{"id":16397,"date":"2016-02-05T10:35:15","date_gmt":"2016-02-05T15:35:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/diosa-madre\/"},"modified":"2016-02-05T10:35:15","modified_gmt":"2016-02-05T15:35:15","slug":"diosa-madre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/diosa-madre\/","title":{"rendered":"DIOSA MADRE"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La condici\u00f3n humana, matriz de s\u00ed\u00admbolos.-II. Las figuras femeninas y maternas en las religiones.-III. Una Diosa-Madre en el trasfondo de la religi\u00f3n de Israel.-IV. El Padre materno.-V. Lo femenino y el misterio trinitario.<\/p>\n<p>I. La condici\u00f3n humana matriz de s\u00ed\u00admbolos<br \/>\nEn decenios cercanos hemos conocido la problematizaci\u00f3n de la propia palabra Dios para representar una realidad que escapa a toda comprensi\u00f3n&#8217;. En a\u00f1os m\u00e1s recientes, en el ambiente de la ex\u00e9gesis y de la teolog\u00ed\u00ada donde han tenido entrada algunas interpelaciones del feminismo, se ha replanteado la pregunta por el prevalecer, casi exclusivo, de una imagen masculina de Dios al menos en las tres grandes religiones que tienen arraigo en Occidente. La sospecha de que el predominio prolongado de una estructura y mentalidad patriarcales ha incidido en esa unilateral representaci\u00f3n de lo divino acompa\u00f1a al inter\u00e9s por las figuraciones y rasgos femeninos que, como veremos, han tenido larga vigencia en la historia de las religiones y nunca han estado del todo ausentes en la misma tradici\u00f3n judeo-cristiana.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, el recurso a unas representaciones y a un leguaje m\u00e1s abiertos, y desde luego no limitados por el g\u00e9nero, aparece como el menos inadecuado para dar cuenta hoy de un Dios siempre mayor, siempre inagotable e inalcanzable, pero a la vez cercano e inmamente en su transcendencia. As\u00ed\u00ad el rescate de rasgos femeninos en las representaciones de Dios, lejos de postular una sexualizaci\u00f3n a la inversa, un retorno a lo femenino con expectativas que no resisten a la cr\u00ed\u00adtica y que correr\u00ed\u00adan el riesgo de caer en una regresi\u00f3n, aparece como un intento de afirmar \u00abla humilde proximidad de ese Dios para con la humanidad compuesta de hombres y mujeres\u00bb. Traduce la convicci\u00f3n de que \u00aben Dios que trasciende al hombre y a la mujer, lo masculino y lo femenino, englob\u00e1ndolos, la lucha de los sexos podr\u00e1 al fin conocer un apaciguamiento\u00bb.<\/p>\n<p>La fenomenolog\u00ed\u00ada y la historia de las religiones muestran que la condici\u00f3n humana, en la complejidad de su experiencia, en su existencia sexuada, constituye una \u00abmatriz de s\u00ed\u00admbolos\u00bb (Meslin), por lo que la bipolaridad sexual con sus m\u00faltiples potencialidades y capacidades expresivas ha jugado un papel decisivo en la esfera de lo simb\u00f3lico. De ah\u00ed\u00ad que resulte esperable que lo femenino y las vivencias que con la mujer se relacionan hayan servido de mediaci\u00f3n para expresar la relaci\u00f3n fundamental que los humanos viven con lo sagrado o misterioso. A su vez, la cristalizaci\u00f3n de lo femenino y sus valencias como s\u00ed\u00admbolo de la divinidad refleja situaciones culturales diversas y etapas varias en la prehistoria e historia de las civilizaciones. Responde veros\u00ed\u00admilmente a las diversas formas de organizaci\u00f3n de la vida cotidiana y socialy tambi\u00e9n al modo de plantearse las relaciones interhumanas e intersexuales. As\u00ed\u00ad, resulta aceptado que las figuras antropom\u00f3rficas de la divinidad var\u00ed\u00adan seg\u00fan se trate de civilizaciones de cazadores o de pastores n\u00f3madas, estructuradas patriarcalmente, o de culturas agr\u00ed\u00adcolas en las que prima un mitologema arcaico y llamativamente extendido como veremos: el de la Diosa Madre Tierra.