{"id":16359,"date":"2016-02-05T10:34:04","date_gmt":"2016-02-05T15:34:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/comunidad-cristiana\/"},"modified":"2016-02-05T10:34:04","modified_gmt":"2016-02-05T15:34:04","slug":"comunidad-cristiana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/comunidad-cristiana\/","title":{"rendered":"COMUNIDAD CRISTIANA"},"content":{"rendered":"<p>Es verdad que como cuerpo de Cristo! como comunidad cristiana, somos un peque\u00f1o reba\u00f1o,    un grano de mostaza, un pu\u00f1ado de levadura, con respecto a la inmensa incredulidad del mundo y al extraordinario poder\u00ed\u00ado de la pasiones mundanas puestas al servicio de intereses distintos a los del evangelio. Sin embargo, lo importante no es perderse en comparaciones, sino proclamar: Se\u00f1or, t\u00fa reinas en nosotros, somos tu cuerpo, t\u00fa vives a trav\u00e9s de las distintas realidades que lo configuran. Y la contemplaci\u00f3n de esta plenitud de Dios en nosotros nos dar\u00e1 fuerza y serenidad para llevar a cabo nuestro camino y ser instrumentos del evangelio donde y como Dios nos quiera.  Esta realidad viva del cuerpo de Cristo es reveladora del misterio de Dios. Nosotros somos la prolongaci\u00f3n en el tiempo de la misi\u00f3n del Hijo, la manifestaci\u00f3n del amor con el que el Padre ama al Hijo y el Hijo ama al Padre. En medio de nosotros y a trav\u00e9s de nosotros se est\u00e1n produciendo cosas cuyo significado apenas somos capaces de balbucear, porque superan infinitamente nuestra inteligencia: s\u00f3lo podemos intuir su valor l\u00ed\u00admite que da valor a cualquier otra cosa en la tierra, el valor supremo y absoluto que da sentido a la existencia de todo hombre. Es el misterio trinitario del Padre que ama al Hijo, del Hijo que ama al Padre con ese amor perfecto y personal que es el Esp\u00ed\u00adritu Santo.  Pobres y limitados como somos, podemos mostrar en nuestra vida \u00abel infinito poder del Esp\u00ed\u00adritu Santo que de forma admirable act\u00faa en la iglesia\u00bb.  Amados por Dios, indultados y perdonados por \u00e9l, caminamos juntos, acogi\u00e9ndonos y perdon\u00e1ndonos: as\u00ed\u00ad revelamos al mundo el amor de Dios.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. La recuperaci\u00f3n de los or\u00ed\u00adgenes. II. Nacida de la comuni\u00f3n para la comuni\u00f3n: 1. En una historia de alianza; 2. La fuente est\u00e1 en la Trinidad; 3. Reunida y enviada por el Esp\u00ed\u00adritu. III. Realizaci\u00f3n hist\u00f3rica de la comuni\u00f3n: 1. Dimensi\u00f3n comunitaria de la fe; 2. La comunidad inmediata. IV. \u00ed\u0081mbito maternal de la catequesis: 1. Una catequesis en clave comunitaria. Proceso hist\u00f3rico; 2. La comunidad cristiana, origen, lugar y meta de la catequesis.<\/p>\n<p>I. La recuperaci\u00f3n de los or\u00ed\u00adgenes<br \/>\nA lo largo de toda la etapa posconciliar pocos acontecimientos han sido tan trascendentales para la Iglesia como la recuperaci\u00f3n de la comunidad en cuanto eje central de toda su pastoral y n\u00facleo de la vida eclesial. Hablamos de acontecimiento en un sentido din\u00e1mico; no nos referimos, pues, al establecimiento de una serie de estructuras externas, sino a la transformaci\u00f3n que se va produciendo lentamente, a menudo de manera imperceptible. Es, sobre todo, una toma de conciencia que va calando en las diferentes instancias eclesiales, y que se expresa ya a gritos desde muchos foros: \u00abTanto en las di\u00f3cesis como en las parroquias o en los movimientos apost\u00f3licos o en las congregaciones y \u00f3rdenes religiosas, debe darse siempre ese n\u00facleo llamado comunidad. Es, debe ser, su ra\u00ed\u00adz \u00faltima; como su coraz\u00f3n entra\u00f1able, su venero y manantial, que vivifica al conjunto de todos sus miembros\u00bb1.<\/p>\n<p>El desarrollo de esta conciencia comunitaria ha ido de la mano con la profundizaci\u00f3n que la propia Iglesia ha realizado de sus dos dimensiones esenciales: comuni\u00f3n y misi\u00f3n. Para ambas la comunidad cristiana es el lugar necesario de verificaci\u00f3n y encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Simult\u00e1neamente, y alentadas por el Vaticano II desde su constituci\u00f3n Lumen gentium, se ha avanzado en la reflexi\u00f3n y consiguiente revisi\u00f3n -lejos a\u00fan de concluirse- de la composici\u00f3n intraeclesial. Se superan, aun con grandes resistencias, los esquemas divisorios jerarqu\u00ed\u00ada-laicado y cl\u00e9rigosreligiosos-fieles, tendentes ambos a resaltar lo que diferencia sobre lo que es com\u00fan; en cambio, va afianz\u00e1ndose otro binomio como esquema m\u00e1s representativo de esta eclesiolog\u00ed\u00ada de comuni\u00f3n: comunidad-ministerios y carismas, donde la unidad en la comunidad es el punto de partida, la condici\u00f3n cristiana com\u00fan; desde ella se fundamenta la distinci\u00f3n, que viene requerida por la iniciativa libre y variada del Esp\u00ed\u00adritu, que es quien suscita en la Iglesia la riqueza de ministerios y carismas para la utilidad com\u00fan. En el marco de la comunidad, nacida de la fuente com\u00fan que es el bautismo, es donde podemos referirnos a una com\u00fan dignidad, una com\u00fan llamada a la santidad y un com\u00fan derecho, que tambi\u00e9n es deber, a participar en la misi\u00f3n de la Iglesia, la evangelizaci\u00f3n (cf ChL 55).<\/p>\n<p>Finalmente, ligada a las anteriores, se ha producido la recuperaci\u00f3n de la iniciaci\u00f3n cristiana, en cuanto proceso catequ\u00e9tico que conduce a la adquisici\u00f3n de la identidad cristiana. Este es el aut\u00e9ntico caballo de Troya, en el mejor sentido, pues su introducci\u00f3n en el seno del cuerpo eclesial, en las iglesias locales, en las parroquias, en los movimientos apost\u00f3licos&#8230; trae consigo un doble fruto: por una parte, produce la autoidentificaci\u00f3n del grupo iniciador, le induce a redescubrir su identidad; en este camino, hecho a nivel local, es donde toman cuerpo las recuperaciones de otros aspectos de la identidad eclesial a que antes alud\u00ed\u00adamos. Y por otra parte, el proceso va incorporando en la comunidad a nuevos sujetos que han podido asumir la fe cristiana en esta clave comunitaria, tan esencial a la catequesis de inspiraci\u00f3n catecumenal. Como afirma el Directorio general para la catequesis de 1997, as\u00ed\u00ad es como la comunidad se ha convertido en origen, lugar y meta de la catequesis (DGC 254).<\/p>\n<p>II. Nacida de la comuni\u00f3n para la comuni\u00f3n<br \/>\n\u00abLa eclesiolog\u00ed\u00ada de comuni\u00f3n es la idea central y fundamental de los documentos del Concilio\u00bb. Esta afirmaci\u00f3n del s\u00ed\u00adnodo extraordinario de 1985, asumida por Juan Pablo II (ChL 19), nos se\u00f1ala el dinamismo que ha impulsado la realidad actual de la comunidad cristiana. El misterio de la Iglesia-comuni\u00f3n es la clave que nos permite sobrepasar la estructura sociol\u00f3gica de la comunidad cristiana para descubrir el origen de su vida y sentido. \u00abLa comuni\u00f3n expresa el n\u00facleo profundo de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares, que constituyen la comunidad cristiana referencial\u00bb (DGC 253).