{"id":1607,"date":"2016-02-04T22:54:05","date_gmt":"2016-02-05T03:54:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cuerpo\/"},"modified":"2016-02-04T22:54:05","modified_gmt":"2016-02-05T03:54:05","slug":"cuerpo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cuerpo\/","title":{"rendered":"CUERPO"},"content":{"rendered":"<p>v. Cad\u00e1ver, Carne, Muerto<br \/>\nGen 47:18 nada ha quedado .. sino nuestros c<br \/>\nDeu 21:23 no dejar\u00e9is que su c pase la noche sobre<br \/>\n1Sa 31:12 quitaron el c de Sa\u00fal y los c de sus<br \/>\nPsa 139:15 no fue encubierto de ti mi c, bien que<br \/>\nIsa 50:6 di mi c a los heridores, y mis mejillas a<br \/>\nJer 7:33 los c muertos de este pueblo para comida<br \/>\nDan 10:6 su c era como de berilo, y su rostro<br \/>\nMat 5:29 y no que todo tu c sea echado al infierno<br \/>\nMat 6:22 la l\u00e1mpara del c es el ojo; as\u00ed que, si tu<br \/>\nMat 6:25 ni por vuestro c, qu\u00e9 hab\u00e9is de vestir<br \/>\nMat 10:28; Luk 12:4 no tem\u00e1is a los que matan el c<br \/>\nMat 24:28; Luk 17:37 estuviere el c muerto, all\u00ed se<br \/>\nMat 26:26; Mar 14:22; Luk 22:19; 1Co 11:24 dijo: Tomad, comed; esto es mi c<br \/>\nMat 27:52 muchos c de santos que hab\u00edan dormido<br \/>\nMat 27:58; Mar 15:43; Luk 23:52 fue a Pilato y pidi\u00f3 el c de Jes\u00fas<br \/>\nMar 6:29 vinieron y tomaron su c, y lo pusieron<br \/>\nLuk 24:3 y entrando, no hallaron el c del Se\u00f1or<br \/>\nJoh 2:21 mas \u00e9l hablaba del templo de su c<br \/>\nJoh 19:31 de que los c no quedasen en la cruz<br \/>\nRom 1:24 que deshonraron entre s\u00ed sus propios c<br \/>\nRom 7:4 hab\u00e9is muerto a la ley mediante el c de<br \/>\nRom 7:24 \u00bfqui\u00e9n me librar\u00e1 de este c de muerte?<br \/>\nRom 8:10 el c en verdad est\u00e1 muerto a causa del<br \/>\nRom 8:11 vivificar\u00e1 tambi\u00e9n vuestros c mortales<br \/>\nRom 8:23 esperando la .. redenci\u00f3n de nuestro c<br \/>\nRom 12:1 present\u00e9is vuestros c en sacrificio vivo<br \/>\nRom 12:5 as\u00ed nosotros .. somos un c en Cristo<br \/>\n1Co 6:13 c .. para el Se\u00f1or, y el Se\u00f1or para el c<br \/>\n1Co 6:15 que vuestros c son miembros de Cristo?<br \/>\n1Co 6:19 \u00bfo ignor\u00e1is que vuestro c es templo del<br \/>\n1Co 6:20 glorificad, pues, a Dios en vuestro c y<br \/>\n1Co 7:4 la mujer no tiene potestad sobre su .. c<br \/>\n1Co 7:34 para ser santa as\u00ed en c como ne esp\u00edritu<br \/>\n1Co 9:27 golpeo mi c, y lo pongo en servidumbre<br \/>\n1Co 10:16 \u00bfno es la comuni\u00f3n del c de Cristo?<br \/>\n1Co 10:17 nosotros, con ser muchos, somos un c<br \/>\n1Co 11:27 culpado del c y de la sangre del Se\u00f1or<br \/>\n1Co 12:27 vosotros, pues, sois el c de Cristo, y<br \/>\n1Co 13:3 si entregase mi c para ser quemado, y no<br \/>\n1Co 15:35 pero dir\u00e1 alguno .. \u00bfCon qu\u00e9 c vendr\u00e1n?<br \/>\n1Co 15:40 y hay c celestiales, y c terrenales; pero<br \/>\n2Co 4:10 llevando en el c .. la muerte de Jes\u00fas<br \/>\n2Co 5:6 entre tanto que estamos en el c, estamos<br \/>\n2Co 12:2 en el c, no lo s\u00e9; si fuera del c, no lo s\u00e9<br \/>\nGal 6:17 yo traigo en mi c las marcas del Se\u00f1or<br \/>\nEph 1:23 la cual es su c, la plenitud de Aquel que<br \/>\nEph 2:16 reconciliar con .. a ambos en un solo c<br \/>\nEph 3:6 los gentiles son .. miembros del mismo c<br \/>\nEph 4:4 un c, y un Esp\u00edritu, como fuisteis tambi\u00e9n<br \/>\nEph 4:16 de quien todo el c .. recibe su crecimiento<br \/>\nEph 5:28 amar a sus mujeres como a sus mismos c<br \/>\nPhi 3:21 el cual transformar\u00e1 el c de la humillaci\u00f3n<br \/>\nCol 1:18 \u00e9l es la cabeza del c que es la iglesia<br \/>\nCol 2:23 en humildad y en duro trato del c; pero<br \/>\n1Th 5:23 todo .. esp\u00edritu, alma y c sea guardado<br \/>\nHeb 10:5 ofrenda no quisiste; mas me preparaste c<br \/>\nHeb 10:10 la ofrenda del c de Jesucristo hecha una<br \/>\nJam 2:26 como el c sin esp\u00edritu est\u00e1 muerto, as\u00ed<br \/>\nJam 3:2 es capaz tambi\u00e9n de refrenar todo el c<br \/>\n2Pe 1:13 por justo, en tanto que estoy en este c<br \/>\nJud 1:9. disputando con \u00e9l por el c de Mois\u00e9s, no<\/p>\n<hr>\n<p>Cuerpo    (heb. b\u00e2s\u00e2r [por inferencia, porque el heb. no tiene un t\u00e9rmino espec\u00ed\u00adfico]; gr. soma).  El del hombre fue formado del polvo de la tierra (Gen 2:7) con la posibilidad de vivir para siempre con todas sus facultades en perfecto estado (cf 1:26, 31; 2:22-24).  Pero el pecado produjo un cambio en su condici\u00f3n original.  Despu\u00e9s de la expulsi\u00f3n del Ed\u00e9n, Ad\u00e1n y Eva gradualmente perdieron su vigor f\u00ed\u00adsico y sufrieron la muerte. En los siglos siguientes se fue acortando m\u00e1s y m\u00e1s la vida (11:12, 13, 18, 19, 32; cf Ecc 12:1-7), hasta que, finalmente, la edad del hombre raras veces sobrepasa los 70 a\u00f1os (Psa 90:10).  En la muerte,* el cuerpo retorna al polvo (Gen 3:19; Ecc 12:7).  En ocasi\u00f3n de la resurrecci\u00f3n,* los justos recibir\u00e1n cuerpos nuevos y glorificados (1Co 15:35-50; 2Co 5:1-4), semejantes al cuerpo glorificado de Cristo (Phi 3:20, 21), libres de toda debilidad o incapacidad.  Se prepar\u00f3 un cuerpo para que Cristo habitara entre los hombres (Heb 10:5).  En \u00e9l, vicariamente carg\u00f3 con los pecados de los hombres (1Pe 2:24).  Cristo se refiri\u00f3 a su cuerpo como pan para los creyentes, hablando simb\u00f3licamente de la asimilaci\u00f3n de su car\u00e1cter que deb\u00ed\u00adan hacer sus seguidores al hacer suya la Palabra de Dios (Mat 26:26; Mar 14:22; Luk 22:19; cf Joh 6:35, 48-58).  El pan que fue ordenado para la Cena* del Se\u00f1or representa el cuerpo quebrantado de Cristo, y su ingesti\u00f3n representa que el creyente se apropia por fe de la vida sin pecado de Cristo, su justicia, su muerte y su resurrecci\u00f3n (Rom 4:24, 25; 8:10; 1Co 1:30; 10:17; 11:24; 15:3, 4; Phi 3:9; etc.).  Pablo compar\u00f3 la iglesia con un cuerpo, en el que Cristo es la cabeza (Eph 1:22; 4:15, 16; Col 1:18).  Como el cuerpo tiene muchos y diversos miembros, cada uno con su tarea espec\u00ed\u00adfica, y donde ninguno estorba el funcionamiento del otro sino que todos act\u00faan en armon\u00ed\u00ada, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n deber\u00ed\u00adan relacionarse los unos con los otros miembros de la iglesia, cuyos diferentes dones y funciones deben emplearse en un trabajo eficiente y armonioso en favor de su objetivo supremo (Rom 12:4, 5; 1Co 12:12-31  Los cuerpos de los siervos de Dios son templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo 287 (1Co 6:19; cf 2Co 6:16).  Pablo invit\u00f3 a los creyentes a consagrarlos a Dios; es decir, cada miembro y facultad del ser (Rom 12:1).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>Yahv\u00e9h cre\u00f3 al ser humano, a imagen y semejanza suya, Gn 1,    26-27; lo form\u00f3 con polvo del suelo y le insufl\u00f3 aliento de vida, Gn 2, 7.   En hebreo no existe un t\u00e9rmino para significar cuerpo, como lo entendemos nosotros, en el A. T. encontramos la palabra basar,  \u00c2\u00ae carne,  para indicar el c., lo visible del hombre, lo perecedero del hombre, como en Nm 8, 7; 1 R 21, 27; de ah\u00ed\u00ad la expresi\u00f3n \u2020\u0153toda carne\u2020\u009d, para indicar al g\u00e9nero humano, Gn 6, 12; Is 40, 6. Ya en el N. T. s\u00ed\u00ad hay una palabra para designar c., s\u00f4ma, t\u00e9rmino griego, Lc 11, 34-36; Rm 4, 19; y sarx,  igualmente griego, carne, Rm 7, 5; 1 Co 15, 39. En el A. T., basar significa el c. animado, no se le puede aplicar al cuerpo muerto, al cad\u00e1ver, mientras en el N. T., s\u00ed\u00ad se usa con este significado s\u00f4ma, Mc 15,  43-45. Jes\u00fas, al instituir la Eucarist\u00ed\u00ada, nos dej\u00f3 bajo las sagradas especies del pan y el vino, su c. y su sangre, Mt 26, 26-27; Mc 14, 22-25; Lc 22,  19-20; 1 Co 11, 24-25. El c. humano, compuesto de varios miembros todos importantes, interdependientes, cada uno de los cuales desempe\u00f1a su funci\u00f3n, le sirve a San Pablo como imagen de la Iglesia, cuya cabeza es Cristo, Rm 12, 3-8; 1 Co 12, 12-30; Ef 1, 22-23.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>(gr., soma). La palabra puede referirse a un cad\u00e1ver (Mat 27:52), al cuerpo f\u00ed\u00adsico de uno (Mar 5:29) y al ser humano expresado en y a trav\u00e9s de un cuerpo (Heb 10:10; 1Pe 2:24). Pablo consider\u00f3 el cuerpo como la expresi\u00f3n de la persona total (Rom 12:1) y advirti\u00f3 contra el mal uso del cuerpo (1Co 6:13 ss.), ya que para el creyente es el templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo (1Co 6:15, 1Co 6:19). Sin embargo, el cuerpo es afectado por el pecado y por eso puede llamarse el cuerpo del pecado (Rom 6:6) y cuerpo de muerte (Rom 7:24).<\/p>\n<p>Hay un cuerpo f\u00ed\u00adsico para esta vida y un cuerpo espiritual para la vida despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n (1Co 15:38 ss.). El presente cuerpo pecaminoso ser\u00e1 reemplazado por uno como el cuerpo resucitado de Cristo. En la cena del Se\u00f1or, el pan simboliza el cuerpo de Jes\u00fas ofrecido como sacrificio por el pecado (Mar 14:22; 1Co 11:24). Pablo llama a la iglesia local cuerpo (Rom 12:4-5; 1Co 12:12 ss.) y a la iglesia universal el cuerpo de Cristo (Eph 4:12).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>Aquello del hombre que es carne, sangre y huesos. En el pensamiento hebreo no se hac\u00ed\u00ada mucha distinci\u00f3n entre el alma y el c., pero cuando se quiere llamar la atenci\u00f3n sobre la parte f\u00ed\u00adsica del hombre se usa el vocablo gewiya. Se puede referir a un c. vivo, como es el caso de los egipcios que dijeron a Jos\u00e9: \u2020\u0153Nada ha quedado delante de nuestro se\u00f1or sino nuestros cuerpos y nuestra tierra\u2020\u009d (Gen 47:18), o a un c. muerto. Sans\u00f3n \u2020\u0153se apart\u00f3 del camino para ver el c. muerto del le\u00f3n\u2020\u009d (Jue 14:8). El AT hace muchas referencias a partes del cuerpo humano. La m\u00e1s mencionada es el coraz\u00f3n, casi siempre se\u00f1alando a los sentimientos y no al \u00f3rgano f\u00ed\u00adsico. Tambi\u00e9n los ri\u00f1ones y el h\u00ed\u00adgado se mencionan como sede de sentimientos. El cerebro no se menciona en el AT.<\/p>\n<p>En el NT, la palabra es soma. Generalmente significa el hombre completo pero, seg\u00fan el contexto, puede referirse a la parte f\u00ed\u00adsica de \u00e9l e incluso a un cad\u00e1ver. El Se\u00f1or Jes\u00fas ense\u00f1\u00f3 claramente que el c. de la persona que no cree ser\u00e1 \u2020\u0153echado al infierno\u2020\u009d (Mat 5:29). Los creyentes no deben temer \u2020\u0153a los que matan el c.\u2020\u009d (Mat 10:28). Contrariamente a los que preconizaban que el c. es algo mal y que s\u00f3lo el esp\u00ed\u00adritu es bueno ( \u2020\u00a2Gnosticismo), la ense\u00f1anza apost\u00f3lica da mucha importancia al c. Al decir que los gentiles \u2020\u0153deshonraron entre s\u00ed\u00ad sus propios cuerpos\u2020\u009d (Rom 1:24), Pablo est\u00e1 se\u00f1alando que el c. debe ser honrado. Ense\u00f1a tambi\u00e9n que nuestros c. han de ser redimidos (Rom 8:23) ( \u2020\u00a2Resurrecci\u00f3n). El creyente desea que la vida del Se\u00f1or Jes\u00fas se manifieste en su c. (2Co 4:10). Pablo oraba por los tesalonicenses: \u2020\u0153Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, esp\u00ed\u00adritu, alma y c., sea guardado irreprensible\u2020\u009d (1Te 5:23). Debemos huir de la fornicaci\u00f3n (1Co 6:13), evitar toda \u2020\u0153contaminaci\u00f3n de carne y de esp\u00ed\u00adritu\u2020\u009d (2Co 7:1) y ofrecer nuestros c. \u2020\u0153en sacrificio vivo, santo, agradable al Se\u00f1or\u2020\u009d (Rom 12:1).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>(V\u00e9ase CARNE)<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[272]<\/p>\n<p>     En muchas filosof\u00ed\u00adas, que se denominan cient\u00ed\u00adficas, el hombre se identifica con el cuerpo org\u00e1nico que nace, crece, vive un tiempo y termina muriendo. Sin embargo, hay algo en el hombre que dice que \u00e9l no es solamente un cuerpo, sino que transciende lo simplemente som\u00e1tico.<\/p>\n<p>    Se necesita recurrir al esp\u00ed\u00adritu, al alma, al principio trascendente que anima el cuerpo, para darle sentido suprahumano y para resaltar en \u00e9l la dimensi\u00f3n misteriosa y supranatural que le diferencia de todos los dem\u00e1s seres vivos del universo.<\/p>\n<p>    Pero, tambi\u00e9n hay algo que dice al hombre que su cuerpo es una criatura singular de Dios y que su dignidad reclama atenci\u00f3n  y especial respeto, junto con el agradecimiento para con el Creador.<\/p>\n<p>    Las actitudes que se adopten respecto al cuerpo humano tienen repercusiones en otros terrenos, como la valoraci\u00f3n de las diferentes razas, la aceptaci\u00f3n de la igualdad de sexos, la necesidad de reconocer la dignidad humana por encima de los intereses econ\u00f3micos, cient\u00ed\u00adficos o pol\u00ed\u00adticos, el m\u00e1ximo respeto en cuestiones relacionadas con experimentos humanos o con manipulaciones m\u00e9dicas, gen\u00e9ticas o sociales.  1. Actitudes antiguas<br \/>\n    En el juda\u00ed\u00adsmo primitivo se valora la persona humana en su conjunto, sin hacer clara distinci\u00f3n entre el cuerpo y el hombre, entre el alma y el cuerpo. As\u00ed\u00ad aparece la idea de cuerpo en los libros del Antiguo Testamento: (Gen. 47.18; Eccli. 30.15 y 31.37; Tob. 2.3; Is. 51.23). Se mira al cuerpo como si del hombre entero se tratara, con su \u00abalma o esp\u00ed\u00adritu\u00bb que late dentro y da vida.<\/p>\n<p>    En los libros del Antiguo Testamento se refleja la idea de que el hombre se forma en el seno materno en forma misteriosa (Job. 3. 4-26; Ecclo. 10.19-31), pero como obra de Dios. Y se le ensalza de manera global (Job 7. 2-8; Sab. Ecclo. 17. 1-12), como un ser digno de toda consideraci\u00f3n.<\/p>\n<p>    En los tiempos del Antiguo Testamento cuando se desarrollan las influencias mazde\u00ed\u00adstas y en los tiempos inmediatamente posteriores con la influencia maniquea, el dualismo se inserta en el pensamiento judaico y cristiano en todo lo que se refiere a la visi\u00f3n del cuerpo humano, parte visible que esconde el esp\u00ed\u00adritu influido por Dios.<\/p>\n<p>    Eco especial tuvo en Oriente y en Occidente la actitud maniquea ante el cuerpo. Manes o Mani (216-276), fundador religioso persa que lleg\u00f3 en su predicaci\u00f3n hasta la India, promocion\u00f3 una visi\u00f3n \u00abdualista\u00bb del mundo, de la materia, del hombre y de la vida. Extendi\u00f3 por Occidente la idea dominante en el Oriente de que el cuerpo es malo y tiende a la tierra, as\u00ed\u00ad como el alma es buena y tiende hacia el cielo. La doctrina dualista, haciendo del cuerpo principio malo, estuvo muy presente en los primero escritores cristianos.<\/p>\n<p>    Apoyados por el dualismo gn\u00f3stico de los tres primeros siglos y por el neoplatonismo reinante en zonas amplias del mundo romano, en las que se extend\u00ed\u00ada el mensaje cristiano, el dualismo maniqueo cosech\u00f3 \u00e9xito y renov\u00f3 la \u00abteor\u00ed\u00ada de los dos caminos\u00bb, esenia y tambi\u00e9n evang\u00e9lica (Mt. 7.3), y la transform\u00f3 en alegato contra el cuerpo.<\/p>\n<p>    La divisi\u00f3n dualista del universo, (lucha entre el bien y el mal, entre la luz o esp\u00ed\u008dritu y la oscuridad o materia, entre Dios y Sat\u00e1n) influy\u00f3 en Or\u00ed\u00adgenes, en el siglo III, y en S. Agust\u00ed\u00adn, en el V.<\/p>\n<p>    El manique\u00ed\u00adsmo divulg\u00f3 la actitud pesimista de que el cuerpo humano es material, y por lo tanto, perverso; y el alma es espiritual, un fragmento de la luz divina, y debe ser redimida del cautiverio que sufre dentro del cuerpo. Por eso se mir\u00f3 al alma como obstaculizada por los deseos carnales del cuerpo, que s\u00f3lo sirven para perpetuar ese encarcelamiento y son opuestos al campo de lo divino.<\/p>\n<p>    Los resabios maniqueos se mantuvieron durante muchos siglos, a pesar de que el manique\u00ed\u00adsmo, como religi\u00f3n, desapareci\u00f3 del mundo occidental a principios de la Edad Media. Se puede seguir su influencia analizando la existencia y la doctrina de grupos her\u00e9ticos medievales con sus ideas sobre el bien y el mal, sobre la materia y el esp\u00ed\u00adritu,  como aparecieron en los albigenes, bogomilos y los paulicianos, entre otros. A\u00fan sobreviven muchas de las concepciones gn\u00f3sticas y maniqueas del mundo, desarrolladas por movimientos y sectas religiosas modernas, como la teosof\u00ed\u00ada y la antroposof\u00ed\u00ada del fil\u00f3sofo austriaco Rudolf Steiner.<\/p>\n<p>    2. Dualismo y monismo<br \/>\n    La filosof\u00ed\u00ada plat\u00f3nica dualista y los reclamos dualistas maniqueos se mantuvieron en la valoraci\u00f3n del cuerpo hasta nuestros d\u00ed\u00adas. La idea de oposici\u00f3n entre esp\u00ed\u00adritu y materia, entre cuerpo y alma, se expresar\u00e1 en varias actitudes \u00e9ticas de los pensadores selectos a lo largo de los siglos.<\/p>\n<p>    En el siglo XVII, por ejemplo, la visi\u00f3n peyorativa del cuerpo adopt\u00f3 la forma de defensa de las dos sustancias fundamentales, inteligenCia y materia. Ren\u00e9 Descartes, cuya interpretaci\u00f3n del universo es dualista, subray\u00f3 la diferencia irreconciliable entre sustancia pensante (inteligencia) y sustancia extensa (materia). Algunos de sus seguidores negaron por completo cualquier interacci\u00f3n entre cuerpo y alma, como Malebranche (ocasionalismo) y Leibniz (armon\u00ed\u00ada preestablecida), con lo que el cuerpo se convirti\u00f3 en un freno para la acci\u00f3n del alma, es decir de la inteligencia.<\/p>\n<p>    En el siglo XX, la oposici\u00f3n al materialismo monista de la filosof\u00ed\u00ada y de la ciencia del XIX, engendr\u00f3 tambi\u00e9n otras actitudes dualistas de infravaloraci\u00f3n del cuerpo. William McDougall, por ejemplo dividi\u00f3 el universo en esp\u00ed\u00adritu y materia, haciendo del cuerpo materia. Bergson, en su obra principal \u00abMateria y memoria\u00bb, adopt\u00f3 tambi\u00e9n una postura dualista, definiendo la materia como lo que percibimos con los sentidos y dejando para el alma la tarea del conocer y del querer, aunque moderando el dualismo con una visi\u00f3n m\u00e1s vitalista del hombre.<\/p>\n<p>    Contra las visiones dualistas, y por lo tanto contra la infravaloraci\u00f3n del cuerpo, surgieron ya en los tiempos medievales actitudes de revaloraci\u00f3n y hasta exaltaci\u00f3n del cuerpo.<\/p>\n<p>    La filosof\u00ed\u00ada aristot\u00e9lica monista, resucitada por la escuela dominica, sobre todo por S. Alberto Magno y Sto. Tom\u00e1s de Aquino, insisti\u00f3 desde el siglo XIV en que el cuerpo es la materia en la que el alma act\u00faa y gracias al que ella subsiste como forma substancial. Sin el cuerpo no hay hombre y la dignidad del cuerpo es exigible en el pensamiento cristiano. Ser\u00e1 la postura de la Iglesia en los \u00faltimos siglos, la cual se distanciar\u00e1 de interpretaciones filos\u00f3ficas y tratar\u00e1 de explorar lo que la Palabra de Dios dice acerca de ese don divino.<\/p>\n<p>    3. Cristianismo y cuerpo<br \/>\n    La doctrina cristiana ha resaltado el valor del cuerpo como parte de la persona humana y como criatura de Dios, digna de todo respeto y protecci\u00f3n. Como criatura es buena, y las mismas fuerzas vitales: conservaci\u00f3n, defensa, reproducci\u00f3n, actuaci\u00f3n, son energ\u00ed\u00adas vitales y constructivas que deben ser sometidas al imperio de la raz\u00f3n y no dejarse arrollar por el instinto.<\/p>\n<p>    En el cristianismo, se presenta el cuerpo como algo m\u00e1s que un soporte. Es incorrecto decir que el hombre es un animal (cuerpo) en el que reside un alma (esp\u00ed\u00adritu creado). Es mejor decir que Dios ha creado un ser con doble naturaleza. No conviene hablar de dos seres superpuestos, en donde le cuerpo se mira mal y el alma se idealiza. Es preferible hacer referencia a una persona que sintetiza lo material y lo espiritual.<\/p>\n<p>    La doble naturaleza no implica dualidad, sino unidad, \u00abal estilo de la uni\u00f3n hipost\u00e1tica\u00bb, como gustaban hablar algunos Padres antiguos (S. Juan Damasceno: De fide ort. 11.12). Es decir, as\u00ed\u00ad como en Jes\u00fas hay un s\u00f3lo ser, Dios y hombre, en una persona con dos naturaleza, en el hombre existe un solo ser con dos principios, el corporal y el espiritual. La \u00ed\u00adntima uni\u00f3n entre el cuerpo y el alma es un principio b\u00e1sico en el cristianismo.<\/p>\n<p>    Pascal dec\u00ed\u00ada: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es el hombre dentro de la naturaleza? Nada con respecto al infinito. Todo con relaci\u00f3n a la nada. Un punto intermedio entre la infinitud y la nulidad.\u00bb (Pensamientos 1)<\/p>\n<p>    En el pensamiento cristiano, antiguo y moderno, el alma es entendida como el principio de la vida. Es considerada capaz de sobrevivir a la muerte y a la corrupci\u00f3n del cuerpo.<\/p>\n<p>    La persona humana en conjunto, compuesta de alma y de cuerpo, sintetiza la creaci\u00f3n divina. Se halla unida al mundo terreno por la materia corporal y se halla proyectada al mundo espiritual por el alma. San Juan Cris\u00f3stomo dec\u00ed\u00ada: \u00ab\u00bfQu\u00e9 otro ser ha venido a la existencia rodeado de tal consideraci\u00f3n? El hombre, grande y admirable, figura viviente, m\u00e1s precioso a los ojos de Dios que toda la creaci\u00f3n, es el se\u00f1or del mundo. Para \u00e9l existe el cielo, la tierra, el mar y todo el universo. Dios ha dado tal importancia a su salvaci\u00f3n, que no ha dudado en enviar para ella a su mismo Hijo \u00fanico. No dud\u00f3 de hacer todo para que el hombre subiera hasta El y se sentara a su misma derecha\u00bb. (Serm. 2.1)<\/p>\n<p>    La teor\u00ed\u00ada neoplat\u00f3nica del alma como prisionera en un cuerpo material prevaleci\u00f3 en el pensamiento cristiano hasta que el Sto. Tom\u00e1s de Aquino cambi\u00f3 las preferencias teol\u00f3gicas y defini\u00f3 el cuerpo como uno de los dos elementos conceptualmente distinguibles de una sola sustancia, la humana.<\/p>\n<p> 4. Evoluci\u00f3n del cuerpo<\/p>\n<p>   Es evidente que el cuerpo, como todo ser vivo, se comporta como \u00abser animal\u00bb que nace, crece, act\u00faa y se reproduce antes de morir y muere al final. Pero conviene recordar que \u00abanimal\u00bb no implica otra cosa que se halla \u00abanimado\u00bb, vivificado, por el alma. Y esa vivificaci\u00f3n la podemos contemplar en la especie humana y en cada individuo particular.<\/p>\n<p>   4.1. En cada individuo<\/p>\n<p>   El cuerpo de cada hombre se forma en el seno materno, en virtud de un proceso maravillo de \u00abgestaci\u00f3n\u00bb. Se da el crecimiento del n\u00facleo inicial, o \u00abzigoto\u00bb, el cual, formado por el \u00f3vulo y el espermatozoide, se multiplica en c\u00e9lulas seg\u00fan leyes admirables de progresi\u00f3n.<\/p>\n<p>   Del zigoto se desprenden los elementos que hacen posible el hombre: el soma o cuerpo, el cord\u00f3n umbilical, la placenta o tejido protector del nuevo ser.<\/p>\n<p>   A la semana de desarrollo, ya se organizan las funciones diversas en el \u00abembri\u00f3n\u00bb, que progresivamente se complican y se coimplican, a fin de que el conjunto funcione como ser aut\u00f3nomo, aunque dependa del cuerpo materno para la alimentaci\u00f3n, la oxigenaci\u00f3n, la protecci\u00f3n.<\/p>\n<p>   Al mes y medio de la gestaci\u00f3n, \u00abel feto\u00bb comienza a diferenciar \u00f3rganos y funciones propias, de modo que hasta te\u00f3ricamente pudiera seguir su gestaci\u00f3n fuera del \u00fatero materno, si se dan condiciones similares a las que halla en \u00e9l.<\/p>\n<p>   Cuando el ni\u00f1o nace a los nueve meses, el cuerpo domina totalmente su existencia, hasta que se vaya despertando la actividad psicol\u00f3gica y m\u00e1s tarde la espiritual.<\/p>\n<p>   4.2. En la especie humana<\/p>\n<p>   Tiene cierto inter\u00e9s en la catequesis, aunque no excesivo, el proceso de humanizaci\u00f3n del ser animal. El cuerpo humano, como ser vivo que evoluciona, fue perfil\u00e1ndose a medida que se constituy\u00f3 el \u00abHomo erectus\u00bb (dos o tres millones de a\u00f1os de antig\u00fcedad), y luego se transform\u00f3 en el \u00abHomo faber\u00bb (uno o dos millones), el cual se diferenci\u00f3 de los otros antropoides y grupos paralelos.<\/p>\n<p>    El cuerpo estaba definido en lo esencial cuando, hace un mill\u00f3n de a\u00f1os apareci\u00f3 en la tierra el \u00abHomo sapiens\u00bb.<\/p>\n<p>    El t\u00e9rmino \u00abHomo sapiens\u00bb y la forma derivada de \u00absapiens sapiens\u00bb fue de uso frecuente para designar a los mam\u00ed\u00adferos superiores que fueron dando signos de inteligencia y no s\u00f3lo que se mantuvieron en la existencia por la mera satisfacci\u00f3n de los instintos defensivos, conservativos y propagativos.