<\/p>\n<p>II. Las figuras femeninas y maternas en las religiones<br \/>\nLa historia del fen\u00f3meno religioso constata la extensi\u00f3n, pr\u00e1cticamente universal, de una figura femenina para representar la divinidad y sus varios atributos. Esta constataci\u00f3n provoca cierta extra\u00f1eza sobre todo si se la compara con la llamativa menor atenci\u00f3n que lo femenino como configuraci\u00f3n de lo divino ha recibido en largos siglos de desarrollo de la teolog\u00ed\u00ada. Ocurre -y as\u00ed\u00ad se percibe en el planteamiento actual del feminismo, como en la propia teolog\u00ed\u00ada- como si tambi\u00e9n en la historia de la tradici\u00f3n cristiana se hubiera producido un cierto silencio que reclama ser explicado y que est\u00e1 mereciendo atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el nivel de los hallazgos arqueol\u00f3gicos es sobradamente conocida la abundante presencia de estatuillas cultuales y textos que afloran desde estratos remotos del pasado y que, a su modo, tienen confirmaci\u00f3n en las mitolog\u00ed\u00adas que conservan nombres arcaicos de figuras femeninas. Se trata de peque\u00f1as estatuas con rasgos anat\u00f3micos exagerados, impropiamente llamadas\u00bbvenus\u00bb, que se extienden por la Europa que va desde Polonia al Adri\u00e1tico y Egeo, llegando a regiones del Oriente pr\u00f3ximo como Fenicia, Palestina y Mesopotamia.<\/p>\n<p>El culto a una Diosa Madre, o Diosa Tierra, diosa de la fertilidad, madre y nutricia, aparece ampliamente documentado en per\u00ed\u00adodos que abarcan el paleo, meso y calcol\u00ed\u00adtico, y su presencia permanece en el trasfondo de teogon\u00ed\u00adas y mitos hasta alcanzar con su influjo a figuras que tienen espacio conocido en panteones de \u00e9poca hist\u00f3rica. Mircea Eliade, entre otros, ha asociado esta divinidad materna con las culturas agr\u00ed\u00adcolas del neol\u00ed\u00adtico, atentas al ciclo anual de las estaciones, con ritos alusivos a los ciclos de la naturaleza y la fecundidad, en las que tiene cabida tambi\u00e9n la simbolog\u00ed\u00ada del \u00e1rbol que se renuevas. La relaci\u00f3n de ese culto con el matriarcado fue se\u00f1alada por J. J. Bachofen, si bien su teor\u00ed\u00ada ha recibido ulteriormente cr\u00ed\u00adticas notables. Sin entrar en los t\u00e9rminos de la hip\u00f3tesis del matriarcado, tanto W. Schmidt como B. Malinowski y R. Pettazzoni han seguido vinculando ese culto a las culturas agr\u00ed\u00adcolas en las que la Tierra asume el lugar del Ser supremo en cuanto que, como productora y madre nutricia para los humanos, se muestra principio \u00faltimo de la vida.<\/p>\n<p>Desde otras perspectivas, la frecuencia y antig\u00fcedad del s\u00ed\u00admbolo femenino-materno alusivo a la divinidad ha sido explicada por E. Jung y en su seguimiento por E. Neumann como el emerger esperable de una imagen primordial, arquet\u00ed\u00adpica, que opera en la psique humanar que ha encontrado amplio despliegue en la mitolog\u00ed\u00ada y en la expresi\u00f3n art\u00ed\u00adstica de todas las \u00e9pocas. Un proto-s\u00ed\u00admbolo, podr\u00ed\u00adamos decir, que presenta tambi\u00e9n lados oscuros y valencias negativas que han recibido ulteriores concreciones en figuras y nombres conocidos en las mitolog\u00ed\u00adas y en la historia de las religiones, y que hoy mismo son advertidas por el psicoan\u00e1lisis. Se trata de una figura que habita la memoria arcaica de la humanidad porque corresponde a la universal experiencia de nacer y depender del alimento, cuidado y protecci\u00f3n de una madre. Tanto la plasticidad del s\u00ed\u00admbolo, de la que la historia del arte da cuenta, como su capacidad de asociar los significados del nacer y ser alimentado con la religaci\u00f3n y dependencia de una \u00faltima fuente de vida, explican su arraigo y despliegue desde tiempos arcaicos.