{"id":16132,"date":"2016-02-05T10:26:59","date_gmt":"2016-02-05T15:26:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/capadocios-padres\/"},"modified":"2016-02-05T10:26:59","modified_gmt":"2016-02-05T15:26:59","slug":"capadocios-padres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/capadocios-padres\/","title":{"rendered":"CAPADOCIOS, PADRES"},"content":{"rendered":"<p>Ver Basilio el Grande; Gregorio Nacianceno; Gregorio de Nisa.<\/p>\n<p>VIDAL MANZANARES, C\u00e9sar, Diccionario de Patr\u00ed\u00adstica, Verbo Divino, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Patr\u00edstica<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Hip\u00f3stasis y ous\u00ed\u00ada: 1. Formulaci\u00f3n de la relaci\u00f3n entre hip\u00f3stasis y ous\u00ed\u00ada; 2. Antecedentes.- II. Basilio.- III. Gregorio de Nacianzo.- IV. Gregorio de Nisa.<\/p>\n<p>I. Hip\u00f3stasis y ous\u00ed\u00ada<br \/>\n1. FORMULACI\u00ed\u201cN DE LA RELACI\u00ed\u201cN ENTRE HIP\u00ed\u201cSTASIS Y OUS\u00ed\u008dA. En el ambiente agitado del cristianismo del s. IV la teolog\u00ed\u00ada de los Capadocios se presenta como una realidad cultural compacta y homog\u00e9nea, que se impone a los amigos y a los enemigos por su capacidad especulativa y por los instrumentos intelectuales de que dispone (mucho m\u00e1s amplios que los empleados por otros personajes de relieve, como Atanasio o Hilario de Poitiers), as\u00ed\u00ad como por los resultados a los que llega. No cabe duda de que los treinta a\u00f1os (poco m\u00e1s o menos entre 365 y 395) de la actividad de los Padres capadocios constituyen un giro en la historia de la teolog\u00ed\u00ada del cristianismo antiguo, un giro que -aunque no exento de cr\u00ed\u00adticas, incluso muy vivas, y aunque no se impone inmediatamente como la \u00fanica soluci\u00f3n posible a los problemas que llevaban varios a\u00f1os discuti\u00e9ndose- era de todas formas un intento de soluci\u00f3n, del que no ser\u00ed\u00ada ya posible prescindir.<\/p>\n<p>Dicho esto, la novedad de mayor relieve y de un alcance hist\u00f3rico m\u00e1s pujante est\u00e1 representada por la formulaci\u00f3n, clara y precisa, de la doctrina de las hip\u00f3stasis divinas y m\u00e1s concretamente -como es bien sabido- de la doctrina que define la naturaleza divina como una \u00fanica sustancia (ous\u00ed\u00ada) que se articula, a trav\u00e9s de unas relaciones m\u00e1s o menos sutiles y transparentes, entre las \u00abhip\u00f3stasis\u00bb o \u00abpersonas\u00bb. La distinci\u00f3n entre los dos t\u00e9rminos resulta ahora imperceptible a nuestros ojos, habituados a una larga tradici\u00f3n de origen occidental, mientras que no lo era en los tiempos en que se formul\u00f3, entendi\u00e9ndose precisamente la hip\u00f3stasis como la verdadera \u00abrealidad\u00bb de la \u00abPersona\u00bb divina, consider\u00e1ndose por el contrario el t\u00e9rmino \u00abpersona\u00bb como impropio y no exento de ambig\u00fcedades y de inexactitudes terminol\u00f3gicas, que repercuten en el mismo contenido. Efectivamente, el t\u00e9rmino \u00abpersona\u00bb, que es la versi\u00f3n latina del griego pr\u00f3sopon, se prestaba a la sospecha de modalismo, en cuanto que significaba en su origen la \u00abcareta\u00bb que se pon\u00ed\u00ada el actor, y pod\u00ed\u00ada hacer sospechar que esa \u00abcareta\u00bb no ten\u00ed\u00ada una realidad aut\u00f3noma y concreta, sino que era solamente un \u00abmodo de ser\u00bb, una determinada \u00abapariencia\u00bb del actor mismo que se la pon\u00ed\u00ada. Hablar de pr\u00f3sopon dentro de la realidad divina significaba hacer pensar que ella se presentaba en unos modos privados de realidad y de individuaci\u00f3n y consiguientemente, al entenderse de ordinario y en primera instancia de Dios Padre o, en todo caso, del Padre como origen de la realidad divina, las otras personas pod\u00ed\u00adan parecer irreales y no sustanciales, y por tanto como \u00abmodos de ser\u00bb del Padre.