<\/p>\n<p>   4.2.1. Su evoluci\u00f3n<\/p>\n<p>   El cuerpo del \u00abHomo sapiens\u00bb se manifest\u00f3 como el final de una evoluci\u00f3n y una configuraci\u00f3n ordenada a las actividades dirigidas por la inteligencia y la voluntad. Sin que haya certeza cient\u00ed\u00adfica en sus pormenores, es indudable lo esencial de la evoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>   Apareci\u00f3 dotado de una espina dorsal (grupo de los Cordados), flexible (subgrupo de Vertebrados), dotada la hembra para amamantar a sus cr\u00ed\u00adas (clase de los Mam\u00ed\u00adferos), con gestaci\u00f3n en el \u00fatero (subclase de los euterios) y correcta organizaci\u00f3n corporal.<\/p>\n<p>   Las extremidades se configuraron con cinco dedos de gran facilidad de movimiento en las superiores (manos) y menos en los pies, m\u00e1s acondicionados para la marcha r\u00e1pida, segura y ordenada a la relaci\u00f3n social.<\/p>\n<p>   El esqueleto del Homo sapiens se hizo m\u00e1s apto para la postura erguida y la marcha que el de los primates pr\u00f3ximos en parentesco evolutivo: el gorila, el chimpanc\u00e9 y el orangut\u00e1n. Se facilit\u00f3 la bipedaci\u00f3n por una pelvis ancha, rodillas flexibles en la parte trasera y una mayor armon\u00ed\u00ada motriz. En la marcha se manejaron con habilidad las manos, capaces de manipular los objetos con soltura y coordinaci\u00f3n perfecta.<\/p>\n<p>   Los ojos se situaron en la parte frontal de la cabeza, lo que facilita la visi\u00f3n estereosc\u00f3pica (aprecio del relieve y distancia, de la altura y de la proporcionalidad, de la perspectiva y contrastes)<\/p>\n<p>  4.2.2. Motor del cerebro<\/p>\n<p>   El cerebro creci\u00f3 en relaci\u00f3n con la masa corporal (en Antropoideos y Hom\u00ed\u00adnidos) y se hizo m\u00e1s grande que el de los dem\u00e1s. Hoy tiene una capacidad media de 1.400 cc, el doble tama\u00f1o que el de otros primates actuales o del pasado. Y m\u00e1s que la masa cerebral, lo que hizo posible la actividad consciente fue la organizaci\u00f3n cortical, es decir la corteza que recubre todo el complejo entramado de \u00f3rganos vitales, pero que es depositaria, en sus l\u00f3bulos occipitales, temporales, parietales y frontales, de toda la actividad sensoriomotora, consciente o no consciente, que rige el comportamiento, el sentimiento y el conocimiento.<\/p>\n<p>   En la estructura cerebral cortical se fue organizando la base de las principales operaciones espec\u00ed\u00adficamente humana, por ejemplo el habla, la escritura, las destrezas t\u00e9cnicas, etc.<\/p>\n<p>   El habla se desarroll\u00f3 gracias al tama\u00f1o y especializaci\u00f3n de un \u00e1rea determinada del cerebro (tal vez la circunvoluci\u00f3n de Broca), lo cual es el probable origen de los controles neuronales sobre los labios y la lengua.<\/p>\n<p>   Las caracter\u00ed\u00adsticas som\u00e1ticas del hombre le hicieron f\u00e1cil la adaptaci\u00f3n al medio ambiente, lo que le permiti\u00f3 sobrevivir en diversidad de h\u00e1bitats, incluso altamente hostiles, como son las regiones heladas o selv\u00e1ticas.<\/p>\n<p>   4.2.3. Comportamiento cultural<\/p>\n<p>   Y tambi\u00e9n le posibilit\u00f3 el desarrollo de formas de comportamiento y los usos colectivos que llamamos cultura. La especie humana es la \u00fanica que evolucion\u00f3 hacia un espacio cultural, entendiendo por cultura la capacidad de planificar, la posibilidad de tener conciencia individual y colectiva de los hechos, el poder elegir por encima de los instintos, la habilidad para modificar el medio f\u00ed\u00adsico y el entorno.<\/p>\n<p>   Los modelos de comportamiento gregario y la capacidad de crear situaciones nuevas fueron rasgos que se desarrollaron hace al menos dos millones de a\u00f1os. Pero la solidaridad, la abnegaci\u00f3n, la aceptaci\u00f3n de la autoridad, la ley, las creencias religiosas o las preferencias est\u00e9ticas, fueron logros posteriores, es decir de hace medio mill\u00f3n de a\u00f1os.<\/p>\n<p>   Desde entonces se dise\u00f1aron formas de vida como la jerarqu\u00ed\u00ada, los vestidos, los adornos, el preparado de alimentos, los enterramientos, etc. Y se termin\u00f3 originando habilidades tan complejas como las creencias m\u00ed\u00adticas, el arte, la escritura, la arquitectura o las leyes, que s\u00f3lo hace 30.000 a\u00f1os se formalizaron en forma similar a la actual.<\/p>\n<p>   Las primeras escrituras, los c\u00f3digos o conjuntos de leyes, los contratos, las mitolog\u00ed\u00adas coherentes, es decir la cultura actual, tal vez no superen los 3.000 a\u00f1os anteriores a Cristo en la India, en Mesopotamia o en el Valle del Nilo.<\/p>\n<p>    5. Creaci\u00f3n el cuerpo<br \/>\n    Max Scheller escribi\u00f3: \u00abSi se pregunta a un hombre culto lo que piensa al o\u00ed\u00adr la palabra hombre, seguramente empiezan a rivalizar en su cabeza tres c\u00ed\u00adrculos de ideas irreconciliables entre s\u00ed\u00ad: c\u00ed\u00adrculo de la tradici\u00f3n judeo-cristiana: Ad\u00e1n y Eva, creaci\u00f3n, para\u00ed\u00adso, ca\u00ed\u00adda; segundo, c\u00ed\u00adrculo de ideas de la antig\u00fcedad cl\u00e1sica: raz\u00f3n, logos; tercero, c\u00ed\u00adrculo de la ciencia moderna: evoluci\u00f3n, psicolog\u00ed\u00ada gen\u00e9tica&#8230;\u00bb (Puesto del hombre en el cosmos)<\/p>\n<p>    Seg\u00fan leyenda recogida en la Biblia (Gen 2. 7), coincidente con otras del Oriente babil\u00f3nico, como la del Poema de Gilgamesh, la materia del cuerpo fue el barro de la tierra y el autor fue el Se\u00f1or Dios que \u00ablo form\u00f3 con sus manos\u00bb y espir\u00f3 en su rostro h\u00e1lito vital.<\/p>\n<p>    Desde esa leyenda, el hombre se identific\u00f3 con el cuerpo terrenal. La Biblia, con sus diversos lenguajes culturales (babilonio, asirio, persa, egipcio, cananeo, moabita, griego y romano) ofrece el com\u00fan denominador del cuerpo que es la vida como don celeste.<\/p>\n<p>    El cuerpo se dignifica por la vida, es decir por el alma y no al rev\u00e9s. As\u00ed\u00ad aparece en la visi\u00f3n de Ezequiel profeta, en la que los miembros muertos corporales se despiertan al volver a ellos el alma espiritual. (Ez. 37. 14)<\/p>\n<p>    El pensamiento cristiano siempre mirar\u00e1 al cuerpo desde esa perspectiva creacional. Juan Pico de la Mir\u00e1ndola (1463-1494), humanista de Florencia, dec\u00ed\u00ada en su libro: \u00abSobre la dignidad del hombre\u00bb: \u00abDios escogi\u00f3 al hombre como obra de naturaleza interminable&#8230;<\/p>\n<p>    Una vez que lo hubo colocado en el centro del mundo, le habl\u00f3 as\u00ed\u00ad: \u00abNo te he dado, oh Ad\u00e1n, ni un lugar determinado ni un aspecto propio ni una prerrogativa exclusiva tuya. Todo lugar, toda prerrogativa, todo aspecto que t\u00fa desees tendr\u00e1s que conseguirlo seg\u00fan tu deseo y seg\u00fan tus opiniones. La naturaleza de los dem\u00e1s seres est\u00e1 limitada por m\u00ed\u00ad y se mantendr\u00e1 encerrada en las leyes escritas por mi sabidur\u00ed\u00ada&#8230; T\u00fa actuar\u00e1s con libertad, sin ninguna barrera, pues todo lo entrego a tu potestad.<\/p>\n<p>    Te he puesto en medio del mundo para que desde ah\u00ed\u00ad te veas todo lo que existe en \u00e9l. No te he hecho ni celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal, con el fin de que, por tu propio esfuerzo, como art\u00ed\u00adfice soberano y libre, te formes y te esculpas en la forma en que elijas.<\/p>\n<p>    Te podr\u00e1s degradar, si quieres, haci\u00e9ndote inferior; y podr\u00e1s, si lo deseas, elevarte a las cosas superiores, que son divinas. Todo va a depender de ti.\u00bb<\/p>\n<p> 6. Destino del cuerpo<\/p>\n<p>    El destino del cuerpo, como realidad org\u00e1nica y material, es la muerte y la corrupci\u00f3n. Pero el hombre no se resigna a la destrucci\u00f3n. Se encuentra con un misterio, pues se siente hambriento de supervivencia y de eternidad y sabe que su cuerpo es perecedero. Se consuela pensando que su alma sobrevive, pero algo le dice que no es suficiente, que su alma no es \u00e9l, como su cuerpo no es \u00e9l.<\/p>\n<p>   &#8211; El biologismo y el materialismo le dan una respuesta tajante: la destrucci\u00f3n. Le sugieren que no se haga ilusiones con otra vida, aunque haya muchas creencias sobre ella. En consecuencia, el cuerpo es, como todo organismo, una incidencia del cosmos y su destino es la desaparici\u00f3n.<\/p>\n<p>   &#8211; El misticismo y el sobrenaturalismo hablan de otra vida futura, en la cual el hombre tendr\u00e1 que recoger las consecuencias del bien o del mal que haya hecho en la actualidad. Pero es el alma, no el cuerpo, quien transciende y sobrevive a la muerte.<\/p>\n<p>    Lo dem\u00e1s son creencias con frecuencia ingenuas, que resultan consoladoras, pero que escapan de la certeza comprobable de este mundo. Se asumen por fe y est\u00e1n bien, pero son creencias y s\u00f3lo como tales deben ser tomadas.<\/p>\n<p>   &#8211; El realismo cristiano le ofrece una soluci\u00f3n clara, consistente y definitiva. El cuerpo, como organismo vivo, muere y se corrompe. Pero ese cuerpo, que fue soporte del alma, ser\u00e1 reclamado hacia una resurrecci\u00f3n que se halla m\u00e1s all\u00e1 de leyes f\u00ed\u00adsicas y biol\u00f3gicas de la materia. El hombre volver\u00e1 a ser cuerpo y alma, es decir una realidad doble unificada, cuando llegue el momento de la resurrecci\u00f3n de todos los que vivieron en el mundo.<\/p>\n<p>    Tambi\u00e9n ense\u00f1a el mensaje cristiano que el cuerpo resucitado, cuando llegue \u00abla resurrecci\u00f3n de la carne\u00bb, sobrevivir\u00e1 glorificado para siempre, que no volver\u00e1 a morir. No tendr\u00e1 las propiedades f\u00ed\u00adsicas y fisiol\u00f3gicas de este mundo (duraci\u00f3n, extensi\u00f3n, mutaci\u00f3n, interacci\u00f3n, etc.), sino las misteriosas pero reales de los cuerpos resucitados.<\/p>\n<p>    Como explicaci\u00f3n no se puede decir m\u00e1s. Como referencia del mensaje cristiano, se debe hablar con firmeza y \u00abcon fe\u00bb, del cuerpo de Cristo resucitado y de la existencia de opciones mataf\u00ed\u00adsicas y trascendentes que superan las leyes de este mundo.<\/p>\n<p>    Ciertamente, mientras el hombre mira el origen de su cuerpo con curiosidad y reflexiona sobre su naturaleza con m\u00e1s o menos inter\u00e9s, cierta inquietud le domina cuando de su destino se trata. Por eso le asaltan tantos interrogantes y aprehensiones cuando contempla un cad\u00e1ver, sobre todo si se trata el de un ser muy querido. Nada le consuela, sino es la esperanza y la fe, que transcienden la raz\u00f3n y la materia.<\/p>\n<p>    El mejor camino catequ\u00ed\u00adstico para exponer lo que el cuerpo es para el creyente es la humilde aceptaci\u00f3n de las ense\u00f1anzas de la Palabra de Dios. Y la referencia a textos como los que abundan en los libros del Nuevo Testamento, en donde se ense\u00f1a que \u00absobre la resurreci\u00f3n est\u00e1is equivocados por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios, por que entonces ni lo hombres tomar\u00e1n mujeres ni las mujeres maridos, sino que todo ser\u00e1n como los \u00e1ngeles que ven a Dios\u00bb. (Mt. 22. 29-30)<\/p>\n<p>    S\u00f3lo la fe da luz en el tema del destino del cuerpo, de su vida y de sus limitaciones. El mensaje cristiano es claro al respecto y se halla por encima de las especulaciones de la ciencia o de las leyes de la naturaleza. Con esa luz no tiene sentido la angustia en el porvenir como no lo tiene su infravaloraci\u00f3n o su encumbramiento en el presente.<\/p>\n<p>    Cuadro de 25 textos b\u00ed\u00adblicos sobre el valor del cuerpo.<\/p>\n<p>   El concepto de cuerpo aparece en el Nuevo Testamento:   Se recoge como \u00absoma\u00bb 142 veces y como \u00absarx\u00bb 146 veces   1. Dignidad del cuerpo como templo del Esp\u00ed\u00adritu<br \/>\n  * \u00abVuestro cuerpo es templo el Esp\u00ed\u00adritu Santo, que est\u00e1 en vosotros, porque Dios os lo ha dado. Ya no os pertenec\u00e9is, pues, a vosotros pues sois de Dios. Glorificad a Dios con vuestros cuerpos (1 Cor. 6.19-20)<br \/>\n  * \u00abNo son hijos de Dios los que s\u00f3lo lo son por la carne.\u00bb (Rom. 5.8)<br \/>\n  * \u00abNo toda carne es la misma carne, sino que hay la de hombre, la de animales, la de peces y las aves.\u00bb (1 Cor. 19.19)<br \/>\n  * \u00abDios form\u00f3 al hombre con polvo del suelo e infundi\u00f3 en su rostro aliento de vida\u00bb. (Gen. 2.7)<br \/>\n  * \u00abDios ha formado el cuerpo, con m\u00e1s honor en miembros que carec\u00ed\u00adan \u00e9l, para que no hubiera divisi\u00f3n en \u00e9l\u00bb. (1 Cor. 12. 27)   2. Con el cuerpo vivimos en este mundo y actuamos<br \/>\n  * \u00abNo and\u00e9is preocupados con vuestro cuerpo, con qu\u00e9 le vestir\u00e9is y c\u00f3mo le dar\u00e9is de comer.\u00bb (Mt. 6.25)<br \/>\n  * \u00abNo tem\u00e1is a los que matan el cuerpo y no pueden matar el alma.\u00bb (Lc. 12. 4)<br \/>\n  * \u00abSoy yo mismo quien sirve seg\u00fan la carne a la ley del pecado.\u00bb (Rom. 7.25)<br \/>\n  * \u00abDelibero no con la carne, sino con la sabidur\u00ed\u00ada de Dios.\u00bb (2. Cor. 3. 3)<br \/>\n  * \u00abYo completo en mi cuerpo lo que falta la pasi\u00f3n de Cristo\u00bb. (Col. 1. 24)   3. El cuerpo es santificado por el esp\u00ed\u00adritu<br \/>\n  * \u00abCada uno de nosotros somos miembros del Cuerpo de Cristo\u00bb. (1 Cor. 12. 27)<br \/>\n  * \u00abEl os ha comprado pagando un precio. Glorificad a Dios con vuestro cuerpo\u00bb. (1 Cor. 6. 19-20)<br \/>\n  * \u00abOs exhorto a que ofrezc\u00e1is vuestros cuerpos como hostia vida.\u00bb (Rom. 12.1)<br \/>\n  * \u00abMientras vivimos en el cuerpo, vivimos lejos de Jes\u00fas.\u00bb (2. Cor. 5. 6)<br \/>\n  * \u00abAunque vivimos en la carne, no combatimos seg\u00fan la carne y nuestras  armas no son carnales.\u00bb (2. Cor. 10. 4)<br \/>\n   4. La lucha desde el cuerpo<br \/>\n  * \u00abEl cuerpo no est\u00e1 hecho para la fornicaci\u00f3n, sino para el Se\u00f1or\u00bb. (1 Cor. 6. 13. )<br \/>\n  * \u00abEl cuerpo tiene muchos miembros, pero es uno solo.\u00bb (1 Cor. 12. 20)<br \/>\n  * \u00abQue no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal\u00bb (Rom. 6.12)<br \/>\n  * \u00abSi con el esp\u00ed\u00adritu hac\u00e9is morir las obras del cuerpo, tendr\u00e9is vida.\u00bb (Rom. 6.13)<br \/>\n  * \u00abLos que son de Jes\u00fas, crucifican la carne con sus pasiones.\u00bb (Gal. 5. 24)<br \/>\n   5. Destino del cuerpo: la resurrecci\u00f3n y la salvaci\u00f3n<br \/>\n  * \u00abSe sembrar\u00e1 un cuerpo animal y resucitar\u00e1 otro espiritual; por lo tanto si hay cuerpo animal lo hay tambi\u00e9n espiritual. Est\u00e1 escrito que el primer hombre, Ad\u00e1n, fue un ser animado. Pero el \u00faltimo Ad\u00e1n ser\u00e1 espiritual. No es lo primero lo espiritual, sino lo animal; lo espiritual viene despu\u00e9s. El primer hombre sali\u00f3 de la tierra. El postrero viene del cielo. El hombre de la tierra fue modelo de hombres terrenos. El hombre del cielo es modelo de hombres celestes.\u00bb (1 Cor. 14. 44-49)<br \/>\n  * \u00abCristo transformar\u00e1 este miserable cuerpo en un cuerpo glorioso como el suyo.\u00bb (Filip. 3.21)<br \/>\n  * \u00abQue todo vuestro ser, alma y cuerpo, se conserve sin mancha hasta la venida de Cristo \u00bb (1 Tes. 5.23)<br \/>\n  * \u00abSi Cristo est\u00e1 en vosotros, aunque el cuerpo haya muerto a causa del pecado&#8230;, aquel que dio la vida a Cristo, tambi\u00e9n os la dar\u00e1 a vosotros.\u00bb (Rom. 8. 11)<br \/>\n  * \u00abTodo lo de aqu\u00ed\u00ad es sombra de lo venidero, pues el cuerpo verdadero es el de Cristo.\u00bb (Col 2.17)<\/p>\n<p> David de Miguel Angel: cuerpo masculino, obra de Dios<br \/>\n Maja desnunda. Goya: cuerpo femenino, obra Dios<\/p>\n<p> 7. La dignidad del cuerpo<\/p>\n<p>    El pensamiento cristiano siempre ha considerado el cuerpo como criatura divina. Lo ha mirado como destinado a sustentar la persona humana mediante su uni\u00f3n con el alma. Y los ha considerado como destinado a resucitar un d\u00ed\u00ada, para que todo el ser humano, entero y unitario, goce del premio o sufra el castigo por su comportamiento en esta vida. En el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica se dice: \u00abEl cuerpo del hombre participa de la dignidad de la \u00abimagen de Dios\u00bb: es cuerpo humano precisamente porque est\u00e1 animado por el alma espiritual. Y es toda la persona la que est\u00e1 destinada a ser, en el Cuerpo de Cristo, el Templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo. (364)<\/p>\n<p>    El hombre ha sido creado por Dios con un cuerpo y un alma que constituyen realidad \u00fanica y unida. El hombre no es la suma de dos seres superpuestos, sino una realidad personal dotada de cuerpo, que al morir se destruye, y de alma, que sobrevive despu\u00e9s de la muerte corporal.<\/p>\n<p>    Ni se puede considerar al cuerpo como ser malo que lleva al pecado y al alma como esp\u00ed\u00adritu limpio que lleva al bien. Es cierto que tenemos una dualidad, pero nos somos dos realidades. Nuestra naturaleza sintetiza todo lo material y todo lo espiritual, pues Dios lo ha querido as\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>    El Concilio Vaticano II dec\u00ed\u00ada: \u00abUno en cuerpo y alma, el hombre, por su misma condici\u00f3n corporal, re\u00fane en s\u00ed\u00ad los elementos del mundo material, de tal modo que, por medio de \u00e9l, \u00e9stos alcanzan su cima y elevan la voz para la libre alabanza del Creador. Por consiguiente, no es l\u00ed\u00adcito al hombre menospreciar la vida corporal, sino que por el contrario tiene que considerar su cuerpo bueno y digno de honra, ya que ha sido creado por Dios y est\u00e1 destinado a resucitar en el \u00faltimos d\u00ed\u00ada\u00bb. (Gaud. et  Spes 14. 1)<\/p>\n<p>    El cuerpo procede de nuestros padres, que lo configuran seg\u00fan las leyes hermosas de la naturaleza. El alma es creada por Dios de manera personal y amorosa. De la uni\u00f3n de ambos brota cada hombre concreto, que crece, se desarrolla y se hace consciente de sus dones naturales y espirituales.<\/p>\n<p>    A la luz de esta dignidad unitaria e indivisible es como se pueden valorar los aspectos humanos m\u00e1s vinculados al cuerpo: la raza a la que se pertenece, el sexo y la actividad reproductora, la cualidades f\u00ed\u00adsicas y fisiol\u00f3gicas de cada individuo como la estatura y la salud, la duraci\u00f3n de la vida, la dignidad radical de los infradotados o deficientes f\u00ed\u00adsicos o psicol\u00f3gicos, etc.<\/p>\n<p> 8. Catequesis y cuerpo<br \/>\n    No es frecuente hacer del cuerpo objeto de una buena catequesis. O al menos no es frecuente superar con elegancia el dualismo tradicional desde el que se valora y estima el cuerpo.<\/p>\n<p>    Es m\u00e1s frecuente una adecuada presentaci\u00f3n del alma, de la persona, del hombre, en cuanto es fuente de dignidad m\u00e1s resaltada por la cultura tradicional de los cristianos de Occidente.<\/p>\n<p>    Sin embargo, sobre todo al llegar a determinadas edades del desarrollo corporal, conviene dejar en claro el pensamiento cristiano al respecto. Una buena catequesis debe apoyarse en la Palabra de Dios y resaltar el sentido que para el creyente tienen palabras como vida, muerte, sexo, raza, salud, belleza, movimiento, desarrollo, sentidos, actividad, resurrecci\u00f3n final.<\/p>\n<p>    Algunas consignas catequ\u00ed\u00adsticas pueden ayudar en esta consideraci\u00f3n.<\/p>\n<p>     1. Hay que situar en un lugar catequ\u00ed\u00adstico justo lo relativo al cuerpo. Ni el hombre ha nacido para el cuerpo ni la idea del cuerpo agota la realidad del hombre.<\/p>\n<p>   Temas como la vida, la salud, la belleza, el placer, las destrezas, los rasgos org\u00e1nicos, etc. debe situarse en el contexto del hombre libre, inteligente y responsable.<\/p>\n<p>    Por el hecho de ser humanos, merecen adecuada consideraci\u00f3n, respeto, aceptaci\u00f3n y adecuado cultivo, sin que se conviertan en metas \u00faltimas de aspiraciones, actividades y compromisos personales \u00faltimos.<\/p>\n<p>     2. En tiempos en los que vivimos cierto hedonismo sociocultural absorbente relacionado con el cuerpo (placer, fuerza, diversi\u00f3n, sensaciones, ornamentos, moda, sexo. triunfo f\u00e1cil, etc.), las demandas instintivas del cuerpo pueden presentarse como prioritarias ante la mente de los catequizandos. Desde luego pueden desbordar otros reclamos humanos superiores por su misma naturaleza: cultura, ciencia, arte, solidaridad, justicia, austeridad, fortaleza, paz<br \/>\n    El educador de la fe habr\u00e1 de contar con el desbordamiento sensorialista y con las demandas de la propaganda comercial que dificultan la siembra de ideales superiores. Pero har\u00e1 bien en recordar que el mejor procedimiento no es una \u00abcatequesis defensiva o negativa\u00bb, aunque se revista de terminolog\u00ed\u00ada elegante como \u00abdenuncia prof\u00e9tica\u00bb, \u00aboposici\u00f3n mundanal\u00bb o \u00abcombate contra el mal\u00bb.  La mejor forma de superar el \u00abculturismo\u00bb, es el idealismo.<\/p>\n<p>     Es decir, conviene promover escalas de valores en donde conste la necesidad de ideales elevados y la adaptaci\u00f3n a las edades evolutivas de los catequizandos y a sus demandas personales.<\/p>\n<p>     Con todo, el catequista debe recordar que ni siquiera la promoci\u00f3n de los valores humanos m\u00e1s elevados es catequesis suficiente, si s\u00f3lo se queda en \u00abvalores humanos\u00bb (amor, paz, justicia, libertad, austeridad) y no asciende al terreno de los valores evang\u00e9licos: fe, oraci\u00f3n, renuncia, pobreza, amor al enemigo, etc.<\/p>\n<p>     3. Es bueno desenmascarar los mitos que crean determinados intereses pol\u00ed\u00adticos, econ\u00f3micos o sociales. Es innegable que el racismo es un instrumento usual en determinados sistemas totalitarios que pretenden dominar a las masas fanatizadas por el color de la piel o por la ascendencia gen\u00e9tica de un grupo \u00e9tnico. Es evidente que se debe combatir el machismo, que parte de una infravaloraci\u00f3n falsa del cuerpo femenino y encumbramiento del masculino, como si el valor humano estuviera s\u00f3lo en las energ\u00ed\u00adas f\u00ed\u00adsicas o en la constituci\u00f3n anat\u00f3mica de cada sexo.<\/p>\n<p>    Y es cierto que poner el ideal de vida en la fuerza muscular (como hace el llamado culturismo), el confundir medicina con los caprichos de la cirug\u00ed\u00ada pl\u00e1stica o el buscar soluciones m\u00e1gicas a problemas ps\u00ed\u00adquicos o espirituales en t\u00e9cnicas som\u00e1ticas (masajes, relajaciones, yoga, acupuntura, artes est\u00e9ticosom\u00e1ticas, psicoan\u00e1lisis o hipnosis, etc.) pueden dar una idea del cuerpo equivocada, por mucho que la moda anuncie soluciones f\u00e1ciles a problemas complejos.<\/p>\n<p>     A veces estas demandas tienen mucho de moda arropada por intereses comerciales, aunque se presenten como reclamos ps\u00ed\u00adquicos y hasta pseudorreligiosos, como hacen algunas sectas que juegan con anuncios de mejora de la salud individual o colectiva o con adquisici\u00f3n de energ\u00ed\u00adas esot\u00e9ricas.<\/p>\n<p>    4. El cuerpo propio y el ajeno son elementos compositivos de la persona, pero la persona no se reduce a ellos. Hay que ense\u00f1ar al creyente a valorar la estatura, el color, la elegancia, la delicadeza, la fuerza som\u00e1tica, etc. a la luz de la dignidad del hombre y no en funci\u00f3n del espect\u00e1culo pasajero o de los intereses parciales de grupos o de modelos falseados.<\/p>\n<p>    Hacer del cuerpo el campo preferido de la relaci\u00f3n con los dem\u00e1s (amistad, amor, inter\u00e9s, relaci\u00f3n, utilidad) es caer en un materialismo atroz y por supuesto alejado del Evangelio.<\/p>\n<p>   5. El cuerpo y sus reclamos: comida, descanso, instintos, movimientos, placeres, etc. se deben valorar por una \u00e9tica y una m\u00ed\u00adstica que, desde la raz\u00f3n, hagan posible la vida honesta y, desde la fe, haga posible descubrir y vivir seg\u00fan el Evangelio.<\/p>\n<p>   Ni es bueno mitificar sus capacidades ni es admisible infravalorar sus reclamos. Por eso ni el hedonismo materialis\u00c2\u00adta ni el misticismo ingenuo son compatibles con el mensaje del Evangelio.<\/p>\n<p>    Al creyente hay que ense\u00f1arle a ver y a vivir en el cuerpo, sin sentirse reducido a \u00e9l. Cultivarlo y respetarlo es la voluntad divina. Y los valores superiores del hombre: los ideales, la inteligencia, la ascesis, la fortaleza, la continencia y la solidaridad, son las energ\u00ed\u00adas cristianas que deben orientar su conducta.<\/p>\n<p>   Por eso no basta para entender el cuerpo la explicaci\u00f3n de las simples demandas fisiol\u00f3gicas. Se reclama algo m\u00e1s.<\/p>\n<p>   Y es a la luz de la fe como podemos juzgar lo que es y lo que vale el cuerpo como don de Dios, como responsabilidad del hombre personal, como posibilidad de encuentro eclesial, como motivo de esperanza escatol\u00f3gica, mientras pensamos en el d\u00ed\u00ada de la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>  La catequesis del cuerpo es una de las m\u00e1s imprescindible en una mundo hedonista y descentrado como el que hoy se viven en muchos ambientes.