{"id":16039,"date":"2016-02-05T10:23:58","date_gmt":"2016-02-05T15:23:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/religiosidad-popular-en-europa\/"},"modified":"2016-02-05T10:23:58","modified_gmt":"2016-02-05T15:23:58","slug":"religiosidad-popular-en-europa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/religiosidad-popular-en-europa\/","title":{"rendered":"RELIGIOSIDAD POPULAR EN EUROPA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. Dimensi\u00f3n tradicional: catolicismo o piedad popular. &#8211; 2. Dimensi\u00f3n psico-sociol\u00f3gica. &#8211; 3. Dimensi\u00f3n pol\u00ed\u00adtica. &#8211; 4. Principales manifestaciones de religiosidad popular hoy &#8211; 5. Constantes o rasgos comunes. &#8211; 6. Actitudes ante la religiosidad popular. &#8211; 7 Santuarios y peregrinaciones. &#8211; 8. Apunte final.<\/p>\n<p>En diversos foros europeos de reflexi\u00f3n y pastoral, se ha hecho presente, directa o indirectamente, el tema de la religiosidad popular o piedad popular, tan arraigado en nuestras viejas comunidades cristianas.<\/p>\n<p>Hace tan s\u00f3lo algunas d\u00e9cadas se la pronosticaba muy poco futuro. Sin embargo, las manifestaciones de religiosidad popular, o catolicismo popular, viven, aparentemente, una renovada etapa de florecimiento. Triduos, novenas, rogativas, procesiones, peregrinaciones, veneraci\u00f3n de im\u00e1genes, celebraci\u00f3n de fiestas patronales y otras manifestaciones, est\u00e1n en auge, con gran respaldo popular.<\/p>\n<p>Los presb\u00ed\u00adteros se preguntan, como buenos pastores, \u00bfqu\u00e9 claves de discernimiento podemos aportar?, \u00bfqu\u00e9 an\u00e1lisis podemos realizar?, \u00bfqu\u00e9 pautas pastorales podemos subrayar?<br \/>\n1. Dimensi\u00f3n tradicional: catolicismo o piedad popular. (La religi\u00f3n con sabor a pueblo y con ra\u00ed\u00adz popular)<br \/>\nYa el papa Pablo VI, en su enc\u00ed\u00adclica Evangelii Nuntiandi (1975) subray\u00f3 que en dicha religiosidad popular se manifestaba muchas veces una aut\u00e9ntica sed de Dios que s\u00f3lo aciertan a expresar los pobres y sencillos. La religiosidad popular hace referencia a un cristianismo encarnado, con sabor y formas de pueblo: \u00abTanto en las regiones donde la Iglesia est\u00e1 establecida desde hace siglos, como en aquellas donde se est\u00e1 implantando, se descubren en el pueblo expresiones particulares de b\u00fasqueda de Dios y de la fe. Consideradas durante largo tiempo como menos puras, y a veces despreciadas, estas expresiones constituyen hoy el objeto de un nuevo descubrimiento casi generalizado\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esta primera aproximaci\u00f3n descriptiva, debemos necesariamente enumerar los n\u00facleos principales o campos de la citada religiosidad popular. Destacan al menos los siguientes: piedad mariana y a los santos (incluyendo romer\u00ed\u00adas y peregrinaciones); mister\u00ed\u00ados de la muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or (incluyendo las cofrad\u00ed\u00adas y hermandades); sacramentos y sacramentales ( incluyendo devociones, romer\u00ed\u00adas, novenas, etc); y culto de difuntos.<\/p>\n<p>2. Dimensi\u00f3n psico-sociol\u00f3gica. (A\u00f1oranza nost\u00e1lgica de lo vivido en la ni\u00f1ez. Se\u00f1as de identidad en un mundo sin hogar: en la tierra de nacimiento, o en la tierra de nadie)<br \/>\nL. Maldonado se preguntaba no hace mucho qu\u00e9 buscan las generaciones j\u00f3venes, chicos y chicas, cuando piden ingresar en las cofrad\u00ed\u00adas. Responde que hay cuatro motivaciones posibles: primero, el deseo de asumir unas ra\u00ed\u00adces constitutivas de identidad: es la conexi\u00f3n con unas tradiciones, bien familiares, bien locales-regionales, que hacen suyas; de este modo alcanzan un equilibrio entre este v\u00e9rtigo que acaba produciendo la aldea global, el internacionalismo, al que se ve lanzada cada vez m\u00e1s la juventud. En segundo lugar, los j\u00f3venes expresan as\u00ed\u00ad un cierto sentido de lo sagrado, del misterio de la existencia precibido a trav\u00e9s de la propia juventud, la naturaleza, la primavera, la amistad, el amor naciente, la corporalidad-sexualidad. Esto se concreta muchas veces en la vivencia de una procesi\u00f3n en el silecnio de las noches, de las madrugadas. Ser\u00ed\u00ada el sentido de lo religioso. Por eso hablamos de religiosidad popular. En tercer lugar, se constata un gozo de la est\u00e9tica, la belleza de ciertas expresiones art\u00ed\u00adstico-religiosas: la imagen, el paso, el entorno urbano, la m\u00fasica. Y, en cuatro lugar, debemos mencionar la influencia del grupo de amigos y amigas, el compa\u00f1erismo, ese car\u00e1cter algo \u00abtribal\u00bb de las relaciones juveniles a lo largo de cierta edad.<\/p>\n<p>En cuanto a las principales manifestaciones de esta religiosidad popular, estar\u00ed\u00adan las siguientes: Fiestas de los santos de mayor devoci\u00f3n popular; las cofrad\u00ed\u00adas y hermandades de Semana Santa que potencian las procesiones de Semana Santa y una nueva vivencia de fraternidad solidaria; la asistencia a los funerales y entierros y el culto popular de difuntos; los bautizos, las bodas y las primeras comuniones, con marcado acento festivo-folkl\u00f3rico; las peregrinaciones a santuarios y el Camino de Santiago; las pr\u00e1cticas a las que se asocia algo m\u00e1gico como puede ser besar el cord\u00f3n del Cristo, \u00abcaminatas de S. Nicol\u00e1s\u00bb, etc., y, finalmente, las velas-ofrendas en el interior de los templos.<\/p>\n<p>3. Dimensi\u00f3n pol\u00ed\u00adtica<br \/>\nEn los a\u00f1os 60-70 estuvo muy de moda la \u00abreligiosidad popular\u00bb. Por tal entendemos las formas y manifestaciones tradicionales, propias de cada pueblo, que encierran la riqueza del misterio cristiano. Religiosidad respetada, aunque necesariamente deba alimentarse y purificarse.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os 80-90, en cambio, se habla de \u00abreligi\u00f3n popular\u00bb. Con dos versiones: la de los nost\u00e1lgicos (quieren volver a recobrar formas de la infancia, supuestamente perdidas hoy), y la de los democratizadores (se erigen como due\u00f1os y se\u00f1ores de lo que tiene que ser la religiosidad de un pueblo). \u00bfAlgunos ejemplos de dicha religi\u00f3n popular? Cuando se recibe un saluda de un Alcalde \u00abque invita a la Misa solemne en la ermita X\u00bb. O cuando una cofrad\u00ed\u00ada se erige en asociaci\u00f3n civil y no quiere o\u00ed\u00adr hablar de estatutos can\u00f3nicos. O, cuando la procesi\u00f3n, a veces precedida de V\u00ed\u00adsperas en un lat\u00ed\u00adn no precisamente cl\u00e1sico y nada can\u00f3nico, tiene que estar acompa\u00f1ada de abundante vino y alguna que otra blasfemia. Las frases tambi\u00e9n delatan: \u00ab\u00bfQui\u00e9n es el obispo para entrometerse en nuestros asuntos? \u00bfQui\u00e9n es ese forastero (l\u00e9ase el p\u00e1rroco) para decidir sobre nuestras fiestas? \u00bfQui\u00e9n ha dicho que la Iglesia, o la ermita, o la casa rectoral no son del pueblo?\u00bb&#8230;<\/p>\n<p>El Concilio Vaticano II nos habl\u00f3 de respetar, en su justa medida, las formas de religiosidad popular. En cierta manera es el cristianismo con ra\u00ed\u00adces y sabor a pueblo. La religi\u00f3n popular es otra cosa. A la larga se convierte en forma pagana de vivir una fe que se queda anclada en \u00abalgo\u00bb (ritos, procesiones, formas, etc.) y no en \u00abAlguien\u00bb (Jesucristo, el Se\u00f1or). Y, lo que es m\u00e1s grave, detr\u00e1s de la religi\u00f3n popular existe una necesidad de poder, personal o colectivo, encubierto. Por sus frutos se conocer\u00e1n.<\/p>\n<p>4. Principales manifestaciones de religiosidad popular hoy<br \/>\nSi nos atrevi\u00e9semos a preguntar directamente en nuestras comunidades hispanas \u00abqu\u00e9 manifestaciones de religiosidad popular est\u00e1n m\u00e1s en auge\u00bb, se responder\u00ed\u00ada, fenomenol\u00f3gicamente, de esta manera descriptiva: las que conllevan una mayor expresi\u00f3n est\u00e9tica o popular (ofrenda al Patr\u00f3n y otras) y las que suponen evocaci\u00f3n del pasado (costumbres, danzas, etc.). En efecto, a medida que ha crecido la secularizaci\u00f3n y descristianizaci\u00f3n se ha generado un mayor florecimiento de piedad popular que intenta compensar el d\u00e9ficit de espiritualidad y apunta a mantener el natural deseo de transcendencia, mientras se recuperan nost\u00e1lgicamente las ra\u00ed\u00adces perdidas en muchos casos.