{"id":16002,"date":"2016-02-05T10:22:44","date_gmt":"2016-02-05T15:22:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/jesus-de-nazaret\/"},"modified":"2016-02-05T10:22:44","modified_gmt":"2016-02-05T15:22:44","slug":"jesus-de-nazaret","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/jesus-de-nazaret\/","title":{"rendered":"JESUS DE NAZARET"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. La Buena Noticia. -2. Desde la experiencia del Resucitado. &#8211; 3. Los nombres propios de Jes\u00fas. &#8211; 4. Jes\u00fas y el Dios del Reino. &#8211; 5. Orientaciones pastorales.<\/p>\n<p>Jes\u00fas, nacido de Mar\u00ed\u00ada en Bel\u00e9n de Jud\u00e1, que vivi\u00f3 en Nazaret y form\u00f3 un grupo de disc\u00ed\u00adpulos, anunci\u00f3 el Evangelio del Reino con obras y palabras, entr\u00f3 en conflicto con los poderes establecidos, fue condenado a muerte en tiempos de Poncio Pilatos y resucit\u00f3 seg\u00fan las Escrituras. Este crucificado y resucitado (Hech. 2,36), vendr\u00e1 al final de la historia como \u00fanico Se\u00f1or (Hech. 1,11). La fe cristiana afirma la identidad entre Jesucristo sentado a la derecha del Padre y Jes\u00fas de Nazaret.<\/p>\n<p>1. La buena noticia<br \/>\nLa noticia m\u00e1s grande y definitiva es que Dios ha enviado a su Hijo (Mc. 1,11) para que fu\u00e9ramos hijos en el Hijo (filiaci\u00f3n adoptiva) (G\u00e1l. 4,5). El Hijo eterno de Dios \u00abha venido en carne\u00bb (1 Jn. 4,2); el verbo se hizo carne y acamp\u00f3 entre nosotros (Jn. 1,14.16). El art\u00ed\u00adculo 2\u00c2\u00b0 del Credo dice: \u00abCreo en Jesucristo, su \u00fanico Hijo, nuestro Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>El nombre Jes\u00fas en hebreo significa \u00abDios salva\u00bb; en la cultura sem\u00ed\u00adtica el nombre expresa la identidad y la misi\u00f3n que la persona ha recibido (Lc. 1,31). Dios Padre en y por Jes\u00fas \u00absalvar\u00e1 a su pueblo de sus pecados\u00bb (Mt. 1,21). \u00abNo hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos (Hech. 4,12; 9,14). En la persona de Jes\u00fas, Dios nos salva y reconcilia (2 Cor. 5,19); por la Encarnaci\u00f3n la segunda persona de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad se ha unido a todos la humanidad (Rom. 10,6-13). La Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas le sit\u00faa \u00absobre todo nombre\u00bb (Flp. 2,9); por El podemos poder llegar hasta el Padre y seguir su misi\u00f3n en este mundo. Todas las oraciones en la liturgia cristiana se elevan a Dios Padre \u00abpor Nuestro Se\u00f1or Jesucristo que vive y reina contigo en la unidad del Esp\u00ed\u00adritu Santo por los siglos de los siglos\u00bb.<\/p>\n<p>La salvaci\u00f3n de Dios la reconocemos y la recibimos en Jes\u00fas de Nazaret; Cristo Jes\u00fas es Dios y hombre al tiempo, es la revelaci\u00f3n de Dios y del hombre al hombre. Por eso mismo, nos cuestiona y nos llama a la conversi\u00f3n. Lo que Jes\u00fas dijo e hizo, sus criterios y aptitudes, sus gestos y sensibilidad, sus propuestas y su causa, el anuncio del Reino y su presencia transformadora de la realidad, son las manifestaciones de su persona; en consecuencia, conectar con esta manera de ser y actuar de Jes\u00fas es la \u00fanica manera de llegar a conocer a Jes\u00fas sin manipulaciones e intereses. Para Jes\u00fas de Nazaret el Reino es el horizonte de su vida; ah\u00ed\u00ad aparece el rostro de Dios como Padre de todos que alienta la esperanza m\u00e1s all\u00e1 de la muerte. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas resit\u00faa la persona y la vida de Jes\u00fas en el horizonte salvador para los que a lo largo de la historia han acogido y transmitido la fe en Jes\u00fas.<\/p>\n<p>2. Desde la experiencia del resucitado<br \/>\nLos ap\u00f3stoles tienen una experiencia \u00fanica de la resurrecci\u00f3n; sienten que el Se\u00f1or vive y est\u00e1 presente en la historia. Desde esta experiencia van recordando hechos, gestos y palabras, y van rastreando la existencia hist\u00f3rica de Jes\u00fas de Nazaret desde la confesi\u00f3n de fe en Cristo resucitado.<\/p>\n<p>Los evangelios se preguntan por el origen de aquel que se proclama Dios y Se\u00f1or; la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es la expresi\u00f3n de que Dios ha cumplido su promesa de salvaci\u00f3n mantenida a lo largo de la historia; por eso se hacen las genealog\u00ed\u00adas al comienzo de los sin\u00f3pticos. Y Juan en el pr\u00f3logo de su evangelio sit\u00faa a Jes\u00fas de Nazaret en la preexistencia trinitaria; tambi\u00e9n nos presentar\u00e1 los escritos en N.T. la dimensi\u00f3n c\u00f3smica de la existencia de Jes\u00fas, que es la manifestaci\u00f3n plena de su preexistencia: El es la cabeza de la Iglesia (Col. 1,18) primog\u00e9nito de entre los muertos (Col. 1,8) y a su nombre se dobla toda rodilla en la tierra y en el cielo (Flp. 2,10).<\/p>\n<p>El inter\u00e9s de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica y de los evangelios escritos por la historia de Jes\u00fas pretenden situar en la existencia terrena todo lo que Jes\u00fas nos manifest\u00f3 y proclamar que Cristo vive y act\u00faa en el presente. Los evangelios son cristolog\u00ed\u00adas no sistem\u00e1ticas que nos comunican el misterio de la persona y vida de Jes\u00fas de Nazaret, Hijo de Dios, Se\u00f1or de la historia y esperanza para la humanidad. Los evangelios hablan de Jes\u00fas como buena noticia (Hech. 8,35), de Cristo Jes\u00fas (5,42; 8,12) y del Se\u00f1or Jes\u00fas (11,20; 15,35).<\/p>\n<p>El evangelio de San Marcos nos presenta a Jes\u00fas de Nazaret como el Hijo de Dios (1,11; 9,7 y 15,39) que ha vencido al mal y nos ha salvado y nos asegura el encuentro con Dios.<\/p>\n<p>En el evangelio de San Mateo Jes\u00fas de Nazaret aparece como el Hijo del Hombre que tiene el poder y est\u00e1 con nosotros todos los d\u00ed\u00adas hasta el final (Mt. 28,18-20); el Padre ha puesto todo en manos de Jes\u00fas (Mt. 11,17) y el reino de Dios es el mismo Jesucristo.<\/p>\n<p>El evangelio de San Lucas presenta la opci\u00f3n preferencial de Jes\u00fas por los peque\u00f1os, enfermos y pecadores; los Hechos de los Ap\u00f3stoles sit\u00faan a Jes\u00fas entre el Mes\u00ed\u00adas prometido y la vida de la Iglesia naciente (Lc. 22,35-38; Hech. 2,1).<\/p>\n<p>El evangelio de San Juan parte de la preexistencia: el Verbo se ha manifestado en la existencia de Jes\u00fas (1,14) que revela la gloria del Padre. La gloria del triunfo de Jes\u00fas resucitado se anticipa en las acciones terrenales de Jes\u00fas y culmina en la vuelta al Padre (Jn. 3,13.31; 6,62). Juan relaciona los fundamentos de la vida sacramental, -Bautismo (3,22-30) y Eucarist\u00ed\u00ada (6)- con la vida de Jes\u00fas de Nazaret.