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. Asunci\u00f3n, formaci\u00f3n humana, hombre, muerte, resurrecci\u00f3n de Cristo, resurrecci\u00f3n de los muertos, salud-sanidad)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: 1. de cuerpo en el AT y juda\u00ed\u00adsmo primitivo. &#8211; 2. El concepto de cuerpo en el NT, especialmente en los evangelios. 2.1. Significado de cuerpo en los evangelios. 2.2. La palabra cuerpo en los escritos paulinos.<\/p>\n<p>1. Concepto de cuerpo en el AT y Juda\u00ed\u00adsmo primitivo<br \/>\nMientras que la lengua griega posee el t\u00e9rmino soma para significar lo que corresponde a nuestro concepto de \u00abcuerpo\u00bb y, referido al hombre, connota generalmente una oposici\u00f3n a \u00abalma\u00bb (psyj\u00e9), la lengua hebrea carece de un t\u00e9rmino equivalente a soma o \u00abcuerpo\u00bb. El t\u00e9rmino hebreo que m\u00e1s se acerca a soma (\u00abcuerpo\u00bb) es basar (\u00abcarne\u00bb; en griego ), que propiamente significa el tejido de los m\u00fasculos, pero tambi\u00e9n puede designar toda la persona humana. Los LXX tradujeron al griego basar (\u00abcarne\u00bb) por , siempre que basar no expresara la caducidad del hombre en cuanto ser creado ni la diferencia entre carne y huesos, sino su totalidad o unidad sin oposici\u00f3n a \u00abalma\u00bb (nefes: por \u00abalma\u00bb o nefes se entiende la fuerza vital que se manifiesta en el aliento, no en el sentido griego de algo distinto del cuerpo): \u00abcuerpo\u00bb y \u00abalma\u00bb pueden aparecer, pues, como dos principios cuyas funciones pueden ser semejantes o equivalentes, as\u00ed\u00ad p. ej.: \u00abDe ti tiene sed mi alma; mi carne anhela por ti\u00bb (Sal 62,2); \u00absuspira y desfallece mi alma&#8230;; mi coraz\u00f3n y mi carne claman exultantes al Dios vivo\u00bb (83,2). El hombre es para la mentalidad hebrea una unidad total animada por un alma viviente (G\u00e9n 2,7). La muerte pone fin a esta unidad: el hombre torna al suelo, el h\u00e1lito vital vuelve a Dios y su existencia en ultratumba no es m\u00e1s que una sombra (ls 38,18-19; Qo 12,7).<\/p>\n<p>A partir del destierro de Babilonia (siglo V) se ir\u00e1 abriendo paso la creencia en la resurrecci\u00f3n de la carne (cf. Ez 37,1-14), que implica una existencia real de el hombre despu\u00e9s de la muerte. Esta creencia en la resurrecci\u00f3n no cambia la concepci\u00f3n hebrea del hombre como una realidad total. Incluso se concibe tambi\u00e9n a los \u00e1ngeles con soma, es decir, \u00abcuerpo\u00bb (Ez 1,11.23; Dan 10,6), ya que \u00abcuerpo\u00bb en estos casos (en hebreo y arameo \u00e1, en griego LXX soma) no significa la esfera terrestre en oposici\u00f3n a la celeste. No encontramos, pues, en los libros del AT, sin influjo helen\u00ed\u00adstico, una dualidad antropol\u00f3gica. Despu\u00e9s de la vuelta de Babilonia comienza una nueva \u00e9poca del pueblo elegido, que se ha dado en llamar \u00abjuda\u00ed\u00adsmo temprano\u00bb. La concepci\u00f3n del juda\u00ed\u00adsmo primitivo (siglos III-I a.C.) acerca del hombre y cuerpo experimenta un cambio importante, debido al helenismo: tiene lugar una cierta depreciaci\u00f3n del cuerpo, que es considerado origen y sede de la pasi\u00f3n (Si 7,24; 23,17; 47,19); se presenta al hombre compuesto de alma y cuerpo (2Mac 6,30; 7,37; 14,38; 15,30); aunque el cuerpo sea corruptible y el alma (inmortal) (Sap 9,15), el cuerpo puede ser puro (8,20); en Sap aparece ciertamente la dualidad de cuerpo y alma, pero no a\u00fan el dualismo metaf\u00ed\u00adsico radical pesimista del gnosticismo del siglo II d.C.<\/p>\n<p>En los libros jud\u00ed\u00ados que no pertenecen al canon del AT (\u00abliteratura ap\u00f3crifa\u00bb) se intensifican las tendencias helen\u00ed\u00adsticas antes mencionadas: se acent\u00faa la relaci\u00f3n del cuerpo con la sexualidad y fornicaci\u00f3n (Testamento Xll patriarcas, TestJudas 14,3); la muerte separa cuerpo y alma, volviendo el primero a la tierra, mientras que la segunda sube al cielo (ApEsdras 7,3[Riessler]); se afirma la existencia postmortal de los individuos como almas o esp\u00ed\u00adritus, que son sometidos despu\u00e9s de la muerte al juicio divino de condenaci\u00f3n o salvaci\u00f3n (Enoc[et\u00ed\u00adop.] 102,4-104,13). Predomina, sin embargo, la creencia -m\u00e1s en acuerdo con la mentalidad del AT- de que tambi\u00e9n el cuerpo resucitar\u00e1 y ser\u00e1 juzgado (Dan 12,2; cf. Is 26,19); se menciona, adem\u00e1s, un estado intermedio despu\u00e9s de la muerte, en el que el hombre existe sin cuerpo, esperando la resurrecci\u00f3n y el juicio (Enoc[et\u00ed\u00adop.] 22,3-13; Heb 12,23; Ap 6,9; 20,4).<\/p>\n<p>En el gnosticismo (siglo II d.C.) la materia es considerada intr\u00ed\u00adnsecamente mala y el cuerpo como c\u00e1rcel del alma, la cual es de origen divino y debe ser despertada de su letargo mediante el recuerdo de su origen divino. Este dualismo metaf\u00ed\u00adsico, es decir, radical, de los gn\u00f3sticos ser\u00e1 combatido sin piedad por los padres de la Iglesia. En los \u00faltimos libros del NT se impugnan algunas ideas de cierto colorido gnostizante, pero que no se puede decir que sean ya propiamente gn\u00f3sticas.<\/p>\n<p>2. El concepto de cuerpo en el NT, especialmente en los evangelios<br \/>\n2.1. de cuerpo en los evangelios<br \/>\nEl t\u00e9rmino \u00abcuerpo\u00bb (soma) aparece raramente en los evangelios; su significado corresponde al de la traducci\u00f3n griega de los LXX. En los evangelios encontramos dos significados principales de \u00abcuerpo\u00bb: el hombre como biol\u00f3gica, siendo \u00abcuerpo\u00bb sin\u00f3nimo de persona en contraste con sus miembros (Mt 5,29-30; 6,22-23\/Lc 11,34.36; Mt 6,25\/Lc 12,22-23; Mc 5,29). \u00e9 (\u00abalma\u00bb; \u00abvida\u00bb) puede recibir este mismo significado, si bien subrayando aspectos distintos (Mt 6,25; Mc 14,34). En los relatos de la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada \u00abcuerpo\u00bb significa la persona entera de Cristo (Mt 26,26; Mc 14,22; Lc 22,19; 1Cor 11,24). Fuera del NT no aparece nunca \u00abcuerpo\u00bb en relaci\u00f3n con \u00absangre\u00bb, pues beber la sangre es algo inconcebible para un jud\u00ed\u00ado y para un griego algo horrendo y b\u00e1rbaro. El otro significado de cuerpo es el de \u00abcad\u00e1ver\u00bb (Mt 26,12; 27,52.58-59; Mc 14,8; 15, 43.[45: : \u00abcad\u00e1ver\u00bb]; Lc 17,37; 23, 52.55; 24,3.23; Jn 19,31.38.40; 20,12; cf. He 9,40; Heb 13,11; Jds 9). En la exhortaci\u00f3n de Jes\u00fas \u00aba no temer a los que pueden matar el cuerpo\u00bb se distingue entre \u00abcuerpo\u00bb y \u00abalma\u00bb: \u00abY no tem\u00e1is a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar al alma; temed, m\u00e1s bien, al que puede llevar a la perdici\u00f3n alma y cuerpo en la gehena\u00bb (Mt 10,28; Lc 12,4-5Q: \u00abcolecci\u00f3n de los dichos de Jes\u00fas\u00bb de Mt\/Lc). Esta distinci\u00f3n no significa, sin embargo, una separaci\u00f3n de cuerpo y alma -como en la mentalidad griega-, sino que el hombre posee una m\u00e1s profunda que la biol\u00f3gica, como expresa la segunda parte del dicho: \u00ab&#8230;puede llevar a la perdici\u00f3n y cuerpo en la gehena\u00bb. Al hablar de la vida futura o condenaci\u00f3n eterna despu\u00e9s de la muerte, Jes\u00fas describe la existencia postmortal real\u00ed\u00adsticamente como un estado en el que y alma no est\u00e1n separados sino que existen simult\u00e1neamente (Mt 5,29-30; 8,11-12\/Lc 13,28; Mt 18,8-9; Mc 9,43-48). Sin embargo, Jes\u00fas se refiere tambi\u00e9n a la resurrecci\u00f3n futura como algo distinto de la vida presente (Mt 22,29-32; Mc 12,24-27; Lc 20,34-38).<\/p>\n<p>2.2. palabra cuerpo en los escritos<br \/>\n\u00abCuerpo\u00bb es una palabra clave en la antropolog\u00ed\u00ada paulina. 17 no emplea nunca \u00abcuerpo\u00bb (soma) en el sentido de cad\u00e1ver, como los evangelistas. Son muy numerosos, en cambio, los pasajes en que tiene un sentido biol\u00f3gico (1 Cor 5,3; 7,34), que se especifica cada vez seg\u00fan sus diversos funciones y acciones: es el origen de la vida sexual (Rom 4,19; 1 Cor 7,4); P golpea su cuerpo y lo somete a servidumbre (9,27); el cuerpo se puede entregar a las llamas (13,3); posee cicatrices (G\u00e1l 6,17). La vida humana, tanto en la esfera terrena como en la pneum\u00e1tica, o sea, sobrenatural, es para P inconcebible sin el cuerpo; \u00abcuerpo\u00bb adquiere en sus escritos el sentido de en consonancia con el AT (Rom 6,12; 8,11; iCor 5,3; 6,15-16; 2Cor 4,10-11; 10,10). 1Tes 5,23 podr\u00ed\u00ada sugerir una tricotom\u00ed\u00ada u oposici\u00f3n entre \u00abesp\u00ed\u00adritu, alma y cuerpo\u00bb, pero esta interpretaci\u00f3n es rechazada por los exegetas. \u00abEl hombre no tiene cuerpo, sino que es cuerpo\u00bb (R. BULTMANN, \u00ed\u00ada [UTB 630], 195). P amonesta a los corintios para que consideren el pecado de la impureza no como algo que afecta s\u00f3lo exteriormente al cuerpo, sino a toda la persona hasta en lo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo y trastorna la relaci\u00f3n con Dios y Cristo; les recuerda asimismo que su cuerpo es templo de Dios (1Cor 6,13-20; cf. tambi\u00e9n Rom 1,24). El Ap\u00f3stol les exhorta a sus cristianos a obrar moralmente, presentando sus cuerpos como un sacrificio vivo a Dios (Rom 12,1), ya que el juicio divino se realizar\u00e1 conforme a las obras realizadas por medio del cuerpo (2Cor 5,10).<\/p>\n<p>El cuerpo, es decir, el \u00abyo como persona\u00bb, no es en s\u00ed\u00ad ni bueno ni malo, sino d\u00e9bil, sometido a fuerzas contrarias, como son el pecado y carne o Cristo y el Esp\u00ed\u00adritu, y representa el campo concreto de la existencia humana en el que el hombre afirma o niega su relaci\u00f3n con Dios, sea que siga los mandamientos divinos o las inclinaciones de su concupiscencia (Rom 7,14-17.24-25). As\u00ed\u00ad se comprende que el cuerpo pueda ser descrito como un \u00abyo\u00bb actuante (Rom 8,13), si bien su actuaci\u00f3n est\u00e1 influenciada por la \u00abcarne\u00bb (sarx) (8,5-8). De aqu\u00ed\u00ad se sigue que pueda ser a veces sin\u00f3nimo de \u00abcarne\u00bb (sarx), como indica la equivalencia de las frases \u00abcuerpo del pecado\u00bb (Rom 6,6) \u00abcarne del pecado\u00bb (8,3), \u00abhabitar el cuerpo\u00bb (2Cor 5,6; 12,2-3) y \u00abcaminar en \u00bb (10,3; G\u00e1l 2,20), que expresan la condici\u00f3n actual del hombre en este mundo.<\/p>\n<p>Otras veces, el significado de \u00abcuerpo\u00bb y \u00abcarne\u00bb aparece como diferente de la \u00abcarne\u00bb: mientras que \u00abcuerpo\u00bb designa la totalidad de la persona, \u00abcarne\u00bb aparece como el lugar concreto en que reside la fuerza del pecado. Por una parte, P puede atribuir al \u00abcuerpo\u00bb propiedades y funciones de la \u00abcarne\u00bb: como est\u00e1 la carne bajo el poder del pecado (Rom 8,3), as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n est\u00e1 el cuerpo bajo el poder del pecado y de la muerte (Rom 6,6); como existen las \u00abconcupiscencias de la carne\u00bb (G\u00e1l 5,16-17.24), se dan tambi\u00e9n las concupiscencias del cuerpo (Rom 6,12) y sus acciones pecaminosas (Rom 8,13). Por otra parte, la diferencia entre ambas realidades aparece en el hecho de que \u00abcuerpo\u00bb (soma) puede designar tanto la esfera terrena como la celestial, mientras que \u00abcarne\u00bb (sarx) s\u00f3lo la emplea P para referirse a la esfera terrenal.<\/p>\n<p>Puesto que P no puede concebir una verdadera vida eterna sin cuerpo, el cuerpo pecador y corruptible tiene que ser liberado (Rom 8,23), resucitado y transformado (1 Cor 15,36-55) y transfigurado (Fil 3,21). Su concepto negativo de \u00abcarne\u00bb no permite a P hablar de la \u00abresurrecci\u00f3n de la carne\u00bb, como m\u00e1s tarde har\u00e1n los apologetas del siglo II (cf. JUSTINO, \u00e1logo, 80,5); el t\u00e9rmino \u00abcarne\u00bb ha perdido ya en estos autores las connotaciones negativas de P. La carne en sentido paulino es incapaz de tranformarse, mientras que el cuerpo que estaba al servicio del pecado puede ponerse al servicio de Dios y transformarse por obra del Esp\u00ed\u00adritu (Rom 6,12-14). Al afirmar P la transformaci\u00f3n del cuerpo se distancia, como Jes\u00fas (Mt 22,29-32; Mc 12,24-27; Lc 20,34-38), tanto del juda\u00ed\u00adsmo rab\u00ed\u00adnico que pensaba en una vuelta a la vida terrena anterior como del dualismo gn\u00f3stico, para el que el cuerpo es algo intr\u00ed\u00adnsecamente malo. -> esca\u00ed\u00ada; comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Rodr\u00ed\u00adguez Ruiz<\/p>\n<p>Cuerpo de Cristo<br \/>\nDJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: . El cuerpo de Jes\u00fas &#8211; 2. El cuerpo eucar\u00ed\u00adstico de Cristo &#8211; 3. El cuerpo de Cristo en sentido eclesiol\u00f3gico.<\/p>\n<p>1. El cuerpo de Jes\u00fas<br \/>\nLa expresi\u00f3n \u00abcuerpo de Cristo\u00bb sugiere al lector en primer lugar las palabras de la Cena sobre el pan: \u00abEsto es mi cuerpo\u00bb, de cuyo sentido sacramental se habla en los art. \u00ed\u00ada y Sacrificio de la nueva alianza. En el presente art. profundizaremos algunos puntos de la expresi\u00f3n sacramental \u00abcuerpo de Cristo\u00bb. Nos recuerda, adem\u00e1s, en sentido metaf\u00f3rico el concepto paulino del \u00abcuerpo (m\u00ed\u00adstico) de Cristo. Tambi\u00e9n se puede referir al \u00abcuerpo de Jes\u00fas\u00bb en sentido biol\u00f3gico en oposici\u00f3n al significado de cad\u00e1ver del que se habla en el art. . Comenzaremos hablando en primer lugar del cuerpo de Jes\u00fas en sentido biol\u00f3gico en sentido amplio.<\/p>\n<p>En los evangelios, del cuerpo de Jes\u00fas no se habla apenas expl\u00ed\u00adcitamente; s\u00f3lo aparecen aqu\u00ed\u00ad y all\u00e1 rasgos que le describen como verdadero hombre. Dado que Jes\u00fas fue la mayor parte de su vida artesano, probablemente carpintero (Mc 6,3), se puede afirmar que su cuerpo ten\u00ed\u00ada que ser de constituci\u00f3n fuerte y vigorosa, de lo cual es prueba, adem\u00e1s, la cruel flagelaci\u00f3n a que fue sometido en su pasi\u00f3n; del ni\u00f1o Jes\u00fas se dice que crec\u00ed\u00ada y se robustec\u00ed\u00ada (Lc 2,40). Jes\u00fas pose\u00ed\u00ada un cuerpo como los dem\u00e1s hombres, que se sumerge en el agua del Jord\u00e1n (Mc 1,9par.), es apretujado por la muchedumbre (Mc 5,31; Lc 8,45), se deja tentar por el demonio y siente hambre (Mt 4,1; Mc 1,12; Lc 4,2; Heb 4,15; Mt 21,18\/Mc 11,12), se siente cansado (Jn 4,6), duerme (Mc 4,38par.), se compadece (Mt 14,14\/Mc 6,34; Mt 15,32\/Mc 8,2), experimenta pavor y angustia (Mt 26,37-39; Mc 14,33-36; Jn 12,27; Heb 5,7-10), en la pasi\u00f3n soporta una brutal fragelaci\u00f3n, se le abofetea, escupe y al fin muere dando una gran voz (Mt 20,19; Mc10,34: Lc 18,32-33).<\/p>\n<p>Expl\u00ed\u00adcitamente se menciona el cuerpo de Jes\u00fas s\u00f3lo con ocasi\u00f3n de su unci\u00f3n por una mujer, estando en Betania en la casa de Sim\u00f3n el leproso (Mt 26,12; Mc 14,8): seg\u00fan el EvJn la mujer es Mar\u00ed\u00ada, la hermana de L\u00e1zaro, que unge no el cuerpo, sino los pies de Jes\u00fas (12,3); en Jn 2,21 se refiere Jes\u00fas al templo de su cuerpo, que reemplaza el templo de Jerusal\u00e9n. En este pasaje jo\u00e1nico el cuerpo de Jes\u00fas significa toda su persona con su corporeidad, alma y potencias en que habita Dios mismo, el Verbo encarnado (cf. 1,14). En Heb 10,5.10 afirma el autor que Jes\u00fas ofreci\u00f3 su cuerpo como sacrificio; un sacrificio que a diferencia de los sacrificios del templo de Jerusal\u00e9n lo ofreci\u00f3 una vez por siempre como el verdadero sacrificio de la nueva alianza (cf. tambi\u00e9n 1 Pe 2,24). El ofrecimiento de su cuerpo indica su entrega plena a la muerte por todos los hombres.<\/p>\n<p>En la escena de la transfiguraci\u00f3n su cuerpo aparece plenamente pose\u00ed\u00addo por la divinidad: Jes\u00fas es el Hijo predilecto del Padre, lleno de poder, al que todos han de escuchar (Mc 9,2-7 par.). En los relatos de los milagros aparece el cuerpo de Jes\u00fas con frecuencia como veh\u00ed\u00adculo de fuerza sobrenatural curativa (Mt 8,15\/Mc 1,31; 3,10; Mc 5,27par.; Mt 14,3; Mc 6,56; Lc 4,40). Sus miembros, en especial sus pies y manos, tienen una importancia especial en su ministerio p\u00fablico. Sus pies recorren todos los pueblos de Galilea y regiones circundantes. Las manos de Jes\u00fas tienen una virtud especial: toca al leproso y se cura (Mt 8,2\/Mc 1,41\/Lc 5,13); toma la mano de la ni\u00f1a muerta y la resucita (Mt 9,25\/Mc 5,41\/Lc 8,54); impone sus manos al sordomudo, devolvi\u00e9ndole el o\u00ed\u00addo y el habla (Mc 7,32-35); por la imposici\u00f3n de manos y restregando los ojos devuelve al ciego de Betsaida la vista (8,22-25); impone las manos, abraza y bendice a los ni\u00f1os (10,13-16par.); toca el f\u00e9retro del joven de Na\u00ed\u00adn y le manda levantarse (Lc 7,14).<\/p>\n<p>2. El cuerpo eucar\u00ed\u00adstico de Cristo<br \/>\nLa f\u00f3rmula \u00abEsto es cuerpo\u00bb (Mt 26,26c; Mc 14,22c) \u00abque se entrega por \u00bb (Lc 22,19c) o simplemente: \u00abEsto es cuerpo por vosotros\u00bb (1 Cor 11,24b) presenta dos peculiaridades que no aparecen en ning\u00fan otro texto de la antig\u00fcedad: los relatos de la Eucarist\u00ed\u00ada son los \u00fanicos lugares en que \u00abcuerpo\u00bb y \u00absangre\u00bb aparecen correlacionados en forma paralela (cf. tambi\u00e9n la pareja \u00abcarne\u00bb y \u00absangre\u00bb en Jn 6,51-58). En segundo lugar, el uso de \u00abcuerpo\u00bb con sentido sacrificial no se encuentra en el lenguaje cultual del AT o en otros textos. Como se dice en el art. de la nueva alianza, el aspecto sacrificial de la f\u00f3rmula consecratoria del pan viene expresado por su referencia al cuarto canto del Siervo de Yahv\u00e9, aunque all\u00ed\u00ad no aparezca la palabra \u00abcuerpo\u00bb (soma).<\/p>\n<p>Los exegetas no est\u00e1n de acuerdo a la hora de determinar qu\u00e9 palabra aramea habr\u00ed\u00ada empleado Jes\u00fas en la \u00daltima Cena, cuando dijo: \u00abEsto es cuerpo [que se entrega] por \u00bb (Lc 22,19c; 1Cor 11,24b) o \u00abEsto es cuerpo\u00bb (Mt 26,26c; Mc 14,22c). Algunos opinan que emple\u00f3 la palabra aramea , que significa \u00abcuerpo, persona, individualidad\u00bb. An\u00e1logamente significar\u00ed\u00ada \u00absangre\u00bb, no el \u00ab\u00f3rgano que se derrama\u00bb, sino la \u00absede de la vida\u00bb; \u00abderramar la sangre\u00bb ser\u00ed\u00ada, pues, sin\u00f3nimo de \u00abmorir, matar\u00bb. Podr\u00ed\u00adamos parafrasear el pensamiento de Jes\u00fas en la \u00faltima Cena, seg\u00fan esta opini\u00f3n, de la forma siguiente: \u00abEsto soy yo en mi personalidad\u00bb; \u00abesto es mi entrega a la muerte por los muchos\u00bb. Esta explicaci\u00f3n no afecta a la presencia real. Los relatos de la tradici\u00f3n M (marquina: Mt 26,26-28\/Mc 14,22-24) han recalcado de manera especial la presencia real de Cristo en los elementos eucar\u00ed\u00adsticos (Dalmann; Schweizer; Roloff), aunque \u00e9sta no falte tampoco en los de la A (antioquena: Lc 22,19-20\/1 Cor 11,24-25). Otros exegetas no aceptan esa explicaci\u00f3n y opinan que la palabra aramea detr\u00e1s de \u00abcuerpo\u00bb (soma) no es , sino bisra (\u00abcarne\u00bb: en hebreo basar). Aducimos algunos argumentos del c\u00e9lebre Joaqu\u00ed\u00adn Jerem\u00ed\u00adas (1900-1979), el principal defensor de esta opin\u00f3n: las palabras arameas (\u00abcuerpo\u00bb) dam (\u00absangre\u00bb) no aparecen formando pareja en textos arameos o hebreos contempor\u00e1neos; el EvJn en la pareja \u00abcarne\u00bb (sarx) y \u00absangre\u00bb (alma) nos habr\u00ed\u00ada conservado m\u00e1s fielmente que los sin\u00f3pticos las palabras consecratorias originales de Jes\u00fas (6,51-58); los sin\u00f3pticos y P habr\u00ed\u00adan traducido al griego \u00abbisra\u00bb por soma, para que \u00abcuerpo\u00bb resultase menos chocante a la mentalidad cristianogentil que \u00abcarne\u00bb. Si Jes\u00fas se expres\u00f3 en hebreo habr\u00ed\u00ada dicho textualmente: \u00abEsto [es] besar-\u00ed\u00ad [mi carne]; \u00abesto [es] dm-\u00ed\u00ad [mi sangre; la part\u00ed\u00adcula aramea equivale al pronombre espa\u00f1ol \/mio].<\/p>\n<p>3. El cuerpo de Cristo en sentido eclesiol\u00f3gico<br \/>\nEl cuerpo de Cristo en sentido eclesiol\u00f3gico se encuentra en el NT s\u00f3lo en los escritos paulinos, si bien hay que hacer una diferencia en cuanto a la concepci\u00f3n de \u00abcuerpo (m\u00ed\u00adstico) de Cristo\u00bb entre las cartas aut\u00e9nticamente paulinas Rom 12,4-5; 1Cor 12,12-27) y las deuteropaulinas (Col 1,18; 2.17.19; 3,15; Ef 1,23; 2,16; 4,4.12.16; 5,23.30). P ha tomado la met\u00e1fora del cuerpo de la filosof\u00ed\u00ada griega que concibe el mundo y la sociedad como un organismo (\u00abmacrocosmos\u00bb en relaci\u00f3n con el \u00abmicrocosmos\u00bb): el cuerpo con todos sus miembros forma una unidad; no constituyen los miembros el todo, sino que el cuerpo constituye la unidad. Aplicado a la Iglesia significa que no son los miembros los que constituyen la Iglesia como \u00abcuerpo de Cristo\u00bb al ser incorporados en \u00e9l o ella por la fe y el bautismo, sino que son incorporados en una realidad ya existente (1 Cor 12,13), que fue fundada por la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo (Rom 3,23-24; 4,24-25 y Ef 5,25-27). El \u00abcuerpo de Cristo\u00bb sacramental de la Cena del Se\u00f1or est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente ligado a la Iglesia como \u00abcuerpo (m\u00ed\u00adstico) de Cristo\u00bb. Esta conexi\u00f3n eclesiol\u00f3gico-sacramental se descubre ya en los relatos de la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada (Mc 14,22-25 par.), pero, sobre todo, en el contexto en que P refiere las palabras consecratorias de Cristo de la \u00daltima Cena (1Cor 11,17-34; cf. tambi\u00e9n 10,15-22). En los relatos paulinos de la Eucarist\u00ed\u00ada equipara P a la profanaci\u00f3n sacr\u00ed\u00adlega del cuerpo eucar\u00ed\u00adstico de Cristo las irreverencia e injurias cometidas contra los m\u00e1s d\u00e9biles y pobres de la Iglesia (8,10-13 y 10,16-17; 11,22-34). En las expresiones \u00abun solo cuerpo\u00bb (10,17b) y \u00abno discernir el cuerpo\u00bb (11,29b) es dif\u00ed\u00adcil de distinguir si se trata del cuerpo de Cristo en sentido sacramental (eucar\u00ed\u00adstico) o eclesiol\u00f3gico (cuerpo [m\u00ed\u00adstico] de Cristo). Esto implica que la Iglesia como \u00abcuerpo de Cristo\u00bb est\u00e1 entroncada en la misma realidad cristol\u00f3gica y sacramental.<\/p>\n<p>Hemos hecho alusi\u00f3n anteriormente a una diferente concepci\u00f3n de \u00abcuerpo (m\u00ed\u00adstico) de Cristo\u00bb entre los cartas aut\u00e9nticamente paulinas y las deuteropaulinas (Col y Ef). En las primeras no se habla de Cristo como cabeza del \u00abcuerpo eclesiol\u00f3gico\u00bb: toda la Iglesia es el cuerpo de Cristo (1 Cor 12,12-31). En las deuteropaulinas aparece Cristo como cabeza de la Iglesia, que es su cuerpo (Ef 5,23; Col 1,18; 2,19). Esta diferencia teol\u00f3gica no significa un cambio radical de los disc\u00ed\u00adpulos con respecto a la concepci\u00f3n del Ap\u00f3stol. Se trata s\u00f3lo de una acentuaci\u00f3n de matices cristol\u00f3gicos y eclesiol\u00f3gicos en atenci\u00f3n a la segunda \u00e9poca de la Iglesia, cuando ya han desaparecido los ap\u00f3stoles y comienzan a surgir los primeros brotes de herej\u00ed\u00adas. La primera \u00e9poca en que predominaban los judeocristianos con sus cuestiones acerca de la Ley y circuncisi\u00f3n ha pasado; la segunda \u00e9poca est\u00e1 marcada por el predominio de los gentiles y el enfrentamiento con el mundo pagano. La herej\u00ed\u00adas en ciernes exigen como respuesta una estructura eclesial y jer\u00e1rquica m\u00e1s definida de lo que era la m\u00e1s carism\u00e1tica de cuando viv\u00ed\u00adan P y los dem\u00e1s ap\u00f3stoles. As\u00ed\u00ad se comprende que recalquen las deuteropaulinas la estructura jer\u00e1rquica de la Iglesia, subrayando que Jes\u00fas es la cabeza de la Iglesia. > eucarist\u00ed\u00ada; iglesia; sacrificio.<\/p>\n<p>Rodr\u00ed\u00adguez Ruiz<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: Introducci\u00f3n &#8211; I. La reapropiaci\u00f3n del cuerpo: 1. La pol\u00ed\u00adtica del cuerpo en las contraculturas; 2. El cuerpo en femenino; 3. Psicoterapia con el cuerpo; 4. La salud como autogesti\u00f3n del cuerpo &#8211; II. Cuerpo y vida espiritual: 1. Salvaci\u00f3n por el cuerpo en la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica; 2. Meditaci\u00f3n corp\u00f3rea &#8211; Hl. