{"id":16405,"date":"2016-02-05T10:35:31","date_gmt":"2016-02-05T15:35:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hijo-el\/"},"modified":"2016-02-05T10:35:31","modified_gmt":"2016-02-05T15:35:31","slug":"hijo-el","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hijo-el\/","title":{"rendered":"HIJO, EL"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Testimonio escritur\u00ed\u00adstico y m\u00e9todo.-2. La memoria de Jes\u00fas hecha por la comunidad: 1. El comportamiento de Jes\u00fas; 2. El v\u00ed\u00adnculo de Jes\u00fas con Dios.-III. La diferencia significada por la filiaci\u00f3n.-IV. El mecanismo \u00abtrinitario\u00bb.-V. El desaf\u00ed\u00ado arriano.-VI. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>La confesi\u00f3n de la fe cristiana a prop\u00f3sito de Jes\u00fas de Nazaret se ha expresado de muchas maneras. Ese Jes\u00fas a quien Dios ha resucitado fue reconocido como \u00abCristo y Se\u00f1or\u00bb. Se trata de unas funciones o cometidos: \u00abCristo\u00bb resume y da un contenido m\u00e1s hondo al papel de aquel que sintetizaba las esperanzas veterotestamentarias. La confesi\u00f3n de fe de Pedro recae sobre la mesianidad de Jes\u00fas, pero sin medir a\u00fan toda su originalidad. \u00abSe\u00f1or\u00bb: se le atribuye al Resucitado el papel de Dios, ya que \u00abSe\u00f1or\u00bb orientaba hacia la traducci\u00f3n griega del Nombre divino en los Setenta. Estas dos funciones exig\u00ed\u00adan, por su misma transcendencia, una determinaci\u00f3n precisa del v\u00ed\u00adnculo de Jes\u00fas con Dios. El nombre de \u00abHijo\u00bb que se le atribuy\u00f3 transcribe en un primer tiempo, sobre la base v\u00e9tero e intertestamentaria, la proximidad con Dios de aquel que fue elegido para unas funciones tan elevadas. Pero la atribuci\u00f3n com\u00fan, en un segundo tiempo, parece ser que no recoge de forma aut\u00e9ntica la memoria de la diferencia que marc\u00f3 Jes\u00fas respecto a la tradici\u00f3n y que le vali\u00f3 ser condenado a muerte. Es precisamente esta diferencia en la proximidad de Dios la que condujo a la revisi\u00f3n dela noci\u00f3n tradicional de Hijo de Dios. Entonces \u00e9sta justific\u00f3, en el plano de la identidad, las funciones transcendentes que se le reconocieron al Resucitado. El nombre de \u00abHijo\u00bb se convirti\u00f3 en un nombre de confesi\u00f3n. En torno al estatuto de este Hijo es como se desarroll\u00f3 el debate arriano a comienzos del siglo IV, que condujo a superar la ambig\u00fcedad sobre la transcendencia de su significado y llev\u00f3 a confesar su igualdad con el Padre sobre la base de una posesi\u00f3n com\u00fan y unitaria, aunque diferenciada, de la misma divinidad.<\/p>\n<p>Para iluminar esta problem\u00e1tica tan compleja estudiar\u00e9 los puntos siguientes: I. Testimonio escritur\u00ed\u00adstico y m\u00e9todo. II. La memoria de Jes\u00fas que hizo la comunidad. III. La diferencia significada por la filiaci\u00f3n. IV. El significado \u00abtrinitario\u00bb. V. El desafio arriano. VI. Conclusi\u00f3n: el sentido permanente.<\/p>\n<p>I. Testimonio escritur\u00ed\u00adstico y m\u00e9todo<br \/>\nLa filiaci\u00f3n es un dato de la experiencia, bajo una forma interpretativa. En efecto, la filiaci\u00f3n no es ante todo de orden biol\u00f3gico o puramente material; es un acto de reconocimiento significado por el nombre que se da. La filiaci\u00f3n entra por tanto en un estatuto interrelacional original: estar vinculado a un padre y a una madre, a trav\u00e9s del reconocimiento, que tiene su primer acto en la nominaci\u00f3n del hijo. La filiaci\u00f3n integra en su definici\u00f3n, para el mundo humano, el orden de la palabra. En este orden es en el que se inscribe la confesi\u00f3n de fe cristiana: acoge como una declaraci\u00f3n de identidad y de estatuto relacional la palabra declarativa venida del cielo, de la que se hace testigo el evangelio en el bautismo de Jes\u00fas y en su transfiguraci\u00f3n: \u00abT\u00fa eres mi hijo amado, mi predilecto\u00bb (Mc 1, 11; cf. Mc 9, 7); tambi\u00e9n Lucas recogi\u00f3 este tema del nombramiento en el relato de la anunciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, para el creyente cristiano, Jes\u00fas el Nazareno es aquel que fue declarado Hijo (de Dios) y confesado como tal. Es al mismo tiempo un ser humano, cuyas tomas de posici\u00f3n originales en el horizonte de Israel pueden percibirse perfectamente, aunque con las debidas distancias respecto a la humanidad com\u00fan, y el \u00abHijo de Dios\u00bb cuya realidad escapa a toda experiencia. Los escritos neotestamentarios son la forma ampliada de esta primera confesi\u00f3n: atestiguan que aquel a quien se cree Hijo de Dios es precisamente ese hombre de Nazaret, Jes\u00fas, cuyas obras y palabras refieren. La mutua implicaci\u00f3n de la confesi\u00f3n (Jes\u00fas es el Hijo) y del recuerdo (Jes\u00fas es el Nazareno) hace muy aleatoria la construcci\u00f3n de una figura prepascual de Jes\u00fas, en la que se integre el testimonio que \u00e9l dio sobre s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>Por eso se presenta una doble interpretaci\u00f3n: o bien atenerse a la confesi\u00f3n de fe, o bien esforzarse por llegar a trav\u00e9s de unos m\u00e9todos rigurosos al Jes\u00fas de la historia, es decir, al Jes\u00fas no apresado todav\u00ed\u00ada por las redes de la palabra confesante.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada cl\u00e1sica se atiene a la primera orientaci\u00f3n: La identidad y el estatuto de Jes\u00fas respecto a Dios s\u00f3lo son accesibles para nosotros en el testimonio de la confesi\u00f3n, ya que es en ese testimonio donde el acontecimientoadquiere su \u00faltimo sentido. Los l\u00ed\u00admite de esta interpretaci\u00f3n son evidentes: corre el riesgo de poner entre par\u00e9nte&#8217; sis la g\u00e9nesis escritur\u00ed\u00adstica de la confesi\u00f3n y de definir a partir de unos \u00ed\u00adndices culturales no criticados el contenido filial de esta confesi\u00f3n. La Escritura es a la vez la que engendra la confesi\u00f3n y la que pone a distancia de su contenido.<\/p>\n<p>Sin duda es \u00e9sta una de las razones por la que se ha intentado alcanzar la figura del Jes\u00fas de la historia, desempe\u00f1ando esta figura una funci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica respecto a las posibles ilusiones de la confesi\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta orientaci\u00f3n se meti\u00f3 en un callej\u00f3n sin salida, como atestiguan las diversas \u00abvidas de Jes\u00fas\u00bb del siglo XIX; \u00e9stas reflejan m\u00e1s bien, como ocurre con la de E. Renan o con la de D.F. Strauss, los pensamientos de la \u00e9poca, los deseos del autor, que al verdadero Jes\u00fas de la historia. A comienzos de siglo, A. Harnack constat\u00f3 el fracaso de este intento y R. Bultmann, ya antes de la segunda guerra mundial, sac\u00f3 las consecuencias de ello: la confesi\u00f3n se refiere al Cristo muerto y resucitado. Esta confesi\u00f3n no tiene ning\u00fan fundamento hist\u00f3rico en el sentido de que ninguna historia cient\u00ed\u00adfica puede dispensar del salto que implica el acto de fe.