{"id":16041,"date":"2016-02-05T10:24:02","date_gmt":"2016-02-05T15:24:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/salud-pastoral-de-la\/"},"modified":"2016-02-05T10:24:02","modified_gmt":"2016-02-05T15:24:02","slug":"salud-pastoral-de-la","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/salud-pastoral-de-la\/","title":{"rendered":"SALUD, PASTORAL DE LA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. Necesidad: -Por fidelidad al ejemplo y mandato de Cristo; -Por fidelidad a la Iglesia; -Por realismo, humano y cristiano. &#8211; 2. Objetivos: 2.1. Iluminar desde la fe el misterio de la enfermedad y el sufrimiento. 2.2. Evangelizar el mundo de la cultura de la salud. 2.3. Acompa\u00f1ar a los enfermos. 2.4. Celebrar los Sacramentos de la Enfermedad. &#8211; 3. Campos de actuaci\u00f3n: 3.1. Di\u00f3cesis. 3.2. Parroquia. 3.3. Familia. 3.4. Hospital. &#8211; 4. Responsables: 4.1. Profesionales sanitarios cristianos. 4.2. Asociaciones de y para enfermos. 4.3. Religiosos. 4.4. Presb\u00ed\u00adteros. &#8211; 5. Historia. &#8211; 6. Organizaci\u00f3n: 6.1. Equipo Nacional. 6.2. Delegaciones Diocesanas. 6.3. Hospitales y Parroquias. 6.4. D\u00ed\u00ada del Enfermo.<\/p>\n<p>1. Necesidad<br \/>\n&#8211; Por fidelidad al ejemplo y mandato de Cristo<br \/>\nEvangelizar el mundo de la salud y la enfermedad no es sino hacer lo mismo que Cristo hizo y mand\u00f3 hacer en este campo. La atenci\u00f3n a los enfermos y sufrientes aparece ya en la Sagrada Escritura como signo mesi\u00e1nico. Jes\u00fas pasa haciendo el bien y curando a todos como un signo del Reino. Es la prueba que Jes\u00fas da a los disc\u00ed\u00adpulos de Juan cuando le preguntan si es El el Mes\u00ed\u00adas. Sus jornadas discurren entre la oraci\u00f3n alabanza al Padre, el anuncio de la buena nueva del amor del Padre y la atenci\u00f3n a los que sufren. El siempre saca tiempo para ocuparse de los enfermos y ordena a los suyos que procedan de igual manera, d\u00e1ndolos el encargo de representarlo y perpetuar su solicitud por ellos. A los Doce les env\u00ed\u00ada a proclamar la Buena Nueva y a curar a los enfermos.<\/p>\n<p>En El todo es saludable y sanador: sus palabras, sus gestos, su actuaci\u00f3n, su vida y su persona. Todo en El y todo El irradia salud. Irradia salud no s\u00f3lo curando a los enfermos, sino tambi\u00e9n liberando a las personas de todo aquello que las oprime y las esclaviza, poniendo paz y armon\u00ed\u00ada en sus vidas, fomentando una convivencia m\u00e1s humana y m\u00e1s fraterna. El cura amando y ayudando a vivir sanamente todas las realidades de la existencia, incluso las m\u00e1s dolorosas y adversas.<\/p>\n<p>El es la Salud y la Vida. Ha venido para que tengamos vida y vida abundante, para afirmar nuestra vida, restituirla a su verdadera dignidad y desplegarla a su total plenitud en Dios. Gracias a El, nuestra salud humana, limitada y vulnerable, amenazada y destinada a la muerte, fue radicalmente sanada. Gracias a El, sabemos que la \u00faltima palabra de Dios para nosotros no es el dolor, ni la enfermedad, ni la muerte, sino la vida plena en Dios. Gracias a El, nuestra vida tiene sentido, nuestro futuro est\u00e1 asegurado y nuestro triunfo garantizado. Gracias a El, podemos vivir la vida, el dolor, la enfermedad y hasta la muerte con otra alegr\u00ed\u00ada, con otra esperanza, con otra dignidad.<\/p>\n<p>&#8211; Por fidelidad a la Iglesia<br \/>\nLa Iglesia nunca ha podido olvidar los tres grandes mandatos recibidos de su Se\u00f1or: Id y predicad, Id y bautizad, Id y curad. Y por eso, donde quiera que se ha hecho presente ha predicado, ha bautizado y ha curado. Ha levantado escuelas, templos y hospitales. Ha cuidado la catequesis, ha celebrado la eucarist\u00ed\u00ada y los sacramentos, ha mimado a los enfermos.<\/p>\n<p>La Iglesia ha cre\u00ed\u00addo y ense\u00f1ado siempre, ahora de manera especialmente repetitiva, por boca de Juan Pablo II, que sin atenci\u00f3n a los enfermos no es posible una verdadera evangelizaci\u00f3n; que el anuncio de la Buena Nueva ha de ir siempre preparado y acompa\u00f1ado por una atenci\u00f3n preferente a los que sufren; que la pastoral, en el amplio y complejo mundo de la salud, est\u00e1 llamada a desempe\u00f1ar funciones primarias y constantes en la vida de la Iglesia; que es una urgencia particularmente evidente y una prerrogativa ineludible, habiendo una necesaria relaci\u00f3n e interdependencia entre evangelizaci\u00f3n y pastoral de la salud.