<\/p>\n<p>2. ANTECEDENTES. Los antecedentes de esta formulaci\u00f3n que present\u00f3 de una forma limpia y segura, como fruto de una reflexi\u00f3n meditada y convincente, Basilio de Cesarea, a la edad de poco m\u00e1s de treinta a\u00f1os, en el Contra Eunomio (364-365) resultan dif\u00ed\u00adciles de se\u00f1alar. Simonetti&#8217; ha indicado algunos, que no son ciertos ni mucho menos. Atanasio, en el Tomus ad Antiochenos -observa Simonetti- se hab\u00ed\u00ada limitado a reconocer que pod\u00ed\u00ada ser aceptable hablar bien de una o bien de tres hip\u00f3stasis de la divinidad, entendi\u00e9ndose entonces en el primer caso la palabra hip\u00f3stasis en el sentido que los Capadocios dan a ous\u00ed\u00ada (una sola hip\u00f3stasis, o sea, una sola sustancia o realidad divina), mientras que en el segundo caso, al hablar de tres hip\u00f3stasis, se estaba cerca de la formulaci\u00f3n de los Capadocios, pero pod\u00ed\u00ada estarse tambi\u00e9n cerca de la formulaci\u00f3n origeniana. En las Ep\u00ed\u00adstolas a Serapi\u00f3n, otra obra tard\u00ed\u00ada, Atanasio hab\u00ed\u00ada seguido hablando seg\u00fan la terminolog\u00ed\u00ada del Contra Arianos anterior, es decir, entendiendo una sola ous\u00ed\u00ada o naturaleza de la divinidad. De aqu\u00ed\u00ad se segu\u00ed\u00ada que no se usaba nunca hip\u00f3stasis&#8217; en los contextos trinitarios y que llegaba a faltar la especificaci\u00f3n, por media de un t\u00e9rmino t\u00e9cnico, de la subsisten cia individual de las personas en el \u00e1mbito de la realidad divina com\u00fan. Lo mismo que no usa el t\u00e9rmino hip\u00f3stasis, tampoco Atanasio se sirve de pr\u00f3sopon, es decir, de persona.<\/p>\n<p>Al contrario, Apolinar de Laodicea, pocos a\u00f1os antes de Basilio, o quiz\u00e1s al mismo tiempo que \u00e9l, habr\u00ed\u00ada propuesto la utilizaci\u00f3n de la f\u00f3rmula de tres personas, \u00abque tienen una sola divinidad, ya que en la Trinidad se conserva la unidad de naturaleza&#8230;; una sola es la ous\u00ed\u00ada de la Trinidad\u00bb. En \u00e9sta, como en otras doctrinas trinitarias, Apolinar es sin duda el m\u00e1s cercano a los Capadocios, y la afinidad entre \u00e9stos y la interesante figura del te\u00f3logo niceno ser\u00ed\u00ada mejor acogida por los modernos, si su doctrina no se hubiera perdido casi por completo tras la condenaci\u00f3n provocada por su cristolog\u00ed\u00ada her\u00e9tica.<\/p>\n<p>Junto a estos precedentes m\u00e1s cercanos en el tiempo, los Capadocios podr\u00ed\u00adan haber sufrido la influencia de una tradici\u00f3n \u00abdom\u00e9stica\u00bb, por as\u00ed\u00ad decirlo: la de Gregorio el Taumaturgo, que nos conduce sustancialmente a la especulaci\u00f3n de Or\u00ed\u00adgenes, de quien hab\u00ed\u00ada sido disc\u00ed\u00adpulo el Taumaturgo. En este aspecto de la doctrina de los Capadocios, es decir, sobre esta l\u00ed\u00adnea de descendencia que va de Or\u00ed\u00adgenes al Taumaturgo y a los Capadocios, naturales de la regi\u00f3n evangelizada por el mismo Gregorio el Taumaturgo, insiste especialmente K. Koll2. La formaci\u00f3n espiritual de los Capadocios por obra de la ense\u00f1anza de Gregorio el Taumaturgo es se\u00f1alada expresamente por Basilio (Epist.204, 2) y por Gregorio de Nisa (Vita Greg. Thaumat.: PG 46, 912 D).<\/p>\n<p>Volviendo a la doctrina de la \u00fanica sustancia que se articula en tres hip\u00f3stasis, tal como se encuentra perfectamente formulada en la primera obra teol\u00f3gica de Basilio, Simonetti avanza la hip\u00f3tesis de que recoge un esquema teol\u00f3gico de la filosof\u00ed\u00ada neoplat\u00f3nica, y m\u00e1s concretamente de Porfirio. Un fragmento de este fil\u00f3sofo, citado por Didimo (Trin. II, 760) y Cirilo de Alejandr\u00ed\u00ada (Contra Jul. 1: PG 76, 553), suena as\u00ed\u00ad: \u00abPlat\u00f3n afirm\u00f3 que la esencia de lo divino (&#8230;) procede hasta tres hip\u00f3stasis (&#8230;): est\u00e1 el Dios supremo y bueno; despu\u00e9s de \u00e9l, como segundo, el creador; y y tercero, el alma del mundo&#8230;\u00bb Aunque no podamos ir m\u00e1s all\u00e1 de una razonable probabilidad, hay que admitir de todos modos que el intento de Simonetti ha sido muy interesante para explicar el origen de la f\u00f3rmula trinitaria de los Capadocios. Posteriormente, A. Milano\u00bb piensa que no debe excluirse tampoco la presencia