<\/p>\n<p>El car\u00e1cter radical de la opini\u00f3n de R. Bultmann no cerr\u00f3 las puertas a la investigaci\u00f3n, sino que permiti\u00f3 plantear de otro modo la cuesti\u00f3n. Aceptando que los evangelios son unos testimonios, se trataba de aclarar un doble punto: por una parte, la diferencia de Jes\u00fas con su entorno, diferencia que permite atribuirle algo como propio;por otra parte, poner de manifiesto el fundamento de la confesi\u00f3n respecto a Jes\u00fas en los relatos evang\u00e9licos.<\/p>\n<p>Para el primer elemento remito a E. K\u00e1semann. Escribe: \u00abEn cierto modo no tenemos suelo seguro bajo nuestros pies (para la atribuci\u00f3n a Jes\u00fas y no a la confesi\u00f3n de la comunidad) m\u00e1s que en un solo caso: cuando una tradici\u00f3n, por motivos de cualquier g\u00e9nero, no puede deducirse del juda\u00ed\u00adsmo ni atribuirse a la cristiandad primitiva, y especialmente cuando el judeo-cristianismo ha templado corno demasiado atrevida o ha remodelado la tradici\u00f3n que hab\u00ed\u00ada recibido\u00bb&#8216;.<\/p>\n<p>Para el segundo elemento me inspiro en Ch. Perrot. Prolongando la interpretaci\u00f3n de este autor, dir\u00e9 lo siguiente como conclusi\u00f3n de este p\u00e1rrafo: la norma de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica no es lo original, en este caso lo que podr\u00ed\u00ada llegarse a saber del Jes\u00fas prepascual por medio de m\u00e9todos rigurosos. Con esta afirmaci\u00f3n, no quiero infravalorar en lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo la necesidad teol\u00f3gica de esta investigaci\u00f3n y de sus resultados. Sin embargo, hay que afirmar que esta investigaci\u00f3n no pretende reconstituir a Jes\u00fas, sino que ha de subrayar el desnivel que existe entre aquel que es confesado corno Cristo y la figura hist\u00f3rica que capta la ex\u00e9gesis hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtica. El pasado est\u00e1 perdido para siempre y, para la ciencia hist\u00f3rica, Jes\u00fas est\u00e1 muerto. El texto que atestigua sobre \u00e9l y que lo afirma como vivo toma un sentido actual gracias al lector. El texto puede entonces recobrar vida precisamente porque mantiene ese desnivel. Este atestigua que Jes\u00fas no puede ser confesado como viviendo actualmente m\u00e1s que bajo los t\u00ed\u00adtulos de Cristo y de Hijo, es decir, en cuanto que da el Esp\u00ed\u00adritu aqu\u00ed\u00ad y ahora. Pero entonces no queda abolida la distancia, puesto que el que es confesado como Cristo y corno Hijo es ese Jes\u00fas perdido para siempre, muerto bajo Poncio Pilato. Si la comunidad primitiva escribi\u00f3 sus recuerdos sobre Jes\u00fas, es porque antes de la experiencia pascual hab\u00ed\u00ada presentido la originalidad y la distancia de Jes\u00fas respecto a su entorno religioso y social como partes integrantes de su relaci\u00f3n con Dios. Esto justifica el esfuerzo por buscar la anticipaci\u00f3n prepascual del v\u00ed\u00adnculo que se confiesa de Jes\u00fas con Dios, puesto que la creencia pascual de la comunidad, lejos de apartarla del Nazareno, la llev\u00f3 a preservar su recuerdo por medio de la Escritura.<\/p>\n<p>II. La memoria de Jes\u00fas hecha por la comunidad<br \/>\nEl recuerdo de Jes\u00fas conservado por la comunidad primitiva se articula con una doble huella: la originalidad de lo que llamaremos, a falta de otra expresi\u00f3n mejor, su \u00abcomportamiento\u00bb, y la de su identificaci\u00f3n mediante nominaci\u00f3n. La segunda huella recibe toda su fuerza de revelaci\u00f3n del hecho de manifestar lo que encierra de forma latente la primera.<\/p>\n<p>1. EL COMPORTAMIENTO DE JES\u00daS. Muchos te\u00f3logos modernos y algunos ex\u00e9getas han pensado que pod\u00ed\u00adan deducir de los testimonios escritur\u00ed\u00adsticos la conciencia que ten\u00ed\u00ada de s\u00ed\u00ad mismo Jes\u00fas. Las Escrituras nos habr\u00ed\u00adan transmitido. una declaraci\u00f3n directa o inmediata de \u00e9l mismo sobre su identidad, identidad transcendente en este caso. En realidad, este procedimiento no tiene suficientemente en cuenta la mediaci\u00f3n del testimonio de la comunidad. Este testimonio se basa en sus diferencias con el ideal fariseo de justicia; destaca el sentido social de su acci\u00f3n, en una palabra, selecciona todo lo que de alguna manera modifica el paisaje en el interior de un grupo, lo que suscita adhesiones y exclusiones, aceptando lo que conducir\u00e1 a Jes\u00fas a su proceso. La confesi\u00f3n de fe integrar\u00e1 esta acci\u00f3n disidente y a veces transgresiva, para hacer de ella, sobre la base de la resurrecci\u00f3n, el punto donde anclar su identificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Efectivamente, el comportamiento o la acci\u00f3n de Jes\u00fas reviste una importancia considerable, puesto que en funci\u00f3n de lo que \u00e9l realiza de original y de transgresivo es como sus contempor\u00e1nos y sus disc\u00ed\u00adpulos intentaban identificarlo. As\u00ed\u00ad se anticipaba la distancia que se confesar\u00e1 en Pascua entre sus contempor\u00e1neos y sus disc\u00ed\u00adpulos. La cuesti\u00f3n que Jes\u00fas plantea en Mc 8, 27-29 se entiende en este contexto: \u00ab\u00bfQui\u00e9n dicen los hombres que soy yo?\u00bb; ellos respondieron: \u00abUnos que Juan Bautista, otros que El\u00ed\u00adas, otros que alguno de los profetas\u00bb.<\/p>\n<p>Este texto se hace eco de las opiniones que circulaban durante el misnisterio de Jes\u00fas. Atestigua que su comportamiento y su palabra suscitaron una cuesti\u00f3n sobre \u00e9l, dada su diferencia de los rabinos y de los profetas comunes. Quiz\u00e1s los oyentes lo inscribieron en la perspectiva m\u00e1s o menos latente de una intervenci\u00f3n divina considerable que evocaba la idea de los \u00ab\u00faltimos tiempos\u00bb. Sea de ello lo que fuere, lo quedice y hace Jes\u00fas, prescindiendo de la experiencia pascual de los disc\u00ed\u00adpulos, fue juzgado como suficientemente distinto de lo que hac\u00ed\u00adan y dec\u00ed\u00adan los gerentes religiosos de la \u00e9poca para que surgiera un interrogante sobre su identidad, subray\u00e1ndose as\u00ed\u00ad la calidad de su vinculaci\u00f3n con Dios. Digamos que mediante las identificaciones que aqu\u00ed\u00ad nos refiere Marcos los oyentes evocaban la cualidad mesi\u00e1nica del profeta por excelencia (cf. Mc 11, 10).