<\/p>\n<p>Son importantes, igualmente, las manifestaciones que expresan una especie de cultura popular secular, como las romer\u00ed\u00adas o las fiestas patronales de cada pueblo, a veces trasladadas a \u00e9poca estival para facilitar una mayor participaci\u00f3n. Dichos actos comportan m\u00e1s un sentido folkl\u00f3rico y de diversi\u00f3n colectiva, avalado especialmente por la ayuda econ\u00f3mica de organismos oficiales. Los organizadores suelen ser \u00ablos de la Comisi\u00f3n de Festejos\u00bb de los Ayuntamientos, sin que intervenga la comunidad cristiana en su programaci\u00f3n. El aspecto religioso se convierte en la ocasi\u00f3n y motivo de la gran fiesta popular-colectiva, particularmente en el mundo rural. En el extremo de estas pr\u00e1cticas se llega a identificar la religiosidad popular, y a mudarla, por la denominada \u00abreligi\u00f3n popular\u00bb (civil, neopagana).<\/p>\n<p>El Directorio Lit\u00fargico-Pastoral de la CEE (1989) clasificaba las manifestaciones de religiosidad popular en dos \u00e1mbitos principales: a) individual y familiar (ej.: Imposici\u00f3n de nombres, uso de objetos piadosos, capillas domiciliarias, acontecimientos, etc.); b) \u00e1mbitos sociales (ej.: Devociones populares, culto eucar\u00ed\u00adstico, devociones marianas, procesiones, rogativas, romer\u00ed\u00adas, etc.) (Cf. SECRETARIADO NACIONAL DE LITURGIA, Liturgia y piedad popular. Directorio, PPC, Madrid 1989, n. 8).<\/p>\n<p>5. Constantes o rasgos comunes<br \/>\nComo rasgos comunes a esta religiosidad popular, al menos, podemos se\u00f1alar los que siguen: predominio de pr\u00e1cticas y ritos; utilitarismo o protagonismo de \u00abmediaciones\u00bb religiosas; normas tradicionales detalladas y precisas, y mezcla de protagonismo individual y colectivo, de lo religioso y lo profano. M. Meslin habla de \u00abrelaciones con lo divino m\u00e1s sencillas, m\u00e1s directas y m\u00e1s rentables\u00bb.<\/p>\n<p>Nos hacemos una pregunta m\u00e1s para seguir profundizando: \u00ab\u00bfQu\u00e9 contenido religioso-cristiano se observa en todas estas manifestaciones?\u00bb.<\/p>\n<p>Las respuestas son variadas y variopintas:<\/p>\n<p>&#8211; En una minor\u00ed\u00ada, se observan contenidos de fe bien arraigados y hasta una justa valoraci\u00f3n del misterio.<\/p>\n<p>&#8211; En otros, destacar\u00ed\u00ada una cierta piedad personal y una religiosidad mezclada con lo profano y, en algunos casos, con lo supersticioso y lo \u00abm\u00e1gico\u00bb.<\/p>\n<p>&#8211; En otros apreciar\u00ed\u00adamos, un fuerte componente religioso de a\u00f1oranza y nostalgia y cierto sentimentalismo religioso que ofrecen seguridad e identidad.<\/p>\n<p>&#8211; En determinados grupos de creyentes se va consiguiendo una cierta profundidad religiosa en el sentido penitencial, eucar\u00ed\u00adstico y de oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; En cualquier caso se debe destacar el protagonismo decidido de los laicos en la religiosidad popular y el sentido religioso de tradici\u00f3n. Se puede encontrar algo de expiaci\u00f3n, de acci\u00f3n de gracias, y hasta de sentido penitencial y m\u00e1gico.<\/p>\n<p>&#8211; En algunas cofrad\u00ed\u00adas y hermandades se intenta buscar la solidaridad y la fraternidad junto al sentido de fiesta participada con sabor popular. Se asiste, con preocupaci\u00f3n, como ya se ha apuntado, a la constataci\u00f3n de que la mayor parte de las `fiestas religiosas&#8217; que se siguen celebrando, particularmente en el mundo rural o semirural, est\u00e1n siendo instrumentalizadas por poderes pol\u00ed\u00adticos o por intereses particulares. El aspecto religioso de dichas celebraciones festivas, muchas veces, es un mero adorno al servicio de quienes lo organizan (prestigio de instituciones p\u00fablicas o privadas).<\/p>\n<p>6. Actitudes ante la religiosidad popular<br \/>\nAnte la religiosidad popular se pueden asumir, al menos, las siguientes posturas: tolerancia, proscripci\u00f3n, potenciaci\u00f3n y purificaci\u00f3n. Desde estas dos \u00faltimas palabras puede ser plataforma v\u00e1lida para una Nueva Evangelizaci\u00f3n. Porque, entre los valores positivos que se detectan en la denominada religiosidad popular, se pueden encontrar una sed de Dios, generosidad y ascetismo, sentido de la transcendencia, necesidad de renovaci\u00f3n interior, personal y social, y verdaderos gestos de solidaridad y fraternidad.<\/p>\n<p>Dando por hecha la revalorizaci\u00f3n de dicha religiosidad popular, se\u00f1alamos algunos de los retos que esperan respuesta desde la misma.<\/p>\n<p>El primer reto se presenta en forma de realizaci\u00f3n de un serio discernimiento de los valores que pueden encerrar dichas manifestaciones religiosas y aprovecharlas como base antropol\u00f3gica y cultural de evangelizaci\u00f3n. Se debe resaltar la convivencia, el compartir, la solidaridad, la hospitalidad, el sentido intuido pero no clarificado de transcendencia, etc. Se trata de descubrir, discernir y valorar lo que hay de positivo en lo tradicional y en lo nuevo. Igualmente, se presenta el reto de estudiar profundamente el propio fen\u00f3meno de la religiosidad popular, para reconvertirla en verdadero medio de evangelizaci\u00f3n actual, porque no se puede criticar dicha religiosidad \u00abdesde fuera\u00bb, desde prejuicios adquiridos.<\/p>\n<p>El reto de hacer discernimiento no equivale tanto a \u00abeliminar\u00bb como a \u00abencauzar y purificar\u00bb formalismos y formulismos trasnochados y sin concordancia con el Vaticano II. En la religiosidad popular muchas veces est\u00e1 en juego el recobrar las ra\u00ed\u00adces verdaderas.<\/p>\n<p>En otro orden de cosas, el reto de revisar a fondo los estatutos y reglamentos de asociaciones, instituciones, hermandades y cofrad\u00ed\u00adas que han quedado obsoletos y poco o nada dicen al hombre de hoy y a sus problemas. Y, sobre todo, encierran una teolog\u00ed\u00ada, eclesiolog\u00ed\u00ada y espiritualidad, si no falsa, al menos incompleta. Igualmente hay que examinar la identidad eclesial de las personas que promueven las manifestaciones de religiosidad popular y mantener una actitud dialogante con quienes viven las expresiones tradicionales \u00abal margen\u00bb de la Iglesia (secularizaci\u00f3n de lo religioso).<\/p>\n<p>Pastoralmente, se impone otro reto: c\u00f3mo unificar criterios ante la religiosidad popular. Es necesario, por ejemplo, un estudio serio de las devociones, de sus or\u00ed\u00adgenes y su historia. Se hace necesaria la cercan\u00ed\u00ada al pueblo, el compartir acciones, responder a sus preguntas, en un proceso de catequesis y evangelizaci\u00f3n desde esa misma presencia, cercan\u00ed\u00ada y respeto. Todo ello, con actitud humilde y acogedora, respetando el ritmo religioso de cada persona y pueblo y no ahuyentando a quienes tienen intenciones menos puras.<\/p>\n<p>Finalmente, el reto de despertar la fe aut\u00e9ntica y cuidar las celebraciones en esos encuentros sacramentales donde se sigue primando el aspecto social. En este sentido, el reto de potenciar que las devociones populares y los ejercicios piadosos est\u00e9n inspirados en la Escritura y la Liturgia; al mismo tiempo, promover el sentido de la oraci\u00f3n, de la adoraci\u00f3n, del sacrificio, de la caridad, de la justicia, del desprendimiento, despertando el car\u00e1cter comunitario y participativo, eclesial, de dichas celebraciones y manifestaciones.<\/p>\n<p>Una \u00faltima anotaci\u00f3n: aunque es evidente el nuevo despertar religioso observado en nuestra sociedad, sin entrar en la ambig\u00fcedad del fen\u00f3meno, algunos siguen uniendo la religiosidad popular en una franja intermedia entre los creyentes y los no creyentes. Las principales manifestaciones de las mismas ser\u00ed\u00adan los llamados \u00abritos de transici\u00f3n\u00bb (sociales), y su transcendencia se llamar\u00ed\u00ada \u00abmedia\u00bb (\u00abde mediaciones\u00bb) y no \u00ababsoluta\u00bb (Dios \u00fanico). Desde esta perspectiva, como reto, estar\u00ed\u00ada el redescubrir, una vez m\u00e1s el Dios de la revelaci\u00f3n, el valor comunitario (y comunal) de dicha religiosidad y, ya desde el cristianismo, traducirlo en comuni\u00f3n de los santos.