{"id":16387,"date":"2016-02-05T10:34:56","date_gmt":"2016-02-05T15:34:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/anselmo-san\/"},"modified":"2016-02-05T10:34:56","modified_gmt":"2016-02-05T15:34:56","slug":"anselmo-san","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/anselmo-san\/","title":{"rendered":"ANSELMO, SAN"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Conocimiento de Dios, prueba ontol\u00f3gica.-II. Sistematizaci\u00f3n trinitaria.<\/p>\n<p>I. Conocimiento de Dios, prueba ontol\u00f3gica<br \/>\nAnselmo de Canterbury (1033-1104), entre la patr\u00ed\u00adstica y la escol\u00e1stica, pasar\u00e1 a la historia por su particular prueba demostrativa de la existencia de Dios.<\/p>\n<p>Pero \u00bfse trata de una prueba en el sentido estricto del t\u00e9rmino? \u00ab\u00bfestamos ante un fil\u00f3sofo que especula sobre teodicea, utilizando la fe como piedra de toque, se\u00f1al de control \u00fanicamente, o ante un te\u00f3logo que en la fe comenta la palabra de Dios intentando comprenderla y con la ayuda de la raz\u00f3n organizarla sistem\u00e1ticamente, o ante un m\u00ed\u00adstico que nos entrega un trozo de vida, la traducci\u00f3n en conceptos y esquemas de su experiencia de lo divino, o ante un apologeta, que prescindiendo de la fe (qua creditur) quiere demostrar al no creyente, pagano o jud\u00ed\u00ado, la racionalidad de su aceptaci\u00f3n y la irracionalidad de quien impugna dicha fe (quae creditur) o quiz\u00e1 ante un extra\u00f1o tipo, que en una unidad superior integrar\u00ed\u00ada todos esos aspectos y que a falta de otros nombres designar\u00ed\u00adamos como un gn\u00f3stico cristiano?\u00bb<br \/>\nLa respuesta se encuentra en la Vida de San Anselmo de su bi\u00f3grafo Eadmero, donde se lee: \u00abTanta fe ten\u00ed\u00ada en las Sagradas Escrituras, que cre\u00ed\u00ada firmemente que no se encontrar\u00ed\u00ada nada en ellas que se saliese de la verdad, por lo cual se esforzaba en rasgar con la raz\u00f3n el velo que las hace oscuras\u00bb. La fe se erige, pues, en instancia suprema, desde la cual cobra sentido la racional demostraci\u00f3n apod\u00ed\u00adctica; quien no cree se mueve en la total irracionalidad, pero quien cree y adem\u00e1s comprende demostrativamente posee una evidencia de la que no podr\u00ed\u00ada dudar ni aun queriendo. Esta es la t\u00f3nica anselmiana: \u00abGracias, pues, te sean dadas, oh Se\u00f1or, porque lo que he cre\u00ed\u00addo al principio por el don que me has conferido lo comprendo ahora por la luz con que iluminas, y aun cuando quisiera creer que no existes, no podr\u00ed\u00ada concebirlo\u00bb.<\/p>\n<p>El Proslogion empieza recordando la condici\u00f3n de Ad\u00e1n despu\u00e9s del pecado, y su consiguiente debilitaci\u00f3n -cual naturaleza ca\u00ed\u00adda- para demostrar la existencia de Dios. Pero si el Se\u00f1or se digna iluminarle a \u00e9l, Anselmo, al menos se podr\u00e1 entender con la raz\u00f3n algo respecto del Dios de la fe y comprobar la intr\u00ed\u00adnseca racionalidad de una verdad que la fe previamente nos ense\u00f1a y que de ning\u00fan modo podr\u00ed\u00ada entenderse si faltara esa creencia anterior.<\/p>\n<p>Vienen luego tres cap\u00ed\u00adtulos que argumentan directamente. El autor (II) define a Dios como aquello mayor que lo cual nada puede pensarse, lo cual entiende hasta el necio, y si lo entiende es porque expresa una realidad, precisamente la de aquel ser supremo al que no puede faltar ninguna perfecci\u00f3n y por ende incluye la existencia.<\/p>\n<p>Y esto basta tambi\u00e9n para probar (III) que la existencia de dicho ser ni siquiera es impensable, porque tal posibilidad entra\u00f1ar\u00ed\u00ada una inferioridad impropia de la suma realidad. De modo que si el necio se obstina en negar la existencia de Dios ello se debe a su necia condici\u00f3n.