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n los obispos espa\u00f1oles nos han recordado la responsabilidad de toda la comunidad cristiana hacia los enfermos y el derecho de todos los cristianos a ser instruidos, diligentemente, sobre el misterio de la enfermedad y sobre sus relaciones para con los enfermos, a quienes han de visitar, consolar y ayudar integralmente, por s\u00ed\u00ad mismos o por medio de equipos ampliamente formados.<\/p>\n<p>&#8211; Por realismo, humano y cristiano<br \/>\nSer\u00ed\u00ada poco realista y poco sensato, olvidar que es en este mundo de la salud y de la enfermedad donde se viven los acontecimientos fundamentales de la existencia y las experiencias m\u00e1s definitivas, aquellas que afectan al hombre en lo m\u00e1s profundo de su ser. Es ah\u00ed\u00ad, donde se plantean los mas serios interrogantes y las m\u00e1s graves cuestiones de cuantas angustian la conciencia de los hombres. Es en este campo, donde se plantean los m\u00e1s graves problemas humanos, \u00e9ticos y espirituales que es preciso abordar desde una profunda reflexi\u00f3n e iluminar desde el evangelio y desde la fe.<\/p>\n<p>Por otra parte, ser\u00ed\u00ada pastoralmente incorrecto olvidar que este mundo de la sanidad ofrece una ocasi\u00f3n privilegiada para anunciar a Cristo, prolongando y actualizando su acci\u00f3n sanante y salvadora. La enfermedad es, adem\u00e1s, un momento de especial necesidad y receptividad de la palabra de Dios y de su gracia, tanto para el enfermo como para su familia. Es, as\u00ed\u00ad mismo, una magn\u00ed\u00adfica oportunidad para que la Iglesia con su acci\u00f3n samaritana en este campo se autentifique, vuelva a sus ra\u00ed\u00adces y haga cre\u00ed\u00adble el evangelio que anuncia.<\/p>\n<p>2. Objetivos<br \/>\n2.1. Iluminar desde la fe el misterio de la enfermedad y el sufrimiento<br \/>\nLa enfermedad supone una situaci\u00f3n especial que es preciso iluminar y dar sentido desde la luz de la Cruz de Cristo, desde su valor de eternidad, desde su eficacia pedag\u00f3gica que nos invita a relativizar tantos valores y formas de vida, y nos ayuda a vivir los valores del evangelio y desarrollar la solidaridad, la ayuda, el amor.<\/p>\n<p>Al hablar del sufrimiento tendr\u00ed\u00adamos que hacerlo evitando caer en un dolorismo enervante y paralizador de cualquier esfuerzo por superarle. O como si se tratara de algo bueno en s\u00ed\u00ad mismo y grato al Se\u00f1or. O como si Dios fuera un s\u00e1dico a quien agrada m\u00e1s una vida de sufrimiento que una vida sana y feliz.<\/p>\n<p>Deber\u00ed\u00adamos hacerlo animando a asumir libremente y sin amargura la propia existencia, finita y mortal. Y a vivir la enfermedad como la revelaci\u00f3n de nuestra realidad m\u00e1s profunda, de nuestra m\u00e1s radical limitaci\u00f3n. Y a distinguir el sufrimiento que est\u00e1 en nuestras manos suprimir, fruto tantas veces de nuestra manera equivocada e insana de vivir y que tenemos que esforzarnos en combatir, y el sufrimiento que no podemos eliminar, pero s\u00ed\u00ad aliviar.<\/p>\n<p>Cuidemos mucho nuestra manera de hablar en estos temas, no sea que vayamos a estar sugiriendo una idea de Dios diametralmente opuesta al Dios en el que como cristianos creemos: un Dios que condena en vez de un Dios que salva; un Dios que manda las desgracias y se complace en el dolor y en el fracaso del hombre, en vez de un Dios que salva y libra del mal.<\/p>\n<p>Podr\u00ed\u00adamos, con la mejor voluntad, estar repitiendo frases y expresiones, fruto de una profunda experiencia y plenamente v\u00e1lidas en su contexto, pero que sacadas del mismo pueden resultar contraproducentes y contrarias a su sentido original y m\u00e1s profundo. Tomar la cruz, negarse a s\u00ed\u00ad mismo, caer en tierra y morir como el grano de trigo, son frases evang\u00e9licas que pertenecen al n\u00facleo mismo del cristianismo, pero que fuera de contexto, mal situadas y repetidas por inercia pueden deformarle profundamente.