (Ex 24,7 y 19,8).<\/p>\n<p>Pero no fue suficiente esta primera conversi\u00f3n, dado que, a lo largo de su historia, fue infiel a Dios en m\u00faltiples ocasiones. Fue preciso que Dios hablase por medio de los profetas para que el pueblo elegido se convirtiera de sus extrav\u00ed\u00ados.<\/p>\n<p>A semejanza del pueblo e Israel, tambi\u00e9n cada creyente necesita vivir en un estado permanente de conversi\u00f3n moral. Sus dudas, vacilaciones, tropiezos y fracasos le hacen experimentar la necesidad de ser perdonado por Dios, como lo expresa maravillosamente el Salmo 50: Miserere.<\/p>\n<p>Resumiendo, podemos afirmar que al primer acto de fe, que supone una entrega a Dios, acompa\u00f1a siempre una primera conversi\u00f3n religiosa, que sit\u00faa a Dios en el centro de la vida del creyente. A partir de este momento, en la historia religiosa de cada persona se suceden los momentos de fidelidad e infidelidad. El enfriamiento en la fe va acompa\u00f1ado de un debilitamiento moral y, cuando en situaciones de infidelidad, uno experimenta de nuevo la llamada de Dios, el creyente se vuelve a Dios y reinicia, al mismo tiempo, el camino de la vuelta a la fidelidad a Dios y el camino de su conversi\u00f3n moral. As\u00ed\u00ad canta, agradecido, Tob\u00ed\u00adas: \u00abSi os volveis a \u00e9l de todo coraz\u00f3n y con toda el alma, para obrar en verdad en su presencia, se volver\u00e1 a vosotros sin esconder su faz\u00bb (Tob 13,6).<\/p>\n<p>4. Caminos de acceso a la fe y a la conversi\u00f3n<br \/>\nEs posible creer, es posible responder a Dios, porque es posible que Dios hable, que se revele al ser humano. Si negamos esta posibilidad, negar\u00ed\u00adamos la posibilidad de la fe.<\/p>\n<p>Es \u00e9sta una cuesti\u00f3n importante. Se suele salir al paso de esta cuesti\u00f3n afirmando que Dios ya habl\u00f3 a la humanidad a lo largo de la historia, como queda recogido en la Sagrada Escritura. En esta respuesta subyace una imagen que no es exacta; Dios habl\u00f3, pero \u00bfc\u00f3mo?, \u00bfdiciendo palabras al oido del escritor sagrado? No parece ser \u00e9sta la comprensi\u00f3n actual del concepto de inspiraci\u00f3n. \u00bfAcaso Dios habl\u00f3 en otros tiempos, pero ya no habla al hombre y mujer de nuestro tiempo? Esto equivaldr\u00ed\u00ada a imaginarnos a un Dios reducido al silencio, que vive de espaldas al devenir de la historia y que deja al ser humano abandonado a su suerte. Pero no es esto lo que nos transmite San Pablo, cuando afirma que \u00abDios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad\u00bb (1 Tim 2,4). Dios se revela, en efecto, no guarda silencio ni abandona al hombre a su suerte. Pero Dios se revela, es decir, habla al hombre y mujer de todos los tiempos en la historia; Dios est\u00e1 presente en la historia del hombre, \u00abse hace sentir y le va desvelando su misterio, haciendo as\u00ed\u00ad posible que el hombre pueda comprender el sentido \u00faltimo de su vida y tener desveladas las claves fundamentales del misterio que \u00e9l mismo es\u00bb (A. TORRES QUEIRUGA, La revelaci\u00f3n de Dios en la historia, Fundaci\u00f3n Santa Mar\u00ed\u00ada, Madrid 1985,17).<\/p>\n<p>La presencia \u00abelocuente\u00bb de Dios al ser humano de cualquier \u00e9poca y condici\u00f3n es una afirmaci\u00f3n de fe: \u00aben \u00e9l vivimos, nos movemos y existimos\u00bb, como afirma San Pablo en el discurso del are\u00f3pago de Atenas (He 17,28). Pero esa presencia s\u00f3lo es percibida por el ser humano, cuando el desarrollo religioso de una persona, o de una comunidad humana, hace posible que el hombre o mujer \u00aboiga\u00bb la comunicaci\u00f3n de Dios. S\u00f3lo cuando un aparato capta las ondas y lo que \u00e9stas contienen se produce la audici\u00f3n del mensaje emitido. Del mismo modo, s\u00f3lo cuando el ser humano interpreta la llamada, como voz de Dios, se produce propiamente la revelaci\u00f3n. De lo que no podemos dudar es de que \u00abDios se revela sin reservas, con toda la fuerza de su sabidur\u00ed\u00ada y de su poder, y se revela a todos en la m\u00e1xima medida hist\u00f3ricamente posible\u00bb (TORRES QUEIRUGA, O.C., 29).<\/p>\n<p>Resumiendo: porque Dios habla (en presente), y porque la actitud religiosa del ser humano le hace capaz de escuchar y responder a Dios, por ello es posible la fe. Descubramos ahora, en la historia, cu\u00e1les son los caminos de acceso a la fe.<\/p>\n<p>\u00abNadie viene a m\u00ed\u00ad si mi Padre no lo atrae\u00bb (Jn 6,44). Desde el primer momento debe quedar claro que la iniciativa de acceso a la fe parte de Dios. La experiencia del hombre b\u00ed\u00adblico, que ha captado, con profundo sentido religioso, la revelaci\u00f3n de Dios pone de manifiesto en m\u00faltiples pasajes que es Dios mismo quien, con su acci\u00f3n misteriosa, sale al encuentro del ser humano. Desde Abrahan hasta Jes\u00fas, pasando por Mois\u00e9s, los Jueces, David y los Profetas, Dios aparece tomando la iniciativa de manifestarse a los hombres y mujeres, a los que quiere ofrecer su salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La carta a los Hebreos, en su cap\u00ed\u00adtulo once, nos ofrece los ejemplos paradigm\u00e1ticos de los personajes antiguos que fueron visitados por Dios: Abel, Henoc, No\u00e9, Abraham, Mois\u00e9s. El creyente de la Biblia descubre a Dios actuando en la historia. Esta acci\u00f3n de Dios, y la palabra que lo acompa\u00f1a, es voz, es llamada, es autodesvelamiento de Dios. Es Dios llamando al hombre e invit\u00e1ndole a una respuesta creyente y fiel. Ellos respondieron con la fe a esta autorevelaci\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>Esta respuesta de fe se expresa en la Sagrada Escritura en t\u00e9rminos como: \u00abmantenerse fiel a Dios\u00bb, \u00abesperar confiadamente en Dios\u00bb. Expresiones que manifiestan actitudes del verdadero creyente: confianza en la persona que revela y acogida fiel de su palabra. Estas actitudes son tambi\u00e9n don de Dios. Jes\u00fas personifica en s\u00ed\u00ad mismo los dos movimientos: de Dios al hombre (revelaci\u00f3n) y del hombre a Dios (fe). El es la palabra que Dios pronuncia, cuando se revela al hombre, y la palabra que el hombre dice, cuando responde a Dios. \u00abJes\u00fas exclam\u00f3: mi Padre me lo ha ense\u00f1ado todo; al Hijo lo conoce s\u00f3lo el Padre y al Padre lo conoce s\u00f3lo el Hijo y aqu\u00e9l a quien el Hijo se lo quiera revelar\u00bb (Mt 11,25.27). Por eso ha sido constituido en \u00abpuente\u00bb o pont\u00ed\u00adfice entre Dios y los hombres, entre \u00e9stos y Dios. \u00abEn m\u00faltiples ocasiones y de muchas maneras habl\u00f3 Dios antiguamente a nuestros padres por los Profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por un Hijo\u00bb (Hebr. 1,1-2).<\/p>\n<p>Jes\u00fas es el salvador enviado por Dios; en \u00e9l encontramos al \u00abtestigo fiel\u00bb (Hebr 3,2) que nos acerca a Dios y nos ofrece su misericordia. Pero, al mismo tiempo, \u00e9l es el sumo sacerdote que se ofrece al Padre en representaci\u00f3n de todos los humanos; por \u00e9l tenemos acceso a recibir con libertad y responsabilidad la misericordia de Dios. \u00abTeniendo, pues, un sumo sacerdote extraordinario, que ha atravesado los cielos, Jes\u00fas, el Hijo de Dios, mantengamos firmes la fe que profesamos\u00bb (Hebr 4,14). Dios, pues, toma la iniciativa de autorevelarse a la humanidad y posibilita, de esta manera, nuestra respuesta de fe. En su Hijo Jes\u00fas Dios nos dice su \u00faltima palabra y, al mismo tiempo, recibe nuestra primera respuesta de fe. Jes\u00fas es, de este modo, el principio y fin de todo lo creado: por quien todo fue hecho y por quien todo ha sido salvado.<\/p>\n<p>La \u00fanica cuesti\u00f3n importante consiste en encontrarse con Jes\u00fas, para tener acceso a Dios. Encontrarse con Jes\u00fas: \u00e9ste es el coraz\u00f3n de la fe. \u00bfD\u00f3nde encontrarse con Jes\u00fas?, preguntan muchas personas. La respuesta de un creyente es, a la vez, simple y compleja: en el hombre, en la mujer, especialmente en el pobre: \u00abCada vez que lo hicisteis con un hermano m\u00ed\u00ado de esos m\u00e1s humildes, lo hicisteis conmigo\u00bb (Mt 25,40). Todo ser humano es, adem\u00e1s de imagen de Dios, parte del Cristo m\u00ed\u00adstico que ha sido constituido en Jes\u00fas resucitado. Jes\u00fas, el Cristo, ha sido constituido cabeza de la humanidad, principio universal de salvaci\u00f3n. El es el \u00absacramento de encuentro con Dios\u00bb (ScHLLEBEECKX).