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Introducci\u00f3n<br \/>\nToda cultura desarrollada tiende a pasar de una actitud impl\u00ed\u00adcita respecto al cuerpo a una reflexi\u00f3n tem\u00e1tica sobre el mismo. Es posible, en este sentido, establecer una analog\u00ed\u00ada entre el ni\u00f1o que se abre a la conciencia descubriendo su cuerpo, y el proceso de reflexi\u00f3n expl\u00ed\u00adcita acerca de la dimensi\u00f3n corp\u00f3rea de la existencia que tiene lugar en las varias culturas. Toda s\u00ed\u00adntesis cultural tiene su modo propio de vivir el cuerpo y de hablar de \u00e9l. Los problemas que surgen en el estadio actual de civilizaci\u00f3n industrial avanzada son in\u00e9ditos. Por eso tambi\u00e9n nuestra aproximaci\u00f3n al cuerpo carece de precedentes en la historia cultural de la humanidad. Superado el momento de reflexi\u00f3n filos\u00f3fico-\u00e9tica dirigida a superar la tradici\u00f3n dualista que contrapon\u00ed\u00ada el alma al cuerpo, el punto de partida actual est\u00e1 ligado m\u00e1s bien a las varias formas de malestar relacionadas con nuestra situaci\u00f3n en el mundo. Se extiende la convicci\u00f3n de que a una relaci\u00f3n equivocada con la naturaleza, objeto del vivo debate ecol\u00f3gico [>Ecolog\u00ed\u00ada], le acompa\u00f1a la perversi\u00f3n de la relaci\u00f3n con la estructura biol\u00f3gica concreta de nuestro cuerpo.<\/p>\n<p>La p\u00e9rdida de la armon\u00ed\u00ada corporal es una de las enfermedades m\u00e1s graves de la civilizaci\u00f3n. Hemos olvidado el lenguaje de las funciones vegetativas. El cuerpo parece que ha perdido su transparencia; se nos ha vuelto extra\u00f1o, casi enemigo. La alienaci\u00f3n ha adquirido un aspecto biol\u00f3gico bien definido, que pasa a trav\u00e9s de la relaci\u00f3n que tenemos con nuestro cuerpo. Conscientes del peligro, diversos movimientos culturales propugnan con toda decisi\u00f3n una reapropiaci\u00f3n del cuerpo.<\/p>\n<p>\u00bfY los cristianos? \u00bfC\u00f3mo se sit\u00faan en esta cuesti\u00f3n crucial para nuestra civilizaci\u00f3n? A veces revelan una sensaci\u00f3n de extra\u00f1eza. Tanto en el consumismo desbordante como en los movimientosde contracultura, predomina una acentuaci\u00f3n del cuerpo -de valencias opuestas- que resulta extra\u00f1a a la tradici\u00f3n cristiana. A la asc\u00e9tica, que promov\u00ed\u00ada la mortificaci\u00f3n del cuerpo, tiende a contraponerse una exaltaci\u00f3n pagana del mismo. Sin embargo, existe un campo de encuentro con las instancias m\u00e1s v\u00e1lidas de la cultura moderna. Es necesario poner de manifiesto la intenci\u00f3n profunda que anima a los diversos movimientos de apropiaci\u00f3n del cuerpo. En ellos se encontrar\u00e1n chispazos del fuego \u00fanico del humanismo. Por otra parte, los cristianos de hoy, asumiendo una consideraci\u00f3n positiva de la corporeidad, pueden redescubrir la verdad del dicho patristico: \u00abcaro cardo salutis\u00bb, con el cual se expresa tradicionalmente la fe en el misterio de la encarnaci\u00f3n. De hecho, entre los cristianos se est\u00e1 llevando a cabo una relectura de la Biblia a partir de esta consideraci\u00f3n positiva del cuerpo. Las curaciones a trav\u00e9s de la fe y los nuevos modos de orar lo atestiguan. Dos tiempos acompasan, pues, nuestro tratado. Primero, pasaremos revista al tema de la reapropiaci\u00f3n del cuerpo en algunos movimientos t\u00ed\u00adpicos de nuestra cultura. En un segundo momento dejaremos que hable la experiencia de los creyentes que han descubierto nuevas expresiones corporales de la vida cristiana.<\/p>\n<p>I. La reapropiaci\u00f3n del cuerpo<br \/>\n1. LA POL\u00ed\u008dTICA DEL CUERPO EN LAS CONTRACULTURAS &#8211; En el laberinto que constituye la geograf\u00ed\u00ada cultural de nuestro tiempo se distinguen algunas tendencias dominantes. Por una parte, la civilizaci\u00f3n tecnol\u00f3gica occidental exporta sus modelos de vida y sus valores, reemplazando a las culturas tradicionales; por otra. la uniformidad reinante dentro de esta civilizaci\u00f3n planetaria de la m\u00e1quina se ve rota por fuertes resistencias, que se estructuran como contraculturas.<\/p>\n<p>Entre las numerosas transformaciones que se dan en este complejo magm\u00e1tico, hay una que se refiere directamente a nuestro tema: cambia la relaci\u00f3n que, individual y socialmente, manten\u00ed\u00adamos con el cuerpo. \u00abSalimos de una sociedad en la que las normas estaban arriba; el cuerpo, y el yo en cuanto complejo biops\u00ed\u00adquico, abajo; hoy tiende a ocurrir lo contrario: es la experiencia de nosotros mismos la que, cada vez con m\u00e1s frecuencia, construye, al menos en el deseo, la imagen del mundo y los significados de la existencia&#8230; Hoy la sociedad, despu\u00e9s de haber negado y trascendido el cuerpo, vuelve a \u00e9l. Los valores se hunden en lo social, se vuelven invisibles, se mezclan con nuestras experiencias; la realidad contingente se hace espacio, s\u00ed\u00admbolo, significado de la experiencia de nuestro cuerpo y del cuerpo de los dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>La reivindicaci\u00f3n de los derechos del cuerpo es el postulado indiscutido en que se basa la organizaci\u00f3n de la vida social. La promesa de \u00abvivir mejor\u00bb, que congrega a los hombres y los induce a someterse a las limitaciones que impone la cultura, se detalla como derecho al bienestar del cuerpo, al desarrollo f\u00ed\u00adsico y a la felicidad sensual.<\/p>\n<p>El espiritualismo y el ascetismo en sus formas tradicionales parecen definitivamente desterrados. Tampoco los exponentes de la contracultura que persiguen ideales que podr\u00ed\u00adamos llamar m\u00ed\u00adsticos, lo hacen siguiendo la v\u00ed\u00ada de la represi\u00f3n de la \u00ablibido\u00bb. El suyo es un misticismo mundano, un \u00e9xtasis corporal. que abraza y transforma la existencia terrena.<\/p>\n<p>La experiencia vivida, incluso cuando se refleja en el arte o en el pensamiento, proclama que el cuerpo es el mediador de la cultura. Pi\u00e9nsese en el papel que juega el cuerpo en el psicoan\u00e1lisis y en la medicina psicosom\u00e1tica, en el teatro -que es el espacio privilegiado de la conciencia corp\u00f3rea- y en la danza, en la literatura y en el pensamiento fenomenol\u00f3gico alem\u00e1n y franc\u00e9s. Al mismo tiempo, a nivel de costumbres, la sociedad se vuelve cada vez m\u00e1s permisiva. El cuerpo triunfa en su desnudez. El cuerpo deportivo -\u00absano, bello y fuerte\u00bb- es la creaci\u00f3n mitol\u00f3gica m\u00e1s reciente.<\/p>\n<p>La civilizaci\u00f3n, que se fundaba en la exclusi\u00f3n del cuerpo, parece rehabilitarlo ahora. Mas esta rehabilitaci\u00f3n, \u00bfes real o s\u00f3lo aparente? En este punto es donde se insertan cr\u00ed\u00adticamente las contraculturas. Son obra de la masa juvenil, influida por pensadores heterodoxos respecto al saber acad\u00e9micos. Nacidas en el \u00e1mbito de la lucha por la calidad de la vida, las contraculturas han producido castillos de fuego de experiencias nuevas y modos expresivos. Revelan un modo alternativo de entender el humanismo del cuerpo, una visi\u00f3n diversa de lo que es lo humano. \u00abLa revalorizaci\u00f3n de antiguas pr\u00e1cticas artesanales y la instauraci\u00f3n de relaciones humanas sin convencionalismos, los valientes experimentos realizados en la organizaci\u00f3n de comunidades fundadas deliberadamente, las experiencias de vida tribal, los nuevos estilos y colores en el vestir, un deseo de alegr\u00ed\u00ada perceptible incluso en los sonidos, el perfume estimulante del incienso y de las flores, los ritos organizados a partir de fuerzas y ciclos c\u00f3smicos reales o presuntos, todos estos aspectos de la contracultura, aunque insignificantes y cursis, constituyen intentos de recobrar los valores antiguos y permanentes, que la civilizaci\u00f3n industrial est\u00e1 a punto de destruir\u00bb. El alboroto exterior de los movimientos juveniles que defienden la sensualidad de la vida no debe inducirnos a enga\u00f1o. Son conscientes de que est\u00e1n librando una batalla por la supervivencia en un mundo en el que la carne y el esp\u00ed\u00adritu son sistem\u00e1ticamente conculcados por las m\u00e1quinas. Los maftres \u00e1 penser de los j\u00f3venes son los pensadores radicales que han desmitificado el humanismo del cuerpo enarbolado por la civilizaci\u00f3n tecnol\u00f3gica, poniendo al desnudo la alienaci\u00f3n que va en aumento con el consumo masivo. Tambi\u00e9n el cuerpo se ha convertido en una mercanc\u00ed\u00ada que se consume. As\u00ed\u00ad lo demuestra la mecanizaci\u00f3n del cuerpo practicada en el deporte&#8217;. Asistimos a la explotaci\u00f3n sistem\u00e1tica y racional de las aptitudes psicomotrices de un individuo en orden a conseguir pruebas excepcionales.<\/p>\n<p>La mecanizaci\u00f3n del cuerpo m\u00e1s gr\u00e1vida de consecuencias es la que ocurre en el trabajo [-\u00abTrabajador 1]. Seg\u00fan avanza la civilizaci\u00f3n tecnol\u00f3gica, se desposee al hombre de su propio cuerpo, al reducirlo a una m\u00e1quina cibern\u00e9tica al servicio del rendimiento industrial. La liberalidad respecto de los instintos sexuales no es m\u00e1s que un espejismo. En realidad, la libido est\u00e1 controlada como valor comercial. La descarga sexual se permite s\u00f3lo para que, restablecido el equilibrio de la personalidad, el hombre pueda emplear de nuevo sus energ\u00ed\u00adas en producir. El mismo ser\u00e1 el consumidor forzoso de cuanto se produce por encima de lo necesario; de atraerlo al consumismo se encargar\u00e1 el erotismo publicitario, el cual, a su vez, se sirve desenvueltamente del cuerpo. A este proceso Marcuse, uno de los profetas m\u00e1s escuchados de la contracultura juvenil, lo ha llamado \u00abdesublimaci\u00f3n represiva\u00bb de la sexualidad.<\/p>\n<p>Las articulaciones del pensamiento de Marcuse son sumamente complejas&#8217;. Pero la joven generaci\u00f3n que hizo de ellas su estandarte en la batalla por la desestabilizaci\u00f3n institucional del 68, identific\u00f3 y vulgariz\u00f3 la piedra angular de las mismas; el problema clave de la \u00abalienaci\u00f3n\u00bb ha adquirido hoy un significado diverso del que tradicionalmente hab\u00ed\u00ada se\u00f1alado el marxismo. La dial\u00e9ctica de la liberaci\u00f3n no pasa por la lucha de clases, sino por el cuerpo humano. El es eterno campo de batalla donde se libra la lucha de los instintos, anterior a la de las clases sociales. La \u00abl\u00f3gica del poder\u00bb que domina en las luchas de clase se alza sobre una alienaci\u00f3n m\u00e1s fundamental, que concierne al hombre en su vida ps\u00ed\u00adquica y en su relaci\u00f3n con la naturaleza. La alienaci\u00f3n es resultado de actos de represi\u00f3n profundos y secretos, que no quedar\u00e1n eliminados barajando simplemente las estructuras institucionales de nuestra sociedad. La liberaci\u00f3n individual, en cuanto proyecto de vida diverso que ha de partir de una relaci\u00f3n alternativa con el cuerpo, es el supuesto para una liberaci\u00f3n entendida como construcci\u00f3n de una sociedad diversa.<\/p>\n<p>De estas instancias se constituyen en abanderadas las contraculturas juveniles cuando defienden la sexualidad de la vida. Al denunciar el valor de fetiche atribuido al cuerpo en forma adulterada por la cultura consumista de masas, pretenden afirmar el significado humano del cuerpo, epifan\u00ed\u00ada de la persona y no sofisticado monumento f\u00fanebre de la misma. Los \u00abcantores del cuerpo\u00bb, al augurar el renacimiento de la valencia corporal, trazan un proyecto de emancipaci\u00f3n propiamente pol\u00ed\u00adtica. Pero es una pol\u00ed\u00adtica del cuerpo que tiene un valor contestatario frente a las estructuras en que se encierra ideol\u00f3gica o program\u00e1ticamente al cuerpo&#8217;. Se opone tanto a los modelos culturales de los pa\u00ed\u00adses socialistas como a los de aquellos en que prevalece la burgues\u00ed\u00ada. A la severa sociedad de la r\u00ed\u00adgida ortodoxia comunista, que reduce todo el problema del cuerpo y del deseo a una manifestaci\u00f3n peque\u00f1o-burguesa, a un discurso \u00absupraestructural\u00bb y, por tanto, reaccionario del arsenal ideol\u00f3gico de la burgues\u00ed\u00ada decadente, contraponen las j\u00f3venes generaciones un proyecto de sociedad construido sobre la fiesta m\u00e1s bien que sobre el trabajo. Rehusan aplazar el baile para&#8230; ma\u00f1ana, o sea, para cuando se hayan resuelto los problemas de la producci\u00f3n y de la justicia. Interpretando agudamente el alcance pol\u00ed\u00adtico del enfoque juvenil de los problemas, se preguntaba R. Garaudy (en Bailar la vida): \u00ab\u00bfQu\u00e9 ocurrir\u00ed\u00ada si en lugar de construir solamente nuestra vida, tuvi\u00e9ramos la locura o la sabidur\u00ed\u00ada de bailarla? Esta es quiz\u00e1 una de las cuestiones m\u00e1s importantes que plantea hoy la juventud al contestar los fines mismos del mundo que le transmitimos\u00bb.<\/p>\n<p>La reafirmaci\u00f3n del cuerpo es menos hostil a los modelos en que se inspiran las culturas occidentales capitalistas. Aqu\u00ed\u00ad el problema del deseo no se elude, sino que es explotado en el plano consumista. El cuerpo forma parte de los productos en torno a los cuales se organiza una especie de liturgia publicitaria. En cambio, el cuerpo se ha convertido en el lugar fisiol\u00f3gico y psicol\u00f3gico de la soledad.<\/p>\n<p>\u00abLo privado es pol\u00ed\u00adtico\u00bb. Este eslogan de la contracultura expresa la voluntad de unir militancia y alegr\u00ed\u00ada de vivir. La pol\u00ed\u00adtica que debe promoverse es la que no ignore ni instrumentalice el cuerpo, sino que se construya sobre quienes son los sujetos reales de la historia, y tenga en cuenta todos los niveles de la experiencia humana.<\/p>\n<p>2. EL CUERPO EN FEMENINO &#8211; En esta tendencia de nuestro tiempo a volver al cuerpo y a sus valores, se inserta el movimiento feminista con una carga particular de novedad y de fresco \u00ed\u00admpetu. El tema que hemos adoptado como hilo conductor de esta primera parte, la reapropiaci\u00f3n del cuerpo, es precisamente un eslogan del feminismo. Como tal. es tildado de extremismo y de provocaci\u00f3n combativa. Se lo ha asociado a otros esl\u00f3ganes (como los que reivindican para la mujer un poder arbitrario sobre el aborto: \u00abEl vientre es m\u00ed\u00ado&#8230;\u00bb). Sin embargo, esta interpretaci\u00f3n del eslogan es muy restrictiva. Bajo la bandera de la apropiaci\u00f3n del cuerpo, las militantes feministas m\u00e1s conscientes han librado una batalla cultural de vital importancia. El objetivo era recuperar la sensaci\u00f3n del cuerpo como casa propia. El primer obst\u00e1culo se identific\u00f3 en la prevaricaci\u00f3n de la corporaci\u00f3n m\u00e9dica, compuesta preferentemente de hombres. La dependencia y la pasividad respecto de la ciencia m\u00e9dica son comunes tanto a los hombres como a las mujeres.<\/p>\n<p>Sin embargo, las consecuencias son m\u00e1s graves para las mujeres. Mientras los hombres recurren al m\u00e9dico solamente cuando intervienen hechos patol\u00f3gicos, las mujeres le conf\u00ed\u00adan tambi\u00e9n una serie de manifestaciones que forman parte de su vida social y biol\u00f3gica normal (menstruaci\u00f3n, parto, lactancia, menopausia).<\/p>\n<p>Las l\u00ed\u00adderes de los movimientos feministas se han constituido en portavoces del sentido de frustraci\u00f3n y de rabia de tantas mujeres privadas de los necesarios conocimientos para mantener una relaci\u00f3n consciente con el propio cuerpo y expuestas a la gesti\u00f3n paternalista del mismo por parte de los m\u00e9dicos. Descubrir el propio cuerpo, su lenguaje y sus necesidades, y asumir su control se ha convertido en un objetivo prioritario del programa feminista. Constituye un supuesto para la autogesti\u00f3n de la salud. Amplia resonancia ha tenido, por ejemplo, el libro Our bodies, our selves (Vosotras y nuestro cuerpo), escrito por un grupo de mujeres de Boston&#8217;. \u00abEscrito por mujeres para mujeres\u00bb, precisa el subt\u00ed\u00adtulo.<\/p>\n<p>Las autoras hablan del efecto liberador que posee esta forma de educaci\u00f3n del cuerpo. Da un conocimiento y una energ\u00ed\u00ada que cambian la vida. El conocimiento del propio cuerpo posee, en efecto, &#8216;una resonancia psicol\u00f3gica inmediata. As\u00ed\u00ad como la ignorancia, el miedo y la inseguridad de la identidad f\u00ed\u00adsica bloquean las energ\u00ed\u00adas, as\u00ed\u00ad la toma de conciencia capacita para alcanzar la plenitud humana. La conclusi\u00f3n de la introducci\u00f3n del libro puede tomarse como expresi\u00f3n t\u00ed\u00adpica del camino de liberaci\u00f3n recorrido por muchas mujeres de nuestro tiempo: \u00abFiguraos una mujer que trata de hacer un trabajo o tener una relaci\u00f3n paritaria y satisfactoria con otras personas, a la vez que se siente f\u00ed\u00adsicamente d\u00e9bil porque nunca ha intentado ser fuerte; consume todas sus energ\u00ed\u00adas procurando cambiar cara, figura, cabellos, perfume, intentando conformarse con alg\u00fan modelo ideal fijado en las revistas, las pel\u00ed\u00adculas, la televisi\u00f3n; se siente desorientada y se averg\u00fcenza de la sangre menstrual que cada mes fluye de alg\u00fan oscuro rinc\u00f3n de su cuerpo; siente los procesos internos de su cuerpo como un misterio que se manifiesta como un fastidio (una gravidez no querida o un c\u00e1ncer cervical); no comprende y no le agrada el sexo y concentra sus energ\u00ed\u00adas sexuales en fantas\u00ed\u00adas rom\u00e1nticas sin objeto, pervirtiendo y haciendo mal uso de su energ\u00ed\u00ada potencial porque se la ha educado para negarla. Si aprendemos a comprender, a aceptar, a ser responsables de nuestra identidad f\u00ed\u00adsica, podemos liberarnos de algunas de estas preocupaciones y comenzar a hacer uso de nuestras energ\u00ed\u00adas desinhibidas. La imagen que tengamos de nosotras mismas poseer\u00e1 una base m\u00e1s s\u00f3lida, seremos mejores como amigas y como amantes, como personas; tendremos m\u00e1s confianza en nosotras, m\u00e1s autonom\u00ed\u00ada, m\u00e1s fuerza, seremos m\u00e1s completas\u00bb.<\/p>\n<p>Esta nueva conciencia de bienestar y autorrealizaci\u00f3n, partiendo de una relaci\u00f3n arm\u00f3nica con el propio cuerpo, se ha traducido en el eslogan rimbombante: \u00abWoman is beautful\u00bb (La mujer es algo bello).<\/p>\n<p>La \u00abreapropiaci\u00f3n del cuerpo\u00bb lleva al movimiento feminista a librar batallas m\u00e1s decisivas a\u00fan. Para vivir con alegr\u00ed\u00ada el cuerpo no basta, en efecto, una relaci\u00f3n diversa con la medicina ginecol\u00f3gica; es necesaria una transformaci\u00f3n cultural. La falta de informaci\u00f3n sobre el funcionamiento del cuerpo, y en general el silencio sobre todos los temas relacionados con el sexo, no son m\u00e1s que un aspecto del conjunto de comportamientos y valores que constituyen la ideolog\u00ed\u00ada patriarcal. Para justificar la hegemon\u00ed\u00ada masculina se han destacado las diferencias de comportamiento entre hombres y mujeres y se las ha explicado por lo general de un modo fisiol\u00f3gico, o sea, haciendo referencia a las diversas funciones f\u00ed\u00adsicas, en particular la maternidad.<\/p>\n<p>La funci\u00f3n reproductora ha servido para justificar e, incluso, para enmascarar, a los ojos mismos de las interesadas, la opresi\u00f3n cultural. Las mujeres han sido en gran parte confeccionadas artificialmente por el hombre. Si la mujer es un hecho de la naturaleza, la feminidad es un fen\u00f3meno social. Empleando una imagen eficaz de Jean Rostand: el hecho de haber jugado con la mu\u00f1eca o con los soldaditos de plomo, es tan importante en la historia del individuo como la presencia del cromosoma X o Y.<\/p>\n<p>El condicionamiento cultural de roles tiene una incidencia inmediata en el cuerpo. La mujer ha vivido su cuerpo como esclavitud no tanto por su dependencia de los hechos biol\u00f3gicos cuanto por la expropiaci\u00f3n que ha padecido. A este prop\u00f3sito, Dacia Maraini habla de \u00absexualidad vivida por cuenta de terceros, nunca como fin en s\u00ed\u00ad misma\u00bb. El potencial de gozo y de placer ha sido exorcizado mediante una serie de tab\u00faes que han llevado a la mujer a ver su cuerpo como algo extra\u00f1o. El cuerpo de la mujer es un instrumento de procreaci\u00f3n en manos del hombre. La situaci\u00f3n se ha justificado con argumentos de orden biol\u00f3gico: \u00e9sa seria la \u00abnaturaleza\u00bb de la mujer. La divulgaci\u00f3n de los estudios de antropolog\u00ed\u00ada cultural ha permitido comprender que los roles masculinos y femeninos han asumido, en otras culturas, formas diversas y menos oprimentes para la mujer. Queda, pues, desenmascarado el prejuicio seg\u00fan el cual los roles sociales propios de la cultura patriarcal habr\u00ed\u00adan sido definidos de acuerdo con la verdadera naturaleza del hombre y de la mujer. M\u00e1s bien se ha definido la naturaleza respectiva a posteriori, en funci\u00f3n de los roles asignados por el sexo dominante. Ello ha encontrado una c\u00f3moda coartada en la llamada naturaleza. Y no han faltado mitos, religiosos y profanos, forjados para justificar supraestructuralmente el papel de dependencia de la mujer.<\/p>\n<p>Si las mujeres no recuperan la autodeterminaci\u00f3n personal, que conlleva una redefinici\u00f3n de los roles culturales, la simple reivindicaci\u00f3n del cuerpo podr\u00ed\u00ada resultar un boomerang peligroso. De hecho, precisamente la definici\u00f3n de la mujer a partir del aspecto biol\u00f3gico (cosa que no excluye la idealizaci\u00f3n paralela y la m\u00ed\u00adstica de la feminidad) es lo que ha constituido el eje central de la mentalidad patriarcal.<\/p>\n<p>El programa de las vanguardistas feministas de entender a la mujer a partir de la reconquista de su cuerpo, equivale, pues, a lo que pretende el sexismo en auge: presentar a la mujer en referencia al hombre, a fin de ofrecerle un cuerpo asociado a un producto con vistas al consumo. Se puede definir a la mujer partiendo del cuerpo, pero s\u00f3lo despu\u00e9s de haber cerrado el proceso de la liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La perspectiva de la \u00abliberaci\u00f3n\u00bb ampl\u00ed\u00ada la de la \u00abemancipaci\u00f3n\u00bb femenina, tal como ha sido tradicionalmente entendida y promovida por el movimiento obrero. El logro de la igualdad de los sexos ha sido uno de los fines del humanismo marxista desde que Engels denunci\u00f3, en el Origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado, que toda familia moderna est\u00e1 fundada, abierta o subrepticiamente, en la esclavitud dom\u00e9stica de la mujer. Integrar ala mujer en el mundo de la producci\u00f3n equival\u00ed\u00ada a liberarla de la esclavitud dom\u00e9stica.<\/p>\n<p>Durante un largo per\u00ed\u00adodo, la propuesta pol\u00ed\u00adtica y cultural del movimiento obrero se limit\u00f3 a socavar la actitud hostil a la inserci\u00f3n de la mujer en el ambiente del trabajo, para conseguir que se le reconociese el derecho a ser productora adem\u00e1s de reproductora. Parec\u00ed\u00ada suficiente asegurarle a la mujer el trabajo para conseguir con ello garantizarle su plena valoraci\u00f3n en cuanto persona humana\u00bb. Se luchaba por el derecho de la mujer al trabajo, descuidando ocuparse de ella como persona entendida en su totalidad. El movimiento feminista, al impugnar la tradicional relaci\u00f3n hombre-mujer, ha replanteado la cuesti\u00f3n en t\u00e9rminos nuevos: como problema personal y pol\u00ed\u00adtico, a la vez que cultural y biol\u00f3gico. La explotaci\u00f3n nunca es s\u00f3lo econ\u00f3mica. La sociedad patriarcal ha hecho uso represivo de la funci\u00f3n reproductora y, por tanto, del cuerpo femenino. Por eso la liberaci\u00f3n de la mujer es hoy un camino que pasa por la superaci\u00f3n de los tab\u00faes que impiden el conocimiento del propio cuerpo y coartan la libertad personal. Pero el objetivo final de la reapropiaci\u00f3n del cuerpo es la creaci\u00f3n de nuevos modelos culturales para los respectivos roles masculino y femenino. La mujer, que ha usado el cuerpo para complacer al hombre seg\u00fan las reglas de juego establecidas por el hombre mismo, se est\u00e1 permitiendo hoy descubrir las potencialidades in\u00e9ditas de su existencia corp\u00f3rea.<\/p>\n<p>De hecho, el cambio de mentalidad no se efect\u00faa sin dificultades y conflictos. Si se requiere una educaci\u00f3n nueva de la mujer con respecto a la maternidad y a la sexualidad, no es menos necesaria una reeducaci\u00f3n del hombre con relaci\u00f3n a la mujer. Sin embargo, una esperanza sostiene la revoluci\u00f3n de los roles sexuales: la de unos hombres y unas mujeres m\u00e1s humanos [>Feminismo].<\/p>\n<p>3. PSICOTERAPIA CON EL CUERPO &#8211; El cuerpo nos pertenece m\u00e1s que cualquier otra cosa. De tal manera se aglutina con nuestro \u00abyo\u00bb, que entra en su esfera de identidad e incomunicabilidad. Los fenomen\u00f3logos (particularmente Merleau-Ponty) han puesto de manifiesto que tenemos la percepci\u00f3n no s\u00f3lo de \u00abtener\u00bb un cuerpo, sino de \u00abser\u00bb nuestro cuerpo. Esta relaci\u00f3n individual con el propio cuerpo hay que integrarla en una perspectiva social.