{"id":16001,"date":"2016-02-05T10:22:43","date_gmt":"2016-02-05T15:22:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iniciacion-cristiana\/"},"modified":"2016-02-05T10:22:43","modified_gmt":"2016-02-05T15:22:43","slug":"iniciacion-cristiana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iniciacion-cristiana\/","title":{"rendered":"INICIACION CRISTIANA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. Introducci\u00f3n: a) Realidad antigua y nueva; b) Puntualizaci\u00f3n terminol\u00f3gica. &#8211; 2. Naturaleza de la iniciaci\u00f3n cristiana: a) La \u00abiniciaci\u00f3n\u00bb en las religiones, sobre todo, en las mist\u00e9ricas; b) La iniciaci\u00f3n cristiana; c) La iniciaci\u00f3n cristiana en el Vaticano II; d) La iniciaci\u00f3n despu\u00e9s del Vaticano II; e) Dos modelos de iniciaci\u00f3n; f) El itinerario paradigm\u00e1tico o t\u00ed\u00adpico de la iniciaci\u00f3n cristiana de adultos: El precatecumenado El catecumenado. La elecci\u00f3n. Los escrutinios. Celebraci\u00f3n de los Sacramentos de la Iniciaci\u00f3n. La mistagogia. &#8211; 3. Agentes de la iniciaci\u00f3n cristiana. &#8211; 4. Destinatarios. &#8211; 5. Mediaciones pastorales: a) No-sacramentales; b) Celebraciones sacramentales. &#8211; 6. Luces y sombras<\/p>\n<p>1. Introducci\u00f3n<br \/>\na) Realidad antigua y nueva. La idea de \u00abiniciaci\u00f3n cristiana\u00bb es, a la vez, antigua y nueva. Antigua, porque existi\u00f3 en los comienzos de la historia de la Iglesia; nueva, porque durante muchos siglos -desde el VI hasta el concilio Vaticano II-estuvo ausente de la pr\u00e1ctica eclesial latina y casi por completo de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica occidental y oriental. Su nueva re-entrada en escena tuvo lugar desde dos perspectivas diferentes: como \u00abmemoria hist\u00f3rica\u00bb y como \u00abinstancia pastoral\u00bb, que responden a dos ideas precisas. La primera contemplaba el conjunto de ritos con los que se entraba en la sociedad de los adultos y se refer\u00ed\u00ada sobre todo a las religiones naturales y, por derivaci\u00f3n, a los ritos y a los sacramentos que introducen en la vida cristiana. La segunda es, sobre todo, una consecuencia de la anterior: el bautismo no termina con la celebraci\u00f3n de este sacramento, sino que se completa, perfecciona y extiende tambi\u00e9n a los sacramentos de la confirmaci\u00f3n y de la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>El modo de entender el concepto \u00abiniciaci\u00f3n cristiana\u00bb no ha sido un\u00ed\u00advoco. Un primer modo es el que refleja el RICA (Ritual de la Iniciaci\u00f3n cristiana de adultos), seg\u00fan el cual \u00abla iniciaci\u00f3n cristiana no es sino la participaci\u00f3n sacramental en la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas\u00bb (n.8). Un segundo modo consiste en considerarla como \u00abun proceso\u00bb que se desarrolla en el tiempo y se articula en torno a cuatro grandes ejes: el primado de la evangelizaci\u00f3n, la unidad org\u00e1nica y progresiva de los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana, la referencia a la comunidad y a sus ministerios, y la figura del cristiano adulto. Un tercer modo es verla como un camino permanente, sin perspectiva de conclusi\u00f3n, en la que no se contempla acoger y vivir los misterios en sentido sacramental, y que comporta una formaci\u00f3n que acompa\u00f1a al cristiano durante toda su vida. Mientras los dos primeros modos son plenamente asumibles, el tercero llevar\u00ed\u00ada \u00abparad\u00f3jicamente a la m\u00e1s clamorosa traici\u00f3n de la idea cristiana de iniciaci\u00f3n, a saber, el de una libertad humana capaz de una elecci\u00f3n definitiva del evangelio\u00bb (A. CAPRIOLI, lniziazione cristiana: linee, \u00abLa Scuola Cattolica\u00bb 114 (1986) 556-560).<\/p>\n<p>b) Puntualizaci\u00f3n terminol\u00f3gica. Al tratar de la iniciaci\u00f3n cristiana, conviene tener en cuenta algunas precisiones terminol\u00f3gicas. La primera se refiere a la misma expresi\u00f3n fundamental \u00abiniciaci\u00f3n cristiana\u00bb. Es imporante advertir que no se le puede atribuir un sentido \u00fanico, dados los diversos aspectos teol\u00f3gicos, lit\u00fargicos, hist\u00f3ricos y pastorales del tema, y que, por ello, se impone tener en cuenta cu\u00e1l es el punto de vista desde el que se habla. Por otra parte, una cosa es la iniciaci\u00f3n cristiana y otra son sus contenidos: el catecumenado con todos los pasos lit\u00fargicos y las entregas del Credo, Padre Nuestro, etc., los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana, la mistagogia y la pastoral.<\/p>\n<p>Finalmente, aunque en la praxis y modos de hablar pastorales se identifiquen, a veces, catecumenado y catequesis catecumenal, son dos conceptos distintos, puesto que, en sentido estricto, catec\u00fameno es el que se prepara a recibir el bautismo y a\u00fan no lo ha recibido, no el que trata de hacer m\u00e1s consciente lo que dicho sacramento ya ha operado en \u00e9l. De hecho, parece que llamar \u00abcatec\u00fameno\u00bb o \u00abcatecumenado\u00bb a los ni\u00f1os de la catequesis que se preparan para la Confirmaci\u00f3n o la primera Comuni\u00f3n y a los novios que se preparan al Matrimonio, etc. crea una cierta confusi\u00f3n\u00bb y que ser\u00ed\u00ada m\u00e1s conveniente \u00abemplear los t\u00e9rminos \u00abcatec\u00fameno\u00bb y \u00abcatecumenado\u00bb en sentido propio\u00bb (CONGREGACI\u00ed\u201cN PARA EL CULTO DIVINO, Riflessioni sul capitolo V del `Ordo Initiationis christianae adultorum&#8217;. Commento, \u00abNotitiae\u00bb 7 (1973) 280).<\/p>\n<p>2. Naturaleza de la iniciaci\u00f3n cristiana<br \/>\na) La \u00abiniciaci\u00f3n\u00bb en las religiones, sobre todo, en las mist\u00e9ricas. El t\u00e9rmino \u00abiniciaci\u00f3n\u00bb -de \u00abin-eo\u00bb, introducirse, entrar dentro- no es b\u00ed\u00adblico sino de origen pagano y alude al fen\u00f3meno humano general de adaptarse al ambiente f\u00ed\u00adsico, social, cultural, religioso, etc. Desde el punto de vista hist\u00f3rico, tiene una referencia fundamental en la \u00abreligi\u00f3n de los misterios\u00bb de Eleusis, donde iniciarse era vivir una experiencia que permit\u00ed\u00ada \u00abentrar en los misterios\u00bb, participar de su salvaci\u00f3n. En sentido general, \u00abiniciaci\u00f3n\u00bb es el conjunto de ritos y ense\u00f1anzas orales que tienen por finalidad realizar una modificaci\u00f3n radical en el estatuto social y religioso de la persona que es iniciada. En sentido estricto, ya es cl\u00e1sica la noci\u00f3n, un tanto descriptiva, de M. Eliade: \u00abPor iniciaci\u00f3n se entiende generalmente el conjunto de ritos y ense\u00f1anzas orales que tienen por finalidad la modificaci\u00f3n radical de la concepci\u00f3n religiosa y social del sujeto iniciado.<\/p>\n<p>Filos\u00f3ficamente hablando, la iniciaci\u00f3n equivale a una mutaci\u00f3n ontol\u00f3gica del r\u00e9gimen existencial. Al final de las pruebas, goza el ne\u00f3fito de una vida totalmente diferente de la anterior a la iniciaci\u00f3n: &#8216;se ha convertido en otro&#8217;. Por tanto, la iniciaci\u00f3n modifica el status del iniciado de modo radical. Equivale a un cambio ontol\u00f3gico del modelo de vida del iniciado. El ne\u00f3fito es introducido a la vez en la comunidad humana y en el mundo de los valores espirituales\u00bb (M. ELADE, Iniciaciones m\u00ed\u00adsticas, Madrid 1975, 10. No es muy diferente la concepci\u00f3n de Meslin: La iniciaci\u00f3n es un fen\u00f3meno complejo y ambivalente y \u00abconsiste en llevar al individuo, mediante ciertas instrucciones especiales, al conocimiento de ciertos datos hasta entonces ocultos, e introducirlo en un grupo determinado, en una sociedad concreta, donde se le llama a vivir una existencia nueva. El contenido de esta instrucci\u00f3n se podr\u00ed\u00ada definir como un conjunto constituido por ritos altamente simb\u00f3licos y ense\u00f1anzas \u00e9tico-pr\u00e1cticas m\u00e1s o menos desarrolladas, con miras a la adquisici\u00f3n de un cierto poder y una cierta sabidur\u00ed\u00ada, basados en el conocimiento esot\u00e9rico, y que ir\u00e1n a desembocar en la modificaci\u00f3n de la posici\u00f3n social o religiosa del individuo\u00bb, M. MESUN, Hermen\u00e9utica de los rituales de iniciaci\u00f3n, en J. RiEs (ed), Los ritos de iniciaci\u00f3n, Bilbao 1994, 63).<\/p>\n<p>b) La iniciaci\u00f3n cristiana. La Iglesia, al anunciar el evangelio en el medio hel\u00e9nico, asumi\u00f3, purific\u00e1ndolas, algunas expresiones rituales procedentes de la gentilidad; pero era consciente de la diferencia radical entre las propuestas inici\u00e1ticas de las religiones mist\u00e9ricas y las suyas. La iniciaci\u00f3n que ella propon\u00ed\u00ada tiene su origen en la iniciativa divina y supone la decisi\u00f3n libre de la persona que se convierte a Jesucristo, por la gracia del Esp\u00ed\u00adritu, y pide ser introducida en la Iglesia.<\/p>\n<p>Seg\u00fan esto, la iniciaci\u00f3n cristiana es la inserci\u00f3n de una persona en el misterio de Cristo, muerto y resucitado, y en la Iglesia por medio de la fe y de los sacramentos del Bautismo, la Confirmaci\u00f3n y la Eucarist\u00ed\u00ada. O, si se prefiere, un don de Dios que recibe el hombre por medio de la Iglesia, a quien corresponde actualizar en el tiempo la obra de la Redenci\u00f3n y hacer part\u00ed\u00adcipes a los hombres de la naturaleza divina por los sacramentos. La persona iniciada cristianamente es una nueva criatura, cuyos comportamientos y relaciones con Dios, con los dem\u00e1s, consigo mismo y con el mundo han de permitir identificarla como disc\u00ed\u00adpula de Jesucristo.<\/p>\n<p>Los dos grandes actores de la iniciaci\u00f3n son Dios y el hombre. Con todo, el verdadero protagonista es Dios, a quien corresponde tomar la iniciativa y realizar en cada hombre concreto su misterio salvador. Dios, no obstante, no act\u00faa inmediatamente, sino por la mediaci\u00f3n de la Iglesia, a la que ha entregado la misi\u00f3n de anunciar el Evangelio, bautizar y educar y alimentar la fe de quienes han aceptado a Jesucristo.<\/p>\n<p>La iniciaci\u00f3n cristiana no puede reducirse, por tanto, a un mero proceso de ense\u00f1anza y de formaci\u00f3n doctrinal. Es la persona entera la que viene implicada y es ella la que debe asumir existencialmente que es hija de Dios en Jesucristo y, en consecuencia, que mientras realiza el aprendizaje de la vida cristiana y entra gozosamente en la comuni\u00f3n de la Iglesia, ha de abandonar sus criterios y comportamientos de la vida anterior. La iniciaci\u00f3n, por eso, no acontece de golpe, sino que es un proceso, un itinerario, m\u00e1s o menos largo y laborioso, en el que el hombre viejo va muriendo poco a poco, mientras va naciendo el hombre nuevo. Independientemente del n\u00famero y el modo de recorrer las etapas de ese itinerario, la iniciaci\u00f3n cristiana siempre culmina con la recepci\u00f3n de los sacramentos del Bautismo, la Confirmaci\u00f3n y la Eucarist\u00ed\u00ada, pues el Bautismo es el comienzo de la vida nueva, la Confirmaci\u00f3n, su afianzamiento, y la Eucarist\u00ed\u00ada el alimento que robustece al disc\u00ed\u00adpulo con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, para ser trasformado en \u00e9l (cf. ClgC 1275).<\/p>\n<p>La primera gran opci\u00f3n pastoral ha de ser, por tanto, la de incorporar a cualquier proyecto de iniciaci\u00f3n cristiana dos ideas fundamentales: que se trata de un proceso vital, y que este proceso pretende madurar en la fe cristiana.<\/p>\n<p>La iniciaci\u00f3n cristiana ha conocido los mismos grandes momentos que la Iglesia: el de la primera evangelizaci\u00f3n, el de la \u00e9poca de cristiandad y el de la nueva evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; El primer momento (siglos I-VI) estuvo caracterizado por un proceso kerigm\u00e1tico-catequ\u00e9tico-lit\u00fargico en el que a los no creyentes se les anunciaba la persona y obra de Jes\u00fas, y tras una inicial aceptaci\u00f3n, entraban en el catecumenado, durante el cual recib\u00ed\u00adan una seria formaci\u00f3n catequ\u00e9tica, se iniciaban en la vida cristiana, tomaban parte en algunas acciones lit\u00fargicas que la Iglesia realizaba para apoyar con la gracia y el poder de Dios la acci\u00f3n humana del catec\u00fameno, recib\u00ed\u00adan los sacramentos del Bautismo, Confirmaci\u00f3n y Eucarist\u00ed\u00ada en la noche pascual y despu\u00e9s de un tiempo de mistagog\u00ed\u00ada, se insertaban plenamente en la vida de la comunidad cristiana. Antes de la paz, el catecumenado duraba tres a\u00f1os, como norma general, y su principal finalidad era la instrucci\u00f3n catequ\u00e9tica del catec\u00fameno y su cambio paulatino de vida, de forma que poco a poco se despojase de los criterios y modos de actuar paganos y aceptase los modos de pensar y actuar cristianos.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la paz, los tres a\u00f1os del catecumenado se redujeron al tiempo de Cuaresma; no obstante, permanecieron invariados su anterior finalidad y orientaci\u00f3n, y se introdujeron algunos ritos catecumenales, como los de las \u00abentregas\u00bb y \u00abdevoluciones\u00bb del S\u00ed\u00admbolo y del Padre Nuestro En ambos periodos la atenci\u00f3n pastoral de la Iglesia estuvo centrada especialmente en los adultos. Los ni\u00f1os no formaban parte del grupo de los catec\u00famenos y s\u00f3lo se incorporaban a \u00e9l en el momento de celebrarse los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana durante la noche de Pascua. Estos sacramentos se celebraban seg\u00fan este orden: primero, el Bautismo; inmediatamente despu\u00e9s, la Confirmaci\u00f3n; finalmente, la Eucarist\u00ed\u00ada, durante la cual tanto los adultos como los ni\u00f1os recib\u00ed\u00adan la comuni\u00f3n bajo las dos especies. Los ritos de los sacramentos eran iguales tanto en el caso de los ni\u00f1os como en el de los adultos.<\/p>\n<p>&#8211; Esta situaci\u00f3n experiment\u00f3 un cambio muy profundo a finales del siglo V y principios del siglo VI como consecuencia de la cristianizaci\u00f3n masiva de la poblaci\u00f3n que viv\u00ed\u00ada en las ciudades y la fuerte expansi\u00f3n del cristianismo en los campos, con la consiguiente dispersi\u00f3n del presbiterio. El primer fen\u00f3meno supuso la desaparici\u00f3n casi total de catec\u00famenos adultos y el protagonismo progresivo -y pronto total- de los ni\u00f1os. Eso explica que desapareciese el catecumenado propiamente tal y que tan s\u00f3lo existiese una especie de catecumenado \u00abritual\u00bb, primero con tres y despu\u00e9s con siete escrutinios. El segundo plante\u00f3 en Occidente -donde la Confirmaci\u00f3n se reservaba al obispo- el problema de mantener o variar la unidad de los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n, opt\u00e1ndose por esta soluci\u00f3n: si el obispo estaba presente, los tres se celebraban en una misma ocasi\u00f3n y seg\u00fan el orden tradicional; si estaba ausente, el presb\u00ed\u00adtero bautizaba y daba la primera eucarist\u00ed\u00ada a los ni\u00f1os; la Confirmaci\u00f3n se remit\u00ed\u00ada al momento en el que el obispo realizase la visita pastoral a la comunidad. Al generalizarse el bautismo de los neonatos (s. X) y establecerse que la primera comuni\u00f3n se recibiese a la edad de la discreci\u00f3n (a. 1215, IV concilio de Letr\u00e1n) los tres sacramentos quedaron desvinculados desde el punto de vista celebrativo, y se dio paso a esta situaci\u00f3n: el presb\u00ed\u00adtero bautizaba a los ni\u00f1os a los pocos d\u00ed\u00adas de su nacimiento y les daba la primera comuni\u00f3n al llegar a la edad de la discreci\u00f3n; el obispo, por su parte, confer\u00ed\u00ada la Confirmaci\u00f3n, antes o despu\u00e9s de la primera comuni\u00f3n, seg\u00fan el tiempo de su visita pastoral. Desde ahora la iniciaci\u00f3n cristiana se reduce a los tres primeros sacramentos, que se celebran separadamente en distintos momentos. La situaci\u00f3n de cristiandad, por tanto, provoc\u00f3 un cambio muy profundo en la pastoral de la iniciaci\u00f3n cristiana e instaur\u00f3 un estado de cosas nuevo, en el que los adultos cedieron el protagonismo a los ni\u00f1os. El modo de celebrar la iniciaci\u00f3n cristiana ha permanecido substancialmente invariada en Occidente hasta nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>&#8211; Precisamente, ha sido la nueva situaci\u00f3n eclesial la que ha hecho que se reabriera, primero, y se replanteara despu\u00e9s el modo de celebrar la iniciaci\u00f3n cristiana. El paso de una sociedad de cristiandad a otra pol\u00ed\u00adticamente estructurada de forma no confesional llev\u00f3 a preguntarse: \u00bfdebe la Iglesia seguir manteniendo un estatuto de iniciaci\u00f3n cristiana que responde a una situaci\u00f3n ya inexistente o debe volver sus ojos a aquellos momentos en los que anunci\u00f3 el evangelio a un mundo pagano, y buscar inspiraci\u00f3n en unas estructuras pastorales que se mostraron tan eficaces? \u00bfNo ser\u00ed\u00ada posible y deseable restaurar -con las debidas adaptaciones- el antiguo catecumenado? Estas preguntas fueron ganando cada vez m\u00e1s espacio y espesor, a medida que avanzaba la desvinculaci\u00f3n confesional de la sociedad y se afianzaba la presencia y madurez de la Iglesia en los pa\u00ed\u00adses llamados \u00abde misi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>c) La iniciaci\u00f3n cristiana en el Vaticano ll. Estas preocupaciones entraron en el aula conciliar de manos del esquema sobre liturgia, que se entreg\u00f3 a los obispos en 1962 (ACTA SYNODALIA SACROSANCTI CONCILII OECUMENICI VATICANI SECUNDI, Schema constitutionis de Sacra Liturgia, volumen 1, pars la, Typis Polyglottis Vaticanis 1970, 262-303, sobre todo pp.284-285. En adelante se citar\u00e1: Acta Synodalia&#8230;, vol. y parte correspondiente, TPV). En \u00e9l se hablaba de la restauraci\u00f3n de un catecumenado de adultos por etapas, dedicado a la catequesis y -a juicio del ordinario del lugar- jalonado y santificado por ritos sagrados (art. 48). Para los pa\u00ed\u00adses de misi\u00f3n se ped\u00ed\u00ada introducir en el ritual de la iniciaci\u00f3n cristiana -hechas las debidas adaptaciones- algunos elementos de las tradiciones culturales de esos pueblos (art. 49).<\/p>\n<p>Dentro de la l\u00f3gica de estos nuevos planteamientos, se dec\u00ed\u00ada que el ritual del bautismo de adultos tuviese en cuenta el catecumenado (art. 50) y que el rito de la Confirmaci\u00f3n manifestase m\u00e1s claramente su intr\u00ed\u00adnseca conexi\u00f3n con la iniciaci\u00f3n cristiana, ubic\u00e1ndola para ello en el marco de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica y haci\u00e9ndola preceder de la renovaci\u00f3n de las promesas bautismales (art. 55). No obstante, se advert\u00ed\u00ada todav\u00ed\u00ada una cierta ambig edad, puesto que la Eucarist\u00ed\u00ada no era contemplada en la perspectiva de la iniciaci\u00f3n cristiana (cfr. proemio y art\u00ed\u00adculos 37-46); m\u00e1s a\u00fan, aparec\u00ed\u00ada desgajada del Bautismo y de la Confirmaci\u00f3n en un cap\u00ed\u00adtulo independiente.<\/p>\n<p>Este estado de cosas no sufri\u00f3 variaciones substanciales a lo largo del itinerario sinodal (ACTA SYNODALIA&#8230;, Constitutio Sacrosanctum concilium&#8217;, vol. II, pars Via, TPV 1973, pp. 424-425, art. 64-71). No obstante, al hablar de la comuni\u00f3n bajo las dos especies, inclu\u00ed\u00ada entre los supuestos contemplados, el de la comuni\u00f3n que reciben los ne\u00f3fitos en la misa que sigue a su bautismo (art. 55).<\/p>\n<p>El decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia supuso un avance muy importante respecto a la constituci\u00f3n Sacrosanctum concilium. El art\u00ed\u00adculo 14 -que lleva por t\u00ed\u00adtulo \u00abCatecumenado e iniciaci\u00f3n cristiana\u00bb- dice expresamente que el catecumenado \u00abno es una mera exposici\u00f3n de dogmas y preceptos, sino formaci\u00f3n y noviciado convenientemente prolongado de toda la vida cristiana, con el que los disc\u00ed\u00adpulos se unen a Cristo, su Maestro\u00bb, lo cual conlleva que \u00ablos catec\u00famenos sean iniciados convenientemente en el misterio de la salvaci\u00f3n, en la pr\u00e1ctica de las costumbres evang\u00e9licas y en los ritos sagrados, que han de celebrarse en tiempos sucesivos y han de ser introducidos en la vida de la fe, de la liturgia y de la caridad del Pueblo de Dios\u00bb (AG 14).<\/p>\n<p>Precisa, adem\u00e1s, que la iniciaci\u00f3n cristiana alcance su cumbre cuando los catec\u00famenos reciben los sacramentos del Bautismo, Confirmaci\u00f3n y Eucarist\u00ed\u00ada y que \u00abrestaure la liturgia del tiempo cuaresmal y pascual de forma que prepare las almas de los catec\u00famenos para la celebraci\u00f3n del misterio pascual, en cuyas solemnidades se regenera para Cristo por medio del Bautismo\u00bb (Ibidem). M\u00e1s a\u00fan, involucra en la iniciaci\u00f3n durante el catecumenado a toda la comunidad cristiana -no s\u00f3lo a los catequistas o sacerdotes\u00bb-, y \u00abde modo especial a los padrinos, con el fin de que ya desde el principio sientan los catec\u00famenos que pertenecen al Pueblo de Dios\u00bb (Ibidem). No es dif\u00ed\u00adcil escuchar las resonancias del catecumenado de los primeros siglos, tal como lo conocemos por los escritos de Tertuliano, san Hip\u00f3lito y Or\u00ed\u00adgenes.<\/p>\n<p>d) La iniciaci\u00f3n despu\u00e9s del Vaticano II. En los a\u00f1os precedentes al Vaticano II se hab\u00ed\u00ada llevado a cabo un gran despliegue teol\u00f3gico, pastoral y lit\u00fargico en torno a la iniciaci\u00f3n cristiana. Este despliegue se increment\u00f3 despu\u00e9s del concilio, sobre todo a ra\u00ed\u00adz de la publicaci\u00f3n del Ordo Initiationis christianae adultorum (=Ritual de la Iniciaci\u00f3n Cristiana de adultos [RICA]) en enero de 1972. Muchos episcopados, por ejemplo, el alem\u00e1n, franc\u00e9s, italiano, espa\u00f1ol y portugu\u00e9s, han realizado una profunda reflexi\u00f3n teol\u00f3gico-pastoral a nivel de Conferencia Episcopal y en sus respectivas iglesias locales. Gracias a ese inmenso esfuerzo disponemos hoy de unas orientaciones doctrinales y pastorales s\u00f3lidas con las que recorrer el camino recto de la iniciaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>En este sentido, cabe destacar que se ha clarificado el concepto mismo de \u00abiniciaci\u00f3n cristiana\u00bb y se han individuado adecuadamente los jalones m\u00e1s importantes de su itinerario, los \u00ablugares eclesiales\u00bb en los que se realiza y los sujetos que resultan implicados.<\/p>\n<p>e) Dos modelos de iniciaci\u00f3n. Actualmente, al menos en la mayor parte de las naciones de Europa y en concreto en Espa\u00f1a, se siguen dos modelos de iniciaci\u00f3n. El m\u00e1s com\u00fan consiste en bautizar a una criatura a los pocos d\u00ed\u00adas o semanas de su nacimiento, dejando para la ni\u00f1ez y la adolescencia los sacramentos de la Eucarist\u00ed\u00ada y de la Confirmaci\u00f3n, a los que accede a trav\u00e9s de una preparaci\u00f3n catequ\u00e9tica m\u00e1s o menos catecumenal. El segundo es la iniciaci\u00f3n cristiana de personas no bautizadas (ni\u00f1os, j\u00f3venes o adultos) que se lleva a cabo por medio de un catecumenado, que culmina con los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana durante el tiempo de la edad catequ\u00ed\u00adstica. Este segundo modelo se desdobla en dos modalidades, seg\u00fan se siga el esquema abreviado o t\u00ed\u00adpico del Ritual de la Iniciaci\u00f3n Cristiana de adultos. Una y otra son cada vez m\u00e1s frecuentes en las naciones de vieja cristiandad, sobre todo en las grandes ciudades.<\/p>\n<p>f) El itinerario paradigm\u00e1tico o t\u00ed\u00adpico de la iniciaci\u00f3n cristiana de adultos. Tras la<br \/>\npublicaci\u00f3n del Ordo Initiationis christianae adultorum se ha hecho cl\u00e1sico el itinerario que \u00e9l propone como paradigm\u00e1tico para la iniciaci\u00f3n de los adultos. Se trata de un itinerario estructurado en las siguientes etapas: precatecumenado; catecumenado; purificaci\u00f3n-elecci\u00f3n; celebraci\u00f3n de los sacramentos del Bautismo, Confirmaci\u00f3n y Eucarist\u00ed\u00ada; y la mistagogia.<\/p>\n<p>A. El precatecumenado. &#8211; El precatecumenado es el per\u00ed\u00adodo en el que se realiza la evangelizaci\u00f3n; es decir, el anuncio claro, valiente y gozoso del Dios vivo y de Jesucristo, enviado por \u00e9l para salvar a todos los hombres. Es el momento, por tanto, de dar a conocer, aunque s\u00f3lo sea de un modo b\u00e1sico y fundamental, la persona y la obra de Jes\u00fas, para que los no cristianos crean y se conviertan a El. La evangelizaci\u00f3n provoca, con la gracia de Dios correspondida, la fe y la conversi\u00f3n inicial y, como consecuencia, el deseo de ser cristiano. Los que hasta entonces eran hostiles o indiferentes a Jesucristo y a su Evangelio, se hacen \u00absimpatizantes\u00bb.<\/p>\n<p>Este paso previo reviste, desde el punto de vista pastoral, una especial importancia, pues exige que la comunidad cristiana de referencia -comenzando por la parroquia- y cada uno de sus miembros sea un cristiano coherente, misionero, con esp\u00ed\u00adritu abierto y positivo ante el mundo y las personas que lo habitan, y lleno de confianza en la fuerza salvadora de evangelio y en la voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios, que contin\u00faa deseando eficazmente la salvaci\u00f3n de los hombres y no se ha ausentado de este mundo.