de una influencia estoica, compaginable con la neoplat\u00f3nica de las tres hip\u00f3stasis, dado el clima de sincretismo filos\u00f3fico del siglo IV. Seg\u00fan Milano, podr\u00ed\u00ada remontarse al estoicismo la concepci\u00f3n de la ous\u00ed\u00ada como materia de suyo indeterminada, pero caracterizada en concreto por una cualidad: \u00abApenas se le a\u00f1adi\u00f3 a la ous\u00ed\u00ada el car\u00e1cter individuante (id\u00ed\u00ada poi\u00f3tes), se tiene el individuo&#8230;\u00bb En confirmaci\u00f3n de una reinterpretaci\u00f3n cristiana de eventuales formulaciones neoplat\u00f3nicas (o, de todas formas, filos\u00f3ficas) se puede observar tambi\u00e9n que el t\u00e9rmino \u00abhip\u00f3stasis\u00bb era de uso com\u00fan en la filosof\u00ed\u00ada griega; constituye sustancialmente una superaci\u00f3n del callej\u00f3n sin salida en el que hab\u00ed\u00ada llegado a meterse la especulaci\u00f3n nicena, demasiado ligada al homoo\u00fasion y tenazmente empe\u00f1ada en no ver sus dificultades de aplicaci\u00f3n en su forma m\u00e1s sencilla y elemental; al actuar como actu\u00f3, Basilio se vinculaba en parte a la tradici\u00f3n homeousiana, reelabor\u00e1ndola de la manera m\u00e1s rigurosa y consecuente.<\/p>\n<p>II. Basilio<br \/>\nBasilio, en el Contra Eunomium, formula esta doctrina -como indica el t\u00ed\u00adtulo de la misma obra- en pol\u00e9mica contra el hereje anomeo, que hab\u00ed\u00ada adoptado para el Padre el t\u00e9rmino de \u00abinengendrado\u00bb, como indicativo de su naturaleza divina, y para el Hijo el de \u00abcreado\u00bb, para subrayar la diferencia abismal de naturaleza entre el Padre, \u00fanica persona divina, y el Hijo, Dios solamente en sentido impropio. Basilio rechaza la oposici\u00f3n entre inengendrado y creado, que hab\u00ed\u00ada introducido Eunomio, y prefiere volver a emplar el t\u00e9rmino \u00abPadre\u00bb, bien porque el t\u00e9rmino \u00abinengendrado\u00bb es extra\u00f1o a la Escritura, bien porque el t\u00e9rmino \u00abPadre\u00bb introduce por medio de una relaci\u00f3n (schesis) la existencia del Hijo (Contra Eunomium I, 5). El concepto de \u00abrelaci\u00f3n\u00bb es fundamental en la doctrina de Basilio, ya que explica precisamente la relaci\u00f3n entre sustancia e hip\u00f3stasis: la sustancia divina es incognoscible, y por tanto se equivoca Eunomio al atribuirle el t\u00e9rmino de \u00abinengendrado\u00bb (Eunomio entend\u00ed\u00ada s\u00f3lo al Padre como sustancia divina; el t\u00e9rmino de \u00abinengendrado\u00bb puede ser propio solamente del Padre, ya que indica una relaci\u00f3n con aquel que es engendrado, es decir, el Hijo; las diversas caracterizaciones (idi\u00f3tetes, idi\u00f3mata) de las personas divinas, a pesar de ser reales y estar justificadas, e incluso sacadas de la Escritura, no caracterizan a la sustancia divina, sino a las personas (cf. Contra Eunomium II, 5).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, pues, una vez precisado que Basilio ve en las peculiaridades diferenciadoras de las personas solamente las caracter\u00ed\u00adsticas de cada una de ellas, y que las tres se mantienen juntas por una relaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca, se sigue que tanto Basilio como los otros padres capadocios, que siguieron el ejemplo de Basilio, razonan de forma an\u00e1loga, mostrando una atenci\u00f3n vigilante a la distinci\u00f3n de las propiedades de cada persona, atribuyendo unas a una persona y otras a otra; esta atenci\u00f3n debi\u00f3 parecer excesiva, sobre todo a los nicenos de la m\u00e1s estrecha observancia, hasta el punto de que se acus\u00f3 repetidas veces a los Capadocios, y sobre todo a los dos Gregorios, de trite\u00ed\u00adstas. Esta acusaci\u00f3n se repetir\u00ed\u00ada para ciertos aspectos en la \u00e9poca moderna, cuando algunos estudiosos subrayaron la escasa insistencia de los Capadocios en subrayar el concepto de unidad divina, a diferencia de lo que hicieron Atanasio y los occidentales. En realidad, replica Milano, \u00abm\u00e1s all\u00e1 de este desliz expresivo, se trata de una simple diferencia de acento entre los dos grupos: los primeros (o