<\/p>\n<p>1. EN UNA HISTORIA DE ALIANZA. La comunidad cristiana se enra\u00ed\u00adza en una historia de alianza narrada a trav\u00e9s de todas las p\u00e1ginas de la Biblia. Desde el comienzo al final, quien tiene la iniciativa en esa historia es Dios. El, que ha creado al hombre \u00aba su imagen y semejanza\u00bb (G\u00e9n 1,26), lo llama a vivir en comuni\u00f3n, con \u00e9l y con sus semejantes, y en esa comuni\u00f3n se cifra la realizaci\u00f3n de la persona humana. Dios es representado pintorescamente, a veces en formas atrevidas, intentando la comuni\u00f3n con el hombre, a pesar de las huidas de este. Cuando tiene que darse a conocer se identifica por sus relaciones: \u00abEl Dios de vuestros padres, el Dios de Abrah\u00e1n, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob&#8230;\u00bb (Ex 3,15). Sus profetas lo representan como el marido que quiere entra\u00f1ablemente a su esposa, y que incluso la busca y la perdona cuando ella le ha sido infiel (cf Os 2,16-25).<\/p>\n<p>Sin embargo, esta comuni\u00f3n no se traduce nunca en una relaci\u00f3n intimista, verticalista, del individuo con su Creador al margen dedos dem\u00e1s hombres. Desde el comienzo, Dios plantea al hombre la pregunta: \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 tu hermano?\u00bb (G\u00e9n 4,9). Y esa pregunta se hace m\u00e1s implacable cuando el hermano es el d\u00e9bil, el explotado, el indefenso. A trav\u00e9s de ellos, especialmente, pasa la comuni\u00f3n, d\u00e9 tal forma que no habr\u00e1 comuni\u00f3n con Dios sin comuni\u00f3n humana, y que la ruptura de esta \u00faltima quebranta igualmente la comuni\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>La ruptura de la comuni\u00f3n es lo que constituye el contrapunto de la historia de la alianza. Se trata de una historia de pecado que protagoniza el hombre. Con el pecado, queda frustrada la comuni\u00f3n, y con ella las posibilidades de realizaci\u00f3n humana.<\/p>\n<p>La historia de la alianza se convierte, pues, en historia de salvaci\u00f3n. Dios asume como misi\u00f3n suya salvar al hombre: conducirlo de nuevo a la comuni\u00f3n. \u00abLa comuni\u00f3n y la misi\u00f3n est\u00e1n profundamente unidas entre s\u00ed\u00ad, se compenetran y se implican mutuamente\u00bb (ChL 32).<\/p>\n<p>2. LA FUENTE EST\u00ed\u0081 EN LA TRINIDAD. Jes\u00fas nos revela la fuente de la alianza; es el \u00fanico que pod\u00ed\u00ada conocerla. Con \u00e9l nos asomamos a la Trinidad de Dios y descubrimos que la comuni\u00f3n define el ser mismo de Dios: Dios es comuni\u00f3n. Entre el Padre y el Hijo existe la comunicaci\u00f3n m\u00e1s plena y el don total de s\u00ed\u00ad en el Esp\u00ed\u00adritu Santo. La comuni\u00f3n de la Trinidad es propuesta por Jes\u00fas como modelo e ideal de la comuni\u00f3n humana: \u00abQue todos sean una sola cosa&#8230; como nosotros somos uno\u00bb (Jn 17,21-22). Esta comuni\u00f3n, personalizada en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, se desborda entre el Padre y el Hijo y se exterioriza en misi\u00f3n que alcanza a toda la humanidad; de tal forma que el modelo e ideal de toda misi\u00f3n ser\u00e1 tambi\u00e9n la Trinidad: \u00abTanto am\u00f3 Dios al mundo que dio a su Hijo \u00fanico\u00bb (Jn 3,16). As\u00ed\u00ad es la tensi\u00f3n din\u00e1mica comuni\u00f3n-misi\u00f3n que brota de la Trinidad: \u00abLa comuni\u00f3n es misionera y la misi\u00f3n es para la comuni\u00f3n\u00bb (ChL 32).<\/p>\n<p>En la persona de Jes\u00fas, en su encarnaci\u00f3n, en su vida y en su muerte, lo hemos experimentado: \u00abEn esto hemos conocido el amor: en que \u00e9l ha dado su vida por nosotros\u00bb (Un 3,16). Juan desarrolla esta reflexi\u00f3n y saca las consecuencias en su primera carta: \u00abSi Dios nos ha amado de este modo, tambi\u00e9n nosotros debemos amarnos los unos a los otros\u00bb (lJn 4,11). Es necesario asumir ese dinamismo para entrar en relaci\u00f3n con \u00e9l; la comuni\u00f3n con los hermanos nos asegura la comuni\u00f3n con Dios: \u00abSi nos amamos los unos a los otros, Dios est\u00e1 en nosotros\u00bb (lJn 4,12).<\/p>\n<p>El signo por excelencia de la participaci\u00f3n en el dinamismo divino comuni\u00f3n-misi\u00f3n es la comuni\u00f3n del pan y el vino eucar\u00ed\u00adsticos, el cuerpo de Jes\u00fas entregado y su sangre derramada por la salvaci\u00f3n de todos. El t\u00e9rmino koinon\u00ed\u00ada, usado por Pablo al narrar la cena del Se\u00f1or (1Cor 10,14.22), expresa el proyecto contenido en aquel signo, signo fundante de la comunidad cristiana, un proyecto de fraternidad que abraza a todos los hombres y anticipa la vuelta del Se\u00f1or para la plena comuni\u00f3n que tendr\u00e1 lugar en el banquete del Reino.<\/p>\n<p>3. REUNIDA Y ENVIADA POR EL ESP\u00ed\u008dRITU. En el signo de la eucarist\u00ed\u00ada encuentra la Iglesia las claves fundamentales para comprenderse a s\u00ed\u00ad misma. En ella se descubre nacida de la comuni\u00f3n para la comuni\u00f3n, y con esa conciencia se presenta ante el mundo como sacramento de salvaci\u00f3n, es decir, \u00absigno e instrumento de la \u00ed\u00adntima uni\u00f3n del hombre con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u00bb (LG 1).<\/p>\n<p>\u00abLa realidad de la Iglesia-comuni\u00f3n es entonces parte integrante, m\u00e1s a\u00fan, representa el contenido central del misterio, o sea, del designio divino de salvaci\u00f3n de la humanidad\u00bb (ChL 19).<\/p>\n<p>La comuni\u00f3n con el cuerpo de Cristo introduce a los creyentes en el misterio de Cristo: misterio de comuni\u00f3n y salvaci\u00f3n de la humanidad, seg\u00fan el plan proyectado por el Padre para realizar por la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu (cf Ef 1,3-14). Pero la comuni\u00f3n en el cuerpo de Cristo tiene su verificaci\u00f3n en el cuerpo de la Iglesia, en las relaciones de solidaridad y de comuni\u00f3n fraterna establecidas en su interior y proyectadas luego hacia la renovaci\u00f3n de la sociedad. Los creyentes \u00abse re\u00fanen, pues, en el nombre de Jes\u00fas para buscar juntos el Reino, construirlo, vivirlo. Ellos constituyen una comunidad que es a la vez evangelizadora\u00bb (EN 13).<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu Santo es quien re\u00fane a los creyentes en esta comuni\u00f3n. El mismo que personifica la comuni\u00f3n en la Trinidad, el Amor entre el Padre y el Hijo, es el dinamizador de la comuni\u00f3n en la Iglesia; \u00abaquel mismo e id\u00e9ntico Esp\u00ed\u00adritu es, a lo largo de todas las generaciones cristianas, el inagotable manantial del que brota sin cesar la comuni\u00f3n en la Iglesia y de la Iglesia\u00bb (ChL 19). Lucas narra en el libro de los Hechos de los ap\u00f3stoles los comienzos de la comunidad cristiana, a la que llama ekkles\u00ed\u00ada, sin hacer distinci\u00f3n en su magnitud local o universal. La narraci\u00f3n, una lectura en clave teol\u00f3gica, resalta vivamente el protagonismo del Esp\u00ed\u00adritu en todo el desarrollo de la comunidad, que se proyecta en dos dimensiones complementarias: una dirigida hacia el interior de la comunidad: es la comuni\u00f3n o koinon\u00ed\u00ada; la otra proyecta la comunidad hacia fuera, hacia su misi\u00f3n: es el anuncio de la Palabra o evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>a) La koinon\u00ed\u00ada. \u00abKoinon\u00ed\u00ada es el