{"id":16400,"date":"2016-02-05T10:35:21","date_gmt":"2016-02-05T15:35:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/fe-confianza\/"},"modified":"2016-02-05T10:35:21","modified_gmt":"2016-02-05T15:35:21","slug":"fe-confianza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/fe-confianza\/","title":{"rendered":"FE-CONFIANZA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Fe como experiencia: del conocimiento al encuentro.-II. Fe en la Escritura: 1. Antiguo Testamento; 2. Nuevo Testamento; 3. La definici\u00f3n de Heb 11,1.-III. Teolog\u00ed\u00ada de la fe cristiana: encuentro con Dios en Jesucristo por el Esp\u00ed\u00adritu.-IV. La Trinidad como misterio de fe.<\/p>\n<p>I. Fe como experiencia: del conocimiento al encuentro<br \/>\nFe es una palabra polis\u00e9mica. Puede tener varios sentidos que, aunque est\u00e1n relacionados, no son del todo id\u00e9nticos en su significado. La fe puede tambi\u00e9n designar cualquier de los diversos estadios o fases de la fe.<\/p>\n<p>Al menos cabe entender la fe de dos maneras, no s\u00f3lo desde el punto de vista religioso, sino tambi\u00e9n y ante todo desde un punto de vista antropol\u00f3gico. Primeramente la fe puede entenderse como una creencia. Entonces, \u00abyo creo\u00bb, desde el punto de vista antropol\u00f3gico, puede significar lo mismo que \u00abno s\u00e9\u00bb, \u00abpienso\u00bb, \u00abpodr\u00ed\u00ada ser\u00bb, pero lo contrario es perfectamente posible. Con lo que la fe equivale a un \u00abno saber\u00bb y entra de lleno en el terreno de la sospecha, haci\u00e9ndose inconciliable con la ciencia. Desde el punto de vista religioso, la fe como creencia ser\u00ed\u00ada la aceptaci\u00f3n de una serie de verdades, apoyados en una autoridad \u00absobrenatural\u00bb, que se acepta como suprema, pero que por eso mismo no est\u00e1 al alcance de la raz\u00f3n. Entendida as\u00ed\u00ad la fe se hace incompatible con la experiencia humana, pues lo que se sabe as\u00ed\u00ad no puede verificarse de ning\u00fan modo.<\/p>\n<p>La fe tambi\u00e9n puede entenderse como un encuentro personal, que abarca a la totalidad de la persona, con su inteligencia, su voluntad y sus sentimientos. Entonces \u00abyo creo\u00bb significa \u00abyo creo en ti, te creo\u00bb. La fe entonces viene a ser la forma por la que yo tengo acceso a la persona del otro, a su intimidad m\u00e1s profunda, a su realidad m\u00e1s genuina. S\u00f3lo se conoce la hondura personal en la medida en que se cree a la persona en s\u00ed\u00ad misma que se te abre libremente. La fe es entonces respuesta a una oferta de amor y posibilidad de participar en la vida del amado, en su pensamiento, en su manera de ver. La fe ha dejado el terreno de la sospecha y ha entrado en el \u00e1mbito de lo personal, de lo vivificador y transformador, convirti\u00e9ndose en la forma eminente del conocimiento&#8217;. Desde esta perspectiva, la fe religiosa (y cristiana) designa un comportamiento humano que es determinado por la llamada de Dios, una respuesta al Dios que se nos da y que quiere entrar en contacto con los hombres.<\/p>\n<p>La fe religiosa, antes que un conocimiento de verdades que no se ven, hay que entenderla como un compromiso del hombre entero con la \u00fanica Verdad, el Dios vivo que nos sale al encuentro. M\u00e1s que un tener, un saber o un poseer, la fe es un \u00abser pose\u00ed\u00addo\u00bb, un \u00abser apresado por Cristo Jes\u00fas\u00bb (Flp 3,12). Este encuentro no excluye el conocimiento y la tradici\u00f3n doctrinal, sino que lo integra: la fe en la persona supone la fe en la palabra que dice la persona. Entendida as\u00ed\u00ad la fe cristiana es una experiencia y una vida, un participar de la vida del Dios que se nos da: el que cree en el Hijo tendr\u00e1 la vida eterna (Jn 3,16; cf. 11,25; 20,31).