<\/p>\n<p>A la figura de la Gran Madre responden las Matronas germanas y celtas, y de un culto a la Diosa Tierra se hallan abundantes noticias, incluso a trav\u00e9s de ritos que perviven, en la Am\u00e9rica precolombina.Tambi\u00e9n en un universo cultural bien distinto, en el extremo Oriente, y desde el prebudismo, se da lo femenino como una de las polaridades del tao. Y todav\u00ed\u00ada dentro del mundo asi\u00e1tico, en el surco de la religi\u00f3n v\u00e9dica, se encuentran figuras femeninas que, como Shakti, acompa\u00f1an como pareja a deidades masculinas como Shiva, y figuras como Kali, cargada de ambig\u00fcedad en su actitud y funciones respecto de los humanos. Esas figuras han sobrevivido en el hinduismo a la modificaci\u00f3n impuesta por el predominio de los dioses indoeuropeos, de un modo semejante a como la lejana figura de una Diosa-Tierra pervive en laulterior elaboraci\u00f3n del pante\u00f3n hel\u00e9nico. Se tratar\u00ed\u00ada, en ambos casos, de un principio originario que subsiste, pese a la imposici\u00f3n de otro igualmente radicado en el trasfondo de los tiempos y de la memoria colectiva: el masculino-paterno, dominante en el mundo religioso m\u00e1s cercano. De hecho, ritos hierog\u00e1micos vienen teniendo cabida en los rituales v\u00e9dicos.<\/p>\n<p>La figura de la diosa consorte, aut\u00e9ntico paredro de las divinidades masculinas en la religi\u00f3n de la India, o la esposa en otros panteones,muestran la necesidad de reunir las dos polaridades sexuales para expresar lo inagotable del Misterio. Todos los recursos del \u00abvetusto lenguaje sexual simb\u00f3lico\u00bb (Van der Leew) se hacen necesarios para referirse a lo pregnante del Misterio que excede y supera la misma bipolaridad sexual. Asimismo, lo femenino , y la figura del andr\u00f3gino, reapareci\u00f3 en las corrientes gn\u00f3sticas donde la mujer en relaci\u00f3n con la divinidad debi\u00f3 tener un margen notorio, lo que explica, en parte, la reserva de los autores cristianos que se enfrentaron a la gnosis.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en los estadios primitivos de la religi\u00f3n griega, como muestra la Teogon\u00ed\u00ada de Hesiodo, Gea, una Diosa-Madre, engendradora de Urano en uni\u00f3n con el cual engendra a su vez a los Tritones, representa aquel remoto culto que, en formas varias, perdura y se hace presente en figuras como Hera de Argos y Artemisa de Lidia, as\u00ed\u00ad como en las de D\u00e9meter y Pers\u00e9fone, asociadas a la vegetaci\u00f3n y la fertilidad a partir de antiguos pueblos montaraces, cazadores o pastores, que llegan hasta los tiempos del pante\u00f3n cl\u00e1sico. En \u00e9ste, y en los estadios m\u00e1s conocidos, Atenea y Afrodita representan, bajo figuras de mujer, atributos y funciones no estrictamente femeninos. Resulta, por tanto, que el dominio de dioses indoeuropeos masculinos, que sobreviene con la invasi\u00f3n de pueblos cuyo recuerdo ha guardado una historia documentable y de cuyo dramatismo quedan se\u00f1ales en los relatos m\u00ed\u00adticos y aun en la \u00e9pica griega, no ha anulado del todo, pese a la potencia de Zeus, un dios celeste, el substrato de una extendida religi\u00f3n de la Diosa-Madre, terrestre y lunar, nutricia, protectora y maligna, seg\u00fan aquella ambig\u00fcedad a que nos hemos referido.<\/p>\n<p>En regiones del Oriente medio la diosa Cibeles, que desde Frigia llega en un determinado momento al mundo romano, y Nut, madre de Isis (la esposa de Osiris) y madre de Horus, junto con la Inanna sumeria, la Isthar de Acadia y la Astart\u00e9 de Cana\u00e1n, son otras tantas personificaciones de un culto arraigado en el entorno y en los lugares mismos en que se asienta Israel.A \u00e9l aluden en algunos momentos, pol\u00e9micamente, los propios textos b\u00ed\u00adblicos. Entre \u00e9stos, aquellos lugares donde asoman vestigios de la figura de Asherat, una diosa cananea, presentan, como veremos, un especial inter\u00e9s por lo que significan en el proceso del monote\u00ed\u00adsmo yahvista.