<\/p>\n<p>A la hora de tratar estas cuestiones hemos de hacerlo como mucha humildad y bien conscientes de la insuficiencia e inadecuaci\u00f3n de nuestras explicaciones, sabiendo que nos movemos en el misterio. Un misterio que s\u00f3lo puede ser iluminado desde algo tan elemental para un cristiano como que Dios ha creado al hombre por amor, buscando \u00fanicamente su bien y estando a su lado en su lucha contra el dolor y la desgracia. Que un cristiano no puede ignorar a los que sufren, ni tiene derecho a ser feliz sin los dem\u00e1s o contra los dem\u00e1s. Que muchos han madurado en el dolor y se han encontrado en \u00e9l consigo mismos, con los otros y con Dios. Que desde que fue asumido por Cristo tiene una eficacia redentora incuestionable. Que cuando nosotros sufrimos ahora, Cristo sufre y padece con nosotros.<\/p>\n<p>2.2. Evangelizar el mundo de la cultura de la salud<br \/>\nUno de los mayores retos de la pastoral de la salud, es c\u00f3mo iluminar desde la fe una cultura que muchas veces exalta e idealiza el vigor y la salud f\u00ed\u00adsica, pero olvida la salud afectiva, moral y espiritual. Que destina esfuerzos y medios ingentes para mantener y recuperar la salud, pero juega con ella irresponsablemente fomentando estilos de vida insanos. Que oculta y aleja de la vida, en cuanto puede, la condici\u00f3n enfermable y mortal de todo hombre.<\/p>\n<p>La Iglesia ha de cooperar a hacer un mundo sanitario m\u00e1s humano, donde se cuiden valores tan relevantes y sustantivos como el respeto a la dignidad de la persona y la necesaria relaci\u00f3n interpersonal entre el enfermo y sus cuidadores. Un mundo donde se promueva la responsabilidad solidaria con acciones concretas y personales, como la donaci\u00f3n de sangre y de \u00f3rganos, como el consumo racional de los recursos y la atenci\u00f3n personal a los m\u00e1s necesitados.<\/p>\n<p>La Iglesia ha de afrontar desde la luz de la fe y la raz\u00f3n los grandes y delicados problemas \u00e9ticos, cada vez m\u00e1s numerosos y complejos, relacionados unos con el inicio de la vida, otros muchos con su final y no pocos netamente cl\u00ed\u00adnicos como consentimiento informado, objecci\u00f3n de conciencia, etc..<\/p>\n<p>Promover la formaci\u00f3n \u00e9tica de los profesionales, asesorar a enfermos y familiares, participar activamente en los comit\u00e9s de \u00e9tica, podr\u00ed\u00ada ser un buen camino.<\/p>\n<p>2.3. Acompa\u00f1ar a los enfermos<br \/>\nLos enfermos son el centro de toda la pastoral de la salud, cuya finalidad fundamental es acompa\u00f1arlos en el itinerario de su enfermedad, ayud\u00e1ndoles a vivir con sentido cristiano cada una de sus etapas. Los enfermos, responsables y protagonistas primeros de su curaci\u00f3n y de su vida, deben ser atendidos en todas sus dimensiones y necesidades. Es el hombre entero, cuerpo y alma, coraz\u00f3n y conciencia, inteligencia y voluntad al que hay que cuidar con una enorme sensibilidad, adecu\u00e1ndose a su concreta situaci\u00f3n. Cada enfermo es un mundo y no sirven formulismos y recetas generales. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad vale aquello de que no hay enfermedades sino enfermos. Los aspectos som\u00e1ticos, psicol\u00f3gicos, sociales y religiosos que se entremezclan en un mismo enfermo dan lugar a situaciones diferenciadas que habr\u00e1n de ser tenidas en cuenta a la hora de acercarnos a \u00e9l.<\/p>\n<p>Nunca valoraremos suficientemente el gesto cuasisacramental e insustituible de la presencia junto al enfermo. Presencia que exige inmediatez y contacto personal para poder estrechar cada mano, preguntar a cada uno c\u00f3mo est\u00e1, compartir sus ansias y sufrimientos y dejar una palabra de aliento y un abrazo de hermano.<\/p>\n<p>Presencia que reafirme valores tan importantes como el desinter\u00e9s, la gratuidad, el puro don, el servicio generoso y la entrega ilusionada que no exige otra cosa para justificarse, ni busca m\u00e1s del enfermo que la oportunidad de servirle. Presencia atenta a cada situaci\u00f3n concreta para actuar siempre gradualmente, con discreci\u00f3n y pudor, evitando todo lo que pueda provocar dolor, resentimiento o alejamiento y favoreciendo un clima de paz no s\u00f3lo en el enfermo sino tambi\u00e9n en su familia.