<\/p>\n<p>En efecto, la sociedad en que vivimos estructura nuestro cuerpo con sus normas y valores: influye en su conservaci\u00f3n (pr\u00e1cticas higi\u00e9nicas y culinarias), en su presentaci\u00f3n (cuidados est\u00e9ticos, forma de vestir) y en las expresiones afectivas (signos emocionales). Para indicar los modos como los hombres usan tradicionalmente su cuerpo en las diversas sociedades, el soci\u00f3logo Marcel Mauss ha acu\u00f1ado la expresi\u00f3n \u00abt\u00e9cnicas del cuerpo\u00bb (Journal de psychologie, 1936, n. 3-4). Antes de la t\u00e9cnica propiamente dicha, existe el c\u00famulo de t\u00e9cnicas para el uso del cuerpo como \u00abel instrumento m\u00e1s natural del hombre\u00bb, en las actividades y en los movimientos vitales m\u00e1s habituales. La educaci\u00f3n es, en buena parte, la conformaci\u00f3n de nuestro cuerpo de acuerdo con las exigencias de la sociedad en que vivimos, o sea, precisamente el aprendizaje de las \u00abt\u00e9cnicas del cuerpo\u00bb.<\/p>\n<p>En nuestra civilizaci\u00f3n tecnol\u00f3gica, la estructuraci\u00f3n social del cuerpo no se realiza nunca con la espontaneidad y la inmediatez que encontramos en las culturas tradicionales. De ello se ha seguido un desequilibrio generalizado. La causa principal se ha visto en la rapidez del cambio, que tiene un efecto desastroso en el conjunto de la vida humana. Se ha hablado de \u00abshock del futuro\u00bb (A. Toffler). Dada la total interdependencia de los procesos f\u00ed\u00adsicos, emocionales y ambientales, la incapacidad del cuerpo humano para mantener el ritmo de la aceleraci\u00f3n del cambio sirvi\u00e9ndose de las \u00abt\u00e9cnicas\u00bb tradicionales repercute en todos los aspectos de la vida humana. La mente, el cuerpo y los sentidos deben funcionar por encima de su capacidad, con un aumento constante de la tensi\u00f3n. El stress permanente surte efectos destructivos generalizados. Se manifiesta en la angustia y en las enfermedades psicosom\u00e1ticas, en los trastornos del sue\u00f1o y en el uso creciente de f\u00e1rmacos (tranquilizantes y excitantes). El aumento impresionante de las enfermedades mentales es la \u00faltima etapa de esta disgregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La liberaci\u00f3n del stress psicof\u00ed\u00adsico se ha convertido en un imperativo de nuestro tiempo. De ah\u00ed\u00ad el boom de las t\u00e9cnicas de relajaci\u00f3n para suplir la insuficiencia de las \u00abt\u00e9cnicas del cuerpo\u00bb tradicionales. Gran parte de las terapias actuales tienden a poner de nuevo en contacto con aquellas sensaciones f\u00ed\u00adsicas que armonizan el cuerpo y el esp\u00ed\u00adritu entre s\u00ed\u00ad y nos ponen en condiciones de funcionar de una manera m\u00e1s armoniosa. Aspiran a liberar el cuerpo del stress y, con ello, a abrir las reservas de energ\u00ed\u00ada que permiten un mejor rendimiento. Se trata, en sustancia, de terapias de la integraci\u00f3n humana. Pero las m\u00e1s de las veces estas terapias no se interesan por el horizonte problem\u00e1tico de las contraculturas [supra, 1, 1], que, surgiendo del malestar de la civilizaci\u00f3n, repercuten en los proyectos pol\u00ed\u00adticos y culturales que la sustentan.<\/p>\n<p>Algunas de estas terapias hunden sus ra\u00ed\u00adces en la tradici\u00f3n oriental. Injertadas en Occidente, han perdido toda connotaci\u00f3n m\u00ed\u00adstico-religiosa. El pragmatismo occidental las ha considerado exclusivamente como eficaces disciplinas psicosom\u00e1ticas. La m\u00e1s difundida es indiscutiblemente el yoga. En realidad, lo que practican los occidentales es el \u00abHatha Yoga\u00bb (el yoga del cuerpo f\u00ed\u00adsico), que en la India se considera una disciplina secundaria para llegar a los planos superiores de conciencia\u00bb. En cambio, entre nosotros se practica simplemente para obtener ventajas f\u00ed\u00adsicas y mentales, sin proponerse ninguna evoluci\u00f3n espiritual [>Yoga\/Zen I-III].<\/p>\n<p>De origen oriental es tambi\u00e9n la \u00abmeditaci\u00f3n trascendental\u00bb. Fue introducida en 1959 en Estados Unidos por el maestro indio Maharishi Mahesh Yogy; m\u00e1s de un mill\u00f3n de personas la practican ya cotidianamente. \u00abTrascendental\u00bb no posee ninguna implicaci\u00f3n metaf\u00ed\u00adsica o religiosa. Indica simplemente que esta t\u00e9cnica de meditaci\u00f3n lleva a quienes la practican m\u00e1s all\u00e1 del nivel corriente de su experiencia de vigilia hasta un estado de reposo profundo, al cual se a\u00f1ade un aumento de la atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Maharishi tiene la convicci\u00f3n de que el fundamento de la salud mental es una integraci\u00f3n org\u00e1nica de la mente y el cuerpo. En la t\u00e9cnica por \u00e9l difundida, la coordinaci\u00f3n mente-cuerpo se realiza gracias al estado de profundo reposo en que el sujeto se sumerge. El meditante deja que su mente experimente un estado relajado y agradable. El estado hipometab\u00f3lico determina la eliminaci\u00f3n espont\u00e1nea del stress, al tiempo que adquiere energ\u00ed\u00ada lo mismo el cuerpo que el esp\u00ed\u00adritu. Al normalizar el estado del sistema nervioso, la meditaci\u00f3n trascendental brinda, al igual que una psicoterapia, la soluci\u00f3n de conflictos emocionales. Sus adeptos la consideran un atajo de la psicoterapia, pues la autointegraci\u00f3n se producir\u00ed\u00ada por s\u00ed\u00ad sola, saltando el largo trabajo del proceso terap\u00e9utico del psicoan\u00e1lisis.<\/p>\n<p>Otras numerosas t\u00e9cnicas de relajaci\u00f3n, sin parentesco alguno con la tradici\u00f3n religiosa oriental, act\u00faan sobre el cuerpo para producir un estado de bienestar ps\u00ed\u00adquico que contrarreste la tensi\u00f3n patol\u00f3gica. Se\u00f1alemos las m\u00e1s conocidas. El \u00abtraining aut\u00f3geno\u00bb lo ha puesto a punto el neur\u00f3logo berlin\u00e9s J. H. Schultz partiendo de experiencias hipn\u00f3ticas\u00bb. Su inventor comenz\u00f3 pregunt\u00e1ndose qu\u00e9 ocurrir\u00ed\u00ada si las sensaciones f\u00ed\u00adsicas descritas por sujetos hipnotizados (calor y pesadez en las articulaciones, calma de la actividad card\u00ed\u00adaca y respiratoria, sensaci\u00f3n de calor en el abdomen y de frescor en la frente) se comunicaran a un sujeto despierto con f\u00f3rmulas pronunciadas de forma tranquila y penetrante. Se transmitir\u00ed\u00ada el mismo estado de relajaci\u00f3n f\u00ed\u00adsico-ps\u00ed\u00adquica de la hipnosis al que practica la \u00abautodistensi\u00f3n concentrativa\u00bb. Pr\u00e1cticamente se trata, pues, de una autohipnosis. Su eficacia terap\u00e9utica est\u00e1 ya comprobada, lo mismo que sus efectos ben\u00e9ficos en sujetos sanos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n las terapias de comportamiento han elaborado m\u00e9todos de relajaci\u00f3n encaminados a la supresi\u00f3n de tensiones intraps\u00ed\u00adquicas y de espasmos f\u00ed\u00adsicos\u00bb. La terapia m\u00e1s difundida es la \u00abdesensibilizaci\u00f3n sistem\u00e1tica\u00bb, propuesta por Wolpe y Lazarus \u00ab. En realidad, es una derivaci\u00f3n de la t\u00e9cnica de relajaci\u00f3n propuesta por Jacobson, el cual se propon\u00ed\u00ada aliviar diversas enfermedades psicosom\u00e1ticas y formas de tensi\u00f3n por medio de una relajaci\u00f3n muscular \u00abprogresiva y diferencial\u00bb, gracias a la sucesiva toma de conciencia de las sensaciones cenest\u00e9sicas que corresponden a los diversos grupos musculares del organismo en estado de contracci\u00f3n y de relajaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>La t\u00e9cnica de la desensibilizaci\u00f3n se funda en el concepto de la reciprocidad de la inhibici\u00f3n. O sea, si la angustia impide la relajaci\u00f3n, \u00e9sta, a su vez, bloquea la angustia. En consecuencia, se hace que el paciente se relaje; en este estado se le presentan progresivamente las sensaciones e im\u00e1genes que le aterran, hasta que la angustia queda eliminada.<\/p>\n<p>Un cap\u00ed\u00adtulo que en la actualidad tiene un gran desarrollo es el de la terapia de la Gestalt y la bioenerg\u00e9tica. Estas t\u00e9cnicas pretenden eliminar los bloqueos emocionales y f\u00ed\u00adsicos que impiden la conciencia del presente. Se induce a la persona a penetrar en el \u00abaqu\u00ed\u00ad y ahora\u00bb, a establecer un contacto inmediato con la plenitud de sus sensaciones, de sus movimientos f\u00ed\u00adsicos y de su energ\u00ed\u00ada vital. Lo com\u00fan a este grupo tan heterog\u00e9neo de t\u00e9cnicas terap\u00e9uticas es la conciencia de que el malestar de la civilizaci\u00f3n se inscribe en el cuerpo.<\/p>\n<p>A la manera de un sism\u00f3grafo sensible, nuestro organismo registra un estado de tensi\u00f3n permanente que lo fija en sus funciones m\u00e1s esenciales: como \u00f3rgano motor y como instrumento para la comunicaci\u00f3n interpersonal. Reapropiarse el cuerpo quiere decir emprender una paciente reeducaci\u00f3n del mismo con el fin de alcanzar de nuevo el sentimiento de la unidad de la persona. Estar presente al propio cuerpo quiere decir estar a gusto en \u00e9l y en las relaciones interpersonales. Las distintas t\u00e9cnicas miran conjuntamente a hacer posible un modo de ser diverso. Usando la terminolog\u00ed\u00ada de Erich Fromm: del cuerpo vivido \u00abseg\u00fan la modalidad del tener\u00bb al cuerpo vivido \u00abseg\u00fan la modalidad del ser\u00bb.<\/p>\n<p>4. LA SALUD COMO AUTOGESTI\u00ed\u201cN DEL CUERPO &#8211; La sociedad industrial avanzada crea condiciones de vida que muchos sienten como oprimentes. Sus defensores presentan estos inconvenientes como un precio razonable que se ha de pagar por los beneficios atribuidos al progreso. Al progreso se conf\u00ed\u00ada de modo especial la tutela eficaz de la salud. Si la sociedad desarrollada tritura valores y vida espiritual, parece que en compensaci\u00f3n ofrece una vida m\u00e1s larga y una asistencia sanitaria garantizada.<\/p>\n<p>Sin embargo, algunas voces cr\u00ed\u00adticas se han alzado contra esta falsa apariencia. Ilustres bi\u00f3logos han denunciado la ilusoria ambici\u00f3n de producir industrialmente una \u00absalud mejorsRO. M\u00e1s radicalmente que nadie, el soci\u00f3logo Ivan Illich ha acusado a la medicina moderna de ser la mayor amenaza de la salud del hombre.<\/p>\n<p>Tengamos en cuenta estas impugnaciones al imperialismo de la medicina en la medida en que protestan contra una reducci\u00f3n antropol\u00f3gica y proponen una reflexi\u00f3n fundamental sobre el concepto mismo de salud como hecho humano global. La reapropiaci\u00f3n del cuerpo pasa tambi\u00e9n a trav\u00e9s de la fuerza espiritual necesaria para estar sano.<\/p>\n<p>Una deformaci\u00f3n fatal del concepto mismo de salud tiene lugar impl\u00ed\u00adcitamente cuando se la concibe como algo que depende del cuidado de una corporaci\u00f3n profesional consagrada a ello. Durante las \u00faltimas generaciones se ha impuesto el monopolio m\u00e9dico sobre el cuidado de la salud, arrollando los recursos naturales del individuo y los remedios terap\u00e9uticos tradicionalmente transmitidos por la cultura popular. Cuanto m\u00e1s avanza la sociedad, m\u00e1s tiende a asemejarse a un gran \u00fatero pl\u00e1stico, en el cual los t\u00e9cnicos de bata blanca cuidan del individuo desde el nacimiento (e incluso desde la concepci\u00f3n o antes todav\u00ed\u00ada, si consideramos el tratamiento fetal y el consejo eugen\u00e9tico) hasta la muerte. En la arquitectura de las ciudades, el hospital ha sustituido a la catedral como s\u00ed\u00admbolo central de la convivencia c\u00ed\u00advica. El desmesurado crecimiento de la m\u00e1quina sanitaria no ha actuado, parad\u00f3jicamente, en beneficio de la salud, sino en contra de ella. La supermedicaci\u00f3n social de la vida ha paralizado los mecanismos comunitarios e interiores que garantizan la salud. Pues la salud humana es algo diverso de la simple ausencia de hechos morbosos que amenazan el equilibrio de una estructura biol\u00f3gica. La salud es una tarea; en cuanto tal, la salud del hombre no puede compararse con el equilibrio fisiol\u00f3gico de los animales. Es una expresi\u00f3n cultural. Implica la capacidad personal de hacer frente a la vida de un modo aut\u00f3nomo y responsable. Cuando el organismo est\u00e1 dirigido por otros, la salud, en cuanto potencial humano, retrocede inevitablemente.<\/p>\n<p>Para Illich, la empresa m\u00e9dica es la causa principal del declive general de la salud, ya que \u00e9sta se ha convertido en asunto exclusivo de una instituci\u00f3n planificada, encargada de \u00abproducirla\u00bb y \u00abmejorarla\u00bb indefinidamente. Con ello el sistema m\u00e9dico expropia a la persona de toda capacidad de realizar con sus fuerzas una acci\u00f3n de autorregulaci\u00f3n del organismo. Esta gesti\u00f3n heter\u00f3noma tiene un efecto tanto m\u00e1s delet\u00e9reo, en cuanto que viene a paralizar la sana capacidad moral de reacci\u00f3n al sufrimiento, a la invalidez y a la muerte.<\/p>\n<p>Illich llama a este fen\u00f3meno \u00abyatrog\u00e9nesis cultural\u00bb, por lo cual entiende el da\u00f1o inferido a la salud por las profesiones sanitarias en la medida en que destruyen la capacidad potencial del individuo de hacer frente de modo personal a los hechos morbosos, y la voluntad de sufrir la propia condici\u00f3n real. \u00abLa medicina profesionalmente organizada ha venido asumiendo la funci\u00f3n de una empresa moral desp\u00f3tica encaminada toda ella a propagar la expansi\u00f3n industrial como una guerra contra todo sufrimiento. Con ello ha minado la capacidad de los individuos de hacer frente a la propia realidad,. de expresar valores propios y de aceptar el dolor y la disminuci\u00f3n inevitables y con frecuencia irremediables, la decadencia y la muerte. Gozar de buena salud significa no solamente conseguir afrontar la realidad, sino tambi\u00e9n disfrutar de este logro; significa ser capaces de sentirse vivos en el placer y el dolor; significa apreciar la supervivencia, pero tambi\u00e9n arriesgarla. La salud y el sufrimiento como sensaciones vividas y conscientes son fen\u00f3menos propios del hombre, que se distingue por ello de los animales\u00bb (N\u00e9mesis m\u00e9dica. La expropiaci\u00f3n de la salud, Barral, Barcelona 1975).<\/p>\n<p>Es, pues, una fatal ilusi\u00f3n creer que se puede producir la salud como uno de tantos bienes de consumo que la sociedad opulenta promete a todos. La salud pertenece, recurriendo una vez m\u00e1s a la terminolog\u00ed\u00ada de E. Fromm, a la modalidad del \u00abser\u00bb, no a la del \u00abtener\u00bb.<\/p>\n<p>La ilusi\u00f3n del bienestar sanitario garantizado a cada uno es un aspecto del gran sue\u00f1o de la sociedad industrial, en particular de la sociedad de consumo, que se ha afincado como dimensi\u00f3n planetaria despu\u00e9s de la segunda guerra mundial, de conseguir el para\u00ed\u00adso en el m\u00e1s ac\u00e1 mediante la producci\u00f3n y el consumo ilimitado de bienes (Fromm la llama \u00abla gran promesa de progreso ilimitado\u00bb). El fracaso de la gran promesa, incluso en el aspecto sanitario, deja al hombre contempor\u00e1neo m\u00e1s vulnerable en su salud y, por a\u00f1adidura, expropiado del propio cuerpo.<\/p>\n<p>Esta afirmaci\u00f3n puede parecer parad\u00f3jica referida a los grandes consumidores de cuidados m\u00e9dicos en que nos hemos convertido. El hombre de hoy est\u00e1 morbosamente atento a la menor disfunci\u00f3n de su cuerpo. A la m\u00e1s leve indisposici\u00f3n, est\u00e1 ya en la consulta del m\u00e9dico. La pr\u00e1ctica de los ex\u00e1menes preventivos (screening sistem\u00e1tico de la poblaci\u00f3n) le obligan a comportarse como enfermo ya antes de denunciar un malestar cualquiera. La expropiaci\u00f3n del cuerpo pasa justamente por estos modelos de comportamiento difundidos por la praxis sanitaria moderna. Entre el hombre y su cuerpo se ha introducido la gran m\u00e1quina de la ciencia. La jerga cient\u00ed\u00adfica reemplaza al habla com\u00fan; el paciente no sabe ya hablar de su cuerpo y de su mal. El lenguaje se convierte en propiedad exclusiva del personal sanitario. El enfermo las m\u00e1s de las veces ya no sabe de qu\u00e9 enfermedad se le cura y a qu\u00e9 terapia se le somete. Los profesionales de la sanidad hablan en \u00abmarciano\u00bb y nadie hace de int\u00e9rprete para el pobre terrestre. Incluso es deseable que el enfermo no se interfiera, a fin de no obstaculizar la tarea de quien se ocupa de su curaci\u00f3n. El paciente abdica en favor del m\u00e9dico, al cual atribuye la capacidad de comprender su propio cuerpo. Con frecuencia, ni siquiera sospecha que de ese modo se cierra el camino m\u00e1s seguro para entender el lenguaje de su cuerpo.<\/p>\n<p>Con ello reduce el cuerpo a una m\u00e1quina estropeada, en la cual s\u00f3lo el t\u00e9cnico puede poner la manos con competencia. Sin embargo, el cuerpo es un organismo -el \u00absuyo\u00bb precisamente-que habla un lenguaje suficientemente claro. Cualquier cultura tradicional pon\u00ed\u00ada en condiciones de comprender el lenguaje del propio cuerpo. Nosotros, los supermedicados, parece que nos hemos vuelto sordos y ciegos respecto del mismo. Tratamos con brutalidad su delicada estructura biol\u00f3gica, como si el constante stress en que nos encontramos inmersos fuese una condici\u00f3n normal. Cuando el cuerpo se rebela, le damos, como a un asno terco, un latigazo farmacol\u00f3gico. El desmedido consumo de f\u00e1rmacos se ha convertido en una epidemia en nuestra sociedad: un tranquilizante para dormir y un energ\u00e9tico para estar en forma. Expropiados de la gesti\u00f3n de la propia salud, del cuerpo y de su lenguaje, el recurso a la automedicaci\u00f3n farmacol\u00f3gica parece haberse convertido en el \u00fanico modo de sentirse amos del propio cuerpo.<\/p>\n<p>Para el hombre industrializado, escribe Blich, \u00abtomar una medicina, no importa cu\u00e1l y por qu\u00e9 motivo, es una \u00faltima posibilidad de afirmar el dominio sobre s\u00ed\u00ad mismo, de manipular \u00e9l mismo su propio cuerpo en lugar de dejar que lo manipulen otros. La invasi\u00f3n farmac\u00e9utica le lleva a la medicaci\u00f3n, por s\u00ed\u00ad mismo o por otro, lo cual reduce su capacidad de dominar un cuerpo que todav\u00ed\u00ada est\u00e1 en condiciones de curarse\u00bb (ib, 86).<\/p>\n<p>La denuncia del impasse a que nos han conducido la medicina tecnol\u00f3gica y la asistencia sanitaria de la sociedad de consumo no predica el catastrofismo. Pretende m\u00e1s bien detener la epidemia yatrog\u00e9nica, mientras a\u00fan es posible. El aspecto positivo de la denuncia es una invitaci\u00f3n para que el \u00abprofano\u00bb reivindique el control de su propia salud y de su propio cuerpo. Los que tienen alguna esperanza en el hombre, conf\u00ed\u00adan en su conciencia, autodisciplina y recursos interiores. Dirigen al individuo, despojado por la instituci\u00f3n sanitaria de toda capacidad aut\u00f3noma de afrontar las vicisitudes de la propia vida f\u00ed\u00adsica, la invitaci\u00f3n a apropiarse nuevamente el cuerpo para vivir como protagonista la aventura de la salud. Esto implica una acci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica en favor del derecho concreto de cada uno al acto productivo aut\u00f3nomo, gracias a una amplia desprofesionalizaci\u00f3n de las curas, el acceso de la gente a los conocimientos m\u00e9dicos necesarios para las enfermedades m\u00e1s corrientes y la libre entrada en una farmacopea simplificada. Desde el punto de vista antropol\u00f3gico, hay que reafirmar \u00abla salud como virtud\u00bb, para usar una f\u00f3rmula incisiva de lllich. Como tarea que es preciso asumir personalmente, requiere una responsabilidad frente al dolor, la enfermedad y la muerte. Tal es la alternativa humanista al culto casi religioso que la medicina pretende del hombre de la era tecnol\u00f3gica.<\/p>\n<p>II. Cuerpo y vida espiritual<br \/>\nLos movimientos m\u00e1s activos y creadores de la cultura contempor\u00e1nea expresan la b\u00fasqueda de una relaci\u00f3n con el cuerpo diversa de la impuesta por el modelo cultural dominante. Superado el momento puramente reivindicativo, la recuperaci\u00f3n de la dimensi\u00f3n corporal no aspira a ser antit\u00e9tica al esp\u00ed\u00adritu y a sus valores, sino inclusiva de ellos. La vuelta al cuerpo no es ya, pues, un repliegue regresivo, casi un retorno a la experiencia corporal infantil, sino m\u00e1s bien el descubrimiento de una cuarta dimensi\u00f3n\u00c2\u00b0f, en la cual est\u00e1n rec\u00ed\u00adprocamente implicadas experiencia del cuerpo y experiencia del esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Esta visi\u00f3n integrada y din\u00e1mica del hombre, m\u00e1s que a cualquier antropolog\u00ed\u00ada dualista, interpela a quien se remite al mundo b\u00ed\u00adblico. Para hablar del hombre en la Biblia se usan tres t\u00e9rminos: cuerpo, alma y esp\u00ed\u00adritu. No se trata de tres componentes del hombre, sino de tres t\u00e9rminos que designan siempre al hombre entero, haciendo cada uno referencia a aspectos diversos de lo que constituye la experiencia humana concreta e indivisa. Se sigue de ah\u00ed\u00ad que, seg\u00fan la antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica -lo mismo que seg\u00fan el enfoque contempor\u00e1neo del cuerpo-, psiquismo y cuerpo no pueden ser ajenos a la vida espiritual. La realizaci\u00f3n espiritual puede pasar tambi\u00e9n a trav\u00e9s de ese delicado y minucioso trabajo en que parece empe\u00f1ado s\u00f3lo el cuerpo. V\u00e9ase, por ejemplo, el Yoga.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n para el hombre contempor\u00e1neo, que se considera todo entero \u00abcuerpo\u00bb, hay una vida en el esp\u00ed\u00adritu. M\u00e1s a\u00fan, en el Esp\u00ed\u00adritu. Existe un modo de buscar a Dios que da la preferencia a la experiencia individual, comprendida la que se concentra en el cuerpo.<\/p>\n<p>Necesariamente surge una tensi\u00f3n dial\u00e9ctica con otros modos de buscar a Dios, en primer t\u00e9rmino con los que dan la primac\u00ed\u00ada al compromiso (convertido hoy en acci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica, militante). Se trata de la vieja oposici\u00f3n entre la acci\u00f3n y la contemplaci\u00f3n [ ,-,&#8217;Contemplaci\u00f3n II, 31, tan vieja como el cristianismo. Todav\u00ed\u00ada hoy no est\u00e1 resuelta, quiz\u00e1 porque no admite soluci\u00f3n. En compensaci\u00f3n, hoy resulta m\u00e1s claro que nadie tiene derecho a monopolizar la b\u00fasqueda de Dios identific\u00e1ndola con la propia. Ambos polos, el de la lucha y el de la contemplaci\u00f3n, son necesarios a la Iglesia y han de permanecer en di\u00e1logo constante. Incluso dentro de cada cristiano. La militancia necesita sacar fuerzas de lo profundo de la oraci\u00f3n; la contemplaci\u00f3n requiere encarnarse en la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Un aspecto singular de la oraci\u00f3n cristiana de nuestros d\u00ed\u00adas es el redescubrimiento del cuerpo. As\u00ed\u00ad lo demuestran dos experiencias espirituales, que probablemente se estimar\u00e1n marginales en el panorama general del hecho cristiano. Mas no por ello son menos t\u00ed\u00adpicas. Realmente, tanto la oraci\u00f3n para obtener la curaci\u00f3n como la meditaci\u00f3n corp\u00f3rea muestran la impronta inconfundible del esp\u00ed\u00adritu que distingue a nuestra \u00e9poca.<\/p>\n<p>1. SALVACI\u00ed\u201cN POR EL CUERPO EN LA RENOVACI\u00ed\u201cN CARISM\u00ed\u0081TICA &#8211; La salvaci\u00f3n cristiana se dirige al hombre entero: cuerpo, esp\u00ed\u00adritu y alma. Los creyentes ganados por el movimiento carism\u00e1tico [ Carism\u00e1ticos] hab\u00ed\u00adan de descubrir esta verdad, y justamente ellos, acusados generalmente de \u00abespiritualismo\u00bb. hab\u00ed\u00adan de recordar a todos los cristianos el papel del cuerpo en la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En los grupos de oraci\u00f3n neopentecostales, el cuerpo ocupa por lo general un puesto central. La oraci\u00f3n no se concibe de modo cerebral o intelectual, sino que entusiasma y conlleva la participaci\u00f3n de todo el ser. Las manos se adue\u00f1an del ritmo para subrayar el canto, los miembros se sueltan, la oraci\u00f3n en lenguas brota espont\u00e1neamente. El cuerpo entero, hecho para la comunicaci\u00f3n interpersonal, vive con intensidad este destino suyo originario.<\/p>\n<p>La valoraci\u00f3n del cuerpo dentro de los grupos de oraci\u00f3n carism\u00e1ticos deb\u00ed\u00ada, sin embargo, llevar m\u00e1s lejos, hasta el redescubrimiento del carisma de la curaci\u00f3n. \u00abLa fe cura\u00bb, tal es la experiencia cotidiana en los grupos de oraci\u00f3n. El antecedente cultural de esta fusi\u00f3n de fe y terapia lo constituye, especialmente en Am\u00e9rica, una tradici\u00f3n, que se remonta al siglo pasado, de curadores carism\u00e1ticos. Est\u00e1n afincados en las sectas, la m\u00e1s conocida de las cuales es la Christian Science. Estos fen\u00f3menos permanecieron al margen de las iglesias institucionales, en particular a las de la Reforma, tradicionalmente hostiles (con alguna excepci\u00f3n) a expresiones emotivas que se salen del puro servicio de la Palabra. En general, las curaciones milagrosas que tienen lugar en las sectas no gozan de buena reputaci\u00f3n. Se las suele asociar a maquinaciones de fan\u00e1ticos, al uso de violentas sugestiones de masa y a exorcismos supersticiosos. El peligro de abuso es real. Sin embargo, la funci\u00f3n de las sectas ha sido siempre recordar a la Iglesia carencias, omisiones o desviaciones de lo que es originario en el mensaje cristiano. Es f\u00e1cil distanciarse con suficiencia y conmiseraci\u00f3n de las iniciativas de las sectas; m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil, pero m\u00e1s \u00fatil para las iglesias, es intentar aceptar lo que hay de genuino en sus instancias.