<\/p>\n<p>Teniendo en cuenta las observaciones de autores como G. Widengren, V. Hern\u00e1ndez Catal\u00e1, Th. Schipflinger , Fr. Heiler, O. Kern , M. Eliade y A. Di Nola, J. Martin Velasco da una interpretaci\u00f3n de conjunto de las variadas formas en que lo femenino es simb\u00f3licamente elaborado: \u00abLos mismos datos sugieren ya que la pretensi\u00f3n del hombre religioso al utilizar estas im\u00e1genes no es situar al Misterio en el reino de lofemenino o pensarlo como dotado exclusivamente de los rasgos de mujer (&#8230;) Esta lo representa, en efecto, como madre-virgen, esposa, hija, protectora del nacimiento y de la fecundidad, y diosa de la muerte; como diosa del amor y de la guerra. Como gran diosa-madre, figura &#8216;verdaderamente universal, \u00abdiosa total\u00bb, y como figura complementaria de figuras masculinas. En la misma direcci\u00f3n nos orienta el hecho de que con mucha frecuencia no aparezca de forma exclusiva, sino como figura que matiza una representaci\u00f3n preferentamente paterna de lo divino, o como paredro de la figura masculina. Con todo -prosigue- el hecho de que prevalezcan entre sus nombres , figuras y funciones, los relativos a la maternidad, orienta a descubrir su sentido en la capacidad que contiene el s\u00ed\u00admbolo materno de ofrecer una respuesta a la pregunta por el origen y de satisfacer la necesidad de protecci\u00f3n, el anhelo de bondad y de amor que experimenta siempre el hombre\u00bb.<\/p>\n<p>La polivalencia del s\u00ed\u00admbolo -que tiene relaci\u00f3n con la tierra y la luna, y que apunta tambi\u00e9n a las aguas fecundas y aun a la noche, el terror y la oscuridad-, se traduce en su potente capacidad para apuntar al Misterio, fascinante y tremendo, como Origen. En este sentido, la figura de la Diosa-Madre resulta una figura imponente y pr\u00e1cticamente omnicomprensiva: una quae est omnia, al decir de algunos.<\/p>\n<p>III. Una Diosa-Madre en el trasfondo de la religi\u00f3n israelita<br \/>\nSi el predominio indoeuropeo provoc\u00f3 la retracci\u00f3n -aunque pueda hablarse tambi\u00e9n de asimilaci\u00f3n parcial-de las figuras femeninas de los antiguos panteones al imponer un patriarcalismo como forma social, el avance del monote\u00ed\u00adsmo hebreo en el cercano Oriente aparece relacionado con la prevalencia de un Dios celeste, la exaltaci\u00f3n de la fuerza y la atribuci\u00f3n de cualidades m\u00e1s nobles al var\u00f3n. Y la progresiva afirmaci\u00f3n de Yahv\u00e9 como \u00fanico en Israel conoci\u00f3 momentos de conflicto con antiguos cultos locales que se mostraron persistentes a juzgar por sus relativamente tard\u00ed\u00adas reapariciones. As\u00ed\u00ad, investigaciones recientes descubren cierta impronta de aquellos viejos cultos y divinidades en la misma religi\u00f3n yahvista.<\/p>\n<p>En su estudio sobre la religi\u00f3n hebrea, R. Patai anot\u00f3 hace unos decenios que algunas formas de representar a Yahv\u00e9 en el juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado podr\u00ed\u00adan mostrar la absorci\u00f3n o fusi\u00f3n de aspectos femeninos de una antigua divinidad femenina. A su juicio la Sabidur\u00ed\u00ada y la Shekinah, formas de hipostatizar la actuaci\u00f3n y la presencia de Yahv\u00e9, ser\u00ed\u00adan lejanas reminiscencias de aquella divinidad que duran en el juda\u00ed\u00adsmo hasta \u00e9poca tard\u00ed\u00ada, sin entrar en conflicto con una tradici\u00f3n monote\u00ed\u00adsta centrada en Yahv\u00e9\u00bb<br \/>\nA su