t\u00e9rmino que sintetiza y expresa la existencia de la comunidad primitiva como comuni\u00f3n con Cristo, muerto y resucitado, y, por \u00e9l, con el Padre y con los hermanos, mediante la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Diccionario teol\u00f3gico. El Dios Cristiano, 252). Esta dimensi\u00f3n nuclear y esencial de la comunidad cristiana se desarrolla a trav\u00e9s de varios rasgos que Lucas sintetiza en los tres sumarios (He 2,42-47; 4,32-35 y 5,12-16) de la comunidad de Jerusal\u00e9n: 1) Comuni\u00f3n en la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles, dirigida fundamentalmente a los de dentro, aunque no excluye a los de fuera. Es la transmisi\u00f3n (traditio) de la experiencia originaria de la fe, partiendo de los ap\u00f3stoles; 2) Comuni\u00f3n de vida y de fe, de bienes materiales y de sentimientos. Es lo que Lucas llama propiamente koinon\u00ed\u00ada. Esta actitud de compartir se basa no en una simple amistad, sino en la acci\u00f3n de Jes\u00fas, que nos am\u00f3 hasta el extremo, hasta dar su vida por nosotros (cf Ef 5,2; Flp 2,68), y est\u00e1, por tanto, \u00ed\u00adntimamente ligada con el gesto de la eucarist\u00ed\u00ada; 3) Comuni\u00f3n en la fracci\u00f3n del pan. El nombre alude al gesto familiar en Jes\u00fas, y tan frecuente entre los jud\u00ed\u00ados, con el que el padre de familia part\u00ed\u00ada el pan, lo bendec\u00ed\u00ada y lo distribu\u00ed\u00ada. En la comunidad cristiana este gesto fue asumido como un signo con un contenido propio, a partir del cual se desarrolla una liturgia t\u00ed\u00adpicamente cristiana, la eucarist\u00ed\u00ada. Mediante este gesto la comunidad realiza y actualiza no s\u00f3lo la presencia de Jes\u00fas en medio de ella, sino sobre todo su participaci\u00f3n en el sacrificio de Jes\u00fas, su disposici\u00f3n de ser cuerpo de Cristo repartido para todos; 4) Comuni\u00f3n en las oraciones. Desde el principio se siente comunidad orante, que se dirige al Padre con la oraci\u00f3n de Jes\u00fas, movida por el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Es cierto que asume buena parte de las plegarias jud\u00ed\u00adas, especialmente los salmos, pero filtradas o rele\u00ed\u00addas a trav\u00e9s de la experiencia de Jes\u00fas, y esta experiencia la expresa la comunidad en las confesiones de fe, himnos y c\u00e1nticos que pronto empiezan a circular entre las Iglesias y que Pablo recoge en sus cartas.<\/p>\n<p>b) La evangelizaci\u00f3n. La comunidad ha sido reunida por la Palabra, se fundamenta en ella y mantiene su cohesi\u00f3n en torno a la Palabra (cf He 2,37-41). Pero desde el primer momento, la comunidad -cada una de las sucesivas comunidades que van surgiendo, empezando por la de los ap\u00f3stoles- \u00abtiene viva conciencia de que las palabras del Salvador: Debo anunciar tambi\u00e9n el reino de Dios a las dem\u00e1s ciudades (Lc 4,43), se aplican con toda verdad a ella misma\u00bb (EN 14). Y su acci\u00f3n evangelizadora aparece como una consecuencia de haber recibido el Esp\u00ed\u00adritu: \u00abQuedaron todos llenos del Esp\u00ed\u00adritu Santo, y anunciaban con absoluta libertad la palabra de Dios\u00bb (He 4,31). La Palabra que los miembros de la comunidad anuncian es testimonio de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas (He 2,32; 4,20; 5,12; etc.); es invitaci\u00f3n a acoger el mensaje de Jes\u00fas y a convertirse a esta \u00abnueva vida\u00bb (cf He 5,20); tambi\u00e9n son testimonio de la llegada del Reino los signos que realizan curando enfermos y liberando de esp\u00ed\u00adritus inmundos (cf He 3,6; 5,12-16; 8,5-7; etc.), y lo es la fuerza llamativa de su vida en comuni\u00f3n (cf He 2,47; 4,33; 5,13). Los que acogen la Palabra son introducidos en la comuni\u00f3n de los creyentes (cf He 2,41.47), con lo cual se completa el dinamismo comuni\u00f3n-misi\u00f3n de la mano del Esp\u00ed\u00adritu: \u00abLa comuni\u00f3n representa a la vez la fuente y el fruto de la misi\u00f3n\u00bb (ChL 32; cf EN 15). De igual manera, la iniciaci\u00f3n catequ\u00e9tica que la comunidad realiza con los que ya han aceptado la primera evangelizaci\u00f3n, no se limita al aprendizaje de la doctrina, sino que pretende la iniciaci\u00f3n en la comuni\u00f3n cristiana, donde Cristo y la Iglesia se presentan de forma inseparable (cf DGC 80-81).<\/p>\n<p>III. Realizaci\u00f3n hist\u00f3rica de la comuni\u00f3n<br \/>\n1. DIMENSI\u00ed\u201cN COMUNITARIA DE LA FE.<\/p>\n<p>a) No hay fe cristiana sin comuni\u00f3n. El misterio de la Iglesia-comuni\u00f3n se encarna en los seguidores de Jes\u00fas, reunidos en la comunidad eclesial. La fe cristiana lleva en su esencia esta dimensi\u00f3n comunitaria que se desarrolla en lazos de filiaci\u00f3n con Dios y de fraternidad con los hombres. As\u00ed\u00ad como la alianza -la antigua y la nueva- es el hilo conductor de toda la historia de la salvaci\u00f3n, seg\u00fan queda reflejada en la Biblia, igualmente la comuni\u00f3n es la clave por la cual la fe cristiana va tomando forma en la historia y en la vida del cristiano. La profundizaci\u00f3n en la fe cristiana no es sino el desarrollo de la comuni\u00f3n en los dos ejes indicados, de manera que no hay fe cristiana sin comuni\u00f3n; cuando falta esta, aquella queda reducida a una vaga religiosidad. La predicaci\u00f3n de Jes\u00fas en tomo al reino de Dios -que constituye el n\u00facleo de su mensaje- es, fundamentalmente, una invitaci\u00f3n a entrar en esta din\u00e1mica de filiaci\u00f3n y fraternidad, y tiene un objetivo inmediato: la constituci\u00f3n de una comunidad que sirva de signo de dicha din\u00e1mica sobre la que se construye el reino de Dios. La Iglesia primitiva, en cuyo seno se seleccionaron y organizaron los relatos evang\u00e9licos, vio en esta comunidad fundada por Jes\u00fas el modelo de referencia para lo que ella deb\u00ed\u00ada ser. No en vano dicha comunidad -en n\u00famero m\u00e1s o menos grande, seg\u00fan los distintos relatos-aparece con tanta frecuencia como testigo directo y tambi\u00e9n como destinatario de las palabras y los hechos de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>b) La comuni\u00f3n, fuente, camino y meta de la comunidad. Comunidad y comuni\u00f3n son dos realidades que se implican y se requieren mutuamente en el seguimiento de Cristo. Entre ambos existe la relaci\u00f3n de significante a significado. La comuni\u00f3n es quien da sentido a la comunidad, al tiempo que se hace visible gracias a ella.