<\/p>\n<p>Seg\u00fan esto, el precatecumenado no es propiamente una estructura sino una realidad misionera, en la que lo m\u00e1s decisivo es que todos y cada uno de los cristianos, seg\u00fan su propia condici\u00f3n y carisma, anuncie a Jesucristo entre sus hermanos, sean \u00e9stos los de la propia familia, los compa\u00f1eros de trabajo, los amigos o los que la vida hace caminar junto a \u00e9l. En consecuencia, el precatecumenado est\u00e1 lleno de espontaneidad, imaginaci\u00f3n y vibraci\u00f3n apost\u00f3lica. Si existen comunidades vivas, confesantes y gozosas de seguir a Jesucristo existir\u00e1 una propuesta eficaz de iniciaci\u00f3n cristiana, aunque las estructuras sean rudimentarias; en cambio, si faltasen esas comunidades, quedar\u00e1n vald\u00ed\u00adas las m\u00e1s refinadas y sofisticadas estructuras pastorales. El precatecumenado exige, por tanto, una revisi\u00f3n sincera sobre la coherencia de vida y el af\u00e1n apost\u00f3lico de nuestras comunidades cristianas y una conversi\u00f3n permanente de los ya cristianos. La revitalizaci\u00f3n del precatecumenado aparece as\u00ed\u00ad como un presupuesto esencial de la iniciaci\u00f3n cristiana y la piedra de toque para impulsar propuestas catecumenales eficaces y vivas.<\/p>\n<p>El precatecumenado no excluye que haya estructuras espec\u00ed\u00adficas para los que, sin creer todav\u00ed\u00ada plenamente, muestran su \u00absimpat\u00ed\u00ada\u00bb y una cierta inclinaci\u00f3n hacia la fe cristiana (cf. RICA 12). En cualquier caso, ser\u00e1n siempre muy \u00e1giles, y tan plurales e informales como la vida misma.<\/p>\n<p>B. El catecumenado. &#8211; Cuando el \u00absimpatizante\u00bb posee \u00abla primera fe, la conversi\u00f3n inicial y la voluntad de cambiar de vida y comenzar el trato con Dios en Cristo y, por tanto, los primeros sentimientos de penitencia y el uso incipiente de invocar a Dios y hacer oraci\u00f3n, acompa\u00f1ados de las primeras experiencias en el trato y espiritualidad de los cristianos\u00bb (RICA 15), puede ser admitido en el catecumenado.<\/p>\n<p>El catecumenado propiamente tal \u00abes un tiempo prolongado en el que la Iglesia trasmite su fe y el conocimiento \u00ed\u00adntegro y vivo de misterio de la salvaci\u00f3n mediante una catequesis apropiada, gradual e \u00ed\u00adntegra, teniendo como referencia el sagrado recuerdo de los misterios de Cristo y de la historia de la salvaci\u00f3n en el a\u00f1o lit\u00fargico, y acompa\u00f1ada de celebraciones de la Palabra de Dios y de otros ritos y plegarias, llamados escrutinios\u00bb (CONFERENCIA EPisCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, La iniciaci\u00f3n cristiana. Madrid 1999, p. 25, n. 26).<\/p>\n<p>La acci\u00f3n con los catec\u00famenos se articula en cuatro direcciones: la catequesis, la oraci\u00f3n personal y comunitaria, el aprendizaje y pr\u00e1ctica de la vida cristiana, y el apostolado. Adem\u00e1s, y al objeto de que aparezca la primac\u00ed\u00ada de la gracia, el proceso catecumenal est\u00e1 jalonado por una serie de acciones lit\u00fargicas.<\/p>\n<p>&#8211; La catequesis -dirigida por sacerdotes, di\u00e1conos, catequistas u otros seglares- ofrece lo fundamental de la fe y moral cristiana, sigue el desarrollo del a\u00f1o lit\u00fargico y tiene como fundamento la Palabra de Dios, que puede ser tambi\u00e9n objeto de celebraciones lit\u00fargicas. De este modo, los catec\u00famenos no s\u00f3lo reciben el necesario conocimiento de los dogmas y de los mandamientos, sino tambi\u00e9n el conocimiento \u00ed\u00adntimo del misterio de la salvaci\u00f3n, cuya aplicaci\u00f3n personal desean. La escuela de los Padres de la Iglesia sigue siendo una fuente de inspiraci\u00f3n tanto para los contenidos como para la metodolog\u00ed\u00ada. Deber\u00ed\u00ada ser objeto de reflexi\u00f3n especial, la importancia que ellos concedieron a las catequesis sobre el S\u00ed\u00admbolo, el Padre Nuestro y los mandamientos, as\u00ed\u00ad como la fuerte impregnaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de esas catequesis. Un cap\u00ed\u00adtulo especialmente sugerente es el de la clave simb\u00f3lico-sacramental con que leyeron el Antiguo y Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>Los contenidos de la catequesis catecumenal comprenden, por tanto, lo b\u00e1sico de toda la doctrina y moral cristiana tal y como se recogen en el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica y en los catecismos nacionales; eventualmente, en los catecismos diocesanos o incluso parroquiales.<\/p>\n<p>&#8211; Este conocimiento de la fe y moral cristiana es te\u00f3rico y pr\u00e1ctico. El catecumenado, en efecto, es menos una escuela que una palestra en la que el catec\u00fameno forja su vida cristiana al ritmo de los contenidos que va recibiendo. Ese cambio progresivo de sentimientos y costumbres se manifiesta necesariamente en los comportamientos familiares, profesionales y sociales. Semejante aprendizaje cristiano era requisito imprescindible durante los primeros siglos, de tal modo que el catec\u00fameno no pasaba del grado de \u00aboyente\u00bb al de \u00abcompetente\u00bb, si el sponsor -una especie de padrino de acompa\u00f1amiento catecumenal- atestiguaba ante el obispo que no hab\u00ed\u00ada existido la debida coherencia entre la conducta del catec\u00fameno y la ense\u00f1anza recibida, aunque \u00e9sta estuviese fehacientemente atestiguada.<\/p>\n<p>&#8211; En este contexto se comprende que el catec\u00fameno vaya ritmando su vida con la oraci\u00f3n privada y comunitaria, puesto que la experiencia cristiana incluye la experiencia oracional. Momentos oracionales fuertes en la vida del catec\u00fameno son las celebraciones de la Palabra de Dios que se promueven para ellos, acomodadas al a\u00f1o lit\u00fargico, y la liturgia de la Palabra de la Eucarist\u00ed\u00ada dominical en la que pueden participar. El ejemplo y la ayuda de sus padrinos de catecumenado y de bautismo y del resto de los miembros de la comunidad cristiana juegan un papel importante, por no decir decisivo, para que el catec\u00fameno se familiarice con la oraci\u00f3n. Quiz\u00e1s sea \u00e9ste uno de los extremos que hoy deban subrayar especialmente los padrinos, catequistas y comunidad cristiana.<\/p>\n<p>&#8211; Por \u00faltimo, como la vida cristiana es esencialmente misionera, el catec\u00fameno ha de iniciarse en el apostolado, cooperando activamente a la evangelizaci\u00f3n y edificaci\u00f3n de la Iglesia con el testimonio de su vida y la profesi\u00f3n de su fe. Este apostolado lo realiza, sobre todo, a trav\u00e9s de su vida ordinaria; por ello, el \u00e1mbito de su acci\u00f3n ser\u00e1 principalmente el de su propia familia, el de su ambiente de trabajo y el de sus relaciones sociales. Esta iniciaci\u00f3n apost\u00f3lica se lleva a cabo no tanto mediante la realizaci\u00f3n de acciones relevantes pero puntuales del catec\u00fameno, cuanto a trav\u00e9s de acciones peque\u00f1as pero continuas, que van creando \u00abun estilo de vida misionero\u00bb. Gracias a ello, su vida verifica la misi\u00f3n asignada por Cristo a sus disc\u00ed\u00adpulos de actuar con la misma sencillez y eficacia de la levadura en la masa. Esta iniciaci\u00f3n misionera del catec\u00fameno supone obviar la tendencia de algunas comunidades cristianas que se recluyen en el mundo de lo cultual y asistencial, con descuido, cuando no desprecio, de las realidades temporales: el trabajo, la cultura, el sindicalismo, la pol\u00ed\u00adtica, la educaci\u00f3n y la familia, el ecologismo, la promoci\u00f3n de la justicia, etc.<\/p>\n<p>El catecumenado comienza con el rito llamado \u00abEntrada en el catecumenado\u00bb. Se le designa as\u00ed\u00ad por ser \u00e9se el momento en el que los candidatos se presentan por primera vez a la Iglesia y le manifiestan su deseo, y ella los admite para que puedan ser sus miembros. El Rito tiene la finalidad de agregar al grupo de los catec\u00famenos al que desea hacerse cristiano y se celebra cuando el \u00absimpatizante\u00ed\u00ad posee una fe inicial y ha expresado su deseo de recibir el Bautismo. El Rito se celebra en algunos d\u00ed\u00adas del a\u00f1o lit\u00fargico seg\u00fan las costumbres locales -un momento muy oportuno es el comienzo de la Cuaresma y la Eucarist\u00ed\u00ada de un domingo ordinario del a\u00f1o- y con la participaci\u00f3n activa de toda la comunidad cristiana o, al menos, de una parte de la misma, compuesta por los amigos, familiares, catequistas y sacerdotes. Asisten tambi\u00e9n los padrinos del catecumenado -los \u00absponsores\u00bb- que avalar\u00e1n en su d\u00ed\u00ada a los candidatos. Su estructura es tripartita: admisi\u00f3n de los candidatos, una liturgia de la palabra y la despedida. La \u00abEntrada en el catecumenado\u00bb es un momento pastoral importante tanto para los propios catec\u00famenos como para la comunidad parroquial.<\/p>\n<p>A partir de ese momento, el catec\u00fameno es un candidato \u00aboficial\u00bb al bautismo y la Iglesia se responsabiliza de \u00e9l, hasta llevarle a la madurez que requieren los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana. La duraci\u00f3n de este tiempo depende, sobre todo, de la gracia de Dios, de la respuesta del catec\u00fameno y de la ayuda de la comunidad cristiana; en menor medida, puede depender tambi\u00e9n de la organizaci\u00f3n de todo el proceso catecumenal, del n\u00famero y disponibilidad de los catequistas, di\u00e1conos y sacerdotes. Por tanto, la duraci\u00f3n del catecumenado no se puede establecer a priori. La Tradici\u00f3n Apost\u00f3lica -un escrito de los primeros a\u00f1os del siglo tercero, que es una de las fuentes primarias del actual catecumenado- establece la norma general de tres a\u00f1os; sin embargo, precisa que \u00absi alguno fuera celoso y aplicado en el cumplimiento de sus obligaciones, no se juzgar\u00e1 el tiempo, sino solamente su conducta\u00bb (HIP\u00ed\u201cLITO DE ROMA, Tradici\u00f3n Apost\u00f3lica, cap. 17. El texto en castellano puede verse en La Tradici\u00f3n Apost\u00f3lica. Hip\u00f3lito de Roma, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1981, p. 73, n. 17). Esta ha sido la praxis catecumenal de Oriente y Occidente. La determinaci\u00f3n del tiempo y la ordenaci\u00f3n de la disciplina de los catec\u00famenos la establece el obispo, aunque las Conferencias Episcopales pueden decidir m\u00e1s en concreto sobre ello.<\/p>\n<p>C. La elecci\u00f3n. &#8211; Cuando los catec\u00famenos han realizado la conversi\u00f3n de su mente y de su vida, poseen un conocimiento suficiente de la doctrina cristiana y los debidos sentimientos de fe y caridad, se celebra el \u00abRito de la elecci\u00f3n o inscripci\u00f3n del nombre\u00bb al principio de la Cuaresma, preferentemente el primer domingo, con el cual concluye el catecumenado. Dado que los sacramentos pascuales agregan a la Iglesia, corresponde juzgar sobre la idoneidad de los catec\u00famenos al entero Pueblo de Dios: obispo, presb\u00ed\u00adteros, di\u00e1conos, catequistas, padrinos y toda la comunidad local, cada uno en su orden y modo. Desde ahora y hasta la pr\u00f3xima Noche de Pascua, la Iglesia intensifica sus cuidados maternales con los catec\u00famenos para que sigan a Cristo con m\u00e1s generosidad. La Cuaresma se convierte as\u00ed\u00ad en una especie de gran retiro espiritual, en el que los catec\u00famenos y toda la comunidad cristiana se entregan a una intensa ascesis del esp\u00ed\u00adritu como preparaci\u00f3n para las fiestas pascuales y para la iniciaci\u00f3n de los sacramentos.<\/p>\n<p>Parte importante de esta preparaci\u00f3n bautismal son los escrutinios, los exorcismos y las entregas.<\/p>\n<p>Los escrutinios tienen por finalidad \u00abpurificar las almas y los corazones, proteger contra las tentaciones, rectificar la intenci\u00f3n y mover la voluntad, para que los catec\u00famenos se unan m\u00e1s estrechamente a Cristo y prosigan con mayor decisi\u00f3n en su esfuerzo de amar a Dios\u00bb (Ritual de la Iniciaci\u00f3n cristiana de adultos, n. 154). Los pastores han de ayudar a los \u00abelegidos\u00bb a progresar en el sincero conocimiento de s\u00ed\u00ad mismos, en la reflexi\u00f3n seria de la conciencia y en la verdadera penitencia. Los escrutinios son tres y se celebran en las misas de los domingos tercero, cuarto y quinto de Cuaresma, cuyos evangelios se leen en clave bautismal y ayudan a comprender a los catec\u00famenos el misterio del pecado -que afecta a todo el universo y a cada hombre en particular-, y a impregnar sus mentes del sentido de Cristo Redentor, que es agua viva -evangelio de la Samaritana-, luz -evangelio del ciego de nacimiento- y resurrecci\u00f3n y vida -evangelio de la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro-.<\/p>\n<p>Estos evangelios est\u00e1n tan enraizados en el Bautismo, que incluso cuando existen razones pastorales para celebrar los escrutinios durante otros domingos de Cuaresma o en los d\u00ed\u00adas de entre semana m\u00e1s convenientes, la primera misa de los escrutinios ha de ser siempre la misa de la samaritana; la segunda, la del ciego de nacimiento; y la tercera, la de L\u00e1zaro. Los escrutinios se celebran despu\u00e9s de la homil\u00ed\u00ada por un sacerdote o di\u00e1cono estando presente la comunidad cristiana, siguiendo el formulario se\u00f1alado en el misal, el leccionario y el ritual de la iniciaci\u00f3n de adultos.<\/p>\n<p>Los exorcismos completan los escrutinios. La Iglesia instruye a los catec\u00famenos sobre el misterio de Cristo que nos libra del pecado, los proporciona su ayuda para que se desprendan de las consecuencias del pecado y del influjo diab\u00f3lico y obtengan la fuerza necesaria para su itinerario espiritual, y les abre el coraz\u00f3n para recibir los dones de Cristo Salvador. Los exorcismos son tambi\u00e9n tres, y se celebran inmediatamente despu\u00e9s de los escrutinios, con los que ritualmente forman un todo.<\/p>\n<p>Las \u00abentregas\u00bb consisten en la consignaci\u00f3n por parte de la Iglesia de \u00ablos documentos que desde la antig\u00fcedad constituyen un compendio de su fe y su oraci\u00f3n\u00bb (Ritual de la Iniciaci\u00f3n cristiana de adultos, n. 182); concretamente, el S\u00ed\u00admbolo y el Padre Nuestro. La entrega del S\u00ed\u00admbolo consiste en la recitaci\u00f3n del Credo -el Apost\u00f3lico o el Niceno-constantinopolitano- por el celebrante \u00f1solo o junto con los fieles- despu\u00e9s de la homil\u00ed\u00ada de la misa de una de las ferias de la semana que sigue al primer escrutinio (eventualmente, puede celebrarse tambi\u00e9n durante el catecumenado). Su finalidad es que los catec\u00famenos la aprendan de memoria y puedan pronunciarla p\u00fablicamente antes de que el d\u00ed\u00ada del Bautismo proclamen su fe seg\u00fan ese S\u00ed\u00admbolo. La entrega de la&#8217;Oraci\u00f3n dominical o Padre Nuestro consiste en la proclamaci\u00f3n del texto del Padre Nuestro seg\u00fan la f\u00f3rmula recogida por san Mateo (Mt 6, 9-13), en la misa de una de las ferias durante la semana que sigue al tercer escrutinio.<\/p>\n<p>Esta oraci\u00f3n es considerada desde la antig\u00fcedad como propia de los que han recibido en el Bautismo el esp\u00ed\u00adritu de los hijos de adopci\u00f3n y que los ne\u00f3fitos recitan con los dem\u00e1s bautizados por primera vez en la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada que sigue a su Bautismo.<\/p>\n<p>A la \u00abentrega\u00bb del S\u00ed\u00admbolo por parte de la Iglesia corresponde el catec\u00fameno con su \u00abdevoluci\u00f3n\u00bb. Este rito \u00f1que, de suyo, se realiza el S\u00e1bado santo- prepara a los \u00abelegidos\u00bb para su profesi\u00f3n de fe bautismal y les instruye sobre el deber de anunciar la palabra del Evangelio. El centro del \u00abrito de devoluci\u00f3n del S\u00ed\u00admbolo\u00bb es, precisamente, la recitaci\u00f3n del Credo por parte de los \u00abelegidos\u00bb. La f\u00f3rmula de \u00abla devoluci\u00f3n\u00bb ha de ser la misma que se emple\u00f3 en la \u00abentrega\u00bb.<\/p>\n<p>El rito forma parte de la preparaci\u00f3n pr\u00f3xima para los sacramentos pascuales; esta preparaci\u00f3n se completa con el \u00abEffeta\u00bb, la elecci\u00f3n del nombre y la unci\u00f3n con el \u00f3leo de los catec\u00famenos. El \u00abrito del effeta\u00bb consiste en tocar los o\u00ed\u00addos derecho e izquierdo de los elegidos y la boca, sobre los labios cerrados, con una f\u00f3rmula, simbolizando la necesidad de la gracia para escuchar fructuosamente la Palabra de Dios. La \u00abunci\u00f3n con el \u00f3leo de los catec\u00famenos\u00bb -que por falta de tiempo puede realizarse tambi\u00e9n en la misma Vigilia Pascual- consiste en ungir con ese \u00f3leo el pecho, ambas manos u otras partes del cuerpo de los catec\u00famenos, \u00abpara que, al aumentar en ellos el conocimiento de las realidades divinas y la valent\u00ed\u00ada para el combate de la fe, vivan m\u00e1s hondamente el Evangelio de Cristo, emprendan animosos la tarea cristiana y, admitidos entre los hijos de adopci\u00f3n, gocen de la alegr\u00ed\u00ada de sentirse renacidos y de formar parte de la Iglesia\u00bb (Ritual de la Iniciaci\u00f3n cristiana, n. 207).<\/p>\n<p>D. Celebraci\u00f3n de los Sacramentos de la Iniciaci\u00f3n. &#8211; La Noche de Pascua fue desde los primeros siglos el momento elegido para celebrar los sacramentos de la iniciaci\u00f3n, por ser \u00e9stos una verdadera participaci\u00f3n en la Muerte y Resurrecci\u00f3n de Jesucristo. Tertuliano, la Tradici\u00f3n de Hip\u00f3lito y Or\u00ed\u00adgenes se\u00f1alan expresamente que los catec\u00famenos reciben en ese momento el Bautismo, la Confirmaci\u00f3n y la Eucarist\u00ed\u00ada. Tal estado de cosas pervivi\u00f3 durante todo el primer milenio, a pesar de haber desaparecido pr\u00e1cticamente la iniciaci\u00f3n de adultos, y s\u00f3lo se interrumpi\u00f3 cuando el cuarto concilio de Letr\u00e1n (a.1215) introdujo la norma de dar la primera comuni\u00f3n a la edad de la discreci\u00f3n. El Ritual de la Iniciaci\u00f3n cristiana de adultos la ha reimplantado, como norma general (la iniciaci\u00f3n puede celebrarse fuera de los tiempos acostumbrados, cfr. RicA, nn. 58-59; pero incluso en ese supuesto, hay que procurar que la celebraci\u00f3n revista un car\u00e1cter pascual, cfr. Ritual de la Iniciaci\u00f3n cristiana, nn. 8.209), apoy\u00e1ndose en la misma realidad teol\u00f3gica que la Iglesia de los or\u00ed\u00adgenes, a saber: que la iniciaci\u00f3n cristiana no es otra cosa que la primera participaci\u00f3n sacramental en la Muerte y Resurrecci\u00f3n de Jesucristo. Es-tos sacramentos son \u00abel \u00faltimo grado o etapa en el que los elegidos, perdonados sus pecados, se agregan al pueblo de Dios, reciben la adopci\u00f3n de hijos de Dios, y son conducidos por el Esp\u00ed\u00adritu Santo a la plenitud prometida desde antiguo, y, sobre todo, a pregustar el reino de Dios por el sacrificio y por el banquete eucar\u00ed\u00adstico\u00bb (Ritual de la iniciaci\u00f3n cristiana de adultos, n. 27).<\/p>\n<p>El Ritual de la iniciaci\u00f3n de adultos proyecta una luz muy clarificadora sobre la secuencia de los sacramentos que urge recuperar en el caso de la iniciaci\u00f3n de los ni\u00f1os, pues el analogatum princeps del Bautismo es el de adultos, no el de p\u00e1rvulos: la iniciaci\u00f3n de adultos esclarece la de los ni\u00f1os, no al contrario. Es \u00e9sta una opci\u00f3n de gran calado pastoral. \u00bfC\u00f3mo entender, si no, que la Confirmaci\u00f3n \u00abcompleta\u00bb el Bautismo y que la Eucarist\u00ed\u00ada es la cumbre de la iniciaci\u00f3n?<br \/>\nAs\u00ed\u00ad lo han entendido y vivido siempre los orientales (que justamente exigen un cambio en la praxis -o, al menos, en la valoraci\u00f3n- de la Iglesia Cat\u00f3lica). Precisamente, a la luz de la praxis oriental cabr\u00ed\u00ada incluso plantearse un eventual cambio de disciplina respecto al ministro ordinario de la Confirmaci\u00f3n: permaneciendo el obispo como ministro originario -seg\u00fan indica la constituci\u00f3n Consortium divinae naturaela autoridad de la Iglesia podr\u00ed\u00ada establecer que el presb\u00ed\u00adtero fuese ministro ordinario. Pero sin necesidad de variar la disciplina en este punto, la naturaleza de los sacramentos y de la iniciaci\u00f3n reclaman que la Confirmaci\u00f3n preceda a la Eucarist\u00ed\u00ada y siga al Bautismo.<\/p>\n<p>Por motivos pedag\u00f3gicos y para evitar un vac\u00ed\u00ado pastoral, quiz\u00e1s proceda establecer unos \u00abplazos de cadencia\u00bb, que podr\u00ed\u00adan oscilar entre 6 y 10 a\u00f1os, tiempo en el que se pasar\u00ed\u00ada de la situaci\u00f3n presente a la nueva. Este planteamiento no parece ajeno al \u00faltimo documento de la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola sobre la Iniciaci\u00f3n, que contempla la posibilidad de optar por el uso actualmente m\u00e1s com\u00fan en Espa\u00f1a de celebrar la Confirmaci\u00f3n despu\u00e9s de la primera Comuni\u00f3n o por el de situar \u00e9sta al final de la iniciaci\u00f3n (CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, La iniciaci\u00f3n cristiana. Reflexiones y Orientaciones, Edice, Madrid 1999, nn. 91-99).<\/p>\n<p>Los momentos principales de cada uno de los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana son \u00e9stos: a) Bautismo: la bendici\u00f3n del agua, la renuncia y profesi\u00f3n de fe y la abluci\u00f3n del agua con la f\u00f3rmula trinitaria; b) Confirmaci\u00f3n: la imposici\u00f3n de manos, la crismaci\u00f3n con la f\u00f3rmula y el \u00f3sculo de paz; c) Eucarist\u00ed\u00ada: la oraci\u00f3n de los fieles \u00f1en la que los ne\u00f3fitos participan por primera vez-, el Padre Nuestro -que tambi\u00e9n rezan por primera vez en uni\u00f3n con los dem\u00e1s fieles y en la que manifiestan su condici\u00f3n de hijos de Dios-, y la comuni\u00f3n sacramental.<\/p>\n<p>E. La mistagogia. &#8211; La \u00faltima etapa de la iniciaci\u00f3n cristiana es la mistagogia o tiempo en el que los ne\u00f3fitos, junto con la comunidad cristiana, progresa en la percepci\u00f3n m\u00e1s profunda del misterio pascual y en la manifestaci\u00f3n cada vez m\u00e1s perfecta del mismo en toda su existencia, ayudado por la meditaci\u00f3n del Evangelio, la participaci\u00f3n en la Eucarist\u00ed\u00ada y el ejercicio de la caridad.<\/p>\n<p>Los Santos Padres concedieron gran importancia a esta etapa, como atestiguan las espl\u00e9ndidas catequesis mistag\u00f3gicas que nos han legado. Es verdad que hoy no convendr\u00e1 retrasar hasta ese momento la explicaci\u00f3n de los ritos y de su significado, pues actualmente no existe la ley del arcano, entonces vigente. No obstante, perdura el esp\u00ed\u00adritu, puesto que los ne\u00f3fitos han de adquirir una inteligencia m\u00e1s plena y fructuosa de los misterios, que es fruto, sobre todo, de una recepci\u00f3n continuada de los sacramentos \u00f1sobre todo de la Eucarist\u00ed\u00ada- y de una cada vez m\u00e1s profunda y adaptada explicaci\u00f3n de los mismos. Catequizar sacramentalmente a los ne\u00f3fitos partiendo -como ellos hac\u00ed\u00adan- de los ritos y oraciones y remiti\u00e9ndose constantemente a la vida, es un m\u00e9todo excelente y en l\u00ed\u00adnea con lo indicado en el concilio Vaticano II (cf. SC 48).<\/p>\n<p>3. Agentes de la iniciaci\u00f3n cristiana<br \/>\nLa iniciaci\u00f3n cristiana tiene como agentes principales a Dios Trino y al hombre (el todav\u00ed\u00ada no cristiano o no plenamente cristiano) y como agentes complementarios al obispo, presbiterio diocesano, comunidad y clero parroquial, catequistas, padrinos familia, escuela, grupo apost\u00f3lico y c\u00ed\u00adrculo amistoso.<\/p>\n<p>El obispo es el gran moderador de la iniciaci\u00f3n cristiana, por ser el principal administrador de los misterios de Dios y el m\u00e1ximo liturgo de la iglesia que le ha sido confiada (cf. CD 15). Este posici\u00f3n privilegiada cobra un relieve especial en la iniciaci\u00f3n cristiana de adultos, en la que le corresponde, principalmente, establecer la modalidad del proceso catecumenal, hacerse presente en diversos momentos catequ\u00e9ticos y celebrativos del mismo, verificar su desarrollo y celebrar los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Los Padres de la Iglesia, que tanto en Oriente como en Occidente fueron frecuentemente pastores, dedicaron una parte principal de su ministerio episcopal a la preparaci\u00f3n de los catec\u00famenos, a la mistagogia de los ne\u00f3fitos, a las celebraciones lit\u00fargicas del catecumenado y a la celebraci\u00f3n de los sacramentos de la iniciaci\u00f3n en la Vigilia Pascual. Es verdad que sus comunidades eran fundamentalmente urbanas y los aspectos burocr\u00e1ticos apenas requer\u00ed\u00adan dedicaci\u00f3n; no obstante, siguen siendo modelos en la actual situaci\u00f3n, que tiene el imperativo y la urgencia de realizar una vigorosa propuesta misionera que llame a la primera fe a los no bautizados y a la renovaci\u00f3n de la fe-vida a los no suficientemente evangelizados. El obispo ha de realizar una gran labor de discernimiento con el fin de establecer prioridades entre las m\u00faltiples y crecientes acciones y opciones que reclaman su atenci\u00f3n pastoral, primando las que tienen relaci\u00f3n directa e inmediata con la iniciaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>El obispo no act\u00faa solo sino con los brazos del presbiterio, y secundado por las comunidades parroquiales, los diversos carismas que viven en su Iglesia local, los catequistas, etc. Su tarea es, sobre todo, de orientaci\u00f3n, est\u00ed\u00admulo y verificaci\u00f3n de la acci\u00f3n que ellos realizan. El clero parroquial, especialmente los p\u00e1rrocos, instrumenta los medios pastorales adecuados para que los no bautizados sean llamados a la fe, los catec\u00famenos recorran debidamente las diversas etapas de su itinerario catecumenal y los ne\u00f3fitos se inserten plenamente en la vida de la comunidad.