<\/p>\n<p>Pero ninguna realidad humana agota el modelo que es Cristo. O lo que es lo mismo, la imagen de Cristo en el hombre es siempre una imagen desva\u00ed\u00adda, como un boceto de lo que quiere representar. Por eso es dif\u00ed\u00adcil encontrar en la persona humana el rastro o la huella de Jes\u00fas, el Cristo. Por la misma raz\u00f3n corremos el peligro de intentar buscar a Jes\u00fas por otros caminos, m\u00e1s \u00abespiritualistas\u00bb, salt\u00e1ndonos la realidad, a veces dura, de los hombres y mujeres que nos rodean. Cuando caemos en esta tentaci\u00f3n estamos, en cierto sentido, negando el principio de la Encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Encontrar a Jes\u00fas en sus hermanos, los hombres y mujeres de todos los tiempos, es posible gracias a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, que nos abre los ojos de la fe para descubrir esta presencia misteriosa del Se\u00f1or encarnado y hecho uno de los nuestros.<\/p>\n<p>Podr\u00ed\u00ada parecer que esta descripci\u00f3n constituye un c\u00ed\u00adrculo inexplicable. En efecto, afirmamos que la fe surge cuando nos encontramos con Jes\u00fas, el Cristo; y continuamos el proces\u00f3, afirmando que este encuentro con Jes\u00fas se da cuando descubrimos su presencia en el ser humano. Y finalizamos el proceso, reconociendo que este descubrimiento es obra de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. \u00bfSer\u00e1 necesario que Dios nos d\u00e9 la fe para llegar a la fe en el encuentro con Cristo? Entiendo que necesitamos la gracia o ayuda de Dios para encontrarnos con Cristo y abrir nuestro coraz\u00f3n a la fe. Con ello estamos reconociendo que la fe es un don de Dios, que obra en nosotros a trav\u00e9s del Esp\u00ed\u00adritu (Mt 16,17). Esto es lo que afirm\u00e1bamos al poner de manifiesto que , en el proceso de la fe, la iniciativa es de Dios. Supuesto este don del Esp\u00ed\u00adritu, reconocemos en Jes\u00fas a Cristo, el Se\u00f1or. Pero este reconocimiento se hace experiencia vital cuando, por la fe, le descubrimos presente en el hombre, especialmente en el pobre.<\/p>\n<p>Podr\u00ed\u00adamos decir, con cierta audacia, que Jesucristo es el sacramento primordial de Dios entre los hombres; la Iglesia, comunidad de hombres y mujeres, es el sacramento original de Jesucristo y el pobre es el sacramento existencial del Dios de Jesucristo.<\/p>\n<p>Cuando un hombre o mujer se encuentra con Cristo en el hermano no puede por menos de salir de s\u00ed\u00ad mismo, de su individualismo ego\u00ed\u00adsta e insolidario y abrirse a la nueva vida que Dios le ofrece. En el hermano pobre, enfermo, necesitado, oye la voz de Dios, que despierta la compasi\u00f3n, la empat\u00ed\u00ada, en definitiva, el amor. La vuelta a Dios, es decir, la conversi\u00f3n religiosa, va siempre acompa\u00f1ada de la transformaci\u00f3n de la vida a favor de los hombres. Si el centro del coraz\u00f3n lo ocupa Dios, el centro de la vida lo constituye el querer de Dios: \u00abam\u00e1os unos a otros como yo os he amado\u00bb (Jn 13,34). Como nos dice San Juan: \u00abSi uno posee bienes de este mundo y, viendo que su hermano pasa necesidad, le cierra sus entra\u00f1as, \u00bfc\u00f3mo va a estar en \u00e9l el amor de Dios?\u00bb (1 Jn 3,17).<\/p>\n<p>Cuando el creyente abre su coraz\u00f3n al don de Dios, cuando el Amor se hace presente en su vida, por la fe, el creyente se siente solicitado por quien necesita amor; ah\u00ed\u00ad entran todos los que, aplastados por las injusticias y sufrimientos de la vida, son descubiertos como \u00absacramentos de Cristo\u00bb; es Dios mismo quien solicita este amor, un amor con obras y de verdad (1 Jn 3,18). La respuesta de fe va, por consiguiente, acompa\u00f1ada de la conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>5. Vivir la fe y la conversi\u00f3n como tarea permanente<br \/>\nPoner la vida de cara a Dios, acoger su palabra, dejarse alcanzar por su amor, ofrecer a Dios una respuesta obediente y fiel en el quehacer de cada d\u00ed\u00ada son algunas actitudes de una persona creyente y convertida. Pero la experiencia nos dice que estas actitudes, que configuran una vida cristiana, sufren los vaivenes propios de las actitudes humanas. Junto a una opci\u00f3n fundamental, realizada por la persona creyente, subsisten las m\u00faltiples opciones parciales, que no siempre son coherentes con la opci\u00f3n fundamental.<\/p>\n<p>\u00c2\u00a1Cu\u00e1ntos buenos prop\u00f3sitos hemos tenido que rehacer a lo largo de la vida! La coexistencia de unas fuerzas misteriosas y contradictorias en el interior de nuestro ser nos hace experimentar frecuentes contradicciones en nuestra vida. Experiencia que compartimos con el mismo Pablo, cuando afirma: \u00abVeo claro que en mi, es decir, en mis bajos instintos, no anida nada bueno, porque el querer lo excelente lo tengo a mano, pero el realizarlo no; no hago el bien que quiero, el mal que no quiero, eso es lo que ejecuto&#8230; as\u00ed\u00ad, cuando quiero hacer lo bueno, me encuentro fatalmente con lo malo en las manos\u00bb (Rom 7,18-21).<\/p>\n<p>Descubrimos, con cierto desasosiego interior, que las ra\u00ed\u00adces del pecado siguen estando presentes en nuestro interior, incluso despu\u00e9s de habernos convertido. \u00abLa fuerza del mal es como una fuerza centr\u00ed\u00adfuga que solicita a la libertad humana para que el creyente se aleje de Dios\u00bb (Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, Paulinas 1999, 970). Precisamente por esto necesitamos la ayuda permanente del Esp\u00ed\u00adritu, que act\u00faa como una fuerza centr\u00ed\u00adpeta, para centrar de nuevo la vida del creyente en Dios. Esta asistencia del Esp\u00ed\u00adritu hace posible que el hombre y la mujer cristianos vivan en una actitud de conversi\u00f3n permanente a lo largo de su vida.<\/p>\n<p>Teniendo en cuenta, adem\u00e1s, que esta conversi\u00f3n es, al mismo tiempo, moral y religiosa, habremos de concluir que esta actitud de conversi\u00f3n necesita ir acompa\u00f1ada de un esfuerzo de maduraci\u00f3n en la fe. Al principio constat\u00e1bamos que fe y conversi\u00f3n son dos aspectos de una misma realidad. Consecuentemente, la profundizaci\u00f3n en uno de los aspectos incluye el avance en el otro.<\/p>\n<p>Vivir en actitud de conversi\u00f3n permanente llevar\u00e1 al cristiano a profundizar en su actitud de fe, procurando: 1) una entrega cada d\u00ed\u00ada m\u00e1s generosa al Dios de Jesucristo; 2) vivir esta entrega en comuni\u00f3n con otros creyentes; 3) estar abierto a las continuas llamadas de Dios, que hace llegar su voz a trav\u00e9s de las mediaciones humanas y de los acontecimientos; 4) traducir en una vida comprometida con la causa del Reino (justicia, fraternidad, paz y dedicaci\u00f3n a los \u00faltimos de la tierra) su opci\u00f3n fundamental por el Dios de Jesucristo; 5) ir recreando el hombre y la mujer nuevos, a la medida de Cristo, capaces de humanizar las relaciones sociales, pol\u00ed\u00adticas, culturales, de manera que contribuyan a que todo hombre y mujer lleguen a ser lo que est\u00e1n llamados a ser; hijos en el Hijo amado del Padre y hermanos en la nueva familia de Dios.<\/p>\n<p>El crecimiento arm\u00f3nico en la fe y la conversi\u00f3n llevar\u00e1 al hombre y mujer cristianos a ser transparencia fiel de la presencia salvadora de Cristo entre los hombres. \u00abNo vivo yo&#8230; es Cristo quien vive en mi\u00bb (Gal 2,20). Al igual que Jes\u00fas en su vida terrena, los cristianos estamos llamados a realizar signos de la acci\u00f3n salvadora de Dios entre los hombres.<\/p>\n<p>6. Acci\u00f3n pastoral<br \/>\nNos preguntamos ahora \u00bfqu\u00e9 acci\u00f3n pastoral puede conducir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo a este paso fundamental de la fe y de la conversi\u00f3n?