{"id":16365,"date":"2016-02-05T10:34:15","date_gmt":"2016-02-05T15:34:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/encuentro\/"},"modified":"2016-02-05T10:34:15","modified_gmt":"2016-02-05T15:34:15","slug":"encuentro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/encuentro\/","title":{"rendered":"ENCUENTRO"},"content":{"rendered":"<p>Gen 24:12 dame, te ruego, el tener hoy buen e<br \/>\nNum 23:3 quiz\u00e1 Jehov\u00e1 me vendr\u00e1 al e .. Y se fue<br \/>\nAmo 4:12 prep\u00e1rate para venir al e de tu Dios<br \/>\nMat 28:9 Jes\u00fas .. sali\u00f3 al e, diciendo: \u00a1Salve!<\/p>\n<hr>\n<p>Hay que recuperar la dimensi\u00f3n del encuentro. En efecto, el encuentro con pueblos de otra cultura, que tienen una mentalidad profundamente distinta, y unas actitudes diferentes a las nuestras ante los acontecimientos de la vida, no se produce s\u00f3lo en el campo de la tecnolog\u00ed\u00ada o del simple trabajo en com\u00fan, aunque \u00e9ste sea fraterno. El encuentro aut\u00e9ntico y verdadero se realiza en lo m\u00e1s hondo, en las raices de la persona, en lo que ella es y no solamente en lo que hace o produce.  La escucha atenta y paciente de culturas distintas, la capacidad de intuir sus potencialidades para poder caminar juntos, la rara cualidad de eslar con otros sin imponernos, son todos dones de Dios que s\u00f3lo una b\u00fasqueda de lo esencial puede granjearnos. Como el Se\u00f1or Jes\u00fas, que al amanecer se iba solo al monte, el hombre comprometido sabe hallar el espacio necesario para esta dimensi\u00f3n, que nos hace percibir la presencia de aquel que nunca est\u00e1 ausente de la verdadera vida, y la vanidad de las cosas desarraigadas del proyecto de Dios: la din\u00e1mica de la conciencia y de la presencia.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>1. EL REDESCUBRIMIENTO DE LA CATEGOR\u00ed\u008dA ENCUENTRO EN LA TEOLOG\u00ed\u008dA DE LA REVELACI\u00f3N. En la dif\u00ed\u00adcil y complicada historia de la TF en los \u00faltimos cincuenta a\u00f1os fue abri\u00e9ndose paso la convicci\u00f3n de ser una teolog\u00ed\u00ada del encuentro entre la revelaci\u00f3n y el hombre. La TF considera como una de sus tareas primordiales el an\u00e1lisis de la apertura y capacidad del ser humano para escuchar la palabra que Dios le dirige en la historia; y al mismo tiempo le ayuda a superar los l\u00ed\u00admites y dificultades que le impiden el encuentro con el misterio trascendente, que se ha revelado definitivamente en Jes\u00fas de Nazaret, el Se\u00f1or. Por eso la categor\u00ed\u00ada encuentro es reconocida como decisiva para la teolog\u00ed\u00ada, por ser una dimensi\u00f3n esencial de la revelaci\u00f3n cristiana, presente en la entra\u00f1a misma del pensamiento b\u00ed\u00adblico.<\/p>\n<p>La elecci\u00f3n de Israel y la alianza de Dios con su pueblo est\u00e1n sostenidas por la realidad del encuentro como estructura fundamental de la revelaci\u00f3n: Dios revela su nombre (Ex 3,1315; 6,2-9), deja brillar su rostro (N\u00fam 6,25-26; Sal 30,17; 79,4), pronuncia su palabra poderosa y creadora (Dt 6,4-9; Sal 32,6; 118,25; Sab 9,1; Is 55,10-11; Jer 15,16) para invitar al hombre, como ser individual y como miembro de una comunidad, al encuentro personal con \u00e9l en un di\u00e1logo (Ex 33,11; Bar 3,38), que perdona y que salva, que mantiene la esperanza del cumplimiento de la promesa que sostiene todo el AT.