<\/p>\n<p>En el caso de los ni\u00f1os que reciben el Bautismo a los pocos d\u00ed\u00adas despu\u00e9s de su nacimiento y en el de los que se preparan a \u00e9l durante el tiempo de la edad catequ\u00e9tica, ellos son los responsables principales de la iniciaci\u00f3n cristiana, tarea para la que cuentan con la colaboraci\u00f3n de catequistas y otros seglares id\u00f3neos. Los dem\u00e1s presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos, por ser colaboradores del obispo y de los p\u00e1rrocos en su ministerio, prestan su colaboraci\u00f3n y celebran los sacramentos de acuerdo con ellos.<\/p>\n<p>4. Destinatarios<br \/>\nYa hemos se\u00f1alado que la iniciaci\u00f3n admite tres modalidades fundamentales b\u00e1sicas: la de ni\u00f1os bautizados a los pocos d\u00ed\u00adas de nacer, la de quienes se bautizan en edad catequ\u00e9tica y la de personas adultas. Cada una de estos tres supuestos tiene sus destinatarios espec\u00ed\u00adficos.<\/p>\n<p>Limit\u00e1ndonos a las opciones segunda y tercera -de la primera tratamos en las voces Bautismo, Confirmaci\u00f3n y Eucarist\u00ed\u00ada- los principales destinatarios son los ni\u00f1os-adolescentes y los adultos que piden ser iniciados; subsidiariamente, sus padrinos, catequistas, y la comunidad humana y cristiana de referencia.<\/p>\n<p>La acci\u00f3n pastoral con los catec\u00famenos se inspira en este criterio: \u00abhacer cristiano al que no lo es\u00bb. En consecuencia, no trata, \u00fanica o principalmente, de trasmitirlos un acervo de doctrina y de valores ni crear en ellos una serie de actitudes, sino de ayudarles a que se abran al don de Dios que viene a salvarlos por Cristo en el Esp\u00ed\u00adritu y en la Iglesia, mediante unas mediaciones sobre todo sacramentales. Toda la acci\u00f3n pastoral del clero parroquial, catequistas y comunidad cristiana ha de estar encaminada a esa respuesta responsable del catec\u00fameno. El horizonte es, por ello, m\u00e1s teol\u00f3gico y antropol\u00f3gico que catequ\u00e9tico, y la meta de \u00abhacerse cristiano\u00bb no traducible por entregar-aprender un m\u00ed\u00adnimo de doctrina para recibir los sacramentos de la iniciaci\u00f3n. Posiblemente sea \u00e9ste el principal d\u00e9ficit y la primera urgencia de la pastoral de la iniciaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Para ello, es imprescindible repensar y renovar la figura del catequista. El Directorio general de Catequesis determina bien cu\u00e1les son los rasgos m\u00e1s salientes de su perfil: \u00abfe profunda\u00bb, \u00abclara identidad cristiana y eclesial\u00bb, \u00abhonda sensibilidad social\u00bb, especial \u00abmadurez humana, cristiana y apost\u00f3lica\u00bb; y \u00abcapacitaci\u00f3n catequ\u00e9tica\u00bb (cfr. DGC 237-245). Los catequistas ha de ser, por tanto, \u00abtrasmisores de la fe, y no simplemente unos animadores o monitores que coordinan y acompa\u00f1an el trabajo del grupo\u00bb (CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, La iniciaci\u00f3n cristiana, Madrid 1999, p. 42, n. 44).<\/p>\n<p>5. Mediaciones pastorales<br \/>\nLas mediaciones pastorales de la iniciaci\u00f3n cristiana son de dos clases: no-sacramentales y sacramentales. Las no-sacramentales son la catequesis, las diversas celebraciones durante el catecumenado y el tiempo de la mistagogia, y la oraci\u00f3n personal y comunitaria. Las sacramentales son la liturgia de la Palabra de la misa dominical y los tres sacramentos.<\/p>\n<p>a) No-sacramentales:<\/p>\n<p>&#8211; La catequesis. La catequesis al servicio de la iniciaci\u00f3n cristiana ha de tener estas cuatro caracter\u00ed\u00adsticas: ser una formaci\u00f3n org\u00e1nica y sistem\u00e1tica de la fe; entregar unos contenidos esenciales y b\u00e1sicos, por lo que ha de centrarse en lo nuclear de la experiencia cristiana; lograr un aprendizaje de la vida cristiana que propicie un aut\u00e9ntico seguimiento de Jesucristo e introduzca en la comunidad eclesial; y, en el caso de los ni\u00f1os-adolescentes, definida por la mistagogia, puesto que el camino de la adultez en la fe -abierto y configurado por el Bautismo- se desarrolla por medio de los dem\u00e1s sacramentos de la iniciaci\u00f3n, los cuales dan sentido y vertebran todo el proceso inici\u00e1tico.<\/p>\n<p>Ha de configurarse, adem\u00e1s, seg\u00fan estos cuatro criterios: ser un proceso de maduraci\u00f3n y crecimiento de la fe, desarrollado de forma gradual y por etapas; estar esencialmente unida al acontecimiento de la Revelaci\u00f3n y tener como fuente y modelo la pedagog\u00ed\u00ada de Dios manifestada en Jesucristo y en la vida de la Iglesia, por tanto, esencialmente unida al acontecimiento de la Revelaci\u00f3n y a su trasmisi\u00f3n y apoyada constantemente en la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo; meditar continuamente la Palabra de Dios, especialmente el Evangelio, y contrastarla practicando la caridad fraterna y el apostolado personal; por \u00faltimo, ha de estar impregnada por el misterio de la Pascua, de modo que sea un constante aprendizaje a pasar del hombre viejo al hombre nuevo, con todo lo que ello comporta de lucha y superaci\u00f3n del mal con la ayuda de la gracia, y la experiencia de la alegr\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; Las celebraciones lit\u00fargicas. Tradicionalmente, los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana han estado precedidos de otras celebraciones lit\u00fargicas. Ya nos hemos referido antes a rito de entrada en el catecumenado, al de la elecci\u00f3n, a los escrutinios y exorcismo, y a las \u00abentregas\u00ed\u00ad y \u00abdevoluciones\u00ed\u00ad del S\u00ed\u00admbolo y del Padre Nuestro. A ellas cabe a\u00f1adir la liturgia de la Palabra de la misa dominical y otras celebraciones de la Palabra, sobre todo de car\u00e1cter penitencial, tendentes a que los catec\u00famenos ahonden en el conocimiento de la historia de la salvaci\u00f3n, se abran cada vez m\u00e1s a la acci\u00f3n divina y se inserten de modo progresivo y ascendente en el misterio de la Iglesia. La Cuaresma y, en general, el a\u00f1o lit\u00fargico son el marco referencial de tales celebraciones.<\/p>\n<p>&#8211; La oraci\u00f3n personal y comunitaria La dimensi\u00f3n oracional es esencial para la vida cristiana, puesto que esta vida ha de pautarse seg\u00fan el modelo de Jesucristo, cuyo rostro, tal y como aparece en el Evangelio, es el de un \u00abgran orante\u00bb y un Maestro que dio a sus seguidores el mandato de \u00aborar siempre y sin desfallecer\u00bb. El catec\u00fameno ha de aprender a hablar con Dios de una manera sencilla pero verdadera y constante. Los caminos y modos de aprendizaje no son uniformes, sino tan variados las situaciones existenciales de los catec\u00famenos. De todos modos, deber\u00e1 comenzar por oraciones vocales sencillas -tomadas del Evangelio y del patrimonio oracional de la Iglesia, especialmente de la liturgia-, pasando progresivamente al rezo de salmos sencillos, a la meditaci\u00f3n, etc\u00e9tera. Por lo dem\u00e1s, los catec\u00famenos habr\u00e1n de encontrarse con \u00abmodelos oracionales vivientes\u00bb dentro de la comunidad cristiana de referencia y entre los catequistas. Parece que la naturaleza de las cosas reclama que recen juntos al comenzar y concluir las catequesis -delante del Se\u00f1or Sacramentado, en el supuesto de que la catequesis se imparta en la Iglesia o en alg\u00fan lugar anejo a la misma y en alg\u00fan otro momento. Incluso que se organicen reuniones especiales de oraci\u00f3n, en las que tomen parte la comunidad cristiana, los catequistas y los catec\u00famenos.<\/p>\n<p>b) Celebraciones sacramentales<br \/>\nLos sacramentos del Bautismo, Confirmaci\u00f3n y primera Eucarist\u00ed\u00ada son las principales mediaciones sacramentales, puesto que son esenciales; sin ellas, por tanto, es imposible que el hombre pueda insertarse en plan salvador de Dios en Cristo. Sin embargo, como estos sacramentos tienen un referencia esencial al Misterio Pascual, la celebraci\u00f3n del domingo, de la Pascua y en general, del A\u00f1o Lit\u00fargico son el contexto necesario de las mediaciones sacramentales.<\/p>\n<p>6. Luces y sombras<br \/>\nComo suele ocurrir con todas las acciones humanas, la pastoral de la iniciaci\u00f3n cristiana tiene aspectos positivos y negativos, luces y sombras. Destaquemos los principales.<\/p>\n<p>a) Luces. Entre los aspectos positivos cabe mencionar los siguientes: 1) la recuperaci\u00f3n de la categor\u00ed\u00ada teol\u00f3gica, catequ\u00e9tica y lit\u00fargica de \u00abiniciaci\u00f3n cristiana\u00bb; 2) la publicaci\u00f3n y favorable recepci\u00f3n eclesial del Ritual de la Iniciaci\u00f3n cristiana de adultos; 3) la inserci\u00f3n de la iniciaci\u00f3n cristiana en un contexto m\u00e1s amplio que el de los sacramentos del Bautismo, Confirmaci\u00f3n y Primera Eucarist\u00ed\u00ada, aunque ellos sean el momento culminante y esencial de la misma; 4) la consideraci\u00f3n del Bautismo, Confirmaci\u00f3n y Primera Eucarist\u00ed\u00ada como tres momentos carism\u00e1ticos de una misma realidad: la inserci\u00f3n sacramental en el Misterio Pascual de Cristo, y, en consecuencia, de su indisoluble uni\u00f3n teol\u00f3gica; 5) el redescubrimiento de la iglesia local como primera y principal mediaci\u00f3n eclesial de la iniciaci\u00f3n cristiana y de la parroquia como \u00ablugar\u00bb primordial, aunque no \u00fanico, de la misma; 6) la preparaci\u00f3n y publicaci\u00f3n en muchas di\u00f3cesis de directorios; y 7) algunos m\u00e1s concretos, como la importancia te\u00f3rica concedida al catecumenado por etapas y como proceso de maduraci\u00f3n que recorre el catec\u00fameno; el reconocimiento de la existencia de pluralidad de situaciones lit\u00fargico-pastorales; la acentuaci\u00f3n de los aspectos lit\u00fargico y mistag\u00f3gico de la catequesis de iniciaci\u00f3n; la celebraci\u00f3n de los sacramentos de la iniciaci\u00f3n en el contexto de la Vigilia Pascual, en el supuesto de personas que no recibieron el bautismo despu\u00e9s de su nacimiento o durante la edad catequ\u00e9tica.<\/p>\n<p>b) Sombras. Tres son las sombras principales de la actual pastoral de la iniciaci\u00f3n: a) el debilitamiento misionero de no pocos fieles y pastores, que provoca la no propuesta clara, vibrante y gozosa de Cristo, muerto y resucitado, a tantos hombres y mujeres adultos no bautizados o bautizados, pero apartados de la pr\u00e1ctica e incluso de la fe de la Iglesia; b) el desconocimiento o minusvaloraci\u00f3n del n\u00famero de ni\u00f1os no bautizados en el momento en que se incorporan a la vida escolar, con la consiguiente falta de propuestas pastorales; y c) la inadecuada selecci\u00f3n de los catequistas, as\u00ed\u00ad como la identificaci\u00f3n de la tarea de \u00e9stos como mera trasmisi\u00f3n de contenidos.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; COMISI\u00ed\u201cN EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA DE LITURGIA, Ritual de la iniciaci\u00f3n cristiana de adultos, Madrid 1976; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, La iniciaci\u00f3n cristiana, Madrid 1999; CONGREGACI\u00ed\u201cN PARA EL CLERO, Directorio general para la catequesis, Roma 1977; CONGREGACI\u00ed\u201cN PARA LA EDUCACI\u00ed\u201cN CAT\u00ed\u201cLICA, Dimensi\u00f3n religiosa de la educaci\u00f3n en la escuela, Roma 1988; J. A. ABAD IB\u00ed\u0081\u00ed\u2018EZ, La celebraci\u00f3n del Misterio cristiano, Pamplona 2000, 200-224, con la bibliograf\u00ed\u00ada adjunta; J. L\u00ed\u201cPEZ, La iniciaci\u00f3n cristiana (notas bibliogr\u00e1ficas), \u00abPhase\u00bb 171 (1989) 225-240.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Antonio Abad Ib\u00e1\u00f1ez<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Por iniciaci\u00f3n se entiende en general el cumplimiento de ciertas acciones y prescripciones rituales con las que el consagrando se ve apartado de una antigua condici\u00f3n precedente , y transferido a un nuevo estado religioso, cultural o social. La iniciaci\u00f3n cristiana es aquel proceso en que uno se hace cristiano, a trav\u00e9s de una inserci\u00f3n global en la vida de fe. significada eclesialmente en los tres ritos que marcan y consagran el comienzo de la vida cristiana. As\u00ed\u00ad pues, la iniciaci\u00f3n cristiana expresa el misterio que introduce al hombre en la vida nueva, transform\u00e1ndolo interiormente, comprometi\u00e9ndolo en una opci\u00f3n de fe para vivir como hijo de Dios, e integr\u00e1ndolo en una comunidad que lo acoge como miembro (con el bautismo), que le inspira en el obrar (con la confirmaci\u00f3n) y lo alimenta con el pan de la vida eterna (con la eucarist\u00ed\u00ada).<\/p>\n<p>El primer autor que emple\u00f3 el t\u00e9rmino de iniciaci\u00f3n cristiana para designar los tres sacramentos del bautismo, de la confirmaci\u00f3n y de la eucarist\u00ed\u00ada parece ser que fue L. Duchesne (Origines du culte chr\u00e9tien, Par\u00ed\u00ads 1908).<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino \u00abiniciaci\u00f3n\u00bb se deriva del verbo latino in ire (entrar) .Ya en un texto de Tertuliano, apologista del siglo 11, encontramos una orientaci\u00f3n sint\u00e9tica, pero ciertamente eficaz, del rito de la iniciaci\u00f3n cristiana, en el que se pone de relieve la realidad que en \u00e9l se significa Y se produce: \u00abLa carne es lavada, para que el alma sea purificada; la carne es ungida, para que el alma sea consagrada; la carne es marcada, para que el alma quede vigorizada; la carne es cubierta por la imposici\u00f3n de las manos, para que tambi\u00e9n el alma sea iluminada por el Esp\u00ed\u00adritu; la carne se alimenta del cuerpo y de la sangre de Cristo, para que tambi\u00e9n el alma pueda alimentarse abundantemente de Dios\u00bb (De resurrectione mortuorum 8, 3: PL 2, 806). Se trata de un rito unitario, que comprende los gestos del lavado bautismal, de la unci\u00f3n, del signo de la cruz y de la imposici\u00f3n de manos, y de la comuni\u00f3n sacramental. Otros textos contempor\u00e1neos de Tertuliano o anteriores a \u00e9l nos informan igualmente de la praxis de iniciaci\u00f3n o al menos aluden a ella.<\/p>\n<p>Pero los ritos de iniciaci\u00f3n se pueden encontrar en casi todas las religiones, particularmente en las primitivas. La celebraci\u00f3n ritual de una iniciaci\u00f3n no es, por tanto, exclusiva de la religiosidad cristiana. Adem\u00e1s de no ser original, hay que suponer tambi\u00e9n que los gestos cristianos de iniciaci\u00f3n tienen cierta dependencia de la religiosidad natural, tal como se percibe claramente en una confrontaci\u00f3n entre las diversas praxis. Pero esto no disminuye la originalidad del cristianismo, sino que pone de manifiesto una dimensi\u00f3n fundamental del mismo (la universalidad de la salvaci\u00f3n) y acent\u00faa su especificidad. La etnolog\u00ed\u00ada y la antropolog\u00ed\u00ada atestiguan la existencia en pueblos de diversas culturas de un conjunto de ritos y ceremonias, necesarias para entrar a formar parte de una nueva condici\u00f3n de vida; de manera particular hay &#8211; que hablar de la iniciaci\u00f3n en el mundo de los adultos. Es precisamente \u00e9sta la iniciaci\u00f3n m\u00e1s importante en la vida del individuo de muchos pueblos primitivos; m\u00e1s a\u00fan, constituye el momento m\u00e1s destacado en la vida social de la tribu. El individuo es introducido en una comunidad, en la que llega a asumir un papel concreto; entra a formar parte de un mundo nuevo, anteriormente cerrado a \u00e9l y que ahora tendr\u00e1 que conocer e interpretar. En este proceso no hay que olvidar la dimensi\u00f3n religiosa: las divinidades de la comunidad en la que se inserta pasan a ser las divinidades propias del iniciado, que gozar\u00e1 de su protecci\u00f3n y tendr\u00e1 que observar sus leyes. Otra caracter\u00ed\u00adstica interesante &#8211; la de la discriminaci\u00f3n que operan es las iniciaciones no cristianas: se trata realmente de comunidades basadas en el ethos (la raza) y en el ethos (usos, costumbres, tradiciones, cultura, estructuras, etc.), que se contraponen a todos los dem\u00e1s ethos y ethos. No sucede as\u00ed\u00ad en la iniciaci\u00f3ri cristiana, que introduce en una comunidad \u00abcat\u00f3lica\u00bb, en la que no puede haber discriminaci\u00f3n alguna.<\/p>\n<p>La iniciaci\u00f3n no coincide necesariamente con la \u00e9poca de la pubertad, pero en casi todas partes se realiza en este per\u00ed\u00adodo; sin ella, el muchacho no puede ser considerado nunca como un adulto, no podr\u00e1 casarse, ni participar en las reuniones de adultos, ni combatir en la guerra. Las etapas de la iniciaci\u00f3n consisten en ritos de separaci\u00f3n (del grupo de las mujeres y de los ni\u00f1os), de prueba (resistencia f\u00ed\u00adsica), de agregaci\u00f3n (instrucci\u00f3n sobre las leyes y las costumbres, corte de pelo y cambio de nombre, vestido nuevo, circuncisi\u00f3n, tatuajes).<\/p>\n<p>La circuncisi\u00f3n es uno de los ritos de iniciaci\u00f3n m\u00e1s comunes. Impuesta a Abrah\u00e1n, indica y lleva a cabo la incorporaci\u00f3n al pueblo elegido (Gn 17 10-14). La inserci\u00f3n de la circuncisi\u00f3n en el plano de la salvaci\u00f3n y el paralelismo circuncisi\u00f3n-bautismo que establece san Pablo (Col 2,1 1) nos ayudan a comprender la originalidad ~ la especificidad de la iniciaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Se trata del don hecho por Dios al hombre, un encuentro en que el hombre, con todo su ser, es elevado a participar en la vida misma de Dios. Es un encuentro din\u00e1mico que s\u00f3lo puede desarrollarse sobre la base de un \u00bb di\u00e1logo\u00bb entre la palabra de Dios y la respuesta humana de fe, y que supone la aceptaci\u00f3n del hombre por parte de Dios (el cual formula una propuesta de salvaci\u00f3n y se dirige al hombre como persona consciente y responsable), y la aceptaci\u00f3n de Dios Por parte del hombre (que manifiesta su asentimiento de fe, aceptando la propuesta que se le hace). La fe, respuesta personal del hombre a Dios que llama, es un elemento estructural del proceso de iniciaci\u00f3n, y sirve para cualificarlo, no ya como un proceso hist\u00f3rico-cultural o una distribuci\u00f3n autom\u00e1tica de la salvaci\u00f3n, sino como un camino hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico, mediado por la palabra de Dios, que es asumido y aceptado personalmente por el hombre. La uni\u00f3n entre la fe y el acto sacramental se realiza en una iniciaci\u00f3n y por medio de ella. La iniciaci\u00f3n es as\u00ed\u00ad el proceso, el camino, la operaci\u00f3n, a trav\u00e9s de la cual la fe realiza, por medio de acciones rituales simb\u00f3licas, la comuni\u00f3n con el misterio de Cristo en la Iglesia. Los sacramentos son, ante todo, actos de Cristo, y llevan consigo una referencia hist\u00f3rica que va mucho m\u00e1s all\u00e1 del simbolismo natural. El bautismo no es s\u00f3lo un ba\u00f1o ritual de purificaci\u00f3n, sino la memoria eficaz de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, en la que inserta e incorpora al bautizando. La confirmaci\u00f3n no es s\u00f3lo un rito que introduce en el mundo de los adultos, sino el sello del don del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, conferido para una misi\u00f3n de testimonio de la Iglesia en el mundo. La eucarist\u00ed\u00ada no es s\u00f3lo un banquete sagrado, del que es posible encontrar analog\u00ed\u00adas en otras religiones, sino el memorial del banquete sacrificial de Cristo y de su muerte redentora. Este es el coraz\u00f3n del misterio, el centro de la fe: la iniciaci\u00f3n cristiana es sobre todo sacramentum fidei, porque es don de fe, en la que uno se inicia a trav\u00e9s de los s\u00ed\u00admbolos. As\u00ed\u00ad pues, la iniciaci\u00f3n cristiana es una entrada progresiva y gradual en el misterio de Cristo y de la Iglesia. El mismo t\u00e9rmino indica la dinamicidad de un camino, que supone varias etapas y estructuras de apoyo. Las estructuras de apoyo (fe-conversi\u00f3n y comunidad cristiana) son las condiciones necesarias para que el itinerario llegue a su t\u00e9rmino, y son los elementos que sostienen y dan significado y valor a todo el proceso salv\u00ed\u00adfico. Las etapas que han de seguirse son las de los tres sacramentos.<br \/>\nR. Gerardi<\/p>\n<p>Bibl.: E. Lodi, Iniciaci\u00f3n &#8211; Catecumenado, en DTI, III, 146-158; U Gianetto, Iniciaci\u00f3n cristiana, en DC, 464-466; J, Castellano Cervera, Iniciaci\u00f3n cristiana. en NDE, 706-720; AA. VV, El catecumenado de adultos. Madrid 1976; S. Movilla, Catecumenado juvenil de confirmaci\u00f3n, Central Catequ\u00e9tica, Madrid 1980; J L. Larrabe, Los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana, Madrid 1969; J Espeja, Para comprender los sacramentos, Verbo Divino, Estella 1994.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Fundamento de la espiritualidad cristiana: 1. Sacramentos iniciales e \u00abinici\u00e1ticos\u00bb: 2. Una espiritualidad tradicional y moderna; 3. Unidad y riqueza de la espiritualidad cristiana &#8211; II. Teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica de la iniciaci\u00f3n cristiana: 1. El bautismo de Cristo en el Esp\u00ed\u00adritu: Sin\u00f3pticos y Juan; 2. El bautismo en la comunidad eclesial; 3. El bautismo en Pablo: experiencia, teolog\u00ed\u00ada, par\u00e9nesis; 4. Perspectivas complementarias &#8211; III. Teolog\u00ed\u00ada mistag\u00f3gica de la iniciaci\u00f3n cristiana: 1. Los caminos de la mistagogia patr\u00ed\u00adstica; 2. Los contenidos de la liturgia actual: a) El bautismo cristiano, b) La confirmaci\u00f3n &#8211; IV. Problemas teol\u00f3gicos y pastorales: 1. Problemas teol\u00f3gicos: a) El bautismo de los ni\u00f1os, b) La relaci\u00f3n entre bautismo y confirmaci\u00f3n; 2. Dimensiones pastorales &#8211; V. Perspectivas de espiritualidad: 1. Totalidad y dinamismo; 2. Asc\u00e9tica y m\u00ed\u00adstica en perspectiva sacramental.<\/p>\n<p>I. Fundamento de la espiritualidad cristiana<br \/>\nEl t\u00e9rmino \u00abiniciaci\u00f3n\u00bb pertenece al vocabulario de la primitiva tradici\u00f3n cristiana y designa la \u00abintroducci\u00f3n\u00bb catequ\u00e9tica y sacramental a los misterios cristianos como conocimiento y experiencia; si se habla de una iniciaci\u00f3n \u00abcristiana\u00bb es para distinguir claramente los contenidos y modos de esta introducci\u00f3n a los misterios, pues en otras religiones, y aun en otras expresiones culturales, hay tambi\u00e9n formas de iniciaci\u00f3n. Esta antigua terminolog\u00ed\u00ada, emparentada con la palabra \u00abm\u00faeo\u00bb-\u00abm\u00faesis\u00bb con sus derivados \u00abmisterio\u00bb, \u00abm\u00ed\u00adstica\u00bb, se encuentra ya en las Constituciones Apost\u00f3licas y ha sido con frecuencia usada por los Padres de la Iglesia&#8217;. Recientemente ha sido plenamente recuperada por la liturgia posconciliar para designar el proceso de la experiencia sacramental cristiana que va desde el bautismo -precedido por el catecumenado y sus fases- a la eucarist\u00ed\u00ada, y encuentra su plena aplicaci\u00f3n all\u00e1 donde se realiza de una manera global este proceso de experiencia, es decir, en lo que oficialmente se llama \u00abRito de la iniciaci\u00f3n cristiana de los adultos\u00bb. En nuestro caso, la aplicamos en concreto al bautismo y a la confirmaci\u00f3n, asumidos globalmente como dos sacramentos distintos pero \u00ed\u00adntimamente unidos entre s\u00ed\u00ad, como demuestra toda la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica y la primitiva tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica y lit\u00fargica. Supone, pues, una referencia impl\u00ed\u00adcita al catecumenado v a la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>1. SACRAMENTOS INICIALES E \u00abINICI\u00ed\u0081TICOS\u00bb &#8211; Bautismo y confirmaci\u00f3n est\u00e1n en la base de lo que podr\u00ed\u00adamos llamar la \u00abhistoria de salvaci\u00f3n\u00bb de cada cristiano. Con ellos acaece en el hombre la salvaci\u00f3n cristiana y se empieza un largo proceso de vivencia del misterio de Cristo y de su Esp\u00ed\u00adritu, destinado a germinar plenamente en la gloria a la que hacen alusi\u00f3n tanto el bautismo -con la tensi\u00f3n escatol\u00f3gica de todos sus elementos, como se ver\u00e1 m\u00e1s adelante-como la confirmaci\u00f3n, \u00absello\u00bb de Cristo y del Esp\u00ed\u00adritu, donaci\u00f3n de la \u00abprenda\u00bb de la gloria futura en el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Puestos, pues, al principio de la vida cristiana, la contienen en germen y la condicionan en su totalidad; recibidos una vez para siempre, marcan profundamente el itinerario cristiano; todo disc\u00ed\u00adpulo de Cristo ser\u00e1 siempre fundamentalmente un bautizado y un confirmado; la eucarist\u00ed\u00ada llevar\u00e1 a plenitud y renovar\u00e1 constantemente la gracia del bautismo y de la ,unci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu; como ha escrito un te\u00f3logo ortodoxo, bautizado a los treinta a\u00f1os de edad: \u00abTendremos necesidad de toda una vida y de toda una muerte para ser conscientes de la gracia bautismal, para morir y renacer en Cristo\u00bb (O. Cl\u00e9ment). Toda la existencia cristiana est\u00e1 bajo el signo sacramental del principio de la salvaci\u00f3n; en cualquier momento de su vida, en cualquier situaci\u00f3n de su vivencia, el cristiano hunde sus ra\u00ed\u00adces vitales en las aguas del bautismo, en la unci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu; el car\u00e1cter sacramental lo configura para siempre, lo mantiene en una vivencia a la que no puede renunciar definitivamente, aunque por hip\u00f3tesis ignore su situaci\u00f3n o reniegue de lo que ha recibido; en sentido positivo, el cristiano est\u00e1 llamado a llevar a plena madurez la gracia de la iniciaci\u00f3n cristiana, como un compromiso de vida, una colaboraci\u00f3n con Dios, un \u00abpacto\u00bb inacabada en sus cl\u00e1usulas hasta que no sea coronado con la gloria.