<\/p>\n<p>2.4. Celebrar los Sacramentos de la Enfermedad<br \/>\nSi bien es cierto que es necesario renovar una pastoral de enfermos exclusivamente sacramentalista y orientada al bien morir, no lo es menos que toda pastoral de enfermos encuentra su plena culminaci\u00f3n en la celebraci\u00f3n de los Sacramentos. Celebraci\u00f3n que a pesar de los avances logrados en los \u00faltimos a\u00f1os sigue siendo una tarea pendiente y necesitada del esfuerzo coordinado de te\u00f3logos, catequistas, liturgistas y pastoralistas. Celebraci\u00f3n que debe ser el final de un trabajo previo que ha de implicar activamente al propio enfermo, a su familia y a cuantos giran en su entorno. Siempre ser\u00e1 importante buscar el momento y el marco adecuados que faciliten, en lo posible, la participaci\u00f3n comunitaria y resalten la expresiva riqueza de cada sacramento. Advi\u00e9rtase que la Iglesia en su \u00faltimo catecismo llama \u00abSacramentos de Curaci\u00f3n\u00bb a los de la Reconciliaci\u00f3n y Unci\u00f3n de Enfermos.<\/p>\n<p>Reconciliaci\u00f3n. Es el sacramento del encuentro gozoso del enfermo, pecador y d\u00e9bil, con Cristo perdonador y m\u00e9dico que se inclina sobre \u00e9l para curarle. Recibido en el momento oportuno puede ser una ocasi\u00f3n privilegiada que le ayude a cerrar las heridas del pasado y a reconciliarse consigo, con Dios y con los dem\u00e1s. Que le capacite para afrontar con paz y dignidad una situaci\u00f3n especialmente dura y dif\u00ed\u00adcil; y si as\u00ed\u00ad fuere, a acercarse con paz a la muerte confiado a la misericordia del Se\u00f1or. Requiere en el sacerdote una actitud de acogida y comprensi\u00f3n, de respeto y discreci\u00f3n que facilite un coloquio franco, \u00ed\u00adntimo y liberador.<\/p>\n<p>Eucarist\u00ed\u00ada y Comuni\u00f3n. No es el sacramento espec\u00ed\u00adfico de la enfermedad, pero tiene estrecha relaci\u00f3n con ella. Celebrada por una comunidad que recuerda a sus enfermos, se preocupa por su salud y pide por ellos, se convierte en un signo de uni\u00f3n y de solidaridad entre todos los que la integran, sanos y enfermos. Su celebraci\u00f3n y recepci\u00f3n es un momento especialmente fuerte para el enfermo que en ella celebra sacramentalmente su incorporaci\u00f3n a la pasi\u00f3n de Cristo, fortalece su esp\u00ed\u00adritu y alimenta su esperanza de resurrecci\u00f3n. Todo enfermo, en alg\u00fan momento de su enfermedad deber\u00ed\u00ada poder tomar parte en la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada, bien en la capilla del hospital, bien en su casa o en su habitaci\u00f3n. Pero, aunque esto no fuera posible, recu\u00e9rdese el derecho de todo enfermo a recibir la Comuni\u00f3n. El fin primario de la reserva eucar\u00ed\u00adstica es posibilitar la Comuni\u00f3n de los enfermos. Cu\u00ed\u00addese la preparaci\u00f3n y colaboraci\u00f3n organizada de ministros extraordinarios de este Sacramento. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad, todo enfermo que lo desee, podr\u00e1 recibir la Comuni\u00f3n, especialmente en el Domingo, el D\u00ed\u00ada del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Unci\u00f3n de Enfermos. Es el sacramento espec\u00ed\u00adfico de la enfermedad y no de la muerte. N\u00f3tese que en su celebraci\u00f3n, tanto la f\u00f3rmula sacramental como las oraciones que la acompa\u00f1an, est\u00e1n orientadas hacia la salud y el restablecimiento del enfermo. Su dinamismo es muy sencillo: el hombre, al enfermar gravemente, pasa por una situaci\u00f3n especialmente dura y dif\u00ed\u00adcil y necesita una especial gracia de Dios. El Se\u00f1or subviene a esta necesidad especial con un sacramento tambi\u00e9n especial, el de la Santa Unci\u00f3n.<\/p>\n<p>Mediante \u00e9l se otorga al enfermo la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, con la cual el enfermo entero es aliviado en su salud, confortado por la confianza en Dios y robustecido contra las tentaciones del enemigo y la angustia de la muerte, de tal modo que pueda no s\u00f3lo soportar sus males con fortaleza, sino tambi\u00e9n luchar contra ellos, e incluso conseguir la salud si conviene para su salvaci\u00f3n espiritual; as\u00ed\u00ad mismo, le concede si es necesario el perd\u00f3n de los pecados y la plenitud de la penitencia cristiana. En \u00e9l se celebra el encuentro sanador con Cristo, en cuyo misterio pascual el enfermo queda insertado; y se expresa la obligada solicitud de toda la comunidad para con \u00e9l.