<\/p>\n<p>Pablo manifiesta c\u00f3mo la presencia de Jes\u00fas no se puede separar de la vida de los cristianos: \u00abYo soy Jes\u00fas al que tu persigues\u00bb (Hech. 9,5; 22,8; 26,15). La experiencia m\u00e1s profunda de San Pablo es la de haber sido \u00abalcanzado por Cristo Jes\u00fas\u00bb (Flp. 3,12), \u00abplenitud divina\u00bb (Col. 1,15-20) y que tiene una historia terrena \u00abtal como lo hab\u00e9is recibido\u00bb (Col. 2,6). La vida eterna del cristiano consiste en dedicar \u00abla vida al nombre de nuestro se\u00f1or Jesucristo\u00bb (Hech. 15,26) y \u00abmorir por el nombre del Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb (Hech. 21,13) es el mayor triunfo, pues al nombre de Jes\u00fas \u00abtoda rodilla se dobla, en el cielo, en la tierra y en los infiernos\u00bb (Flp. 2,9). La misi\u00f3n apost\u00f3lica consiste en hablar en nombre de Jes\u00fas en todo tiempo y lugar (Hech. 5,40; 9,20; 17,18; 1 Cor. 2,2).<\/p>\n<p>El libro del Apocalipsis presenta, desde la experiencia lit\u00fargica de la comunidad, a Cristo como el cordero degollado y entronizado que cuida y dirige a la Iglesia (Ap. 1-3). Jesucristo es el primero y el \u00faltimo (Ap. 1,17), el principio y el final (Ap. 22,13), el alfa y la omega (Ap. 1,8; 21,6), el am\u00e9n (Ap. 3,14), el Ungido de Dios, al que se debe todo honor y toda gloria (Ap. 19,19; Ap. 17,14).<\/p>\n<p>3. Los nombres propios de Jes\u00fas<br \/>\nNos referimos a los nombres de Cristo, Hijo \u00fanico de Dios y Se\u00f1or. El nombre de Cristo expresa en griego el t\u00e9rmino hebreo Mes\u00ed\u00adas que significa \u00abungido\u00bb. El Mes\u00ed\u00adas prometido en el A.T. ser\u00ed\u00ada ungido por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios (Is. 11,2) como sacerdote profeta y rey. Jes\u00fas de Nazaret cumple esta promesa, y as\u00ed\u00ad lo expresa cuando lee en la sinagoga el texto de Is. 61,1 (Lc. 4,16-21). Jes\u00fas acept\u00f3 el t\u00ed\u00adtulo de Mes\u00ed\u00adas con precauci\u00f3n por los intereses con que utilizaban los disc\u00ed\u00adpulos y el pueblo este t\u00e9rmino (Mt. 22,4-46; Jn. 6,15, Lc. 24,21). Jes\u00fas aporta la novedad del Mes\u00ed\u00adas que El encarna: viene del Padre (Jn. 3,13; 6,12) y se presenta como \u00abhomo servus\u00bb (Mt. 20,28). La pasi\u00f3n de Cristo es la plenitud de su misi\u00f3n mesi\u00e1nica; \u00absepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Se\u00f1or y Cristo a este Jes\u00fas a quien vosotros hab\u00e9is crucificado\u00bb (Hech. 2,38).<\/p>\n<p>La proclamaci\u00f3n de Jes\u00fas de Nazaret como hijo \u00fanico de Dios es el n\u00facleo de la fe y de la predicaci\u00f3n de los ap\u00f3stoles (Hech. 9,20; Jn. 20,21; 1Ti. 1,10). Cuando Pedro confiesa a Jes\u00fas como Hijo de Dios, Jes\u00fas le responde que \u00abno te ha revelado esto ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que est\u00e1 en los cielos\u00bb (Mc. 16,17). En el Bautismo de Jes\u00fas y en el episodio de la transfiguraci\u00f3n la voz que viene de lo alto proclama: \u00abEste es mi Hijo amado, escuchadle\u00bb (Mt. 3,17; 17,5). La relaci\u00f3n de Jes\u00fas con el Padre es \u00fanica y llena de novedad; El nos asocia a esta relaci\u00f3n, y mantiene la diferencia; por eso dice: \u00abMi Padre y vuestro Padre\u00bb (Jn. 20,17). La resurrecci\u00f3n de Jesucristo es la plena manifestaci\u00f3n del alcance de lo que significa \u00abHijo de Dios \u00ab. \u00abHemos visto en gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo \u00fanico, lleno de gracia y de verdad\u00bb (Jn. 1,14).