<br \/>\nComenzando por una respuesta gen\u00e9rica, habr\u00ed\u00adamos de decir que toda la acci\u00f3n pastoral de la Iglesia va encaminada a suscitar esta respuesta de la fe en los hombres y mujeres de hoy y de siempre. Pero pormenorizando y concretando m\u00e1s la respuesta, afirmamos que la acci\u00f3n pastoral encaminada a conseguir este objetivo deber\u00e1 incluir estos tres elementos: 1) un anuncio intensivo y expl\u00ed\u00adcito de Jesucristo; 2) un proceso catequ\u00e9tico de maduraci\u00f3n y 3) una acci\u00f3n pastoral m\u00e1s evangelizadora y menos moralizante.<\/p>\n<p>Un anuncio intensivo y expl\u00ed\u00adcito de Jesucristo<br \/>\nLos ap\u00f3stoles consagraron su vida a esta evangelizaci\u00f3n por la palabra. En los Hechos de los Ap\u00f3stoles se recogen las primeras actividades que \u00e9stos realizaron inmediatamente despu\u00e9s de recibir el Esp\u00ed\u00adritu Santo. San Pablo llega a afirmar que \u00e9l ha sido enviado no a bautizar sino a anunciar la Buena Noticia (1 Cor 1,17). Y el mismo Pablo se alegra de que Cristo sea anunciado, incluso con intenciones bastardas: \u00abAl fin y al cabo se anuncia a Cristo y yo me alegro\u00bb (Fil 1,15-18). Todos los ap\u00f3stoles se dispersaron por el mundo entonces conocido para anunciar a Jesucristo. Sin esta evangelizaci\u00f3n intensiva no es posible el acceso a la fe, ya que Dios ordinariamente dirige su llamada a trav\u00e9s de mediaciones humanas. San Pablo reconoce: \u00bfC\u00f3mo van a creer en \u00e9l si no han oido hablar de \u00e9l? (Rom 10,14).<\/p>\n<p>La Iglesia existe para anunciar el evangelio (EN 14). Y esta acci\u00f3n pastoral constituye el coraz\u00f3n del A\u00f1o Jubilar del 2000: anunciar que, en Jesucristo, Dios ha cumplido sus promesas de salvar a la humanidad (Rom 5,12). As\u00ed\u00ad afirma Juan Pablo II en la Bula Jubilar (VII): \u00abPara nosotros los creyentes el a\u00f1o jubilar pondr\u00e1 claramente de relieve la redenci\u00f3n realizada por Cristo mediante su muerte y resurrecci\u00f3n. Nadie, despu\u00e9s de esta muerte, puede ser separado del amor de Dios&#8230; La gracia de la misericordia sale al encuentro de todos, para que quienes han sido reconciliados puedan tambi\u00e9n ser salvos por su vida\u00bb.<\/p>\n<p>Este anuncio expl\u00ed\u00adcito de Jesucristo constituye el coraz\u00f3n de la acci\u00f3n evangelizadora de la comunidad cristiana. La encomienda de Jes\u00fas \u00abId por todo el mundo y anunciad el Evangelio\u00bb (Mc 16,15) va dirigida a todos los bautizados. Todos somos misioneros, enviados a testimoniar con obras y palabras que Jes\u00fas es el Se\u00f1or, el Mes\u00ed\u00adas, el Salvador. Somos enviados a realizar este primer anuncio a quienes nunca han sido cristianos, porque no han vivido su vida en referencia al Dios de Jesucristo, aunque tal vez fueron bautizados en su ni\u00f1ez. Es obvio reconocer que es \u00e9sta la situaci\u00f3n de muchos contempor\u00e1neos nuestros en pa\u00ed\u00adses de tradici\u00f3n cristiana. Urge, pues, incrementar esta primer anuncio, esta acci\u00f3n misionera, en el occidente cristiano. Para ello habr\u00e1 que provocar una actitud de b\u00fasqueda, despertar un inter\u00e9s por la persona de Jes\u00fas, ayudar a ponerse en camino a quienes viven de hecho en la indiferencia o el agnosticismo. El cristiano realiza esta primera acci\u00f3n evangelizadora, cuando es capaz de comunicar su propia experiencia de fe.<\/p>\n<p>Comunicar la propia experiencia de fe, \u00e9ste es el camino. El m\u00e1s directo, el m\u00e1s eficaz por ser el m\u00e1s significativo. \u00bfQu\u00e9 significa Jes\u00fas para mi? Si la respuesta a esta pregunta me llena de sentido, ilumina el horizonte de mi vida y proporciona una sensaci\u00f3n de alegr\u00ed\u00ada y esperanza, estar\u00e9 en condici\u00f3n de transmitir esta vivencia a los dem\u00e1s. Este anuncio resultar\u00e1 interpelador y probablemente tambi\u00e9n iluminador para el evangelizado. Como dec\u00ed\u00ada Pablo VI, esta comunicaci\u00f3n de la propia experiencia es el modo mejor de anunciar el evangelio (EN 46). Recogiendo lo anterior, escuchemos a San Pablo recomendar a su disc\u00ed\u00adpulo Timoteo: \u00abTe pido encarecidamente: proclama el mensaje, insiste a tiempo y a destiempo\u00bb (II Tim 4,2).<\/p>\n<p>Un proceso catequ\u00e9tico de maduraci\u00f3n<br \/>\nPara llegar a una fe y a una conversi\u00f3n que transformen la vida de una persona creyente es preciso realizar un proceso, en cierto modo similar al que tuvieron los disc\u00ed\u00adpulos del Maestro. Seg\u00fan refiere el evangelio, Jes\u00fas les llam\u00f3; dejaron las redes, o la oficina de recaudaci\u00f3n de impuestos, y le siguieron. Utilizando la terminolog\u00ed\u00ada del apartado anterior, recibieron un primer anuncio, experimentaron un inter\u00e9s primero por Jes\u00fas y le siguieron. Pero, a continuaci\u00f3n, Jes\u00fas les tuvo tres a\u00f1os consigo, realizando un proceso de maduraci\u00f3n.<\/p>\n<p>De igual modo, el hombre o mujer que recibe una llamada de Dios, al oir la Buena Noticia de Jes\u00fas, puede sentir despertar un inter\u00e9s por la persona de Jes\u00fas; en ocasiones puede mostrar una admiraci\u00f3n y deseo de seguir sus ense\u00f1anzas, e incluso manifestar un cierto cambio de vida o conversi\u00f3n. Pero es de todo punto necesario que realice un proceso de profundizaci\u00f3n, de discernimiento, de aprendizaje en todos los elementos que constituyen la vida cristiana, la vida propia del seguidor de Jes\u00fas. Algo equivalente a lo que es un noviciado, antes de profesar en un instituto religioso, o similar a un noviazgo, que capacita para dar responsablemente el paso al matrimonio.<\/p>\n<p>Algo de esto debe ser un proceso de catequesis, a lo largo del cual la persona va conociendo a Jes\u00fas y su mensaje, descubre a la comunidad de sus seguidores, se ejercita en la oraci\u00f3n y en la vida cristiana de servicio y amor; va, de este modo, clarificando su respuesta de fe y sus actitudes de conversi\u00f3n. Un proceso de estas caracter\u00ed\u00adsticas, aun cuando tiene un car\u00e1cter de iniciaci\u00f3n, capacita a quien lo sigue para dar una respuesta de fe al Dios de Jesucristo, con conocimiento de causa y serena responsabilidad. Al mismo tiempo, quien se ejercita de esta manera va incorporando a su vida las actitudes propias del seguidor de Jesucristo, es decir, va avanzando en el camino de situar a Dios en el centro de su vida -conversi\u00f3n-, haciendo del Reino de Dios el valor nuclear de su existencia.<\/p>\n<p>El Directorio general de Catequesis (63) ha situado la catequesis como \u00abmomento esencial del proceso de la evangelizaci\u00f3n\u00bb. Estamos refiri\u00e9ndonos, claro est\u00e1, a la catequesis de adultos, que es la principal referencia de toda catequesis.<\/p>\n<p>La implantaci\u00f3n progresiva de este modelo de catequesis renovada en todas las instancias eclesiales posibilitar\u00e1 una acci\u00f3n pastoral conducente a formar adultos creyentes y convencidos.<\/p>\n<p>Una acci\u00f3n pastoral m\u00e1s evangelizadora y menos moralizante<br \/>\nEn el apartado V se ha explicado que vivir desde la fe y en actitud de conversi\u00f3n son tarea permanente de toda persona cristiana. La actitud de conversi\u00f3n permanente es propia de cada creyente y de toda la comunidad (Eclesia semper reformanda: la Iglesia debe estar en permanente reforma). Cada cristiano, incluso despu\u00e9s de haber pasado por un proceso de maduraci\u00f3n, se debate entre la fidelidad y la infidelidad al Se\u00f1or Jes\u00fas, entre el SI y el NO. S\u00f3lo Jes\u00fas dio un SI completo al Padre (2 Cor 1,18-20). El cristiano, en cierto modo, est\u00e1 siempre volviendo a empezar. G Marcel lo dec\u00ed\u00ada con estas hermosas palabras: \u00abCreemos y no creemos, somos y no somos; y es as\u00ed\u00ad, porque estamos en marcha hacia una meta que, al mismo tiempo, vemos y no vemos\u00bb.<\/p>\n<p>No muy distinta es la experiencia de quienes han hecho una opci\u00f3n radical en su vida, por ejemplo un presb\u00ed\u00adtero o una religiosa. Pero tambi\u00e9n es parecida la situaci\u00f3n de estabilidad precaria de quien ha optado por el matrimonio.