<\/p>\n<p>Si la fe cristiana es un encuentro personal, tambi\u00e9n se comprende que pueda ser un camino, o sea, que en ella puedan darse diferentes etapas, tanto por parte del Dios que se revela como del hombre que responde. Hoy es comunmente aceptado que en la Escritura Dios se revela de forma gradual, \u00abpedag\u00f3gicamente\u00bb, \u00abgradualmente\u00bb, \u00abadaptando su lenguaje a nuestra naturaleza&#8217;, teniendo en cuenta la capacidad de comprensi\u00f3n y aceptaci\u00f3n de cada hombre y de cada momento hist\u00f3rico. As\u00ed\u00ad se comprende que Jesucristo apareciese \u00aben la plenitud de los tiempos\u00bb, o sea, cuando los tiempos estaban maduros y se daban las m\u00ed\u00adnimas condiciones psicol\u00f3gicas y culturales para que, al menos algunos, pudieran aceptarlo y transmitirlo. Y la Escritura distingue diversos grados o etapas en la fe: desde los que tienen una fe diab\u00f3lica (Sant 2,19), o los que no tienen fe, pasando por los que tienen \u00abpoca fe\u00bb, hasta llegar a los que tienen fe.<\/p>\n<p>II. Fe en la Escritura<br \/>\n1. ANTIGUO TESTAMENTO. La Sagrada Escritura, m\u00e1s que una definici\u00f3n de la fe, nos presenta la historia de un Dios que se ha fiado del hombre, y que busca a un hombre que se f\u00ed\u00ade de El. En la Escritura, la fe m\u00e1s que definirse, se vive, y est\u00e1 abierta siempre a nuevos encuentros.<\/p>\n<p>La fe b\u00ed\u00adblica tiene un car\u00e1cter hist\u00f3rico: Dios interviene en la historia, conduce los acontecimientos y orienta el destino de los hombres, porque es el Se\u00f1or de la historia, aunque trasciende la historia.<\/p>\n<p>Al reconocer la presencia de Yahv\u00e9, la fe b\u00ed\u00adblica aparece como capacidad para interpretar la historia y su desarrollo, para comprender y ver un sentido en las crisis suscitadas por las dificultades del momento presente. Precisamente lo que constituye la peculiaridad de la fe israelita a diferencia de muchas otras religiones es que no s\u00f3lo en los triunfos, sino tambi\u00e9n en la cautividad y el destierro, Israel ve la mano de Dios.<\/p>\n<p>Una f\u00f3rmula b\u00ed\u00adblica aparece como hilo conductor en los dos testamentos: \u00abel justo vive de la fe\u00bb (Hab 2,4; Rom 1,17; G\u00e1l 3,11; Heb 10,38). En el texto de Habacuc al justo, al contrario de lo que sucede con el arrogante, se le promete la vida por su fidelidad (&#8216;emunah); esta fidelidad alude a la confianza inquebrantable en la palabra de Dios contra toda apariencia contraria.<\/p>\n<p>En la historia de Abrah\u00e1n, el fen\u00f3meno de la fe aparece de modo ejemplar y mod\u00e9lico. Y aunque en el Nuevo Testamento la gran figura de la fe pudiera ser Mar\u00ed\u00ada (\u00ab\u00c2\u00a1Feliz la que ha cre\u00ed\u00addo\u00bb: Lc 1,45), tambi\u00e9n en \u00e9l se considera a Abrah\u00e1n como una buena representaci\u00f3n de lo que es la fe: Pablo le llama padre de la fe (Rom 4,11); para el cuarto evangelio la fe en Jesucristo es el cumplimiento de la fe de Abrah\u00e1n (Jn 8,33 ss.). En el elogio de los Padres (Eclo 44,19 ss.) y entre los \u00abh\u00e9roes de la fe\u00bb (Heb 11,1-12,3) Abrah\u00e1n ocupa el puesto m\u00e1s alto. Abrah\u00e1n abandona su patria no en virtud de una decisi\u00f3n propia, sino contra su prop\u00f3sito