vez, M. Stone ha se\u00f1alado la presencia en los territorios conquistados por Israel de una diosa, atestiguada por los textos de Ugarit como Asherah y Anat, que Stone identifica con Astart\u00e9, si bien esta identificaci\u00f3n ha merecido ulteriores discusiones. Esa figura, o los s\u00ed\u00admbolos que le representan, rivalizan con Yahv\u00e9 en pasajes como Jue 2,13 y 3, 7; 1 Sam 7, 3-4;1 Re 11,5.33; 15,13.18.19, lugares en los que se muestra que la antigua divinidad femenina reaparece y provoca la reacci\u00f3n del yahvismo aun en plena \u00e9poca mon\u00e1rquica.<\/p>\n<p>Hallazgos arqueol\u00f3gicos de culturas extrab\u00ed\u00adblicas pero cercanas a Israel, como los de Kuntilet&#8217;Ajrud y los de Khirber el Q\u00f3m, son hoy puestos en relaci\u00f3n con la figura de Asherah y su s\u00ed\u00admbolo cultual, aserah \/aserim, al que se refieren pol\u00e9micamente varios lugares b\u00ed\u00adblicos. As\u00ed\u00ad aquellos en los que los profetas Oseas y Jerem\u00ed\u00adas urgen a la fidelidad al yahvismo (Os 2; Jer 7, 18; 44, 15-25). O algunos otros como 2 Re 21,7;23,4-715. Tales textos -como aquellos en los que se apoya la tesis de una asimilaci\u00f3n por parte del yahvismo de dioses masculinos como El, del pante\u00f3n cananeo- parecen responder a una laboriosa fidelidad mantenida al Dios de Israel que exigi\u00f3 la lucha contra la presencia ambig\u00fca de una diosa en la religiosidad popular. Esta lucha resulta explicable si se tienen en cuenta, tanto la historia del asentamiento de los hebreos en la tierra, como la afirmaci\u00f3n de la absoluta transcendencia de Yahv\u00e9, Dios \u00fanico, que se distancia infinitamente de toda otra divinidad hasta negarla. Una transcendencia que se subraya incluso a trav\u00e9s de la misteriosidad con que se rodea al Nombre.<\/p>\n<p>IV. Un Padre materno o los rasgos femeninos en el Dios b\u00ed\u00adblico<br \/>\nSi de un culto a una diosa se registran indicios en los tiempos b\u00ed\u00adblicos, la presencia de rasgos femeninos en la caracterizaci\u00f3n de Yahv\u00e9 es documentable hasta en el juda\u00ed\u00adsmo postb\u00ed\u00adblico, como hemos o\u00ed\u00addo advertir a Patai. As\u00ed\u00ad un t\u00e9rmino vigente en pleno monote\u00ed\u00adsmo yahvista es el de Sabidur\u00ed\u00ada (hokm\u00e1), hip\u00f3stasis de la funci\u00f3n creadora y reveladora de Dios que, como tal, aparece en m\u00faltiples lugares (Job, 28.12-27; Bar 3, 9-4; Prov 8, 23-31; Eclo 14, 20-27; Sab 7,12.27; 9,4). Resabios de una divinidad femenina pueden haber influido en la forja de esa imagen que perdura en el Logos neotestamentario. Rasgos femeninos subyacen tambi\u00e9n en otro t\u00e9rmino de raigambre b\u00ed\u00adblica como es Ruah que de su aleteo creador (Cf. G\u00e9n 1,2), pasa a designar el Esp\u00ed\u00adritu en el NT y la tercera persona en la Trinidad divina. Y con caracteres femeninos se presentan a su vez la misericordia entra\u00f1able y la ternura conmmovida que los textos b\u00ed\u00adblicos atribuyen al Dios que se muestra compasivo, materno en sus cuidados y desvelos para con su pueblo (Cf. Jer 31, 20; Os 11, 1.4.8; 13; Is 49,15; 66, 13; Sal 116, 15)16. En otra serie de lugares importantes para la revelaci\u00f3n del AT, misericordia y entra\u00f1as maternales (raham) se asocian a la paternidad de un Dios que es desbordadamente Padre siendo Padre maternal,\u00bbPadre materno\u00bb.