sea, los homousianos) insist\u00ed\u00adan m\u00e1s en la unidad en clave pol\u00e9mica antiarriana; los segundos equilibraban la formulaci\u00f3n marcando la distinci\u00f3n intradivina\u00bb. Sea de ello lo que fuere, Basilio se explicit\u00f3 en su adhesi\u00f3n al homoo\u00fasion de Nicea, que proclama tambi\u00e9n por medio de la interpretaci\u00f3n del Trisagion, t\u00ed\u00adpica de los ambientes nicenos: la aclamaci\u00f3n \u00abSanto, Santo, Santo\u00bb de los serafines de Is 6, 3 debe referirse a las tres personas (cf. De Spiritu Sancto 16, 38). Pero dentro del homoo\u00fasion, el Padre es el Arquetipo, al que nos elevamos fijando nuestra mirada en la belleza de la imagen del Dios invisible. As\u00ed\u00ad pues, el Hijo es imagen de la belleza del Padre (cf. Col 1, 15) ya que el mismo Cristo hab\u00ed\u00ada dicho que \u00abel que me ve a m\u00ed\u00ad, ve tambi\u00e9n al Padre\u00bb (cf. 14, 8) (cf. De Spiritu Sancto 18, 47), aunque, propiamente, \u00abnadie conoce al Padre m\u00e1s que el Hijo (cf. Mt 11, 27). El t\u00e9rmino de \u00abArquetipo\u00bb, referido al Padre, nos conduce sin duda a la que era la concepci\u00f3n difundida com\u00fanmente en el cristianismo antiguo: el Padre es la fuente de la sustancia divina y el origen de las otras personas: \u00abLa imagen del Dios invisible no se actu\u00f3 en un momento sucesivo en relaci\u00f3n con el Arquetipo, a la manera de las im\u00e1genes fabricadas en este mundo, sino que existe juntamente y subiste despu\u00e9s del que la suscit\u00f3 y existe en cuanto que existe el Arquetipo&#8230;, porque toda la naturaleza entera del Padre ha hecho ver su huella en el Hijo, como si fuera un sello\u00bb (Contra Eunomium II, 16, 605A).<\/p>\n<p>Como ocurre a menudo en los Capadocios (e incluso en los escritores nicenos del siglo IV), la meditaci\u00f3n teol\u00f3gica sobre el Padre implica la meditaci\u00f3n sobre el Hijo, dado el car\u00e1cter central de la cuesti\u00f3n del origen de la segunda persona. En estas relaciones y vinculaciones insiste Basilio sobre todo en su Contra Eunomium, ym\u00e1s particularmente en el segundo libro de esta obra: la \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n de consustancialidad entre el Padre y el Hijo fue negada por el anomeo, pero est\u00e1 atestiguada con toda evidencia en una multitud de pasajes b\u00ed\u00adblicos (algunos de los cuales son de uso com\u00fan en el dossier de los escritores nicenos: por ejemplo, Col 1, 15; Heb 1, 3; etc.). El Hijo muestra en s\u00ed\u00ad mismo el Padre por entero y la gloria del Padre resplandece completa e \u00ed\u00adntegramente en el Hijo (Contra Eunomium, II, 17-18). La relaci\u00f3n paternal entre la primera y la segunda persona est\u00e1 indicada en las palabras del Salmo 109, 3: \u00abAntes de la aurora te he engendrado de mi seno\u00bb, y la confirman las palabras mismas de Cristo, que varias veces en el evangelio llama a su Padre y quiere que tambi\u00e9n nosotros nos dirijamos a \u00e9l con esta invocaci\u00f3n (cf. Mt 23, 9) (Contra Eunomium II, 23). Naturalmente, el Padre no es padre nuestro de la misma manera con que es padre del Hijo (ibid.), prosigue Basilio, repitiendo una precisi\u00f3n obvia de los escritores nicenos. La relaci\u00f3n paternal implica, sin embargo, un problema que hab\u00ed\u00adan suscitado ya los arrianos y del que tuvieron que ocuparse varias veces los escritores nicenos; lo encontramos como objeto de discusi\u00f3n intensa tambi\u00e9n en Gregorio de Nacianzo, como luego veremos. La paternidad -objetaban los herejes- implica una pasi\u00f3n (pathos); es decir -entendiendo este t\u00e9rmino seg\u00fan la aceptaci\u00f3n que implica en la literatura griega, m\u00e1s concretamente en la filos\u00f3fica-, la pasi\u00f3n implica un cambio en quien la sufre y la generaci\u00f3n del Hijo amenaza con transtornar la naturaleza perfect\u00ed\u00adsima de Dios Padre. Por consiguiente, hay que concebir una generaci\u00f3n divina que excluya absolutamente toda forma de pathos, pero tambi\u00e9n toda parcelaci\u00f3n, toda divisi\u00f3n, toda temporalidad; tiene lugar a la manera de la difusi\u00f3n del rayo de luz (Contra