<\/p>\n<p>Por esta raz\u00f3n necesitamos todos que la acci\u00f3n pastoral de la Iglesia nos ayude a permanecer firmes en la fe y en el nuevo estilo de vida que hemos abrazado, al comprometernos a seguir a Jes\u00fas. Cuando queremos referirnos a esta forma de actuar pastoralmente, solemos decir que habr\u00e1 de utilizarse m\u00e1s el indicativo que el imperativo. Ser\u00ed\u00ada bueno que se usara m\u00e1s el estilo pastoral que nos recuerde lo que somos -y lo que estamos llamados a ser- m\u00e1s que imponer autoritativamente lo que hemos de hacer. Dicho de otro modo, es m\u00e1s positivo y estimulante apelar al evangelio que a la moral.<\/p>\n<p>La Buena Noticia, presentada como una llamada e invitaci\u00f3n de Dios, genera m\u00e1s adhesi\u00f3n en los oyentes que la excesiva referencia a las obligaciones y deberes que debemos cumplir. Presentar el amor a Dios y a los hermanos, como centro de una vida aut\u00e9ntica de fe, concita m\u00e1s voluntades que el simple recordatorio de todas las renuncias a que se ve abocado el seguidor de Jesucristo. Esto no quiere decir que podamos olvidar las exigencias de nuestra condici\u00f3n de creyentes para la vida de cada d\u00ed\u00ada; pero estas exigencias son consecuencias del amor, vivido con autenticidad.<\/p>\n<p>A ninguna persona, que acaba de descubrir el amor, se le pasa por la imaginaci\u00f3n pensar en las renuncias a que se obliga; antes bien, ha descubierto la raz\u00f3n de su vivir; al experimentar el entusiasmo de lo nuevo, se deja llevar por sus sentimientos con ilusi\u00f3n y alegr\u00ed\u00ada. El mismo caso se da en las personas que se han propuesto alcanzar una meta importante en los estudios o en la profesi\u00f3n. Dan por bien empleados los sacrificios que se imponen para llegar al final. Desde una actitud positiva y estimulante, la visi\u00f3n anticipada de la meta a conseguir desencadena una serie de energ\u00ed\u00adas capaces de sortear las dificultades.<\/p>\n<p>Una acci\u00f3n pastoral, que ayude a descubrir el rostro de Cristo en su perfil m\u00e1s atrayente, que propicie un encuentro con \u00e9l y que ayude a captar la invitaci\u00f3n del Maestro \u00abVen y s\u00ed\u00adgueme\u00bb, contribuye a asegurar la respuesta del creyente, una respuesta fiel y comprometida.<\/p>\n<p>\u00abLa fe y la conversi\u00f3n brotan del coraz\u00f3n, es decir, de lo m\u00e1s profundo de la persona humana, afect\u00e1ndola por entero. Al encontrar a Jesucristo, y al adherirse a \u00e9l, el ser humano ve colmadas sus aspiraciones m\u00e1s hondas: encuentra lo que siempre busc\u00f3 y adem\u00e1s de manera sobreabundante. La fe responde a esa \u00abespera\u00bb, a menudo no consciente y siempre limitada, por conocer la verdad sobre Dios, sobre el hombre mismo y sobre el destino que le espera. Es como un agua pura que reaviva el camino del ser humano, peregrino en busca de su hogar\u00bb (Directorio general para la Catequesis, 55).<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; FRANCO ARDUSSO, Aprender a creer, Sal Terrae, Santander, 2000; J. MART\u00ed\u008dN VELASCO, El encuentro con Dios, Cristiandad, Madrid, 1976; J. MouROUX, Creo en Ti. Estructura personal de la fe, Juan Fiors, Barcelona, 1964; OBISPOS DE EUSKALHERRIA (Pa\u00ed\u00ads Vasco), Creer hoy en el Dios de Jesucristo, Carta Pastoral de Cuaresma-Pascua, 1986.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Manuel Ant\u00f3n Sastre<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Clarificaci\u00f3n de conceptos: 1. Fe; 2. Conversi\u00f3n; 3. Dos aspectos de una misma realidad. II. Modelos de fe en el Nuevo Testamento. III. An\u00e1lisis psicol\u00f3gico-religioso del acto personal de fe: 1. La fe como llamada de Dios; 2. La fe como respuesta a Dios; 3. La fe como nuevo centro de la vida; 4. Gratuidad de la fe. IV. Fe inicial y primera conversi\u00f3n: 1. \u00abFides ex auditu\u00bb; 2. La fe inicial; 3. De la fe inicial a la conversi\u00f3n inicial. V. Fe adulta y conversi\u00f3n permanente: 1. La fe, don destinado a crecer; 2. La catequesis, ministerio de la Palabra; 3. Descripci\u00f3n de la fe adulta; 4. La fe como tarea continua; 5. La conversi\u00f3n permanente; 6. Fe y conversi\u00f3n en clave de amor.<\/p>\n<p>I. Clarificaci\u00f3n de conceptos<br \/>\n1. FE. a) En el lenguaje del Antiguo Testamento, no encontramos propiamente una definici\u00f3n de la fe. Los t\u00e9rminos griegos pistis y pisteuin, que traducimos por fe, corresponden a una gran variedad de conceptos hebraicos. En el Antiguo Testamento descubrimos los contenidos que pretenden reflejar dichos conceptos y que, m\u00e1s tarde, en la traducci\u00f3n griega de los LXX, fueron denominados con el t\u00e9rmino fe.<\/p>\n<p>Estos contenidos de las expresiones hebraicas nos permiten descubrir que la fe comporta: 1) asentar la vida sobre algo firme, seguro, cierto; 2) estar seguro de que no hay otra realidad que ofrezca estas caracter\u00ed\u00adsticas m\u00e1s que Dios; 3) decir AMEN (traducci\u00f3n del aman hebreo) a Dios, es decir creer en Dios, fundar la existencia en Dios: \u00abSi no os afirm\u00e1is en m\u00ed\u00ad, no podr\u00e9is subsistir\u00bb (Is 7,9), y 4) realizar una entrega confiada al Dios siempre fiel, que reclama al hombre entero. En G\u00e9nesis 15,6 se nos ofrece el ejemplo protot\u00ed\u00adpico de la fe de Abrah\u00e1n.<\/p>\n<p>b) Los evangelios ponen de manifiesto que la respuesta de fe del hombre a Dios es fruto de la acci\u00f3n de Dios (cf Jn 6,44-45), es gracia o don de Dios. Los evangelios reclaman esta fe en Dios y en su enviado Jesucristo: \u00abCreed en Dios y creed tambi\u00e9n en m\u00ed\u00ad\u00bb (Jn 14,1). En ellos se subraya: 1) que la fe es la actitud de acogida que los pobres ofrecen al anuncio de la salvaci\u00f3n -as\u00ed\u00ad lo reconoce Mar\u00ed\u00ada en el Magn\u00ed\u00adficat (Lc 1,46-55)-; 2) que la fe es la condici\u00f3n para que Jes\u00fas realice su acci\u00f3n salvadora: \u00abtu fe te ha curado\u00bb (Lc 8,48), y 3) que la fe es la acogida de Jes\u00fas como Mes\u00ed\u00adas, enviado por el Padre (Jn 20,31).<\/p>\n<p>c) San Pablo, profundizando en su experiencia religiosa, nos describe la fe como: 1) un volverse al Dios vivo y verdadero (1Tes 1,8ss); 2) la actitud que hace posible recibir la salvaci\u00f3n de Dios -Dios no salva por las obras de la ley sino por la fe (Rom 3,28)-, y 3) una nueva disposici\u00f3n interior, que se traduce en un estilo de vida regida por la ley del Esp\u00ed\u00adritu, que nos hace hijos de Dios (G\u00e1l 4,6-7).<\/p>\n<p>El Nuevo Testamento, pues, recogiendo el contenido del Antiguo, concreta esta actitud de fe en una afirmaci\u00f3n de Jesucristo: creer en Jesucristo y en el Dios de Jesucristo. El es el testigo fiel (Ap 3,14), que ha dicho siempre Am\u00e9n a Dios. Creer en Dios y creer en su enviado Jesucristo es el objeto fundamental de la fe. Para el cristiano, la verdad y las palabras de Jes\u00fas son la verdad y las palabras de Dios mismo (cf DV 4).<\/p>\n<p>Vista como actitud, desde el ser humano, la fe es una opci\u00f3n fundamental y un proyecto total del hombre que, al asentar su vida en el Dios revelado en Jesucristo, se descubre a s\u00ed\u00ad mismo, a los otros y al mundo como realidades que tienen, desde ese momento, un sentido m\u00e1s pleno.<\/p>\n<p>2. CONVERSI\u00ed\u201cN. a) Convertirse significa volverse. Conversi\u00f3n, en sentido religioso, es sin\u00f3nimo de vuelta a Dios. En la forma de comprensi\u00f3n m\u00e1s habitual, se suele entender la conversi\u00f3n como conversi\u00f3n moral. Se tratar\u00ed\u00ada, en ese caso, de una actitud de arrepentimiento por los pecados cometidos, que han alejado de Dios al hombre o la mujer.<\/p>\n<p>Jes\u00fas env\u00ed\u00ada a sus disc\u00ed\u00adpulos a predicar la conversi\u00f3n (Mc 6,12). Incluso despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n, el Resucitado renueva este env\u00ed\u00ado (Le 24,47). A quien se arrepiente y pone su vida en camino de vuelta hacia Dios, le ofrece su perd\u00f3n (He 2,38; 3,19; 5,31). El signo que celebra este encuentro salvador es, en unos casos, el bautismo, con el don del Esp\u00ed\u00adritu (He 2,38); en otros casos, es el signo de la reconciliaci\u00f3n: \u00abA quienes perdon\u00e9is los pecados&#8230;\u00bb (Jn 20,23). Esta es la conversi\u00f3n moral.