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, a prop\u00f3sito de la utilizaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la imagen del padre, las observaciones convergen en que se trata de un uso cauteloso de esa simbolog\u00ed\u00ada, que parecer\u00ed\u00ada sin embargo la menos inadecuada, a juzgar por lo universal de la presencia de la misma en otras religiones y su f\u00e1cil documentaci\u00f3n tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. De hecho, un estudio atento de los usos del t\u00e9rmino \u00abpadre\u00bb en la Biblia concluye con la impresi\u00f3n de una cierta austeridad que lleva a pensar en aquella preocupaci\u00f3n por la transcendencia que antes se\u00f1al\u00e1bamos y que aleja de esta comprensi\u00f3n de lo paterno toda naturalizaci\u00f3n f\u00e1cil. A este uso cuidadoso del s\u00ed\u00admbolo se ha referido P. Ricoeur cuando ha hablado de un \u00abgrado cero\u00bb en la figura del padre aplicable al Dios b\u00ed\u00adblico cuya paternidad se distancia de la procreaci\u00f3n natural y del parentesco. Y en un sentido complementario F. Raurell ha comentado esa cautela sobre la atribuci\u00f3n de la paternidad se\u00f1alando que \u00abla reserva de los hebreos sobre la figura de Dios como Padre y su concepci\u00f3n absolutamente transexual de la paternidad divina nos invitan&#8230; a no cargar \u00e9ste s\u00ed\u00admbolo de rasgos \u00fanicamente masculinos&#8217;. De ah\u00ed\u00ad que pueda notar tambien L. Armend\u00e1riz que \u00abcuando se le llama padre no se le est\u00e1 diciendo var\u00f3n (aunque la imaginaci\u00f3n lo quiera), ni se est\u00e1 por ello negando su maternidad; se est\u00e1 afirmando que al origen y en el fundamento y meta de la realidad hay un Infinito todopoderoso y amante&#8217;.<\/p>\n<p>En el NT el t\u00e9rmino griego pat\u00e9r referido a Dios aparece en m\u00faltiples lugares. Unos reflejan la invocaci\u00f3n o la referencia puesta en boca del mismo Jes\u00fas: \u00ab(mi) Padre\u00bb; otras la designaci\u00f3n, ante los disc\u00ed\u00adpulos:\u00bbvuestro Padre\u00bb; y un tercer grupo responde a una consideraci\u00f3n de Dios como Padre o Padre de Jes\u00fas. En el NT, y en la peculiaridad del t\u00e9rmino Abba que los exegetas asignan al \u00e1mbito del lenguaje familiar, se vislumbra la experiencia filial de Jes\u00fas, experiencia \u00fanica y propiamente suya, en la que asoman rasgos maternos como anteriormente lo hac\u00ed\u00adan en algunos de los textos prof\u00e9ticos&#8217;. Y en Jes\u00fas, en su conducta y actitudes, se revela, incluso a trav\u00e9s de la continuidad del lenguaje &#8211; el uso del t\u00e9rmino spl\u00e1gkhna es significativo y ha sido documentado cuidadosamente por H. K\u00f3ster- aquella misericordia entra\u00f1able del Padre materno. Como si la paternidad-maternidad del Padre encontrara una correspondencia en la que alguien ha llamado \u00abla emoci\u00f3n visceral de Jes\u00fas ante el necesitado\u00bb.<\/p>\n<p>V. Lo femenino y la teolog\u00ed\u00ada trinitaria<br \/>\nEs aceptado que en el NT existen formas de hablar tri\u00e1dicamente de Dios, a quien se desiga fundamental-mente como Padre. El Hijo, reconocido como Kyrios, y el Esp\u00ed\u00adritu. Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas, Esp\u00ed\u00adritu del Padre, aparecen en diversos lugares, entre los que destaca el mandato misionero de Mt 23,19, relacionado con la liturgia bautismal. La presencia de una \u00absimb\u00f3lica trinitaria\u00bb (Duquoc), o de una \u00abTrinidad narrada\u00bb (Forte), ya en este estadio de la confesi\u00f3n de fe, hizo posibles los symbolos. Y ofreci\u00f3 la base para el desarrollo de la doctrina trinitaria que utiliza los registros de la raz\u00f3n y la analog\u00ed\u00ada para aproximarse al misterio confesado en las f\u00f3rmulas de la fe.