Eunomium II, 16). El nombre de \u00abPadre\u00bb, por consiguiente, sustituye a cualquier otro nombre, para indicar plenamente a la primera persona de la Trinidad, hasta el punto de que Basilio, para subrayar el car\u00e1cter esencial de la funci\u00f3n paterna, introduce el t\u00e9rmino, usado por \u00e9l por primera vez con esta densidad, de patr\u00f3tes, o sea, \u00abpaternidad\u00bb, un t\u00e9rmino que propone con cierta circunspecci\u00f3n en Contra Eunomium II, 12, 595B y 28, 637B. Podr\u00ed\u00adamos preguntarnos, en este punto, como se preguntaron en el fondo los arrianos, si semejante \u00abpaternidad\u00bb se realiza tambi\u00e9n respecto al Esp\u00ed\u00adritu Santo y si determina su origen; el problema es, precisamente, el de elucidar el modo de la subsistencia del Esp\u00ed\u00adritu y de su procedencia del Padre, a pesar de no ser hijo del Padre. Basilio, sin entrar en el problema, que hab\u00ed\u00ada sentido con mayor urgencia Gregorio de Nacianzo, se limita a decir que el Esp\u00ed\u00adritu Santo es simult\u00e1neamente Esp\u00ed\u00adritu de Dios y Esp\u00ed\u00adritu de Cristo (Contra Eunomium II, 33), que es santo como el Padre es santo y como el Hijo es santo (ibid. III, 3) y que la misma denominaci\u00f3n de \u00abesp\u00ed\u00adritu\u00bb le es com\u00fan con el Padre y con el Hijo. En su posterior De Spiritu Sancto Basilio vuelve a tocar este tema partiendo, como dice el t\u00ed\u00adtulo de la obra, de la problem\u00e1tica relativa al Esp\u00ed\u00adritu Santo, pero teniendo ante la vista, naturalme\u00f1te, todo lo que ata\u00f1e a las otras dos personas, y en primer lugar lo que se refiere al Padre, que es el origen del Esp\u00ed\u00adritu. Puede decirse que en esta obra Basilio est\u00e1 animado sobre todo por la intenci\u00f3n de estrechar lo m\u00e1s posible las relaciones entre las tres personas y por el deseo de unir las hip\u00f3stasis entre s\u00ed\u00ad. Para ello dedica una secci\u00f3n de la obra a subrayar que el uso b\u00ed\u00adblico de las preposiciones, atestiguado sobre todo en 1 Cor 8, 6 y Rom 11, 36, a pesar de referirse tradicionalmente al Padre y al Hijo (ek: \u00abdel\u00bb Padre; di\u00e1: \u00aba trav\u00e9s\u00bb del Hijo; m\u00e1s recientemente, aunque en una \u00e9poca sin precisar, inclu\u00ed\u00ada tambi\u00e9n en esta f\u00f3rmula al Esp\u00ed\u00adritu Santo: en, es decir \u00aben\u00bb el Esp\u00ed\u00adritu), que semejante uso b\u00ed\u00adblico -dec\u00ed\u00adamos- no implica una absoluta separaci\u00f3n entre las tres personas, ya que la misma Escritura utiliza indiferentemente estas preposiciones para designar a cada una de las personas de la Trinidad. Sirvi\u00e9ndose de un lenguaje m\u00e1s t\u00e9cnicamente filos\u00f3fico, Basilio observa que, en la creaci\u00f3n, el Padre representa la causa principal (prokataektik\u00e9) de todo lo que existe, el Hijo la causa creadora (demiourgik\u00e9) y el Esp\u00ed\u00adritu la causa perfeccionadora (teleiotik\u00e9) (De Spiritu Sancto 16, 38). Del mismo modo, el Padre no es extra\u00f1o a la distribuci\u00f3n de los bienes que realiza el Esp\u00ed\u00adritu Santo: \u00e9stos nos vienen del Padre, a trav\u00e9s del Hijo, por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo (ibid. 8, 19).<\/p>\n<p>De todas formas, considerada en su conjunto, la doctrina trinitaria de Basilio puede decirse que tiende m\u00e1s a distinguir las hip\u00f3stasis que a unirlas, dentro de la \u00fanica sustancia divina.<\/p>\n<p>III. Gregorio Nacianceno<br \/>\nSabido es que Gregorio Nacianceno (como, por lo dem\u00e1s, el otro gran capadocio, Gregorio de Nisa) parte de Basilio para su meditaci\u00f3n teol\u00f3gica; en efecto, Basilio era para los dos Gregorios el maestro indiscutible. Por tanto, el Nacianceno recoge sin vacilaci\u00f3n alguna la articulaci\u00f3n basiliana de la sustancia y de la hip\u00f3stasis, introduciendo en el interior de esta articulaci\u00f3n algunas modificaciones ciertamente no superficiales, perfectamente significativas de su espiritualidad. Ya han observado los estudiosos que el Nacianceno abandona el concepto de patr\u00f3tes (y su correlativo de hyi\u00f3tes, es