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el NT, en Jes\u00fas el Cristo, \u00fanica imagen del Dios invisible (2Cor 4,4; Col 1,15), en la experiencia de encuentro con \u00e9l (Un 1,1-3) se nos revela el rostro misericordioso de Dios, la Palabra definitiva del di\u00e1logo de Dios con el hombre. Y el Esp\u00ed\u00adritu de la verdad, que permanecer\u00e1 siempre junto a nosotros (Jn 14,16), recordando todo lo que Jes\u00fas ense\u00f1\u00f3 (Jn 14,26), dando testimonio de \u00e9l (Jn 15,26), nos conducir\u00e1 a la verdad plena (Jn 16,13) cuando en el encuentro definitivo, cara a cara, la luz del misterio de Dios ilumine nuestro misterio personal y el enigma de la historia humana (1 Cor 13,12).<\/p>\n<p>En los padres de la Iglesia la comprensi\u00f3n de la revelaci\u00f3n viene determinada por la confrontaci\u00f3n con los diversos contextos culturales. Destacan, ante todo, la forma concreta de la revelaci\u00f3n de Dios por medio de la encarnaci\u00f3n de su Hijo, que es rechazada por jud\u00ed\u00ados, gn\u00f3sticos y fil\u00f3sofos paganos. De aqu\u00ed\u00ad su marcado logocentrismo, presentado con matizaciones muy diversas. En la reflexi\u00f3n sobre el Logos de Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada se subraya la funci\u00f3n dial\u00f3gico-personal frente a la perspectiva cosmol\u00f3gica; y en Or\u00ed\u00adgenes, a pesar de que la dimensi\u00f3n hist\u00f3rica de la revelaci\u00f3n aparece desva\u00ed\u00adda, se acent\u00faa, sin embargo, con fuerza la estructura dial\u00f3gico-personal de la revelaci\u00f3n (cf P. STOCKMEIER, Offenbarung, 59.63.65.87).<\/p>\n<p>Durante siglos la categor\u00ed\u00ada encuentro estuvo generalmente ausente del horizonte teol\u00f3gico. A partir de las corrientes personalistas, que se van desarrollando en Europa despu\u00e9s de la primera guerra mundial, esta categor\u00ed\u00ada ser\u00e1 objeto de una atenci\u00f3n preferente en la teolog\u00ed\u00ada. Tanto el personalismo cristiano franc\u00e9s (sobre todo E. Mounier [ j&#8217; 1950], G. Marcel [t 1973], M. N\u00e9doncelle [ j&#8217; 1976], J. Lacroix [ j&#8217; 1986]1 como el pensamiento dial\u00f3gico alem\u00e1n de F. Rosenzweig (f 1929), F. Ebner (j&#8217; 1931) y M. Buber (j&#8217; 1965), con sus valiosas intuiciones de car\u00e1cter hermen\u00e9utico, con sus certeras cr\u00ed\u00adticas de las metaf\u00ed\u00adsicas cl\u00e1sicas y, sobre todo, del idealismo alem\u00e1n, pero tambi\u00e9n con sus l\u00ed\u00admites evidentes en el an\u00e1lisis de la realidad objetiva, han influido notablemente en la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica y protestante de Centroeuropa: frente al \u00abactualismo\u00bbpersonalista de E. Brunner (+ 1966) y F. Gogarten (+ 1967), destacan las aportaciones, desde una perspectiva metaf\u00ed\u00adsica tradicional, de los pioneros en el campo cat\u00f3lico Th. Steinb\u00fcchel (+ 1949), l R. Guardini (j&#8217; 1968), O. Semmelroth (+ 1979) y A. Brunner (+ 1985). As\u00ed\u00ad la categor\u00ed\u00ada encuentro pas\u00f3 a ser poco a poco un elemento decisivo de la concepci\u00f3n de la revelaci\u00f3n en la mayor parte de la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica que inspir\u00f3 y sostuvo la reflexi\u00f3n del Vaticano II.