<\/p>\n<p>Ahora bien, en la confesi\u00f3n de la Iglesia naciente se conjugan una con-ciencia trinitaria y una memoria del Dios de Israel que es el Padre del Se\u00f1or Jes\u00fas y dador del Esp\u00ed\u00adritu. Y a un intento de evitar la reducci\u00f3n del mysterium salutis que es el mysterium trinitatis quieren responder la discusi\u00f3n y las definiciones de los concilios de Nicea (325) y Constantinopla (381), as\u00ed\u00ad como el s\u00ed\u00admbolo resultante, que hamarcado la teolog\u00ed\u00ada trinitaria ulterior. Pero tanto las f\u00f3rmulas del s\u00ed\u00admbolo niceno-constantinopolitano como la elaboraci\u00f3n teol\u00f3gica en torno, y la que tuvo lugar en siglos m\u00e1s tard\u00ed\u00ados, parecen haber dejado m\u00e1s en la penumbra que los textos neotestamentarios la vertiente hist\u00f3rico salv\u00ed\u00adfica, por otra parte inseparable de la especulaci\u00f3n sobre la naturaleza y las personas de la Trinidad.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, no han faltado en estos a\u00f1os importantes llamadas de atenci\u00f3n advirtiendo que en el proceso de elaboraci\u00f3n de esa doctrina ha primado, al menos en Occidente, el horizonte filos\u00f3fico del ser y el acento de la unidad, sobre la perspectiva de la historia de salvaci\u00f3n. Lo que equivale a haber privilegiado la consideraci\u00f3n de la Trinidad inmanente sin atender suficientemente a la dimensi\u00f3n econ\u00f3micosalv\u00ed\u00adfica del misterio\u00bb.<\/p>\n<p>Y desde otros \u00e1ngulos, entre los que se cuentan las aportaciones de una cr\u00ed\u00adtica feminista, se se\u00f1ala la necesidad de corregir una imagen masculina de Dios que ha derivado del lenguaje en que vino a expresarse el misterio trinitario, un lenguaje necesitado siempre de una dif\u00ed\u00adcil comprensi\u00f3n anal\u00f3gica. Esta cr\u00ed\u00adtica llama la atenci\u00f3n acerca de lo que quieren significar en el \u00e1mbito de la teolog\u00ed\u00ada del Dios Uno y Trino, y por tanto lejos de toda connotaci\u00f3n de sexo y g\u00e9nero, t\u00e9rminos como Hijo, Verbo, Esp\u00ed\u00adritu y Persona, al modo como hemos advertido al hablar de la paternidad-maternidad aplicadas a Dios. Tambi\u00e9n en este sentido ha venido a formularse la pregunta por la relevancia teol\u00f3gica de la masculinidad de Jes\u00fas, innegable como factum hist\u00f3rico, pero que nopuede inadvertidamente trasladarse a la esfera del Dios trinitario donde carecer\u00ed\u00ada de sentido tal determinaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>En el contexto de esta preocupaci\u00f3n puede situarse un intento de descubrir lo femenino en el \u00e1mbito de la persona y acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, intento que ha conocido importantes reservas cr\u00ed\u00adticas puesto que, si tanto el Padre como el Hijo en su incomprensibilidad superan la connotaci\u00f3n sexual de cualquier t\u00e9rmino o s\u00ed\u00admbolo, tambi\u00e9n el Esp\u00ed\u00adritu ha ser concebido m\u00e1s all\u00e1 de la tensi\u00f3n del g\u00e9nero. No se trata, por tanto, de presentar al Esp\u00ed\u00adritu asumiendo los rasgos femeninos de que estar\u00ed\u00adan exentas las representaciones del Padre y del Hijo, sino que con m\u00e1s exactitud hay que reconocer , como ha se\u00f1alado J. Y. Congar, que el Esp\u00ed\u00adritu completa, interioriza y actualiza la acci\u00f3n del Padre y del Hijo ejerciendo por ello cierta \u00abfunci\u00f3n maternal y femenina que pone el sello de la consumaci\u00f3n a la funci\u00f3n del Padre y del Verbo Hijo\u00bb.<\/p>\n<p>Se pone as\u00ed\u00ad de manifiesto que la recuperaci\u00f3n de una simbolog\u00ed\u00ada y unos caracteres femeninos a la hora de presentar la imagen del Dios Trinidad, un intento que resulta aceptable en la medida en que compensa o corrige una presentaci\u00f3n unilateralmente masculina a la que se ha propendido y que ha tenido consecuencias, resulta problem\u00e1tico si se reduce a catecterizar con rasgos femeninos a una persona de la Trinidad, realizando algo as\u00ed\u00ad como una distribuci\u00f3n de lo femenino y lo masculino entre las personas. Y ello porque supondr\u00ed\u00ada tan s\u00f3lo un traslado acr\u00ed\u00adtico de lo humano, y aun de ciertos estereotipos de lo femenino, al nivel trinitario, a una esfera en la que la distinci\u00f3nde sexos no tiene ya relevancia ni significaci\u00f3n. A un nivel en el que la propia noci\u00f3n de persona muestra tambi\u00e9n sus l\u00ed\u00admites, puesto que, como advert\u00ed\u00adan los antiguos te\u00f3logos, se trata de una regi\u00f3n, la del misterio, donde se hace necesario aceptar lo desemejante de toda semejanza.