<\/p>\n<p>b) Pero hay otro modo de comprender el significado de la conversi\u00f3n, que hace referencia principalmente al caso de los paganos y, por extensi\u00f3n, al caso de aquellos bautizados que nunca han vivido una relaci\u00f3n personal con Dios y que incluso desconocen pr\u00e1cticamente la dimensi\u00f3n teol\u00f3gica del pecado. Se trata de personas que fueron bautizadas de ni\u00f1os, que han vivido un largo trecho de su vida sin ninguna referencia a Dios y que, por consiguiente, no son capaces de comprender que sus comportamientos \u00e9ticamente incorrectos tienen una repercusi\u00f3n en Dios; desconocen, por tanto, el sentido teol\u00f3gico del pecado.<\/p>\n<p>Estas personas pueden experimentar en un momento dado, o al final de un proceso de b\u00fasqueda, una especial iluminaci\u00f3n de Dios, que les llama ala conversi\u00f3n. En este supuesto hablar\u00ed\u00adamos, s\u00ed\u00ad, de una conversi\u00f3n total, pero m\u00e1s propiamente entender\u00ed\u00adamos esta conversi\u00f3n como una adhesi\u00f3n a Jesucristo y al Dios de Jesucristo (DGC 56b). Es la conversi\u00f3n de car\u00e1cter religioso.<\/p>\n<p>Esta es la conversi\u00f3n que va incluida en el acto de fe y a la cual nos referimos expl\u00ed\u00adcitamente en este art\u00ed\u00adculo. No es un volverse a Dios de quien se alej\u00f3 por el pecado, sino una respuesta a la llamada de Dios que el no creyente -o el creyente d\u00e9bil- expresa en un acto de fe que pone a la persona frente al Dios vivo (He 14,15) y que propicia un cambio de mentalidad, un nuevo estilo de vida ante Dios y ante los hombres.<\/p>\n<p>3. Dos ASPECTOS DE UNA MISMA REALIDAD. Podemos hablar de fe y conversi\u00f3n como de un binomio correlativo; con estos t\u00e9rminos expresamos una misma realidad, vista desde dos perspectivas diferentes. Al no tratarse m\u00e1s que de una realidad, habr\u00e1 que considerar primeramente que la fe y la conversi\u00f3n son dos caras de una misma moneda; y, en segundo lugar, que no es leg\u00ed\u00adtimo separar una perspectiva de la otra, porque empobrecer\u00ed\u00ada nuestra visi\u00f3n de la realidad.<\/p>\n<p>\u00bfDe qu\u00e9 realidad hablamos? Del encuentro personal de Dios con el hombre y del hombre con Dios. En este encuentro, el ser humano se afirma a s\u00ed\u00ad mismo, entreg\u00e1ndose libremente a Dios y, a partir de ese momento, sit\u00faa a Dios como centro de su vida. El acto de entrega constituye lo que llamamos la fe; y el descentramiento de s\u00ed\u00ad mismo y el centramiento en Dios constituye lo que llamamos la conversi\u00f3n. Ambas dimensiones del acto de fe son, en s\u00ed\u00ad mismas, aspectos de una \u00fanica realidad.<\/p>\n<p>Descubriremos, primero, lo acontecido en unas personas cuyo testimonio ha llegado hasta nosotros: c\u00f3mo se ha producido en ellas el encuentro con Dios. En un segundo momento analizaremos el acto de fe personal, en cuanto acto de entrega de una persona a Dios. Nos fijaremos, en tercer lugar, en el proceso que conduce a lo que llamaremos la fe inicial y la primera conversi\u00f3n. En \u00faltimo t\u00e9rmino, desarrollaremos qu\u00e9 entendemos por \u00abfe adulta\u00bb y por actitud permanente de conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>II. Modelos de fe en el Nuevo Testamento<br \/>\nPresentamos algunos personajes del Nuevo Testamento como paradigmas y modelos de referencia, que ayuden a comprender mejor el contenido de la fe-conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>a) La samaritana (Jn 4,1-42). Esta mujer tuvo la fortuna de encontrarse con Jes\u00fas, que hab\u00ed\u00ada ido a su encuentro. En el decurso del di\u00e1logo entre Jes\u00fas y la samaritana, Jes\u00fas se manifiesta como profeta y como Mes\u00ed\u00adas. La mujer acoge esta autorrevelaci\u00f3n de Jesucristo. En esta acogida se produce el acto de fe y la primera conversi\u00f3n de la mujer.<br \/>\nb) Pablo de Tarso (He 9,1-19). En este texto, junto a He 22,6-16 y 26,12-16, san Lucas nos transmite la conversi\u00f3n de Pablo. Pablo siente un profundo odio a los cristianos, hasta el punto de ir a Damasco en su persecuci\u00f3n. Sin embargo, Dios le sale al encuentro, toma la iniciativa. Una luz repentina deja ciego a Pablo. Se oyela voz del propio Jes\u00fas vivo: \u00abYo soy Jes\u00fas de Nazaret, a quien t\u00fa persigues\u00bb (22,8). \u00ab\u00bfQu\u00e9 tengo que hacer, Se\u00f1or?\u00bb (22,10). El encuentro con Jes\u00fas transforma a Pablo. Este acoge en la fe la manifestaci\u00f3n de Dios e inicia su conversi\u00f3n.<br \/>\nc) Grupos de primeros cristianos (He 2,29-41). En el caso de los primeros cristianos, su acceso a la fe y su vuelta a Dios es respuesta al anuncio expl\u00ed\u00adcito de la buena noticia, realizada por los ap\u00f3stoles. No se trata de un signo extraordinario, por su car\u00e1cter inhabitual, como fue la luz cegadora que envolvi\u00f3 a Pablo. Se trata del camino ordinario que Dios utiliza para comunicarse al ser humano. Dios nos habla utilizando habitualmente mediaciones humanas (Heb 1,1-2). Afirma el Directorio general para la catequesis: \u00abLa evangelizaci\u00f3n, al anunciar al mundo la buena nueva de la Revelaci\u00f3n, invita a hombres y mujeres a la conversi\u00f3n y a la fe. La llamada de Jes\u00fas, convert\u00ed\u00ados y creed el evangelio (Mc 1,15), sigue resonando, hoy, mediante la evangelizaci\u00f3n de la Iglesia\u00bb (DGC 53). En este caso los profetas -los que hablan en nombre de Dios-son los ap\u00f3stoles, que atestiguan la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y llaman a sus oyentes a volverse al Dios de Jesucristo. Presentan a Jes\u00fas como el Se\u00f1or y Mes\u00ed\u00adas, el \u00fanico salvador que trae el perd\u00f3n de Dios. Cuando los oyentes acogen la Palabra, reciben el Esp\u00ed\u00adritu Santo, que transforma y convierte el coraz\u00f3n de los nuevos creyentes.<\/p>\n<p>El camino habitual que conduce a la fe y a la conversi\u00f3n pasa por un anuncio expreso de Jes\u00fas, el Se\u00f1or. Los hombres y mujeres acogen esta comunicaci\u00f3n de Dios, y en su interior experimentan un cambio o transformaci\u00f3n. Fe y conversi\u00f3n aparecen como dos aspectos de una misma realidad.<\/p>\n<p>III. An\u00e1lisis psicol\u00f3gico-religioso del acto personal de fe<br \/>\n1. LA FE COMO LLAMADA DE DIOS. Cuando hablamos de la conversi\u00f3n estamos hablando del paso de la incredulidad a la fe. Este paso s\u00f3lo puede producirse porque hay una llamada de Dios: \u00abNadie puede venir a m\u00ed\u00ad si el Padre que me envi\u00f3 no lo trae\u00bb (Jn 6,44). Una llamada que, directamente o a trav\u00e9s de mediaciones, se dirige a lo m\u00e1s hondo del esp\u00ed\u00adritu del ser humano. Es una iluminaci\u00f3n, una inspiraci\u00f3n, una solicitaci\u00f3n del Amor: \u00abMe sedujiste, Se\u00f1or, y me dej\u00e9 seducir\u00bb (Jer 20,7). Esta llamada adquiere matices diferentes en cada persona. No puede ser de otro modo, pues se trata de la llamada a un encuentro interpersonal y no hay dos personas iguales.<\/p>\n<p>2. LA FE COMO RESPUESTA A DIOS. La respuesta del ser humano a esta llamada de Dios es lo que constituye la fe. Esta respuesta a Dios no tiene lugar, generalmente, de forma inmediata, sino que se van dando pasos progresivos: nace, al principio, una simpat\u00ed\u00ada por la&#8217;figura de Jes\u00fas; surge una inquietud o inter\u00e9s por Cristo y su evangelio. El s\u00ed\u00ad a Jesucristo es entrega a su persona y aceptaci\u00f3n de la verdad que se nos revela en su persona (DGC 54). Al mismo tiempo se van dando pasos progresivos en la conversi\u00f3n. La precatequesis viene a clarificar y madurar esta simpat\u00ed\u00ada primera por Cristo, hasta llegar a la fe y conversi\u00f3n iniciales (cf DGC 62).