m\u00e1s \u00ed\u00adntimo. Un desarraigo as\u00ed\u00ad representa para el hombre antiguo una empresa irrealizable que s\u00f3lo pod\u00ed\u00ada conducir a la ruina. Pero en contra de todo (cf. Rom 4,18), Abrah\u00e1n se decide y ah\u00ed\u00ad fundamenta su vida y su futuro, y lo hace porque se f\u00ed\u00ada de una promesa, que se ha convertido para \u00e9l en una experiencia (G\u00e9n 12,1-3); la palabra de Dios era m\u00e1s firme y segura que la tierra misma en la que viv\u00ed\u00ada. Esto es lo que se describe como fe.<\/p>\n<p>El car\u00e1cter hist\u00f3rico de la fe de Israel queda perfectamente expresado en su confesi\u00f3n o \u00abcredo hist\u00f3rico\u00bb, tal como se formula en Dt 26,5-9 (cf. Ex 20,2; Dt 5,6: Jos 24,2-13). Este credo proclama la libertad, el poder, la fidelidad y el amor de Dios que libra a su pueblo de la esclavitud de Egipto. Cada generaci\u00f3n debe reconocer este hecho y renovar su compromiso. As\u00ed\u00ad, Israel se encuentra, sin cesar, frente a Dios, pues la Alianza es una realidad nunca terminada (cf. Dt 5,2-5).<\/p>\n<p>2. NUEVO TESTAMENTO. En el NT tambi\u00e9n Dios obra en la historia del hombre. Pero la mirada del creyente se fija casi exclusivamente en un \u00fanico acontecimiento, el advenimiento de Jesucristo. En Jesucristo, Dios interviene de forma definitiva y exige que el hombre tome una opci\u00f3n decisiva. En Jes\u00fas llega y se hace presente el reino de Dios, y Dios acredita a Jes\u00fas como Kyrios. En este sentido, la pregunta que nos plantea el NT es: \u00bfcrees t\u00fa esto?<br \/>\nDe ah\u00ed\u00ad la importancia fundamental que la fe reviste en el NT. Cada autor la aborda seg\u00fan su estilo y perspectivas. Pero todos insisten en que la fe tiene un objeto preciso: \u00abCristo muerto por nuestros pecados seg\u00fan las Escrituras, sepultado, resucitado al tercer d\u00ed\u00ada, seg\u00fan las Escrituras, aparecido a Pedro y a los doce\u00bb (1 Cor 15,3-5). El kerigma es el contenido de la fe cristiana y este kerigma exige la conversi\u00f3n de la vida (Mc 1,15).<\/p>\n<p>El kerigma anuncia el acontecimiento por excelencia: Dios interviene en la muerte y en la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, as\u00ed\u00ad como en el don del Esp\u00ed\u00adritu, que act\u00faa en cada uno de los creyentes y en las comunidades eclesiales. Este acontecimiento pide una decisi\u00f3n, una respuesta total. Esta respuesta-conversi\u00f3n es la fe.<\/p>\n<p>Puesto que el kerigma anuncia un acontecimiento decisivo y pide una respuesta total, la necesidad absoluta de la fe es una implicaci\u00f3n del mensaje kerigm\u00e1tico. Seg\u00fan el m\u00e1s antiguo de los evangelios, la fe divide a los hombres en funci\u00f3n de su destino eterno: \u00abel que crea y se&#8217; bautice se salvar\u00e1, el que no crea se condenar\u00e1\u00bb (Mc 16,16). Inicialmente en la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas s\u00f3lo se pide la fe (Mc 1,15); esta fe en Jes\u00fas resulta decisiva para la posici\u00f3n del hombre frente a Dios (Mt 10,32 = Lc 12,8; Mc 8,38 = Lc 9,26). Esta fe implica la aceptaci\u00f3n total de la persona y del mensaje de Jes\u00fas, as\u00ed\u00ad como el principio de la conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>La necesidad de la fe aparece de forma original en el cuarto evangelio, escrito precisamente para que creamos en Jes\u00fas, y creyendo tengamos vida en su nombre Un 20,31). El autor insiste en el hecho de que el hombre debe tomar partido a favor o en contra de la verdad, cuyo testigo y revelador es el Hijo de Dios Un 14,6). Por eso, creer en Dios equivale a creer en el Hijo Un 14,1).