<\/p>\n<p>&#8211; La comuni\u00f3n es la fuente de la comunidad. Esta afirmaci\u00f3n nos remite a nuestra reflexi\u00f3n anterior sobre la koinon\u00ed\u00ada cristiana. El origen de la comunidad cristiana no podemos buscarlo en la afinidad psicol\u00f3gica entre sus miembros, sino en el Esp\u00ed\u00adritu Santo concedido por el Padre en Jes\u00fas, prolongando as\u00ed\u00ad en nosotros la comuni\u00f3n que existe en la Trinidad. Se trata, pues, de un regalo que se nos hace, antes que de un logro de nuestra voluntad. Estamos convocados por el Se\u00f1or Jes\u00fas; \u00e9l es el Evangelio de Dios que nos re\u00fane en tomo a \u00e9l; s\u00f3lo \u00e9l puede crear entre los hombres la fraternidad capaz de absorber las divisiones y los odios, la distancia y la soledad; s\u00f3lo en \u00e9l, animados por su Esp\u00ed\u00adritu, es posible amar, perdonar, comunicarse, compartir, ayudarse, sin una previa disposici\u00f3n psicol\u00f3gica o afectiva; porque quien se encarga de realizar la unidad es el mismo esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas2. Pero Dios no regala su comuni\u00f3n a unos pocos, unos privilegiados. Su deseo es que llegue, sobre todo, a los m\u00e1s lejanos, los marginados, los perdidos. Por eso, quien es consciente de haber recibido el don de la comuni\u00f3n queda comprometido en su difusi\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan: la garant\u00ed\u00ada de la comuni\u00f3n definitiva con el Se\u00f1or s\u00f3lo queda asegurada si se ha promovido la comuni\u00f3n con los m\u00e1s d\u00e9biles, con los hermanos m\u00e1s necesitados (cf Mt 25). De tal manera que la comuni\u00f3n en el interior de la comunidad cristiana se convierte para esta en un reto permanente a construir fraternidad con los de fuera.<\/p>\n<p>&#8211; La comuni\u00f3n es el camino de la comunidad. La comunidad cristiana no tiene otro camino que el de la comuni\u00f3n. Su proyecto, su tarea permanente, ha de ser construir la comuni\u00f3n en sus dos ejes: filiaci\u00f3n y fraternidad. Ha de caminar, pues, en una referencia constante a Dios: buscando la unidad en la oraci\u00f3n, en la escucha y la comunicaci\u00f3n de la Palabra, en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, en la apertura al Esp\u00ed\u00adritu para discernir los acontecimientos. E igualmente ha de caminar en la referencia a los hermanos, en \u00e9l servicio fraterno, en el compartir la vida y los bienes, en la atenci\u00f3n a los necesitados, en la aceptaci\u00f3n de la pluralidad. Caminar en la comuni\u00f3n implica tambi\u00e9n aceptar y asumir las mediaciones humanas en las cuales se encarna la comuni\u00f3n: la diversidad de carismas y estados de vida, las estructuras e instituciones que en cada tiempo y lugar pueden contribuir a desarrollarla, y, sobre todo, la ministerialidad, como dimensi\u00f3n eclesial que favorece la corresponsabilidad de todos en la comuni\u00f3n y la misi\u00f3n de la comunidad.<\/p>\n<p>&#8211; La comuni\u00f3n es la meta de la comunidad. La comuni\u00f3n es una realidad escatol\u00f3gica. S\u00f3lo en el Reino definitivo podremos vivirla en su plenitud. Pero ya en esta vida podemos saborearla, porque el Esp\u00ed\u00adritu Santo act\u00faa entre nosotros comunic\u00e1ndonos la vida de Dios, la comuni\u00f3n de la Trinidad. De ella es sacramento la comunidad eclesial, y en cuanto sacramento realiza lo que significa. La conciencia de este ya pero todav\u00ed\u00ada no, act\u00faa en la comunidad eclesial como un permanente revulsivo que la obliga a relativizar sus proyectos, a poner en cuesti\u00f3n sus logros y a dar un sentido ut\u00f3pico a sus objetivos finales. La meta de la comuni\u00f3n siempre est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de lo que puede conseguir. Y sin embargo, puesto que ya est\u00e1 presente en ella como la fuente de su propio ser y como regalo del que ya puede disfrutar, est\u00e1 capacitada para anunciarlo prof\u00e9ticamente, introduciendo as\u00ed\u00ad en este mundo, en la sociedad de hoy, como una cu\u00f1a, la realidad escatol\u00f3gica de la comuni\u00f3n. Este es el sentido, por ejemplo, del matrimonio cristiano, convertido en sacramento que anuncia el amor indisoluble de Cristo por su Iglesia; o el celibato consagrado, signo de un amor gratuito puesto al servicio de todos, como es el amor de Dios.<\/p>\n<p>c) Los niveles de la comuni\u00f3n. Al explicitar el \u00e1mbito en el que la comuni\u00f3n se encarna conviene huir de dos extremos igualmente viciosos: tan malo es el encerrarla en el peque\u00f1o marco familiar de una comunidad que vive vuelta hacia s\u00ed\u00ad, como el diluirla en una supuesta universalidad que prescinde de las mediaciones inmediatas. Los niveles de la comuni\u00f3n se organizan en relaci\u00f3n a dos planos que se cruzan: 1) En primer lugar, el plano de la eclesialidad, donde la comuni\u00f3n se alimenta, echa ra\u00ed\u00adces y encuentra sentido en la fe. La comuni\u00f3n se estructura en c\u00ed\u00adrculos que se engloban unos a otros. Los m\u00e1s interiores corresponden a las comunidades inmediatas, donde se establecen las relaciones interpersonales. En ellas es donde debe comenzar a vivirse y donde se ha de alimentar a diario la comuni\u00f3n (DGC 253). Desde las comunidades inmediatas los creyentes se unen a las comunidades referenciales: primeramente, la Iglesia local o di\u00f3cesis, donde se da la plenitud de la Iglesia y de la comuni\u00f3n bajo la presidencia del obispo; finalmente, la Iglesia universal, presidida por el papa, donde se realiza la comuni\u00f3n de Iglesias locales extendidas por todo el mundo (cf CC 255). Otros c\u00ed\u00adrculos intermedios representan a las Iglesias regionales y nacionales. A partir de estos c\u00ed\u00adrculos la comuni\u00f3n se dirige hacia horizontes m\u00e1s amplios, siempre sobre el mismo plano de la eclesialidad: el ecumenismo nos abre a otras Iglesias cristianas, buscando todo aquello que nos une en la fe. M\u00e1s all\u00e1 del marco visible de la Iglesia, la comuni\u00f3n nos une al mundo entero, pues todo \u00e9l est\u00e1 llamado a participar en el reino de Dios, y por todas partes est\u00e1n diseminadas las semillas del Verbo (AG 11). 2) El otro plano en el que se encarna la comuni\u00f3n est\u00e1 referido a los destinatarios de la misi\u00f3n. Al igual que en el plano anterior, tampoco aqu\u00ed\u00ad hay exclusiones, pero s\u00ed\u00ad hay un orden de preferencias que son las del reino de Dios. Los pobres son los preferidos por la comunidad cristiana; con ellos debe manifestar su comuni\u00f3n, tanto m\u00e1s intensa cuanto mayor es la necesidad de aquellos.<\/p>\n<p>2. LA COMUNIDAD INMEDIATA. a) Un espacio de vida para la comuni\u00f3n en la fe. La comunidad inmediata es el espacio donde el creyente experimenta en primera instancia el misterio de la Iglesia. Se caracteriza por unas relaciones interpersonales cercanas y una comunicaci\u00f3n directa entre sus componentes. En este espacio la gracia de la comuni\u00f3n se encarna y toma cuerpo, y desde aqu\u00ed\u00ad se proyecta hacia otros c\u00ed\u00adrculos m\u00e1s amplios; en cierto sentido podemos calificar la comunidad inmediata de n\u00facleo generador de la comuni\u00f3n, siempre sin olvidar que nos referimos a un don que viene de lo alto, no a un proyecto meramente humano. Los creyentes acogen en la fe este don que convierte su grupo humano en una c\u00e9lula de la Iglesia; de su iniciativa y responsabilidad depender\u00e1 luego que la comuni\u00f3n crezca y se desarrolle, en los niveles y planos a los que antes nos refer\u00ed\u00adamos.