<\/p>\n<p>En este acto de fe se produce el encuentro con Dios; Dios llama, el hombre o la mujer acoge esta llamada y responde a ella con todo su ser. En esta respuesta el ser humano experimenta un profundo cambio, al que llamamos conversi\u00f3n. En efecto, una persona que hasta entonces hab\u00ed\u00ada vivido girando en torno a su propio yo, a partir de ese momento experimenta que su vida comienza a girar en torno a otro centro, que es Dios. La persona puede tener el sentimiento, mezcla de dolor y de gozo, de que se pierde y al mismo tiempo se salva (J. Mouroux). Esta experiencia de descentramiento llega a traducirla san Pablo en aquella famosa expresi\u00f3n \u00abNo vivo yo&#8230;, es Cristo quien vive en m\u00ed\u00ad\u00bb (G\u00e1l 2,20). Es acogerse a los brazos de Dios, es descansar en su regazo, es sentirse sostenido por su amor, es, en definitiva, experimentar lo que expresa el Salmo 63: \u00abTu amor vale m\u00e1s que la vida\u00bb.<\/p>\n<p>J. Mart\u00ed\u00adn Velasco explica as\u00ed\u00ad esta experiencia: \u00abHacer de la fe la sustancia de lo que se vive comporta una radical conversi\u00f3n, que desaloja del hombre un coraz\u00f3n vuelto sobre s\u00ed\u00ad mismo y que tiende a convertirse en centro y medida de todo, para poner en su lugar el esp\u00ed\u00adritu de Dios que lleva a ese coraz\u00f3n a realizarse no en el dominio y la posesi\u00f3n, sino en la autodonaci\u00f3n y en la entrega. Una conversi\u00f3n as\u00ed\u00ad transforma la vida toda del creyente en manifestaci\u00f3n de ese coraz\u00f3n nuevo, de ese nuevo esp\u00ed\u00adritu y hace de esa vida su permanente irradiaci\u00f3n hacia el mundo\u00bb1.<\/p>\n<p>3. LA FE COMO NUEVO CENTRO DE LA VIDA. En esta l\u00ed\u00adnea aparece con claridad que el acto de fe-conversi\u00f3n s\u00f3lo puede ser comprendido adecuadamente desde la clave del amor. Cuando se produce el enamoramiento, tanto si es algo instant\u00e1neo, a lo que llamamos flechazo, como si es fruto de un proceso m\u00e1s o menos largo, la persona experimenta que alguien viene a sacarla de s\u00ed\u00ad misma. Y se pregunta: \u00ab\u00bfQu\u00e9 he podido hacer yo para que este otro\/otra se haya fijado en m\u00ed\u00ad, me haya preferido a m\u00ed\u00ad?\u00bb. Y la respuesta es siempre la misma: \u00abNada; absolutamente nada\u00bb. \u00bfEntonces? La conclusi\u00f3n es evidente: \u00abNo me lo merezco\u00bb.<\/p>\n<p>Aparece en toda su dimensi\u00f3n la gratuidad del amor. Por inmerecida, la entrega de otra persona deja desconcertada a la persona preferida. Le hace salir de sus casillas; la descentra de s\u00ed\u00ad misma. Ya no vive m\u00e1s que para gozar. Y el gozo consiste precisamente en volcarse sin medida sobre la persona que la ha trastornado.<\/p>\n<p>4. GRATUIDAD DE LA FE. La experiencia religiosa del encuentro con Dios conlleva unas caracter\u00ed\u00adsticas semejantes. Podr\u00ed\u00adamos rastrearlas en las experiencias de muchos convertidos de ayer y de hoy, y en las p\u00e1ginas inigualables de los grandes m\u00ed\u00adsticos, desde el b\u00ed\u00adblico Cantar de los cantares hasta las poes\u00ed\u00adas sublimes de santa Teresa o de san Juan de la Cruz.<\/p>\n<p>Sin embargo, conviene dejar claro que hablar de experiencia religiosa no supone, normalmente, algo as\u00ed\u00ad como tocar con los dedos a Dios. Por regla general, el encuentro con Dios no se traduce en un contacto v\u00ed\u00advido, en una presencia luminosa, en unaemoci\u00f3n o impresi\u00f3n directas. Como tampoco la experiencia humana del enamoramiento tiene, siempre y en todos los casos, estas caracter\u00ed\u00adsticas. Dios puede tocar a la persona, autorrevelarse y llamarla tambi\u00e9n desde la penumbra. Tal vez fuera mejor decir: desde el misterio. Dios se asoma, se deja ver, se manifiesta, pero el ser humano nunca puede captar el misterio en toda su hondura y trascendencia.<\/p>\n<p>La manifestaci\u00f3n m\u00e1s clara de Dios se nos ha dado en Jesucristo. Pero, a pesar de la claridad de esta manifestaci\u00f3n, \u00abel Verbo vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron\u00bb (Jn 1,11).<\/p>\n<p>\u00abDios, despu\u00e9s de haberse revelado a trav\u00e9s de la palabra de distintos mensajeros, revela a la Palabra misma encarnada en Jes\u00fas&#8230; En Jes\u00fas el misterio no se hace presente en persona, en el sentido de que en el hombre Jes\u00fas se visualice, se objetivice o mundanice el misterio, haci\u00e9ndose accesible a la mirada o al conocimiento natural, directo, del hombre. El misterio s\u00f3lo puede revelarse como misterio, es decir, como lo absolutamente oculto&#8230; Pero sin perder su condici\u00f3n de misterio, Dios se revela definitivamente, plenamente, en Jes\u00fas\u00bb2.<\/p>\n<p>IV. Fe inicial y primera conversi\u00f3n<br \/>\n1. \u00abFIDES EX AUDITU\u00bb. Es este un aforismo que ha adquirido carta de naturaleza desde los tiempos apost\u00f3licos (cf Rom 10,13-14.17). Los que han \u00abcomido y bebido con el Resucitado\u00bb (He 10,41) proclaman expl\u00ed\u00adcitamente a Jes\u00fas como el Se\u00f1or, el Mes\u00ed\u00adas, el Salvador. Los primeros testigos del Resucitado hablan en estos t\u00e9rminos: \u00abNosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y o\u00ed\u00addo\u00bb (He 4,20). \u00abEso que hemos visto y o\u00ed\u00addo, os lo anunciamos\u00bb (lJn 1,3). Y san Pablo argumenta: \u00abTodo el que invoque el nombre del Se\u00f1or se salvar\u00e1. Ahora bien, \u00bfc\u00f3mo van a invocar a aquel en quien no creen? \u00bfC\u00f3mo van a creer en \u00e9l si no han o\u00ed\u00addo hablar de \u00e9l?\u00bb (Rom 10,13-14).<\/p>\n<p>Desde el principio se entendi\u00f3 adecuadamente la encomienda del Se\u00f1or: \u00abId por todo el mundo y predicad la buena noticia a toda criatura. El que crea y sea bautizado se salvar\u00e1\u00bb (Mc 16,15-16).<\/p>\n<p>El camino habitual que permite al hombre o mujer encontrarse con Dios pasa por un previo anuncio, realizado por aquellos que son enviados. Como dice san Pablo: \u00abBienvenidos los que traen buenas noticias\u00bb (Rom 10,15). Este anuncio expl\u00ed\u00adcito de Jes\u00fas como el Cristo, esta proclamaci\u00f3n de la buena noticia, es lo que se denomina anuncio misionero o evangelizaci\u00f3n misionera, que trata de \u00absuscitar la fe con la ayuda de la gracia, abrir el coraz\u00f3n, convertir, preparar una adhesi\u00f3n global a Jesucristo\u00bb (CC 49).<\/p>\n<p>Destinatarios de esta evangelizaci\u00f3n misionera son tanto los paganos, en sentido estricto, es decir, los que nunca tuvieron fe en Jesucristo, como aquellos bautizados que nunca dieron una adhesi\u00f3n personal a Jesucristo y a su mensaje (EN 56). Estos est\u00e1n necesitados de la fe inicial y de la conversi\u00f3n inicial. En el DGC se emplean estos t\u00e9rminos progresivos: 1) primer anuncio para despertar la simpat\u00ed\u00ada, el inter\u00e9s hacia Cristo; 2) catequesis kerigm\u00e1tica, precatequesis, catequesis de car\u00e1cter misionero, para llevar esa simpat\u00ed\u00ada hasta la fe y conversi\u00f3n iniciales; 3) catequesis de inspiraci\u00f3n catecumenal para lograr la primera madurez en la fe y conversi\u00f3n, y 4) la celebraci\u00f3n de los sacramentos de la iniciaci\u00f3n, o renovaci\u00f3n de los mismos para entrar en la comunidad cristiana o arraigarse en la misma con una formaci\u00f3n permanente abierta al mundo (cf DGC 61-62; 63-68; 69-72; 88-90).<\/p>\n<p>2. LA FE INICIAL. Seg\u00fan el decreto Ad gentes (13-15), la fe inicial reviste los siguientes rasgos3:<br \/>\na) Aceptaci\u00f3n del Dios vivo. La aceptaci\u00f3n del Dios vivo, que quiere comunicarse a s\u00ed\u00ad mismo a los hombres. Quien se abre a la fe inicial desea comenzar por vez primera, o recuperar, su relaci\u00f3n con Dios. Intuye con una primera lucidez que el Dios anunciado por Jesucristo es alguien significativo y vital para su realizaci\u00f3n personal.<br \/>\nb) Primera adhesi\u00f3n libre a Cristo. Quien llega a la fe inicial comienza a descubrir, a trav\u00e9s de la Palabra y el Esp\u00ed\u00adritu, que la relaci\u00f3n con el Dios vivo pasa a trav\u00e9s de Jesucristo, de modo que \u00abno hay salvaci\u00f3n fuera de \u00e9l\u00bb (He 4,12). Y da una primera adhesi\u00f3n libre a Jesucristo, como salvador, aunque no tenga un conocimiento completo de su persona.<br \/>\nc) El seguimiento de Cristo. A esta primera adhesi\u00f3n a Jesucristo acompa\u00f1a el deseo de seguirle, de vivir como vivi\u00f3 \u00e9l; es decir, la persona est\u00e1 en disposici\u00f3n de convertirse, de reorientar el estilo de su vida en torno a \u00e9l.