<\/p>\n<p>El t\u00ed\u00adtulo de Se\u00f1or (Kyrios) entronca en la tradici\u00f3n veterotestamentaria; es el nombre con el que Dios se manifest\u00f3 a Mois\u00e9s (Ex 3,14) y es el nombre m\u00e1s utilizado por el Pueblo de Israel. Los escritos del N.T. lo aplican a Jes\u00fas al que confiesan como Dios (1 Cor. 2,8). Algunas actuaciones de Jes\u00fas en el Evangelio llevan a los que las presencian a reconocerle como Se\u00f1or, pues hasta el mar y los demonios le obedecen. En las apariciones del resucitado, este t\u00ed\u00adtulo expresa admiraci\u00f3n, alegr\u00ed\u00ada y adoraci\u00f3n: \u00abSe\u00f1or m\u00ed\u00ado y Dios m\u00ed\u00ado\u00bb (Jn. 20,28) y \u00abEs el Se\u00f1or\u00bb (Jn. 21,7). Las confesiones de fe de las primeras comunidades confiesan que este t\u00ed\u00adtulo le pertenece a Jes\u00fas por su \u00abcondici\u00f3n divina\u00bb (Flp. 2,6) y porque Dios Padre le ha glorificado (Rom. 10,9; 1 Cor 12,3; Flp. 2,11). En consecuencia, el cristiano s\u00f3lo reconoce a Jesucristo como \u00fanico Se\u00f1or al que deben estar sometidos todos los proyectos e intereses. \u00abLa Iglesia cree que la clave, el centro y el fin de la historia humana se encuentra en su Se\u00f1or y Maestro\u00bb (G.S. 10,2; 45,2), y mientras espera la parus\u00ed\u00ada ora diciendo: \u00ab\u00c2\u00a1Ven, Se\u00f1or!\u00bb (1 Cor. 16,22).<\/p>\n<p>4. Jes\u00fas y el Dios del reino (Mc. 1,15 y par.).<\/p>\n<p>Jes\u00fas anuncia el Reino de Dios y al Dios del Reino como Buena Noticia, pues parte de la iniciativa de Dios, est\u00e1 entre nosotros (Lc. 6,20) y manifiesta el amor por los excluidos y pecadores (Lc. 4, 18.43). Estas caracter\u00ed\u00adsticas hacen que algunos se escandalicen de la persona y el mensaje de Jes\u00fas (Lc. 7,22 ss).<\/p>\n<p>Este anuncio liberador es buena noticia y llamada a la conversi\u00f3n (Mt. 4,17); cerrarse al Reino de Dios y al Dios del Reino es el mayor pecado, pues impide acoger a Dios y a su proyecto. La conversi\u00f3n que pide el evangelio conlleva el aceptar una forma nueva de entender a Dios, no desde la justificaci\u00f3n por la ley, sino desde la misericordia entra\u00f1able para con todos, y especialmente para los pobres. Esta actitud no es fruto del esfuerzo \u00e9tico, sino de la gracia de Dios que toma la iniciativa y nos pucede. Para poder amar como Dios nos ha amado tenemos que empezar por experimentar su amor y su perd\u00f3n; s\u00f3lo as\u00ed\u00ad podemos ser buenos samaritanos para con el hermano maltrecho y marginado. Del amor seremos juzgados (Mt. 25, 31-46), pues de las obras de misericordia y de servicio depende la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El anuncio del Reino que Jes\u00fas de Nazaret hace parte de la experiencia de Dios como Abb\u00e1, Padre. En el modo de vivir y visionar de Jes\u00fas