<\/p>\n<p>La experiencia de curaciones mediante la fe entre los carism\u00e1ticos cat\u00f3licos no se injerta directamente en la tradici\u00f3n sectaria. Su antecedente inmediato es una pr\u00e1ctica m\u00e1s moderada, establecida en las comunidades eclesiales que le hab\u00ed\u00adan concedido derecho de ciudadan\u00ed\u00ada. En los decenios pasados, tuvo lugar una cierta decantaci\u00f3n, sobre todo en ambientes episcopalianos y presbiterianos. Progresivamente se fueron estableciendo criterios para tutelar la calidad de las curaciones: tender a que el fin \u00faltimo de los servicios de curaci\u00f3n fuera la adoraci\u00f3n; comprender en qu\u00e9 sentido la enfermedad puede depender de una disociaci\u00f3n en la relaci\u00f3n con Dios y con el pr\u00f3jimo; mantener el contacto con los m\u00e9dicos y no subvalorar la utilidad de las curas t\u00e9cnicas; prevenir toda atm\u00f3sfera de excitaci\u00f3n malsana; no pasar a la imposici\u00f3n de las manos sino como cl\u00ed\u00admax de un largo camino de oraci\u00f3n, y no ya como acto m\u00e1gico ante un auditorio sediento de sensacionalismo.<\/p>\n<p>La pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n para la curaci\u00f3n que encontramos en los grupos de oraci\u00f3n y renovaci\u00f3n cat\u00f3lica, est\u00e1 en armon\u00ed\u00ada con este clima espiritual. Las reservas sobre el uso indiscriminado de los poderes de curaci\u00f3n siguen dej\u00e1ndose sentir; incluso, seg\u00fan un observador conspicuo, \u00ablos cat\u00f3licos romanos tienden a acercarse al curador por medio de la fe con una desconfianza y un escepticismo inmensos. Sospechan un enga\u00f1o encaminado a halagar a los creyentes y a empujarlos a los errores del fanatismo entusiasta\u00bb (D. Gelpi). Los pentecostales cat\u00f3licos se resisten a usar el t\u00e9rmino \u00abtaumaturgo\u00bb para designar a las personas que parecen poseer el carisma de curar. En su lenguaje, el poder de dar la salud es exclusivo de Dios; gracias al bautismo y al don del Esp\u00ed\u00adritu, todo creyente participa de \u00e9l. Quiere esto decir que se pone a su disposici\u00f3n el poder de Dios, ya sea que se constituya en un ministro reconocido o no. Los ministros de estos carismas no se conducen como taumaturgos, sino como orantes. Son hermanos que rezan por otros hermanos, y no poseedores de un poder aut\u00f3nomo.<\/p>\n<p>El redescubrimiento de la oraci\u00f3n colectiva para la curaci\u00f3n de los enfermos tuvo lugar espont\u00e1neamente al hilo de los acontecimientos entusiastas que caracterizan los comienzos del movimiento carism\u00e1tico. Al presente, se ha convertido en una praxis com\u00fan de los grupos de oraci\u00f3n. \u00abLos carism\u00e1ticos no dan la impresi\u00f3n de querer implantar un cierto oficio de constataci\u00f3n m\u00e9dica, como tampoco se ocupan de registrar el hablar en lenguas para ver si hay alguna lengua extranjera. Viven los carismas en funci\u00f3n del encuentro con Dios y con los hombres. Lo que les importa es que el Se\u00f1or est\u00e1 vivo hoy como ayer, que la salvaci\u00f3n no concierne al `alma&#8217; solamente, sino a todo el hombre, comprendido el cuerpo, y que en este campo ni siquiera el evangelio predica la resignaci\u00f3n, sino m\u00e1s bien la esperanza\u00bb (R. Laurentin).<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n para la curaci\u00f3n se recita las m\u00e1s de las veces en sesiones de oraci\u00f3n aparte, que tienen lugar despu\u00e9s de los encuentros regulares de grupo. La oraci\u00f3n com\u00fan va acompa\u00f1ada de la imposici\u00f3n de las manos, a manera de gesto de comuni\u00f3n cristiana con el que sufre. Nunca es una sola la persona que reza e impone las manos. En los grupos pentecostales cat\u00f3licos, el ministerio de las curaciones es comunitario, no individual. Se tiene cuidado de evitar el milagrismo. Por lo dem\u00e1s, la misma curaci\u00f3n no se considera como un suceso f\u00ed\u00adsico que deja boquiabiertos y perplejos a los representantes de la ciencia. Se la mira como un proceso que comienza con la curaci\u00f3n \u00ed\u00adntima espiritual, es decir, con la experiencia de haber sido cogidos por Jes\u00fas y colocados en la vida misma de la familia de Dios. La curaci\u00f3n fundamental consiste en la conversi\u00f3n misma. De la certeza de esta presencia de la salvaci\u00f3n en la existencia propia renovada, brota una fuerza nueva para afrontar los males de la vida, presente y pasada. Cualquier experiencia de rechazo, opresi\u00f3n, de falta de amor puede ser curada, comprendidas las heridas provocadas por las vicisitudes traum\u00e1ticas del pasado.<\/p>\n<p>A los carism\u00e1ticos les gusta hablar a este respecto de \u00abcuraci\u00f3n de la memoria\u00bb. Con esta expresi\u00f3n se quiere indicar la purificaci\u00f3n de los sentimientos subconscientes de ansiedad, miedo, vac\u00ed\u00ado e inutilidad. El supuesto para la soluci\u00f3n de los problemas es de \u00ed\u00adndole emotiva. Se atribuye un gran poder terap\u00e9utico a la paz interior; cuando la conciencia est\u00e1 llena de amor, de alegr\u00ed\u00ada, de paz, de paciencia, de bondad, de benevolencia, de fe, de dulzura, de dominio de s\u00ed\u00ad (o sea, de cuanto llama Pablo en G\u00e1l 5.22 \u00abfrutos del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb). posee una fuerza de curaci\u00f3n contra todo mal, comprendidas las enfermedades del cuerpo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la oraci\u00f3n comunitaria, tienen lugar tambi\u00e9n curaciones de males f\u00ed\u00adsicos. Seg\u00fan el testimonio autorizado de Mac Nutt, \u00abla mitad de aquellos por cuya curaci\u00f3n rezamos son curados (o mejorados notablemente) de sus enfermedades f\u00ed\u00adsicas, y cerca de las tres cuartas partes de ellos, de sus problemas emocionales o espirituales\u00bb.<\/p>\n<p>Curaci\u00f3n, incluso extraordinaria, no quiere decir milagro. Al menos no en el sentido de la apolog\u00e9tica. Lo que interesa no es la comprobaci\u00f3n de un hecho que constituya una excepci\u00f3n dentro de las leyes naturales y permita casi sorprender a Dios en acci\u00f3n para demostrarlo al incr\u00e9dulo. El misterio de las curaciones recupera el aspecto religioso de la curaci\u00f3n misma. Es un momento del encuentro con Dios, el cual se hace presente con sus dones. Pero es Dios mismo, no sus dones, lo que est\u00e1 en el centro del inter\u00e9s del creyente. No se reza para poner el poder de Dios al servicio del hombre. Se prefiere el encuentro personal al resultado, la acci\u00f3n de gracias a la s\u00faplica. Los servicios de curaci\u00f3n tienden a restablecer la relaci\u00f3n existencial del hombre consigo mismo, con Dios y con los dem\u00e1s. La fe que cura es la fe que crea relaciones de comuni\u00f3n, la fe que abre al amor. La comunidad de los creyentes descubre as\u00ed\u00ad que posee una funci\u00f3n terap\u00e9utica singular. No porque brinda asilo y \u00e1nimo a los \u00abcuradores\u00bb, a los cuales tampoco la sociedad moderna, a pesar de la medicina cient\u00ed\u00adfica, parece dispuesta todav\u00ed\u00ada a renunciar. La comunidad cristiana cura en la medida en que se convierte en lo que debe ser: la casa de quienes son v\u00ed\u00adctima del poder de marginaci\u00f3n y disociaci\u00f3n del mal en todas sus formas. As\u00ed\u00ad pues, es un reflejo aut\u00e9ntico del Esp\u00ed\u00adritu y ofrece a los enfermos, disminuidos, ancianos, a los que sufren en el cuerpo y en el esp\u00ed\u00adritu, el espacio en que son posibles relaciones humanas de acercamiento, aceptaci\u00f3n, sost\u00e9n y consuelo; lo que el hombre necesita para reconciliarse con la vida y dejar actuar a las fuerzas de curaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad, tambi\u00e9n las comunidades cristianas del siglo xx pueden ser un reflejo fiel de Aquel que \u00abpas\u00f3 haciendo el bien y curando\u00bb (cf He 10,38).<\/p>\n<p>2. MEDITACI\u00ed\u201cN CORP\u00ed\u201cREA &#8211; Desde el punto de vista de la historia de la espiritualidad cristiana, nuestro modo de orar (silencioso, intelectual, voluntarista y con plena exclusi\u00f3n de la participaci\u00f3n del cuerpo) es algo singular y sin precedentes. M\u00e1s que una expresi\u00f3n de la tradici\u00f3n, se considera una invasi\u00f3n subrepticia de puritanismo. En contraste, basta pensar en la tradici\u00f3n de la \u00aboraci\u00f3n pura\u00bb, cultivada en el cristianismo oriental por el movimiento hesicasta. Intentando hacer \u00abdescender\u00bb el entendimiento al coraz\u00f3n, los orantes quer\u00ed\u00adan llegar a tener conciencia de la presencia divina. El medio privilegiado se consideraba la \u00aboraci\u00f3n de Jes\u00fas\u00bb (la invocaci\u00f3n: \u00abSe\u00f1or Jes\u00fas, Hijo de Dios, ten misericordia de m\u00ed\u00ad, que soy un pecador\u00bb), repetida sin parar, al ritmo de la respiraci\u00f3n. La \u00aboraci\u00f3n pura\u00bb es, en efecto, algo completamente distinto de un mentalismo enrarecido. Se sirve de t\u00e9cnicas, como el control de la respiraci\u00f3n, que encuentran un impresionante paralelo en las t\u00e9cnicas de concentraci\u00f3n de las religiones asi\u00e1ticas.<\/p>\n<p>Tampoco la tradici\u00f3n cristiana conoce, hasta los umbrales de la \u00e9poca moderna, la desconfianza con respecto al cuerpo en la oraci\u00f3n. Son conocidas las indicaciones precisas sobre las posturas del cuerpo que da san Ignacio en los Ejercicios espirituales. Tambi\u00e9n la espiritualidad dominicana, aparentemente tan intelectual, concede al cuerpo un puesto conveniente. Santo Tom\u00e1s (S. Th. II-II, q. 84, a. 2) ense\u00f1a que la oraci\u00f3n corporal es perfectamente v\u00e1lida y buena, si bien nuestro coraz\u00f3n y nuestro esp\u00ed\u00adritu no est\u00e1n en ella totalmente ocupados. La teolog\u00ed\u00ada del Aquinate se beneficiaba indirectamente de las ricas ense\u00f1anzas sobre la oraci\u00f3n corporal que el mismo santo Domingo hab\u00ed\u00ada dejado en herencia a su orden. De ello da testimonio un documento redactado probablemente despu\u00e9s de su muerte: \u00abLas nueve maneras de orar de santo Domingo\u00bb [cf VS, 56 (1974), 879-887]. Hemos de reconocerle al santo una gran libertad e inventiva en el gesto. Su oraci\u00f3n comprende inclinaciones profundas y lentas, postraciones, genuflexiones frecuentes, abandonarse a las l\u00e1grimas (que una larga tradici\u00f3n tambi\u00e9n lit\u00fargica considera un don), permanecer \u00absobre la punta de los pies, con las manos levantadas hacia el cielo\u00bb&#8230;<\/p>\n<p>Refiri\u00e9ndose a esta tradici\u00f3n, podremos sentirnos animados a estar menos inhibidos en el movimiento y uso del cuerpo en la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de la tradici\u00f3n propia del cristianismo, existen en otros \u00e1mbitos religiosos experiencias de oraci\u00f3n corp\u00f3rea de valor universal. Es posible que entre las diversas tradiciones existan influencias rec\u00ed\u00adprocas. Una de las novedades m\u00e1s clamorosas de estos \u00faltimos a\u00f1os es justamente la invasi\u00f3n de Occidente por la meditaci\u00f3n oriental, especialmente en la forma asumida por el budismo Zen, proveniente del Jap\u00f3n.<\/p>\n<p>El Zen (el t\u00e9rmino equivale a \u00abconcentraci\u00f3n\u00bb, \u00abmeditaci\u00f3n sentada\u00bb) no es propiamente ni una religi\u00f3n, ni una filosof\u00ed\u00ada. Es fundamentalmente una experiencia personal y existencial, que no puede representarse en t\u00e9rminos discursivos. La iluminaci\u00f3n (en japon\u00e9s, satori) es una experiencia que hace tocar el fondo del ser. Sin embargo, el que la ha vivido la presenta como la cosa m\u00e1s natural, m\u00e1s en consonancia con la naturaleza del hombre. Es una reconquista del significado elemental de las cosas y de uno mismo mediante una adhesi\u00f3n inmediata al objeto, sin mediaciones de conceptos y palabras. El supuesto para ser pose\u00ed\u00addo por esta experiencia es el abandono de la guardia intelectual.<\/p>\n<p>El movimiento Zen fue introducido en Am\u00e9rica hacia finales del siglo pasado y se ha difundido en centros de nivel cient\u00ed\u00adfico y universitario. Su principal divulgador fue Alan Watts, y D. T. Suzuki fue uno de los maestros m\u00e1s escuchados45. Luego, el Zen se puso de moda en la \u00e9poca de la generaci\u00f3n beat. Los j\u00f3venes en rebeld\u00ed\u00ada contra la concepci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica convencional del hombre y de la naturaleza creyeron que hab\u00ed\u00adan encontrado en el Zen algo de que ten\u00ed\u00adan necesidad e hicieron libre uso de cuanto hab\u00ed\u00adan entendido de aquella ex\u00f3tica tradici\u00f3n. Quiz\u00e1 lo que los j\u00f3venes han tomado por Zen tenga escasas relaciones con la tradici\u00f3n original; lo que ellos dedujeron fue sobre todo un rechazo de cuanto es positivista y cerebral en sentido constrictivo.<\/p>\n<p>En Europa, sobre todo en el \u00e1mbito alem\u00e1n, el inter\u00e9s por el Zen ha tenido una motivaci\u00f3n espec\u00ed\u00adficamente religiosa. Por medio de P. Enomiya-Lasalle y, sobre todo, de K. D\u00fcrckheim, que se iniciaron personalmente en los monasterios budistas japoneses, el Zen se ha difundido como una t\u00e9cnica de meditaci\u00f3n perfectamente asimilable por los cristianos.<\/p>\n<p>A prop\u00f3sito de la comprensi\u00f3n europea del Zen, se plantea la cuesti\u00f3n de su correspondencia con el original. A pesar de todos los intentos de concordismo, los hombres religiosos de Occidente son conscientes de que lo que se practica en Oriente y en Occidente con el nombre de meditaci\u00f3n es profundamente diverso. La meditatio cristiana es una actividad espiritual que conduce del mundo experimentable a Dios que se revela, a su palabra y obra de salvaci\u00f3n [>Meditaci\u00f3n I]. Es esencialmente religiosa y exige una presencia activa del sujeto, que reflexiona y elabora. Encambio, en la \u00abcontemplaci\u00f3n\u00bb, que tambi\u00e9n es tradicional en Occidente, el creyente accede a una paz profunda e \u00ed\u00adntima, en actitud de acogimiento [>Contemplaci\u00f3n IV]. La meditaci\u00f3n budista, por el contrario, \u00abno tiene objeto\u00bb. No es concentraci\u00f3n de tipo meditativo; no es ni siquiera contemplaci\u00f3n, puesto que tiende a mantener la mente completamente vac\u00ed\u00ada de toda presencia cognoscitivo-conceptual. El efecto de la meditaci\u00f3n Zen es la sensaci\u00f3n de la no-diferencia entre el yo y el mundo exterior. Espont\u00e1neamente, sin poner intenci\u00f3n alguna, el que medita ve caer las barreras formales entre sujeto y objeto, entre esp\u00ed\u00adritu y contenido del esp\u00ed\u00adritu, entre idea y cosa proyectada en la idea.<\/p>\n<p>Lo que hoy, como consecuencia del fecundo influjo del Zen, se difunde entre los cristianos con el nombre de \u00abmeditaci\u00f3n\u00bb, no coincide exactamente con lo que este t\u00e9rmino designa en las respectivas tradiciones de Oriente y de Occidente. Del Zen se ha tomado la t\u00e9cnica; de la meditaci\u00f3n cristiana, la intenci\u00f3n profunda. \u00abPreparar al hombre a la experiencia del Ser, abrirlo a la v\u00ed\u00ada de la metamorfosis mediante el contacto con el Ser, tal es el fin de toda pr\u00e1ctica meditativa\u00bb (K. D\u00fcrckheim). Luego no es una b\u00fasqueda de tipo racional, una reflexi\u00f3n sobre un tema; pero tampoco la iluminaci\u00f3n oriental, que denuncia al yo y al mundo como ilusiones. M\u00e1s bien se trata de una v\u00ed\u00ada experiencia) hacia lo Absoluto, un camino hacia la \u00abrealidad segunda\u00bb, como la ha llamado Balthazar Staehelin, o sea, la conciencia de pertenecer a lo que no es finito. La meditaci\u00f3n consiste en encontrar un \u00abcentro\u00bb que haga transparente la realidad segunda.<\/p>\n<p>Al descubrimiento del verdadero centro est\u00e1 vinculada una relaci\u00f3n diferente consigo mismo, con los dem\u00e1s y con el mundo; otro estilo de vida, otro modo de ser. La meditaci\u00f3n es, pues, un camino de transformaci\u00f3n. El proceso tiene lugar en nosotros, en nuestro cuerpo, gracias a nuestro cuerpo. Por eso preferimos dar a esta pr\u00e1ctica el nombre de meditaci\u00f3n corp\u00f3rea. Veamos ahora sus elementos constitutivos.<\/p>\n<p>La meditaci\u00f3n es un proceso que nos conduce a lo m\u00e1s rec\u00f3ndito de nuestra intimidad, haci\u00e9ndonos estar plenamente recogidos y pacificados en profundidad. El estilo de vida actual se caracteriza por un torbellino hacia la periferia. Con ello se ve comprometido el contacto con los estratos profundos de la persona. El centro de gravedad tiende a desplazarse hacia estratos que nos representamos como superiores, a saber, la raz\u00f3n, que piensa con claridad l\u00f3gica, y la voluntad intencional. Es cuanto idealmente localizamos en la cabeza. Este desplazamiento se realiza a expensas del contacto con los estratos m\u00e1s profundos, a saber, los de la experiencia vital y la intuici\u00f3n, donde no se trata ya de la raz\u00f3n o la cabeza, sino de algo que localizamos m\u00e1s abajo.<\/p>\n<p>La estructura psicol\u00f3gica del hombre metropolitano contempor\u00e1neo tiene una correspondencia propiamente fisiol\u00f3gica. La tendencia a la actividad fren\u00e9tica y a la realizaci\u00f3n personal en las prestaciones intelectuales y volitivas se traduce en una relaci\u00f3n particular con el cuerpo. La percepci\u00f3n del cuerpo est\u00e1 atrofiada. \u00abEn la pr\u00e1ctica, el sentido menos desarrollado y que, sin embargo, es el m\u00e1s \u00fatil para la personalidad (comprendida la personalidad moral), es el sentido interno y autoperceptivo. Los otros cinco sentidos le dejan al esp\u00ed\u00adritu la posibilidad de huir, de absorberse o proyectarse en el objeto visto, escuchado, tocado, olido o gustado. En cambio, el sentido interno, que s\u00f3lo revela m\u00e1s o menos oscuramente el cuerpo en s\u00ed\u00ad mismo en su sustancia viviente, somete a dura prueba a la inteligencia, siendo precisamente esta prueba la que es saludable. En efecto, la presencia efectiva al sentido interno le pide a mi esp\u00ed\u00adritu que deje la pantalla mental, para olvidarse en cierto modo en beneficio de la sustancia difusa en el volumen de mis miembros y de todo mi cuerpo. Si reconoce sinceramente esta sustancia en s\u00ed\u00ad misma, la aceptar\u00e1 como irreducible a sus conceptos, aunque \u00ed\u00adntimamente asociada al \u00fanico objeto, que soy yo. Surge aqu\u00ed\u00ad una humildad fundamental, sin la cual no parece accesible ning\u00fan otro grado de humildad\u00bb [A. Besnard en VS, 56 (1974), 815].<\/p>\n<p>Tomar el camino del mundo interior, romper el contacto con el ambiente para recogerse en uno mismo, concentrarse para abandonar las playas de la vida inaut\u00e9ntica, la superficie inmediata de la existencia, todo esto se ha entendido siempre como la esencia del proceso meditativo. Lo que hay de caracter\u00ed\u00adstico en la meditaci\u00f3n influenciada por las pr\u00e1cticas orientales es que todo este proceso se condensa en la reconquista del centro natural del cuerpo. Se ha difundido tambi\u00e9n en los ambientes cristianos que practican la meditaci\u00f3n corp\u00f3rea el t\u00e9rmino japon\u00e9s con que se designa el centro ideal: hara. De suyo, la palabra significa \u00abvientre\u00bb. Sin embargo, indica una actitud de conjunto, comprensiva tanto del alma como del cuerpo, en la que el centro de gravitaci\u00f3n de la persona est\u00e1 en el vientre; las fuerzas que mantienen al hombre en pie est\u00e1n en estado de relax, la profundidad puede ejercer su influjo reequilibrador y el ser humano entero est\u00e1 abierto y disponible al contacto con el misterio del ser. El hara crece en la meditaci\u00f3n hasta convertirse en la disposici\u00f3n habitual del hombre.<\/p>\n<p>El instrumento privilegiado para acceder a este centro natural del cuerpo y disponerse con ello al acontecimiento meditativo es la t\u00e9cnica de la respiraci\u00f3n. Tambi\u00e9n \u00e9sta se ha tomado de la tradici\u00f3n oriental, que ha dedicado a la respiraci\u00f3n una atenci\u00f3n sin parang\u00f3n en las culturas occidentales. La respiraci\u00f3n no es s\u00f3lo un proceso fisiol\u00f3gico que asegura al organismo su reserva de ox\u00ed\u00adgeno, sino un fen\u00f3meno que implica a todo el hombre. Es expresi\u00f3n de los procesos ps\u00ed\u00adquicos (las diversas modalidades de respiraci\u00f3n: de prisa o despacio, cortada o libre, superficial o amplia y profunda, est\u00e1n ligadas a estados de \u00e1nimo diversos); a su vez, la respiraci\u00f3n puede influir profundamente en estos procesos ps\u00ed\u00adquicos y emotivos.<\/p>\n<p>La distorsi\u00f3n del equilibrio mediante la ruptura con los estratos profundos y el desplazamiento del centro de gravedad hacia la cabeza, de que se resiente nuestra cultura, se manifiesta tambi\u00e9n en la respiraci\u00f3n. Esta queda bloqueada inconscientemente en la parte superior del cuerpo, creando la tensi\u00f3n subsiguiente. La respiraci\u00f3n tor\u00e1cica tiende as\u00ed\u00ad a sustituir a la del diafragma. Este m\u00fasculo, que es el gran mediador de la respiraci\u00f3n profunda, cae en la inmovilidad y se atrofia. De ordinario, el movimiento de espiraci\u00f3n no es llevado hasta el final: se ve frenado, traduciendo as\u00ed\u00ad una angustia visceral, el miedo a morir (a \u00abexpirar\u00bb, precisamente). Ello impide esperar la nueva inspiraci\u00f3n como un don a recibir con reconocimiento. Se \u00abhace\u00bb la respiraci\u00f3n, en lugar de \u00abdejarla hacerse\u00bb. Este modo de respirar es una manipulaci\u00f3n del movimiento natural de la vida que agrupa nuestras tensiones y constituye un obst\u00e1culo para la transformaci\u00f3n. La respiraci\u00f3n tor\u00e1cica es la expresi\u00f3n fisiol\u00f3gica del querer intencional, de la voluntad de autoafirmaci\u00f3n y de la excitaci\u00f3n permanente.<\/p>\n<p>La recuperaci\u00f3n de la respiraci\u00f3n diafragm\u00e1tica y de su ritmo natural permite restablecer la conexi\u00f3n con los estratos profundos del ser. Al reencontrar nuestras ra\u00ed\u00adces, enlazamos con aquella parte de nosotros mismos que escapa a nuestra voluntad. El modo de respirar de una persona revela su postura general frente a la vida. Cuando la respiraci\u00f3n vuelve a ser un abandono armonioso a la naturaleza con su ritmo de muerte y renacimiento, se ha establecido la premisa para la transformaci\u00f3n existencial a que tiende la meditaci\u00f3n. Se respira, pues, en el vientre -el hara-, que es de hecho el centro geom\u00e9trico del cuerpo. La respiraci\u00f3n diafragm\u00e1tica comunica calma y hace ser uno mismo en profundidad. Respiraci\u00f3n &#8211; distensi\u00f3n &#8211; centro del cuerpo: aspectos diversos del proceso \u00fanico que tiene lugar en la meditaci\u00f3n corp\u00f3rea, es decir, un camino de transformaci\u00f3n que lleva al nacimiento de una estructura nueva (Gestalt).<\/p>\n<p>La respiraci\u00f3n adecuada pone en armon\u00ed\u00ada con el esp\u00ed\u00adritu de la meditaci\u00f3n e introduce en ella. Por definici\u00f3n, no se puede explicar verbalmente, recurriendo a un discurso racional, la experiencia que hace posible la meditaci\u00f3n. Para tener siquiera una idea del proceso interior que se pone en marcha, se nos remite al ritmo cuaternario denominado \u00abrueda de la metamorfosis\u00bb (K. D\u00fcrckheim). Tambi\u00e9n \u00e9ste se ha tomado del budismo Zen.<\/p>\n<p>El ritmo cuaternario lo sugiere el ritmo de la respiraci\u00f3n. Cuando \u00e9sta no est\u00e1 deformada por tensiones ps\u00ed\u00adquicas y contracciones fisiol\u00f3gicas, sino que se desenvuelve con naturalidad, la relaci\u00f3n entre espiraci\u00f3n e inspiraci\u00f3n es de tres a uno (dos tiempos de espiraci\u00f3n y un tiempo de inspiraci\u00f3n). Se puede favorecer el proceso interior uniendo mentalmente a los cuatro tiempos de la respiraci\u00f3n palabras que expresan el significado de los diversos momentos que, en el camino c\u00ed\u00adclico total, conducen a la transformaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las palabras sugeridas por los maestros occidentales de meditaci\u00f3n Zen son: \u00abme dejo\u00bb, \u00abdesciendo\u00bb, \u00abme doy\u00bb, \u00abme recibo\u00bb. Son los cuatro radios cuyo movimiento constituye la \u00abrueda de la metamorfosis\u00bb. El conjunto realiza tambi\u00e9n el ritmo binario de muerte-nacimiento, inscrito en toda respiraci\u00f3n del ser viviente: cada revoluci\u00f3n de la rueda, cada respiraci\u00f3n, contiene en s\u00ed\u00adntesis toda la densidad del camino que se extiende a lo largo de la vida entera. Mientras el cuerpo permanece in-m\u00f3vil, se trata de entrar en el ritmo mismo de la respiraci\u00f3n, en el movimiento lento y profundo del diafragma que va y viene. El primer tiempo es el de la espiraci\u00f3n, que induce a \u00abdejar la presa\u00bb. La respiraci\u00f3n invita a soltar y abandonar la propia persona en cuanto centrada y comprimida en la parte superior del cuerpo, instalada en todo un sistema de seguridades artificiales, defensas y miedos, complejos, roles y disfraces. Abandonado el centro de grave-dad situado arriba, que aprisiona al hombre en el c\u00ed\u00adrculo del peque\u00f1o \u00abyo\u00bb con que nos hemos identificado, se nos prepara a ser invadidos por una conciencia diversa, cuya actitud fundamental no consiste tanto en \u00abquerer hacer\u00bb cuanto en \u00abdejar hacer\u00bb.