<\/p>\n<p>En la carta de Santiago se declara que la Unci\u00f3n debe darse a los enfermos para \u00abaliviarlos y salvarlos\u00bb. Debe, pues, ser conferida con todo cuidado y diligencia a los enfermos graves, a los de avanzada edad y a los que van a someterse a una operaci\u00f3n peligrosa. Puede repetirse cuando el enfermo, una vez repuesto, vuelve a recaer.<\/p>\n<p>Ha de celebrarse sin dejarlo para \u00faltima hora, consciente de que la Unci\u00f3n no es de ning\u00fan modo el anuncio de la muerte cuando la medicina ya no tiene nada que hacer, sino sacramento de enfermos y sacramento de vida. Cel\u00e9brese, si es posible, de forma comunitaria y procurando la participaci\u00f3n activa del enfermo y de todos cuantos se mueven en su entorno. Una buena celebraci\u00f3n vale por muchos sermones para el cambio de mentalidad que se necesita y se desea. No es necesario insistir en el trato noble y digno que exige el \u00f3leo sagrado tanto en su custodia y conservaci\u00f3n, como en su aplicaci\u00f3n al enfermo.<\/p>\n<p>Vi\u00e1tico. Es el sacramento del paso, con Cristo, de la muerte a la vida, de este mundo al Padre. Paso en el que el enfermo es ayudado con el Vi\u00e1tico del Cuerpo y Sangre de Cristo que garantizan su resurrecci\u00f3n, seg\u00fan las palabras del Se\u00f1or: \u00abel que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitar\u00e9 en el \u00faltimo d\u00ed\u00ada\u00bb. Marca la \u00faltima etapa de la peregrinaci\u00f3n iniciada en el Bautismo, y viene a completar el itinerario eucar\u00ed\u00adstico comenzado en el d\u00ed\u00ada de la primera comuni\u00f3n. Por eso ha de ser recibido con plena lucidez. Ojal\u00e1 el enfermo pudiera participar con alg\u00fan gesto personal de gratitud, perd\u00f3n o despedida.<\/p>\n<p>3. Campos de actuaci\u00f3n<br \/>\n3.1. Di\u00f3cesis<br \/>\nEn orden a esta pastoral de la salud, la Di\u00f3cesis podr\u00ed\u00ada definirse como \u00abComunidad de comunidades sanas y sanadoras\u00bb.<\/p>\n<p>En esta l\u00ed\u00adnea, la nueva evangelizaci\u00f3n requiere de toda la Di\u00f3cesis algunas actitudes muy concretas: defensa de la vida y dignidad de la persona; lucha contra la enfermedad, sus causas y consecuencias; promoci\u00f3n de la solidaridad en el campo de la salud; colaboraci\u00f3n con las estructuras e instituciones sanitarias para que puedan ofrecer un mejor y m\u00e1s cualificado servicio al enfermo; denuncia de las injusticias y abusos en el mundo sanitario en defensa de los derechos y dignidad del enfermo, etc.<\/p>\n<p>La Di\u00f3cesis entera debe comprometerse en todo aquello que ayude al hombre a vivir de forma digna y sana, incluso eliminando de su seno todo cuanto sea pat\u00f3geno o se viva de forma enfermiza o sea fuente de negatividad y enfermedad (falsa religiosidad, moral insana, culto vac\u00ed\u00ado, relaciones insanas, etc.). Necesitamos comunidades llenas de vida y que sepan transmitir vida. Comunidades transparentes, realistas, gozosas, reconciliadoras, acogedoras y sanas.<\/p>\n<p>Es necesario que toda la Iglesia Diocesana sea portadora de salud, humanizando y sanando las relaciones interpersonales e impulsando una vivencia sanadora y terap\u00e9utica en campos como la liturgia, sacramentos, la ense\u00f1anza, la comuni\u00f3n o el compromiso. Sus agentes de pastoral deber\u00e1n ser testigos de vida sana, personas que vivan de forma responsable su salud f\u00ed\u00adsica y su equilibrio afectivo y ps\u00ed\u00adquico, personas \u00abbuena noticia\u00bb verdaderas evangelizadoras y sembradoras de salud. Con su actuaci\u00f3n har\u00e1n cre\u00ed\u00adble que Dios no distrae de lo humano ni lo humano rivaliza con Dios. Que la fe en Dios aunque no es vacuna contra cualquier virus, ni garantiza la salud f\u00ed\u00adsica, ni es un suced\u00e1neo de la medicina, s\u00ed\u00ad es una ayuda formidable para vivir sanamente la salud y la enfermedad.