<\/p>\n<p>Hay que a\u00f1adir que, si la comunidad que confesaba a Jes\u00fas como Cristo en virtud de la pascua refiri\u00f3 estas identificaciones prepascuales, fue con la finalidad de subrayar la distancia entre las opiniones populares que usaban li= bremente de una creencia com\u00fan por entonces y la interpretaci\u00f3n que confes\u00f3 m\u00e1s tarde del comportamiento original de Jes\u00fas. Esto denota con claridad que la pr\u00e1ctica de Jes\u00fas que aqu\u00ed\u00ad se recoge como un recuerdo no encuentra su interpretaci\u00f3n adecuada y fiel m\u00e1s que en la diferencia con todos los t\u00ed\u00adtulos de identidad utilizados ordinariamente. Los textos nos orientan hacia la percepci\u00f3n de una doble diferencia: la primera, reconocida por sus contempor\u00e1neos y que sirvi\u00f3 de base a la descripci\u00f3n del comportamiento social de Jes\u00fas; la segunda, atestiguada en la fe sobre la base de la pascua, que condujo a la confesi\u00f3n cristiana de la filiaci\u00f3n mesi\u00e1nica y divina de Jes\u00fas. Esta segunda diferencia asume la primera, pero la primera no fundamenta a la segunda, sino que deja al esp\u00ed\u00adritu en suspenso.<\/p>\n<p>La primera diferencia se inscribe en un conjunto que fue a la vez fuente de interrogantes, de vacilaciones y de malentendidos.<\/p>\n<p>Estos provienen, en primer lugar, bien de la actividad taumat\u00fargica de Jes\u00fas que atestigua concretamente la irrupci\u00f3n del reino de Dios, bien de la forma con que Jes\u00fas se declar\u00f3 libre de los imperativos socio-religiosos: no repar\u00f3 en comer con los pecadores ni en vivir cerca del pueblo impuro (Lc 7, 36-50). Estos imperativos proced\u00ed\u00adan de las reglas de pureza que impon\u00ed\u00ada el despertar religioso del siglo I. Estas reglas provocaron algunos aislamientos sociales, de los que la comunidad de Qumr\u00e1n fue una buena ilustraci\u00f3n. El movimiento bautista, en cuyo seno actu\u00f3 al principio Jes\u00fas, rompi\u00f3 con estas reglas de pureza: todos necesitan de perd\u00f3n, y esto sin la imposici\u00f3n de ninguna separaci\u00f3n de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>En segundo lugar nuestros textos atestiguan una liberaci\u00f3n m\u00e1s radical: Jes\u00fas se declara libre de las prohibiciones legales que proced\u00ed\u00adan del celo por la ley (Mc 3, 1-6). Ser\u00ed\u00ada injusto imaginarse que este celo en los escribas y los fariseos fuera hip\u00f3crita. El conocimiento que tenemos del pensamiento fariseo de la \u00e9poca contempor\u00e1nea de Jes\u00fas nos convence de que no exist\u00ed\u00ada una diferencia absoluta entre la idea de Jes\u00fas y la que transmit\u00ed\u00ada la escuela farisea: tambi\u00e9n all\u00ed\u00ad el amor se declara superior al celo por la ley. De esta constataci\u00f3n resulta que hacer de Jes\u00fas un jud\u00ed\u00ado piadoso significa condenarse a no percibir su diferencia y a ignorar la raz\u00f3n de los conflictos que suscit\u00f3; por el contrario, ver en Jes\u00fas un antijud\u00ed\u00ado es cerrarse a la comprensi\u00f3n de los textos evang\u00e9licos en donde \u00e9l asume positivamente la ley. Su libertad, por tanto, fue original y se arraig\u00f3 en un principio de autoridad que sus oyentesreconocieron, pero no supieron identificar con certeza.<\/p>\n<p>Este principio de autoridad se hace ver en su predicaci\u00f3n, que no se apoya en ninguna referencia erudita, sino que surge de su experiencia (Mt 5, 27, texto en el que Jes\u00fas opone su \u00abyo\u00bb a la autoridad de la tradici\u00f3n). Se afirma igualmente en su libertad respecto al sistema sacrificial en el templo y respecto al poder sacerdotal (Mt 23, 1-36; Mc 11, 15-19).<\/p>\n<p>Este comportamiento transgresivo, articulado con el anuncio de la inminencia del reino de Dios, oblig\u00f3 a los oyentes de Jes\u00fas a preguntarse por la calidad de su relaci\u00f3n con Dios, puesto que el Dios a quien llamaba Suyo se diferenciaba en los efectos sociales y religiosos de su portavoz del Dios de la tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>Se comprende entonces que esta interrogaci\u00f3n suscitase malentendidos y oposiciones.<\/p>\n<p>Los malentendidos vinieron del pueblo: hab\u00ed\u00ada visto en Jes\u00fas a un libertador potencial de la opresi\u00f3n a la que estaba sometido por entonces Israel. Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada despertado algunas esperanzas en este sentido, sin darles satisfacci\u00f3n. Su proceso demuestra que los responsables no tem\u00ed\u00adan una sublevaci\u00f3n popular en su favor. Pertenece al historiador discernir las razones del alejamiento del pueblo respecto a Jes\u00fas. Para el te\u00f3logo, el recuerdo que de \u00e9l conserv\u00f3 la comunidad primitiva est\u00e1 lleno de significaci\u00f3n para el testimonio que dio de \u00e9l.<\/p>\n<p>En cuanto a las oposiciones, fueron obra de los responsables de la religi\u00f3n jud\u00ed\u00ada de entonces. Suponiendo incluso que la comunidad. las haya exagerado en su memoria escrita, parece seguro sin embargo que ella vio que el conflicto de poder entre Jes\u00fas y esos responsables no hab\u00ed\u00ada nacido por razones mezquinas, sino que algunos de aquellos responsables crey\u00f3 que la acci\u00f3n de Jes\u00fas era tan perniciosa que pod\u00ed\u00ada sospecharse que la inspiraba el demonio (Mc 2, 7-39). La cuesti\u00f3n en litigio era la de su autoridad. De este modo, la diferencia que estableci\u00f3 Jes\u00fas en la gesti\u00f3n de la funci\u00f3n divina dentro del grupo jud\u00ed\u00ado se tradujo en un dilema: o bien Jes\u00fas es un enviado de Dios y por consiguiente la religi\u00f3n sinagogal est\u00e1 adulterada, o bien Jes\u00fas es un impostor y hay que eliminarlo antes de que seduzca al pueblo. Para los responsables jud\u00ed\u00ados era imposible aceptar la primera hip\u00f3tesis y no tuvieron m\u00e1s remedio que escoger el proceso contra \u00e9l.<\/p>\n<p>En este marco de la impaciencia del pueblo y de la oposici\u00f3n de los responsables es donde hay que analizar las consecuencias de la originalidad de Jes\u00fas en su vinculaci\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>2. EL V\u00ed\u008dNCULO DE JES\u00daS CON DIOS. Jes\u00fas actu\u00f3 de tal manera que suscit\u00f3 interrogantes y conflictos. Esto no quiere decir que dejara su acci\u00f3n sin interpretaci\u00f3n. La transmite precisamente la predicaci\u00f3n del anuncio del reino de Dios. En ella Jes\u00fas revela sus convicciones. Veamos qu\u00e9 es lo que la comunidad primera crey\u00f3 que ten\u00ed\u00ada que conservar en su recuerdo. Este se organiza en torno a su proximidad con Dios, significada en el anuncio del reino.<\/p>\n<p>La diferencia respecto a Juan Bautista, recordada por la comunidad, nos precisa cu\u00e1l fue la originalidad del anuncio del reino de Dios por parte de Jes\u00fas. No cabe duda de que Jes\u00fas se inscribi\u00f3 en el movimiento bautista, llamando a la conversi\u00f3n, pero no ya bajo el signo de la c\u00f3lera y del juicio, como lo hac\u00ed\u00ada Juan (Mt 3, 7-11). El reino se anuncia y se hace presente en donde caen los muros de la separaci\u00f3n: el rechazo de las reglas de pureza y el abandono de los sacrificios sangrientos concretan esta voluntad de no apelar a Dios para que divida a los hombres. En efecto, los rechazados, los pobres, los enfermos, los oprimidos, los prisioneros son los beneficiarios del reino (Lc 4, 16-22) y tienen en adelante un sitio en su banquete. Jes\u00fas no es un asceta, no se separa de sus conciudadanos, anuncia la buena nueva del reino: el perd\u00f3n de Dios se concede a todos.