hay una preocupaci\u00f3n constante: hacer la voluntad del Padre en qui\u00e9n conf\u00ed\u00ada plenamente y con qui\u00e9n vive una relaci\u00f3n de profund\u00ed\u00adsima intimidad. La persona y existencia de Jes\u00fas son la autocomunicaci\u00f3n de la misericordia y bondad del Padre que est\u00e1 especialmente cercano a los pobres, excluidos y enfermos (Lc. 6,35). Nada ni nadie puede anteponerse a ser m\u00e1s importante que Dios (Mt. 6,26), pues Dios se impone por su entra\u00f1able misericordia y perd\u00f3n; en consecuencia, Jes\u00fas nos invita a los humanos a tener con los dem\u00e1s las mismas actitudes de cercan\u00ed\u00ada y entrega que Dios tiene para con nosotros. Esta experiencia del Padre es la que lleva a Jes\u00fas a orar alabando y bendiciendo, y a acoger su voluntad en todo momento.<\/p>\n<p>El Dios del Reino le lleva a Jes\u00fas a estar completamente disponible para el anuncio de la Buena Noticia del Evangelio y la salvaci\u00f3n de la humanidad en las circunstancias hist\u00f3ricas que le toc\u00f3 vivir y enfrent\u00e1ndose a todos los problemas y dificultades. Como dice la carta a los Hebreos, Jes\u00fas aprendi\u00f3 en la obediencia, las pruebas y los sufrimientos. Este modo de asumir se condici\u00f3n y misi\u00f3n se ve reflejado en el Evangelio en el enfrentamiento con los poderes pol\u00ed\u00adticos y religiosos, la subida a Jerusal\u00e9n y el relato de la pasi\u00f3n.<\/p>\n<p>La muerte de Jes\u00fas en la cruz en la palabra definitiva de Dios sobre s\u00ed\u00ad mismo, sobre la historia y sobre la humanidad. \u00abTanto am\u00f3 Dios al mundo que envi\u00f3 a su Hijo\u00bb (Jn. 3,1). Y Jes\u00fas, \u00abhabiendo amado a los suyos los am\u00f3 hasta el final\u00bb (Jn. 13,1); Dios se ha manifestado plenamente como amor, cercan\u00ed\u00ada y donaci\u00f3n en la entrega del Hijo amado (Rom. 8,37; Jn. 3,16). La resurrecci\u00f3n de Jesucristo expresa con la fuerza de Dios que su causa es definitiva, que el Reino es inseparable de la persona de Jes\u00fas, y que caminamos hacia la plenitud (1 Cor. 15,28).<\/p>\n<p>Los Ap\u00f3stoles y las primeras comunidades confiesan a Jes\u00fas como el \u00abungido\u00bb de Dios, el Hijo de Dios y el Se\u00f1or de la historia; y al mismo tiempo confiesan que el Hijo de Dios, el Resucitado es Jes\u00fas de Nazaret. Y desde esta experiencia que da sentido definitivo a la historia se escriben los Evangelios.<\/p>\n<p>La filiaci\u00f3n de Jes\u00fas de Nazaret y la entrega salvadora a los hermanos hasta dar la vida son los dos elementos fundamentales para entender la persona y la misi\u00f3n de Jes\u00fas de Nazaret. La existencia, palabras y acciones revelan a Jes\u00fas como Hijo de Dios, pues \u00aben Cristo habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad\u00bb. La historiedad de Jes\u00fas revela a Dios y es el acceso al Padre; y, por eso, desde la experiencia de la resurrecci\u00f3n, la fe apost\u00f3lica afirma que Cristo fue verdaderamente humano.