decir, de \u00abpaternidad\u00bb y de \u00abfilialidad\u00bb), introducidos por Basilio, para insistir en la peculiaridad de la \u00abingeneraci\u00f3n\u00bb del Padre, fuente de la naturaleza divina. As\u00ed\u00ad pues, se caracteriza al Padre por su ser ing\u00e9nito, y su connotaci\u00f3n fundamental es la \u00abingenerabilidad\u00bb (ag\u00e9nnetos, agennes\u00ed\u00ada); otro t\u00e9rmino, usado tambi\u00e9n con mucha frecuencia, es el de \u00abprincipio\u00bb (arch\u00e9), precisamente porque el Padre es sin principio, pero a su vez es principio de la naturaleza divina (mientras que las otras dos personas tienen un \u00abprincipio\u00bb, l\u00f3gicamente fuera del tiempo, ya que son coeternas y homoo\u00fasioi con el Padre). En cuanto que es principio, se refieren al Padre las f\u00f3rmulas paulinas de Rom 11, 36 y 1 Cor 8, 6. Se presenta esta \u00faltima f\u00f3rmula en un pasaje interesante de Orat. 39, 12, con la adaptaci\u00f3n ya presente en Basilio (De Spiritu Sancto 2, 4-3, 5), como se observ\u00f3 anteriormente, del \u00aben el cual\u00bb referido al Esp\u00ed\u00adritu Santo. El Nacianceno establece una correspondencia concreta entre las dos f\u00f3rmulas paulinas, pero atribuyendo a cada una una funci\u00f3n concreta: mientras que 1 Cor 8, 6 distingue las hip\u00f3stasis, Rom 11, 36 subraya su unidad y el retorno al origen.<\/p>\n<p>An\u00e1logamente, en un discurso pronunciado unos meses antes (mayo del 381) en presencia de los obispos reunidos en el concilio, precisamente al anunciar que abandonaba su c\u00e1tedra de Constantinopla (Orat. 42, 15), Gregorio de Nacianzo utiliza una f\u00f3rmula inspirada en Rom 11, 36: \u00abla uni\u00f3n es el Padre, del que proceden y al que se reducen las realidades sucesivas, es decir, las otras dos personas, que no se confunden con la primera, sino que se unen con ella (dicho en oposici\u00f3n a los sabelianos), ni est\u00e1n divididas del tiempo o de la voluntad del Padre\u00bb (una indicaci\u00f3n dirigida con la misma claridad pol\u00e9mica contra los arrianos, que convert\u00ed\u00adan en criaturas a las dos personas). Esta equidistancia de la recta fe entre el arrianismo y el sabelianismo es un clich\u00e9 de los escritores nicenos, especialmente frecuente en el Nacianceno.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, como se ha dicho, el Padre es \u00aborigen\u00bb, es \u00abprincipio de la naturaleza divina: Gregorio se muestra m\u00e1s interesado que Basilio en observar c\u00f3mo se despliega el principio en las dos realidades sucesivas, precisando -para emplear su lenguaje- c\u00f3mo se pasa de la M\u00f3nada a la Tr\u00ed\u00adada. Gregorio de Nacianzo intenta representarse este proceso recurriendo a verbos que indican el movimiento, el \u00abdesbordamiento\u00bb de la riqueza divina original, es decir, la del Padre, en las otras dos personas de la Trinidad, poniendo atenci\u00f3n (como en Orat. 29, 2) en evitar el emanatismo neoplat\u00f3nico, seg\u00fan el cual la producci\u00f3n de la segunda hip\u00f3stasis (es decir, para Gregorio, la generaci\u00f3n del Hijo) se deber\u00ed\u00ada a una especiede \u00absobreabundancia\u00bb (de bondad). Pues bien, el concepto de \u00absobreabundancia\u00bb se presentar\u00ed\u00ada como algo mec\u00e1nico, que destruir\u00ed\u00ada o debilitar\u00ed\u00ada las caracter\u00ed\u00adsticas peculiares de la generaci\u00f3n paterna. El Nacianceno, por consiguiente, acent\u00faa las caracter\u00ed\u00adsticas de esa generaci\u00f3n, bien sea recogiendo algunas observaciones de Basilio (por ejemplo, la ausencia de pathos), o bien insistiendo con un entusiasmo t\u00ed\u00adpico de su personalidad en los aspectos por as\u00ed\u00ad decir personales de la generaci\u00f3n del Hijo.