<\/p>\n<p>El concepto comunidad inmediata se refiere, en realidad, a n\u00facleos comunitarios de diferente extensi\u00f3n y relaci\u00f3n entre s\u00ed\u00ad: desde la peque\u00f1a comunidad de fe, constituida como un grupo sociol\u00f3gicamente primario, pasando por el conjunto de grupos que est\u00e1n unidos por un mismo carisma en torno a una misi\u00f3n concreta, hasta la gran comunidad parroquial que re\u00fane dentro de s\u00ed\u00ad a grupos muy diferentes. \u00bf Comunidad parroquial o, mejor, parroquia como comuni\u00f3n de comunidades? Esta segunda denominaci\u00f3n parece m\u00e1s adecuada para definir la aportaci\u00f3n que debe hacer la parroquia, en cuanto organizaci\u00f3n eclesial, a los grupos que se encuentran en su seno: el reconocimiento y la complementariedad de los distintos carismas, la pluralidad de relaciones interpersonales, la variedad de urgencias que plantea la misi\u00f3n, la apertura a la comuni\u00f3n universal a trav\u00e9s de la Iglesia local&#8230; Es esa dimensi\u00f3n que proporciona volumen a la experiencia de comuni\u00f3n que el creyente vive en la peque\u00f1a comunidad. La parroquia entra as\u00ed\u00ad en la categor\u00ed\u00ada de comunidades inmediatas, sin acaparar esta denominaci\u00f3n, pero con aquella funci\u00f3n peculiar que deber\u00e1 discernir de continuo para no reducirse a una estructura burocr\u00e1tica de administraci\u00f3n de sacramentos.<\/p>\n<p>La propuesta que hac\u00ed\u00ada la II Conferencia del episcopado latinoamericano (1968) sigue siendo el reto que cada comunidad inmediata ha de proponerse en su interior: \u00abLa vivencia de la comuni\u00f3n, a la que ha sido llamado, debe encontrarla el cristiano en su comunidad de base, es decir, una comunidad local o ambiental, que corresponda a la realidad de un grupo homog\u00e9neo, y que tenga una dimensi\u00f3n tal que permita el trato personal fraterno entre sus miembros&#8230; La comunidad cristiana de base es as\u00ed\u00ad el primero y fundamental n\u00facleo eclesial, que debe, en su propio nivel, responsabilizarse de la riqueza y expansi\u00f3n de la fe, como tambi\u00e9n del culto que es su expresi\u00f3n. Ella es, pues, c\u00e9lula inicial de estructuraci\u00f3n eclesial y foco de evangelizaci\u00f3n, y actualmente factor primordial de promoci\u00f3n humana y desarrollo\u00bb (Medell\u00ed\u00adn 15, 10).<\/p>\n<p>b) La formaci\u00f3n de las comunidades inmediatas. Unas surgen como ofertas institucionales, promovidas desde la jerarqu\u00ed\u00ada, cumpliendo esta con su ministerio pastoral de facilitar a los fieles los medios y estructuras adecuadas para vivir su fe. La principal de ellas es la parroquia (cf SC 42), en la cual, \u00abla comuni\u00f3n eclesial encuentra su expresi\u00f3n m\u00e1s visible e inmediata\u00bb (ChL 26). Ser\u00e1 la forma utilizada por la mayor\u00ed\u00ada de los cristianos para vivir en comuni\u00f3n con la di\u00f3cesis y con la Iglesia universal. Otras surgen espont\u00e1neamente entre los fieles, siguiendo el dinamismo carism\u00e1tico que el Esp\u00ed\u00adritu suscita, y haciendo uso de su derecho a la asociaci\u00f3n (ChL 29; CCE 215). Son las peque\u00f1as comunidades cristianas con sus correspondientes agrupaciones en orden a la comuni\u00f3n y a la misi\u00f3n (cf EN 58). Para todas ellas la referencia inexcusable es la Iglesia local o di\u00f3cesis, pues s\u00f3lo en ella podr\u00e1n participar del misterio total de la Iglesia. Se habr\u00e1n de prever, pues, los lazos estructurales que hagan manifiesta esa referencia. Suelen estar ya establecidos en lo que se refiere a la parroquia y a las peque\u00f1as comunidades insertas de una u otra forma en la parroquia. Para aquellas comunidades que, por motivos razonables, no deseen vincularse a ninguna parroquia3, el obispo con su consejo pastoral habr\u00e1 de habilitar cauces de comuni\u00f3n y comunicaci\u00f3n con todas estas comunidades, procurando siempre salvaguardar la identidad y carisma de cada una de ellas, pues son un don del Esp\u00ed\u00adritu a la Iglesia diocesana y universal. El esquema organizativo del arciprestazgo, sobre todo en las ciudades, presenta grandes ventajas y posibilidades para coordinar comunidades parroquiales y no parroquiales, y facilitar la colaboraci\u00f3n mutua, m\u00e1s all\u00e1 de las suspicacias, recelos y exclusivismos que afloran con frecuencia por parte de unas y de otras.<\/p>\n<p>c) Rasgos de la comunidad inmediata. La comunidad inmediata debe responder a una serie de caracter\u00ed\u00adsticas que garanticen su identidad eclesial. Encontramos diversas descripciones (cf EN 58; CC 257-265; Conceptos fundamentales del cristianismo, 186-187), coincidentes en lo esencial, aunque cada una tiende a subrayar determinadas dimensiones dentro del conjunto, ya sea la fundamentaci\u00f3n cristol\u00f3gica, la referencia a la palabra de Dios, la proyecci\u00f3n o compromiso social, la participaci\u00f3n de bienes, la vida fraterna, la comuni\u00f3n eclesial, la celebraci\u00f3n de la liturgia, la corresponsabilidad ministerial,&#8230; Esta variedad de acentuaciones, sin diferir por ello en lo esencial, nos sugiere dos observaciones importantes: En primer lugar, que no existe un tipo \u00fanico de comunidad cristiana inmediata, sino m\u00e1s bien una infinidad de variedades, dependientes de m\u00faltiples factores tales como la historia propia de la comunidad y los procesos personales de sus miembros, las caracter\u00ed\u00adsticas culturales y las necesidades sociales del entorno, los carismas presentes en el grupo y la generosidad de quienes los poseen, las preferencias teol\u00f3gicas y lit\u00fargicas&#8230; En segundo lugar, la descripci\u00f3n de rasgos de una comunidad in-mediata no tiene como objetivo trazar una frontera entre las comunidades que cumplen perfectamente estos requisitos y las que no, sino proponer un camino con una direcci\u00f3n clara que permita discernir y avanzar en un proceso de maduraci\u00f3n. Las diferencias pueden ser muchas entre unas y otras comunidades, pero la verdadera separaci\u00f3n procede no de las acentuaciones diversas, sino de la diferencia de direcci\u00f3n que se produce al excluir m\u00e1s o menos deliberadamente alguno de los componentes esenciales de la identidad comunitaria eclesial.<\/p>\n<p>La descripci\u00f3n que ofrecemos a continuaci\u00f3n est\u00e1 hecha con una perspectiva intencionadamente catequ\u00e9tica, pensando en aquellos que, tras haber hecho un proceso de profundizaci\u00f3n en la fe, se preguntan c\u00f3mo ha de ser la comunidad en que deben insertarse, o c\u00f3mo construirla, o en qu\u00e9 se diferencia del grupo catecumenal que les ha acompa\u00f1ado en el proceso&#8230;<\/p>\n<p>La comunidad inmediata es: 1) Un grupo de \u00abtalla humana\u00bb. La expresi\u00f3n quiere resaltar la infraestructura en la que se encarna lo cristiano; asume su amplitud, por ejemplo en toda la variedad de edades, pues todas tienen cabida en la comunidad, y su ambig\u00fcedad, pues cuenta con las debilidades, los retrocesos, las ra\u00ed\u00adces siempre presentes del ego\u00ed\u00adsmo humano; pero subraya la madurez como t\u00f3nica y, por tanto, la capacidad de relaciones interpersonales fraternas y solidarias. Su n\u00facleo fundamental ha de estar constituido por adultos -aun-que sean j\u00f3venes-, es decir, personas que han asumido su identidad y han definido ya su posici\u00f3n en la vida con determinadas opciones b\u00e1sicas ya he-chas. No parece apropiado, pues, hablar de una comunidad cristiana de adolescentes, que, por definici\u00f3n, a\u00fan est\u00e1n en b\u00fasqueda de su propia identidad. Pero no es suficiente la calidad y madurez de las personas; tambi\u00e9n es necesario que tanto el n\u00famero de miembros como las estructuras favorezcan las relaciones cercanas entre los miembros de la comunidad, el sentido de pertenencia, la participaci\u00f3n y el compromiso. 