<\/p>\n<p>Si se recoge el principio hermen\u00e9utico asentado al comienzo de este art\u00ed\u00adculo, seg\u00fan el cual el testimonio de la comunidad pascual conserv\u00f3 de Jes\u00fas el recuerdo de lo que le diferenciaba, hay que reconocer que el recuerdo que se conserva de Juan Bautista no es una informaci\u00f3n centrada en este profeta, sirio que pone de relieve las diferencias que Jes\u00fas mostraba respecto a \u00e9l. Estas diferencias se inscriben en una perspectiva com\u00fan de los dos \u00abprofetas\u00bb: integrar a la gente sencilla, al pueblo, en el movimiento de conversi\u00f3n, mientras que la exaltaci\u00f3n de la \u00abpureza\u00bb en la religi\u00f3n sinagogal de entonces sosten\u00ed\u00ada m\u00e1s bien su exclusi\u00f3n. Esta perspectiva de alcance universalista que se manten\u00ed\u00ada para Juan Bautista bajo el horizonte del juicio, se anuncia en Jes\u00fas dentro del marco de una presentaci\u00f3n graciosa y festiva. El signo de esta diferencia se percibe en el desplazamiento del sent\u00ed\u00addo del bautismo: \u00e9ste pasar\u00e1 a ser debautismo de agua un bautismo en el Esp\u00ed\u00adritu (Mc 1, 7-8).<\/p>\n<p>Por eso, el Dios que asegura la autoridad de Jes\u00fas en su distanciamiento de los imperativos religiosos y sociales de pureza y de los imperativos legales y el culto del templo, es el Dios que sostiene la buena nueva de una liberaci\u00f3n para todos aquellos a los que la religi\u00f3n triunfante, la pol\u00ed\u00adtica, la explotaci\u00f3n social o la enfermedad manten\u00ed\u00adan encadenados. El reino de Dios es ante todo una promesa para la gente sencilla. Por eso es normal que Jes\u00fas haya hecho esta plegaria de alabanza, que se conserv\u00f3 en la memoria de la comunidad: \u00abYo te alabo, Padre, Se\u00f1or del cielo y de la tierra, porque has ocultado esto a los sabios y entendidos y se lo has revelado a los peque\u00f1os. S\u00ed\u00ad, Padre, as\u00ed\u00ad es como lo has dispuesto en tu benevolencia. Todo se me ha entregado por mi Padre: nadie conoce al Hijo m\u00e1s que el Padre y nadie conoce al Padre m\u00e1s que el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar\u00bb (Mt 11, 25-27).<\/p>\n<p>Este texto plantea la cuesti\u00f3n de la originalidad del v\u00ed\u00adnculo de Jes\u00fas con Dios. Fue anunciando el reino a los pobres, tomando distancias frente a la ley y el templo, como Jes\u00fas revel\u00f3 su relaci\u00f3n con Dios, como algo que no ten\u00ed\u00ada comparaci\u00f3n con lo que se admit\u00ed\u00ada com\u00fanmente. Esta es sin duda la raz\u00f3n por la que la comunidad hizo memoria de \u00e9l, marcando las diferencias que hab\u00ed\u00ada respecto a las interpretaciones m\u00e1s espont\u00e1neas de su acci\u00f3n y de su identidad.<\/p>\n<p>En efecto, la comunidad, recordando que fue reconocido como profeta por sus contempor\u00e1neos, se neg\u00f3 a confesarlo como tal. Del mismo modo, recordando que fue condenado comomes\u00ed\u00adas pol\u00ed\u00adtico, rechaz\u00f3 tambi\u00e9n esta funci\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan, recordando que fue considerado como el nuevo Mois\u00e9s, lo distingui\u00f3 igualmente de \u00e9l. Finalmente, recordando que fue \u00absiervo\u00bb, no dej\u00f3 por ello de confesarlo \u00abSe\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de la experiencia pascual, \u00bfqu\u00e9 es lo que de\u00e9idi\u00f3 a la comunidad a establecer entre Jes\u00fas el Nazareno y Dios un v\u00ed\u00adnculo que no llegaban a definir las identificaciones ordinarias de portavoz, de profeta \u00faltimo, de profeta sin m\u00e1s, de Mes\u00ed\u00adas dav\u00ed\u00addico, de siervo de Isa\u00ed\u00adas?<br \/>\n\u00bfEra solamente la representaci\u00f3n de Dios que implicaba el anuncio concreto del reino gracioso y bienhechor? \u00bfO acaso esas representaciones del reino estaban articuladas con unos recuerdos que condujeron a hacer de la actitud de Jes\u00fas un elemento primordial de la transformaci\u00f3n de las representaciones populares nacidas de su libertad frente a la ley, frente al templo, frente a la elecci\u00f3n de Israel?<br \/>\nCreemos que hay que subrayar aqu\u00ed\u00ad dos elementos diferenciales:<br \/>\n-por una parte, el hecho de que la comunidad, al recordar el t\u00ed\u00adtulo de Hijo del hombre que figura puesto en labios de Jes\u00fas, no lo hizo nunca objeto de una confesi\u00f3n; nunca declar\u00f3 de Jes\u00fas: \u00abT\u00fa eres el Hijo del hombre\u00bb;<br \/>\n-por otra parte, el hecho de que la comunidad aplic\u00f3 a Jes\u00fas, convirti\u00e9ndolo en un elemento diferencial respecto a cualquier otro creyente en su relaci\u00f3n con Dios, el t\u00ed\u00adtulo com\u00fan de \u00abhijo\u00bb: Dios es el Dios de Jes\u00fas de una manera distinta de como es nuestro Dios.<\/p>\n<p>Estos dos elementos han permitido vislumbrar cu\u00e1l era el v\u00ed\u00adnculo de Jes\u00fas con Dios que daba fundamento a la autoridad que manifestaba en su predicaci\u00f3n del reino. La filiaci\u00f3n expresa su originalidad.<\/p>\n<p>III. La diferencia significada por la filiaci\u00f3n<br \/>\nLa noci\u00f3n de filiaci\u00f3n aparece en los dos t\u00ed\u00adtulos que designan a Jes\u00fas: Hijo del hombre, Hijo muy amado o Hijo de Dios. La tradici\u00f3n posterior a los escritos neotestamentarios comprendi\u00f3 esta noble designaci\u00f3n de una forma que no respeta el sentido neotestamentario; vio en ella una afirmaci\u00f3n de la doble naturaleza de Jes\u00fas. Por eso interpret\u00f3 \u00abHijo del hombre\u00bb como una designaci\u00f3n imaginada de su naturaleza humana, e \u00abHijo de Dios\u00bb como una confesi\u00f3n de su naturaleza divina. As\u00ed\u00ad pues, la tradici\u00f3n comprendi\u00f3 esta doble designaci\u00f3n seg\u00fan el esquema de la doble naturaleza, tal como lo hab\u00ed\u00ada elaborado el concilio de Calcedonia (451). Esta interpretaci\u00f3n ignoraba el sentido evang\u00e9lico de la expresi\u00f3n \u00abHijo del hombre\u00bb; \u00e9sta es una expresi\u00f3n m\u00e1s compleja de lo que hace suponer la tradici\u00f3n. En la \u00e9poca moderna, su interpretaci\u00f3n ha suscitado opiniones m\u00faltiples y contradictorias. No har\u00e9 m\u00e1s que evocar aqu\u00ed\u00ad la que me parece m\u00e1s justificada, ya que permite poner de manifiesto la originalidad de la filiaci\u00f3n de Jes\u00fas. Para captar el sentido de este t\u00ed\u00adtulo, hay que partir de su situaci\u00f3n excepcional en el texto: aparte dos expresiones (Lc 24, 7 y Jn 12, 34), la expresi\u00f3n aparece solamente en labios de Jes\u00fas. Adem\u00e1s, es siempre \u00absujeto\u00bb, como si sustituyera al \u00abyo\u00bb; noes nunca un predicado m\u00e1s que en do&#038; frases interrogativas (cf. Lc 6, 22: \u00abpot? causa del Hijo del hombre\u00bb, y su paralelo en Mt 5, 11: \u00abpor causa de m\u00ed\u00ad\u00bb) Sin embargo, Jes\u00fas no dice nunca: \u00abYo soy el Hijo del hombre\u00bb, ni los disc\u00ed\u00adpulos lo confiesan nunca como tal: \u00abT\u00fa eres el Hijo del hombre\u00bb.