<\/p>\n<p>La vida plantea enigmas que pueden ser descifrados. La persona, sin embargo, se nos presenta como un misterio que \u00fanicamente se hace accesible cuando ella misma se comunica. El encuentro s\u00f3lo es posible cuando se da una correspondencia entre la revelaci\u00f3n personal de un sujeto y la aceptaci\u00f3n confiada del otro; cre\u00e1ndose un espacio donde el amor y la entrega mutua har\u00e1n crecer la libertad y el compromiso responsable. Pero esto no significa renunciar a la objetividd ni quedar apresados en un subjetivismo que mutile la realidad, ni olvidar la imprescindible dimensi\u00f3n comunitaria y social de todo individuo y, por tanto, de todo encuentro personal. El ser humano no puede realizarse en su integridad exclusivamente en el \u00e1mbito de la intimidad intersubjetiva. Y la palabra, como elemento esencial del encuentro y como entorno de sentido compartido, nos descubre que estamos necesitados de una comunidad donde el di\u00e1logo haga posible la revelaci\u00f3n, la comunicaci\u00f3n, el amor.<\/p>\n<p>Por medio de este pensamiento personalista, sostenido por el redescubrimiento de la dimensi\u00f3n hist\u00f3rica, de la teolog\u00ed\u00ada patr\u00ed\u00adstica y de las categor\u00ed\u00adas b\u00ed\u00adblicas, se introdujo en la comprensi\u00f3n de la revelaci\u00f3n de la constituci\u00f3n Dei Verbum el elemento interpersonal y dialogal. As\u00ed\u00ad se corrige el acento doctrinal del Vaticano I y se elude la visi\u00f3n extremadamente intelectualista de la revelaci\u00f3n que domina en la teolog\u00ed\u00ada manual\u00ed\u00adstica hasta el Vaticano II. Esta concepci\u00f3n de la revelaci\u00f3n hunde sus ra\u00ed\u00adces en la Edad Media, cuando el acontecimiento salv\u00ed\u00adfico es estructurado en categor\u00ed\u00adas soteriol\u00f3gicas y separado del concepto de revelaci\u00f3n. Esto conduce a un empobrecimiento de la realidad b\u00ed\u00adblica, al quedar reducida la revelaci\u00f3n, sobre todo desde el nominalismo, a la transmisi\u00f3n de una doctrina sobrenatural. El Vaticano II, en un proceso laborioso de reflexi\u00f3n jalonado de compromisos, que son perceptibles tanto en el contenido como en el estilo de la Dei Verbum, supone una clara y determinante superaci\u00f3n de la visi\u00f3n conceptualista y doctrinal de la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A pesar de la acusaci\u00f3n de reduccionismo antropol\u00f3gico que, en 1963, l H.U. von Balthasar (+ 1988) lanza contra \u00abcierto personalismo cat\u00f3lico medio\u00bb, no podemos decir que este autor condene la comprensi\u00f3n de la revelaci\u00f3n como encuentro, si bien insiste en el peligro de no tener presente debidamente la libre y singular iniciativa del amor de Dios. Para \u00e9l, la revelaci\u00f3n cristiana tampoco se deja clasificar categorialmente desde la perspectiva dial\u00f3gica (cf S\u00f3lo el amor es digno de fe, Salamanca 1971, 39-41). Frente a esta postura cr\u00ed\u00adtica de H.U. von Balthasar podemos comprobar, sin embargo, que la consideraci\u00f3n de la revelaci\u00f3n como encuentro se ha ido imponiendo en la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica, superando ciertos recelos iniciales, y sobre todo despu\u00e9s del Vaticano II. Entre otros autores queremos destacar las aportaciones de H. Fries y de R. Latourelle. El primero, bajo el influjo de \/J. H. Newman, de l R. Guardini y de E. Brunner, ha hecho del encuentro la clave teol\u00f3gica de su extensa producci\u00f3n de TF sobre la revelaci\u00f3n y la fe. Y R. Latourelle ha tenido el indudable m\u00e9rito