<\/p>\n<p>A la vez que acompa\u00f1a a la espiraci\u00f3n, la conciencia puede descender a\u00fan m\u00e1s abajo, hacia ese centro de gravitaci\u00f3n, situado en el vientre, que hemos llamado hara. Es el segundo tiempo de la espiraci\u00f3n (\u00abdesciendo\u00bb). La espiraci\u00f3n, dirigida suave pero firmemente hacia abajo, conduce las tensiones, que revelan una falta de confianza total y de abandono, el miedo ante la vida. Desaparecen las contracciones localizadas en el vientre, huella de innumerables represiones. La sensaci\u00f3n de estar en el hara suscita una sensaci\u00f3n de fuerza diversa de la que tiene su origen en la voluntad, y genera progresivamente otra actitud vital. Hablando del \u00abhara\u00bb, D\u00fcrckheim describe as\u00ed\u00ad este estado: \u00abTodo lo que puebla la forma de conciencia habitual ha desaparecido. De improviso, lo que se sent\u00ed\u00ada como un vac\u00ed\u00ado espantoso del yo egoc\u00e9ntrico se convierte en una plenitud que las palabras no podr\u00ed\u00adan expresar y que penetra la persona entera, d\u00e1ndole fuerza, luz y calor\u00bb. Esto es lo que el meditante vive en el v\u00e9rtice de distensi\u00f3n que constituye el tiempo de pausa entre la espiraci\u00f3n y la inspiraci\u00f3n. El dejarse culmina naturalmente en el abandono, en el don completo de si (\u00abme doy\u00bb).<\/p>\n<p>El reflujo de la respiraci\u00f3n no sigue ya por orden de la voluntad, sino por su propia fuerza. Es la cuarta fase. Como un nacimiento, la nueva inspiraci\u00f3n viene por s\u00ed\u00ad misma, se la recibe como un don; se recibe uno a s\u00ed\u00ad mismo como un don (\u00abme recibo\u00bb). Y esto sin abandonar la posici\u00f3n en la ra\u00ed\u00adz del ser, en elcentro de la tierra, lograda en la fase precedente de abandono. Dejando en seguida la presa, sin violencia, la \u00abrueda de la metamorfosis\u00bb se pone de nuevo en movimiento. Con el ejercicio de la meditaci\u00f3n, a medida que la distensi\u00f3n se hace m\u00e1s profunda, el meditante se sumergir\u00e1 m\u00e1s en el movimiento, dej\u00e1ndose aferrar totalmente.<\/p>\n<p>[Para cuanto precede >-Budismo; >Yoga\/Zen].<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad resulta inevitable preguntarse: \u00bfTiene la meditaci\u00f3n corp\u00f3rea un significado religioso o solamente profano? Es sabido que en la tradici\u00f3n oriental no se atribuye a la meditaci\u00f3n un valor religioso, en el sentido de estar vinculado a una fe y una revelaci\u00f3n. En ese \u00e1mbito cultural, la preocupaci\u00f3n principal es una existencia humana rectamente fundada en el centro del ser. En Jap\u00f3n, la educaci\u00f3n tradicional ha desarrollado, adem\u00e1s de la meditaci\u00f3n, una serie de ejercicios -desde el tiro con arco, al arte de entrelazar flores (ikebana) y la ceremonia del t\u00e9- para conseguir la justa disposici\u00f3n, es decir, una existencia vivida a partir del hara&#8217;.<\/p>\n<p>Los mediadores occidentales de la sabidur\u00ed\u00ada oriental han llevado a cabo una reinterpretaci\u00f3n en sentido religioso, ya naturalista, ya propiamente sobrenatural. Han presentado la meditaci\u00f3n como un proceso que permite descubrir la trascendencia en el coraz\u00f3n mismo de la inmanencia, valorizando al m\u00e1ximo el movimiento de unificaci\u00f3n esencial del ser que realiza quien medita. Al descubrir lo que en \u00e9l hay de m\u00e1s profundo, el hombre encontrar\u00ed\u00ada la cara que est\u00e1 siempre vuelta a Dios.<\/p>\n<p>Los cristianos que practican la meditaci\u00f3n corp\u00f3rea atestiguan que obtienen de ella una ayuda para vivir su relaci\u00f3n con Dios cual se la pide la fe cristiana. La meditaci\u00f3n puede ser tambi\u00e9n una experiencia existencial rigurosa de uni\u00f3n con Cristo en su muerte para tener parte con \u00e9l en su resurrecci\u00f3n. Esta es la \u00abrueda de la metamorfosis\u00bb del cristiano. Desde una visi\u00f3n exterior del misterio esencial de la fe cristiana, la meditaci\u00f3n permite acceder a una comprensi\u00f3n interna del mismo. Una comprensi\u00f3n que no la da una sabidur\u00ed\u00ada racional y dial\u00e9ctica, sino una sabidur\u00ed\u00ada que va al encuentro de la revelaci\u00f3n divina recorriendo la v\u00ed\u00ada del cuerpo, tras la huella sutil pero potente del soplo vital. Es la v\u00ed\u00ada que, en sentido inverso, ha seguido el mismo Dios en larevelaci\u00f3n: \u00abY a nosotros nos lo revel\u00f3 Dios mediante su Esp\u00ed\u00adritu (el \u00abruah\u00bb, el soplo de vida), pues el Esp\u00ed\u00adritu lo escudri\u00f1a todo, aun las profundidades divinas. \u00bfQu\u00e9 hombre, en efecto, conoce lo \u00ed\u00adntimo del hombre, sino el esp\u00ed\u00adritu del hombre que est\u00e1 en \u00e9l? As\u00ed\u00ad nadie conoce las cosas de Dios, sino el Esp\u00ed\u00adritu de Dios\u00bb (1 Cor 2,10-11).<\/p>\n<p>III. Conclusi\u00f3n<br \/>\nEl retorno al cuerpo es un tema obligado de la cultura contempor\u00e1nea. La reapropiaci\u00f3n del cuerpo es un hecho. Pero un hecho que hay que interpretar. Muchos discursos ret\u00f3ricos dan a entender que ser\u00ed\u00adamos nosotros la primera generaci\u00f3n que sabe valorar el cuerpo. Pero lo mucho que se habla hoy del cuerpo podr\u00ed\u00ada ser un fen\u00f3meno an\u00e1logo al del \u00abmiembro fantasma\u00bb (fen\u00f3meno por el cual aquellos a los que les ha sido amputado alg\u00fan miembro, lo sienten m\u00e1s vivo y doloroso que nunca); quiz\u00e1 el inter\u00e9s por el cuerpo sea expresi\u00f3n de la angustia derivada del hecho de haber perdido la relaci\u00f3n arm\u00f3nica con el cuerpo.<\/p>\n<p>Es muy cierto que el cuerpo se convierte en tema de discurso a causa de una ruptura que nace de la conciencia ingenua de ser el propio cuerpo. Tal ruptura ha tenido lugar en nuestra cultura. La violencia cotidiana a que est\u00e1 sometido el cuerpo explica de sobra por qu\u00e9 se ha convertido en un s\u00ed\u00adntoma doloroso. \u00abNo hay necesidad de demostrar que nuestro cuerpo est\u00e1 reprimido y atrofiado en nuestra civilizaci\u00f3n t\u00e9cnica, pues todo el mundo lo admite corrientemente (mecanizaci\u00f3n, burocracia, trabajo en cadena&#8230;), hasta el punto de que no es ya el cuerpo el que determina su propio espacio, sino que le viene impuesto por los modos de vida modernos (transporte, h\u00e1bitat&#8230;). Por eso estamos congelados en actitudes estereotipadas, que nos imponen nuestras actividades reguladas y predeterminadas. Hemos perdido la conciencia de lo que es nuestro cuerpo y del dinamismo que posee: al no conocer m\u00e1s que su mera apariencia, lo hemos reducido a ser un instrumento de supervivencia.<\/p>\n<p>Los movimientos centrados en la reapropiaci\u00f3n del cuerpo, partiendo de este s\u00ed\u00adntoma de malestar, formulan proyectos de civilizaci\u00f3n alternativos. Una relaci\u00f3n equilibrada con el cuerpo no es un bien de consumo m\u00e1s que a\u00f1adir a los que promete la sociedad construida sobre el mito del progreso ilimitado. El estar \u00abbien\u00bb (el bienestar) del hombre es s\u00f3lo el que se deriva de un ser \u00abm\u00e1s\u00bb. La experiencia del cuerpo que arranca de la alienaci\u00f3n que hoy conocemos, promueve existencialmente una investigaci\u00f3n antropol\u00f3gica. Es nuestra concepci\u00f3n del hombre lo que se discute y se replantea. La reapropiaci\u00f3n del cuerpo se abre, pues, en definitiva, con el proceso de la hominizaci\u00f3n. El impasse de la civilizaci\u00f3n actual demuestra hasta la evidencia que la hominizaci\u00f3n comprende la vida del esp\u00ed\u00adritu. La humanidad no puede sobrevivir sin un \u00absupervivir\u00bb.<\/p>\n<p>La verdadera reapropiaci\u00f3n del cuerpo no es, pues, una operaci\u00f3n reductiva, sino integrativa. No se trata de realizar el cuerpo contra el esp\u00ed\u00adritu o prescindiendo del esp\u00ed\u00adritu. Los vanguardistas de la nueva humanidad intentan acometer la integraci\u00f3n del cuerpo con el esp\u00ed\u00adritu desde el momento en que es siempre el hombre entero el que est\u00e1 en discusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n algunos cristianos, que respiran el esp\u00ed\u00adritu del tiempo, descubren en la oraci\u00f3n al cuerpo como v\u00ed\u00ada privilegiada para comunicarse con Dios. Miguel Angel lo expres\u00f3 simb\u00f3licamente al pintar la creaci\u00f3n del hombre en la b\u00f3veda de la Capilla Sixtina. En lugar de la creaci\u00f3n por medio de la palabra aparece un contacto personal, sensible; a trav\u00e9s de los dedos que se tocan fluye la corriente que une el cielo con la tierra. Para afirmar la reciprocidad entre Dios y el hombre, el artista no priv\u00f3 del cuerpo al hombre, sino que prest\u00f3 uno a Dios. Nuestra \u00e9poca se siente aguijoneada a explorar el misterio de la corporeidad, lo mismo que otras han explorado el de la espiritualidad. A los cristianos de ma\u00f1ana, m\u00e1s que a los de hoy, les ser\u00e1 permitido vivir el Esp\u00ed\u00adritu con el cuerpo.<\/p>\n<p>S. Spinsanti<br \/>\nBIBL.-AA. VV., El cuerpo y la salvaci\u00f3n, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1975.-AA. VV., Cuerpo, en \u00abCommunio\u00bb, 6 (1980).-Cevallos, N, Apuntes para una antropolog\u00ed\u00ada liberadora, Ed. Claretianas, Bogot\u00e1 1977.-Chenu, M.-D, El evangelio en el tiempo, Estela, Barcelona 1966.-Fern\u00e1ndez Gonz\u00e1lez, J, Antropolog\u00ed\u00ada y teolog\u00ed\u00ada actual, Rev. Agust. de Espiritualidad, Zamora 1977.-Gevaert, J, El problema del hombre. Introducci\u00f3n a la antropolog\u00ed\u00ada filos\u00f3fica, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1976.-H\u00e1ring, B, La moral y la persona, Herder, Barcelona 1973.-Legrain, M, Le corps humean. Du soupgon \u00f3 l&#8217;\u00e9vangelisation, Centurion, Par\u00ed\u00ads 1978.-Robinson, J. A. T, El cuerpo. Estudio de teolog\u00ed\u00ada paulina, Ariel, Barcelona 1968.-Rodr\u00ed\u00adguez del Castillo, J, La salud y el clima espiritual. Ensayo sobre las influencias materiales en el organismo humano, Madrid 1958.-Rucker, E, Intenta conocer tu cuerpo, Studium, Madrid 1975.-Vaca, C, Carne y esp\u00ed\u00adritu, Religi\u00f3n y Cultura, Madrid 1959.-Wolff, H. W, Antropolog\u00ed\u00ada del Al&#8217;, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1975.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>Estructura f\u00ed\u00adsica del hombre o del animal. La palabra hebrea gewi\u00c2\u00b7y\u00e1h se refiere a un cuerpo, ya sea vivo (G\u00e9 47:18) o muerto. (1Sa 31:10; Sl 110:6.) El t\u00e9rmino neve\u00c2\u00b7l\u00e1h, tambi\u00e9n hebreo, viene del verbo ra\u00ed\u00adz na\u00c2\u00b7v\u00e9l (\u2020\u0153marchitar\u2020\u009d; Sl 1:3), y se traduce tanto \u2020\u0153cuerpo muerto\u2020\u009d como \u2020\u0153cad\u00e1ver\u2020\u009d. (Le 5:2; Dt 14:8; Isa 26:19.) Con ba\u00c2\u00b7s\u00e1r, la palabra hebrea para carne, se puede representar todo el cuerpo. (Comp\u00e1rese con Sl 16:9; v\u00e9ase CARNE.) La palabra griega usual para cuerpo es so\u00c2\u00b7ma (Mt 5:29), pero en Hechos 19:12 tambi\u00e9n se utiliza con ese sentido el vocablo kjros, cuyo significado literal es \u2020\u0153piel\u2020\u009d. La palabra griega pto\u00c2\u00b7ma, derivada del verbo ra\u00ed\u00adz p\u00ed\u00ad\u00c2\u00b7pto (caer), se refiere a un cuerpo ca\u00ed\u00addo o \u2020\u0153cad\u00e1ver\u2020\u009d. (Mt 14:12.) Los diversos cuerpos f\u00ed\u00adsicos se componen de diferentes clases de carne junto con la fuerza de vida. (1Co 15:39; Snt 2:26; G\u00e9 7:22; v\u00e9ase ALMA.)<\/p>\n<p>Cuerpos espirituales. As\u00ed\u00ad como hay cuerpos f\u00ed\u00adsicos visibles y palpables, tambi\u00e9n los hay espirituales, que son invisibles y est\u00e1n fuera del alcance de los sentidos humanos. (1Co 15:44.) Los cuerpos de los seres espirituales (Dios, Cristo, los \u00e1ngeles) son gloriosos. \u2020\u0153Nadie ha contemplado a Dios nunca.\u2020\u009d (1Jn 4:12.) El hombre no puede ver a Dios y vivir. (Ex 33:20.) Cuando el ap\u00f3stol Pablo tuvo una simple vislumbre de la manifestaci\u00f3n de Jesucristo despu\u00e9s de haber sido resucitado, cay\u00f3 al suelo y qued\u00f3 cegado por el resplandor, de modo que fue necesario un milagro para devolverle la vista. (Hch 9:3-5, 17, 18; 26:13, 14.) De igual manera, los \u00e1ngeles son mucho m\u00e1s poderosos que los hombres. (2Pe 2:11.) Son seres gloriosos, esplendorosos, y as\u00ed\u00ad es como han aparecido cuando se han manifestado en forma f\u00ed\u00adsica. (Mt 28:2-4; Lu 2:9.) Estos hijos esp\u00ed\u00adritus de Dios tienen una visi\u00f3n suficientemente poderosa como para ver y aguantar el esplendor del Dios Todopoderoso. (Lu 1:19.)<br \/>\nComo no podemos ver a Dios con los ojos corporales, se sirve de ciertas expresiones metaf\u00f3ricas para ayudarnos a entender y apreciar algunos aspectos acerca de s\u00ed\u00ad mismo. La Biblia habla de El como si tuviera ojos (Sl 34:15; Heb 4:13), brazos (Job 40:9; Jn 12:38), pies (Sl 18:9; Zac 14:4), coraz\u00f3n (G\u00e9 8:21; Pr 27:11), manos (Ex 3:20; Ro 10:21), dedos (Ex 31:18; Lu 11:20), nariz (Eze 8:17; Ex 15:8) y o\u00ed\u00addos (1Sa 8:21; Sl 10:17). No debe suponerse que posee literalmente estos \u00f3rganos seg\u00fan los conocemos. El ap\u00f3stol Juan, que ten\u00ed\u00ada la esperanza de vivir en el cielo, dijo a sus coherederos de vida celestial: \u2020\u0153Amados, ahora somos hijos de Dios, pero todav\u00ed\u00ada no se ha manifestado lo que seremos. S\u00ed\u00ad sabemos que cuando \u00e9l sea manifestado seremos semejantes a \u00e9l, porque lo veremos tal como \u00e9l es\u2020\u009d. (1Jn 3:2.) Estos tendr\u00e1n un cuerpo semejante al \u2020\u0153cuerpo glorioso\u2020\u009d de Jesucristo (Flp 3:21), que es \u2020\u0153la imagen del Dios invisible\u2020\u009d, \u2020\u0153el reflejo de su gloria y la representaci\u00f3n exacta de su mismo ser\u2020\u009d. (Col 1:15; Heb 1:3.) Por consiguiente, recibir\u00e1n cuerpos incorruptibles con inmortalidad inherente, a diferencia de los \u00e1ngeles y los hombres, que son mortales. (1Co 15:53; 1Ti 1:17; 6:16; Mr 1:23, 24; Heb 2:14.)<\/p>\n<p>El cuerpo de carne de Cristo. Cuando Jes\u00fas instituy\u00f3 la Cena del Se\u00f1or, ofreci\u00f3 el pan \u00e1cimo a sus once ap\u00f3stoles fieles y dijo: \u2020\u0153Esto significa mi cuerpo que ha de ser dado a favor de ustedes\u2020\u009d. (Lu 22:19.) M\u00e1s tarde el ap\u00f3stol Pedro coment\u00f3: \u2020\u0153El mismo [Jes\u00fas] carg\u00f3 con nuestros pecados en su propio cuerpo sobre el madero\u2020\u009d. (1Pe 2:24; Heb 10:10; v\u00e9ase CENA DEL SE\u00ed\u2018OR.)<br \/>\nPara que Jes\u00fas pudiera ser el \u2020\u0153\u00faltimo Ad\u00e1n\u2020\u009d (1Co 15:45) y ofrecer un \u2020\u0153rescate correspondiente\u2020\u009d por toda la humanidad, era necesario que fuese un hombre con cuerpo carnal y no una encarnaci\u00f3n. (1Ti 2:5, 6; Mt 20:28.) Adem\u00e1s, ten\u00ed\u00ada que ser perfecto, pues hab\u00ed\u00ada de ofrecerse en sacrificio para presentar ante Jehov\u00e1 Dios el precio de compra. (1Pe 1:18, 19; Heb 9:14.) Ning\u00fan humano imperfecto pod\u00ed\u00ada proveer el precio que se necesitaba. (Sl 49:7-9.) Por esta raz\u00f3n, cuando se present\u00f3 para el bautismo con el fin de empezar su derrotero de sacrificio, Jes\u00fas le dijo a su Padre: \u2020\u0153Me preparaste un cuerpo\u2020\u009d. (Heb 10:5.)<br \/>\nEn el caso de Jesucristo no se permiti\u00f3 que su cuerpo f\u00ed\u00adsico se convirtiese en polvo, como s\u00ed\u00ad hab\u00ed\u00ada ocurrido con los cuerpos de Mois\u00e9s y David, hombres que prefiguraron a Cristo. (Dt 34:5, 6; Hch 13:35, 36; 2:27, 31.) Cuando los disc\u00ed\u00adpulos fueron a la tumba al comienzo del primer d\u00ed\u00ada de la semana, solo vieron las vendas con las que se hab\u00ed\u00ada envuelto el cuerpo de Jes\u00fas, pues este hab\u00ed\u00ada desaparecido; es probable que fuera desintegrado sin pasar por el proceso normal de descomposici\u00f3n. (Jn 20:2-9; Lu 24:3-6.)<br \/>\nDespu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n, Jes\u00fas se apareci\u00f3 con distintos cuerpos. Mar\u00ed\u00ada le confundi\u00f3 con el hortelano. (Jn 20:14, 15.) En otra aparici\u00f3n, entr\u00f3 en una habitaci\u00f3n que ten\u00ed\u00ada las puertas cerradas con llave con un cuerpo que presentaba se\u00f1ales de heridas. (Jn 20:24-29.) Varias veces se le reconoci\u00f3 debido a sus palabras y acciones, no a su apariencia. (Lu 24:15, 16, 30, 31, 36-45; Mt 28:16-18.) En una ocasi\u00f3n, el milagro que se realiz\u00f3 al seguir sus instrucciones abri\u00f3 los ojos de sus disc\u00ed\u00adpulos y le identificaron. (Jn 21:4-7, 12.) Puesto que hab\u00ed\u00ada resucitado como esp\u00ed\u00adritu (1Pe 3:18), pod\u00ed\u00ada materializar un cuerpo de acuerdo con la ocasi\u00f3n, tal como los \u00e1ngeles hab\u00ed\u00adan hecho en tiempos pasados cuando se aparecieron como mensajeros. (G\u00e9 18:2; 19:1, 12; Jos 5:13, 14; Jue 13:3, 6; Heb 13:2.) Poco antes del Diluvio, los \u00e1ngeles que \u2020\u0153no guardaron su posici\u00f3n original, sino que abandonaron su propio y debido lugar de habitaci\u00f3n\u2020\u009d se encarnaron y se casaron con esposas humanas. Se ve que estos hijos ang\u00e9licos de Dios no eran humanos, sino que hab\u00ed\u00adan materializado cuerpos f\u00ed\u00adsicos, por el hecho de que no se les destruy\u00f3 en el Diluvio, sino que se desmaterializaron y regresaron a la regi\u00f3n de los esp\u00ed\u00adritus. (Jud 6; G\u00e9 6:4; 1Pe 3:19, 20; 2Pe 2:4.)<\/p>\n<p>Uso simb\u00f3lico. Se dice que Jesucristo es la cabeza de \u2020\u0153la congregaci\u00f3n, la cual es su cuerpo\u2020\u009d. (Ef 1:22, 23; Col 1:18.) Este cuerpo cristiano de personas no tiene divisiones raciales, nacionales ni de ninguna otra clase, pues en \u00e9l est\u00e1n representados jud\u00ed\u00ados y personas de todas las naciones. (G\u00e1l 3:28; Ef 2:16; 4:4.) Todos han sido bautizados en Cristo y en su muerte por medio del esp\u00ed\u00adritu santo. Por lo tanto, a todos se les bautiza para formar un solo cuerpo. (1Co 12:13.) En consecuencia, todo el cuerpo sigue a la cabeza, sufriendo su misma muerte y recibiendo su misma resurrecci\u00f3n. (Ro 6:3-5; v\u00e9ase BAUTISMO [Bautismo en Cristo Jes\u00fas, en su muerte].)<br \/>\nEl ap\u00f3stol Pablo asemeja el funcionamiento del cuerpo humano al de la congregaci\u00f3n cristiana: los miembros de esta congregaci\u00f3n que est\u00e1n vivos sobre la Tierra en cualquier tiempo forman un cuerpo, con Cristo como cabeza invisible. (Ro 12:4, 5; 1Co 12.) Pablo recalca la importancia del lugar que ocupa cada uno de los miembros, su interdependencia, el amor y cuidado que se muestran, as\u00ed\u00ad como el trabajo que llevan a cabo. Dios ha colocado a cada uno en su posici\u00f3n en este cuerpo, el cual efect\u00faa lo que es necesario debido a la acci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu santo. Jesucristo, que es la cabeza de todos, suministra a los que componen el cuerpo lo que necesitan por medio de \u2020\u0153sus coyunturas y ligamentos\u2020\u009d, es decir, los medios y disposiciones para suministrar nutrici\u00f3n espiritual, as\u00ed\u00ad como comunicaci\u00f3n y coordinaci\u00f3n, de modo que \u2020\u0153el cuerpo\u2020\u009d est\u00e9 bien alimentado espiritualmente y cada parte est\u00e9 informada de la tarea que debe realizar. (Col 2:19; Ef 4:16.)<\/p>\n<p>Uso adecuado del propio cuerpo. El cristiano deber\u00ed\u00ada apreciar el cuerpo que Dios le ha dado y amarse a s\u00ed\u00ad mismo lo suficiente como para cuidar de su cuerpo de manera apropiada a fin de poder presentarlo en servicio sagrado aceptable a Dios. (Ro 12:1.) Esto requiere hacer uso de la raz\u00f3n y suministrar al cuerpo el alimento y las dem\u00e1s cosas necesarias, as\u00ed\u00ad como mantenerlo limpio. No obstante, hay otras clases de cuidado que son a\u00fan m\u00e1s importantes y que tienen que ver con la espiritualidad, el buscar el reino de Dios y su justicia y el ejercicio de la rectitud moral. (Mt 6:25, 31-33; Col 2:20-23; 3:5.) El ap\u00f3stol aconseja: \u2020\u0153El entrenamiento corporal es provechoso para poco; pero la devoci\u00f3n piadosa es provechosa para todas las cosas, puesto que encierra promesa de la vida de ahora y de la que ha de venir\u2020\u009d. (1Ti 4:8.)<br \/>\nEl miembro ungido de la congregaci\u00f3n cristiana, el cuerpo de Cristo, que comete fornicaci\u00f3n, est\u00e1 quitando un miembro del cuerpo de Cristo y convirti\u00e9ndolo en miembro de una ramera. Cualquier cristiano que comete fornicaci\u00f3n causa una contaminaci\u00f3n moral y tambi\u00e9n peca \u2020\u0153contra su propio cuerpo [carnal]\u2020\u009d. Se pone en peligro de ser excluido del cuerpo de Cristo, la organizaci\u00f3n del templo, y adem\u00e1s se expone al peligro de contraer enfermedades asquerosas. (1Co 6:13, 15-20; Pr 7:1-27.) Puede ser que \u2020\u02dcla congregaci\u00f3n lo entregue a Satan\u00e1s para la destrucci\u00f3n de la carne\u2020\u2122. (1Co 5:5.)<br \/>\nLos que componen el cuerpo de Cristo, as\u00ed\u00ad como las personas dedicadas que se asocian con estos miembros engendrados por esp\u00ed\u00adritu, deben evitar tanto la fornicaci\u00f3n f\u00ed\u00adsica como la de naturaleza espiritual. Las Escrituras llaman \u2020\u0153ad\u00falteras\u2020\u009d a los que tienen amistad con el mundo. (Snt 4:4.) Jes\u00fas dijo de sus disc\u00ed\u00adpulos: \u2020\u0153Ellos no son parte del mundo, as\u00ed\u00ad como yo no soy parte del mundo\u2020\u009d. (Jn 17:16.) Por lo tanto, a Jes\u00fas le importa mucho que los que componen su cuerpo sean limpios moral y espiritualmente. (Ef 5:26, 27.) Se dice que \u2020\u02dcsus cuerpos han sido lavados con agua limpia\u2020\u2122. (Heb 10:22.) Como dice el ap\u00f3stol Pablo hablando de los esposos, \u2020\u0153de esta manera los esposos deben estar amando a sus esposas como a sus propios cuerpos. El que ama a su esposa, a s\u00ed\u00ad mismo se ama, porque nadie jam\u00e1s ha odiado a su propia carne; antes bien, la alimenta y la acaricia, como tambi\u00e9n el Cristo hace con la congregaci\u00f3n, porque somos miembros de su cuerpo. \u2020\u02dcPor esta raz\u00f3n el hombre dejar\u00e1 a su padre y a su madre y se adherir\u00e1 a su esposa, y los dos llegar\u00e1n a ser una sola carne\u2020\u2122. Este secreto sagrado es grande. Ahora bien, yo estoy hablando tocante a Cristo y la congregaci\u00f3n\u2020\u009d. (Ef 5:28-32.)<br \/>\nV\u00e9anse partes del cuerpo bajo sus nombres individuales.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>1. soma (sw`ma, 4983) es el cuerpo como un todo, el instrumento de la vida, tanto si es de hombre viviente (p.ej., Mat 6:22), o muerto (Mat 27:52); o en resurrecci\u00f3n (1Co 15:44); o de animales (Heb 13:11); de grano (1Co 15:37,38); de las huestes celestiales (1Co 15:40). En Rev 18:13 se traduce \u00abhombres\u00bb (RVR77: \u00abesclavos\u00bb). En su uso figurado se preserva la idea esencial. En algunas ocasiones la palabra se usa, por sinecdoque, para significar al hombre completo (Mat 5:29; 6.22; Rom 12:1; Jam 3:6; Rev 18:13). En algunas ocasiones, se identifica a la persona con su cuerpo (Act 9:37; 13.36), y esto es as\u00ed\u00ad incluso en el caso del Se\u00f1or Jes\u00fas (Joh 19:40,42). El cuerpo no es el hombre, porque \u00e9l mismo puede existir aparte de su cuerpo (2Co 12:2,3). El cuerpo es una parte esencial del hombre, y por ello los redimidos no quedan perfeccionados hasta la resurrecci\u00f3n (Heb 11:40). Ninguna persona estar\u00e1 en su estado final sin su cuerpo (Joh 5:28,29; Rev 20:13). Esta palabra se usa tambi\u00e9n de la naturaleza f\u00ed\u00adsica, en distinci\u00f3n a pneuma, la naturaleza espiritual (p.ej., 1Co 5:3), y de psuque, alma (p.ej., 1Th 5:23). \u00abSoma, cuerpo, y pneuma, esp\u00ed\u00adritu, pueden ser separados; pneuma y psuque solo pueden ser distinguidos\u00bb (Cremer). Tambi\u00e9n se usa metaf\u00f3ricamente del cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo, en referencia a la Iglesia entera (p.ej., Eph 1:23; Col 1:18,22,24); y tambi\u00e9n de la iglesia local (1Co 12:27). 2. kolon (kw`lon, 2966) denota primeramente un miembro del cuerpo, especialmente los miembros externos y prominentes, particularmente los pies, y as\u00ed\u00ad, un cuerpo muerto (v\u00e9anse, p.ej., la LXX, en Lev 26:30; Num 14:29,32; Isa 66:24, etc.). Esta palabra se usa en Heb 3:17, \u00abcuerpo\u00bb, citando a Num 14:29,32.