<\/p>\n<p>Por otra parte (IV) es posible entender c\u00f3mo piensa el necio su negaci\u00f3n: no entiende la existencia de Dios (ello ser\u00ed\u00ada imposible), sino que piensa \u00fanicamente la palabra que la significa.<\/p>\n<p>Pues bien, ya puede Anselmo agradecer a Dios: lo que antes Anselmo cre\u00ed\u00ada ahora lo entiende; y si acaso dejara de creer, podr\u00ed\u00ada seguir entendiendo. Los restantes cap\u00ed\u00adtulos, hasta XXVI, no nos incumben tan directamente ahora. El esquema epistemol\u00f3gico relativo a la existencia de Dios es el siguiente:<br \/>\na. Tenemos la idea de un ser mayor que el cual nada puede pensarse.<\/p>\n<p>b. Tal idea tambi\u00e9n la posee el insapiente, pues me oye y entiende cuando digo que Dios es el ser mayor que el cual nada puede pensarse, aunque no comprenda que eso existe.<\/p>\n<p>c. Una cosa es existir en la mente y otra existir en la realidad, pero existir en la mente y en la realidad es mayor que existir s\u00f3lo en la mente. Aquello cuyo mayor no cabe pensar existe en la mente y en la realidad, pues si s\u00f3lo en la mente, podr\u00ed\u00ada pensarse otro tambi\u00e9n en la realidad, que ser\u00ed\u00ada mayor. Si, pues, aquel ser mayor que el cual nada puede pensarse s\u00f3lo existe en la mente mientras podemos pensar en otro existente tambi\u00e9n en la realidad, resultar\u00ed\u00ada que ese ser cuyo mayor no cabe pensar ser\u00ed\u00ada aquel cuyo mayor puede pensarse, lo cual es absurdo.<\/p>\n<p>d. Existe, pues, indubitablemente no s\u00f3lo en el intelecto, sino tambi\u00e9n en la realidad un ser tal cuyo mayor no cabe pensar, al que llamamos Dios.<\/p>\n<p>Al argumento pronto le sali\u00f3 un objetor, Gaunilo, monje benedictino correligionario, en defensa del necio en su Liber pro insipiente. Gaunilo afirma que el concepto anselmiano de ser supremo no se ofrece a nuestra conciencia con los caracteres de una representaci\u00f3n verdadera para el entendimiento, sino del mismo modo que todas las cosas falsas o dudosas presentes al pensamiento. Adem\u00e1s, de todos los conceptos el de Dios es el \u00fanico que no cabe relacionar con cosa alguna conocida, pues nada se asemeja a Dios. Habr\u00ed\u00ada, pues, que rechazar el salto de la existencia en el pensamiento a la existencia en la realidad, de modo que para restituir al concepto su fuerza probativa habr\u00ed\u00ada que mostrar primero que existe un ser mayor que el cual nada cabe pensar. Gaunilo ilustra su cr\u00ed\u00adtica remitiendo a unas Islas Afortunadas pensables pero no existentes en la experiencia. Otro tanto deber\u00ed\u00ada decirse si del concepto de suma naturaleza pretendiera deducirse la imposibilidad de negar con el pensamiento la existencia de esa misma naturaleza: si el pensamiento puede negar la existencia de una cosa certera (como el yo, por ejemplo), tambi\u00e9n podr\u00ed\u00ada negarla respecto del ser m\u00e1ximo, pero si no lo puede, tampoco lo podr\u00ed\u00ada de las cosas existentes de verdad, y no \u00fanicamente del ser m\u00e1ximamente tal.<\/p>\n<p>Resumiendo las objeciones: De la existencia en la mente no cabe inferir la existencia en la realidad, pues una cosa es el orden del pensar y otra el del ser. Entendemos el sentido del id quo maius cogitari nequit, pero no vemos que de \u00e9l se desprenda necesariamente la existencia. Para fulminar ambas objeciones habr\u00ed\u00ada que probar que ese mayor que el cual nada cabe pensar goza de un privilegio del que carece cualquier otra idea.