<\/p>\n<p>Como hemos se\u00f1alado m\u00e1s arriba, ante el fen\u00f3meno de la religiosidad popular podemos adoptar diferentes posturas, que van desde el rechazo de la misma juzgada como m\u00e1gica o supersticiosa hasta la rehabilitaci\u00f3n de formas de leg\u00ed\u00adtima devoci\u00f3n; desde la tolerancia pragm\u00e1tica de formas imperfectas de vivencia religiosa hasta la renovaci\u00f3n de pr\u00e1cticas y tradiciones compatibles con las normas lit\u00fargicas y la eclesiolog\u00ed\u00ada conciliar. Y, a pesar de poder hablarse de rasgos de religiosidad \u00abextraeclesial\u00bb y \u00abreligiosidad subterr\u00e1nea\u00bb, seguimos creyendo en el valor evangelizador y catequ\u00e9tico de la religiosidad popular.<\/p>\n<p>Es necesario valorar la sed profunda que se expresa en la misma como apertura a la transcendencia. Desde un paciente acompa\u00f1amiento pastoral en orden a la evangelizaci\u00f3n, debemos discernir y ayudar a discernir un triple movimiento: lo secular de lo sagrado; lo religioso de lo meramente sentimental; y lo religioso de lo cristiano. Se puede hablar, en consecuencia, de descubrir tres niveles en la religiosidad popular: antropol\u00f3gico, religioso y cristiano.<\/p>\n<p>Nos atrevemos, pues, a se\u00f1alar algunos puntos m\u00ed\u00adnimos a tener en cuenta, principalmente, en la catequesis y en la pastoral con relaci\u00f3n al fen\u00f3meno se\u00f1alado:<\/p>\n<p>&#8211; Es evidente que en la religiosidad popular se mezclan luces y sombras que, por una parte, producen, principalmente a los pastores, perplejidad y desconcierto y, por otra, es una llamada y un reto a evangelizar.<\/p>\n<p>&#8211; Al parecer, \u00ablos campos m\u00e1s relevantes\u00bb de la religiosidad popular en suelo hispano se manifiestan principalmente en la actualidad en sacramentos y sacramentales, misterios de Jesucristo (acentuando Pasi\u00f3n y Muerte), piedad mariana, culto de difuntos y fiestas populares.<\/p>\n<p>&#8211; En la religiosidad popular se pueden descubrir posibilidades evangelizadoras desde estas claves pastorales:<\/p>\n<p>* Paso de una Iglesia de cristiandad a una de misi\u00f3n.<\/p>\n<p>* Espiritualidad de encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>* Experiencia comunitaria como lugar de acogida, misericordia y celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>* Signos de presencia y compromiso entre los m\u00e1s pobres.<\/p>\n<p>&#8211; As\u00ed\u00ad mismo en la evangelizaci\u00f3n de la religiosidad popular se requieren unas actitudes y un talante determinado: escucha (\u00abcon el o\u00ed\u00addo atento\u00bb); acompa\u00f1amiento (\u00abcon el paso presto\u00bb); con criterios eclesiales (pastorales y catequ\u00e9ticos) comunes; realizando signos claros desde la presencia del misterio de Jesucristo, discerniendo lo accesorio de lo nuclear; en di\u00e1logo y respetando procesos personales y comunitarios; en la confluencia de caminos evang\u00e9licos y con fuerte dosis de resistencia ante los fracasos e intentos de purificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; La complejidad de \u00abcampos\u00bb de la religiosidad popular hace necesario un sano y prudente discernimiento evang\u00e9lico con algunos criterios: identidad y comuni\u00f3n eclesial; proceso de madurez y compromiso cristianos; vivencia comunitaria; denuncia prof\u00e9tica de los \u00ed\u00addolos (dinero, poder, magia, etc.); al servicio de los m\u00e1s pobres, en cuya evangelizaci\u00f3n se hace presente el Reino. En resumen, coherencia cristiana y eclesial.<\/p>\n<p>&#8211; M\u00e1s en concreto, algunos de los criterios de discernimiento y acci\u00f3n anteriormente expuestos, y ya en los diversos campos de la religiosidad popular, pueden ser los siguientes:<\/p>\n<p>a) Para los misterios de la Pasi\u00f3n y Muerte de Jes\u00fas:<\/p>\n<p>* Presentar la Pasi\u00f3n y Muerte de Jesucristo en el conjunto del Misterio Pascual.<\/p>\n<p>* Descubrir el sentido evangelizador del domingo y de las fiestas.<\/p>\n<p>* Descubrir el valor de solidaridad del Cristo sufriente con la humanidad sufriente.<\/p>\n<p>* Acompa\u00f1ar con catequesis adecuada los actos populares.<\/p>\n<p>* Atender a las cofrad\u00ed\u00adas y hermandades para que sean \u00e1mbito, destinatarios y agentes de evangelizaci\u00f3n evitando la posible manipulaci\u00f3n de otros poderes o intereses ajenos a lo cristiano.<\/p>\n<p>* Descubrir el valor catequ\u00e9tico de la imaginer\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>b) Celebraciones sacramentales<br \/>\n* Insistir en una Pastoral de conjunto. Dentro de lo establecido por las orientaciones diocesanas, favorecer criterios y materiales comunes para una adecuada catequesis y celebraci\u00f3n de los Sacramentos de Iniciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>* Cuidar el proceso de iniciaci\u00f3n cristiana con la participaci\u00f3n de padres e hijos.<\/p>\n<p>* En los sacramentos, cuidar la acogida.<\/p>\n<p>* Aprovechar la riqueza que ofrecen los rituales.<\/p>\n<p>c) Piedad mariana<br \/>\n* Presentar el misterio de Mar\u00ed\u00ada en perspectiva b\u00ed\u00adblica y de historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>* Potenciar la piedad mariana como amplio instrumento pastoral para vivir la cristolog\u00ed\u00ada y eclesiolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>* Desmitificar y purificar la piedad mariana liber\u00e1ndola de connotaciones \u00ablocalistas y cremat\u00ed\u00adsticas\u00bb.<\/p>\n<p>* Renovar la piedad mariana utilizando las orientaciones de la Iglesia y los materiales lit\u00fargicos.<\/p>\n<p>d) Culto de los difuntos<br \/>\n* Expresar el sentido pascual de la muerte. Puede ser un momento para evangelizar a los alejados.<\/p>\n<p>* Cuidar no s\u00f3lo la celebraci\u00f3n de exequias, sino el acompa\u00f1amiento de la familia.<\/p>\n<p>* Cuidar la liturgia de exequias aprovechando la riqueza que nos ofrece el ritual renovado.<\/p>\n<p>* Ofrecer un testimonio de fe y gratuidad.<\/p>\n<p>* Aprovechar los velatorios para realizar una pastoral adecuada.<\/p>\n<p>En el tema de la religiosidad popular, pedag\u00f3gica y pastoralmente, nos movemos entre dos extremos: respetarlo sin eliminarlo y no aceptarlo sin purificarlo. En otros \u00e1mbitos geogr\u00e1ficos \u00e9sta ha sido la postura inteligente y equilibrada. Ojal\u00e1 pudiera afirmarse lo que se\u00f1ala F. A. Pastor: \u00abEn la religiosidad popular cobran nueva importancia los movimientos de renovaci\u00f3n en la pastoral popular y laical\u00bb. Ser\u00ed\u00ada tanto como decir que el Pueblo de Dios ha encarnado el mensaje en el sentido indicado por el propio Juan Pablo II: \u00abLa s\u00ed\u00adntesis entre cultura y fe no s\u00f3lo es una exigencia de la cultura, sino de la fe. Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no totalmente pensada ni fielmente vivida\u00bb. Como afirmaban los obispos del Sur de Espa\u00f1a, \u00abpara que la relaci\u00f3n cristianismo-piedad popular sea fecunda, han de cumplirse las debidas condiciones de reciprocidad: por un lado, hay que hacer capaz a esa cultura de expresar expl\u00ed\u00adcitamente los signos de fe y de aceptar la ruptura con las tradiciones y las formas que sean incompatibles, del todo o en parte, con la penetraci\u00f3n del evangelio en todos los campos de su vida colectiva; por otro lado, la Iglesia ha de hacerse a s\u00ed\u00ad misma capaz de asimilar los valores de ese pueblo, de comprender c\u00f3mo ve \u00e9l el evangelio desde ellos&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Los pastores y los evangelizadores cualificados tienen una misi\u00f3n especialmente encomenda en este sentido.<\/p>\n<p>7. Santuarios y peregrinaciones<br \/>\nLa pastoral de peregirnaciones y santuarios, dentro de la religiosidad popular, ocupan su espacio concreto y est\u00e1n \u00ed\u00adntimamente relacionados. Para ofrecer algunos criterios de actuaci\u00f3n pastoral nos remitimos una vez m\u00e1s al Directorio de la CEE (1989), nn. 1-10.