de introducir en el campo de la ense\u00f1anza de la teolog\u00ed\u00ada la concepci\u00f3n de la revelaci\u00f3n como encuentro, en profunda conexi\u00f3n con el testimonio b\u00ed\u00adblico, a trav\u00e9s de su manual de Teolog\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n (1966), con numerosas ediciones en diversas lenguas. En el \u00e1mbito espa\u00f1ol es preciso se\u00f1alar el planteamiento que hace O. Gonz\u00e1lez de Cardedal (Jes\u00fas de Nazaret. Aproximaci\u00f3n a la cristolog\u00ed\u00ada, Madrid 1975) al concebir la cristolog\u00ed\u00ada desde la realidad del encuentro del hombre con Dios en Cristo; la reflexi\u00f3n en filosof\u00ed\u00ada de la religi\u00f3n de J. Mart\u00ed\u00adn Velasco (El encuentro con Dios. Una interpretaci\u00f3n personalista de la religi\u00f3n, Madrid 1976) sobre el fen\u00f3meno religioso como encuentro del hombre con el misterio trascendente; y, m\u00e1s espec\u00ed\u00adficamente en TF, la exposici\u00f3n sint\u00e9tica y documentada de S. Pi\u00e9 Ninot sobre la revelaci\u00f3n como encuentro en su obra Tratado de teolog\u00ed\u00ada fundamental, Salamanca 1989.<\/p>\n<p>2. LA REVELACI\u00ed\u201cN COMO ENCUENTRO EN LA HISTORIA Y POR LA PALABRA. La revelaci\u00f3n cristiana no consiste primariamente en la comunicaci\u00f3n de un saber, sino en la autocomunicaci\u00f3n de Dios mismo como misterio incondicionado, que se manifiesta al hombre en un encuentro personal e hist\u00f3rico, como don totalmente libre y gratuito. Es el amor lo que motiva la revelaci\u00f3n de Dios y al mismo tiempo representa su contenido decisivo, ofreciendo una comuni\u00f3n en la contingencia y fugacidad de la historia. Y es que Dios, en su absoluta libertad, acepta las condiciones en las que s\u00f3lo resulta posible el encuentro con el hombre: en la historia y por la palabra.<\/p>\n<p>En el horizonte de la historia, como lugar de lo nuevo e inesperado, como espacio de la libertad humana y de su posible realizaci\u00f3n, acontece la revelaci\u00f3n de Dios como invitaci\u00f3n al hombre, a trav\u00e9s de hechos y palabras, a los que responde con la fe. Pero \u00e9sta no condiciona ni el amor ni la libertad de Dios. Su comunicaci\u00f3n libre y amorosa y la entrega confiada del ser humano son los dos aspectos de una realidad, el encuentro, en el que la palabra, como elemento esencial del di\u00e1logo, posibilita la apertura, el reconocimiento, la comuni\u00f3n, desentra\u00f1ando e interpretando el sentido profundo de los acontecimientos. Pero el encuentro personal con la revelaci\u00f3n cristiana tiene lugar en una comunidad creyente, que mantiene la fidelidad a la palabra de Dios que resuena en su seno a trav\u00e9s del tiempo. Esta comunidad eclesial es la mediaci\u00f3n hist\u00f3rica del encuentro con Dios y el \u00e1mbito humano donde se concretiza la responsabilidad de la fe al servicio de todos los hombres. En ella percibimos ya, en la pobreza y en la limitaci\u00f3n, el futuro de Dios, misteriosamente activo por el Esp\u00ed\u00adritu, cuya experiencia consciente puede evitar el posible individualismo inherente al concepto de encuentro personal.