2) Un grupo de identidad cristiana. El centro de la comunidad es Cristo, lo cual \u00abimplica la clara conciencia de una vinculaci\u00f3n personal con Cristo y Dios Padre en uni\u00f3n con el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (CC 258). No son sus problemas e intereses in-ternos los que ocupan el primer puesto en las preocupaciones de la comunidad. La Palabra es su punto de referencia fundamental y desde ella la comunidad discierne sus opciones y proyectos. Para acoger la Palabra y darle la respuesta adecuada se hace comunidad orante. Asume como propio el programa de Jes\u00fas, sintetizado en el mandamiento del amor y las bienaventuranzas. Expresa y celebra su fe en Jes\u00fas. Se sit\u00faa en formaci\u00f3n permanente, a fin de comprender y asimilar mejor el mensaje y \u00absaber dar raz\u00f3n de su esperanza\u00bb (lPe 3,15). Desarrolla su vida lit\u00fargica y, de manera especial, celebra la eucarist\u00ed\u00ada como centro y cumbre de toda la vida eclesial. Est\u00e1 comprometida en la realizaci\u00f3n del reino de Dios: hacia dentro de la comunidad, construy\u00e9ndola mediante los distintos ser-vicios, ministerios y carismas, y haciendo de ella un signo de la llegada del Reino; hacia fuera, participando en la reconversi\u00f3n de las estructuras sociales y anunciando la buena nueva con su propio testimonio y el env\u00ed\u00ado expl\u00ed\u00adcito de algunos de sus miembros; vive la urgencia de atender sobre todo a los m\u00e1s necesitados, como privilegiados del reino. 3) Un grupo en plena comuni\u00f3n eclesial. Acepta la interdependencia y la solidaridad con las otras comunidades eclesiales y fomenta la propia integraci\u00f3n en la Iglesia local diocesana y en la Iglesia universal.<\/p>\n<p>IV. \u00ed\u0081mbito maternal de la catequesis<br \/>\n1. UNA CATEQUESIS EN CLAVE COMUNITARIA. PROCESO HIST\u00ed\u201cRICO. La toma de conciencia de la Iglesia sobre su identidad comunitaria forzosamente deb\u00ed\u00ada traer consigo un replanteamiento de la catequesis y, en general, de todo el proceso de educaci\u00f3n de la fe, poni\u00e9ndolos, cada vez m\u00e1s, bajo el signo de la comunidad.<\/p>\n<p>Desde la convicci\u00f3n cada vez m\u00e1s arraigada de que \u00abla catequesis est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente unida a toda la vida de la Iglesia\u00bb (CT 13), se ha desarrolla-do en las d\u00e9cadas posteriores al Vaticano II un considerable trabajo con vistas a: 1) \u00abdar la prioridad a la catequesis, por encima de otras iniciativas cuyos resultados pueden ser m\u00e1s espectaculares\u00bb (CT 15), y 2) hacer de ella \u00abuna iniciaci\u00f3n cristiana integral, abierta a todas las esferas de la vida cristiana\u00bb (CT 21). Al subrayar este car\u00e1cter inici\u00e1tico, se pone en primer plano la finalidad comunitaria de la catequesis y, por lo mismo, su referencia a la Iglesia comunidad, como reconoce el nuevo Directorio: \u00abPor ser iniciaci\u00f3n, incorpora a la comunidad que vive, celebra y testimonia la fe\u00bb (DGC 68). Algunos pasos hist\u00f3ricos se\u00f1alan esta recuperaci\u00f3n:<br \/>\nPor parte de la Iglesia universal, ya en 1971 el Directorio general de pastoral catequ\u00e9tica se\u00f1alaba la relaci\u00f3n intr\u00ed\u00adnseca entre catequesis, testimonio y comunidad, y la dependencia entre el catequista y la comunidad: \u00abLa catequesis debe apoyarse en el testimonio de la comunidad eclesial\u00bb. \u00abEl catequista es, en cierta manera, int\u00e9rprete de la Iglesia ante los catequizan-dos\u00bb (DCG 35).<\/p>\n<p>Pablo VI recoge las aportaciones del s\u00ed\u00adnodo de 1974 sobre la evangelizaci\u00f3n en su exhortaci\u00f3n Evangelii nuntiandi. La catequesis queda englobada en el complejo proceso de la evangelizaci\u00f3n; en cuanto tal, \u00abno es para nadie un acto individual y aislado, sino profundamente eclesial\u00bb (EN 60).<\/p>\n<p>El s\u00ed\u00adnodo de 1977, dedicado todo \u00e9l a la catequesis en nuestro tiempo, avanza en la misma l\u00ed\u00adnea y define claramente las nuevas posiciones: El \u00ablugar o \u00e1mbito normal de la catequesis es la comunidad cristiana. La catequesis no es una tarea meramente individual, sino que se realiza siempre en la comunidad cristiana\u00bb. Simult\u00e1neamente subraya la importancia de las nuevas formas de comunidad: peque\u00f1as comunidades eclesiales, asociaciones, grupos juveniles (MPD 13).<\/p>\n<p>Asumiendo el mensaje del s\u00ed\u00adnodo anterior, Juan Pablo II afirma en CT la necesidad de que la catequesis tenga una orientaci\u00f3n comunitaria, y no de una manera vaga, sino en referencia a la comunidad concreta: \u00abTodo el que se ha adherido a Jesucristo por la fe, y se esfuerza por consolidar esta fe mediante la catequesis, tiene necesidad de vivirla en comuni\u00f3n con aquellos que han dado el mismo paso. La catequesis corre el riesgo de esterilizarse, si una comunidad de fe y de vida cristiana no acoge al catec\u00fameno en cierta fase de su catequesis\u00bb (CT 24; cf DGC 69).<\/p>\n<p>Por su parte, la Iglesia latinoamericana hab\u00ed\u00ada proclamado ya en Medell\u00ed\u00adn (1968) su opci\u00f3n por la catequesis, entendida como proceso comunitario de crecimiento en la fe. En la Iglesia espa\u00f1ola, el primer impulso oficial para situar la catequesis en clave comunitaria lo encontramos en 1978, en un documento del episcopado espa\u00f1ol, de car\u00e1cter program\u00e1tico y de largo alcance: Una nueva etapa en el movimiento catequ\u00e9tico; en \u00e9l se se\u00f1ala como objetivo prioritario de acci\u00f3n pastoral el tratar de conseguir una catequesis desde y para la comunidad cristiana. Desde esa fecha, los sucesivos planes trienales de la Conferencia episcopal espa\u00f1ola confirman y desarrollan dicho objetivo.<\/p>\n<p>Para orientar y sostener este esfuerzo, aparece en 1983 el principal documento catequ\u00e9tico de la Iglesia espa\u00f1ola en las \u00faltimas d\u00e9cadas, La catequesis de la comunidad. Entre los criterios que proporciona para potenciar, discernir y dar coherencia a la acci\u00f3n catequ\u00e9tica espa\u00f1ola, resaltan los referidos a la inspiraci\u00f3n catecumenal de la catequesis, a la formaci\u00f3n de la identidad cristiana a partir de la iniciaci\u00f3n eclesial, a su car\u00e1cter comunitario y al papel de la comunidad en la acci\u00f3n catequ\u00e9tica.<\/p>\n<p>Desde estas orientaciones se van estructurando a continuaci\u00f3n los di-versos sectores de la catequesis. El primero y m\u00e1s importante, el de la Catequesis de adultos. Orientaciones pastorales (1990), de la que se afirma que es \u00abuna acci\u00f3n educativa que se realiza desde la responsabilidad de toda la comunidad, en un contexto o clima comunitario referencial, para que los adultos que se catequizan se incorporen a la vida de dicha comunidad\u00bb (CAd 126). Luego el de j\u00f3venes (1991): \u00abToda pastoral con j\u00f3venes ha de proponer y animar el encuentro personal y comunitario del joven con Cristo vivo&#8230; Ha de impulsar, y adem\u00e1s facilitar, la participaci\u00f3n en la vida de la comunidad&#8230;\u00bb (OPJ 30).