<\/p>\n<p>Los santuarios cristianos son lugares de culto, oraci\u00f3n y penitencia. No todos los lugares de culto se consideran santuarios. Necesitan la aprobaci\u00f3n del obispo, o en su caso de la CEE y de la Santa Sede, seg\u00fan sea su calificaci\u00f3n como diocesano, nacional o internacional. En cualquier caso son lugares destinados de forma permanente al culto. Y, a la vez, el santuario es un lugar privilegiado para la caridad. Muchas veces, gracias a ellos, se sostienen instituciones, destinadas a pobres y necesitados. Y, finalmente, un santuario puede ser un lugar de cultura y formaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La peregrinaci\u00f3n, a su vez, es una manifestaci\u00f3n religiosa \u00ed\u00adntimamente unida a la vida de un santuario. Cuando no s\u00f3lo tiene una motivaci\u00f3n humana u horizontal constituye una iniciaci\u00f3n y una mediaci\u00f3n para entender la vida cristiana como peregrinaci\u00f3n en la fe.<\/p>\n<p>Como orientaciones pr\u00e1cticas, se pueden destacar las siguientes:<\/p>\n<p>&#8211; Fomentar en los santuarios una verdadera y sana vida lit\u00fargica.<\/p>\n<p>&#8211; Potenciar una adecuada proclamaci\u00f3n de la Palabra.<\/p>\n<p>&#8211; Celebrar con dignidad la Eucarist\u00ed\u00ada, como centro de Vida. Cuidar las misas votivas.<\/p>\n<p>&#8211; Cuando se celebren sacramentos de Inicaci\u00f3n, estar en contacto y coordinaci\u00f3n con la parroquia.<\/p>\n<p>&#8211; Cuidar especialmente el sacramento de la Penitencia y reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; Dar oportunidad a la oraci\u00f3n no s\u00f3lo personal, sino al rezo de la Liturgia de las Horas.<\/p>\n<p>&#8211; Las procesiones, que ofrezcan un car\u00e1cter de oraci\u00f3n y penitencia.<\/p>\n<p>&#8211; Educar adecuadamente en el tema de ofrendas y exvotos y mostrar la m\u00e1xima transparencia.<\/p>\n<p>&#8211; Fomentar las peregrinaciones y romer\u00ed\u00adas, junto a marchas juveniles o, cuando el lugar lo permita, convivencias de matrimonios y catequistas.<\/p>\n<p>&#8211; En cualquier caso, en el tema de romer\u00ed\u00adas y peregrinaciones, cuidar con esmero la preperaci\u00f3n, la motivaci\u00f3n de partida, el camino o desarrollo de la peregrinaci\u00f3n, la acogida al llegar al santuario y el mismo retorno.<\/p>\n<p>8. Apunte final<br \/>\nEl Directorio Lit\u00fargico-Pastoral de la CEE (1989) al que hemos venido haciendo referencia, en su n\u00c2\u00b0 9, viene a subrayar que las manifestaciones de piedad popular pueden constituir un cauce aut\u00e9ntico de expresi\u00f3n de fe cristiana. La misma Iglesia ha incorporado a su vida lit\u00fargica diversos elementos de esta piedad popular a lo largo de los siglos. Pero el gran reto que se plantea es hacer que las actitudes religiosas personales y colectivas no se queden a un nivel meramente humano y natural sino que se dejen empapar por la fe aut\u00e9ntica, por los valores del Evangelio, y por la verdadera Tradici\u00f3n y Liturgia.<\/p>\n<p>Todo ello, como nos recuerda otro importante documento de la CEE, sabiendo discernir en profundidad y respetando la justa autonom\u00ed\u00ada y las leyes propias de dicha piedad popular. En cierta manera, es puente y mediaci\u00f3n con lo religioso en estos tiempos de increencia (Cf. COMISI\u00ed\u201cN EPISCOPAL DE LITURGIA, Evangelizaci\u00f3n y renovaci\u00f3n de la piedad popular, PPC. Madrid 1987, n\u00c2\u00b0 44).<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; COMISI\u00ed\u201cN EPISCOPAL DE LITURGIA, Evangelizaci\u00f3n y renovaci\u00f3n de la piedad popular, PPC. Madrid 1987; SECRETRIADO NACIONAL DE LITURGIA, Liturgia y piedad popular. Directorio, PPC, Madrid 1989; R. BERZOSA MART\u00ed\u008dNEZ, Evangelizar en una nueva cultura, San Pablo, Madrid 1998; ID., voz Religiosidad Popular, en \u00abNuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica\u00bb, San Pablo, Madrid 1999.<\/p>\n<p>Ra\u00fal Berzosa Mart\u00ed\u00adnez<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Una realidad compleja y cuestionada.`II. Aproximaci\u00f3n fenomenol\u00f3gica. III. Algunos retos desde la \u00abreligiosidad popular\u00bb. IV. Algunas respuestas catequ\u00e9tico-pastorales. V. Religiosidad popular andaluza. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>I. Una realidad compleja y cuestionada<br \/>\nDe antemano subrayamos cu\u00e1l ser\u00e1 el campo de nuestro desarrollo: la religiosidad popular en el marco de las viejas Iglesias de cristiandad europeas, con especial incidencia en la Iglesia en Espa\u00f1a. En otra voz de este mismo diccionario se trata el tema, desde el punto de vista latinoamericano.<\/p>\n<p>Definir el t\u00e9rmino religiosidad popular es, en principio, problem\u00e1tico. Es un fen\u00f3meno sincr\u00e9tico de encuentro e interacci\u00f3n de realidades distintas, pero convergentes. No basta con decir que es la religi\u00f3n del pueblo, o el catolicismo popular, o las devociones populares tradicionales1. Porque, en la Europa cat\u00f3lica, lo popular adquiere diversos y heterog\u00e9neos sentidos, y el concepto de tradici\u00f3n puede remontarse a un per\u00ed\u00adodo secular o, sencillamente, a algunas d\u00e9cadas. Puede ser tradici\u00f3n de todo un pueblo, o sencillamente una devoci\u00f3n con un carisma o espiritualidad muy definida.<\/p>\n<p>Hoy se puede afirmar que, en la pastoral, la teolog\u00ed\u00ada y la catequesis, ha crecido el inter\u00e9s por el conjunto de realidades que encierra la denominada religiosidad popular. Ya Pablo VI, en su exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Evangelii nuntiandi (1975), subray\u00f3 que en dicha religiosidad popular se manifestaba muchas veces una aut\u00e9ntica sed de Dios que s\u00f3lo aciertan a expresar los pobres y sencillos. La religiosidad popular hace referencia a un cristianismo encarnado, con sabor y formas de pueblo: \u00abTanto en las regiones donde la Iglesia est\u00e1 establecida desde hace siglos como en aquellas donde se est\u00e1 implantando, se descubren en el pueblo expresiones particulares de b\u00fasqueda de Dios y de la fe. Consideradas durante largo tiempo como menos puras, y a veces despreciadas, estas expresiones constituyen hoy el objeto de un nuevo descubrimiento casi generalizado\u00bb (EV 48).<\/p>\n<p>A diferencia de lo sucedido en otras \u00e1reas geogr\u00e1ficas del universo cat\u00f3lico, en Europa, cuna del viejo catolicismo, la religiosidad popular entr\u00f3 en crisis en los a\u00f1os 60-70, cuando nunca debi\u00f3 ser un problema. Y mucho menos mereci\u00f3 sufrir el desprecio, o menosprecio, que se observ\u00f3 en dichos a\u00f1os. \u00bfA qu\u00e9 se debi\u00f3 este fen\u00f3meno? Al menos tres fueron los factores o causas que lo provocaron: dos, extraeclesiales con incidencia en lo cristiano-cat\u00f3lico, a saber, el fen\u00f3meno secularizador que comport\u00f3 la visi\u00f3n del mundo moderno y la denominada teolog\u00ed\u00ada de la secularizaci\u00f3n protestante. Y, ya intraeclesialmente, una aplicaci\u00f3n indebida y no suficientemente reflexionada de lo que supuso la reforma lit\u00fargica y evangelizadora del Vaticano II.<\/p>\n<p>a) Analizando el primer fen\u00f3meno que cuestion\u00f3 la religiosidad popular, nos encontramos con la cosmovisi\u00f3n moderna de la realidad en una doble vertiente: la cr\u00ed\u00adtica de la religi\u00f3n como factor alienante del hombre (opio del pueblo) y como desestructuraci\u00f3n simb\u00f3lica del universo. En cuanto al primer punto, L. Feuerbach se atrevi\u00f3 a exclamar: \u00abLa religi\u00f3n es la esencia infantil de la humanidad. El ni\u00f1o ve su esencia, el hombre, fuera de s\u00ed\u00ad. Como ni\u00f1o, en la religi\u00f3n, el hombre es para s\u00ed\u00ad mismo como otro hombre; es objeto\u00bb2. Por lo que hace relaci\u00f3n al segundo punto -la desestructuraci\u00f3n simb\u00f3lica- la modernidad perdi\u00f3 la transparencia, casi sacramental, de lo creado. El mundo, el cosmos, no encerraba sentido trascendente y objetivo alguno. No hac\u00ed\u00ada referencia ya a un Dios creador. El mundo ten\u00ed\u00ada el sentido que el hombre mismo, o los pueblos, quisieran otorgarle3. A esta mentalidad, ya desde la praxis, contribuy\u00f3 sin duda de forma decisiva la compleja sociedad industrial.