<\/p>\n<p>3.2. Parroquia<br \/>\nLa Parroquia ha de encarnar y actualizar en su comunidad el servicio sanador de Cristo. Su estilo de vida sano, su capacidad de acogida, su gozosa celebraci\u00f3n de la Salvaci\u00f3n, su esfuerzo en educar para vivir con sentido la salud, la enfermedad y el morir, su presencia samaritana junto a los enfermos, son algunas de las muchas formas para conseguirlo. La Parroquia es antes que nada una comunidad de amor. Los enfermos deber\u00ed\u00adan encontrar en ella el lugar privilegiado que encontraron en Jes\u00fas, la misma preferencia, la misma cercan\u00ed\u00ada y acogida, el mismo tratado sanador. Conocerles, acercarse a ellos, acompa\u00f1arlos, hacer llegar hasta ellos la vida de la comunidad, estimular y facilitar su participaci\u00f3n es su contenido. Es este un campo en el que la presencia operante de los seglares se hace especialmente imprescindible y una tarea para cuya realizaci\u00f3n no basta la buena voluntad, ni la acci\u00f3n individual del francotirador. Por eso la Parroquia ha de buscar, cuidar y formar agentes capaces de actuar en equipo, coordinada y organizadamente.<\/p>\n<p>3.3. Familia<br \/>\nToda enfermedad tiene una indiscutible dimensi\u00f3n familiar, provoca una crisis y constituye un golpe dif\u00ed\u00adcil de encajar. Impone cambios en la vida diaria, obliga a tomar decisiones con que afrontar la nueva situaci\u00f3n, y es fuente de inquietud y preocupaciones capaces de originar conflictos y desequilibrios emocionales. Adem\u00e1s pone a prueba los valores en que se asienta la familia, la solidez de sus lazos, la unidad y la solidaridad de todos. Es una experiencia que puede desestabilizar a la familia o ayudarla a encontrar un nuevo equilibrio, alejarla de Dios o acercarla m\u00e1s a EI.<\/p>\n<p>En cualquier caso, su papel al lado del enfermo es insustituible. S\u00f3lo contando con ella podr\u00e1 \u00e9ste ser bien entendido y atendido. Todos sabemos c\u00f3mo repercute en toda la familia la enfermedad de uno de los suyos. Y c\u00f3mo necesita el enfermo de su familia: su cari\u00f1o, su cuidado, su comprensi\u00f3n, su paciencia, su apoyo y su ayuda. Y cu\u00e1nto da\u00f1o puede hacerle el sentirse abandonado y desasistido de ella. Pero la familia, en su tarea de asistencia al enfermo no se basta a s\u00ed\u00ad misma. Necesita la ayuda y el apoyo de todos: de los profesionales de la salud, de los amigos y vecinos y de la parroquia que en su caso deber\u00e1 convertirse en la familia de los sin familia.<\/p>\n<p>3.4. Hospital<br \/>\nEl hospital, vivo reflejo de la sociedad, es hoy una instituci\u00f3n secularizada, compleja y costosa en la que ricos y pobres, ni\u00f1os y mayores, creyentes e increyentes pasan algunos de los momentos m\u00e1s dif\u00ed\u00adciles de su vida. Son muy grandes sus posibilidades pastorales. El servicio religioso cat\u00f3lico, garantizado por el acuerdo Iglesia-Estado del 24-7-85, hace presente a la Iglesia en el hospital. Sus destinatarios son los enfermos y sus familias, el personal sanitario y la instituci\u00f3n hospitalaria, siempre en contacto con las comunidades y parroquias.<\/p>\n<p>Sus agentes pastorales, escogidos con mucho tiento, necesitan una formaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica y permanente que les capacite para conocer el mundo hospitalario y para trabajar a su servicio personalmente y en equipo, organizada y programadamente. El encuentro pastoral con el enfermo y la oraci\u00f3n con \u00e9l, la celebraci\u00f3n sacramental, la atenci\u00f3n pastoral a los familiares de los enfermos y al personal sanitario, juntamente con el asesoramiento \u00e9tico, son algunos de sus m\u00faltiples quehaceres.<\/p>\n<p>4. Responsables<br \/>\n4.1. Profesionales sanitarios cristianos<br \/>\nResponsables primeros y directos de la pastoral de la salud son los profesionales sanitarios cristianos. En virtud del Bautismo y de la misi\u00f3n recibida deben ejercer su profesi\u00f3n como una aut\u00e9ntica vocaci\u00f3n cristiana; servir a los enfermos con honradez, competencia y entrega; iluminar las realidades existenciales y los grandes interrogantes de \u00ed\u00adndole \u00e9tica y religiosa, profesional y cient\u00ed\u00adfica que se plantean en su campo de trabajo; asociarse para compartir experiencias, reflexionar juntos acerca de su identidad y apoyarse mutuamente en el ejercicio de su misi\u00f3n; hacer presente a la Iglesia y su mensaje en el campo de la sanidad, y celebrar la palabra y el ejemplo de Jes\u00fas en los sacramentos de sanaci\u00f3n.<\/p>\n<p>4.2. Asociaciones de y para enfermos<br \/>\nLa mayor parte de los componentes de dichas asociaciones y movimientos son laicos. Incluyen nombres como los siguientes: Frater, Prosac, Hospitalidades de Lourdes, Voluntariados parroquiales y hospitalarios, Enfermos misioneros, etc., etc.