<\/p>\n<p>Hablamos tambi\u00e9n de unos sacramentos \u00abinici\u00e1ticos\u00bb, en el sentido que esta palabra tiene en la historia y en la psicolog\u00ed\u00ada de las religiones. El cristiano est\u00e1 llamado a recibir una \u00abiniciaci\u00f3n\u00bb a los misterios mediante la escucha del kerigma y de la catequesis; ya esta introducci\u00f3n doctrinal tiene car\u00e1cter misterioso, \u00abinici\u00e1tico\u00bb, requiere la fe; bautismo y confirmaci\u00f3n presuponen esta iniciaci\u00f3n doctrinal, sin la cual los ritos sacramentales correr\u00ed\u00adan el riesgo de un objetivismo m\u00e1gico. Pero no basta; al disc\u00ed\u00adpulo de Cristo se le exige, para entrar en el misterio que se le anuncia, la \u00abexperiencia sacramental\u00bb -semejante a otro tipo de iniciaciones mist\u00e9ricas anteriores, contempor\u00e1neas o posteriores-, el paso por una serie de ritos que evocan, significan, comunican el misterio a trav\u00e9s de una prolija serie de simbolismos; la iniciaci\u00f3n cristiana es as\u00ed\u00ad una \u00abmistagogia\u00bb, introducci\u00f3n y experiencia de los misterios en los cuales se sumerge, por decirlo as\u00ed\u00ad, no s\u00f3lo aceptando mentalmente lo que ellos quieren expresar, sino tambi\u00e9n dej\u00e1ndose impregnar exteriormente en su sensibilidad e interiormente en su psicolog\u00ed\u00ada, hasta quedar incluso impactado en su \u00abpsique\u00bb; en su conjunto, la iniciaci\u00f3n cristiana es una celebraci\u00f3n simb\u00f3lica plenamente objetiva, que implica la conciencia y la responsabilidad del cristiano m\u00e1s all\u00e1 incluso de lo que por el momento es capaz de entender, asumir, experimentar`. Todo queda inscrito decisivamente, con la seriedad y la eficacia de una obra divina; todo est\u00e1 pidiendo un desarrollo en plenitud. Este car\u00e1cter inici\u00e1tico de los sacramentos primordiales est\u00e1 plasmado por el uso de elementos, signos, gestos que evocan los \u00abarquetipos\u00bb de la vida y de la muerte, de la esclavitud y de la libertad. Baste pensar en el uso del agua -de amplio significado evocador como simbolismo primordial de la muerte y de la vida-, o en el simbolismo de la luz y de las tinieblas. El disc\u00ed\u00adpulo de Cristo queda alcanzado totalmente a trav\u00e9s del sacramentalismo cristiano, para que en el bautismo y en la confirmaci\u00f3n, con la plenitud de realidades salv\u00ed\u00adficas que se comunican, se sienta implicado hasta en lo m\u00e1s profundo de su ser, hasta en lo m\u00e1s misterioso de su esp\u00ed\u00adritu, en el pleno sentido que tiene su existencia. El bautismo y la confirmaci\u00f3n son sacramentos \u00abportadores de sentido\u00bb; vehiculan el aut\u00e9ntico peso existencial que, en Cristo y en el Esp\u00ed\u00adritu, adquieren todas las experiencias humanas: el dolor y el gozo, la vida y la muerte, la historia y el trabajo. Toda la vida del cristiano est\u00e1 inicial e inici\u00e1ticamente marcada por los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana. Por eso est\u00e1 pidiendo a gritos -con los gemidos del Esp\u00ed\u00adritu- que el cristiano viva \u00aben fuerza del bautismo\u00bb todas las virtualidades germinalmente presentes desde el principio de su historia de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. UNA ESPIRITUALIDAD TRADICIONAL Y MODERNA &#8211; LOS Padres de la Iglesia no conocen otra espiritualidad; no hay para ellos otra asc\u00e9tica u otra m\u00ed\u00adstica sino la vivencia del bautismo; el testimonio del martirio o las exigencias de la comuni\u00f3n de bienes, el sentido eclesial o el \u00ed\u00admpetu de la oraci\u00f3n, la opci\u00f3n por la virginidad o el seguimiento de Cristo en el monaquismo, brotan de la gracia bautismal. Ya Pablo hab\u00ed\u00ada hecho del imperativo moral del cristiano una especie de \u00abmemorial\u00bb de la iniciaci\u00f3n primitiva: \u00abCristiano, s\u00e9 lo que eres\u00bb, \u00abreconoce tu dignidad\u00bb, dir\u00e1 san Le\u00f3n Magno. Para los Padres de la Iglesia no hay m\u00e1s moral ni m\u00e1s espiritualidad que la que se desprende obviamente del bautismo cristiano con todos sus compromisos de renuncia a Satan\u00e1s y adhesi\u00f3n a Cristo en los que se concentra la profesi\u00f3n de fe bautismal. Las catequesis patr\u00ed\u00adsticas, como las de Cirilo de Jerusal\u00e9n, Juan Cris\u00f3stomo, Teodoro de Mopsuestia, presentar\u00e1n el sentido comprometedor en la l\u00ed\u00adnea de moral y de espiritualidad que tiene cada gesto, cada palabra. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, Cirilo exhorta a mantener el \u00abmemorial\u00bb de la nueva vida bautismal: \u00abInstruidos suficientemente en estas cosas, os pido que las record\u00e9is siempre&#8230; Dios, que de los muertos os ha llamado a la vida, os concede vivir una vida nueva\u00bb; y a prop\u00f3sito de la unci\u00f3n: \u00abConservad sin mancha la unci\u00f3n que os amaestrar\u00e1 en todo si permanece en vosotros&#8230; Es santa y espiritual salvaguardia del cuerpo y salvaci\u00f3n del alma&#8230; Ungidos con este sagrado crisma, conservadlo puro e irreprensible en vosotros, progresando en las buenas obras y siendo aceptables al autor de nuestra salvaci\u00f3n: Cristo Jes\u00fas\u00bb&#8216;. Una atenta evaluaci\u00f3n de la espiritualidad patr\u00ed\u00adstica nos permite afirmar que el bautismo est\u00e1 en el centro de la vida cristiana; los elogios de los Padres al bautismo cristiano son suficientemente elocuentes para ponderar la estima que cada fiel debe tener de su condici\u00f3n de bautizado. Lejos de insistir en el aspecto negativo, en las obligaciones del cristiano, los Padres llaman la atenci\u00f3n sobre el esplendor de esta condici\u00f3n con un entusiasmo capaz de enardecer los \u00e1nimos en una aut\u00e9ntica \u00abm\u00ed\u00adstica\u00bb del bautismo; se ha observado que el centro de la espiritualidad patr\u00ed\u00adstica no es expl\u00ed\u00adcitamente la eucarist\u00ed\u00ada, sino el bautismo. Un ejemplo elocuente vale m\u00e1s que muchas palabras: Gregorio Nacianceno, en su c\u00e9lebre homil\u00ed\u00ada sobre el bautismo, canta con \u00e9nfasis sus nombres y sus efectos y ofrece esta hermosa s\u00ed\u00adntesis, en la que se encuentra la esencia de la iniciaci\u00f3n cristiana: \u00abEl bautismo es el m\u00e1s bello y m\u00e1s sublime de los dones de Dios&#8230; Como Cristo, que es el dador de este regalo, tiene muchos y variados nombres; y esto ocurre por una gozosa experiencia de esta realidad, como cuando amamos una cosa nos gusta repetir sus nombres, y tambi\u00e9n porque la multiplicidad de sus beneficios hace que broten en nuestros labios sus diversos nombres. Lo llamamos don, gracia, bautismo, unci\u00f3n, iluminaci\u00f3n, vestido de incorruptibilidad, ba\u00f1o de regeneraci\u00f3n, sello y todo lo que hay de m\u00e1s precioso. Don, porque se confiere a aquellos que nada aportan; gracia, porque se da incluso a los culpables; bautismo, porque el pecado es sepultado en el agua; unci\u00f3n, porque es sagrada y real, como los que eran ungidos; iluminaci\u00f3n, porque engendra luz y claridad; vestido, porque cubre nuestra verg\u00fcenza; ba\u00f1o, porque lava; sello porque nos guarda y es se\u00f1al de nuestra dedicaci\u00f3n a Dios. Los cielos se congratulan con \u00e9l; los \u00e1ngeles lo celebran porque es como ellos luminoso; es imagen de la fidelidad celestial; quisi\u00e9ramos cantarlo con nuestros himnos, pero no podemos hacerlo como merece su dignidad. Esta espiritualidad de la iniciaci\u00f3n cristiana, que mantuvo alta la tensi\u00f3n cristoc\u00e9ntrica y eclesial de los primeros siglos, fue decayendo con el correr de los siglos. En la Pen\u00ed\u00adnsula Ib\u00e9rica tuvo en Paciano de Barcelona un representante y en Ildefonso de Toledo un testigo de la doctrina de los Padres en su obra De cognitione baptismi. En Oriente perdura la tradici\u00f3n de esta espiritualidad en el libro de Nicol\u00e1s Cabasilas (s. xiv) La vida en Cristo. Con otro corte espiritual se recupera el valor decisivo de este sacramento en algunos representantes de la escuela francesa, especialmente en san Juan Eudes.<\/p>\n<p>La plena recuperaci\u00f3n de la iniciaci\u00f3n cristiana como matriz y modelo de la espiritualidad coincide con la renovaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica y lit\u00fargica. Pero no depende s\u00f3lo de una vuelta a las fuentes; factores socioculturales y movimientos de vitalidad dentro de la Iglesia redescubren en los sacramentos iniciales las esencias de la vida en Cristo y en el Esp\u00ed\u00adritu. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, la situaci\u00f3n de descristianizaci\u00f3n ya hizo intuir a Dom Cabrol, a principios de este siglo, la necesidad de una \u00abiglesia confesante\u00bb, Impregnada de su conciencia bautismal en su testimonio y militancia; la situaci\u00f3n precaria de los creyentes en el r\u00e9gimen hitleriano extender\u00e1 esta conciencia a todas las iglesias cristianas, como pudo expresarlo D. Bonhoeffer. Este descubrimiento provoca problemas nuevos que nacen de un deseo de valorar al m\u00e1ximo la conciencia de los sacramentos iniciales recibidos no como una obligaci\u00f3n o como una garant\u00ed\u00ada que favorece la pereza mental y existencial, no como un don del que tranquilamente se puede uno desentender c\u00ed\u00adnicamente -como confesaba J. P. Sartre-, sino como una opci\u00f3n l\u00facida y responsable. Las discusiones sobre el problema pastoral del bautismo de los ni\u00f1os, las tentativas de revitalizar la conciencia del don de la confirmaci\u00f3n -no obstante la pobreza teol\u00f3gica de que este sacramento adolec\u00ed\u00ada en ciertas proposiciones de pastoral que parec\u00ed\u00ada avanzada- tienen una ra\u00ed\u00adz de espiritualidad: tomar plena conciencia, como en la antig\u00fcedad, del valor y compromiso de la iniciaci\u00f3n cristiana. Junto al apremio de la situaci\u00f3n eclesial que intenta un cambio del cristianismo convencional a una espiritualidad militante, de una iglesia sociol\u00f3gica a una comunidad consciente de sus opciones bautismales, hay una serie de fermentos positivos que favorecen el descubrimiento vital del valor del santo bautismo y la confirmaci\u00f3n. Baste pensar en la espiritualidad laical que como experiencia cristiana busca un fundamento mist\u00e9rico, objetivo, rico y lo encuentra en el bautismo; o en los movimientos apost\u00f3licos seglares, entre ellos la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica, que revalorizan la confirmaci\u00f3n como una especie de sacramento del apostolado cristiano; esta \u00faltima visi\u00f3n es claramente reductiva, pues el fundamento apost\u00f3lico de los seglares es a la vez el bautismo y la confirmaci\u00f3n y privatizar para la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica la fuerza testimonial del don del Esp\u00ed\u00adritu es empobrecer en profundidad y en extensi\u00f3n un sacramento cristiano. Anotamos el hecho como un factor de esta providencial evoluci\u00f3n que fructifica en la espiritualidad contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>Es interesante notar c\u00f3mo un testigo tan sensible y l\u00facido de la situaci\u00f3n eclesial de nuestro tiempo, Pablo VI, haya dedicado un p\u00e1rrafo luminoso a la importancia de la iniciaci\u00f3n bautismal para toda la Iglesia, en su enc\u00ed\u00adclica program\u00e1tica Ecclesiam suam, al hablar de la conciencia de la Iglesia y de su renovaci\u00f3n interior. Vale la pena transcribir este autorizado texto magisterial, que lanza un puente entre la espiritualidad de hoy y la de ayer, entre la Iglesia del s. xx y la de los primeros siglos, con una p\u00e1gina digna de un Padre de la Iglesia: \u00abEs necesario devolver al hecho de haber recibido el santo bautismo, es decir, de haber sido injertados mediante tal sacramento en el Cuerpo M\u00ed\u00adstico de Cristo que es la Iglesia, toda su importancia, especialmente en la valoraci\u00f3n consciente que el bautizado debe tener de su elevaci\u00f3n, m\u00e1s a\u00fan, de su regeneraci\u00f3n a la felic\u00ed\u00adsima realidad de hijo adoptivo de Dios, a la dignidad de hermano de Cristo, a la dicha, esto es, a la gracia y al gozo de la inhabitaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, a la vocaci\u00f3n de una vida nueva, que nada ha perdido de humano, salvo la herencia desgraciada del pecado original, y que est\u00e1 capacitada para dar, de cuanto es humano, las mejores expresiones y experimentar los m\u00e1s ricos y puros frutos. El ser cristiano, el haber recibido el santo bautismo, no debe ser considerado como cosa indiferente u olvidable, sino que debe marcar profunda y gozosamente la conciencia de todo bautizado. Debe ser, pues, considerado por \u00e9ste como lo fue por los cristianos antiguos, una &#8216;iluminaci\u00f3n&#8217;, que, haciendo caer sobre \u00e9l el rayo vivificante de la verdad divina, le abre el cielo, le esclarece la vida eterna, lo capacita para caminar como hijo de la luz hacia la visi\u00f3n de Dios, fuente de eterna bienaventuranza. Es f\u00e1cil ver qu\u00e9 programa pr\u00e1ctico pone ante nosotros y ante nuestro ministerio esta consideraci\u00f3n. Nos gozamos observando que tal programa se encuentra ya en v\u00ed\u00adas de ejecuci\u00f3n en toda la Iglesia y se ve promovido con celo iluminado y ardiente\u00bb (nn. 34-35).<\/p>\n<p>Toda esta riqueza ha sido acogida, como veremos en seguida, en el ancho mar del Vat. II, con consecuencias decisivas para una nueva valoraci\u00f3n de la espiritualidad cristiana. Notemos, sin embargo, la continuidad y la creatividad que esta conciencia recuperada de la iniciaci\u00f3n cristiana ha tenido y tiene todav\u00ed\u00ada con proyecci\u00f3n de futuro en los movimientos de espiritualidad, en los grupos eclesiales. Ya desde su fundaci\u00f3n, los Cursillos de Cristiandad insistieron en la renovaci\u00f3n de la conciencia del propio bautismo. Todos los diversos itinerarios catecumenales de hoy, entre ellos de una manera especial las comunidades neocatecumenales, fundadas por Kiko Arg\u00fcello, han hecho una opci\u00f3n \u00abtotalizante\u00bb de este programa de la iglesia antigua. El movimiento carism\u00e1tico, de renovaci\u00f3n en el Esp\u00ed\u00adritu, acent\u00faa junto con el bautismo la conciencia del don pneum\u00e1tico de la iniciaci\u00f3n que ahora parece fructificar plenamente -desde una pneumatolog\u00ed\u00ada liberada y liberante- en los dones, los frutos, los compromisos de este \u00abPentecost\u00e9s\u00bb del cristiano que es esencialmente el sacramento de la confirmaci\u00f3n. Con diversas acentuaciones, la conciencia de la iniciaci\u00f3n cristiana ha pasado al primeil puesto de la espiritualidad cristiana; aunque no haya desarrollado todav\u00ed\u00ada, toda su fuerza pastoral y testimonial, ele, otros grupos de espiritualidad y aposto4 lado y en la misma pastoral diocesanas de conjunto.<\/p>\n<p>3. UNIDAD Y RIQUEZA DE LA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA &#8211; El Vat. II ha consagrada decisivamente esta recuperaci\u00f3n de la\u00ed\u00ad iniciaci\u00f3n cristiana como elemento un\u00ed\u00ada tario esencial de la vida cristiana, de la diversidad de las vocaciones, de los posibles aspectos que pudieran determinar lo que llamamos \u00ablas espiritualidades\u00bb. El tono solemne, doctrinal, de la Lumen gentium ofrece estas bases. Et bautismo nos introduce en el misterios sacramento de la Iglesia, Cuerpo Mistico de Cristo (LG 7); bautismo y unci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu son el fundamento de la agregaci\u00f3n al Pueblo de Dios, con la plena participaci\u00f3n en la gracia y en la misi\u00f3n de Cristo y de la Iglesia (LG 9) y \u00abpor la regeneraci\u00f3n y la unci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb participan del sacerdocio real&#8217; de Cristo en su dimensi\u00f3n lit\u00fargica y existencial (LG 10). En un texto rico y sint\u00e9tico se expresa as\u00ed\u00ad la esencia de la iniciaci\u00f3n: \u00abLos fieles, incorporados a la Iglesia por el bautismo, quedan destinados por el car\u00e1cter al culto de la religi\u00f3n cristiana y, regenerados como hijos de Dios, est\u00e1n obligados a confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios mediante la Iglesia. Por el sacramento de la confirmaci\u00f3n se vinculan m\u00e1s estrechamente a la Iglesia, se enriquecen con una fuerza especial del Esp\u00ed\u00adritu Santo, y con ello quedan obligados m\u00e1s estrictamente a difundir y a defender la fe como verdaderos testigos de Cristo, con la palabra y con las obras\u00bb (LG 11). Aqu\u00ed\u00ad radica el fundamento, el modelo y la unidad de esa vocaci\u00f3n a la santidad, que es universal para todos los cristianos, abierta a una plenitud que se consigue por los diversos caminos que existen en la Iglesia (LG 39-41). La acentuaci\u00f3n de la unidad y el dinamismo tiene su cima en un hermoso texto conciliar que coloca el bautismo en el centro del ecumenismo: \u00abPor el sacramento del bautismo, debidamente administrado seg\u00fan la instituci\u00f3n del Se\u00f1or y recibido con la requerida disposici\u00f3n del alma, el hombre se incorpora realmente a Cristo crucificado y glorioso, y se regenera para el consorcio de la vida eterna seg\u00fan las palabras del ap\u00f3stol (cf Col 2,12)&#8230; El bautismo, por tanto, constituye un vinculo sacramental de unidad, vigente entre todos los que por \u00e9l han sido regenerados. Sin embargo, el bautismo, por s\u00ed\u00ad mismo, es s\u00f3lo un principio y un comienzo, porque todo \u00e9l tiende a conseguir la plenitud de la vida en Cristo. As\u00ed\u00ad pues, el bautismo se ordena a la profesi\u00f3n \u00ed\u00adntegra de la fe, a la plena incorporaci\u00f3n a la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n tal como Cristo en persona la estableci\u00f3 y, finalmente, a la \u00ed\u00adntegra incorporaci\u00f3n en la comuni\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica\u00bb (UR 22). S\u00f3lo a trav\u00e9s de los innumerables textos conciliares se puede recomponer el mosaico rico de detalles de la espiritualidad bautismal, de la que hemos querido subrayar ahora su unidad y su fuerza sacramental, con referencia a Cristo y a su Esp\u00ed\u00adritu, a la Iglesia.<\/p>\n<p>Es sintom\u00e1tico que sean siempre los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana, y no cualquier otro fundamento superficial. los que determinan el sentido de la espiritualidad y del apostolado de los seglares en la Iglesia con proyecci\u00f3n a la renovaci\u00f3n de la sociedad en la que viven inmersos (cf LG 31-33 y AA 3); asumiendo las esencias sacramentales de la iniciaci\u00f3n, el Vat. II ha desarrollado de una manera peculiar la proyecci\u00f3n de los seglares en el mundo mediante la participaci\u00f3n del triple oficio sacerdotal, real y prof\u00e9tico de Cristo (cf I,G 34-36). La misma vida religiosa est\u00e1 puesta bajo el signo de la iniciaci\u00f3n cristiana como terreno \u00fanico y fecundo en el que pueden desarrollarse los votos y pueden florecer los variados carismas (LG 44).<\/p>\n<p>La orientaci\u00f3n del concilio resulta de una gran importancia para la espiritualidad cristiana. Ante todo, ofrece un fundamento objetivo, sacramental, amplio como la riqueza misma de la iniciaci\u00f3n, \u00fanico como \u00fanica es la fundamental historia de la salvaci\u00f3n y la vocaci\u00f3n cristiana. De esta riqueza y universalidad, de esta unidad fundamental, brotan las dem\u00e1s espiritualidades, que tienen un ulterior fundamento sacramental -sacerdocio, matrimonio- en conexi\u00f3n y continuidad con el bautismo, o una opci\u00f3n peculiar -la vida religiosa- o una situaci\u00f3n global de vida -la espiritualidad laical-. A esta fuente sacramental hay que reducir finalmente cualquier otra espiritualidad resultante de la acentuaci\u00f3n de un aspecto ya esencialmente contenido en la riqueza gen\u00e9rica del bautismo cristiano; no hay espiritualidad espec\u00ed\u00adfica que no seasimplemente el cultivo, la s\u00ed\u00adntesis de alguno o algunos aspectos de la riqueza \u00abgen\u00e9rica\u00bb que existe en la iniciaci\u00f3n cristiana; esto vale tanto para las espiritualidades \u00abhist\u00f3ricas\u00bb de diversa denominaci\u00f3n (carmelitana, franciscana, ignaciana) como para las que resaltan alg\u00fan aspecto (oraci\u00f3n, acci\u00f3n, trabajo) o alguna categor\u00ed\u00ada de personas (j\u00f3venes, ancianos). Cuando se pone el acento sobre lo espec\u00ed\u00adfico sin reducirlo a lo gen\u00e9rico cristiano, se vuelca la pir\u00e1mide de los valores con peligro de destruir el equilibrio, acentuar el integralismo de algunas opciones, favorecer una conciencia de \u00ab\u00e9lite\u00bb, que est\u00e1 contra la unidad y la universalidad de la vida cristiana bautismal, descuidando quiz\u00e1 lo que enriquece y preserva al cristiano de cualquier tendencia sectaria en la espiritualidad eclesial. Nunca un hilillo de agua podr\u00e1 competir con la riqueza del r\u00ed\u00ado: sin embargo, todos los afluentes de la espiritualidad podr\u00e1n enriquecer la espiritualidad de la Iglesia, contenida esencialmente en la iniciaci\u00f3n cristiana y por ello, como vida de la Iglesia, capaz de enriquecerse con la experiencia progresiva del Esp\u00ed\u00adritu en las personas y en la historia. La vuelta a los or\u00ed\u00adgenes es siempre garant\u00ed\u00ada de salud objetiva en la espiritualidad de la Iglesia.<\/p>\n<p>En la iniciaci\u00f3n cristiana, finalmente, se recupera la unidad de la experiencia cristiana, desgarrada por las diversas divisiones doctrinales que el movimiento ecum\u00e9nico trata de recomponer. En el bautismo -por no hablar de la confirmaci\u00f3n, que permanece un problema ecum\u00e9nico por parte de los protestantes- las confesiones cristianas encuentran constantemente la amplitud de la espiritualidad cristiana y el est\u00ed\u00admulo para uno de sus objetivos y tareas fundamentales: vivir la unidad en Cristo y dar testimonio de ella ante el mundo. Hemos recogido el texto ecum\u00e9nico sobre el bautismo del Vat. II (UR 22); no podemos olvidar el recurso constante a este fundamento com\u00fan, hecho por todos los documentos de di\u00e1logo; el \u00faltimo de ellos el documento de \u00abFe y Constituci\u00f3n\u00bb sobre Bautismo, Eucarist\u00ed\u00ada y Ministerio (Lima 1982), que subraya fa unidad y la riqueza del sacramento de la fe y de la regeneraci\u00f3n en estas l\u00ed\u00adneas fundamentales: participaci\u00f3n en la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo; conversi\u00f3n, perd\u00f3n y purificaci\u00f3n; don del Esp\u00ed\u00adritu Santo; incorporaci\u00f3n al Cuerpo de Cristo; sello del reino\u00bb.<\/p>\n<p>II. Teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica de la iniciaci\u00f3n cristiana<br \/>\nLa necesaria premisa sobre la actualidad del tema nos lleva ahora a recoger en breve s\u00ed\u00adntesis los datos de la revelaci\u00f3n, manantial seguro e inagotable de la espiritualidad del bautismo y de la unci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. La riqueza de textos y de temas nos obligan a una opci\u00f3n metodol\u00f3gica y a una simple referencia a los contenidos sustanciales; en realidad, bautismo y confirmaci\u00f3n como participaci\u00f3n del misterio de Cristo y del Esp\u00ed\u00adritu en la Iglesia tienen una conexi\u00f3n con toda la doctrina del NT y engarzan, por las tipolog\u00ed\u00adas y las grandes \u00abmaravillas de Dios\u00bb de la historia de la salvaci\u00f3n, con todo el AT.