<\/p>\n<p>5. Orientaciones pastorales<br \/>\n&#8211; El anuncio de Jesucristo debe llevar a los que son evangelizados a creer en El y a entrar en comuni\u00f3n de vida con El. \u00abEn el centro de la catequesis encontramos esencialmente una Persona, la de Jes\u00fas de Nazaret, Unig\u00e9nito del Padre, que ha sufrido y ha muerto por nosotros y ahora, resucitado, vive para siempre con nosotros\u00bb (C.T. 5). \u00abEn la catequesis lo que se ense\u00f1a es a Cristo, el Verbo encarnado, Hijo de Dios y todo lo dem\u00e1s en referencia a El; el \u00fanico que ense\u00f1a es Cristo, y cualquier otro lo hace en la medida en que es portavoz suyo, permitiendo que Cristo ense\u00f1e por su boca&#8230; Todo catequista deber\u00e1 poder aplicarse a s\u00ed\u00ad mismo la misteriosa palabra de Jes\u00fas: \u00abMi doctrina no es m\u00ed\u00ada, sino del que me ha enviado\u00bb (Jn. 7,16).\u00bb (C.T. 6). Por eso la finalidad de la catequesis consiste en \u00abconducir a la comuni\u00f3n con Jesucristo: s\u00f3lo El puede conducirnos al amor del Padre en el Esp\u00ed\u00adritu a hacernos part\u00ed\u00adcipes de la vida de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad\u00bb (C.T. 5) (cfr. D.G.C. 80-81).<\/p>\n<p>&#8211; El catequista debe haber experimentado lo que intenta transmitir: el \u00abconocimiento interior\u00bb de la persona de Jesucristo que le lleve a realizar todo y \u00abha dejarse alcanzar\u00bb por la persona de Jesucristo (cfr. Flp. 3,8-11). La urgencia de la evangelizaci\u00f3n la sienten las personas que viven esta comuni\u00f3n con Jes\u00fas; y desde ah\u00ed\u00ad procuran que otros abran el coraz\u00f3n a la novedad de vida que supone la persona de Jes\u00fas de Nazaret y su Evangelio.<\/p>\n<p>&#8211; En la educaci\u00f3n de la fe hay que purificar las im\u00e1genes de Jesucristo que tienen muchos cristianos por la religiosidad que han heredado, la presi\u00f3n del medio ambiente y la imagen de Jes\u00fas que transmiten algunas publicaciones y pel\u00ed\u00adculas de gran difusi\u00f3n. La actitud religiosa madura conlleva la aceptaci\u00f3n del Dios revelado en Jes\u00fas de Nazaret. La vida de Jes\u00fas, sus actuaciones y actitudes son el lugar de encuentro con Dios Padre y con el Reino; por eso Jes\u00fas de Nazaret debe ser presentado como buena noticia y que pone en cuesti\u00f3n a las personas. S\u00f3lo quien deja de Jes\u00fas salga a su encuentro y transforme la mirada y el coraz\u00f3n puede encontrarse con Dios Padre.<\/p>\n<p>&#8211; La fe en la persona de Jes\u00fas conlleva el asumir aquello que para Jes\u00fas fue lo m\u00e1s importante: hacer la voluntad del Padre. Lo que Dios quiere es la llegada del Reino y la promesa de su consumaci\u00f3n. Sigue a Jes\u00fas quien la experiencia del discipulado con otros y llega a confesar a Jes\u00fas como Mes\u00ed\u00adas. Este acto de fe expresa el sentirse hijo de Dios y hermano de todos sin excepci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; El rostro de Jes\u00fas debe buscarse donde est\u00e1 presente: la palabra, los sacramentos, la Eucarist\u00ed\u00ada especialmente, la comunidad, los ministerios y los pobres (Puebla 196). Son diferentes mediaciones del encuentro: unas remiten a las otras, y deben vivirse todas ellas. Estas mediaciones manifiestan la condescendencia de Dios y la k\u00e9nosis de Jesucristo. La salvaci\u00f3n realizada por Jesucristo nos lleva a la comuni\u00f3n con Dios y a la intercomuni\u00f3n solidaria con los hermanos (D.G.C. 101-102), pues \u00aben Cristo habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad\u00bb (G\u00e1l. 2,9).