<\/p>\n<p>b) En cuanto a la teolog\u00ed\u00ada de la secularizaci\u00f3n protestante, que tanto influir\u00e1 en la crisis de la religiosidad popular, debemos remontarnos a K. Barth y su distinci\u00f3n entre fe cristiana y religi\u00f3n. Para este autor \u00abla religi\u00f3n es considerada como la expresi\u00f3n mayor y m\u00e1s peligrosa de la impiedad y de la insubordinaci\u00f3n de los hombres que mantienen prisionera a la verdad en los cepos de la injusticia, ya que presume conocer a Dios a partir de la experiencia humana. Dios es el totalmente otro, el Deus absconditus\u00bb4. Ninguna manifestaci\u00f3n o gesto religioso tiene, pues, valor alguno. Mucho menos la religiosidad popular. Bastan tan s\u00f3lo Jesucristo y la fe. Sin detenernos en pasos intermedios, avanzamos hasta la denominada teolog\u00ed\u00ada de la secularizaci\u00f3n (A.T. Robinson, W. Hamilton, T. Althizer, G. Vahanian, H. Cox, entre otros). Para esta corriente teol\u00f3gica la constataci\u00f3n de que a los hombres de hoy les resulta cada vez m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil pensar y hablar de Dios, y en general de la realidad no emp\u00ed\u00adrica (metaf\u00ed\u00adsica, sobrenatural, m\u00ed\u00adstica), les lleva a proponer la renovaci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada, la pastoral y la catequesis desde el nuevo concepto antropoc\u00e9ntrico y pol\u00ed\u00adtico: hay que reformular la teolog\u00ed\u00ada y la pastoral desde el hombre adulto, posreligioso y aut\u00f3nomo. Lo religioso se transforma en \u00e9tica pr\u00e1xica y de compromiso pol\u00ed\u00adtico. La religiosidad popular, evidentemente, es un estorbo para esta nueva mentalidad y s\u00f3lo queda como reliquia o restos de una mentalidad m\u00e1gica y desfasada del universo y de la vida5. Se lleg\u00f3 a cuestionar, desde el rechazo de la religiosidad popular, incluso la identidad del ministerio sacerdotal, al que se ve\u00ed\u00ada como \u00abmago o hechicero de la tribu alimentando una religiosidad m\u00e1gica\u00bb6.<\/p>\n<p>c) En cuanto a los factores de renovaci\u00f3n intraeclesial, a ra\u00ed\u00adz del Vaticano II, debemos se\u00f1alar que el cambio experimentado por la eclesiolog\u00ed\u00ada conciliar ha dado lugar a que los cristianos sean m\u00e1s sensibles a su formaci\u00f3n religiosa y a comprender la Iglesia como la Comunidad en la que todos tienen un lugar y una corresponsabilidad como pueblo de Dios, en comuni\u00f3n para la evangelizaci\u00f3n. La insistencia, desde el Vaticano II, en lo central del cristianismo, ha contribuido a abandonar y relegar muchas de las pr\u00e1cticas religiosas populares que se cre\u00ed\u00ada estaban situadas en lo perif\u00e9rico. Con frecuencia se han roto muchas devociones y h\u00e1bitos religiosos sin sustituirlos por otros m\u00e1s evang\u00e9licos y eclesiales. Particularmente los pastores han ridiculizado ciertas pr\u00e1cticas y tradiciones religiosas. Unos soportan como pueden lo viejo; otros lo han eliminado de ra\u00ed\u00adz, cambi\u00e1ndolo por formas nuevas que no han cuajado, y otros no tienen ni lo nuevo ni lo viejo. En el tema de la religiosidad popular hay una cierta divisi\u00f3n y polarizaci\u00f3n entre conservadores-sacramentalizadores (pastoral de mantenimiento) y progresistas-evangelizadores (pastoral de misi\u00f3n).<\/p>\n<p>En cualquier caso, hoy, en pleno posconcilio, lo repetimos, la religiosidad popular, en el viejo continente, ha vuelto a cobrar una gran y merecida relevancia. No es f\u00e1cil, sin embargo, encuadrar las realidades que se encierran dentro de dicha religiosidad popular. Cubre una ampl\u00ed\u00adsima gama de fen\u00f3menos vitales, sociales, culturales y religiosos. Su fenomenolog\u00ed\u00ada no est\u00e1 exenta de un alto grado de heterogeneidad y equivocidad7. Lo cual no invalida, sino que hace m\u00e1s relevante, el inter\u00e9s suscitado en nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>II. Aproximaci\u00f3n fenomenol\u00f3gica<br \/>\nSi nos atrevi\u00e9semos a preguntar directamente en nuestras comunidades hispanas \u00abqu\u00e9 manifestaciones de religiosidad popular est\u00e1n m\u00e1s en auge\u00bb, se responder\u00ed\u00ada, fenomenol\u00f3gicamente, de esta manera descriptiva: las que conllevan una mayor expresi\u00f3n est\u00e9tica o popular (ofrenda al Patr\u00f3n y otras) y las que suponen evocaci\u00f3n del pasado (costumbres, danzas, etc). \u00abEn los pa\u00ed\u00adses de cristiandad, se ha ido elaborando, poco a poco, todo un modo de comprender y vivir la fe que, con el tiempo, ha acabado por impregnar la existencia y la vida com\u00fan de los hombres&#8230; Se ha constituido as\u00ed\u00ad una cultura de la que participan todos y en la cual la fe entra como un elemento constitutivo, incluso integrador. Este tipo de cultura se ve particularmente amenazada por el secularismo\u00bb8. En efecto, a medida que ha crecido la secularizaci\u00f3n y descristianizaci\u00f3n, se ha generado un mayor florecimiento de piedad popular, que intenta compensar el d\u00e9ficit de espiritualidad y apunta a mantener el natural deseo de trascendencia, mientras se recuperan nost\u00e1lgicamente las ra\u00ed\u00adces perdidas en muchos casos.<\/p>\n<p>Son importantes, igualmente, las manifestaciones que expresan una especie de cultura popular secular, como las romer\u00ed\u00adas o las fiestas patronales de cada pueblo, a veces trasladadas a \u00e9poca estival para facilitar una mayor participaci\u00f3n. Dichos actos comportan m\u00e1s un sentido folcl\u00f3rico y de diversi\u00f3n colectiva, avalado especialmente por la ayuda econ\u00f3mica de organismos oficiales. Los organizadores suelen ser los de la Comisi\u00f3n de festejos de los ayuntamientos, sin que intervenga la comunidad cristiana en su programaci\u00f3n. El aspecto religioso se convierte en ocasi\u00f3n y motivo de la gran fiesta popular-colectiva, particularmente en el mundo rural. En el extremo de estas pr\u00e1cticas se llega a identificar la religiosidad popular y a mutarla por la denominada religi\u00f3n popular (civil, neopagana).<\/p>\n<p>En cuanto a otras manifestaciones de religiosidad popular, estar\u00ed\u00adan estas: fiestas de los santos de mayor devoci\u00f3n popular; las cofrad\u00ed\u00adas y hermandades que potencian las procesiones de semana santa y una nueva vivencia de fraternidad solidaria; la asistencia a los funerales y entierros y el culto popular de los difuntos; los bautizos, las bodas y las primeras comuniones, con marcado acento festivo-folcl\u00f3rico; las peregrinaciones a santuarios y el Camino de Santiago; las pr\u00e1cticas a las que se asocia algo m\u00e1gico, como puede ser besar el cord\u00f3n del Cristo, caminatas de san Nicol\u00e1s, etc.; y, finalmente, las velas-ofrendas en el interior de los templos.<\/p>\n<p>Descritas algunas de las manifestaciones de la religiosidad popular, ser\u00ed\u00ada necesaria una segunda pregunta: \u00ab\u00bfQu\u00e9 contenido religioso-cristiano se observa en ellas?\u00bb.<\/p>\n<p>Las respuestas son variadas y variopintas: en una minor\u00ed\u00ada, se observan contenidos de fe bien arraigados y hasta una justa valoraci\u00f3n del misterio. En otros, destacar\u00ed\u00ada una cierta piedad personal y una religiosidad mezclada con lo profano y, en algunos casos, con lo supersticioso y lo m\u00e1gico. En otros, apreciar\u00ed\u00adamos un fuerte componente religioso de a\u00f1oranza y nostalgia y cierto sentimentalismo religioso que ofrecen seguridad e identidad. En determinados grupos de creyentes se va consiguiendo una cierta profundidad religiosa en el sentido penitencial, eucar\u00ed\u00adstico y de oraci\u00f3n. En cualquier caso se debe destacar el protagonismo decidido de los laicos en la religiosidad popular y el sentido religioso de tradici\u00f3n. Se puede encontrar algo de expiaci\u00f3n, de acci\u00f3n de gracias, y hasta de sentido penitencial y m\u00e1gico. En algunas cofrad\u00ed\u00adas y hermandades se intenta buscar la solidaridad y la fraternidad junto al sentido de fiesta participada con sabor popular. Se asiste, con preocupaci\u00f3n, como ya se ha apuntado, a la constataci\u00f3n de que la mayor parte de las fiestas religiosas que se siguen celebrando, particularmente en el mundo rural o semirrural, est\u00e1n siendo instrumentalizadas por poderes pol\u00ed\u00adticos o por intereses particulares. El aspecto religioso de dichas celebraciones festivas, muchas veces, es un mero adorno al servicio de quienes lo organizan (prestigio de instituciones p\u00fablicas o privadas).