<\/p>\n<p>1. EL BAUTISMO DE CRISTO EN EL ESP\u00ed\u008dRITU: SIN\u00ed\u201cPTICOS Y JUAN &#8211; El hecho constitutivo del bautismo cristiano se encuentra en el mandato expl\u00ed\u00adcito de Cristo: \u00abId, pues, y haced disc\u00ed\u00adpulos a todas las gentes, bautiz\u00e1ndolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Mt 28,20); \u00abId por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creaci\u00f3n. El que crea y sea bautizado se salvar\u00e1; el que no crea se condenar\u00e1\u00bb (Mc 16,16). En ambos mandatos la uni\u00f3n de la misi\u00f3n, de la predicaci\u00f3n y de la iniciaci\u00f3n, mediante el bautismo; en Mt la referencia a la econom\u00ed\u00ada trinitaria, en una f\u00f3rmula tard\u00ed\u00ada; en Mc la necesidad de la fe como premisa del rito del bautismo. Desde este mandato, la teolog\u00ed\u00ada de los sin\u00f3pticos se remonta al significado espec\u00ed\u00adfico de un rito, ya conocido por los jud\u00ed\u00ados y pros\u00e9litos, practicado por Juan, asumido por Jes\u00fas en un momento en que se descubre todo su poder mesi\u00e1nico y su naturaleza de Hijo de Dios (cf Mt 3,13-17; Mc 1,9-11; Lc 3,21-22; Jn 1,29-34); un hecho fundamental que proyecta luz sobre el rito al que se someter\u00e1n los cristianos, como imitaci\u00f3n del gesto y participaci\u00f3n en el misterio bautismal de Cristo; tanto m\u00e1s que desde este hecho Jes\u00fas proyecta prof\u00e9ticamente sobre sus disc\u00ed\u00adpulos la realidad misma en la que \u00e9l ha sido bautizado: el Esp\u00ed\u00adritu (Lc 3,16); una promesa repetida momentos antes de la Ascensi\u00f3n a los cielos (He 1,5). Por otra parte, el bautismo de Jes\u00fas, que prefigura el cumplimiento de su misi\u00f3n como Siervo de Yahv\u00e9, hace una referencia expl\u00ed\u00adcita al momento de la Pasi\u00f3n a trav\u00e9s de dos textos enigm\u00e1ticos de Lc 12,50 y Mc 10,38-39, en los que aparece la muerte como una inmersi\u00f3n bautismal: \u00abCon un bautismo tengo que ser bautizado y \u00c2\u00a1qu\u00e9 angustiado estoy hasta que se cumpla!\u00bb.<\/p>\n<p>Juan, el evangelista, completa la revelaci\u00f3n sin\u00f3ptica con una mayor insistencia en el bautismo del Esp\u00ed\u00adritu, cae una acentuaci\u00f3n del elemento simb\u00f3lica polivalente del agua; \u00abnacer del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, \u00abnacer de lo alto\u00bb, \u00abnacer de nuevo\u00bb, como se expresa Jes\u00fas en el coloquio con Nicodemo (cf Jn 3,1-21), indica primitivamente, m\u00e1s que el rito, la n\u00e9cesidad de una adhesi\u00f3n en la fe y una novedad que es fruto permanente del Esp\u00ed\u00adritu en todo su dinamismo; la lectura \u00abdel agua y del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Jn 3,5), probablemente tard\u00ed\u00ada, expresa la ritualizaci\u00f3n de ese nuevo nacimiento. Pero el don del Esp\u00ed\u00adritu -agua en abundancia- es promesa constante de Jes\u00fas (Jn 7,37-39), de cuyo seno manar\u00e1n torrentes de agua viva (seg\u00fan la moderna lectura del texto); promesa realizada simb\u00f3lica e inicialmente en el Calvario cuando del costado de Cristo brota sangre y agua (Jn 19,34). Juan alcanza aqu\u00ed\u00ad la teolog\u00ed\u00ada de los sin\u00f3pticos en las dos acentuaciones bautismales: la fe como condici\u00f3n de adhesi\u00f3n, el Esp\u00ed\u00adritu como autor y don del bautismo cristiano. En las cartas de Juan se hablar\u00e1 m\u00e1s bien de los efectos del bautismo en el Esp\u00ed\u00adritu: un nuevo nacimiento, una nueva vida de una semilla divina (cf 1 Jn 2,29; 3,9; 4,7 y passim) con consecuencias en el comportamiento moral del cristiano. Y, adem\u00e1s, se har\u00e1 alusi\u00f3n a la unci\u00f3n interior del Esp\u00ed\u00adritu, como capacidad sobrenatural de la fe, que penetra como una nueva sabidur\u00ed\u00ada, fruto de la Alianza nueva (cf 1 Jn 2,20-27).<\/p>\n<p>Con la l\u00f3gica aceptaci\u00f3n de la fe y el bautismo, el disc\u00ed\u00adpulo de Jes\u00fas entra, pues, en el misterio de su Evangelio anunciado y en la vida nueva del Reino prometido.<\/p>\n<p>2. EL BAUTISMO EN LA COMUNIDAD ECLESIAL &#8211; El mandato de Cristo de bautizar se inaugura solemnemente el d\u00ed\u00ada de Pentecost\u00e9s; la secuencia de momentos claves contenidos en el texto narrativo corresponde con precisi\u00f3n a una primitiva ritualizaci\u00f3n de la iniciaci\u00f3n cristiana: tras el anuncio del kerigma de Jes\u00fas, muerto y resucitado, que provoca la compunci\u00f3n del coraz\u00f3n de los oyentes, una pregunta y una respuesta: \u00ab\u00bfQu\u00e9 hemos de hacer, hermanos? Pedro les contest\u00f3: Convert\u00ed\u00ados y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisi\u00f3n de vuestros pecados; y recibir\u00e9is el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8230;\u00bb (He 2,37-38); precede el anuncio; siguen la llamada a la conversi\u00f3n, adhesi\u00f3n de fe a Cristo salvador, el bautismo en el nombre de Jes\u00fas con los efectos de la remisi\u00f3n de los pecados y el don del Esp\u00ed\u00adritu. La vida de la comunidad primitiva tanto en Judea como en la di\u00e1spora, como entre los gentiles, documenta ampliamente la misma secuencia de hechos en diversos bautismos personales y colectivos (He 8,12 y ss.; 8,38; 10,48; 16,15 y 33;1 8,8; 9,1-6). La f\u00f3rmula primitiva \u00aben el nombre de Jes\u00fas\u00bb indica el sentido espec\u00ed\u00adfico y mist\u00e9rico de una adhesi\u00f3n a Cristo como Se\u00f1or y Salvador. Se realiza en el seno de la comunidad eclesial, por mandato de los ap\u00f3stoles o por sus enviados. Todo se cumple en virtud del Esp\u00ed\u00adritu, que tal vez precede (He 10,44&#8230;), tal vez sigue a distancia la abluci\u00f3n bautismal. En dos lugares el don del Esp\u00ed\u00adritu se atribuye expl\u00ed\u00adcitamente al gesto de la imposici\u00f3n de las manos; en He 8,15-17, probablemente como gesto de plena comuni\u00f3n eclesial; en He 19,6 como signo, al parecer normal, de una ritualizaci\u00f3n de la iniciaci\u00f3n que completa el bautismo con una imposici\u00f3n de las manos, gesto conocido y practicado por los jud\u00ed\u00ados. En los Hechos se da m\u00e1s relieve a los acontecimientos en este caso que a los contenidos del bautismo cristiano, aunque no faltan los elementos principales.<\/p>\n<p>3. EL BAUTISMO EN PABLO: EXPERIENCIA, TEOLOG\u00ed\u008dA. PARENESIS &#8211; San Pablo habla de la iniciaci\u00f3n cristiana en todo el cuerpo de sus cartas de manera global. En \u00e9l prevalece la experiencia personal y singular de su conversi\u00f3n y de su bautismo, con los efectos de renovaci\u00f3n, iluminaci\u00f3n, plenitud del Esp\u00ed\u00adritu (cf He 9,17-19; 22,12-16; 26,16-18). Es la experiencia creciente de la nueva vida que lo habilita para exponer doctrinalmente el misterio inefable del bautismo cristiano; no satisface curiosidades a prop\u00f3sito de la ritualizaci\u00f3n, pero abre perspectivas inmensas acerca de lo que es el misterio del bautismo en Cristo, en el Esp\u00ed\u00adritu y en la Iglesia. Desde el punto de vista m\u00e1s cristoc\u00e9ntrico, hay que aludir al texto fundamental en Rom 6,1-11 con su pasaje central: \u00ab\u00bfO es que Ignor\u00e1is que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jes\u00fas, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con \u00e9l sepultados con el bautismo de la muerte, a fin de que al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n nosotros vivamos una vida nueva\u00bb (vv. 3-4); el bautismo es una comuni\u00f3n, inmersi\u00f3n, en el misterio de la muerte y de la resurrecci\u00f3n de Cristo, con efectos id\u00e9nticos a los prefigurados y adquiridos por el misterio de la muerte-resurrecci\u00f3n de Cristo: muerte del hombre viejo y del pecado. vida y resurrecci\u00f3n en Cristo. De este planteamiento fundamental se desprenden todas las conclusiones que Pablo propone en innumerables textos en sinton\u00ed\u00ada: vida en Cristo, en su muerte y en su nueva vida en el Esp\u00ed\u00adritu (cf G\u00e1l 2,19-21; 5,24-25; Col 3,1-4; Ef 2,4-8). De aqu\u00ed\u00ad surge la exhortaci\u00f3n a vivir seg\u00fan la \u00abiniciaci\u00f3n\u00bb recibida, tanto en sentido negativo -lucha contra el pecado (Rom 6,12-14)- como en el sentido positivo -revestirse de Cristo Jes\u00fas, de sus obras y sentimientos (Ef 4,17-32)-. En otros textos Pablo pone claramente el bautismo en conexi\u00f3n con la acci\u00f3n y el don del Esp\u00ed\u00adritu, en quien somos bautizados (1 Cor 12,13); objetiva su actuaci\u00f3n con palabras simb\u00f3licas: unci\u00f3n que consagra, sello que marca, prenda que se nos entrega (2 Cor 1,21-22 y Ef 1,13-14; 4,30); o llama al bautismo ba\u00f1o de regeneraci\u00f3n y de renovaci\u00f3n en el Esp\u00ed\u00adritu Santo (Tit 3,5-7). Est\u00e1 claro que las alusiones impl\u00ed\u00adcitas a la iniciaci\u00f3n se hallan all\u00ed\u00ad donde se habla de los maravillosos efectos de la vida cristiana como filiaci\u00f3n divina y don del Esp\u00ed\u00adritu (cf G\u00e1l 4,6; Rom 8,14-17; Ef 2,4-8&#8230;). Finalmente, la perspectiva eclesial del bautismo en las dos met\u00e1foras caracter\u00ed\u00adsticas de Pablo -el cuerpo y la esposa- est\u00e1 bien clara en 1 Cor 12,13 y Ef 4,4-5 (un solo cuerpo y un solo bautismo) y tiene una hermosa dimensi\u00f3n m\u00ed\u00adstica en Ef 5,25-27 cuando se refiere al ba\u00f1o nupcial de la esposa (cf 1 Cor 6,11).<\/p>\n<p>4. PERSPECTIVAS COMPLEMENTARIAS &#8211; En otros escritos apost\u00f3licos tard\u00ed\u00ados encontramos puntos de referencia que, si no enriquecen cuanto Pablo y los evangelistas nos han propuesto, en parte lo confirman. As\u00ed\u00ad, la primera carta de Pedro -de evidente sabor bautismal, sin llegar a afirmar que describa una primitiva liturgia de iniciaci\u00f3n o una homil\u00ed\u00ada bautismal- engarza con los temas tradicionales de la vida nueva, del pueblo nuevo, con una invitaci\u00f3n a una conducta digna del nombre cristiano (cf 1 Pe 1-2; 3,18-22; 4,1-19). El autor de la Carta a los Hebreos recuerda la doctrina del bautismo y de la imposici\u00f3n de las manos en un texto que podr\u00ed\u00ada aludir a los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana: \u00abiluminaci\u00f3n\u00bb bautismal, alimento de la palabra y de la eucarist\u00ed\u00ada, participaci\u00f3n del don del Esp\u00ed\u00adritu (He 6,2-4); el bautismo se presenta como purificaci\u00f3n interior e iluminaci\u00f3n (Heb 10,22.32).<\/p>\n<p>Esta simple enumeraci\u00f3n de las alusiones m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitas al bautismo cristiano nos permite afirmar que constituye como la infraestructura mist\u00e9rica de toda la revelaci\u00f3n del NT. Se afirma claramente la inmersi\u00f3n del cristiano en toda la econom\u00ed\u00ada o misterio de Cristo y de su Esp\u00ed\u00adritu, en la Iglesia, con proyecci\u00f3n de conducta moral y exigencias de vida comunitaria; todo desemboca en una vida en Cristo o una existencia seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu, como forma concreta de vivir la iniciaci\u00f3n cristiana. Parece prematuro pedir a los textos neotestamentarios, al menos como hoy los ven la mayor\u00ed\u00ada de los exegetas, una neta distinci\u00f3n ritual entre el bautismo y la confirmaci\u00f3n.<\/p>\n<p>III. Teolog\u00ed\u00ada mistag\u00f3gica de la iniciaci\u00f3n cristiana<br \/>\nNo se puede evocar la iniciaci\u00f3n cristiana sin aludir a la opulenta teolog\u00ed\u00ada que los primeros siglos han acumulado sobre ella, con un maximalismo b\u00ed\u00adblico, lit\u00fargico y teol\u00f3gico que est\u00e1 muy lejos de las reducciones posteriores a un problema de materia y de forma, de efectos y de obligaciones morales. Se trata de una teolog\u00ed\u00ada mistag\u00f3gica no s\u00f3lo porque se dedica a iniciar en los misterios o explicarlos despu\u00e9s de haberlos experimentado -como en el caso de las catequesis jerosolimitanas de Cirilo-, sino porque constituye una atenta, minuciosa, a veces compleja, explicaci\u00f3n de cada palabra y gesto; la Biblia con sus textos y alusiones, la liturgia con el simbolismo de sus ritos ofrecen innumerables pistas para esta teolog\u00ed\u00ada mistag\u00f3gica. En parte se puede decir que la liturgia postconciliar, tanto en el bautismo de ni\u00f1os y en la confirmaci\u00f3n como en el rito continuo de la iniciaci\u00f3n cristiana de los adultos, ha conservado lo esencial de la liturgia primitiva, con ritos y palabras que todav\u00ed\u00ada hoy merecer\u00ed\u00adan una adecuada \u00abmistagogia\u00bb q desvele los contenidos que se comutda; can y los compromisos que se ad; quieren.<\/p>\n<p>1. LOS CAMINOS DE LA MISTAGOGIA PATR\u00ed\u008dSTICA &#8211; Desde los primitivos bautismos judeo-cristianos, evocados por los trabajos de J. Dani\u00e9lou, confirmados por las investigaciones arqueol\u00f3gicas de B. Bagatti, cantados en fragmentos por las Odas de Salom\u00f3n, hasta la prolija ordenaci\u00f3n de los ritos bautismaleei del Ordo Romanus XI, la iniciaci\u00f3n cristiana constituye un aut\u00e9ntico microcosmos de lugares teol\u00f3gicos que desarrollan en abundancia tipolog\u00ed\u00adas biblicas, contenidos doctrinales, exigencias morales, experiencias espirituales, hasta una aut\u00e9ntica \u00abm\u00ed\u00adstica mist\u00e9rica\u00bb del bautismo y de la unci\u00f3n. Aqu\u00ed\u00ad s\u00f3lo podemos referirnos a los caminos de la mistagogia tal como la encontramos expresada en los comentarios de los Padres: catequesis, homil\u00ed\u00adas, tratados.<\/p>\n<p>Ocupa el primer lugar la v\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica: con un an\u00e1lisis exhaustivo de los textos, expl\u00ed\u00adcitos alusivos a la iniciaci\u00f3n y a sus, efectos; pero se remonta, con el m\u00e9todo tipol\u00f3gico de los Padres, inspirado por la misma tradici\u00f3n neotestamentaria, a una b\u00fasqueda de todas las tipolog\u00ed\u00adas y s\u00ed\u00admbolos del Antiguo y del NT. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, se teje la tipolog\u00ed\u00ada del agua al trav\u00e9s de los libros sagrados (como todav\u00ed\u00ada hoy se hace en la oraci\u00f3n de la bendici\u00f3n de la fuente bautismal): la creaci\u00f3n primordial y el diluvio, el paso del mar Rojo y la peregrinaci\u00f3n por el desierto, las aguas de Mar\u00e1 y la fuente de la roca viva, el paso del Jord\u00e1n, el ciclo milagroso de El\u00ed\u00adas y Eliseo en este r\u00ed\u00ado, donde se ba\u00f1a y se cura Naam\u00e1n el sirio. Se juega con el tema del \u00e1rbol de la vida y del retorno al para\u00ed\u00adso. Se cumplen en el bautizado los suspiros por el agua viva, o las prefiguraciones sacramentales del Salmo 22, o de las aguas limpias y purificadoras, prometidas por los profetas. Todo el evangelio de Juan, con su car\u00e1cter \u00abacu\u00e1tico\u00bb, es evocador de las realidades bautismales: de Can\u00e1 de Galilea al Cen\u00e1culo, donde Jes\u00fas lava los pies, del paral\u00ed\u00adtico de Betsaida al ciego de nacimiento, de la Samaritana a la promesa de los r\u00ed\u00ados de agua viva, de la efusi\u00f3n de sangre y agua en la cruz a la pesca milagrosa en el lago de Tiber\u00ed\u00adades.<\/p>\n<p>Otra v\u00ed\u00ada preferida es la explicaci\u00f3n simb\u00f3lica, a veces hasta el exceso, de cada uno de los gestos de la liturgia de la iniciaci\u00f3n -en la que se han acumulado ritos de diversa procedencia-. As\u00ed\u00ad,  por ejemplo: la entrada en el baptisterio se interpreta como un retorno al para\u00ed\u00adso; la renuncia a Satan\u00e1s, vuelto hacia Occidente, y la adhesi\u00f3n a Cristo, mirando a Oriente, como un paso del reino de las tinieblas al de la luz; la deposici\u00f3n del vestido como el despojarse del viejo Ad\u00e1n y sus obras; la unci\u00f3n prebautismal como el fortalecimiento del atleta de Cristo, que tiene que luchar en la piscina bautismal contra el drag\u00f3n; la inmersi\u00f3n en el agua como la sepultura y la resurrecci\u00f3n, la introducci\u00f3n en una tumba sepulcral, que es a la vez seno materno; bajar las gradas del baptisterio y volverlas a subir como una k\u00e9nosis y una ascensi\u00f3n, semejantes al vaciamiento de Cristo y a su bajada hasta el lugar de los muertos para resucitar victorioso; la unci\u00f3n postbautismal como el perfume que sigue al ba\u00f1o, con la unci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu; la signaci\u00f3n con la cruz como la marca de posesi\u00f3n; la vestidura blanca y, como en algunos ritos orientales se hace, la corona que se impone, significan el revestirse de Cristo, el sentido nupcial y real del bautismo cristiano; la imposici\u00f3n de las manos como transmisi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu; el beso de paz como acogida gozosa en la comunidad de la Iglesia, igual que se hace en familia con un reci\u00e9n nacido; la primera celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica con el ofrecimiento de los dones canta la nueva vida de los bautizados entronizados en el pueblo sacerdotal; la comuni\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica a la que se a\u00f1ade un c\u00e1liz con leche y miel, como la entrada definitiva en la tierra prometida. Todo ello no tiene simplemente el sentido de una experiencia gratificante que se agota en la celebraci\u00f3n misma; proyecta en la \u00abpar\u00e9nesis\u00bb de los Padres precisos compromisos de vida.<\/p>\n<p>Otro camino recorrido por los catequistas antiguos es la explicaci\u00f3n exhaustiva de los diversos nombres del bautismo, tanto en su origen b\u00ed\u00adblico como en su derivaci\u00f3n lit\u00fargica, como hemos podido apreciar en el texto citado de Gregorio Nacianceno, y como hac\u00ed\u00ada todav\u00ed\u00ada Nicol\u00e1s Cabasilas en el s. xiv \u00ab. Se profundiza en el sentido de las palabras b\u00ed\u00adblicas: bautismo (inmersi\u00f3n), purificaci\u00f3n, regeneraci\u00f3n, renovaci\u00f3n, \u00abcatarsis\u00bb, iluminaci\u00f3n, unci\u00f3n, sello, prenda o arras&#8230; De aqu\u00ed\u00ad se pasa al amplio comentario de los efectos que produce y de los compromisos que se asumen. Los Padres establecen una l\u00f3gica continuidad entre esencia y existencia, entre ser cristiano y vivir como cristiano. La literatura patr\u00ed\u00adstica ofrece jugosas catequesis mistag\u00f3gicas tanto en Oriente como en Occidente, donde los excesos, si los hay, no son fruto de un nominalismo o de hojarasca barroca, sino de una profunda fe, de una lectura sapiencial de la Escritura, de una emocionada y vibrante experiencia cristiana llevada, sin romanticismo, hasta el martirio si es necesario.<\/p>\n<p>2. Los CONTENIDOS DE LA LITURGIA ACTUAL &#8211; Una s\u00ed\u00adntesis doctrinal de la iniciaci\u00f3n cristiana la ofrece la liturgia renovada tanto en las premisas a los ritos como en las palabras y los gestos lit\u00fargicos. La Iglesia ha recuperado en los textos actuales la quintaesencia de la tradici\u00f3n de los primeros siglos. A esta liturgia nos acercamos para obtener una apretada s\u00ed\u00adntesis doctrinal.<\/p>\n<p>a) El bautismo cristiano. Toda la teolog\u00ed\u00ada del bautismo se puede resumir en una serie de nombres consagrados por la tradici\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Sacramento de la fe. En el centro de la celebraci\u00f3n bautismal tenemos la profesi\u00f3n de fe, requisito esencial seg\u00fan el precepto del Se\u00f1or (Mc 16,16); en este misterio se subraya que la fe es un don de Dios y un compromiso permanente, una conversi\u00f3n para entrar definitivamente en una historia de salvaci\u00f3n, que supone la escucha constante de la palabra, una opci\u00f3n definitiva para llevar la fe a una profesi\u00f3n y a una dilataci\u00f3n con las palabras y las obras. En el bautismo de los ni\u00f1os el sacramento de la fe tiene una primera referencia a la fe de la Iglesia entera, representada por la comunidad eclesial y por los padres y padrinos del bautizado, con el consiguiente compromiso de educaci\u00f3n del bautizado en la fe en el momento oportuno. En el bautismo de los adultos la profesi\u00f3n bautismal es la cima de ese camino de fe recorrido a trav\u00e9s del catecumenado. En cualquier hip\u00f3tesis, el bautismo inaugura un camino de fe en la Iglesia en el sentido positivo que le daban los Padres y todav\u00ed\u00ada hoy le da la Iglesia oriental a la profesi\u00f3n de fe -contrapuesta a la renuncia a Satan\u00e1s-; es decir, como una adhesi\u00f3n vital a Cristo.<\/p>\n<p>Iluminaci\u00f3n. Es el aspecto positivo de la fe, subrayado por la tradici\u00f3n antigua y hoy presente con el rito del cirio encendido que se entrega al bautizado o a sus padrinos. La fe es conocimiento del misterio, capacidad de penetraci\u00f3n en la intimidad de Dios; es luz para la mente y purificaci\u00f3n para el coraz\u00f3n. Pablo escribe citando un antiguo himno cristiano: \u00abDespierta, t\u00fa que duermes; y lev\u00e1ntate de entre los muertos, y te iluminar\u00e1 Cristo\u00bb (Ef 5,14); Clemente Alejandrino nos ha conservado la continuaci\u00f3n de esta pieza: \u00abPorque el Se\u00f1or es la luz de la resurrecci\u00f3n, engendrado antes del lucero de la ma\u00f1ana, con sus rayos nos otorga la vida\u00bb&#8217;. El cristiano es un \u00abiluminado\u00bb, un \u00abiniciado\u00bb en los misterios, cuyo conocimiento puede penetrar cada vez m\u00e1s en esta vida por la contemplaci\u00f3n y la experiencia espiritual, hasta la luz sin ocaso de la gloria.<\/p>\n<p>Nuevo nacimiento. El simbolismo de las aguas bautismales, la gracia de la nueva vida en Cristo, el don filial del Esp\u00ed\u00adritu, que habilita para decir \u00abAbb\u00e1. Padre\u00bb, resaltan el don de la regeneraci\u00f3n, una nueva vida de la muerte del pecado, afirmada con claridad en los exorcismos; pero vida en abundancia, de la semilla de Dios, del agua y del Esp\u00ed\u00adritu con la plenitud del ser hijos de Dios. Vida plena pero en germen, destinada a crecer indefinidamente, a madurar con la experiencia, hasta la vida eterna, de la que el bautismo es semilla y prenda.<\/p>\n<p>Participaci\u00f3n en el misterio pascual. La regeneraci\u00f3n bautismal es fruto y evocaci\u00f3n del misterio de la muerte y de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas; una inmersi\u00f3n en este misterio marca definitivamente al bautizado como un disc\u00ed\u00adpulo que acepta en la fe y en la vida repetir con el bautismo un gesto de adhesi\u00f3n vital a Cristo Crucificado y Resucitado como Se\u00f1or de su destino; y a la vez empieza una historia, marcada por el \u00abdestino\u00bb de la cruz gloriosa, por el misterio pascual como \u00abiniciaci\u00f3n fundamental\u00bb de su existencia, que se desarrollar\u00e1 siempre como una \u00abpascua\u00bb, un \u00abmorir y resucitar\u00bb constantemente y conscientemente, hasta la \u00faltima pascua -morir para vivir definitivamente-en la muerte corporal.<\/p>\n<p>Incorporaci\u00f3n a la Iglesia. El bautismo en la fe de la Iglesia tiene m\u00faltiples referencias al misterio del Cuerpo del Se\u00f1or. La Iglesia es la madre fecunda; la fuente bautismal su seno materno, fecundado por el Esp\u00ed\u00adritu. La unci\u00f3n posbautismal con el crisma pone de relieve la incorporaci\u00f3n del ne\u00f3fito al Cuerpo de Cristo como participaci\u00f3n ensu triple oficio real, prof\u00e9tico y sacerdotal. El cristiano entra a formar parte de una familia, acogido por el beso de paz de los cristianos, y est\u00e1 llamado a vivir consciente y activamente su inserci\u00f3n en la vida e historia del Pueblo de Dios.<\/p>\n<p>b) La confirmaci\u00f3n. La unci\u00f3n posbautismal del bautismo de los adultos que confiere la confirmaci\u00f3n y el rito mismo de la confirmaci\u00f3n con sus premisas doctrinales, ofrecen una clara teolog\u00ed\u00ada de este segundo sacramento de la iniciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Don del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Con toda claridad se afirma que el bautismo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo tiene en la confirmaci\u00f3n la ritualizaci\u00f3n del don pentecostal de este mismo Esp\u00ed\u00adritu. Lo indica la nueva f\u00f3rmula sacramental, inspirada en la oriental: \u00abRecibe por esta se\u00f1al el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb. Y lo subraya, desde siempre, el gesto de la imposici\u00f3n de las manos en Occidente y la unci\u00f3n con el crisma en Oriente. Hoy el gesto de la imposici\u00f3n de las manos ha sido integrado en la unci\u00f3n con el crisma, que conserva como s\u00ed\u00admbolo sacramental toda la polivalente evocaci\u00f3n de significados: crisma-unci\u00f3n, crisma-perfume, crisma-sello; por lo tanto, consagraci\u00f3n interior, a imitaci\u00f3n de Cristo, marca de posesi\u00f3n indeleble para la vida eterna, perfume de las buenas obras en el testimonio.