<\/p>\n<p>La ep\u00ed\u00adstola a los Hebreos proclama, en una perspectiva diferente, la misma necesidad de la fe: \u00absin la fe es imposible agradar a Dios\u00bb (Heb 11,6). Este verso es el lugar teol\u00f3gico por excelencia cuando se trata de proclamar la necesidad de la fe y la adhesi\u00f3n a un n\u00facleo fundamental de verdades: \u00abel que se acerca a Dios ha de creer que existe y que recompensa a los que le buscan\u00bb.<\/p>\n<p>Ahora bien, si en Jes\u00fas Dios se manifiesta, esta presencia se expresa mediante una estructura sacramental y, por tanto, s\u00f3lo se revela a una cierta cualidad de la mirada y del o\u00ed\u00addo. Jes\u00fas, estando en medio de todos, puede no ser conocido Un 1,26). Y la cruz puede pasar por necedad y esc\u00e1ndalo (1 Cor 1,22 ss.). De ah\u00ed\u00ad la vigencia permanente del principio: \u00abbienaventurados los que no vieron y creyeron\u00bb Un 20,29), porque \u00abla fe es prueba de las realidades que no se ven\u00bb (Heb 11,1).<\/p>\n<p>Esto significa que la fe, que consiste en reconocer a Dios, implica la perfectarevelaci\u00f3n de Dios a trav\u00e9s de Aquel que da testimonio de la verdad Un 18,37), pero esta revelaci\u00f3n va acompa\u00f1ada del don interior de la gracia, que invita a aceptar la verdad, ilumina la inteligencia y dispone la libertad para que acoja la verdad. Esta acci\u00f3n de la gracia se atribuye particularmente al Padre (Mt 11,25; 13,11; 16,17; Jn 6,44-46), lo que subraya la transcendencia; o al Esp\u00ed\u00adritu Un 14,26; 16,13-15; Rom 8,15), lo que subraya la intimidad de la acci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>3. LA DEFINICI\u00ed\u201cN DE HEB 11,1. Debemos detenernos en este texto que Sto. Tom\u00e1s reconoce como completissima fidei definitio. Tom\u00e1s lo demuestra encontrando en este texto todos los elementos esenciales de la noci\u00f3n de la fe, \u00abaunque las palabras no se pongan en forma de definici\u00f3n\u00bb; adem\u00e1s Sto. Tom\u00e1s est\u00e1 convencido de que \u00abtodas las dem\u00e1s definiciones son explicaciones de esta que da el Ap\u00f3stol\u00bb. La posici\u00f3n de Sto. Tom\u00e1s, fundada en un an\u00e1lisis doctrinal, viene confirmada por la historia de las doctrinas. En efecto, toda la reflexi\u00f3n sobre la fe, desde Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada hasta los maestros medievales, toma como punto de partida el famoso texto de la ep\u00ed\u00adstola a los hebreos.<\/p>\n<p>En Heb 11,1 confluyen motivos tem\u00e1ticos sem\u00ed\u00adticos y griegos, lo que se traduce en una s\u00ed\u00adntesis feliz de la concepci\u00f3n de la fe como firme seguridad del hombre que se entrega a Dios (concepci\u00f3n de profundas ra\u00ed\u00adces veterotestamentarias); y de la fe como conocimiento (Heb 5,11-6,1), que se abre a la contemplaci\u00f3n del mundo invisible (2,5), lo que caracteriza a las tendencias de las \u00e9lites griegas y helenascultas. El texto no proporciona una s\u00ed\u00adntesis de todos los elementos que entran a formar parte de la fe, sino s\u00f3lo de aquellos que son decisivos para la comunidad perseguida: la garant\u00ed\u00ada de lo que se espera y la prueba convincente de las realidades que no se ven.