<\/p>\n<p>Todas estas aportaciones confluyen sobre el nuevo Directorio y en \u00e9l que-dan integradas arm\u00f3nicamente. Se puede decir que este documento es la coronaci\u00f3n de un proceso que ha situado a la catequesis en el centro de atenci\u00f3n de la comunidad cristiana, y a esta como marco y objetivo de toda catequesis.<\/p>\n<p>Este esp\u00ed\u00adritu es el que inspira posteriormente el documento La iniciaci\u00f3n cristiana. Reflexiones y orientaciones (1998), de la Conferencia episcopal espa\u00f1ola, donde, entre otras cosas, se dice que la iniciaci\u00f3n cristiana, \u00abmisi\u00f3n maternal de la Iglesia, aunque pertenece a todo el cuerpo eclesial, se lleva a cabo en las Iglesias particulares&#8230;\u00bb (IC 14), y que \u00abes necesaria tambi\u00e9n la educaci\u00f3n permanente de la fe en el seno de la comunidad eclesial\u00bb (IC 21).<\/p>\n<p>2. LA COMUNIDAD CRISTIANA, ORIGEN, LUGAR Y META DE LA CATEQUESIS. La clave comunitaria de la catequesis tiene tres componentes que se\u00f1alan a la comunidad cristiana como origen, lugar y meta de la catequesis, seg\u00fan la expresi\u00f3n del s\u00ed\u00adnodo de 1977 (prop. 25). Ella \u00abes en s\u00ed\u00ad misma catequesis viviente. Siendo lo que es, anuncia, celebra, vive y permanece siempre como el espacio vital indispensable y primario de la catequesis\u00bb (DGC 141).<\/p>\n<p>a) Origen. Es todo un juego de relaciones o v\u00ed\u00adnculos que forman el en-tramado sobre el que se cimienta la catequesis eclesial. En este entrama-do apuntamos primeramente a la Iglesia local, a quien corresponde la misi\u00f3n de educar en la fe (DGC 217; CC 266); ella es la comunidad inicia-dora por excelencia. Siempre en la referencia trazada por este marco, que a su vez se sit\u00faa en la perspectiva de la Iglesia universal (EN 61-62), precisamos ahora el origen de la catequesis en la comunidad cristiana inmediata, insertada en la Iglesia lo-cal: \u00abes el punto de partida ordinario y el clima nutricio en que el creyente se inicia y madura en la fe\u00bb (CC 266). Consciente de su responsabilidad como mediadora en la entrega de la fe, la comunidad cristiana inmediata se esfuerza para \u00abque la acci\u00f3n catequ\u00e9tica ponga en marcha un dina-mismo comunitario que eduque en el sentido eclesial propio de la vida cristiana\u00bb (CC 266).<\/p>\n<p>En esta cadena de mediaciones, cuando la comunidad cristiana inmediata es excesivamente amplia o difusa, como es el caso de muchas parroquias, \u00abse requiere la existencia de un n\u00facleo comunitario, compuesto por cristianos maduros, ya iniciados en la fe, a los que se les dispense un trata-miento pastoral adecuado y diferenciado\u00bb (DGC 258; cf CAd 130), que pueda actuar como signo visible de la comunidad eclesial para cuantos se encuentran en el itinerario de la iniciaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Los catequizandos perciben estas vinculaciones eclesiales primera-mente a trav\u00e9s de la persona del catequista, el cual no act\u00faa en nombre propio sino \u00abcomo portavoz de la Iglesia, transmitiendo la fe que ella cree, celebra y vive\u00bb (CF 72). Recibe la misi\u00f3n del obispo, \u00abprimer responsable de la catequesis y catequista por excelencia\u00bb (CT 63). Esta vinculaci\u00f3n se ha de expresar con signos concretos.<\/p>\n<p>De igual manera, debe fomentarse en el catequista su sentido de pertenencia a la comunidad cristiana inmediata y, en segundo lugar, al grupo de catequistas. Este \u00faltimo es, en la pr\u00e1ctica, un factor decisivo para el buen funcionamiento de un proceso catequ\u00ed\u00adstico. Gracias al grupo de catequistas, cada catequista realiza su acci\u00f3n desde la comunidad, ofreciendo el testimonio de los valores comunitarios, pero tambi\u00e9n en comunidad, apoy\u00e1ndose mutuamente para poder desarrollar de forma sistem\u00e1tica y continuada el itinerario catequ\u00e9tico. El grupo de animadores es testigo, en representaci\u00f3n de la comunidad cristiana, del avance que los catequizandos van experimentando, y garantizan con una tarea de discernimiento sistem\u00e1tico los pasos que les conducen hacia la integraci\u00f3n en una comunidad. Finalmente, al afirmar que la comunidad es el origen de la catequesis se est\u00e1 llamando la atenci\u00f3n sobre una corriente que debe funcionar en doble sentido: de la comunidad eclesial hacia los catequizandos, que se manifiesta a trav\u00e9s de las vinculaciones institucionales de comunidades y animadores de diferentes niveles, y es impulsada por la conciencia eclesial de que la catequesis es responsabilidad de toda la comunidad cristiana (DGC 220; AG 14) y debe ejercerse en solidaridad e interdependencia de todos los actores; y de los catequizan-dos hacia la comunidad eclesial, pues aquellos no pueden encerrarse en el grupo de catequesis sino que han de iniciarse tambi\u00e9n en los lazos concretos de comuni\u00f3n que les permitan sentirse incorporados efectivamente a la comunidad eclesial.<\/p>\n<p>b) Lugar. \u00abEl anuncio, transmisi\u00f3n y vivencia del evangelio se realizan en el seno de una Iglesia particular. S\u00f3lo en comuni\u00f3n con ella se vive la experiencia cristiana\u00bb (CAd 115). No se trata, pues, de una alusi\u00f3n geogr\u00e1fica, un espacio material para la re-uni\u00f3n; hay que entenderlo en el sentido de seno materno, es decir, all\u00ed\u00ad donde se transmite la vida, el alimento y los medios necesarios para alumbrar y desarrollar la vida nueva del cristiano. De fondo est\u00e1 la imagen de la Iglesia en cuanto madre (cf LG 64), tan apreciada por los santos Padres. De esa maternidad de la Iglesia participa la comunidad cristiana in-mediata a trav\u00e9s de la catequesis: \u00abElla acompa\u00f1a a los catec\u00famenos y catequizandos en su itinerario catequ\u00e9tico y, con solicitud maternal, les hace part\u00ed\u00adcipes de su propia experiencia de fe y los incorpora a su seno\u00bb (DGC 254; cf CAd 110, 126).<\/p>\n<p>Entre los \u00e1mbitos comunitarios de la catequesis sobresale la comunidad parroquial, que \u00abdebe seguir siendo la animadora de la catequesis y su lugar privilegiado\u00bb (CT 67). Sin embargo, en palabras de Juan Pablo II, debe realizar esta funci\u00f3n \u00absin monopolizar y sin uniformar; por el contrario, tiene el deber de multiplicar y adaptar los lugares de catequesis en la medida en que sea posible y \u00fatil\u00bb (CT 67; cf DGC 257).<\/p>\n<p>Las comunidades eclesiales de base pueden ser instrumentos valiosos de evangelizaci\u00f3n y de catequizaci\u00f3n, e igualmente las asociaciones, grupos y movimientos apost\u00f3licos, en la medida en que se convierten en \u00e1mbitos verdaderamente comunitarios y desarrollan la dimensi\u00f3n catequ\u00e9tica en sus planes de formaci\u00f3n (DGC 261-264). Entre unas y otros hemos de resaltar aquellas comunidades que, por carisma y misi\u00f3n eclesial, se dedican a la catequesis o a la educaci\u00f3n cristiana. Todos estos \u00e1mbitos no son excluyentes sino que han de complementarse entre s\u00ed\u00ad y favorecer la mutua coordinaci\u00f3n en el marco de la Iglesia local.