<\/p>\n<p>Para la edificaci\u00f3n de la Iglesia. El sentido pleno de la unci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu es la participaci\u00f3n plena en todo el misterio y ministerio del Esp\u00ed\u00adritu, con la doble perspectiva del bautismo de Jes\u00fas, momento de su consagraci\u00f3n mesi\u00e1nica para la misi\u00f3n evangelizadora, y la evocaci\u00f3n sacramental del d\u00ed\u00ada de Pentecost\u00e9s, como aparece en algunos textos del rito actual. Confirmaci\u00f3n como \u00abpentecost\u00e9s del bautizado\u00bb; plenitud del misterio pascual en su efusi\u00f3n y manifestaci\u00f3n para la consagraci\u00f3n del Cuerpo de Cristo y para la continuaci\u00f3n de su misi\u00f3n en la historia de la humanidad. Por este sacramento el bautizado entra en la misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, recibe sus dones y en \u00e9l, que es el Don por excelencia, queda habilitado para los servicios, carismas y misiones que se le pueden asignar en la Iglesia; inserci\u00f3n consciente, vinculaci\u00f3n m\u00e1s estrecha, colaboraci\u00f3n m\u00e1s generosa para defender y difundir el mensaje, para experimentarlo en la profundidad del Esp\u00ed\u00adritu y testimoniarlo con su audacia.<\/p>\n<p>IV. Problemas teol\u00f3gicos y pastorales<br \/>\nLa iniciaci\u00f3n cristiana no est\u00e1 exenta de problemas teol\u00f3gicos y pastorales, que aqu\u00ed\u00ad no podemos menos de recordar. sin caer en evidente omisi\u00f3n, aunque s\u00f3lo sea de manera sint\u00e9tica.<\/p>\n<p>1. PROBLEMAS TEOL\u00ed\u201cGICOS &#8211; Son dos los temas salientes de una cierta problem\u00e1tica teol\u00f3gica en torno a la iniciaci\u00f3n cristiana: el bautismo de los ni\u00f1os y la clara distinci\u00f3n entre el sacramento del bautismo y de la confirmaci\u00f3n. En realidad. no son problemas de orden dogm\u00e1tico, pues para la Iglesia cat\u00f3lica no existe duda alguna al respecto y tanto la legitimidad del bautismo de los ni\u00f1os como la clara distinci\u00f3n del bautismo y de la confirmaci\u00f3n pertenecen al dogma.<\/p>\n<p>a) El bautismo de los ni\u00f1os. Desde la antig\u00fcedad, por una tradici\u00f3n apost\u00f3lica. como afirma Or\u00ed\u00adgenes, la Iglesia ha bautizado a los ni\u00f1os desde la m\u00e1s tierna edad y lo ha hecho no por el simple motivo de la remisi\u00f3n del pecado original, sino por el deseo de ofrecerle la plenitud de la salvaci\u00f3n en Cristo. San Agust\u00ed\u00adn, en la carta a Bonifacio, ha dado un fundamento decisivo a esta praxis de la Iglesia al afirmar que los ni\u00f1os, aunque no puedan hacer un acto de fe, son bautizados en la fe de la Iglesia y asumir\u00e1n en el momento oportuno todas las responsabilidades de esta fe profesada. Lutero, a pesar del planteamiento de la sacramentalidad en t\u00e9rminos de fe fiducial, no neg\u00f3 la legitimidad de este bautismo, como no lo hicieron los otros reformadores; s\u00f3lo la voz discordante de Tom\u00e1s M\u00fcntzer con los anabaptistas se levant\u00f3 contra esta pr\u00e1ctica de la Iglesia, llevando en realidad hasta las \u00faltimas consecuencias las tesis de Lutero. A la posesi\u00f3n pac\u00ed\u00adfica de esta doctrina puso una grave hipoteca K. Barth con sus tesis sobre la inutilidad del bautismo de los ni\u00f1os por la impotencia para proferir un acto de fe, \u00fanico verdadero elemento de la justificaci\u00f3n que Dios ofrece y el hombre acepta cuando a \u00e9l se entrega. Desde 1942, cuando Barth lanz\u00f3 su tesis, sus posiciones han influenciado las iglesias cristianas, incluida la cat\u00f3lica; no han faltado reacciones negativas dentro del \u00e1rea protestante que han reafirmado a nivel b\u00ed\u00adblico, patr\u00ed\u00adstico y teol\u00f3gico la posici\u00f3n tradicional; baste pensar en las opiniones de O. Cullmann y J. Jeremias. La \u00absospecha\u00bb barthiana ha abierto brechas en la pastoral con excesivas simpat\u00ed\u00adas hacia el bautismo de adultos y criticas excesivas hacia el bautismo de los ni\u00f1os. Tras varios lustros de incertidumbre pastoral en algunos sectores de la Iglesia cat\u00f3lica, un documento de la Santa Sede, la Instrucci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la fe sobre el bautismo de los ni\u00f1os (1980)\u00bb, da cumplida respuesta a temores y objeciones. La opci\u00f3n de la Iglesia quiere salvaguardar el principio tradicional del bautismo de los ni\u00f1os y la garant\u00ed\u00ada de su educaci\u00f3n religiosa para dar al bautismo la plenitud sacramental que exige la fe personal. En todo caso, la Iglesia opta por un maximalismo, favoreciendo, con una buena garant\u00ed\u00ada inicial, el hecho de bautizar a los ni\u00f1os, incluso en el caso de que sus padres no sean creyentes, ya que en el caso de familias cristianas se da por descontado el deseo de instruir a los ni\u00f1os en la fe bautismal. Para los cat\u00f3licos no debiera existir en este caso un problema teol\u00f3gico, aunque queden abiertos graves problemas pastorales para responsabilizar a padres y padrinos y garantizar la armoniosa educaci\u00f3n en la fe.<\/p>\n<p>b) La relaci\u00f3n entre bautismo y confirmaci\u00f3n. Sobre el sacramento de la confirmaci\u00f3n ha pesado desde el s. xvi su negaci\u00f3n como \u00absacramento in\u00fatil\u00bb por parte de los protestantes; una reciente pol\u00e9mica en campo anglicano ha hecho recrudecer el problema, suscitando de rechazo un inmenso inter\u00e9s por este sacramento desde el punto de vista b\u00ed\u00adblico, lit\u00fargico, teol\u00f3gico y pastoral. El dilema propuesto por el anglicano G. Dix hoy nos parece excesivamente reductivo: o el bautismo confiere el Esp\u00ed\u00adritu Santo y entonces la confirmaci\u00f3n est\u00e1 de sobra, o da s\u00f3lo la remisi\u00f3n de los pecados y la confirmaci\u00f3n confiere el don del Esp\u00ed\u00adritu. La Iglesia cat\u00f3lica, con el nuevo rito de la confirmaci\u00f3n, ha hecho opciones precisas respecto a m\u00faltiples aspectos del sacramento, al menos por cuanto se refiere al futuro, dejando a la historia compleja del sacramento un saldo de cuestiones oscuras. De hecho ha optado por una nueva f\u00f3rmula sacramental que pone de relieve el don del Esp\u00ed\u00adritu; ha elegido la unci\u00f3n con la imposici\u00f3n de las manos en un \u00fanico gesto como materia del sacramento, no obstante la ambig\u00fcedad lit\u00fargica de tal imposici\u00f3n de manos; ha vuelto a la afirmaci\u00f3n del obispo como ministro originario del sacramento, como consagrador del crisma, aunque pueda delegar su administraci\u00f3n a quienes no son obispos, de manera normal en la iniciaci\u00f3n cristiana de los adultos. Ha se\u00f1alado la edad de la confirmaci\u00f3n, seg\u00fan la regla tradicional de los \u00faltimos siglos, en torno al uso de raz\u00f3n, dejando a las Conferencias Episcopales la decisi\u00f3n sobre la oportunidad de postergarla. Sin entrar de lleno en una discusi\u00f3n teol\u00f3gica sobre el sentido espec\u00ed\u00adfico de la gracia de la confirmaci\u00f3n, relacionada con el bautismo, ha afirmado claramente su vinculaci\u00f3n al hecho de Pentecost\u00e9s y a la econom\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu Santo para el crecimiento de la Iglesia. No puede quedar encerrada en un dilema la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, que en la historia de la salvaci\u00f3n, en Cristo y en la Iglesia es progresiva, reiterativa, novedosa. Si el bautismo es obra del Esp\u00ed\u00adritu, la confirmaci\u00f3n supone una ulterior caracter\u00ed\u00adstica efusi\u00f3n del Par\u00e1clito. Entre los dos sacramentos se puede establecer una cierta analog\u00ed\u00ada a nivel cristol\u00f3gico: la encarnaci\u00f3n por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo, el bautismo en el Jord\u00e1n con la consagraci\u00f3n mesi\u00e1nica por medio del Esp\u00ed\u00adritu; y un parecido a nivel eclesiol\u00f3gico entre el nacimiento de la Iglesia en el Calvario y su manifestaci\u00f3n plena en Pentecost\u00e9s. Bautismo y confirmaci\u00f3n confieren el misterio pascual en plenitud, manifestado en el don pentecostal del Esp\u00ed\u00adritu. En la iniciaci\u00f3n cristiana de los adultos la sucesi\u00f3n de los ritos sigue el orden unitario de la antig\u00fcedad cristiana, conservado todav\u00ed\u00ada hoy en las iglesias orientales en el bautismo de los ni\u00f1os. La separaci\u00f3n ritual de la confirmaci\u00f3n -surgida en Occidente al reservar a los obispos la imposici\u00f3n de las manos para el don del Esp\u00ed\u00adritu- retrasa en el tiempo el acontecimiento pentecostal. En este hecho hay un cierto inconveniente teol\u00f3gico por una excesiva separaci\u00f3n temporal de los dos sacramentos, y con frecuencia por una il\u00f3gica anticipaci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada antes de que se haya recibido la confirmaci\u00f3n, con una evidente ruptura del nexo tradicional de los tres sacramentos: bautismo, confirmaci\u00f3n, eucarist\u00ed\u00ada. A la ambig\u00fcedad teol\u00f3gica hace de contrapeso la oportunidad pastoral de retrasar la confirmaci\u00f3n a un momento oportuno de la evoluci\u00f3n en la que se pueda tomar mayor conciencia -mediante una adecuada preparaci\u00f3n catequ\u00e9tica y espiritual- del don bautismal recibido y de la gracia del Esp\u00ed\u00adritu que confiere la confirmaci\u00f3n como pentecost\u00e9s del cristiano. La opci\u00f3n de la Iglesia ha discurrido por estos cauces, dejando abiertas las puertas a una mayor profundizaci\u00f3n teol\u00f3gica y a una mejor disposici\u00f3n pastoral.<\/p>\n<p>2. DIMENSIONES PASTORALES &#8211; Como se ha podido apreciar, los dos problemas teol\u00f3gicos fundamentales de la iniciaci\u00f3n cristiana han sido remitidos a una pastoral eclesial, en la que juega un papel decisivo una palabra de la espiritualidad.<\/p>\n<p>En vez de hacer pesar sobre inocentes la problem\u00e1tica de los adultos, como tal vez han parecido ser las objeciones contra el bautismo de los ni\u00f1os, conviene que toda la responsabilidad recaiga sobre la comunidad eclesial. Una adecuada pastoral del bautismo de los ni\u00f1os requiere en primer lugar la formaci\u00f3n de comunidades cristianas responsables y maduras, conscientes de la gracia y responsabilidad de su bautismo, gozosas en la transmisi\u00f3n de la misma vida divina, preparadas para acoger en un clima de fe a los ni\u00f1os, que en el momento oportuno empezar\u00e1n a participar plenamente en la vida de la Iglesia. All\u00ed\u00ad donde las comunidades cristianas han logrado este camino de madurez en la fe, no hay objeciones de principio sobre la oportunidad del bautismo de los ni\u00f1os, asumido con lucidez y con orgullo. Baste pensar en las comunidades neocatecumenales o carism\u00e1ticas, que desde su misma experiencia, t\u00ed\u00adpicamente bautismal, y con motivaciones ciertamente no sospechosas de cristianismo sociol\u00f3gico, celebran con renovada belleza el bautismo de los ni\u00f1os y m\u00e1s tarde los integran activamente en la participaci\u00f3n lit\u00fargica y en la catequesis. Si citamos este caso es porque se trata con frecuencia de personas que han encontrado el sentido de la fe en la edad madura. No podemos compartir la opini\u00f3n, en este caso extremista, de J. J. von Allmenn, que preconiza una interrupci\u00f3n del bautismo de ni\u00f1os por parte de todas las iglesias como un signo de salud para el Pueblo de Dios. Si horroriza la hip\u00f3tesis de un mundo sin ni\u00f1os, debiera asustar la fria opci\u00f3n de una iglesia \u00abs\u00f3lo para adultos\u00bb. Mejor ser\u00ed\u00ada gastar las energ\u00ed\u00adas pastorales en la promoci\u00f3n pastoral de comunidades maduras sin cargar sobre los ni\u00f1os las culpas eventuales de los mayores. Y \u00e9sta es una tarea pastoral que encuentra en los movimientos eclesiales una respuesta convencida. All\u00ed\u00ad donde se preparan grupos cristianos que profundizan comunitariamente en la experiencia de la fe, se est\u00e1n preparando los ambientes de esa educaci\u00f3n cristiana que hoy ya no garantizan autom\u00e1ticamente ni la sociedad, ni la escuela, ni tal vez la familia; pero a la que no puede renunciar la comunidad cristiana, que en su tiempo asumi\u00f3 la tarea de hacer fructificar la gracia bautismal.<\/p>\n<p>An\u00e1logas consideraciones caben en torno al sacramento de la confirmaci\u00f3n. El problema central es el de la preparaci\u00f3n adecuada; desde diversas perspectivas, H. K\u00fcng y recientemente Y. Congar prefieren mantener el orden l\u00f3gico de la iniciaci\u00f3n cristiana, de manera que la confirmaci\u00f3n preceda a la primera comuni\u00f3n en los primeros a\u00f1os de la infancia, cuando se despierta el uso de raz\u00f3n y el ni\u00f1o es capaz de fuertes experiencias religiosas que lo marquen (FI. K\u00fcng); pero Congar observa que el ambiente apropiado ser\u00e1 el de una comunidad que vive la experiencia del Esp\u00ed\u00adritu y favorece as\u00ed\u00ad una plena conciencia del don recibido. Dada la opci\u00f3n flexible de la Iglesia, no conviene hipotecar con prejuicios teol\u00f3gicos una praxis que continuar\u00e1 siendo pluralista en cuanto a la edad. Sin embargo, es acertada la anotaci\u00f3n de Congar; una adecuada catequesis para la confirmaci\u00f3n no puede reducirse a una transmisi\u00f3n de nociones sobre el Esp\u00ed\u00adritu, sino que requiere una educaci\u00f3n a esta sensible docilidad al don de Pentecost\u00e9s, como se da hoy en algunas comunidades que han descubierto esta dimensi\u00f3n de la vida cristiana.<\/p>\n<p>Los problemas pastorales del bautismo y de la confirmaci\u00f3n se remiten de esta forma a una orientaci\u00f3n de espiritualidad, a una madurez comunitaria de la Iglesia, que prepara lugares de experiencia y de mistagogia para valorizar en el momento oportuno la preparaci\u00f3n a la iniciaci\u00f3n cristiana o a recuperar plenamente su dinamismo santificante.<\/p>\n<p>V. Perspectivas de espiritualidad<br \/>\nPodemos completar algunas consideraciones hechas al principio con una serie de anotaciones generales que conciernen directamente a la espiritualidad.<\/p>\n<p>1. TOTALIDAD Y DINAMISMO &#8211; Podemos sintetizar en dos consignas la espiritualidad de la iniciaci\u00f3n cristiana: \u00abVivir las virtualidades del bautismo\u00bb, \u00abvivir en virtud del bautismo\u00bb. La primera consigna acent\u00faa la totalidad de la vida cristiana; la segunda, su dinamismo hacia la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los fundafnentos b\u00ed\u00adblicos y la teolog\u00ed\u00ada mistag\u00f3gica de la iniciaci\u00f3n han evidenciado la riqueza sacramental del principio de la vida cristiana. Basta definir la iniciaci\u00f3n como una inserci\u00f3n en el misterio de Cristo y del Esp\u00ed\u00adritu para ponderar su fecundidad. En efecto, no hay realidad de la vida cristiana que no tenga su ra\u00ed\u00adz en la iniciaci\u00f3n, su fundamento objetivo en estos sacramentos pascuales: la oraci\u00f3n, el trabajo, el testimonio, la fraternidad, el sentido pascual del dolor y de la alegr\u00ed\u00ada, el martirio, la contemplaci\u00f3n, las virtudes teologales, el cristocentrismo, todo est\u00e1 contenido radicalmente en el bautismo y la confirmaci\u00f3n. Todo pertenece a una econom\u00ed\u00ada de gracia que deposita como en germen la multiforme riqueza de Cristo para ser llevada al pleno desarrollo humano y sobrenatural, en una madurez espiritual y en un esplendor de santidad testimonial.<\/p>\n<p>\u00abVivir en virtud del bautismo\u00bb recuerda el dinamismo creciente de la existencia cristiana. No hay que recordar la iniciaci\u00f3n como un acontecimiento que qued\u00f3 perdido en los recuerdos del pasado; la doctrina del car\u00e1cter sacramental actualiza providencialmente la conciencia de una realidad siempre presente, de un estado permanente; con la iniciaci\u00f3n cristiana coinciden en el cristiano el manantial y el arroyo, la inserci\u00f3n actualizada en Cristo y en el Esp\u00ed\u00adritu. Pero tambi\u00e9n resultar\u00ed\u00ada reductiva la visi\u00f3n de la iniciaci\u00f3n cristiana como la causa, el manantial de donde brota una vida; es el modelo, la causa ejemplar, por decirlo en terminolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica, de la vida cristiana. Bautismo y confirmaci\u00f3n como \u00abmimesis\u00bb, imitaci\u00f3n consciente y objetiva del misterio pascual y de la gracia de Pentecost\u00e9s, constituyen un modo de vivir, un modelo de existencia, un arquetipo sobrenatural de la experiencia del cristiano en dimensi\u00f3n personal y comunitaria. En cada momento de la vida, una actuaci\u00f3n de una dimensi\u00f3n cristiana recibida en la iniciaci\u00f3n; en cada situaci\u00f3n decisiva del crecimiento espiritual, una opci\u00f3n que recuerda la fidelidad a las promesas bautismales, una acogida del don sacramental del Esp\u00ed\u00adritu y con \u00e9l una actualizaci\u00f3n personal del misterio pascual.<\/p>\n<p>La riqueza espiritual de la iniciaci\u00f3n no tiene s\u00f3lo una dimensi\u00f3n \u00abad intra\u00bb -la experiencia sobrenatural del cristiano-; revierte necesariamente en una expansi\u00f3n que concuerda con la obra de Cristo y del Esp\u00ed\u00adritu. El trabajo y el testimonio, la renovaci\u00f3n de la sociedad, el influjo liberador de las estructuras mundanas, son dimensiones de la iniciaci\u00f3n, proyecciones de la pascua de Cristo y de la acci\u00f3n renovadora del Esp\u00ed\u00adritu. Desde la Iglesia, espacio vital de la iniciaci\u00f3n, el cristiano proyecta hacia la humanidad las energ\u00ed\u00adas renovadoras del Resucitado, la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu que hace nuevas todas las cosas. La plena transformaci\u00f3n del cristiano en un hombre nuevo y la comunidad cristiana en una sociedad nueva atestiguan la fuerza de la iniciaci\u00f3n y son gemido y profec\u00ed\u00ada de la renovaci\u00f3n c\u00f3smica que en el bautismo se anticipa para todos los cristianos. Hay en la perspectiva de la iniciaci\u00f3n la lenta gestaci\u00f3n de una \u00abpascua universal\u00bb, de un \u00abpentecost\u00e9s sobre el cosmos\u00bb, que cada cristiano anticipa y en los que colabora hasta que se cumpla el designio de Dios.<\/p>\n<p>2. ASCETICA Y M\u00ed\u008dSTICA EN PERSPECTIVA SACRAMENTAL &#8211; Las etapas cl\u00e1sicas de la vida espiritual -v\u00ed\u00ada purificativa, iluminativa, unitiva- evocan su matriz sacramental con el recuerdo expl\u00ed\u00adcito de la iniciaci\u00f3n cristiana. Hay que volver a plantear con precisi\u00f3n el influjo del bautismo en la ra\u00ed\u00adz misma de la teolog\u00ed\u00ada espiritual y de sus itinerarios, hasta la asc\u00e9tica y la m\u00ed\u00adstica. Con frecuencia se ha hecho teolog\u00ed\u00ada espiritual sin contar con la iniciaci\u00f3n cristiana, que es su base mist\u00e9rica, objetiva, total, din\u00e1mica. Todo el desarrollo de la vida cristiana hasta las cimas de su perfecci\u00f3n, todos los itinerarios espirituales reciben del contexto de la iniciaci\u00f3n claridad y equilibrio, ya sea que se proponga la cumbre de la santidad como martirio, contemplaci\u00f3n o experiencia m\u00ed\u00adstica, perfecci\u00f3n de la caridad o heroicidad de las virtudes. Todo est\u00e1 contenido en la gracia sacramental como un \u00e1rbol frondoso en su diminuta semilla. Los Padres lo han dicho; los grandes autores espirituales no lo han ignorado -como veremos m\u00e1s adelante-; la renovaci\u00f3n lit\u00fargica ha pedido justamente a la espiritualidad una mayor atenci\u00f3n a los datos sacramentales.<\/p>\n<p>La ascesis cristiana recobra todo su sentido positivo, liberador, pascual cuando se mide con la gracia de la conformaci\u00f3n con Cristo en su misterio pascual y en docilidad al Esp\u00ed\u00adritu para que lleve hasta lo m\u00e1s profundo del cristiano la renovaci\u00f3n que purifica e ilumina. Journet ha escrito que las purificaciones de la noche oscura est\u00e1n ya inscritas en la gracia bautismal; habr\u00ed\u00ada que a\u00f1adir que tienen su \u00abfuego vivo\u00bb en el don del Esp\u00ed\u00adritu de la confirmaci\u00f3n..<\/p>\n<p>La m\u00ed\u00adstica cristiana es esencialmente m\u00ed\u00adstica bautismal. Lo han afirmado los Padres -entre ellos san Juan Cris\u00f3stomo- cuando han hablado del bautismo como de la alianza nupcial de Dios con el cristiano; esta afirmaci\u00f3n llega hasta la m\u00ed\u00adstica de san Juan de la Cruz; el santo de Fontiveros establece una unidad sustancial entre el desposorio de Cristo con la Iglesia en la Cruz, en el bautismo con cada cristiano, en el matrimonio espiritual como culminaci\u00f3n de esa \u00abmisma gracia\u00bb que se va desarrollando al paso del hombre. Santa Teresa dej\u00f3 escrito que todas las almas est\u00e1n desposadas con Dios por medio del bautismo. La experiencia m\u00ed\u00adstica sobrenatural no es m\u00e1s que la conciencia de un desarrollo de los g\u00e9rmenes de la gracia bautismal como vida en Cristo y en su Esp\u00ed\u00adritu, plenitud del amor de Dios y del pr\u00f3jimo, esplendor de la fe y de la esperanza, inhabitaci\u00f3n trinitaria y configuraci\u00f3n con Cristo hasta la uni\u00f3n transformante. Las descripciones m\u00e1s audaces de los m\u00ed\u00adsticos cobran credibilidad cuando se las acerca al fundamento objetivo de la gracia bautismal, que a trav\u00e9s de la ascesis y de las purificaciones ha llegado a dar los mejores frutos.<\/p>\n<p>Hoy, sin embargo, habr\u00ed\u00ada que poner de relieve -y pocos lo hacen- la relaci\u00f3n especial entre la experiencia m\u00ed\u00adstica y el don sacramental del Esp\u00ed\u00adritu recibido en la confirmaci\u00f3n. Si la teolog\u00ed\u00ada m\u00ed\u00adstica m\u00e1s iluminada ha atribuido las sublimes experiencias de Dios al Esp\u00ed\u00adritu Santo y a sus dones, si una nueva fenomenolog\u00ed\u00ada sobrenatural -todav\u00ed\u00ada necesitada de discernimiento- parece renovar hoy los prodigios de Pentecost\u00e9s en la \u00abrenovaci\u00f3n carism\u00e1tica\u00bb, el estudio de la m\u00ed\u00adstica no puede olvidar la fuente de este Esp\u00ed\u00adritu. En la experiencia m\u00ed\u00adstica, como vivencia y testimonio, como plenitud de carismas y servicios en favor de la Iglesia, se puede reconocer el don pentecostal del Esp\u00ed\u00adritu. La misma fenomenolog\u00ed\u00ada m\u00ed\u00adstica tiene connotaciones evidentes con esas \u00abmaravillas de Dios\u00bb que son obras de su Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Desde los principios de la vida cristiana hasta sus cimas m\u00e1s altas todo est\u00e1 marcado por la gracia de la iniciaci\u00f3n. Bautismo y confirmaci\u00f3n culminan a nivel cristol\u00f3gico, pneumatol\u00f3gico y eclesial en la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada. En ella se renueva, crece y madura la comuni\u00f3n con Cristo y la vinculaci\u00f3n con el misterio y misi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>J. Castellano Cervera<br \/>\nBIBL.-AA. VV., El bautismo de los ni\u00f1os en ambientes descristianizados, Marova. Madrid 1968.-AA. VV., Crisis en las estructuras de iniciaci\u00f3n, en \u00abConcilium\u00bb, n. 142 (1979).-AA. VV., El sacramento del Esp\u00ed\u00adritu, PPC. Madrid 1976.-Aldaz\u00e1bal, J.-Roca, J, Confirmaci\u00f3n, CPL, Barcelona 1980.-Borobio, D, Confirmar hoy. De la teolog\u00ed\u00ada a la praxis, Descl\u00e9e, Bilbao 1978.-Borobio, D, Confirmar hoy. Gu\u00ed\u00ada doctrinal para el catequista, Descl\u00e9e. Bilbao 1978.-Borobio, D. Confirmar hoy. Libro del confirmado, Descl\u00e9e, Bilbao 1978.-Bourgeois, H, El futuro de la confirmaci\u00f3n, Marova, Madrid 1973.-Camelot. Th, El bautismo y la confirmaci\u00f3n en la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea, Herder, Barcelona 1961.-Camelot, Th, Espiritualidad del bautismo, Marova, Madrid 1963.-Cullmann. 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Unidad y car\u00e1cter org\u00e1nico de la iniciaci\u00f3n cristiana<br \/>\nLa expresi\u00f3n \u00abiniciaci\u00f3n cristiana\u00bb es de uso relativamente reciente. Se ha acudido a ella para expresar el car\u00e1cter unitario y org\u00e1nico de los tres sacramentos (bautismo, confirmaci\u00f3n, eucarist\u00ed\u00ada) mediante los cuales se va produciendo gradualmente el ingreso en la plenitud de la vida cristiana. Estos sacramentos, en efecto, no deben considerarse de manera aislada -como ha venido sucediendo durante mucho tiempo de acuerdo con una visi\u00f3n fuertemente reductora-, sino que constituyen m\u00e1s bien un unicum sacramental. Se los define como sacramentos de la iniciaci\u00f3n no s\u00f3lo por estar situados cronol\u00f3gicamente al inicio de la vida cristiana, sino sobre todo porque representan el momento ejemplar y t\u00ed\u00adpico del encuentro con Cristo en la Iglesia. Momento qu\u00e9, junto con una sincera b\u00fasqueda de fe por parte del sujeto receptor de los mismos, comporta la presencia de una comunidad eclesial capaz de acogerle y ayudarle a crecer en la escucha de la palabra, en la experiencia de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica y en el compromiso de caridad para con los hermanos.