<\/p>\n<p>Las dos palabras clave de la definici\u00f3n son hyp\u00f3stasis y \u00e9lenchos. La fe es hyp\u00f3stasis (convencimiento o seguridad que descansa sobre una base s\u00f3lida) de las cosas celestes, en cuanto que son futuras: el futuro, a pesar de todas las decepciones sufridas, no es para el creyente incierto y angustioso. Y tambi\u00e9n elenkos (argumento decisivo, raz\u00f3n segura de su verdad indefectible) de las cosas celestes, en cuanto que son invisibles: la fe transciende lo que se percibe exteriormente y se palpa con las manos, aquello de que se puede disponer.<\/p>\n<p>La importancia de esta descripci\u00f3n-definici\u00f3n se adivina si notamos que ha sido el texto al que todos los grandes comentarios sobre la fe han recurrido hasta la definici\u00f3n ofrecida por el Concilio Vaticano I. Sin embargo, el Vat. II, en su buena descripci\u00f3n de la fe (en Dei Verbum, 5) no cita Heb 11,1.<\/p>\n<p>III. Teolog\u00ed\u00ada de la fe cristiana<br \/>\nLa reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la fe cristiana debe comenzar por considerar el objeto de la fe: Dios mismo, Verdad primera, que en Jesucristo se nos revela. Dios es objeto de la fe en un doble sentido: ante todo es la raz\u00f3n, el motivo, la causa de la adhesi\u00f3n del creyente: yo creo porque Dios lo ha revelado. Y, por otra parte, lo que al fiel se le propone para creer es ni m\u00e1s ni menos que elmisterio \u00ed\u00adntimo de Dios y su designio de gracia. Esta Verdad, objeto de la fe, se identifica con el Sumo bien que hace al hombre feliz. Lo que hay que creer es todo aquello que hace al hombre feliz, o sea Dios mismo. De ah\u00ed\u00ad el car\u00e1cter escatol\u00f3gico de la fe.<\/p>\n<p>Una f\u00f3rmula cl\u00e1sica, que los medievales atribuyen a San Agust\u00ed\u00adn, sintetiza magistralmente estas tres dimensiones del acto de fe: credere Deum, Deo, in Deum. La idea general de esta f\u00f3rmula es que la fe relaciona inmediatamente al hombre con Dios considerado como la Realidad soberana (el misterio de Dios que hay que creer, objeto material de la fe); como la Raz\u00f3n suprema que lo ilumina (el motivo por el que se cree, objeto formal), y como el Bien perfecto que lo atrae.<\/p>\n<p>La fe es, ante todo, un encuentro inmediato del hombre con Dios. De ah\u00ed\u00ad que la teolog\u00ed\u00ada la califique como una virtud teologal, porque termina directamente en Dios y no en una criatura. Los enunciados escritur\u00ed\u00adsticos y eclesiales (los dogmas) hay que situarlos en este contexto y al servicio de este encuentro. La inmediatez del encuentro no anula sino que exige las mediaciones antropol\u00f3gicas. En las f\u00f3rmulas de la fe (no adem\u00e1s de, o al margen de ellas) el creyente alcanza lo que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de ellas y a lo que ellas se refieren, Dios mismo&#8217;, pues nuestro conocimiento de Dios se da de forma sacramental. Dios quiere comunicarse al hombre y por eso se da a conocer a la manera humana. Pero hay que dejar siempre claro que la f\u00f3rmula dogm\u00e1tica no es el objeto de la fe, sino el medio en el qu\u00e9 alcanzamos el objeto. La fe alcanza lo sobrenatural, es sobrehumana, pero no inhumana. Porque es sobrehumana el hombre no dispone de Dios (Deus semper maior), es Dios quien nos alcanza en Cristo Jes\u00fas (cf. Flp 3,12). Porque no es inhumana, la transcendencia se ofrece en contenidos humanos.