<\/p>\n<p>Pero todos ellos quedar\u00ed\u00adan desprovistos de fuerza sin la necesaria mediaci\u00f3n del grupo de catequesis; se puede decir que este es el \u00faltimo eslab\u00f3n, el m\u00e1s cercano al destinatario, como lo es tambi\u00e9n la familia cristiana, en la transmisi\u00f3n de la vida materna de la Iglesia. El grupo catequ\u00e9tico, como expresi\u00f3n e iniciaci\u00f3n en la comunidad, es una exigencia de la catequesis (CC 283), es m\u00e9todo obligado para un contenido de fe esencialmente comunitario, \u00abmediaci\u00f3n privilegiada de experiencia de Iglesia\u00bb (OPJ 44; cf CAd 132) que con-duce, como de forma natural, a la meta de la catequesis, que es la propia comunidad cristiana (DGC 159).<\/p>\n<p>c) Meta., La comunidad es el fruto del proceso catecumenal: en cuanto dimensi\u00f3n de la fe que el cristiano ha debido asumir durante el proceso; en cuanto Iglesia universal que crece en sus miembros; pero tambi\u00e9n, en cuanto comunidad eclesial inmediata, don-de el creyente concreto vive y madura en la fe. \u00abLa catequesis capacita al cristiano para vivir en comunidad y para participar activamente en la vida y misi\u00f3n de la Iglesia\u00bb (DGC 86). \u00abAl final de un proceso catequ\u00e9tico, los cristianos han de desembocar ordinariamente en una comunidad cristiana inmediata e integrarse plenamente en ella. La comunidad ir\u00e1 manteniendo su vida de fe y en ella vivir\u00e1n el don de la comuni\u00f3n con los hermanos&#8230;\u00bb (CC 287; cf EN 23; DGC 220). Muchos procesos catequ\u00e9ticos de j\u00f3venes y de adultos se resienten precisamente en esta capacidad de conseguir la meta final, y esta es la piedra de toque para juzgar su validez.<\/p>\n<p>La integraci\u00f3n implica una vinculaci\u00f3n a la comunidad, en el doble sentido de identificaci\u00f3n y pertenencia. La identificaci\u00f3n pasa por asumir el misterio de Iglesia, misterio de comuni\u00f3n, con sus ra\u00ed\u00adces trinitarias y su desarrollo en los diversos niveles de comuni\u00f3n, y vivirlo a trav\u00e9s de las actitudes de filiaci\u00f3n y fraternidad. Igualmente, y por la misma naturaleza misionera de la comuni\u00f3n eclesial (cf ChL 32), la integraci\u00f3n en la comunidad cristiana exige asumir la misi\u00f3n de la comunidad e integrarse en ella desde los propios carismas, a trav\u00e9s de las mediaciones por las que la Iglesia realiza su misi\u00f3n: los ministerios de la palabra, de la liturgia y de la caridad (cf CC 152). La pertenencia se hace efectiva por la participaci\u00f3n y la corresponsabilidad en la construcci\u00f3n de la comunidad.<\/p>\n<p>Al se\u00f1alar la comunidad como meta de la catequesis hemos de evitar el reduccionismo de su f\u00e1cil equiparaci\u00f3n con determinada comunidad inmediata, y m\u00e1s frecuentemente con la que ha sido acompa\u00f1ante en el proceso catequ\u00e9tico, ya sea parroquial o de otro tipo. La comunidad signo del Reino supera cualquier concreci\u00f3n aun-que se manifieste en ella. Las posibles comunidades inmediatas donde los cristianos viven su fe son esencial-mente transitorias; la elecci\u00f3n de una u otra, incluso el paso de una a otra, ha de hacerse en funci\u00f3n de las Iglesias referenciales, universal y local, y, en definitiva, de un mejor servicio al reino de Dios. Por ello, todo proceso de tipo catecumenal debe culminar con un discernimiento vocacional en el que se presente a los catequizandos una diversidad de \u00e1mbitos comunitarios entre los que puedan encontrar el m\u00e1s acorde para realizar su vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La anterior afirmaci\u00f3n pone en evidencia el desaf\u00ed\u00ado que est\u00e1 impl\u00ed\u00adcito en esta propuesta de meta y que, hoy por hoy, se acusa como un d\u00e9ficit en la pastoral de juventud: nos referimos a la necesidad de encontrar comunidades cristianas que sean realmente convocantes, es decir, que por los valores que viven, tanto ad intra como ad extra de la comunidad, ofrecen un proyecto al servicio del Reino, capaz de entusiasmar a j\u00f3venes como a adultos. Estas comunidades no se presentan ellas mismas como el objeto de la convocatoria, sino el Reino que en ellas acontece; por tanto, los signos que de-jan ver son aquellos que acompa\u00f1an la presencia del Reino: la opci\u00f3n por Dios como primer valor, y la relaci\u00f3n fraterna, la solidaridad con los pobres y marginados; pero sin olvidar que estos signos se hacen cre\u00ed\u00adbles a los hombres y mujeres de hoy cuando se presentan en orden inverso del que aqu\u00ed\u00ad hemos escrito.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. L. MALDONADO, La comunidad cristiana, San Pablo, Madrid 1992, 5. &#8211; 2 Cf P. A. LIEGE, Comunidad y comunidades en la Iglesia. Narcea, Madrid 1978, 23-24. &#8211; 3. Cf COMISI\u00ed\u201cN EPISCOPAL DE PASTORAL, Servicio pastoral a las peque\u00f1as comunidades cristianas, Madrid 1982, 46.<\/p>\n<p>BIBL.: BOTANA A., Iniciaci\u00f3n a la comunidad, C. V. La Salle, Valladolid 1990; DE PABLO V., Juventud, Iglesia y comunidad, CCS, Madrid 1985; ESTEPA J. M., La comunidad cristiana: origen, meta, \u00e1mbitos y agentes de la catequesis, Actualidad catequ\u00e9tica 92 y 93 (1979); FLORIST\u00ed\u0081N C., Comunidad y Comuni\u00f3n, en FLORIST\u00ed\u0081N C.-TAMAYO J. J. (eds.), Conceptos fundamentales del cristianismo, Trotta, Madrid 1993; LIEGE P. A., Comunidad y comunidades en la Iglesia, Narcea, Madrid 1978; MALDONADO L., La comunidad cristiana, San Pablo, Madrid 1992; MERCATALI A., Comunidad de vida, en DE FLORES S.-GOFFI T. (dirs.), Nuevo diccionario de espiritualidad, San Pablo, Madrid 1991\u00c2\u00b0; MOVILLA S., Del catecumenado a la comunidad, San Pablo, Madrid 1982; PERALES E., Vivir el don de la comunidad, San Pablo, Madrid 19952; PEREZ J. L., Dios me dio hermanos. Comunidad cristiana y pastoral de juventud, CCS, Madrid 1993; PUJOL 1 BARDOLET J., El ministerio de animaci\u00f3n comunitaria, San Pablo, Madrid 1998; RAMOS GUERREIRA J. A., Comuni\u00f3n y comunidad, en INSTITUTO SUPERIOR DE PASTORAL, Ser cristianos en comunidad. III Semana de estudios de teolog\u00ed\u00ada pastoral, Verbo Divino, Estella 1993; ROMERO P., Comunicaci\u00f3n y vida comunitaria, San Pablo, Madrid 1997; SILANES N., Comuni\u00f3n, en X. PIKAZA-N. SILANES (dirs.), Diccionario teol\u00f3gico. El Dios cristiano, Secretariado Trinitario, Salamanca 1992.<\/p>\n<p>Antonio Botana Caeiro<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es verdad que como cuerpo de Cristo! como comunidad cristiana, somos un peque\u00f1o reba\u00f1o, un grano de mostaza, un pu\u00f1ado de levadura, con respecto a la inmensa incredulidad del mundo y al extraordinario poder\u00ed\u00ado de la pasiones mundanas puestas al servicio de intereses distintos a los del evangelio. Sin embargo, lo importante no es perderse &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/comunidad-cristiana\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCOMUNIDAD CRISTIANA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16359","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16359","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16359"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16359\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16359"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16359"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16359"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}