\u00c2\u00b6 3. cros (crwv\u00bb, 5559) significa la superficie de un cuerpo, especialmente del cuerpo humano (Act_19 12), con referencia a los pa\u00f1os llevados del cuerpo de Pablo a los enfermos.\u00c2\u00b6 4. sarx (savrx, 4561), carne, se traduce \u00abcuerpo\u00bb en 2Co 7:5; Gl 4.13,14; Col 2:5: V\u00e9ase CARNE, etc. 5. ptoma (ptw`ma, 4430) denota, lit., ca\u00ed\u00adda (relacionado con pipto, caer); de ah\u00ed\u00ad, lo que ha ca\u00ed\u00addo, cad\u00e1ver (Mat 14:12; 24.28; Mc 6.29; 15.45: \u00abcuerpo\u00bb; y \u00abcad\u00e1ver\u00bb en Rev 11:8,9). V\u00e9ase .\u00c2\u00b6 6. katakome (katakomhv, 2699), v\u00e9ase . 7. sussomos (suvsswmo\u00bb, 4954), (sun, con, y el N\u00c2\u00ba 1), es adjetivo que significa unido en el mismo cuerpo (Eph 3:6, de la iglesia).\u00c2\u00b6 8. skenoma (skhvnwma, 4638), tabern\u00e1culo. Aparece traducido como \u00abcuerpo\u00bb en 2Pe 1:13,14. V\u00e9ase TABERN\u00ed\u0081CULO.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>Contrariamente a una concepci\u00f3n muy propagada, el cuerpo no es sencillamente un conjunto de carne y de huesos que el hombre posee durante el tiempo de su existencia terrena, del que se despoja con la muerte y que finalmente recupera el d\u00ed\u00ada de la resurrecci\u00f3n. Tiene una dignidad muy superior, que Pablo puso de relieve en una teolog\u00ed\u00ada del cuerpo. El cuerpo no s\u00f3lo reduce a la unidad a los miembros que lo constituyen, sino que es expresi\u00f3n de la persona en sus situaciones mayores: estado natural y pecador, consagraci\u00f3n a Cristo, vida gloriosa.<\/p>\n<p>I. EL CUERPO Y LA CARNE. Mientras que en el AT se designa a la carne y al cuerpo con un t\u00e9rmino \u00fanico (basar), en el griego del NT pueden distinguirse con dos palabras: sarx y sama; diferenciaci\u00f3n que no ad-quiere su pleno valor sino con la interpretaci\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>1. Dignidad del cuerpo. Como en todas las lenguas, el cuerpo designa con frecuencia la misma realidad que la carne : as\u00ed\u00ad la vida de Jes\u00fas debe manifestarse en nuestro cuerpo lo mismo que en nuestra carne (2Cor 4,10s). Para un semita merece la misma estima que la *carne, pues el hombre se expresa enteramente tanto por \u00e9l como por ella.<\/p>\n<p>En san Pablo se afirma esta dignidad del cuerpo. As\u00ed\u00ad se guarda el Ap\u00f3stol, a diferencia de los otros escritores del NT (p.e., Mt 27,52.58s; Le 17,37; Act 9,40), de utilizar el t\u00e9rmino para hablar del cad\u00e1ver; reserva al cuerpo lo que constituye una de las dignidades del hombre, la facultad de engendrar (Rom 1,24; 4,19; ICor 7,4; 6,13-20); en fin, el car\u00e1cter perecedero y caduco del hombre, sobre todo la vida pecadora, los atribuye no al cuerpo, sino a la carne. As\u00ed\u00ad no constituye una lista de los pecados del cuerpo (en lCor 6,18 el \u00abpecado contra el cuerpo\u00bb significa probablemente un pecado contra la persona humana en su conjunto). A diferencia de la carne, el cuerpo no merece sino respeto por parte de aqu\u00e9l, al que expresa.<\/p>\n<p>2. El cuerpo dominado por la carne. Pero hallamos que la carne, habitada por el pecado (Rom 7,20), ha esclavizado al cuerpo. Ahora existe ya un \u00abcuerpo de pecado\u00bb (Rom 6,6), as\u00ed\u00ad como hay una \u00abcarne de pecado\u00bb (Rom 8,3); el pecado puede dominar al cuerpo (Rom 6,16), tanto que tambi\u00e9n el cuerpo conduce a la muerte (Rom 7,24); es reducido a la humillaci\u00f3n (Flp 3,21) y a la des-honra (lCor 15,43); lleno de apetitos (Rom 6,12), tambi\u00e9n \u00e9l comete acciones carnales (Rom 8,13). Seg\u00fan la teolog\u00ed\u00ada paulina, el cuerpo est\u00e1 so-metido a los tres poderes que han reducido a la carne a esclavitud: la *ley, el *pecado, la *muerte (cf. Rom 7,5). Considerado desde este punto de vista, el cuerpo no expresa ya s\u00f3lo a la persona humana sali\u00f3., de las manos del Creador, sino que manifiesta una persona esclava de la carne y del pecado.<\/p>\n<p>II. EL CUERPO Y EL SE\u00ed\u2018OR. 1. El cuerpo es para el Se\u00f1or. Los corintios, a los que escrib\u00ed\u00ada Pablo, estaban inclinados a pensar que la fornicaci\u00f3n es un acto indiferente, sin gravedad. Pablo, para responderles, no hace llamamiento a la espiritualidad del *alma, ni a alguna distinci\u00f3n entre una vida vegetativa y una vida m\u00e1s espiritual, que tal comportamiento pusiera en peligro. \u00abLos alimentos, dice, son para el vientre, y el vientre para los alimentos; Dios destruir\u00e1 a \u00e9stos como a aqu\u00e9l. Pero el cuerpo no es para la fornicaci\u00f3n, es para el Se\u00f1or, y el Se\u00f1or para el cuerpo)) (lCor 6,13). A diferencia del vientre, es decir, de la carne perecedera (cf. Flp 3,19), que no puede heredar del *reino de Dios (lCor 15,50), el cuerpo debe resucitar como el Se\u00f1or (lCor 6,14), es miembro de Cristo (6,15), *templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo (6,19). As\u00ed\u00ad pues, hay que glorificar a Dios en el propio cuerpo (6,20). Al paso que la carne vuelve al polvo, el cuerpo est\u00e1 destinado al Se\u00f1or. De ah\u00ed\u00ad su incomparable dignidad.<\/p>\n<p>2. El cuerpo de Cristo. M\u00e1s exactamente, esta dignidad viene del hecho de haber sido el cuerpo rescatado por Cristo. En efecto, Jes\u00fas tom\u00f3 el \u00abcuerpo de la carne\u00bb (Col 1,22), que lo someti\u00f3 a la ley (G\u00e1l 4,4). Por esta raz\u00f3n, entrando en la \u00absemejanza de la carne del pecado\u00bb (Rom 8,3) vino a ser \u00abmaldici\u00f3n para nosotros\u00bb (G\u00e1l 3,13), \u00abse hizo *pecado por nosotros\u00bb (2Cor 5,21); en fin, fue sometido al poder de la *muerte, pego su muerte fue una muerte al pecado, de una vez pera siempre (Rom 6,10). As\u00ed\u00ad, al vencer a la muerte, venci\u00f3 a la carne y al pecado; los poderes que crucificaron a Jes\u00fas fueron despojados de su poder (lCor 2,6.8; Col 2,15). As\u00ed\u00ad pues, conden\u00f3 al pecado (Rom 8,3), transformando la maldici\u00f3n de la ley en bendici\u00f3n (G\u00e1l 3,13s; Ef 2,15). Y no s\u00f3lo nos libr\u00f3 as\u00ed\u00ad de una servidumbre, sino que, propiamente hablando, nos incorpor\u00f3 a \u00e9l: el alcance universal de su vida y de su pasi\u00f3n redentora hace que en adelante no haya ya sino un \u00absolo\u00bb cuerpo, el *cuerpo de Cristo.<\/p>\n<p>3. El cuerpo del cristiano. Por eso todo creyente unido a Cristo puede ahora ya triunfar de los poderes a que hab\u00ed\u00ada estado sometido en otro tiempo, ley, pecado, muerte, a trav\u00e9s del cuerpo de Cristo. \u00abMuri\u00f3 para la ley\u00bb (Rom 7,4), su \u00abcuerpo de pecado qued\u00f3 destruido\u00bb (6,6), y as\u00ed\u00ad est\u00e1 \u00abdespojado de ese cuerpo carnal\u00bb que va a la muerte (Col 2,11). As\u00ed\u00ad, el cristiano, que recibiendo el bautismo ha recorrido el itinerario entero de Cristo, debe seguirlo en su vida d\u00ed\u00ada tras d\u00ed\u00ada; debe ofrecer su cuerpo en sacrificio viviente (Rom 12,1).<\/p>\n<p>La dignidad del cuerpo no alcanza ac\u00e1 abajo su m\u00e1ximum: el cuerpo de esta miseria terrena y pecadora ser\u00e1 transformado en cuerpo de *gloria (FIp 3,21), en un \u00abcuerpo espiritual\u00bb (lCor 15,44), incorruptible, que nos har\u00e1 \u00abrevestir la imagen del *Ad\u00e1n celestial\u00bb (15,49). El paso del cuerpo mortal al cuerpo de Cristo celestial quisi\u00e9ramos verlo realizarse con una transformaci\u00f3n inmediata, \u00aben un abrir y cerrar de ojos\u00bb, como el d\u00ed\u00ada de la parus\u00ed\u00ada. Pero debemos estar prontos para otro destino: el paso doloroso por la *muerte. Debemos, pues, \u00abpreferir abandonar es-te cuerpo para ir a morar junto al Se\u00f1or\u00bb (2Cor 5,8) en espera de la resurrecci\u00f3n de nuestro cuerpo, por la que formaremos finalmente y para siempre el cuerpo \u00fanico de Cristo.<\/p>\n<p>-> Alma &#8211; Carne &#8211; Cuerpo de Cristo &#8211; Hombre &#8211; Resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<ol>\n<li style=\"text-align: justify;\">Usos generales. En el AT no existe un solo t\u00e9rmino para referirse al cuerpo humano. En las versiones espa\u00f1olas, \u00abcuerpo\u00bb est\u00e1 representando por palabras hebreas de diferente significado, como vientre o entra\u00f1as, espalda, hueso, muslo, carne, alma, etc. La palabra hebrea m\u00e1s com\u00fan es <em>b\u0101\u015b\u0101r<\/em>, \u00abcarne\u00bb, la que en la <a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">LXX<\/a> se traduce generalmente por <em>sarx<\/em>, \u00abcarne\u00bb, pero a veces por <em>s\u014dma<\/em>, \u00abcuerpo\u00bb.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el NT \u00abcuerpo\u00bb es la traducci\u00f3n de la palabra <em>s\u014dma<\/em>. (<em>Pt\u014dma<\/em> en Mt. 24:28; Mr. 6:29 y Ap. 11:8, 9 significa: cuerpo muerto, cad\u00e1ver). <em>S\u014dma<\/em> se usa en diversas formas: puede referirse al cuerpo humano, de animales (Stg. 3:3; Heb. 13:11); a plantas o a las lumbreras celestiales (1 Co. 15:35\u201344); en plural puede referirse a esclavos (Ap. 18:13), un uso com\u00fan en aquel per\u00edodo (<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">MM<\/a>, p. 621); y a la iglesia como al cuerpo de Cristo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En algunos pasajes b\u00edblicos, \u00abcuerpo\u00bb se usa en contraste con el alma o esp\u00edritu (p. ej., Mi. 6:7; Mt. 10:28). En otros, el cuerpo es el medio o instrumento de la vida del alma (Dt. 12:23; Is. 53:12; 2 Co. 5:10). A veces se usa \u00abcuerpo\u00bb para referirse al hombre como persona, al hombre en su totalidad: \u00abahora tambi\u00e9n ser\u00e1 magnificado Cristo en mi cuerpo\u00bb (Fil. 1:20) significa \u00aben m\u00ed\u00bb; y \u00abpresentad vuestros cuerpos\u00bb (Ro. 12:1) bien podr\u00eda significar \u00abpresentaos vosotros\u00bb (R. Bultmann, <em>Theology of the New Testament<\/em>, S.C.M. Press, London, 1952, pp. 194\u2013195).<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>Conceptos religiosos. El AT asocia \u00edntimamente las funciones f\u00edsicas con las psicol\u00f3gicas. El hombre es un organismo ps\u00edquico-f\u00edsico. Yahweh es el dador de la vida que el hombre posee.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los rabinos ense\u00f1aban que el cuerpo, siendo formado del polvo, es fr\u00e1gil y mortal, teniendo vida porque el esp\u00edritu ha sido soplado dentro de \u00e9l; el hombre fue creado de dos elementos originalmente distintos: el alma, que procede del mundo superior, y el cuerpo, del inferior. El cuerpo no es impuro, sino es el instrumento necesario del alma, el que mejor se adapta a las necesidades del hombre; el cuerpo es el asiento de los malos pensamientos (Gn. 6:5); y el cuerpo muere pero se levantar\u00e1 otra vez como la reproducci\u00f3n exacta del cuerpo de esta vida presente (Emil G. Hirsch, <em><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">JewEnc.<\/a><\/em>, III, pp. 283\u2013284).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jes\u00fas ense\u00f1\u00f3 que el cuerpo es de importancia secundaria en la vida del hombre (Mt. 6:25\u201334), con todo, \u00e9l san\u00f3 los cuerpos de los hombres y envi\u00f3 a sus disc\u00edpulos a sanar (Mt. 10:8).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pablo tuvo conceptos bastante bajos del cuerpo. Lo llam\u00f3 \u00abel cuerpo de nuestra humillaci\u00f3n\u00bb (Fil. 3:21) e inst\u00f3 a tener disciplina sobre el cuerpo (1 Co. 9:27; Ro. 8:13); sin embargo, enfatiz\u00f3 que \u00abel cuerpo es \u2026 para el Se\u00f1or\u00bb (1 Co. 6:13; cf. Ro. 12:1; 1 Ts. 5:23); y esperaba la transformaci\u00f3n del cuerpo en la resurrecci\u00f3n (1 Co. 15:23\u201354).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Heb. 10, se afirma que Cristo cumpli\u00f3 con la voluntad de Dios en su cuerpo encarnado, y que, por la entrega de su cuerpo a favor de los hombres, los creyentes son limpiados en su coraz\u00f3n, consciencia y cuerpo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Brunner se\u00f1ala que no hay una teolog\u00eda especial sobre el cuerpo en la doctrina cristiana. Resume su ense\u00f1anza de esta forma: \u00abcuerpo y mente pertenecen por igual a la naturaleza del hombre, ninguno de los dos debe ser restado del otro, el esp\u00edritu es \u00abde arriba\u00bb y el cuerpo \u00abde abajo\u00bb y, lo que es m\u00e1s importante, ambos est\u00e1n destinados el uno para el otro, y en una forma definida adaptados uno para el otro \u2026 El cuerpo tanto como la mente son creaci\u00f3n de Dios, aunque al mismo tiempo el cuerpo es aquello que tiene como finalidad distinguir el ser de la criatura, del Ser del Creador, por toda la eternidad\u00bb (Emil Brunner, <em>Man in Revolt, A Christian Anthropology<\/em>, Lutterworth Press, London, 1939, pp. 373\u2013375).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">III. La iglesia como el cuerpo de Cristo. El uso teol\u00f3gico m\u00e1s prominente que el NT hace del t\u00e9rmino <em>s\u014dma<\/em> es en relaci\u00f3n a la doctrina de la iglesia. La iglesia es llamada \u00abEl cuerpo de Cristo\u00bb (Ro. 12:5; 1 Co. 10:16, 17; 12:12\u201327; Ef. 1:23; 2:16; 4:4, 12, 16; 5:23, 30; Col. 1:18, 24; 2:19; 3:15). Algunos interpretan la frase \u00abcuerpo de Cristo\u00bb en forma literal. Seg\u00fan este punto de vista, la iglesia es \u00abla extensi\u00f3n de la encarnaci\u00f3n\u00bb, \u00abla m\u00e1s extensa encarnaci\u00f3n de Cristo\u00bb. Este es el concepto m\u00e1s popular entre los escritores cat\u00f3licos. Para ellos el t\u00e9rmino \u00abcuerpo de Cristo\u00bb es m\u00e1s que una met\u00e1fora. As\u00ed como una vez Cristo se manifest\u00f3 a s\u00ed mismo a trav\u00e9s de un cuerpo humano (esto es, en su vida encarnada), ahora \u00e9l se manifiesta a trav\u00e9s de su cuerpo que es la iglesia, y en forma especial en los sacramentos. La gran mayor\u00eda de los escritores evang\u00e9licos tienden a interpretar la frase en una forma menos estricta, esto es, en t\u00e9rminos de confraternidad. As\u00ed como el cuerpo es uno, pero tiene muchos miembros, y vive por la coordinaci\u00f3n de todos sus miembros, as\u00ed tambi\u00e9n los creyentes, como miembros de Cristo, tambi\u00e9n son miembros los unos de los otros. En este sentido la iglesia es el cuerpo de Cristo anal\u00f3gicamente, pero no como una ecuaci\u00f3n estricta. Cristo es dado a conocer al mundo por las vidas y el servicio de su pueblo; bajo su liderazgo, y por el poder del Esp\u00edritu que mora en ellos, los fieles hacen su obra y as\u00ed lo manifiestan al mundo (v\u00e9ase Jn. 17, en especial los vv. 18ss.).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A trav\u00e9s de la imagen del t\u00e9rmino \u00abcuerpo\u00bb, la dependencia que la iglesia tiene de Cristo su Cabeza y el concepto de un crecimiento sim\u00e9trico son f\u00e1cilmente comunicados.<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>El uso que Pablo hace de soma. La palabra <em>s\u014dma<\/em> tiene un lugar c\u00e9ntrico en la teolog\u00eda de Pablo. Robinson declara que es la clave de la doctrina paulina, entretejiendo todos sus grandes temas. Somos librados del cuerpo del pecado, salvados por el cuerpo de Cristo en la cruz, incorporados a su cuerpo que es la iglesia, sustentados por su cuerpo en la eucarist\u00eda; su nueva vida se manifiesta en nuestro cuerpo; estamos destinados a tener un cuerpo resucitado. De manera que, en este t\u00e9rmino <em>s\u014dma<\/em> est\u00e1n representados las doctrinas del hombre, el pecado, la encarnaci\u00f3n y la expiaci\u00f3n, la iglesia, los sacramentos, la santificaci\u00f3n y la escatolog\u00eda (J.A.T. Robinson, <em>The Body: A Study of Pauline Theology<\/em>, S.C.M. Press, Londres, 1952, p. 9).<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Arndt <a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">A-S<\/a>; BDB; Ernest Best, <em>One Body in Christ<\/em>; <a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">HDB<\/a>; <em>JewEnc<\/em>; Aubrey R. Johnson, <em>The Vitality of the Individual in the Thought of Ancient Israel<\/em>; E.L. Mascall, <em>Christ, The Christian and the Church<\/em>; MM; <a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">RTWB<\/a> H. Wheeler Robinson, <em>The Christian Doctrine of Man<\/em>; Sanday and Headlam, <em>Romans, <\/em><em><a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">ICC<\/a><\/em>; W.D. Stacey, <em>The Pauline View of Man<\/em>, pp. 181\u2013193; Thayer-Grimm, <em>Greek-English Lexicon<\/em>; L.S. Thornton, <em>The Common Life in the Body of Christ<\/em>, en <em>The Apostolic Ministry<\/em>, ed., K.E. Kirk.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Owen R. Brandon<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">LXX <\/a>Septuagint<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">MM <\/a>Moulton and Milligan, <em>The Vocabulary of the Greek Testament<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><em>JewEnc. <\/em><\/a><em>Jewish Encyclopaedia<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">A-S <\/a>Abbott-Smith, <em>Manual Greek Lexicon of the NT<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">HDB <\/a><em>Hastings\u2019 Dictionary of the Bible<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">RTWB <\/a><em>Richardson\u2019s Theological Word Book<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\"><em>ICC <\/em><\/a><em>International Critical Commentary<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (149). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>Las palabras heb. principales traducidas \u201ccuerpo\u201d son <\/span><span style=''>g<sup>e<\/sup>wiyy\u00e2<\/span><span lang=ES style=''>, que se usa en primer lugar para \u201ccad\u00e1ver\u201d, aunque tambi\u00e9n para el cuerpo humano vivo (Gn. 47.18), y <\/span><span style=''>b&#257;&#347;&#257;r<\/span><span lang=ES style=''>, que significa *\u201ccarne\u201d. A diferencia de la filosof\u00eda griega y de buena parte del pensamiento moderno, en heb. no se pone el acento en el cuerpo aparte del alma o esp\u00edritu. J. A. T. Robinson (<i>The Body<\/i>, 1952) sostiene que los hebreos no distingu\u00edan r\u00edgidamente entre <i>(i)<\/i> forma y materia, <i>(ii)<\/i> el todo y sus partes, <i>(iii)<\/i> cuerpo y alma, o <i>(iv)<\/i> el cuerpo a diferencia del otro ser u objeto. \u201cEl cuerpo de carne no era lo que separaba al hombre de su pr\u00f3jimo, sino m\u00e1s bien lo que lo ligaba al paquete total de la vida, juntamente con todos los hombres y la naturaleza. \u201cEn secciones arameas de Daniel, con frecuencia consideradas tard\u00edas e influidas por el pensamiento griego, puede haber una mayor diferenciaci\u00f3n entre cuerpo y esp\u00edritu (7.15), donde la palabra (<\/span><span style=''>ni&#7695;neh<\/span><span lang=ES style=''>) traducida \u201cpor dentro\u201d (<\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0nbe<\/span><span lang=ES style=';text-transform: uppercase'>;<\/span><span lang=ES style=''> <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;; color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=''> \u201cen medio de <i>mi cuerpo<\/i>\u201d) probablemente sea un pr\u00e9stamo, del persa, con el significado de \u201cvaina\u201d.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El vocablo heb. equivalente a carne (<\/span><span style=''>b&#257;&#347;&#257;r<\/span><span lang=ES style=''>) est\u00e1 muy cerca de hacer una diferenciaci\u00f3n con el esp\u00edritu (Is. 31.3), y puede haber influido en Pablo en su uso teol\u00f3gico del t\u00e9rmino. El uso del t\u00e9rmino para *\u201ccoraz\u00f3n\u201d en heb. podr\u00eda tal vez decirse que se aproxima a lo que nosotros entender\u00edamos por esp\u00edritu (Sal. 84.2), pero resulta significativo que al mismo tiempo es un \u00f3rgano f\u00edsico. Es de destacar que buena parte de la psicolog\u00eda moderna ha llegado a comprender la unidad esencial de toda la persona.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Por otra parte, en el pensamiento heb. no hab\u00eda conceptos fisiol\u00f3gicamente unificadores claramente definidos, tales como el sistema nervioso o el circulatorio, y los diversos \u00f3rganos aparecen a veces como si pudiesen funcionar independientemente unos de otros (Mt. 5.29, 30) (* <span style='text-transform:uppercase'>ojo<\/span>; * <span style='text-transform: uppercase'>Mano<\/span>; * <span style='text-transform:uppercase'>Labio<\/span>; etc.), aun cuando en ciertos pasajes se trata evidentemente de una sin\u00e9cdoque, p. ej. Dt. 28.4, <\/span><span style=''>be&#7789;en<\/span><span lang=ES style=''> = \u201cvientre\u201d (as\u00ed <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;; color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=''>), traducido \u201ccuerpo\u201d en <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;; color:green;text-transform:uppercase'>rsv<\/span><span lang=ES style=''>. As\u00ed tambi\u00e9n Lm. 4.7, <\/span><span style=''>&#723;e&#7779;em<\/span><span lang=ES style=''> = \u2018hueso\u2019, <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;; color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=''> \u201ccuerpo\u201d.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En el uso neotestamentario de <\/span><span style=''>s&#333;ma<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018cuerpo\u2019, se conserva el concepto hebreo y se evita el pensamiento de la filosof\u00eda griega, que tiende a castigar al cuerpo como algo malo, como la prisi\u00f3n del alma (o raz\u00f3n), a la que se considera buena. Pablo, empero, usa \u201ccuerpo del pecado\u201d como expresi\u00f3n teol\u00f3gica paralela a \u201ccarne\u201d para indicar el lugar de operaci\u00f3n del pecado. Hay, no obstante, una clara distinci\u00f3n en el NT entre cuerpo y alma o esp\u00edritu (Mt. 10.28; 1 Ts. 5.23; Stg. 2.26).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Pero es dable dudar de que la Biblia ofrezca una perspectiva del hombre con existencia independiente del cuerpo, ni siquiera en la vida futura despu\u00e9s de la muerte. La creencia claramente enunciada de una resurrecci\u00f3n del cuerpo que encontramos en el NT (1 Co. 15.42\u201352; 1 Ts. 4.13\u201318), ya anunciada en el AT (Dn. 12.2), milita en contra de toda idea de que el hombre perdure aparte de alguna manifestaci\u00f3n o forma de expresi\u00f3n corporal, aun cuando esto no significa que los mismos \u00e1tomos materiales se hayan de reagrupar (1 Co. 15.44). Quiz\u00e1s la mejor explicaci\u00f3n de un pasaje que a primera vista parecer\u00eda sugerir la separaci\u00f3n del cuerpo (2 Co. 3.1\u20138) sea la de J. A. T. Robinson (<i>In the End God<\/i>, 1950) como referencia no a la muerte, sino a la parus\u00eda, y por tanto no a la distinci\u00f3n entre alma o esp\u00edritu y cuerpo, sino entre el futuro cuerpo de resurrecci\u00f3n y el actual cuerpo mortal. No obstante, es por lo menos argumentable que Lc. 23.43; Fil. 1.23; He. 12.23; Ap. 6.9\u201311, cf. 20.4\u20136 ense\u00f1an que los creyentes que han partido disfrutan de un gozo consciente con Cristo, hasta la resurrecci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La forma del cuerpo de resurrecci\u00f3n \u2013 el \u201ccuerpo espiritual\u201d de 1 Co. 15 \u2013 s\u00f3lo puede entreverse por lo que sabemos acerca del cuerpo resucitado de Cristo mismo, que no dej\u00f3 ning\u00fan cad\u00e1ver en el sepulcro, y que, al parecer, atraves\u00f3 los lienzos en que estaba envuelto (Lc. 24.12, 31). Su ascensi\u00f3n corporal no supone necesariamente el traslado hacia alg\u00fan sitio determinado conocido como el cielo, sino que sugiere el ingreso de su cuerpo en una vida m\u00e1s amplia que trasciende las limitaciones de tiempo y espacio que nos constri\u00f1en a nosotros.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La met\u00e1fora de la iglesia como el *cuerpo de Cristo (1 Co. 12.12ss, etc.) se basa en la idea del cuerpo como la forma esencial y el medio de expresi\u00f3n de la persona.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> G. Pidoux, <i>El hombre en el Antiguo Testamento<\/i>, 1969; <etiqueta id=\"#_ftn1040\" name=\"_ftnref1040\" title=\"\"><i>\u00b0DTMAT<\/i><\/etiqueta>, t(t). I; <etiqueta id=\"#_ftn1041\" name=\"_ftnref1041\" title=\"\"><i>\u00b0EBDM<\/i><\/etiqueta>, t(t). II; <i>\u00b0DTNT<\/i>, t(t). I; E. Jacob, <i>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1969, pp. 152ss; H. Fries, <i>Conceptos fundamentales de teolog\u00eda<\/i>, t(t). I, 1966; K. Rahner, <i>Sacramentum mundi<\/i>, t(t). II, 1972; Feiner-L\u00f6hrer, <i>Mysterium salutis<\/i>, t(t). I, 1969; H. Wolf, <i>Antropolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1975.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>E. C. Rust, <i>Nature and Man in Biblical Thought<\/i>, 1953; A. R. Johnson, <i>The Vitaly of the individual in the Thought of Ancient Israel<\/i>, 1949; J. A. T. Robinson, <i>The Body<\/i>, 1952; H. G. Sch\u00fctz, S. Wibbing, J. A. Motyer, <i>NIDNTT 1<\/i>, pp. 229\u2013242.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green'>B.O.B.<\/span><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. 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