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n o el motivo de la fe es Dios mismo. El se nos da a conocer en Jesucristo: \u00abquien me ha visto a m\u00ed\u00ad, ha visto al Padre\u00bb Un 14,9); y s\u00f3lo porque Dios se da a conocer podemos conocerle: s\u00f3lo Dios habla correctamente de Dios, pues lo que Dios revela supera todo lo que el hombre puede imaginar (cf. 1 Cor 2,9). El es tambi\u00e9n el que dispone nuestro coraz\u00f3n, por medio del Esp\u00ed\u00adritu, para que podamos acogerle (cf. 1 Cor 2,10.12). Por eso, toda la tradici\u00f3n de la Iglesia insiste en que la fe es obra de la gracia, que hace que el hombre se incline con suavidad (como por una especie de instinto interior) y da al hombre la luz de la fe, que permite ver con los ojos de Dios.<\/p>\n<p>Ahora bien, la gracia no anula la libertad ni desplaza la acci\u00f3n del hombre. La fe es obra del Esp\u00ed\u00adritu de Dios. Pero es el hombre el que cree, no Dios por \u00e9l y en su lugar. La fe es una respuesta personal, respuesta provocada, pero tal provocaci\u00f3n no anula la responsabilidad personal, sino que la despierta. La tradici\u00f3n, al mismo tiempo que afirma que la fe es obra de la gracia, nota tambi\u00e9n que la fe es libre por naturaleza\u00bb y digna del hombre. La gracia posibilita y provoca la decisi\u00f3n personal y, lejos de anular a la raz\u00f3n, la integra, incit\u00e1ndola a la b\u00fasqueda de la credibilidad de los misterios cre\u00ed\u00addos. La fe no es fruto de la raz\u00f3n, pero tampoco es contra ella. La credibilidad de los misterios asegura el car\u00e1cter razonable de los mismos. Se entiende por credibilidad el hecho o signo que lo hace digno de cr\u00e9dito, la aptitud de una proposici\u00f3n para ser cre\u00ed\u00adda. Pero la credibilidad no obliga a creer, pues no muestra la evidencia del misterio, sino tan s\u00f3lo su plausibilidad o la seriedad del testigo que lo propone. Por eso la libertad juega un papel necesario en la decisi\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>Finalmente, por la fe el hombre tiende y se dirige hacia Dios, como \u00fanico fin y objeto de la fe. La f\u00f3rmula credere in Deum (a la que antes nos referimos) indica finalidad, un orientar mi vida hacia Dios como el \u00fanico Bien, un depositar en El mi coraz\u00f3n. En este sentido la Iglesia no es objeto de fe. Las antiguas profesiones de fe se refer\u00ed\u00adan a la Iglesia con la f\u00f3rmula: credo Ecclesiam (sin \u00abin\u00bb, pues la part\u00ed\u00adcula \u00abin\u00bb indica finalidad), para indicar en la misma terminolog\u00ed\u00ada la diferencia esencial entre Dios y la Iglesia&#8217;Z. La Iglesia tiene su lugar en el acto de fe como aquella que confiesa perfectamente la fe (por eso el \u00abCredo\u00bb no es una confesi\u00f3n de creyentes solitarios) y como la que transmite la fe (\u00abSanta Madre Iglesia\u00bb, que nutre a su hijos de su fe vivificadora). Por tanto, si nuestra fe no es fe en la Iglesia, s\u00ed\u00ad que es la fe de la Iglesia, recibida por medio de la Iglesia y participada personalmente por cada creyente.<\/p>\n<p>IV. La Trinidad como misterio de fe<br \/>\nEste Dios objeto de la fe cristiana, es confesado como Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo. Este es el misterio esencial que confesamos en el Credo y en cuyo nombre recibimos el bautismo, sacramento de la fe. Todas las dem\u00e1s verdades no son sino explicaciones, aplicaciones o derivaciones de esta \u00fanica y primera Verdad esencial, y est\u00e1n al servicio de ella.