<\/p>\n<p>El uso de la categor\u00ed\u00ada de iniciaci\u00f3n sirve, adem\u00e1s, para recuperar una  antigua instituci\u00f3n pastoral de la Iglesia: el catecumenado, entendido como itinerario de comprensi\u00f3n del misterio cristiano y de participaci\u00f3n en la vida de la comunidad eclesial. Pero la fecundidad de esta categor\u00ed\u00ada la da sobre todo el hecho de que a trav\u00e9s de ella es posible captar con m\u00e1s profundidad la referencia esencial de este itinerario a la eucarist\u00ed\u00ada, sacramento que manifiesta plenamente c\u00f3mo la existencia cristiana tiene sus ra\u00ed\u00adces en la comuni\u00f3n en el misterio pascual del Se\u00f1or. Bautismo y confirmaci\u00f3n aparecen as\u00ed\u00ad como sacramentos de iniciaci\u00f3n a la eucarist\u00ed\u00ada, como una \u00abcondici\u00f3n\u00bb para acceder a ella, que es por definici\u00f3n el sacramento del misterio de Cristo y de la constituci\u00f3n de la Iglesia, La acci\u00f3n bautismal y el don del Esp\u00ed\u00adritu tienen, en efecto, origen en la voluntad de la Iglesia de extender a otros la comuni\u00f3n-misi\u00f3n con Cristo que ella celebra en la eucarist\u00ed\u00ada, contribuyendo de esta forma a su propio crecimiento. En calidad de sacramentos de iniciaci\u00f3n son gestos que interesan a la comunidad y de los que la comunidad se constituye en guardiana y garante.<\/p>\n<p>Este planteamiento, cristoc\u00e9ntrico y eclesiol\u00f3gico a la vez, favorece por un lado la superaci\u00f3n de una concepci\u00f3n estrecha, que durante mucho tiempo ha servido de base a la definici\u00f3n de la especificidad del bautismo y de la confirmaci\u00f3n -concepci\u00f3n que reduc\u00ed\u00ada el bautismo a sacramento necesario para la salvaci\u00f3n (de ah\u00ed\u00ad el angustioso problema de los ni\u00f1os muertos sin haberlo recibido) y la confirmaci\u00f3n a sacramento de robustecimiento de la fe-, y por otro permite la inserci\u00f3n vital de estos sacramentos en el camino de la madurez cristiana, que tiene como lugar privilegiado la vida de la Iglesia y como centro la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>En la introducci\u00f3n general al Rito de iniciaci\u00f3n cristiana de adultos, que es el texto m\u00e1s significativo para captar la nueva sensibilidad teol\u00f3gica y pastoral de la Iglesia al respecto, se lee lo siguiente: \u00abLos tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana est\u00e1n tan \u00ed\u00adntimamente unidos entre s\u00ed\u00ad, que llevan a los fieles a la madurez cristiana que les permite llevar a cabo en la Iglesia y en el mundo la misi\u00f3n propia del pueblo de Dios\u00bb (n. 2). Este mismo texto, tras recordar la unidad de los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana (nn. 1-2), subraya la relaci\u00f3n bautismo-fe (n. 3), la incorporaci\u00f3n absolutamente original a la Iglesia que el acontecimiento bautismal efect\u00faa (n. 4) y los dones del Esp\u00ed\u00adritu que el sacramento produce, como son la remisi\u00f3n del pecado de origen y la vida nueva que brota de la pascua del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Es evidente que estos datos constituyen otros tantos puntos de referencia en orden al desarrollo de una acci\u00f3n pastoral centrada en una correcta comprensi\u00f3n del itinerario de iniciaci\u00f3n, el cual comporta adem\u00e1s la apertura del cristiano a la experiencia de la oraci\u00f3n y al conocimiento de la palabra en profundidad, as\u00ed\u00ad como al testimonio de la caridad en la comunidad cristiana y en el mundo. Son muchos a este respecto los problemas que podr\u00ed\u00adan debatirse -pi\u00e9nsese sobre todo en la necesidad de criterios precisos para la celebraci\u00f3n del bautismo de los ni\u00f1os-; pero no es \u00e9ste el lugar para afrontarlos. Nuestro prop\u00f3sito aqu\u00ed\u00ad es s\u00f3lo explicar el significado de cada uno de los sacramentos de iniciaci\u00f3n en el marco de la visi\u00f3n unitaria mencionada, que tiene su momento culminante en la eucarist\u00ed\u00ada, con el fin de dejar claro que la iniciaci\u00f3n cristiana, revelando el progreso y m\u00faltiple intervenci\u00f3n de Cristo, estructura a los creyentes en la vida de comuni\u00f3n con el Se\u00f1or, habilit\u00e1ndoles para el ofrecimiento &#8212;espiritual\u00bb de la propia vida al Padre en beneficio de los hermanos.<\/p>\n<p>II. El camino sacramental de la vida cristiana<br \/>\nEl camino sacramental de la vida cristiana tiene su comienzo en el baut\u00ed\u00adsmo, su perfeccionamiento por medio del sacramento de la confirmaci\u00f3n y su culminaci\u00f3n en la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>1. EL BAUTISMO. El bautismo cristiano tiene su fundamento y su arquetipo en el bautismo de Cristo en el Jord\u00e1n (Miq 3:13-17; Mar 1:9-11; Luc 3:21-22; Jua 1:29-34); en \u00e9l hemos sido bautizados todos nosotros. Los evangelios nos ayudan a captar su profundo significado simb\u00f3lico. Tiene ante todo -y Jes\u00fas es plenamente consciente de ello- valor de cumplimiento de la historia de la salvaci\u00f3n (Mat 3:14-15). Las aguas sobre las que sopla el Esp\u00ed\u00adritu son el signo de la nueva creaci\u00f3n, mientras que el Jord\u00e1n, evocando el paso del pueblo elegido a trav\u00e9s del mar Rojo y la traves\u00ed\u00ada del mismo Jord\u00e1n por Josu\u00e9, anuncia la realizaci\u00f3n de la promesa de Dios, el nuevo y definitivo \u00e9xodo del pueblo redimido por Cristo.<\/p>\n<p>La consagraci\u00f3n de Jes\u00fas como \u00abpredilecto de Dios\u00bb recuerda la elecci\u00f3n-consagraci\u00f3n de Israel y establece al mismo tiempo una nueva consagraci\u00f3n del pueblo, \u00absigno\u00bb de la presencia y de la bendici\u00f3n de Dios a todas las naciones de la tierra. Las palabras pronunciadas por el Padre, que se inclina sobre el Hijo amado, y en las que resuenan las expectativas del AT (cf Sal 2:7 : un salmo de entronizaci\u00f3n del rey; Isa 42:1; Isa 61:1; Isa 63:1516; Isa 64:7), revelan el car\u00e1cter comunitario de la vocaci\u00f3n bautismal. El amor del Padre al Hijo -expresado por medio de la f\u00f3rmula nada habitual en la Biblia de ho yi\u00f3s, ho agapet\u00f3s (en el AT se encuentra \u00fanicamente en G\u00e9n 22:2.12.16, y en el NT se aplica s\u00f3lo a Cristo)- va dirigido por medio de \u00e9l a Israel y, m\u00e1s en general, a la Iglesia y a toda la humanidad. Jes\u00fas recibe el Esp\u00ed\u00adritu de Dios en orden al cumplimiento de su misi\u00f3n, que es misi\u00f3n de salvaci\u00f3n para todos los hombres. Al someterse al bautismo de Juan aun sin tener pecado (Mat 3:14), manifiesta su solidaridad con la humanidad pecadora Y pieanuncia que su realeza es la realeza de la cruz (Mar 10:38; Mar 12:50), es decir, del siervo obediente hasta la muerte (cf Isa 42:1).<\/p>\n<p>El bautismo de Jes\u00fas es, pues, el momento en el que \u00e9l acepta en plenitud su vocaci\u00f3n y es consagrado para el ejercicio de su misi\u00f3n. En ese bautismo llega a su cumplimiento la historia de la salvaci\u00f3n, porque mediante el \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb del nuevo Ad\u00e1n -un \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb que es expresi\u00f3n de humildad, de obediencia y de servicio- la humanidad ha sido hecha part\u00ed\u00adcipe de la bendici\u00f3n de Dios. Desde ese momento toda la existencia de Jes\u00fas se hace obediencia a la vocaci\u00f3n bautismal; en otros t\u00e9rminos, se hace vida caracterizada por la l\u00f3gica de la pobreza y del servicio. El Esp\u00ed\u00adritu que le fue conferido en el bautismo capacita a Jes\u00fas para ganar la batalla contra Satan\u00e1s (cf el episodio de la tentaci\u00f3n en el desierto, Mat 4:1-11; Luc 4:1-12), proclamando as\u00ed\u00ad su realeza sobre el mal; le confiere la fuerza de anunciar con autoridad la buena noticia (cf Luc 4:16-21), poni\u00e9ndole en condiciones de ejercer su funci\u00f3n prof\u00e9tica; por \u00faltimo, le lleva a entregar en la cruz su libertad al Padre hasta la muerte (Heb 9:14), haciendo realidad plena su misi\u00f3n sacerdotal.<\/p>\n<p>La analog\u00ed\u00ada entre el bautismo de Jes\u00fas y nuestro bautismo resulta evidente. En la Iglesia, llamada a vivir y a hacer transparente en la historia el misterio pascual de Cristo, todo creyente participa, por medio del bautismo, en la misi\u00f3n regia, prof\u00e9tica y sacerdotal del Se\u00f1or, anunciando la victoria sobre el pecado y la llegada del reino y tomando parte, por medio del sufrimiento propio, en la pasi\u00f3n de Cristo, de modo que \u00e9sta sea instrumento eficaz de salvaci\u00f3n para todo el g\u00e9nero humano.<\/p>\n<p>La ense\u00f1anza de Pablo profundiza en el kerigma de los sin\u00f3pticos, evidenciando la profunda transformaci\u00f3n que el bautismo opera en el cristiano mediante una serse de s\u00ed\u00admbolos que hacen referencia tanto al gesto bautismal cuanto a los efectos del bautismo mismo. El bautismo es presentado ante todo como un ba\u00f1o (ICor 6,9-19), efectuado en nombre de Cristo y bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Por su medio el cristiano vive la experiencia del \u00e9xodo (ICor 10,lss) y queda revestido de Cristo (G\u00e1l 3:27). Los efectos del acto bautismal se simbolizan de diversas maneras: con la circuncisi\u00f3n (Rom 4:9ss), el sello del Esp\u00ed\u00adritu (Efe 1:13; Efe 4:30; 2Co 1:21), la luz (Efe 5:14).<\/p>\n<p>Con todo, el sentido profundo del bautismo consiste, seg\u00fan Pablo, en la participaci\u00f3n en el misterio de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo), misterio que fundamenta toda la existencia cristiana en sus dimensiones individual y comunitaria (Rom 6:111). Se deriva de ello que la vida cristiana debe desarrollarse seg\u00fan un rito bautismal, es decir, debe hacer suya la ley del morir y del resucitar con Cristo, liber\u00e1ndose del pecado, que es cierre egoc\u00e9ntrico del hombre en s\u00ed\u00ad mismo, y acogiendo la vida nueva, que abre al hombre a la donaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo a Dios y a los hermanos. El indicativo de salvaci\u00f3n, constituido por el \u00abnuevo ser\u00bb en Cristo, se transforma en imperativo de salvaci\u00f3n para el individuo y para la comunidad cristiana (cf 1Co 5:1-13; 1Co 6:1-11). Sustray\u00e9ndolo al dominio del pecado, de la ley y de la muerte, el bautismo hace del cristiano un hombre reconciliado, abierto a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu y llamado a participar de la vida eterna. El cristiano no est\u00e1 ya sujeto a la concupiscencia (1Co 10:1-3; Jua 6:22-59; Heb 10:1939), que le impulsa a encerrarse en s\u00ed\u00ad mismo, sino que est\u00e1 guiado por la fuerza del amor, que libera su existencia eliminando cualquier forma de miedo, incluido el de la muerte. La vocaci\u00f3n cristiana asume as\u00ed\u00ad las connotaciones de una existencia de donaci\u00f3n (Rom 14:7); es vida \u00abescondida con Cristo en Dios\u00bb (Col 3:3).<\/p>\n<p>Tarea del creyente es abandonarse a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, dejando que su vida fluya a partir de la participaci\u00f3n en la vida de Cristo, como fluyeron de su costado la sangre y el agua sacramentales, y pregustando la comuni\u00f3n de amor que el Padre quiere ampliar a la humanidad entera.<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n cristoc\u00e9ntrica y pascual constitutiva del bautismo no debe llevarnos a infravalorar su esencial dimensi\u00f3n eclesial. Cristo ha confiado el bautismo a la Iglesia para que difunda por el mundo el misterio de la salvaci\u00f3n de Dios. El bautismo es, pues, un gesto de la comunidad, que agrega nuevos creyentes a ella (cf Heb 2:41) y se construye como Iglesia. Si es verdad, por una parte, que es toda la comunidad la que bautiza -sin negar por ello la funci\u00f3n indispensable del ministro-, no lo es menos, por otra, que es la propia comunidad quien recibe en cierto sentido el bautismo, en cuanto que queda introducida m\u00e1s profundamente en la sacramentalidad de la Iglesia (cf el Rito de iniciaci\u00f3n cristiana de adultos, n. 4). Es como decir que el bautizado est\u00e1 llamado a compartir una experiencia comunitaria, asumiendo por tanto un nuevo estilo de existencia, enraizado en el contexto concreto de la propia Iglesia local por cuyo medio \u00e9l obtiene la salvaci\u00f3n (Efe 4:13-16). El v\u00ed\u00adnculo con la comunidad cristiana, de la que entra a formar parte, no es un hecho accidental o accesorio; es parte integrante de su vocaci\u00f3n, puesto que por medio de ella se realiza la participaci\u00f3n en la vida misma de Cristo, la inserci\u00f3n en sus misterios.<\/p>\n<p>Todo esto presupone obviamente la fe como condici\u00f3n. El bautismo es sacramento de la fe, bien porque constituye su proclamaci\u00f3n hist\u00f3rica real, bien porque exige un ambiente de fe para que Dios pueda actuar. Esta fe es afirmaci\u00f3n de la gracia como negativa de una salvaci\u00f3n entendida como autojustificaci\u00f3n humana; es esperanza puesta en el misterio pascual de Cristo, aceptando pasar por la cruz, con la certeza de que s\u00f3lo si la semilla muere puede dar fruto; es acogida cotidiana del proyecto del Se\u00f1or, que se hace presente en la historia, y compromiso total en la relaci\u00f3n con \u00e9l. El bautismo se convierte as\u00ed\u00ad en el \u00absigno\u00bb por cuyo medio la existencia cristiana, conform\u00e1ndose a Cristo en la Iglesia, queda inmersa en la l\u00f3gica del reino y con capacidad pMra proclamar y testimoniar la fuerza de liberaci\u00f3n que de \u00e9l proviene.<\/p>\n<p>2. LA CONFIRMACI\u00ed\u201cN. El canon $79 del CIC -canon que trasluce influjo del Vat. II- pone de manifiesto que por medio del sacramento de la confirmaci\u00f3n el bautizado prosigue el camino de la iniciaci\u00f3n cristiana, obteniendo con mayor abundancia la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo y entrando en una vinculaci\u00f3n m\u00e1s \u00ed\u00adntima con la Iglesia. Esta vinculaci\u00f3n compromete al bautizado a un testimonio m\u00e1s riguroso y a una difusi\u00f3n m\u00e1s valiente de la fe.<\/p>\n<p>Se pone claramente de manifiesto el lazo que une a la confirmaci\u00f3n con el bautismo, pero est\u00e1 ausente toda referencia a la eucarist\u00ed\u00ada, en la que, en cambio, insiste la ense\u00f1anza conciliar. La constituci\u00f3n apost\u00f3lica Divinae consortium naturae afirma: \u00abLa confirmaci\u00f3n est\u00e1 tan estrechamente vinculada a la sagrada eucarist\u00ed\u00ada, que los fieles, marcados ya por el bautismo y la confirmaci\u00f3n, mediante la participaci\u00f3n en la eucarist\u00ed\u00ada quedan insertos plenamente en el cuerpo de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>La colocaci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n entre el bautismo, que es el comienzo radical de la vida cristiana, y la eucarist\u00ed\u00ada, que constituye su perfecci\u00f3n y cumplimiento, es un dato constante de la tradiai\u00f3n. El Oriente cristiano ha mantenido rigurosamente este orden, considerando al presb\u00ed\u00adtero ministro ordinario de la confirmaci\u00f3n. En Occidente, en cambio, por motivos de car\u00e1cter pr\u00e1ctico -el primero de ellos el hecho de que la confirmaci\u00f3n se reservara normalmente al obispo- se tendi\u00f3 a posponer la confirmaci\u00f3n a la eucarist\u00ed\u00ada, especialmente cuando se introdujo la pr\u00e1ctica de conferir la eucarist\u00ed\u00ada a los ni\u00f1os. Aunque dictada por razones pastorales no del todo peregrinas, esta pr\u00e1ctica altera, sin embargo, el orden interno que caracteriza a la estructura de la iniciaci\u00f3n cristiana al aislar el sacramento de la confirmaci\u00f3n del marco del itinerario coherente de crecimiento previsto por el desarrollo del catecumenado. El sentido de. la confirmaci\u00f3n debe, en efecto, buscarse en el hecho de que completa al bautismo, no s\u00f3lo porque fomenta la gracia bautismal confiriendo los dones del Esp\u00ed\u00adritu, que habilitan para el testimonio y para la misi\u00f3n de la Iglesia, sino tambi\u00e9n porque contribuye a proseguir el -desarrollo de la vida cristiana, impulsando al joven a confirmar la fe, que con ocasi\u00f3n del bautismo hab\u00ed\u00ada sido expresada por medio de los padres y los padrinos. El don del Esp\u00ed\u00adritu Santo conferido en la confirmaci\u00f3n tiene, en efecto, la funci\u00f3n de hacer part\u00ed\u00adcipes a los bautizados en la misi\u00f3n mesi\u00e1nica de Cristo. Si el Esp\u00ed\u00adritu conferido en el bautismo es Esp\u00ed\u00adritu de adopci\u00f3n como hijos de Dios, aqu\u00ed\u00ad el mismo Esp\u00ed\u00adritu viene otorgado al cristiano para cumplimiento de una misi\u00f3n particular, que lo compromete a continuar la obra misma de Cristo. Como se\u00f1al\u00f3 con agudeza Tom\u00e1s de Aquino, mientras que en el bautismo el cristiano recibe el poder de realizar los actos que pertenecen a su salvaci\u00f3n, en la confirmaci\u00f3n recibe el poder de realizar los actos que pertenecen al testimonio p\u00fablico de la fe (cf S. Th., III, q. 72, a.5).<\/p>\n<p>La confirmaci\u00f3n es, pues, el sacramento que confiere al cristiano una perfecta madurez espiritual, habilit\u00e1ndole para comunicar la propia vida a los dem\u00e1s, sobre todo por medio del testimonio de la fe, y asign\u00e1ndole al mismo tiempo una funci\u00f3n oficial en la Iglesia. El \u00abcar\u00e1cter\u00bb propio de este sacramento consiste, en definitiva, en la designaci\u00f3n del creyente para ser, en virtud de un ministerio especial, ap\u00f3stol de Cristo, testigo cualificado de su amor y de la \u00abbuena noticia\u00bb del reino.<\/p>\n<p>3. LA EUCARIST\u00ed\u008dA. Hemos dicho ya que la eucarist\u00ed\u00ada representa la culminaci\u00f3n de la iniciaci\u00f3n cristiana, aquello hacia lo que \u00e9sta converge en \u00faltimo t\u00e9rmino. Por medio de la eucarist\u00ed\u00ada, en efecto, la Iglesia crece en calidad a imagen de su cabeza; pues no s\u00f3lo confiere la gracia, sino que contiene al autor de la gracia. La gracia eucar\u00ed\u00adstica es comuni\u00f3n con la actitud de donaci\u00f3n de Cristo y es participaci\u00f3n inmediata en su misma misi\u00f3n entre los hombres. En este sentido la eucarist\u00ed\u00ada hace de la Iglesia la comunidad de aquellos que, participando en el \u00fanico pan (el cuerpo del Se\u00f1or), forman un solo cuerpo (1Co 10:17) y reciben del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo una tarea y una misi\u00f3n particular para la vida del mundo (I Cor 12,12-31). El misterio eucar\u00ed\u00adstico construye y revela la identidad profunda de la Iglesia como comuni\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos en la suerte de Cristo, en su condici\u00f3n y en su misi\u00f3n, que hallan su plena expresi\u00f3n en el sacrificio de la cruz.<\/p>\n<p>Se comprende, en este marco, el papel central que ocupa la eucarist\u00ed\u00ada en el organismo sacramental cristiano y el car\u00e1cter de sacramento fuente y culmen de la vida de la Iglesia, que el Vat. II, en expresi\u00f3n feliz, le con= fiere. La experiencia cristiana, como experiencia de encuentro con Cristo en la Iglesia y de asimilaci\u00f3n a su misma vida, est\u00e1 como resumida en este sacramento, el cual debe marcar las etapas del desarrollo de la comunidad cristiana en los diversos tiempos del a\u00f1o lit\u00fargico. Contempl\u00e1ndola en la perspectiva de la iniciaci\u00f3n cristiana, reviste particular importancia la atenci\u00f3n a la din\u00e1mica celebrativa, al crear las condiciones para una progresiva asimilaci\u00f3n de su significado mediante una \u00abcomprensi\u00f3n\u00bb cada vez m\u00e1s honda del ritmo interior que la constituye, ritmo que acompa\u00f1a paso a paso al creyente, ayud\u00e1ndole a percibir la presencia de Cristo en la asamblea convocada, a escuchar la palabra del Se\u00f1or y, por \u00faltimo, a vivir autom\u00e1ticamente la acci\u00f3n de gracias y la comuni\u00f3n en el cuerpo de Cristo para ser enviado en misi\u00f3n al mundo. En otras palabras, el bautizado debe ser conducido gradualmente, a trav\u00e9s del desplegarse de la celebraci\u00f3n -cuyo contenido teol\u00f3gico hay que hacer transparente enseguida-, a participar en la vida de la comunidad cristiana, convocada por el Se\u00f1or resucitado para proclamar su muerte y anunciar su resurrecci\u00f3n hasta que \u00e9l vuelva.<\/p>\n<p>La iniciaci\u00f3n cristiana es, pues, iniciaci\u00f3n en la eucarist\u00ed\u00ada y en la Iglesia al mismo tiempo. Su objetivo es la plena madurez espiritual del creyente, a fin de que sea protagonista para s\u00ed\u00ad mismo y para los dem\u00e1s de la salvaci\u00f3n, que es don del Se\u00f1or. Es tarea ineludible de las comunidades cristianas, mediante la riqueza de carismas y de ministerios que en ellas florecen, hacer transparente el sentido de este itinerario, para que la proclamaci\u00f3n resulte cre\u00ed\u00adble.<\/p>\n<p>G. Colombo<br \/>\nIII. Iniciaci\u00f3n y \u00abethos\u00bb cristiano<br \/>\nLa relaci\u00f3n entre sacramentos de iniciaci\u00f3n y ethos cristiano se ha convertido en nuestros d\u00ed\u00adas en algo particularmente problem\u00e1tico. La desmitificaci\u00f3n de lo \u00absagrado\u00bb, consecuencia de la acentuaci\u00f3n del proceso de secularizaci\u00f3n y del desarrollo de la cultura tecnol\u00f3gica, reduce el espacio de la actividad simb\u00f3lica, la cual para muchos no pasa de ser un residuo anacr\u00f3nico del pasado. Por otro lado, es preciso reconocer que, incluso en el \u00e1mbito de las comunidades cristianas, los ritos lit\u00fargicos han quedado reducidos a menudo a expresiones de un formalismo vac\u00ed\u00ado, privado de todo compromiso hist\u00f3rico-concreto. La liturgia resulta, en su conjunto, poco vinculada a la vida y al acontecer de la historia, incapaz de suscitar nuevas modalidades de presencia en el mundo y de iluminar globalmente el significado de la existencia.<\/p>\n<p>El problema de fondo, que se debe, consiguientemente, afrontar con urgencia, es el del restablecimiento del nexo entre rito, fe y vida cotidiana. Esto comporta, por una parte, la recuperaci\u00f3n de una actividad simb\u00f3lica que responda a las instancias antropol\u00f3gicas propias del actual contexto cultural y, por otra, el redescubrimiento de la relaci\u00f3n fecunda entre rito y ethos cristiano, a fin de favorecer el desarrollo de una acci\u00f3n lit\u00fargica realmente encarnada en el acontecer humano, individual y colectivo.<\/p>\n<p>Nuestra reflexi\u00f3n quiere hacer hincapi\u00e9 sobre todo en las condiciones fundamentales para el restablecimiento de una relaci\u00f3n correcta entre liturgia y vida cristiana, con el fin de poder captar el profundo significado teol\u00f3gico-moral del itinerario de la iniciaci\u00f3n cristiana y la dimensi\u00f3n \u00e9tica connotada por cada sacramento.<\/p>\n<p>1. LITURGIA Y VIDA CRISTIANA. Es evidente que, para comprender el significado aut\u00e9ntico del rito religioso; hay que salirse de una concepci\u00f3n antropoc\u00e9ntrica r\u00ed\u00adgida de la vida. El rito, en efecto, no puede quedar reducido, como quiere la mentalidad iluminista y positivista ampliamente difundida en nuestros d\u00ed\u00adas, al simple reflejo de aspectos de la estructura social. La experiencia lit\u00fargica debe medirse en el nivel que le es propio, el simb\u00f3lico-sacramental, rehusando, por consiguiente, el empleo de par\u00e1metros exclusivamente sociopsicol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>Esta recuperaci\u00f3n esencial de la relaci\u00f3n que vincula el s\u00ed\u00admbolo religioso con la realidad trascendente no debe, sin embargo, hacer olvidar la exigencia de atender a las ra\u00ed\u00adces antropol\u00f3gicas del s\u00ed\u00admbolo mismo y, consiguientemente, a la necesaria contextualizaci\u00f3n hist\u00f3rico-cultural. Si se quiere que el s\u00ed\u00admbolo se convierta en el lugar en el que el hombre se abre, en la escucha y el compromiso, a Dios, origen de su existencia y que lo llama a salir de s\u00ed\u00ad mismo, es indispensable de todo punto que sintonice con las exigencias m\u00e1s hondas de la experiencia humana en el mundo. Esto equivale a decir que toda celebraci\u00f3n debe estar siempre en situaci\u00f3n, es decir, guardar relaci\u00f3n con la historia concreta de la comunidad cristiana. La tarea de toda celebraci\u00f3n es la de establecer la continuidad entre el acontecimiento que se recuerda y su hacerse presente en medio de nosotros, facilitando as\u00ed\u00ad el paso de la vida de Cristo resucitado por nuestra vida. Para percibir el nexo del s\u00ed\u00admbolo con la vida, en otras palabras, para que el s\u00ed\u00admbolo lleve a la persona a un compromiso existencial efectivo, la condici\u00f3n primera y m\u00e1s fundamental es el equilibrio entre la conservaci\u00f3n del significado trascendente del s\u00ed\u00admbolo, es decir, de su relaci\u00f3n vital con el pasado, y su actualizaci\u00f3n en el presente y, consiguientemente, su mediaci\u00f3n cultural.<\/p>\n<p>Pero esto s\u00f3lo no basta. La eficacia de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica va tambi\u00e9n vinculada a la relaci\u00f3n que se establece entre celebraci\u00f3n y pr\u00e1ctica cristiana, individual o comunitaria. Es preciso reconocer que una de las razones de la ruptura entre fe y vida, entre ortodoxia y ortopraxis, que caracteriza a la conciencia de los creyentes, se debe a no subrayar suficientemente el valor \u00e9tico de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica. El momento celebrativo en cuanto v\u00e9rtice de la experiencia cristiana es, en efecto, el lugar natural en el que deben soldarse existencialmente doctrina y acci\u00f3n; es por su propia naturaleza \u00abel momento explicativo de la l\u00f3gica de los acontecimientos salv\u00ed\u00adficos y el momento de verificaci\u00f3n de la fidelidad con la que cada conciencia responde a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (E. RUFFINI, Simbolismo&#8230;, 301) en la realidad de las situaciones cotidianas.