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esta primera aproximaci\u00f3n fenomenol\u00f3gica debemos necesariamente enumerar los n\u00facleos principales o campos de la citada religiosidad popular. Destacan al menos los siguientes: piedad mariana y devoci\u00f3n a los santos (incluyendo romer\u00ed\u00adas y peregrinaciones); misterios de la muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or (incluyendo las cofrad\u00ed\u00adas y hermandades); sacramentos y sacramentales (incluyendo devociones, romer\u00ed\u00adas, novenas, etc.); y culto de difuntos.<\/p>\n<p>A partir de estos datos debemos matizar que, l\u00f3gicamente, no son las mismas las manifestaciones de la religiosidad popular andaluza, que la castellana o gallega, por ejemplo. Y, como rasgos comunes a esta religiosidad popular, podemos se\u00f1alar, al menos, los que siguen: predominio de pr\u00e1cticas y ritos; utilitarismo o protagonismo de mediaciones religiosas; normas tradicionales detalladas y precisas, y mezcla de protagonismo individual y colectivo, de lo religioso y lo profano. M. Meslim habla de \u00abrelaciones con lo divino m\u00e1s sencillas, m\u00e1s directas y m\u00e1s rentables\u00bb9.<\/p>\n<p>Ante la religiosidad popular se pueden asumir, al menos, las siguientes posturas: tolerancia, proscripci\u00f3n, potenciaci\u00f3n y purificaci\u00f3n. Desde estas dos \u00faltimas palabras, la religiosidad popular puede ser plataforma v\u00e1lida para una nueva evangelizaci\u00f3n. Porque, entre los valores positivos de la denominada religiosidad popular, se pueden encontrar una sed de Dios, generosidad y ascetismo, sentido de la trascendencia, necesidad de renovaci\u00f3n interior, personal y social, y verdaderos gestos de solidaridad y fraternidad10.<\/p>\n<p>III. Algunos retos desde la \u00abreligiosidad popular\u00bb<br \/>\nDando por hecha la revalorizaci\u00f3n de la religiosidad popular, se\u00f1alamos algunos de los retos que esperan respuesta desde la misma.<\/p>\n<p>En el horizonte cultural, una advertencia, como en su d\u00ed\u00ada exclam\u00f3 Ortega y Gasset: \u00ab\u00c2\u00a1Dios a la vista!\u00bb. En efecto, E. Tr\u00ed\u00adas11, I. Sotelo12 y otros, nos advierten que lo religioso no ha muerto: sencillamente se hab\u00ed\u00ada eclipsado en la modernidad. \u00bfSabremos abrir nuevos horizontes, y anunciar el kerigma, ante el desaf\u00ed\u00ado de la religiosidad popular? \u00bfSabremos, como dec\u00ed\u00adan nuestros cl\u00e1sicos, \u00abasumir para redimir\u00bb, \u00abacompa\u00f1ar para transformar\u00bb? \u00bfSabremos hacer realidad, desde dicha religiosidad popular, las dos caras de toda evangelizaci\u00f3n verdadera: inculturaci\u00f3n y anuncio?13<br \/>\nEl primer reto se presenta en forma de realizaci\u00f3n de un serio discernimiento de los valores que pueden encerrar dichas manifestaciones religiosas, y aprovecharlas como base antropol\u00f3gica y cultural de evangelizaci\u00f3n. Se debe resaltar la convivencia, el compartir, la solidaridad, la hospitalidad, el sentido intuido pero no clarificado de trascendencia, etc. Se trata de descubrir, discernir y valorar lo que hay de positivo en lo tradicional y en lo nuevo. El reto de hacer discernimiento no equivale tanto a eliminar como a encauzar y purificar formalismos y formulismos trasnochados y sin concordancia con el Vaticano II. En la religiosidad popular muchas veces est\u00e1 en juego el recobrar las ra\u00ed\u00adces verdaderas.<\/p>\n<p>Igualmente, se presenta el reto de estudiar profundamente el propio fen\u00f3meno de la religiosidad popular, para reconvertirla en verdadero medio de evangelizaci\u00f3n actual, porque no se puede criticar dicha religiosidad desde. fuera, desde prejuicios adquiridos.<\/p>\n<p>En otro orden de cosas, el reto de revisar a fondo los estatutos y reglamentos de asociaciones, instituciones, hermandades y cofrad\u00ed\u00adas que han quedado obsoletos y poco o nada dicen al hombre de hoy y a sus problemas. Y, sobre todo, encierran una teolog\u00ed\u00ada, eclesiolog\u00ed\u00ada y espiritualidad, si no falsa, al menos incompleta. Igualmente hay que examinar la identidad eclesial de las personas que promueven las manifestaciones de religiosidad popular y mantener una actitud dialogante con quienes viven las expresiones tradicionales al margen de la Iglesia (secularizaci\u00f3n de lo religioso).<\/p>\n<p>Pastoralmente, se impone otro reto: c\u00f3mo unificar criterios ante la religiosidad popular. Es necesario, por ejemplo, un estudio serio de las devociones, de sus or\u00ed\u00adgenes y su historia. Se hace necesaria la cercan\u00ed\u00ada al pueblo, el compartir acciones, responder a sus preguntas, en un proceso de catequesis y evangelizaci\u00f3n desde esa misma presencia, cercan\u00ed\u00ada y respeto. Todo ello, con actitud humilde y acogedora, respetando el ritmo religioso de cada persona y de cada pueblo, y no ahuyentando a quienes tienen intenciones menos puras.<\/p>\n<p>Finalmente, el reto de despertar la fe aut\u00e9ntica y cuidar las celebraciones sacramentales en esos encuentros donde sigue primando el aspecto social. En este sentido, el reto de potenciar que las devociones populares y los ejercicios piadosos est\u00e9n inspirados en la Escritura y la liturgia; al mismo tiempo, promover el sentido de la oraci\u00f3n, de la adoraci\u00f3n, del sacrificio, de la caridad, de la justicia, del desprendimiento, despertando el car\u00e1cter comunitario y participativo, eclesial, de dichas celebraciones y manifestaciones.<\/p>\n<p>Una \u00faltima anotaci\u00f3n: aunque es evidente el nuevo despertar religioso observado en nuestra sociedad14, sin entrar en la ambig\u00fcedad del fen\u00f3meno, algunos siguen uniendo la religiosidad popular en una franja intermedia entre los creyentes y los no creyentes15. Las principales manifestaciones de las mismas ser\u00ed\u00adan los llamados ritos de transici\u00f3n (sociales), y su trascendencia se llamar\u00ed\u00ada media (de mediaciones) y no absoluta (Dios \u00fanico). Desde esta perspectiva estar\u00ed\u00ada, como reto, el redescubrir, una vez m\u00e1s, el Dios de la revelaci\u00f3n, el valor comunitario (y comunal) de dicha religiosidad y, ya desde el cristianismo, traducirlo en comuni\u00f3n de los santos.<\/p>\n<p>IV. Algunas respuestas catequ\u00e9tico-pastorales<br \/>\n\u00abPara llegar al coraz\u00f3n de los hombres, el anuncio del evangelio a los j\u00f3venes y a los adultos as\u00ed\u00ad como la celebraci\u00f3n de la salvaci\u00f3n en la liturgia requieren, no s\u00f3lo un profundo conocimiento y una experiencia de fe, sino tambi\u00e9n de la cultura ambiente\u00bb16. Partimos de una aseveraci\u00f3n: es tiempo de evangelizar. Tambi\u00e9n la religiosidad popular y desde ella.<\/p>\n<p>Como hemos se\u00f1alado m\u00e1s arriba, ante el fen\u00f3meno de la religiosidad popular podemos adoptar diferentes posturas, que van desde el rechazo de la misma, juzgada como m\u00e1gica o supersticiosa, hasta la rehabilitaci\u00f3n de formas de leg\u00ed\u00adtima devoci\u00f3n; desde la tolerancia pragm\u00e1tica de formas imperfectas de vivencia religiosa hasta la renovaci\u00f3n de pr\u00e1cticas y tradiciones compatibles con las normas lit\u00fargicas y la eclesiolog\u00ed\u00ada conciliar. Y, a pesar de poder hablarse de rasgos de religiosidad extraeclesial y \u00abreligiosidad subterr\u00e1nea\u00bb17, seguimos creyendo en el valor evangelizador y catequ\u00e9tico de la religiosidad popular. Es necesario valorar la sed profunda que se expresa en la misma como apertura a la trascendencia. Desde un paciente acompa\u00f1amiento pastoral en orden a la evangelizaci\u00f3n, debemos discernir y ayudar a discernir un triple movimiento: lo secular de lo sagrado, lo religioso de lo meramente sentimental y lo religioso de lo cristiano. Se puede hablar, en consecuencia, de descubrir tres niveles en la religiosidad popular: antropol\u00f3gico, religioso y cristiano18.