<\/p>\n<p>Resulta especialmente importante la aportaci\u00f3n que ofreci\u00f3 Gregorio Nacianceno a la teolog\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu Santo que hab\u00ed\u00ada dejado en suspenso Basilio, por lo que se refiere a la definici\u00f3n del origen y de la realidad de la tercera persona. Basilio, preocupado ya por las luchas contra los arrianos, vacilaba en extender tambi\u00e9n abiertamente al Esp\u00ed\u00adritu Santo la calidad del homoo\u00fasion, dado que este t\u00e9rmino era objeto de serias discusiones ya para el Hijo; una extensi\u00f3n al Esp\u00ed\u00adritu del homoo\u00fasion de Nicea no le parec\u00ed\u00ada \u00abecon\u00f3mica\u00bb a Basilio, que corr\u00ed\u00ada as\u00ed\u00ad el riesgo de perder el apoyo de las tendencias macedonianas, abiertamente enemigas del arrianismo. De todas formas, Basilio no negaba ciertamente la realidad divina del Esp\u00ed\u00adritu; pero en cuanto a su naturaleza y a su origen se limitaba a exigir para \u00e9l la \u00abparidad de honor\u00bb con las otras personas (homotim\u00ed\u00ada), dado que esta paridad implicaba sustancialmente una igual divinidad. Gregorio de Nacianzo, por su parte, impaciente por extender el homoo\u00fasion tambi\u00e9n al Esp\u00ed\u00adritu Santo, se vio frenado severamente por Basilio (cf. Gregorio Nacianceno, Orat. 12, 6; Epist. 58-59; Basilio, Epist. 71); una vez desaparecido en el 379 su maestro, Gregorio no tuvo ya reparos en manifestar su opini\u00f3n en algunas de sus obras escritas en el 380 (Orat. 31, 15 y 25; 39, 12; Carm. I, 1, 3). Por lo dem\u00e1s, su decisi\u00f3n de proseguir por este camino fue acogida tambi\u00e9n por Gregorio de Nisa y la posici\u00f3n doctrinal de ambos se impuso en el concilio contempor\u00e1neo de Constantinopla, influidos por ellos bajo algunos aspectos. El origen del Esp\u00ed\u00adritu, diferente del origen del Hijo, era percibido por el Nacianceno en la ense\u00f1anza de Jn 14, 6 y 15, 26, en donde el texto evang\u00e9lico habla de \u00abprocedencia\u00bb, de \u00abprocesi\u00f3n\u00bb (ekp\u00f3reusis, \u00e9kpempsis). Este \u00abt\u00e9rmino t\u00e9cnico\u00bb colocaba el origen del Esp\u00ed\u00adritu en un plano paralelo al del Hijo, a quien correspond\u00ed\u00ada, como se ha visto, la gennes\u00ed\u00ada (cf. Orat. 25, 6; 26, 19; 30, 19; Carm. I, 2, 10, 988).<\/p>\n<p>IV. Gregorio de Nisa<br \/>\nLa especulaci\u00f3n teol\u00f3gica del Niseno, aunque recoge las l\u00ed\u00adneas fundamentales del planteamiento hecho por Basilio, se separa del mismo (como, por lo dem\u00e1s, de la especulaci\u00f3n del Nacianceno) por m\u00faltiples motivos. Sobre todo, la especulaci\u00f3n del Niseno est\u00e1 m\u00e1s interesada en las soluciones filos\u00f3ficas y tiende a una mayor abstracci\u00f3n en el razonamiento que la de Basilio o Gregorio Nacianceno; la ex\u00e9gesis b\u00ed\u00adblica del Niseno, a pesar de estar desarrollada con amplitud y viveza, no se muestra muy interesada por los pasajes que tienen que ver con las cuestiones trinitarias, sino que se dirige m\u00e1s bien a otros temas.<\/p>\n<p>En el \u00e1mbito de la doctrina basiliana sobre la sustancia y la hip\u00f3stasis, el Niseno no tiene dificultad en recoger la concepci\u00f3n de que el Padre es el origen de la Trinidad, pero ve este despliegue de la naturaleza divina sobre todo en el \u00e1mbito de su obrar: la iniciativa de la acci\u00f3n corresponde al Padre, la operaci\u00f3n al Hijo, que es el poder de Dios (cf. Col 1, 20), y la perfecci\u00f3n (tel\u00e9iosis) al Esp\u00ed\u00adritu Santo (Non sunt tres dii 128A-C; Adv. Maced. 1329B). Los argumentos con los que el Niseno quiere demostrar la homoous\u00ed\u00ada de las tres personas coinciden esencialmente con los de los otros dos Capadocios&#8217;. Las hip\u00f3stasis son caracterizadas por el Niseno de forma algo distinta, en lo que se refiere al Hijo y al Esp\u00ed\u00adritu, que poseen respectivamente la naturaleza de Unig\u00e9nito y la de ser originado del Padre a trav\u00e9s del Unig\u00e9nito. La sustancia del Padre se desborda a trav\u00e9s del Hijo hasta el Esp\u00ed\u00adritu Santo, lo mismo que tres luces, de las que la primera se propaga a la tercera por medio de la segunda. Por lo que se refiere a la persona del Padre, el Niseno evita, como hab\u00ed\u00ada hecho el Nacianceno, la terminolog\u00ed\u00ada de Basilio, la de \u00abpaternidad\u00bb y \u00abfilialidad\u00bb, mientras que recoge (o emplea con la misma desenvoltura) la terminolog\u00ed\u00ada del Nacianceno en lo que se refiere al Padre: el Padre es el ingendrado