<\/p>\n<p>El significado de este aspecto comporta el que la vida real, con todas sus manifestaciones, entre dentro del horizonte de la celebraci\u00f3n. No se trata, ciertamente, de hacer del rito lit\u00fargico un lugar de debate social o de b\u00fasqueda de soluciones t\u00e9cnicas a los problemas de la pol\u00ed\u00adtica; se trata, m\u00e1s bien, de tener en cuenta el compromiso concreto de la persona, llamada, en los diversos sectores de la vida, a dar curso a un orden fundado en la justicia y en la caridad, y de estimularla a que asuma m\u00e1s radicalmente dicho compromiso. En otras palabras, se trata de crear un clima apropiado, que acoja las vivencias de la vida cotidiana de forma que \u00e9stas entren sin brusquedades en el contexto celebrativo, contribuyendo a la eliminaci\u00f3n del dualismo entre fe y vida cristiana. Esto reclama la superaci\u00f3n tanto del riesgo de una abstracci\u00f3n celebrativa que haga del rito lit\u00fargico un tiempo aparte de la vida de las personas, cuanto del peligro no menos grave de una reducci\u00f3n de la celebraci\u00f3n a simple expresi\u00f3n de posiciones ideol\u00f3gicas ante los acontecimientos hist\u00f3rico-sociales. La liturgia debe, en efecto, conservar el car\u00e1cter de lugar de la proclamaci\u00f3n de una salvaci\u00f3n que, aun estando radicada en la historia, no se agota en \u00e9sta. Por ello es necesario que en la liturgia tengan cabida tanto la tendencia hacia los horizontes \u00faltimos de la fe cuanto la acogida de la vida real en su desplegarse concreto en el mundo, de manera que se ayude a la persona a comprometerse en la realidad, descubriendo en ella horizontes siempre nuevos y abri\u00e9ndose a la din\u00e1mica del reino.<\/p>\n<p>El lenguaje lit\u00fargico debe hacer transparente el \u00abrecuerdo\u00bb del acontecimiento de Cristo; pero debe hacerlo de manera tal que suscite en las personas un interrogante permanente sobre el sentido de la historia, haci\u00e9ndolas conscientes de la tensi\u00f3n existente entre la esperanza en una manifestaci\u00f3n del poder de Dios y el impulso a actuar con la ayuda de su Esp\u00ed\u00adritu. La historia, lejos de quedar desnaturalizada, queda de esta manera asumida en su potencialidad liberadora. Pasado, presente y futuro se compenetran entre s\u00ed\u00ad y se unifican como elementos de un todo que se despliega din\u00e1micamente. El presente, poseedor siempre de algo original e in\u00e9dito, recibe significado del pasado, es decir, de la fuerza de acontecimientos antiguos que conservan una riqueza inagotable, cuyo descubrimiento se va haciendo poco a poco gracias a las situaciones nuevas de la existencia humana en el mundo. Y el mismo futuro no se presenta como algo aparte, desligado del pasado y del presente, sino como una dimensi\u00f3n que est\u00e1 latente en todas las realizaciones pasadas y presentes.<\/p>\n<p>Sumergi\u00e9ndose en esta din\u00e1mica y haci\u00e9ndola propia, la celebraci\u00f3n lit\u00fargica supera la tentaci\u00f3n del mito, de la ideolog\u00ed\u00ada y de la utop\u00ed\u00ada misma, que inducen a lecturas abstractas de la realidad y terminan por emp?brecer la comprensi\u00f3n del misterio cristiano. El elemento unificador de toda la acci\u00f3n lit\u00fargica es, en efecto, el acontecimiento pascual; acontecimiento que da raz\u00f3n del destino humano, a laven que explica las contradicciones presentes, valorando el sufrimiento mismo y haciendo madurar el compromiso \u00e9tico de construir la justicia y la libertad, a sabiendas de que en ellas y por medio de ellas se abre camino en la historia la presencia del reino.<\/p>\n<p>La vida queda as\u00ed\u00ad asumida y, al mismo tiempo, juzgada y cuestionada. La liturgia, en efecto, proclama con fuerza la dimensi\u00f3n \u00e9tica del cristianismo, pero nos recuerda tambi\u00e9n que el cristiano no se agota en esa dimensi\u00f3n. La experiencia de la fiesta, en laque nos introduce, desmitifica al etleos cristiano en su pretensi\u00f3n de algo absoluto y de totalitario, al igual que desmitificalas l\u00f3gicas de la eficiencia y de la utilidad hoy predominantes. El compromiso de transformar el mundo no queda anulado, sino asumido en un marco m\u00e1s amplio, que libera al hombre tanto de la resignaci\u00f3n como de la desesperaci\u00f3n. La esperanza, que la fe reaviva y que encuentra expresi\u00f3n en la pascua de Cristo, tiene su fundamento en el futuro de Dios. Este futuro alimenta en el creyente la responsabilidad para con el mundo y la espera de lo que Dios llevar\u00e1 a cabo al final, cuando, de manera totalmente gratuita e imprevisible, haga irrupci\u00f3n en la historia para reconducirlo todo hacia s\u00ed\u00ad. La fiesta liberadora, celebrada en la liturgia, es signo y anticipo de este acontecimiento; nos introduce en el mundo nuevo ya comenzado, y a la vez nos abre a la novedad absoluta de los \u00abcielos\u00bb y de las \u00abtierras\u00bb que Dios entregar\u00e1 a la humanidad el \u00faltimo d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>2. EL SIGNIFICADO TEOL\u00ed\u201cGIC0-MORAL DEL ITINERARIO DE INICIACI\u00ed\u201cN. La relaci\u00f3n entre liturgia y vida cristiana era claramente visible en el itinerario a trav\u00e9s del cual la Iglesia de los or\u00ed\u00adgenes introduc\u00ed\u00ada a los fieles en la plena asimilaci\u00f3n y comprensi\u00f3n del misterio cristiano. La iniciaci\u00f3n, que inclu\u00ed\u00ada la celebraci\u00f3n de los sacramentos del bautismo, la confirmaci\u00f3n y la eucarist\u00ed\u00ada, se conceb\u00ed\u00ada como un todo unitario, aunque caracterizado por el sucederse de una serie de etapas que permit\u00ed\u00adan a la persona ir ahondando gradualmente en la hondura existencial del acontecimiento cristiano. El catecumenado cumpl\u00ed\u00ada esta funci\u00f3n pedag\u00f3gica, y la catequesis mistag\u00f3glca, centrada en la liturgia, contribu\u00ed\u00ada a fundir en una unidad el momento de la captaci\u00f3n doctrinal y el de la educaci\u00f3n concreta para la pr\u00e1ctica \u00e9tica. La vida cristiana estaba claramente concebida como \u00abvida en Cristo\u00bb, que ten\u00ed\u00ada su fuente en la celebraci\u00f3n de los misterios. Por medio de ellos la persona se asemejaba a Cristo y se desplegaba en el \/seguimiento de \u00e9l en los diversos contextos de la vida cotidiana. El gran principio paulino de la participaci\u00f3n-imitaci\u00f3n encontraba su desarrollo natural en la acci\u00f3n lit\u00fargica. En ella y a trav\u00e9s de ella, en efecto, la persona participaba en la vida divina, y consiguientemente se ve\u00ed\u00ada impulsada a hacer suyas las actitudes y el comportamiento de Cristo, su estilo de existencia en el mundo. El indicativo de salvaci\u00f3n -eres en Cristo una criatura nueva- se transforma de esta manera en imperativo de salvaci\u00f3n: camina en novedad de vida.<\/p>\n<p>El itinerario de la iniciaci\u00f3n cristiana respetaba, por otra parte, la historicidad esencial del acontecimiento cristiano. En cuanto acontecimiento hist\u00f3rico-salvador, el cristianismo se desarrolla en una serie de etapas, que van de la creaci\u00f3n a la encarnaci\u00f3n y de \u00e9sta a la resurrecci\u00f3n y la parus\u00ed\u00ada. Revel\u00e1ndose al hombre en la historia y haci\u00e9ndose \u00e9l mismo historia en Jes\u00fas de Nazaret, Dios ha aceptado hasta sus \u00faltimas consecuencias las dimensiones del espacio y del tiempo, que son las dimensiones propias de la historia; ha hecho suya la ley de la gradaci\u00f3n, que caracteriza la experiencia humana en el mundo. Esta historicidad esencial del acontecimiento cristiano comporta como exigencia que el hombre recorra progresivamente los diversos momentos a fin de que pueda hacer suyo el desarrollo concreto de los misterios de Dios.<\/p>\n<p>Pero el itinerario de iniciaci\u00f3n, caracterizado por la experiencia del catecumenado, quer\u00ed\u00ada tambi\u00e9n tener en cuenta la psicolog\u00ed\u00ada humana y, m\u00e1s en profundidad, la estructura ontol\u00f3gica misma del ser humano. La asimilaci\u00f3n existencial del misterio cristiano, que comporta el logro de un verdadero y genuino estado de connaturalidad expresado en las opciones de vida, no se consigue en un momento, sino que tiene lugar a lo largo de un camino gradual. El conocimiento del acontecimiento cristiano no se reduce a un conocimiento intelectual est\u00e9ril. Es m\u00e1s bien una experiencia que implica la inserci\u00f3n vital en una comunidad de personas capaces de transmitir con su testimonio el sentido profundo de la verdad de Dios. Es asimilaci\u00f3n existencial del evangelio a trav\u00e9s de un proceso educativo en el que cuenta la calidad de las relaciones que se establecen con quien tiene la tarea de educar; cuenta el clima general que se respira en la comunidad; cuenta sobre todo la experiencia que se tenga del misterio en el contexto de una celebraci\u00f3n que tiene su inserci\u00f3n en la vida y que transparenta la necesidad de conducir la vida a aquella experiencia. Complejas razones hist\u00f3ricas, a las que aqu\u00ed\u00ad s\u00f3lo es posible hacer referencia escueta, han contribuido, desgraciadamente, a desnaturalizar el sentido de este itinerario. La gradual intelectualizaci\u00f3n de la fe y de la catequesis cristiana -debida a la separaci\u00f3n del dogma y de la moral del ambiente vital de la liturgia en el que originariamente se elaboran-, as\u00ed\u00ad como el cambio de contexto cultural determinado por el nacimiento del r\u00e9gimen de cristiandad, produjeron la crisis del catecumenado. Consecuencia de ello fue que la vida cristiana dej\u00f3 de girar en torno al momento celebrativo, con graves consecuencias a su vez para el desarrollo de la identidad cristiana. Al perder contacto con el misterio, la verdad cristiana termin\u00f3 por empobrecerse, a la vez que la moral qued\u00f3 reducida a casu\u00ed\u00adstica est\u00e9ril, privada de la capacidad de proclamar la radicalidad del evangelio.<\/p>\n<p>Si es verdad que la moral cristiana no se basa s\u00f3lo en el mensaje de Jes\u00fas y ni siquiera s\u00f3lo en su pr\u00e1ctica hist\u00f3rica, sino, m\u00e1s radicalmente, en el misterio de su persona, en el acontecimiento cr\u00ed\u00adstico en cuanto participado por el hombre, se comprende entonces la importancia de recuperar el car\u00e1cter central de la acci\u00f3n lit\u00fargico-sacramental, por cuyo medio se renueva el misterio, a fin de que el hombre, sumergi\u00e9ndose en \u00e9l y asimil\u00e1ndose a \u00e9l, encuentre la fuerza de vivir como Cristo nos ha ense\u00f1ado. La liturgia se convierte de esta manera en la fuente misma de la vida moral, en el lugar del que el creyente debe partir y al que debe estar haciendo referencia constante para asimilar ontol\u00f3gicamente la vida de Cristo y transparentarla en sus decisiones cotidianas.<\/p>\n<p>El camino de la iniciaci\u00f3n adquiere en este contexto toda su riqueza de sentido. A trav\u00e9s de esta iniciaci\u00f3n el cristiano consagrado, hijo de Dios por el bautismo, es llamado por el don del Esp\u00ed\u00adritu, recibido en la confirmaci\u00f3n, a participar en la misi\u00f3n de Cristo, que es misi\u00f3n de proclamaci\u00f3n y de testimonio del reino, y recibe en la eucarist\u00ed\u00ada el sello \u00faltimo de su identidad como disc\u00ed\u00adpulo del Se\u00f1or, llamado a seguirle en la aceptaci\u00f3n de la cruz y en la proclamaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n, fundamento de la esperanza escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Todo esto se hace obviamente realidad en el vivir de la comunidad cristiana, que acompa\u00f1a paso a paso al cristiano en este camino introduci\u00e9ndole en la participaci\u00f3n de su misma vida y transform\u00e1ndose con \u00e9l en comunidad caracterizada por el dinamismo del Esp\u00ed\u00adritu, el cual, a su vez, la hace instrumento cre\u00ed\u00adble y eficaz de salvaci\u00f3n para toda la humanidad y para el mundo.<\/p>\n<p>3. LA ESTRUCTURA SACRAMENTAL DE LA VIDA MORAL. El desarrollo del misterio cristiano a trav\u00e9s de las diversas fases de la iniciaci\u00f3n permite enfocar aspectos diversos y complementarios de la vida moral del creyente que tienen su origen en la din\u00e1mica lit\u00fargico-sacramental.<\/p>\n<p>La existencia cristiana es ante todo existencia basada en el bautismo, el cual, liberando al hombre del pecado por medio de la participaci\u00f3n en la muerte de Cristo y haci\u00e9ndolo hijo de Dios, lo capacita para hacer suya la l\u00f3gica de la cruz a fin de dejarse asimilar al misterio de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or. La vida moral se caracteriza, pues, por el rechazo permanente del pecado y por la conversi\u00f3n gradual a la vida divina; o, lo que es lo mismo, por la renuncia a la b\u00fasqueda de s\u00ed\u00ad mismo, de la propia autorrealizaci\u00f3n, entendida como cerraz\u00f3n egoc\u00e9ntrica y autosuficiente, para perderse en donaci\u00f3n a Dios y a los hermanos. La inmersi\u00f3n en la muerte de Cristo y la configuraci\u00f3n con su pasi\u00f3n introducen al cristiano en el flujo abundante de la gracia de la redenci\u00f3n; pero al mismo tiempo lo estimulan a asumir responsablemente el compromiso de dar cumplimiento a lo que Dios, en virtud de un don exclusivo suyo, ha comenzado a obrar en \u00e9l. La existencia cristiana asume de esta manera las connotaciones de una respuesta constante a la acci\u00f3n gratuita del Se\u00f1or: respuesta hecha de acogida de la intervenci\u00f3n divina y de capacidad de hacerla fructificar, explicitando su infinita riqueza en los diversos contextos en los que se desarrolla la vida de los humanos. La conversi\u00f3n que el Se\u00f1or concede al hombre en el bautismo es el comienzo de un camino que marca por completo la totalidad de la existencia, llamada a volverse a sumergir continuamente en el ba\u00f1o purificador del agua y del Esp\u00ed\u00adritu, a fin de llegar a ser cada vez m\u00e1s existencia redimida. La dimensi\u00f3n moral del misterio cristiano queda se\u00f1alada aqu\u00ed\u00ad tanto en su aspecto negativo de renuncia al pecado cuanto en el positivo de asentimiento a la gracia y de desarrollo de las potencialidades que ella contiene. El compromiso de crear las condiciones, en s\u00ed\u00ad mismo y en el mundo, para la acogida del reino de Dios, que es reino de liberaci\u00f3n, va acompa\u00f1ada por la conciencia del valor que revisten tambi\u00e9n los aspectos de derrota o de fracaso de la experiencia humana, como son el dolor y el sufrimiento, la marginaci\u00f3n y la muerte. La certeza de que, en la muerte de Cristo, se recupera tambi\u00e9n lo negativo, lo cual incluso se transforma parad\u00f3jicamente en ocasi\u00f3n y v\u00ed\u00ada de salvaci\u00f3n, gu\u00ed\u00ada a la persona a dar sentido tambi\u00e9n a aquellas situaciones que, a la luz de una l\u00f3gica puramente mundana, contin\u00faan revistiendo un car\u00e1cter tr\u00e1gico y absurdo.<\/p>\n<p>El compromiso de transformar la realidad para liberar al hombre de todas las formas de condicionamien, to material y espiritual se funde casi arm\u00f3nicamente con la disponibilidad para aceptar el l\u00ed\u00admite de cualquier conquista humana y con la precariedad de cualquier forma de cambio hist\u00f3rico. La cruz, en efecto, se\u00f1ala al hombre que el camino de la vida es el camino de la renuncia a s\u00ed\u00ad mismo, porque s\u00f3lo muriendo germina la semilla y da fruto.<\/p>\n<p>Por otra parte, el don del Esp\u00ed\u00adritu, conferido por el sacramento de la confirmaci\u00f3n, alimenta en el hombre una nueva capacidad de reacci\u00f3n ante la vida y da un impulso nuevo al actuar humano. Liberado de la propia autosuficiencia, es decir, del poder de la \u00abcarne\u00bb, y colocado bajo el r\u00e9gimen de la gracia, el hombre se libera incluso de la opresi\u00f3n de la ley. La vida moral no es ya fruto de una conformidad exterior con las obras prescritas por la ley escrita en piedra, que se ha revelado impotente acusando al hombre de pecado, sino fruto de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, que act\u00faa como un impulso interior, impuls\u00e1ndole a cumplir espont\u00e1neamente la voluntad del Se\u00f1or. La libertad de los hijos de Dios est\u00e1 toda ella comprendida dentro de esta \u00abnovedad\u00bb ontol\u00f3gica, que estructura en profundidad al ser humano, caracterizado -como afirma Ireneo- por la copresencia de cuerpo, esp\u00ed\u00adritu y Esp\u00ed\u00adritu Santo. La acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu impregna el dinamismo de la existencia gracias a la multiplicidad de dones que cada uno recibe, y a los que debe corresponder haci\u00e9ndolos fructificar en beneficio de la vida del mundo.<\/p>\n<p>La vida \u00abseg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, que es la connotaci\u00f3n propia de la existencia cristiana, es vida sustra\u00ed\u00adda al legalismo, al condicionamiento de una casu\u00ed\u00adstica \u00e1rida y despiadada, que conduce al formalismo y a la materialidad de la letra. Es vida plenamente dominada por la conciencia de una realidad interior de la que se es part\u00ed\u00adcipe y a la que uno se adhiere con todo lo que es. La ley tiene entonces s\u00f3lo una funci\u00f3n secundaria: ayudar al creyente a verificar si su comportamiento deja espacio y est\u00e1 en sinton\u00ed\u00ada con la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, o bien si se opone a esta acci\u00f3n reduciendo, en consecuencia, las Posibilidades de expansi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero, sobre todo, el don del Esp\u00ed\u00adritu hace al cristiano part\u00ed\u00adcipe de la misma misi\u00f3n de Cristo, es decir, proclamador del evangelio y testigo del reino. La conciencia, adquirida en la fe, de la identidad de hijo de Dios le habilita para proclamar la palabra del Se\u00f1or, participando de la misma misi\u00f3n prof\u00e9tica de Cristo en el mundo. La \u00e9tica cristiana est\u00e1 toda ella vinculada al ejercicio de esta funci\u00f3n, por cuyo medio la historia recupera el sentido del propio destino, abri\u00e9ndose a la dimensi\u00f3n del futuro absoluto de Dios.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, la entrada en la plenitud del misterio cristiano mediante la recepci\u00f3n del sacramento de la eucarist\u00ed\u00ada confiere al creyente la posibilidad de ejercer su sacerdocio en sentido pleno. Participando del \u00fanico sacerdocio de Cristo mediante el bautismo, el creyente entra a formar parte del gran pueblo sacerdotal que Dios mismo se ha construido y contin\u00faa construy\u00e9ndose, es decir, de la Iglesia, llamada a renovar el sacrificio del Se\u00f1or en perenne acci\u00f3n de gracias. Las personas, en efecto, participan de la salvaci\u00f3n cristiana por la mediaci\u00f3n de la comunidad cristiana, la cual, a su vez, se constituye en torno a la mesa eucar\u00ed\u00adstica. Todo el itinerario catecumenal, cuyo objetivo es la asimilaci\u00f3n a Cristo, es itinerario eclesial, en el sentido no s\u00f3lo de que tiene lugar en la Iglesia, sino de que implica sobre todo su pleno compromiso como comunidad que tiene su celebraci\u00f3n en la eucarist\u00ed\u00ada, asumiendo y proclamando a la vez la propia identidad.<\/p>\n<p>La vida moral del cristiano es, pues, esencialmente vida eucar\u00ed\u00adstica y eclesial. Es vida eucar\u00ed\u00adstica porque es vida eclesial, y es vida eclesial porque es eucar\u00ed\u00adstica, pues ambos aspectos se implican rec\u00ed\u00adprocamente, dando lugar a un movimiento vital circular que constituye el meollo mismo del misterio cristiano. La eucarist\u00ed\u00ada, en efecto, no es s\u00f3lo un rito que se celebra; es comuni\u00f3n con Dios y con los hermanos que hay que vivir y testimoniar en la vida diaria por medio de opciones personales y comunitarias caracterizadas por el esp\u00ed\u00adritu de servicio. Es recuerdo vivo de un acontecimiento por el que la humanidad, reconciliada con Dios, halla el camino de la propia reconciliaci\u00f3n y est\u00e1 llamada a explicitarlo en el mundo mediante la l\u00f3gica de la comuni\u00f3n y del compartir. En cuanto existencia eucar\u00ed\u00adstica, la existencia cristiana est\u00e1 guiada por el compromiso de transformar la realidad seg\u00fan la perspectiva de una convivencia amplia, a trav\u00e9s de la realizaci\u00f3n de la justicia y del amor, de la fraternidad y de la paz. Sin olvidar que la fuente de esta comuni\u00f3n es el amor mismo de Dios, que se ha manifestado en la historia en Jesucristo, sobre todo en el misterio pascual, y que tiene su radicaci\u00f3n \u00faltima en el misterio trinitario.<\/p>\n<p>La participaci\u00f3n en la vida de Dios, en la qu\u00e9 el cristiano es introducido gradualmente por medio de la iniciaci\u00f3n, es, en definitiva, participaci\u00f3n en la caridad, la cual constituye la naturaleza misma del Dios cristiano en cuanto Dios trinitario. La vida cristiana es inhabitaci\u00f3n del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu en la conciencia y el coraz\u00f3n del creyente. El modelo trinitario, que es el modelo de un Dios en relaci\u00f3n, en el que la donaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca constituye a las personas, es el arquetipo en el que debe inspirarse continuamente la actuaci\u00f3n del creyente; arquetipo que obliga a quien lo hace suyo de verdad a despojarse radicalmente de s\u00ed\u00ad para transformarse en pura donaci\u00f3n, a ejemplo de Cristo, cuya identidad -como ha se\u00f1alado agudamente Bonh\u00f3ffer- est\u00e1 toda ella comprendida dentro de la paradoja de la pobreza de aquel que ha sido por entero ser-para-los-dem\u00e1s.<\/p>\n<p>La Iglesia halla aqu\u00ed\u00ad su sentido y la l\u00f3gica de su actuaci\u00f3n. Fruto del proyecto del Dios trinitario y fundada por Cristo, participa en la eucarist\u00ed\u00ada del misterio de amor que se ha manifestado en la historia por medio de la pascua, para que, a su vez, lo manifieste a la humanidad proclamando la presencia del reino y anunciando prof\u00e9ticamente el cumplimiento futuro. En cuanto vida eclesial, la vida cristiana es vida para el reino. Esto significa que el compromiso moral del cristiano debe tender a la realizaci\u00f3n del reino, realizaci\u00f3n que, para poder alcanzarse, implica un compromiso responsable y participativo en la comunidad cristiana, int\u00e9rprete privilegiada de los signos del Se\u00f1or en la historia y art\u00ed\u00adfice, por medio de la acci\u00f3n sacramental, de la liberaci\u00f3n que \u00e9l trajo a los humanos.<\/p>\n<p>La iniciaci\u00f3n cristiana introduce, pues, al creyente en la experiencia cristiana viva, que es al mismo tiempo e inseparablemente experiencia de fe y experiencia moral. A trav\u00e9s de una sucesi\u00f3n de etapas progresivas, el creyente es introducido en la plena madurez de la vida cristiana, convirti\u00e9ndose en adulto en la fe y adquiriendo la capacidad de testimoniarla en la existencia cotidiana en fidelidad a los valores del ethos evang\u00e9lico.<\/p>\n<p>[Consejos evang\u00e9licos (del cristiano); l Religi\u00f3n y moral; l Sacramentos; l Santificaci\u00f3n y perfecci\u00f3n].<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; Para los aspectos b\u00ed\u00adblico-teol\u00f3gicos y pastorales: AA.VV., Iniziazione cristiana e immagine di chiesa, Ldc, Tur\u00ed\u00adn 1982; ALVAZ\u00ed\u0081BAL J., La figura del laico cristiano a la luz de los sacramentos de iniciaci\u00f3n, en \u00abPhase\u00bb 24 (1984) n. 139, 105-125 Borobio D. Proyecto de iniciaci\u00f3n cristiana, Descl\u00e9e, Bilbao 1980; In, Sobre el misterio del catequista de confirmaci\u00f3n y sus funciones dentro del proceso de iniciaci\u00f3n cristiana, en \u00abSeminarios\u00bb 71 (1979) 11-14; COLOMBO G., Iniziazione a Cristo. Il cammino di fede nella chiesa. Battesimo e confermazione, Ldc, Tur\u00ed\u00adn 1987; DACQUINO P., Battesimo e cresima. 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Piana<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. Introducci\u00f3n: a) Realidad antigua y nueva; b) Puntualizaci\u00f3n terminol\u00f3gica. &#8211; 2. Naturaleza de la iniciaci\u00f3n cristiana: a) La \u00abiniciaci\u00f3n\u00bb en las religiones, sobre todo, en las mist\u00e9ricas; b) La iniciaci\u00f3n cristiana; c) La iniciaci\u00f3n cristiana en el Vaticano II; d) La iniciaci\u00f3n despu\u00e9s del Vaticano II; e) Dos modelos de iniciaci\u00f3n; f) El &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iniciacion-cristiana\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abINICIACION CRISTIANA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16001","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16001","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16001"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16001\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16001"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16001"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16001"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}