<\/p>\n<p>Nos atrevemos, pues, a se\u00f1alar algunos puntos m\u00ed\u00adnimos a tener en cuenta, principalmente, en la catequesis y en la pastoral con relaci\u00f3n al fen\u00f3meno se\u00f1alado: 1) Es evidente que en la religiosidad popular se mezclan luces y sombras que, por una parte, producen, principalmente a los pastores, perplejidad y desconcierto y, por otra, es una llamada y un reto a evangelizar. 2) Al parecer, los campos m\u00e1s relevantes de la religiosidad popular en suelo hispano, en la actualidad, se manifiestan principalmente en los sacramentos y sacramentales, misterios de Jesucristo (acentuando su pasi\u00f3n y muerte), piedad mariana, culto a difuntos y fiestas populares. 3) En la religiosidad popular se pueden descubrir posibilidades evangelizadoras desde estas claves pastorales: paso de una Iglesia de cristiandad a una de misi\u00f3n; espiritualidad de encarnaci\u00f3n; experiencia comunitaria como lugar de acogida, misericordia y celebraci\u00f3n; signos de presencia y compromiso entre los m\u00e1s pobres. 4) Asimismo en la evangelizaci\u00f3n de la religiosidad popular se requieren unas actitudes y un talante determinado: escucha (\u00abcon el o\u00ed\u00addo atento\u00bb); acompa\u00f1amiento (\u00abcon el paso presto\u00bb); con criterios eclesiales (pastorales y catequ\u00e9ticos) comunes; realizando signos claros desde la presencia del misterio de Jesucristo, discerniendo lo accesorio de lo nuclear; en di\u00e1logo y respetando procesos personales y comunitarios; en la confluencia de caminos evang\u00e9licos, y con fuerte dosis de resistencia ante los fracasos e intentos de purificaci\u00f3n. 5) La complejidad de campos de la religiosidad popular hace necesario un sano y prudente discernimiento evang\u00e9lico con algunos criterios: identidad y comuni\u00f3n eclesial; procesos de madurez y compromiso cristianos; vivencia comunitaria; denuncia prof\u00e9tica de los \u00ed\u00addolos (dinero, poder, magia, etc.); servicio a los m\u00e1s pobres, en cuya evangelizaci\u00f3n se hace presente el Reino. En resumen, coherencia cristiana y eclesial.<\/p>\n<p>M\u00e1s en concreto, algunos de los criterios de discernimiento y acci\u00f3n anteriormente expuestos, y ya en los diversos campos de la religiosidad popular, pueden ser los siguientes: 1) Para los misterios de la pasi\u00f3n y muerte de Jes\u00fas. Presentar la pasi\u00f3n y muerte de Jesucristo en el conjunto del misterio pascual; descubrir el sentido evangelizador del domingo y de las fiestas; descubrir el valor de solidaridad del Cristo sufriente con la humanidad sufriente; acompa\u00f1ar con catequesis adecuadas los actos populares; atender a las cofrad\u00ed\u00adas y hermandades para que sean \u00e1mbito, destinatarios y agentes de evangelizaci\u00f3n, evitando la posible manipulaci\u00f3n de otros poderes o intereses ajenos a lo cristiano; descubrir el valor catequ\u00e9tico de la imaginer\u00ed\u00ada. 2) Celebraciones sacramentales. Insistir en una pastoral de conjunto: dentro de lo establecido por las orientaciones diocesanas, favorecer criterios y materiales comunes para una adecuada catequesis y celebraci\u00f3n de los sacramentos de iniciaci\u00f3n; cuidar el proceso de identificaci\u00f3n cristiana con la participaci\u00f3n de padres e hijos; en los sacramentos, cuidar la acogida; aprovechar la riqueza que ofrecen los rituales19. 3) Piedad mariana. Presentar el misterio de Mar\u00ed\u00ada en perspectiva b\u00ed\u00adblica y de historia de la salvaci\u00f3n; potenciar la piedad mariana como \u00abamplio instrumento pastoral para vivir la cristolog\u00ed\u00ada y eclesiolog\u00ed\u00ada\u00bb; desmitificar y purificar la piedad mariana liber\u00e1ndola de connotaciones \u00ablocalistas y cremat\u00ed\u00adsticas\u00bb; renovar la piedad mariana utilizando las orientaciones de la Iglesia y los materiales lit\u00fargicos. 4) Culto de los difuntos. Puede ser un momento para evangelizar a los alejados. Expresar el sentido pascual de la muerte; cuidar no s\u00f3lo la celebraci\u00f3n de exequias, sino el acompa\u00f1amiento de la familia; cuidar la liturgia de exequias aprovechando la riqueza que nos ofrece el ritual renovado; ofrecer un testimonio de fe y gratuidad; aprovechar los velatorios para realizar una pastoral adecuada. 5) Santuarios y peregrinaciones. Se deber\u00ed\u00adan potenciar los santuarios y lugares de peregrinaci\u00f3n como verdaderos focos de una sana espiritualidad, y purificar, en consecuencia, todo lo que pueda estar unido a magia, esoterismo o moda meramente cultural.<\/p>\n<p>V. Religiosidad popular andaluza<br \/>\nMerece la pena detenernos brevemente en la religiosidad popular de las tierras andaluzas, por dos motivos: los serios estudios que se han hecho sobre la misma20 y las respuestas de evangelizaci\u00f3n y catequesis que se intentan desarrollar21.<\/p>\n<p>Las manifestaciones de dicha religiosidad popular se centran principalmente en las fiestas, ricas y variadas, que se celebran a lo largo del a\u00f1o, como son: ferias patronales, romer\u00ed\u00adas, carnaval, semana santa, cruces de mayo, corpus, navidad, moros y cristianos, etc., y en las hermandades y cofrad\u00ed\u00adas que, a su vez, pueden ser sacramentales (por ejemplo en el culto a la eucarist\u00ed\u00ada), penitenciales (semana santa) y de gloria (en honor de la Virgen y de los santos)22.<\/p>\n<p>Estas manifestaciones de religiosidad popular comportan, al menos, tres finalidades: sentimientos hondos de est\u00e9tica y religiosidad (en los que la tradici\u00f3n y herencia familiar juegan un papel importante); socializaci\u00f3n integradora y generalizada desde lo religioso, que se sit\u00faa m\u00e1s all\u00e1 de lo profesional, ideol\u00f3gico, pol\u00ed\u00adtico, generacional o del rol social; y, finalmente, identificaci\u00f3n simb\u00f3lica externa de esas mismas creencias, y al tiempo y por ello, socializaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si concretamos a\u00fan m\u00e1s el sentido profundo de la religiosidad popular andaluza, por ejemplo en la semana santa, hablaremos de representaci\u00f3n conjunta de todos los misterios de Jesucristo, de triunfo anual y c\u00f3smico de la muerte sobre la vida y de la alegr\u00ed\u00ada de la resurrecci\u00f3n desde los ojos y el coraz\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada, la Virgen23. Si, como otro ejemplo, nos ce\u00f1imos a la Romer\u00ed\u00ada del Roc\u00ed\u00ado, la cuesti\u00f3n es mucho m\u00e1s compleja: significa hacer camino y sentimiento de ser peregrinos; celebrar la fiesta grande; orgullo de sentir la identidad de clase y de pueblo de toda la tierra andaluza; continuaci\u00f3n del triunfo de la vida sobre la muerte que culmina en Pentecost\u00e9s, etc.24. Andaluc\u00ed\u00ada, aun teniendo expresiones y matices propios, participa, en otros rasgos, de lo expuesto anteriormente, en lo que es gen\u00e9rico y b\u00e1sico de toda religiosidad popular25.<\/p>\n<p>Y, desde el punto de vista catequ\u00e9tico, a\u00f1ado en este breve anexo las recientes aportaciones y afirmaciones de F. Echeverr\u00ed\u00ada, Director del Secretariado diocesano de catequesis de Huelva. Para este autor, hay que reconocer y aceptar, ante todo, el hecho de la religiosidad popular como una realidad catequ\u00e9tica fundamental: \u00abEs un humanismo cristiano o forma cultural o existencial que la religi\u00f3n adopta en un pueblo determinado\u00bb. Es necesaria una reeducaci\u00f3n de la religiosidad popular desde el misterio central de Jesucristo, con estas claves: ofrecer el Cristo b\u00ed\u00adblico-eclesial; que ese mismo Cristo incida existencialmente en las vidas de los creyentes; que se exprese en lenguaje m\u00e1s narrativo que discursivo; que se palpe un Cristo vivo y viviente en la humanidad de hoy, y que sea un Cristo salvador26.<\/p>\n<p>En Andaluc\u00ed\u00ada y otras tierras hispanas, las posturas y actitudes ante la religiosidad popular no pueden ser m\u00e1s que estas: escuchar y acoger, discernir y purificar, acompa\u00f1ar y compartir27.