<\/p>\n<p>Esta pr\u00e1ctica literaria parece ser que significa lo siguiente: los narradores designan a Jes\u00fas como aquel que, por este t\u00ed\u00adtulo, expresa a la vez su propio \u00abyo\u00bb y se distancia de \u00e9l. Por eso, mediante ella, Jes\u00fas puede evocar el presente de su vida, el futuro de su muerte y el m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>La originalidad de esta pr\u00e1ctica literaria se articula con otro fen\u00f3meno no menos significativo: la expresi\u00f3n \u00abHijo del hombre\u00bb se encuentra inscrita en un sistema de inversi\u00f3n. En efecto, este \u00abHijo del hombre\u00bb resulta ser a la vez el sujeto de un no-poder y el sujeto de un poder.<\/p>\n<p>Sujeto de un no-poder aparece en los testimonios de Mc 10, 45 (da su vida), Mt 8, 20 (no posee nada), Mt 11, 19; 12, 32; Mc 9, 12; 8, 31 (se trata de un rechazo del sufrimiento): en estos textos, el Hijo del hombre es pasivo.<\/p>\n<p>Y sujeto de un poder aparece cuando en Mc 2, 10; 2, 28 tiene autoridad para perdonar y es due\u00f1o del s\u00e1bado; en el futuro, se sentar\u00e1 a la derecha de Dios, reunir\u00e1 a todos los elegidos y juzgar\u00e1 a los hombres (Mc 14, 82; Mt 19, 28; 25, 31; 16, 27; Lc 12, 8; 21, 36). Por eso, la expresi\u00f3n \u00abHijo del hombre\u00bb designa el \u00abyo\u00bb de Jes\u00fas en una doble relaci\u00f3n: la de su filiaci\u00f3n que sostiene su poder y la de su humanidad que explica su no-poder. Poner en la,bios de Jes\u00fas esta expresi\u00f3n oscura permit\u00ed\u00ada evocar el car\u00e1cter extra\u00f1o de su \u00abyo\u00bb en la situaci\u00f3n de un profeta sin poder y en el futuro de su resurrecci\u00f3n. De este modo significaba su originalidad en el anuncio del reino y permit\u00ed\u00ada darle una forma concreta y al mismo tiempo parad\u00f3jica a su filiaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para la comunidad, \u00abHijo\u00bb es un t\u00ed\u00adtulo de revelaci\u00f3n. Esta es la raz\u00f3n por la que los sin\u00f3pticos la sit\u00faan en las palabras de Dios cuando el bautismo y la transfiguraci\u00f3n.<\/p>\n<p>En contra de la expresi\u00f3n \u00abHijo del hombre\u00bb, el t\u00ed\u00adtulo de \u00abHijo\u00bb pas\u00f3 a ser un t\u00e9rmino de confesi\u00f3n. La cuesti\u00f3n que conviene plantearse me parece que es la siguiente: al confesar a Jes\u00fas como Hijo de Dios, \u00bfcu\u00e1l es la diferencia que la comunidad quiso marcar respecto al uso com\u00fan y de qu\u00e9 manera hizo surgir esta diferencia en el recuerdo de Jes\u00fas que transmiti\u00f3?<br \/>\nEs in\u00fatil recurrir a una influencia helen\u00ed\u00adstica para justificar el empleo escritur\u00ed\u00adstico de \u00abHijo\u00bb aplicado a Jes\u00fas por la comunidad. El AT hab\u00ed\u00ada recurrido ampliamente al t\u00e9rmino \u00abhijo de Dios\u00bb para designar una relaci\u00f3n privilegiada entre Dios y un hombre concreto, o m\u00e1s simplemente para indicar que ese hombre gozaba de una protecci\u00f3n especial por parte de Dios. Por eso, no es extra\u00f1o ver al \u00abrey, el ungido de Yahv\u00e9\u00bb (2 Sam 7, 14; Sal 2, 7; Sab 2, 17-18; Jer 31, 9 y 20; G\u00e9n 6, 2), a los hombres piadosos, al pueblo de Israel y hasta a los \u00e1ngeles designados con esta apelaci\u00f3n. Los textos intertestamentanos atestiguan este mismo uso: citar\u00e9 en este sentido un texto fragmentario de Qumr\u00e1n (4G 24, 3): \u00abSer\u00e1 grande en la tierra&#8230; y todos le servir\u00e1n&#8230;; ser\u00e1llamado Hijo de Dios y ser\u00e1 calificado con este nombre; se le llamar\u00e1 Hijo del Alt\u00ed\u00adsimo&#8230;\u00bb As\u00ed\u00ad, pues, esta expresi\u00f3n era conocida en el mundo jud\u00ed\u00ado de Palestina y pertenec\u00ed\u00ada sin duda al movimiento religioso que promov\u00ed\u00ada el mesianismo real. Esto explica que se encuentre tambi\u00e9n en el NT (cf. Lc 1, 32-35).<\/p>\n<p>La comunidad primitiva parece ser que design\u00f3 a Jes\u00fas como Hijo por un doble motivo:<br \/>\n* por un lado, confesarlo como Mes\u00ed\u00adas a partir del substrato veterotestamentario e intertestamentario supon\u00ed\u00ada su calificaci\u00f3n de Hijo, si se quer\u00ed\u00ada subrayar su relaci\u00f3n con Dios (cf. la pregunta de Caif\u00e1s a Jes\u00fas en Mc 14, 61 y la antiqu\u00ed\u00adsima confesi\u00f3n de Rom 1, 4, en la que interviene la oposici\u00f3n Hijo de David-Hijo de Dios).<\/p>\n<p>* por otro lado, el t\u00ed\u00adtulo de \u00abHijo de Dios\u00bb no es extra\u00f1o a la expresi\u00f3n \u00abHijo del hombre\u00bb. En efecto, \u00e9sta designa el ejercicio de un poder cuya manifestaci\u00f3n plena se cumplir\u00e1 el d\u00ed\u00ada del juicio, en la consumaci\u00f3n de todas las cosas con su \u00faltima llegada. Indiqu\u00e9 anteriormente que esta expresi\u00f3n no ten\u00ed\u00ada nunca el papel de predicado y que no entr\u00f3 tampoco en ninguna confesi\u00f3n. Expresa el \u00abyo\u00bb de Jes\u00fas sin calificarlo. El t\u00e9rmino \u00abHijo\u00bb, por el contrario, al desempe\u00f1ar el papel de predicado pod\u00ed\u00ada ser introducido con toda facilidad en la confesi\u00f3n de fe.<\/p>\n<p>Esto explica el juego de sustituci\u00f3n entre los dos t\u00e9rminos que atestiguan algunos textos. As\u00ed\u00ad, en el relato de la transfiguraci\u00f3n, el \u00abHijo\u00bb del que habla la voz celestial es aquel del que habla Jes\u00fas evocando su&#8217; existencia m\u00e1s all\u00e1 de la muerte: impone a sus disc\u00ed\u00adpulos que guarden silencio sobre esta experiencia \u00abhasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos\u00bb (Mc 9, 7-9). En Mc 8, 38, los t\u00e9rminos \u00abHijo del hombre\u00bb y \u00abPadre\u00bb se encuentran en una relaci\u00f3n inmediata. Adem\u00e1s, en el contexto parus\u00ed\u00adaco de 1 Tes 1, 10, el Hijo que viene de los cielos es an\u00e1logo al Hijo del hombre de Dan 7, 13. Este Hijo del hombre es el realizador del reino, aquel a quien Dios ha confiado la tarea de instaurarlo. Este es precisamente el papel del Hijo en Mt 11, 27. Por tanto, hay que reconocer la afinidad de las dos designaciones \u00abHijo del hombre\u00bb e \u00abHijo de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Respecto a este estado del testimonio neotestamentario, es in\u00fatil plantearse la cuesti\u00f3n de si Jes\u00fas mismo se design\u00f3 como Hijo. Hay algunos indicios que juegan en favor de esta designaci\u00f3n (por ejemplo, la ignorancia del d\u00ed\u00ada del juicio por el Hijo: Mc 13, 32); pero esta expresi\u00f3n encierra un sentido demasiado vago en la Biblia para que pueda sacarse alg\u00fan provecho de esta constataci\u00f3n. Lo importante sigue siendo aclarar si la comunidad primitiva, al designar a Jes\u00fas como Hijo, quiso marcar alguna distancia o no entre \u00e9l y los suyos a partir del recuerdo de su vinculaci\u00f3n privilegiada con Dios. Si es as\u00ed\u00ad, la distancia que se recuerda entre Jes\u00fas y los suyos, \u00bfreelabor\u00f3 la expresi\u00f3n \u00abHijo de Dios\u00bb en un sentido tan original que lleg\u00f3 a metamorfosear la representaci\u00f3n com\u00fan de Dios?