<\/p>\n<p>Su actividad y colaboraci\u00f3n es indispensable para alcanzar una pastoral de la salud realmente eficaz. Teol\u00f3gicamente y eclesialmente su aportaci\u00f3n es completamente necesaria para la misi\u00f3n eclesial. Deben trabajar no s\u00f3lo por y para las personas enfermas sino con ellas, reconociendo su derecho y su posibilidad de participar en la misi\u00f3n de la Iglesia y en el desarrollo del bien com\u00fan social. La enfermedad y las minusval\u00ed\u00adas, acogidas y asumidas con fe pueden ayudar a madurar y crecer como personas y cristianos.<\/p>\n<p>4.3. Religiosos<br \/>\nDentro de la vida de especial consagraci\u00f3n, los religiosos con vocaci\u00f3n sanitaria son testigos en nombre de Jes\u00fas y enviados por la Iglesia para mostrar la compasi\u00f3n, ternura y carisma de sanaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Su capacitaci\u00f3n y competencia profesional ser\u00e1n los medios privilegiados para un mejor servicio de caridad. Mostrar\u00e1n preocupaci\u00f3n constante por educar en la fe a enfermos y familiares y por humanizar la t\u00e9cnica para hacer de ella veh\u00ed\u00adculo de amor cristiano. Har\u00e1n suyo el evangelio de la misericordia y sus signos. Se impone, dentro de sus centros, una coordinaci\u00f3n entre su actividad y la de los capellanes, los agentes laicos y las familias, para que ninguna de las necesidades de los enfermos quede desatendida y a todos llegue la ayuda. No s\u00f3lo por motivos de buena coordinaci\u00f3n, sino como exigencia de la fe cristiana.<\/p>\n<p>4.4. Presb\u00ed\u00adteros<br \/>\nTanto los responsables de parroquias como los capellanes de hospitales, deber\u00e1n volcarse en los enfermos, como servidores de la paz, ternura, misericordia y consuelo de Cristo.<\/p>\n<p>Su presencia junto al enfermo, humilde y respetuosa, discreta y oportuna, tal vez pueda parecer un apostolado poco brillante, pero es sin duda un testimonio de fe vital para los enfermos. No s\u00f3lo con los enfermos, sino con todos los fieles, deben realizar una misi\u00f3n de sensibilizaci\u00f3n sobre el misterio de la enfermedad, el dolor y el sufrimiento.<\/p>\n<p>Deben administrar los sacramentos con esmero y preparando activamente a los enfermos con el apoyo de la familia y de los diversos agentes de la pastoral de la salud. Deben ayudar al personal sanitario a encontrar sentido a su trabajo y, valorando los aspectos \u00e9ticos y solidarios, colaborar en la organizaci\u00f3n de la asistencia al enfermo.<\/p>\n<p>Promover\u00e1n, particularmente con los agentes sanitarios y de voluntariado cristiano, encuentros de formaci\u00f3n, di\u00e1logo y oraci\u00f3n. Conscientes de la complejidad y dificultades del mundo en el que desarroIlan su misi\u00f3n, mantendr\u00e1n una formaci\u00f3n permanente que les ayude a crecer y madurar como personas y presb\u00ed\u00adteros cultiv\u00e1ndose mediante el estudio, la reflexi\u00f3n personal y los encuentros a diversos niveles.<\/p>\n<p>5. Historia<br \/>\nLa atenci\u00f3n a los enfermos, siempre presente en la vida de la Iglesia espa\u00f1ola, tiene su historia reciente. en los a\u00f1os sesenta se inicia un fuerte movimiento de instituciones y personas empe\u00f1adas en renovar la pastoral de enfermos a la luz del Vaticano II. Tras la celebraci\u00f3n, en 1963, del 1 Congreso Nacional sobre \u00abLa dimensi\u00f3n humana y sobrenatural del Enfermo\u00bb y la 1 Jornada de Pastoral Hospitalaria de 1969, se pide a la Conferencia Episcopal Espa\u00f1ola que cree un \u00abOrganismo\u00bb para animar, orientar y coordinar la presencia y la acci\u00f3n de la Iglesia en el campo de la salud. As\u00ed\u00ad lo hace la Conferencia creando en 1971 el Secretariado Nacional de Pastoral Sanitaria. Inmedia~amente, un grupo de capellanes y religiosos\/as sanitarios concreta un sencillo plan de acci\u00f3n.<\/p>\n<p>6. Organizaci\u00f3n<br \/>\nConscientes de la necesidad de estructurarse y organizarse en 1976 se pone en marcha el Equipo Nacional de Pastoral de la Salud.