y la causa. M\u00e1s a\u00fan, precisamente a prop\u00f3sito de ello el Niseno desarrolla su distinci\u00f3n entre el Padre, origen de la naturaleza divina, y las otras dos personas: en la Trinidad es posible descubrir, a pesar de la presencia de la misma naturaleza, una diferencia \u00abseg\u00fan la causa y lo causado\u00bb. El uno, el Padre, es la causa; los otros, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu, son los causados, los que proceden de la causa. Dentro de esta segunda realidad hay una diferencia ulterior: el uno est\u00e1 caracterizado por derivarse inmediatamente del Primero, el otro por el hecho de derivarse de aquel que deriva inmediatamente del Primero.<\/p>\n<p>El Niseno fue acusado insistentemente (con mayor obstinaci\u00f3n que Basilio y Gregorio de Nacianzo) de trite\u00ed\u00adsmo, una acusaci\u00f3n que les dirigi\u00f3 el ambiente niceno, poco dispuesto a aceptar la doctrina de las tres hip\u00f3stasis. Niseno replic\u00f3 a estas acusaciones sobre todo en las obras teol\u00f3gicas menores (Ad Eustathium, Ad graecos ex communibus notionibus. Quod non sunt tres dii). Como se habr\u00ed\u00ada podido objetar a su doctrina de las tres hip\u00f3stasis que esta doctrina implica el trite\u00ed\u00adsmo, debido al hecho de que dentro de la misma naturaleza divina viven tres hip\u00f3stasis, lo mismo que dentro de la misma naturaleza humana existen m\u00faltiples individuos, todos ellos llamados \u00abhombres\u00bb, el Niseno replica observando que el t\u00e9rmino \u00abhombre\u00bb no indica al individuo sino el g\u00e9nero; por eso, s\u00f3lo impropiamente hablamos de tres hombres, o decimos que Pedro, Santiago y Juan son \u00abhombres\u00bb; en realidad, s\u00f3lo existe el g\u00e9nero \u00abhombre\u00bb, o sea, la humanidad, que es id\u00e9ntica en cada uno de los individuos. De forma an\u00e1loga, el t\u00e9rmino Dios no indica a un individuo, sino el g\u00e9nero; y esto es m\u00e1s verdad a\u00fan en cuanto que el t\u00e9rmino \u00abDios\u00bb, de suyo, no indica precisamente la realidad divina seg\u00fan su naturaleza, sino solamente una funci\u00f3n de la misma, que es, como revela el t\u00e9rmino \u00abDios\u00bb (en griego: the\u00f3s ), la del ver(griego: the\u00e1\u00f3mai). En Efecto, Dios ve todo el universo; y el hombre, cuando quiere indicar su existencia, en realidad s\u00f3lo indica una operaci\u00f3n suya. Tambi\u00e9n de esta cuesti\u00f3n podemos deducir los vivos intereses filos\u00f3ficos que gu\u00ed\u00adan al Niseno, movido m\u00e1s bien a una consideraci\u00f3n general de Dios que a una profundizaci\u00f3n de la realidad de cada una de las personas.<\/p>\n<p>[-> Arrianismo; Atanasio, san y Alejandrinos; Concilios; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Filosof\u00ed\u00ada; Hijo; Jesucristo; Naturaleza; Or\u00ed\u00adgenes; Padre; Padres (griegos y latinos); Personas divinas; Procesiones; Propiedades; Relaciones; Teolog\u00ed\u00ada y econom\u00ed\u00ada; Trinidad; Unidad.]<br \/>\nClaudio Moreschini<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ver Basilio el Grande; Gregorio Nacianceno; Gregorio de Nisa. VIDAL MANZANARES, C\u00e9sar, Diccionario de Patr\u00ed\u00adstica, Verbo Divino, Madrid, 1992 Fuente: Diccionario de Patr\u00edstica SUMARIO: I. Hip\u00f3stasis y ous\u00ed\u00ada: 1. Formulaci\u00f3n de la relaci\u00f3n entre hip\u00f3stasis y ous\u00ed\u00ada; 2. Antecedentes.- II. Basilio.- III. Gregorio de Nacianzo.- IV. Gregorio de Nisa. I. Hip\u00f3stasis y ous\u00ed\u00ada 1. FORMULACI\u00ed\u201cN &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/capadocios-padres\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCAPADOCIOS, PADRES\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16132","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16132","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16132"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16132\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16132"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16132"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16132"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}