<br \/>\nM\u00e1s concretamente: la comunidad hace memoria de la inmediatez de Jes\u00fas con Dios. Su Dios no es en primer lugar el Dios de la creaci\u00f3n o del universo, ni siquiera el Dios de la Escritura; su Dios es el Dios a quien \u00e9l designaafirmando que es \u00absuyo\u00bb. Esta manera de designar a su Dios, en una actitud independiente de la creaci\u00f3n y de la Escritura, es original y un tanto parad\u00f3jica en la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada. Encontr\u00f3 su transcripci\u00f3n en el vocabulario de la paternidad y de la filiaci\u00f3n. El recuerdo m\u00e1s en consonancia con esta manera de proceder es el hecho de que la comunidad no pone nunca en labios de Jes\u00fas el colectivo \u00abPadre nuestro\u00bb, sino siempre el personal \u00abmi Padre\u00bb. Lo significativo no es la invocaci\u00f3n de Dios como Padre, sino la diferencia que se establece entre la relaci\u00f3n colectiva y la relaci\u00f3n personal. El vocabulario de la filiaci\u00f3n aplicado a Jes\u00fas se articula en la insistencia sobre esta relaci\u00f3n personal con la paternidad de Dios.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, este vocabulario se inscribe en una funci\u00f3n escatol\u00f3gica: la del establecimiento del reino de Dios. Sin embargo, el car\u00e1cter privilegiado de la relaci\u00f3n de Jes\u00fas con su Padre en el establecimiento del reino no suprime la distancia entre ese Hijo y Dios. Esto explica sin duda la indicaci\u00f3n de que s\u00f3lo Dios es bueno (Mc 10, 18) y de que el Hijo no conoce el d\u00ed\u00ada ni la hora del juicio (Mc 13, 32). Sigue en pie la primac\u00ed\u00ada de Dios. En este sentido, resulta significativo el hecho de que la comunidad primitiva no puso nunca en labios de Jes\u00fas una declaraci\u00f3n de identidad apoyada en este t\u00ed\u00adtulo.<\/p>\n<p>Digamos entonces que en el recuerdo que hace de la filiaci\u00f3n de Jes\u00fas, la comunidad manifiesta una triple preocupaci\u00f3n: marcar el recuerdo de una relaci\u00f3n privilegiada con Dios sobre la base del establecimiento del reino; subrayar la distancia del Hijo respecto a Dios por una parte y respecto a los suyos por otra.<\/p>\n<p>Si la distancia de Jes\u00fas respecto a Dios est\u00e1 bien marcada, no lo est\u00e1 menos respecto a los disc\u00ed\u00adpulos. El relato de la transfiguraci\u00f3n es un buen testimonio de ello: all\u00ed\u00ad es palpable esta distancia (Mc 9, 2-10). Este relato se encuentra en una situaci\u00f3n evocadora: est\u00e1 inscrito en el texto de Marcos despu\u00e9s de la confesi\u00f3n de Cesarea. Es in\u00fatil buscar el substrato emp\u00ed\u00adrico del relato; ser\u00ed\u00ada pretencioso querer hacer de \u00e9l una construcci\u00f3n sin ning\u00fan fundamento real; m\u00e1s vale entonces tomar el texto tal como se nos ofrece. Por eso, captar su originalidad es acoger la diferencia de Jes\u00fas con sus disc\u00ed\u00adpulos, tanto si \u00e9sta est\u00e1 provocada por la experiencia pascual como si se apoya en una experiencia anterior. Lo importante es que esta distancia haya sido referida a Jes\u00fas de Nazaret. El narrador quer\u00ed\u00ada poner de relieve que la experiencia de la diferencia no ten\u00ed\u00ada por motivo solamente el marco apocal\u00ed\u00adptico de la resurrecci\u00f3n, sino que se deb\u00ed\u00ada al mismo Jes\u00fas. El relato de la transfiguraci\u00f3n hace percibir esta diferencia en una experiencia prepascual. Por eso, en Mc 9, 2-10, el narrador empieza evocando la separaci\u00f3n: Jes\u00fas se sit\u00faa en un plano distinto del de los tres disc\u00ed\u00adpulos. Luego el autor acent\u00faa esta separaci\u00f3n narrando la ascensi\u00f3n a una monta\u00f1a muy elevada en donde se encuentran solos (9, 2). La l\u00f3gica de la separaci\u00f3n sigue adelante cuando Jes\u00fas cambia de aspecto y se hacen presentes los dos profetas de los \u00faltimos tiempos, El\u00ed\u00adas y Mois\u00e9s, para subrayar que se trata de un acontecimiento fuera del tiempo com\u00fan: estamos ya en el tiempo del fin. Los disc\u00ed\u00adpulos tienen miedo y ya no saben lo que dicen. Finalmente, todo vuelve luego a ponerse en orden: bajan de la monta\u00f1a y se juntan con la gente y los dem\u00e1s disc\u00ed\u00adpulos. En una palabra, la reanudaci\u00f3n del relato vuelve a reducir la separaci\u00f3n que antes se hab\u00ed\u00ada anunciado.<\/p>\n<p>El autor ha escrito este relato de la transfiguraci\u00f3n seg\u00fan el modelo de la experiencia religiosa jud\u00ed\u00ada de la teofan\u00ed\u00ada: Mois\u00e9s subiendo a la monta\u00f1a del Sina\u00ed\u00ad en donde le alcanza Dios (cf. Ex 19 y 24). La Biblia atribuye a El\u00ed\u00adas una experiencia semejante. Aqu\u00ed\u00ad los signos son an\u00e1logos: una nube cubre a los actores lo mismo que en Ex 19, 16. Se hace o\u00ed\u00adr una voz como en el bautismo: la voz simboliza la revelaci\u00f3n de Dios. El Dios del Sina\u00ed\u00ad designa a Jes\u00fas como Hijo suyo. Invita a escucharle, no como en la revelaci\u00f3n del Sina\u00ed\u00ad (Dt 18, 15) en donde se trataba de escuchar la palabra de Dios; aqu\u00ed\u00ad se trata de escuchar la voz de Jes\u00fas. Jes\u00fas es m\u00e1s que Mois\u00e9s: es la Palabra misma o la Revelaci\u00f3n. Juan expresar\u00e1 con toda claridad esta convicci\u00f3n en el pr\u00f3logo de su evangelio (Jn 1, 14).<\/p>\n<p>Al final de este p\u00e1rrafo resulta que, seg\u00fan la comunidad primitiva, hay dos expresiones que interpretan el car\u00e1cter original del v\u00ed\u00adnculo de Jes\u00fas con Dios: la expresi\u00f3n \u00abHijo del hombre\u00bb que marca su poder al mismo tiempo que su distancia respecto a Dios, por una parte; y la expresi\u00f3n \u00abHijo de Dios\u00bb que insin\u00faa cu\u00e1l es la relaci\u00f3n con Dios que est\u00e1 implicada en la expresi\u00f3n \u00abHijo del hombre\u00bb y que, simult\u00e1neamente, evoca su distancia respecto a Dios y respecto \u00e1 los hombres. Este v\u00ed\u00adnculo original y \u00fanico explica los primeros intentos de remodelaci\u00f3n de la representaci\u00f3n de Dios a trav\u00e9s de la aparici\u00f3n de la figura trinitaria.