<br \/>\nd) Incorporaci\u00f3n al grupo de los seguidores de Cristo. Quien se abre a la fe inicial est\u00e1 en disposici\u00f3n de incorporarse al grupo, a la comunidad de los seguidores de Jes\u00fas, de quienes normalmente habr\u00e1 recibido ayuda para descubrir a Dios y a su enviado Jesucristo. Intuye, por tanto, que ese es el lugar donde puede hacer m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita su fe, madurarla, celebrarla y vivirla.<\/p>\n<p>3. DE LA FE INICIAL A LA CONVERSI\u00ed\u201cN INICIAL. La persona situada en este umbral de la fe, se siente llamada misteriosamente por ese Alguien mayor que ella, que le urge a dar una respuesta. Cuando esta es afirmativa, se produce, como explic\u00e1bamos anteriormente, un cierto desquiciamiento en el creyente. Dios, en efecto, saca al hombre o mujer de su quicio, para ocupar \u00e9l mismo el centro de su vida. Dios no viene a poseer a la persona, sino a proyectarla hacia una comprensi\u00f3n de s\u00ed\u00ad misma, que le confiere la m\u00e1xima dignidad y el m\u00e1s pleno sentido. Escuchar a Dios: \u00abT\u00fa eres mi hijo\u00bb, y decir a Dios: \u00abT\u00fa eres mi Padre\u00bb, es la experiencia m\u00e1s llena de sentido y significatividad para la vida del ser humano.<\/p>\n<p>Es en este di\u00e1logo donde el ser humano elige libremente que Dios ocupe el centro de su vida, que los deseos de Dios sean los deseos de su voluntad humana, que el amor de Dios sea el fundamento de su amor humano; se inicia el seguimiento de Jes\u00fas. La acci\u00f3n de la gracia -decimos los creyentes- hace posible esta vuelta a Dios, esta primera conversi\u00f3n. Como puede comprenderse, esta transformaci\u00f3n interior tiene al comienzo unas caracter\u00ed\u00adsticas de iniciaci\u00f3n. La posterior maduraci\u00f3n enla experiencia configura los rasgos que aqu\u00ed\u00ad se han descrito.<\/p>\n<p>V. Fe adulta y conversi\u00f3n permanente<br \/>\n1. LA FE, DON DESTINADO A CRECER. La fe es un don destinado a crecer en el coraz\u00f3n de los creyentes; la adhesi\u00f3n a Jesucristo, en efecto, da origen a un proceso de conversi\u00f3n permanente que dura toda la vida. Quien accede a la fe es como un ni\u00f1o reci\u00e9n nacido que, poco a poco, crecer\u00e1 y se convertir\u00e1 en un ser adulto, que tiende al \u00abestado de hombre perfecto (Ef 4,13), a la madurez de la plenitud de Cristo\u00bb (DGC 56).<\/p>\n<p>\u00abGlorificad en vuestros corazones a Cristo, el Se\u00f1or, dispuestos siempre a contestar a todo el que os pida raz\u00f3n de vuestra esperanza\u00bb (lPe 3,15). El ap\u00f3stol se dirige a unas comunidades cristianas, formadas, seg\u00fan parece, por paganos convertidos al cristianismo, y las exhorta a perseverar en la fe y en la conducta cristiana. Es presumible que estos paganos convertidos hayan pasado un tiempo de maduraci\u00f3n en su fe, de aprendizaje en su vida cristiana, para haber llegado a ser capaces de \u00abdar raz\u00f3n de su esperanza\u00bb.<\/p>\n<p>Que unas personas adultas, en cuanto a su edad, lleguen a ser cristianos adultos, es decir, adultos en su fe, requiere un tiempo de profundizaci\u00f3n, que les capacite para vivir responsablemente su vida como creyentes y para dar testimonio de esa misma fe a quienes se lo pidan. \u00abLa catequesis es una etapa de la evangelizaci\u00f3n, que trata de conducir hasta la adultez en la fe a quienes han optado por el evangelio o se encuentran deficientemente iniciados en la vida cristiana\u00bb (CAd 45).<\/p>\n<p>2. LA CATEQUESIS, MINISTERIO DE LA PALABRA. La catequesis es esa forma peculiar del ministerio de la Palabra que hace madurar la conversi\u00f3n inicial del cristiano hasta hacer de ella una viva, expl\u00ed\u00adcita y operante confesi\u00f3n de fe (CC 96).<\/p>\n<p>a) La confesi\u00f3n de fe requiere un conocimiento del Dios de Jesucristo. Sin ese conocimiento no podr\u00ed\u00adamos hablar de una fe adulta. Dicho conocimiento tiene por objeto las verdades contenidas en los s\u00ed\u00admbolos de la fe, el credo (cf DGC 54). Pero no conviene olvidar que un aut\u00e9ntico conocimiento conlleva una entrega plena e incondicional al \u00fanico Dios. Reconocer a Dios como Padre y a Jesucristo como el Se\u00f1or, es obra del Esp\u00ed\u00adritu que act\u00faa en nosotros.<\/p>\n<p>b) Implica necesariamente tambi\u00e9n el desenmascaramiento de los \u00ed\u00addolos que quieren ocupar en nuestra vida el lugar de Dios, la renuncia a cuanto nos esclaviza e impide vivir la libertad aut\u00e9ntica de los hijos de Dios (cf G\u00e1l 5,1). El \u00fanico camino que lleva al conocimiento de Dios y a su entrega a \u00e9l es Jes\u00fas, el Cristo. Por ello, una fe adulta tiene como centro a Jesucristo: \u00e9l es \u00abel camino, la verdad y la vida\u00bb (Jn 14,6). \u00abNadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar\u00bb (Lc 10,22). Jesucristo es la plenitud de la Revelaci\u00f3n (DV 4); es el centro de la historia de la salvaci\u00f3n; con \u00e9l ha llegado la plenitud de los tiempos; \u00e9l es el \u00fanico salvador (He 4,12) (cf DGC 53).<br \/>\nc) Al confesar la fe, nos sentimos miembros del pueblo de Dios como tal, que es la Iglesia. Pablo VI llam\u00f3 al s\u00ed\u00admbolo de la fe \u00abel Credo del pueblo de Dios\u00bb. Vinculado a la fe de la Iglesia, el creyente confiesa su fe. Esta vinculaci\u00f3n a la Iglesia es mucho m\u00e1s que una mera adscripci\u00f3n jur\u00ed\u00addica. En la Iglesia, el creyente descubre la comunidad de los hijos de Dios, dispersos por el pecado, congregados por Jes\u00fas, el salvador, y enviados al mundo a anunciar el evangelio (LG 4). \u00abRe\u00fane en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo\u00bb (Plegaria eucar\u00ed\u00adstica III).<\/p>\n<p>Descubrir, por tanto, el misterio de la Iglesia, misterio de comuni\u00f3n con Dios por medio de Jesucristo y en el Esp\u00ed\u00adritu (s\u00ed\u00adnodo 1985, relaci\u00f3n final II, C 1) es elemento imprescindible de una fe adulta. Como lo es, asimismo, llegar a la convicci\u00f3n de que la Iglesia existe para anunciar el evangelio (EN 14) y construir el reino de Dios. Esta realidad de la Iglesia como comuni\u00f3n, es fundamental en los documentos del Vaticano II, como lo subraya el s\u00ed\u00adnodo de 1985 (II, C 1).<\/p>\n<p>3. DESCRIPCI\u00ed\u201cN DE LA FE ADULTA. Por lo dicho hasta ahora, podr\u00ed\u00adamos describir la fe adulta como: 1) una fe que permite al creyente conocer con lucidez en qui\u00e9n cree y por qu\u00e9 cree; 2) que conduce al creyente a pasar de un asentimiento gen\u00e9rico y difuso a una entrega personal y responsable a Jesucristo; 3) una fe profundamente enraizada en la comunidad de los creyentes, que vincula al cristiano vitalmente con la Iglesia; 4) que acoge el mensaje cristiano en su integridad, pero que excluye la reducci\u00f3n de su horizonte a la mera repetici\u00f3n de unas f\u00f3rmulas, de unos mandamientos o prohibiciones, y se abre permanentemente a la llamada de Dios; 5) que es capaz de superar la separaci\u00f3n, tan frecuente, entre lo que uno cree y lo que uno vive -separaci\u00f3n entre la fe y la vida-, lo cual conduce al cristiano a una vida descomprometida e infantilizada: \u00abEl divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerado como uno de los m\u00e1s graves errores de nuestra \u00e9poca\u00bb (GS 43); 6) una fe que enra\u00ed\u00adza al creyente en Cristo, como dice san Pablo: \u00abhasta que todos lleguemos&#8230; a constituir el estado del hombre perfecto a la medida de la edad de la plenitud de Cristo&#8230;; practicando sinceramente el amor, crezcamos en todos los sentidos hacia aquel que es la cabeza, Cristo\u00bb (Ef 4,12-15).<\/p>\n<p>4. LA FE COMO TAREA CONTINUA. Llegar a la medida de Cristo es obra del Esp\u00ed\u00adritu y consecuencia de un ejercicio permanente. \u00abLa fe de un cristiano adulto debe ser una fe confesante\u00bb4. Los rasgos de esta fe son los siguientes: 1) Una fe que sea eje y centro de la vida: no un valor, junto a otros, sino el valor supremo, \u00ablo \u00fanico necesario\u00bb, seg\u00fan la expresi\u00f3n del evangelio. 