<\/p>\n<p>Algo similar ocurre con la propuesta de privilegiar una imagen femenina de Dios tal como ha venido formul\u00e1ndose por parte de algunas tendencias feministas que han intentado despatriarcalizar la imagen tradicional. Tambi\u00e9n esa imagen, como todo s\u00ed\u00admbolo, ha de resistir las implacables exigencias de la analog\u00ed\u00ada y aceptar su relatividad al referirse a Dios, que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de la masculinidad y de la feminidad.<\/p>\n<p>Ahora bien, afirmado lo anterior respecto de la desproporci\u00f3n de todo intento, hay que reconocer que la cautela que la teolog\u00ed\u00ada muestra en la utilizaci\u00f3n de los s\u00ed\u00admbolos no invalida que, si hombres y mujeres son imagen de Dios, cualquier hablar sobre Dios necesitar\u00e1 poner en juego t\u00e9rminos y s\u00ed\u00admbolos tanto masculinos como femeninos en un intento de mostrar mejor lo que late tras el Nombre. Un Nombre que los lectores de la Biblia hebrea, y los oyentes de la Palabra, reconocen que no puede ser adecuadamente pronunciado pero que tampoco ha de ser borrado, puesto que el Dios escondido es tambi\u00e9n el Dios que quiere revelarse.<\/p>\n<p>En nuestros d\u00ed\u00adas advertimos el avance de esta exigencia que llega desde mujeres y hombres creyentes y afecta al trabajo teol\u00f3gico. Se trata de reconsiderar lo que una mayor acogida de lo femenino -sin exclusividad- en la simb\u00f3lica y en el lenguaje sobre Dios puede suponer en favor de una imagen menos inadecuada, menos desemejante, de aquel ante quien, en \u00faltimo t\u00e9rmino, \u00abno hay hombre ni mujer\u00bb (Cf. G\u00e1l 3, 27-28) y a imagen de quien \u00abtodos(todas) somos tranformados de gloria en gloria\u00bb (Cf. 2 Cor 3, 18). Que llama tambi\u00e9n a la comunidad que formamos hombres y mujeres \u00aba conformarse a la imagen\u00bb (Cf. Rom 8, 29).<\/p>\n<p>[ -> Amor; Analog\u00ed\u00ada; Biblia; Budismo; Concilios; Confesi\u00f3n de fe; Credos trinitarios; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Experiencia; Fe; Gnosis, gnosticismo; Hijo; Historia; Iglesia; Induismo; Juda\u00ed\u00adsmo; Logos; Misterio; Monote\u00ed\u00adsmo; Mujer, feminismo; Naturaleza; Padre; Personas divinas; Religi\u00f3n, religiones; Revelaci\u00f3n; Teolog\u00ed\u00ada y econom\u00ed\u00ada; Transcendencia; Trinidad; Unidad.]<br \/>\nFelisa Elizondo<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La condici\u00f3n humana, matriz de s\u00ed\u00admbolos.-II. Las figuras femeninas y maternas en las religiones.-III. Una Diosa-Madre en el trasfondo de la religi\u00f3n de Israel.-IV. El Padre materno.-V. Lo femenino y el misterio trinitario. I. La condici\u00f3n humana matriz de s\u00ed\u00admbolos En decenios cercanos hemos conocido la problematizaci\u00f3n de la propia palabra Dios para &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/diosa-madre\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abDIOSA MADRE\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16397","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16397","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16397"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16397\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16397"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16397"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16397"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}