<\/p>\n<p>IV. El mecanismo \u00abtrinitario\u00bb<br \/>\nYa en la \u00e9poca del NT aparecen algunas f\u00f3rmulas tri\u00e1dicas: representan una organizaci\u00f3n casi lit\u00fargica del relato de la implicaci\u00f3n de Dios en la obra de liberaci\u00f3n de los hombres. En efecto, Dios derrama sobre los hombres el Esp\u00ed\u00adritu de su Hijo por medio de Jes\u00fas que fue confesado Cristo e Hijo en virtud de la resurrecci\u00f3n. Las f\u00f3rmulas tri\u00e1dicas, por su uso tan variado, atestiguan el car\u00e1cter casi espont\u00e1neo de la remodelaci\u00f3n ternaria de la representaci\u00f3n de Dios. Desde que empieza a tratarse de su acci\u00f3n de liberaci\u00f3n, hay tres actores responsables de la misma seg\u00fan unos papeles inmutables: el Padre inicia la obra liberadora, el Hijo que es en Jes\u00fas el revelador objetivo del reino, y el Esp\u00ed\u00adritu que concede a los hombres y a las mujeres aquello de lo que se trata en la palabra de Jes\u00fas, incit\u00e1ndoles a obrar en el sentido de su acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los ex\u00e9getas han se\u00f1alado unas cuarenta f\u00f3rmulas tri\u00e1dicas en el NT. Citar\u00e9 s\u00f3lo las m\u00e1s importantes: 1 Cor 2, 7ss; 2 Cor 12, 4-6; G\u00e1l 4, 4-6; Rom 5, 1-5; Rom 8; Ef 1, 3-5; Mt 28, 19. Para ser precisos, habr\u00ed\u00ada que analizar cada una de estas f\u00f3rmulas. No podemos hacerlo aqu\u00ed\u00ad en el espacio restringido concedido a esta exposici\u00f3n. Nos bastar\u00e1 con evocar el esquema general al que se somete cada una de estas f\u00f3rmulas.<\/p>\n<p>Este esquema es el de una triple distribuci\u00f3n de papeles en el acto de la salvaci\u00f3n. Este triple reparto de papeles remite a unos nombres: el Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Estos nombres est\u00e1n articulados en un cierto orden: el Padre se se\u00f1ala siempre en el origen; el Hijo es aquel por quien se concreta la acci\u00f3n del Padre; el Esp\u00ed\u00adritu es aquel en el que la acci\u00f3n del Padre encuentra su t\u00e9rmino al mismo tiempo que su relanzamiento constante. Estos nombres indican que se comparte una misma situaci\u00f3n en virtud de la responsabilidad que cada uno de ellos ejerce: la salvaci\u00f3n o la liberaci\u00f3n mediante el acceso a Dios. Por eso no es extra\u00f1o que el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu sean llamados \u00abHijo de Dios\u00bb y \u00abEsp\u00ed\u00adritu de Dios\u00bb. La eficacia del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu en el movimiento de la liberaci\u00f3n para entrar en alianza con Dios exige que, aunque ellos la reciben del Padre, esa eficacia pertenece a un orden distinto del orden humano. En este sentido es como las f\u00f3rmulas tri\u00e1dicas esbozan una reinterpretaci\u00f3n de la representaci\u00f3n de Dios. Esta reinterpretaci\u00f3n toma su origen en la figura de Jes\u00fas confesado como Hijo seg\u00fan un principio diferencial con la filiaci\u00f3n com\u00fan de los hombres y de las mujeres respecto a Dios. Este principio diferencial es el que se reconoce en las f\u00f3rmulas tri\u00e1dicas. Y esto m\u00e1s a\u00fan por el hecho de que organiza tambi\u00e9n la donaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Al obrar as\u00ed\u00ad, lo separa del Hijo y lo distingue de la figura del Padre. Est\u00e1n all\u00ed\u00ad presentes todos los elementos para una concepci\u00f3n distinta de Dios. Los tres est\u00e1n unidos en la f\u00f3rmula tri\u00e1dica m\u00e1s trinitaria en el sentido cl\u00e1sico: la de Mt 28, 19. En esta f\u00f3rmula, se encuentran unidos los tres nombres: en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu. Al parecer, no hay nada que los separe; pertenecen a la misma esfera, y sin embargo denotan una \u00fanica realidad significada aqu\u00ed\u00ad mediante la unicidad del nombre que mantiene juntas las tres instancias. Queda as\u00ed\u00ad planteada la cuesti\u00f3n trinitaria, aun cuando no est\u00e9 todav\u00ed\u00ada tematizada.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde tuvieron lugar discusiones considerables sobre el origen de la representaci\u00f3n trinitaria de Dios: \u00bfest\u00e1 arraigada en el NT? \u00bfNo ser\u00e1 quiz\u00e1s una aportaci\u00f3n helen\u00ed\u00adstica? Las discusiones tuvieron un considerable inter\u00e9s; dieron origen a m\u00faltiples investigaciones y permitieron conocer mejor la g\u00e9nesis de la tematizaci\u00f3n trinitaria. Pero tienden a hacer que se olvide lo m\u00e1s sencillo: la originalidad de la figura filial de Jes\u00fas significada en las f\u00f3rmulas que quieren articularlo a la imagen veterotestamentaria de Dios, seg\u00fan la cual Dios actuaba en este mundo a la vez por su Palabra y por su Esp\u00ed\u00adritu. Esta recuperaci\u00f3n de los temas antiguos a partir de la figura concreta de Jes\u00fas y de su situaci\u00f3n al mismo tiempo de distanciamiento de los hombres y de distanciamiento de Dios condujo a una representaci\u00f3n de Dios que poco a poco se fue mostrando nueva y original. No cabe duda de que se necesit\u00f3 tiempo para percibir que esta representaci\u00f3n no designaba solamente el modo de acci\u00f3n de Dios para con nosotros, sino que insertaba en su realidad eterna el principio de la alteridad. La cosa era tan nueva y tan inaudita respecto a la imagen de un Dios sin distancia de s\u00ed\u00ad mismo que los cristianos no tomaron verdaderamente conciencia de ello m\u00e1s que con el desaf\u00ed\u00ado arriano: Arrio rechazaba la remodelaci\u00f3n de la representaci\u00f3n antigua.<\/p>\n<p>V. El desaf\u00ed\u00ado arriano<br \/>\nLa remodelaci\u00f3n de la antigua representaci\u00f3n de Dios se inscribe pac\u00ed\u00adficamente en la liturgia. La oraci\u00f3n se dirig\u00ed\u00ada generalemnte al Padre por la mediaci\u00f3n del Se\u00f1or Jesucristo en la presencia del Esp\u00ed\u00adritu. Le incumb\u00ed\u00ada a la teolog\u00ed\u00ada articular esta pr\u00e1ctica cultual con el mantenimiento de la fe en el Dios \u00fanico de Israel y con la idea com\u00fan de la divinidad que ofrec\u00ed\u00ada el pensamiento helen\u00ed\u00adstico. Salieron a relucir m\u00faltiples intentos, pero parece ser que ninguno fue satisfactorio y algunos de ellos quedaron descartados por no tener en cuenta la calidad de esa remodelaci\u00f3n, como el sabelianismo, llamado modalismo: reduc\u00ed\u00ada la representaci\u00f3n trinitaria a una funcionalidad mundana, que no revelaba nada sobre Dios. Pero estos intentos por comprender la remodelaci\u00f3n original, aceptables o no, justificativos o no de la pr\u00e1ctica cultual, siguieron siendo originales. Atestiguan sin embargo una insatisfacci\u00f3n latente: la pr\u00e1ctica cultual dif\u00ed\u00adcilmente se compaginaba con el mantenimiento del AT y chocaba demasiado radicalmente con la idea com\u00fan del Dios del helenismo.<\/p>\n<p>A caballo entre los siglos III y IV, un sacerdote de Alejandr\u00ed\u00ada hizo que explotara la crisis latente. Citar\u00e9 algunos textos de Arrio transmitidos por san Atanasio. Escribe:<br \/>\n\u00abDios no ha sido siempre Padre, sino que hubo un tiempo en que Dios estaba solo y en que no era todav\u00ed\u00ada Padre. Luego pas\u00f3 a ser Padre. El Hijo no existi\u00f3 siempre, ya que todas las cosas han sido sacadas de la nada y todas son criaturas y obras, por lo que el mismo Verbo de Dios fue sacado de la nada y hubo un tiempo en el que no exist\u00ed\u00ada. Y no exist\u00ed\u00ada antes de nacer, sino que tambi\u00e9n \u00e9l tuvo el comienzo de la creaci\u00f3n\u00bb (Oratio 1 contra Arianos, 5: PG 26, 21 A-B).