<\/p>\n<p>La contrarr\u00e9plica de san Anselmo no se hace esperar:<br \/>\na. Lo que se entiende est\u00e1 en el entendimiento, y cuando se trata del ser m\u00e1ximamente pensable ha de existir tambi\u00e9n en la realidad, pues de lo contrario faltar\u00ed\u00adale a\u00fan una perfecci\u00f3n, nada menos que la de la existencia.<\/p>\n<p>b. Por no haberlo entendido as\u00ed\u00ad, Gaunilo se enreda con la Isla Afortunada al equipararla con el ser increado infinito, s\u00f3lo el cual encierra en su idea la prueba de su existencia; por ende, si uno piensa que no existe, no piensa en Dios sino en una idea que no le corresponde.<\/p>\n<p>c. La imposibilidad de negar la existencia de la suma naturaleza es propia del pensamiento, no del entendimiento, pues \u00e9ste est\u00e1 incapacitado para negar la existencia de todas las cosas reales, y no s\u00f3lo de Dios; en cambio el pensamiento puede hacerlo, o al menos fingirlo, respecto a las realidades no eternas, pero no del ser supremo, \u00fanica excepci\u00f3n.<\/p>\n<p>II. Sistematizaci\u00f3n trinitaria<br \/>\nAs\u00ed\u00ad las cosas, la existencia de Dios, la existencia de tres personas en Dios, la necesidad de la encarnaci\u00f3n del Hijo, pueden ser apod\u00ed\u00adcticamente demostradas seg\u00fan Anselmo no s\u00f3lo a cristianos, sino a jud\u00ed\u00ados y paganos.<\/p>\n<p>Anselmo trat\u00f3 de mostrar con razones necesarias:<br \/>\na. Que Dios no puede no ser pensado y, por tanto, no puede ser inexistente (Proslogio).<br \/>\nb. Que en Dios no pueden no ser (es decir, que tienen que ser) tres personas (Monologio).<br \/>\nc. Que la redenci\u00f3n no pudo ser de otra forma que la que hist\u00f3ricamente ha sido (Cur Deus horno).<\/p>\n<p>El proceso para llegar de la unidad a la Trinidad, de la esencia a las personas, va a ser un an\u00e1lisis de la locutio divina: un decir Dios las cosas ante s\u00ed\u00ad y consigo mismo. Las criaturas, en efecto, existen en Dios antes de existir en s\u00ed\u00ad mismas, y una vez que existen en s\u00ed\u00ad mismas siguen conservando su mejor ser en Dios. Antes de venir, por tanto, a la existencia preexist\u00ed\u00adan en Dios, noen la opacidad material de su ser material finito, sino de una manera noble como exemplum, forma, similitudo o regula rei faciendae. No se trata de un mero decir su nombre simb\u00f3lico, de un representar imaginativo de su figura, sino de un decir que constituye el ser mismo de las criaturas.<\/p>\n<p>La locutio es el existir y consistir de las cosas en Dios. Tal locuci\u00f3n divina crea el ser de las cosas. Dios las dijo y al decirlas fueron creadas. El decirlas divino ante s\u00ed\u00ad es el fundamento necesario para su conocimiento; hablar y entender, producir un verbum y conocer es la misma realidad de Dios.<\/p>\n<p>Mas, \u00bfc\u00f3mo pasar de esa locutio con que Dios dice las criaturas al Verbo con que se dice a s\u00ed\u00ad mismo? Las criaturas pudieran no existir de no haber sido dichas, su existencia no es absolutamente necesaria.<\/p>\n<p>\u00bfHabr\u00ed\u00ada que concluir entonces que de no haber sido nada dicho y por ende creado, entonces el Verbo seguir\u00ed\u00ada siendo una esencia eterna pero no ser\u00ed\u00ada Verbo? La respuesta de san Anselmo es: seguir\u00ed\u00ada siendo Verbo, porque este esp\u00ed\u00adritu supremo como eterno, se recuerda y se comprende eternamente a s\u00ed\u00ad mismo, y porque se comprende eternamente y se habla eternamente a s\u00ed\u00ad, su Verbo est\u00e1 eternamente con El. Hay, en consecuencia, un Verbo en Dios independientemente de las criaturas; aun independientemente de \u00e9stas, Dios pronuncia su Verbo eterno que, desde toda la eternidad, est\u00e1 en su seno como pur\u00ed\u00adsima expresi\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo, porque desde toda la eternidad es pur\u00ed\u00adsima inteligencia, es decir, desde toda la eternidad existe en cuanto Dios.