<\/p>\n<p>Conclusi\u00f3n<br \/>\nPedag\u00f3gica y pastoralmente, en el tema de la religiosidad popular nos movemos entre dos extremos: respetarlo sin eliminarlo y no aceptarlo sin purificarlo. En otros \u00e1mbitos geogr\u00e1ficos esta ha sido la postura inteligente y equilibrada28. Ojal\u00e1 pudiera afirmarse lo que se\u00f1ala F. A. Pastor: \u00abEn la religiosidad popular cobran nueva importancia los movimientos de renovaci\u00f3n en la pastoral popular y laical\u00bb29. Ser\u00ed\u00ada tanto como decir que el pueblo de Dios ha encarnado el mensaje en el sentido indicado por el propio Juan Pablo II: \u00abLa s\u00ed\u00adntesis entre cultura y fe no s\u00f3lo es una exigencia de la cultura, sino de la fe. Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no totalmente pensada ni fielmente vivida\u00bb30. Y es que \u00abel anuncio del evangelio en las diversas culturas, aunque exige de cada destinatario la adhesi\u00f3n de la fe, no les impide conservar una identidad cultural propia. Ello no crea divisi\u00f3n alguna, porque el pueblo de los bautizados se distingue por una universalidad que sabe acoger cada cultura, favoreciendo el progreso de lo que en ella hay de impl\u00ed\u00adcito hacia su plena explicitaci\u00f3n en la verdad\u00bb (FR 71). Como afirmaban los obispos del sur de Espa\u00f1a, \u00abpara que la relaci\u00f3n cristianismo-piedad popular sea fecunda, han de cumplirse las debidas condiciones de reciprocidad: por un lado, hay que hacer capaz a esa cultura de expresar expl\u00ed\u00adcitamente los signos de fe y de aceptar la ruptura con las tradiciones y las formas que sean incompatibles, del todo o en parte, con la penetraci\u00f3n del evangelio en todos los campos de su vida colectiva; por otro lado, la Iglesia ha de hacerse a s\u00ed\u00ad misma capaz de asimilar los valores de ese pueblo, de comprender c\u00f3mo ve \u00e9l el evangelio desde ellos&#8230;\u00bb 31. Los catequetas, los catequistas y los evangelizadores tienen especialmente encomendada una misi\u00f3n en este sentido.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. L. SEBASTI\u00ed\u0081N, Religiosidad popular, en PACOMIO L. Y OTROS, Diccionario teol\u00f3gico enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Estella 1995, 850-851. &#8211; 2. Citado en L. DucH, La experiencia religiosa en el contexto de la cultura contempor\u00e1nea, Bru\u00f1o-Edeb\u00e9, Barcelona 1979, 30. &#8211; 3 J. M. ISASI, Reflexiones sobre religi\u00f3n y modernidad, Cuadernos de Teolog\u00ed\u00ada de Deusto 10, Universidad Deusto (1996); K. H. WEGER, La cr\u00ed\u00adtica religiosa en los tres \u00faltimos siglos, Herder, Barcelona 1986. &#8211; 4. B. MONDIN, Dizionario dei Teologi, Studio Domenicano, Bolonia 1992, 91-99. &#8211; 5. G. ANGELINI, El desarrollo de la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica en el siglo XX, en PACOMIO L. Diccionario teol\u00f3gico interdisciplinar IV, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 19872, 790-793. &#8211; 6. L. MALDONADO, Religiosidad popular, nostalgia de lo m\u00e1gico, Cristiandad, Madrid 1975; D. SALADO, La religiosidad m\u00e1gica. Estudio cr\u00ed\u00adtico fenomenol\u00f3gico, San Esteban, Salamanca 1986. &#8211; 7. F. A. PASTOR, Religi\u00f3n popular en R. LATOURELLE-R. FISICHELLA (dirs.), Diccionario de teolog\u00ed\u00ada fundamental, San Pablo, Madrid 1992, 1192-1172. &#8211; 8. CONSEJO PONTIFICIO DE LA CULTURA, Para una pastoral de la cultura, Ciudad del Vaticano (23 mayo 1999) 27-28. &#8211; 9. M. MESLIN, Le ph\u00e9nom\u00e9ne religieux populaire, en B. LACROix-P. BOGLIONI, Les religions populaires, Qu\u00e9bec 1972, 2-16; cf J. L. S\u00ed\u0081NCHEZ NOGALES, Cristianismo y cultura: cinco temas pendientes, Proyecci\u00f3n 41 (1994) 201-218; para la religiosidad popular y la diversa valoraci\u00f3n de la misma, cf L. MALDONADO, La religiosidad popular en la actualidad y en el futuro de la vida espa\u00f1ola, Sociedad y Utop\u00ed\u00ada (octubre 1996) 151-166; Para comprender el catolicismo popular, Verbo Divino, Estella 1990; Religiosidad popular, en C. FLORIST\u00ed\u0081N-J. J. TAMAYO (eds.), Conceptos fundamentales de pastoral, Cristiandad, Madrid 19832, 874-886; Introducci\u00f3n a la religiosidad popular, Sal Terrae, Santander 1985; Religiosidad popular, nostalgia de lo m\u00e1gico, o.c. &#8211; 10. R. ALVAREZ GAST\u00ed\u201cN, La religi\u00f3n del pueblo, BAC, Madrid 1976, 176-183. &#8211; 11. E. TR\u00ed\u008dAS, Pensar la religi\u00f3n, Destino, Barcelona 19972. -12 1. SOTELO, La persistencia de la religi\u00f3n en el mundo moderno, en AA.VV., Formas modernas de religi\u00f3n, Alianza, Madrid 1994, 38-54. &#8211; 13 Cf R. SCHREITER, \u00bfInculturaci\u00f3n de la fe o identificaci\u00f3n con la cultura? Concilium 251 (1994) 31-42. -14 R. BERZOSA, Hacer teolog\u00ed\u00ada hoy, San Pablo, Madrid 1994, 139-152. &#8211; 15. L. MALDONADO, La religiosidad popular en la actualidad y en el futuro de la vida espa\u00f1ola, a.c., 151-166. &#8211; 16. CONSEJO PONTIFICIO DE LA CULTURA, o.c., 27. -17 AA.VV., La religiosidad popular: escuchar, discernir, acompa\u00f1ar, Sal Terrae 999 (marzo 1997). &#8211; 18. Cf L. MALDONADO, Para comprender el catolicismo popular, o.c., 17. &#8211; 19. Cf COMISI\u00ed\u201cN EPISCOPAL DE LITURGIA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, Evangelizaci\u00f3n y renovaci\u00f3n de la piedad popular, Madrid 1987. &#8211; 20 Cf M. ALVAREZ-S. RODR\u00ed\u008dGUEZ (eds.), La religiosidad popular (3 vols.), Anthropos, Barcelona 1989. &#8211; 21. Recientemente, cf F. ECHEVARR\u00ed\u008dA, La catequesis ante la religiosidad popular, Catequ\u00e9tica (enero-marzo 1997) 10-14. &#8211; 22 1. MORENO, Cofrad\u00ed\u00adas y hermandades andaluzas. Estructura, simbolismo e identidad, Sevilla 1985. &#8211; 23 ID, La semana santa de Sevilla, Sevilla 1982. &#8211;  24. L. MALDONADO, Para comprender el catolicismo popular, o.c., 39-40. No entramos a desarrollar los aspectos teol\u00f3gicos y psicoanal\u00ed\u00adticos de la religiosidad popular andaluza, en los que raramente se llama Padre a Dios, sino m\u00e1s bien a Jes\u00fas, y en los que la Madre es Mar\u00ed\u00ada (pp. 37-39). &#8211; 25 Cf el folleto del XVII ENCUENTRO DE ARCIPRESTES DE IGLESIA EN CASTILLA, Religiosidad popular y nueva religiosidad, Villagarc\u00ed\u00ada de Campos, 1997. &#8211; 26 F. ECHEVARR\u00ed\u008dA, o.c. &#8211; 27. AA.VV. La religiosidad popular: escuchar, discernir, acompa\u00f1ar, a.c. &#8211; 28. Cf apartado 3 de la segunda parte de Puebla, Madrid 1979, 131-137; cf igualmente S. GALILEA, Religiosidad popular y pastoral, Cristiandad, Madrid 1979. &#8211; 29 F. A. PASTOR, Religi\u00f3n popular, o.c., 1172; cf tambi\u00e9n J. MART\u00ed\u008dN VEI,ASCO, Increencia y evangelizaci\u00f3n, Sal Terrae, Santander 1988, 189-205. &#8211; 30 JUAN PABLO II, Al Consejo pontificio para la cultura: L&#8217;Osservatore Romano 701 (6.6.1982). &#8211; 31.Dicho documento, citado en L. MALDONADO, Para comprender el catolicismo popular, o.c., 26, se titula El catolicismo popular en el sur de Espa\u00f1a, PPC, Madrid 1975.<\/p>\n<p>Ra\u00fal Berzosa Mart\u00ed\u00adnez<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. Dimensi\u00f3n tradicional: catolicismo o piedad popular. &#8211; 2. Dimensi\u00f3n psico-sociol\u00f3gica. &#8211; 3. Dimensi\u00f3n pol\u00ed\u00adtica. &#8211; 4. Principales manifestaciones de religiosidad popular hoy &#8211; 5. Constantes o rasgos comunes. &#8211; 6. 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En diversos foros europeos de reflexi\u00f3n y pastoral, se &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/religiosidad-popular-en-europa\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abRELIGIOSIDAD POPULAR EN EUROPA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16039","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16039","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16039"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16039\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16039"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16039"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16039"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}