<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n del Hijo, despu\u00e9s de su creaci\u00f3n, queda muy bien se\u00f1alada: no conoce a Dios m\u00e1s que en la medida en que Dios le concede un saber limitado sobre \u00e9l. Escribe Arrio:<br \/>\n\u00abDios mismo, tal como es, es por tanto inefable para nosotros. El es el \u00fanico que no tiene igual y nadie tiene su gloria. Lo llamamos inengendrado por causa de aquel que, por naturaleza, fue engendrado. Lo celebramos sin principio por causa de aquel que tiene un principio. Lo veneramos eterno por causa de aquel que naci\u00f3 en el tiempo. El que es sin principio estableci\u00f3 al Hijo como principio de las criaturas y, despu\u00e9s de haberlo producido, lo adopt\u00f3 como hijo. Este no tiene nada propio de Dios seg\u00fan su propia sustancia. Porque no es igual a \u00e9l ni consustancial con \u00e9l. Dios es sabio porque ense\u00f1aba \u00e9l mismo la sabidur\u00ed\u00ada. Se ha probado que Dios es invisible para todos, que es invisible para los que son por medio del Hijo y tambi\u00e9n para el Hijo. Afirmar\u00e9 expresamente c\u00f3mo puede este Hijo ver al Invisible. Es por el poder con que Dios puede ver. Seg\u00fan sus propias medidas, est\u00e1 reservado al Hijo ver al Padre tanto cuanto se le ha permitido&#8230; En una palabra, Dios es inefable para el Hijo. Porque es para s\u00ed\u00ad mismo lo que es, es decir, indecible, de tal maneraque el Hijo no comprende ni dice nada de lo que dijo sobre \u00e9l captando el fondo del mismo. Porque es imposible para \u00e9l escrutar al Padre tal como es en s\u00ed\u00ad mismo. Efectivamente, el Hijo ni siquiera conoce su propia esencia. \u00bfQu\u00e9 raz\u00f3n hay para conceder que aquel que sac\u00f3 su ser del Padre pueda conocer de manera comprensible al que lo engendr\u00f3? En efecto, est\u00e1 claro que quien tiene un principio es incapaz de abrazar y de captar en su manera de ser \u00abal que no tiene principio\u00bb\u00bb (De synodis 15: PG 26, 705D-708C).<\/p>\n<p>Arrio aleja del ser de Dios al Hijo; sus disc\u00ed\u00adpulos alejar\u00e1n igualmente al Esp\u00ed\u00adritu. La remodelaci\u00f3n de la representaci\u00f3n de Dios en las f\u00f3rmulas ternarias del NT es un error: estuvo ligada a una pretensi\u00f3n ilusoria, la de conocer a Dios en s\u00ed\u00ad mismo. Jes\u00fas como Cristo es ciertamente un ser superior, pero no nos ha manifestado nada sobre el ser de Dios, sino que indic\u00f3 solamente un camino hacia \u00e9l. Un camino que no nos hace compartir amigablemente una reciprocidad de conocimiento y de amor con \u00e9l, sino que nos conduce tan s\u00f3lo a la obediencia de servidores que adoran al Se\u00f1or indecible. Se trataba entonces de un punto considerable: \u00bfhab\u00ed\u00ada revelado Jes\u00fas a Dios en su realidad o no hab\u00ed\u00ada hecho m\u00e1s que abrir un camino para venerarle? El concilio de Nicea en el a\u00f1o 325 opt\u00f3 por lo primero: en el Hijo Jes\u00fas se revela Dios mismo. La remodelaci\u00f3n de la representaci\u00f3n de Dios inscrita en la pr\u00e1ctica lit\u00fargica no procede de la ficci\u00f3n: remite a la realidad de Dios.<\/p>\n<p>El desaf\u00ed\u00ado arriano no deja de pesar sobre la Iglesia. Por razones de aculturaci\u00f3n resulta m\u00e1s oportuno para los cristianos hacer suya la idea com\u00fan del Dios Uno. Los debates sobre el te\u00ed\u00adsmo o el ate\u00ed\u00adsmo de estos \u00faltimos siglos se han desarrollado bajo este horizonte del Dios sin alteridad. Parece ser que el movimiento constante del pensamiento era la unificaci\u00f3n y que la pluralidad y la alteridad introducidas en Dios por medio de las f\u00f3rmulas ternarias del NT ten\u00ed\u00adan que ser constantemente justificadas por resultar poco naturales. En el debate interreligioso, los cristianos se han sentido molestos ante la representaci\u00f3n trinitaria de Dios. Sin ella, en la que se designa la realidad plural de Dios, el Hijo es una ficci\u00f3n.<\/p>\n<p>VI. Conclusi\u00f3n<br \/>\nEste r\u00e1pido recorrido de la g\u00e9nesis neotestamentaria de la inscripci\u00f3n de un Hijo en la realidad de Dios s\u00f3lo encuentra su consumaci\u00f3n en la figuraci\u00f3n trinitaria de Dios, ya que la relaci\u00f3n del Padre y del Hijo nunca ha sido presentada en un espacio dual, sino siempre en el horizonte de un tercero, el Esp\u00ed\u00adritu. Por eso carecer\u00ed\u00ada de significado construir una teolog\u00ed\u00ada de la representaci\u00f3n divina sin ese tercero. Ser\u00ed\u00ada igualmente arriesgado querer elucidar la relaci\u00f3n de los creyentes con el Padre a partir de su filiaci\u00f3n en Jesucristo sin evocar al Esp\u00ed\u00adritu, ya que es en el Esp\u00ed\u00adritu como accedemos a esa relaci\u00f3n de origen, de diferencia y de intimidad, seg\u00fan atestigua el cap\u00ed\u00adtulo 8 de la carta a los Romanos. Por eso el olvido del Esp\u00ed\u00adritu, tan extendido en la tradici\u00f3n occidental, tiene la consecuencia de ocultar la filiaci\u00f3n divina de Jes\u00fas en beneficio de su testimonio humanoprof\u00e9tico. Se olvida que es en este testimonio donde se despliega para nosotros el sentido de la filiaci\u00f3n, ya que Dios sigue siendo invisible en nuestra condici\u00f3n presente. El evangelio no presenta una especulaci\u00f3n sobre el ser del Hijo en la realidad de Dios; nos cuenta lo que dijo e hizo Jes\u00fas, ya que es en \u00e9l donde vemos al Padre.<\/p>\n<p>[ &#8211; Angelolog\u00ed\u00ada; Apocal\u00ed\u00adptica; Arrianismo; Ate\u00ed\u00adsmo; Bautismo; Biblia; Comunidad; Concilios; Confesi\u00f3n de fe; Creaci\u00f3n; Credos; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Experiencia; Fe; Helenismo; Hijo; Historia; Jesucristo; Jes\u00fas; Juda\u00ed\u00adsmo; Liberaci\u00f3n; Liturgia; Modalismo; Naturaleza; Padre; Pascua; Pobres; Reino de Dios; Relaciones; Religi\u00f3n, religiones; Revelaci\u00f3n; Te\u00ed\u00adsmo; Teolog\u00ed\u00ada y econom\u00ed\u00ada; Verbo.]<br \/>\nChristian Duquoc<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Testimonio escritur\u00ed\u00adstico y m\u00e9todo.-2. La memoria de Jes\u00fas hecha por la comunidad: 1. El comportamiento de Jes\u00fas; 2. El v\u00ed\u00adnculo de Jes\u00fas con Dios.-III. La diferencia significada por la filiaci\u00f3n.-IV. El mecanismo \u00abtrinitario\u00bb.-V. El desaf\u00ed\u00ado arriano.-VI. Conclusi\u00f3n. La confesi\u00f3n de la fe cristiana a prop\u00f3sito de Jes\u00fas de Nazaret se ha expresado de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hijo-el\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abHIJO, EL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-16405","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16405","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16405"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16405\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16405"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16405"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16405"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}