<\/p>\n<p>Este Verbum (el Hijo) es la expresi\u00f3n cumplida del Padre, de su Ser por v\u00ed\u00ada de conocimiento. El es su Palabra, la \u00fanica palabra en la eternidad que contiene en s\u00ed\u00ad todas las dem\u00e1s palabras posibles.<\/p>\n<p>San Anselmo, que dedicar\u00e1 veinte cap\u00ed\u00adtulos a la elucidaci\u00f3n del Verbo, ahora, para la del Esp\u00ed\u00adritu Santo, apenas escribe m\u00e1s de veinte l\u00ed\u00adneas, pues la argumentaci\u00f3n es la misma de antes: el amor como perfecci\u00f3n transcendental, no s\u00f3lo en cuanto acto, sino en cuanto expresi\u00f3n objetivante del acto: esa comunidad del Padre y del Hijo no encuentra mejor contemplaci\u00f3n que la del sentimiento mutuo de su amor. Ser\u00ed\u00ada pues absurdo negar que el Esp\u00ed\u00adritu Supremo, Santo, se ama, as\u00ed\u00ad como se acuerda de s\u00ed\u00ad mismo y se comprende.<\/p>\n<p>Esta procesi\u00f3n de amor tendr\u00e1 los mismos caracteres que para el Verbum: unidad, consustancialidad, etc. Es un Amor que no procede s\u00f3lo del Padre, sino del Padre y del Hijo, porque sin memoria de s\u00ed\u00ad e inteligencia de s\u00ed\u00ad no es posible ese Amor de s\u00ed\u00ad. Luego sin Memoria (Padre), sin Inteligencia (Hijo), no ser\u00ed\u00ada posible el Amor del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>Dios, en suma, es con evidencia uno en esencia y trino en personas. Aun as\u00ed\u00ad dice san Anselmo: me parece a m\u00ed\u00ad que esta conclusi\u00f3n sublime y misteriosa supera el alcance de la inteligencia humana, y por eso creo conveniente detener el esfuerzo que tender\u00ed\u00ada a explicar c\u00f3mo es esto.<\/p>\n<p>Resumiendo con Olegario G. de Cardedal, a quien hemos venido siguiendo: \u00abEs una constante en toda su afirmaci\u00f3n: Evidencia de la Trinidad, inevidencia absoluta del c\u00f3mo, necesidad de tres Personas e imposibilidad de explicar c\u00f3mo son tres en unidad. Pero tales afirmaciones las hace no s\u00f3lo al tratar de la Trinidad, sino al tratar de la existencia de Dios, de sus atributos esenciales. El misterio consiste no en que Dios sea trino, sino en que es Dios, es decir, en su infinitud inconmensurable, en su \u00f3ntica necesidad de existir, en su plenitud vital, en su car\u00e1cter absoluto respecto de todo lo dem\u00e1s existente. A ese Dios as\u00ed\u00ad pensado no puede el hombre abarcarle&#8230; No es la unidad de Dios una evidencia y la Trinidad un misterio; no es la esencia manifiesta y las Personas desconocidas. En el hecho de que no podamos vadear ese pi\u00e9lago infinito de la esencia divina consiste para Anselmo el misterio de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>[-> Amor; Biblia; Esencia; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Experiencia; Fe; Hijo; Imagen; Misterio; Padre; Persona; Redenci\u00f3n; Trinidad; Unidad.]<br \/>\nBIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: O. GONZ\u00ed\u0081LEZ DE CARDEDAL, Misterio trinitario y existencia humana, Rialp, Madrid 1966; R. RovIRA, El argumento ontol\u00f3gico de la existencia de Dios. Para una rehabilitaci\u00f3n de los problemas de la Metaf\u00ed\u00adsica. Encuentro, Madrid 1991; SAN ANSELMO DE CANTERBURY, Obras completas, 2 vols., BAC, Madrid 1952-53.<\/p>\n<p>Carlos D\u00ed\u00adaz<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Conocimiento de Dios, prueba ontol\u00f3gica.-II. Sistematizaci\u00f3n trinitaria. I. Conocimiento de Dios, prueba ontol\u00f3gica Anselmo de Canterbury (1033-1104), entre la patr\u00ed\u00adstica y la escol\u00e1stica, pasar\u00e1 a la historia por su particular prueba demostrativa de la existencia de Dios. 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