<\/p>\n<p>&#8211; El encuentro con Jesucristo lleva a los creyentes a ser evangelizadores que comunican lo que \u00abhan visto y palpado\u00bb dan testimonio con su vida de aquello en lo que creen, analizan los signos de los tiempos desde el Evangelio y promueven los proyectos liberadores en favor de los m\u00e1s necesitados. Y todo ello lo hacen con alegr\u00ed\u00ada y esperanza, conscientes de que el amor de Dios est\u00e1 pasando por ella y llega a los dem\u00e1s. El ser cristiano debe configurar la vida entera del creyente y de las comunidades eclesiales; estamos llamados a ser alternativa de un modo de vida desde Dios y en favor de los m\u00e1s necesitados; esto no es posible sin un coraz\u00f3n convertido que genere servicio de solidaridad y de paz.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; BLANDE, P., Jes\u00fas de Nazaret, Verbo Divino 1988; BL\u00ed\u0081ZQUEZ, R., jes\u00fas, el Evangelio de Dios, Marova 1985; BOFE, L., jesucristo y la liberaci\u00f3n del hombre, Cristiandad 1981; CA\u00ed\u2018IZARES, A., Notas pedag\u00f3gico-catequ\u00e9ticas para el anuncio de Cristo: Teolog\u00ed\u00ada y Catequesis 4 (1985) 243-265; jesucristo, en \u00abNuevo Diccionario de Liturgia\u00bb, San Pablo 1996, 1071-1093; en \u00abNuevo Diccionario de Espiritualidad\u00bb, San Pablo, 1991, 1022-1044; en \u00abNuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica\u00bb, San Pablo 1990, 864-893; en \u00abNuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica\u00bb, San Pablo 1999, 1292-1313; jes\u00fas de Nazaret, en \u00abConceptos Fundamentales de Pastoral\u00bb, Cristiandad 1983, 480-513; FORTE, B., jes\u00fas de Nazaret, San Pablo 1984; FAUS, J. 1., La humanidad nueva, 2 vol\u00famenes, Sal Terrae 1984; PAGOLA, J. A., Jes\u00fas de Nazaret, Idatz 1981; PATIN, A., La aventura de Jes\u00fas de Nazaret, Sal Terrae; PIKAZA, X., El evangelio, vida y persona de Jes\u00fas, S\u00ed\u00adgueme 1990; SEGUNDO, J. L., El hombre de hoy ante Jes\u00fas de Nazaret, 3 vol\u00famenes, Cristiandad 1982; SHILLEBEECK, E., Jes\u00fas. La historia de un Viviente, Cristiandad 1981; SOBRINO, f., Jes\u00fas en Am\u00e9rica Latina, San Salvador 1982.<\/p>\n<p>Jes\u00fas Sastre<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. La Buena Noticia. -2. Desde la experiencia del Resucitado. &#8211; 3. Los nombres propios de Jes\u00fas. &#8211; 4. Jes\u00fas y el Dios del Reino. &#8211; 5. Orientaciones pastorales. Jes\u00fas, nacido de Mar\u00ed\u00ada en Bel\u00e9n de Jud\u00e1, que vivi\u00f3 en Nazaret y form\u00f3 un grupo de disc\u00ed\u00adpulos, anunci\u00f3 el Evangelio del Reino con obras &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/jesus-de-nazaret\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abJESUS DE NAZARET\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16002","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16002","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16002"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16002\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16002"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16002"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16002"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}