<\/p>\n<p>6.1. Equipo Nacional<br \/>\nSon sus funciones, programar los Planes de Acci\u00f3n de cada trienio, preparar la campa\u00f1a del D\u00ed\u00ada del Enfermo y otras actividades de peculiar relevancia. Se re\u00fane dos veces al a\u00f1o. Actualmente lo forman el Obispo responsable de la pastoral de la salud, el Director y el Secretario del Departamento, los responsables de los Secretariados Interdiocesanos (SIPS), los responsables de FERS, FRATER y PROSAC m\u00e1s los coordinadores nacionales de esta pastoral en parroquias, hospitales, salud mental y cuidados paliativos.<\/p>\n<p>6.2. Delegaciones Diocesanas<br \/>\nSu finalidad es promover, alentar y coordinar, por encargo y en nombre del Obispo, la acci\u00f3n evangelizadora de la Iglesia Diocesana en el mundo de la salud. Estructurada y organizada a imagen del equipo nacional, trabaja en equipo, programa sus objetivos y est\u00e1 en contacto con las dem\u00e1s delegaciones diocesanas y con las otras Delegaciones de pastoral de la salud de su zona o autonom\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>6.3. Hospitales y Parroquias<br \/>\nDe a\u00f1o en a\u00f1o crece el n\u00famero de hospitales y parroquias que, conscientes de su responsabilidad se van dotando de equipos organizados, apoyados y orientados desde las delegaciones nacional y diocesana con materiales muy sencillos y adecuados. Su papel es important\u00ed\u00adsimo en la celebraci\u00f3n del D\u00ed\u00ada del Enfermo.<\/p>\n<p>6.4. D\u00ed\u00ada del Enfermo<br \/>\nEs sin duda una de las experiencias m\u00e1s positivas y fruct\u00ed\u00adferas de la pastoral de la salud en Espa\u00f1a. Se celebra desde el a\u00f1o 1985 el VI Domingo de Pascua. Cada a\u00f1o con un tema y un lema concretos, en torno a los cuales, giran cartel, mensaje de los Obispos de la Comisi\u00f3n Episcopal de Pastoral, gui\u00f3n lit\u00fargico, materiales de formaci\u00f3n, etc. Es el momento culminante de un trabajo muy serio hecho a trav\u00e9s de todo el curso. L\u00f3gicamente los enfermos tienen un protagonismo especialmente importante en su preparaci\u00f3n y celebraci\u00f3n. Para muchas di\u00f3cesis el once de Febrero, Jornada Mundial del Enfermo, es el comienzo de un largo camino de preparaci\u00f3n del D\u00ed\u00ada del Enfermo.<\/p>\n<p>BIBL. &#8211; JUAN PABLO II, Salvifici Doloris. El Sufrimiento humano. Ediciones Paulinas; COMISI\u00ed\u201cN ESPA\u00ed\u2018OLA DE LITURGIA, Ritual de la Unci\u00f3n y Pastoral de Enfermos; DEPARTAMENTO DE PASTORAL DE LA SALUD, Notas y Mensajes de los Obispos de la Comisi\u00f3n de Pastoral. Veinticinco a\u00f1os de pastoral de la salud en Espa\u00f1a. La asistencia religiosa en el hospital. Congreso Iglesia Salud. Orar en la Enfermedad. Humanizaci\u00f3n de la Asistencia Sanitaria; R. BERZOSA, Ante el sufrimiento y el dolor humano: \u00abSurge\u00bb 57 (2000) 65-78; J. B. MErz, C\u00f3mo hablar de Dios frente a la historia del sufrimiento en el mundo: \u00abSelecciones de teolog\u00ed\u00ada\u00bb 33 (1994) 102-104; J. A. PACOLA, Felicidad y sufrimiento. Una visi\u00f3n cristiana. Aula San Pablo, Vitoria 1989. jes\u00fas y los enfermos. Labor hospitalaria n\u00c2\u00b0 208. Modelo cristol\u00f3gico de salud. Labor hospitalaria n\u00c2\u00b0 219.<\/p>\n<p>Feliciano Ezquerra Contreras<\/p>\n<p>Vicente M\u00c2\u00aa Pedrosa &#8211; Jes\u00fas Sastre &#8211; Ra\u00fal Berzosa (Directores), Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n, Diccionarios \u00abMC\u00bb, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Pastoral y Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. Necesidad: -Por fidelidad al ejemplo y mandato de Cristo; -Por fidelidad a la Iglesia; -Por realismo, humano y cristiano. &#8211; 2. Objetivos: 2.1. Iluminar desde la fe el misterio de la enfermedad y el sufrimiento. 2.2. Evangelizar el mundo de la cultura de la salud. 2.3. Acompa\u00f1ar a los enfermos. 2.4. Celebrar los &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/salud-pastoral-de-la\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSALUD, PASTORAL DE LA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16041","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16041","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16041"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16041\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16041"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16041"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16041"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}