<\/p>\n<p>El problema de la existencia de Dios puede ser objeto de planteamiento filos\u00f3fico. Sin embargo, la afirmaci\u00f3n vivencial de la divinidad, revelada por Jes\u00fas como adorable Trinidad, no es un problema racional, sino un misterio de gracia, cuya existencia y credibilidad s\u00f3lo pueden alcanzar los creyentes, los que poseen el Esp\u00ed\u00adritu, los que tienen la mente de Cristo (cf. 1 Cor 2,4-16): \u00ablos infieles ignoran cuanto concierne a la fe: no tienen ni evidencia ni ciencia de estas cosas en s\u00ed\u00ad mismas, y desconocen tambi\u00e9n que esas realidades sean cre\u00ed\u00adbles. Los fieles, sin embargo, tienen conocimiento de esas cosas no por demostraci\u00f3n, sino en cuanto que, por la luz de la fe, ven que deben ser cre\u00ed\u00addas.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad que Sto. Tom\u00e1s considera que pretender demostrar al Dios-trinitario es fomentar el ate\u00ed\u00adsmo y ridiculizar la religi\u00f3n: por una parte el misterio de Dios es algo que excede la raz\u00f3n humana y, por otra, si para demostrar la fe se presentan argumentos que no son comprensibles, se provoca la burla de los que no creen, pues piensan que tales argumentos son el fundamento por el que nosotros creemos.<\/p>\n<p>[-> Agust\u00ed\u00adn, san; Amor;; Ate\u00ed\u00adsmo; Biblia; Concilios; Cruz; Escatolog\u00ed\u00ada; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Experiencia; F\u00f3rmulas de fe; Historia; Iglesia; Jesucristo; Misterio; Padre; Reino; Tom\u00e1s de Aquino; Trinidad; Vaticano II.]<br \/>\nBIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: AUBERT, R., Le probl\u00e9me de Pacte de foi, Louvain, 1950; BECICER, O. y MICHEL, O., Fe, en DTNT, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1980, vol. II, 170-187; DE LUBAC, H., La fe cristiana, Secretariado Trinitario, Salamanca 1988; FRIES, H., Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Herder, Barcelona 1987, 23-131; GELABERT, M., Creer para vivir. Vivir para creer: MisAb, (1989), n. 3, 111-121; GELABERT, M., Introducci\u00f3n y notas a las cuestiones 1 a 16, en TOMAS DE AQUINO, Suma de Teolog\u00ed\u00ada, t. III, BAC, Madrid 1990, 35-148; JIMENEZ ORTIZ, A., Teolog\u00ed\u00ada Fundamental. La Revelaci\u00f3n y la Fe en Heinrich Fries, Universidad Pontificia, Salamanca 1988, 337-441; MoUROUX, J., Je crois en toi, Du Cerf, Paris 1968; PIEPER, J., La fe, Patmos, Madrid 1966; RATZINGER, J., Introducci\u00f3n al cristianismo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1970; SCHILLEBEECKX, E., Funci\u00f3n de la fe en la autocomprensi\u00f3n humana, en Las cuestiones urgentes de la teolog\u00ed\u00ada actual, Raz\u00f3n y Fe, Madrid 1970, 65-90; TRUTSCH, J. y PFAMMATTER, J., La fe, en MS II, Cristiandad; Madrid 1969, 879-989.<\/p>\n<p>Mart\u00ed\u00adn Gelabert<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Fe como experiencia: del conocimiento al encuentro.-II. Fe en la Escritura: 1. Antiguo Testamento; 2. Nuevo Testamento; 3. La definici\u00f3n de Heb 11,1.-III. Teolog\u00ed\u00ada de la fe cristiana: encuentro con Dios en Jesucristo por el Esp\u00ed\u00adritu.-IV. La Trinidad como misterio de fe. I. Fe como experiencia: del conocimiento al encuentro Fe es una &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/fe-confianza\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abFE-CONFIANZA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16400","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16400","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16400"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16400\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16400"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16400"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16400"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}