2) Una fe experienciada y vivida: no un simple asentimiento a las verdades que Dios revela y que la Iglesia ense\u00f1a, ni un mero cumplimiento de pr\u00e1cticas cultuales y morales, sino una experiencia personal de encuentro con Jesucristo, en alg\u00fan modo similar a la experiencia personal de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas. 3) Una fe expresada y anunciada: que se vive en el interior del coraz\u00f3n y se confiesa con\u2020\u00a2los labios (Rom 10,9), a la que se presta el gesto y la voz, que se encarna en el espacio y el tiempo, que supera el \u00e1mbito de lo privado y se proclama como buena noticia (\u00abId por todo el mundo&#8230;\u00bb [Mc 16,15]); que compromete la vida en la defensa de la justicia, de los hombres, a quienes reconoce como hijos de Dios. 4) Una fe en di\u00e1logo permanente con los hombres y mujeres de nuestro tiempo, capaz de comunicar a estos el testimonio inculturado del amor inmenso de Dios, manifestado en Jesucristo. 5) Una fe coherente, que se atreve a testimoniar lo que uno ha visto y experimentado, lo cual es una prueba de credibilidad que verifica la verdad de lo que atestigua: la propia vida del testigo. 6) Una fe que desarrolla su poder humanizador. \u00abLa gloria de Dios es que el hombre viva\u00bb, afirmaba san Ireneo. Hoy es preciso mostrar que la fe en Jesucristo lleva a los creyentes a vivir m\u00e1s humanamente, a humanizar las relaciones sociales, a combatir las estructuras injustas y deshumanizantes, a promover formas de cultura m\u00e1s dignas del ser humano.<\/p>\n<p>Vivir esta fe adulta conduce a la recreaci\u00f3n del hombre nuevo, de la mujer nueva, a quien el esp\u00ed\u00adritu de Dios va transformando interiormente en unos seguidores fieles de Jesucristo.<\/p>\n<p>5. LA CONVERSI\u00ed\u201cN PERMANENTE. Llegar a esta adultez de fe es tarea de toda la vida. Y si fe y conversi\u00f3n son dos caras de una misma moneda, esto nos permite afirmar que tambi\u00e9n la actitud de conversi\u00f3n habr\u00e1 de cultivarse a lo largo de toda la vida. A esta maduraci\u00f3n progresiva la llamamos conversi\u00f3n permanente. La conversi\u00f3n permanente incluye unas actitudes como: el inter\u00e9s por el evangelio, la conversi\u00f3n moral, la profesi\u00f3n de fe y el camino hacia la perfecci\u00f3n (DGC 56-57).<\/p>\n<p>Esta experiencia de transformaci\u00f3n interior no se produce de una vez para siempre. La presencia del pecado en la vida humana ejerce una influencia sobre el convertido, para alejarlo de Dios. La fuerza del mal es como una fuerza centr\u00ed\u00adfuga que solicita a la libertad humana para que el creyente se aleje de Dios. Esta realidad no desaparece cuando se produce en \u00e9l la primera conversi\u00f3n. As\u00ed\u00ad lo experimentaba san Pablo, una vez convertido: \u00abNo hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero: eso es lo que hago\u00bb (Rom 7,18-24). La conversi\u00f3n, por el contrario, nace de una decisi\u00f3n libre por la que el creyente se entrega a Dios, y es como una fuerza centr\u00ed\u00adpeta que ejerce el Esp\u00ed\u00adritu sobre la voluntad humana. Una fuerza que lleva al creyente a centrar su vida en Dios.<\/p>\n<p>Por eso, la actitud de conversi\u00f3n se hace necesaria durante toda la vida. M\u00e1s a\u00fan, la maduraci\u00f3n de la fe incluye, como un elemento imprescindible, la actitud de conversi\u00f3n permanente. As\u00ed\u00ad aparece en la Sagrada Escritura:<br \/>\na) Los profetas. A trav\u00e9s de los profetas, Dios llama al pueblo a la conversi\u00f3n, a dejar los \u00ed\u00addolos y a volverse al Dios de los padres, al \u00fanico Dios.<br \/>\nb) Juan Bautista recoge el mensaje prof\u00e9tico, llamando a la conversi\u00f3n: \u00abConvert\u00ed\u00ados, porque el Reino de los cielos est\u00e1 cerca\u00bb (Mt 3,2). Entrar a gozar de los bienes del Reino exige un cambio interior. Como signo de esta conversi\u00f3n, Juan Bautista ofrece un bautismo de agua, que prepara para el bautismo de fuego y de Esp\u00ed\u00adritu Santo que ofrecer\u00e1 el Salvador (Mt 3,11).<br \/>\nc) Jes\u00fas hace presente el Reino en medio de los hombres. Se lo ofrece a todo el que crea; es una oferta de vida y salvaci\u00f3n. El no lo impone, no fuerza a nadie; s\u00f3lo invita a sus oyentes a aceptar el don de Dios. S\u00f3lo les pide un signo de conversi\u00f3n: \u00e9l ha venido a llamar \u00aba los pecadores para que se conviertan\u00bb (Lc 5,32). Para Jes\u00fas lo que cuenta es la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n y la actitud de b\u00fasqueda del reino de Dios y su justicia (Mt 6,33).<\/p>\n<p>6. FE Y CONVERSI\u00ed\u201cN EN CLAVE DE AMOR. Al final, la fe y la conversi\u00f3n s\u00f3lo son comprensibles desde la clave del amor. Por parte de Dios nos quedamos con la confesi\u00f3n de san Juan: \u00abTanto am\u00f3 Dios al mundo&#8230;\u00bb (In 3,16). Por parte del hombre, repetimos con san Pablo: \u00abNo vivo yo&#8230;, es Cristo quien vive en m\u00ed\u00ad\u00bb (G\u00e1l 2,20). No podemos dudar del amor siempre fiel de Dios a los hombres: \u00abEl permanece siempre fiel, porque no puede negarse a s\u00ed\u00ad mismo\u00bb (2Tim 2,13). Del amor de la humanidad a Dios s\u00ed\u00ad podemos dudar; y no s\u00f3lo dudar, sino certificar las repetidas infidelidades que van engrosando la historia del mal en el mundo. Por esta raz\u00f3n afirmamos que la respuesta de los hombres y mujeres a Dios es siempre un continuo volver a la pr\u00e1ctica de las actitudes de Cristo, de forma creciente, contando, por supuesto, con el pecado; la fe y la conversi\u00f3n son tarea de toda la vida de cada uno, y tarea de toda la historia humana que, a pesar de todos los pesares, Dios est\u00e1 empe\u00f1ado en que sea una historia de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. J. MART\u00ed\u008dN VELASCO, Increencia y evangelizaci\u00f3n. Del di\u00e1logo al testimonio, Sal Terrae, Santander 1988, 132. &#8211; 2. ID, El encuentro con Dios. Una interpretaci\u00f3n personalista de la religi\u00f3n, Cristiandad, Madrid 1976, 56-57. &#8211; 3. Cf GARITANO F., Catequesis misionera con los alejados de la fe, Actualidad catequ\u00e9tica 141 (1989) 63-95. &#8211; 4. J. MART\u00ed\u008dN VELASCO, Increencia&#8230; o.c., 131-142.<\/p>\n<p>BIBL.: ALFARO J.-RAHNER K.-FRIES H.-DARLAP A., Fe, en RAHNER K. (ed.), Sacramentum Mundi III, Herder, Barcelona 19762, 96-147; BARREAD J. J., La fe de un pagano, Studium, Madrid 1969; El reconocimiento o \u00bfqu\u00e9 es la fe?, Studium, Madrid 1970; BRIEN A., \u00bfQu\u00e9 es creer?, Narcea, Madrid 1974; FEINER J.-LOHRER M., Mysterium salutis, Cristiandad, Madrid 1992, 109-125 y 183-201; GARITANO F., Catequesis misionera con los alejados de la fe, Actualidad catequ\u00e9tica 141 (1989) 63-71; GOFFI T., Conversi\u00f3n, en DE FIORES S.-GOFFI T. (dirs.), Nuevo diccionario de espiritualidad, San Pablo, Madrid 19914, 356-362; MART\u00ed\u008dN VELASCO J., El encuentro con Dios. Una interpretaci\u00f3n personalista de la religi\u00f3n, Cristiandad, Madrid 1976; Increencia y evangelizaci\u00f3n. Del di\u00e1logo al testimonio, Sal Terrae, Santander 1988; MoUROUx J., Creo en ti. Estructura personal de la fe, Juan Flors, Barcelona 1964; Del bautismo al acto de fe, Studium, Madrid 1966; OBISPOS DE EUSKAL-HERRIA (Pa\u00ed\u00ads Vasco), Creer hoy en el Dios de Jesucristo, Carta pastoral de Cuaresma-Pascua 1986, Secretariado Trinitario, Salamanca 1986; RAHNER K., Conversi\u00f3n, en Sacramentum Mundi 1, Herder, Barcelona 1972, 976-985; SHULTER R., La conversi\u00f3n (metanoia), inicio y,forma de la vida cristiana; SEBASTI\u00ed\u0081N AGUILAR F., Antropolog\u00ed\u00ada y teolog\u00ed\u00ada de la fe cristiana, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1973.<\/p>\n<p>Equipo de catequetas de Euskal-Herria<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. Fe es creer. Creer es tener fe. &#8211; 2. Conversi\u00f3n. &#8211; 3. Dos aspectos de una misma realidad. &#8211; 4. Caminos de acceso a la fe y a la conversi\u00f3n. &#8211; 5. Vivir la fe y la conversi\u00f3n como tarea permanente. &#8211; 6. Acci\u00f3n pastoral. 1. Fe es creer. 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