<\/p>\n<p>3. JES\u00daS EL CRISTO, SACRAMENTO DEL ENCUENTRO CON DIOS. En Jes\u00fas el Cristo, en sus palabras y acciones, en su vida, muerte y resurrecci\u00f3n, Dios nos sale al encuentro. Jes\u00fas de Nazaret vivi\u00f3, en la profundidad de su libertad y con una progresiva concienciaci\u00f3n psicol\u00f3gica, una comuni\u00f3n \u00fanica y original con Dios, que desvel\u00f3 toda su realidad densa y exclusiva en la experiencia pascual. Por eso en Cristo se nos ilumina el misterio de Dios y el misterio del hombre. Y en \u00e9l, revelador de Dios y del hombre, se da por antonomasia el \u00e1mbito singular y definitivo del encuentro del hombre con Dios.<\/p>\n<p>En el encuentro con Jes\u00fas el Cristo, mediado hist\u00f3ricamente por la Iglesia, tenemos acceso por el Esp\u00ed\u00adritu al Padre, porque \u00e9l es la plenitud de la revelaci\u00f3n cristiana, \u00e9l es la Palabra que ilumina definitivamente todas las palabras reveladoras de la historia de la salvaci\u00f3n, \u00e9l es la meta hacia donde confluyen todas las ansias y expectativas de la historia humana. Por su obediencia hasta la muerte se nos revela como el camino, la verdad y la vida (Jn 14,6).<\/p>\n<p>Jes\u00fas no es solamente un creyente radical. El es la revelaci\u00f3n insuperable de Dios, donde se nos muestra luminoso y cercano su misterio: Por eso lo espec\u00ed\u00adfico de la fe cristiana no consiste s\u00f3lo en creer con Jes\u00fas y como Jes\u00fas, sino en creer en. Jes\u00fas el Cristo y fundar la propia existencia en el encuentro con su persona y en su seguimiento fiel y coherente.<\/p>\n<p>4. LA DIMENSI\u00ed\u201cN PERSONAL DE LA REVELACI\u00ed\u201cN Y SU VERDAD OBJETIVA. En el encuentro entre Dios y el hombre se unen de forma indisoluble la dimensi\u00f3n personal y el contenido de la revelaci\u00f3n, que es en esencia el amor y la fidelidad de Dios. Pero este contenido ha de ser concretizado. Lo decisivo para la fe radica en la comuni\u00f3n con Jesucristo; pero esta opci\u00f3n personal ser\u00ed\u00ada una realidad et\u00e9rea y sin perfiles definidos si no se lograra una formulaci\u00f3n objetiva. El cristiano no cree en una trascendencia an\u00f3nima, sino en un Dios que sale al encuentro del hombre en Jesucristo: Esto supone la confesi\u00f3n de fe en una concreta historia de salvaci\u00f3n, que proporciona una base objetiva, que posibilita el compromiso existencial y la realizaci\u00f3n aut\u00e9ntica del creyente en el seno de la comunidad. Toda relaci\u00f3n humana est\u00e1 sostenida, al menos, por signos y s\u00ed\u00admbolos. Las verdades objetivas proposicionales de la revelaci\u00f3n no son lo primario en la decisi\u00f3n de la fe, pero sin ellas el encuentro entre Dios el hombre se diluir\u00ed\u00ada en un subjetivismo delet\u00e9reo. Las palabras y obras de Jes\u00fas, su vida, su muerte y resurrecci\u00f3n no son simples realidades indicativas. El encuentro con Jes\u00fas el Cristo implica la aceptaci\u00f3n vital de contenidos normativos y doctrinales, esenciales para la fe. Esto no significa limitar la libertad del amor de Dios en la historia, que puede utilizar cualquier camino para llegar al coraz\u00f3n de todo ser humano. Pero si hablamos de la fe cristiana, resulta imprescindible la referencia a una comunidad creyente que mantiene la esperanza en la historia por la fidelidad a una confesi\u00f3n de fe, que anuncia la salvaci\u00f3n definitiva y que gu\u00ed\u00ada a la persona al encuentro con Dios en Jesucristo por la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>BIBL.: BRUNNER_A., frlaube und Erkenntnis, Munich 1962; BRUNN$R E., Offenbarung und Vernunft. 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